83. Cuando cometes un error, debes pagar las consecuencias.
Sakura dejó que su cabeza se recargara en la dura pared, contemplando la infinita nada. La habitación estaba iluminada por una pequeña antorcha atorada en la pared, cortesía de Kakashi para que Sakura no tuviera problemas al momento de salir de golpe a la luz en cada una de sus juntas con Tsunade. Llevaba dos semanas así, con los ojos en el fuego que se consumía al llegar la mañana.
Los días pasaban cada vez más lento, sobre todo porque Tsunade ya no la sacaba tanto de la celda como antes. No porque no quisiera, sino porque la mayor parte de la estrategia estaba siendo planeada por ella y Jiraya. Sakura había cumplido toda su promesa de decir lo que sabía, por el momento no se le requería más. Sin embargo, Sakura anhelaba que así fuera, que la sacaran de ese aire casi irrespirable.
Y sobre todo, cada que salía de la celda, buscaba por todos lados con la mirada a Naruto. No la había ido a visitar ni una sola vez. Quería verlo. Solo con verlo ella tendría suficiente fuerza para afrontar todo lo que venía.
El sonido de las cadenas moviéndose por parte de Sasuke Uchiha la sacó de esos pensamientos agonizantes, Sakura lo observó por unos segundos de reojo, antes de volver la mirada al fuego. Sasuke no entonaba ni un suspiro en todo el tiempo que llevaba ahí, sentado siempre en el mismo lugar, a veces acostado, durmiendo. Aunque en realidad no era así, si Sakura pudiera ver bajo la venda que cubría sus ojos y una parte de sus pómulos, sabría que Sasuke contaba con unas predominantes ojeras, las cuales venían con su incapacidad de conciliar el sueño debido a los absurdos pensamientos que inundaban su mente.
Estaban al borde de la desesperación.
Sakura cerró los ojos lentamente, por el cansancio de su cuerpo ya de por si débil y quedó dormida en un sueño profundo.
Cuando volvía a abrirlos se dio cuenta que estaba vagando sola por una oscuridad que parecía infinita. Ella camino por un largo tiempo, escuchando sus pasos resonar entre un suelo invisible, envuelto en color negro. Miraba para todos lados, buscando cualquier tipo de señal de que no estaba sola; y como si aquel lugar escuchara sus pensamientos, el fondo oscuro fue suprimido de inmediato, transportándola a un bosque en el atardecer. Las cigarras cantaban a su alrededor, anunciando la noche.
Siguió caminando, parecía saber a donde ir, cosa que le extrañó pero no le tomó demasiada importancia. Al menos hasta detenerse y escuchar las barbullas de unos niños. Con genuina curiosidad se asomó para ver que estaba pasando, una ceja se crispó en su cara al reconocer la escena. Era su yo más pequeño, siendo golpeada como cientos de veces lo fue. Los niños se regodeaban a su alrededor, incapaces de parar sus burlas y golpes.
No se sintió capaz de intervenir, hasta que una figura llegó corriendo a su lado, seguida de otros dos niños pequeños.
— ¿¡Qué le estáis haciendo a Sakura, malditos!? —gritó Naruto, lanzándole unas rocas.
—Iruka-sensei ya dijo que tenemos que llevarnos bien. —se quejó Shikamaru, molesto.
—Todos somos ninjas de Konoha. —reprochó Ino. — ¡¿Quieren que me ponga ruda, imbéciles!?
Sakura entreabrió la boca, formando una pequeña sonrisa al final. Los otros niños comenzaron a correr cuando Ino se puso en modo matanza y lanzándoles varitas de árbol logró correrlos de ahí. Naruto corrió a ayudarla, preocupado por sus heridas, mientras que Shikamaru bostezó y se tiró perezosamente en el suelo, decidido a tomar la siesta ahí.
— ¿Otra vez? —se quejó Ino, llegando a ellos. — ¡Ya te dije que te defiendas!
El pequeño Sakura hizo un mohín mirando a su amiga.
—No me veas así, Sakura Haruno. ¡Estoy molesta contigo también! —se quejó Ino, haciendo berrinche. — ¡Ellos no dejarán de hacerlo a menos que les pongas un alto!
—No quiero luchar contra ellos. —bufó Sakura pequeño, desviando la mirada. —Es darle mucha importancia. Además… —Sakura miró a Naruto, quién revisaba las heridas de su mano. Ino rodó los ojos, comprendiendo a la perfección. Había pensado que tenían a Naruto con ellos.
Una vez que Naruto revisó sus heridas superficiales, le dio una sonrisa encantadora, brillante y rebosante de alegría. La Sakura escondida detrás del árbol, sintió lo mismo que aquella primera vez. Su corazón latió con fuerza, bombeando como campanadas dentro de su pecho. Se llevó una mano a la boca, mientras las lágrimas escurrían por sus mejillas. Tembló y extendió una mano a ellos, pero en ese instante, el recuerdo se difuminó, volviéndose a la total oscuridad.
Se dejó caer al suelo, sollozante.
Naruto había estado para ella antes que nadie, que Sasuke, que Ino. Siempre mirándola de reojo, jugueteando tontamente, retándola a estupideces a pesar de que Sakura se mostraba recia a seguirlo a veces, siempre terminaba sucumbiendo.
—Naruto…—llamó, arañando la nada con sus uñas, sintiéndose lastimar. —Naruto.
No quería perderlo. Esa jamás fue su intención. Quería pasar el resto de sus días a su lado, buscando esa infinita sonrisa que alumbraba las penumbras más oscuras, que volvía a aclarar todo. Sin él no podría ser ni la mitad de la persona que era ahora, si no fuera por él, ni siquiera se habría animado a seguirle el juego a Ino, a comenzar a cuestionarse si lo que hacía con ella su clan estaba bien. Lo necesitaba. Sin él jamás habría ocupado un lugar dentro del equipo siete. No serían la familia que formaron.
— ¡Naruto!
— ¿De nuevo llorando, Sakura? —preguntó Naruto, rascándose la nariz. Sakura sintió que se le detuvo el corazón un instante, al verlo ahí, al pequeño niño que un día conoció. Llevaba aquellos tontos goggles que solía utilizar antes de la bandana de Konoha. Él se sentó delante de Sakura, cruzando las piernas en forma de mariposa y los brazos pegados a su pecho, refunfuñando por lo bajo. — ¿Quién fue? ¿Fue Ino? —reprochó. —A veces no se mide con sus palabras, de verdad.
—Naruto…
— ¡Ah, ya sé! ¡Fue el idiota de Kiba! —apuntó de nuevo, poniéndose de pie de un salto. — ¡Deberíamos enseñarle una lección de una buena vez! ¡Traeré pintura para…!
Sakura lo atrapó entre sus brazos, pasando sus manos por la espalda de Naruto, recargó la cabeza cuidadosamente en el hombro del pequeño Naruto, quien estaba en shock. Sakura sonrió al recordar el usual aroma característico de Naruto, sudor, tierra y sol. El pequeño Naruto se encogió sobre sí mismo, intimidado de la acción contraria. Aunque no reprochaba nada, parecía que él también estaba disfrutando el abrazo.
— ¡Qué…!
La chica comenzó a reír cuando al ponerse de pie, con Naruto todavía en brazos, comenzó a dar vueltas con él. Bailando en medio de la oscuridad. Las risas de ambos comenzaron a inundar todo aquel penoso sitio, Naruto llevaba las mejillas ruborizadas, estallando en carcajadas cuando Sakura comenzó a hacerle cosquillas, la chica recibió una patada en el rostro al instante en que Naruto comenzó a retorcerse.
— ¡Idiota! —reprochó Sakura, pegándole un porrazo en la cabeza.
— ¡Lo siento, Sakura! —pidió Naruto, con una lagrimita asomándose en su ojo derecho. Ella frunció la boca, aunque no tardó nada en abrazarlo de nueva cuenta. Asegurándose de apresarlo correctamente esta vez, metiendo al chico entre sus piernas, lo abrazó por la espalda, esta vez recargando la cabeza sobre la propia de Naruto. Quién de nuevo parecía desconcertado por las acciones contrarias. — ¿Sakura…?
—Quería mostrarte la mejor parte de mí. —murmuró, causando cosquilleos en la nuca del niño. —No pretendía hacerte daño, Naruto. Solo quería que supieras que tú siempre serías el primero para mí. Más que cualquiera. Siempre sería mi prioridad protegerte más que a nadie.
— ¿De qué hablas…?
—Pensé que me ignorarías. —confesó ella, recordando con melancolía su niñez. —Después de aquel día que nos conocimos, pensé que jamás volverías a hablarme. Y, cuando lo hiciste, mi mente quería creer que solo era porque te sobornaba con comida.
— ¡Eh! ¿¡De verdad pensabas eso de mí!? —reprochó el contrario, pataleando. Sakura se aferró más al abrazo.
—Pero… tardé poco en descubrir que me encantaba pasar tiempo contigo. —sonrió, acariciando los cabellos de Naruto, buscando tranquilizarlo. —Quería jugar todos los días contigo, pensaba en esforzarme mucho más para no quedarme detrás de ti. Necesitaba saber que tú siempre estarías ahí para mí. Eras mi luz en la oscuridad. Alumbrabas todo con esa sonrisa tuya, haciendo que todos los males dejaran de importarme. Y, entonces, me prometí a mi misma que jamás iba a dejar que esa luz se apagara.
El pequeño Naruto se removió más calmadamente, con las orejas rojas.
—Me sentí feliz cuando me dijiste que éramos una familia, porque nunca había tenido una de verdad. —siguió Sakura. —Y estuve en éxtasis en el momento que me dijiste que podrías ayudarme a enfrentar a mi clan. Sabía que aunque un día, todos los demás me dieran la espalda, tú no lo harías.
Sakura omitió un suspiro, mirando a la negrura delante de ella que no parecía tener fin. Los recuerdos inundaban su mente, uno tras otro, y sin meditarlo mucho, volvió a inclinarse sobre Naruto, dándole un beso en la cabeza. El chico hizo un movimiento brusco de hombros, sorprendido por sus acciones.
—Lo siento, Naruto. —masculló. —No hay nada más que pueda decir aparte de esto.
—Sakura…
—Todas las cosas que te hice. Las que te hicieron daño y las que no, perdóname por todas ellas. —susurró Sakura. Naruto sintió las lágrimas caer sobre su chaqueta. —Quería protegerte del mundo entero, pero no pude hacerlo. Necesitaba sentirme fuerte porque de lo contrario sentiría que no podría permanecer a tu lado nunca más.
—No puedes arreglar todos los errores del pasado, Sakura. —dijo Naruto, de repente el niño que tenía entre sus brazos, era el Naruto actual.
Sakura se echó para atrás, sorprendida del repentino cambio. Dejó de abrazarlo y sobre sus manos, retrocedió algunos centímetros, los suficientes para que Naruto pudiera darse la vuelta y contemplarla de frente. No llevaba la banda de Konoha, por lo que sus cabellos caían de forma más natural sobre su frente. Naruto se puso a gatas, reduciendo los centímetros entre ella y él, subió una mano y tomó con delicadeza su rostro.
—Pero puedes comenzar a arreglar las consecuencias que traen ellos en el futuro. —murmuró, dándole una sonrisa queda. No las que amaba Sakura. Era sencilla, casi en forma de súplica. — Un "lo siento" no es lo único que puedes decir, pedir perdón no es lo único que puedes hacer.
—Naruto.
—Yo… —Naruto bajó su mano, pero Sakura la atrapó en el aire, sin querer dejarlo ir. —Nunca supe la carga que llevabas en tus hombros. Y, cuando lo supe, no fui capaz de hacer nada para protegerte. Dejé que te trataran como una bolsa de basura, te patearon y usaron cuantas veces quisieron.
—Tú no tienes la culpa de nada. —Sakura apretó la mano de Naruto, él la retiró suavemente de ella, impidiendo que volviera a atraparla en el aire.
—Lo sé. —sentenció Naruto. —Pero pienso, que de haber hecho algo, esto hubiera acabado de manera diferente.
— ¿De qué…?
—Si ese día hubiera hecho caso a las palabras de Sasuke, nada de esto estaría pasando. —Naruto se irguió, alejándose de Sakura. —Si te hubiera dejado ir desde un principio, seguirías aquí, a mi lado.
—N-Naruto…
—Si pudiéramos comenzar de nuevo. —Naruto tenía los ojos perdidos en Sakura, aunque ella sabía que no la estaba mirando realmente. Estaba mirando al pasado. —Elegiría no haberte conocido.
Sakura formó una sonrisa, ocultando sus ojos lagrimosos tras el largo flequillo descuidado que caía sobre su frente. Emitió una risa pequeña, antes de otra y otra más. Naruto apretó los puños frente a ella, pasando saliva con fuerza; al recibir los ojos de Sakura, ella extendió una mano a él, y volvió a abrazarlo.
—Saku-
—Eres un pésimo mentiroso, Naruto. —murmuró Sakura, cerca de su oído.
— ¡No estoy mintiendo, Sakura! —gritó, buscando apartarla. Sakura sintió como su cuerpo era aventado, sin embargo, no hizo nada para detener su caída.
—Lo estás. —suspiró, sin ninguna gana de protestar. —De lo contrario, podrías decírmelo de frente. —dijo a secas, volviendo a incorporarse. Luego llevó una mano a su cabeza, apresando varios mechones de sus cabellos entre los dedos, sosteniéndolos con fuerza. —Pensé que estaba soñando. Debí estar realmente mal para no darme cuenta de este genjutsu.
—Yo…
—Está bien.
— ¿Eh?
—Acepto lo que tú y Sasuke quieren. —contestó Sakura, poniéndose de pie. —A partir de este momento en adelante, ya no existirá más el equipo siete.
Naruto agachó la mirada, incapaz de refirmar sus palabras. Sakura entonces se acercó a él, tomó su rostro entre sus manos y cuando Naruto posó sus orbes azules, esas que iluminaban al mundo por la gentileza que desbordaban, lo besó. Algo dentro de ellos se quebró al contacto. Naruto tembló ante el roce, en sus brazos hubo un ligero espasmo al querer abrazarla, apresarla entre su cuerpo y nunca querer dejarla ir. Pero no hizo nada. Se quedó con los ojos fijos en Sakura, mientras ella se separaba, ya sin llorar.
—Lo siento, Naruto. —Sakura deslizó su mano por el rostro y cabello de Naruto. —Si pudiéramos comenzar de nuevo, te habría dicho cuanto te amaba desde un principio.
El chico apretó los dientes, comprimió su corazón lo más que pudo y Sakura lo supo al ver su rostro. No quería derrumbarse delante de ella.
—Te hubiera dado la mejor parte de mí.
Sakura se dio la vuelta, tomando asiento unos pasos más adelante. Llevaba una sonrisa en el rostro que Naruto no podía apreciar. Una más pacífica. No abrió los ojos hasta que detrás de sus parpados notó una luz parpadeante, dándose cuenta que estaba fuera de la ilusión.
No abrió los ojos hasta que escuchó la puerta cerrarse.
—Kakashi-sensei. —habló Sakura al verlo delante de ella. Su garganta estaba seca, irritada por el llanto contenido. —Ese fue un truco muy sucio.
Solo se encontraban ellos, sin Sasuke o Naruto en la habitación. Kakashi la observaba con tristeza y compasión mezcladas en su rostro.
—Él no podría decírtelo como lo hizo Sasuke. —comentó Kakashi, poniéndose en cuclillas delante de su preciada alumna. —Pero antes de marcharse, dejó esto.
Sakura no pudo tomarlo en sus manos, debido a que seguían apresadas, no obstante, lo reconoció al momento de verlo. ¿Cómo lo encontró? Estaba oculto entre sus poquísimas cosas que le quitaron, para que nadie más pudiera tomarlo nunca entre sus manos. La pequeña flor que Naruto le regaló antes de partir de la aldea.
"¿Sakura? ¿De nuevo estás llorando?"
Por un momento escuchó al pequeño Naruto llamándola de nuevo.
—Kakashi-sensei. ¿Tú podrías perdonarme? —preguntó Sakura. Kakashi cerró por unos segundos los ojos al ver la cara de desesperanza que tenía la pobre chica.
Sin dedicarle palabras, se lanzó a abrazarla, pegándola contra su pecho y acurrucándola entre sus brazos.
— ¿Podrías? —masculló Sakura de nuevo. Sus ojos comenzaban a arder por la cantidad de agua que fluía de ellos. Kakashi la apretó más contra su cuerpo.
—Sakura. —susurró él, cerrando los ojos al sentirla comprimirse, como si temiera que la dejaría ahí abandonada. —No eres Sakura, ¿no es así?
— ¿Sensei?
—Te quitaron tu vida, te forzaron a hacer algo que no querías. Amenazaron con arrebatarte lo que más amabas y por ellos acabaste arrancándote tu propio nombre y el nombre que las personas que amabas te dieron. —comentó Kakashi, tranquilo. No había reproches en su voz. Solo una calma que tranquilizaba demasiado a Sakura.
Seré el perro sin nombre que siempre he sido. Recordó sus propias palabras.
—Cargaste tanto peso en tus hombros, que cuando lo soltaste, te dejó reducida a pedazos. —murmuró Kakashi, jugando con los cabellos de Sakura. —Querías tanto proteger todo lo que amabas que te olvidaste de ti misma. Te perdiste a ti misma.
—Soy una estúpida.
—Confirmaré eso. —dijo Kakashi, dibujando una queda sonrisa detrás de su máscara. —Pero… al mismo tiempo, fuiste demasiado valiente, Sakura. No temiste de los obstáculos que tenías al frente, te lanzaste a ellos como hubiera hecho Naruto y después meditaste tus planes como lo hubiera hecho Sasuke. Intentaste pensar como esos dos, razonar igual que ellos, al ser difícil ser tu misma. No querías defraudarlos.
—Y terminé haciéndolo. —masculló.
—Todo lo que pasaste. Las cosas que hiciste. Sabías que tendrían consecuencias y aun así te lanzaste ciegamente a ellas. Hiciste lo que creíste que ellos harían por ti. —siguió Kakashi, el cuerpo de Sakura era demasiado liviano, casi podría alzarla en brazos sin ningún esfuerzo. —Pero nunca pensaste en que podría hacer Sakura. Sakura del equipo siete.
Sakura dejó caer todo el peso de su cuerpo en su sensei, cerrando los ojos al escuchar sus palabras. Quizás… solo quizás… así se sentiría el abrazo de un padre.
—Así que mi alumna, mi compañera y mi amiga. —llamó Kakashi, alzándola en sus brazos para poderla depositar en la cama de la celda. —Demuéstrame lo que la verdadera Sakura es capaz de hacer en realidad.
— ¿Aunque me haya convertido en un perro sin nombre? —susurró Sakura. Se sentía exhausta. Quería dormir.
—Entonces yo te daré uno. —Kakashi se irguió sobre ella, pegando su frente con la suya. Sakura lo contempló confundida de sus palabras. Él se acercó a ella, susurrándole al oído.
Sakura sonrió al instante en que Kakashi lo hizo.
Sakura Hatake.
—Suena tonto. —barbulló Sakura, sucumbiendo al sueño.
Aunque antes de cerrar los ojos por completo, pudo ver a su pequeño yo observándola desde la esquina de la habitación, con el puño alzado y una expresión de fiereza en su rostro. Le estaba exigiendo resistir más.
