Narración normal :

Era temprano, y los sirvientes de cada grupo se encontraban preparando todo para cuando sus nuevos líderes llegarán. Los cielos, eran los únicos que no tenían sirvientes, estos preferían hacer las cosas por sí mismos, aunque claro está, siempre estaban acompañados porque un cielo sin compañía, estaría completamente solitario y deprimido. En el cuarto una gran mesa, con siete sillas se encontraba en medio del cuarto. Atrás de cada silla había dos sirvientes, por excepción de una silla, que está no se encontraba nadie atrás. Las personas esperaron pacientemente a sus nuevos líderes, y no esperaron mucho ya que unos pasos se escucharon cada vez más cerca.

Todos observaron la puerta, esperando a que su nuevo líder entrará por esta. La puerta fue abierta por un joven de cabello plateado y ojos esmeraldas, este se detuvo en la entrada, con la mirada recorrió el lugar. Las tormentas, fueron hacia el y se inclinaron. Este solo los miro y fue hacia su silla donde se sentó y soltó un suspiro.

— ¿Desea algo de tomar joven? - hablo una de sus sirvientes, la mujer pregunto respetuosamente sin verlo a los ojos.

— Mph, no. - la miro unos segundos y contesto. Esta se paró y se puso a un lado de él y el otro sirviente del otro lado.

Silenció, un silencio se apoderó de la sala, el joven recién llegado miraba con aburrimiento la mesa. Unos pasos de prisa se escucharon y el joven peliplateado volteó a la puerta y de esta un joven entro corriendo.

— P-perdón... Lle-llegue tarde. - se disculpó el joven, haciendo una exagerada reverencia.

— Tu quién eres. - hablo el peliplateado. El recién llegado levantó la vista y lo miro. — Y no llegaste tarde, mira. - termino de hablar apuntando a las sillas vacías.

— Ah...- soltó un suspiro de alivio. — Mucho gusto. - se puso derecho, — mi nombre es Sawada Tsunayoshi. Cielo. - hizo una reverencia al presentarse.

— Un gusto. - lo miro de pies a cabeza, — soy Gokudera Hayato. Tormenta. - se presentó.

El castaño miro a la única silla donde no había nadie, y se dirigió a esta donde se sentó, agachó su cabeza y empezó a jugar con sus manos.

— Oye. - le hablo, el castaño alzó la cabeza y lo miro — ¿Porque estás solo? - pregunto cruzándose de brazos y mirándolo fijamente, apuntando detrás de él.

— Eh?... Bueno, no me gusta dar órdenes... A-además que en mi familia a ninguno les gusta mandar a los demás... - contesto mirando a otro lado.

— Tsk, es por eso que todos los demás los ven débiles. - vocifero el.

— Que no nos guste mandar, no significa que somos débiles... - murmuró el castaño.

— ¡Buenos días, al extremo! - saludo el recién llegado.

— Tsk, que escándaloso. - miro con irritación al peliblanco.

— ¡Mi nombre es, Sasawada Ryōhei! ¡Soy el extremo sol! - se presentó.

— Mucho gusto, Sasawada-san. - saludo tímidamente el castaño.

— Un cielo. - fue hasta el castaño y lo tomo de los hombros. — Mucho gusto pequeño, cielo. - sonrió el mayor, el castaño le devolvió la sonrisa. Sin soltarlo miro al otro chico y hablo, — Un gusto también a tí.

— Es muy temprano y ya andan de ruidosos. - los tres voltearon a ver al recién llegado. — Kufufu~ cuánta atención~ - hablo divertidamente.

— ¡Una piña! - soltó al castaño y grito apuntando al recién llegado.

— Oya, Oya con que esas tenemos. - el chico hizo aparecer un tridente.

— Tan rápido hay peleas? - una voz diferente se escuchó detrás del de cabello índigo. — Y yo que no estoy aquí para eso. - camino hasta la mesa donde busco su asiento y se sentó. — Soy Lambo Bovino. Rayo.

— No estorbes herbívoro. - se escuchó otra voz diferente.

— Creo que ya estamos todos. - hablo el peliplateado, los que estaban parados se sentaron. — Será mejor que nos presentemos, - miro a todos ninguno dijo nada, — mi nombre es Gokudera Hayato, Tormenta.

— Aún falta alguien. - hablo el castaño, los demás lo miraron.

— Hey ya comenzó la reunión? - pregunto un joven pelinegro al entrar al cuarto.

— Ahora no falta nadie~ Soy Rokudo Mukuro, niebla. - se presentó el.

— Mucho gusto chicos, - sonrió el pelinegro y se sentó en la única silla vacía, — Mi nombre es Yamamoto Takeshi, lluvia. - sonrió e hizo una pequeña reverencia.

— Eso era obvio, no crees? - hablo cruzándose de brazos, — mi nombre es Lambo Bovino, rayo.

— Ryōhei Sasawada, sol. - se presentó lo más educadamente posible, el peliblanco. — ¿ Y tú pequeño? - se volteó a su izquierda y le hablo al castaño. Todos lo vieron y este se puso nervioso.

— M-mucho gusto, mi nombre es S-sawada Tsunayoshi. Cielo. - hizo una pequeña reverencia al presentarse.

— Kufufu~ eso también era obvio, pequeño cielo~ . - hablo con diversión.

Oye... - susurro Yamamoto a Tsuna, este lo miro — ¿Cómo se llama el? - le susurro preguntándole, apuntando le al chico que estaba sentado enfrente del castaño.

Gokudera Hayato. Tormenta. - le respondió.

Ambos se reincorporaron en sus asientos, y Yamamoto miro a los demás y miro al único chico que no se presentó.

— Y tú ¿Cómo te llamas? - pregunto al chico a su izquierda. Todos los demás lo miraron.

— Hibari Kyōya. - hablo el chico.

— Y eres nube, eres de pocas palabras eh? - Lambo hablo.

— ¡Esto es aburrido, al extremo! - se quejó el sol.

— Se supone que es una reunión para firmar la paz entre los grupos. No tiene que ser divertido ¡Idiota! - la tormenta miro con ironía y enojo, al sol.

— Que dijiste, cabeza de pulpo? - miro molesto a la tormenta.

— ¡Cómo me llamaste! - se paró de golpe mirando con enojo al sol.

— Kufufu, esto es más bueno que la novela~ - la niebla, hablo con diversión sacando de la nada una palomitas.

— Ha ha, porque no se calman y seguimos con la reunión. - intento calmar a la tormenta y al sol, pero fue en vano ya que esté al pararse e ir hacia ellos tenía que rodear a la nube y por accidente la lluvia lo tocó y este lo miro con enojo.

— Kamikorosu, herbívoro. - la nube, saco sus tonfas.

— Fue un accidente, cálmate. - hablo algo nervioso la lluvia.

— Oya oya, la nubesita se enojo~ - miro con burla al pelinegro.

Este lo miro y cambio su objetivo.

— Kamikorosu, herbívoro Piña. - pateo su silla, miro a la niebla con superioridad.

— Tú... - este se paró e hizo aparecer su tridente, e igual tiro la silla.

Ambos se abalanzaron al otro, los demás sólo miraron, por excepción de la tormenta y del sol, que estos ya se encontraban peleando verbalmente y físicamente.

— T-tenemos que detenerlos. - hablo el cielo, mirando a los cuatro chicos pelear.

— Nah, esta reunión se volvió más interesan...- ambos, cielo y lluvia miraron con pena al rayo, ya que a este antes de terminar de hablar, le callo una silla tirándolo de su propia silla. — Auch... ¡Son unos sinvergüenzas! ¡Cómo se atreven a aventarme una silla! - miro con enojo al frente de el, de sus manos empezaban a salir chispas verdes. Y el los atacó a ambos, aventando les rayos y unos de sus rayos le cayó por accidente a la tormenta.

— ¡Maldito niño, fíjate! - este le lanzó una mini tormenta al rayo, que le cayó en la cabeza haciendo que en el proceso lanzará rayos a la lluvia.

— Oye, eso duele. - se quejó la lluvia.

No estorbes entonces. - la tormenta, miro con molestia a la lluvia.

— Que... - este bajo la mirada y apretó los puños. — Basta. - y al decir esto todos se detuvieron. — Estamos aquí para firmar la paz entre todos, no a empezar a pelear entre nosotros. - levantó la cabeza y sus ojos se encontraban azules, su cara se volvió sería. — Si no van a firmar, entonces yo no tengo nada que hacer aquí. Y no se quejen si sus territorios son tomados por mí. Es su culpa por comportarse infantilmente. - camino hacia la puerta y antes de salir volteó, — entendieron. - sus ojos volvieron a ser cafés, y sonrió. Después se fue.

Los demás sólo miraron a la puerta, el cielo y el rayo se encontraban asustados por lo que dijo la lluvia, la tormenta se encontraba molesto, la niebla y el sol ocultaban su asombro, y la nube el estaba molesto porque lo interrumpieron y amenazaron, chasqueó la lengua guardo sus tontas y se fue.

— Kufufu~ - soltó su risa la niebla, al desaparecer.

En el cuarto solo quedaban la tormenta, el sol, el rayo y el cielo y sus respectivos sirvientes, todos los demás ya se habían ido.

— Tsk, ves idiota. - miro con molestia al sol, empezó a caminar hasta la salida sus sirvientes lo siguieron y los tres se fueron.

— ¡¿Que?! - miro con exaltación por donde se fue la tormenta. — No fue mi culpa o si? - le pregunto a sus sirvientes y a los demás. Estos lo miraron con nerviosismo, sus sirvientes negaron con la cabeza, y este sonrió. — Lo sabía, fue la culpa del cabeza de pulpo no mia. - y haci, el también se fue.

Dejando al rayo y al cielo, y los sirvientes del primero solos. El rayo suspiró, miro al cielo.

— Nos vemos Tsuna. - se despidió con la mano y se fue, dejando al cielo solo.

Ugh, mi familia se enojara conmigo - murmuró el cielo viendo por donde todos se fueron.

Continuará...

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