Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
.
.
.
Merida.
Resopló con frustración y en un rápido movimiento, atrapó la mano de su esposo, deteniéndola de seguir bajando por su vientre.
"Esto ya fue demasiado" aceptó, molesta.
Llevaban toda la semana haciendo aquello, tocándose y provocándose para finalmente alejarse del otro, se dijo que tal vez era su culpa por haber iniciado esa estupidez, pero tampoco mentiría que a veces se planteaba dejarse llevar. Entonces recordaba que su orgullo era más grande que su deseo y se frenaba.
—Ya basta —dijo secamente.
—¿Por qué? —ronroneó el castaño en su oído, soltándose de su agarre y volviendo a la carga, apretando un pecho cálido bajo las sabanas. Merida gimió ante el contacto—, no parece molestarte realmente.
Abandonó el pecho para bajar hasta su centro y Merida abrió las piernas por inercia, dándole mayor acceso para acariciarla.
—Hiccup —advirtió con voz cortada.
Trató de tomar la mano masculina de nuevo, pero solo consiguió aferrarse a ella cuando dos dedos grandes se introdujeron en su centro.
No fue capaz de contener un gemido cuando comenzaron a moverse dentro de ella, tembló ligeramente cuando llegó al clímax y se giró para encarar a su esposo, dispuesta a decirle un par de verdades, pero se las guardó para después al verlo cerrar los ojos fuertemente y soltar un sonido de satisfacción mientras chupaba los dedos mojados de su esencia.
—Delicioso, ni más ni menos —declaró, le dio la espalda para tratar de dormir y Merida vio una oportunidad—. Hasta mañana.
—No tan rápido.
Fue su turno de comenzar a acariciarlo, ella no se entretuvo tanto y fue directamente hacia su objetivo; rodeó el rígido miembro de su marido para después pasar su mano por toda su longitud y sonrió al escucharlo gemir.
Él se giró y atrapó sus labios en un beso necesitado, Merida se detuvo después de varios minutos, cuando estuvo segura que estaba por terminar.
—Merida… —protestó, la aludida sonrió con petulancia.
—Te lo buscaste —declaró, dándole la espalda.
El sueño no tardó mucho en llegar por ella.
Hiccup.
Bostezó y sus amigos, sentados junto a él, le lanzaron miradas interrogantes.
—No has dormido bien ¿verdad? —Brutilda le lanzó un trozo de brocheta.
—¿En qué te basas? —contestó Hiccup lánguidamente.
—Te ves horrible, no necesita más información —se metió Snotlout con una sonrisa burlona bailando en sus labios—. Haciendo a un lado a nuestro triste rey —el aludido le lanzó una mirada ceñuda—, mañana regresamos a Berk gracias a Odín.
El resto― Hiccup incluido― asintieron, totalmente de acuerdo con él.
—Ya sabemos que es el reino de Merida y todo —Brutacio miró a su alrededor—, pero yo extraño estar en mi casita. Estos sajones me dan dolor de cabeza.
—Ella vendrá con nosotros ¿No es así? —el tono de Fishlegs estaba inundado de preocupación.
—Por supuesto que sí —contestó Hiccup de inmediato—, no hay razón alguna para que no vuelva a su reino.
—Bueno —tanteó Snotlout—, considerando que ahora ni ella ni medio Berk es fanática tuya y de Astrid, yo me lo pensaría.
—Más con ese Hood rondando por aquí —comentó Brutacio con cizaña.
—Es tan guapo —agregó Brutilda soñadoramente, Fishlegs le lanzó una mirada de advertencia.
Hiccup apretó los dientes, recordando a su esposa irse acompañada de ese desabrido.
—Tal vez si buscas a los trillizos…
—¡No!
La sugerencia de Snotlout fue rápidamente acallada por la exclamación del rey. No lo admitiría jamás, pero aquellos diablillos que tenía por cuñados le daban un poco de miedo.
—Estás demente si piensas que voy a dejar que vuelvan a arrastrarme por el reino.
Sus amigos se carcajearon al recordar aquel evento.
—Esos mocosos saben lo que hacen, soy su fan —la admiración en el tono de Brutacio era casi insultante.
—No necesito buscar a nadie —declaró Hiccup con molestia, levantándose de donde estaba sentado—, Merida puede hacer lo que quiera. No me importa.
"El problema es que si me importa" se dijo mientras se alejaba y escuchaba a sus amigos reírse de él.
"Y mucho".
Merida.
—En Sherwood no tenemos nada como esto —declaró Robin mientras ambos salían de las ruinas de aquel reino que ya no existía—, es como la exposición histórica personal de DunBroch.
Merida asintió, solemne y contenta que al pelirrojo le gustara.
—Algún día tienes que ir a mi reino —comentó el colorado mientras avanzaban por el bosque de regreso al castillo—, no hay arquitectura de este tipo, pero si una taberna increíble.
Merida soltó una carcajada.
—Iré si tu prometes que irás a verme a Berk.
Robin, quien también reía, guardó silencio de repente.
—¿Dije algo malo?
—Para nada, es solo que no creo que a tu esposo le haga mucha gracia que te visite —resopló.
—¿Hiccup? No digas eso.
—Oh vamos —le dio un empujón amistoso desde su montura—, me mira como si quisiera arrancarme la cabeza cuando estoy cerca de ti.
—No es verdad —debatió la pelirroja débilmente, recordando lo que el castaño le había dicho aquella primera noche después de tentarla.
—Claro que lo es, si me lo preguntas, estoy totalmente seguro que él no dudaría en lanzarme a una fosa llena de dragones sin domar.
La bermeja no pudo evitar soltar una risotada al imaginar aquello.
—¿Lo ves? Te ríes porque sabes que es cierto.
—Ya dejemos ese tema —pidió cuando dejó de reírse—, hablemos de otra cosa.
—Como gustes, mi señora —respondió el pelirrojo con galantería cómica—. Mañana te vas a Berk ¿no?
—Sí.
—No pareces muy emocionada.
—Es solo que allá soy la reina, la que debe encargarse de todo y de todos —explicó—, aquí también soy una reina, pero no debo encargarme de nada más que de mí. Suena egoísta, lo sé.
—No pasa nada, está bien serlo de vez en cuando —repuso Hood—. Tal vez aún no estabas lista para ser reina… o para casarte.
—O ambas.
—Exacto.
Cabalgaron en silencio durante largos minutos hasta que la colorada no pudo soportarlo más.
—Tenemos que ir más rápido si queremos llegar antes que el sol se oculte —declaró la joven, espoleando a Angus y con la intención de iniciar una competencia amistosa con el muchacho; paró cuando notó que él no la seguía—. Robin ¿Estás bien?
—Por supuesto —contestó con una sonrisa—, es solo que no tengo prisa por volver.
Hiccup.
Bebió un largo trago de hidromiel para pasar el bocado, su suegra alternaba su seria mirada entre él y las sillas vacías que pertenecían a Merida y Robin.
—Ellos no suelen tardar tanto —la voz de Elinor inundó el comedor, se giró hacia su esposo—. Fergus —llamó, el hombretón dejó de mordisquear una enorme pierna de pavo para prestarle atención a su esposa— ¿Sabes dónde están Merida y…?
—Fueron a ver las ruinas del viejo reino —contestó con tono casual.
—¿Ruinas? —inquirió el castaño.
—¿Hasta allá? —Elinor frunció el ceño, después miró a su yerno— ¿Merida nunca te ha hablado del viejo reino?
"Merida nunca me dice nada" pensó no sin cierta tristeza.
—Supongo que lo olvidó —el rey dragón le restó importancia con un gesto de la mano—, ya me contará después.
Los platos de la cena fueron retirados y una lluvia fría había comenzado a caer, pero ni su esposa ni el otro pelirrojo aparecían por ningún lado.
—¿Qué le pasa a esta señorita? —se quejó Elinor.
—Vaya a descansar, yo la esperaré…
La risa de su esposa lo interrumpió y la aludida hizo acto de presencia por uno de los pasillos totalmente empapada junto a Robin, quien cargaba con los arcos de ambos.
—Aparentemente, ya están aquí.
—Buenas noches —saludó Robin, haciendo una reverencia educada.
—Es muy tarde —declaró la mujer mayor, mirándolos desaprobatoriamente—. ¿Por qué tardaron tanto?
—Lo lamento, majestad, no nos dimos prisa —contestó el pelirrojo con tono culposo.
—Nosotros tenemos que descansar, mañana temprano volveremos a casa —Hiccup le quitó el arco de su esposa al cobrizo sin disimular la molestia que sentía y tomó a la joven de la mano—. Vamos, Merida.
La pelirroja se dejó hacer, aceptando que tendría un enfrentamiento con él ni bien estuvieran solos. Merida se soltó de su agarre cuando estuvieron lejos de los ojos de Robin y Elinor, entraron a la habitación e Hiccup empujó la puerta con fuerza.
—¿Por qué demonios llegas hasta ahora? —la ira se apoderó de su voz, Merida rodó los ojos, tomó una toalla de lana y se sentó frente al tocador, procediendo a secarse el cabello—. ¿Todavía que te vas todo el día con otro hombre te das el lujo de ignorarme?
—No fue todo el día —replicó su esposa por fin—, además, tú te vas por semanas y yo no me quejo.
Hiccup abrió la boca, ofendido.
—¿Disculpa? yo me voy a buscar dragones para nuestro reino, no me largo a corretear por ahí con otra mujer.
Grave Error.
Merida se levantó del banquito frente a su tocador con una lentitud apremiante, la cólera en sus ojos provocó que Hiccup tragara seco, pero se obligó a no retroceder; se sentía molesto y ¿celoso? claro que sí, ese jodido pelirrojo sajón y bebedor de té* lo tenía hasta la coronilla.
—Por supuesto que no te largas por ahí —declaró con una calma fría—, Astrid y tu corretean en mi habitación, en mi cama. Robin…
—Robin —la cortó— solo busca quedarse a solas contigo y tú pareces muy contenta con eso.
Su esposa soltó una carcajada burlona que hizo que la sangre le hirviera de rabia
—Lo veo y no lo creo. Jamás pensé que fueras tan descarado para decir algo así cuando ha sido esa mujer la que no ha parado de ir tras de ti desde que nos casamos, si no es que mucho antes.
—Astrid no viene al caso en este momento…
—Voy a reconocerle que sabe luchar por lo que quiere —declaró en tanto se sacaba el vestido empapado, quedando con el delgado camisón que traía debajo.
Caminó con movimientos sensuales hasta llegar a él, le rodeó el cuello con el brazo izquierdo mientras que con los dedos de la mano derecha le acariciaba la boca.
—Bien dicen que el que persevera, alcanza.
Al castaño se le fue el aliento y se maldijo al ver el rostro lleno de satisfacción de su esposa cuando sintió su erección en el vientre. Hiccup todavía no se explicaba como ella lograba emocionarlo con solo acercársele de forma sugerente.
—Deja de jugar conmigo —trató de hablar con rudeza, pero la voz le salió en un susurro.
Merida dejó de restregarse contra él de inmediato.
—Como gustes —contestó, el castaño supo que no le gustaría lo que vendría al ver la sonrisita en el rostro sonrojado de su mujer.
Maldijo en su lengua madre al ver a Merida sacarse el delgado camisón por fin, los turgentes y pálidos pechos saltaron un poco al verse liberados y se le hizo agua la boca al notar los rosados pezones totalmente erectos, invitándolo a lamerlos ¿Hacia cuanto que no la veía desnuda?
"Mucho tiempo, definitivamente" se dijo.
Como si no terminara de torturarlo, su esposa se quitó la ropa interior después de recostarse en su lado de la cama, separó las piernas y procedió a tocarse frente a él.
No se perdió ni un solo momento de aquel plano, Hiccup podía jurar que, en sus veintidós años de vida, jamás estuvo tan celoso de un par de dedos, el pantalón le apretó cuando vio el rostro de la bermeja después de haber alcanzado el clímax. Los orbes azules no se despegaron de los esmeraldas suyos en ningún momento desde que comenzó.
—Ay Merida —dijo, quitándose la parte de arriba de su traje—, no debiste hacer eso.
Merida.
Las piernas le temblaban después de haber terminado, pero se sintió mucho más empapada cuando vio a su esposo desnudarse frente a ella.
¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que lo vio así como había llegado a ese mundo?, no dejó de pensar que era él quien la tocaba y el deseo en sus ojos verdes no hacía más que incitarla a continuar.
"Al diablo" pensó, dejándose llevar cuando el castaño subió a la cama, lo besó con hambre mientras él se posicionaba encima de ella.
—No voy a detenerme —declaró el castaño sobre sus labios antes de atacar su cuello, la pelirroja se arqueó al sentir una de las ásperas y fuertes manos atender su seno.
—No quiero que lo hagas —respondió, aferrándose a las sabanas mientras él bajaba por su vientre, besando y chupando.
Hiccup depositó un beso en la cara interna de ambos muslos y Merida no pudo contenerse, soltó un pequeño grito al sentirlo lamer su centro. Agradeció a los dioses que afuera lloviera tan fuerte y que los truenos ahogaran el sonido, porque maldijo entre gritos cuando terminó.
—Sigues sabiendo tan bien —susurró Hiccup a su oído—. Quisiera alargarlo más, pero te necesito ahora.
La sangre le hervía de deseo, su esposo no necesitó decir otra cosa, se incorporó con una gracia que no creía poseer y se aferró a uno de los doseles de su cama, arqueando la espalda.
—¿Qué esperas para venir por mí, entonces? —retó.
Hiccup no tardó en alcanzarla, la tomó con fuerza de las caderas y los suspiros de ambos se mezclaron cuando el rey dragón entró en ella de una estocada, comenzando a moverse rápido y duro dentro de la colorada.
La habitación se llenó de gritos acallados por el cielo que se caía afuera, Merida incluso llegó a considerar que sus uñas dejarían marcas más profundas en el dosel que las que alguna vez hizo con una espada cuando era adolescente.
Aulló de placer cuando ella terminó por primera vez, recargándose en el dosel totalmente satisfecha; Hiccup depositó un camino de veces en su espalda y dejó que se recostara después de salir de su interior. Sentía el cuerpo un poco cansado, pero no lo suficiente. Solo deseaba dormir.
—¿Qué pasa? ¿Ya te cansaste? —abrió los ojos para toparse con la expresión burlona de Hiccup, su miembro seguía despierto—. Ah no, todavía no termino. Todavía no terminamos.
Aparentemente, su esposo no tenía la misma idea. Merida suspiró, fingiendo resignación, pero con el deseo comenzando a burbujear en el centro de su anatomía de nuevo.
―REVIEWS―
Ladi Jupiter: Fue muy divertido el imaginarlo hehehe, me alegra que te haya gustado, espero que este te guste también. Siempre es bueno saludarte, Harry.
A Frozen Fan: Tía Frozen, mí estimada, aquí está por lo que preguntabas. Eso mismo pienso yo, quien lo diría haha. Ambos están tirando de la cuerda y esta va a romperse muy pronto.
Sobre los trillizos, tenga más maldades pensadas, pero eso ya será en tierras Berkianas. Hiccup y Robin son otro asunto, aún no es tiempo que hablen sobre Merida porque no tengo idea de a dónde irán a parar los pelirrojos, algo me dice que lo sabré pronto. Te envío saludos y un besote virtual, Harry.
Karypriscilla: Muchas gracias por tu comprensión, siempre es un placer leerte. Saludos, Hale.
Guest: Gracias amigui, por tus buenos deseos y por comentar. ¿Nos seguimos leyendo?, Harry.
Debs-1226: No sabes lo que me reí cuando leía tu review, también pienso que Fergus no se quedaría con los brazos cruzados, si bien no lo mataría, algún tipo de dolor le infligiría. Gracias por comentar, ojalá que este cap. te guste lo suficiente para volver a hacerlo. Saludos, Harry.
Wand: Espero que sigas por la plataforma, porque un momento estás y al segundo no lmao. Concuerdo contigo en que ambos son orgullosos, pero han llegado a la vida del otro para hacerla más difícil, más entretenida… y más sensualona hohoho. Siempre es un gustazo saludarte, nos leemos. Harry.
Daga Uchiha: Cualquiera en estos tiempos envidiaría el control Mericcup hohohoho, calla que ya estoy pensando en una y probablemente…. Ahhh ¿qué pesabas? ¿Qué haría spoiler? ¡Pues no! no es mi estilo.
¡El salvador! Siempre pensé que solo me leía gente de México― exceptuando a mis amigos de Cuba, PR, Venezuela y DR―, mis amigos que son de allá son muy lindos (en toda la expresión de la palabra) ¡arriba las pupusas joder! Un saludo desde los Estados Unidos y México porque allá están mis raíces. Harry.
Aoba Ritsu: Reviews como el tuyo me hacen muy feliz, el Mericcup es algo que no debe acabarse jamás, sigue leyendo porque todavía no termina. Espero que esta actualización sea de tu agrado, bienvenida al fandom de nuevo chiquilla, me halaga que pienses eso de mí. Afectuosos saludos, Harry Hale.
Alexiz tutsi: Muchas gracias pequeñuela, aún falta mucho que recorrer. Nos leemos ¿verdad? Hale.
ACLARACIONES.
Bebedor de té: Como Robin es de Londres y ahí beben mucho té… hagan sus conclusiones. No pretendo ofender a nadie, lo aclaro de una vez.
Ya era hora señores, que estos tuvieran su momento lmao, lo siento, pero sé que aún me falta practica para estas escenas. Lamento estar tan desaparecida por acá.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
