43. La misión de la arena.

— ¿Dónde estamos? —bufó Sakura, cruzada de brazos. El príncipe idiota, como ella solía denominarlo, la bajó hasta llegar al espeso bosque.

De un tiempo para acá, Sakura había generado cierto rechazo a ese tipo de habitad. Quizás porque su padre casi la asesinó al pie de uno o quizás porque había estado rodeada de solo arboles por más de dos años. Sea cual fuera la razón, tuvo que mantenerse tranquila para no preocupar al Uchiha, debido a que este a su vez preocuparía a Naruto y Kakashi, y se armaría un caos.

—No preguntes, solo camina. —contestó Sasuke, avanzando por los arbustos espesos.

Sakura frunció la boca, insatisfecha, no obstante terminó por seguir al Uchiha.

—Lo escuché de Ino. —dijo Sasuke, después de un rato. La kunoichi lo miró sin comprender. —Sobre el encierro que has tenido, siento haberme ido sin ti.

— ¿De qué hablas?

—Incluso cuando Anko me dijo las razones por las que no podía llevarte, no podía dejar de pensar que estarías mejor conmigo o Naruto. —siguió quitando las ramas, sin darle la cara. No obstante, Sakura podía ver que en el tono de seriedad que mantenía, había un rastro de culpa. —Estoy seguro de que si Ino le hubiera dicho a Naruto, él estaría diciendo lo mismo que yo ahora.

—Sasuke… entiendo que se sientan mal por mí. —comentó Sakura, bajando la mirada. —Pero no soy tan fácil de quebrar. Estos años me ayudaron mucho, he progresado bastante, además ahora puedo mantener a la raya mi enfermedad.

Sasuke se giró a ella, aún en lo profundo del bosque, los ojos de Sakura resaltaban igual de bonitos como Naruto. Esos dos sin duda iluminaban todo lo que él no podía.

— ¿Estás bien ahora?

—No. Mi enfermedad no tiene cura, o eso creo, para asegurarme debo encontrar a Kabuto. —ella frunció la boca, como si fuera obvio que no lo haría. —Y es poco probable que él quiera decírmela.

—Entonces, ¿aprendiste a controlarla?

—Sí. Tsunade-sama me enseñó una técnica especial para la canalización del chakra. —comentó Sakura, pasando a Sasuke para seguir por el camino que él marcó. —Con eso, mi chakra, por así decirlo, puede acabarse pero con la reserva que tengo, soy capaz de sobrevivir.

—Ya veo. —e hizo una leve pausa, atrayendo la atención de la chica. —Los sannins son increíbles.

— ¿Qué hay con esa cara? —preguntó Sakura, confundida.

—Nada. Es solo que ustedes dos fueron entrenados por sannins, aún ahora no sé si Naruto es más fuerte que yo.

— ¿Estás pensando que si hubieras ido con Orochimaru serías más fuerte que Naruto? —al verla, Sasuke se dio cuenta que ella se había molestado.

—No…

— ¡Definitivamente lo hiciste! —gritó Sakura con los ojos en blanco, apuntándole con el dedo. — ¿¡Es que estás mal de la cabeza!?

— ¡Ya te dije que no pensé eso! —contestó Sasuke, buscando ignorar los refunfuños de esta.

Sasuke siguió avanzando, adelantándose de nuevo a la chica para ir limpiando y tentando el camino, Sakura siguió con los reclamos por más tiempo, hasta que el Uchiha se detuvo, dándole una mirada severa para que dejara de hacerlo. Sakura frunció la boca, sin despegar la mirada del contrario, en una pequeña guerra para ver quién mantenía el control ahí.

—Lo que trato de decir, Sasuke… —suspiró Sakura, cediendo al cerrar los ojos. —Es que no creo que tu necesites ese poder.

— ¿Hmm?

—Eres muy poderoso, lo tenemos claro tanto Naruto como yo. —dijo ella, lo más firme que pudo. —Tú no necesitarás a un sannin. —Sakura tomó la enorme hoja del árbol, apartándola suavemente. Llegando al destino que Sasuke quería.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque si tu quisieras convertirte en uno de ellos, lo harías con tu propio esfuerzo. —sonrió, volviendo a conectar miradas con él.

Sakura notó por el rabillo del ojo un destelló entre verde y amarillo, seguidos de decenas más que alumbraban toda la penumbra del bosque. Ante eso no pudo apreciar el rostro sorprendido y ligeramente avergonzado de Sasuke al recibir sus palabras, quedó maravillada con el esplendido paisaje al que había sido sumergida.

Era hermoso.

Las luciérnagas se movían fluidamente entre los árboles, no parecían asustadas de que estuvieran ahí, e incluso una se posó en la mano de Sasuke, ante el movimiento nulo del mismo. El Uchiha la observó fijamente, provocando que Sakura, ante la mirada incesante, se encogiera en sus hombros y decidiera mirar a otra dirección, su vista vagó de un lado a otro hasta que al fin la posó en ese increíble cielo estrellado arriba de ellos.

—Increíble.

—A veces venía aquí cuando niño. —dijo Sasuke, espantando a la luciérnaga en su mano cuando hizo un movimiento. —Con mi madre… y a veces con mi hermano.

La chica se sentó justo donde estaban, invitando a su compañero de equipo para que se sentara a su lado. Sasuke así lo hizo, perdiéndose también en la luminosidad de las luciérnagas.

— ¿La extrañas mucho? —preguntó Sakura, abrazando sus rodillas.

Sasuke se quedó callado, apretando los labios.

—Perdón, fue una pregunta estúpida. —concluyó Sakura al notar su silencio. —Supongo que un hijo extrañará a su madre hasta el final, aunque no haya sido la mejor madre del mundo, o no la haya conocido, como Naruto. Siempre se extrañan esas sonrisas cansadas que te dirigían, esos abrazos que te daban de pequeños.

— ¿No has visto a tus padres desde el incidente? —preguntó Sasuke.

Sakura apretó por segundos los labios, perdiendo su mirada entre las luces que comenzaban a verse borrosas, era como si de repente hubiera perdido el enfoque de todo. Visualizaba una enorme oscuridad por el rabillo del ojo y no podía detenerla por más que intentara. A veces, en aquellos sueños que su mente le permitía recordar, ella estaba al borde de un acantilado y debajo de él, se encontraban Naruto y todos los que amaba para salvarla, pero al momento en que Sakura cerraba los ojos y se dejaba ir, ella sabía que en realidad no habría nadie para rescatarla.

¿Sasuke se habría sentido como ella cuando quiso aceptar el poder de Orochimaru? ¿Se sentiría todavía así?

—No. Y así estoy bien. —comentó ella, volviendo a la usual calma, trayendo consigo una sonrisa fresca. —Quizás no sea tan libre con Tsunade-sama, pero al menos, sé que algún día lo seré.

—Ya veo.

— ¿Y tú? —preguntó ahora, interesada. — ¿Qué pasa con tu venganza, Sasuke?

—La llevaré a cabo. —respondió Sasuke, serio. —No importa el tiempo que me tome, él pagará por lo que hizo a nuestros padres y hermanos del clan.

Sakura miró las estrellas, brillaban tan increíbles como siempre, pero está vez no parecían tan inalcanzables como hace varios años atrás.

—Ya no has vuelto a recibir ningún ataque, ¿verdad? —preguntó Sasuke, volviéndose a concentrar en lo que más le importaba en ese momento. —En el tiempo que estuviste sola, ¿no pasó nada?

—En absoluto. —respondió por inercia la chica. —Sólo estuve muy aburrida en una cabaña, estudiando los jutsus médicos y aprendiendo a controlar mi chakra para regular mi enfermedad, nada interesante.

En efecto, esa era la respuesta que esperó Sasuke y Sakura parecía sincera cuando la dijo, no dio ningún rastro de divagación o falsedad. No obstante, por muy pequeño que fuera, el instinto de Sasuke le dijo que había más en esa oración que en todo lo que habían conversado esa noche.

Pero era una estupidez, Sakura estaba ahí, sonriéndole y pidiéndole que le contara su viaje con Kakashi. Además, había estado al cuidado de Tsunade, una legendaria sannin. Itachi ni nadie se hubieran podido acercar a ella y hacerle daño.

Muy probablemente la estupidez de Kakashi y Naruto se le estaban pegando.

— ¿No te da miedo estar aquí en la noche solo? —preguntó Sakura, rascándose la mejilla. — ¿Cómo decirlo? Siento que me va a aparecer el fantasma del tercero si sigo mirando hacia la oscuridad del bosque.

— ¿Eres tonta? —reprochó el Uchiha, alzando una ceja. Y provocando una venita palpitante de enojo en la frente de Sakura. — ¿Te enfrentas a peligrosos ninjas y le tienes miedo a los fantasmas?

— ¡No puedo evitarlo! —lloró Sakura, poniéndose de pie. — ¡Al menos a los ninjas sé que los puedo asustar!

— ¿Cuántos años tienes? Incluso Naruto sabe que los fantasmas no existen.

—Para nada, —Sakura negó con la cabeza, haciendo una mueca con su boca—él es quién me enseñó a creer en ellos.

—Tenía que ser. —bufó Sasuke, llevándose una mano a la cabeza.

— ¿Entonces?

— ¿Qué?

— ¿No te da miedo?

—No, me gusta la noche. —respondió con una leve sonrisa. —El ruido de las masas que hay en el día se transforma en hermosos sonidos nocturnos, como los grillos, el croar de las ranas o simplemente en silencio. El aire y el aroma del pasto semi-húmedo, el contemplar de las estrellas, todo eso me resulta maravilloso.

Sakura se le quedó viendo asombrada, se concentraba tanto en sus pensamientos que olvidaba ver todo eso.

—Y también…

— ¿También?

—El contemplarte a ti. —respondió Sasuke, poniéndose de pie. Sakura se atragantó con su saliva, comenzando a toser a todo pulmón; con la boca temblándole, sintió una gota de sudor recorrer su nuca y el rubor crecer por toda su cara. Estúpido Sasuke, ¿por qué debía de decir eso justo en ese preciso momento?

— ¡Q-Qué cosas dices!

—Parece que lo olvidaste. —dijo Sasuke, haciéndole una seña para que comenzaran a marcharse. —Pero yo, en estos tres años no he olvidado los sentimientos que tengo por ti, en ningún momento.

—Sasuke…

—Sería bueno que comenzaras a recordarlos. —sentenció.

—.—.—.—.—

—Hummm. —Naruto se asomó por el rostro de Sakura, observándola detenidamente mientras ella contenía su puño para no mandarlo cien metros al sur.

— ¿Ahora qué? —protestó Sakura, tomándolo de la campera. — ¿Quieres pelear conmigo, Narudiota?

— ¿¡Quién es Narudiota!? —reprochó Naruto, apresando un mechón rosa del fleco de Sakura en sus manos, ambos con la misma fuerza que el otro mantenía en su agarre.

—Basta ustedes dos. —bufó Sasuke. —Suficiente tengo conque el idiota de Kakashi nos haya dejado esperando tres horas de nuevo.

—Sakura, tienes ojeras. —señaló Naruto después de que ambos chocaran sus cabezas. Sakura aun sobándose la frente, alzó una ceja. — ¿No pudiste dormir bien?

—Intenta dormir con este pajarraco que se mueve más que una persona. —murmuró Sakura, señalando su cabeza que tenía a Masamune en ella.

—No deberías traerlo a las misiones, podría lastimarse. —comentó Naruto, buscando tocarlo con un dedo, bastó con eso para que Masamune comenzara a picarlo mientras el rubio corría en círculos para evitar sus ataques.

—Solo está acostumbrado a Lee. —dijo la chica. — ¡No te lo vayas a comer, Masamune!

— ¿¡A comer!? —preguntó Naruto con los ojos en blanco.

—Ya estoy aquí, chicos. —saludó Kakashi, alzando una mano. —Lamento llegar tarde.

—Sí, como no. —dijo Sasuke, rodando los ojos.

— ¿Cuántos años tiene, Kakashi-sensei? —preguntó Sakura, con las manos en la cintura. —No puede seguir con esa actitud por siempre.

—Está es nuestra primera misión como el mejorado equipo siete y tú como si nada. —reprochó Naruto, enfurruñado.

—A él nunca le ha importado nada. —siguió Sasuke.

Solo les dije que seríamos iguales en el equipo y ya perdieron todo el respeto. —pensó Kakashi, abrumado.

Una vez que llegaron al cuarto de asignación de misiones, una escena que Sakura recordaba muy bien, volvió a repetirse.

— ¡Ni lo sueñes, vieja bruja! —reprochó Naruto. — ¿Por qué siempre nos dan las peores misiones a nosotros?

—Quizás si hubieran llegado a tiempo les habría tocado una buena misión, Naruto. —respondió Iruka, después de que Tsunade le aventara la silla a Naruto.

— ¡Pero fue culpa de Kakashi-sensei, no nuestra!

—Él no sabe lo que dice. —dijo de inmediato Kakashi. Sasuke suspiró.

—Lo siento mucho, maestra. —pidió Sakura, inclinando decenas de veces a Naruto para que pidiera disculpas. Si Naruto quería conocer a Tsunade enfadada, pues bien, podría conocerla él solo porque en lo que respectaba a Sakura, había tenido suficiente de su enojo en todo el tiempo que entrenó con ella.

Masamune ante los movimientos de Sakura fue a parar a la cabeza de Kakashi quién se encogió en sus hombros al ser elegido como el nuevo nido. A decir verdad, la cabeza y cabello de Sasuke parecían mejor para llenarlos de ramitas, pero bueno, en sueños el Uchiha lo dejaría hacerlo.

La puerta no tardó en abrirse de golpe, trayendo consigo una noticia que dejó a más de uno sorprendido.

— ¡Tsunade-sama, Akatsuki ha secuestrado al Kazekage!

Y, mientras que para Naruto fue un golpe duro de digerir, para Masamune fue la primera señal que necesitaba.

Casi por instinto Sakura se giró a su cuervo, dándole una media sonrisa triste. Masamune pese a la mirada de Sasuke, volvió a pasarse a Sakura, solo que está vez quedó en su hombro, sin acurrucarse en sí mismo, de hecho, hacía lucir a Sakura mucho más imponente.

¿De verdad no le había pasado nada en esos tres años?


¡Muchas gracias por sus comentarios!

Nota: Hace poco un subscriptor me pidió permiso de publicar mi historia en youtube, no le vi nada de malo así que accedí. La historia está redactada. Por si quieren pasar a leerlo su canal se llama "Stories of otakus".