7 MESES DESPUES...

Ross se encontraba en la taberna junto a Mark Daniel y su hermano Paul bebiendo unas cervezas luego de una larga jornada trabajando en la mina. Había tenido suerte de que lo contrataran a poco de comenzado el año. Desde entonces otra de las minas de la zona había cerrado y decenas de familias se habían quedado sin sustento. Su amigo Mark le había avisado inmediatamente cuando en Leisure el capitán estaba pensando en contratar más hombres, Ross hacía unas semanas que estaba sin empleo. No lo habían corrido de esa última granja como de las otras, la Señorita había dejado instrucciones para que todos siguieran trabajando durante su ausencia, pero él había decidido irse. No podía quedarse allí, no después de lo que había ocurrido aquella noche. A la Señorita Demelza no la había vuelto a ver. Temprano al día siguiente se había ido al pueblo a poner las cosas en orden y dejar la orden a su banquero de que se encargara de pagar los sueldos a sus empleados y allí se había quedado esa noche invitada por el Sr. Pascoe a cenar con él y su hija mientas que Prudie había vuelto a Nampara a empacar sus cosas. Ross vio llegar el carruaje mientras revisaba los cultivos y se acercó con prisa a la casa pensando que su ama volvía en el, pero solo su dama de compañía descendió con un agrio gesto en su rostro. Juntando coraje, porque eso no era algo que el hubiera hecho habitualmente, le preguntó a Prudie sobre la Señorita. La vieja resopló como un caballo y lo miró consternada.

"Esa niña a perdido la cabeza. Mire que irse así, de un día para el otro sin haberlo planeado y solo por un capricho..."

"¿Cómo? ¿Irse adonde?"

"A Londres." Fue Ross quien la miró sorprendido entonces.

"Pero... ¿Porqué?" Ross vaciló al preguntar. Después de todo, el sabía conocer cuál era la respuesta.

"No lo sé. De seguro su vista de ayer a Trenwith tuvo algo que ver, ese mocoso bueno para nada de Francis..." - Prudie se detuvo, dándose cuenta de que había hablado de más - "Ella dice que quiere ir a visitar a una amiga, la que conoció en la fiesta hace algunos meses, pero ese no es motivo suficiente para irse tan de golpe. Ven muchacho, ayúdame a llevar el baúl arriba así puedo empacar."

"¿No vendrá ella a hacerlo?"

"No, ella ya no volverá."

Ross sabía perfectamente bien porque ella no volvería, no quería verlo a él. Lo de la noche anterior había sido una gran equivocación, aunque todavía no estaba seguro cuál exactamente había sido el error. Si el beso o haberla rechazado cuando ella quería seguir besándolo. Lo que él había dicho después, eso de seguro había sido un gran error. Sobre todo porque no era eso lo que el pensaba de ella, el sabía cuán capaz era. Pero ese estúpido Francis Chynoweth tenía razón en lo que le había dicho. Ross no había podido dejar de pensar en ello en todos esos meses, ni tampoco había podido dejar de pensar en Demelza y el sabor de sus labios en los suyos. Ella era en lo primero que pensaba en la mañana y lo último en que pensaba por las noches, Y en lo que pensaba mientras trabajaba en la oscuridad de la mina.

"¡Ey, Ross!" Mark le dio un codazo. Margaret Vosper acababa de entrar a la taberna. "¿Cuándo le darás una oportunidad? Sigue loca por ti. Lo sabes, ¿verdad?"

Ross puso los ojos en blanco y bebió de un trago lo que quedaba en su vaso.

"Creo que ya me voy."

"Eres un tonto Ross Poldark." Ross palmeó a Mark en la espalda y estrechó la mano de Paul.

"Nos vemos mañana."

Salió al húmedo aire del verano. Los días eran largos y el sol todavía no se escondía tras el mar. Caminó lentamente hacia su casa, los días así le hacían recordar los vividos el pasado verano. Tras la partida de la Señorita, él tampoco había querido quedarse allí. Con su sueldo, había pedido permiso a Pascoe y a ¡Jud! Para contratar a dos de los niños Martin para que fueran a ayudar a Jim con los campos, el los supervisaría de tanto en tanto, le había dicho al banquero. Y así lo había hecho durante todo ese tiempo, pero sentía que no era correcto quedarse en Nampara. No cuando Demelza estaba enojada con él, tan enojada como para irse de su propia casa y eso no estaba bien. Pero Ross se había ido ese diciembre y ella no había vuelto. Poco después había conseguido el trabajo en Leisure y con lo que tenía ahorrado, más la ayuda del Sr. Pascoe que lo había respaldado con su palabra de que Ross era un hombre decente y trabajador, había podido alquilar una pequeña casa respetable en las afueras de Sawle. La vivienda era angosta con dos plantas. Solo una pequeña sala abajo junto a la cocina y arriba apenas una habitación. Pero tenía un pequeño jardín adelante en donde crecían flores silvestres y por una callecita se podía acceder al patio de atrás adonde Ross había plantado algunas hortalizas. El alquiler, que en cualquier otro momento de su vida hubiera sido prohibitivo, era solo una pequeña fracción de lo que ganaba en la mina. Ross era tributario, lo que significaba que su sueldo dependía del cobre que él lograra sacar de la veta que tenía asignada y se correspondía a un porcentaje de su venta. Había mucho más mineral ahí abajo, estaba seguro. Pero el dueño no quería arriesgarse, y el capitán no era lo suficientemente persuasivo con los inversores como para que ellos cambiaran de opinión. Si se decidieran a perseguir otras vetas podrían emplear más trabajadores y así aliviar la pobreza entre los mineros desempleados, pero por supuesto que eso no le importaba a nadie. En esto también pensaba Ross, en que la Señorita tenía intención de ayudarlos, quizás era la única de su clase a la que realmente le importaba lo que pasara con la gente, pero por su culpa se había ido. Y por eso el se sentía culpable. Cuando terminó de cenar se sentó junto a la ventana y bajo la luz de una vela comenzó a leer su libro. Ross sabía leer y escribir perfectamente en ese entonces, practicaba todas las noches y en cualquier momento que tuviera libre. Antes de irse de Nampara con el baúl de la Señorita, Prudie le había dicho que su ama le había indicado que había dejado algo en el primer cajón del aparador que se había caído sobre ella meses atrás para él. Ignorando lo que sucedía en realidad, Prudie no vio nada raro en ello, pero a Ross se le hizo un nudo en la garganta y cuando la mujer se fue se apresuró en abrir el cajón. Allí encontró un paquete envuelto en papel y sujeto con un cordel del que estaba enganchado un pequeño papel, Ross lo leyó con manos temblorosas "Ross, para que sigas practicando tus letras. Feliz Navidad, Demelza."

El día siguiente empezó como cualquier otro. Ross se dirigió a la taberna para tomar algo antes de dirigirse a la mina, iba distraído y no notó el caminar preocupado de los otros mineros a su alrededor. Cuando entró al León Rojo todo era un gran bullicio. Ross se acercó a la mesa de los Daniel empujando entre la gente, su vaso de ron ya lo estaba esperando. "¿Qué sucede?" preguntó al sentarse.

"¿No has oído? Han vendido Leisure."

"¿En serio? Pensé que la junta de inversores manejaba todo."

"Pues yo no se nada de ninguna junta. Henshawe y el Capitán Tregirls están con el nuevo propietario ahora, se rumorea que va a cerrar."

"¿Quién compraría una mina para cerrarla?" preguntó Ross. Eso no tenía sentido. "Quizás el nuevo dueño tenga más sentido común y asigne más vetas para explorar."

"¿Tu crees?"

"Es lo que yo haría." Aseguro Ross.

"Pues no eres tu el que decide, y a estos ricachones nunca les importa la gente. Así empezó en Reath, antes de que la cerraran. Te lo digo, dentro de dos semanas estaremos todos de patitas en la calle." Dijo Paul. Ross bebió su ron, era lo único que faltaba. Que la mina hubiera sido comprada por otro idiota que no supiera nada de minería.

Luego de unos minutos el alboroto aún no se había calmado en la taberna. Cuando Henshawe y Tregirls al fin llegaron ya eran pasadas las diez. "¿Qué hacen todos aquí? ¿No tienen trabajo que hacer?"

"¿Qué ha pasado Henshawe?" "Si, queremos saber." "¿Van a cerrar?" preguntaron voces en la taberna.

"No ahora pero la mina estará cerrada para fin de año… que ineptitud." Espetó el capitán Tregirls, claramente disgustado. "Tholly…" - intentó callarlo Henshawe.- "Todo seguirá como hasta ahora, el… nuevo dueño, no tiene intención de cerrar…" "No vale su intención, están condenados. Es mala suerte…"

"¡Tholly!"

"¿Qué es lo que sucede, Tholly?" "Si, díganos Capitán."

Antes de que el viejo pudiera contestar, Henshawe continuó. "… Tholly ya no será más el Capitán de la mina… el nuevo dueño decidió que no toleraría su… afilada lengua. Así que lo que les aconsejo es que todos vayan a trabajar. Por ahora esa será la única novedad. Por la tarde… 'el dueño' irá a Leisure a inspeccionar la mina, más vale que los encuentre a todos trabajando y tengan cuidado con lo que dicen, no tiene paciencia para impertinencias."

Todos lo miraron sorprendidos y lentamente salieron de la taberna rumbo a Leisure, a nadie le caía muy bien Tholly. Irrespetuoso y de lengua larga, Ross pensaba que era un terrible capitán que se conformaba con tener lleno su bolsillo para gastarlo en alcohol y le importaba muy poco el resto de los trabajadores y no sabía cómo persuadir a los inversores para que, no solo empezaran nuevas búsquedas, si no también para que mejoraran las condiciones de seguridad de los mineros.

"¡Ross!" Henshawe lo llamó detrás de la fila de hombres preocupados que caminaban junto a los acantilados cuando estaban cerca de llegar a la mina. "¿Podrías venir un momento a la oficina?"

Henshawe era el encargado de la mina. De varias. Era un hombre amable de mediana edad y clase media que tenía a su cargo la supervisión de varias minas de la región. El encargado no estaba todo el tiempo en la mina como el Capitán y su función era actuar como intermediario entre el Capitán y los inversores cuando era necesario. A los propietarios generalmente no les gustaba tratar directamente con la persona que se pasaba el día entero bajo tierra o a veces les gustaba tener una segunda opinión acerca de alguna cuestión. Ross lo podía entender, Henshawe era mucho más presentable que Tholly Tregirls.

"Ross, toma asiento."

"¿Es verdad lo que dijo antes? ¿El nuevo dueño no cerrará?" Ross no lo había creído en un primer momento, pero aún así siempre estaba la duda, más cuando todo el mundo tenía la sospecha aún cuando les habían dicho que no.

"No, lejos de eso. Creo que encontrarán que… 'el nuevo dueño' es muy distinto a lo que se espera del propietario de una mina."

"Son todos iguales según mi experiencia ¿Acaso no despidió a Tholly?"

Henshawe suspiró entretenido. "Ya sabes cómo es Tholly. No fue despedido, el fue muy insolente y renunció… 'el propietario' solo aceptó su renuncia muy rápidamente. Aunque su comisión fue justa, no creo que Tholly Tregirls se hubiera llevado bien con el nuevo dueño."

"¿Por qué? ¿Qué tiene de distinto ese hombre? Parece que a ti te cae bien."

"Estoy intrigado, eso es todo." Dijo con una sonrisa enigmática que Ross no comprendía. "Ross, no te llamé para hablar del nuevo propietario solamente. Cómo te habrás dado cuenta estamos faltos de un Capitán…" Ross lo miró intrigado, acaso le estaba pidiendo que el… - "Tendrás más responsabilidades y deberás dejar tu veta, pero el sueldo es mayor de lo que ganarías en el mejor de los meses. Esta será tu oficina, deberás hacerte cargo de los trabajadores, sus horarios, de asignar los turnos y supervisar los túneles, y lidiar con 'el dueño'. Yo te ayudaré al principio, por supuesto. ¿Qué dices? ¿Te interesa?"

Ross no sabía que decir. ¿El? ¿Capitán? Nunca se lo hubiera imaginado… "¿Porqué yo?"

"¿Y por qué no?" respondió Henshawe sonriendo. "Eres listo, has trabajado en minas desde que eras pequeño, por lo que sabes del oficio. Eres respetuoso y sabes leer y escribir. No hay muchos otros candidatos que reúnan esas condiciones… Si aceptas, te presentaré como candidato esta misma tarde. 'El dueño' es quien tiene la última palabra, pero no veo que pueda objetar. Entonces, ¿Aceptas el empleo?"

Ross no lo podía creer. "Capitán Poldark" le había dicho John Henshawe al estrechar su mano. Luego habían bajado a los túneles a controlar que todo estuviera en orden para cuando viniera el nuevo dueño. Henshawe quería que fuera él quien llevara adelante la primera reunión, ya que sería él quien estaría a cargo de ahora en más y para demostrarle al propietario que conocía Wheal Leisure como la palma de su mano. A medida que pasaron las horas a Ross lo iba invadiendo cada vez más la ansiedad ¿Cómo sería ese hombre que se había deshecho de Tholly de inmediato y, según Henshawe, era tan particular? Todo estuvo dispuesto para su llegada luego de la hora del almuerzo. Ross lo esperaba en su nueva "oficina", no era más que una pequeña habitación mugrienta y con mal olor cerrada por unas tablas y con un techo de chapa adonde Tholly se sentaba a beber cerveza por las tardes. Apenas tuviera un momento tendría que limpiarla. El dueño tardó en llegar. Ross, impaciente, revisó también que todo estuviera en orden en la superficie, pero cuando el carruaje finalmente llegó el estaba adentro.

Ross escuchó los cascos de los caballos detenerse cerca y un momento después la voz de Henshawe acercándose, hablando sobre la mina y las mujeres que trabajaban sobre tierra limpiando el material. Y otra voz. Otra voz que el conocía… "Veo que no ha cambiado mucho desde los tiempos en que mi padre era el propietario…" Ross se tambaleó y casi cae sentado sobre la mesa que hacía de escritorio. Esa voz dulce y cantarina, esa misma voz que lo había atormentado todos esos meses, ese "Si, si quiero" que resonaba en su cabeza cada vez que cerraba los ojos. Ross se acercó lentamente a la puerta y espió entre las tablas. Allí estaba ella, porque era ella no había duda. Estaba de espaldas, Henshawe le señalaba los puestos de las pedreras y ambos conversaban amigablemente. Ross también observó como la miraban las mujeres de reojo, vaya sorpresa que se llevaría todo el mundo…. ¡Dios! Tholly - pensó Ross - si le había faltado el respeto lo mataría.

La puerta se abrió de repente, Ross alcanzó a dar uno pasos atrás antes que le golpeara en las narices y se quedó parado torpemente en medio de la oficina. "Por aquí, pase Señorita Carne, de seguro recuerda por donde se desciende a los túneles."

"Si, por supuesto. Cuando era pequeña solía…" Pero Demelza no terminó de contar lo que estaba por decir. Se quedó muda cuando vio quien estaba dentro de la oficina.

"Muchacho…" susurró.

"Señorita Demelza." Dijo el, capturado en su mirada.

"Ah! Le presento al Señor Poldark, Señorita. En ausencia de Tholly Tregirls, y le pido disculpas por eso nuevamente, me tomé el atrevimiento de buscar un nuevo capitán. Ross ha estado trabajando en la mina desde principios de año, es uno de nuestros mejores mineros y creo que será un gran capataz. Si usted está de acuerdo."

Pero ninguno de los dos escuchó realmente lo que Henshawe decía. Después de tantos meses, tantas cosas habían ocurrido. Su partida, precipitada y en apariencia sin motivos, había tenido que ver con el por supuesto. Con lo que había ocurrido entre ellos aquella fría noche de diciembre. Ross era la única persona en la que Demelza confiaba, y las cosas que él le había dicho luego que se besaran… Demelza había huido como un pájaro con el ala herida. Pero como era su costumbre, no dejó que lo que otra gente pensara de ella machacara su espíritu. Pronto encontró otro propósito, un proyecto a llevar a cabo. Y aquí estaba ella, casi dueña de la mina que era suya por derecho, pero que su padre había vendido. Y aquí estaba el. Su tormento, así lo había llegado a considerar durante esos meses. No importa lo que hiciera durante el día, cuán ocupada o entretenida estuviera, por las noches, cuando estaba sola a la luz de las velas, Demelza pensaba en Ross Poldark. Y en ese beso que se habían dado que la había sacudido hasta lo más profundo de su ser y que aún podía sentir arder en sus labios a pesar del tiempo que había transcurrido. Demelza se había preguntado que había sido de él, Pascoe le mantenía informada de sus asuntos en Cornwall y le había escrito que el Señor Poldark había renunciado poco después de que ella se marchara. En ese momento pensó que quizás era lo mejor y tal vez ella podría volver a Nampara. Pero volver entonces hubiera significado tener que reconocer, reconocerse a sí misma, que ella se había ido por él y Demelza era muy orgullosa para eso.

"Señorita Carne." Dijo Ross en voz alta e inclinando su cabeza.

"Que coincidencia, conozco al Señor Poldark. Solía trabajar para mi antes de mi partida a Londres." Dijo ella hablándole a Henshawe. Ross no podía comprender su mirada ni el tono de su voz. ¿Estaba enojada con el? ¿Lo despreciaba?

"Entonces sabrá lo responsable y buen trabajador en que es. El se encargará de la administración de la mina día a día, y usted puede consultar con él todas las veces que lo crea necesario, todo será mucho más sencillo si ya se conocen. De seguro creerá que puede ser un gran Capitán."

"Eso ya lo veremos." Dijo ella sin mirarlo. Pues definitivamente no estaba muy contenta de verlo.

"¿Por qué no empezamos?"

Ross comenzó por invitarla a tomar asiento en la única y destartalada silla que había en la oficina, "Hay que arreglar esta oficina." Dijo en modo de disculpa y luego él y Henshawe procedieron a mostrarle los libros de la mina, las muestras de material y los planos de los túneles que se estaban explotando. Demelza escuchaba atenta, de tanto en tanto hacía alguna pregunta, todas muy pertinentes que parecían agarrar desprevenido a Henshawe por su conocimiento del funcionamiento de la industria minera. Ross intentaba no sonreír de su sorpresa.

"Me llevaré estos libros para estudiarlos con más detenimiento." – dijo ella una hora más tarde.

"Eh, si. Si así lo desea, Señorita Carne." Vaciló Henshawe. Nunca nadie miraba esos libros, y Ross no creía que Tholly fuera muy bueno llevando las cuentas, Dios sabe lo que encontraría allí. "Ahora bajaremos a los túneles."

"¿Bajar?" preguntó Henshawe visiblemente sorprendido y Ross está vez no pudo evitar que se le escapara una risilla. Henshawe no la conocía, por supuesto que ella bajaría a inspeccionar su nueva mina. "¿Cree que es necesario, Señorita Carne? ¿Trajo a un ayudante o a alguien con usted que la asista?" Ross pudo ver el cambio en el rostro de Demelza inmediatamente. Hasta entonces había sido amigable con Henshawe, pero una palabra más y Demelza pensaría cambiaría su opinión de él.

"La Señorita no tendrá ningún inconveniente en bajar e inspeccionar la mina que acaba de comprar, no tengo dudas." Dijo el encendiendo un farol y bajando por la puerta trampa que llevaba al primer nivel. "La espero abajo."

Ross descendió rápidamente la escalerilla y miró hacia arriba cuando el cuerpo de Demelza pasaba por la puerta. Su vestido de color verde oscuro era amplio, y debajo tenía varias capas de enagua, más los calzones y las medias, nada se veía mientras bajaba, pero aún así Ross observó alrededor para asegurarse de que nadie la estuviera mirando inapropiadamente. Demelza bajó con cuidado la escalera, la falda se le enredaba entre las piernas y ella se sujetaba con firmeza de la madera húmeda. Cautelosamente tanteaba cada escalón y no podía ver cuántos faltaban. Ross la tomó de la cintura cuando estaba a punto de llegar. "Cuidado, el último escalón es más largo." Le dijo sosteniéndola hasta que hizo pie en la fría piedra. Y unos segundos más después.

Demelza se encontró frente a frente con el muchacho en la oscuridad de la mina. En la distancia se oía el retumbar de los picos contra la roca y la voz de los hombres trabajando. Alguien parecía estar cantando. "¿Así que ha vuelto a Cornwall?" le preguntó él.

"Siempre volveré a Cornwall, es mi hogar."

"Ha estado mucho tiempo en Londres, pensé que quizás se quedaría allí."

"No he estado solo en Londres. Tuve que viajar al continente…" ambos se separaron un poco cuando Henshawe se les unió cargando otra lámpara. "Fui a Francia a vender la propiedad que mi padre tenía allí. Y con ese dinero compré las acciones de la mina, aunque no todas. Eso también me llevó bastante tiempo."

"¿O sea que la mina no es suya solamente?"

"Lo es en su mayoría. Hay otro accionista más, minoritario. Creo que ya podemos empezar el recorrido."

Demelza no se preocupó en ensuciar su vestido tanto como lo hacía Henshawe. Resuelta, siguió a Ross a través de los túneles oscuros y llenos de agua y barro. De tanto en tanto descendían a otro nivel o se encontraban con pequeños grupos de mineros desnudos hasta la cintura abriendo las entrañas de la tierra con sus propias manos. Demelza no se echaba a atrás y los miraba a los ojos mientras él o Henshawe la presentaban como la nueva propietaria y ellos la miraban con la boca abierta. Era una vieja creencia que una mujer en una mina traería mala suerte, pero nadie podría que creer que la Señorita Demelza trajera desgracias y por suerte nadie hizo ningún comentario desubicado, solo la miraban con ojos bien abiertos o encendían velas a su paso para verla mejor. Demelza sabía distinguir las buenas vetas de las que ya se estaban agotando, "Lo llevo en la sangre" le había dicho a Henshawe cuando este hizo un comentario al respecto. A medida que el tiempo pasaba y se internaban cada vez más en el infinito laberinto como si fueran hormigas, Ross la guió en dirección sureste, hacia donde el sabía que estaba la antigua Wheal Maiden. "¿Qué hay aquí?" preguntó Demelza cuando el muchacho se detuvo en un alto recinto cerrado, rodeado por altas paredes se piedra y en donde en apariencia no había nada.

"Cobre."

"Ross…" le advirtió Henshawe.

"Detrás de esta roca esta Wheal Maiden. Sus túneles se extendían hasta muy cerca de Leisure…"

"Ross no creo que a la Señorita Carne le interese escuchar…"

"No, si me interesa. Continúe por favor." Ross la miró agradecido.

"No terminaron de sacar todo lo que allí había. Cerraron porque el dueño murió y no tenía descendientes, pero la mina aún producía. Si pudiéramos llegar a ella…"

"¿Esta seguro?"

"Absolutamente." "¡Ross!"

"¿Y qué se necesitaría?"

"Más capital, más hombres, explosivos… alguien que se quiera arriesgar a hacer una apuesta."

Demelza lo observaba divertida. "Ya hice una apuesta bastante grande al comprar una mina."

"Por supuesto que si. Esas no son decisiones que se deban tomar a la ligera." – intervino Henshawe de nuevo – "Creo que ya hemos recorrido bastante por hoy. De seguro tendrá cosas que organizar para esta noche."

"Es verdad. Ya tengo una idea bastante clara de la situación."

Cuando estuvieron otra vez en la oficina, Demelza se volvió a colocar el fino sombrero que había dejado sobre el escritorio. "¿Me ayudan a llevar los libros al carruaje? No creo que ni yo pueda con ellos." Ambos hombres asintieron. "Ah, y Señor Henshawe, yo también estoy segura que el señor Poldark será un excelente Capitán." Ross levantó la vista atónito, luego se dirigió a él con una gran sonrisa. "Capitán Poldark, será un placer trabajar con usted y ya le tengo su primera tarea. Deberá decirle a todos los trabajadores que están invitados a una fiesta de reinauguración de Wheal Leisure en Nampara esta noche. Usted también debe venir. Las cosas están por cambiar en este rincón de Cornwall."

NA: Va a haber algunas noticias inesperadas en esa fiesta. ¡Gracias por leer y dejar comentarios!