Era extraño estar de vuelta en Nampara. Ross no había vuelto a entrar en la casa desde el último diciembre en el que se fue pensando que jamás volvería. Los campos, eso sí había visitado y controlado que Jim y los niños Martin estuvieran haciendo un buen trabajo. Pero a la casa no se había acercado más que la cerca. La granja, los animales y la huerta, los confiaba a las manos del joven, en el casi año que se conocían Jim había madurado, ya más un hombre que el adolescente torpe que se tropezaba con sus propias piernas, Jim y Jinny habían cuidado bien de Nampara, de seguro la Señorita Demelza estaría complacida de regresar de nuevo a su hogar pero esta vez encontrarlo en buen estado, con la cosecha floreciendo y sin tanta necesidad de arreglo como la primera vez.

La sala principal había sido arreglada para la ocasión, Ross notó al entrar. No tenía intención de entrar por la puerta principal en un principio. Había caminado desde Sawle por el camino de los páramos, se había vestido con las ropas más nuevas que tenía. Con el sueldo de la mina de los últimos meses había podido separar una pequeña cantidad para gastar en pantalones y camisas nuevas, un chaleco y un elegante saco azul. Varios pañuelos para el cuello, aunque el sombrero seguía siendo el mismo tricornio que Jud le había regalado, por algún motivo le gustaba usarlo, y las botas botas eran las mismas que usaba para bajar a la mina y por lo tanto estaban llenas de barro. Así se había encontrado con Mark y Paul Daniel para caminar juntos rumbo a la fiesta. Ellos habían sido los primeros en saludarlo como "Capitán Poldark", cosa que Ross tomó como una broma al principio, pero que después se dio cuenta era como todo el mundo lo llamaba ahora. Sus compañeros, hombres con los que ayer había bebido codo a codo, con los que se había embarrado hasta el cuello en los húmedos túneles, hombres mayores que siempre le habían llamado simplemente 'Ross' hoy agachaban la cabeza al verlo pasar y se tocaban el sombrero y lo saludaban con un 'Capitán Poldark'. Era una experiencia nueva y peculiar y una responsabilidad que pensaba llevar adelante con el mejor de sus esfuerzos, se lo debía a todos ellos… y a la Señorita también. Cuando llegaron, los hermanos Daniel rodearon la casa inmediatamente. De la parte trasera de Nampara ya se escuchaban voces alegres y a alguien intentando tocar algo de música sin mucho éxito. Hacia allí iba el también cuando escuchó a Henshawe que lo llamaba.

John Henshawe palmeó su hombro y le pidió que lo acompañara por la puerta de entrada, golpearon a pesar de que estaba entreabierta y desde adentro se oían voces. Los hombres hablaron de esto y aquello mientras esperaban. Ross estaba nervioso, las manos le sudaban. Fue Jinny quien los recibió y se puso muy contenta al verlo. "¡Señor Poldark! Qué alegría…" – "Es Capitán Poldark ahora" la corrigió Henshawe para su vergüenza.

"Adelante, adelante Capitán." Repitió la joven haciendo una reverencia. Henshawe no podía contener la risa.

Ross miró rápidamente la habitación, había algunos grupos de gente aquí y allá, pero la Señorita Demelza no estaba allí. Ross tenía planeado hablar con ella. Lo había pensado durante todo el día, durante meses en realidad. Debía pedirle disculpas por lo que había sucedido aquella noche, y ahora también agradecerle por haberlo aceptado como Capitán, y asegurarle que trabajaría duro para que la mina prosperara. También quería preguntarle cómo había conseguido comprar la mina y si había disfrutado su estancia en Londres y en Francia…

"¡Capitán Poldark!"

"¡Señor Pascoe!" El banquero lo agarró distraído.

"Que gusto verlo. Me he enterado que la han ascendido, lo felicito." – dijo sincero estrechando su mano.- "Muy merecido además. Supongo que ahora nos veremos más seguido. No voy a negar que me complace el cambio. Aunque me hubiera gustado que la Señorita Carne no arriesgara toda su fortuna en una mina casi agotada…"

"No está agotada, se lo aseguro." Le garantizó Ross.

"Muy bien, muy bien. Venga conmigo, le presentaré a mi hija Jane…"

Pascoe acompañó a Ross alrededor de la habitación. Lo introdujo a su hija, y algunos otros de los invitados. Ross pronto se dio cuenta de que en la sala se encontraban las personas de las clases sociales altas de la región. Había bonitas jóvenes con caros vestidos riendo mientras comían dulces, hombres elegantes conversando seriamente mientras bebían una copa de ron, viejos que seguramente eran dueños de fincas ya dormitando en los sillones. Pero no la Señorita Demelza. Jinny se acercó de nuevo con una copa para él. De afuera ya se escuchaba una música constante y las risas y los cantos eran cada vez más fuertes. Cuando tuvo oportunidad de separarse de un grupo de hombres con el que hablaba sin parecer descortés Ross siguió el sonido de la música y salió afuera. El patio estaba lleno de mineros y sus familias. Había una gran mesa junto a uno de las paredes llena de bebidas, panes, papas y pasteles. Una fogata adonde algunos de los hombres asaban una cordero y niños corriendo por todos lados. La música provenía de un grupo de jóvenes que habían traído instrumentos y tocaban melodías alegres para que los demás bailaran. Con la copa en mano, Ross dio unos pasos más hacia el centro del patio, fue entonces cuando la vio. En un grupo de niñas y niños que bailaban y saltaban en ronda tomados de la mano estaba ella. La gente aplaudía alrededor y los niños reían a carcajadas. Demelza los hacía girar hacia un lado y luego cambiaba de dirección rápidamente hacia el otro. Ross se quedó observándola junto a los demás. Se había puesto un sencillo vestido color morado, ceñido en la cintura que hacía resaltar sus curvas y apretaba sus pechos. Llevaba el pelo suelto y la piel le brillaba bajo el sol poniente, seguro por saltar tanto. Ross se encontró sonriendo cuando sus miradas se cruzaron. La música que sonaba era una canción popular y algunos hombres y mujeres se habían unido a la ronda también. Alguien palmeó su espalda y otros alentaron "¡Vamos, Capitán!" y Ross se vio empujado hacia la ronda también justo cuando Demelza pasaba por delante y la ronda se abrió y ella tomó su mano. Giraron, saltaron y aplaudieron al compás de la música. A veces sus cuerpos se chocaban, se movían muy rápido, casi todos se habían sumado al baile pero ella había aferrado fuerte su mano y no la había soltado. Pronto el también estuvo agitado. Cuando la música cambió apretó su mano y con una señal de su cabeza que ella entendió de inmediato guió a la Señorita hacia la mesa y les sirvió unas bebidas que ambos bebieron de un solo trago.

"Bien, Capitán Poldark, no sabía que usted bailara." Dijo cuando pudo recuperar su aliento.

"Yo tampoco lo sabía, ¿eso es bailar?"

"Es una forma de bailar, aunque muchos le dirán que no es la manera correcta." Demelza sirvió otro trago para los dos. Ross la observó mientras bebía. Sus mejillas sonrosadas, sonriendo aunque sus labios quedaban ocultos detrás de la copa, Ross lo notaba en el brillo de sus ojos, en la forma en que caían sus hombros. Demelza por fin había vuelto. Y el ya no era el mismo pobre diablo que era un año atrás. Sabía más cosas, leía todas las noches. Si alguien le preguntara diría que era porque quería practicar sus letras, pero internamente sabía que era porque quería tener más conocimiento, ser más culto, ser digno… lo mismo con su empleo. Ya no era un granjero desempleado que dormía en la calle, era el capitán de una mina y tenía una pequeña casa, humilde pero suya. Y todo era por ella. Para ser digno de estar en su mera presencia.

"Le quería agradecer…" – "¡¿Como dices?!" la música había comenzado a sonar fuerte de nuevo y Ross tuvo que casi gritar en su oído "Le quería dar las gracias…" ella movió la cabeza.

"No tiene nada que agradecerme, ¡yo no hice nada!" gritó en su oído ella también. Estaban parados muy cerca para poder escucharse sobre el bullicio que había empezado de nuevo, tan cerca que Ross rozó su codo con la mano y ella lo miró a los ojos. Ross perdió noción de cuánto tiempo estuvieron así. El apenas rozando su brazo y ella mirándolo fijamente. Seguramente no habría sido más que un par de segundos pero a él le parecieron horas. De pronto Prudie estuvo a su lado también y el encanto pareció romperse cuando una sombra extraña paso por sus ojos y la sonrisa genuina fue reemplazada por una más formal.

La vieja dama de compañía le dijo algo al oído que él no pudo escuchar y se fue sin darle tiempo a que la saludara, al parecer estaba muy ocupada. La Señorita Demelza lo miró una vez más y con una pequeña sonrisa comenzó a seguir a Prudie. "Quisiera hablar contigo." Llegó a decir el tomándola del brazo otra vez. Ella bajó la vista hacia donde la sujetaba y él la soltó inmediatamente. "Ahora no puedo." Le dijo y se fue hacia la casa. Ross se maldijo. No debió tutearla, evidentemente no le había caído bien por la forma en que lo miró al irse. Después de todo aún no estaba seguro de que ella no siguiera enojada aún por lo que había pasado. No lo parecía esa tarde ni hace un momento mientras bailaban. Ross fue a unirse a sus amigos que bebían sentados sobre la cerca diciendo piropos a las jóvenes que pasaban delante de ellos a propósito a ver si conseguían pareja para bailar. Mark no le sacaba la vista de encima a una joven de tez morena y grandes ojos verdes. El y Paul lo alentaron a que la sacara a bailar y luego se descostillaron de la risa cuando lo vieron hacerlo, o intentarlo al menos.

Los cachetes de Demelza aún estaban colorados por haber bailado afuera, primero con los niños y luego con el muchacho. Vaya sorpresa se había llevado esa tarde al encontrarlo en la mina. En parte sospechaba que estaría trabajando en una mina, luego de que Pascoe le informara que el Señor Poldark había dejado su estancia, Demelza había estado a punto de volver, pero para entonces ya tenía la idea de liquidar los últimos bienes de su padre e invertir el dinero en algo que ayudara a la gente de Cornwall. Su idea, y la idea del muchacho también, la podría volver realidad. Pero otras cosas la habían detenido en Londres. No iba a mentirse y negar que no había disfrutado el tiempo compartido con su amiga Caroline. Resultó que aquella noche en la fiesta en donde habían congeniado inmediatamente no fue más que el comienzo de una verdadera amistad. Amistad a primera vista, solían bromear a menudo mientras reían tomando el té en su casa, o caminando por los jardines de Vauxhall o en los grandes salones de baile. Demelza había encontrado en Caroline Penvenen una hermana con quien compartir confidencias y disfrutar de la vida ligera y sin problemas que capital ofrecía. Pero más allá de las apariencias que los jóvenes adinerados admiraban, ambas también compartían una verdad más profunda, obligaciones y responsabilidades de herederas mujeres que herían sus corazones. Caroline estaba enamorada de un apuesto joven que no era miembro de la aristocracia y, por lo tanto, su tío lo rechazaba cabalmente. Aún cuando el joven tenía una ocupación respetable, era doctor, su tío no quería escuchar razones. Y se habían visto obligados a declarar su amor en forma privada y muy esporádicamente, cuando podían arreglar alguna ocasión para verse. Que Demelza estuviera de visita le había servido a Caroline como la excusa perfecta para ir a bailes sin su tío y así poder encontrarse con Dwight Enys, pero aún así sus reuniones eran muy breves y a él no le agradaba tener que encontrarse con ella a escondidas. Demelza había tenido la oportunidad de compartir tiempo con el también y le había parecido un joven muy agradable y caballeroso, y así también había tenido la oportunidad de hablar con Caroline de temas más privados, los que venían rondando en su mente desde hace meses. Pues resultó que su amiga tenía menos idea que ella. "O sea que tu y el nunca…"

"No… Dwight es un caballero." – le había dicho avergonzada.- "Nunca siquiera nos hemos besado…"

"¡¿Ni siquiera te ha besado?!" – "Shhh… Demelza, baja la voz." Demelza había exclamado con sorpresa en medio de un salón lleno de gente y luego ambas se habían echado a reír y al fin de cuentas había sido Demelza la que había tenido que contestar las preguntas de su amiga.

"¿A ti te han besado? ¿Cómo sucedió?"

Demelza se había sonrojado y le había contado a su amiga como había sucedido. Que estaban en la cocina bajo la luz de una vela leyendo, y que ella se había acercado para leer también y había dado un beso en su mejilla y luego él había girado su cabeza y la había tomado por la cintura y había estrechado su cuerpo, enviando escalofríos por toda su piel…

"¡Judas!" había exclamado Caroline cuando ella terminó su relato, tanto era el tiempo que pasaban juntas. Y luego había dicho algo que hizo temblar a Demelza hasta los pies, dijo "Por cómo me lo describías, no pensé que Francis podía ser tan apasionado."

Demelza hacía meses que no pensaba en el beso que se había dado con Francis en los acantilados antes de partir ella en su viaje. Le había hablado a su amiga de el, claro, pero cuando Caroline le preguntó sobre su primer beso era otro en el que había pensado. ¡Judas! ¿En qué estaba pensando? ¿Desde cuándo el muchacho había comenzado a desplazar a Francis en sus pensamientos? Todo era muy confuso, más cuando nada podía pasar entre ellos, el lo había dejado muy claro, el opinaba igual que el resto del mundo. Y además, ¿qué quería ella? Realmente no lo sabía… y así habían pasado los días con Caroline, a veces algún que otro joven venía de visita a la casa con alguna escusa para tomar el té con ellas, o invitarlas a alguna reunión, hasta que un día apareció un joven que llamó la atención de Demelza. Un joven de familia adinerada aunque no de gran linaje, pero de modales refinados y con el que podía conversar y hablar de negocios y que, casualmente, también provenía de Cornwall.

La noche había llegado y la fiesta continuaba exitosamente en la vieja Nampara. Mark ya se había acercado de vuelta a su hermano y a Ross a informarles que se casaría con la joven a la que había conocido una hora antes. Jinny al parecer ya había cumplido con sus servicios porque bailaba en medio de la ronda junto a Jim y unos niños y Ross ya había comenzado a preocuparse porque al día siguiente estarían todos ebrios cuando tuvieran que bajar a los túneles. La Señorita Demelza no había vuelto a salir al patio, pero se corría la voz entre los invitados que pronto todos saldrían de la casa y ella daría un discurso por la reapertura de Leisure. Así que Ross esperó pacientemente a que ella saliera de nuevo para intentar hablarle una vez más. Al cabo de un rato los invitados fueron saliendo de la casa, los mineros los vitorearon, así de borrachos estaban, alguno que otro se atrevió a invitar a alguna de las damas a bailar, pero ellas los rechazaban cordialmente. Jud, Pascoe y Prudie salieron también, y para su sorpresa también el Señor Francis junto a una bella mujer, quien Ross supuso era la famosa prima Elizabeth, también el tío Charles había ido. A Francis se lo veía muy serio y algo pálido, no miraba más allá de la copa que sostenía en su mano. La última en salir fue la Señorita Demelza acompañada por un joven de barbilla prominente y con ropas extravagantes. Ella se había cambiado, había cambiado su sencillo vestido por uno de satén color verde oscuro, con un pañuelo de gasa que cubría el escote y broderie blanco que salía de sus mangas. El joven pareció guiarla tocando levemente su espalda baja hasta que ambos quedaron en medio de toda la gente. El no movió su mano de su cintura.

"Queridos amigos," – comenzó Demelza – "para aquellos que aún no me conocen déjenme presentarme, mi nombre es Demelza Carne. Soy la hija de Tom Carne, antiguo dueño de Wheal Leisure, de seguro muchos de ustedes lo conocieron. Durante su vida mi padre siempre estuvo junto a ustedes, intentó que la vida de cada uno de sus inquilinos fuera mejor y me enseñó a mí a querer lo mismo, a desear el bienestar para todos los habitantes de Cornwall. Y es por eso que he decidido invertir en la mina que por tanto tiempo ha sido el sustento de nuestras familias. De la roca sacaremos nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos… Se lo que deben estar pensando, y los rumores que circularon desde que adquirí las acciones. Pero créanme que no tengo ninguna intención de cerrar la mina. Y acerca de lo que deben esperar de mi, pues les prometo que trabajaré a la par de ustedes todos los días, la minería corre en mis venas tanto como corre por las suyas, y juntos buscaremos nuestro destino en las profundidades de la tierra." Todos rompieron en aplausos cuando Demelza terminó con su discurso. Ross también. Demelza temblaba como una hoja, jamás había hablado delante de tanta gente. Se había convencido de que podía hacerlo y al parecer lo había conseguido por los aplausos y el ruido de los brindis y las copas en alto. Alguien puso en su mano una copa también y sus invitados se acercaron a felicitarla. George no se había apartado de su lado en ningún momento y aceptaba los cumplidos como si fueran para él. Algunos eran para él en realidad. Cuando llegó el turno de Ross ella ya estaba algo más tranquila. Ross se acercó con una gran sonrisa en su rostro, lo había visto entre la gente mientras hablaba, lo había visto aplaudir al final.

"La felicito, Señorita Demelza. Será un gusto trabajar con usted nuevamente…" Eso llamo la atención de George inmediatamente. A Ross no le pasó desapercibido como el hombre enderezó sus hombros y la forma en que lo miró de pies a cabeza.

"¿Y usted es…?"

"Oh, el es Ross Poldark. Es el nuevo capitán de Wheal Leisure. Capitán Poldark el es…"

"George Warleggan, co-accionista de Wheal Leisure." – dijo el hombre extendiendo su mano – "Y el prometido de la Señorita Carne."


NA: Si, eso pasó. Muchas gracias por leer y por dejar comentarios. Trataré de actualizar lo más pronto que pueda con la reacción de Ross...