Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Merida.

Resopló ante la atenta mirada de su madre, se sentía cansada y aún no empezaban.

—¿Y bien? ¿Qué piensas?

—Son demasiadas cosas que hacer.

Elinor negó con la cabeza.

—Es una boda, Merida, claro que hay mucho que hacer.

La joven puso mala cara.

—Me ayudarás ¿Verdad?

—Voy a opinar sobre ciertas cosas, pero tú vas a escoger todo.

Merida se cuestionó si de verdad su madre sería capaz de quedarse al margen.

—Bien ¿Por dónde empezamos?


Vestimenta.

La modista real entró a la enorme sala con una cinta métrica colgada del cuello, seguida de un par de sus asistentes. Hizo una reverencia a la reina y a la princesa.

Elinor la había mandado llamar al castillo para el diseño del vestido que usaría su hija el día que se casara.

—Como sabe, la princesa va a casarse dentro de cuatro semanas —comenzó a decir la reina—. Necesito que diseñe dos vestidos, el suyo y el mío.

La modista no esperó otra instrucción, chasqueó los dedos y uno de los asistentes— una chica joven— le pasó varias hojas de papel y un lápiz afilado.

—¿Con cuál comenzamos?

—Con el de la novia, por supuesto.

La mujer asintió y puso el papel sobre la mesa de madera que estaba en medio de la habitación, la reina y la princesa— sentadas en las sillas tras el mueble— se pusieron de pie.

—¿Alguna vez ha diseñado un vestido de novia vikingo?

—Por supuesto, cuando estaba por terminar mis estudios en la Ciudadela* —comenzó a relatar—, lo último que debía diseñar fue precisamente, un vestido de novia Vikingo. Hice tan buen trabajo que de inmediato me contrataron en una boutique en una de las Ciudades Libres.

—Eso es fantástico —respondió Elinor, entonces comenzaron a hablar del vestido—. El clima del reino de Berk será frío para cuando sea la boda, así que un vestido con mangas estará bien.

Y eso fue todo lo que dijo. El par de horas siguientes Merida fue la encargada de ver los detalles con la mujer, debía admitir que le gustaba el resultado.

—Tengo que tomarle las medidas, princesa —tomó más papel y otro lápiz afilado, el asistente varón dispuso un banquito para que Merida se subiera y así la modista pudiera medir.

"Esto es más difícil de lo que pensé".

—Es momento de que elija la tela —chasqueó los dedos de nuevo y la joven de antes sacó varias placas repletas de distintos tipos de telas.

Merida miró todas y cada una de ellas, indecisa.

—Los vikingos usualmente usan el algodón y la lana —aconsejó la modista, al notar que la princesa estaba en problemas.

El joven le acercó las placas con algodones y lanas, y Merida acarició todos ante la mirada atenta de Elinor.

—La lana de oveja estará bien —dijo al final, después de todo ese tipo de lana era lo que más se usaba—. Quiero que use encaje en las mangas en lugar de algodón.

—Por supuesto, por supuesto —retiraron las placas y tomó papel nuevo—. Como ya terminamos con el vestido de novia ¿Podemos comenzar con el de la reina?

Merida asintió, aliviada de estar libre de ese martirio.

Besó a su madre en la mejilla y salió en busca de Angus, necesitaba despejarse.


Anillo y muñequeras.

Se contuvo para no besar el suelo en cuanto se bajó del barco, pero no pudo evitar susurrar, aliviada.

—Por fin, tierra.

—No exageres, fue solo un día —espetó su madre, mientras se abanicaba—. Démonos prisa, a menos que quieras estar en esta ciudad más de dos días…

Eso fue suficiente para que Merida apurara el paso hasta la joyería. Ambas mujeres— acompañadas de algunos guardias— tomaron un barco en dirección de una de las Ciudades Libres más cercana con el objetivo de hacer algunas compras para la boda.

Un hombre amable las recibió en cuanto entraron al establecimiento, su sonrisa se ensanchó cuando vio la corona en la cabeza de Elinor.

—Sean bienvenidas a la mejor joyería de esta ciudad —canturreó—, creamos para nuestros clientes las piezas más exquisitas.

Merida deseó abofetearlo.

—Quiero encargar un anillo de bodas y dos pares de muñequeras —dijo, ignorando lo dicho por el hombre—. Me casaré en cuatro semanas y necesito que haga un anillo y unas muñequeras para mi prometido, las otras serán para mí.

—Sí, sí, claro— asintió el hombre—. ¿Tiene alguna idea de cómo los quiere? nosotros jamás hacemos dos piezas iguales.

Carajo.

El hombre tomó papel y lápiz, esperando a que ella le dijera que hacer.

—El anillo y las muñequeras de mi prometido tendrán diseños de dragones, pequeños Furia Nocturna —ordenó—. Las mías las quiero con diseños del emblema de mi reino, DunBroch.

El encargado garabateó en el papel y cuando terminó, se lo pasó para que lo viera.

Ella asintió, conforme con el resultado.

—Tiene que decirme la medida y el material del que quiere que los fabriquemos.

¿Medida?

—El anillo será del número diez y las muñequeras del número dieciocho, son para un varón de veintidós años, delgado— habló la reina, en auxilio de su hija—. Las de la princesa serán del numero dieciséis.

Merida exhaló, aliviada.

—¿El material…? —empezó el hombre, anotando lo anterior.

—Oro blanco… el anillo, digo; el de las muñequeras de oro normal —al menos recordaba eso de las miles de cosas que le había dicho su madre.

—Desde luego —el encargado juntó sus notas y las ensartó en el clava papeles—. ¿Quiere que le enviemos su pedido a domicilio o vendrá a recogerlo…?

—A domicilio —se metió la reina—. Los necesitamos una semana antes del gran día.

—Alteza, los tendrá en la puerta de su palacio la semana siguiente.

Después de pagar completo, las mujeres salieron de la joyería… claro, no sin antes encargar seis collares más para cada uno de los miembros de la familia.

Merida estaba exhausta.


Zapatos.

La zapatería era inmensa y la futura reina de Berk no veía la hora de marcharse; llevaban ahí media hora y su madre ya había escogido varios pares para sus hermanos, para su padre y para ellas mismas.

—¿En qué podemos ayudarla, princesa? —una jovencita se acercó a ella, toda amabilidad.

Miró a su madre en busca de ayuda, pero ésta parecía perdida en unos zapatos color esmeralda.

—Voy a casarme pronto, necesito zapatos para…

—Tenemos de todos los modelos —la chica no la dejó terminar y la guio a un apartado repleto de zapatos que variaban del blanco al color crema—. ¿Los quiere altos, planos o con poco tacón?

—Necesitamos botas─ en un segundo, su madre estaba a su lado.

¿Botas?

—Estará cubierto de nieve, las botas serán perfectas.

La encargada les mostró varios modelos de botas y Merida terminó decidiéndose por unas altas de tela floreada y cordones que llegaban hasta las rodillas. Tenían poco tacón.

—Envuélvame estas— le pasó las botas después de probárselas y la chica se dirigió a empacarlas, Merida y Elinor tomaron rumbo a pagar.

Salieron de la tienda con una cosa menos por hacer y con los guardias cargados de zapatos.


Regalo.

—Esto pude mandarlo a hacer en DunBroch, mamá— se quejó la joven, frente a la armería.

—Por supuesto, pero es un regalo para tu futuro marido, no podías mandar a hacerlo con el herrero del reino.

Merida quiso decirle que ese herrero fabricaba las armas de su padre.

Con un resoplido irritado entró al establecimiento, después de las formalidades y de que la persona que atendía— un hombre perfumado que no daba la pinta de ser herrero— se deshiciera en halagos, procedieron a hacer lo que tenían que hacer en ese lugar: comprar.

—Necesito que fabrique para mí un hacha de guerra —habló sin pensar.

¿De dónde sacó eso?

Claro, escuchó a algunos vikingos hablar de cómo su rey era bastante diestro en el arte de usar el hacha.

—¿Bipennis, doladera, danesa*…? —preguntó el hombre.

Vaya, de eso sí sabía.

—Mi prometido es vikingo.

—En ese caso, prefiere la danesa ¿no?

—Sería lo más adecuado, pero le valdría más una bipennis.

El hombre asintió y apuntó en un cuaderno que tenía en mano.

—¿El mango…?

—De madera de roble… por cierto, quiero que tenga diseños de dragón en la hoja.

—¿Especie?

—Furia Nocturna.

El hombre garabateó y finalmente cerró el cuaderno.

—Bien, su encargo le llegará en un par de semanas, le daremos prioridad por ser quién es.

Un beneficio tendría que tener ser de la realeza. Después de pagar— una cantidad estúpida si alguien se detenía a preguntárselo— finalmente se fueron.

Esa misma tarde tomaron otro barco con rumbo a DunBroch.

No podía esperar por estar de regreso en su casa.


Coronas de flores.

La florista les mostró varios modelos, pero Medida no podía decidirse. Las flores le parecían tan… vanas. Llevaban ahí una hora y media y simplemente no se decidía, su madre lucía visiblemente molesta. Entonces tomó las primeras que vio.

—La de mi prometido será ésta —la corona era de hojas verdes y pequeñas flores blancas— y la mía ésta —flores de color rosa pálido adornaban la elegida.

—Vaya, son bastante bonitas para que las escogieras al azar —comentó Elinor, apretándose el puente de la nariz.

—Estarán listas para cuando deban irse —la florista tomó las coronas—. Les pondremos un conservador para que no se marchiten.

Pagaron y se fueron, Merida deseaba terminar con los malditos preparativos de una vez.

Su tiempo en DunBroch estaba contado y ella lo desperdiciaba arreglando esas trivialidades.


Banquete.

Un sonido de satisfacción escapó de su boca al probar la sopa.

—Ésta también —declaró, dejando la cuchara en la mesa.

Maudie asintió y la cocinera apuntó el nombre de la sopa.

—¿Qué me dices del salmón, tesoro? —preguntó Maudie, pasándole un plato con pequeños cortes del pescado.

—Desde luego, solo que más ahumado —contestó después de probarlo—. Cocinen haggis, pollo asado y howtowdie* con huevos estrellados, a los vikingos les encanta la carne.

—¿Postres…?

—Pastel de zanahoria, pan aliñado, bizcochos —la cocinera apuntaba como podía.

—No olvides el queso —sugirió la reina—. Y el alcohol, claro.

—Seguro, quiero mucho queso y cerveza, pero no toquen la reserva de mi padre… ¿Saben qué? sí, llévense varios barriles y también whiskey.

Merida ni siquiera miró a su madre.


El barco se movía calmadamente y ella— de forma inesperada— también se sentía sosegada.

Se casaría mañana.

El viaje a Berk duraba tres días, por lo que las embarcaciones— que llevaban sus cosas y su parte de los preparativos para la boda— de su reino salieron antes para llegar a tiempo.

Después de mañana, solo los dioses sabían cuando volvería a su amado DunBroch.

Llevaban más de una docena de barcos, en varios iban los que asistirían a la ceremonia, en otros estaban los alimentos, la bebida y las cocineras que se encargaban de preparar todo desde un día antes y en el más grande iban ella, su familia y sus cosas. Angus también.

Miró la caja donde estaba el vestido, sobre esa se encontraba la de los zapatos y más allá estaba la que llevaba el regalo para su marido… futuro marido. Sintió que el tiempo pasaba lento mientras se encargaba de las cosas, pero ahí y ahora, en ese barco, sintió que todo fue bastante rápido.

Alguien tocó a su puerta.

—Pase.

Sus tres hermanitos— Hubert, Harris y Hamish— entraron y se lanzaron a su cama, cayendo sobre ella y sacándole el aire.

—A un lado, mocosos —se los quitó de encima, tratando de recuperar el aliento en tanto los trillizos reían—. No hagan eso, tienen doce años, ya no son tan pequeños.

—Mamá nos pidió que te dijéramos que ya llegamos —informó Hamish.

—Diablos.

—Yo quiero ver dragones —dijo Hubert, jugando con un rizo de su hermana.

—Gracias, Hubert, tu míralos cómodamente mientras tu hermana se casa —ironizó Merida.

—Tu esposo nos dará uno ¿Verdad? —Hubert ignoró su comentario.

La chica los miró mal.

—Ahora que yo no esté, podrán hacer lo que quieran —Merida les tiró del cabello, ignorándolo también—. Van a disfrutar de lo lindo que yo me quede aquí con mi… con mi marido.

—Vamos a extrañarte —dijeron los tres al mismo tiempo.

—¿Enserio?

—Pues sí, tonta —respondió Harris, rodando los ojos—. Eres nuestra única hermana.

—Claro, soy tan tonta que pensé que me extrañarían porque me quieren.

—Esto de la boda te está haciendo sensible —se quejó Hamish—. Para que veas que sí te queremos, te prometemos que si tu marido no se porta bien, vamos a hacerle la vida imposible.

Merida soltó una carcajada. Hamish le pasó su capa con capucha.

—Andando, sino mamá vendrá por nosotros.

Salieron a cubierta, la capucha la cubriría de los ojos curiosos pues según su madre, no debían verla hasta la ceremonia.

Tragó seco.

Delante de ella se alzaba Berk, el lugar del que desde mañana, sería reina.


—REVIEW—

Guest: Gracias por tu review, aquí tienes otro capítulo. Espero que baste hasta el próximo fin de semana LMAO. Claro que nos leemos ¿O no? Harry.


ACLARACIONES.

Ciudadela: También forma parte de GOT.

Bipennis, doladera, danesa: 1) hacha de doble hoja, 2) hacha típica de las tribus nórdicas y 3) hacha vikinga.

Howtowdie: platillo escoces.

Notarán que a nuestra princesa le gusta decir Carajo. A mí también.

Disfruten, nos leemos.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? OK.

Harry.