Ross se despertó aturdido, con un dolor punzante en la cabeza. No sabía adonde estaba, ya era de noche. No estaba en su habitación, la cama en la que estaba acostado era demasiado cómoda y mullida y tenía pesadas mantas subidas hasta el cuello. Alguien susurró a su lado, eso era lo que lo había despertado. Solo entonces se dio cuenta del peso sobre su hombro. Ross abrió más los ojos y trató de mirar a su lado, la noche sin luna era oscura y las cortinas estaban cerradas, la única luz era la proveniente de las llamas moribundas en la chimenea. Gracias ella Ross pudo ver el contorno de tela dorada que yacía a su lado. Era el vestido de la Señorita Demelza. Su atuendo de trabajo, el vestido amarillo que solía ponerse para arar el campo o atender a los animales. Ross levantó más la cabeza observando la habitación en donde se encontraba, solo una vez había estado allí antes pero no se había olvidado, estaba en la habitación de su ama. De a poco, su mente se fue aclarando y pudo recordar lo que había sucedido, la tormenta que los sorprendió en los páramos y el fuerte rayo que cayó y asustó a los animales y la cabra que salió corriendo disparando a toda velocidad hacia el acantilado. Y el corriendo tras ella, sabiendo el cariño de la Señorita por ese animal, imaginándose lo triste que se pondría si algo le pasaba. Y después, nada. Algo le había sucedido, supuso. Ross estiró su cuerpo bajo las sábanas y se quedó inmóvil inmediatamente, sorprendido. Primero porque Garrick, que al parecer estaba durmiendo junto a la chimenea, se despertó al sentir su movimiento y fue a pararse a su lado, acercando su nariz y olfateando su rostro. Demelza también, al él moverse, había murmurado algo incoherente en sus sueños y había enterrado su rostro aún más en su cuello. Pero lo que más le había sorprendido fue que al mover sus piernas se había dado cuenta de que no tenía ropa puesta. Estaba completamente desnudo, como Dios lo trajo al mundo, en la cama de la Señorita Demelza y ella dormía a su lado.
Garrick lo sobresaltó dándole un lengüetazo en la mejilla. "Shhh…" le dijo al perro. La cabeza le dolía terriblemente. "Vuelve a dormir, Garrick." - susurró en la oscuridad. Garrick lamió su rostro de nuevo pero le hizo caso y volvió a acomodarse junto al fuego sin despertar a la Señorita Demelza. Ross, sin saber que hacer, permaneció despierto unos minutos más, sin querer volver a moverse en caso de que la joven se despertara, pero después de un rato cerró los ojos y se quedó dormido de nuevo.
Demelza despertó unas horas después. El fuego se había apagado completamente y sentía frío en su cuerpo que estaba sobre las mantas. Demelza levantó su cabeza bruscamente, no sabía cómo, pero había ido a parar sobre su sirviente. Su cuerpo casi pegado al suyo, la cabeza escondida bajo su barbilla en el hueco entre el cuello y el hombro del muchacho. Demelza se sentó sobre el colchón y él pareció hablar entre sueños, pero no despertó. Con cuidado, se bajó de la cama y fue hacia la ventana a espiar detrás de la cortina. Las nubes aún cubrían los campos y escondían los primeros débiles rayos del sol de diciembre. Los campos estaban cubiertos por una fina capa de escarcha y a excepción de alguna que otra gallina que caminaba picoteando el suelo aquí y allá, todo era quietud y tranquilidad. Todo lo opuesto a lo que ella sentía. Su corazón latía con fuerza en su pecho. ¿Qué era lo que había hecho? Se había quedado dormida junto a un hombre en su cama. Un hombre que además estaba sin vestimenta bajo las mantas. Cuando despertó, por un momento antes de recuperar la conciencia, había sentido su mejilla descansando sobre la coronilla de su cabeza y ella se había sentido en paz y serena. Por un instante… la imagen del cuerpo que escondían las mantas se dibujó en su mente… ¿Pero que estaba haciendo? Realmente debería dejar de pensar en tonterías, Prudie tenía razón. ¡Judas! Que sermón le daría si se enterara. Y pensando en eso, debería ir a despertar a Jinny también. Demelza se acercó al muchacho, Garrick se despertó y movió la cola junto al hogar. "Shhh… no hagas ruido, Garrick. Solo quiero controlar su temperatura." Bajo la tenue luz Demelza pudo observar que la piel de Ross ya había vuelto tener su bronceado natural y tras rozar su frente suavemente con sus dedos, también comprobó que su temperatura era normal. Luego de cubrirlo bien con las mantas de nuevo y avivar un poco el fuego, Demelza lo dejo solo en su habitación. Ross abrió un ojo y la vio salir.
Afortunadamente Prudie no se dio cuenta de lo que había sucedido esa noche en Nampara, aunque nada realmente había sucedido, trató de convencerse Demelza. Para cuando su dama de compañía despertó, Jinny se había ido a acompañarlo a Jim a su casa, al parecer sobreviviría, y Demelza ya estaba preparando el desayuno. Jud apareció cuando de la cocina comenzó a salir aroma a pan recién horneado. Fue Prudie la que se ofreció a ir a ver a Ross. "Iré a ver si el muchacho se despertó, le llevaré algo de ropa de su habitación". ¿Se habría despertado? Cuando Demelza lo dejó parecía estar bien, solo dormido. Su respiración era normal. Esperaba que se encontrara bien, cuando despertara debería agradecerle por haber salvado a Blanquita y pedirle que la próxima vez no pusiera en riesgo su propia vida por el ganado. Demelza podría vivir sin su cabra, sin el… Bueno, el era parte fundamental de su hogar. "Ya está despierto. Sano como un roble, hierva mala nunca muere…"
"¡Prudie! No digas esas cosas… le llevaré el desayuno."
"Aguarda un momento, dale tiempo para que se arregle." Le dijo Prudie.
Un momento después Demelza estaba entrando en su habitación con una bandeja con una taza, la tetera, un par de rodajas de pan caliente, manteca y mermelada. Por la tarde le haría el pastel que tanto le gustaba. "Pensé que no querría tomar leche de cabra esta mañana, aunque le haría bien." – dijo al entrar. Ross le sonrió y se acomodó contra el respaldo. Era tan extraño verlo allí, en la cama en la que ella dormía todas las noches.
"Tiene razón, hoy no se me antoja." Le respondió el mientras la Señorita depositaba la bandeja sobre sus piernas y, tras vacilar un momento, se sentó en el borde de la cama.
"¿Cómo se siente?"
"Estaré bien. Debo agradecerle, Señorita…"
"Oh no. Soy yo la que debo agradecerle, por haber salvado a los animales y especialmente a Blanquita…"
"Es mi traba…"
"… Pero, por favor, la próxima vez, no se ponga usted en peligro." Demelza miró la mano del muchacho que descansaba sobre las mantas, cerca de donde ella había apoyado la suya. Despacio, con un movimiento casi imperceptible, ella tocó sus dedos. "Que sería de esta casa sin usted… que haría yo sin usted..." Dijo en voz muy baja y mirándolo a los ojos. Ross también, movió sus dedos al contacto de su mano.
"Se las arreglaría." Dijo sonriendo, porque sabía que era así. Ella se podía encargar de la casa, de los animales, de los campos y de sus inquilinos sin su ayuda. Fue entonces que Demelza tomó con fuerza toda su mano, sus dedos entrelazados, y le sonrió también.
"¡Señorita Demelza!" Escucharon que Prudie llamaba, y se soltaron rápidamente.
"Debo ir a ver a los animales, Jim está enfermo también y no creo que venga hoy."
"Estaré abajo en un momento…"
"No sea tonto, muchacho. Debe descansar. Tome su desayuno y quédese en cama hoy. A Jud no le hará mal trabajar por un día."
Ross le hizo caso a la Señorita, al menos en una parte. Pero luego de tomar su desayuno bajaría a ayudarle.
Cuando Demelza bajo a la sala se encontró con una sorpresa. Francis la estaba esperando.
"Francis… ¿qué haces aquí?"
"Demelza" Francis se le acercó y besó su mano, la mano que aún le cosquilleaba por haberla entrelazado con la del muchacho hace tan solo un momento. Demelza la retiró de sus labios rápidamente.
"¿Qué haces aquí?" repitió. Solo entonces, cuando Francis enderezó su espalda frente a ella, pudo ver la mirada de tristeza en sus ojos. Generalmente alegre y simpático, a Francis siempre se le notaba fácilmente cuando algo le preocupaba. "¿Qué ocurre, Francis?"
"Vine a ver como estabas, después de la tormenta de ayer. Si todo estaba en orden…"
"Si, bueno… todo está en orden ahora. Pero, a ti, ¿qué te ocurre?"
Francis la miró por un momento, sus ojos azules vidriosos parecían perforar su alma, siempre había sido así con el.
"Tuvimos un incidente ayer en la tormenta. El ganado estaba pastando cerca de un acantilado cuando se desató el temporal. Un rayo cayó cerca y asustó a los animales, la mayoría cayó al vacío."
"¡Judas!" Demelza se llevó la mano a la boca.
"Perdimos más de cien cabezas que ahora se están pudriendo en una playa cerca de Trenwith. Todo el ganado... Tu tío cree que es mi culpa y Elizabeth tuvo un ataque de nervios y esta en cama desde ayer…. Yo, solo quería saber que tu estabas a salvo. Tus animales…"
"Están bien. Todos."… Ross los salvó. Quiso añadir, pero no dijo nada. "¿Por qué Charles cree que es tu culpa?"
"Porque yo estaba cuidando de los animales junto con otros dos hombres."
Demelza jamás hubiera pensado en Francis como un buen pastor, pero supuso que no lo conocía tan bien después de todo. "Estoy segura que no fue tu culpa." Lo consoló acariciando su brazo.
"Tu siempre tuviste fe en mi… me gustaría…. Me gustaría…." Cualquier cosa que fuera lo que a Francis le gustaría Demelza no quería oírlo.
"Ven, siéntate. Te prepararé un té." Lo interrumpió empujándolo para que se sentara en uno de los sillones junto al fuego. Luego de un momento Demelza colocó una taza de té en sus manos. "Tengo que ver a los animales," – dijo – "espérame e iré contigo a ver a mi tío. A ver si puedo ayudar en algo." Francis le sonrió dulcemente "Gracias, Demelza." Y allí lo dejó, sentado en su sala.
Ross ya había terminado de tomar su desayuno cuando escuchó a la Señorita Demelza hablando con Jud por la ventana. La cabeza aún le dolía, pero no tanto como para no poder levantarse. Ross los espió un momento desde el primer piso, ese bueno para nada de Jud no sería de ninguna ayuda. Descalzo y en solo la camisa y pantalones que Prudie le había llevado un rato antes, salió de la habitación para ir a ayudar a la Señorita.
Francis se puso de pie cuando escuchó pisadas bajando las escaleras. La taza y el platito que Demelza le había dado temblaron en su mano cuando vio al hombre que apareció en la sala. A Francis le tomó un momento acordarse de quien era. Lo había visto antes, cuando había ido a buscar a Demelza para ir a la fiesta meses atrás. Si le había parecido un pobre diablo entonces ahora le parecía un pordiosero.
"¡Por Dios! ¡Vístase, hombre. Hay damas en la casa!" Ross se miró su atuendo por un segundo, no era extraño que el anduviera solo en camisa cuando estaba en la casa. "Y ¿qué es lo que hacía en el piso de arriba? Ese no es lugar para un sirviente que atiende el ganado, ¡Debe respetar cual es su lugar en esta casa!"
Ross ya había tenido suficiente. "Aquí vivo yo y puedo hacer lo que me plazca. ¿Qué hace usted aquí? ¿Acaso vino a molestar a Demelza de nuevo?"
"¡¿Cómo se atreve a hablarme de esa forma?! Y como se atreve a hablar de su ama de forma tan irrespetuosa… ¿Quién se piensa que es usted para darse esos aires? ¡No es más que un sirviente! Hablaré con Demelza sobre esto. Esto no se quedará así, no es apropiado que una joven respetable viva con un canalla como usted…"
En ese instante Ross cruzó la sala en solo dos grandes pasos y lo tomó por la solapas de su chaqueta. La taza que Francis sostenía en su mano cayó al piso y se rompió en mil pedazos. Ross lo sujetaba con fuerza, Francis solo veía furia en sus ojos, pero eso no lo acobardó.
"Oh, si. Sé que eres un canalla. ¿Crees que no he escuchado los rumores sobre ti en el pueblo? ¿Crees que te dejaré arruinarla? Que dejaré que pongas tus mugrientas manos en su fortuna…"
"No me importa su fortuna…" Dijo Ross entre dientes.
"No me digas… ¿Y qué te importa entonces?" Un fuego pasó por la mirada de Ross que no pasó desapercibido al otro hombre – "¡Oh, vaya! No lo creo… estás enamorado de ella." Ross lo sujetó con más apremio pero Francis luchó por liberarse de sus manos, una torcida sonrisa apareció en su rostro. Ross lo dejó ir.
"¡Ja!" La risa burlona resonó en la sala "Lo estás… Ni en tu sueños muchacho, ella jamás querrá nada con un pobre diablo como tú. Tu mera presencia en esta casa es un insulto a su buen nombre, ya me encargaré de ello. No tienes derecho ni a mirarla…"
"Y usted tampoco." Atinó a decir Ross. La sonrisa desapareció de los labios del joven Chynoweth.
"Quizás no, pero eso no es de tu incumbencia. Ella se merece algo mejor, mil veces mejor que tú de seguro. Demelza no caería tan bajo… Escúchame, si ella te importa en algo como dices, entonces vete. No la conviertas en el chisme del pueblo, sabes que ella está fuera de tu alcance…"
Ross se quedó inmóvil y no llegó responder porque Demelza entró justo en la sala, con el dobladillo del vestido embarrado y las mejillas coloradas. Francis volvió a tomar asiento junto al hogar, observando cada movimiento del otro hombre. Demelza, sin saber lo que había pasado entre ellos, se sorprendió al ver a Ross levantado.
"¡Sr. Poldark!" – dijo, de repente llamarlo Ross o muchacho frente a Francis no le parecía apropiado – "¿Qué hace levantado? Debería estar descansando. Vaya a su habitación, ya le diré a Prudie que le lleve el almuerzo cuando sea la hora. Si no fuera por el mis animales habrían corrido la misma suerte que los de mi tío." - añadió en dirección a Francis. - "Subiré a cambiarme y nos iremos en un momento."
Ross la observó subir las escaleras rumbo a su habitación. Hubiera sido mejor si no se hubiese levantado.
Cuando Demelza regresó a Nampara ya había anochecido. El día en Trenwith había sido frustrante y agotador. No solo el ganado de su tío se había perdido, si no también el de muchos de sus inquilinos. Solían sacar a pastar a todos los animales de la hacienda de Trenwith juntos, Francis era quien supuestamente debía supervisar que todo estuviera en orden. Pero, según había dicho su tío que le habían contado los otros pastores, Francis no estaba allí cuando empezó la tormenta. En defensa de Francis, y eso le había dicho Demelza a su tío, aunque hubiera estado allí no habría podido hacer mucho frente a una estampida de un centenar de animales, pero aún así, Charles estaba furioso con su yerno. Ahora además de la pérdida de cabezas tendría que pagarle a sus arrendatarios lo que habían perdido y sabe el diablo de donde sacarían el dinero, le había dicho. Elizabeth, que supuestamente estaba en cama con un ataque de nervios, bajó al salón a la hora del té como si nada hubiera sucedido. Abrazó a Demelza y la hizo poner su mano sobre su redonda barriga para que sintiera moverse al bebé, luego empezó a hacer planes para Navidad e insistió en que Demelza debía pasar Noche Buena con ellos también. Todo bajo la agria mirada de la Tía Agatha, que la observaba como fuera atolondrada. Quizás era el embarazo pero realmente no sabía ubicarse. Demelza tuvo que ayudar a su tío a calmar a sus hacendados, unos cuántos pedían la cabeza de Francis también, pero al terminar el día los ánimos se habían calmado y Demelza se dispuso a volver a casa. Francis la alcanzó cuando estaba esperando que le trajeran su caballo.
"Demelza… gracias por haber venido y por ayudarme con tu tío."
"Oh, no fue nada. Para eso es la familia, supongo. Solo… solo ten más cuidado la próxima vez. No te ausentes, habla con tus trabajadores…"
"Debes creer que soy un inútil."
"Sabes que no creo eso. Esto es nuevo para ti, tu no creciste en una granja ni te encargaste antes de una hacienda… ya te acostumbrarás."
"No estoy muy seguro… me pregunto que habría sido de mi si hubiera tenido que hacerme cargo de tu granja…"
Demelza se volvió incómoda hacia Morena y le acarició la cabeza, el lacayo se la había traído. "No tiene sentido pensar en eso."
"No, supongo que no. Aunque me pregunto quién será digno de ti…. Debes, debes buscar a un hombre que esté a tu altura…"
"Francis, ¿porqué dices esas cosas? Eso no es de tu incumbencia… y es lo último que tengo en mi mente, te lo aseguro."
"Solo me preocupa tu bienestar… ese hombre que vive contigo, debes correrlo. Jud y Prudie es una cosa, incluso el joven Carter y tu sirvienta de cocina. Pero ese hombre… no debes dejar que nadie piense mal de ti si quieres encontrar un buen esposo…"
"¡Francis!" - Exclamó furiosa – "Te repito, lo que yo haga con mi vida ya no es asunto tuyo. Vete adentro, cuida a tu esposa. Yo me puedo cuidar sola." Le dijo y montó su caballo.
Demelza se dejo caer sobre una silla en la cocina de Nampara. Prudie le había dejado la cena sobre la mesa, cubierta con una servilleta. Por la pinta que tenía la comida dedujo Jinny tampoco había ido a trabajar por la tarde. Esperaba que Jim no hubiera empeorado de nuevo. Estaba cansada y enojada con Francis. ¿Qué derecho tenía a decirle esas cosas? A entrometerse en su vida. Ella podía hacer lo que quisiera, no le importaba lo que dijera la gente, lo que pensara él. Demelza tenía hambre, pero no quería comer lo que había preparado Prudie. Recordó que esa mañana iba a hacer un pastel de manzanas para el muchacho, quizás todavía tuviera tiempo de hacerlo. Demelza fue a su habitación ver como estaba.
Ross había pasado la mayor parte del día en su habitación. El golpe en la cabeza le había dejado un chichón en la frente que se había vuelto color violeta y aún le dolía, pero afortunadamente no tenía ninguna otra secuela. Jud le había contado lo que había sucedido, como se había caído y como la Señorita lo había salvado. Como él y Jim los habían encontrado, la Señorita rodeándolo con sus brazos para que no le diera hipotermia por el frío y la lluvia. Ross no había podido dejar de pensar en ella. Era algo que hacía habitualmente, pero esta vez era distinto, ahora alguien más también lo sabía. El estúpido de Francis Chynoweth se había dado cuenta enseguida. Que él la amaba. También pensó en lo que le dijo, que ella se merecía algo mejor, mucho mejor. Tenía razón. El era un pobre sirviente y no tenía nada para ofrecerle… y que ella nunca se fijaría en el. De eso Ross no estaba tan seguro, no compartiendo tanto tiempo como lo habían hecho en los últimos meses, no cuando la noche anterior habían dormido en la misma cama… pero ella no lo amaba, de eso sí estaba seguro. Ella estaba enamorada del joven Francis, eso estaba claro. Cada vez que venía ella bailaba como una tonta a su alrededor, y el hacía lo que quería con ella. Por todo lo fuerte, inteligente y capaz que era, cuando se trataba de ese hombre se convertía en la chiquilla tonta que el había creído que era cuando recién la conoció. Y siempre terminaba igual, siempre la lastimaba. Seguramente en cualquier momento llegaría llorando por como la habían tratado en "Trenwith".
Alguien golpeó la puerta.
Al parecer la Señorita ya había regresado, la encontró en la puerta de su habitación con el elegante vestido que se había puesto para ir a visitar a su familia y sosteniendo una vela.
"¿Cómo se encuentra?"
"¿Yo? Bien, sobreviviré. ¿Y usted? ¿Cómo le fue con su familia?" dijo altivo.
Demelza levantó los hombros, realmente no quería pensar más ni en Francis, ni en Elizabeth, ni en el resto de su familia "Como siempre… escuche, tengo algo de apetito e iba a hacer un pastel de manzanas. Pensé que quizás podría acompañarme, si es que se siente bien… le quiero agradecer por lo que hizo."
"No tiene nada que agradecerme, ya le dije, es mi trabajo…" Ambos se quedaron en silencio sin saber que decirse, la luz de la vela hacía resaltar sus ojos verdes. Si había vuelto triste o enojada, ella no lo demostraba. Luego de un momento le regaló una sonrisa. Esa sonrisa y pastel de manzanas, no había forma de que se pudiera negar.
"Iré en un momento." Dios, se iría al infierno.
Cuando se apareció en la cocina Demelza ya había preparado la masa para el pastel y estaba comenzando a pelar las manzanas. Ross se ofreció a ayudarle, pero ella lo corrió y lo hizo sentar en la mesa, aún debía descansar. La Señorita le contó lo que había sucedido a los animales de su tío y de los demás granjeros, de seguro sería todo un escándalo. Ella no lo había dicho muy claramente, pero a Ross le dio la sensación de que Francis era el culpable. Ese cobarde, venir a buscarla a ella para que intercediera ante su tío por el, realmente no tenía cara. Pero aún así ella lo defendía. "Francis no hubiera podido hacer nada aún si hubiese estado allí." – dijo con firmeza. No queriendo hablar más del bendito Francis, Ross había tomado uno de los periódicos y había comenzado a leer, ya podía comprender lo que decían claramente, aunque le costaba un poco cuando tenía que leer en voz alta.
"No debe esforzar la vista."
"Estoy bien." Le dijo él. Demelza encendió un par de velas más y las colocó sobre la mesa.
"Entonces lea en voz alta para que nos enteremos todos." Ross le sonrió y comenzó a leer las noticias que venían desde Londres mientras ella terminaba de armar el pastel y lo metía en el horno. Luego se lavó las manos, se quitó el delantal y fue a sentarse junto a el.
Ross siguió leyendo. A veces algunas palabras le costaban más que otras y la Señorita las leía lentamente para que las comprendiera. Pronto el aroma a manzanas y canela inundó la cocina y a el se le hizo agua la boca. Demelza estaba sentada muy cerca, leyendo lo que el leía por sobre su hombro. Esto era todo lo que ella quería, la paz de su hogar. Sin complicaciones, sin tener que aparentar. El muchacho leía cada vez con más confianza, su voz grave era apacible y agradable de escuchar. Demelza se había acercado más a él para poder ayudarlo con una palabra particularmente complicada y allí se habían quedado, sus cuerpos casi pegados. Sin darse cuenta, Demelza apoyó su cabeza sobre su hombro, Ross continuó leyendo. Ella giró su cabeza, su nariz casi tocando su rostro. Tímidamente, apoyó sus labios sobre su mejilla. Ross paró de leer. Demelza lo besó nuevamente en la mejilla y sobre el chichón que tenía en la frente. Ross se dio vuelta sobre el banco lentamente y luego de mirar sus ojos por un instante la atrajo hacia el. Sus labios fundiéndose con los del otro. El beso fue intenso, sus cuerpos pegados. Demelza abrió la boca para respirar y el aprovechó para invadirla con su lengua, acariciándola. Ella emitió un gemido y un instante después Ross se apartó de ella.
"No…" dijo el. Demelza intentó acercarse a sus labios de nuevo pero él la mantuvo apartada por el brazo. Respirando agitado, se puso de pie.
"No." Repitió – "Esto no está bien." Demelza sentía su corazón palpitar rápido a punto de salir de su pecho. El beso había encendido todos sus sentidos, nunca se había sentido así.
"¿Qué… qué es lo que no está bien?"
"Esto. Usted no quiere hacer esto."
"Si, si quiero." Dijo ella con voz temblorosa.
"No. Usted no puede, no debe… ya suficiente habladurías hay…"
"¿Qué importa lo que digan?"
"Debería importarle. No debe manchar su reputación si quiere encontrar un esposo…"
"¿Un esposo?" - dijo incrédula ¿de qué estaba hablando? ¿Por qué el también estaba hablando de eso?
"… alguien que se haga cargo de la casa…"
Demelza se puso de pie también, y lo miró con los ojos llenos de odio. El tampoco la creía capaz de encargarse de la hacienda sola. Para el también ella era solo una chiquilla esperando que llegara un hombre que se hiciera cargo de todos sus pesares. ¿Cómo podría haber sido tan estúpida? ¿Cómo podía haber pensado que él era distinto, que él la entendía, que la conocía?
"Un esposo… ya veo. Eso es todo lo que se espera de mi, eso es todo lo que soy capaz de hacer, para lo único que sirvo…"
"No, no quise decir…"
"Váyase."
"Demel…"
"Vuelva a su habitación, Señor Poldark."
Ross desapareció en la oscuridad de la casa. Demelza sacó el pastel del horno pero nadie lo comió. Esa noche tomó una decisión. No había nada allí para ella…
Al día siguiente Demelza partió hacia Londres.
NA: Muchas gracias por leer y dejar likes y comentarios!
Espero que les esté gustando esta fic. Este capítulo es algo así como un punto de inflexión, un cambio en la historia. ¿Qué encontrará Demelza en Londres? Nos enteraremos en el próximo capítulo...
Tambien tuve un poco de inspiración para la historia del ganado de la película Far From the Madding Crowd, se las recomiendo!
