79. Antes de llegar.

Naruto miró a Sakura de reojo.

El viento mecía suavemente sus cabellos al frente, revolviéndolos. Su cara ya no estaba sucia, gracias a Ino que la arrastró al primer lago que encontraron y la zambulló en este, para limpiarla. De la misma forma, Sasuke, Lee e incluso Sai, terminaron limpios.

Ninguno de los tres cruzó palabras en todo el camino que llevaban recorrido y faltaban tres días para llegar a Konoha.

Naruto se sentó al pie de una roca, dándole la espalda a todos, mordiendo un pedazo de onigiri que le había ofrecido Neji. Miró el cielo mientras pasaba el bocado y de nuevo, se culpó así mismo. Si se hubiera quedado en la aldea, Sakura no hubiera sufrido lo que sufrió, habría sido capaz de protegerla, estaba seguro. Ni siquiera habría considerado cumplir su promesa con Itachi. Ni siquiera Sasuke estaría con esa cara apagada, sin saber que decir o hacer, es decir, al chico que un día todos miraron con asombro e incluso admiración, hoy recibía miradas de lastima y tristeza.

El rubio sabía que Sasuke no aguantaría demasiado eso. Explotaría.

—Naruto. —llamó Hinata, desde atrás.

— ¿Qué pasa, Hinata? —preguntó él, sin voltear a mirarla, dándole otra mordida a su almuerzo.

Ella pareció titubear un poco, antes de animarse a preguntar miró unos segundos atrás, Ino le mandó ánimos alzando sus puños.

— ¿Puedo comer contigo?

Naruto asintió con la cabeza, volteando a ella con una ligera sonrisa. Hinata crispó una ceja, sin que el contrario se diera cuenta; no era la sonrisa que esperaba ver. Pero Hinata lo comprendía, cualquiera en la situación de Naruto, Sakura y Sasuke se estaría volviendo loco al no saber que hacer. A pesar de que los años no lograron aminorar la distancia entre Naruto y ella, Hinata seguía enamorada de él. Cada que se esforzaba en su entrenamiento, al principio lo primero que veía era el rostro de Naruto, motivándola a seguir adelante, después el de Neji, Kiba, Shino, Hanabi y su padre. Su motivación se basaba en ellos, en querer ganarse su aprobación.

O al menos lo fue al principio.

Hinata entrenó duramente esos tres años, sorprendiendo a cada uno de los miembros de su clan que alguna vez dudaron de ella. Neji incluso dijo que había logrado superarlo, aunque Hinata sabía que no era así; Neji siempre sería el mejor del clan. No importaba que él dijera que lograría ser una gran soberana del clan, que superaría a los antecesores, Hinata comprendió desde hace mucho que esto no era así.

Sin embargo, con esos pensamientos, siguió luchando. No porque quisiera esforzarse al máximo para representar al clan, ese objetivo que se propuso tiempo atrás pronto se dio cuenta que no significaba nada. Ella nunca quiso ser un ninja, nunca quiso pelear con otros. Pero sí que quería proteger a los que amaba.

—Gracias por acompañarme, Hinata. —Naruto se puso de pie, recogiendo lo poco que quedó. —Iré con Kakashi-sensei.

La chica formó una sonrisa chueca en su rostro, dejándolo marcharse sin observar su espalda.

— ¿Hinata-sama? —Neji de un salto ya estaba a su lado, confundido de que la chica permaneciera sola ahí. — ¿Estabas acompañando a Naruto…? Al menos él pudo acompañarte hasta el final.

— ¿Y qué tal si me acompañas tú, hermano Neji? —preguntó ella, pasándole el último pedazo que comía. Neji masticó y aunque su cara no mostró demasiado cambio, Hinata sonrió, sabía que le gustó. — ¿Es hora de marcharnos?

—No, al parecer avanzaremos cuando caiga la noche. —respondió él. —Choji y Shikamaru fueron a comprar algunos suministros.

—Ya veo.

El ver pasar la tarde junto a Neji se le había vuelto un hábito a Hinata, el sol descendiendo dando paso a la luna le reconfortaba el corazón. Usualmente para esa hora, ambos terminaban sus respectivos entrenamientos en el dojo o en alguna montaña, se sentarían en el suelo y se quedarían inmersos en cada uno de sus pensamientos. Neji pensando en que tipos de movimientos podría hacer para mejorar… y, aunque este mismo chico estaba seguro de más de una vez pasaban pensamientos de Naruto en la cabeza de su prima, y bien a veces tenía razón, lo que más recorría la mente de Hinata, una y otra vez, hasta impedirle dormir por las noches, era una cosa que tenía que ver con él.

Hinata giró unos centímetros su rostro, apreciando a Neji. Él parecía tranquilo, así que no pudo evitar una mueca de satisfacción cuando recordó lo mucho que cambió para bien.

—Neji, volvamos con los demás. —dijo Hinata, levantándose.

Él obedeció en cuanto notó que el sol desapareció por completo de la vista de ambos.

Al bajar, Hinata miró a Sakura, ella tenía los ojos cerrados y parecía estar durmiendo, seguro a sugerencia de Ino; no obstante, no tardó nada en darse cuenta que ella estaba fingiendo, esperando a que su amiga la dejara en paz y se dejara de preocupar por ella.

—Ah, Hinata. —habló Yamato, acercándose. —Ino necesita dormir algo, ¿así que podrías cuidar a Sakura? Naruto se está encargando de Sasuke y Neji lo hará de Lee. Yo cuidaré de Sai.

Hinata asintió con la cabeza, yendo a donde ella.

Pasaron largos minutos antes de que Sakura se diera cuenta que Ino cayó completamente dormida. Al verla, la kunoichi se acomodó mejor, tallándose el rostro. Sasuke y Naruto se percataron de que estaba despierta, pero volvieron a lo suyo, aun sin saber que decirle.

— ¿Ahora te tocó a ti? —preguntó Sakura.

—Estaré contigo hasta el amanecer, Sakura. —saludó Hinata.

Hubo silencio.

—Vi que comiste con Naruto. —comentó de pronto Sakura, bajito para que nadie más escuchara. — ¿Qué tal te fue?

— ¿A qué te refieres? —Hinata volteó a verla sin entender.

—Bueno… a ti te sigue gustando Naruto, ¿no? —preguntó Sakura, confundida. Hinata enrojeció, contestando su pregunta. —Lo sabía.

Hinata la miró con la boca temblándole, no sabía que responder. Sakura se acercó a ella, curiosa. —… Sakura….

—Debes esforzarte más si quieres que ese tonto se de cuenta. —comentó Sakura, volviéndose a recargar en el árbol. —Si sigues así, cualquier chica más lista se te adelantará de inmediato, Hinata.

— ¿Eh…?

—Invítale un tazón de ramen. —sonrió Sakura, observando a Naruto. Él se estaba agarrando las manos, mientras Sasuke parecía estar meditando; quería hablarle, pero seguramente se sentía incomodo de hacerlo, raro en Naruto. —Dile que te gusta, cásate con él y ten muchos hijos. Seguro que él estará feliz cada día de su vida, con una linda esposa como tú, con una familia que lo recibirá cada que llegue de trabajar.

—Sakura…

—Dale la familia que nunca pudo tener, Hinata.

Hinata escondió la mirada tras el flequillo, Sakura parecía estar hablando más para sí misma, no obstante no podía evitar sentirse molesta por cada una de las palabras que estaba dando. Quería darle un puñetazo.

A todo el equipo siete, de hecho.

—Hazlo feliz.

— ¿No es suficiente con todo lo que has hecho, Sakura? —preguntó Hinata, interrumpiendo a la contraria. —Te fuiste sin considerar los sentimientos de tus amigos, de tus maestros.

—Eso no te incumbe, Hinata. —reprochó Sakura.

— ¿Pero sí me incluye cuando supones que me haga cargo de la felicidad de Naruto? —reprendió, volteando a mirarla. Estaba enojada. —Porque no es justo. No puedes venir y poder cualquier carga sobre mis hombros, suponer que lo haga e irte a morir pensando que todo saldrá bien.

—Jamás he creído eso. —Sakura agrió su voz, dándole una mirada hostil. Hinata se estremeció, ¿por qué demonios le estaba buscando pelea a Sakura? Debía tener algo malo en la cabeza. Es decir, no es que le tuviera miedo, Sakura no la atacaría porque sí, pero Hinata sabía que los conflictos solo provocarían más problemas.

—No es que lo creas, es que lo haces. —y su tono era de reproche.

Sakura ladeó la boca, inconforme por la respuesta dada. Hinata no la estaba mirando como tal, no obstante, sabía que cada una de sus palabras eran verdad.

—Quizás Naruto y Sasuke sean quienes más te entienden, Sakura. —prosiguió Hinata. —Pero no son los únicos.

—Hinata…

—Yo tampoco quería ser la cabeza de mi clan. —dijo Hinata, en voz baja, incluso ladeó el rostro para evitar que sus palabras fueran llevadas por el viento hasta oídos ajenos. —Quería vivir una vida tranquila, trabajar, ayudar a la gente, casarme y tener una familia feliz.

— ¿Por qué me estás diciendo todo esto, Hinata? ¿Por qué estás buscando pelea conmigo? No te entiendo. —aunque la voz de Sakura era gruesa, Hinata no sintió ninguna pizca de agresividad en ella. Solo estaba a la defensiva. Igual que aquella vez en el hospital.

—Sakura y yo, somos muy similares. —respondió Hinata, señalando a Sakura y después señalándose así misma. —Si invirtiéramos los roles, tal vez yo estaría en tu lugar justo ahora, o tal vez no. No soy tan valiente como tú. —Hinata se dio una pausa, bajando la mano. —No sé si cuando llegue el momento, seré capaz de proteger algo…

—Hinata.

—Te admiro, Sakura. Pero no aceptaré lo que me estás pidiendo. —Hinata suspiró, le había costado trabajo soltar esa frase. —No importa cuanto me guste Naruto, no importa si me esfuerzo al máximo para obtener que se quede a mi lado, lo único que importa son sus sentimientos. ¿No me dijiste eso tú?

Sakura se quedó callada.

—Y a pesar de todo este tiempo, los sentimientos de Naruto, son tuyos. —sonrió Hinata, alzando un dedo picó el corazón de Sakura.

—Yo…

—Desde hace mucho que lo sé, Sakura. —continuó Hinata, tranquilamente. —Porque no hay nadie más que le ponga tanta atención como yo. Y estoy bien con eso, con observarlo de lejos, siendo feliz.

—Hinata.

—Incluso si tú no correspondes sus sentimientos, Naruto estará feliz por Sasuke y por ti. —Hinata le dio una sonrisa, que luego borró. —Pero… algo te puedo asegurar, Sakura. Y es que si tú o Sasuke mueren, la luz de Naruto que ilumina todo, se apagará.

Ambas voltearon a él, Sasuke ya tenía una ceja crispándole por el enojo de que Naruto parecía como una chiquilla intentando hablarle. No tardaría mucho en golpearlo.

—Antes te pedí que no le rompieras el corazón, ¿verdad? —preguntó Hinata. —Deja que cambie mis palabras, Sakura. —pidió, volviendo la vista a ella. —Por favor, sigue brillando al lado de ellos dos.

—Lo haces sonar tan fácil. —murmuró Sakura, bajando la mirada por primera vez. —Si fuera Kiba, Shino o Neji, ¿no pensarías dar tu vida por ellos?

—Sí. —respondió Hinata. —Pero… sé que ellos también estarían dando la vida por mí.

—Yo no quiero que Naruto y Sasuke den la vida por mí. —contestó Sakura, encogiéndose en sus hombros. —No quiero perder a nadie más, si ellos tienen que sacrificarse por mí como lo hizo Masamune…

Hinata sacudió sus manos, sintiendo que estaban sudadas, su cara se sentía igual de caliente. No supo en que momento su cuerpo comenzó a reaccionar de esa manera, sobreesforzó sus sentimientos para poder hablar con Sakura cara a cara. Dio un respingo suave, sin querer que la otra chica la escuchara. Hinata no estaba hecha para esas platicas, se cohibía al sentir la presión, pero como siempre, Sakura podía sumergirla en una charla intensa sin darse cuenta.

—En algún punto, comencé a acercarme a un camino peligroso y entre más avanzaba, más lejos me parecía la meta. —siguió Sakura, mirando el cielo. No había estrellas esa noche. —Pero no me importa morir, Hinata. No si es para protegerlos, así que mi promesa de permanecer al lado de ellos, no podrá ser cumplida.

—No es obligatorio cumplir las promesas, Sakura, a veces solo están para hacerte sentir mejor. —cortó Hinata.

—Nunca pensé que tuviera esta platica contigo. —sonrió Sakura. —Ino estará enojada si se entera.

—Te lo dije, tu y yo nos parecemos. —Hinata le devolvió el gesto. —Solo puedes desahogarte así con un completo extraño.

—No eres un extraño, Hinata.

—Pero no soy tu amiga. —respondió Hinata por inercia. —Y creo que nunca podría serlo, Sakura.

—Pienso igual.

—.—.—.—.—

El penúltimo día antes de llegar a Konoha, Sakura comenzó a reconocer los bosques. Un bonito paisaje se remontaba en las montañas, la neblina bajó un poco debido a las recientes precipitaciones pero todo recorría un rumbo normal o al menos Sakura intentaba fingir eso. Sasuke, Naruto y Kakashi no entablaban conversaciones entre ellos ni con ella, o al menos no más de las necesarias. Mentiría si dijera que no le dolía. Eso que intentó con tanto esfuerzo proteger, se estaba rompiendo en pedazos.

— ¿Quieres comer esto? —preguntó Ino, ofreciendo un pedazo de pan.

Otra cosa de la que Sakura se dio cuenta en el transcurso del viaje es que Sai no le quitaba la mirada a Ino. Y eso la irritaba en sobre manera. Es decir, ¿quién no quedaría impactado con la belleza de su mejor amiga? Aunque primero Sakura se cortaba la lengua antes de decirle eso. No obstante, Sakura no veía en Sai a un sujeto confiable, de hecho era al único que llevaban amarrado.

Era uno de los peones de Danzo y solo con eso quería enterrarle la espada de Sasuke en medio de su cráneo.

—Sí. —Sai tomó lo que le daban, sin rechistar. Ino le sonrió y sirvió agua para él.

Sakura notó a Shikamaru acercarse y mandar a Ino a otro lado, ella obedeció sin mucha importancia. Al cruzar miradas con el sujeto más inteligente de Konoha, se dio cuenta que Shikamaru también había descubierto a Sai. Él fingió no ver a Sakura, consideraba todo eso una molestia, aunque no podía evitar preocuparse por su compañera de equipo.

Fue entonces que Sakura tomó iniciativa, y bajo el cuidado de Guy, fue a sentarse a donde Sai, quien a su vez tenía de guardaespaldas a Neji. Sai no le dio importancia a Sakura, siguió comiendo sin cambiar la expresión de su rostro o hacer un movimiento de repudio a ella.

— ¿No estás preocupado por morir?

—Soy un ninja, tarde o temprano lo haría. Fui entrenado para eso. —contestó Sai.

—Seguro que Danzo te termina salvando.

—No soy tan valioso para él. —Sai bebió el agua de golpe y volvió a su pose neutral. Sakura miró sus brazos, aunque pálidos, se notaban en un color morado verdoso, producto del amarre tan fuerte de las cuerdas.

—Pudiste no traicionar a Naruto y Sasuke, entonces ellos te hubieran perdonado.

— No sirvo a Naruto y Sasuke.

Guy alzó una ceja al ver la tensión en la conversación, al menos por parte de Sakura, pues Sai no parecía darle importancia. Aunque fingía mirar al frente, Guy podía notar por momentos que la mirada lograba seguir a la rubia que ahora se encontraba con Rock Lee.

— ¿Ese bastardo de Kabuto no vendrá por ti?

— ¿Para qué? —Sai sonrió vacíamente, volteando a Sakura. Ella apretó los labios. —No lo entiendes, ¿verdad? Yo no tengo camaradas, solo me tengo a mí mismo.

— ¿No es eso triste?

— ¿No es triste tener una frente tan grande? —comentó Sai, volviendo la mirada al frente. Sakura apretó los dientes, una venita se hinchó en su frente y quiso estrellarle un puñetazo en la cara. —No sé por qué le gustas a esos dos. Y porque ellos te gustan.

—Eso es porque no pareces ser más que una marioneta de Danzo.

— ¿Qué otra cosa podría ser? —preguntó Sai, sin entender realmente. —No soy como ustedes.

—Dices eso pero no le quitas la mirada a Ino. —suspiró Sakura. — ¿Tus hormonas adolescentes se encendieron al verla o algo así?

Sai suspiró. —Esas necedades básicas fueron suprimidas de mí, de todos, ¿no? —preguntó, haciendo que Sakura se pusiera enfadada de solo recordarle cuando estuvo en La Raíz. —Por esa razón nadie te tocó de más cuando Danzo te tuvo en sus manos.

—Estoy a punto de matarte, lo sabes, ¿cierto?

—Tu amiga no me interesa en lo más mínimo. —Sai ignoró el comentario anterior de Sakura y despegó la mirada de Ino. —Solo estoy curioso.

— ¿A qué te refieres?

—De como sería estar muriendo por dentro y aun así seguir sonriendo a la persona responsable de eso. —comentó Sai, mirándola. Sakura frunció el entrecejo, sintiéndose herida por eso. — ¿Es suficiente esa respuesta, Sakura?

Ella simplemente se levantó y volvió a sentarse de donde no debió pararse.

—.—.—.—.—

Fue al último día, justo cuando ya estaban en uno de los bosque que más reconocían todos, que Sakura junto todo el valor y se acercó a Naruto y Sasuke. Kakashi que en ese momento estaba cuidando a Sakura, fue con ella, sabiendo lo que su alumna estaba a punto de hacer.

Mientras la observaba caminar en su dirección, Kakashi pensó en aquella niña de cabello rosa que conoció por primera vez en la academia ninja. Por supuesto que entendía las razones de Sakura para obrar de esa forma, sería un idiota que siendo su maestro las ignorara, no obstante, que supiera sus motivos no significaba que fuera a aceptarlos. Como cada uno de los que tenían un lazo con Sakura.

Era el turno de todos ellos de protegerla.

Quizás esa era la razón por la que Ino solo sollozaba por las noches y por los días reía, bromeando como siempre.

—Sakura. —al verla acercarse, Sasuke le dio una diminuta sonrisa.

— ¿Te sientes mejor ahora? —preguntó Naruto, preocupado.

—Sí. —dijo al fin Sakura, luego de un minutos de silencio. — ¿Puedo sentarme a su lado?

—No deberías ni preguntarlo. —respondió Naruto con su ánimo de siempre. — ¡Usted también, Kakashi-sensei!

Sakura se sentó en medio de Naruto y Sasuke, sintiéndose feliz de que ninguno de los dos se moviera ni un centímetro para apartarla. Le gustaba sentir la calidez de cada uno. Kakashi en cambio, se sentó delante de ellos, sintiendo melancolía al verlos de esa forma.

— ¿Y bien? ¿Cuál es el plan? —preguntó Sasuke.

— ¿El plan? —prosiguió Sakura, sin entender.

—Para cuando lleguemos a Konoha. —contestó Naruto, como si fuera lo más evidente del mundo. —Ahora que estamos reunidos los tres, podremos convencer a la abuela, tenemos el testimonio de Sakura y de Sai para que acaben con ese Danzo de una buena vez.

Sakura negó con la cabeza.

—El único plan que tengo, es…—Sakura miró a Rock Lee, estaba conversando con Guy. —salvar a Rock Lee.