Fic inspirado en el one shot Perseverancia, de mi antología "A la misma estrella"
Perseverancia
1
Rutina
Bulma mordió la manzana mientras esperaba a que pasara su supervisor a revisar su trabajo. Estaba aburrida, hace más de una hora debía haber pasado, pero no podía tomar sus cosas e irse, como todos los trabajadores del laboratorio, era una esclava más y debía acatar las reglas.
Aburrida, observó a su alrededor. El espacioso salón de blanco inmaculado tenía capacidad para al menos cincuenta científicos con sus mesas de trabajo para presentar lo requerido por los superiores. Aquel que no cumpliera las expectativas no se volvía a ver. Ese eran los riesgos que se corrían cuando se era esclavo del tirano Freezer, e irónicamente era lo mejor que pudo haberle pasado, ya que cuando cayó en sus dominios su destino era convertirse en prostituta.
Dejó la manzana sobre la mesa, junto sus herramientas y se acercó a una de las tantas puertas que siempre se encontraban abiertas hacia el salón principal, por donde cientos de trabajadores, esclavos e incluso guerreros de Freezer circulaban día y noche. La Instalación número 32 era una de las más grandes, dentro del planeta del tirano. Eran treinta pisos donde miles de personas vivían y trabajaban (de forma voluntaria o en contra de su voluntad) para satisfacer las necesidades del tirano. Bulma trabajaba en piso 20, en el área tecnológica y vivía en el piso 5, en la sección de esclavas mujeres. Habían pisos destinados completamente a la diversión (si es que alguien podía divertirse siendo esclavo de Freezer) y otro piso para comprar lo necesario para vivir. Se podía estar toda la vida en el interior de la instalación sin la necesidad de abandonarla. Bulma jamás había salido a conocer la ciudad, si lo intentaba el chip implantado en su nuca explotaría y moriría desangrada antes de dar un vistazo al los esclavos tenían este chip.
Observó a la gente pasar, tantas razas diferentes y extrañas que hace mucho tiempo habían dejado de llamarle la atención. Bostezó con ganas y observó hacia atrás en busca de su supervisor. Ya había llegado, un hombre con cara de rana y piel verdosa que siempre escupía cuando hablaba. Lo detestaba, y tal como lo esperaba había comenzado a revisar desde el otro extremo de la habitación, por lo tanto le tomaría una hora más llegar a ella.
Volvió su atención hacia la gente que transitaba. Era fácil distinguir a los esclavos de los libres. Para empezar, ellos no llevaban chip, podían salir y entrar cuando se les daba la gana y eso se notaba en su caminar decidido y concentrado, a diferencia de los esclavos que después de su jornada laboral no sabían mucho qué hacer ni dónde ir. Algunos pasaban metidos en el piso de entretenimiento, pero Bulma lo evitaba, ya que ese había sido el piso al que había estado destinada originalmente.
Tomó su cabello de manera coqueta sin darse cuenta cuando encontró a quien buscaba. Sabía que a esa hora el hombre pasaba por ahí junto con sus compañeros. Lo había visto por primera vez hace un par de semanas cuando debió ir al piso 28 a arreglar un problema en uno de los tanques de recuperación en el departamento de enfermería/guerreros. Ella ya estaba toda sucia y sudada cuando él pasó vestido con solo los pantalones del ajustado traje azul y se había quitado la armadura que ahora llevaba con tanta altanería. Fue en ese momento que Bulma se dio cuenta de lo terrible y aburrida que era su vida y lo mucho que quería estar con un hombre.
Lo observó caminar junto con sus dos altos compañeros que no paraban de hablar, en cambio, él siempre en silencio. Lo perdió de vista cerca de los ascensores que no cesaban su trabajo ni de día ni de noche. Siempre se dirigía al piso 24, que es donde vivían los guerreros, y al piso 30, el gigantesco patio de despegues que ella jamás había tenido al oportunidad de conocer. Ya había averiguado que se llamaba Vegeta, pero eso era todo. Necesitaba un programa para infiltrarse a la base de datos de La Instalación y averiguar más de él, pero ya estaba trabajando en eso, solo necesitaba desocuparse con su supervisor y tendría el día entero para ella.
Susurros inquietos de todos los científicos llamaron su atención. Todos hablaban entre ellos y apuntaban hacia una de las entradas cercanas a Bulma. La joven de 23 años no tardó en regresar a su puesto cuando vió que Zarbon hizo ingreso a la sala. Eso era muy raro, el guerrero cercano al tirano solía frecuentar los pisos superiores a este, por lo que esta visita debía significar algo importante. Y vaya que lo era. Todo el lugar enmudeció por completo cuando vieron nada más ni nada menos que al mismísimo Freezer dentro de su pequeño trono/nave personal levitante. Traía una copa de vino consigo y dos pequeños esclavos lo seguía, cada uno con una botella. También estaba ese horroroso guerrero gordo y feo de color rosa que no sabía su nombre. Al menos Zarbon era guapo.
—Soldado, Zarbon —dijo Freezer animado, analizando el lugar por completo—. Quiero que me deslumbres esta vez. Te advierto, si no tienes algo mejor de lo que me mostró Dodoria, te vas a arrepentir —terminó las palabras con tono melodioso.
A simple vista, Freezer parecía pequeño y poco digno de atención, especialmente al lado de sus dos soldados, pero algo había en él que lograba helar la sangre con solo escuchar su suave y hasta agradable voz.
Zarbon le hizo un gesto con la mano al supervisor de Bulma y éste se apresuró en acercarse a uno de los científicos cercanos a Freezer.
—Sé que esto te interesará, Freezer —dijo Zarbon.
Ya que toda la atención estaba puesta en el pobre científico y su trabajo, Bulma aprovechó para observar al tirano espacial. ¿Estaba ebrio? al menos esa impresión le daba, ya que estaba más atento en su copa de vino que en lo que tenía el hombre que decir.
El pobre científico continuó exponiendo su trabajo, pero la cara del supervisor y de Zarbon cada vez era peor.
—Suficiente —dijo Freezer—. No me tomé la molestia de venir hasta aquí para que me hicieran dormir. Quiero algo más interesante, ahora.
—Ya escuchaste a su excelencia —dijo Zarbon al supervisor—. Muestra algo digno de su atención.
El hombre asustado miró hacia todos lados. Su vida dependía de la próxima elección. Para él, la mayoría de los trabajos eran importantes, pero si no escogía bien su cabeza terminaría separada de su cuello. Casi le da un mini infarto al corazón cuando ve que uno de los científicos levantó la mano, llamando la atención de Freezer y su comitiva.
—Aquí. Yo tengo algo que les va a interesar —dijo Bulma aburrida de tener que esperar tanto, además tenía ganas de ir al baño y no sabía cuánto más podría aguantar.
El supervisor quiso decir algo, cualquier cosa para desviar la atención, pero cuando Freezer se acercó levitando hacia la mujer, todos fueron detrás de él.
—Muy bien —dijo el emperador cuando estuvo junto a Bulma—. ¿Qué es lo que tienes para mostrarme? —Estiró la mano cuando terminó el vino, entonces uno de los hombrecitos que lo seguía corrió para llenarle la copa.
Bulma totalmente tranquila y segura de su trabajo habló:
—Es algo bastante simple, no sé cómo a nadie se le ocurrió antes... En esta gigantesca torre hay miles de personas, todas provenientes de diferentes planetas y galaxias y más de una vez ha habido malentendidos debido al problema de comunicación, lo cual también debe ocurrir fuera de este lugar durante misiones y conquistas, por lo que instalé en el scouter un traductor universal. —Tomó el scouter que tenía desarmado en la mesa y le mostró el contenido al emperador, que curioso se inclinó un poco para mirar mejor—. Lo único que tiene que hacer la persona es hablar y el otro aunque no entienda el idioma escuchará la traducción. Hasta el momento he incluido veinte lenguajes diferentes, y si me dan tiempo podré agregar los muchos que hay en este lugar.
Todos guardaron silencio a la espera de la reacción de Freezer.
—Me dices que con ese pequeño chip color verde puedes lograr eso… —dijo apuntando el pequeño componente con uno de sus largos dedos.
—Sí, es un computador muy potente —respondió Bulma—. No hay que menospreciarlo solo por su tamaño. Con esto sus tropas podrán ser tan heterogéneas como desee, ya que no habrá problema al momento de dar instrucciones. Y lo mismo pasará con los trabajadores de aquí, lo que ahorrará mucho tiempo para los todos.
—¿Y ya hiciste las pruebas?
—Estamos trabajando en eso, gran Freezer. —Se apresuró en responder el supervisor, a lo que el tirano respondió sin mirarlo.
—Que alguien saque a ese palurdo de aquí, no estaba hablando con él.
Uno de los soldados de la comitiva de Freezer no tardó el obedecer la orden.
—Hice la prueba con trabajadores del lugar— dijo Bulma conteniendo un poco el susto al ver cómo se llevaban al hombre, no quería ser la siguiente—. Todos lograron entender lo que se les decía pese a no conocer el idioma.
—Interesante —dijo Freezer. En inmediatamente se dio la vuelta y levitó hacia la salida al tiempo que hablaba en voz alta, de muy buen humor—. Esta vez ganaste soldado Zarbon. Tu exposición estuvo mucho más interesante que la del departamento del soldado Dodoria.
El tirano estaba a punto de retirarse cuando Bulma habló sin pensar.
—Espere, ¿eso es todo?
Nuevamente el lugar entero quedó en silencio, en especial cuando Freezer se detuvo y giró para mirar a Bulma.
—¿Qué más debería ser, muchacha?
—¿Podré seguir con mi trabajo?
—¿Qué clase de pregunta es esa? Esa es la razón por la que estás aquí, ¿o me equivoco? —respondió con ese tono de voz que hacía poner la carne de gallina.
—Me refería a que si tendría algún tipo de recompensa.
Freezer soltó una carcajada al mismo tiempo que un soldado se acercó a Bulma.
—¡Cómo te atreves a hablarle así al gran Freezer! —Levantó la mano para golpearla, y Bulma solo atinó a cubrirse el rostro con los brazos, pero el soldado se detuvo al oír al tirano.
—No la toques, soldado. La científica es valiosa y yo no daño mis valores mientras me sean útiles —dijo tranquilo, llevándose la copa a la boca—. ¿Qué es lo que quieres, muchacha? —preguntó a Bulma más por curiosidad que por deseo de recompensar.
—Una habitación para mí sola —dijo sin pensarlo. Estaba aburrida de compartir cuarto con veinte mujeres más. Pese a que todas colaboraban para llevar una convivencia decente, era agotador no tener un momento de intimidad.
Freezer rio suavemente ante aquella insignificante petición.
—Denle lo que pide, y quiero que todos mis guerreros cuenten con ese traductor en sus scouter en menos de un mes. —Ya habiendo perdido total interés en el tema, se marchó del lugar junto con su comitiva.
Bulma sintió las piernas tiritar ligeramente. Había estado a punto de orinarse del susto.
(...)
El piso 23 estaba completamente destinado a la entretención de hombres y mujeres libres que trabajaban en alguno de los pisos o simplemente estaban de paso por el lugar (los esclavos con chip tenían prohibida la entrada, a no ser que se tratara de esclavos del piso). Daba la impresión de encontrarse al aire libre y siempre aparentaba estar de noche, además el ruido y la distribución de las calles y negocios hacía recordar la parte de la ciudad que jamás dormía y que no quedaba a más de media hora de vuelo. Las naves podían llegar desde el exterior, ya que la mayoría de los pisos contaban con enormes secciones de estacionamientos para naves de diversos tamaños. Cada piso era como una mini ciudad.
—Pensé que jamás llegarían —exclamó Nappa cuando la mesera, una linda mujer con rostro felino, orejas y bigotes incluidas, se acercó con una bandeja. Sin perder su gracia, la joven dejó en la mesa las seis jarras de cerveza para los saiyajin—. La comida, ¿dónde está la comida? —dijo preocupado, mientras Raditz miraba con descaro el trasero de la mesera que movía su rabo peludo de un lado a otro. Y Vegeta descruzaba los brazos para tomar una de las jarras, totalmente ajeno al tema de la comida o la preciosura que tenía ante él.
—Ya viene en camino, cariño, no puedo cargar todo a la vez, de lo contrario me lastimaría.
—Ten consideración con la señorita, Nappa —dijo Raditz y bebió la fría cerveza a gusto. No estaba de buen humor, pero no por eso dejaría de disfrutar la noche.
La mesera le guiñó el ojo al saiyajin de abundante cabello antes de regresar por el resto de la orden. Ya que Nappa no tenía comida en la que concentrarse, bebió cerveza y se unió a Raditz en la admiración de las curvas de la chica.
—Esta ronda la pago yo. Lo mínimo que puedo hacer es gastar todo el dinero que ganamos en esta última misión de mierda, tal vez si nos embriagamos lo suficiente la olvidaremos —dijo Raditz, a lo que Nappa respondió tomando la jarra gigante al seco. En tanto Vegeta continuó en silencio bebiendo sin decir nada.
—Esto es humillante —dijo el calvo—. ¿Acaso se les olvida que somos guerreros saiyajin? Tienen que darnos mejores misiones, maldita sea.
—Dile eso a los encargados de administrarlas. Los hijos de puta nos tienen envidia, por eso buscan cualquier forma de humillarnos.
—Esto debe ser para saldar cuentas pendientes, tenemos que pedir hablar con Freezer para arreglar el problema.
Vegeta que hasta ahora se había centrado en la cerveza hizo una mueca al escuchar a Nappa.
—¿Qué dices Vegeta? Freezer te escuchará a ti si pides una audiencia.
—Freezer siempre odió nuestra raza porque en conjunto teníamos la oportunidad de derrotarlo, y ahora que solo quedamos los tres nos convertimos en su juguete. No va a escucharme a mí ni a ninguno de ustedes —respondió Vegeta—. No pierdan el tiempo, no conseguirán nada aunque sigan llorando así, esa lagartija no nos dará nada más difícil porque no nos quiere más fuertes.
—¿Entonces tenemos que conformarnos? Preguntó Nappa indignado. No le gustaba la actitud del príncipe, hacía un tiempo largo que estaba comportándose así, aceptando cualquier misión sin protestar o exigir algo que estuviese a su altura, considerando que eran guerreros saiyajin.
—Puedes hacer lo que te dé la gana —respondió Vegeta, completamente hastiado de la situación, pero sin interés en hacer algo para solucionarlo.
En ese momento volvió la mesera con la comida pedida por Nappa. Carnes, quesos, pan negro y otras cosas que no parecían poder diferenciarse entre ellas. El calvo se encargó de hacer espacio en la mesa para que cupiera sin problemas y quedara en frente suyo.
—No sé ustedes, pero yo pienso pasar la vergüenza de esta misión ebrio y cogiendo como loco —dijo Raditz y se dirigió a la mesera—. Preciosa, necesito señoritas para mí y mis compañeros —puso su gran mano en el muslo de la joven, y ella apoyó la mano en su hombro, sobre la armadura.
—Eso puedo arreglarlo, guapo ¿cuantas necesitas?
—Dos grandes para mi compañero calvo, dos para mí, y que una de esas seas tú y la otra muy parecida… ¿y tú Vegeta? Vamos, no dejes que estas misiones de mierda te arruinen el humor. Yo pago esta noche.
Vegeta simplemente se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
—Esta vez que sea solo una para mi otro compañero, muy linda, como tú, y que huela bien.
—Estarán listas para cuando terminen de comer. —Besó al saiyajin en la boca y regresó al interior del local.
—La otra opción es irnos y hacer nuestra propia empresa de misiones —comentó Nappa con la boca llena de comida.
—Primero tenemos que completar la cuota con Freezer, de lo contrario nos dará caza y de guerreros de su flota, pasaremos a ser simples esclavos, y entonces jamás saldremos de aquí —respondió Raditz, también comiendo con ganas, pero de manera menos bruta que Nappa.
—Esa lagartija maldita nos tiene atrapados de las bolas —exclamó el calvo.
—Las únicas manos que quiero en mis bolas estas noche son la de la mesera y la amiga que traiga. No quiero volver a pensar en Freezer por lo menos por hoy.
—Sí, tienes razón.
Vegeta terminó su primera jarra de cerveza y continuó con la segunda. No participó mucho en la conversación y no probó bocado alguno. Estaba tan desganado que ni siquiera tuvo ánimos para ponerse de pie y volver a su habitación.
Para cuando llegaron las prostitutas tampoco opuso resistencia cuando la atractiva joven de piel violeta lo tomó de la mano para llevarlo al privado. Cuando estuvieron en la pequeña habitación ella, sensual y consciente de lo que provocaba su cuerpo en los hombres, se acercó para besarlo, pero Vegeta se hizo a un lado justo a tiempo.
—Quítate la ropa —ordenó queriendo terminar con esto pronto. Si no fuera porque llevaba un tiempo sin sexo se hubiese marchado a su cuarto, pero tenía la necesidad y verla desnuda hizo que su miembro no tardara en ponerse duro.
La mujer obedeció enseguida. Sabía reconocer el ánimo de sus clientes por su voz, por lo tanto no hizo juego previo ni intentó acercarse con bailes sensuales mientras iba quitándose la ropa. Simplemente se desnudó, al mismo tiempo que el guerrero bajó un poco el pantalón para sacar su sexo ya listo. No se quitó la armadura ni los guantes, esto sería rápido.
Vegeta apretó la mandíbula cuando sintió la boca de la mujer en su miembro. La tomó del cabello ondulado y le dirigió el ritmo por un momento. Cuando sintió que ya era suficiente la obligó a ponerse de pie. Ella quiso ir hacia la cama tentadora que los esperaba, pero el guerrero la hizo girar para que le diera la espalda y obligó a apoyarse en el tocador junto a la puerta.
Cuando entró en ella sin delicadeza alguna, la prostituta se quejó, mordió el labio y dejó que el saiyajin hiciera lo que tenía que hacer. Sintió la mano del hombre sobre su cuello, obligándola a recostarse más contra el mueble. Pronto las embestidas lograrían arrancarle genuinos gemidos de placer.
Vegeta entró y salió con rapidez, intentando desesperadamente terminar, para largarse de una vez por todas, pero pese a disfrutar la humedad de la mujer no lo lograba. El letargo en que se encontraba le había afectado a tal punto que a sus 24 años sentía un hastío total por cada aspecto de su vida. La gota que rebalsó el vaso fue escuchar a la mujer terminar y él sin siquiera poder acercarse al clímax. Cuando levantó la vista desde cuerpo de la mujer al espejo del tocador, no le gustó lo que vio.
—¿Qué pasa, cariño? ¿Te pegó muy fuerte el alcohol —preguntó la mujer cuando lo sintió salir. Alcanzó a ver al guerrero como guardaba el pene flácido dentro del pantalón—. Déjame ocuparme de todo. Tu amigo pagó por un par de horas, puedo hacer que lo pases muy bien —dijo con las mejillas rojas, aún disfrutando el orgasmo.
Vegeta no le contestó, ni siquiera la miró y se retiró del lugar. Al menos ahora podría retirarse a su habitación, ducharse y terminar el día de mierda.
(...)
Después de reparar un par de máquinas del aire acondicionado en el piso 28, Bulma decidió pasearse un rato por el lugar. La ventaja de ser tan buena en su campo le permitía hacer el trabajo rápidamente y tener tiempo de sobra para hacer lo que quisiera. Por supuesto tenía que tener cuidado, de lo contrario sería severamente castigada, pero la clave era siempre pasearse con su caja de herramientas y una expresión seria en el rostro, como si estuviera en medio de algo muy importante.
Cuando pasó por el salón de comida de los guerreros el aroma superó su sentido común y decidió entrar a echar un vistazo y ver la posibilidad de probar la comida del lugar. El lugar era igual de grande que el patio de comida de su piso, la diferencia que muy pocos vestían de blanco y la mayoría usaba armadura, pero también había mucho personal que trabajaba en este piso que comía aquí. Se sintió más relajada cuando no vio ningún guarda por el lugar, por lo que decidió ponerse a la fila de empleados para sacar almuerzo.
Luego de unos minutos, dichosa, maniobró con la caja de herramientas y la bandeja con comida que ella escogió de una amplia variedad, mucho mejor que en su piso. Fue hasta una mesa desocupada y se instaló a disfrutar de su almuerzo. Definitivamente se escaparía a este piso cada vez que tuviera la oportunidad. Su suerte aumentó cuando cinco mesas al frente suyo, vio instalarse a Vegeta con sus compañeros. Justo el hombre de interes le daba la espalda, pero era fácil reconocer ese cabello. No podía pedir más por un día: estaba almorzando carne de calidad y además tenía la oportunidad de recrear la vista con esa masculina espalda.
—Entonces, ¿vamos a tomar la misión? —preguntó Nappa en cuanto se sentó y puso la bandeja del almuerzo en la mesa. Los otros dos saiyajin hicieron lo mismo.
—No es de las mejores, pero tampoco de las peores —comentó Raditz encogiéndose de hombros.
—¿Qué dices tú, Vegeta? —consultó el calvo.
—Paso —dijo y comió en silencio, ignorando el murmullo constante dentro del salón de comida. Estaban en el piso de los guerreros y a esta hora eran cientos de personas que andaban de un lado a otro en busca de su almuerzo.
—¿Y qué vas a hacer, Vegeta? Tenemos que cumplir con las cuotas.
—Voy a entrenar.
—Podrías tomar la misión como entrenamiento.
—Pierdo el tiempo viajando y pierdo el tiempo en esas misiones que son una broma. Haré más si me quedo aquí entrenando.
Mientras Nappa intentaba convencer a Vegeta que se les uniera a la misión, Raditz dejó de lado la comida para mirar a una hermosa mujer que hace rato los había estado observando desde lejos. Estaba tan atenta al príncipe que no se había dado cuenta de la mirada del hombre.
—Somos los tres últimos saiyajin, tenemos que trabajar juntos en las misiones —dijo el grandulón convencido. Era el mayor de los tres, por lo tanto el que más recuerdos tenía de su planeta y tradiciones.
—¿Quién lo dice? —preguntó Vegeta sin interés en escuchar una respuesta a su pregunta.
—Creo que tenemos una admiradora —dijo Raditz, interrumpiendo la conversación de sus compañeros.
Los hombres miraron hacia donde Raditz indicó. A varias mesas de distancia y comiendo sola estaba Bulma que justo había regresado a su comida, por lo que no cruzaron miradas.
—Es muy pequeña —dijo enseguida Nappa perdiendo su interés en ella.
—Todas son muy pequeñas para ti —dijo Raditz riendo—. ¿Quíen es? No creo que sea una guerrera, se ve muy delgada para eso.
—Es del departamento de tecnología —dijo Vegeta y volcó su atención nuevamente a la comida.
—¿Ya le echaste el ojo? —comentó Raditz haciendo una mueca—. Lastima.
—No le he echado nada a nadie. Por mí haz lo que se te plazca. — Vegeta que desconfiaba de todo y todos siempre estaba atento de su alrededor. Bastaba cruzar miradas un par de veces con una persona para recordarla. La primera vez que vio a la mujer fue hace un par de semanas cuando iba camino a la enfermería, a los tanques de recuperación, y luego camino a los ascensores cuando tuvieron que ir al piso 20 en busca de scouters nuevos.
—Creo que te está mirando a ti, Vegeta —dijo Raditz ahora más disimulado.
El príncipe respondió con un gruñido mientras masticaba la carne.
—Es demasiado pequeña para Vegeta, y no debe tener poder de energía —dijo Nappa— ¿Qué poder debe tener una mujer que trabaja en el departamento de… de qué era?
—De tecnología —respondió Raditz.
—Eso. Debe ser una debilucha.
—Bueno, Vegeta no quiere comenzar una nueva raza de guerreros, la idea es cogerla un rato, o más de un rato, ¿o no Vegeta?
Nuevamente hubo silencio por parte del príncipe.
Después de devorar casi la mitad de su almuerzo, Bulma volvió a mirar a los hombres, para variar los más grandes hablaban sin parar, y su objeto de interés guardaba silencio. Se sentía de tan buen humor que la idea de ser directa e ir a la mesa para invitarle un trago se cruzó por su cabeza, pero luego de pensarlo lo desechó. Había tantas razas diferentes en este edificio y todos tenían costumbres tan distintas que no quería arruinar su oportunidad con él. Primero necesitaba averiguar quien era, algo de su historia antes de atacar.
Decidida, dejó el plato a medio comer, tomó su caja de herramientas y se dirigió a los ascensores para regresar al piso 20. En cuanto salió del ascensor notó la diferencia al divisar al menos cinco guardias armados caminando por el lugar. Conservó su postura seria y concentrada, el delantal blanco la hacía lucir como si fuera quien daba las órdenes en lugar de recibirlas y también se sumaba a que siempre se preocupaba por lucir linda y arreglada, pese a tener pocos recursos para acceder a ropa y maquillaje. Las mujeres en su sección de dormitorio eran solidarias y siempre le prestaban lo que pidiera y ella a cambio les arreglaba sus aparatos electrónicos.
Cuando llegó a su cubículo dejó la caja de herramientas y se paseó por el lugar. Al tratarse de la hora de almuerzo había poca gente, así que aprovechó de pasearse por la oficina de su jefe y tal como pensó, no se encontraba en el lugar. Miró para todos lados antes de ingresar.
Su corazón latía a mil por hora, pero desde que fue capaz de interactuar con Freezer, faltarle el respeto y salir premiada, sentía que podía hacerlo todo y eso incluida instalar un pequeño virus en el computador de su jefe para tener acceso a diferentes programas y aplicaciones desde su propio computador.
Hábil como nadie, tecleó sin mirar el teclado, atenta al exterior en caso de que alguien se acercara y a la vez de la pantalla de computador. Conectó en el computador la memoria que traía escondida en el bolsillo de su bata y continuó trabajando a asombrosa velocidad. Si todo salía bien no solo podría averiguar todo de este hombre silencioso, sino que también podría existir la posibilidad de escapar, lo cual no estaba mal. Le tomó un minuto más infectar el computador con el virus y mantenerlo oculto de cualquier técnico eficiente. Les tomaría demasiado tiempo darse cuenta y sería imposible rastrearla.
Cuando terminó, apagó el computador, extrajo la memoria externa, la guardó en su bolsillo y salió caminando tan tranquila como había entrado. Nadie nunca se dio cuenta de su grave infracción. Tranquila, volvió su cubículo a continuar con el tedioso trabajo que debía hacer a diario, a la espera de que la llamaran de algún piso para ir a arreglar alguna tontería simple.
(...)
No había nada como tener habitación propia, no importa que fuese un lugar pequeño, era su espacio personal y nada ni nadie podría quitárselo. Hubiese sido perfecto contar con baño privado, pero eso ya era demasiado y no podía tentar así su suerte con Freezer. Era sabido cómo terminaba la gente que desobedecía o se comportaba de forma insolente, y ella se había atrevido a dirigirle la palabra al mismísimo tirano. Podría haber muerto si no hubiese estado pasado de copas y no se hubiera interesado en su trabajo.
Ahora estando sola con cuarto personal, en esta sección de esclavas de mejor categoría le servía para trabajar en proyectos privados. Ella no había mostrado su verdadero potencial para no llamar la atención, pues era lo suficientemente inteligente para saber que solo terminaría en una jaula de oro en caso de encantar a Freezer con todo lo que podría ofrecerle. Tenía que escapar, debía encontrar una manera de desactivar el chip, quitárselo y abandonar el planeta, pero para eso debía conseguir objetos que sería muy difícil sacar dentro de laboratorio sin levantar sospechas, ya que los guardias abundaban en los lugares de trabajo. Al menos ya contaba con acceso al computador de su jefe a través del suyo.
Tenía en la pantalla del computador la foto de Vegeta junto con su ficha técnica, datos aburridos como el nivel de pelea y otras cosas que solo le interesa a los brutos de los peleadores, pero también salía información personal.
—Así que príncipe —dijo sonriendo y pasando un dedo en la pantalla, justo en la atractiva mandíbula del hombre. Su sueño de niña había sido casarse con un príncipe. Pues bien, el tiempo había pasado y ella había cambiado, y lo que quería ahora era tener sexo con un príncipe. Este príncipe en particular.
Ya estaba aburrida de masturbarse, quería el contacto de un hombre de verdad, y algo le decía que este saiyajin era el indicado. Definitivamente no sería fácil, primero tenía que asegurarse que estuviese interesado en las mujeres, y luego debería propiciar encuentros entre ellos para romper el hielo. El guerrero se notaba reservado y eso fue lo que le agradó de él. Le gustaban los retos, en especial cuando se trataba de príncipes tan guapos.
Vegeta era tan afortunado. No tenía idea que el remedio a su apatía había decidido seducirlo.
Continuará…
Bueno, aquí está el primer capítulo de Perseverancia. Espero que les haya gustado.
Me había prometido no hacer nada nuevo hasta terminar El Legado, pero la verdad es que los capítulos son tan estresantes y oscuros que me tenían demasiado agotada anímicamente. Por eso decidí adelantar este fic para mantenerme animada.
Ahora me pondré a trabajar en el siguiente capítulo de El Legado para tenerlo para el miércoles.
Les comento que esta historia será corta, solo 6 capítulos y ya tengo todos los resúmenes de los capítulos escritos, así que no serán meses de espera (o años jajaja) para conocer el final.
Ojalá les guste y les ayude a distraerse en estos días tan difíciles que seguimos atravesando.
En mi perfil encontraran el link que los llevará a mi pagina de Facebook.
Espero sus rws con muchas ganas.
Dev.
25/04/20
