Cuando Ross llegó a Nampara a buscar las herramientas para ir a desmalezar el campo, como lo hacía habitualmente, Jud le informó que ese día se requería su ayuda con los animales y debería asistirlo en la construcción de un pequeño establo en el corral de la cabra para que esta "se protegiera del sol" -dijo poniendo los ojos en blanco. "Idea de la Señorita.", añadió sin mucho entusiasmo. Pues para el sería un alivio no estar trabajando bajo los ardientes rayos del sol todo el día, así que el cambio era bienvenido. Estando cerca de la casa, quizás tuviera la oportunidad de ver a la Señorita Demelza para agradecerle… y Ross tenía varias cosas por la que darle las gracias. El trabajo primero que nada, las camisas y ahora, ahora por un techo sobre su cabeza. Esa mañana se había ido del granero tan súbitamente y él se había quedado tan sorprendido que no tuvo tiempo de decirle nada. Jud no había hecho ningún comentario tampoco, seguramente aún no le había dicho. Pues no sería correcto que se lo dijera él. Mientras juntaba las tablas de madera del galpón, Ross observó la casa. A los ojos de un hombre adinerado podía parecer no más que una hosca cabaña, pero para Ross que había vivido en Illugan y Sawle durante toda su vida y apenas había asomado la cabeza entre las rejas de las mansiones de los hacendados sin nunca tener permitido siquiera poner un pie en el jardín, Nampara le parecía la más bonita de las casas. Con cuatro edificaciones, dos de ellas dedicadas a la casa en sí, un ala de dos plantas con la residencia de la joven, la otra con la de los sirvientes. Un gran establo, en el que actualmente solo había un caballo, y un amplio galpón que hacía de granero y con un cuarto aledaño adonde se guardaban las herramientas y todo lo necesario para la granja y a donde Ross había ido a buscar las tablas. Todo tenía salida a un amplio patio rectangular en medio del cual se encontraba la bomba de agua adonde él se había lavado el primer día y en la cual la Señorita Demelza bañaba a Garrick habitualmente. Pues sí que era un gran avance luego de dormir en las calles y los establos de Sawle. Ross observó el techo de la casa, no sólo era el sector de sirvientes el que necesitaba arreglos. Aquí y allá había agujeros de diferentes tamaños en la cubierta, el los podría reparar...
"¡Muchacho!"
Demelza estaba en la biblioteca cuando vio pasar a Ross por la ventana cargando unas maderas bajo el brazo. Todavía no le había dicho a nadie que le había ofrecido quedarse en Nampara. No se imaginaba que a Prudie o a Jud les fuera a entusiasmar mucho la idea. El joven se dio vuelta cuando escuchó que lo llamaba. Ella había abierto la ventana y se había asomado junto con Garrick que también parecía querer hablar con el por la forma que movía la cola. Ross sonrió al verlos. Era la primera vez que Demelza veía al muchacho sonreír, y a decir verdad le sentaba mucho mejor que la mirada intensa y el ceño fruncido que parecía llevar todo el tiempo. Ella le devolvió una tímida sonrisa también mientras él se acercaba.
"¿Le dijo Jud que lo ayudara a construir un refugio para Blanquita?"
El la miró perplejo por un instante "¡Oh! ¿Quiere decir la cabra? Si, no se preocupe, estará listo para antes del mediodía." Dijo señalando las maderas.
"Quería agradecerle…" – "Le quería dar las gracias…"
"Lo siento. Continúe, por favor."
Demelza volvió a sonreír y a acariciar la cabeza del perro que estaba con sus patas apoyadas en el alféizar también asomado por la ventana observándolo. Era evidente el cariño que la jovencita había desarrollado por su perro en tan poco tiempo. Ross pensó que debería sentir algo de celos porque su adorada mascota ahora tenía otra persona que lo quería también. Pero no era así, al contrario, se sentía contento de que Garrick tuviera otro amigo y que ahora no debería irse al finalizar el día y el también tendría un hogar. Aunque si quería que Garrick estuviera con el por las noches, no creía que su amigo lo abandonara del todo, ya verían eso más adelante.
"Quería agradecerle por lo que hizo ayer… por rescatarme de debajo del mueble."
"Usted se mete en muchos problemas, Señorita." A Demelza le tomó un segundo darse cuenta que estaba bromeando.
"Pues es una suerte que usted siempre esté cerca para ayudar, ¿o acaso pensaba que pedirle que viva aquí no era una acción puramente egoísta?" Ironizó ella también.
"Tendré mucho trabajo entonces."
"Me temo que sí." Ninguno de los dos pudo contener una risilla nerviosa. Ross se miró los pies y Demelza sacudió las orejas de Garrick con ambas manos. A él parecía encantarle.
"Yo… quería darle las gracias también. Por todo lo que ha hecho. Por el trabajo y por ofrecernos un techo. ¡Y por las camisas!"
"¿Ha visto que también soy capaz de coser?... Las gracias no son necesarias. Usted es un buen trabajador y mis sirvientes deben estar siempre aseados y con vestimenta decente."
"Por dejarnos quedar aquí, entonces."
"Por eso tampoco. Eso es una acción egoísta. ¿Lo recuerdas, muchacho?"
Ross asintió divertido. Había apoyado las maderas contra la pared de la casa y el también se había inclinado cerca de la ventana. "Gracias de todas formas."
Algo pareció distenderse entre ellos. Una tensión que existía desde el mismo momento en el que se habían cruzado sus caminos, Ross comprendió que él la había creado. Pero ¿cómo no hacerlo? Si la mayoría de la gente rica lo trataba con desprecio, el los despreciaba también. Pero quizás había excepciones. La señorita Demelza parecía ser una de ellas, ahora que comprendía que quizás no era del todo una molestia.
"Así que… ¿me dijo que trabajaba en una mina? ¿En cuál?"
"Si. Wheal Reath. Trabaje en ella desde que era apenas un niño hasta que cerró hace algunos años…"
"Yo también me crié una mina, mi padre era el dueño de Wheal Leisure…"
Ross se sorprendió al enterarse que la Señorita Demelza también tenía sangre minera en sus venas. Le contó que ella también provenía de una familia que explotaba las profundidades de la tierra aunque, a diferencia de él, su padre y su abuelo eran los dueños de minas. Su tío aún era el propietario de una más al sur, y su padre había heredado la cercana a Sawle, adonde trabajaban sus amigos, pero la había vendido un tiempo después de casarse con su madre para comprar campos y construir su casa.
Demelza no escuchó que alguien llamó a la puerta. Cuando Prudie fue a anunciar al visitante encontró a la Señorita sentada al borde del marco de la ventana hablando animadamente con el muchacho que estaba parado en el jardín.
Era la primera vez que alguien iba de visita a Nampara desde que Ross estaba allí, o al menos el no había visto nunca a nadie. Por lo que pudo escuchar era el tío de la Señorita. Seguramente del que habían estado hablando. Ella puso cara de preocupación y luego se bajó de donde se había sentado, se acomodó un poco la falda y se fue hacia adentro. Prudie cerró los vidrios de la ventana tras ella con una mirada amenazante. Ross volvió a sus tareas.
Demelza encontró a su tío de espaldas junto a la chimenea. Fue todo un shock. Aunque diferentes en carácter, su tío Charles se parecía mucho a su hermano. Alto y de hombros caídos, la cabeza levemente inclinada hacia adelante como si tuvieran una permanente curiosidad por lo que estaban viendo, las manos entrelazadas tras la espalda. Demelza no lo pudo evitar. El recuerdo de su padre y su ausencia abarcó su ser, oprimiendo su pecho y llenando de lágrimas sus ojos. "¡Tío!" Demelza corrió hacia él y el hombre, que si bien no estaba acostumbrado a dar señales de afecto, abrió sus brazos para recibirla y la apretó fuerte contra su pecho.
"Querida…" le dijo a cabo de un rato alejándola con sus manos apoyadas en sus hombros para verla. Demelza seco las lágrimas que habían caído y consiguió dibujar una sonrisa. "Haces salir a un viejo del confort de su casa con este calor ¿Porqué no has venido a verme? ¿Como has estado?"
Demelza invito a su tío a sentarse en el sillón y allí se pusieron al día de todo lo que su padre y ella habían vivido durante su viaje, la enfermedad y finalmente sus últimos días de vida. Demelza tuvo que traerle un vaso de oporto al viejo hombre tras oír el relato de la muerte de su hermano menor. Ella también se había puesto a llorar de nuevo y se había ido a sentar junto a él y había tomado su mano. Cercanos en ciertas épocas y alejados en otras, Tom era después de todo su hermano menor y ciertos lazos eran imposibles de romper. "¿Quieres quedarte a almorzar, tío?"
"No querida, te lo agradezco. En realidad mi visita no es meramente para enterarme del destino de mi hermano. Tomas era un alma aventurera y vivió su vida bajo sus propias reglas y tomando sus riesgos. Algunas veces perdió y otras ganó, como cuando se casó con tu madre y te tuvo a ti. Pero ahora ya no está y es mi deber velar por tu bienestar. He venido a ver como estas, sobrina. Al llegar vi que no has estado ociosa en estos días, quizás por eso no has venido a visitarme…"
Por eso y porque no me quiero cruzar con la pareja de recién casados que viven contigo, pensó Demelza. "Si, tío. He estado trabajando, preparando el campo para sembrar y arreglando la casa. Los días se han pasado volando."
"Si si. Y es mucho trabajo para ti sola…"
"Tengo ayuda."
"Me refiero a que tú no deberías estar sola. Ahora que mi hija está casada es mi deseo, y seguramente sería el deseo de tu padre también, verte a ti también contraer matrimonio. Las nuevas generaciones de Carnes deben llegar al mundo y para eso hay que incorporar a hombres jóvenes a la familia. De seguro no te faltarían pretendientes si salieras de este escondite."
"Tío, no tengo tiempo para esas cosas…"
"Pues debes hacerte tiempo. Es tu deber, eres una Carne después de todo, y debes casarte con un hombre acorde a tu rango. Tienes responsabilidades, una casa, campos, hacendados, inquilinos. Necesitas a un hombre para que maneje los negocios que dejó tu padre."
"Yo soy capaz de arreglármelas sola, el me enseñó cómo administrar la hacienda…"
"No digas tonterías niña. Ese no es trabajo para una mujer. Debes buscar esposo, si nadie te apetece aquí puedes ir a Londres, una temporada allí de seguro te agradaría. Mi Elizabeth ya no irá, y yo podría entonces cubrir tus gastos con gusto."
"Tío, no me pienso ir a Londres. Estamos pronto a sembrar los campos y la casa aún no está completamente reparada, no me puedo ir."
Charles gruñó y bebió un largo trago de su vino. "Aún así, debes salir de aquí y mostrarte en sociedad. Ya has guardado luto el tiempo suficiente y esto me trae al último motivo de mi visita. Tu prima te extraña y desearía que vayas a visitarla." -la mirada de Demelza se endureció- "En dos semanas organizaremos una fiesta en Trenwith y esperamos que asistas."
A pesar de rehusarse varias veces Demelza terminó por prometer a su tío que lo pensaría y enviaría un mensaje confirmando en caso de que tuvieran que venir a buscarla en un carruaje. La visita de su tío dejó a Demelza aturdida. El recuerdo de su padre y luego las exigencias de su tío. Y la caradurez de su prima de querer que vaya a verla después de lo que le había hecho. No tenía la más mínima intención de pisar Trenwith mientras Elizabeth y Francis vivieran allí. Lo que era lo mismo que decir que no quería pisar la casa ancestral de su familia nunca más.
Demelza almorzó sola en la biblioteca ese día y luego decidió descargar su mal humor en algo productivo. Al salir notó que su cabra ya descansaba bajo la sombra de un amplio refugio con suficiente agua a su lado, pero no se detuvo a prestarle más atención. Con la guadaña en mano se dirigió hacia el campo. Ross la vio pasar, una expresión oscura en su mirada. De seguro no había recibido buenas noticias de la visita, y pronto se unió a ella en la limpieza del pastizal. Tan taciturna se la veía que él no se atrevió a decirle nada y así trabajaron en silencio a unos metros de distancia durante el resto de la tarde. Ross la observaba de tanto en tanto. Metida como estaba en sus propios pensamientos, seria. No había levantado la cabeza en horas a pesar del sol ardiente y de las gotas de sudor que empapaban su rostro y habían empezado a traspasar su vestido. Jamás había conocido a alguien con un humor tan cambiante… bueno, a nadie además de él. Pero de seguro ninguna señorita de la aristocracia. Cuando vio que Jinny ya estaba preparado la tabla que usaban de mesa afuera con la cerveza y hogazas de pan tomó su cantimplora y se la ofreció a Demelza.
"Oh." Se sorprendió ella. Tan abstraída en sus pensamientos que casi no había notado al muchacho que trabajaba cerca de ella hasta que le ofreció un poco de agua. "Gracias."
"Ya es hora de ir adentro. Creo que mañana ya terminaré con esto."
Demelza levantó la vista a la defensiva, pero el muchacho no parecía haber querido implicar nada acerca de si ella debía trabajar o no. Una mano en la cintura, la otra en la guadaña. Las mangas arremangadas hasta los codos y la camisa transpirada y sucia. La mirada de Demelza se detuvo un momento de nuevo en su agitado pecho. Encontraba inquietante el abundante pelo que allí tenía, pero no de una manera desagradable. Sentía curiosidad. ¿Acaso todos los hombres eran así? ¿Como se sentiría al pasar la palma de su mano por su pecho? Demelza desvió la mirada a los campos inmediatamente.
"Tienes razón, ya hemos terminado por hoy." Dijo devolviéndole la cantimplora.
Ross se volvió a mirarla. Sus ojos oscuros y el cabello revuelto luego de trabajar todo el día, y de nunca pasarse un peine supuso Demelza, parecía un animal salvaje. Y quizás se suponía que ella debía sentirse cohibida o hasta algo atemorizada frente a un hombre así, pero extrañamente no se sentía de esa manera.
"Mañana empezaré a reparar el techo de la casa." Dijo el señalando en dirección a la cabaña. Demelza se giró para mirar también. En la distancia se veían claramente las manchas oscuras que eran los agujeros en el techo de paja. Los dos se quedaron en silencio contemplado Nampara hasta que Jinny les hizo señas de que fueran a refrescarse y Garrick saltó entre los pastos. Demelza tampoco se había dado cuenta que el estaba allí.
"¿Crees que mi tío tiene razón, Prudie?..." Su dama de compañía la estaba ayudando a quitarse la ropa para darse un baño antes de acostarse. La noche había llegado rápidamente a Nampara igual que el dolor que ahora aquejaba a su cintura luego de trabajar arduamente toda la tarde. Demelza les había comunicado a Jud y Prudie su decisión de que el muchacho Poldark se iba a quedar a vivir allí también. No les explicó los motivos – aunque ni ella misma parecía conocerlos – ni les contó nada acerca del pasado del joven y de cual había sido su situación hasta el momento y a ninguno de sus dos antiguos sirvientes les pareció caer muy bien la idea. "No es correcto, no es adecuado, no es apropiado." Rezongó Jud y desapareció hasta la hora de la cena.
"¿Crees que debería hacerle caso y buscar un marido y dejar que el maneje todo lo que alguna vez fue de mi padre?" - Añadió cuando Prudie no respondió.
"Pfff… yo no soy quién para decirle lo que tiene que hacer, mi niña." Le contestó mientras desataba la cinta que sostenía su corset a su espalda – "Usted es una joven capaz, su padre y su madre lo creían así y fue criada como tal. Sabe tomar decisiones sensatas… aunque no debe dejarse llevar por sus impulsos ni permitir que la gente se aproveche."
"¿Quieres decir que no fue sensato permitir que el muchacho se quedara aquí?"
"Quiero decir que el matrimonio es algo en lo que deberá pensar tarde o temprano… y no. No creo que haya sido correcto que ese hombre se quedara aquí. Aunque veo que puede ser muy útil en la casa y ayudar a Jud, y está bien tener un hombre joven que nos defienda en caso de que suceda algo… pero no sé, es un hombre muy sombrío."
Demelza se sumergió en el agua tibia y sintió el alivio en la parte baja de su espalda inmediatamente. Prudie ya le había ayudado a lavarse el pelo y ahora solo quedaba descansar unos momentos allí mientras pasaba una esponja por su cuerpo. Cerró los ojos unos instantes. La ventana estaba abierta y una tibia brisa entraba por ella. Jim y Jinny se habían ido hace horas, Jud probablemente estaba durmiendo borracho en el corral de las gallinas y Garrick estaría en su nueva habitación en la planta baja junto al muchacho. El joven había abierto los ojos y no había podido evitar la expresión de asombro cuando lo había guiado a su habitación junto con Jud. Ella no había entrado por supuesto, se había quedado bajo el marco de la puerta con un juego de sabanas, un cobertor y una almohada. Jud ya se había esfumado para cuando él se volvió a tomar las cosas de sus manos, Garrick ya se había subido a la cama. "No sé como agradecérselo..." Le había dicho nuevamente, pero ella solo se encogió de hombros con una sonrisa y se fue sin decir más.
"No creo que nunca me case… no sé nada de hombres." Ella creía que sabía, al menos creía conocer muy bien a uno. Lo había amado, aún lo hacía, y pensaba que él la amaba a ella. Pero todo resultó ser la quimera de una niña soñadora y sin experiencia. – "No los comprendo."
"No hay mucho que saber, y nunca llegará a comprenderlos del todo. Pero de seguro no querrá estar sola para siempre. Algún día conocerá a alguien y querrá estar con él y el la respetará y la amará y usted lo amará a él. Ya lo verá."
Demelza pensó en lo que Prudie le dijo. Le dio vueltas y vueltas en su mente durante un largo rato. El agua se enfrío, pero con el calor que hacía no era desagradable. Casarse por amor… era una noción completamente imposible cuando el hombre que ella amaba ya estaba casado con otra. Y casarse porque ese era su deber, tal y como su tío le había dicho, pues esa idea era aún mas repelente. No, estaba segura de que ella se quedaría sola…
