Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Merida.
Apretó los dientes cuando Maudie tiró con fuerza de un mechón de sus cabellos de fuego.
—¡Carajo, Maudie!
—Cuida esa boca cuando te dirijas a mí —contestó la nana—. Puede que seas la reina de este lugar, pero yo cuidé de ti desde que naciste y me debes respeto.
La joven reina se obligó a no replicar.
—Me dolió.
—Lo sé linda, pero ahora eres una mujer casada y debes portar trenzas.
Si algo detestaba Merida de Berk— su nuevo reino— era las tradiciones que venían de la mano. Una de ellas consistía en que— al haberse casado— debía presentarse en sociedad con al menos una trenza como símbolo marital.
Se encontraban en la recamara que compartía con su esposo, la pelirroja yacía con la frente recostada en el regazo de su nana mientras ella unía algunos de sus mechones de la parte de atrás de la cabeza en una trenza, después recogió el resto del cabello en un moño alto y soltó algunos rizos para enmarcar su rostro pálido.
—Ya está —anunció Maudie—. Date prisa, aún falta el vestido.
La pelirroja resopló, pero aun así dejó que la mujer mayor la metiera en uno de los vestidos que trajo con ella de DunBroch.
—¿Estás nerviosa?
—¿Nerviosa? ¿Cómo por qué?
—Bueno, desde hoy comienzan tus deberes de reina.
Si antes no sentía el menor atisbo de nervios, ahora podía jurar que se arrastraban desde la punta de sus pies hasta donde le nacía el cabello. Tragó duro.
—No sé si seré una buena reina para los vikingos.
—¿De qué hablas? el pueblo de tu marido te adora —Maudie le sonrió con dulzura—. Ponte la capa, niña, hace frío afuera.
Merida se inclinó un poco para que Maudie la rodeara con dicha prenda.
—¿Cómo volverán ustedes al palacio?
—Afuera están los jinetes de tu esposo, la otra mujer me dijo que nos iríamos con ellos…
La puerta abriéndose interrumpió a su nana, Hiccup entró.
—Todo está listo para que nos vayamos —anunció, mirándola directamente. La pelirroja asintió y salió acompañada de Maudie hasta donde la esperaban.
Chimuelo pareció alegrarse cuando la vio, enseguida se acercó a ella y le dio un lengüetazo, Merida soltó una risita y no sintió tanta reticencia de su parte cuando tuvo que subirse nuevamente a la espalda del dragón.
Aun así puso buen cuidado de aferrase disimuladamente de la cintura de su esposo. Se dijo que lo hacía porque era nueva en el arte de montar a las bestias de fuego.
Hiccup.
Un sentimiento de calma lo inundó cuando escuchó los vítores de su pueblo al verlo de regreso después de dos semanas de estar fuera.
"De luna de miel, no te hagas el tonto".
Ayudó a Merida a bajar de la espalda de Chimuelo, su amigo parecía encantado con su esposa y ese era un punto a favor de la pelirroja; la cogió de la mano y avanzaron hasta llegar al lugar donde se encontraba su madre, radiante de verlos juntos.
—Qué bueno que ya están aquí —comentó con entusiasmo antes de dirigirse a Merida—. Linda, tus padres volvieron a DunBroch un par de días después de que los visitamos, pero tu madre dijo que volverían muy pronto.
Hiccup se dominó a tiempo y no soltó un sonido exasperado.
Amaba a su madre y respetaba a su suegra, pero no podía evitar sentirse hastiado cuando las dos mujeres mayores estaban sobre ellos, presionándolos. Merida le agradeció y ambos ingresaron al enorme comedor, donde todos los vikingos degustaban del banquete de bienvenida.
Les sirvieron la comida e Hiccup esperó pacientemente a que la pelirroja probara el guiso, quería ver su expresión ante el sabor; grande fue su sorpresa cuando ella siguió comiendo sin expresión alguna, después del guiso tomó una pierna de la enorme ave que estaba al centro y se la terminó completa.
—Alguien tiene buen diente —rio Brutilda—. ¿No, Merida?
El rey dragón abrió los ojos como platos ante el comentario de la rubia, miró a su esposa y después volvió la vista hacia Brutilda cuando ésta soltó un pequeño alarido, Brutacio le había propinado un zape.
—¿Y eso por qué? —exigió saber, mientras se frotaba la zona afectada.
—No seas igualada —espetó su gemelo, miró a Merida—. Disculpe usted, mi hermana aún no se gobierna del todo.
La carcajada que dejó escapar la pelirroja tomó por sorpresa a todos.
—No, no, está bien —dijo entre risas—; les dije que podían llamarme por mi nombre.
Hiccup recordó entonces el comentario fuera de lugar que hizo Snotlout en la fiesta de compromiso y de inmediato le advirtió con la mirada que no lo hiciera de nuevo, el aludido se quedó callado.
El resto de la velada fue agradable, el castaño debía admitir que estaba impresionado con la actitud que estaba tomando su esposa: era amable, risueña y parlanchina con todos los que se acercaban a saludarla.
A pesar que insistía en que la llamaran por su nombre, muchos de los vikingos seguían dirigiéndose a ella con una sorprendente educación, bebía y comía de tal manera que no parecía una princesa y no se dio cuenta de lo ensimismado que estaba mirándola hasta que Fishlegs le picó las costillas con disimulo, Hiccup le prestó atención al hombre robusto, quien le indicó que mirara en cierto punto con un movimiento de la cabeza.
El castaño volvió la vista y tragó duro cuando sus ojos atraparon los azules de Astrid.
¿Cuánto tiempo llevaba mirándolo?
Merida.
Despachó a Maudie cuando ésta llegó junto a ella para ayudarla a prepararse para dormir.
—No tienes que ayudarme a vestirme y a desvestirme siempre —dijo, cruzada de brazos—. Antes no lo hacías.
—Antes no estabas casada —contraatacó y terminó yéndose a su habitación después de que la pelirroja se negara rotundamente a recibir su ayuda.
Aspiró con fuerza y entró a la enorme habitación que compartiría con su esposo desde ese momento; para su alivio él no estaba ahí, así que procedió a quitarse la capa y el vestido rápidamente, los dejó en una silla y se embutió en un camisón que encontró en el espacioso armario— ahora lleno con su ropa—, se soltó el cabello y se dispuso a acostarse.
Hiccup entró y se quedó parado en la puerta, sin saber qué hacer; finalmente ella se acercó a la cama y él comenzó a desvestirse, Merida fingió estar demasiado ocupada distendiendo las sabanas para evitar mirarlo.
Ya lo había visto desnudo y era su marido, se suponía que no debía estar avergonzada, pero era sincera consigo misma y aceptaba no recordar demasiado de esa noche; estaba por meterse en la cama hasta que recordó algo.
—¿Qué lado prefieres?
Ambos habían dormido en diferentes lados durante sus días de luna de miel, pero ella quería establecer uno propio.
—Decide tú —contestó el castaño.
Tomando dirección hacia ella, Merida no se lo pensó dos veces y se recostó en el izquierdo, dándole la espalda. Hiccup la imitó
—Buenas noches.
Merida fingió que se quedó dormida.
Ni siquiera se sorprendió a la mañana siguiente cuando— al despertar— lo primero que vieron sus ojos fue el rostro dormido de Hiccup; de alguna manera y aunque se dieran la espalda al dormir, siempre amanecían cara a cara.
Se levantó, tomó un vestido limpio y se vistió en silencio; trató de imitar el peinado que Maudie le había hecho el día anterior y lo único que consiguió fue una trenza un poco torcida.
—¿Vas a desayunar?
Hiccup la miraba desde la cama, recién despertando, ella asintió y esperó pacientemente a que él se vistiera. Parecía haberle agarrado el gusto a caminar con ella de la mano.
Desde que se habían casado, Merida no podía recordar ni un solo día en donde acompañara al castaño y este no uniera sus manos.
Llegaron al enorme comedor y se sentaron junto a los amigos del rey, Brutilda bromeaba y Snotlout metía la pata mientras ella e Hiccup reían de las incoherencias de Fishlegs y Brutacio.
—Tuve que pelearme por esta pierna —una chica rubia que no conocía se sentó en el espacio vacío entre los gemelos—, pero valió absolutamente la…
Se calló en cuanto sus orbes cerúleos se toparon los ellos… para ser más precisos, Merida notó que dejó de hablar en cuanto sus miradas chocaron.
—… pena —terminó y la pelirroja sintió que el ambiente se tensaba.
Hiccup.
Decir que no esperaba la presencia de Astrid era poco, supuso que no quería estar cerca de él y que se mantendría lejos, pero también sabía que algún día tendría que enfrentarse a tenerla a ella y a su esposa juntas.
"Sé fuerte".
—Creo que no te he presentado a Astrid —comenzó el castaño—, es una gran amiga y parte importante de nuestro equipo.
Ni los gemelos ni Snotlout discutieron su elección de palabras, la mirada incómoda de la rubia se tornó dura cuando lo miró.
—Astrid, ella es Merida, mi esposa —se negó a obedecer a su cuerpo y no soltó la mano de la pelirroja, quien miraba a la recién llegada con curiosidad.
—Es un gusto —dijo la reina, para romper el silencio que se había cernido en la mesa—. Llámame Merida…
—El gusto es todo mío, majestad —Hiccup ocultó la sorpresa que le causó el tono educado y amigable de Astrid hacia su esposa—. Discúlpenme, olvidé que Eret me espera.
Una vez que la rubia se marchó, Snotlout y Brutacio retomaron las riendas de la conversación: protagonizaron un drama por un cuerno de cerveza, Brutilda, Fishlegs y Merida rieron de buena gana, pero Hiccup sabía que su mujer no era estúpida y le quedó más que claro cuando ésta le soltó la mano y no dejó que la tomara de nuevo todas las veces que lo intentó.
"Ay Astrid".
Merida.
—¿Y bien?
—A las mujeres de la cocina les encanta alardear, pero se pusieron recelosas en cuanto toqué el tema de las chicas del escuadrón del rey.
—Por supuesto que se pusieron así, saben que puedes contarme algo.
—Pero si en algo soy experta, es en el fino arte del espionaje —comentó vanidosamente su nana mientras le cepillaba el cabello.
—Claro que sí —concedió la joven reina.
Si ella de algo podía presumir, era que de estúpida no tenía nada, así que no se tragó para nada el «gran amiga» y «parte importante de nuestro equipo» que su esposo dijo durante el almuerzo.
Dedujo que él y la tal Astrid fueron— o eran— más que amigos y compañeros… y no estaba celosa, pero no le gustaba nada que le vieran la cara, por lo que envió a Maudie con órdenes estrictas de obtener más información acerca de esa relación.
—Ahora dime qué averiguaste.
—Meredith* y Vezka* dijeron que todos creían que ella sería la que se casaría con el rey, aunque jamás hicieron nada oficial.
—Porque llegué yo y me casé con él. Debe odiarme.
—Ellas dicen que esa Astrid es de carácter fuerte y que iba de aquí para allá con tu marido, que el asunto cambió cuando él anunció que se casaba con una princesa.
—Eso no significa que no me odie.
—No creo que sea tan tonta para ir diciendo por ahí que odia a la reina, es decir, no creo que tu esposo le permita que diga ese tipo de cosas de ti.
Merida estuvo tentada de contradecirla, por la forma en la que Hiccup la había mirado, no estaba tan segura.
Más tarde, cuando el castaño llegó a la habitación, ella no se molestó en mirarlo siquiera.
—REVIEWS—
Guest: Holaaaa, gracias por aún seguir creyendo esta historia, leer tus reviews me alegran haha. Te agradezco por esperar y entender que es difícil escribir esta trama; no me gusta que todo pase muy rápido porque no soy de esas personas que en el capítulo 1 se detestan y en el número 4 se aman con locura, Merida no es de esa manera… así que esto va para largo y agradecería mucho que aun siguieras tras de esto. ¿Nos leemos? Un saludo, Harry.
Daga Uchiha: Gracias por comentar y concuerdo contigo ¿Por qué no hay un crossover que junte a mis bebés? sé que sería un éxito, continuaré claro, yo no soy de las que abandonan sus proyectos y calma, nuevos recuerdos de noches como esa se aproximan. ¿Te parece si nos leemos de nuevo? Saludos, Harry.
Wand: Elinor es una loquilla, eso no está en discusión haha; gracias por comentar ¿sigues teniendo interés por esta historia? porque aquí está otro capítulo, disfrútalo. Hay que leernos de nuevo. Saludos, Harry. PS: ¡Arriba el alcohol!
A Frozen Fan: Chiquilla mía— oh fiel seguidora del Mericcup y el Helsa— hago lo que puedo para estar a la altura de lo que esperas chica, puedo asegurarte que— como sigan por ese camino— Elinor y Valka no tardan en toparse de frente con las flechas de la pelirroja y el fuego del castaño. Ojalá aún te interese leer esta historia, mil gracias por comentar. ¿Podemos leernos de nuevo? Saluditos, Harry.
Karypiscilla: No debes esperar más, alma en desgracia, porque hay nuevo capítulo, solo espero que aún haya algún atisbo de interés en ti; muchas gracias por comentar y esperaré tu review. Yo digo que nos leamos ¿Qué hay de ti? Harry.
ACLARACIONES.
Los nombres de las vikingas que le corrieron el chisme a Maudie son totalmente invento mío hehe.
Lo de las trenzas lo leí de la mitología nórdica.
Merida aún no ama a Hiccup y él tampoco a ella, pero está claro que atracción sí hay.
Primero que nada quiero disculparme por tardar casi dos meses hehhe… no tengo vergüenza ni excusa porque bien que publiqué otras historias, PERO PERO PERO para ser sincera la inspiración y la imaginación me abandonaron, ser senior está pudiendo conmigo, prometo esforzarme y actualizar más seguido.
Harry.
