Disclaimer: Los personajes no son míos. La historia claramente sí.
.
.
.
Merida.
Se negaba a mirarlo, estaban sentados en la misma mesa y de lado a lado, pero se negaba. Absolutamente.
El tipo había bajado del dragón con algo que sus hermanitos— de doce años— catalogaron como estilo, hizo una reverencia y esperó pacientemente a que ella correspondiera. Lo hizo, sí, pero el tipo solo le dirigió una mirada y eso había sido todo.
—No imagina lo feliz que nos hace tenerlos aquí —inició su madre, tan educada como siempre—. Lamentamos mucho su perdida, de verdad que sí. Mi hija sugirió enviar un mensaje con nuestras condolencias, pero dado que los tendríamos en DunBroch pronto, decidimos hacerlo en persona.
La reina Valka sonrió.
—Agradecemos mucho sus palabras —entonces se concentró en ella—. Tú debes de ser la princesa Merida. Estoico dijo que eras muy linda, no estaba exagerando.
Merida se obligó a sonreír, estaba tuteándola y ni siquiera la conocía.
—Muchas gracias, mi señora.
—Creo que es hora —dijo la reina Elinor, después le dio un codazo disimulado a su esposo—. Fergus, amor, debes presentar a Merida.
—Claro, claro —carraspeó un poco.
Tomó a su hija de la mano y junto a la reina Valka bajaron de la tarima con dirección al nuevo rey.
—Hiccup, hijo —la reina cogió del brazo a su hijo—. Me complace presentarte a la princesa Merida de DunBroch.
Merida miró a su padre. Quería morirse.
Hiccup.
Desde que fueron presentados, la princesita no se dignó a hablar con él y eso había sido media hora atrás; estaban sentados juntos en la mesa de honor, pero ni siquiera se miraban. Y él no daría el primer paso.
La familia real de aquel reino se había puesto de pie para la reverencia— parte del protocolo de la realeza—, después su madre subió a la tarima donde el rey Fergus la recibió con efusividad— dedujo que la reina Elinor era más calmada—; no se necesitaba ser muy listo para saber de inmediato que los trillizos eran un caso y finalmente estaba la mujer con la que se casaría.
Iba ataviada en un elegante vestido de color azul claro y traía un velo blanco en la cabeza que dejaba cubierto el cabello, aquella prenda estaba sujetada con una pequeña corona adornada con discretas piedras preciosas. Al menos eso pudo ver, no podía mirarla bien puesto que Valka yacía parada delante de ella, tapando la vista.
Notó que su madre y la princesa intercambiaron unas palabras y segundos después, el rey— acompañado de Valka y de la princesa— bajaba de la no muy elevada tarima.
Su madre— como única guardiana suya— le presentó a la princesa Merida.
—Corazón —el rey Fergus miró a su hija—, es un placer presentarte al rey Hiccup, el nuevo soberano de Berk e hijo de uno de los mejores hombres que conocí nunca.
Ambos padres se hicieron a un lado y ellos por fin pudieron verse.
No iba a negar que era guapa.
Dedujo que era pelirroja pues sus bonitas cejas la delataban, tenía los ojos azules y una pequeña boquita sonrosada. Hiccup esperaba que no tomaran a mal que sus ojos volaran atrevidamente por la cara de la hija del rey.
Su madre le pisó el pie bueno disimuladamente.
Salió de su estupor y recordó lo que Valka le había enseñado días antes, para cuando ese momento llegara.
—Con su permiso, mi lady —tomó la mano de la princesa con suavidad, la llevó despacio hasta su boca y plantó un beso pequeño en sus nudillos—. Un placer por fin conocerla.
—El placer es todo mío ─respondió y se desataron los aplausos del público que había estado callado.
Merida.
Y ahí estaban, media hora después de conocerse y no habían hablado en lo absoluto.
Bebió un sorbo de su pequeño vaso de vino y su atención fue requerida por su madre.
—Deben poner fecha para la boda, cuanto antes mejor.
Merida se abstuvo de fulminarla con la mirada.
—Por supuesto.
—Yo aconsejo que sea para el mes que viene, entrando el otoño —agregó Valka—; según nuestras tradiciones es la mejor época del año, las cosechas ya estarán recogidas, parte del ganado ya estará sacrificado y la miel en conserva.
—La opinión del novio también debe ser tomada en cuenta —Elinor llamó al tal Hiccup, Merida centró su mirada al frente para ignorarlo disimuladamente—. ¿Qué es lo que opina usted, joven rey?
La princesa estaba exasperada, a su madre parecía caerle bien el rey dragón. Hiccup rápidamente le prestó atención, pero Fergus habló antes de que él lo hiciera.
—Ya están viendo la fecha y él todavía no se lo pide.
—Tienes razón, Fergus.
Merida estaba segura que la reina Valka y su padre se conocían, por esa razón se tuteaban.
—Es momento de que se formalice el compromiso y así pueda empezar la fiesta y los preparativos.
Todos se pusieron de pie.
—Pueblo de DunBroch, pueblo de Berk y pueblos pertenecientes a los grandes clanes —empezó el rey Fergus, todo el mundo le puso atención—. Ha llegado la hora de… la hora de…
Al ver que su padre estaba tartamudeando— como cada vez que tenía que decir un discurso que implicase un asunto de su hija y otro hombre— la reina Elinor se metió.
—Ha llegado la hora de la pedida formal de compromiso.
—… la pedida formal de compromiso —terminó su padre.
Se hicieron hacia atrás para que quedaran ellos dos, solos.
Hiccup sacó una pequeña y elegante cajita forrada con lo que parecía piel de bisonte, se arrodilló y Merida contuvo el aliento.
Hiccup.
Giró la vista hacia su madre— quien lo instó con emoción—, sacó la cajita de uno de los bolsillos interiores de su capa y se arrodilló.
0o0o0o0
—Debes darle un anillo.
—Lo sé.
—Bien, vamos a esa joyería de ahí —Valka apuntó una tienda—. Debes mandar a hacer el anillo.
—¿Qué? creí que le daría el tuyo.
Su madre negó con la cabeza.
—No puedes darle el anillo de tu madre —negó—, debes mandar a hacer o comprar uno nuevo, exclusivamente para tu futura esposa.
El castaño resopló mientras se dirigían a la tienda.
—Bien ¿Cómo sabes que este lugar es de calidad?
—Tu padre me regaló un brazalete y un hacha nuevos por nuestro aniversario, hace un año —explicó—. Dijo que había mandado a hacer aquí el brazalete, pero que no es barato.
—¿Y quieres que mande a hacer uno para ella aquí?
—No, vas a mandar a hacer dos aquí: el de compromiso y el de boda.
—Tendré que vender alguno de mis órganos para pagar.
—No seas exagerado, te darán un precio justo. Tienen trato especial con los reyes nuevos.
Hiccup rodó los ojos, abrió la puerta de la tienda y entró, resignado a gastarse mucho en dos estúpidos anillos.
0o0o0o0
—Hágame el hombre más feliz de este mundo casándose conmigo —pidió, con la frase que su madre le hizo ensayar al momento que abría la cajita, revelando un bonito anillo nórdico de circonio dorado*.
El anillo simulaba dos patas de un oso y no alcanzaba a cerrarse en sí.
—Nada quisiera más —se obligó a contestar.
Tal como la hizo practicar su madre con Maudie, extendió la mano; al momento en que Hiccup le puso el anillo, comenzaron a tocar las gaitas y los gritos de los tres pueblos reunidos se hicieron oír.
Merida.
Una hora después de la formalización del compromiso, los reyes mayores acompañados por un vikingo de nombre Gobber— que le agradó a Merida—, reían y bebían— su madre con más moderación, claro estaba—, ellos dos habían sido olvidados.
Sintió la tentación de levantarse con la excusa de ir a por algún bocadillo, pero la mesa estaba repleta de comida. No era una opción viable.
Desistió de marcharse cuando un grupo de cuatro personas, tres hombres y una mujer, se acercaron.
—¿Qué están…? —empezó Hiccup a preguntar.
—Calla, Hipi —un rubio alto de pelo trenzado le puso una mano en la boca, interrumpiéndolo—. Venimos a presentarnos formalmente ante tu prometida.
—Como tú no te dignas a hacerlo, pues tenemos que actuar nosotros —añadió la chica, que se parecía bastante al primer individuo.
Un momento ¿Hipi?
—Mi lady —empezó otro, moreno y bajito—, permítame presentarme, la gente suele llamarme Snotlout.
¿Snotlout?
—Yo soy Fishlegs, para lo que se le ofrezca —el siguiente era un rubio grandote, pasado de peso.
¿Fishlegs?
—Yo soy Brutilda y este de aquí —apuntó al que había callado a su prometido— es mi hermano gemelo, Brutacio.
Ah, eso explicaba el parecido… un segundo ¿Brutilda? ¿Brutacio?
Los cuatro hicieron una reverencia que ella correspondió un tanto confundida, su cara debió reflejar su duda porque enseguida Hiccup se metió.
—Bueno ya —les dijo a sus amigos y después, con un tono más educado, se dirigió a ella—. Son mis amigos más allegados, mis disculpas si la incomodaron.
Los cuatro vikingos la miraron, expectantes.
—Para nada —carraspeó—. Soy la princesa Merida, pero pueden llamarme Merida si les apetece —saludó—; me da mucho gusto conocer a los amigos de mi… de mi prometido.
—¿Lo ves? No es tan estirada como dijiste que sería —el bajito, Snotlout, le dio un golpe juguetón a Hiccup en la espalda.
¡¿Que qué?!
—¡Snotlout! —Hiccup la miró, avergonzado—. Discúlpelo, por favor, él suele ser imprudente… siempre, le aseguro que yo nunca diría algo como eso...
Merida le lanzó una mirada fría.
—Con permiso, quiero probar un poco de esa cerveza que trajeron —ignorándolo de forma olímpica, Merida se levantó y se fue.
¿Cómo que estirada?
Ella no era ninguna estirada.
¿Verdad?
Hiccup.
Se quedó mirándola hasta que desapareció, entonces encaró a Snotlout.
—¿Qué demonios tienes en la cabeza?
—No puedes culparme, tú dijiste eso esta mañana —replicó el moreno—. No vayas a decir que no te acuerdas.
Hiccup miró hacia los lados para cerciorarse que no hubiese nadie más escuchando. Claro que se acordaba, pero no pensaba aceptarlo ahí; no era el momento ni el lugar.
—No era un comentario que tenías que hacer.
—Sí, Snotlout —Brutilda le dio un golpe—; va a pensar que su futuro pueblo está lleno de estúpidos
— ¿Y no? —Fishlegs terminó de beberse el vino de la copa de Hiccup—. Esto no estaría pasando si Astrid estuviera aquí,.
—¿Dónde está? —Hiccup ni siquiera había pensado en ella.
—Obviamente no vino, dijo que iría con un grupo de investigadores a no sé dónde —Brutacio picoteó el plato de comida del rey dragón—. Creí que lo sabías.
Estaba claro que no, pero le restó importancia mientras se ponía de pie, tendría que ir detrás de esa… esa princesa, sabía que debía hacerlo. Después de todo, había sido su culpa.
Merida.
La cerveza de Berk era realmente buena. Bebió un trago enorme del cuerno que uno de los vikingos le ofreció y después mordió un pequeño panqué para que el alcohol no se le subiera a la cabeza.
—Entonces ¿Dice que la dejan reposar en barriles? ¿Por cuánto? ¿Seis meses?
—Así es, mi lady —asintió el vikingo—; tenemos más barriles en reposo en este momento, apuesto que muchos de ellos estarán listos para el día de la boda.
Merida rio con nerviosismo, la verdad era que esos vikingos que conoció le agradaban. Se había acercado para preguntar por la cerveza y ellos mismos abrieron un barril nuevo para que pudiera probar.
—Bueno, quiero que se encargue personalmente de eso.
El resto de los hombres en la mesa soltaron una carcajada y Merida le dio otro sorbo al cuerno.
—¿Qué le ponen a esto? Está muy buena.
—Cebada, su majestad —contestó otro y levantó su propio cuerno lleno de cerveza—. ¡Por la futura reina de Berk!
Los demás vikingos cercanos se unieron al brindis, la bermeja soltó una carcajada y cuando se propuso tomar otra rebana de panqué, se topó con Hiccup, que la miraba como idiota.
Genial, lo que le faltaba.
Hiccup.
Pudo verla entre todo el gentío: estaba parada delante de una de las mesas donde parte de las personas de Berk que habían venido con él estaban sentadas, cuanto más se acercaba pudo notar que tenía un cuerno— usado en su reino para beber la cerveza de vez en cuando— le dio un sorbo y después mordió lo que parecía ser un trozo de panqué.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca escuchó como terminaban de hacer un brindis en su honor y ella reía. Algo que no creyó posible.
Se quedó parado, admirando algo que— seguramente— no volvería a pasar.
Entonces ella se dio la vuelta, notó su presencia y su mirada— cálida segundos antes— se transformó en un tempano de hielo.
Sí que la había hecho enfadar.
ACLARACIONES:
Anillo nórdico de circonio dorado: Si lo buscan en Google tal cual se los dejo aquí, encontraran el modelo del anillo en el que me basé aquí.
Hipi: En How to Train your Dragon 3, Brutacio llama Hipi a Huccup mientras pasean por el bosque y le da una plática de hombres. La verdad no sé cómo se escribe tal cual, pero así lo estoy usando.
Hola gente bonita, buenas noches, aquí un nuevo capítulo. Espero que lo disfruten.
Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
