¡Nuevo capítulo! :)
Antes de nada, hola a todas! A las que favoritean, siguen, comparten, comentan o que leen en silencio :P (estas últimas sois un poco desquiciantes, pero en realidad se os adora también y, aunque menos, se os nota!)
A continuación, respondo a la misma duda que tenéis muchas. ¿Se han acabo los Oneshot? ¡Nop! Para nada :) Hay inspiración para rato y, si seguí escribiendo durante años después de que decapitaran, incineraran y despidieramos a Xena, no voy a dejar de escribir de nuestras niñas swanqueen cuando hay tanto material y al mismo tiempo tanto que intentar arreglar en esa serie… Pero, aunque me sobre la inspiración, me ha faltado el tiempo por todas partes estos meses, y de ahí el tiempo entre un capítulo y otro.
IMPORTANTE: Supongo que todas ya lo sabéis, especialmente las españolas, pero se acerca la CONVENCIÓN ESPAÑOLA DE OUAT! Estaréis hartas de oírlo o, quizás, si vais (me encantaría saberlo!), estaréis de los nervios, como lo estoy yo! Porque sí, vamos a ir, y en masa (swen), a la Storytelling Con.
Todo esto para decir que me muero de ganas de volver a ver a Lana (y Bex, Meghan… ah, no, Meghan no…), de disfrutar de la primera Con "en casa" y con todas las amigas, y que no sé si estaré más o menos off de cara al viaje que se avecina… Sea como sea, bombardear a reviews y comentarios y seguro que las musas os escuchan y se ponen manos a la obra entre viaje y viaje :P
A partir de ahora quiero intentar hacer dos cosas en cada fic. La primera, contestar algunos RW de forma personalizada por aquí, y la segunda, poneros en antecedentes para todas aquellas que, como yo, ya no seguís mucho la serie o directamente nada de nada. Así que cada OS que hable de las últimas temporadas y los nuevos capítulos tendrá un breve resumen para que sepáis algunos detalles que son imprescindibles. Este apartado estará más abajo e irá señalizado.
(Nota del autor: Joder, esta vez los disclamers son de récord… espero que los echarais también de menos porque madre mía…)
Y ahí van los comentarios sobre vuestros reviews… Muchas gracias Kateswanqueen, Looveparrilla y y bienvenidas! Gracias Paonessa por tomarte tantas tantas molestias y no te preocupes que jamás las verás fuera de sus papeles :) Al menos no en mis fics, yo tampoco lo soporto. Un saludo a ese guest preocupado por si no volvía :P No, no fue tu ansia, estaba tardando… pero no dejes de aparecer ^^ Y también a ese otro guest venido directamente de la Romana, gracias por escribir :P V-Swing, Tanin 1232 y Begobeni, como siempre, vuestros RW me dan la vida! Laury Ramos es la forma más bonita, graciosa y adorable en la que me han pedido jamás que escriba un AU, de verdad! No puedo prometerte que lo haga, aunque me dejaste el gusanillo muy fuerte, pero si puedo prometerte A) escribir más sobre las Emmas y Reginas del principio, esas que todas tenemos más controladas y B) hacer ese resumen de: Antecedentes, para que puedas ubicarte bien. Y llegarán más pildoritas y de tamaño "usar cuchillo y tenedor", te lo aseguro :) Nheras, puede que el anterior, a pesar de la espera, no fuera muy largo… pero con este vas a tener fic para rato! (Y sí, acepto ideas! Pero sin zombies! :( ) WandaParranda, iba a hacer un chiste horrible sobre que me encanta hacer gritar a una mujer, pero mejor me limito a darte las gracias por tu RW y a decir que me reí mucho :P ¡Me encanta que me contéis esas cositas! Y sé que me dejo a un millón más por comentaros, pero iré respondiendo en cada capi a unas pocas para que tampoco me matéis… porque mirad la longitud de este párrafo!
Sólo añadir que este es un fic de los largos, que ha llevado lo suyo y estoy deseando que os guste! Ya me callo por dios de una vez y a leer!
ANTECEDENTES: Actualmente, en la serie, Regina había dividido su alma en dos, su parte buena, Regina, y su parte malvada, la Reina Malvada, y cada una de ellas era una persona individual. Pero de alguna forma siguen unidas y lo que le pase a una le pasa a la otra. Es decir, si una sale herida o muere, la otra también. Excepto, si se les hiere con una espada que escondía Rumpel. Con esa arma, la herida es sólo para quien la recibe de las dos y la Reina Malvada está en posesión de ella.
Henry heredó la función de autor y ahora, con su pluma y sus libros, puede escribir lo que le sucede a los personajes de cuentos, o incluso alterar los hechos. Sobre Emma, ha tenido sin parar una visión sobre su muerte a manos de un enemigo desconocido. Y creo que esto es todo lo que haría falta para seguir el capi :)
No mires atrás
"¿Serías capaz de matarme?"
"¿Qué?"
El rostro de Emma se descompone. Pierde todo su color y, su cuerpo, su entereza.
"Ya me has oído. Si no quedara otra opción… ¿serías capaz de matarme? ¿De hacer lo necesario?"
"¡No! No, claro que…" chilla con la voz estrangulada, sin miedo a quién pueda escucharla. Aunque, en realidad, el apartamento está prácticamente vacío excepto por el bello durmiente que descansa en la cama matrimonial. Y Regina está segura de que David no va a levantarse e interrumpir. Emma, frente a ella, grita y gesticula y la alcaldesa advierte que está rozando el cabreo. "Es que no hará falta. Ni siquiera lo pienses, joder. No deberías preguntarme una mierda así porque encontraremos mil malditas maneras de vencer a la reina antes que esa" espeta. "¿Para esto querías que nos quedáramos atrás? ¿Para hacerme semejante… pregunta?" toma aire y opta por no decir una nueva palabra malsonante.
"Emma, ¿y si no existieran esas mil maneras?"
"Basta"
"¿Y si el ejército de la reina es demasiado fuerte? ¿Y si nos superan y logran sobrepasar nuestras líneas? ¿Y sí…?"
"¡He dicho que basta!" grita agarrando su cabeza que amenaza con explotar ante la sola idea que sugiere Regina. "Nosotros contamos con nuestro propio ejército y no van a poder hacer nada contra él. No hay más posibilidades, no quiero oír hablar de otros escenarios y matarte a ti no será jamás una opción" resuella igual que un toro furioso y malherido, como si la pregunta de Regina fuera, más que una insinuación, una puñalada directa a su estómago. "¿Ha quedado claro?"
"Sí" suspira Regina con ambas manos en los bolsillos. "Eso me temía…"
Sus dedos, cerrados en temblorosos puños, escapan de cada bolsillo hasta colocarse frente a la boca de la alcaldesa. Antes de que Emma pueda preguntar qué hace, se abren y Regina sopla con fuerza. Sobre sus palmas, un brillante polvo morado escapa volando hasta estrellarse en su rostro.
"¿Pero qué…?" tartamudea hablando con lentitud mientras la pequeña y volátil nube se clava contra sus ojos, sube por su nariz e incluso se posa en sus labios, entreabiertos, dudosos.
"Lo siento…" musita Regina sin fuerzas.
Pero Emma ya no parece enfadada, ni siquiera molesta o incómoda con la conversación. Sólo está ahí, tranquila, atenta a Regina.
"Perdona, ¿de qué estábamos hablando?"
"De qué ocurrirá si la Reina nos supera. Si intenta venir a por David o quién sabe qué…"
"Oh, sí…"
"¿Sabes qué hacer si no podemos vencerles?"
"No ocurrirá" responde con una calma total, una falta de emoción casi incómoda.
"Ya, ya lo sé… Pero sólo por si acaso" insiste con esa misma neutralidad. "Si fuera necesario…"
"Si fuera absolutamente necesario, si no hubiera más salidas, haré que sea rápido e indoloro" aseguran los ojos claros con educación.
Regina aguanta de pie, recta, digna. Pero sus ojos casi arden, queriendo llorar, y su respiración se estrangula con el dolor que retuerce sus entrañas. Y aunque sonría al pronunciar un mustio "Gracias", está segura de que ya ha empezado a morir.
"¡Fuera!" chilla Henry encerrándose en su habitación con un portazo. "¡FUERA DE AQUÍ!" grita a pleno pulmón, llorando, propinando una patada que hace tambalear la puerta. "¡¿Cómo habéis podido?! ¡¿CÓMO?!"
"Henry, chico, espera…" suplica Emma contra la madera.
"Cariño…" lloriquea Snow también apoyada en la puerta de la habitación de Henry. Con esas mismas lágrimas que llevan minutos cayendo sin parar, las mismas que bastaron a Henry para saber que no todos habían sobrevivido.
Al ver aparecer a sus abuelos, juntos, en la mansión, supo que la reina malvada había muerto. Que habían ganado la batalla. Pero no estaban todos y Snow lloraba con el corazón roto, abrazada a Emma y David. Y entonces lo entendió. Su madre…
Nadie dijo nada. Henry corrió hasta ellos y antes de abrazarles siquiera ya había empezado a llorar sin consuelo. No era necesario añadir nada más.
Una hora más tarde, derrumbado sobre el sofá entre los brazos de su otra madre, Henry recupera la voz. Incapaz de dejar de llorar, pero incapaz igualmente de no saber. De no ser consciente de los últimos momentos de su madre.
"¿Cómo… cómo ocurrió?"
"Henry…" murmura Snow desde el otro sofá, en su propio refugio entre los brazos de David. Ni siquiera recuerda cuánto los ha echado de menos. No es capaz de disfrutar de su presencia, de asumir que se han vuelto a encontrar porque en ese instante sólo hay lugar para el dolor que siente por Regina.
Y lo último que quiere es que Emma responda esa pregunta. Aun le cuesta creer lo que ha sucedido, le cuesta comprender que su hija haya sido capaz de…
Y Henry no lo hará, está segura.
"Necesito saber qué ocurrió"
Emma besa su cabeza, comprensiva. "Este no es el momento, chico"
"Por favor" implora esta vez hacia la salvadora. "Mamá, tengo que saberlo"
Snow suspira, confiando en que Emma se opondrá hasta que Henry se rinda. Pero cuando su hija abre la boca, silenciosa y con duda, y mira a Henry, Snow se echa a temblar.
"Emma, no" Es casi una orden, tan desesperada y rota.
"Mamá, te lo suplico" implora volviendo a llorar. Y Emma cede, dividida entre su madre y su hijo. Pero Henry ya ha ganado la batalla y Snow mira espantada lo que está segura será un desastre inhumano. Se esconde contra el cuello de David, quien no es consciente de nada, y se echa a llorar de nuevo, sobrepasada.
Aun así, la salvadora comienza a hablar y David y Henry escuchan con atención.
"Eran menos que nosotros, pero más poderosos. La Reina malvada estaba al frente del ataque y dirigía a su ejército aunque su único objetivo era…"
"Mamá" interrumpe Henry.
"Eso es…" musita Emma. "Llevaba consigo la espada, estaba dispuesta a ir a por Regina y cada vez éramos menos. Estábamos casi rodeados"
"Y fue a por ella"
"Lo intentó, sí. Pero me adelanté y luché con la reina. Ruby trató de ayudarme pero acabó con un profundo corte en el lomo y mientras yo intentaba robarle la espada me alzó en el aire con su propia magia. Conseguí soltarme de ella y devolverle el golpe hasta que se detuvo. Pero antes de hacerme con la espada la hizo desaparecer. Comenzaban a superarnos, Snow había sido atrapada y querían asaltar el apartamento"
"¿Y qué sucedió?" pestañea Henry abnegado en lágrimas.
"Usé mi espada contra ella…"
"¿Qué? ¿Con quién?" tartamudea confuso, apartándose de Emma para poder mirarla bien.
"Con la reina malvada"
"¿Quie… quieres decir que tú usaste la espada de David contra ella? ¿Sabiendo que no tenía magia? ¡¿Sabiendo qué ocurriría si la matabas?!"
"¿Emma…?" murmura David y Snow rompe a llorar con más fuerza.
"Henry, no tenía otra opción"
"Has matado a mamá… ¡Tú la has matado!" estalla rojo de furia sin que las lágrimas impidan coger aire con cada grito. "¡¿Cómo pudiste hacerlo?! ¡¿CÓMO HAS SIDO CAPAZ?! ¡Yo confiaba en ti, ella lo hacía también!"
"Fue Regina quien…"
"¡Me da igual!"
"Henry, cariño, si hubiera habido otra sola opción…"
"La había, seguro que la había, ¡siempre la hay!" brama poniéndose en pie, alejándose de ella con tal repulsión que Emma se estremece. "¡No sé cómo has sido capaz! ¡Cómo puedes siquiera mirar a nadie a la cara y estar tan tranquila!" grita fuera de sí. "Eres una asesina"
"No digas eso, por favor" suplica y es la primera vez que está realmente al borde de las lágrimas.
"Es como si ni siquiera te importara lo que has hecho…" murmura rojo de furia. "¡No quiero volver a verte jamás!" chilla corriendo escaleras arriba sin darles ocasión a detenerles.
"Henry, no, para" lloriquea Emma saliendo tras él, seguida de sus padres.
"¿Por qué se lo has dicho?" espeta Snow rota de dolor agarrando su hombro.
"Porque es la verdad. Y porque era lo que había que hacer"
"No entiendo cómo eres capaz de decirlo así, con esa enfermiza entereza"
"Eso no es cierto" murmura bajando su mirada y permitiendo que las palabras de Henry y su madre rompan contra su pecho.
"Ya…" masculla Snow terminando de recorrer el pasillo hasta la puerta de Henry. Tira del picaporte que no se mueve y resuena con el sonido del cerrojo. "Henry, cariño, ábrenos, por favor"
"¡No! ¡Iros! ¡No quiero veros! ¡FUERA!" Un impacto que suena a una patada sacude la puerta como una detonación y los tres saltan asustados, antes de escuchar a Henry repetir desesperado. "¡¿Cómo habéis podido?! ¡¿CÓMO?!"
"Henry, chico, espera…" suplica Emma.
"Cariño…" pide Snow.
"¡QUE OS VAYÁIS!"
El grito resuena contra la puerta, desesperado, furioso y roto y los tres adultos son incapaces de mirarse entre si.
"Creo que se merece un poco de espacio…" musita David mirando hacia el techo, tratando de sonar sereno aunque los sentimientos se agolpen en él en un inesperado torrente de tristeza. Uno que jamás creyó posible sentir ante la muerte de Regina. Pero es como se siente. Destrozado. Como si hubieran perdido a uno de los suyos. Y es que es lo que ha ocurrido. Regina es uno de ellos, es parte de la familia…
Era…
Las lágrimas se multiplican y le cuesta hablar sin dejarlas escapar: "Esperémosle abajo"
Emma niega sin apartar los ojos de su puerta. "No quiero dejarle así…"
"Lo necesita…" lloriquea Snow, incapaz de dominar su tristeza del mismo modo que David. "Siento que todos lo necesitamos" pide abrazándose a la cintura de David y suplicando a Emma con su mirada. Aunque la mujer que encuentra frente a ella no se parezca realmente a su hija. Aunque desprenda una falta de emoción casi tangible y ofensiva que obliga a Snow a apartar los ojos. Camina sin pensarlo siquiera y David avanza con ella escaleras abajo, sintiendo a su espalda los pasos de Emma, algo más lentos y dudosos.
Snow camina por el recibidor, deambulando, pegada al calor de su esposo, la única sensación capaz de mantenerla con los pies en la tierra, cuando sólo querría dejarse tragar por ella. Caminan hasta los sofás de un salón que recuerda a Regina en cada centímetro y al tomar asiento en los sillones impolutamente cuidados, siente que el olor de la alcaldesa les rodea. No pueden irse de allí, no hasta que Henry esté preparado, pero cada segundo en esa mansión es una agonía.
Mira al cielo, cierra los ojos y sorbe tratando de dejar de llorar. Su respiración es el único sonido de la habitación, hasta que la voz de Emma resuena, comedida y apagada.
"Él…" musita con los codos sobre las rodillas, y las manos tras su nuca, hasta que eleva el rostro hacia sus padres. "…Acabará entendiéndolo… ¿verdad?"
Snow cierra la boca y las aletas de su nariz de abren amenazadoras. "Ni siquiera sé si puedo entenderlo yo, Emma"
Boquea un par de veces, dolida y confusa, tratando de dar con las palabras "Eso no es justo" reclama molesta. "Era lo que había que hacer"
Snow vuelve a llorar, pero eso no la detiene. "Yo… apenas puedo entender que no hubiera otra salida. Se me parte el corazón sólo de pensar que…" gime conteniendo un sollozo mientras las imágenes confusas y mezcladas de la batalla regresan a ella, terminando, como siempre, con el cuerpo de Regina desplomándose en mitad de Storybrooke. Aprieta los labios y sus ojos, y deja la mente en blanco, intentando encontrar las palabras adecuadas. "Pero eso no importa. Eres tú, Emma. Fue tu forma de actuar… sin dudarlo. Y es tu comportamiento ahora… ni siquiera… ni siquiera pareces afectada"
"Lo estoy"
"¡Por Henry!" chilla. "¡Estás preocupada por Henry!
"¡Por supuesto! ¡¿Por qué sino?!"
"¡Por Regina, por su muerte, joder, Emma! La has asesinado, ¡¿no lo entiendes?! ¡Y ni siquiera pareces afectada por ella, por lo que has hecho!"
"No la he asesinado, Snow. He acabado con la Reina Malvada y, sin la espada, no había otra opción. Ella lo entendía, ¿por qué vosotros no?" espeta mirándolos alternativamente aunque David sea incapaz de abrir la boca y sea Snow quien grite por los dos.
"No puedes estar hablando en serio… Tú jamás contemplaste esa posibilidad… Soy incapaz de entenderlo"
"Era lo que había que hacer"
"¡Incluso aunque así fuera! Incluso aunque tuvieras razón… ¡¿Es que ni siquiera te duele la sola idea de que jamás vayas a volver a verla?! Simplemente alzaste la mano y acabaste con la reina, sin más dudas, sin más dilación... Mírate ahora mismo, ni siquiera estás rota ni arrepentida, joder, ¡era de la familia, Emma! ¡¿Cómo puedes estar tan enfermizamente tranquila?!"
"¿Has dicho familia?" repite incrédula. "¿Hablas de la misma Regina que os condenó a esta realidad, que os robó los recuerdos y engañó a Henry? ¿Esa Regina?"
Snow boquea un par de veces, paralizada. "¿Qué?" tartamudea. "No, claro que no… Es decir, puede, pero también te estoy hablando de la mujer que fue al inframundo siguiéndote a ti, la persona a quién le confiaste tu daga… ¡¿Pero se puede saber qué te ocurre?!"
"¿Acaso eso no debería preguntarlo yo?" exclama confusa con el ceño fruncido. "Sé que nos ha ayudado estos últimos años, que casi no nos ha traicionado y que más o menos ha dado la espalda a la magia negra, pero… ¿familia? ¡Venga ya!"
Los ojos de Snow se abren cada vez más, alternando su mirada entre el espanto y la confusión total. "No puedes estar hablando en serio…"
David, a su lado, se inclina disimuladamente, susurrándole al oído, aunque Emma le escuche también. "¿Crees que se ha golpeado la cabeza durante la batalla…?"
"O quizás se trate de un cruel mecanismo de defensa contra el dolor…" gime Snow observándola con tal espanto que se refleja en sus propias palabras.
"No…"
Un pequeño lloriqueo en forma de murmullo se cuela entre las voces adultas, como una húmeda y rota intromisión. Los tres adultos se giran hacia la entrada de la sala, sobresaltados, sólo para descubrir a Henry. O, más bien, la sombra de él, con los ojos rojos y la voz convertida en un mísero eco de sí misma.
"Mamá tiene razón"
"Henry…" musita Snow destrozada ante la visión casi translucida del adolescente que hoy, más que nunca, vuelve a parecer ese pequeño niño perdido. "¿Qué quieres dec…?"
"Eso" repite tajante, caminando hasta Emma. "Que mamá tiene razón…" gime volviendo a llorar. "No había otra opción" Esta vez lloriquea del tirón y se arroja contra Emma, hundiéndose en su cuello y rompiendo en lágrimas.
"Chico…" musita besando su cabeza y devolviéndole el abrazo, contagiándose de su tristeza y queriendo decir algo más, hacer cualquier cosa, pero sin ser capaz de nada. "Siento lo de Regina… de verdad"
La pequeña cabecita asiente sin fuerzas. "Lo sé…"
"Ojalá hubiera habido otra forma…"
"No tuviste más opción" murmura echándose a llorar con cada palabra, incluso aunque los brazos de su madre le envuelvan con toda su fuerza.
Y nadie dice nada más.
Emma, porque es incapaz.
Snow y David porque no creen lo que están viendo. No entienden nada.
Y permanecen ahí, en silencio, sólo acompañando a Henry, hasta que transcurren los minutos y el pequeño vuelve a hablar.
"¿Mamá, como están los demás? ¿Al menos habéis podido salvar al resto?"
"Todos a salvo… Ruby es la única que…"
Henry se eleva hasta estar rostro con rostro, rígido y aterrado como sus abuelos. "¿La única qué?"
"¡No, no, tranquilo! Está bien, en el hospital pero fuera de peligro. Hook está con ella"
"¿Estará bien? ¿Seguro?"
Asiente convencida, dejando un beso sobre su pelo. "El doctor Whale está convencido"
"¿Podrías…?"
"Dime, Henry"
"¿Podrías ir con ella? ¿Asegurarte de que se recupera?"
"No es necesario, Killian me llamará con cualquier novedad…"
"Mamá…" interrumpe Henry con una súplica que no acepta negaciones. "Por favor. No soportaría que nadie más…"
Emma traga hondo, sintiéndose incapaz de oponerse. Aunque está segura de haber obrado bien, se siente en deuda con él y en ese momento sus labios se niegan a decirle que no. "Está bien, cariño" murmura con un segundo beso, apartándose de su lado a duras penas. "Os llamaré en cuanto esté con ella, ¿vale? E intentaré que hable contigo" musita con media sonrisa antes de estrechar el hombro de su padre. "¿Cuidaréis de él?"
"Prometido" susurra David por inercia. "No nos moveremos de aquí, ya sabes el número"
Emma asiente hacia ambos adultos y su última sonrisa, a media asta y sin fuerzas, es para Henry, y vuela acompañada de un lánguido "Te quiero, chico"
"Y yo, mamá" replica tratando de sonreír aunque sus ojos no dejen de brillar. Y con el silencioso sonido de la puerta al cerrarse tras Emma, las lágrimas dejan de relucir para salir en un amargo sollozo que sobresalta a sus abuelos.
"Henry" chilla Snow arrojándose hacia su sofá, seguida de David. "Henry, cariño, ¿qué ocurre?"
Ahí, entre sus abuelos y encogido sobre sí mismo, Henry parece menguar sin dejar de sollozar. "Ha sido mamá…"
"Estoy segura de que no tuvo otra opción… sabes que ella no quería, Henry, Emma nunca…"
"No, ella no…" lloriquea sin apenas pronunciar, y Snow rompe a llorar con él. Perdida y confusa, sin entender la mitad de las palabras. Pero la sola imagen de Henry, el recuerdo de Regina desplomándose con los ojos cerrados, la sensación de impotencia frente a la versión de Emma que ha regresado de la batalla… Duele demasiado y sólo le queda llorar, aunque no ayude a mitigar su sufrimiento.
"¿Qué quieres decir, pequeño?" gime David abrazándolos a los dos, y besando la coronilla de Snow con tanto dolor como el que avasalla a su esposa.
"Regina…" lloriquea sin controlar su garganta. "Ha sido ella" gime y aunque las lágrimas vuelven a comerse su voz, su ánimo, las pocas fuerzas que aún tenía, estira su mano hacia David, tendiéndole una pequeña carta en papel rugoso y cuidado. Cuando su abuelo la sostiene, Henry se derrumba sin más firmeza y llora contra Snow, envolviéndola del mismo modo en que ella lo hace, sosteniéndose el uno a al otro. Y David se obliga a permanecer entero, a alejar su brazo de ellos y a abrir la carta con suma delicadeza a pesar de que sus manos tiemblan, a pesar de que la paciencia es una virtud que no recuerda.
Frente a él, la caligrafía delicada e impecable de Regina se despliega en líneas que van tomando forma hasta convertirse en una confesión. Muerde sus labios, cierra los ojos, mira al cielo, oculto tras el techo de la mansión y trata de respirar cuando su pecho se parte en dos al leer las que, está segura, han sido las últimas palabras de Regina. Escritas con tinta y lágrimas y con tanto dolor como el que sienten ellos mismos.
"Mi amor…" murmura roto. "Snow…" repite reclamando su rostro con una caricia volátil y tan delicada como su tono de voz. "Deberías leerlo" pide tendiéndosela. Los delgados y temblorosos dedos de su esposa quieren negarse a coger el papel, pero lo hacen y tiemblan más con cada palabra que va leyendo, con cada latido que su corazón se salta.
Henry,
Te quiero. Te quiero como no he querido a nadie. Eres mi familia, mi felicidad, mi hijo. Incluso cuando mi vida amenazó con oscurecerse una vez más, tu sola presencia era toda la luz que necesitaba para regresar. Has convertido a una malvada reina en una madre orgullosa, incluso en una mujer que merecía ser querida, que se merecía una familia, que incluso llegó a merecer ser feliz. No puedo pedirte que me entiendas, que lo comprendas, al menos no aún, pero créeme cuando te digo que habría dado cualquier cosa por quedarme a tu lado, al lado de todos vosotros.
Pero el destino es inevitable y el mío llevaba escrito muchas décadas. No importa cuánto tratara de huir de él. Mi pasado siempre iba a perseguirme y he alargado la espera todo lo que he sido capaz. Hasta hoy. La Reina Malvada era nuestra enemiga, pero también mi propio verdugo. Y si debía pagar por los errores de mi pasado, al menos esta vez quería escoger no condenaros conmigo. Quería escoger correctamente.
No odies a Emma. La salvadora era la única con el suficiente poder para acabar con el ejército de la Reina Malvada y, en el peor de los casos, la única capaz de detenerla. Pero ella se resistió hasta el final, jamás habría cedido a mi súplica y tuve que hechizarla. Sé que hubiera luchado por mí, por cualquiera de nosotros hasta el final y no podía permitirlo. No podía dejar que pusiera en peligro a David. O a cualquiera de los que luchaban a nuestro lado. O incluso a ella misma. No por mí. No lo merezco. No puedo dejar que nadie salga herido, que nadie muera por una Reina Malvada caída en desgracia, por una mujer tratando eternamente de redimirse de un pasado tan oscuro que jamás desaparecerá.
Y mucho menos ella, la salvadora. Esa mujer cuya luz irradia con tanta fuerza como la tuya. Pero sé, y tú también, que tu madre es demasiado cabezota para entrar en razón. Así que por favor, perdóname y perdónala. Ella no sabe nada, no recuerda nada, creé un vacío donde antes estaban todos aquellos instantes, felices o no, que ambas hemos compartido, como si nunca hubieran ocurrido. Y es mejor así… No quiero que cargue con ese peso… Es mi último regalo para ella y quizás mi última maldad al mismo tiempo. Qué más da una más o una menos, supongo…
Lo siento Henry, de verdad. Si de algo puedes estar seguro es de que luché hasta mi último aliento por quedarme a tu lado, al lado de todos vosotros. Al lado de mi familia. Ese era mi final feliz, no hubiera deseado nada más. Sólo a vosotros. Pero saber que estaréis bien, que Emma y tú os tendréis y que la Reina Malvada no puede ya haceros daño es cuanto necesito para afrontar esta lucha que se avecina.
Por favor, cuida de Emma, de los Charming y de Neal y no olvides jamás que te quiero.
Lo siento. Por todo…
Regina
La carta se arruga entre las manos de Snow, que muerde su labio y cierra los ojos, renqueante. "Regina, no has sido capaz…" suplica sin destino ni destinatario, sin voz, sin fuerzas. Y esta vez son Henry y David los que se vuelcan sobre ella en un abrazo que apenas advierte, en un apoyo que la mantiene en pie de la misma forma en que le recuerda que es real, que Regina se ha marchado y que en esas palabras se está despidiendo. Para siempre.
"No rompas el hechizo de Regina, Henry"
"¿Qué? Emma no se merece que..."
"No es justo para ella" insiste Hook.
"Lo que no es justo es que mamá la hechizara y la engañase y que ahora nosotros pretendamos hacer lo mismo" protesta Henry. "Puedo hacerlo, con la pluma del autor y el libro. Puedo hacerlo, mamá podría recordar y…"
"¿Eso es lo que quieres? ¿Que recuerde y que sufra?
"¡No, claro que no! Lo que quiero es que mi madre se acuerde de mi otra madre, que no parezca ajena a todo, que pueda decidir por sí misma cómo o qué sentir"
"Henry, te equivocas" murmura con suavidad, estrechando su pierna y reclinándose hacia él con media sonrisa lúgubre. "Piensa en tu madre, ella ya ha sufrido bastante. Regina la engañó, pero al menos con esta magia no será consciente de lo ocurrido, no sufrirá. Es lo justo"
"No puedes estar hablando en serio…" musita Henry. "Por favor, abuelos, decidle que se equivoca, que Emma se merece recordar a mamá"
Los Charming no responden, al menos no al instante. Están en medio, entre ambos, y todo les suena lógico e incongruente a la vez. Sólo hace unas horas que ha muerto Regina y aún menos tiempo que han descubierto lo que hizo. La claridad de su nieto y la inflexibilidad de Killian rechinan frente a ellos y, por un momento, David pestañea y se acerca, sin soltar a su esposa, y dispuesto a apoyar a Henry.
Pero Hook no ha terminado de hablar. "Ella no necesita esto… Acaba de enfrentar la peor batalla de su vida, concedámosle una tregua. Ahorrémosle un poco de dolor por una vez. Emma se lo merece"
David traga hondo, dejándose seducir por esa idea. Por la posibilidad de que ese dolor que retuerce su pecho esquive a su hija y Emma no tenga que cargar con un nuevo peso a sus espaldas. Abre la boca y se frota los ojos antes de desviar su atención de Hook a Henry.
"Creo que Killian tiene razón, chico. Dejemos que Emma siga adelante…"
"Pero es ficticio, es magia, no es real. Ella no puede…"
"Henry, cuando seas mayor lo entenderás" remata Killian chasqueando la boca e imprimiendo a sus palabras una sensación de comprensión que irrita a Henry mucho más que su sola respuesta. "Confía en mí" pide y el pequeño no responde. Busca a sus abuelos, la sombra que ahora mismo queda de ellos, y sus ánimos se derrumban al no apreciar la más mínima respuesta. No tiene apoyos, está sólo. Se siente más sólo que nunca, que en toda su vida. Y quizás por eso claudica. Cabreado, roto y desquiciado, pero vencido.
Y sin embargo, un mes más tarde todos desearían haber escuchado a Henry. De repente, lo que el pequeño señalaba como un castigo para la salvadora se ha convertido en una condena para el resto.
La vida ha continuado, los últimos aliados de la reina han sido neutralizados, la ciudad vuelve en sí y sus habitantes pueden llorar a su heroína caída. Todos menos Emma. Pero no importa, porque la salvadora está ahí, junto a ellos, acompañándoles en el sentimiento, tratando de ser el apoyo de cada miembro de su familia, pendiente a cada segundo de su hijo.
Y sin embargo, no es ella misma.
Cuesta encontrar las palabras, pero es sencillo advertirlo.
La salvadora no parece sentir nada y es incapaz de transmitir. Como un folio en blanco, sin mayor emoción que la de sonreír sin felicidad o la de abrazar sin contagiar ningún tipo de energía.
Pero está bien.
Si le preguntas, esa es su respuesta: Está bien.
Si le repites esa misma pregunta a Henry, dirá que Emma, simplemente, está.
"La culpa es de Regina" espeta Hook caminando de un lado a otro por el apartamento de los Charming. "Esa mujer jugó a ser dios y ha dañado a Emma de alguna forma"
Henry enrojece de furia antes de estallar. "¡Mi madre jamás haría eso!"
El pirata detiene su deambular, pasmado ante la respuesta de Henry. Él trató de evitar la presencia del adolescente en esa clandestina reunión con los Charming, pero Snow no quiso entrar en razón. Y este es precisamente el motivo de querer relegar al chaval. Henry, el idealista y confiado Henry, no va a lograr más que complicar las cosas.
Aun así, se esfuerza por recordar que, por alguna razón, ese chico guarda fidelidad a Regina y trata de suavizar sus palabras. "Por supuesto que no, Henry. Seguro que no. Al menos de forma intencionada, pero la magia puede salir mal o tener consecuencias o quizás tu madre no realizó bien el ritual…"
"¿Qué intentas decir…?" cuestiona David torciendo el rostro.
"Creo que Regina borró de Emma algo más que los recuerdos que ellas dos han compartido"
"¿Qué?" tartamudea Snow.
Henry vuelve a estallar, impotente. "¡Eso no tiene sentido!"
"Tiene todo el del mundo, chico… Si la magia de Regina se llevó algo más consigo, eso explicaría por qué Swan está incompleta. Quizás el hechizo falló o usó demasiada magia…"
"Eso no es cierto" espeta rozando la desesperación hasta el punto de querer pegarle con sólo oírle hablar. Ha perdido a su madre hace menos de un mes y su otra madre, en realidad, tampoco regresó nunca de la batalla. Sólo tiene un reflejo de lo que Emma era y Hook, el principal culpable, pretende encima acusar a Regina. "Mi madre o su magia jamás habrían dañado a Emma. Ni siquiera sin querer, como pretendes insinuar"
"¿Entonces es casualidad que desde la lobotomía mágica que le practicó, Emma no haya vuelto a ser la misma?"
"¡Claro que no! Pero no es culpa de su hechizo, ¡es lógica!" chilla saltando de la butaca de la cocina y encarándose a los tres adultos con el dolor y la desesperación que ha soportado durante las últimas semanas. "Os lo advertí, ¡lo hice! No podíais pretender robarle a Emma una parte de su ser y que todo siguiera igual. Regina era parte de ella, era parte de todos nosotros y, sin esos recuerdos, Emma no es Emma. Estaba en lo cierto al pediros que rompiéramos el hechizo. Pero qué sabré… ¡Al fin y al cabo soy solo un niño, ¿no?! ¡Y ahora, por no haber seguido mi consejo, he perdido a mis dos madres!"
"Eso no es cierto…"
Un lánguido murmullo interrumpe los gritos de Henry y les congela atravesando sus espinas dorsales. Los cuatro se giran casi níveos hacia la puerta del apartamento, donde Emma asoma medio cuerpo y da un paso dudosa, mirando al suelo y tosiendo incómoda.
"Yo…" tartamudea tratando de excusarse. "Os estaba buscando, estaba preocupada… Y yo… Henry, eso no es cierto. Yo estoy aquí, contigo"
Con cada palabra, trata de sonreír, de transmitir todo su amor, de ser tan cercana como le sea posible. Pero no lo logra. Simplemente no hay sentimientos, no hay más emoción que una impotente nada. Son palabras sin contexto, sin vida, sin corazón.
Snow traga hondo y retiene las lágrimas, girándose hacia Henry. "Rómpelo. Por favor"
"¿Queréis tranquilizaros? Estoy bien" insiste Emma girando su cuello y desentumeciéndose. El sofá que ha escogido como asiento está súper poblado y teme que de un momento a otro salten por los aires de lo apretujados que están. El único que se ha sentado en la butaca individual es Henry, que tiene frente a si la mesa y el libro del autor. Pero junto a ella, en ese minúsculo y acartonado sofá, David y Snow permanecen a cada uno de sus lados y hasta Hook se ha sentado sobre uno de los reposabrazos. "Dejad de preocuparos"
Pero su madre vuelve al ataque y sostiene su mano con ternura. "Emma, cuando el hechizo se rompa…"
"Estaré bien, ya lo veréis" suspira agotada. "Regina no hizo nada sobre mí, me siento igual que siempre"
Snow respira profundamente, hundida, y David coge el relevo, aunque evita cogerla de la mano también. "¿Entonces, por favor, nos dejas estar a tu lado?"
Emma está dispuesta a quejarse hasta la saciedad, harta de tantos miramientos. Pero es Henry quien termina por detenerla.
"Tómatelo como un capricho nuestro, mamá. ¿Nos lo concedes?"
"Está bien, chico" suspira vencida ante esa suplica y asiente, dedicándole una pequeña y atenta sonrisa. Pero no transmite nada, a pesar de que querría sonar afectuosa, aunque sea una respuesta bañada en dulzura. Nada de eso llega hasta Henry, está segura al ver la cara de su hijo. Está convencida al escucharse a sí misma, pronunciando como una máquina. Cierra la boca y es la primera vez que sí está preocupada y que teme que, quizás, sí haya magia de por medio.
Sacude la cabeza, confusa.
No, todo está bien. Ella está bien. Como siempre. Es únicamente la insistencia de su familia, que ha terminado por confundirla. Sólo eso.
Pero aun así aprieta la mano de Snow con la suya y tose, tratando de aclarar su garganta, que de repente parece estrecharse cuando Henry comienza a mover la pluma sobre el papel.
No le lleva mucho tiempo. Las frases se han reproducido una y otra vez en su cabeza desde que descubrió el hechizo de Regina y escapan de su mano solas. Breves y concisas.
Con la muerte de Regina, el efecto de su magia se fue debilitando hasta dejar un rastro casi inexistente. Hasta que llegó el día en que las últimas gotas de su hechizo agonizaron sólo para desaparecer y… dejar al fin libres los recuerdos de Emma Swan.
La pluma toca el papel con una suavidad casi reverencial al marcar el punto final. Un segundo después, la estilográfica cae sobre el libro, Henry alza los ojos hasta su madre y Emma, frente a sus ojos, se derrumba con un color blanquecino que roza el de un cadáver.
"Regina"
Es todo cuanto dice. Su nombre, lentamente, con agonía.
"Love, ¿estás bi…?"
Hook nunca termina la frase porque la salvadora sale a la carrera hasta el baño, chocándose con todos los muebles que se interponen entre ella y el váter. Una agónica galopada que acaba con su hombro abriendo la puerta de un golpe antes de desplomarse contra la blanca cerámica del váter.
Henry salta sobre sus propios pies, Snow se levanta horrorizada y con el sonido de las arcadas, todos parecen regresar en sí.
"¡Mamá!" grita echando a correr hacia ella, seguido de los otros tres adultos. Pero Emma no responde, no es más que una figura deshecha contra el váter que están rodeando sus brazos, víctima de unas arcadas que parecen sacudir hasta su alma.
Pero a Snow no le importan las arcadas ni el vómito. Se tira al suelo junto a ella, rodea sus hombros y sostiene los mechones rubios en su nuca, lejos de su boca. Junto a su cuerpo, Emma está tiritando y en cada arcada hay menos comida y más angustia y aunque sea incapaz de incorporarse las lágrimas están empezando a acompañar sus espasmos.
"David, trae un trapo húmedo y agua, rápido. Hook, ayúdale"
"Sí, sí…" murmura el pirata aturdido, siguiendo los rápidos pasos del sheriff, cocina adentro.
"Henry, tú…"
"Yo nada. Me quedo con ella, nos necesita" protesta, dejándose caer junto a ambas mujeres, acariciando la espalda de su madre y Snow no puede más que asentir.
"Emma, tranquila, échalo todo…"
Pero frente a ella, el cuerpo de Emma se retuerce con arcadas que ya no expulsan nada, sólo dolor, y con una respiración renqueante. Y Snow no necesita ver su cara para saber que está rota, llorando, apoyada contra la cerámica redonda, con la frente sobre su propio brazo.
"Emma…" susurra muy bajito. Y entonces lo escucha. Un llanto desgarrador que sacude a la salvadora más que cualquier vómito. "Cariño" llora a su vez, agarrando sus hombros, tirando de ella, que se deja mover con una maleabilidad sobrecogedora hasta apoyarse contra el cuerpo de Snow, sentada sólo porque los brazos de su madre la rodean y la retienen contra su pecho.
"Mamá…" solloza con una súplica silenciosa, los ojos abnegados, la voz temblorosa. "Ella… ella no ha podido… Mamá, ¿qué he hecho?" Una pregunta que cuesta descifrar entre sus gimoteos y para la que Snow no tiene respuesta. Ninguna más que llorar con ella y envolverla entre sus brazos.
"Tú no has hecho nada, no has hecho nada" repite una y otra vez contra su cabeza, besando su cabello y meciéndola, deseando, por un instante, no haberle devuelto nunca sus recuerdos. Haberla protegido de este dolor y no ver cómo su hija sufre entre sus brazos sin consuelo alguno.
"Regina… está muerta, ella no… no, no, no, no…" tartamudea sin orden ni concierto, rompiendo a llorar con la última sílaba, incapaz de terminar una sola frase. No si con ella la imagen de Regina desplomándose sin vida frente a sus ojos regresa a su cabeza sin compasión. Una y otra vez. Sus ojos vidriosos, apagados, clavándose en los de ella. Incluso ahí, en medio de ese baño, junto al retrete. Como si acabara de suceder. Doliendo con una fuerza inhumana, a la que no se imagina sobrevivir "Y he sido yo, ¡he sido yo!"
Snow va a responder, pero el cuerpo de Emma se desploma de nuevo hacia la taza del váter volviendo a vomitar sin dejar de llorar, y no puede más que sostenerle el pelo y llorar con ella, como Henry. Tirados en el suelo, juntos, destrozados y convencidos de que han hecho lo correcto. Pero en ese momento, con Emma rota entre sus brazos, cuesta estar seguro de nada.
"¿Que pretendes qué?"
"Es por tu bien"
"¡Ja!" La voz de Zeus convierte esa irónica y solitaria carcajada en un grito que roza el movimiento sísmico. Pero Emma no se amedrenta. Un dios, un ser oscuro, un mago inglés… está acostumbrada a tratar con todo tipo de seres. Y quizás es esa actitud, esa calma sin intimidación alguna la que más está ofendiendo al dios olímpico supremo. Más incluso que su propia petición. "¡¿En qué momento te atreves tan solo a venir aquí y más aún dirigirte a un ser superior en esos términos?!"
"Puedo hablarte de usted sí lo prefieres… Pero eso no cambiará que tengo razón"
"Eso no cambiará, estúpida mortal, que si quisiera podría matarte ahora mismo"
"Eso no resolvería tus problemas. Solo te añadiría unos cuantos más muy interesantes"
"No estoy tan seguro"
"Estoy ofreciéndote una salida…"
"Ya tengo una salida"
"Eso no es una salida, eso no soluciona nada y tú lo sabes" espeta cruzándose de brazos y bajando el tono de su voz. "¿Qué ocurrirá cuando se sepa?"
"¿El qué?"
"Que así es como tratas a las almas difuntas" responde señalando a su alrededor con los brazos, sin referirse a ningún lugar en concreto. "Que los héroes no merecen el cielo, que por tu culpa el limbo no es más que un campo de batalla en el que agonizará todo aquel que tenga alguna cuenta pendiente"
"¡Eso no es cierto!"
"Sí lo será mientras permanezcan ahí" responde chasqueando la lengua sin levantar su voz ni cuando las palabras de Zeus resuenan contra el aire y la postura del dios se vuelve aún más amenazante. "Lo sabes tan bien como yo. Intentan matarse, la una a la otra, y la lucha será eterna. El campo de batalla será tu limbo y cada recién llegado será una nueva diana"
"Puedo encargarme de ello"
"¿Cómo?"
"Enviándolas a ambas al infierno"
Emma sonríe, audaz y sin el más mínimo miedo a un peligro que cada vez es más tangible. "¿Y que se corra la voz de que Zeus condena a sus héroes a la tortura eterna? ¿Que la gente deje de creer en la bondad y que todo el Olimpo se vuelva en tu contra al considerarte aún más cruel que al propio Hades? No lo creo. Es más, sé que no lo harás.
"Tú no sabes nada"
"Sé que destrozarías tu reinado si la condenaras al infierno. Y sé que se destrozaría tu maravilloso Edén si alguien como la reina malvada llegará a entrar en él"
"¿Y qué pretendes entonces?"
"Que si no son la misma persona para compartir la misma eternidad… Aceptes que tampoco son la misma persona para morir"
"¡¿Que?! ¡Jamás!"
"Ya lo hiciste antes. Con Hook, ¿recuerdas?"
"Eso fue algo excepcional, una recompensa que yo mismo elegí conceder. Lo que tú sugieres es un suicidio para ti… Atreverte tan solo a proponerlo… ¡Ja!"
"¿Eso es una amenaza? ¿Zeus matando a una salvadora y condenando a una heroína como Regina a vivir eternamente en el limbo, peleando y sufriendo sin fin? Oh dios, ya estoy imaginando a tus enemigos, relamiéndose, levantándose contra ti y tu tiránico mandato..."
"¡BASTA!" brama fuera de sí. "No te saldrás con la tuya"
"No hay tuya y mía, Zeus. No son la misma alma, no son el mismo cuerpo. Mi espada atravesó a la reina malvada, devuelve la vida a Regina"
Zeus, a centímetros de su cara, enrojece y amenaza con explotar. Pero no vuelve a gritar, aunque su voz vibre amenazadoramente. "Esto no quedará así"
"Cuento con ello"
El labio de Zeus se eleva, fanfarrón, enseñando los dientes. "Resulta curioso…"
Emma quiere cerrar el pico, pero le vence la curiosidad.
"¿El qué?"
"Que, con él, te fueras del inframundo sin mirar atrás. Y que, con ella, estés arriesgando tu mísera existencia con esta desesperación"
"¿Sabes lo que me resulta curioso a mí? Que siendo tan mísera, un dios como tú pierda tanto tiempo conmigo" Emma resopla burlona, pero su respuesta ha perdido ese toque mordaz y no quiere seguir poniendo a prueba su suerte. "¿Entonces qué vas a hacer?"
"¿De verdad pretendes jugar con los mayores, insignificante niña?" sonríe irguiéndose en todo su esplendor. "¿Sabes qué? Tendrás tu trato. Pero ahora toca escuchar mis peticiones"
Emma traga hondo, pero se estira aún más, en su mejor pose de salvadora impasible. "Dispara"
La primera bola de fuego revienta la ventanilla del conductor y la segunda atraviesa ese boquete y destroza la del copiloto. Una tercera ráfaga choca contra las ruedas, el morro y la carrocería del coche y Regina cubre su cabeza con las manos. Pero el coche aguanta y, aunque debe parecer un colador a segundos de despedazarse, las explosiones se detienen y Regina deja de sentir el calor de la incendiaria magia de la reina malvada estrellándose sin descanso ni compasión.
"¡¿Crees que un coche me detendrá?!"
El berrido desquiciado y agudo de la Reina resuena por toda la desolada calle grisácea y moribunda del limbo. Ese eco de Storybrooke que cada día se asemeja más a un campo de batalla a medio destruir.
Regina toma aire y apoya su cabeza con una calma que resulta perturbadora. Los primeros días, horas, meses… ya no está segura, sufría y trataba de huir de ella, de pelear por su vida y de resistir. Pero ahora simplemente se limita a estar y tratar de darle esquinazo a ver cuántas horas pueden pasar sin encontrarse y luchar hasta la muerte. Que nunca es hasta la muerte. A no ser que cuente morirse de aburrimiento.
Lo único que tiene claro es que está agotada de esta lucha sin cuartel que absorbe sus fuerzas y sus ganas de vivir. Y lo único que la mantiene en pie, o más bien escondida tras ese coche, es el miedo a morir o como narices se le considere y acabar en un infierno aún peor. Así que aguanta. Al menos por ahora. Aunque la idea de alzarse a pecho descubierto y cerrar los ojos sea a veces tan apetecible.
"¡REGINA!" espeta su otro perturbado yo, trastornándose ante esa falta de atención.
"¡Juraría que ahora mismo estás quietecita!"
"¡Se llama tregua! Para que puedas despedirte de… espera, de nadie antes de morir"
Cierra los ojos ante las originales palabras y suspira muy bajito. "Y así un día tras otro…"
"¡SAL! ¡PELEA!"
"¡No tengo ganas…! ¡¿Qué tal te vendría mañana?!"
"¡SAL!" chilla estrellando una nueva esfera de fuego contra el coche, una que explota amenazadoramente cerca. "¡O necesitas a tu marioneta la salvadora para atreverte a ir contra mí!"
"¡CÁLLATE YA!" chilla girándose en el aire mientras se pone en pie y su mano ya ha arrojado el primero de una larga serie de relámpagos.
Como cada día.
La Reina sonríe victoriosa antes de esconderse tras el primer edificio que alcanza. Los cimientos se tambalean con las descargas de Regina y su alter ego se lame los labios, satisfecha. La batalla ha comenzado. Emma siempre funciona como interruptor de su patética doble.
"¡Intenta callarme!" ríe sin humor, abandonando su escondite con un rápido giro que remata disparando contra ella.
Los golpes empiezan a intercambiarse y ya no hay trincheras ni treguas. Regina esquiva una bola de fuego que termina achicharrando una farola. Pero ni el estruendo metálico al estrellarse contra el asfalto evita su contrataque. Un torbellino salvaje que la Reina desvía en el último instante, estrellándolo contra la réplica de cafetería de la abuelita. Y mientras los cristales vuelan por los aires, Regina cree ver sombras en su interior que intentaban esconderse y que ahora esquivan la metralla en la que se ha convertido el restaurante.
Pero no tiene tiempo para detenerse ni pensar.
Arrepentirse es un lujo que no puede concederse cuando su mano derecha esquiva ataques y su mano izquierda trata de apuntar con más o menos puntería a una Reina que no para de moverse y responder cada golpe. Réplicas cada vez más asesinas, que ella contrarresta sustituyendo las fuerzas que empiezan a fallarle por la rabia asesina que esa mujer logra despertar en sí.
Y, como siempre, es esa réplica malograda y moribunda de Storybrooke quien paga las consecuencias.
Edificios con aberturas donde antes había paredes. Cristaleras que estallan. Farolas que se parten y chisporrotean. Coches convertidos en hogueras con olor a plástico quemado. Gritos a lo lejos convertidos en meros susurros entre explosión y explosión.
Y Regina concentrada en que ese golpe, ese nuevo golpe, será el definitivo.
Como los otros últimos cinco.
Carga su mano con una esfera de fuego que cuesta controlar, dispuesta a darle de su propia medicina. Y la Reina, a su vez, prepara un latigazo implacable que amenaza con partir todo a su paso. Dispuestas a lo que haga falta.
"¡BASTA!"
El rugido retumba casi reventando tímpanos y cristales a su paso y obligando a ambas mujeres a caer de cuclillas con las manos tapando sus oídos. Regina cierra los ojos, olvidándose por un momento del regio peligro que le aguarda a unos metros de ella. Sólo puede pensar en los dolorosos pinchazos que esa voz ha provocado en su cabeza. Cuesta volver a abrir los ojos pero lo hace a tiempo de ver a la Reina, reponiéndose con el mismo patetismo que ella misma. Y, aunque querría saber de donde proviene esa voz, su alter ego ya ha vuelto a la carga, magia en mano, y ella no puede hacer otra que prepararse para atacar.
"¡He dicho que BASTA!" grita una vez más y esta vez las palabras van acompañadas de un violento encantamiento. Regina queda congelada y, frente a ella, la Reina también parece estar atrapada en su propio cuerpo. Los brazos extendidos, las piernas rígidas y la espalda tan tensa que parece a punto de quebrarse.
"¿Qué demonios…?" musita. Pero hasta mover la mandíbula duele y se detiene, mientras su corazón se desata con la adrenalina que empieza a bombear. Pero no ve nada, no entiende nada. Su cabeza está quieta, ahí donde el maleficio la encontró, y sólo ve a su propio yo con la misma mueca de horror.
Pero unos pasos resuenen sobre el asfalto de Storybrooke y una figura se aparece entre ambas mujeres, permitiéndoles descubrir su identidad. "¡¿Es que sois animales?! ¡¿No podéis entender ni una simple orden?!"
El grito de Zeus vuelve a tronar en sus cabezas y Regina lo único que puede hacer es cerrar los ojos, incapaz de tapar sus oídos o alejarse de él.
"Así mejor" declara Zeus frotando su propia sien y colocándose frente a Regina. "¿Si te libero estarás quietecita?"
Regina asiente fervientemente aunque sea apenas perceptible y, a la espalda de Zeus, la Reina grita y protesta con sus dientes y labios pegados, sonando como un mugido histérico y quejumbroso.
"Tú ya no tienes nada que decir" murmura sin compasión ni sentimiento alguno y, con un movimiento de su mano, el suelo a los pies de la Reina se convierte en llamas. Una espantosa visión que desfigura el rostro de la cruel mujer. Cuando al fin recupera el dominio de su cuerpo, sólo puede chillar de dolor antes de ser devorada por el fuego, que parece tirar de ella hasta tragársela. Tierra abajo.
Regina aún no puede moverse. Pero traga hondo, aterrada. A pesar de todo el odio que siente hacia su yo más oscuro, no puede evitar espantarse ante esa escena. Y más aún al temer que sus destinos, una vez más, vayan a estar ligados. Que de un momento a otro, las llamas laman su cuerpo y sea ella quien grite, infierno abajo.
Y cuando Zeus se vuelve hacia ella, está más segura que nunca de que esa será su fortuna.
La sonrisa del olímpico es lo más cruel que ha visto en meses. Y ha tenido delante de si a la propia Reina Malvada. Incluso cuando su cuerpo es liberado y puede moverse con libertad, siente que todo ha acabado. Pero espera, sin querer tentar a su suerte.
"¿No vas a darme las gracias?" cuestiona Zeus estirándose frente a ella.
Su espalda aún cruje dolorosamente y acaba de ver como condenaba a su alter ego frente a sus narices. No entiende qué ha de agradecer, pero vuelve a optar por la cordura.
"Claro. Gracias"
"Casi tan humilde como la Salvadora, y desde luego igual de embustera"
No le importan los insultos ni las insinuaciones. Es probable que ni siquiera haya terminado de escuchar la frase. Sólo boquea y repite por inercia dos palabras que no esperó escuchar nunca más excepto de boca de la Reina Malvada.
"¿La salvadora?"
"Sí. Emma" repite lentamente, insinuando algún pequeño problema de comprensión por parte de Regina. Pero la provocación cae en saco roto, porque no reacciona de forma alguna.
"¿Ella…?"
"Estoy aquí, Regina"
La alcaldesa rota sobre sus propios pies casi tropezándose, persiguiendo a esa voz. Y la encuentra. A unos pasos de Zeus, caminando hacia ellos, hablándola directamente a ella. Pero no puede ser real. No, no puede. Aunque sus pulsaciones desatadas y su respiración fuera de sí indiquen lo contrario. No, ella no podría… ¿verdad?
"¿Eres tú?"
Emma abre la boca pero Zeus eleva su mano y ordena silencio sin necesidad de hablar.
"La puerta del inframundo ha de volver a cerrarse. Y, si me hacéis perder el tiempo, no tendré ningún problema en hacerlo con vosotras dos dentro"
"Está bien, tú hablas" responde Emma cruzándose de brazos, sobria y sin sentimiento alguno en su voz. Todo lo contrario que Regina. Sus ojos van de uno a otro, preguntándose qué ocurre. Qué tiempo han de aprovechar. Qué hace Emma allí. Qué sucede y si puede dejarse llevar por una felicidad que no entiende pero que está empezando a invadir su cuerpo y que seguramente ha comenzado con ese suave: Estoy aquí, Regina.
Esa forma de decir su nombre. Casi sonando a Gina. Es Emma. Es realmente Emma.
Traga hondo, afectada. Y sus ojos dejan de saltar de uno a otro para mirar sólo a Zeus. No quiere desatar las iras de un Dios al ignorarle. Ni echarse a llorar ante la visión de Emma.
"La salvadora ha ofrecido un trato"
La felicidad que está empezando a remover su estómago se corta de golpe, amenazando con convertirse en nauseas. "¿Trato? ¿Qué tipo de trato?"
"Por tu alma"
"¿Qué?" Ni siquiera sabe de qué se trata, pero se desatan sus nervios, deja que la histeria hable por ella y sólo entonces vuelve a mirar a la salvadora, desesperada. "No, Emma, no, ¿qué tipo de trato? ¿Qué has hecho? No dejaré que…"
"¡Basta!" grita Zeus. "¿Qué he dicho sobre perder el tiempo? Tú no tienes nada que decir, el trato está cerrado"
"Emma…" suplica desoyendo la advertencia de Zeus.
La salvadora eleva sus manos, intentando calmarla y susurra: "Volveremos las dos"
"¡Eh! Estaba divirtiéndome con la agónica incertidumbre" ríe pérfido. "Pero sí, las dos regresaréis y tu destino ya no estará atado al de la reina malvada. En cuanto la salvadora cumpla su parte del trato. ¿Lista?"
Emma asiente sin dudas y camina hasta él.
"Dame tu brazo" exige extendiendo su mano y, a su orden, Emma remanga su chaqueta y suelta el brazo hasta él sin miramientos. Ni siquiera cuando Zeus sonríe con crueldad y cierra su otra mano contra su antebrazo.
En ese instante un dolor lacerante abrasa su piel y cae de rodillas, chillando de golpe aunque cierre la boca y apriete los dientes.
"¡EMMA!"
El grito de Regina se escucha por encima de su propio lamento y la salvadora se obliga a cruzar sus ojos con los de ella. "Estoy bien" gime aún con su brazo a merced de las manos de Zeus.
De entre los dedos del dios se intuye una marca roja, pulsante, con un dibujo indefinido, similar a símbolos antiguos.
"¿Qué es eso? ¡¿Qué le has hecho?!"
"Es mi marca" anuncia observando con orgullo su propio trabajo mientras, a sus pies, Emma trata de incorporarse. "Si se atreve, tan solo una vez más, a volver a cruzar el velo entre el mundo de los muertos y los vivos jamás regresará a la vida. Un solo paso, un solo aliento que roce la entrada al inframundo y esta marca la condenará a ser un alma difunta más"
"¿Qué? ¡Emma, no!" protesta caminando hacia ellos, con una postura que amenaza con arrollar al dios, que vuelve a jugar con ella como si fuese un títere sin voluntad. Un solo movimiento de muñeca y los pies de Regina se posan suavemente en el suelo, sin intención alguna de moverse de ahí, por más que ella tire de sus rodillas una y otra vez.
"La Salvadora ha aceptado las condiciones. Todas ellas." repite Zeus encantado consigo mismo.
"¿Qué has hecho…?" insiste mirando únicamente a Emma. A esos ojos que le devuelven la mirada con una confianza en la que cuesta no creer.
"Aceptar las normas. Por una maldita vez" ruge Zeus.
Pero eso no es suficiente para Regina. "Emma" musita temerosa.
"Podéis abandonar el inframundo, pero sin olvidar la señal"
"¿Qué?" titubea Regina fuera de lugar. Todos sus miedos y… ¿eso es todo? Sin más trucos, sin más castigos, sin más consecuencias… ¿de verdad?
Sin embargo, Emma parece tan perdida como ella. Mala señal.
"¿Y ya?" pregunta pestañeando varias veces.
"Sí, y ya" repite Zeus harto. "Pero recuerda la señal. Nada de volver al inframundo. No puedes ni siquiera darte media vuelta"
Entrecierra los ojos, extrañada. "¿Quieres decir que…?"
"Que sin girarte una sola vez, Salvadora" repite recurriendo de nuevo a esa entonación tan lenta que resulta ofensiva. "¿Lo has entendido?"
"Sí" responde cuadrándose frente a él con seguridad. No tiene el más mínimo problema en abandonar a la carrera esa versión fantasmagórica de su hogar.
"Y Regina irá tras de ti"
"¿Qué?" tartamudea perdiendo toda su confianza con una sola pregunta.
Zeus sonríe encantado, regresando a su auténtico ser, disfrutando de su miedo. "Ya sabes, ella será mi garantía. Si te giras, si echas la vista atrás, Regina se quedará aquí y tú habrás condenado también tu alma, ¿lo has entendido?"
"¡No!" grita Regina volviendo a pelear con sus propios pies, que siguen sin obedecerla, condenándola a una frustración que roza el dolor. "Emma, ¡no!"
"Regina…" murmura la Salvadora tratando de contenerla, aunque su propia sangre hierva. "Entendido" se reafirma girándose hacia él con una calma que no posee. "¿Alguna otra cosa? ¿Quizás querrías que llevará una lira para hacerlo aún más original?"
Zeus tuerce el gesto, ofendido, y sus dedos se cierran sin compasión en torno a ese brazo que aún sostienen. La salvadora grita a pleno pulmón sorprendida por el dolor y sus rodillas amenazan con volver a fallar.
"¡EMMA!" chilla Regina con tanta fuerza que parece que compartiera el dolor de la salvadora.
Pero desde el suelo, inclinada, jadeando y con el brazo palpitando igual que en carne viva, Emma se repone sólo para musitar: "¿Alguna otra indicación?"
"Eso es todo. Márchate" espeta soltando su brazo, que Emma sostiene contra su cuerpo antes de estirarse frente a él.
"¿Y cómo sé que cumplirás tu palabra?"
"Soy un dios, despreciable mortal. Mi palabra es cuánto necesitas"
"Lo siento pero debo insistir, Dios" remarca sin respeto alguno y Zeus amenaza con agarrar su brazo una segunda vez. Pero la suave voz de Regina interviene, incapaz de soportar que la castigue una vez más.
"Una promesa es una promesa y no dejaré que la incumpla aunque tenga que llevarme a un dios por delante" susurra hablando sólo para Emma, sonriendo sólo para ella, intentando convencerla. Pero la salvadora abre la boca, insegura, y Regina aumenta su sonrisa, dejándose llevar por la euforia de estar hablando con ella de nuevo, por estar perdiéndose una vez más en esos ojos claros, como jamás creyó posible. "Iré detrás tuyo, cueste lo que cueste, confía en mí y sólo camina" pide apretando sus labios y clavando sus ojos en los de Emma hasta que la siente ceder.
La salvadora asiente y se prepara para rehacer sus propios pasos. Directa hacia la barca de Caronte.
La escalofriante voz de Zeus, que algún día debió ser amable y sincera, resuena contra su nuca, porque esta vez, ella ni siquiera se gira. "Adiós Swan. La próxima vez que nos veamos este será tu hogar"
"No tengas prisa" gruñe, y gira su rostro hacia Regina. "¿Nos marchamos?"
Una sonrisa sincera y un susurro emocionado: "Voy detrás de ti"
"Vale" asiente y con un pestañeo aparta sus ojos de los color chocolate y mira al frente. Hacia la costa. Al punto que no puede dejar de mirar, bajo ningún concepto. Y por un momento, desearía haber alargado más el momento, haber mirado unos segundos más esos ojos, haber reunido un poco más de valor antes de echarse a andar un camino sin retorno y que, sin embargo, no está segura de recorrer.
Da los primero pasos dudosa, lenta. No con la fuerza de quién regresa a casa victoriosa, no con la soberbia de quién ha ganado, no con los pasos firmes y el caminar veloz de quién ha terminado de pelear. No, deambula lentamente, dejando atrás ese Storybrooke lánguido y más en ruinas que nunca, con un estado de ánimo que se asemeja al de esa ciudad. Al menos hasta que ellos retumban. Los tacones de Regina, sobre la acera, golpeando el suelo al mismo ritmo que los pasos de Emma.
La Salvadora se cuadra y, sin tener que girarse, porque no lo hace ni una sola vez, Zeus podría jurar que la salvadora está sonriendo. Y que Regina cada vez pisa con más ganas, con más ilusión, consciente de que ese sonido está uniéndolas a ambas, tranquilizando a la Salvadora y dándole fuerzas para no flaquear. Todo es silencio mientras Emma se dirige hacia la orilla donde Caronte espera con paciencia, todo menos los pasos de la alcaldesa. Y quizás los latidos de ambas mujeres.
Pero la salvadora se detiene, súbita.
Los tacones ya no retumban, ni siquiera susurran.
Estira su espalda y se cuadra, con cada músculo de su cuerpo tenso, y Regina traga desesperada. Da un paso más, intenta zapatear, pero de repente sus pies son mudos y no importa la fuerza con la que golpee el suelo. Nada suena. Se gira sobre su hombro solo para ver a Zeus sonriendo, con su mano en alto, aun brillando con la reminiscencia de la magia a su alrededor. Quiere enfurecerse y decir algo y sus cuerdas vocales se mueven al son de su protesta, pero nada sale de su garganta. Las siente vibrar, más aún al tocar su cuello, temerosa, pero no hay ningún sonido rompiendo el aire. Ninguno.
Aplaude con rabia y sus manos se estrellan dolorosamente, pero no hay estruendo en respuesta. Solo el lacerante calor de sus manos al encontrarse una y otra vez.
Y Emma, frente a ella, intenta dar un paso, dudosa. No pretende rendirse, pero la duda empieza a calar en la salvadora y su postura la delata.
"Emma, no se lo permitas, por favor" No escucha su propia voz, pero espera que, de alguna forma, sus palabras lleguen hasta ella. Emma da un segundo paso, igual de lento, de inseguro y Regina intenta salir corriendo hasta ella, pero con la segunda zancada sus pies se quedan clavados al suelo. Los mira con espanto, pero es como si siempre hubieran pertenecido a ese lugar, como si sus botines fueran parte del asfalto. Hasta que Emma no da un tercer paso, no recupera el control de sus pies y entonces lo entiende. Ni un paso más cerca de Emma de los permitidos. Ni uno. Y Regina lo único que quiere es arrancar calle abajo hasta ella, aunque no pueda tocarla, aunque su voz no suene. Pero que al menos la carrera y el viento que levante sean suficiente para decirle: estoy aquí, sigue.
Y sin embargo, todo lo que le queda es esa esa impotencia. Y caminar metro a metro con Emma.
El quinto paso es aún más lastimero y con el sexto, Regina empieza a contener las lágrimas. "Emma, no, por favor… Sigo aquí, sé que lo sabes"
Palabras mudas por culpa de la magia de Zeus.
Aunque, quizás, ahí haya una salida...
Emma da un nuevo paso, cada vez más cortos, más lentos, casi rozando lo ridículo, pero al apoyar el pie, el cielo sobre ella se ilumina. Reconoce esos fuegos artificiales. Son los mismos que Regina y ella convocaron para las fiestas de Storybrooke y su respiración llena sus pulmones de aire con fuerza al verlos y dejarse inundar por los recuerdos. Quiere probar una cosa y da un segundo paso y después otro más. Y con cada uno, los fuegos, enmudecidos pero majestuosos, se van sucediendo, cada vez más grandes, más bonitos, y Emma aprieta el paso, recuperando su sonrisa, desprendiéndose del miedo, acercándose a esa lúgubre barca que cada vez siente más como una salida, hasta que una voz estalla con rabia.
"¡BASTA!"
El grito de Zeus retumba por toda la calle y los fuegos artificiales mueren y languidecen cayendo como lágrimas celestiales contra las aceras. Pero es demasiado tarde. Emma no se detiene y está segura de que Regina va con ella, a solo unos metros, los mismos que prácticamente le separan de Caronte.
Cuando la barca se dibuja frente a ella y solo le queda estirarse y subir a la embarcación, echa de menos el ruido de tacones, los fuegos volando, la presencia de Regina. Podría jurar que está detrás, que la alcaldesa nunca se dejaría vencer, que no permitiría que Zeus incumpliera su palabra. Pero el pánico sigue ahí, arañando sus entrañas, provocando a su cabeza y diciéndole: ¿Y si solo estás haciendo el tonto, andando sin pies ni cabeza, montándote en una barca en la que viajarás sola, mientras Regina te pide auxilio allí donde la dejaste? ¿Y si nadie vuelve contigo?
No se atreve a subir.
Puede… puede que hacerlo sea el primer paso para lograr salvar a Regina. O puede ser el primer paso de un engaño que la alejaría para siempre de ella. Si se gira puede condenar la vida de ambas. O quizás solo estaría dejando de hacer el imbécil y tendría una oportunidad para salvarla.
Siente que es una misma moneda con cuatro caras y que al lanzarla cae de canto, y ella no logra decidirse.
Quiere llorar y gritar, quiere hacer algo, necesita sentir que depende de ella, que está en sus manos y no a merced de ese estúpido y macabro trato. Mira su brazo, allí donde late la marca que Zeus ha grabado a fuego, y eleva un pie.
Regina, me lo has prometido. "Voy detrás de ti", cúmplelo.
Apoya su pierna en la madera tambaleante y termina aceptando la mano de Caronte para subir el resto de su cuerpo con la misma lentitud que los primeros pasos tras el silencio sepulcral.
Y de repente el tiempo se detiene y sus pulsaciones se aceleran. Se sienta a duras penas ante la orden silenciosa de Caronte. Si los segundos están pasando, la salvadora juraría que hay magia detrás ralentizándolos hasta convertirlos en un peso imposible de mover.
Pero espera y aguanta en su asiento, aunque tiemblen sus puños de rabia y el pecho duela con la ansiedad que está estrangulando su respiración. Aunque los latidos resuenen en su cabeza y quiera girarse, llorar, estallar, gritar el nombre de Regina y obtener respuesta. Todo a la vez.
Pero nada de eso ocurre. De hecho, no sucede nada en realidad. Nada cambia, nada parece acontecer. Sólo ella, sobre esa barca, y Caronte sin expresión alguna, mirándola igual que si no hubiera nadie con él.
Las manos del anciano se mueven. Alcanzan sus remos. Dispuesto a marcharse. Y Emma salta sobre si misma sin pensarlo. Un brinco que la deja sobre sus pies. Con fuerza para girarse, sintiéndose estúpida, engañada y rota. Suplicando por poder bajar antes de que Caronte se aleje de la orilla, río abajo... Sin pensar siquiera en las consecuencias.
Pero no llega a hacerlo.
La barca se tambalea y dos brazos se abalanzan contra ella, rodeando su cuerpo con fuerza e inmovilizándolo con más esperanza que firmeza. Y, durante un segundo, Emma no es capaz de entender nada y trata de resistirse. Ha de bajar. A por Regina.
Pero esos brazos tienen dueño, tienen voz. Y mientras se revuelve contra ellos, es la voz de Regina la que rompe contra su oído.
"Estoy aquí, Emma, estoy aquí. Soy yo, tranquila"
Palabras que actúan como un hechizo.
Uno que destruye el último gramo de fuerza de Emma, que la hace caer sobre sus propias rodillas, arrastrando a Regina con ella.
Caronte inicia su travesía con un suave movimiento y la alcaldesa mira a la salvadora sin entender nada. Hasta que siente ese cuerpo estremecerse entre sus brazos. Aunque no escape sonido alguno, Emma está llorando, está segura. Y ella, que apenas esa capaz de entender que está regresando a casa, que está tocando a la salvadora, que todo es real, que el inframundo queda atrás, sólo puede pensar que ella está ahí, encogida, entre sus brazos y llorando.
Está aturdida y confusa, pero abraza a Emma todavía con más fuerza.
"Emm, lo has logrado… has vencido a Zeus, lo has conseguido" repite una y otra vez acariciando sus brazos, esquivando la marca, estrechando su hombro, apoyando la cabeza sobre su espalda con una intimidad que nunca antes se ha permitido. Pero en este momento no queda espacio para el cuidado, para la lógica, para las apariencias. Y, qué demonios, está volviendo a sentir, regresando a la vida, y que su olfato se bañe en el perfume de la salvadora y sus manos adviertan su calor es la mejor bienvenida que su cuerpo puede soñar.
Y no quiere apartarse de ahí.
No hasta que Emma se mueve entre sus brazos. Su espalda se tensa y su cabeza vuelve a elevarse como si nunca se hubiera hecho un ovillo sobre la barca. Y los brazos de Regina pierden fuerza, dejándose caer hasta separarse de ella. Aun así, el rostro de Emma parece buscar al de la alcaldesa y Regina apoya su mano en el hombro de la salvadora, con una suave advertencia.
"Espera, no te gires. Sólo por si acaso…" musita poniéndose en pie hasta colocarse con cuidado frente a Emma, entre ella y Caronte, que continúa navegando sin la más mínima reacción.
Al tomar asiento, son los ojos claros lo primero que la reciben. A pesar de habérselos frotado e intentar mostrarse serena, continúan brillando y su alrededor está hinchado y rojo.
"Emma…" Alarga su mano, abatida ante esa imagen, intentando estrechar su brazo. La sola idea de verla sufrir, de haber sido su rescate la causa, estrangula su respiración.
Pero su mano no llega a tocar a la salvadora. Emma esquiva sus dedos, intentando dedicarle una sonrisa educada y neutra, pero ni siquiera su voz suena serena.
"Estoy bien. Tranquila"
"De acuerdo" suspira sin más respuesta. Pondría la mano en el fuego por que la salvadora está rozando el límite de lo que su autocontrol y sus barreras consideran tolerable exponer. Y Emma siempre guarda con recelo sus emociones más personales. Cualquier chispa de intimidad o contacto es rápidamente sofocada, algo que ella comprende a la perfección. Y por ello, Regina intenta, sin lograrlo, dar normalidad a ese instante y desviar la atención a cualquier otro tema. Aunque los ojos de Emma, perdidos en ninguna parte, parezcan dos pozos, insondables y brillantes. Sigue su mirada y murmura sin saber qué decir. "Volvemos a casa…"
Emma carraspea y responde, aunque sus ojos no regresen a ningún punto dentro de la barca. "A ti aún te queda un segundo viaje"
La alcaldesa se remueve sobre su propio asiento en forma de tablón de madera, inquieta ante ese inesperado cambio. Pero Emma suena indiferente y Regina quiere creer que será cualquier nimio detalle sin importancia ni peligro:
"¿Qué he de hacer?"
"Recuperar tu cuerpo" responde mirándola de lado, sólo para ver cómo las manos de Regina se mueven nerviosas por su cara y sus extremidades, tocándose con el miedo de atravesarse en cualquier momento.
"¿Cómo?"
"Aquí parece tu cuerpo, pero sólo es tu alma" puntualiza y su voz destila tanta formalidad que roza la tonalidad de un contestador automático, entrenado para repetir el mismo discurso una y otra vez sin alma alguna. "Cuando lleguemos a la orilla, se unirá con el resto de ti"
Regina abre los ojos con terror, sin querer imaginar dónde se va a despertar. "Pero mi cuerpo está…"
"Desenterrado y conservado, colocado sobre tu cama. Todos están allí esperando a que despiertes"
"Debían confiar ciegamente en ti para mover un cadáver…" musita con un suspiro de alivio y media sonrisa divertida, pero frente a ella, no hay respuesta. No más allá de unos ojos que se cruzan con los suyos menos de dos segundos y con un destello que destila reproche. Traga hondo, arrepintiéndose de cada palabra, y añade incómoda. "Perdona, supongo que es pronto para las bromas"
"Supongo" repite con sus ojos de nuevo fuera de esa barca, de esa conversación y de ese momento.
Regina no ha resucitado otras veces, pero está segura de que algo va muy mal en ese recibimiento.
"¿Emma, estás enfadada?" pregunta temerosa, tratando de indagar en la razón tras esa lacerante distancia. Pero la salvadora no responde y sus ojos se limitan a pestañear lentamente, sin más reacción. "Emma…"
Respira con fuerza, como un toro al que mueven a empujones al ruedo. "No. No estoy enfadada" espeta y con la última palabra sus ojos se clavan en los de Regina, esta vez sin intención de evadirse. Y con su mirada, su voz se torna más firme, más fuerte, más intensa, hasta hacerle desear a Regina haberse quedado callada. "Estoy dolida, estoy decepcionada, estoy furiosa"
Traga hondo, sobrepasada y sin voz. "¿Por qué?
"¿Qué más da? ¿Acaso te importa?"
"Me importa" protesta reclinándose hacia ella y arrepintiéndose en cuanto el cuerpo de Emma se tensa y remarca la distancia de separación. "Claro que me importa, ¿cómo puedes dudarlo?"
"Porque no pareció importarte mucho cuando hiciste lo que hiciste"
Su boca se seca y las palabras desfilan cargadas de temblores. "Eso no es cierto…"
"¿Que no?" pregunta provocándola, deseando que se atreva siquiera a llevarle la contraria.
Ante sus ojos, Regina recula forzando media sonrisa consternada. "Era necesario, era la única forma de…"
"Déjalo" Una orden con la que Regina cierra su boca y Emma vuelve a observar las aguas fantasmales que la barca va dividiendo en dos a su paso.
Regina quiere dejarlo estar. O al menos quiere intentarlo. Y vuelca en ello todas sus energías, porque su instinto grita que es el momento de echarse atrás, que Emma está exigiendo su espacio y que esas malas formas son sólo la superficie de un huracán que no desea despertar.
Pero es incapaz.
No entraba en sus planes una salvadora colérica sacándola del infierno por pura cabezonería. De hecho, no entraba en sus planes volver a verla ni que Emma recordara algo más que su nombre y sus malas maneras. Pero ahí está, furiosa y completamente consciente. Y no puede dejarlo estar.
"¿Cómo has logrado…?" tartamudea intentando dar con una pregunta que no desate aún más su cabreo. "¿Cómo has podido…?"
Pero las palabras no parecen prestarse a ello, y es Emma quien termina su frase cayendo de nuevo en ese tono insondable y vibrátil de contestador automático.
"¿…Despertar de tu magia? Henry."
Regina chasquea la lengua, aunque sin estar realmente molesta. "Tendría que haberlo dejado estar y no..."
"Qué" pregunta Emma, en lo que es claramente un reto a continuar si se atreve. Pero no, Regina no osa continuar. No ante ese frío en los ojos casi grises de Emma y la forma en que sus labios se tensan. Y la salvadora continúa por ella en una versión mucho más rabiosa. "¿Abrirme los ojos? ¿Liberarme? Entonces tú seguirías ahí abajo"
"¿Y si esto no hubiera salido bien?" inquiere tratando de llegar hasta la salvadora aunque cada segundo que transcurre parece alejarlas más.
"Nada hubiera cambiado" replica.
"¿A qué te refieres?"
"A que Henry habría continuado sin sus dos madres, como este último mes"
La respuesta de Emma golpea a Regina como un ariete y no es capaz de decidir a qué responder primero.
"¿Cómo...? ¿Mes?" repite trastabillándose.
"¿Creías que llevabas qué? ¿Días?" ladra mordiéndose el labio en lo que parece un gesto total de contención. "No, un mes. Ese es el tiempo que tardaron en enfrentarse a tu hechizo, el tiempo que condenaste a Henry a seguir adelante sin ninguna de nosotras"
"No, yo no… Nunca dejé a Henry solo, nunca quise hacerlo, por eso decidí…"
"¿Obligarme a matarte?"
"Emma, eso no…"
"¡¿Entonces cómo lo llamarías tú?!"
"Era necesario…" gime desesperada, tratando de que no tiemble su voz ni sus manos, tratando de no derrumbarse. Quiere ser ella misma, pero todo se sucede demasiado rápido y, aunque regresar es un sueño, se está tornando en pesadilla. Ella jamás contó con Emma de nuevo frente a ella, jamás imaginó enfrentarse a las consecuencias de su magia, jamás pensó que tras ese hechizo la salvadora, la auténtica, volviera a mirarla a los ojos. De haberlo hecho, habría dado por segura esa furia, habría estado preparada, o por lo menos tendría algo más que decir que esos tristes balbuceos. "Lo era, Emma…" intenta sin voz.
"¡No, no lo era! ¡Jamás lo fue!" Con cada grito, la barca se balancea y Emma gesticula más fuerte, sin importarle que el agua esté salpicando la madera a sus pies "Todos estos meses, todo el tiempo que luchamos contra la reina y vi mi muerte repetirse una y otra vez, para mí jamás fue tú o yo... ¡Éramos tú y yo, joder!" brama hablando cada vez más alto y más rápido. "¡Hubiéramos podido encontrar la forma, siempre hemos podido!"
"No esta vez… La batalla estaba perdida, ella iba a ganar. Tú lo viste igual que yo…" musita alargando la mano hasta tocar su brazo, intentando buscar un punto de apoyo que no encuentra. La salvadora se aparta de sus dedos, furiosa, y enseña los dientes con rabia.
"No. Yo solo vi que confíe en ti, pensé que la enfrentaríamos juntas. Y tú... Simplemente te rendiste. Cómo una cobarde. Y dejaste a Henry a su suerte"
"Estabas tú…" lloriquea recogiendo su mano del mismo modo en que el ejército vencido retiraría a sus hombres caídos.
"¡No, no lo estaba, Regina! ¿De verdad pensabas que podías jugar así con mi cabeza sin consecuencias? ¡¿De verdad pretendías que robando una parte fundamental de mí no se viera todo dañado?!"
"¿Qué quieres decir?"
"Que no puedes dormir una parte de mi alma y pretender que siga siendo yo"
Niega con la cabeza, pestañeando lentamente. "Solo eran recuerdos…"
"Nada era sólo recuerdos, Regina, nada. Eres tan parte de mí como mi familia, como Henry. Si tú no hubieras aparecido en mi vida, todo sería diferente. ¡Yo lo sería! Borraste recuerdos felices, momentos únicos, sentimientos que…" Cierra los ojos y la boca, y Regina no sabe si busca fuerzas, las palabras necesarias o está tratando de no volver a gritar, pero ella aguarda en silencio, necesitando escuchar el final de esa frase. Final que nunca llega, porque cuando los ojos de Emma se abren, cuando sus labios se mueven regresa su versión más distante y apocada. "Te llevaste una parte de mí sin la que no estaba completa, sin la que nada más puede funcionar"
"Eso no es posible, no…" repite temblorosa, negando una y otra vez. Pero Emma no se detiene y su respiración se acelera al mismo ritmo que sus pulsaciones.
"¡No hiciste sólo que te olvidara! Provocaste que cada sentimiento vinculado a ti hibernara. ¡Era incapaz de odiar, de reír, de creer, de querer, de…!" La vista de Regina se nubla con cada grito, sólo Emma, roja y furiosa, se mantiene nítida. Y cuando la voz de la salvadora tropieza, la alcaldesa retiene la respiración. Un instante de silencio del que la salvadora se repone sin casi voz y tras el que Regina querría arrancar las palabras que realmente iba a pronunciar. Pero no se atreve y una vez más, Emma se queda a medias, con un simple. "…Todo". Atragantado, murmurado y tan sospechoso que duele y revuelve el estómago maltrecho de Regina. "Me convertiste en un muñeco con vida pero sin la capacidad de sentir. Ni para cuidar a Henry y ser la madre que él necesitaba. Todas estas semanas ha llorado tu perdida y a su lado estaba yo, un tronco con forma de salvadora y sin emoción alguna. ¿Te haces una idea siquiera de lo que ha tenido que soportar, joder?" solloza destrozada, aunque es Regina, frente a ella, quien tiene las mejillas húmedas, sin saber cuándo ha comenzado a llorar.
"Jamás busqué eso, Emma, jamás" gime suplicando que la entienda sin dar con la manera de decirlo con palabras. Sólo puede intentar una y otra vez explicarse, dar forma a sus razones, esas que, de repente, suenan más a excusas que explicación, más a cobardía que a una causa justa. "Pero no tenía sentido que nadie más muriera, no cuando yo era el problema y la solución, tienes que entenderlo…"
"¿Entender qué? ¿Que nos abandonaste? ¿Que me hechizaste? ¡¿Que me obligaste a hacer lo único que jamás hubiera hecho de haber sido libre para elegir?!"
"Emma…"
"Deja de repetir mi nombre"
"Yo no quería hacerlo..." murmura recordando a esa salvadora neutral y sin expresión, asegurándole que la mataría sin hacerla sufrir. Cierra los ojos y respira hondo. "Era también lo último que deseaba… Créeme. Pero has logrado que todo acabara bien" defiende con media sonrisa apagada que se sostiene sin fuerzas en sus labios.
Emma niega con la cabeza, mirando a cualquier otra parte. "¿Y si Zeus jamás hubiera aceptado mi desafío? ¿O si mi versión aséptica y descerebrada hubiera decidido que tú eras un blanco más sencillo y hubiera optado por atravesar tu cuerpo con la espada y no el de ella…? Solo de imaginar que no…" Se atraganta cuando las lágrimas que no terminan de huir obstruyen su garganta y cierra la boca, apretando los labios para contener un sollozo.
"Eh, eh, eh…" gime y no lo soporta más. Agarra las manos de Emma, un contacto mínimo pero suficiente para no terminar por echar sus brazos sobre ella. Y si se contiene es sólo porque teme acabar fuera de la barca de un golpe. Aprieta con fuerza sus dedos entre los suyos, sosteniendo unas manos que tiemblan como las suyas. "No tienes que hacerlo, no lo imagines, por favor. Estoy aquí Emma, contigo, mírame"
"Sé que estás aquí, claro que lo estás…" susurra cerrando los ojos. "Zeus tenía razón… Si tú no estuvieras aquí yo jamás habría regresado. No sin ti"
"¿Cómo?" musita paralizada.
"Nunca hubo otra opción, contigo no podía irme sin mirar atrás"
"¿A qué te refieres?"
"A que la sola idea de seguir adelante, de vivir con lo ocurrido…"
"Emma, tú no me mataste, jamás me habrías hecho daño, yo te obligué, no debías cargar con ese peso, no debes…" repite del tirón, hasta que los ojos rotos, rojos, titilantes de Emma clavados en los suyos la enmudecen.
"Regina, lo que me mataba no era haberte mandado aquí. Era la sola idea de una vida sin ti"
"¿Qué?"
No importan todas las palabras atragantadas, todas las frases a medias, las miradas delatoras, las sospechas que Regina siempre destierra antes incluso de haberlas visto nacer. Nada de eso importa cuando esas palabras toman forma y voz a través de los labios de la salvadora.
Cuando lo subjetivo se hace tangible, no importan todos los años previos.
Nada podía preparar a Regina para esa sola frase. No dice nada, no hace nada, incluso permite que Emma aparte sus manos de las suyas antes de seguir hablando, de continuar con los golpes que no se ven.
"Cuando volví en mí… ni siquiera lo pensé. No me importaba cómo o quién te había matado, sólo estaba el dolor de saber que te había perdido, que no estabas allí, conmigo. De que no iba a volver a verte. De que esta vez no sería cierto que el amor verdadero lo supera todo"
"Emma… ¿Qué estás diciendo?" suplica por una explicación que en realidad está fuera de lugar, cuando la salvadora acaba de referirse a ellas con algo tan salvaje, tan rotundo y feroz como amor verdadero. Cuando lo que realmente querría preguntar es si algo de todo eso es real. Si no continúa atrapada en el inframundo y este es un nuevo tipo de tortura. Si todo lo que deseó puede estar sucediendo al mismo tiempo que se resquebraja por dentro y Emma llora furiosa.
"Que cuando Henry me libero, cuando entendí que estabas muerta, supe que lucharía por recuperarte hasta el final" Y aunque la voz de la salvadora tiemble, aunque las lágrimas empiecen a descender por sus mejillas, es rotunda y estremecedora, y Regina jamás se ha sentido tan feliz y desdichada a la vez.
"Emma, tú…"
Niega con la cabeza, interrumpiéndola, negándose a escucharla esta vez. "Pero cuando pude detenerme a pensar, cuando recordé lo que me habías obligado a hacer…"
"Por favor, Emma…" insiste llorosa, desesperada.
"Basta" ordena una vez más enseñando sus colmillos, resollando. "De todas las crueldades que has cometido, de todas las atrocidades de las que has sido capaz, esta es sin duda la única que jamás podré perdonarte. Porque fuiste tú, Regina, y no la reina. Porque tú fuiste quién decidió hacerme eso, obligarme a matarte. Confiaba en ti ciegamente y fuiste capaz de utilizarme como uno más de tus peones para hacer lo único que jamás en esta vida hubiese hecho de haber sido libre"
"Emma, Emma, por favor…" suplica intentando sostener unas manos que se apartan de ella sin piedad, con la inclemencia que muestran los ojos claros.
Los mismos que se giran a observar impávidos las aguas que surcan, sólo para cerrarse un segundo después. Coge aire y fuerzas y musita: "Doy gracias a quien sea que haya decidido bendecir está puta locura de rescate y no puedo más que volver respirar ahora que sé que regresas…"
"Escúchame… Te lo suplico, Emma, por favor, ¡Emma!"
Sigue su voz, vuelve a mirarla, pero no responde. Sólo continúa hablando, igual que si nadie la escuchara: "…Pero cuando pisemos Storybrooke no quiero volver a saber nada más de ti, Regina. Se acabó"
Su mundo se viene abajo, desplomándose ante la sola idea de que Emma pudo algún día corresponderla. Ante la sola certeza de que ha dinamitado su propio final feliz. De nuevo. El corazón de Regina se salta un latido al encogerse sobre sí mismo, renqueante, y alcanza tal umbral de dolor que es incapaz de hablar, de respirar, de llorar siquiera. Hasta el punto de temer que, cuando alcancen la orilla, no quede alma en pie que regrese a su cuerpo.
"No, por favor" Es cuanto logra susurrar, ojos llorosos, voz rota, hombros temblorosos y sin esperanza alguna.
"Adiós, Regina" Dos palabras tajantes y una despedida que reverbera como una condena a cadena perpetua y hace volver en sí a la alcaldesa.
"No, Emma, ¡no!" chilla elevando sus brazos hacia ella, queriendo sostenerla, obligarla ahora a detenerse y escucharla, aunque no pueda hacer más que disculparse hasta quedarse sin voz. Pero la salvadora no se mueve, no se inmuta y cuando las manos de Regina tocan su piel la atraviesan como si Emma no estuviera allí. O peor. Como si ella ya no estuviera más en esa barca.
La voz de Caronte resuena sobre la brisa fría de cualquier noche en Storybrooke: "Hemos llegado" Y Regina lo ve, antes de desvanecerse con un abrupto y doloroso tirón. El puerto de su ciudad bajo las luces y estrellas que lo iluminan cada noche.
"¡Está despertando, Regina se está despertando, lo han conseguido!"
Voces que se mezclan, una cabeza que pesa como un yunque y que resulta ser la suya, y unos pulmones que se expanden funcionando como si fuese su primera vez, y dos ojos chocolate que pestañean pesarosos. Con un desconsuelo que se confunde con confusión.
"¡Mamá!" chilla Henry y mientras su cuerpo vuelve a la vida y deja de ser un macabro cadáver sobre la cama, presiente los brazos de su hijo apretándola con un amor que en ese instante sirve como bálsamo para sus heridas. Aunque la herida sea mortal y nada vaya a lograr que pare de sangrar.
"Henry…" musita sin casi voz, sin poder controlar su llanto en cuanto abre la boca.
Las manos de su hijo sostienen su cara y la miran eufóricos, secando sus lágrimas. "Tranquila, mamá, estás en casa, todo ha salido bien"
Y por un momento se siente mal. Por no poder ser tan feliz como Henry en ese instante por el simple hecho de haber regresado. Por sentirse una farsante al dejarse consolar por unas lágrimas que nada tienen que ver con la angustia que él presupone. Por estar de nuevo en casa y sentirse rota, abandonada y destruida, incapaz de sonreír.
Pero la mirada de Henry reclama la suya y, aunque advierte más presencias a su alrededor, un par de manos apretando sus brazos, acariciando su hombro con cariño y quizás pueda intuir de quienes se trata, sólo es capaz de mirar una y otra vez esos ojos claros. Esos que ahora mismo son todo amor, sin más sentimientos que una simple y total devoción, una felicidad casi contagiosa. Esos que tanto le recuerdan a los de Emma. Esos que un día la miraron con desprecio, pánico, rencor… y que sin embargo ahora gritan Bienvenida desesperados.
Y sólo entonces respira y sonríe por fin, aunque no sea del todo feliz. Pero, de golpe, guarda una pequeña esperanza. Le costó toda una vida conseguir el perdón de su hijo.
Ahora tiene una segunda vida. Literalmente. Y piensa usarla para algo muy similar…
Va luchar hasta el final. Cómo Emma estaba dispuesta a hacer con ella.
Se acabó ser una cobarde.
Fin
