NOTAS DEL AUTOR: Saludos, aquí Tarmo Flake de regreso. Este episodio es más serio, largo y cargado de diálogo de lo normal porque me encanta crear drama. A veces creo que Mero es mi hermana perdida. Espero les agrade.
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Este es un fanfic hecho con el simple propósito de entretener y creado sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 5
Soy un monstruo.
Ser una araña antropomorfa de más de dos metros de alto debería ser suficiente para notarlo, pero hoy acepté que soy un auténtico monstruo. Uno que no merece perdón.
Después de que Rachnera y yo quedáramos solas en el ático, el silencio me mataba más que cualquier represalia que la tejedora pudiera darme. Yo no tenía idea de que hacer. Mis manos temblaban, mis piernas las imitaban y mis pulmones no descansaban por la hiperventilación. Los seis ojos escarlata de Rachnera me observaban intensamente, como si escudriñaran a través de mi piel y juzgaran mi propia alma. El silencio creció más y más hasta el punto de ser insoportable. Quise hablar, pero mi lengua estaba muerta, mi mente sumida en el caos absoluto. En mi desesperación, salí huyendo del lugar, ignorando todo contacto visual con quien pudiera toparme en mi camino.
Salí de la casa a toda velocidad, no me molesté en cerrar la puerta o voltear atrás. Corrí sin rumbo fijo por la ciudad. La lluvia se había detenido, la gente empezaba a repoblar las calles, pero a mí no me importaba en lo más mínimo. Solo deseaba huir. Huir donde nadie pueda ver a este error caminante.
No era necesario que los transeúntes supieran de mis acciones para sentirme una paria, sus miradas de desprecio hacia mi invertebrada figura eran suficientes para saber que no era bienvenida. Tampoco es que me importara, ya me consideraba una aberración sin necesitar la opinión de alguien. Me sentía rechazada, odiada, era el rey Edipo exiliado de su propio reino. Y al igual que este, tal exilio fue por decisión propia, al no poder soportar en lo que me había convertido: Un monstruo.
Las luces de la ciudad aumentaban su número conforme la noche se acercaba. Para mí, eran como las llamas del Hades, brillando, juzgando silenciosamente mis errores, guiándome a un camino sin fin, hacia la nada. Los automóviles se mofaban de mí, salpicándome con el agua de los charcos que la lluvia había dejado. No me importaba, lo merecía.
Cuando me alejé lo suficiente de la bulliciosa urbe, hallé refugio en un callejón abandonado. Olía mal, los gatos y los vagabundos lo habían usado como retrete y las incontables moscas que revoloteaban alrededor de la basura confirmaban la poca sanidad del ambiente. ¿Pero desde cuando alguien como yo merece algo más que arrastrarse entre la podredumbre?; Aquí pertenezco, este es mi verdadero hogar.
Ignorando el nauseabundo aroma, busqué espacio entre los restos de cajas de cartón y muebles viejos hasta hallar lugar para poder sentarme. Fue difícil, con mi tamaño, aunque no es que buscara comodidad en un lugar como este; Con estar sola era más que suficiente.
- "¿Qué fue lo que hice?" – Me repetía una y otra vez. Simplemente no hallaba respuesta, no había manera de hacerlo. No quería pensar en nada, entre más lo hiciera, más razones hallaba para inculparme. Mi reflejo en las charcas me provocaba asco, la arachne conocida como Aria Jaëgersturm ya no existía, había sido reemplazada por un ser repugnante, detestable, abominable. O quizás nunca existió, solo fue un producto de mi imaginación y este impía criatura es mi verdadero yo.
Me sentía sucia, tenía la urgencia de salir de mi propio cuerpo, abandonar esta prisión de carne y quitina, limpiar mi alma. Me odiaba a mí misma. La lluvia regresó, era como si tratara de lavar mis pecados. Pero era muy tarde para ello, nada podría deshacer el pasado, deshacer mis errores. Deshacer mi existencia.
El mundo no tenía sentido; Los colores se tornaron grises, Los aromas, insípidos, los sonidos en silencio. Los dioses, muertos.
Mi lamentación fue interrumpida por el brillo de la luz artificial proyectada por una pequeña lámpara de mano. Me cegó temporalmente al acercarse. No distinguía de quien se trataba. Quizás era la ley, ansiosa de encerrarme en una prisión de hierro y piedras por faltar a alguna norma desconocida. Quizás lo aceptaría, no había cabida para mí en el mundo civilizado.
- "¿Qué quieres?" – Pregunté, cubriéndome del incandescente brillo del foco.
- "Vine por ti." – Respondió el sujeto que la sostenía.
- "¿Estoy rompiendo alguna ley?"
- "Quizás, pero no estoy aquí por eso."
- "¿Quién eres?" – Cuestioné. La persona hizo a un lado la linterna, permitiéndome reconocerla.
- "¡Herr Kommandant!" – Exclamé sorprendida. – "P-pero, ¿Cómo me encontró?"
- "Tuve ayuda." – Contestó Kimihito, iluminando a su acompañante.
- "De verdad, Aria, ¿creíste que una araña gigante pasaría desapercibida?" – Dijo Rachnera apareciendo detrás de él. – "Solo era cuestión de preguntar."
- "¿Pero por qué?; ¿Por qué vinieron por mí?"
- "Para llevarte a casa, por supuesto." – Aclaro el muchacho.
- "¿A… casa…?" – Pregunté, dudando de tal declaración. – "¿Cuál casa?; Ya no tengo hogar alguno, ya no."
- "¡Por los dioses, Aria, no salgas con tu teatro de lágrimas ahora!; Si quieres quedarte a seguir auto-compadeciéndote, es tu problema, pero eres responsabilidad de mi Querido, además que es tarde y algunos tenemos que comer." – Exclamó Arachnera.
- "Rachnee, por favor, no es momento de perder la calma." – Indicó Kurusu a la tejedora. El volteó a verme. – "Aria, no sé qué sucedió que decidiste hacer esto, pero ya sea que desees discutirlo conmigo o las demás, siempre estaré ahí para escucharte. Por favor, ven con nosotros, a casa. Nuestra casa." – Me aconsejó, ofreciendo su mano.
- "No… No insistas… Estoy sucia… sucia…" – Dije cubriendo mi cara. – "No puedo volver. No después de todo lo que dije… Después de todo lo que hice…"
- "Si no piensas regresar, entonces me quedaré aquí a acompañarte." – Declaró el chico muy convencido.
- "Q-querido, no puedes…" – Protestó Rachnera. Ni yo creí que él hablara en serio.
- "Aria es mi responsabilidad; ¿Qué clase de hospedador sería si no velara por el bienestar de mis inquilinos?"
- "Pero…" – La tejedora suspiró, sonriendo ligeramente. – "En verdad no tienes remedio, ¿verdad, Querido?"
Kurusu hizo un espacio a mi lado. Yo me alejé como respuesta, no quería infectarlo con mi suciedad. El simplemente se sentó y volvió a acercarse. Rachnera se colocó del otro lado y quedé entre los dos. Ella y Kimihito sostenían un par de paraguas y los juntaron, tratando de cubrir a los tres. Era conmovedor verlos preocuparse por mí, pero no lo merecía. No merecía bondad, no merecía perdón.
El viento sopló más fuerte, haciendo volar la basura ligera. La tejedora no estaba a gusto, pero Kurusu solo mantenía su sonrisa serena, como si no le importara la incomodidad del callejón.
- "¿Por qué?" – Inquirí. – "¿Por qué insistes en aceptarme de nuevo?".
- "No veo razón para no hacerlo. Eres mi huésped y aunque solo tenemos un día de conocernos, considero que eres una buena persona." – Respondió el muchacho. – "Dime, ¿Por qué piensas que no puedes regresar?"
- "Porque… No estarías seguro conmigo… Nadie lo estaría."
- "¿Temes hacernos daño?"
- "Precisamente. No es necesario exponerlos a tal riesgo."
- "Aria. Vivo con siete liminales. A pesar de las diferentes magnitudes de fuerza, todas ellas son más fuertes que un humano. No es por hablar mal de nadie, pero incluso Rachnee ha sido testigo de uno que otro pequeño accidente en los que me veo envuelto con las chicas." – Explicó Kimihito, haciendo que Rachnera asintiera y se sonrojara un poco. – "Y aún así, nosotros, el hombre, le ha hecho más daño a cualquier liminal que ellos a nosotros. Si deseas hablar de peligro, sería el humano a quien te refieres."
Kurusu miró a Rachnera, esta bajó su mirada. Se notaba que tales palabras le eran personales. El chico dirigió su vista hacia mí, de nuevo.
- "Aria, ignoro cuál sea tu falta, pero te aseguro que no es tan grave como piensas. No eres una mala persona."
- "¿Cómo puedes estar tan seguro?"
- "Porque nadie con malas intenciones se tomaría la molestia de alejarse para evitar herir a otros." – Contestó Kurusu, dándome una cálida sonrisa. Rachnera también se conmovió por las palabras del muchacho. – "Así que, si estas dispuesta a darnos una oportunidad." – Acto seguido, ofreció su mano de nuevo. – "Regresemos."
Dudé por unos momentos. Este hombre tal vez sonara ingenuo, pero la sinceridad de sus palabras no podían negarse. Estrechando mi mano con la suya, me incorporé, aún con la cabeza baja. Kimihito solo continuaba sonriendo.
- "Vamos, debo preparar la cena y las chicas deben estar hambrientas." – Comentó el muchacho.
- "Tienes una lengua de plata, Querido. Eso es algo que adoro de ti." – Dijo Rachnera, poniendo su brazo alrededor de Kurusu.
- "No es para tanto Rachnee." – Rió el chico. Me sentí afortunada por conocer a alguien como él. Las buenas personas escasean. Aún así, no podía dejar de sentirme incómoda. Debía regresar y enfrentar a quienes ofendí; A quienes llamé monstruos.
Entre más cerca estábamos de la residencia, más crecía mi ansiedad. ¿Cómo mirarlos a la cara de nuevo?, ¿Cómo esperar perdón cuando vociferé injurias contra sus personas?
Ver a Suu entre el grupo que nos esperaba fue como encarar un juicio silencioso. ¿Sabía ella lo que yo había hecho?; En caso de ignorarlo, ¿Cuánto tardaría hasta enterarse?, ¿me guardaría rencor?, ¿planearía venganza?; Y al final no podría culparla, merecía que me escupiera a la cara como la hipócrita que soy.
Volteé la mirada al pasar junto a ella, no soportaría ver esos ojos verdes en esta condición. Quizás nunca podría volver a verlos.
- "¡Mi Señor, nos tenía preocupadas por su repentina desaparición!" – Exclamó Centorea, dando un paso adelante.
- "Por un momento creí que usted y Rachnera-san se habían fugado, como una historia de amor." – Comentó Meroune, sonriendo ante su obvia fantasía. – "Oh, Aria-san, ¿Qué le sucedió?" – Preguntó la sirena al notarme.
- "Chicas, no se exalten. Aria necesita un poco de tiempo a solas. Por ahora olvidemos las preguntas y preparemos la cena, ¿Si?" – Aconsejó Kimihito.
- "Como usted desee, Mi Señor." – Respondió Centorea. Las demás la imitaron.
Formulé que además de Rachnera, nadie más sabía sobre mi incidente con Lala. Me tranquilicé, pero no podía dejar de pensar en que tarde o temprano debería confrontar mis faltas y pagar por ellas.
- "Querido, me gustaría hablar con Aria en privado. Asuntos privados de arachnes." – Comentó la tejedora una vez entrados a la casa.
- "Entiendo. Apartaré su cena, estará lista en la mesa cuando terminen." – Respondió el chico.
- "Gracias, Querido. Entonces, ¿Quieres charlar en el ático, cazadora?" – Me preguntó Rachnera. Yo solo asentí levemente con la cabeza.
Subimos a su habitación y aunque estábamos solas, me sentía más nerviosa que nunca. ¿Qué me diría?; ¿estaría molesta por como pensé de ella?, ¿me obligaría a humillarme para recompensarla?; La tensión me mataba y el silencio de nuevo se hacía insoportable.
- "No discutiré lo que sucedió entre tú y Lala." – Aclaró ella, cruzando sus brazos. – "Pero es evidente que tus acciones no solo resultaron irónicas, considerando como expresaste tu incomodidad respecto a mis "juegos", sino que también te has creado un sentimiento, en mi opinión, innecesario, de culpa hacia tu recién descubierta naturaleza."
- "¿Naturaleza?; ¿A qué te refieres?" – Cuestioné, confundida.
- "Eres una arachne. El seducir y dominar están en ti. Son parte de lo que eres, de lo que somos todas las descendientes de la mítica tejedora griega."
- "No… Yo no soy como tú, como las demás…" – Refuté.
- "¿Hasta cuándo seguirás negando lo obvio?"
- "No hay nada obvio. Yo no soy una… violadora."
- "¿Eso es lo que crees que hiciste?, ¿Violar a Lala?; Debes estar bromeando." – Rió ella de manera sardónica.
- "¿Por qué lo tomas tan a la ligera?" – Inquirí. Me sorprendía que Rachnera no considerara la gravedad de la situación.
- "Porque solo haces una tormenta en un vaso de agua. Y usar un término tan fuerte como "violación" para un simple jugueteo es tan hiperbólico como ridículo."
- "¡Te equivocas!" – Refuté con ímpetu. – "¡Yo no soy…!" – Me detuve para hablar en voz baja. – "Una… pervertida…"
- "Cierto, solo eres agresiva en negación. Y aún así, referirte a tus inofensivas acciones como perversiones, habla mucho del esfuerzo en el que te empeñas a auto-degradarte. ¿Qué sucedió con la orgullosa Jaëgersturm de Weidmann?"
Rachnera suspiró. Yo solo bajé aún más la cabeza. Ni siquiera podía hacerle honor a mis raíces. Era patética; Toda mi existencia me parecía tan patética. Tan falsa.
- "¿Sabes?" – Continuó la tejedora. – "Cuando llegaste, me sentí aliviada por tener una compañera arachne. Aún cuando Querido es tan servicial y aunque demás chicas, aún con sus singulares personalidades, son tan buenas personas; En ocasiones me siento algo solitaria."
La miré algo extrañada de oírla tan franca.
- "Pensé que quizás tú comprenderías las necesidades de nuestra especie. Pudiera parecer que soy una dominatrix por mero placer egoísta, y no niego mi propio deleite, pero simplemente sigo los instintos que yacen en nuestra estirpe." – Confesó la tejedora. Tomó mis manos y las puso frente a mi rostro. – "El dominar, Aria, es tan parte de nuestra identidad como nuestras ocho piernas. Es lo que soy yo, es lo que eres tú, es lo que nos convierte en arachnes."
No supe que responder. Por un lado, la pasión en su discurso demostraba la convicción con la que ella creía tales palabras; Por el otro, me costaba aceptar tal actitud.
- "Contéstame algo honestamente, mujer; ¿Disfrutaste tu jugueteo con la dullahan?" – Cuestiono Rachnera.
- "¡No!" – Negué de inmediato.
- "¿Estás completamente segura?; Es decir, las dos estaban tan concentradas que ni siquiera notaron el ruido que hice al subir las escaleras del ático, sin contar la lasciva mirada que tenías en tus ojos. Tu boca niega lo que tus sentimientos confiesan a gritos, cazadora."
- "¡N-no!... T-te equivocas… yo…" – Pausé. Me costaba continuar. Incluso si parecía que ella me forzaba a admitirlo contra mi voluntad, en realidad algo dentro de mí me decía que ella podría tener razón.
- "¿No sentiste electricidad al rodear su cuerpo con el tuyo?, ¿niegas la divina sensación que experimentaste al sentir sus labios tan cerca, tan vulnerables?, ¿lo tentador de hablar suavemente a su oído?, ¿o también rehúsas a admitir que, de no ser por mí, no te hubieras detenido?"
- "Yo… no…" – Negué de nuevo hasta sentirme algo mareada.
- "¿El corazón no te palpita con fuerza al pensar que quizás a ella… le agradó?"
De nuevo, perdí el habla. Por un muy breve momento, el tiempo se detuvo y mi mente visualizó un hipotético escenario en el que Lala, correspondía a mis acciones. Parpadeé rápidamente y sacudí mi cabeza para evitar seguir pensando en ello.
- "Te equivocas." – Respondí al ordenar mi mente. – "Ella no pudo haberlo disfrutado."
- "¿Por qué lo crees así? ¿Te consideras poco atractiva?"
- "No."
- "¿Piensas que te odia porque te gustan las mujeres?"
- "Tampoco." – Contesté de nuevo. Un momento, ¿finalmente acepté que soy lesbiana?
- "¿Entonces?"
- "A ella no le gusta impresionar o ser impresionada con actos bruscos y toscos."
- "Hablas como si la conocieras de toda la vida. ¿Qué te hizo llegar a tal conclusión?"
- "Charlar con alguien con un léxico tan elocuente como el de Lala te revela el tipo de persona que es." – Expliqué. – "Como dullahan, ella podría impactar a cualquiera con solo remover su cabeza o usar alguna otra habilidad supernatural. En su lugar, favorece la idea de que su lenguaje y manerismos dejen una mayor impresión. Que la efectividad de tal decisión no sea satisfactoria es otra cosa, pero es obvio que prefiere un método más enfatizado en embelesar sus virtudes que un vulgar despliegue de poder."
- "¿Cuál es tu punto?"
- "Aunque muy a su manera, ella es una romántica. Si Lala deseara ser seducida, sin duda ella optaría por una acción más sentimental."
Fue el turno de Rachnera de sorprenderse. Incluso yo quedé algo impactada por la seguridad con la que expresé tal discurso. Quizás sonara algo arrogante de mi parte el afirmar tal cosa sobre Lala, pero algo de razón debía tener yo, pensé.
- "Interesante análisis, cazadora. Confieso que mis interacciones con la dullahan nunca han sido tan informativas como lo son para ti, así que te daré la razón por ahora." – Declaró la tejedora. – "Pero aún cuando no fuera de su agrado, ¿en verdad crees que tu falta fue tan excesivamente grave?"
- "Los errores son accidentes; Lo que hice fue adrede y los errores adrede se llaman estupidez. La estupidez no debe ser tolerada."
- "Por Palas Atenea, Aria, eso es ridículamente draconiano."
- "Sabiduría Jaëgersturm, donde nacen las arachnes superiores…" – Dije con sarcasmo. Siempre detesté lo absurdas que podían ser las tradiciones de mi familia.
- "Comienzo a identificar el origen de tus preocupaciones. En todo caso, vuelvo a asegurarte que tus equivocaciones no son tan grandes. Comparado con lo que sucede a diario en esta casa, tu eres una santa."
- "Eso solo es la mitad del problema. Aún queda el hecho de que terminé convirtiéndome en lo que siempre odié."
- "Te sientes una hipócrita." – Dijo secamente Rachnera. Era obvio, pero la cruda verdad sigue doliendo.
- "Precisamente. Mis promesas ahora me suenan tan falsas. Siento que ya no puedo confiar en mí misma. Y nadie en mí."
- "Todos solemos traicionar nuestra palabra en algún punto de nuestras vidas, es una lección que todos aprendemos tarde o temprano. Yo sé lo que es que alguien pierda la confianza en ti…" – Declaró la tejedora con una expresión melancólica, posiblemente recordando un incidente de su pasado. – "Lo que es herir a alguien, lo incómodo de la incertidumbre al no saber si guardarán rencor por ello." – Continuó confesando Rachnera, observando sus dedos. – "Uno empieza a odiarse a sí mismo, a detestar su identidad. Es imposible mirarse al espejo y no sentir asco del ser ante uno." – Manifestó ella, sonando molesta. Suspiró de nuevo antes de continuar. – "Pero lo que hayamos hecho o nos hicieron ya es historia, es inútil seguir preocupándose por el pasado. Odiar, ya sea a tu persona u otras, no es la salida. En lugar de ello, preocúpate en redimir tus errores. Nunca es tarde para pedir perdón."
Reflexioné un poco sobre aquello. Rachnera debió haber sufrido percances en su vida peores que los míos; sus palabras suenan con mayor experiencia y sensatez que las mías. Diablos, ¿En verdad he estado actuando como si fuera la mayor criminal en existencia cuando solo cometí faltas poco importantes?
- "Quisiera ser tan fuerte como tú…" – Confesé a la tejedora.
- "Lo eres, Aria. Eres una arachne, tu voluntad lo puede todo."
- "¿De dónde aprendiste todo eso?"
- "Un buen hombre en esta casa me lo enseñó." – Contestó sonriendo. – "En todo caso, aún te queda enfrentar a tus demonios internos. No podrás estar en paz hasta que externes todo lo que te preocupa."
- "Tienes razón, pero… ahora… ahora solo quiero descansar…" – Musité bajando la mirada. Aún no estaba lista para esto; Para recordar el pasado, para recordar mis errores.
- "Entiendo." – Aseguró ella. – "¿Sabes? Es más difícil odiar a alguien cuando conoces su pasado. Uno siempre puede simpatizar cuando se comparte algo tan personal."
- "¿A qué te refieres?"
- "Que quizás no sea yo a quien desees confesar todo esto. Sugiero, no lo sé, ¿Alguien más… azul?"
- "Oh… Si, ya veo." – Respondí al entender a lo que quiso dar a entender. – "Supongo que sí…"
- "Excelente. Ahora, sería mejor que tomaras un baño, no querrás pescar otro resfriado."
Asentí. Un simple resfriado causó muchos dolores de cabeza, tanto literales como metafóricos, y no deseo otro más.
- "Danke, Rachnera, por soportarme." – Agradecí a mi compañera de habitación.
- "Gracias a ti, por tratar de ser honesta. Atesora siempre tal virtud, Aria." – Respondió la tejedora con una sonrisa. Le sonreí de vuelta.
Con mi mente un poco más en paz, me dirigí al cuarto de baño. No pude evitar pasar por el comedor vacío y ver que había dos platos de comida, ambos tapados para evitar que el calor se pierda. Una pequeña nota indicaba que era para mí y Rachnera.
- "Y gracias a usted también, Herr Kommandant."
Por fortuna no hizo mención sobre la ventana rota. Después de asearme, tomé los dos platillos y me dirigí al ático. Al entrar, casi los tiro al suelo, ya que no imaginé ser recibida por tan inesperada… vista.
- "¿Sucede algo, Aria?" – Preguntó la arachne. – "¡Oh! ¿Es gyudon lo que huelo?; Excelente."
Rachnera había decidido deshacerse de su vestimenta y yacía completamente desnuda en su hamaca de seda. No sé cual temperatura era mayor, la mía o la comida. Quedé paralizada de inmediato. Ella se bajó despreocupadamente de su lugar de descanso y tomó uno de los platos. Yo seguía ruborizada, inerte y enmudecida.
- "Uhm, ¿Aria?" – Me habló la tejedora, pero yo no respondía. – "Hey, planeta Tierra a Aria, responda."
- "¿Uh? ¿Qué?" – Contesté al salir de mi trance. – "Oh, perdón; Por un momento creí que estabas…"
No, no lo estaba imaginado; Rachnera estaba totalmente sin ropa y parecía no preocuparle en lo más mínimo.
- "…desnuda."
- "Oh, ¿Hablas de esto?" – Dijo como si nada. - "Yo siempre ando al natural en mi habitación. Hmm, si, esto huele delicioso."
- "A-al m-menos disimula a-algo de p-pudor…" – Opiné nerviosa.
- "¿Uh? ¿Por qué?" – Preguntó mientras degustaba su comida. – "Si no puedo andar libremente en mi cuarto de la forma que desee, ¿Dónde más puedo hacerlo?"
- "¿No te molesta que la gente te vea?"
- "Claro que no. En esta casa todos nos hemos visto sin ropa alguna vez. Compartir el baño con las demás chicas es algo común. Y claro que no me importa mostrar mi cuerpo a mi Querido." – Declaró ella, guiñando tres ojos. – "Además, tampoco es que me ande exhibiendo. Solo los inquilinos de este lugar gozan del privilegio de admirarme tal como los dioses me trajeron al mundo. Así que relájate y disfruta tu cena. Vamos, está realmente buena."
- "Como tu digas…" – Suspiré. No pensaba seguir discutiendo algo que le parecía tan natural. Hice caso a su consejo y proseguí a ingerir mis alimentos.
O eso traté. Era difícil concentrarse cuando el voluptuoso cuerpo desnudo de Rachnera se hallaba frente a mí. Su muy agraciada figura era imposible de ignorar, mis ojos siempre robaban una que otra mirada a tan atractivos atributos y mi mente solía divagar por cortos periodos en pensamientos que no me molestaré en relatar. Estoy seguro que Rachnera lo notó, pero decidió no prestarle atención.
Finalmente terminó y ella fue asearse antes de dormir. Yo aún tenía mi plato a la mitad y aproveché el quedarme sola para acabarlo con rapidez mientras recuperaba mi ritmo cardiaco normal.
- "Tranquilízate, Jaëgersturm. Es solo una arachne desnuda. Viste muchas cuando compartías los baños en la fuerza policial de Sparassus." – Me decía a mí misma. Era verdad; Aquello era normal en las duchas y nunca tuve problemas, ni siquiera cuando fantase… ¡Digo, cuando pensaba en mejorar mis habilidades como protectora de la ley y de ninguna manera imaginarme en situaciones eróticas! ¡Hablo en serio!
A-además, Rachnera n-no tiene nada en especial. Mis pechos son casi tan grandes como los de ella e incluso soy más alta. No importa que sus senos luzcan tan firmes y suaves, que su tersa piel brille con gracia al sudar, que sus músculos posteriores delineen perfectamente su espalda, o que su exoesqueleto tan bien cuidado denote la juventud y energía animal que ella debe sin duda poseer, complementado por la calavera en su abdomen que le brinda una apariencia peligrosa y salvaje de una forma tan erót…
¡Diablos, tampoco me refería a eso!
Respiré profundo para calmarme de nuevo, estaba perdiendo la compostura. Cuando ella regresó, evité hacer contacto visual y salí en reversa. Mala idea; Choqué con ella y mi abdomen arácnido rozó contra su estómago. Que tal parte de nuestro cuerpo sea tan sensible no ayudó a detener mi nerviosismo.
Al lograr escapar de tan bochornoso accidente, me dirigí hasta el baño y metí la cabeza en la tina más cercana. Era necesario, era absolutamente necesario. Despejé mi mente hasta que tuve necesidad de oxígeno. Me cepillé los dientes y dejé que pasaran unos minutos antes de regresar al ático.
Cuando volví, Rachnera se hallaba leyendo plácidamente una revista, valiéndose de la luz de la luna que la ventana dejaba entrar. No debió serle problema, ya que nuestros ojos proveen excelente visión nocturna e incluso permiten captar la luz ultravioleta. Sin decir una palabra, me preparé a acomodar mi colchoneta para dormir. Me esforcé por ignorar como la iluminación del satélite selenita hacía destacar la curvilínea figura de la mujer.
- "¿En verdad planeas pasar la noche en esa incómoda alfombra?" – Inquirió Rachnera sin interrumpir su lectura.
- "Estoy acostumbrada desde mis días en la fuerza." – Contesté.
- "Ya no estás en la fuerza de Sparassus, mujer; Trata de vivir como una persona, no como un perro de caza." – Continuó la tejedora. – "Descansa en mi cama, si deseas. No la uso de todas maneras."
- "D-danke, Rachnera, pero no necesitas molestarte."
- "No hay problema. No soporto ver a una compañera arachne dormir en tal condición."
- "S-si tu insistes. Gracias de nuevo." – Dije, aceptando su ofrecimiento.
- "De nada, Aria."
Bueno, al menos estaba mucho más cómoda que en el suelo. Dormir sabiendo que la hamaca de Rachnera estaba arriba de mí y que ella estaba al descubierto me distraería, pero trataría de superarlo.
"Tranquila, Aria, piensa en otra cosa." – Me decía a mí misma, mentalmente. – "Piensa en… Lala..."
Suaves glút-
¡Con un demonio, no me refiero a eso! ¡Hablo de cómo resolver tus problemas con Lala!; Diablos, debo respirar, solo respirar. Exhale de nuevo para evitar que mi imaginación divagara otra vez. Todo pasaba demasiado rápido, apenas dos días y ya debo cuestionarme sobre mi estabilidad mental. Esto era una ridícula pesadilla.
Dormir se descartaba por ahora, sería imposible en estas condiciones. Observé el reloj en la pared, aún no era ni media noche, tenía tiempo de sobra para ordenar mi cabeza. Al no obtener ideas, volví a suspirar.
- "¿No puedes dormir, cazadora?" – Preguntó Rachnera, guardando su revista.
- "No." – Respondí. – "Estoy demasiado abrumada por lo que pasó hoy."
- "Sonaré como un loro repitiendo lo mismo, pero deberías relajarte y dejar de preocuparte por negativismos. Lo que hiciste no fue tan grave y estoy segura que Lala te perdonará. Créeme, yo he le hecho cosas peores y aún así me dirige la palabra hasta estos días."
- "A ti te conoce más tiempo que yo, no es lo mismo."
- "Eso es irrelevante. De hecho, mi primera interacción con ella fue atarla y provocarla, aunque no fue muy satisfactorio porque su cabeza estaba perdida y no pude observar sus reacciones." – Confesó la tejedora, sonando algo decepcionada. – "El punto es que siempre la involucro en alguno de mis juegos y ella continúa sin guardarme rencor. Quizás no le agrade, pero tampoco me odia como crees que te detesta a ti."
- "Pero tú nunca la insultaste llamándola acosadora, jactándote de ser una persona decente y después traicionar tus palabras de manera hipócrita. ¿O sí?" – Cuestioné.
- "Puede que la hayas decepcionado un poco, pero no al punto de aborrecerte. Solo dialoga con ella y todo se arreglará."
- "Suenas tan segura."
- "Normalmente no soy tan optimista, pero digamos que mi Querido me ha enseñado a ver el vaso medio lleno, ¿entiendes?"
- "Ya veo. Kimihito es buena influencia, el tipo es casi un beato en esta casa." – Opiné. Aprovechando tocar el tema de Kurusu, decidí preguntar sobre lo que Smith me había dicho. – "Rachnera, ¿es verdad que ustedes están aquí para casarse con Herr Kommandant?"
- "Oh, eso. Es verdad; Al menos con Miia, Cerea y Mero, quienes se lo toman en serio. A veces, demasiado." – Explicó riendo. – "Papi no suele prestarle mucha atención a ello y Suu comparte la opinión. Para mí no es de mucha importancia mientras pueda seguir divirtiéndome con él. Ignoro lo que Lala opine."
- "¿Entonces ustedes viajaron desde su lugar de origen solo para contraer matrimonio?"
- "No precisamente. Todas tuvimos diferentes razones para llegar a este país; Por ejemplo, Mero deseaba una aventura trágica y otras, como Miia, pretendían hallar un… voluntario, para volverse el esposo comunal de su tribu."
- "Eso… es perturbador."
- "Aunque en defensa de la lamia, ella se negó a ofrecer a Querido como esclavo sexual e incluso confrontó personalmente a su propia madre para evitarlo. Miia es excéntrica pero también lo ama genuinamente."
- "Interesante. ¿Qué hay de ti?"
- "No pretendo contarte mi pasado, ahora no…" – Respondió la arachne, su rostro se tornó algo melancólico. – "Así que, solo digamos que su personalidad sincera hace que mis tubos de Malpighi tiemblen como colegiala." – Bromeó la mujer. Yo reí ante tan graciosa metáfora.
- "Scheisse. No sé si Herr Kommandant es afortunado o no. Es decir, tantas chicas de donde elegir."
- "No necesito explicar que eso siempre da para situaciones sumamente interesantes. Diversión no falta en esta casa."
- "Me imagino. Aunque algunos métodos para ganar el corazón del chico suelen ser… poco recomendables." – Dije recordando el horror que la comida de Miia desencadenó.
- "Espero hayas disfrutado tu bautismo de fuego, cazadora. Es una lástima que no desees unirte a este disparatado harem." – Expresó Rachnera con una mueca burlona.
- "Creo que ya quedó claro que prefiero la compañía femenina." – Afirmé a la tejedora. – "Aunque esperaba que revelar mis preferencias fuera más… No lo sé… impactante."
- "¿Esperabas un desfile?"
- "Claro que no, solo esperaba que fuera un asunto un poco más importante."
- "Este es el siglo XXI, cazadora; Ya no le gritamos al sol durante un eclipse ni exorcizamos la esquizofrenia. No eres la primera arachne sáfica que conozco. Diablos, yo soy bisexual y nadie hace escándalo por ello."
- "Supongo tienes razón, soné muy tonta. En fin, me siento mejor después de charlar contigo. Gracias de nuevo, Rachnee."
- "Oh, ¿Ahora usas mi apodo?"
- "No veo el problema, eres madura y me ayudas como una hermana mayor. Te queda perfecto."
- "Y ahora me dices anciana. Danke schön, LesbiAria." – Espetó sarcásticamente la arachne.
- "Ok, ya entendí. Lo siento."
- "Es broma, señorita seriedad. Creo que ya es tiempo de irnos a dormir. Descansa, Aria, mañana te espera un largo día."
Suspiré ante ese comentario. Mañana debía hacer algo respecto a la dullahan.
- "Lo sé. Ahora trataré de cerrar los ojos y pensar en que decirle a ella. La almohada es buena consejera también." – Deje salir un bostezo. – "Buenas noches, Rachnera."
- "Buenas noches, Aria, que descanses."
Con mi mente en calma, lograr dormir sería más sencillo. Tal vez Morfeo mismo me dé un buen consejo en su reino onírico.
- "Hey, Aria, ¿estás despierta?" – Llamó Rachnera de repente.
- "Ahora sí." – Contesté bostezando. Solo logre concebir el sueño por unos minutos. – "¿Qué sucede?"
- "Solo me preguntaba si tenías frío."
- "Un poquito, ¿Por qué?"
- "Ten. La tejí yo misma."
Ella arrojó un objeto envuelto. Lo atrapé y descubrí que era una manta. Tenía un lindo patrón bordado con forma de pequeñas arañas. La seda era suave y resistente. Me alegré por tan lindo regalo.
- "No debiste molestarte." – Expresé con sinceridad.
- "Tejer es lo que hago todo el tiempo, no es gran cosa. Oh, y algo más."
- "Dime."
- "Si eso no te es suficiente…" – Habló con tono seductor. – "Yo puedo calentarte."
- "¡BUENAS NOCHES!" – Exclamé molesta y le di la espalda.
Rachnera solo se rió ante mi reacción. Cuando se trata de provocar, ella es una experta.
- "…Y gracias. Por todo." – Musité. Estaba agradecida al final de cuentas.
- "Es un placer, amiga. Duerme bien."
Sonreí al oírla llamarme amiga. Quizás suene simplista, pero me agradaba que me considerara como tal. Espero Lala también lo haga, o al menos se digne a reconocer mi existencia. Pero ahora no es momento de seguir preocupándose, es mejor que descanse.
Finalmente, el sueño me encontró.
…
Eres un error…
…
Desperté a la mañana siguiente. De nuevo, eso me agobiaba. El reloj en la pared indicaba que aún era temprano, más de lo habitual. La presencia del astro rey anunciaba que el clima sería favorable el día de hoy. Ya que todos aún dormían, supuse que debía invertir el tiempo en conjeturar algún plan para tratar con la dullahan. Pero primero, un baño. No me molesté en mis ejercicios matutinos, cada segundo contaba y usé el tiempo en la ducha para concentrarme en situaciones con Lala.
¡Quiero decir, sobre mi situación con Lala!
Ehem… decidí que era mejor pensar con el estómago lleno y fui a la cocina para prepararme el desayuno. De pronto, una idea saltó a mi mente; ¿Por qué no hacerle un plato a la chica?
- "¡Das ist gut!" – Declaré mentalmente. Nada como alegrar el estómago para alegrar el humor de uno. Bien pensado, Jaëgersturm, mereces una palmadita en la espalda. Ahora la cuestión es; ¿Qué cocinarle?
Revisé los contenedores y me percaté de que los víveres eran escasos. Estoy segura que Kimihito hoy deberá comprar más. Las opciones eran limitadas, solo algo de arroz, soja roja, algunos condimentos y algo de vegetales.
¡Oh, dioses del Olimpo!; Todo indica a que mi única alternativa es hacer sekihan. Miia convirtió tal nombre en un evento traumático y este predicamento era una amarga ironía. Suspiré, sabía que no tenía otra salida y me dispuse a cocinar el arroz. Al menos el mío no le disolverá los intestinos; Por Gea, que no lo hará.
Mientras esperaba a que el arroz estuviera listo, no podía evitar sentirme nerviosa. Cada vez más se acercaba el momento de la verdad y muy en mi interior deseaba que el tiempo se alargara para seguir evitando el confrontar a la dullahan. Me sentía peor al realizar que yo actuaba como una cobarde. Esta no era la manera de una Jaëgerstum, no de una orgullosa habitante de Weidmann o de la ilustre Sparassus.
El sonido del temporizador indicó que el sekihan estaba listo. Era hora de enfrentar mi destino. Me encaminé al cuarto de la irlandesa mientras me repetía una y otra vez que todo saldría bien. Al llegar a la entrada de su habitación, tuve que armarme de valor para evitar huir; Estaba sumamente nerviosa. Inhalando repetidas veces, me preparé para tocar la puerta.
- "Tú…" – Exclamó Lala al abrirla de repente. Mi mano se paralizó a medio camino, al igual que mi cuerpo. – "¿Qué haces aquí?"
No pude contestar, estaba atónita, inmóvil y enmudecida. Una estatua tendría más movimiento que yo. Mi corazón estaba tan acelerado que sentía que me brotaría del pecho en cualquier instante. Ya estoy aquí, Lala también… ¡¿Ahora qué diablos hago!?
- "T-t-t-te-te-te…" – Tartamudeé como idiota, mi lengua siendo un pedazo de carne inútil en tan crítico momento. – "Te-ti-nananí-nanané…"
- "Es de mal gusto empezar el día con pésimas bromas…"
¡Diablos, no! ¡Vamos, Aria, habla de una buena vez!
- "¡Tepreparéunsekihancomodesayunoyoesperoquetegustetomaloporfavornomeodiesteprometoquenoharénadamalo!"
Por Athena, soy una imbécil…
- "…¿Qué?" – Cuestionó Lala, confundida.
- "T-t-te p-p-preparé el d-d-desayu-yu-no…"
- "…"
- "…"
- "¿Por qué?"
- "P-para p-pedirte perdón…"
- ¿De qué?"
- "Por lo que pasó… ayer…"
- "Ignoro de que hablas." – Refutó la dullahan, ruborizándose.
- "Por favor, Lala, sabes que yo…" – Pausé. Me mordí los labios. – "Sabes lo que yo hice…"
- "No insistas en indagar sobre ello. Ahora, si me disculpas…"
- "¡Lala, espera!" – Exclamé nerviosa. – "Te lo ruego, por favor escúchame…"
- "No hay nada que discutir, hazte a un lado, mortal…"
La forma en que lo dijo fue como arrojar agua fría a mi cara.
- "¡Solo permíteme desahogarme y te prometo que jamás volverás a saber de mí!" – Declaré desesperadamente. Si debía irme de este hogar para ganar su perdón, lo haría.
La dullahan cerró los ojos y exhaló, recobrando la paciencia.
- "Dos minutos…" – Anunció la mujer. Era todo lo que necesitaba. – "Entra, no deseo espectadores ajenos."
- "Gracias." – Respondí, cerrando la puerta.
Esperaba algo más estrafalario de quien se hacía llamar la mensajera de la muerte, pero en realidad su dormitorio era sencillo y ordenado. Un estante con varios libros y una mesa para lectura acompañaban a la cama del centro, su hoz reposaba junto a esta. Había diferentes cuadros, varios con paisajes de lo que supuse eran los campos irlandeses. Deposité el sekihan en la mesa y ella tomó asiento. Yo me conformé con estar de pie. El hecho de estar en su habitación por primera vez me puso más nerviosa de lo que ya estaba.
Lala observó el plato, posiblemente decidiendo si era seguro para su consumo. No la culpo por desconfiar de mí. Tampoco me enfadaría si ella decidía arrojármelo a la cara.
Al confirmar que el arroz era inofensivo, tomó la cuchara junto a este y accedió a probarlo. Si ella no lo escupía e injuriaba amenazas por intento de envenenamiento, lo consideraría una victoria.
- "Demasiada sal…" – Manifestó secamente la chica azul.
¡Rayos, lo arruiné de nuevo! ¡Maldigo a mi subdesarrollado sentido del gusto carnívoro!
- "…Pero, la temperatura es la ideal y los condimentos amortiguan el exceso de cloruro de sodio. Cinco minutos, mortal."
¡Alabado sea Zeus y todo el Monte Olimpo!
- "Habla, descendiente de Arachne. Manifiéstate." – Ordenó la dullahan.
- "C-claro. Yo…" – Enmudecí de nuevo. ¿Por qué me cuesta tanto expresarme? Exhalé e inhalé un poco de aire y retomé el habla. – "Yo solo quería hablar por lo de ayer. Traspasé los límites de tu espacio personal y me excedí con mis acciones. Sé que no estoy en posición de exigir, pero, por favor…" – Alcé la mirada y expresé con seriedad. – "Te ruego me perdones, Lala. Mi alma no es digna de ti." – Terminé haciendo una reverencia en pose suplicante. Solo me quedaba esperar su respuesta.
- "No."
- "¡Gracias, Lala! ¡Tu magnificencia no posee compara…! Espera, ¡¿Qué?!"
- "No."
- "Pero… yo… creí que tu… y yo…"
- "No puedo perdonarte."
- "¡¿Por qué?!
- "Porque no hay nada que perdonar."
- "¡¿De qué hablas?! ¡¿Ya olvidaste lo que te hice ayer!?"
- "C-claro que no, pero… Lo que hiciste no fue tan grave." – Dijo ella, volteando la mirada y jugando con el borde de su vestido. – "Comparado con los inmorales actos que esa arachne y la limo han perpetrado contra mi persona, tus acciones son de poca importancia."
- "Lala, no puedes creer eso en verdad." – Opiné seriamente. – "Sabes que estoy en lo correcto, no deberías aceptar mis disculpas con tanta ligereza."
- "No comprendo tu actitud, mortal. Deseabas que indultara tus faltas y ahora ruegas por castigo."
- "Porque sé que lo merezco." – Confesé bajando la cabeza. – "Lo he merecido toda mi vida."
- "¿De qué hablas?"
- "No es la primera vez que cometo este error. He pasado noches enteras sin dejar de ser atormentada por aquellos recuerdos."
Cerré los ojos, aquello que inútilmente trataba de ignorar, estaba de vuelta. Las memorias que quise dar por muertas habían regresado para recordarme que el ayer siempre deja cicatrices.
- "Lala…" – Dije dando un necesario suspiro. – "Nunca la había confesado esto a nadie, pero si me permites, déjame contarte sobre mi pasado. Sobre el porqué es necesario que lo externe, sobre el porqué… Soy un error."
NOTAS DEL AUTOR: Les agradezco infinitamente a todos los lectores que me siguen. Su apoyo siempre será agradecido. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
