Bienvenido de vuelta, antes que todo quería darles las gracias a su apoyo, de verdad me hacen feliz y me disculpo de antemano si demoro, está ya escrita la historia, sin embargo por temas de la universidad me cuesta encontrar momentos para actualizar, espero lo entiendan. Gracias a Tsubame Hime y a RoseJaeger por sus maravillosos review, no saben cuanto me llenan de vida. Por cierto, la portada del fanfic es de mi autoría también, un pequeño bosquejo que hice mucho antes de tener el primer párrafo de este cuento.
Espero les guste.
Copyright. Attack on Titan y sus personajes pertenecen a Isayama Hajime, la historia presentada a continuación es de mía, sin fines de lucro y no consiento la copia parcial o total de la misma. Gracias.
El Angel Negro
Parte II.
"El Ángel"
.
.
.
Al salir de la tina, mi cuerpo desnudo fue vestido con los más andrajosos ropajes blancos, teñidos en un tenebroso degradado negro al final de cada corte o costura en la tela.
− Dame la mano−. Insistía el hombre sombra junto a mí.
Fue entonces que, curioseando en lo etéreo que parecía mi cuerpo, vi a mi verdadero cuerpo muerto en la tina. Sentía un fuerte dolor en el pecho al verme tan pálido en el agua −ya fría− teñida de sangre, parecía dormir cuando en realidad ya estaba muerto.
− Es duro, pero lo has provocado tú−. Dijo la voz, pero no sentía miedo, estaba triste y eso era un hecho. Pero algo en mí me aseguraba que había hecho lo correcto, por fin descansaría.
− Al fin seré feliz.
La sombra bufó, meciendo todo su espectro por la habitación, burlándose de mí.
− ¿Qué te divierte?
− Niño, has roto un ciclo, serás castigado por ello. Ella da vida y la otra es la única que puede dar muerte. Tu condena no será la felicidad ni por asomo, ella no te perdonará por despreciar el regalo de la Dadora de Vida.
− ¿Ella? −, cuestioné, claramente alterado. Mis pies chapoteaban en el suelo a cada paso, yo solo me acercaba involuntariamente a mi cadáver al ver su sombra crecer como humo.
− Mi reina, tu reina ahora. Las almas rotas deben ser castigadas hasta el fin de los tiempos.
Incluso después de muerto, ¿me castigarán? Que broma más cruel.
La bruma cesó de pronto y nuevamente me extendió una mano, ordenando que lo tocara. Y a punto estaba de hacerlo, sin embargo, mi miedo fue más fuerte. A centímetros de tocarlo, me lancé sobre la puerta, fuerte fue mi impacto al ver que la atravesé como el espectro que soy.
− ¡Espera! −. Clamó. Una súplica que me hizo verlo mientras corría, pero no había nada, solo las paredes de una vieja cabaña
Mis pies dejaron de tocar la madera cálida al ser remplazada por la fría nieve, pero no sentía su temperatura o la textura de un suelo a otro. Mis pasos no dejaban huella y por primera vez en el tiempo que llevaba corriendo sentí un fuerte dolor en el tobillo.
Una fina cadena de oro llameante se aferraba a mi pierna como una serpiente. Caí de boca sobre un lago helado, no sentí dolor, pero sí el calor abrasador del metal en mi pierna.
− ¡Ah! −. Dolía en cada punto donde tocaba pues ascendía como un espeso liquido por la extremidad.
Al otro extremo la cadena era sujetada por dos brazos provenientes de la neblina, los ojos verdes llameaban y la fuerza en su tirar aumentaba, arrastrándome hacía él.
− Coopera, hombre. A nadie le gusta saber que está muerto, ¿sabes? Muchos lloran, sin embargo, otros son más nobles y lo aceptan sin pelear. Además. ¡Tú te lo has buscado! ¿Qué ganas con huir? −. dijo la bruma, molesta, está vez sonaba más natural.
− ¡No quiero ser castigado! −. Chillé, muerto del dolor.
Estando a unos pasos de distancia, relajó el agarre. Levitó hacía mí y la sombra comenzaba a dar forma a un par de botas negras que crujían sobre la nieve.
− No debiste romper tu ciclo, entonces. Ahora, dame la mano.
Y lo vi, desde el suelo capté el origen de la bruma, un joven no más mayor que yo con una capa negra cubriendo su cuerpo, tenía unos grandes ojos que relucían como gemas, su mirada era gentil y sus manos temblaban ligeramente.
− Eres humano−. Murmuré, apoyándome con los codos en el suelo.
Él retrocedió un poco y la cadena me liberó por completo enrollándose suavemente sobre su cuello, tomando la forma de un collar.
− Soy un angel de la muerte, nada parecido a ti−. Objetó, molesto.
− Eres hermoso.
Estaba impactado, tanto que escondió la mano tras su capucha y de nuevo la bruma lo abrazó. Yo estaba impresionado también, este ser se molestó, sintió pena de mí y se avergonzó de mi halago, era más humano de lo que pensaba.
