Hemos inventado el TwoShot! XDDDDD Nunca imaginé que, al tener que dividir un oneshot tan largo en dos partes, desencadenaríamos todo esto!

Lo primero de todo... Gracias chicas por estas 48 horas, de verdad, mil gracias! Me habéis emocionado, me habéis hecho increíblemente feliz y, por favooooor, qué risas me habéis arrancado, en serio, ha sido graciosísimo! :P Hemos recibido súplicas, amenazas de huelgas swen, advertencias de moderadoras principales para que fuera actualizado inmediatamente, gifs desesperados... Genial! XD

Dicho esto, a ver... Os Amo-odio! Sois conscientes de que, en menos de dos días, habéis arrasado? Por redes, por reviews, por anónimos en el buzón de mi casa (es broma), lo habéis petado! En este breve lapso de tiempo os habéis volcado en transmitirme vuestra frustración, vuestras opiniones, vuestras teorías y deducciones, vuestras emociones sobre el relato y ahora más que nunca sé que estáis ahí, que leéis, que disfrutáis y me hacéis disfrutar a mí al veros aparecer y de qué forma! Pero sois tan tan tan malvados que reaccionáis cuando os dejo en el limbo con esta segunda parte... Eso sí que es una crueldad y no mi Continuará! :P

Así que chicas, por favor, por estos dos días tan increíbles y por el impulso que de verdad me habéis dado con tanto apoyo, no volváis a las sombras para próx fics. Y no sólo míos, sino de todos los autores que os gustan! No sabéis lo felices que podéis hacernos con sólo un poco de cariño (o con muchísimo, como estos días!) y creernos, estamos ahí, con un millón de ganas de leeros, las mismas que vosotros de leernos a nosotras! ^^

Nherasjuegos y Annas Wolf bienvenidas a fanfiction y gracias por estrenaros en este fic! ^^ Y sí, hay bastantes teorías acertadas :P Tanto en los reviews como en los 140 comentarios de Facebook XD Pero espero que os guste y que os siga sorprendiendo, decidme qué os parece! ^^

Por cierto, al final del relato, la descripción de la prompt, para evitar spoilers :P Ahora sí, a leer y... ¿qué habrá visto Emma? Espero que os guste! ^^


Antes o después (II)

La salvadora sonríe con una paz que inunda su pecho e ilumina su rostro. Se apoya en el marco de la puerta, sólo para disfrutar unas milésimas más de esa imagen. De la forma en que la alcaldesa canturrea con los labios entreabiertos y baila casi imperceptiblemente al mover las tortitas de la sartén al plato. De ese batín violeta que cubre hasta casi las rodillas y que esconde debajo un camisón de tirantes a juego que Emm se conoce bien. De esa dulzura que desprende y de cómo sus hombros se tensan cuando al fin advierte su presencia, sólo para relajarse un segundo después.

Los ojos marrones vuelan sobre su propio hombro y le dedican una mirada de buenos días, sabiendo de antemano que la Salvadora estaría ahí, bajo la puerta de la cocina. Aunque no esté segura de cuánto tiempo lleva observándola.

"Ey…" sonríe Emm, embobada.

"Buenos días a ti también, forastera"

Emm camina hacia ella mientras Gina regresa a su tarea de completar una enorme torreta de tortitas. "¿Se te han pegado las sábanas?" pregunta adivinando que si ese camisón aún sigue en pie, es porque nadie en esa casa ha salido a correr.

"No, lo que se me ha pegado ha sido una salvadora" replica apartando la sartén del fuego y girándose para encararla. Pero a pesar de la respuesta sólo sonríe y se reclina esperando hasta que llega a su lado. "Te sentí marchar anoche… y sobre todo te sentí al volver casi a las tres, y no quise molestarte escapándome para ir a correr"

"No me hubiera enterado…" musita sin convicción.

"¿Que no?" pregunta elevando una ceja. "Te tenía enroscada a mí…" murmura cogiendo sus manos, entrelazando los dedos con los suyos y moviéndolos hasta que rodean su cintura y descansan sobre su espalda y el comienzo de su trasero. Su tono de voz baja hasta el susurro ahora que están cara a cara, con la distancia mínima para poder llamarlo distancia. "…como un pulpo. Y mejor no hablemos de tus piernas" ronronea doblando su rodilla, dejando que el batín se abra y que su pierna se cuele entre las de la salvadora, que humedece sus labios sin pronunciar palabra. "Así que no pude levantarme" zanja encogiéndose de hombros y dando media vuelta, con intención de alejarse y dirigirse hacia las tortitas.

Pero las manos en su espalda se cierran con fuerza y detienen su movimiento y, antes de darse cuenta sí que tiene totalmente pegada a una salvadora. A su cuerpo, a sus manos, a su boca donde Emm deja un beso lento, profundo, cálido y tan minucioso que Regina termina colgándose de su cuello para asegurarse de que las piernas no le fallen. Acaricia su nuca, se lo devuelve con las mismas ganas y gime su nombre contra sus labios.

Emm se aleja lentamente, sin apartar las manos de su cuerpo y los ojos de Gina aletean lentamente volviendo en sí. "¿De que estábamos hablando?"

Una pregunta tan suave, tan adorable, que desata las carcajadas de Emm.

"Creo que de ti, de mí… de anoche" ronronea la salvadora acariciando su nariz con la suya.

"Oh, sí… uno de mis temas favoritos" susurra apoyando su frente en la de ella. "¿Qué tal con tu otro yo? ¿Dio mucha guerra…?"

"Menos de la esperada, en realidad… Fue bastante sencillo"

"Me alegro"

"Aunque quizás hubieras querido ir tú en mi lugar…" deja caer elevando una ceja.

"¿Perdón?" murmura riendo. "¿Estás celosa de tu propio yo?"

"Para nada, me encanta ver cómo se te cae la baba por esa dulce e inocente versión de mí… es adorable"

"¡Eso no es cierto!" protesta torciendo la boca intentando no sonreír.

"¿Ah, no…?" murmura muy despacio dejando un beso tras su oreja, seguido de un lento y delicado reguero por su cuello. "¿No quieres saltar a la yugular de Regina cada vez que se ríe de ella…?"

"Es que soy insoportable…" gime cerrando los ojos e inclinando su rostro para darle todo el espacio que necesite.

"¿Y no deseas comerte a Emma a besos cada vez que pone esa carita de confusión total…?" pregunta dejando caer un mordisco sobre la curva de su cuello.

"Hhhhmmm… sí, no, no sé…" tartamudea y enreda sus dedos entre los mechones rubios, invitándola a no detenerse. Las manos de Emm ya se han fugado, dejando atrás el batín, tanteando el camisón, rozando los rincones más sensibles de su piel y la respiración de Regina es tan renqueante como su propia voz. "Si pierdo algo de esto porque mi otro yo es imbécil viajaré yo a su pasado y acabaré con ella…" gime con los ojos cerrados y la garganta vibrando.

Emm eleva los ojos desde su tórax deteniendo un beso a medias. "Te das cuenta de que eso no tiene ningún sentido, ¿no?"

"Me da igual…" se queja empujando la cabeza de Emm de nuevo contra su piel, invitándola con descaro a continuar su sendero de besos. La salvadora retoma su cometido pero trepa a mordiscos por su cuerpo hasta alcanzar su boca y sujetar su barbilla con dos dedos. Deja un beso sobre sus labios y se separa buscando sus ojos.

"¿Aun tienes miedo…?" pregunta muy bajito clavándose en sus pupilas, intentando leerla más allá de las palabras que escoja.

"¿Acaso tú no?" le devuelve su propia pregunta, pero sostiene su mano y deja un beso en su palma antes de volver a apoyar la mejilla en ella. "Míranos…" musita señalando al aire. "No nos soportamos… esas dos viven en una línea floja entre el aguantarse la una a la otra y el matarse"

"Bueno, así es como éramos… dos niñas pequeñas en el patio del colegio, tirándonos de las trenzas"

"No recordaba que fuera tan… Desagradable"

"Es que no era así… al menos yo no lo viví de esa manera. Eras insoportable, quisquillosa, repelente, guerrera… Pero era parte de tu encanto. Me volvías loca. En todos los sentidos" resuelve con una sonrisa bañada en genuina sinceridad. "Igual que mi encanto era devolverte las burlas, pelearme contigo, no tener ni idea de nada o hacerte preguntas que tú señalabas de tontas o inoportunas" admite con humor. "Pero tú eres el ejemplo perfecto de que poco a poco esa reina del hielo se irá derritiendo ante mi arrolladora personalidad…" murmura acercándose más a ella. "Y yo la prueba de que si me peleaba contigo es porque aún no podía besarte… y eso, cariño, es mucha frustración contenida"

Regina no puede reprimir una carcajada, pero sus ojos siguen a ras del suelo.

La salvadora acaricia sus mejillas, pidiéndole sin palabras que la mire. "¿Qué?"

"Si algo cambia, si lo más mínimo se desvía…"

"Volverán hoy mismo a su tiempo, ya lo verás, y todo seguirá su curso"

"¿Me lo prometes? ¿Nada se estropeará?"

"Te lo prometo" murmura acariciando sus labios con el pulgar. "Y si no viajamos al pasado…"

"Y acabamos con ellas"

"Exacto" sonríe contra su boca.

"Y ahora… ¿cómo es exactamente esa carita de confusión total que me derrite, según tú?" ronronea colando su dedo en la línea de los pantalones de Emm y tirando hasta que ambas caderas chocan.

"Algo así…" murmura frunciendo las cejas cómicamente y torciendo la boca con tanta inocencia que Gina estalla en carcajadas antes de estallar contra ella. Tira de su pantalón y de su cuello reclinándola contra ella hasta que siente el peso de su cuerpo sobre el suyo. Su respiración jadeando contra la suya. Su hambre mezclándose con el de los ojos claros que la devoran con una mirada ansiosa.

"No entiendo como Regina puede resistirse" gime tirándose en picado contra su boca reclamando todo de ella con un beso que apenas las deja en pie. Embiste contra Emm con su cadera y la salvadora rodea su cintura. Emm borra cualquier separación, muerde su labio inferior, se gira con ella y camina a trompicones por la cocina. Un beso feroz que no se rompe ni cuando sienta a Gina sobre la isla de la encimera ni cuando la alcaldesa abre sus piernas para acabar con cualquier separación. Las manos de Gina atrapan las de la salvadora y las colocan sobre sus piernas, allí donde termina su camisón, sin sutilezas, y Emm clava sus uñas dejando unas suaves marcas rosas que obligan a Gina a separarse de su boca y arquear su espalda en favor de esas atenciones.

"Oh, sí…"

"Cariño, deberíamos detenernos…"

"Oh, no…" jadea Gina perdiéndose con sus manos en el interior de la camiseta de Emm y con su boca en hombro, mordiendo sin consideración. "No voy a poder acercarme a ti en todo el día… déjame disfrutar" gime con una lentitud que sólo persigue hacerla temblar.

Emm cierra los ojos, todo su cuerpo se tambalea y pierde el pie. "Henry podría…"

"Ese niño duerme como la perezosa de su madre… no va a despertarse tan pronto…"

"¿Y si lo hace…?" murmura con los ojos aún cerrados, los labios blancos de la presión, toda ella ardiendo. "Le prometí que si volvía a pillarnos en una situación comprometida le llevaría de acampada todo un fin de semana…"

"No va a abrir un solo ojo hasta dentro de dos horas y… bueno, en cualquier caso le vas a llevar tú, conmigo no cuentes" Los ojos miel son casi negros y su voz es un rugido que no acepta réplicas que no vayan en forma de besos, mordiscos, caricias, arañazos… "Así que no pienso parar" bromea con una autoridad que derrite y desarma a Emm, que queda en sus manos, convertida en un manojo de jadeos y hambre que le sobrepasa. Muerde la boca de Gina, agarra su nuca y sus piernas y tira de ellas hasta que rodean su cintura. Los tobillos de la alcaldesa se enredan a su espalda y el beso se recrudece, hasta que una neblina violeta, casi como vapor, las envuelve.

Rompen el beso de golpe, espantadas.

"Regina" grita Gina mirando a todas partes. Emm asiente histérica y mientras la alcaldesa baja de un salto de la isla, la salvadora hace desaparecer la niebla violeta con un giro de su mano solo para mirar en cualquier dirección.

Hasta que la ve.

A Regina.

Y no está sola.

"No es lo que parece…" traga Emm lívida mirando hacia la cristalera de la cocina que da al jardín. Fuera, Regina y Emma las miran congeladas, pero con la misma cara de horror. "Puedo explicarlo…"

"¡Te he visto subirla en volandas a la encimera… ¿Y no es lo que parece?!" chilla la salvadora y no importa que la puerta de la cocina esté cerrada y no haya una sola ventana abierta. Se la escucha perfectamente, casi por toda la casa.

"Vale… igual sí es lo que parece" tartamudea levantando las manos en son de paz. "Pero dejad que os lo expliquemos…"

"Empieza" Esta vez es Regina la que responde, enseñando los colmillos con cada sílaba, y esta vez no sólo Emm traga hondo.


"¡Emm, Gina!" La voz de Snow resuena por toda la casa. Entra sin llamar a la puerta, seguida de David, y enseguida escucha la respuesta.

"¡Pasad, estamos en el salón!" Esa es sin lugar a dudas Gina. Y un segundo después, parece que resuena un eco, mucho más furioso y vibrante, pero casi idéntico.

"¿Los Charming? ¡Lo que nos faltaba!" brama Regina.

Al llegar al salón, se encuentran con una estampa que no deja de ser surrealista aunque se la esperasen. Gina y Emm permanecen sentadas en el sillón más amplio y frente a ellas, como dos reflejos en un espejo, pero con vida propia, Regina y Emma, en pie, sin dejar de gesticular.

"¿Quién les ha avisado?" espeta la alcaldesa, sólo para que su otro yo levante el móvil, enseñándolo como prueba de su culpabilidad.

"Yo… Creí que nos vendría bien hablar todos juntos de esto"

"Sólo querías más aliados" gruñe Emma cruzándose de brazos.

"Sí, eso un poco también…"

"¡Pues no va a servir de nada!" exclama Regina. "¿Puede alguien explicarme, de una maldita vez, que demonios ha ocurrido aquí?"

"¿Qué saben?" murmura David tapándose la boca y hablando muy bajito, casi como si así no pudieran verle, ni oírle. Ni fulminarle con dos miradas asesinas.

"Demasiado…" gruñe Emm, frotándose los ojos con cansancio, poniéndose en pie, para pasear de un lado a otro.

"Nos han visto… dándonos los buenos días"

"¿Dándoos los buenos días?" Los brazos de Emma se mueven indignados por el aire igual que su voz. "¡Esos buenos días podrían despertar a un muerto!"

"Uy, prefiero no saber más detalles…" murmura Snow.

"¿Por qué no estáis escandalizados? ¿Por qué ni siquiera os importa…?" insiste mirando esta vez a sus padres "¡¿Es que acaso lo sabe todo el mundo?!"

David chasquea la lengua. "Si quedaba alguien por saberlo, supongo que el día que Emma se mudó aquí, terminó de enterarse…"

"¡¿Qué?!"

Esta vez es Regina quien chilla atónita y confronta a Snow. "¡¿Pero cómo consentiste que sucediera?!"

"Tampoco es como si hubierais venido a pedirme permiso previamente…"

"¡Mama!" gruñe Emm.

"¿Qué?" profiere viéndose atrapada entre las cuatro mujeres y su discusión "¡Si ahora me parece algo maravilloso!"

"¿Ahora?" tuerce el morro Gina levantándose del sofá, mientras Emm se tapa la cara.

"Si, bueno, de primeras fue un poco... bueno, ¡ya me entendéis! ¡Pero siempre me gustó más que Hook!" exclama a su favor.

"¿Hook?" repite Emma, y la otra salvadora intenta saltar en mitad de la conversación, calmar los ánimos, que se callen ya:

"¿Queréis cerrar la boca de una vez?"

"¿Como el capitán Hook?" insiste Emma, ignorándose a sí misma.

"Como el capitán eyeliner…" masculla la alcaldesa del futuro.

"¡Gina!" le amonesta Emm poniendo un dedo sobre sus propios labios, suplicando por su silencio.

"¿Qué? No es culpa mía que sólo tengas buen gusto para las mujeres…" murmura cruzándose de brazos.

"¡Oh, sí, qué razón tienes Robi... quiero decir, Gina!"

Esta vez es Regina la que entrecierra los ojos, pasmada "¿Robin… Hood?"

"Hombre, Emm, de los muertos no…" murmura Gina.

"Creo recordar que a Hook lo intentaste matar tú un par de veces"

Sonríe encantada cuando el recuerdo acude a su mente. "Se lo merecía"

"¡Gina!"

"¿A quién hemos intentado matar?" protesta Regina confusa.

"¡Ya basta!" ordena David levantando sus brazos y su voz sólo para añadir suavemente. "No estamos solos" Su mano derecha señala sutilmente hacia la entrada del salón, donde Henry, en pijama, mira a todos con la boca abierta a medio bostezar.

"¿Qué ocurre? ¿Por qué discutís?" pregunta medio adormilado saltando con su mirada de unos a otros. Hasta que repara en que hay cuatro progenitoras y no sólo dos. "Oh-oh… ellas no deberían estar aquí"

"Lo estamos solucionando cariño…" trata de sonreír Gina.

"A gritos" especifica él con gesto triste. "¿Por eso discutís? ¿Saben que somos…?" su frase queda a medio acabar y a Regina se le cierra la garganta:

"¿Sois qué?" inquiere mirando a la pareja.

"Una familia" termina Emm por su hijo.

Los ojos de Regina se abren de espanto: "¡¿Estáis casadas?!"

"¡No!" responden las dos al unísono, sus rostros cogiendo un pronunciado color rojo y sin ser capaces de mirarse entre ellas. Regina resopla al cielo al comprender que, casadas o no, ha debido tocar un tema que está sobre la mesa.

Gina se repone lo suficiente para carraspear y acercarse a su hijo con toda la delicadeza que posee. "Henry, por favor, espera en tu cuarto, no tardaremos, cariño, te lo prometo"

"Pero mamá…"

"Haz caso a tu madre, Henry" pide Emm con una sonrisa implorante y con su mano en la espalda de Gina, para apoyarla.

"Está bien…" gruñe, pateando en el suelo una piedra invisible. "Pero no discutáis, por favor" masculla subiendo las escaleras. "Esto ya lo habíamos dejado atrás…" Es lo último que se escucha antes de que resuene su puerta al cerrarse.

"Esto es fantástico…" murmura Gina. "Sencillamente fantástico" Toma asiento, dejándose caer con tanto desánimo que Emm sale tras ella casi al instante.

"Tranquila, Gina…" musita dejando un beso sobre su cabello e intentando controlar sus manos para que sus alter egos no arranquen con otro ataque de ira.

"Supongo que de ahí viene todo eso de Gina y Emm, claro…" bufa Regina dando media vuelta y mirando al techo.

"Sí, de ahí viene, ¿y qué?" espeta Gina enseñando los dientes. "¿Cuál es tu problema? ¡¿Cuál es el de las dos, de hecho?!" exclama aún sentada pero con tal fuerza que Emma y Regina se encogen como si fueran ellas las que estuvieran sentadas y midieran sólo un metro. "Os dijimos, no, me corrijo, ¡OS ORDENAMOS QUE OS ESTUVIERAIS QUIETAS! ¡Que no investigarais, que dejarais el futuro a un lado! ¡¿Y qué es lo que habéis hecho?!"

"Esto podría traer graves consecuencias…" susurra Snow, amparándose en el abrazo de David que parece tan preocupado como ella.

"Si lo que hemos hecho puede alterar y evitar esto, no será tan espantoso" gruñe Regina señalando a ambas mujeres en el sofá y Emma a su lado asiente casi imperceptiblemente pero conforme.

Gina hace amago de saltar de sofá, pero los brazos de Emm son más rápidos y la retienen acariciando sus hombros.

Emm niega con la cabeza, cerrando los ojos un par de segundos. "No sabes de lo que hablas…"

"De todas las veces que hemos sido estúpidas, de todas las veces que hemos tirado nuestra vida por la borda, de todas esas ocasiones en las que nos hemos cargado nuestra propia felicidad… esta es la peor de todas" La voz de Gina se ha convertido en un mísero hilo sin fuerza, pero eso no impide que cada palabra sea una cuchillada, o que sus ojos taladren a Regina con una furia que duele casi físicamente.

Su alter ego se cruza de brazos y eleva la barbilla, arrogante. "Lo dudo mucho" Pero, bien sea por el silencio sepulcral de la sala, o por la mirada de Gina, su voz tiembla.

"Esto es inútil…." jadea David desesperado. "¿Por qué no les borráis la memoria? Podéis fabricar una de esas pociones, ¿no?"

"¿Y empezar de cero? No podemos permitírnoslo" suspira Emm. "Tardaríamos al menos un día en mezclarla y además olvidarían el entrenamiento de ayer. El tiempo se nos echa encima, no podemos perder tres días más, y eso como mínimo"

"¿Y devolverlas a su tiempo y traer a unas versiones unos segundos anteriores?" propone Snow con media sonrisa. "Y atarlas a la cama para que no investiguen esta vez, claro"

"¡Eh!" protesta Emma cruzándose de brazos. Pero antes de que Snow pueda regañarla oportunamente, Emm niega con la cabeza.

"La línea temporal es demasiado débil. Traerlas una vez ha sido un riesgo enorme, pero forzar un segundo salto abriendo dos grietas más y en tiempos tan próximos… puede provocar un desastre"

"¿Entonces que nos queda?" musita Snow apagada.

"Nos queda esto…" gruñe Emm sin humor señalando a sus dos alter egos con una mano.

"Esto no es justo… ¡vosotras sois las que habéis llevado todo hasta este punto, sois las que habéis cometido esta aberración, nos habéis mentido y encima os enfadáis con nosotras!" protesta Emma fuera de sí.

"¿Aberración?" repite Gina haciendo rechinar sus dientes.

Snow abre los ojos, escandalizada con la respuesta de su hija. "¿Por qué sois dos mujeres?"

"¡No, no! Eso nunca ha sido un probl…" responde del tirón, mirando a su alter ego, antes de detenerse roja hasta las orejas. "Quiero decir que esto…" señalándose a Regina y ella. "Es una equivocación"

"Deja de llamarlo así…" masculla entre dientes Gina y es la primera vez que Emma entiende el respeto casi terrorífico que Regina siente por su alter ego.

Pero la alcaldesa se suma al carro, motivada por las palabras de la propia Emma. "¡Si no fuera un error, no nos lo habríais ocultado!"

"Os lo hemos ocultado precisamente por eso, para protegerlo" responde Emm tratando de guardar las formas que desaparecen cada vez más rápido.

"Eso no tiene sentido" espeta Emma.

Su alter ego se lleva las manos a la cabeza, desesperada. "¡Tiene todo el del mundo! Es algo maravilloso, no podíamos arriesgarnos a alterar el camino que os llevaría hasta aquí"

"¡Y mucho menos contándooslo cuando estaba claro que no estabais preparadas para ello!" recalca Gina apretando la mano de Emm, que descansa sobre su pierna, en busca de aliento y ánimo.

"¡Oh, por favor, creo que si las cosas iban a ponerse así de mal teníamos todo el derecho del mundo a saberlo de antemano!" protesta Regina.

"¡Eso!" recalca Emma cuadrándose de brazos.

"¡¿Pero os estáis oyendo?!" exclama Emm furiosa.

"Al menos están de acuerdo las dos en algo… eso ya es un paso"

"¡Snow!" protestan las dos Reginas al unísono.

"¡MAMÁS!"

Una voz irrumpe en mitad del salón, imponiéndose sobre toda la pelea.

Se giran hacia las escaleras, donde Henry vuelve a presenciar la discusión, aún en pijama. Emm, sin separarse de Gina, se gira sobre el sofá, sonriendo con dulzura a Henry, intentando sonar tranquila.

"Chico, vuelve a tu cuarto, por fav…"

Pero él no pretende escuchar esta vez, solo hablar. "Ruby ha llamado por teléfono" musita, y únicamente entonces reparan en el color de su rostro, casi níveo, y en la humedad de sus ojos. "Leroy debió salir anoche sólo, a socorrer algún aviso de emergencia…"

"No…" solloza Snow, hundiendo la cabeza en el cuello de David, antes incluso de terminar de escucharle. Emma observa cómo la mano de Gina aprieta con más fuerza la de Emm y la salvadora cubre ambas manos con la suya, que tiembla, mientras escucha a su hijo.

"Han encontrado su cadáver junto a la avenida principal" gimotea, pero aguanta sin venirse abajo y por un momento Emma es consciente de lo que su hijo, con apenas 16 años, está soportando. De lo que todos allí, toda la ciudad, están padeciendo. Traga hondo. Leroy ha muerto, y aunque sabe que puede cambiarlo, que van a cambiarlo, por un momento duele como si fuera definitivo. Y por un momento, a ella también le gustaría tener a quien abrazarse.

"¿Podemos dejar ya esta pelea y recordar por qué estamos aquí?" La voz de David resuena seguida de la de su nieto. Y con una solemnidad que no entiende de réplicas. Emma traga hondo y asiente, y no es la única que lo hace. "Pues en marcha"


El viaje en coche esta vez es tan silencioso que mortifica. Emma se retuerce en su asiento, incómoda, debatiéndose entre un maremágnum de sentimientos. No soporta tanto silencio, pero las palabras se le atragantan entre lágrimas al pensar en Leroy. Y tampoco tiene claro qué puede decir. Gina y Emm están furiosas, puede sentirlo incluso desde el asiento trasero del coche. Y qué demonios, ¡ella también! Y con más razón que la pareja. Dios… la pareja. Tuerce la mueca, asqueada, y siente como las ganas de romper ese mutismo casi lacerante desaparecen veloces. Y por la forma en que las manos de Regina se abren y cierran sobre sus piernas compulsivamente, imagina que la alcaldesa tampoco tiene intención de romperlo o siquiera contestar.

Pero se equivoca.

Los ojos marrones han captado la mirada de Emma sobre sus manos y han torcido el gesto

"¿Qué?" gruñe tan fuerte que la salvadora pega un bote, pillada por sorpresa.

Pero se recompone a tiempo de soltar un "Nada" tan seco como el de la alcaldesa, antes de volver a dirigir su mirada a la ventanilla. Los árboles pasan a toda velocidad, pero Emma podría jurar que Gina ha pisado aún más el acelerador y que dos ojos claros la acribillan por el retrovisor. Pero le da igual, refunfuña para sí, encerrándose más que antes en su propio silencio, le da absolutamente igual. Y está increíblemente enfadada, con todas las de ese maldito coche. ¿Queda mucho para llegar al puñetero bosque?


"Bien, haremos que funcione de la siguiente forma" ordena Gina en mitad del claro. Estira su mano, volviendo a convocar a la falsa bestia, y se aleja de Emma y Regina, seguida de la propia Emm, que se mantiene callada, con las manos cruzadas frente a su cuerpo y un gesto de solemne cabreo silencioso. "Trabajaréis en equipo, probaremos distintos ataques y estrategias que puede llegar a efectuar la bestia y cada una deberá mantener su papel hasta el final. Emma, no puedes permitir que nada te distraiga del ritual. Si llegado el momento de la verdad tuvieras que volver a empezar podría ser vuestro final. Y tú, Regina, tendrás que estar pendiente de que no huya, te hiera, o toque a Emma, ¿entendido?"

Asienten en completo silencio y sólo Emm abre la boca para añadir una breve indicación: "Yo controlaré tus movimientos y el hechizo, Emma. Si cometieras cualquier tropiezo te detendré y volveremos a retomar desde el principio"

"De acuerdo, vamos allá" murmura Gina dejando que su creación sobrevuele sus cabezas y las copas de los árboles. "Lo normal, Emma, es que tengas tiempo de empezar el ritual antes de que la bestia huela el peligro y comience a atacar. Así que puedes dar tú el primer paso, comienza" pide señalándola con la barbilla.

La salvadora asiente y se desentumece antes de empezar a pronunciar con una entonación perfecta. Cuando sus brazos se mueven al son de su voz siguiendo la coreografía, su cuerpo se sacude con un torrente tan poderoso como sobrecogedor, y duda durante una fracción de segundo. Pero la sombra de la bestia cayendo en picado sobre ellas, sintiéndose aterradoramente atraída hacia esa fuente de magia, hacia ese peligro inminente para ella, devuelve a Emma a su ser. Continúa recitando, la magia crece, sus manos chisporrotean y se ve tentada a cerrar los ojos, dejarse llevar. A través de sus sentidos apenas se cuela el sonido del aire, hasta que advierte el vuelo de la bestia, casi como un silbido infernal, y el crepitar de las llamas de Regina, disparadas al aire.

La voz de su instructora se desliza hasta ella, con un sosegado murmullo. "Emma, relájate, no dejes que la pelea altere el ritmo del ritual" Emma atiende a sus palabras, intentando no desconcentrarse y siguiendo sus indicaciones al mismo tiempo. "Si pronuncias tan rápido la magia se disolverá antes siquiera de haber podido tocar a la bestia… Eso es… Así, mejor"

Pero cuando la voz de Gina comienza a escucharse, mantenerse centrada es una tarea aún más complicada. El ritual, sus movimientos, Emm… se repite tratando por todos los medios de no distraerse.

"Regina, la bestia" Las indicaciones de Gina sobrevuelan la batalla con suavidad, pero resonando por encima del estruendo. "No puedes permitir que se os acerque tanto… Vigila tu flanco izquierdo…"

Sobre ellas, la criatura se mueve en pequeños círculos próximos a Regina, va cambiando de dirección, cercándola. Y la alcaldesa persigue su estela a fogonazo limpio, cortándole todas las salidas, pero sin intuir cómo el pequeño ser manipula su posición, fuerza su lugar. Antes de percatarse está casi espalda con espalda con Emma y la bestia se tira en picado contra ella.

Regina se agacha por puro instinto, esquivándola, pero la bestia sigue su carrera sin detenerse y sólo entonces lo entiende.

Ella no es su objetivo.

Pero es demasiado tarde.

La bestia golpea a Emma por la espalda, que cae de bruces contra el suelo, inmovilizada.

"¡Emma!" exclama Gina corriendo hacia ella. Pero la salvadora esta quieta, paralizada, y no puede hacer ni decir nada más que maldecir contra el suelo del bosque. La alcaldesa aparta el efecto paralizante de forma instantánea y le ofrece su mano, tratando de ayudarla a ponerse en pie.

"Puedo yo sola, gracias" masculla sin agarrarse a ella, más preocupada por limpiarse la boca y la ropa, antes de dar media vuelta. "Y tú, magnífico trabajo cubriéndome las espaldas, joder"

Regina eleva las palmas de su mano con gesto neutral y un simple, "¿Lo siento?". Es más sencillo disculparse sin hacerlo que admitir lo estúpida que se siente. Si esto no fuera un ensayo, si no hubiera segundas oportunidades, estarían perdidas. Una simple bestia de papel y cartón ha jugado con ella y ha dejado vendida a Emma. ¿Qué no será capaz de hacer la auténtica? Traga hondo y, aunque su fachada, su fría y casi insolente fachada, no cambia, su cuerpo se cuadra y su mente promete que no habrá otro round fallido.

El rostro de Emm no es mucho más amigable al caminar hacia Emma con paso tranquilo. "Vigila el ritmo, mantén el movimiento de tus manos tan suave y fluido como seas capaz, deja espacio a la magia para que pueda crecer y prepararse"

Gina asiente ante sus palabras y cuando la salvadora cierra la boca, es su turno. Pero no mantiene las formas tan neutrales como su pareja, al dirigirse a Regina. "Y tú… puede que no te apetezca oírlo, pero ahora peleas para dos y, te guste o no, tú no eres la prioridad. Si ha de atacar a una de las dos, que sea a ti, si ha de congelar a una de las dos, que sea a ti"

Regina suelta una carcajada cargada de incredulidad y malhumor, pero no responde nada.

"Haz todos los ruiditos que quieras, pero grábatelo a fuego. Tú eres la barrera entre el ritual y la bestia. Frenarla y dejarte congelar puede ser la diferencia entre que Emma lo logre o no. Y en cuanto ese ser esté muerto tú podrás volver a moverte y a hacer los ruiditos que te apetezca. Pero si el ritual no se lleva a cabo…"

"Ya ya…" gruñe agitando sus manos. "Estoy preparada"

"Y yo" añade Emma no queriendo ser menos.

"Bien" responde Gina cuadrándose y convocando a la bestia. "Tú mueves" pronuncia con tono vacuo hacia Emma.

A su orden, la salvadora cierra los ojos y se concentra. Abre la boca, da comienzo al ritual y a las protestas de la bestia.

Durante un par de horas, la criatura consigue superarlas y sorprenderlas con distintas estrategias, y Regina apenas logra frenarla durante el tiempo necesario para que la magia del ritual haga vibrar la explanada del bosque. Pero antes de llegar al momento cúspide, la bestia las sobrepasa y una de las dos, o las dos, terminan en el suelo congeladas, a merced de la auténtica bestia si no estuvieran entrenando.

Pero a las tres horas, Emma repite el ritual con un dominio que resulta sobrecogedor, nada la inmuta, nada le importa. Incluso cierra los ojos, consciente de la batalla que se produce a su alrededor, pero completamente fuera de ella. No hay nada que pueda hacer, no hay nada en su mano para parar a la bestia. Ese es territorio de Regina y, si no fuera porque es imposible, diría que se ha instalado en una cómoda confianza en la que sólo piensa en la magia, segura de que, hasta el final, Regina tratará de protegerla. Para que termine el ritual, por supuesto.

Y Regina, tras esas tres primeras horas, empieza a acuciar el cansancio de toda esa magia empleada, pero al fin sus golpes son certeros, puede predecir los movimientos de la bestia, cuenta a cada momento con la presencia de Emma. Está logrando enlazar cada elemento que ha de controlar y eso ayuda a economizar sus fuerzas y que la batalla con la bestia sea cada vez más larga, más igualada.

Hasta el punto en que lo advierte.

A su vera, Emma recita en perfecta sincronización con su magia, sus movimientos terminan la coreografía y las manos de la salvadora se cargan de una enorme fuerza.

"¡Ahora!" grita Regina y, sin ser consciente, Emma sigue el sonido de su voz. Abre los ojos al mismo tiempo que sus manos y la alcaldesa se tira al suelo, frente a ella. La descarga de magia quiebra el aire a su paso, sobrevuela al bulto que es ahora Regina, y alcanza a la bestia en pleno vuelo sin permitirle más escapatoria que un giro desesperado. Se estrella contra ella casi por completo y la magia de Gina se dinamita ante sus ojos.

"¡Bien!" chilla Emma con un salto de alegría. Antes de recordar dónde, con quién está y su estado de cabreo. Carraspea y mira sus manos, estirando sus dedos entre sí. "No ha estado mal, ¿no?"

"Ha sido una pelea casi perfecta" puntualiza Gina observando los rastros de su magia disolviéndose en el aire.

Regina frunce el ceño, decepcionada. "¿Casi?"

"Ha habido un par de ocasiones en las que casi te supera…"

"Pero no lo ha hecho"

"Lo sé. Pero mientras siga ocurriendo, habrá que repetir. Si estás en la cuerda floja, nada impide que la próxima vez el No sea un Sí"

"De acuerdo" responde con una mansedumbre que resulta alarmante, pero no hay segundas intenciones, no pretende añadir nada más, y Gina continúa hablando, extrañada.

"Y Emma, has escuchado a la perfección a tu instinto. Y a la voz de Regina. Has estado lo suficientemente centrada como para convocar el ritual casi como una experta, y tan centrada como para escucharla y reaccionar" enumera viendo como, a pesar de la seriedad de su rostro, Emma respira hondo, satisfecha. "Bien. Pero necesito que tomes un pequeño segundo antes de descargar tu magia. Tienes que apuntar justo a su centro, no sabemos si un golpe a medias es suficiente para matarla, ¿entendido?"

"Entendido"

Emm asiente satisfecha y, metiendo las manos en su chaqueta, murmura. "Retomemos"


Encadenan cuatro enfrentamientos más. Cuatro en los que la bestia opta por atacar hasta el final, por huir a través de cualquier resquicio o por intentar derribar a Emma. Pero nada le funciona. Regina es un muro de contención que no le da tregua y la salvadora realiza el ritual sin que nada ni nadie pueda interferir en él. Esta vez no hay fallos y la bestia no tiene nada que hacer frente a ellas.

Solo cojea el último paso. El tiro de gracia.

Emma siempre acierta, pero nunca es de lleno. La bestia cae al suelo o explota cada vez, pero no es suficiente.

La concentración condiciona la descarga mágica de la Salvadora y, aunque intenta apuntar, cuenta con menos de un segundo para volver del ritual a la realidad y localizar a su objetivo. Y no es tiempo suficiente, al menos no para su experiencia mágica.

Pero nadie dice nada. Sólo lo repiten una vez más y es ya la quinta. Y no es necesario decirlo porque las cuatro son conscientes del único fallo que queda por salvar antes de poder considerarlo un éxito.

Y también porque ninguna parece dispuesta a abrir la boca si no es absoluta y totalmente necesario.

Regina frena la huida de la bestia con un par de bolas rápidas, y cuando el vuelo de la bestia se detiene en plena caída, intuye su viraje hacia Emma y frena sus intenciones antes incluso de que tuerza su vuelo. Va hasta dos movimientos por delante de ella, y a su espalda la salvadora está recitando los últimos coletazos del conjuro.

Van a conseguir cinco victorias de cinco.

Y si logra apuntar… Su estómago ruge de emoción y hambre con tan sólo pensarlo. Pero no será ella la primera en quejarse por las horas que son. Así que se mantiene firme, golpeando a esa cosa, desahogando así su apetito.

La salvadora a su vez vuelve a convertir su cuerpo en el canalizador del ritual. Una vez más, el torrente de magia navega por ella, o nace de sus entrañas, no está segura, pero invade sus venas y las recorre con una urgencia avasallante hasta sus manos. Como una bomba vibrando, que suplica por explotar. Cierra los labios tras la última de las palabras y Regina entiende la señal al instante.

"¡Emma, a tu derecha!" chilla con fuerza.

Pero esta vez, nada ocurre.

La salvadora no sigue su voz, no acata sus indicaciones, no abre los ojos, no detiene sus manos. No, aún no. Continúa moviéndose, repitiendo los últimos movimientos, con sus muñecas casi entrelazándose de manera compulsiva y en completo silencio.

La magia crece, crepita entre sus dedos, quiere escapar. Pero Emma es implacable. No todavía.

Regina busca ayuda con la mirada, sin perder de vista a la criatura, pero interpelando a sus alter egos. La bestia ataca una vez más, sin contemplaciones, y Regina pierde todo lo demás de vista, repeliendo sus embestidas y sin permitir que se acerque a esa pirada de la salvadora.

Es Emm quien toma el relevo, acercándose a su otro yo, angustiada. "¡Emma!" chilla a pleno pulmón, sobre las pequeñas explosiones de energía que las manos de la salvadora están conteniendo. "¡¿A qué esperas?!"

"¡Déjala!" reclama Gina sin detener tampoco a la bestia ficticia y Emm se frena a su orden sin entender nada, pero obedeciendo. "Sólo espera…"

Y frente a ellas, la salvadora abre los ojos. Casi amarillos por la luz que emana la magia enrabietada que refulge entre sus dedos. Y sonríe de medio lado, encantada, antes de volver a cerrarlos. Sus brazos se abren súbitamente, grita sin contenerse y una onda incontrolada de magia arrasa toda la explanada, atronadora y poderosa.

Emm y las dos Reginas se encogen sobre sí mismas, pero no les ocurre nada. La magia pasa a través de ellas con un cálido roce, es prácticamente indetectable.

Al menos hasta que colisiona a su paso con la bestia.

La creación de Gina explota en mil pedazos de fango negruzco con un chillido agudo e infernal y sólo entonces Emma abre los ojos y toma aire. Le encantaría volver a saltar de la alegría, pero es probable que las piernas fueran a fallarle, así que se está quietecita pero su sonrisa lo dice todo.

"¿Qué…? ¡¿Qué ha sido eso?!" exclama Regina girándose sobre sus talones, buscando a Emma y al resto de ellas.

"Señoras y señores, la salvadora" musita Gina cruzándose de brazos, pero sin ocultar una pequeña sonrisa. "¿Estás bien?" pregunta sin acercarse.

"Creo que sí…" suspira montada en la ola de adrenalina que la magia acaba de desatar en su cuerpo. "Muy bien"

"¿Y podrías volver a hacerlo?"

Mide la reacción de su cuerpo, el torrente de magia que presagia bajo su piel, y asiente convencida. "Las veces que fuese necesario"

"Para qué necesitamos puntería si tenemos la bomba atómica" silba Emm satisfecha, torciendo la boca con media sonrisa. "¿Repetimos?"

"Sí, sí…" balbucea Regina sin desfruncir el ceño, elevando las manos en posición de ataque pero aún fuera de lugar.

"¿Seguro?"

"He dicho…" farfulla creando sobre su palma una llamarada. "…Que sí"

"Señoras y señores, la malvada reina malvada…" tose Gina con desgana, antes de elevar su mano y convocar a la bestia. "¡Repitamos!"


Los tres siguientes intentos suceden como Emma ha predicho. Su cuerpo reacciona del mismo modo y la bestia no tiene nada que hacer ninguna de ellas. Cuando su poder se desata toda la explanada se somete a ella y la criatura, el único ser compuesto de magia negra, no puede hacer más que desintegrarse.

Pero para Emm no es suficiente. Ella pelea por un intento más, un esfuerzo más… Y a pesar de las siguientes victorias, de la hora que es, de cómo duele el cansancio hasta los huesos, Emma y Regina, obedientemente, se colocan en posición de nuevo. Y Emm asiente conforme, lista para supervisar una vez más.

Pero Gina no vuelve a crear a la bestia, sólo se sacude las manos. "Creo que es suficiente"

"¿Qué?" Emma abre la boca, insegura y con opiniones contradictorias. Su cuerpo, falto de sueño y fuerzas, grita de felicidad y su confianza se hincha con orgullo al saber que al fin lo ha logrado. Al fin es suficiente. Pero su estómago se contrae ante esta misma idea. Ya ha sido suficiente. No habrá más entrenamiento, no habrá más intentos sin riesgos, solo la batalla final. El momento que decidirá todo. Y está en sus manos y las de Regina. Ya no hay más oportunidades.

"¿Qué quieres decir?" pregunta Emm, cruzada de brazos y discrepando, evidentemente.

"No hay nada más que podamos enseñarles y lo tienen perfectamente dominado…" El ceño de Emm se frunce aún más y Gina, sin querer realmente, termina por sonreír. "Y lo sabes tan bien como yo. No estamos consiguiendo nada nuevo, sólo agotarlas"

"Pero…"

"Emm, todo está en sus manos ahora. La suerte está echada y no hay mejor opción que devolverlas hoy a su tiempo"

"Una última vez…" pide con gesto medio infantil.

"¡Yo lo veo bien!" salta Emma a su espalda.

Gina abre la boca, enfrenando a ambas salvadoras y dudando, hasta que Regina interviene por ella.

"Si vamos a regresar hoy, debemos descansar y reponer fuerzas antes de emprender el camino de vuelta y pensar siquiera en pelear"

Que intervenga es suficiente para provocar un silencio incómodo. Suficiente para que se acaben las discusiones porque nadie quiere hablar. Emm y Gina continúan furiosas, silenciosas, pero molestas. Y Emma no tiene nada que decirle. Aunque esté en contra y prefiera continuar entrenando hasta el amanecer. Prefiere cerrar la boca y afrontar sus inseguridades que hablar con Regina. Aunque no tenga muy claro qué tiene contra ella en realidad...

"Me tomaré esta falta de respuesta como un: maravilloso. Buena idea. Volvamos a casa"

"Perfecto" masculla Gina girando sobre sus talones y dándoles la espalda, encaminada al coche. Emm alcanza sus pasos y camina a su vera, a la misma velocidad, al mismo ritmo. Y sus alter egos echan a caminar tras sus pasos, pero a una distancia prudencial entre ellas. Suficiente como para que corra el aire. Suficiente incluso para que corra un tren y tres autovías. Así de grande.


Una vez más, el coche se para frente al hostal de la abuelita y con él se detiene el único ruido que se ha escuchado en todo el trayecto, el ronroneo del motor. Nadie ha dicho nada. Ni una respiración más alta que otra, ni una sola palabra. Emm ni siquiera se ha preocupado de que sus invitadas pudieran mirar y observar por las ventanillas nada de ese futuro, incierto para ellas. Ya... ¿Qué más da? Está todo dicho y ninguna quiere añadir nada más. Lo único que ahora parece tener importancia es el siguiente paso.

Emma y Regina abandonan el vehículo en perfecta armonía y sincronización, dando el mismo suave pero indignado portazo antes de encaminarse a la puerta trasera de su alojamiento. Pero el ruido de otras dos puertas frena su huida.

"Un momento" Emm aparece de pie junto al asiento del copiloto, cruzada de brazos y sin demasiada prisa por hablar. "Nosotras vamos a prepararlo todo... Tenéis el almuerzo en vuestros cuartos"

"Bien" susurra Emma lista para echar a andar. Pero la tos incómoda de Gina vuelve a truncar sus planes de desaparecer.

"Os recogeremos a las nueve, procurad comer y descansar hasta entonces" indica desde la puerta del piloto. "Es decir, si sois capaces de dormir en lugar de salir de expedición…"

"Ja…" gruñe Emma.

"¿Y arriesgarnos a descubrir otra desgracia como la de esta mañana? Tranquila... Ya hemos tenido suficiente"

Gina aprieta los puños y la mandíbula y antes de responder ya luce un agresivo color rojo furia. "Fuera"

"Un placer" exclama sobre su hombro, ya girada y encaminada hacia la puerta. La espalda de Regina desaparece tras los muros de la pensión sin ni siquiera despedirse y, dos pasos por detrás, lo hace Emma en los mismos términos.

"Vámonos" ladra Gina abriendo la puerta del coche, pero los ojos claros no están por la labor.

"Quieta ahí…"

"¿Qué?"

"¿Crees que voy a dejarte conducir así, en este estado?"

"¿Quieres conducir tú?" gruñe con las llaves en su puño, dispuesta a lanzarlas sobre el techo del coche. Pero a la salvadora no le importan las llaves ni el automóvil. Sólo lo rodea, sin prestar atención al llavero, hasta llegar a ella.

"¿Estás bien?"

"Perfectamente" vuelve a gruñir con el ceño fruncido y la voz vibrante. Y a unos centímetros de ella, Emma suspira con una dulce sonrisa y echa sus brazos en torno a su cuerpo sin preguntar. Un abrazo cada vez más cálido, más estrecho, hasta que al fin advierte como Gina se acurruca entre sus brazos, igual que una niña pequeña en busca de consuelo. "…Pero ahora un poquito mejor" musita con los brazos pegados al tórax de Emm y la cara enterrada en su cuello.

"Yo también" suspira contra su pelo. "Solo tú podías intentar enfadar a tu propio yo. ¿Acaso no sabes ya que tú siempre tienes una respuesta bajo la manga?" pregunta con una tierna burla que hace reír a los labios que nota contra su piel.

"¿No podríamos volver tú y yo? Al pasado, en lugar de ellas…"

"Ojalá… Pero crearía una paradoja temporal que podría destruirnos a todos"

"Siempre con la excusa de la paradoja… Que si no podemos sustituirnos a nosotras mismas por la paradoja... Que si no mates a tu propio yo por la paradoja…"

"Lo sé, soy una tirana" asume dejando caer un beso sobre su cabello.

"Deberíamos apartarnos, podrían vernos desde las ventanas"

"Creo que ya les queda poco por ver... ¿Después de lo de esta mañana que más podrían descubrir?"

Suspira y musita tragando saliva: "Todo esto es culpa mía…"

"¿Qué?" tartamudea rompiendo el abrazo para poder buscar sus ojos. "¿Qué dices?

Pero sus ojos no aparecen, sólo miran al cielo, a ninguna parte. "No debí acercarme a ti esta mañana..." exhala antes de atreverse a mirarla, a decir en voz alta lo que lleva horas torturándola. "Si me hubiera estado quietecita, si me hubiera centrado en nuestra misión…"

"¿Qué? ¿De verdad lo crees?" pregunta persiguiendo sus pupilas, pero Gina mira a todas partes y a ninguna. "Por supuesto, porque a Emma le habría resultado súper normal vernos desayunar juntas en tu casa, en pijama y mirándonos con caras de enamoradas, pero con distancia" ironiza. "Nada de lo que hubiéramos hecho o dejado de hacer habría cambiado nada. Excepto atarlas a la cama, como proponía mi madre"

"¿Me dejas atarlas...?"

"Por muy tentador y pervertido que suene, no. Han de volver y tú y yo debemos prepararlo"

"No quiero verlas cruzar… No puedo siquiera imaginar…"

"Cariño"

"Y si…"

"No ocurrirá"

"¿Cómo puedes estar tan segura?" suplica airada y, aunque parezca reclamar, sólo quiere contagiarse de esa seguridad. "Antes solo era una posibilidad, una improbable consecuencia derivada de su viaje. Y contábamos con ello, lo sé. Se trataba del bien mayor y podía afrontarlo, porque era solo eso. Una posibilidad" Su voz se va estrangulando rápidamente. "Ahora… Joder, ahora es una maldita apuesta segura, Emm"

"Eh…" musita apoyando su frente contra la de ella, sonriendo, musitando con tanta dulzura que su voz acaricia. "Si algo sabemos es que todo termina como ha de hacerlo, todo vuelve siempre a su sitio"

"¡Eso no es cierto! Durante años no pudimos hacerlo peor"

"Bueno…"

"De pena, Emm" recalca sin dejarle rechistar, colocando un dedo sobre sus labios "Y ahora nuestros estúpidos yos tienen todas las herramientas para hacerlo aún peor y la sola idea…" le falla la voz y cierra los ojos, buscando fuerzas para continuar hablando. "Ni siquiera estoy enfadada con ellas. Solo estoy aterrorizada. Aterrorizada y rota"

"No, mi amor…" suplica sosteniendo sus mejillas y dejando un suave beso, tratando de borrar la verdad de esas palabras. Una negación que no funciona, aunque al separarse la respiración de Gina es mucho más suave. "Escúchame, pase lo que pase, lo conseguiremos, confía en mí. Las conocemos perfectamente, a las dos. Sé lo tozuda que puedo llegar a ser y sé lo desesperante e increíblemente tozuda que puedes llegar a ser tú" remarca poniendo los ojos en blanco y Gina profiere una tierna carcajada, consciente plenamente de esa realidad. "Pero si algo tengo claro es que estando a tu lado es inevitable que Emma caiga locamente enamorada de cada centímetro de ti. Luchar contra eso es imposible, lo sé bien. Y créeme, realmente no tendrá ganas de luchar. Y tu otro yo tampoco, por mucho que refunfuñe"

"Más le vale tener razón, sheriff, o me encargaré de que mi otro yo maté a su otro yo…" Emm abre la boca y Gina se abraza a ella, ávida de esa confianza, con fuerza, y la interrumpe. "Sí, sí, la paradoja, bla bla bla…"

Emma sonríe con su respuesta y besa su cabeza. Escucha a Gina respirar contra su cuello, mucho más tranquila, y suspira satisfecha. Aunque sus propias pulsaciones continúan rítmicas e inquietas, su estómago no ha dejado de retorcerse desde que Emma y Regina aparecieron en la cocina. No ha dicho nada que sea mentira. Está segura, su otro yo se enamorará de Regina. Por supuesto que lo hará, si es que no lo está ya.

Ella siempre lo estuvo, durante años.

Mientras fueron enemigas, cuando se volvieron aliadas o cuando eligió a Hook y Regina se inclinó por Robin.

Siempre estuvo enamorada de Regina… y eso no le impidió equivocarse y permanecer lejos de ella. Y ahora… ahora teme más que nunca que la historia se repita. Y que esta vez el resultado no sea el mismo.

Pero sonríe, se traga el miedo y compone la mejor de las fachadas. Sólo quiere que Gina no sufra. Les quede o no una vida juntas.


El reloj da la hora y Emma aún no ha salido de su habitación. Está preparada, ha recogido las tres cosas con las que vino e incluso ha dejado todo ordenado. Lleva despierta más de media hora y ya no sabía en qué gastar el tiempo. Pero aun así ahora que por fin es el momento, que puede salir, que se acabó la espera y que ya tiene las botas puestas y la chaqueta encima de la cama, no se decide a abrir la puerta. Y se siente estúpida. Se está arriesgando a que Regina vuelva a regañarla. Quizás incluso a que lo hagan dos Reginas a la vez, en estéreo. Pero tendrán que esperar porque Emma está mirando fijamente la puerta, esa que le llevará a su tiempo, a una batalla mortal frente a un ser demoníaco, a la realidad tras haber mirado a su futuro a la cara... Y no sabe si tiene más miedo a morir a manos de esa cosa o a salir vencedora y que la historia siga su curso...

Su estómago vuelve a atenazarse y regresan las náuseas y la puerta se hace cada vez más pequeñita y parece que se aleje de ella. Incluso la habitación parece menguar y de repente la idea de salir se vuelve más atractiva por momentos. Sus oídos pitan, palpitan y antes de ser consciente coge su chaqueta y corre hacia la salida sin mirar atrás.

Abre la puerta de golpe y llena sus pulmones al pisar el pasillo, cerrando los ojos al hacerlo.

"Llega tarde"

"¡Joder!" chilla asustada. Dos puertas más a la derecha y con cara de pocos amigos, Regina está asomada en su habitación antes de cerrar a su espalda. "Y tú" espeta Emma molesta y echando a andar a grandes zancadas, dejándola atrás y sin recordar ya esa sensación de angustia que consumía su estómago segundos atrás. Ahora sólo gruñe por lo bajo y piensa en lo insoportable que le resulta esa mujer.

Y en que no piensa llegar ella la última.

Baja las escaleras de dos en dos, con Regina pegada a su nuca. Pero las ganas de la alcaldesa de andar a su vera son tan inexistentes como las de Emma y, ya que no puede adelantarla, se resigna a ir a un metro de ella.

Al llegar a la puerta distinguen el coche de Gina con su dueña reclinada contra él con la misma cara de imperturbable y sereno cabreo que ese medio día. Lo único que ha cambiado es que a su alrededor ya no es de día y solo un par de farolas evitan la penumbra total. Y que su pie golpea rítmicamente el suelo, con poca paciencia.

Emma abre la puerta y la atraviesa sin sostenérsela a la alcaldesa, que no se golpea con ella por centímetros. Y frente a ambas, Gina se yergue lista para abrir la puerta del piloto no sin antes gruñir.

"Llegáis tarde"

Emma pone los ojos en blanco, sin dar crédito. Son la misma persona, no cabe duda.

"Solo dos minutos"

Una voz gruñe a sus pies y Emma pega un salto. "Suficiente. Casi subo a por vosotras"

"¡Joder!" Incluso Regina pega un pequeño saltito, pero solo Emma chilla sobresaltada. Por segunda vez. Emm se guarda de sonreír, pero eleva una ceja burlona, sentada sobre las escaleras de la entrada. "¿Otra vez como con el cigarrillo? ¿Dónde cojones le ves la gracia?"

Pero la pregunta se queda en el aire y los ojos de Emm se abren con fuerza y cierto terror. Mirando apurados y acusatorios a su otro yo.

"¿Cigarrillo?" repite Gina.

"No…" murmura la salvadora sin ningún tipo de credibilidad.

"Emm…"

"¿Quizás…?"

"El paquete…" murmura Gina entre dientes, sin levantar la voz.

"Gina…"

"Emm"

"¿Tabaco?" pregunta Regina viendo como Emm, cargada de culpabilidad, echa mano del bolsillo interior de la chaqueta. "Parece que lo tienes todo, salvadora" se recochinea mirando directamente a Emma, aunque sea su alter ego la culpable.

"Hace años que no fumo ni uno solo" gruñe Emm mirando a Regina y lanzando el paquete con un perfecto arco, directo a las manos de Gina. "Solo alguno en los momentos más complicados"

"Como este…" puntualiza Gina sacando uno de los cigarros y volviendo a cerrar la cajetilla, sólo para tirarla con mucha más gracia de vuelta a las manos de su dueña. "Vámonos" dispone encendiéndolo con un mechero de gasolina que Emma no le ha visto sacar y que Regina observa reconociéndolo avergonzada como suyo.

Emm sonríe pasmada pero divertida y, sin duda, embelesada, mientras que Emma observa con fascinación la elegancia con la que esos labios dan una calada igual que si llevara toda la vida haciéndolo, como si ese cigarro hubiera sido creado con el propósito de encajar a la perfección con su boca. Solo cuando el humo sale delicadamente de ellos y su dueña desaparece tras la puerta del piloto, Emma aparta los ojos de Gina para mirar a la otra versión de la alcaldesa.

"Parece que no soy la única que lo tiene todo..."

"Cállese" gruñe caminando airada hasta la puerta contraria a Emma, deseando sentarse en cualquier otro lugar, y mejor si estuviera a kilómetros de esa insoportable mujer.


El coche no se pone en marcha hasta que ambas no se colocan los antifaces del primer día de nuevo y cuando se detienen cada alter ego sale veloz a por su otra versión, dispuestas a guiarlas hasta la misteriosa localización igual que a invidentes. La primera vez que estuvieron allí Emma trato de memorizar todos los detalles posibles. La grava bajo sus pies, los sonidos a su alrededor, los olores que avisan de un bosque en las inmediaciones. Esta vez no. Su cabeza no está interesada en investigar, en recordar, en rebelarse y averiguar dónde están. De hecho, su mente tiene tanto en lo que pensar que apenas advierte cuando entran y comienzan a caminar sobre suelo firme. Solo la voz de Emm logra sacarla de su ensimismamiento devolviéndola a la realidad de golpe.

"Podéis quitároslo"

Emma se siente como en una secta al abrir los ojos tras el antifaz. Juraría que es la misma habitación que la última vez, pero vuelve a estar hechizada y no llega a ver casi nada más allá de dos metros, sólo oscuridad. Pero a su alrededor, embutidos en esas tinieblas artificiales puede ver los rostros de Henry, Snow y David que las observan a las cuatro con curiosidad. Si de un momento a otro vistieran capas con capuchas, Emma tampoco se sorprendería.

Gina es la primera en hablar, obviando los tradicionales saludos. "Él no debería estar aquí" murmura cruzándose de brazos y señalando con la barbilla al adolescente.

"Mamá" gruñe cuando habla de él como si no estuviera ahí.

"Fue imposible dejarle en casa" reconoce Snow.

"Quiero ver como todo cambia, no quiero olvidar sin saber qué pasará"

Los ojos de Gina se enternecen ante las palabras de su hijo y su protesta muere en sus labios con una sonrisa minúscula pero llena de comprensión.

"¿De qué está hablando?" pregunta Emma consciente de que, de nuevo, no cuentan con toda la información.

Gina da vueltas a su respuesta, ponderando si es algo que pueden compartir o no. Y por su rostro, la salvadora supone que ha ganado el sí. "Nosotras… bueno, hemos acondicionado este lugar"

"¿Para qué?"

"Para retrasar los cambios que vuestras acciones puedan ocasionar" murmura con rapidez sin intención de dar más explicaciones. Pero el gesto de Emma se descompone con un gesto total de confusión y Regina, incluso con su pose de todo está bajo control, deja escapar su ceja, que se alza extrañada. Gina suspira, resignada, y añade. "A unos metros de nosotros hay una mesa y la hemos rodeado con arena del reloj de cronos, un poderoso material que funcionará como barrera entre nosotros y el resto del mundo. O al menos debería concedernos unos segundos, quizás unos minutos"

Emm toma el relevo con un suspiro. "Si funciona, tendremos el tiempo suficiente para comprobar qué ocurre en nuestra realidad con total consciencia y si vuestra misión tuvo éxito… antes de, bueno, de caer víctimas de la nueva realidad y olvidar todo lo ocurrido"

"Oh…" es todo lo que Emma puede decir.

"Y con esto ya hemos contado mucho más de lo que debíamos…" gruñe Gina, girando sobre sus propios talones. "Pero ya qué más da" añade aún más bajito mientras crea entre las yemas de sus dedos una diminuta llamarada y camina hasta otro punto a oscuras de la habitación. Pero al hacerlo, bajo sus pies parece asomar un suave dibujo geométrico dibujado con pintura. "Voy a abrir el portal a vuestro tiempo, es la última oportunidad de hacer cualquier pregunta que os corroa, despediros, o lo que queráis"

"¿Necesitas ayuda, cariño?" musita Emm con delicadeza.

"No, está todo bajo control" Y aunque lleve horas sin sonreír frente a Emma y Regina, la pregunta de su pareja logra robarle una pequeña y tránsfuga sonrisa. Una que huye en cuanto escucha el resoplido de Regina y ve la mueca de grima de Emma. "Vamos a mandarlas ya" espeta y la llama entre sus dedos pega un fogonazo, alimentada por su irritación. Apunta hacia el dibujo y deja que el fuego caiga lentamente sobre él. Cuando la primera ascua roza la pintura toda ella prende y el dibujo refulge iluminándose por completo con un crepitar que resuena mortecino sobre el incómodo silencio de la habitación.

"¿Algo que preguntar?" inquiere Emm girándose hacia ellas dos con los brazos cruzados y tal gesto de hastío, que da pavor hablarle. Pero Regina no entiende de avisos ni precauciones y responde con esa misma mueca de disgusto.

"¿Después de dos días entrenando? Creo que está todo claro"

"Me alegro" gruñe Emm sin mirarla a la cara.

"Sólo…" tose Regina mordiéndose el labio inferior, en el único gesto de debilidad que se permite. "¿Puedo…?" pregunta sin terminar de hablar, mirando a su hijo, a esa versión con sombra de barba y que no la mira más que con amor y cariño.

"Claro que sí, mamá" se adelanta Henry, ahorrándole cualquier suplicio antes de correr hacia ella y envolverla con un abrazo. Regina sonríe, protegida por el hombro de su hijo y se deja abrazar y consolar. No es sólo la despedida, sino también la esperanza de que esta, en unos años, será la actitud de Henry con ella. Su corazón se salta un latido y se promete que luchará hasta el final porque no consentirá que esto pueda echarse a perder. "Tened mucho cuidado, por favor"

"Prometido" susurra sólo para él.

"Y tú también" pide Henry separándose de Regina sólo para tirar de Emma con la misma fuerza.

"Cuenta con ello, chico" sonríe rodeándole con ganas. A su espalda advierte el calor del portal, aumentando por momentos, crepitando cada vez con más existencia. Y a pesar de su escasa experiencia en asuntos mágicos, intuye que esa es la señal de que su vuelo de vuelta está casi listo.

"Emma, Regina…" musita Snow, pegada al cuerpo de David, que las mira con la misma mezcla de angustia y confianza. "La bestia no tiene nada que hacer, estoy segura. No frente a vosotras"

Emma hincha sus pulmones y sonríe. "Gracias, mamá"

"Todo preparado, es el momento" anuncia Gina apartándose del portal, cuyas llamas ya superan su altura. Las dos versiones se cuadran, dispuestas a regresar. "No olvidéis nada de lo aprendido" es todo cuanto Gina quiere añadir, con gesto neutro y sobrio. Querría abrazarlas, como ha hecho Henry. O al menos a la versión joven e inocente de Emma. Tiene miedo, por ellas, por lo que han de enfrentar, por lo que ocurrirá. Pero no se acerca, aunque pueda arrepentirse en apenas unos segundos, porque le supera la impotencia, la furia, la imagen que se repite ante sus ojos una y otra vez, una imagen en la que sus otros yos, actúan como si Emm y ella fueran dos enfermas desequilibradas y su relación lo más aberrante que jamás ha sucedido. Sí, puede que se arrepienta, pero se mantiene en sus trece, deshaciéndose por dentro.

Emm, a su vera, tiene esa misma actitud de estatua, escueta, fría y sobria, tan insólita en ella. "Y resistid… estáis preparadas para acabar con ella" masculla escueta.

"De acuerdo" asiente Emma con la barbilla, girándose hacia las llamas, estudiándolas extrañada. "¿Cómo…?"

"Sólo saltad" aclara Gina.

Emma abre los ojos, casi rojos por la luz que desprenden las llamas. "¿Ahí?"

"No os quemará, os lo prometo" Habla en plural, aunque Regina parezca mucho más convencida de hacerlo que Emma. Intenta tranquilizar a la salvadora y darle toda la seguridad posible. "Si queréis, la mejor forma de aterrizar cerca es daros las manos y…" En cuanto su consejo sale de sus labios, las dos mujeres la miran con sendos gestos de asco y es toda la respuesta que Gina necesita. Inspira como un toro rabioso y gruñe. "No he dicho nada"

Su mano se zarandea en el aire con un golpe seco y su magia les propina un empujón nada gentil. Un empellón furioso que manda a ambas mujeres, sin delicadeza alguna, directas a las llamas con un grito de sorpresa. El fuego se las traga sin compasión y con un solo pestañeo, las llamaradas, la salvadora y la reina malvada ya no están ahí. Un breve segundo y el cuarto vuelve a quedarse a oscuras, en silencio, sin una respiración más alta que otra.

Al menos hasta que David susurra. "La suerte está echada…"

"Totalmente" suspira Emm, que con un giro de muñeca hace desaparecer el telón de oscuridad que escondía la biblioteca de la mansión del autor. La luz natural regresa a la habitación y ella camina hasta Gina. "Sólo nos queda esperar"

"Sí…" traga la alcaldesa estirando su mano hasta que Emm la coge y entrelaza los dedos con ella, apretando con tanto cariño, tanta desesperación, que puede sentirlo a través de su piel.

"Las has empujado con ganas, ¿eh?" bromea mientras sus brazos se enredan igual que las manos.

Gina sonríe con una picardía mal disimulada. "No quería que se cerrara el portal"

"Ya, ya…" susurra apoyando su frente contra la de ella, suspirando. "La suerte está echada…"

"Lo está…" responde sin voz y tragando hondo.

"Chicas…" Snow se acerca a ellas, mortificada por interrumpirlas. "Ocurra lo que ocurra, jamás podremos daros las gracias lo suficiente por vuestro sacrificio"

La sonrisa apagada de Gina se gira hacia ella, sin ganas. "Gracias, Snow, pero todos hubierais hecho exactamente lo mismo…" Aprieta con más desesperación la mano de Emm. "Lo importante es el bien mayor"

"No va a cambiar nada, ya lo veréis, mamás" asegura Henry colgándose de la cintura de las dos, que le devuelven el abrazo con las mismas ganas.

Regina deja un beso contra su mejilla y asiente. "Seguro que sí, cariño"

"Henry, ¿has preparado todo?" pregunta David a unos metros de los tres, sin acercarse a ellos.

"Creo que sí…" musita separándose de sus madres.

"Esto puede empezar a cambiar en cualquier momento, échale un último vistazo" pide su abuelo. Ni siquiera se molesta en aparentar demasiado, la única razón de su petición es concederles unos minutos a solas a ambas mujeres, y Henry también lo sabe. Camina hasta la mesa y se aleja de ellas sin dejar de sonreírlas. Pase lo que pase, él está seguro, no las va a perder. Pero la sola idea de que sus madres puedan perderse, la una a la otra, le rompe el corazón. Y ni siquiera puede hacerse una idea de lo que ellas deben estar sufriendo.

Intenta concentrarse en los papeles que hay sobre la mesa. Tanto para intentar concederlas un poco de intimidad, como por no echarse a llorar como un niño. Ver a Emm tratando de mantenerse fuerte y firme por las dos, y a Gina, cargada con una vida de sufrimiento, con tantas pérdidas, intentando no derrumbarse cuando todo parece perdido otra vez, puede con Henry.

Y sus abuelos parecen igual de enfrascados que él en un trabajo que, en realidad, ya está hecho. Todos los certificados de defunción están sobre la mesa, listos para ser revisados cuando su mundo comience a transformarse. Si todo sale bien, deberían convertirse en formularios en blanco, sin nombres ni apellidos de amigos y seres queridos… como Leroy. Además, ha abierto el libro de cuentos que posee desde que es el autor y la página que se despliega ante ellos es el capítulo de la bestia. Dos páginas que relatan el tormento de los últimos meses y que Henry desearía no haber tenido que escribir jamás. Pero ahora existe la posibilidad de que todo desaparezca, de que su pluma jamás hubiera escrito ninguna de esas palabras, de que todo vuelva a estar bien.

Aunque para ello hayan debido recurrir a la magia. Aunque para ello quizás el precio a pagar esta vez haya tenido que ser el amor de sus madres.

"Todo va a salir bien…" repite Emm cada vez más bajito.

"Sí, claro que sí…" asegura sorbiendo las lágrimas, apretando con fuerza las manos de la salvadora. "Vamos a estar bien"

Asiente con los ojos a medio cerrar. "Vencerán, el peligro pasará y acabarán por abrir los ojos…"

"¿Lo dices para convencerme a mí o a ti...?"

Emma traga hondo, sabiéndose pillada.

"No quiero convencernos… Estoy segura."

"¿Entonces por qué tiemblas?"

"No tiemblo…"

Pero es cierto que tiembla. Sus manos lo hacen de forma indetectable, menos para quien las sostiene y aprieta hasta dejarlas sin circulación. Pero su cuerpo si se estremece aunque el temblor no nace de ella. La habitación entera vibra, los objetos se mueven y el resto de los presentes se aferra a la mesa como acto reflejo. Pero ellas no.

Ellas se agarran con más fuerza si es posible, se sostienen la una a la otra y no apartan la mirada.

"Ya está aquí" gimotea Gina y la poca entereza que permanecía en pie se resquebraja junto con un par de jarrones que caen al suelo.

"Lo conseguiremos" lloriquea. "Lo haremos, lo conseguiremos, lo conseguiremos, lo conseguiremos…" repite sin parar rodeando la cintura de Gina y pegando sus frentes.

"No voy a olvidar nada de esto, jamás, jamás, jamás" exige sin saber a quién, suplica sin voz, y se hunde en un beso en el que se mezclan sus lágrimas y las de Emm. Se agarra a ella con las manos cerradas en puños, los nudillos blancos de oprimir su ropa y los brazos doliendo con la tensión. Pero le da igual, no quiere soltarla, nunca. No quiere despertar de ese letargo y q Emm no esté entre sus brazos.

No puede... La sola idea...

La sola idea araña sus entrañas, parte su corazón, estrangula sus pulmones, y ella vuelve a resquebrajarse. La besa con más intensidad, más desesperación, más miedo y Emm se vuelca del mismo modo. Murmurando entre beso y beso su nombre, lánguidos te amo, y débiles: no me iré de aquí. Y Regina, entre lágrimas, la besa y asiente, repitiendo que no piensa olvidar nada, sabiendo que son promesas vacías. Promesas que no depende de ellas que sean cumplidas, y al mismo tiempo, sí.

A su alrededor todo se sacude, vibra, se estremece poniendo a prueba los cimientos de la mansión, como si un huracán invisible girase alrededor de la mansión. Henry lucha con la propia mesa para mantener su libro abierto y los Charming intentan a duras penas mantenerse en pie y sostener los certificados frente a sus ojos.

Pero cuando la primera gota de tinta desaparece, Snow se olvida de agarrarse, del equilibrio, de las sacudidas y hasta del miedo. Sostiene el folio con ambas manos, acercándolo sin querer apresurarse, pestañeando una y otra vez. Pero no hay duda, el nombre de la víctima desaparece lentamente ante ella y el resto de la hoja se queda con un impoluto blanco. Suelta el folio sin cuidado, y corre en busca del resto de ellos, cuando Henry pega un grito:

"¡Mi libro, está brillando!"

El adolescente intenta sostenerlo, leer sus hojas, adivinar los cambios, pero refulge hasta que daña con sólo mirarlo y Henry termina por soltar el enorme tomo contra la mesa para poder cubrirse la cara. Es como si todo el libro, como si cada capítulo estuviera rebelándose, ardiendo.

"¿Qué pone?" exclama David por encima del estruendo.

"¡No puedo leerlo, está fuera de control!" protesta tratando de alargar una mano, mientras la otra funciona de parapeto frente a esa luz inhumana.

"¡Pondrá que vencieron!" chilla Snow alzando el último de los certificados. "¡Están en blanco!"

"¿Todos?" musita Gina. "¿Incluso el de Leroy?"

"¡Todos, ni una sola víctima!"

La alcaldesa asiente, dispuesta a sonreír, cuando la arena a su alrededor comienza a crepitar y brincar, zarandeándose y difuminando poco a poco la silueta de ese perfecto círculo mágico que les aísla temporalmente de los cambios. Se abraza desesperada a Emm y los brazos de la salvadora se cierran con la misma necesidad.

"La nueva realidad no tardará en imponerse" gime la salvadora contra su pelo dejando caer un húmedo beso.

"Lo sé…" lloriquea, mientras la arena se esparce despacio y los recuerdos empiezan a llegar lentamente. Cómo una bruma pesada que se instala sobre ellos, mezclando presentes y pasados hasta que cuesta diferenciar qué es cada cosa. Qué es real y qué ya no.

"La bestia…" susurra Henry. "Jamás hemos oído hablar de la bestia en Storybrooke" Cierra los ojos, intentando discernir antes de caer víctima de su nueva realidad. "¿Es eso posible? Jamás atacó a nadie, debisteis acabar con ella y jamás contasteis más detalles... ¿verdad?"

Frente a él, sus abuelos se dan la mano, confusos. "No, no hubo ninguna bestia" repite Snow agarrándose con uñas y dientes a sus recuerdos más caducos. "¡Lo conseguisteis!" clama eufórica y busca con la mirada a ambas mujeres. Emm permanece frente a Gina, con su mirada clavada en ella y el rostro impávido. Y la alcaldesa tiene la boca abierta y la postura de una rígida e imponente escultura de mármol. "¿Emm, vosotras...?" pregunta casi sin voz.

"¿Lleváis tres años juntas, mamás?" interroga Henry angustiado.

"No" responde Gina tajante, y los presentes contienen la respiración y las lágrimas, y más aún cuando el rostro de la alcaldesa se gira hacia ellos sin dolor ni sufrimiento reflejados en él.

"¿No?" lloriquea Snow.

"No" repite esta vez Emm. "Tres, no… Siete"

Y con su susurro, la salvadora rodea la cintura de Gina hasta que vuelven a estar frente con frente, sonrisa contra sonrisa. Eleva su brazo con gesto presuntuoso y musita:

"¿Con que la querías de vuelta, eh?"

Una suave pulsera de cuero descansa en su muñeca, conservándose mágicamente como el primer día.

"Parece que al final no fuimos tan estúpidas..." suspira Gina mientras sus manos escalan delicadas hasta el cuello de Emm, ese lugar que, definitivamente, no está vetado para ella. Se cuelga de él eufórica, enamorada, tranquila, tan aliviada.

Y sólo entonces la salvadora entiende la tácita invitación de esa sonrisa y se acerca para robarle un beso que sabe a primera vez.

No importa si antes hubo siete años de besos, o tres, o quién sabe.

Es su primer beso, el primero de muchos, y Emm se deja llevar, derritiéndose contra Gina con un dócil gemido, con una felicidad infinita, con un alivio que se desprende en cada sonrisa, y con cierta gratitud hacia sus cabezotas e imprevisibles alter egos. Gracias, chicas… suspira para sí, abrazándose a Gina, profundizando el beso y moviendo la punta de su pie hasta el círculo de arena. Un sencillo movimiento y su zapato aparta un montón de gravilla, rompiendo definitivamente el dibujo, permitiendo a esa nueva realidad alcanzarles.

Muchas gracias.


Es un ensayo, sólo eso. Emma se repite una y otra vez que no hay peligro, no hay riesgo, no hay presión. No es más que otro ensayo, están seguras y nada saldrá mal. Y aunque no funciona, aunque no logra convencerse a sí misma, trata de arañar un poquito de seguridad y olvidar que esa bestia contra la que Regina pelea a muerte no es un juguete convocado por Gina. Cierra los ojos, busca una concentración que no le sobra y continúa el ritual sin fallar un solo movimiento, una sola palabra.

Y su inspiración son las bolas de fuego de Regina cortando el aire, los gritos infernales de la bestia, la magia crepitando en mitad de ese claro.

Hay algo que las recreaciones de Emm y Gina no tuvieron en cuenta. Ese aroma a muerte, a lucha final, a desesperación. Desesperación que desprende Regina en cada ataque, la bestia con cada defensa, la voz de Emma mientras escapa angustiada. Sin acelerarse, sin detenerse, sin perder el ritmo ni siquiera cuando a su espalda Regina reprime un grito. Continúa, pero contiene la respiración hasta que no la escucha gruñir "Estoy bien…", seguido de una bola de fuego que resuena al salir despedida.

Emma se concentra en su magia, pero cuando segundos después Regina termina frente a ella, sentada en el suelo de un golpetazo, cuesta no detenerse y acudir en su ayuda. Pero Emma aguanta y solo un segundo después Regina demuestra que es perfectamente capaz de arreglarlas ella sola cuando incluso desde el suelo coloca una dolorosa esfera llameante en pleno centro de esa maldita bestia. El ser grita, se retuerce y vuelve a atacar. Cuesta creer que esté debilitada, que la explosión de esa misma mañana, la misma que, de alguna forma, ocurrió hace dos días, haya menguado sus fuerzas. No quiere ni imaginar qué tipo de monstruosidad en todo su esplendor enfrentaron Gina y Emm.

Un ensayo, es un ensayo.

Pero no. Todo es diferente, es más real. La batalla, la magia, la adrenalina, los fogonazos, los gemidos que se escapan entre los dientes de Regina cada vez que la bestia la obliga a retroceder o forzar su magia. Quizás eso es lo más real. Regina, su forma de luchar hasta el final, casi como una kamikaze, casi… pasional. Admirable.

Termina de recitar el hechizo, el ritual está completo y la magia crece entre sus manos, pero la salvadora retiene su poder. Cuesta, pero no detiene sus manos, provoca a su propia magia, la instiga, la induce a crecer y aunque cada vez es más complicado, aguanta porque aún no es el momento.

Pero la bestia repara en el torrente de magia. Detiene sus embestidas durante un suspiro sólo para regresar con un ataque colérico, desatado, salvaje. Como si supiese qué su perdición crece por momentos entre las manos de la salvadora.

Deja de retroceder, aunque grite de dolor, aunque la magia de Regina le obligue a retorcerse. Resiste, pretende luchar hasta el final, no va a detenerse. Y, aunque lentamente, está acercándose a Regina, cuya magia empieza a flaquear. Las bolas no dejan de alcanzarla, pero la bestia no se detiene y con cada centímetro que logra recortar, el fuego de Regina cada vez estalla más cerca de la propia reina malvada, obligándola a cerrar los ojos ante sus llamaradas. Eso hace que, con cada nuevo golpe, con cada ataque, esté perdiendo puntería y quizás incluso intensidad. Su respiración se hace pesada, comienza a sudar, por el miedo, por el calor de su propio fuego, y aunque se mantenga en pie como una fuerza de la naturaleza, Emma siente que Regina, ante sus ojos, está comenzando a flaquear.

No pierde de vista uno solo de sus movimientos. Su propia respiración, angustiada, se acompasa con los jadeos desquiciados y exhaustos de Regina, y, aunque sepa que no va a funcionar, suplica a su magia que crezca cuanto antes. Pero el ritual tiene su propio ritmo y nada de lo que haga logra apresurarlo. Mira sus manos, desesperada, sobrepasada por el miedo. Y entonces lo ve.

Pueden conseguirlo, repite para sí. Van a conseguirlo.

No detiene el suave movimiento de sus manos en ningún momento, pero el pulgar de su mano toca deliberadamente la pulsera que baila en la muñeca contraria. Un roce fugaz, apenas perceptible, y Emma murmura contra ella: "Aguanta, tú puedes. Ya casi es nuestra, Regina"

La reina malvada abre los ojos desmesuradamente y Emma, por un instante, desearía haber cerrado su bocaza.

Pero Regina se transforma ante sus ojos. Se estira como con un resorte, su cuerpo se cuadra y recupera toda su firmeza y su posición de ataque. Su magia se vuelve más agresiva, más animal y a pesar de los intentos de la bestia, Regina recupera terreno a una velocidad abismal, hasta que consigue que el ser por fin empiece a retroceder. Sólo entonces Emma vuelve a respirar con normalidad, incluso a sonreír.

"Podrías merendarte a esa cosa tú sola si quisieras…" bromea dejándose llevar por la emoción y frente a ella, Regina medio sonríe de lado, contenida. Y Emma no necesita que hable para imaginarla farfullar: "Concéntrese, señorita Swan", aunque con cierto toque de diversión.

Regina resurge y la bestia languidece con el cambio de papeles. Y por un momento, la criatura esquiva un par de golpes, huidiza, tratando de escapar.

Pero Regina presiente sus intenciones.

La bestia gira en el aire, pretendiendo alejarse de la batalla. La reina malvada proyecta su magia contra ella, una bola de fuego que corta el aire atravesando la trayectoria de la bestia e intenta detenerla.

Pero en el último momento, la bestia se despeña contra Emma.

Letal y directa.

Sin nada que perder. Dispuesta a todo.

Salvo que Regina reaparece, bola de fuego en mano, entre Emma y la criatura con un:

"Me temo que no…".

Despliega su magia contra ella, un golpe tan certero que la bestia sale despedida lejos de Emma, desorientada, fuera de sí y débil.

Y aunque ese ataque frustrado termina por desatar su furia no tiene tiempo de arremeter contra ellas.

Un grito de liberación y los brazos de Emma se abren con violencia.

La alcaldesa se encoge sobre si misma al ser atravesada por el descomunal torrente de magia que pasa a través de su cuerpo antes de estrellarse contra la bestia. Una onda casi visible que encrespa y corta el aire, hasta dar con su objetivo.

Regina observa fascinada los últimos instantes de vida de la bestia. Ese ser de forma indefinida se retuerce y su cuerpo parece crecer ante sus ojos como un globo. Pero no ve nada más. Algo tira de su brazo y arrastra a su cuerpo y, antes de entender nada, escucha la voz de Emma gritando: "¡Cuidado!"

Advierte unos brazos que la rodean y un cuerpo que la cubre y, a duras penas, sobre el hombro de Emma, alcanza a ver a la bestia explotar. Mil pedacitos de negro y maloliente ser que vuelan por el aire. Cierra los ojos y la onda expansiva de la bestia al morir las arroja por los aires.

Su estómago se encoge al separar los pies del suelo, pero no tiene tiempo de gritar. Un segundo después su espalda choca con el suelo, pero con más suavidad de la que hubiera esperado. El césped y los brazos de Emma amortiguan la caída, y el cuerpo de la salvadora actúa de parapeto contra las pequeñas salpicaduras de fango de bestia muerta.

Todo queda en silencio, solo se escuchan sus respiraciones y un poco más abajo los latidos contra sus costillas.

Emma, aun cubriéndola, tumbada sobre el césped del bosque y sin creer que lo hayan logrado, rompe el ceremonial silencio con una dócil pregunta casi temerosa. "¿Ha muerto?"

"Sin lugar a dudas" asiente Regina bajo ella hablando igual de bajito. "¿Y no se supone que yo debía protegerla a usted?" inquiere con voz de pocos amigos. Emma se separa unos centímetros de ella, sin creerse que, incluso en algo así Regina pueda quejarse y tocar las narices. Pero al apartarse ve que está sonriendo, sin medias tintas, sin medias sonrisas. Sólo una genuina y bromista, que la desarma ayudada por la falta de costumbre.

"Bueno… Esa cosa ya no podía hacernos daño y consideré que habías tenido suficiente fango la última vez"

Responde y no se mueve ni un centímetro. Están muy cerca, pero ninguna de ellas se separa. Continúan tumbadas, respirando la una contra la otra, con escasos centímetros entre sus rostros.

Pero no.

Ninguna se mueve.

Regina deja de sonreír para tragar hondo, incómoda, y murmurar muy bajito. "Emm y Gina están enfermas"

La salvadora asiente convenida. "Totalmente"

Pero no se separan. La adrenalina corre desatada, la emoción está a flor de piel, el miedo de la batalla se convierte paulatinamente en una euforia casi infantil, y ellas cada vez están más cerca.

"…Pero parecía que se lo estaban pasando bien en esa cocina…"

"¡Swan!"

"Sólo estoy puntualizando"

Entrecierra los ojos, molesta. Muy, muy, muy molesta. Y sus mejillas se tiñen de rojo intenso y pulsante. Y tiene que carraspear para poder hablar. "Pues no puntualice tanto"

Emma no sabe qué hacer, dónde mirar. Porque empieza a pensar que el color rojo queda tan, tan bien en las mejillas de Regina. Así que carraspea ella también y musita sin voz.

"¿Te estoy aplastando?"

"Para nada…" responde mirando a ambos lados de su cabeza, donde Emma descansa todo el peso de su cuerpo sobre sus antebrazos. La salvadora entiende su respuesta sin necesidad de más palabras, pero, al mirar sus brazos, repara en el cuero de la pulsera que aún descansa en su muñeca.

"Tengo que dártela, lo sé…" responde atropelladamente, intentando adelantarse a cualquier posible reproche.

"Quédesela…" trastabilla con torpeza, aturullándose aún más al intentar explicarse. "Por si necesita volver a llamarme o lo que sea…"

La respuesta no tiene mucho sentido. O quizás sí. Pero Emma no quiere o no puede darle vueltas sin que su mente se venga abajo y su estómago se estrangule. Así que lo deja estar, como si fuera lo más normal y sólo suspira un leve:

"Vale…" Y cuando el silencio se alarga y los centímetros parecen convertirse en milímetros, musita intentando sostenerle la mirada. "Debería levantarme"

"Sí…" confirma Regina. Porque es obvio. Algún día debería levantarse y ella también tendría que ponerse en pie. Pero antes de que ninguna se mueva, vuelve a abrir la boca. "Oh, y gracias… Por protegerme de la… salpicadura"

Y se siente tan torpe, tan infantil, tan fuera de lugar que por un momento, casi se arrepiente de sus palabras. Pero Emma medio sonríe y ella ya no se arrepiente de nada.

"Un placer"

"Y por hacerla explotar en primer lugar" añade animada por esa respuesta cargada de inocencia y ni un ápice de soberbia, y la salvadora sonríe de oreja a oreja, agradecida. "Sin tu incontrolada explosión quizás no habríamos tenido esta oportunidad y quizás… sólo quizás, no me habría dado tiempo a transportarme antes de que me tocara"

"De nada…" responde sonriendo aún más agradecida, sin creer que sea la misma Regina que dos días antes gritaba indignada. Su respuesta queda en el aire, ese que apenas corre entre ellas dos y se ve obligada a decir algo. "Aún tengo que levantarme"

Podría simplemente hacerlo. No es necesario anunciar algo tan obvio. Podría, tan solo, ponerse en pie y apartarse de ella. Pero no. Lo anuncia. Y espera a que ella responda. Y prefiere no pensar en lo raro que es todo. O peor aún. En lo normal que parece.

"Sí…" musita Regina. Tan convencida como la propia Emma. Pero ninguna llega a moverse porque Regina vuelve a abrir la boca y un murmullo lánguido, casi azorado, se escapa a duras penas. "Parecían felices, ¿verdad?"

La salvadora traga hondo. "¿Emm y Gina?"

"Sí…"

"¿En la cocina?"

"¡Swan!" exclama y el grito ayuda a camuflar una sonrisa tránsfuga y una carcajada rebelde. "¿Es que no vas a cambiar nunca?"

Y a pesar de un suave sonrojo, eleva una ceja y sonríe de lado. "¿Realmente quieres que cambie?" Los ojos de la salvadora se clavan en los suyos y, por un momento, Regina recuerda a su alter ego, haciéndole la misma pregunta. Y esta vez no responde, al menos no en voz alta, pero es consciente de que mintió a Gina. Totalmente. Emma no espera respuesta o quizás, mirando los ojos chocolate brillar, deja de necesitarla, y se limita a añadir. "Sí, sí lo parecían. En la cocina y fuera de ella"

"Aunque estén enfermas…" balbucea Regina una vez más.

"Para internarlas…"

"No pienso dejar de discutir con usted"

"Confío en ello"

"Ni toleraré sus tonterías"

"¡Eso espero!"

"Esto no cambia nada…"

"Por supuesto que no…" Emma ni siquiera sabe a qué Esto se refiere y sin embargo está segura de que las dos mienten. De que lo cambia todo. Estremecedora, emocionante y drásticamente todo.

"Pero me gusta lo de Gina" admite sin voz y Emma asiente despacio.

"Y a mí lo que vi en la cocina…"

"Joder Swan…" exclama recriminándola y tapándole la cara con la mano. Y sonriendo aunque intente morderse los carrillos por dentro.

"Y lo de Emm también…" susurra despacio contra la mano que Regina deja caer lentamente en una improvisada y tan delicada caricia que la voz de la salvadora se atenúa, aturdida.

Persigue esa mano, se pierde en su tacto y se acerca sin remedio a su dueña, recortando distancias hasta que no hay nada que recortar. Hasta que sus labios se posan sobre los de Regina. Hasta que cierra los ojos y respira hondo, esperando las consecuencias de su desfachatez.

Advierte las manos de Regina contra sus mejillas y espera que tiren de ella, apartándola bruscamente, en cualquier momento. Y sí, tiran de ella, pero sólo para acercarla más y reclamar sus labios. Regina profundiza lentamente el beso, acaricia su rostro con una ternura que hace suspirar a Emma, sus manos exploran el cuello de la salvadora, atrevidas, y todo se acelera. Sus respiraciones, las pulsaciones retumbando contra sus costillas, los ruidos, las caricias, el beso.

Emma gime perdida en ella y se aparta sólo cuando respirar se vuelve imprescindible. Abre los ojos con su mente a kilómetros de allí y la forma en que los ojos chocolate aletean al mirarla envía su cerebro muchísimo más lejos.

Pero su cuerpo permanece ahí, a dos centímetros de sus labios, entrechocando su nariz con la de Regina, suspirando contra su boca. Intentando asimilar que ahora ya no se gritan, ahora se besan y a pesar de lo ridículo que puede sonar, de alguna forma está segura de que este es el salto natural. Precipitado por las circunstancias, por los viajes en el tiempo. Pero es tan… correcto. Esa es la palabra. Correcto y delicioso.

Todo ha pasado. Por fin. Han vencido a la bestia, han terminado su misión. Y sin embargo, Emma siente que todo está a punto de empezar. Y su cuerpo es víctima de un vértigo tan descomunal como delicioso. Y sólo ahora, mientras todo se calma, todo se posa, entiende el terror que atenazaba cada célula de su cuerpo. Casi por dos.

"Tenía mucho miedo…" susurra contra sus labios.

"Y yo…"

"Y no solo por mí." añade sin respirar.

Regina mueve su boca, pero no dice nada. Y Emma está muy cerca de desear que la tierra se la trague, de la misma forma en que el suelo las devoró con el hechizo del viaje en el tiempo.

Pero los labios frente a ella se mueven de nuevo. Y esta vez les acompaña la voz estrangulada y tartamudeante de Regina.

"…Ni yo"

Solo entonces Emma vuelve a sonreír y respirar.

"Pero creo…" tose Regina. "Creo que ayudó que estuvieras ahí" Su mano se escapa hasta la muñeca de la salvadora que aún descansa junto a su cuerpo, cada vez más cerca, y las yemas de sus dedos acarician la pulsera.

"Entonces… ¿ya no soy una inútil?"

"Bueno… dejémoslo en que no tanto como de costumbre"

Emma chasquea la lengua y pone los ojos en blanco aunque termine por sonreír.

"Si no hubieras dicho algo así me habría preocupado… Gina"

La alcaldesa sonríe aunque muerda y esconda sus propios labios, tratando de reprimirse. Su nombre acaba de convertirse en una potente arma en su contra, está casi segura. Pero lo más preocupante es que le encanta y no le preocupa lo más mínimo.

"Ya te he dicho que nada iba a cambiar…" espeta convencidísima. Y su convicción no mengua ni aunque esté tumbada en mitad de un bosque, bajo el cuerpo de la salvadora, a la que acaba de besar y hablando a centímetros de sus labios. Perdiéndose de hecho en ellos, en la forma en que sonríen, en cómo se ladean presumidos, en la manera en que los humedece sin dejar de sonreírla.

"Nada" asiente con firmeza, dejando de sostener totalmente el peso de su cuerpo, sólo para dejarse caer sobre el de Regina. Una ligera presión que se advierte a lo largo de su cuerpo, infiriendo en ciertas zonas que hacen a la respiración de la alcaldesa renquear. "Nada de nada" remarca con media sonrisa ladeada.

Las pupilas de Regina casi se camuflan con el marrón chocolate que ahora es casi negro por el deseo. Y Emma está segura de que podría echarse a temblar sólo con la forma en que esos ojos la miran. Y, por una vez, no de miedo. Para nada.

El dedo índice de Regina traza una línea lenta sobre su yugular hasta alcanzar el cuello de la camiseta de Emma y tirar de ella. Y ella, dócil, se acerca y traga, sobrepasada.

Regina deja escapar una sonrisita pícara al ver a Emma derretirse sin remedio y decide jugar con ella, sólo un poquito, porque le resulta irresistible esa visión y necesita conservarla todo lo que sea posible. "Sabes, creo que no me hubiera importado ver un poquito más de lo que sucedió en esa cocina…"

"Lo sabía…" Y aunque sus mejillas se sonrojen, su sonrisa se ensancha y respira con tanta fuerza que su cuerpo se mueve contra el de Regina. Y la reina malvada no tiene claro si es inocente o intencionado, pero aprieta sus labios hasta que se quedan blancos y contiene un gemido. "Lamento que te lo perdieras, pero quizás pueda describírtelo al detalle…"

Las palabras de Emma terminan por sacudir sus terminaciones nerviosas peligrosamente y, aunque se reprime, su voz no suena tan controlada como desearía.

"Oh, sí" jadea y la vibración de su voz es un imán que atrae irremediablemente a Emma y a su sonrisa más juguetona. La misma que desaparece al deshacerse contra los labios de Regina en un beso nada piadoso. La reina Malvada cierra los ojos, expande sus pulmones y se deja llevar. Un beso que remueve sus cimientos y estremece cada terminación nerviosa, obligándola a sumergir sus dedos en los tirabuzones claros, buscando un anclaje en medio de esa lenta, prolongada y sensual caricia. Un beso que apenas es capaz de amortiguar los gemidos que escapan de ambas gargantas y que cada vez exige más.

Pero cuando sus manos se cierran en torno a los mechones rubios, acercando a Emma, reclamando más proximidad, una sensación pringosa y fría se mezcla entre sus dedos. Restos de fango de monstruo muerto.

Y aunque su corazón esté encabritado, su rostro desprenda un calor casi tangible, su cuerpo tiemble y su voz reverbere con una excitante impaciencia, no puede reprimir una dulce carcajada, que detiene el beso.

"Pero quizás deberías darte un baño antes… Aun tienes fango" bromea enseñándole sus propias manos. Emma eleva una ceja rubia, observando las pruebas del delito y sonríe de soslayo, descendiendo hasta el oído de Regina.

"También puedo describírtelo con detalle bajo la ducha…" Un gemido que adereza mordiendo un sensible y desprotegido lóbulo. Regina clava las uñas en su cuero cabelludo, olvidándose del fango y de cualquier cosa que no sean las atenciones de esa boca.

Gira su rostro y expone su cuello, completamente entregada a todo lo que tengan en mente esos labios y dientes. "¿Emm… algo en contra de transportarte?"

La risa de Emma reverbera contra su yugular. "He viajado en el tiempo… creo que podré con ello"

"Perfecto" gime y no necesita más para convocar su magia, dejar atrás ese bosque, imaginar con detalle el cuarto de baño de la mansión y gruñir con los ojos cerrados cuando los besos de la salvadora marcan su piel incluso mientras las hace desaparecer.

Y sí, quizás el gran terror de Gina y Emm se ha terminado cumpliendo.

Han cambiado el futuro.

Todo él.

Pero al menos la bestia ha muerto… y pondría la mano en el fuego porque Gina y Emm no tendrían nada que objetar ante los cambios que se avecinan. Porque ellas siempre tuvieron razón. Nadie podría nunca tener nada en contra de lo siente hacia Emma, nadie podría nunca resistirse a lo que siente con Emma.

Seguro.

FIN


La prompt, de Yovanna (Annas Wolf): Un fic donde las Emma y Regina del pasado viajaran a un futuro, por la razón equis, donde sus dobles estuvieran juntas. Pero especificó que, aunque este es un argumento bastante recurrido, no quería ver la típica historia en la que se enteraban y se lo tomaban muy bien porque sí y todos contentos porque eso no le gustaba ni le cuadraba. Quería que el fic se situara en esos momentos de la serie en los que no se soportaban y que, por eso, al descubrir la relación no se lo tomaran precisamente bien. Espero que haya sido lo que esperabas y mil gracias por proponerme tu idea, he disfrutado muchísimo con estas dos Emmas y Reginas! ^^