Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia claramente sí.

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Merida.

—Despierta, corazón —la joven entreabrió los ojos al escuchar a Maudie—. Ya es hora.

—No, aún no —masculló, tapándose con las sabanas.

Elinor— quien estaba ahí también— se impacientó y tiró bruscamente de estas.

—¡Mamá!

—Levántate ya.

—Carajo, aún ni siquiera sale el sol —exclamó, mirando el cielo oscurecido por la ventana—. Llegamos anoche.

—En primer lugar, mide como me hablas y en segundo lugar, es necesario que te levantes ahora para iniciar con el ritual vikingo…

—¿Qué ritual?

—Noticas de último minuto, estás así —hizo un gesto con el dedo índice y el pulgar, indicando cantidad— de convertirte en una vikinga, ahora cállate y levántate.

Bufando, obedeció y se puso de pie, Maudie la enredó en una túnica para protegerla del frío y le echó la capucha a la cabeza. Avanzaron por los pasillos hasta que se encontraron con dos mujeres que las esperaban frente a una gran puerta.

—El baño está listo —anunció una de ellas, era pequeña y regordeta.

—Muchas gracias —contestó su madre y se giró hacia Merida—. Te veo más tarde.

¿Qué? ¿A dónde es que iba?

Antes de que pudiera decir nada, Elinor la besó en la frente y se marchó.

Merida miró a Maudie y ella la instó a seguir a las mujeres, la puerta daba a unas escaleras que la hacían llegar hasta un baño enorme.

—Bienvenida a la Casa de los Baños —dijo la otra mujer, alta y flacucha.

¿Casa? eso parecía solo una habitación.

Con ayuda de Maudie, Merida se despojó de la túnica y de sus ropas para dormir; entró a una enorme tina llena de agua con especias, flores y varios jabones que hacían que el agua pareciera leche.

Las mujeres y su nana la frotaron hasta dejarla roja, le lavaron el cabello tantas veces que Merida perdió la cuenta, reaccionando cuando escuchó el ruido de las tijeras de metal tras de sí.

—¡Maudie! ¡¿Qué hacen?!

—Tu madre me dijo que la reina Valka le solicitó esto, que era necesario —contestó la nana, con un mechón generoso en la mano.

—Es parte de la tradición, mi lady —dijo la mujer bajita y siguió cortando.

Para cuando terminaron, el cabello le llegaba dos dedos por debajo de los hombros, se contuvo para no gritarles a las demás al mirar todos sus s rizos de fuego en el suelo.

La mujer alta la hizo salir de la tina para después sentarla en un banco, el calor de la chimenea golpeó su cuerpo desnudo y con otras tijeras más pequeñas, procedieron a cortarle el vello de las axilas y de su parte privada.

"Ese Hiccup va a pagar por esto" pensó, colorada del enojo y de la vergüenza.

Después la hicieron entrar en otra tina para enjuagarla con agua fría, enriquecida con plantas y flores.

—¡Está helada!

—Esto es necesario, alteza, los vikingos lo usamos en las novias no solo por el maravilloso olor que tienen las plantas y las flores juntas —explicó la flacucha—, sino por la magia de los poderes afrodisiacos y potenciadores de la fertilidad asociados a ellas.

¡¿Los qué?! apretó los labios para no decir nada.

Cuando terminaron con el dichoso baño, Maudie la enredó en una túnica de algodón que Merida no vio al principio, se calzó unas sandalias de cuero y volvieron a la habitación que le habían cedido; su nana comenzó a embadurnarla en aceites y cremas— que tuvo que comprar en las Ciudades Libres— y puso loción donde correspondía.

—Bien, mi niña, tenemos que empezar a vestirte o se nos hará tarde —de una caja pequeña sacó una especie de camisón delgado hecho de seda con un escote un tanto… escandaloso—. Vamos, rápido.

Después tomó la caja más grande— donde estaba el vestido de novia perfectamente doblado— hasta Merida tuvo que admitir que era bastante hermoso: tan largo que le arrastraba, las mangas y la parte central del frente eran de encaje, buscó la caja con las botas y se las calzó.

—Pude haber usado cualquier par de zapatos, ni siquiera se ven.

Maudie fingió que no la escuchó.

—Es hora de peinarte.

Pudieron domar su cabello ara la sorpresa de ambas, logrando que se viera hermosamente esponjado, pero no como siempre.

—Al parecer, esas mujeres estaban en lo correcto al ponerte tantos aceites y ese corte fue de gran ayuda.

Mirándose al espejo, ella reconoció que lucía bastante guapa.

Llamaron a la puerta y segundos después, la reina de DunBroch hizo acto de presencia… otra vez.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Estás bellísima, mi amor.

—Que no se te ocurra llorar, por favor te lo pido.

Elinor se acercó al tocador y tomó un poco del maquillaje que estaba puesto sobre éste, puso un poco de pintalabios, rubor y algo de sombra en los ojos.

—La capa, Maudie —apuró la reina y la mujer sacó una caja enorme del armario.

—¿Qué capa?

—Tu prometido te compró una capa de piel de oso blanco, las novias vikingas las usan.

Procedió a ponérsela, era enorme y hermosa de un blanco impoluto que— una vez de pie— le arrastraba también. Merida estaba asombrada por los diseños del emblema de su pueblo en las sujetadoras.

—La corona de flores, Maudie, querida… y no olvides las muñequeras —la regordeta mujer le dio lo que pidió rápidamente y terminaron de alistar a la princesa.

—Ya estás lista —Elinor la guio hasta el espejo para observarla—. Puedes ir a prepararte, Maudie.

La nana asintió, hizo una reverencia y se marchó.

—Te tengo una sorpresa para ti —dijo en cuanto estuvieron solas—. Maudie va a quedarse contigo aquí.

Merida no lo podía creer.

—¿En serio?

—Sí, tu padre y yo no queremos que estés sola en este lugar, rodeada de desconocidos. Maudie te hará compañía.

—¿Y qué dice ella?

—Está decidida a quedarse, se ha traído sus cosas y ya está instalada.

Por primera vez desde que habían llegado, Merida se sintió aliviada.

—Acabemos con esto de una vez —dijo, decidida y se encaminó a la puerta.

—Espera, tenemos que hablar de otra cosa.

La joven arqueó una ceja.

—¿Qué va mal? si es sobre la boda de una vez me desligo de cualquier cosa, hice todo lo que me correspondía y…

—No, para nada —negó—. Todo con respecto a los preparativos está bien.

La princesa notó a su madre un poco nerviosa.

—Bien, lo que sea que vayas a decirme, suéltalo.

—Quiero que hablemos de la noche de bodas.

Merida abrió los ojos como platos.


—REVIEWS—

Guest 1: Muchas gracias, creo que todas necesitamos que nos respeten como mujeres. Te agradezco por la paciencia y por seguir de la mano con la historia; sé que vamos a leernos, espero ansiosa tu review. Saludos, Harry.

Guest 2: HAHAHAH son cosas que suelen suceder, espero que te des cuenta de este nuevo capítulo y sip, es intenso esto de Hiccup y Astrid, pero las cosas como son. ¿Nos leemos? espero que sí. Saludos, Harry.

Wand: Aquí está honey, disfruta. Vamos a leernos ¿no? Saludos, Harry.


ACLARACIONES.

¿Ya vieron HTTYD 3? pues el vestido es el que tiene Astrid, para que se hagan a la idea hahah, es como si fuese ella pero en Merida.

Lo de la casa de los baños, el corte de cabello, las especias y lo demás lo saqué de páginas sobre las bodas escandinavas (vikingas) para darle más realismo a este asunto.


Holaaaaaaaa, aquí Harry Hale reportándose con un nuevo capítulo; a esos que me leen desde la oscuridad, dejen su review u.u que ningún daño hace, me alegra el corazón en realidad lol.

Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.