Capítulo 1: El buzón del amor.


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Ranma es un guerrero. Nadie que lo conociera podría negarlo, eso era algo que incluso varios desconocidos podrían afirmar.

Él es un artemarcialista, adora el arte y vive cada día de su vida entorno a él desde los dos años de edad, e incluso antes si consideraba aquellos viajes de entrenamiento en los que su padre lo cargaba con pocos meses de haber nacido. Las artes marciales eran su pasión, su futuro, su hobby, su habilidad, su aire y su razón de vivir; y no se podía negar que era realmente bueno en ello, muy a pesar de sus contrincantes.

Él mismo se exigía ser el mejor y se esforzaba al máximo, entrenando cada vez que podía, tratando de aprender nuevas técnicas que lo mantuvieran siempre como el número uno. Si Ranma Saotome era bueno en algo, era luchando.

Se destaca por su velocidad, destreza y fuerza, pero además era un excelente estratega, su astucia le permitía vencer a los luchadores más sorprendentes.

Lamentablemente no todos los aspectos de su vida se le daban tan bien como las artes marciales, y uno de esos otros aspectos, era la escuela y el arte del estudio.

La preparatoria no era tan divertida como lo era luchar con algún contrincante interesante o como aprender alguna técnica nueva, él no tenía problemas en estudiar antiguos pergaminos que le ayudaran a mejorar sus movimientos, sino todo lo contrario, pero las clases, y la preparatoria en general, eran cosas que realmente no le interesaban, ¡por supuesto que no podían culparlo por aburrirse en clases!, no había un desafío real en esos problemas matemáticos, no estaban ni cerca de los problemas con los que él lidiaba a diario. Además, estaba absolutamente seguro que jamás ocuparía esas fórmulas de álgebra en su vida. De nada le serviría conocer que (a + b)2 = a2 + 2ab + b2 en un combate ¡nada!, ni una sola maldita cosa de esa clase le serviría jamás…, y el profesor era tan serio, no había manera de distraerlo o tratar de agradarlo con algo como lo hacía con Miss Hinako, o terminaría cargando baldes de agua fría en el pasillo ¡maldito sistema educacional japonés!

Definitivamente, nada divertido.

— Maldito viejo — pensó en su padre, él había insistido en que terminara la preparatoria a pesar de haber hecho sus mejores esfuerzos por convencerlo de lo contrario. Realmente era muy extraño que con semejante paliza no entrara en razón. Su padre podía llegar a ser muy irracional.

El profesor se detuvo de escribir lo que para el chico eran un montón de jeroglíficos en el pizarrón y se gira a ver a sus estudiantes. Ranma, que había estado dibujando en su cuaderno durante toda la clase, de pronto recuerda todas sus oraciones —Que no me llame al pizarrón que no me escoja... — Y es que la materia era bastante básica. - muy fácil - decían sus compañeros, pero él simplemente no comprendía una sola cosa, ¡y no es que fuera tonto!, Claro que no lo era, a ver si alguno de sus compañeros era capaz de idear un plan, calcular la velocidad de impacto y caída mientras se bloquea un golpe y se busca una entrada para atacar al otro ¡en microsegundos!

Es sólo que las clases eran tan condenadamente aburridas..., él necesitaba movimiento, era capaz de dominar una técnica en muy poco tiempo, aprender el Hiryū Shōten Ha le había tomado sólo 3 días, ¡hasta Cologne se había sorprendido!, pero ¿matemáticas?...

Sentía que estaba sentado ahí por una eternidad. Y por un momento se imaginó al profesor sobre un bastón de madera, con el cabello blanco y muy largo, con ojos saltones, observándolo.

— Debes poner atención querido yerno — dijo el profesor producto de su imaginación — corazón de hielo — continuó.

Pero nada, ni un solo interés, ni una sola motivación y tras realizar un par de garabatos en su cuaderno finalmente se queda dormido sobre él.

— Saotome, al pasillo — logra escuchar el chico tras quitarse el borrador del rostro, lanzado por quien Ranma habría jurado había estado practicando su puntería, sus lanzamientos eran cada vez más certeros.

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Akane estaba molesta. Ella había estado observando como Ukyo se había acercado a su prometido durante el receso y como ahora conversaban animadamente mientras le ofrecía su cuaderno y con él sus anotaciones y apuntes.

— Idiota — murmuró mientras ordenaba sus materiales con toda la delicadeza que la chica podía ofrecer estando molesta. Yuka la observaba y le hace señas a Sayuri para que observara la razón del enojo de su amiga, y esta no puede evitar emitir una risilla divertida.

— Akane, acompáñame a comprar un pan o algo — la levanta tomándola del brazo — muero de hambre — La chica a regañadientes se deja llevar.

— ¿Y bien? — pregunta Yuka alcanzándolas y abrazándose a sus amigas — ¿por qué estás tan molesta?

— ¡Yo no estoy molesta! — la chica ordena su cabello que el grito de Akane le había desordenado.

— Desde luego que no — ironiza su amiga.

— Para nada — ambas ríen disimuladamente, jamás se lo dirían, pero ambas disfrutaban verla en ese estado producto de sus evidentes celos para con el chico que decía odiar, ellas simplemente amaban demasiado sus vidas como para correr ese riesgo, pero la conocían demasiado y desde siempre, entonces lo que era apenas evidente para todos, lo era aún más para ellas: Ranma era de Akane y viceversa. Todos en la preparatoria lo sabían. Bueno, todos menos Kuno..., y Ranma y Akane, por supuesto.

Y Akane estaba molesta. Ella sabía que Ranma podía hablar con quien quisiera, lo entendía muy bien y generalmente eso no era un problema, también sabía que Ranma veía a Ukyo sólo como una amiga, o amigo, pero odiaba como ella se le acercaba cada vez que podía, tan alegre, tan simpática, siempre tan paciente con él, ¡tan coqueta!, y ese idiota que jamás se daba cuenta de nada ¡era absurdo!, no se podía ser tan idiota, él debía hacerlo a propósito, no había otra opción, estaba segura.

Ella lo había estado observándolo en clases y se había dado cuenta de la siesta inminente. Había estado tratando de hacerle señas cuando el profesor se había girado nuevamente, pero nada — no me vuelvo a preocupar por él — pensó gruñendo mientras observaba como conversaban y se reían.

— ¡Saotome! — Un estruendo por el pasillo se deja sentir — ¡No lo permitiré! — Kuno entra al salón corriendo, apuntando a Ranma con su boken al nivel de su cabeza. Éste, que aún se encontraba sentado lo mira de reojo con hastío y quita la punta de la espada de madera como quien espanta una mosca.

— Y ahora, ¿qué quieres? — pronuncia con molestia sin mirarlo por completo. Kuno gruñe y de un rápido movimiento arremete contra el chico, quien da un salto para evitar el golpe. Ukyo, que estaba sentada sobre la mesa de Ranma apenas alcanza a levantarse para no ser golpeada.

— ¡Oye Kuno, ¿Qué te pasa? ¡Por poco me matas! — la chica se pone en posición de combate poniendo su enorme espátula por delante.

— ¡Uy! ¿Cómo puedes estar tan tranquila sabiendo los terribles sucesos que se avecinan?

— ¿Pero de qué rayos estás hablando? — Ranma lo interrumpe con una patada en la cara — ¿es que has perdido la razón?

— Majsudbeud jausbsyf — Ranma corrige su posición —¡Que no permitiré que le declares tu amor a la hermosa Akane Tendo!

Con dicha frase, sucedieron varias cosas: Ranma se paraliza, Ukyo golpea a Ranma con su espátula, todos los chicos y chicas del salón forman un círculo al rededor y Akane se lleva una mano a la boca asombrada — ¿Qué cosa..? — Todos comienzan a murmurar emocionados.

— Oye, ¿por qué me golpeas? — Ranma encara a su cariñosa amiga de la espátula.

— ¿Cómo que te declararás a Akane, Ranchan?, ¡yo soy tu prometida! — Ranma gira para observar a Akane rápidamente y esta lo miraba en silencio, ligeramente sonrojada, claramente sorprendida.

— ¿Y quién dijo que yo haría tal cosa? — le contesta molesto.

— No mientas — Kuno adopta una de las posturas más dramáticas que había estado ensayando frente al espejo — Sé que lo harás, usando el buzón del amor.

— !¿El qué?! — preguntan varios a la vez.

— El buzón del amor — Repite Kuno cruzándose de brazos como si fuera la cosa más lógica del mundo.

— Es un buzón que pondrán en todos los salones para que los estudiantes puedan dejarse recados los unos a los otros — Nabiki aparece apoyada en el marco de la puerta con actitud relajada — comenzará a funcionar desde mañana.

— ¿Y se supone que yo le enviaré mensajes de amor a Akane? — Ranma apunta a su prometida sinceramente contrariado — ¿Acaso crees que estoy loco? — él pudo haber continuado, pero la mesa sobre su cabeza se lo impide.

— Ni quien quiera recibir mensajes tuyos, idiota — le contesta la chica mientras sacude sus manos quitándose el polvo de ellas, pero son rápidamente tomadas por Kuno, quien se había acercado a la chica.

— No te preocupes mi bella Akane Tendo, seré yo, Kuno Tatewaki, quien te enviará las cartas más románticas nunca antes vistas — el chico se ubica a su lado y la rodea con uno de sus brazos afirmándola desde los hombros, señalando el horizonte, mirándolo con tanta ilusión, que parecía brillar — podremos intercambiar nuestros diarios y al fin comenzará nuestra épica historia de amooooooor... — grita mientras sale volando por la ventana.

— Tampoco quiero mensajes tuyos...

— Ya lo sabía, Akane es la chica menos romántica del planeta — ríe Ranma desde el suelo, apuntándola, hablándole a nadie en particular, solo hasta que una nueva mesa cae sobre su cabeza, cortesía de Akane por supuesto, y es que ¿cómo se atrevía?, ¿Qué sabía él?

— idiota— murmuró.

Ukyo solo se había quedado observando la escena. Kuno era un loco, pero tenía razón: Ese buzón no podía significar nada bueno. Tenía que hacer algo.

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El encargado de la clase había anunciado las reglas del famoso buzón que ya había sido instalado. Todo aquel que quisiera podría utilizarlo durante el día y al finalizar la jornada, justo antes de comenzar con la limpieza, se repartirá su contenido a los destinatarios. Y se realizaría lo mismo por 30 días. Nadie más que el encargado podría retirar el contenido ya que era el único que portaría la llave. Los mensajes debían tener un remitente, para su entrega, pero si estos iban firmados o no, era decisión de cada quién.

Junto al pizarrón y en la pared, se observaba una simple caja de madera con una ranura horizontal al frente y pequeños maderos desplegables en forma diagonal en la parte superior, simulando el techo de una casa, unidas al resto de la estructura por un candado. Justo al centro de la caja se podía ver un gran "1° F".

Tras el anuncio, todos los estudiantes del salón guardaron el más absoluto silencio, sin saber que esperar, decir o hacer. El encargado, un chico alto, serio y algo robusto, se cuelga la llave al cuello y se dirige a su lugar.

El profesor había ingresado y poco tiempo después la clase comienza.

Una serie de diferentes ejercicios se encontraba en el pizarrón para ser desarrollados de manera individual, así que cada uno de los estudiantes trabajaba en sus cuadernos.

— Odio... las... Matemáticas...— murmuraba el chico mientras garabateaba en su cuaderno. Pero al menos era mejor que Física, pues ¿que sabía ese sujeto?, ese profersucho había dicho que una persona no podía saltar más alto que 2,45 m de acuerdo a los estudios de la física del deporte y que dicha ecuación dependía de la estatura, peso y velocidad... ¡va!, ¡Él no tenía ni idea!, ¡Ni idea!

Akane miraba a su prometido llena de dudas y había estado divagando acerca de posibles mensajes entre ellos. El chico tenía la trenza medio desarmada y constantemente se sacudía el cabello algo desesperado antes de escribir algo en su cuaderno, para luego borrar todo de golpe.

— idiota — murmura molesta, Ranma no era del tipo que escribiera notitas de amor y lo más probable era que ni siquiera le importara el asunto, así que sería mejor olvidarlo. Pero no podía evitar sonreír al ver la pequeña lucha que tenía el chico con la asignatura.

Ranma, que parecía tener un radar especial para todo aquello que involucrara a Akane, se había volteado a verla de pronto.

Akane se encoge de hombros y brazos enseñando sus palmas, arrugando el entrecejo — ¿Qué te pasa? — pregunta sin emitir sonido alguno.

Ranma da un rápido vistazo al profesor para asegurarse que estuviera distraído. Luego voltea hacia la chica, se apunta la cien con el dedo índice, simula un disparo y una explosión con sus manos.

Akane ríe simulando cansancio y levanta su cuaderno tratando de mostrarle lo que ella había hecho. Ranma se acerca para observar mejor, vuelve a su lugar para hacer un par de anotaciones, y repite la acción un par de veces. Finalmente le sonríe a la chica agradecido. Ambos lo hacen.

El profesor junto a ellos aclara su garganta, devolviéndolos a la realidad — al pasillo.

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— ¿Necesitas ayuda? — Akane desvía la mirada y afirma su balde de agua fría con fuerza. Ranma voltea a verla pestañando varias veces, tratando de comprender — para preparar el examen.

— ¿En serio?, creo que entiendo mejor el chino — se rasca la cabeza riendo nervioso — no es que pudiera ir mucho a la escuela antes — admite desviando también la mirada.

— Lo sé — la chica juega un poco con su balde balanceándolo levemente — podríamos estudiar en casa esta tarde, digo, si quieres...

— Hum.., no creo que resulte, recuerda la última vez que tratamos de estudiar— Ranma, como siempre, mantenía una actitud relajada, pero Akane lo conocía bien y podía ver cierto grado de molestia en su expresión. Aquella vez, Ranma le había pedido ayuda, pero había terminado ayudando a Ryoga para que entrara a estudiar a Furinkan. El maestro había molestado todo el momento, también Ranma, algo celoso ella creía. Lo cierto es que había sido bastante caótico y no recordaba con exactitud si había ayudado a su prometido o no finalmente — cierto... quizá sea mejor quedarnos aquí, después de la limpieza.

— ¡Claro!, aquí nadie nos molestará — le sonríe — es un trato — se veía satisfecho, seguro sería agradable que nadie los interrumpiera por una vez. Aunque el chico solía olvidar una serie de variables que insistían en alterar su vida todo el tiempo.

Ambos guardan silencio.

Incómodo silencio.

— Por cierto, no estarás esperando que te envíe mensajes por ese buzón — Ranma mantiene la vista fija en la ventana, con el ceño fruncido y postura rígida.

— ¡Ja! Claro que no, como si te atrevieras.

— ¿Qué insinúas? ¿acaso esperas algo de mí?

— Claro que no, pero estoy segura que no serías capaz.

— Claro que sí, yo podría hacerlo si quisiera.

— ¡Si, seguro!

— Te sorprenderías.

— ¡Pues me encantaría verlo!

— ¡Ya lo creo que sí! — ambos estaban frente a frente, con los rostros muy cerca. Akane no se había dado cuenta cuando había tomado el balde con ambas manos amenazando con lazárselo en sima, sin embargo Ranma no retrocedía ni medio centímetro, hasta que repentinamente da un suspiro y relaja la posición de su cuerpo — pero...

— ¿Uh?

— Digo... si tuviera algo que decir, yo..., simplemente lo haría... ¿sabes?

— ¿Cómo?... — Un momento ¿qué?

— Es que eso de andar escribiendo cosas melosas, no es lo mío...

— Y decirlas tampoco — pensó la chica, pero por una extraña razón, prefirió elegir mejor sus palabras — sería lindo ¿sabes?

— ¿Cómo?

— Digo, sería lindo recibir palabras amables para variar — la chica fija también su vista en la ventana, algo sonrojada.

— Akane, ¿acaso tú...?

— No lo digo por ti bobo, lo digo en general — Ranma pestañea un par de veces, la conversación se había puesto algo peligrosa y debía aplicar la más antigua técnica Saotome: huir.

— Pues seguro recibirás muchas cartas de amor de Kuno — Dice sonriendo — y de todos tus admiradores — pensó con pesar. Sabía perfectamente que los pretendientes solo habían dejado de acosarla al conocer su compromiso y darse cuenta que Ranma era mucho más fuerte que todos ellos, pero ante el anonimato no podría hacer nada.

— No bromees — Akane se veía afectada. Pero en realidad el afectado era él.

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El encargado, alumno ejemplar, estaba tirado en el piso, con la chaqueta desgarrada, golpeado y casi inconsciente, un espasmo lo hacía saltar en el piso de vez en cuando. La entrega de mensajes de aquel buzón había resultado algo entusiasta.

Ya varios estudiantes se habían retirado con sus mensajes a casa, y sólo quedaba el grupo encargado de la limpieza del salón de acuerdo al orden alfabético establecido desde siempre, entre los que estaban Ranma y Akane.

Akane aún sonrojada, guardaba las cartas, poemas, mensajes y quién sabe qué más, en su bolso.

— Vaya... - Yuka la acompañaba y observaba sorprendida, aunque claramente decepcionada — y pensar que yo solo recibí uno... y de Sayuri.

— Pues de nada — Sayuri la empuja con el hombro — si no hubiese sido por mí, no habrías recibido nada, mejor agradece lo buena amiga que soy — la chica se cruza de brazos ofendida, pero luego cambia su postura — por cierto, Akane, también te envié uno.

— ¿No vas a abrirlos? — Yuka apunta tanto material que deseaba fuera para ella, pero que, conociendo a su amiga, lo más probable era que muchos terminarían en la basura.

— quizá más tarde — Akane aún se encontraba apenada, y podía sentir la mirada atenta de su prometido a cada una de sus acciones. Su reacción se había limitado, tal vez, porque él mismo había recibido una buena cantidad — será mejor que comencemos — Las chicas asienten y se disponen a buscar los implementos. Sayuri le lanza a Ranma un par de trapos.

— Ni se te ocurra intentar escapar esta vez.

— Ya... voy...— Ranma deja su bolso sobre la mesa aplastando su correspondencia, cayéndose algunos sobres al piso. Y se dirige a las ventanas, saltando al exterior, para poder limpiarlas. Las chicas le habían designado esa tarea durante toda la semana, pero él no la había hecho ni una sola vez, así que no tenía excusas, sin embargo, no consideraba prudente estar cerca de algo tan frágil en ese preciso momento.

— ¡Ranma, prepárate a morir! — Ranma gira y toma el paraguas rojo con un rápido movimiento justo antes de que rompiera el vidrio, y sonríe. Ese cerdo no podía haber llegado en un mejor momento.

— ¡Estoy listo! — le lanza el paraguas y Ryoga corre para tomarlo, Ranma salta hasta el patio y ambos corren repartiendo golpes por doquier.

— ¡Se va a escapar otra vez! — Suka, Aiko y Ayaka corren para tratar de alcanzarlo, pero los chicos ya habían desaparecido. Un par de explosiones se sentían desde el patio — siempre se va cuando debemos limpiar — cada una de las chicas sostenía en sus manos algún implemento de limpieza y suspiran observando por la ventana. Akane ya acostumbrada, se dirige al pupitre del chico y toma el bolso dispuesta a ordenar algunas de sus pertenencias.

— Pero que desastre — había musitado mientras recogía lápices, cuadernos y mensajes que estaban sobre la mesa, se agacha para recoger los del piso. Uno de los sobres había llamado tremendamente su atención, era amarillo y tenía un nombre que conocía bien. Akane observa rápidamente a su alrededor, sus amigas aún miraban por la ventana, y habían dos chicos conversando mientras limpiaban las mesas, nadie la observaba, así que toma el pequeño sobre y lo guarda en su bolsillo, pone los demás en el bolso del chico y termina de ordenar el lugar — no, no, no, no — niega con la cabeza tras un breve momento, toma el sobre en el interior de su bolsillo — debo regresarlo — comienza a sacar su mano del bolsillo con el sobre en él, pero el que una de sus compañeras se le hubiese acercado a hablarle se lo había impedido.

— Ni modo, vamos a comenzar para irnos pronto a casa — decía Sayury distraídamente — pero ya va a ver cuando regrese, verdad ¿Akane?

— ...claro... ¿cómo?

— Akane... ¿qué tienes ahí? — Akane da un pequeño salto, Yuka apuntaba su mano aún en el bolsillo.

— ¿yo?... ¡nada! — saca de golpe la mano, logrando que el sobre caiga al suelo, se agacha y lo recoge antes que nadie pueda ver nada específico, sin embargo, no puede evitar sonrojarse avergonzada. Revisar correspondencia ajena era una conducta propia de su prometido, cada vez que ella hubiera recibido algo había pasado por esos ojos azules llenos de celos. Quizá era esa la razón por la que había tomado el sobre en primer lugar, pero claramente no se sentía cómoda con el repentino ataque del que había sido víctima y lo que era peor, la habían descubierto.

— No me digas que... — Yuka la observaba detenidamente — ... ¿le ibas a poner un mensaje en el bolso?

— ¡Akane!

— Ya era hora

— ¡No! — la chica negaba con la cabeza frenéticamente — no es eso, verán, yo... — pero tampoco se sentía capaz de revelar la verdad, por ello no pudo seguir hablando, sin embargo, su sonrojo habló por ella y el mensaje fue muy claro para sus compañeras.

— ¡Pero date prisa! — Aiko toma el bolso de Ranma y se lo ofrece a Akane — déjalo antes que llegue.

— Es que no...

— Vamos Akane, no te vayas a arrepentir ahora, nunca has sido una cobarde.

— ¡Es que no es lo que creen!... — protestaba algo desesperada, tomando el sobre entre sus manos, pero Aiko tenía razón, debía guardarlo rápido. Ella lo había tomado en un arrebato, pero no podía quedárselo y lo sabía bien, además no quería que sus compañeras pensaran lo que no era.

— Ya no puedo verlos — Suka vigilaba desde la ventana — ¡Vamos Akane! — pero la chica dudaba, no solo por las conclusiones de sus amigas, sino porque también sentía curiosidad y si lo guardaba iba a perder la oportunidad de saber qué decía.

— ¡Akane! — gritaron varias a la vez, tratando de animarla. La chica arruga el entrecejo y toma el bolso con fuerza y bruscos movimientos para guardar el sobre, algo arrugado, junto con los otros.

— Pero no es lo que están pensando, no es ninguna declaración ni nada parecido, es solo...

— No tienes que darnos explicaciones — la interrumpe Yuka sonriendo divertida. El resto afirmaba con la cabeza demostrando satisfacción — eso es asunto suyo.

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— No Ranma, debes tener cuidado con los signos, fíjate como yo lo hago — Akane y Ranma se habían reunido en la azotea del edificio para estudiar como habían acordado.

Durante su batalla con Ryoga habían destrozado la cañería de atrás de los vestidores - otra vez- pues el bruto y descontrolado del cerdo ese siempre tenía que destrozar todo a su paso y por supuesto que la diosa de la trenza había tenido que lidiar con Kuno y sus abrazos acosadores reclamándole no saber en qué salón entregar sus mensajes de amor pues se negaba rotundamente a entregárselos a Saotome como le había sugerido Nabiki. Finalmente había tenido que convencer a Akane que P-chan estaría bien, ya que al parecer lo había escuchado por el patio y ésta temía que le pasara algo malo.

Él, ahora ella, había estado tratando de hacer lo que su prometida le pedía, pero no lo estaba logrando, ya que al igual que en todos los momentos anteriores, su concentración estaba puesta en el bolso de la chica, razón por la cual había llegado al lugar de encuentro a pesar de todo. Él había estado observando donde los guardó y ya tenía en mente tres distintas ideas para salir corriendo con él y revisar uno a uno los mensajes que había recibido Akane. La pelea con Ryoga le había ayudado a liberar la tensión, pero estaba seguro que aún podría patear un par de traseros de aquellos que se habían atrevido a pasar por alto su existencia como prometido de Akane ¡Que osadía!

— ¿Ves?

— ¡Ah!... claro — mintió. No había visto ni una sola cosa, su mente, vista y pensamientos estaban en el bolso de la chica — creo que ya entendí Akane... ¿y si vamos a casa? — Ranma se levanta y toma el bolso y se lo pone en la espalda para comenzar a caminar.

— ¡Ranma! — Akane la afirma de la trenza antes de que pudiera dar un paso — ese es mi bolso — se lo quita de golpe y la obliga a sentarse nuevamente —¿a dónde crees que vas?, recién comenzamos — Toma el cuaderno del chico que había caído al suelo y lo golpea en la cabeza con el— pon atención que aún nos falta mucho — luego comienza a cambiar las páginas para ver los ejercicios en los que habían estado trabajando — estás muy raro, pero será mejor que te concentres, no podemos tardar tanto o Kasumi se preocu... — la chica se detiene de golpe y se queda observando una de las páginas del cuaderno en la que aparecía una caricatura de una chica, de cabello corto y despeinado, con el uniforme de la preparatoria Furinkan, ojos furiosos, una enorme boca, brazos enormes, largos y peludos, como los de un gorila, y en una de sus manos, un enorme mazo de madera donde se podía leer "nada bonita".

Ranma, que se había estado acariciando la cabeza después del golpe, la observa por un momento y al darse cuenta de la situación, comienza a reír nerviosa, llevando una de sus manos por detrás de su cabeza. Realmente dudaba que Akane apreciara su arte.

— ¿Se supone que ésta soy yo? — Akane pregunta con un leve temblor en su ojo izquierdo.

— ¡No!, digo... no eres la única chica con la fuerza de un gorila del mundo — Ranma había comenzado, pero Akane había detenido su parafraseo lanzándole su bolso en la cara con fuerza.

— Idiota— murmuraba mientras caminaba en dirección a las escaleras.

— ¡Akane espera, no te lleves el bolso! — había gritado al darse cuenta que aquel que había aterrizado en su rostro, era el suyo.

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— ¡Espera! — Ranma corría por la cerca para alcanzarla — ¿sigues enojada? — le pregunta una vez que lo logra y saltar a su lado.

— No

— ¿Por qué no me esperaste?

— Quiero llegar temprano

— ¿Por qué?

— Porque quiero y ya

— Pues yo creo que sigues enojada — Ranma cruza sus brazos atrás de su cabeza en actitud despreocupada, pero de nuevo, su prometida lo conocía bien — tampoco es para tanto.

— No estoy enojada, pero si sigues molestando lo estaré, además, tengo sueño porque 'alguien' estuvo particularmente molestoso anoche — Akane buscó su mirada, pero Ranma decidió alejarla lo más posible. La verdad es que durante la tarde había estado tratando de llegar a la habitación de Akane desde que habían llegado a casa, pero su padre había insistido en entrenar juntos y no había podido deshacerse de él hasta la hora de la cena.

Y la cena. Por nada del mundo se perdería la cena.

Luego, Akane se había encerrado en su cuarto. Él había estado entrando y saliendo para pedirle cuanta estupidez se le ocurriera, pero parecía que se negaba a bajar la guardia. Ya para cuando trato de usar el Umi-Sen Ken, Akane había cerrado la puerta con seguro y lo había estado esperando con su shinai junto a la ventana, y la 'bienvenida', no era precisamente lo que le había dado.

Ranma sólo resopla en respuesta. Estúpida Akane.

— Entonces ¿para qué llegar tan temprano?

— Necesito hacer algo antes de que comiencen las clases, es todo.

— ¿Qué cosa? — Ahora era Ranma quien buscaba su mirada.

— No es tu asunto — responde levemente sonrojada, desviando la vista.

— No tendrá nada que ver con los famosos mensajes esos ¿verdad?

— Eh...

— Akane... — la irritación del chico era evidente — ¿acaso, tienes algo que decirme? — Ranma se ubica frente a ella, evitando que avanzara para observarla desde muy cerca. Akane resopla aparentando cansancio.

— No seas bobo — pasa junto al chico sin darle importancia a su arrebato — solo le respondí a mis amigas los que me enviaron ayer, es sólo un juego — comenta dando algunos pasos para alejarse — ... aunque no tengo por qué darte explicaciones — agrega mirando sobre su hombro, algo divertida.

— ¡Claro que tienes! — el habría querido gritarle — como si a alguien le importara— había dicho en cambio, caminando otra vez, para ir junto a Akane.

—... Pero no quiero que me vean, se puede prestar para malos entendidos.

— ... Claro... — suspira — ...recibiste muchos de esos mensajes ayer ¿verdad?

— No tienes de qué preocuparte — le dice sonriendo. Ranma, sin darse cuenta respira aliviado — sólo son boberías.

— Boberías — repite sonriendo — y claro que no me preocupo — pone sus brazos cruzados tras su cabeza nuevamente. Clara señal de preocupación de acuerdo a las lecturas de la chica.

— Además, tú también recibiste varios.

— ¿Yo?

— ¡Akane! — Kuno llega corriendo con los brazos abiertos dispuestos a enredar a la chica con ellos, pero el codo de ella en su cabeza y la rodilla de Ranma en su mentón, se lo impiden — !¿Cómo pudiste?! — le gritaba a Akane tras recuperarse — este maldito hechicero ha logrado atraparte en sus redes de maldad, pero lucharé para liberarte, ya lo verás ¡En guardia Saotome!

— ¿Y ahora qué le pasa a este loco? — Ranma le había hablado a Akane mientras lo apuntaba con el pulgar, despreocupado, ignorando por completo su amenaza. Akane solo se había encogido de hombros en respuesta.

— ¡Pelea, cobarde! — Kuno se apresura en atacar — debo liberar a mi bella Akane Tendo — Ranma esquivaba los golpes.

— No es que me moleste golpearte, pero al menos me gustaría saber por qué.

— Calla, miserable, aun no entiendo qué hiciste para que Akane se te declarara, pero lo solucionare ¡solo debo eliminarte! — Ranma da un salto por sobre su cabeza y lo patea desde atrás.

— Creo que Kuno ya se echó a perder — le dice a Akane, mientras ambos lo miraban en el piso inconsciente.

— Y ahora lo rompiste.

— Ni hablar — ambos se giran para entrar a la preparatoria, pero sólo dan un par de pasos antes que una serie de espátulas cortaran su camino.

— ¡Ranma! — Ukyo salta desde uno de los árboles de la entrada — ¿es verdad?, ¿Akane te envió una carta de amor?

— ¡Claro que no! — grita Akane — ¿de dónde sacaste eso?

— ¡Ja!, ¿Akane escribiendo cartas de amor?, ¿estás loca?

— Pues claro que a ti no te escribiría una, bobo — Ukyo los observa, nada parecía cambiar entre los dos. Ambos se miraban desafiantes, sacando la lengua el uno al otro, tal y como a ella le gustaba. Todo debía ser un mal entendido. La chica suspira aliviada y comienza a sonreír — Ranma, ¿acaso leíste tus mensajes de ayer? —el chico parpadea un par de veces pensando, claro que no lo había hecho, él había estado demasiado preocupado por los de Akane, ni siquiera había visto los suyos. Ukyo sonríe aún más — no los viste ¿verdad? — el chico responde con una mueca —- Lo que sucede, es que hay un rumor...

En ese momento Sayury llega corriendo al lado de Akane y la observa seriamente.

— Tenemos que hablar — le había dicho de manera discreta, pero tirándola del brazo para obligarla a caminar — es importante— agrega al notar la resistencia de Akane, y es que la chica no habría querido perderse esa conversación, pero finalmente se deja hacer.

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— ¡¿Qué?!

— Creemos que fueron Akiro y Kenji, estaban en el salón cuando todo sucedió.

— nosotras seríamos incapaces de decir algo Akane — las chicas se disculpaban con la chica quienes le habían explicado que toda la preparatoria sabía que ella había guardado un sobre en el bolso de Ranma — debes creernos.

— ¡Los mataré! — Akane se tomaba el rostro con fuerza algo desesperada. Pensando en quedarse a vivir ahí para siempre. Por un momento sintió temblar las rodillas ¡es que estas cosas nunca le pasaban a ella! ¡estas cosas eran cosa de su prometido!

— Oh no...

— ¿¡Que?! — el estado de nervios de Akane había contagiado a sus amigas, quienes estaban sufriendo un ataque de ansiedad colectivo, Suka comenzaba a respirar con la ayuda de una bolsa de papel temiendo que Akane sacara su mazo y la aplastara de un golpe como había visto hacerlo varias veces.

— Debo hablar con Ranma antes de que se entere... si es que... Ukyo habló de un rumor... maldición, ella ya debe haberle dicho — dice lo último en apenas un suspiro. Por un momento se imagina al chico un par de metros más alto, apuntándola y riendo altaneramente.

— Bueno, fue una buena vida, por favor avísenle a papá y a mis hermanas que desde ahora viviré en este baño — Akane se había encerrado en uno de los cubículos — por favor no olviden traerme de comer.

— Vamos Akane — Yuka le abre la puerta — no puedes vivir en el baño — la tira del brazo para sacarla. Akane miraba hacia el suelo con un puchero en su expresión y los ojos vidriosos — ni comer aquí, que asco.

— Ni hablar, además Akane, ustedes van a casarse, ¿qué importa si se envían mensajes de amor?

— ¡Es verdad!, esto iba a pasar tarde o temprano — pero las palabras de ánimo no estaban funcionando ya que Akane había comenzado a sollozar.

— ¿Qué pasa?

— ¿Acaso Ranma no te dijo nada? — Akane solo niega con la cabeza. Sus amigas habían abierto sus bocas para comenzar a reclamar acerca de lo ingrato e insensible que era el chico, sin embargo, Akane se adelanta — es que ese mensaje ni siquiera existe.

— ¿¡Qué!? — Akane suspira resignada, tendría que confesarse.

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Ranma corría como el viento, le urgía llegar a la azotea, sabía que por la hora y el clima nadie estaría ahí a esa hora. Ukyo le había contado sobre el mensaje y 'necesitaba' revisar todos y cada uno de ellos. Pero varios de sus compañeros lo habían detenido en el camino para felicitarlo e incluso pedirle detalles de cómo lo habrían celebrado en casa y ya comenzaba a desesperarse.

Al llegar, se esconde tras un pilar y da vuelta su bolso vaciándolo por completo. Rápidamente comienza a revisar los sobres y mensajes. Un par de declaraciones, algunas solicitudes para que se quedara como mujer, algunas maldiciones por ser el prometido de Akane, pero nada, ningún mensaje de la chica. Al asegurarse, recoge un sobre amarillo lo vuelve a leer y lo guarda en el bolsillo.

— ¿Se me habrá caído? — comienza a observar a su alrededor, pero no había nada. Vuelve a revisar el bolso, sacudiéndolo con fuerza, revisando cada apertura, pero nada. — ¿Dónde estará? — Trataba de recordar sus movimientos del día anterior pero no estaba seguro, no recordaba haber guardado ningún mensaje en primer lugar — entonces... — Ranma trataba de comprender — ¿será una broma? — pero luego recuerda que algo le había mencionado su prometida camino a la escuela, seguro trataba de averiguar si los había leído. Sin duda se había comportado extraño durante la mañana — debe estar en alguna parte.

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Akane casi no podía tolerar la vergüenza que sentía. Sus amigas la habían convencido de dirigirse al salón y desmentir todo — lo más simple, es lo más eficaz — le habían dicho, así que convencida de que sería lo mejor había accedido, pero apenas puso un pie en el salón, se habían quedado viéndola, para dar comienzo a una seguidilla de rumores nada discretos. Creyó entonces, que morir de la vergüenza si era posible.

Y los rumores habían avanzado rápido. Algunos decían que Akane se había arrodillado ante Ranma para entregarle su carta durante la hora de la limpieza y que le había suplicado la recibiese. Otros, que incluso se habían besado frente a todo el grupo después de la entrega, pero también circulaban rumores que aseguraban que Ranma la había rechazado, y que por eso no había ido a clases ese día. Eso sin contar que Nabiki había estado vendiendo información exclusiva a muy buen precio, según decía.

El reporte de Ayaka había sido eficaz.

— Puedes ignorar a todos, nosotras te ayudaremos, pero debes hablar con Ranma — le habían aconsejado sus amigas. Akane deseaba no tener que hacerlo, sólo pensarlo ya era demasiado humillante, pero merecía al menos una explicación, aunque sólo fuera una parte de ella.

Pero él no había llegado a clases. Y no tenía la más mínima idea de dónde pudiera estar.

Ryoga había aparecido ayer, eso dejaba un mes o más en que no lo volverían a ver. Kuno estaba en la enfermería después de esta mañana. Ukyo estaba en clases con ella y Shampoo y Kodashi no debían de haberse enterado o ya estarían molestando y llenando el lugar de pétalos de rosa negra. Hapossai hacia su aparición después del almuerzo...

¿ Y si Ranma se había molestado y no quería volver a verla?, ¿y si habría estado, hasta ahora, riéndose de ella? Ya no sabía qué pensar, por lo general el no habría tardado en jactarse sobre su atractivo irresistible. Estaba segura que al menos se burlaría por no haber resistido a sus encantos.

Pero nada, ni siquiera estaba ahí.

— Quizá ni siquiera le importe — suspiró.

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— ¿Dónde está? — Ranma la miraba de cerca. El estado del chico era deplorable, algo nervioso, bastante irritado.

— ¿Qué cosa?

— La carta, no la encuentro

— ¿La carta? — Akane se sonroja y evita su mirada — ¿de qué carta me hablas?

— Sabes perfectamente de qué carta te estoy hablando... — Akane niega con la cabeza. Ranma da un resoplido antes de volver a hablar — ¡claro que sabes!, ¡Toda la preparatoria está hablando de eso!

— ¡No me grites!

— ¡No te estoy gritando!

— ¡Si lo haces!, ...además ¡no es tu asunto!

— ¿Que no es mi asunto? — Ranma parpadea fuertemente un par de veces incrédulo. Hasta Akane se había reprendido por lo idiota de su respuesta — ¡Claro que es mi asunto, ni siquiera sabes por todo lo que he tenido que pasar! — Ranma suspira agotado. Había estado todo el día buscando la dichosa carta, había regresado al patio donde tuvo su encuentro con Ryoga, buscó entre plantas y árboles del enorme lugar, había vuelto a cavar el hoyo que habían dejado tras los vestidores y que ya habían comenzado a reparar, había revisado su casillero en la entrada y el de su prometida, había regresado por el camino a casa e incluso, al llegar, había revisado cada uno de los rincones de su habitación, del Dojo y el patio de la casa. Kasumi se había llevado un buen susto al verlo correr por los pasillos, justo antes de preguntarle si había visto algo.

Pero nada.

— Eh... lo que pasa es que... lo que pasa... — Akane comienza a emitir una risa nerviosa bastante evidente para el chico. Ranma sentía que explotaría de la desesperación y con toda la ira contenida comienza a sacudir su cabello con fuerza — ¿quieres calmarte?

— ¿Calmarme?... ¿¡quieres que me calme?!

— ¡Sí!, ¡¿que no ves que me pones nerviosa?! — Ranma la observa un segundo, luego suspira y acude a todo el autocontrol que pudo conseguir — te escucho — logra decir, cruzándose de brazos, observándola.

— Lo que pasa... es que yo... ayer...

— ... ¿Si?

— Cuando te fuiste con Ryoga...

— ... ¿Si?

— Yo...

— ¡Akane!

— Guardé tus cosas en el bolso, y como tenías los mensajes sobre la mesa, los recogí y guardé también, y los chicos pensaron que uno de los mensajes era de mi parte, eso es todo — era una genia, una maldita genia.

Ranma parecía pensar sobre ello un momento.

— Entonces... no hay carta — Akane pudo ver como el brillo de los ojos del chico había disminuido un poco.

— Claro que no, ¿qué esperabas? — agrega aparentando seguridad.

— Pues, la carta — había pensado el chico, sin embargo, había guardado silencio observándola. Ranma también la conocía bien y podría jurar que la chica no mentía, pero algo no estaba bien, podía sentirlo. Tenía demasiada experiencia en malos entendidos como para estar seguro de ello.

— Si era algo tan simple, ¿por qué no me dijiste nada? — Akane da un pequeño salto — ¿por qué no les explicaste y ya?

— Porque... ¡tú no estabas aquí!... y... ellos... comenzaron a decir que me habías abandonado y... — su voz era apenas audible — las ventas de Nabiki no ayudaron, inventó toda una historia de cómo lloré toda la noche por tu rechazo y que se tendrían que ir de casa — Akane suspira cansada — creo que el asunto se complicó demasiado — dice tomando sus manos por el frente con los brazos estirados.

— Ya veo...

— Sólo debo esperar que el tiempo pase y se olvidarán — resopla cansada — siempre es así.

— Mira como le ruega — dos estudiantes pasaban por el pasillo conversando.

— Es patético — agrega su acompañante antes de que ambas se pierdan de vista. Ranma observó la escena y nota como Akane adopta una postura rígida apretando los puños a cada lado de su cuerpo. Él estaba acostumbrado, pero ella no toleraría tanta presión.

— Lo solucionaremos — le dice sonriendo de manera alegre y amigable. Akane lo observaba sorprendida — ya lo verás.

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La última clase había comenzado. El tiempo se acababa, pero por más que había tratado de explicar que no había una carta, nadie le hacía caso.

— Definitivamente debes hacer algo— le había dicho Ukyo al habérselo platicado — el honor de una chica es muy importante Ranchan.

Él no entendía mucho sobre esas delicadezas, y si alguien podía referirse al tema era Ukyo. Ranma había visto el rostro entristecido de su prometida y eso era suficiente. Si tan solo hubiera una manera de hacerles entender a todos esos entrometidos que Akane no había sido rechazada y que él no abandonaría el Dojo, sin ser demasiado específico, o tratarían de casarlos otra vez. Pero él mismo no toleraría que Kuno, o los demás, le continuaran ofreciendo oportunidades para reestablecer su honra.

Y todo por culpa de ese buzón, maldito buzón.

Un momento. Si todo había comenzado por ese buzón...

Ranma busca entre su bolso y saca su cuaderno de matemáticas y comienza con su plan. Saca una de las hojas, la dobla cuidadosamente y escribe sobre él. Aclara su garganta y se pone de pie. Todos lo observan, por un momento parecía que daría un discurso, pero guarda silencio. Camina desde su puesto hasta el buzón y con sumo cuidado introduce el pequeño sobre. Luego, y para el asombro de todos en el salón, gira y observa a Akane, sonríe de medio lado y le cierra un ojo, antes de caminar nuevamente a su puesto y sentarse, algo sonrojado.

Y hubo silencio.

Y luego, gritos eufóricos.

— ¿No qué no?

— ¡No puedo creerlo!

— ¿Acaso vieron lo mismo que yo?

Y una espátula aplasta a un sonrojado chico, dejándolo inconsciente.

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— ¿Te sientes mejor?

— Si — Ranma se acomoda en la camilla acariciando su cabeza — no fue nada, vamos a casa — da un brinco y camina hasta la puerta.

— Ranma...

— ¿Si?

— Gracias — La chica baja un poco la cabeza al decirlo. Ranma podría jurar que era casi una reverencia, así que responde con un solemne movimiento de cabeza, para luego sonreír ampliamente, satisfecho — pero..., para la próxima podrías enviar algo más agradable, ¡idiota! — La chica le había estrellado el dibujo de la chica gorila en su cara, justo antes de marcharse de la enfermería.

— Hay que ver cómo eres de mal agradecida — dice mientras se quita el papel de la cara para observarlo por un momento — pues yo encuentro que quedó muy bien — guarda el dibujo en su bolsillo antes de llegar al pasillo donde Akane le arroja su bolso, dándose cuenta que aún tenía ese sobre.

— ¿Quieres Okonomiyaki?, debo ir a disculparme con Ukyo — dice Ranma alcanzándola.

— Seguro — ambos comienzan a caminar despreocupadamente por el pasillo — Tu invitas.

— No, U-chan's invita — Ranma le sonríe mostrándole un papel amarillo. Akane casi tropieza al reconocer el arrugado papel, en el que se podía leer "Vale por Okonomiyaki gratis".

— Rayos— Akane no podía creerlo — tantos problemas por un Okonomiyaki gratis — pensó cansada. ¡Ukyo le daba okonomiyakis gratis todo el tiempo!

Ranma sonreía y para variar, no entendía nada.

—Idiota — murmuró entre dientes.

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Fin Capítulo 1.


Notas de Autora:

Hola ¿cómo están?

Agradezco, antes que todo, que hayan llegado hasta acá.

Vengo, muy humildemente, a dejar por estos lados algunas de mis ideas respecto a esta maravillosa creación que nos brindó Rumiko Takahashi. Ídola.

Amo esta serie. Amo el manga, y amo a Ranma.

Hace ya bastantes años conocí el mundo del fanfiction y aunque lo dejé por una gran curva que me arrojó la vida, he regresado con fuerza y esta vez, para variar, me atreví a escribir uno... y es que dicen por ahí que nunca es tarde.

Decidí hacerlo con un aspecto que a mí me dejó con gusto a poco (la serie en general me dejó con gusto a poco, de Ranma siempre querré más xD), como lo es la vida de estudiantes de preparatoria de estos chicos. Había mucho material ahí... (y en tantos otros) y me parece que hay situaciones con las que es fácil identificarse, pero sin olvidar la locura característica de este universo. Así que trataré de desarrollar este ámbito con algunos capítulos aislados, pero conectados entre sí, si es que eso tiene sentido.

Espero hacerlo bien, o decente al menos.

Ojalá les haya gustado. Si es así, háganmelo saber. Si no..., bueno, quizá en una próxima oportunidad.

Saludos!