18. Naruto y Sakura.

Al salir de la habitación donde la estaban examinando, lo primero que topó fue la cabellera rubia de Ino, esperando por él con la mirada apartada y una flor cosmos en la mano, adornada con botones de nube, Ino frunció los labios al momento de mirarlo y ahora, le miró, con determinación.

—Ino, me estás asustando, ya basta. —pidió Sakura, alzando las manos. Ino entonces dio tres pasos a él, aún con la flor en la mano derecha, pellizcó sus mejillas estirándolas con fuerza. — ¡Me haces daño, me haces daño!

— ¡¿A qué tarado se le ocurre saltar por la ventana así?! —reprochó con fuerza, atrayendo la vista de desaprobación de las enfermeras.

—Es un hospital Ino, no debes de gritar.

Ino chasqueó la lengua, suspirando. —Como sea, toma esto, felicidades por salir del hospital. —dijo sonriente, causando más temor cómico en Sakura que buscaba la alternativa de salir corriendo de ahí. — ¡No voy a golpearte, tarado!

— ¡Definitivamente parece todo lo contrario! —gritó. — ¿Por qué me estás dando está flor?

Yamanaka hizo una larga pausa, balanceándose en sus pies, como si no pudiera o no quisiera decirlo, así que haciendo un movimiento de cabeza llamó a Sakura para que la siguiera, él pareció confundido, sin embargo, hizo caso, observando con cariño la flor obsequiada. Salieron hasta los jardines del hospital, donde algunos enfermos se paseaban o tomaban algo del cálido sol.

—Sentémonos aquí. —dijo Ino, señalando una banca de madera que era cubierta por la sombra de un árbol. Sakura obedeció, curioso por lo que su mejor amiga quisiera decirle. ¿Le reclamaría? ¿Lo insultaría? —Sakura.

— ¡Sí! —gritó de inmediato, poniéndose recto.

—Perdón.

— ¿Eh…?

Ino entonces arrugó su falda larga que llevaba, mirando sus piernas. —Siempre he querido decírtelo, pero no tenía el coraje para hacerlo. Te fallé, yo no estuve para protegerte, como te lo prometí, de hecho fui una de las personas que más te hizo daño; me contaste algo que te carcomía las entrañas, pero fui lo suficientemente idiota para darte la espalda y abandonarte, quizás, cuando más me necesitabas.

—Ino…

—Fui una tonta, lo sé. —suspiró enfrentándolo, clavando sus ojos azules en los verdes de Sakura. —Tú dijiste que querías florecer cuanto antes para poder alcanzarme, pero Sakura, el botón de cerezo que eras, ya floreció desde hace mucho tiempo, y como supuse, fue mucho más hermoso que la cosmos.

Sakura sintió sus mejillas enrojecerse, sorprendido por las palabras contrarias, así que no pudo sostenerle mucho la mirada a su amiga, la apartó de inmediato hacía la flor obsequiada.

— ¿Podemos ser amigos otra vez? —preguntó Ino, más tímida, apretando con sus manos los bordes de la banca donde estaban sentados. —Te juro que está vez sí cumpliré mi promesa.

—Jamás fallaste a ella. —dijo Sakura, recordando la pelea infernal en el bosque de la muerte, cuando Ino le rescató de una muerte segura. —Para mí siempre has sido mi mejor amiga, Ino-cerda. —y sonrió, iluminando la cara contraria.

— ¡A quién le llamas cerda, tarado! —gritó, dándole un golpe en la cabeza. Al momento que Sakura la miró, comenzaron a reír abiertamente, felices de que todo al final marchara bien. Ino entonces rebuscó algo en el bolsillo de su falda, y lo extendió a Sakura, encogiéndose de hombros.

—Pero…

—El otro ya estaba muy maltratado de todas formas. —dijo Ino, sacándole la lengua. Lo que le extendía era una banda de konoha, sobre un listón rojo. —Ahora sé que al menos te protegerá siempre que la lleves puesta, y con esa frentesota más te vale que siempre la cargues.

— ¡Tonta!

Aún así, Sakura se apresuró a quitarse la banda con listón azul que llevaba y colocó la nueva de Ino alrededor de su frente, volteándose a ella.

— ¿Qué tal?

—Supongo que las cosas bonitas se pueden afear con alguien feo. —reprochó Ino, haciendo una mueca de repulsión.

— ¡¿Te has mirado en un espejo si quiera, Ino-cerda?! —gritó Sakura, poniendo los ojos en blanco y haciendo un montón de ademanes con las manos.

Mientras Ino seguía burlándose de su mejor amigo, alguien los escuchaba encima de otro árbol; Sasuke.

Ver la interacción de su amigo e Ino le causaba cierta satisfacción, cuando Sakura hablaba con Ino podía ver otras facetas de él, unas que no sabía que tenía. Aunque a decir verdad, también le inquietaba la interacción entre los dos, lo veía demasiado natural.

Pero eso no importaba, él ya era consiente de las cosas que estaba sintiendo en ese momento por Sakura; protección y cariño, el suficiente para comenzar a pensar si de verdad podía ser feliz de nuevo en esa aldea y, por fin, dejar atrás el pasado.

—No es necesario un tonto amuleto. —bufó Sasuke, molestándose. —No habrá nada que pueda lastimarlo a partir de ahora, de eso me encargaré yo.

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Cuando Sakura salió del hospital, Ino lo acompañó hasta la esquina de su casa, deseándole las mejores de la suerte; si hubiera sido por la rubia, inclusive se habría colado a la casa de los Haruno, pero Sakura no se lo permitió, diciéndole que tendría que afrontar eso solo, y que si iba con él, entonces sus padres podrían descubrir que ella ya sabía el secreto y acabaría mal para todos.

Ino juntó las manos en un rezo cuando vio a Sakura meterse en su hogar, si es que podía ser considerado así, si es que existía un Dios, que se apiadará de Sakura.

—Siéntate. —ordenó su padre, sentado en el suelo con la madre de Sakura al lado, cada uno lo suficientemente serio para erizarle la piel al chico. Sakura observó la mesa delante de ellos, tenían dos velas en medio de la mesa, siendo lo único que alumbraba la pequeña habitación. Al dar tres pasos, Sakura se tensó por completo, no eran los únicos en la habitación, había dos personas más en las esquinas; al acercarse por completo, mirando de reojo, notó que eran Anbus.

— ¿Por qué…?

—Guarda silencio. —Sakura miró a su padre, obedeciendo. —Ya nos han informado de la situación. Perdiste en los exámenes chunnin, contra la hija de los Yamanaka.

—Sí.

—Y también, te llevaron a unidades intensivas. —la voz de su padre entonces se agrió, Sakura bajó sus ojos a la luz de las velas, mordiéndose los labios. —Fuiste marcado por Orochimaru, cuando trataste de defender al Uchiha en las pruebas.

— ¿Cómo…?

—Los Haruno tenemos ojos en todas partes, Sakura. —intervino su padre. Sakura comenzó a molestarse entonces, sí algunos de sus hermanos de Clan habían estado ahí, ¿acaso no vieron lo que estaban pasando? ¿por qué no intervinieron o los ayudaron? Aunque, lo más seguro es que hubieran leído un informe o escuchado a hurtadillas. —También ayudaste al niño del kyubi. ¿No es cierto?

—Su nombre es Naruto. —expresó apretando su pantalón bajo sus puños. —Y el nombre del Uchiha, es Sasuke.

—Debiste resguardarte. —dijo su madre, molesta. — ¿En qué estabas pensando al enfrentarte a un sannin? ¿Querías morir?

"¡Estaba protegiendo a mis amigos!"

—Al menos habría muerto como un héroe. —comentó su padre, dejando en un silencio doloroso a Sakura. —Ahora si muere, morirá como un perdedor.

Ellos… no se alegraban que estuviera con vida. Sólo les importaba el clan, el maldito clan Haruno. Sakura observó a sus padres un largo rato, recordando a Sasuke y Naruto, ellos no tenían padres, Naruto era odiado por la mitad de la aldea sin algún motivo, pero ¿a ellos les gustaría tener este tipo de padres? ¿de verdad era tan importante tener a alguien que te recibiera aun cuando significaba tener esta clase de recibimiento?

—Dado a que eres el mayor sobre todos los niños del clan Haruno, los ancianos estaban confiando en ti, Sakura.

—Lo siento, padre. —dijo Sakura, interviniendo por primera vez a su progenitor, ninguno de los dos pareció tomarlo bien. Había sido una falta de respeto. —Pero te seguro que esto no va a detener sus ambiciones que me han forjado desde mi nacimiento. —escupió, cada vez más molesto; su madre pareció sorprendida. —Así que no te he de preocupar más, ya he decidido que este va a ser mi camino, hasta el final.

—Ahora que el Uchiha y el kyubi han pasado a la siguiente ronda, ya no te distraerán más de tu entrenamiento.

Sakura entonces oscureció su mirada, y con toda la fuerza que junto en su mano, golpeó la mesa, haciendo caer las velas al suelo.

— ¡DIJE QUE SE LLAMAN NARUTO Y SASUKE! —espetó enojado.

— ¡Sakura!

— ¡Seguiré este estúpido sueño que me han impuesto, hasta el final! —gritó más molesto, a pesar de que las velas terminaron de apagarse, Sakura podía ver fijamente a su padre con la pequeña luz lunar que llegaba a través de las rejillas del techo. — ¡Seguiré al estúpido clan Haruno hasta el final! ¡Me convertiré en Hokage o lo que sea, me da igual, seguiré cualquier orden de esos malditos ancianos!

Sabía que el golpe se lo tenía bien ganado, que quizás su padre lo golpearía hasta dejarlo inconsciente, o tal vez lo haría entrenar hasta la muerte los días venideros. Sin embargo, su lengua no se pudo contener más, quería escupir todas las palabras que estaban aglomeradas hace mucho tiempo en su boca.

—Pero jamás me alejaré de Naruto ni de Sasuke.

— ¿Por qué? —preguntó su padre, mirándolo desde arriba.

—Porque ellos son mis únicas personas importantes. —respondió Sakura, sin apartarle la mirada.

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Naruto bostezó perezosamente, ese día había ido con Kakashi para que lo entrenara y había sido llevado por ese instructor pervertido. Aunque él no parecía verdaderamente fuerte, es decir, había caído por completo con su jutsu sexy; a este paso perdería en los exámenes, seguro que el idiota de Neji seguía entrenando ahora mismo.

Ya le demostraría que sus palabras no eran verdaderas, se las haría tragar. Porque las personas sí podían cambiar, siempre y cuando se lo propusieran.

Además, también quería demostrárselo a Sakura. Qué podía cambiar ese sueño que no le pertenecía, que podía buscar sus propios sueños y ser feliz. Naruto cerró los ojos, trayendo a su mente la cara de su mejor amigo, aún le dolían las palabras de cuando aceptó el legado de su clan.

Y mientras recordaba lo sucedido en los exámenes chunnin, sus recuerdos se fueron distorsionando en dirección al pasado, justo cuando lo conoció por primera vez.

Naruto llevaba un buen rato caminando por la aldea, mirando los puestos de comida con tristeza, de nuevo ya no tenía suficiente dinero para comprar algo, aparte las miradas hostiles que recibía de todas las personas impedía que fuera a pedir que le regalaran un plato; a su mala suerte Iruka se encontraba en una misión desde hace una semana, así que tampoco podía ir con él.

Así que hartándose de esas feas miradas fue hasta el parque más cercano, observando como todos los niños reían y jugaban entre ellos. Sabía que ninguno le aceptaría, así que se mezcló entre los árboles, sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos.

¿Por qué todos eran así con él? ¿Qué había hecho mal? ¿Era por sus travesuras? Si dejaban de mirarlo así prometía que jamás volvería a hacerlas. Pero Naruto en el fondo sabía que no era por eso, había algo malo en él que siempre atraía el odio de las personas, era su culpa.

Todo sería mejor si no existiera.

— ¡Los del clan Haruno son unos inútiles! —se escuchó la risa de un niño, uno de los tantos que también molestaban a Naruto, así que por inercia se escondió detrás de un árbol, observando entre las sombras y quitándose el rastro de lágrimas para poder ver mejor. —Tú y esa frentesota jamás lograran llegar a la cima. No podemos tener a un Hokage así en Konoha, todos se burlarían de nosotros.

Naruto observó un pequeño bulto en medio de ellos, cubriéndose con las manos el rostro y haciéndose bolita para sopesar las patadas que algunos le daban. Cuando él se quitó las manos del rostro, Naruto pensó que era una chica, e incluso se sorprendió de que le estuvieran pegando a una, quiso intentar meterse pero las piernas le temblaron.

—Ahora, discúlpate con nosotros. —pidió un niño, poniendo un pie en la cabeza del chico con cabello rosa, el cual con su flequillo escondía sus ojos. —Por hacernos perder el tiempo contigo.

—….siento.

— ¿Qué? ¡No te oigo para anda! —reprochó el mismo niño, golpeando con su pie la cabeza contraria. — ¡Deja de llorar, pareces niña!

—No te disculpes. —murmuró Naruto, apartando la mirada. ¿Por qué la gente era tan mala? ¿Qué habían hecho ellos para ser molestados y agredidos de esa forma?

— ¡Dije que lo siento! —gritó Sakura, recibiendo un golpe en la mejilla que lo dejó tirado de nuevo en el suelo. Los niños comenzaron a reír y a marcharse en sentido contrario a Naruto, el cual vio que el chico quedó recostado en la misma posición por otros diez minutos.

— ¿Estará muerto…?—se preguntó, pasando saliva. Seguro que le terminaban echando la culpa a él, dio media vuelta buscando irse pero se sintió mal de dejarlo así, por lo que corrió a él, primero fijándose que nadie más se acercara. —Oye…

—El favorito de Iruka-sensei. —dijo Sakura, mirándolo desde abajo. Naruto se sorprendió y pegó un brincó hacía atrás.

— ¡Estás vivo!

—Yo… ya no tengo más dinero para dar, de verdad. —comentó Sakura, alzándose, quedando sentado y abrazando sus rodillas. —Pero mañana traeré, lo prometo.

—…

—Así que ya no me pegues, por favor. —pidió, encogiéndose en el mismo. Naruto lo observó con tristeza, sentándose enfrente del chico en la misma posición; al no sentir los golpes, Sakura lo buscó con la mirada y al conectar ambas, la apartó rápidamente, como si fuera el mayor pecado del mundo.

—Tienes ojos verdes, por el fleco no se te ve. —dijo Naruto. —Quizás si te lo quitas…

— ¡No! ¡Se burlarán más de mí! —negó rápidamente, volviéndose a ocultar. A Naruto le recordó cuando en la academia vieron acerca de las invocaciones y está incluía a una tortuga, las tortugas solían esconderse en su capazón cuando se asustaban.

—No voy a hacerte nada.

—Eso dicen siempre.

—A mí tampoco nadie me quiere. —confesó Naruto, apachurrándose. —Siempre me miran feo y los chicos también me golpean, aunque cuando está Iruka-sensei no lo hacen.

Sakura alzó un poco la cara, el rostro del rubio también era triste, como el suyo.

—Me pregunto si algún día va a terminar esto. —murmuró Sakura, haciendo pensar lo mismo a Naruto. —Si algún día alguien va a querernos.

—Iruka-sensei me quiere… eso creo. —comentó Naruto. — ¿Cuál es tu nombre?

—Sakura Haruno, ¿y el tuyo? —preguntó más tímido, totalmente recluido en él.

—Naruto Uzumaki.

Ambos se siguieron viendo sin saber que decir o que hacer, Sakura decidió que era mejor irse pero cuando intentó levantarse, las tripas de Naruto sonaron muy fuerte, sorprendiéndolo.

—Lo siento, no he comido desde ayer. —comentó apenado, sintiendo de nuevo las lágrimas.

—Oh…—Justo cuando Naruto pensó que a ese chico no le importaba si había comido, pues se estaba marchando, Sakura se detuvo enfrente del pie de un árbol y sacó algo de detrás de este. Una pequeña caja compacta, con dos palillos encima de esta. Mientras se acercaba a él, Naruto pudo darse cuenta de los moretones en su rostro, más que su dedo tenía varias cortadas por haber resbalado en la tierra. —No es bueno estar con el estómago vacío.

— ¿Qué es?

—Mi madre me pone almuerzos para la academia. —respondió Sakura, abriendo la caja y enseñándole a Naruto que todo estaba intacto. —Pero cuando los llevo a la escuela, los demás chicos terminan tirándolo al suelo o en el retrete del excusado. —al parecer recordó algo muy feo, pues sacudió la cabeza. —Así que antes de ir a la escuela, paso por aquí y guardo el almuerzo de mi madre.

— ¿No tienes hambre? ¿Por qué me lo das?

—Yo llegaré a comer a casa. —dijo con simpleza, sentándose al lado de él. —Siempre me es difícil comer doble cuando salgo de la escuela porque como este almuerzo y el de mi casa, acabo muy lleno y a punto de vomitar. Será de gran ayuda que tú lo hagas por mí.

— ¿Esos chicos…?

—Me siguieron hoy, —respondió—así que tendré que cambiar de escondite mañana.

— ¿Qué te parece si es por el columpio de la escuela? —preguntó. —Podemos llegar temprano los dos, así desayunaré.

—Pero tendrás hambre después. —dijo Sakura, haciendo un mohín. —Humm… pero está bien, intentaré que mi madre ponga más porción.

Naruto sonrió, asintiendo con la cabeza. Aunque fuera de esa forma, al menos probaría la comida hecha por una madre por primer vez.

—Entonces come.

Sakura comenzó a ver como el atardecer descendía, el chico a su lado ya estaba a punto de terminar de comer, así que se levantó, limpiándose el pantalón por las manchas de tierra. Naruto entendiendo que ya se tenía que ir, comió todo el último bocado de jalón, atragantándose.

— ¿Estás bien? —preguntó Sakura, preocupado, buscando alguna manera de auxiliarlo. Con temor de que le devolviera el golpe, tomó impulso y con su pequeña mano, golpeó la espalda de Naruto, consiguiendo que este lograra pasarse el bocado. —Lo siento, traeré algo de agua mañana.

—No tienes que disculparte. —dijo Naruto, limpiándose la poca saliva que le escurrió por la comisura del labio. — ¡Realmente tú eres un buen chico!

—Gracias. —barbulló Sakura, encogiéndose en sí mismo de nuevo. Naruto se puso de pie de igual forma, caminando hasta él; Sakura que seguía pensando que lo golpearía, cerró los ojos con fuerza, sin embargo, Naruto solo palmeó su cabeza como había visto que los adultos hacían con los niños. — ¿Eh…?

—Tu tampoco tienes amigos, así que ¿qué te parece si somos amigos tú y yo? —preguntó, señalándose.

—Bien.

Al recibir su respuesta escuálida, Sakura que sólo contestó porque aún tenía miedo que al negarse el rubio siempre sí terminará metiéndose con él, vio algo maravilloso. Es decir, supo desde el inicio que las sonrisas de Naruto eran tan falsas como las suyas, pero ahora al verlo, era como si el atardecer descendiera con gracia sobre aquel niño de ojos azules, iluminando con absoluta perfección la alegría que transmitía en esos momentos.

Sakura hasta ahora no había visto nunca algo más bonito que eso.

—Entonces somos amigos.

Los toquidos de la puerta los distrajeron de ese bonito recuerdo de su infancia, de los pocos que tenía a decir verdad, así que colocándose su gorrito de noche fue a abrir la puerta, sorprendiéndose al ver justo al chico en el que pensaba, ahí, observándolo con un ojo morado y el labio partido, con una mochila en sus hombros.

— ¿SAKURA?

—Lo siento, ¿puedo quedarme aquí está noche? —preguntó sonriente. De esas sonrisas falsas que los dos comprendían a la perfección.

Seguro que nada había ido bien con su clan.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó, una vez que Sakura se sentó en su cama; este se dejó caer con los brazos extendidos hacía atrás, cerrando los parpados.

—Me fui por tiempo indeterminado de mi casa. —dijo Sakura, sorprendiendo a Naruto. —Tengo que buscar una cura para mi enfermedad.

— ¿A qué te refieres? Pensé que no había una. —comentó Naruto, confundido.

—Si alguien la aplicó en mí, significa que debe haber una cura o mínimo el desarrollo incompleto de una. —suspiró Sakura. —Hasta encontrarla, no regresaré con mi clan.

—Podrías... "No regresar" —pensó esto último, cabizbajo.

—Fue el acuerdo con el que llegue con mi padre. —comentó Sakura, abriendo los ojos.

— ¿Acuerdo?

—De esa manera, podré estar con ustedes todo el tiempo que ustedes me lo permitan. —dijo Sakura, mucho más alegre. Algo que no era fingido. Naruto de igual forma le sonrió, asintiendo con la cabeza.

— ¡Entonces será toda la vida, Sakura! —gritó alzando los puños al aire.

Cuando terminaron de comer los fideos instantáneos que Naruto preparó para ambos, buscando subirle el ánimo a Sakura, este último se quedó por completo dormido en la cama, en el rincón que daba contra la pared. Ni siquiera se había cambiado, al momento en que se estremeció, Naruto lo acobijo con cuidado, poniéndole también su gorro que llevaba en la cabeza, por si le daba más frío.

Naruto, si bien, estaba comenzando a entender esos sentimientos que empezaron a brotar en él, al mismo tiempo comprendió que si estaban bien o estaban mal no importaba en absoluto, por la simple y sencilla razón que se trataba de Sakura. La única persona que estuvo con él todo el tiempo, con el que no necesitaba comunicarse con palabras para saber si estaba feliz, triste o enojado.

Así que por eso, algún día…

—No comas tanto ramen, Narudiota. —barbulló Sakura en su sueño, causando una risita en el rubio.

…podría expresar sus sentimientos hacía él.