Disclaimer: los personajes no son míos, la historia sí.
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Hiccup.
Gobber entró estrepitosamente en su habitación e Hiccup se cubrió la cara con la almohada, irritado.
Solo quería dormir un poco más.
—Arriba, arriba, chico —lo picó con la prótesis que sustituía su mano—. Hoy es el gran día.
—Dame otros cinco minutos —masculló bajo la almohada.
—No tenemos cinco minutos —se la arrebató—. Tienes que alistarte, por Odín.
El rey se sintió tentado de decirle a Odín que se jodiera, pero se abstuvo. Aun quería ser bien recibido en el Valhala.
—Hiccup, tenemos que bajar al prado para la ceremonia mucho antes que la princesa. Date prisa.
Con un suspiro irritado, el joven rey se levantó.
—Ya voy, carajo.
Con pasos lentos y adormilados, se encaminó al baño donde una tina enorme lo esperaba. Maldijo cuando su piel desnuda tocó el agua helada, Gobber soltó una carcajada.
—Es para la…
—Para la buena suerte, la maldita buena suerte ¡Ya sé!
Terminó de bañarse y salió enredado en una túnica de baño— cortesía de Snotlout—; su traje de bodas yacía esperándolo y cuando pensó que nada podía ser peor, Fishlegs, Snotlout y Brutacio lo esperaban, ya vestidos.
—Gobber dijo que no estabas de humor —comenzó Fishlegs—, por eso no vamos a molestarte.
"Gracias a los dioses".
—Habla por ti —Brutacio tomó rumbo al armario de la habitación y sacó unos calzoncillos de pieles—. Date prisa, Hipi, o llegaremos tarde.
"Era bastante bueno para ser cierto".
—No voy a vestirme delante de ustedes —declaró el novio.
—No seas niña, no tienes nada que nosotros no —Snotlout rodó los ojos—. Muévete ya, alteza.
Hiccup le arrebató su ropa interior a Brutacio y volvió al baño, después salió nuevamente y se resignó a que sus amigos lo ayudarían a vestirse… otra vez. Se puso el pantalón color crema y la camisa blanca con ribetes de hilo de oro en el final, admitió que el traje estaba y se sentía bien.
—Quién quiera que te hizo esto —Fishlegs señaló su traje—, sabía lo que hacía.
—Más valía que sí, no pagué tanto por nada —masculló Hiccup.
Snotlout sacó la bota de la caja donde la habían empacado.
—Aquí tienes tu calzado elegante —le extendió la bota con una reverencia fingida y burlona.
Hiccup se la arrebató, se sentó en la cama y se la puso.
—¿Saben si Gobber trajo la prótesis?
—El viejo la dejó antes de irse —dijo Brutacio, pasándosela.
—¿Irse? ¿A dónde? —Hiccup se quitó la prótesis vieja y se abrochó la nueva.
—A bañarse, dijo que quería estar limpio para la ceremonia —Fishlegs se secó una pequeña lágrima—. Hasta nosotros nos bañamos.
—Así que no la riegues, Hipi —el gemelo le dio un empujón fuerte.
—Muy bien, holgazanes; largo de aquí.
Hiccup se quedó tieso cuando la escuchó.
Astrid.
Estaba parada en el marco de la puerta, vestida con pieles nuevas y el cabello recién trenzado. Preciosa.
Los tres varones pasearon sus ojos entre ambos, se encogieron de hombros y se fueron.
—No olvides el cinturón —lo sacó de la caja donde habían enviado el traje y se lo puso—. No queremos que se te caigan los pantalones delante de los cortesanos del reino de tu prometida.
—¿Qué haces aquí, Astrid?
Lo guio al tocador de la habitación, lo sentó en el banquillo y tomó un cepillo para comenzar a peinarlo.
—El jefe, rey o lo que sea de mi pueblo se casa hoy, es la fiesta de los últimos años y yo no podía perdérmelo.
—Astrid…
—Además —siguió—, somos tu equipo, yo formo parte de tu equipo y es mi obligación moral estar presente, apoyándote.
Dejó el cepillo y tomó una botella de loción, puso algunas gotas en sus dedos y se las untó a Hiccup detrás de las orejas y en el cuello.
—Astrid…
—Solo falta la capa.
Se dirigió hasta la cama y la encontró bien doblada dentro de otra caja. Acarició las sujetadoras de oro con el emblema de Chimuelo hermosamente tallado en ellas.
—Es de oso ¿no? bastante elegante déjame decirte, ahora levántate para que pueda ponértela…
—¡Astrid! —la chica se calló e Hiccup suspiró, buscando las palabras—. Lo siento, pero no creo que debas estar aquí.
Ella lo miró, apretando los labios.
—¿Qué? ¿No quieres que vaya a la boda?
—Me refiero a que no deberías estar aquí, en mi habitación.
—¿Por qué? no estamos haciendo nada malo.
—No es correcto… mira, estoy a poco de casarme ¿sí? ya no puedo decir que no y nos guste o no, Merida merece respeto y voy a dárselo.
—Merida ¿eh?
Hiccup se cruzó de brazos, no podía demostrarle debilidad.
—Me duele saber que yo podría ser la que estuviera en el castillo alistándose para casarse contigo y no ella, pero no quisimos ¿bien? —la rubia apretó las manos—. Yo no quise y ahora que sí quiero ya es demasiado tarde, me lastima saber que yo misma fui la que no dejó que pasara nada entre nosotros.
Esa declaración lo dejó perplejo. Pero no le sembró dudas.
—No digas eso, yo tampoco quise casarme contigo, pero ya no vale la pena hablar de esto porque… bueno, es bastante tarde —apretó a Astrid en un abrazo, aspirando el olor de su cabello.
Unos toques en la puerta hicieron que se separaran; Valka estaba parada en el marco, ataviada en un bonito vestido en tonos amarillos con una capa de piel encima y sostenía dos cajas pequeñas, una sobre la otra y no lucía contenta.
—Dame un minuto con mi hijo, por favor.
Astrid asintió, se secó una lágrima que Hiccup no había visto y salió apresurada de la habitación. Valka no la miró en lo más mínimo.
—Solo estábamos hablando —se excusó el joven rápidamente.
—¿Sí? pues eso espero —depositó las cajas en el pequeño tocador—. Voy a decirte algo, Hiccup: puede que el rey Fergus sea un gran amigo y un hombre leal que daría todo por sus amigos, pero estoy segura que no es de los que toleran un desaire hacia su hija. Su única hija.
—¿De qué estás…?
—Me refiero a que no será agradable para Merida verte de esa manera con Astrid —explicó—. Por Odín, Hiccup, en una hora serás un hombre casado, no puedes seguir detrás de Astrid ¿Me entiendes? tuviste la oportunidad de estar con ella y no la aprovechaste.
—Lo sé ¿De acuerdo?
—Pues no parece.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Qué deje de hablar con ella?
—Quiero que respetes a tu mujer —lo apuntó con el dedo—; si tu padre no buscó a nadie en veinte años por mí, tu no vas a engañar a tu esposa.
—Se te olvida que yo no soy papá, pero quédate tranquila. De todas maneras, no soy el tipo de hombre que juega con las mujeres.
—Bien —centró su atención en las cajas—. Volviendo a lo que venía…
—¿Aparte de reprocharme? —masculló.
—… te traje algo, un obsequio de parte de Merida —la mujer lo ignoró.
El joven no ocultó su sorpresa.
—¿Ella me compró algo?
—Sí y no solo una cosa, sino dos —de la caja más pequeña sacó dos muñequeras de oro—. Déjame ponértelas… están bien ¿no?
—Supongo —no admitiría que los diseños de Furias Nocturnas en las muñequeras le encantaban, además que eran ligeras y cómodas.
—Elinor me dijo que la misma Merida eligió el diseño —al novio no le quedaba duda, su madre estaba encantada con la princesa—. Ah, por cierto, también me dijo que escogió esto...
De la última caja sacó una corona hecha de flores.
—¿Esto para qué…?
—Los novios las usan al momento de casarse —Valka le acomodó la dichosa corona—. Te ves tan guapo.
—No vayas a llorar, por favor —su madre le dio un golpe—. ¡Ay!
Después de checar que todo estuviera en orden, aceptó que podían irse.
—Una cosa más —lo detuvo cuando Hiccup estaba por salir de la habitación—. Debo hablarte de algo.
—Si es sobre algún preparativo que faltó, desde ya te digo que es tu culpa porque yo seguí al pie de la letra la estúpida lista e hice lo que me tocaba…
—Cállate, no es sobre eso.
—¿Entonces?
—Es sobre la noche de bodas.
—REVIEW—
Guest: Cuando tu review me llegó, me dije: Harry, el capítulo, aún hay alguien que quiere saber de esta historia; pero no pude subirlo antes así que aquí está. Más tarde subiré el siguiente porque aún no lo termino. Disfrútalo. Sé que nos leeremos. Con cariño, Harry.
Volví, tal y como prometí, espero que aún quede alguien interesado en esto. Los quiero.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
