Narración normal:
En el territorio de los cielos.
El castaño miraba con preocupación y miedo la puerta, esperando que en cualquier momento alguien de su familia entrará por esta. Minutos pasaron que para el fueron una eternidad, un suspiro de alivio salió de sus labios, pero fue muy pronto para aliviarse, la puerta fue abierta y de esta una joven de cabello negro casi azul, entro con una amplia sonrisa, cosa que asustó al castaño. Miro a la joven y está ensanchaba más la sonrisa, atrás de esta una niña de unos nueve años se encontraba, igual que la joven, cabello negro casi azul además que ambas tenían una flor por su mejilla, y tenían esa sonrisa llena de alegría.
— ¿Cómo te fue, Yoshi? - pregunto la mujer, una vez estubo enfrente del castaño.
— Zio, quiere una buena noticia. - la niña sonrió.
— Ugh, lo-lo siento... - se disculpó muy apenado.
Ambas bajaban sus sonrisa dejándolas con una mueca de disgusto, cosa que no vio el castaño porque se encontraba agachado.
— ¿No firmaron? - pregunto la mujer, frunciendo las cejas.
— N-no fue mi culpa ¡Lo juro! Todos ellos empezaron a pelear, y creo que la lluvia nos amenazó, y una vez que el se fue todos se fueron y yo quede solo... Fue, ¡Muy escándaloso! Ugh...- ambas miraron al castaño, este se encontraba en una pequeña crisis.
— Uf, descuida nii~ ¿Fue divertido? - pregunto la niña.
— ¿Qué?- alzó la cabeza y miro a la niña, — Como que. Divertido? ¡Fue un desastre! Hubo insultos, golpes y si no fuera porque la lluvia los detuvo, ¡De seguro hubiera muertos! Aunque si, algunos dijeron cosas graciosas y si, fue un poco gracioso en algunas partes ¡Pero todo termino siendo un caos! No hay salvación... - termina de decir abrazándose sus piernas y meciéndose de arriba abajo.
— Descuida. - la mujer hablo el castaño la miro, sin soltarse las piernas, — Yo o mamá, hablaremos con los demás para que haiga otra reunión, creo que fue mala idea enviar niños... - negó la mujer.
— Si... Y una muy mala... - asintió el castaño, dándole la razón a la mujer.
— Bien. Después te digo como me fue o le fue, bay bay~ - Se despidió la mujer saliendo del cuarto del castaño.
— Descuida nii, no creo que zio se valla a enojar, después de todo eres su consentido~ - ánimo la niña, se dirigió a la puerta y salió.
— Gracias, Yuni. - el castaño sonrió.
En el territorio de las Tormentas:
Gokudera Hayato, un joven de 15 años, el se encontraba discutiendo con un joven pelirrojo, se decían de insultos incluso se aventaban minis tormentas. Al final otra tormenta intervino en la pelea y los tres llegaron a un acuerdo.
— Yo iré a la reunión. - comunico calmadamente la tormenta mayor.
— Bien, este mocoso ya arruinó la primera, contamos contigo. - apoyo el pelirrojo.
La tormenta menor solo refunfuñaba. El pelinegro asintió.
— Les aviso cómo me fue, cuando llegue. - la tormenta mayor sonrió y se fue, el pelirrojo se acercó al menor y le dio un zape.
— Auch, ¡Que te pasa! - miro desafiante al mayor.
— Se supone que eres el líder. Porqué no actúas como tal. - lo recriminó.
— Tsk, no me reclames. ¿Que eres mi esposa? No fastidies, ni que tú lo hubieras hecho mejor.
— Ya vete a tu cuarto, niño malcriado. - le dio empujones llevándose lo a su cuarto.
En el territorio de las lluvias:
Yamamoto, el se encontraba caminando y sus sirvientes le seguían de cerca.
— Takeshi-kun, no cree que fue un poco rudo con los demás líderes. - una de sus sirvientes le hablo, ninguno de los tres dejo dejo de caminar.
— No. - no titubeó al contestar, — es más creo que debi de decir que yo me apoderaria de todos sus territorios... De qué puedo, puedo. - termino de hablar sonriéndoles. Los otros dos no dijeron nada, y solo siguieron a su líder.
— ¡Takeshi! - una voz llamo al chico, este busco con la mirada a la persona que le hablo y cuando encontró a la persona, el sonrió y camino hacia el.
— Hola, tío. - le sonrió, al llegar hasta el. — ¿Qué necesita? - pregunto.
— Nada. - sonrió, — solo quiero saber si firmaron el acuerdo de paz. - miro al menor, esperando que esté hablase.
— ... No. No lo hicimos. - hablo firme, después de unos minutos.
— ¿Qué? - quito su sonrisa, y se cruzó de brazos. — Como que no. ¿Qué sucedió? - pregunto frunciendo el seño.
— ¡¿Cómo que no firmaron?! - la voz de una joven se escuchó, las cuatro lluvias la miraron y está se encontraba muy molesta.
— ¿No firmaste? - pregunto otra voz detrás de la joven.
— Que no. - contesto la menor de las lluvias soltando un suspiro.
— ¿Porqué? - pregunto la lluvia de cabello rubio.
— Hubo una pelea y me enoje, también los amenacé. - miro a otro lado, diciendo lo último.
— Los amenacaste? Hay no. - el mayor de las lluvias se agarró de la frente y negó.
— Hay que hacer algo. - la joven miro al mayor, hablándole a este.
— Cierto kora. Hay que hacer otra reunión y que alguien más valla, no creen.
— Bien. - el mayor saco su teléfono y teclo al terminar de escribir, guardo su teléfono y miro a los demás. — Ya. Habrá una nueva reunión mañana ya arreglé todo, solo falta quien irá. - termino de hablar.
— ¿No irás tú? - pregunto la joven. El mayor negó con la cabeza.
— No puedo. Mañana tengo algo importante que hacer, tiene que ir otro.
— Yo puedo ir kora. - sonrió el joven, mirando a los demás. — O tú quieres ir, Lal? - le pregunto a la joven.
— No gracias. Ve tú. Solo no lo arruines. - contesto la joven.
— Entonces ya está. Si ya está decidido y arreglado este asunto me iré a mi cuarto. - hablo la lluvia menor.
— Si, vete a tu cuarto. - respondió el mayor. El menor junto a sus dos sirvientes se fueron, dejando a los tres mayores solos. — Colonnello, no lo arruines. - miro seriamente al rubio.
— Confía en mi kora - hablo nerviosamente el rubio.
En el territorio de los rayos:
Lambo Bovino, se encontraba caminando tranquilamente por su territorio, y atrás de él sus dos sirvientes se hallaban. Sin dejar de caminar este saco su teléfono y envío un mensaje, en menos de unos minutos hubo una respuesta, el suspiro al leerlo.
— Vamos a comer. - hablo el volteando se y viendo a los otros dos. Estos asintieron.
— ¿Que desea comer joven? - pregunto la mujer.
— Lo que se...- lo interrumpieron ya que este callo al piso, por la fuerte tacleada que un joven le dió.
— ¡¿Cómo que no firmaron?! - lo zarandeo fuertemente.
— Si... ¡Quítate de encima, estás gordo! - lo empujó tirandolo de trasero. — ¿Qué no leíste el mensaje? ¿Estas ciego o que? - pregunto al pararse.
— Si lo lei. Y no. No lo estoy. ¿ Se puede saber porqué no lo hicieron? - pregunto al pararse, se cruzó de brazos y frunció sus cejas.
— Porque no y punto. Da igual, la lluvia nos amenazó.
— Como que amenazó? ¿Qué hicieron? Rayos, eso pasa por enviar niños. Tsk, debimos esperar hasta que tuvieran dieciocho.
— Debimos enviar un representante para este. - un joven de cabello verde entro en la conversación, apuntando al menor.
— Si, bueno deja... - saco su teléfono y vio un nuevo mensaje, — al parecer habrá una nueva reunión y cada líder enviara a un familiar para firmar, ¿Quien irá de nosotros? - miro el texto y después a los rayos.
— La reunión será tranquila si somos puros adultos. Yo puedo ir, total estoy aburrido. - hablo el rayo mayor.
— Está bien, Verde. Tú ve y firma el acuerdo. Y tú - miro al menor, — estás en problemas. - el menor solo chasqueó la lengua, — no creas que solo por ser el líder, no tendrás problemas, soy tu hermano mayor. Ahora vámonos. - jalo al menor, — la reunión es mañana a la misma hora. - y con esto se fue con el menor.
En el territorio de los Soles:
— ¡No fue mi culpa, al extremo! - grito con molestia.
— No grites mocoso. Estoy enfrente de ti. - un joven de traje miro al menor con molestia.
— Y según tu, ¿De quién fue la culpa? - pregunto de brazos cruzados un joven de cabello negro.
— Del cabeza de pulpo. El me dijo idiota. Tsk, el empezó. - se cruzó de brazos.
— Mocosos tenían que ser. - el de fedora negó. El saco su teléfono y antes de enviar un mensaje, uno llegó lo leyó y volteó a mirar a ambos soles, — al parecer habrá otra reunión, los líderes enviaran cada quien un familiar para representarlos y la pregunta es ¿Quien irá?
— Puedo ir yo. - se ofreció el de cabello negro, pero una chica se les acerco y lo miro molesta, — creo que no. - termino de hablar y se dirigió con la chica, — tengo que llevar a kyoko a comprar sus útiles. - dijo y se fue con la chica.
— Porque no vas tú, Reborn. - el menor miro al mayor, este lo medito y asistió.
— Porqué no, será divertido. - sonrió de lado.
— Bien, entonces ya está esto arreglado. Me iré a comer. - el menor sonrió y se fue a la cocina.
En el territorio de las Nubes:
La nube se encontraba acostado en su cama de boca arriba, y arriba de este pequeñas nubes se envontraban flotando, a solo unos centímetros de él. El sonido de la puerta abriéndose, hizo que abriera los ojos y mirara a la persona que entro a su cuarto o más bien a las personas que entraron.
— Que quieren, herbívoro, carnívoro. - sin levantarse hablo, poniendo sus brazos atrás de su cabeza.
— ¿Cómo que, que? - hablo el de cabello púrpura, — no firmaste, es por eso que estamos aquí. - se cruzó de brazos, mirando al menor.
— Porqué no firmaste. - el mayor miro al menor, sin expresión alguna.
— Mhp, no y punto. - contesto cortante. — Los herbívoros comenzaron un pleito. - se enderezó y se sentó en la cama. Sin mirar a los mayores, el se sentó en el borde de la cama.
— ¿Un pleito? ¿Seguro que no empezaste tú? - pregunto alzando una de sus cejas.
—... No. - negó después de unos minutos. — Además el herbívoro de la lluvia nos amenazó.
— Aja. Como sea, oye Alaude, me acaban de informar que tendrán otra reunión mañana a la misma hora, y que cada líder enviará un representante. - la nube del cabello púrpura hablo mirando su teléfono.
— Bien. Ve tú. - ordenó la nube de cabello rubio cenizo, al de cabello púrpura.
— ¿Qué? ¿Porqué? Ve tú. - se cruzó de brazos, mirando molesto al más alto.
— Porque yo lo digo. - sentenció.
— Tsk, ya que... - murmuró molesto, aceptando de mala gana. — Les aviso cómo me fue cuando llegue. - termino de hablar, despidiéndose de ambos e yéndose del cuarto del menor.
— Y sé que tú tuviste algo que ver con el pleito. Y sobre la amenaza... — Alaude, miro al menor, se dió la media vuelta y se fue.
En el territorio de las Nieblas:
Rokudo Mukuro, se encontraba de lo más tranquilo comiendo chocolates, mientras estaba sentado en un sillón de la sala. Miro como una chica venía hacia el y atrás de ella un joven también venía.
— ¿Qué sucedió? - pregunto el joven una vez enfrente del chico.
— Si. ¿Qué sucedió? ¿Todo está arreglado? - pregunto la chica, llegando aún lado del mayor.
— No. No lo está. - afirmó una niebla llegando junto con ellos. — Pero habrá una reunión mañana, a la misma hora. - hablo la niebla encapuchada. — Cada líder enviará aun familiar para firmar el acuerdo. Irás tú. - termino de hablar sin ánimos.
— Claro que no. - negó rotundamente, — Irás tú. - la chica lo miro con molestia, — te pagaré.
— Bien. Iré yo. Pero más te vale que me pagues, Deamon. - se cruzó de brazos y salió del cuarto al terminar de hablar.
— Kufufu~ al parecer ya se arregló, a si. La lluvia nos amenazó. - hablo el de ojos heterocromaticos.
— ¿Cómo que los amenazó? - pregunto la chica.
— Si. El se enojo y nos amenazó. - hablo tranquilamente metiéndose un chocolate a la boca.
— Ya no digas más. - negó el mayor, negando levemente con la cabeza. — Vámonos Nagi. - termino de hablar llevándose a la chica y dejando solo al joven.
Continuará...
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