NOTAS DEL AUTOR: Tarmo Flake regresa y las desgracias para cierta arachne también. Pónganse cómodos, cierren las ventanas, apaguen las luces y pateen al perro, que es hora de otro capítulo de su fanfic yuriesco sobre Monster Musume preferido.
¡¿A que se refieren con que existen fics mucho mejores?! ¡Pues se aguantan! ¡No, esperen, no se vayan!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Este es un fanfic hecho con el simple propósito de entretener y creado sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 9
– "¡Cetania!" – Exclamé al reconocer a la arpía frente a mí.
– "Hola, Aria, es bueno verte de nuevo" – Saludó la mujer, dándome su ala.
– "Oh, bien, supongo. ¿Cómo has estado, amiga?" – Devolví el saludo.
– "No me quejo. Volví a ver a mi hermana, comimos buena carne, hallé un empleo; Lo regular."
– "Si, noté tu uniforme. ¿Eres mensajera o algo así?" – Cuestioné al ver su curiosa ropa y la bolsa de piel característica de los empleados de paquetería.
– "Precisamente. Voy terminando mi turno y fue coincidencia hallarte por estos lados. Qué pequeño es el mundo, ¿no crees?" – Contestó y tomó asiento en una silla libre.
– "Ni que lo digas. ¿Entonces tu hermana reside en esta ciudad?" – Pregunté poniéndome a su lado.
– "Sip. Ugh, a veces quisiera ser hija única; Atseelia se la pasa todo el tiempo hablando de lo fantástico que es su casero y blah-blah-blah. Quizás sea adoptada."
– "Je, ni que lo digas. El mío es asediado por seis chicas distintas y todas vivimos bajo el mismo techo. No necesito mencionar lo caótico que todo eso resulta."
Decidí no contar a Lala entre las candidatas. B-bueno, ella misma confirmó que no está interesada en Kurusu, ¿cierto? No estoy inventando cosas a mi favor.
– "Suena a cliché de anime." – Respondió Cetania. – "Y dime, arañita, ¿Qué has hecho de tu vida? ¿Ya finalizaste la construcción de tu base ultra-secreta?"
– "Aún faltan los tiburones voladores, pero las ardillas kamikaze han sido de utilidad." – Bromeé recordando nuestra conversación cuando nos conocimos.
– "Je, siempre tan hilarante, cazadora."
– "¿Y qué hay de ti, pajarita, ser mensajera te agrada?"
– "Es buen ejercicio. Poder volar sin restricciones es grandioso, aunque los cables de esta urbe me dificulten el aterrizaje en ocasiones. Además, conozco lugares y gente nueva cada día."
– "Suena excelente, ¿qué coordinador te consiguió el empleo?"
– "La misma que me atendió en la sala de inmigración, Smith."
– "Bromeas." – Manifesté incrédula. – "¿Hablamos de la misma Kuroko Smith?"
– "Si, ¿por qué te extraña? Es un poco excéntrica pero muy eficiente."
– "¿Excéntrica? ¡Esta demente!" – Afirmé. – "Diablos, Cetania, se me hace que los aliens te secuestraron y lavaron el cerebro."
Cetania solo se rió ante ello.
– "Supongo que la conoces y tu experiencia no ha sido nada agradable."
– "Créeme, pajarita, no pasa un día en el que no me sienta en peligro mortal cuando esa bruja anda cerca. Es como el monstruo de una película de terror. ¡Y te lo dice una araña gigante!"
– "Si que tienes mala suerte, Aria. Pero, hey, sigues viva aún."
– "Eso creo, aunque mi alma ha muerto demasiadas veces."
– "Dejando a un lado el asunto de tu némesis, veo que ya tienes un buen hogar. Debe ser divertido con ese asunto del harén personal de tu casero."
– "Kimihito es una buena persona, la más amable y paciente que he conocido. Desconozco como existe humano capaz de soportar lo que le sucede diario. Incluso yo me veo envuelta en los embrollos que las demás inquilinas crean."
– "Debes admitir que tu vida nunca es aburrida, arañita. Y dime, ¿has hallado empleo?"
– "¿Uh? Ehm… sí… creo…"
– "Genial, ¿en dónde? Apuesto que eres guardia o algo similar."
– "Uhm… bueno…"
– "¿Qué? No te oigo, Aria."
– "…Kentucky Fried Harpy…" – Dije en voz baja.
– "No es cierto…" – Respondió la arpía, dudando. – "Espera, ¡¿En serio!?"
Afirmé levemente con la cabeza. Cetania soltó una enorme carcajada, tan fuerte que se cayó de la silla, poniendo sus alas en su estómago. Me puse tan roja de la vergüenza que tenía ganas de saltar desde el balcón.
– "¡N-no te rías! ¡Fue lo único que pude conseguir!" – Le grité a la rapaz, quien aún continuaba rodando por el suelo con lágrimas de tanto reírse.
– "Oh por todos los cielos, es que…" – Ahogó otro ataque de risa. – "Es que en serio… No me imagino con tu gorrito de pollo y entregando esa comida tan horrible. ¡Pfff!"
De nuevo, soltó otra risotada.
– "¡Maldita sea, Cetania, no soy un chiste viviente!" – Vociferé al tiempo que le propinaba ligeros golpes con mis pedipalpos.
– "¡Ouch, de acuerdo, de acuerdo! Lo siento, ¿sí?" – Respondió incorporándose, aún con esa sonrisa burlona. – "No es mi culpa que seas una fuente de humor involuntario."
– "¡Jum!" – Inflé mis mejillas y crucé mis brazos.
– "¿Y cómo te va ahí? ¿Al menos es entretenido?"
– "¿Eh? No, ya no trabajo ahí…" – Contesté con humor decaído.
– "Oh, lo siento."
– "No lo hagas, lo detestaba. Por eso renuncié."
– "¿Entonces por qué la cara larga?"
Suspiré.
– "Arruiné mi primer día de trabajo…" – Respondí llevando mis codos al barandal y apoyando mi cabeza en mis brazos. – "Mi primera prueba y todo salió mal. Parecerá tonto, pero mi orgullo se siente herido por haber fallado."
– "Bueno, es solo un empleo. Puedes conseguir otro." – Me trató de confortar con palmaditas en la espalda.
– "Lo dudo; Antes de renunciar dejé caer una caja con comida de la cual salieron un montón de cucarachas."
– "Yuck, debió ser espantoso. Odio a esos malditos insectos."
– "Ni que lo digas. Pero como ves, me temo que mis días en este país han terminado después de tan insalubre acto de rebelión mía."
– "Es una pena, esperaba poder seguir charlando contigo en el futuro."
– "Mi vida solo es un error tras otro, Cetania." – Expresé moviendo mi cabeza boca arriba y llevando mi mano a mi frente. – "Es como si los dioses disfrutaran con mi sufrimiento."
– "Lo lamento, en verdad. Seguro extrañarás a tus amigas y el seducir a tu casero."
– "¿Eh? No, te equivocas; No tengo interés en Kimihito."
– "Oh, pero mencionaste que todas aquí… Y yo pensé que tu también estabas…"
– "Claro que no, ni siquiera me gustan los hombres."
– "¿Uh? ¡¿De verdad?!" – Preguntó ella, sorprendida.
– "Sí. Soy lesbiana, Cetania."
Seré deportada en cualquier momento, pensé. Ya confesé mi secreto a Lala y Rachnera, ¿Por qué no también a la arpía? Como mi primera amiga en este país, merece saberlo. Su reacción ante mi revelación fue simplemente reír de nuevo. Yo estaba confundida por ello.
– "Si que eres una caja de sorpresas, arañita." – Dijo la arpía entre risas. – "Supongo no me queda más remedio que…"
Ella me ofreció su ala.
– "…Darte la bienvenida al club."
Un momento… ¿Qué?
– "Cetania… ¿Acaso tú…?" – Cuestioné aún mas confundida que antes.
– "¿Por qué te sorprendes? No eres la única liminal sáfica en este mundo, Aria." – Afirmó la rapaz. – "Y mi ala se está cansando, tómala de una vez, ¿sí?"
– "¡Oh, lo siento!" – Me disculpé estrechando su extremidad alada. – "Es solo que, no me esperaba que también fueras una."
– "No hay problema. Tampoco es que me guste gritarlo a los cuatro vientos para anunciarlo."
– "Uf, ya estoy más tranquila." – Exhalé aliviada. – "Siempre me pongo nerviosa cuando lo confieso."
– "Al menos no soy como mi madre. Cuando se enteró, armó todo un escándalo por ello." – Explicó. – "Con todo eso de que debemos reproducir la especie y blah-blah. Ugh, Atseelia se convirtió en su favorita porque ella si era hetero. Por eso se unió al programa de intercambio antes que yo."
– "Tuviste más suerte que yo; La manera en la que se enteraron mis tutores fue… demasiado directa."
– "¿Te hallaron en la cama con otra chica?"
Me pausé por un momento. Si lo supieras, Cetania. Fue peor, mucho peor.
– "Algo por el estilo." – Me esforcé en sonreír. El recuerdo de Akantha aún es doloroso. – "Pero bueno, estoy segura que me recriminarán más por haber sido deportada."
– "Vamos, arañita, no te deprimas. Lo que hiciste fue exponer una grave falta de sanidad por parte de ese restaurante. Me parece motivo para felicitarte, no deportarte." – Trató de animarme la castaña.
– "Gracias, Cetania. Ojalá compartiera tu optimismo."
– "Créeme, a lo mejor hasta te vuelves heroína local." – Dijo ella dándome más palmaditas con su ala. ¿O debería decir 'palmaladitas'?
– "Como sea, ya veremos después." – Suspiré. – "Te agradezco por quedarte a charlar, lo necesitaba."
– "Es un placer, cazadora. Si todo sale bien, volveremos a vernos, te lo aseguro."
– "Me encantaría."
– "Perfecto. Es hora de irme, mi jefa me va bajará el sueldo si no vuelvo a tiempo. Nos vemos, Aria." – Se despidió dándome un abrazo. Uhm, la temperatura corporal de una arpía rapaz es muy cálida.
– "Auf wiedersehen, Cetania." – Regresé el abrazo. Y su cabello huele a fresas. Definitivamente debo conseguir el shampoo que usa.
La chica se subió al barandal, dio un salto y sus alas crearon una fuerte ventisca al elevarse. Mientras se elevaba, le eché una mirada a su redondo posterior.
¡P-porque tenía unos pantalones muy a la moda! ¡No es por otra cosa!
– "Oh, y antes que se me olvide." – Regresó y sacó un papelito de su bolsa. – "Mi número, por si tienes un teléfono, para estar en contacto."
– "Danke, te prometo comunicarme cuando pueda." – Y tomé el papel. La escritura era legible tomando en cuenta que ella no tiene manos.
– "Bye bye." – Se retiró volviendo a emprender el vuelo.
Observé a la castaña alejarse, su silueta contrastando con el sol en el horizonte. Como una liminal terrestre, el vuelo siempre me pareció majestuoso, especialmente el de una poderosa ave de presa. Unas cuantas plumas cafés quedaron en el piso y recogí una. Quizás sea el único recuerdo que me quede de ella si soy extraditada a mi nación.
– "No esperaba que volvieras tan temprano." – Mencionó una voz, abriendo la puerta detrás de mí.
– "Oh, hola, Lala." – Saludé a la dullahan. – "Sí, creo que regresé algo temprano."
– "¿Sucedió algo?" – Preguntó preocupada.
– "Renuncié." – Respondí sin tapujos. No tengo porqué mentirle ahora.
– "Oh… L-lo siento. ¿Alguna razón para ello?"
– "Digamos que hubo ciertas diferencias respecto a ética laboral." – Contesté. – "Sea como sea, lo más seguro es que para mañana me deporten."
Los ojos de la irlandesa se abrieron de inmediato.
– "¿P-por qué? ¿Hiciste algo indebido?" – Volvió a cuestionar consternada.
– "Dejé en evidencia al menos cien faltas graves a los códigos de salud internacionales."
– "Entiendo." – Dijo ella, con mueca triste. – "¿En verdad crees que estás en riesgo de ser extraditada, arachne?"
– "Con mi suerte, es muy probable." – Solté una pequeña risa forzada. Solo quería dejar de preocupar tanto a la pobre dullahan. – "¿Quieres venir conmigo?"
– "¿Uh? ¿Qué? Erm… yo… tu…" – Reaccionó nerviosa la chica azul. Rayos, creo que me he vuelvo adicta a verla en ese estado. No puedo evitarlo.
– "Es broma, azulita." – Me reí. – "Además, no quieres estar en Sparassus, todos ahí son unos idiotas, ¿recuerdas?"
– "Oh. Ehem, claro." – Retomó la calma. – "Sin embargo, me parece injusto que debas retirarte de esta morada. No creo que tus acciones ameriten sanción tan severa."
– "Gracias por preocuparte, Lala. Pero tranquila, ya tendrás oportunidad de tomar mi alma algún otro día." – Suspiré, mirando a las primeras estrellas aparecer débilmente en el firmamento. – "Vendería la mía para quedarme aquí, si pudiera."
– "Muchos entes del Abismo con gusto aceptarían tu oferta, pero sugiero abandones tal idea; Tu vida aún tiene significado para los mortales."
– "No sé a quien pueda interesarle lo que me suceda. Mi propia familia no se preocupa, ¿a quién puedo importarle?"
– "A… mí…" – Musitó en un tono casi inaudible.
– "¿Uh?"
– "A-a mí no me p-preguntes, mortal. Y-yo solo soy una d-dullahan…" – Tartamudeó Lala, sonrojada.
– "Lo sé." – Volví a exhalar, una ligera jaqueca se apoderaba de mi cabeza. – "A veces quisiera hacer un pacto como el de Eve; Dejar de existir físicamente, dejar de ser un estorbo en este mundo. Me siento tan inútil."
– "No, Aria." – Habló con seriedad. – "La enfermedad terminal de Eve hizo de tal opción su única manera de obtener felicidad; Tú no careces de oportunidades a tu disposición, así que no es necesario considerar siquiera medidas tan drásticas."
Lala ha resultado tener más sentido común que yo. Y pensar que alguna vez la consideré una loca delirante.
– "Lamento sonar tan patética, es solo… Solo me siento algo exhausta." – Me disculpé tallando mi frente. Demasiadas preocupaciones en mi vida van a enfermarme.
– "Tranquila." – Me reconfortó con su mano en mi hombro. – "Aún no se decide tu futuro, así que no saques conclusiones apresuradas sobre este. Ven, volvamos adentro, necesitas descansar."
– "Danke, mein Freund." – Agradecí encaminándome hacia el interior.
– "'Sé do bheatha." – Replicó la dullahan con una sonrisa.
Ya adentro, los demás se hallaban en la sala o ayudando a Kimihito a preparar la cena. Decidí no contarles sobre lo sucedido, supuse que no debía preocuparlos, además que Lala y Cetania tenían razón; Tal vez mis faltas no sean tan graves. Lala de nuevo se ofreció como voluntaria en la cocina, a petición de Centorea, a quien había prometido un platillo. Yo me excusé para tomar una ducha, el agua caliente me serviría para relajar mis tensos músculos.
Una vez aseada, hallé mi lugar en la mesa y me dispuse a saciar mi hambre. La irlandesa había hecho un plato para mí; Un cottage pie, que consistía en carne picada envuelta en cubierta frita de puré de papas y queso con algunos condimentos. Según ella, no tendría el mismo sabor tradicional irlandés porque tuvo que usar sustitutos japoneses, pero eso no debería detractar de su comestibilidad. La gratifiqué por tomarse la molestia y devoré con ahínco tan delicioso manjar.
A pesar de mi actuación despreocupada, Rachnera notó que algo no estaba bien conmigo pero no dijo nada en ese momento. Terminada la cena, ayudé a lavar la vajilla y me preparé para dormir. Lala me dio las buenas noches antes de retirarse a su habitación y me recordó que debía mantener la calma, lo cual le agradecí. Entrando a mi cuarto, Rachnera me esperaba.
– "¿Puedo preguntar qué sucedió, cazadora?" – Inquirió la tejedora, directa al grano.
– "¿De qué hablas?"
– "De tu trabajo; No me engañas, tuviste un incidente."
– "Yo… No quiero hablar de eso ahora."
– "Ya veo, con Lala eres un libro abierto pero conmigo pretendes que ignore lo que te agobia." – Se quejó ella. – "Creí que serías más honesta conmigo, Aria."
Volteé mi cara; ella tenía razón, se supone que la tejedora y yo habíamos llegado a un acuerdo implícito respecto a la honestidad. Y yo no estaba siendo honesta con ella.
– "Es verdad." – Admití. – "Lo lamento, Rachnera. Solo… Solo dame un minuto para pensar."
– "Como desees." –Aceptó ella. – "Acuéstate, necesitas relajarte."
– "Sí. Gracias."
Acostarse siempre me es algo incómodo, pero al menos la cama es suave y se ajusta a mi peculiar físico. Traté de ordenar mi agitada mente, tomando una que otra inhalación profunda. La jaqueca disminuía y comenzaba a sentirme mejor.
– "Supongo que…" – Hablé primero. – "Te debo un par de explicaciones."
– "Me parece que es lo justo. No quiero obligarte, pero creo que al menos merezco saber un poco más."
– "No, tienes toda la razón, no te he tratado como la amiga que eres."
Suspiré de nuevo. Lo he hecho en demasía últimamente, demasiados problemas en una minúscula fracción de tiempo le han dado a mis pulmones un largo uso.
Diablos, lo que digo tiene cada vez menos sentido.
– "¿Qué tan terrible es? – Preguntó Rachnera, definitivamente refiriéndose a mi trabajo.
– "Me despidieron." – Contesté. – "O más bien renuncié, después de lo que hice. El problema es cómo lo hice."
– "Por lo que puedo deducir, me imagino que no debió ser nada sutil."
– "Dejar que una plaga corra libre en un restaurante no es algo que se pueda ocultar fácilmente."
– "Suena divertido." – Opinó la tejedora con una sonrisa de complicidad. – "Cuéntame los detalles."
Le obedecí, le dije todo. Entre sus carcajadas ante mi infortunio y mi manera de tomar venganza, Arachnera estuvo de acuerdo con mis acciones.
– "Hiciste lo correcto, Jaëgersturm. Yo tampoco hubiera dejado que me explotaran tan injustamente." – Concordó Rachnera.
– "Pero, ¿vale tanto la pena como para ser deportada?" – Cuestioné.
– "A veces se necesitan actos radicales para probar un punto. El tuyo era exponer las pésimas condiciones a las que estabas sujeta y tu ejércitos de cucarachitas lo dejó muy en claro."
– "¿Sí? Bueno, no es que importe ya. Solo me queda esperar a que me arresten."
– "Y yo decía que Mero le veía el lado trágico a todo." – Dijo la arachne sardónicamente. – "No te van a deportar, señorita pesimista, deja de lamentarte en vano."
– "Ojalá no te equivoques, Rachnee. A pesar de todo, empiezo a apreciar este lugar."
– "O más bien, a alguien, ¿cierto?" – Insinuó la tejedora con sonrisita burlona.
Me ruboricé de inmediato pero preferí no responder, sabía que el hablar solo le daría más material para seguir provocándome.
– "Pero dejemos tus obvios predicamentos amorosos para otra ocasión." – Desistió. – "Aunque, me mata la curiosidad por saber el cómo cambió tu situación con la dullahan tan drásticamente. ¿Acaso descubrieron que comparten el mismo fetiche o algo así?"
– "¡C-claro que no!" – Refuté. – "Solo hablamos."
– "¿Y de qué?, si se puede saber."
– "Sobre nuestro pasado. Supongo tenías razón respecto a estar dispuesto a perdonar después de conocer la historia de alguien." – Confesé. – "Así que… gracias, Rachnee."
– "De nada, cazadora." – Sonrió ella. – "Y si no te importa, a mí también me gustaría conocer la tuya."
– "Yo… bueno…" – Titubeé por unos momentos. No es fácil recordar el pasado, las heridas aún duelen. – "Solo si prometes revelarme el tuyo."
– "Me parece justo. Es un trato, Aria." – Alzó su mano en señal de juramento.
– "De acuerdo. Entonces…"
Relajé mis músculos, suspiré por millonésima vez, aquí iría de nuevo. Una última revelación antes de partir no haría daño.
Sin guardarme nada, le relaté a Rachnera mi historia. No era agradable rememorar los lastimosos recuerdos, pero purificar el alma exponiendo mi dolor probaba ser una excelente catarsis. La tejedora no pronunció palabra alguna durante mi narración, sus expresiones le justificaban el no necesitar lenguaje hablado. Al terminar, de nuevo reinó el silencio.
– "Te juzgué mal, lo admito." – Confesó Rachnera. – "No imaginaba lo sucedido."
– "No es tu culpa." – Le afirmé.
Volvimos a quedar calladas.
– "Tu turno." – Hablé después de unos mudos minutos.
Rachnee vaciló un poco, tampoco le era sencillo. Tomando valor, expuso su historia. Al igual que ella, mis expresiones sustituyeron cualquier comentario que pudiera formular. El solo escuchar sobre como resultó rechazada por su primera familia, el ser vendida a un pedazo de basura social debido a un accidente o reencontrarse con la chica a quien hirió para descubrir que esta difícilmente había cambiado, me hizo revolver el estómago.
Considero que también la juzgué de manera errónea; Si alguien debía considerar la honestidad como la virtud más importante, sería Rachnera, justificablemente. Ahora era evidente el porqué actuaba de manera aparentemente despreocupada; Simplemente era una máscara, una máscara para ocultar el frágil y herido ser que se esconde en Rachnera. Y pensándolo mejor, ¿No usamos todos, una máscara en la vida diaria?
Mentimos para evitar herir a la gente, para evitar problemas. En un mundo donde siempre se resalta el valor de la verdad, son las mentiras las que previenen que la civilización se venga abajo. La sociedad se construyó bajo la mayor de las ironías. Preferí no seguir meditando sobre tan contradictoria naturaleza, no era momento para divagar.
– "No necesito recordarte que difícilmente expongo mi interior tan a menudo, Aria." – Retomó el diálogo la tejedora. – "Pero es algo que tu y yo compartimos."
– "Tienes toda la razón, Rachnee." – Concordé. – "Gracias por confiarme tan delicado tema."
– "Bueno, era parte del trato, ¿cierto? Solo cumplí con mi parte."
– "Sí, entiendo."
Sabía que lo hizo voluntariamente, pero comprendí que aún quería mantener su apariencia despreocupada. El orgullo de una arachne nunca muere.
– "Me parece que tuvimos suficiente de nuestro teatro dramático." – Mencioné tratando de cambiar el tema. – "Si no es molestia, me gustaría que me ayudaras con algo."
– "Claro, dime."
– "Uhm… ¿Podrías… ayudarme a usar esto, bitte?" – Supliqué señalando mi teléfono. Me sonrojé de pena.
– "Oh, por supuesto." – Aceptó la tejedora, un poco extrañada de mi solicitud.
Pasé el resto de la noche aprendiendo el manejo del sistema operativo y las diversas funciones del aparato. Sonará ilógico que yo desconociera el uso de un dispositivo tan común, pero jamás tuve necesidad de usar uno antes. En Sparassus la tecnología más avanzada era comparable con la esperada en la década de los noventa, vieja, pero suficientemente viable. Incluso en mi estadía en la fuerza policíaca, solo necesitábamos un radio comunicador portátil de dos vías.
– "Eso debería cubrir lo básico." – Informó Rachnera. – "Lo demás deberás descubrirlo por ti misma, no soy precisamente una erudita en el tema."
– "No hay problema, con esto es suficiente. Gracias por todo, Rachnee." – La gratifiqué con una reverencia.
– "Bitte sehr." – Respondió ella con un curioso intento por imitar mi acento alemán. – "Ahora, me gustaría irme a dormir." – Informó bostezando.
– "A mí también. Gute Nacht, tejedora."
– "Buenas noches también, cazadora."
Antes de adentrarme al reino de Morfeo, le di una última revisada al teléfono. Uhm, cámara de alta resolución, dieciséis gigabytes de memoria, procesador hecta-core. Ignoro qué diablos signifique tanta jerga tecnológica pero ha de ser algo bueno. ¡Oh! Incluso tiene un juego. Angry Harpies, suena interesante.
– "¡Aria, apaga ese aparato, ¿quieres?! ¡Trato de dormir!" – Vociferó Rachnera.
– "¡L-lo siento!" – Obedecí apagando el celular.
Diablos, y ya había llegado al quinto nivel. Cerré los ojos y esperé a que mañana aún continuara siendo una inquilina más en esta disfuncional pero agradable casa de locos.
…
Helios me dio los buenos días. Los primeros rayos del astro rey se filtraron por la ventana indicando que era hora de mis ejercicios matutinos. Ya tengo un pase independiente e ignoro cuánto tiempo más me quede en este lugar, así que voy a sacarle provecho tanto como sea posible.
No contaba con ropa especial para mi rutina, así que solo tomé mi indumentaria habitual. Salí tratando de no despertar a Rachnera, quien dormía plácidamente. La casa se hallaba en silencio, todos descansando en sus habitaciones. Aseé mi cara y dientes y me preparé para iniciar el calentamiento.
Ya afuera, estiré mis piernas y miembros superiores. Sería mi primera vez ejercitándome en tierras humanas, así que no tengo idea de cómo reaccionará la gente al ver una arachne de mi tamaño corriendo libremente por la ciudad. Mientras no termine con alguien apuntándome un arma, todo será tolerable.
Inicié con una caminata, necesitaba hallar primero un lugar para correr con seguridad. Al ver a un par de personas corriendo por una acera, supuse que conocían las áreas para ejercicio y decidí seguirlas. Era evidente que no compartían tan idea porque aceleraron enseguida notaron mi presencia. Y aunque no puedo culparlos por querer huir al ser perseguidos por una araña gigante, al menos hubieran tenido la decencia de responder mis llamados.
Me resigné a seguir sola, al menos hasta que una peculiar figura se hizo presente en el camino. Una chica atlética en ropas de gimnasia trotaba a velocidad ligera. Tenía su castaño cabello amarrado en una cola de caballo, lo cual le quedaba a la perfección porque era una centáuride ligera. Aceleré para alcanzarla.
– "¡Guten morgen!" – Grité para llamar la atención de la corredora.
– "¿Uh? ¡Oh, hola!" – Saludó ella, bajando el ritmo de su trote hasta detenerse. – "¿Se te ofrece algo?"
– "Solo deseaba saber si conocías las áreas para ejercitarse. Es mi primera vez en esta ciudad."
– "Uhm, no conozco ninguna en específico."
– "Oh, ya veo." – Contesté algo decepcionada. – "Siento haberte molestado."
– "No hay problema. Escucha, si deseas puedes acompañarme, me dirijo al gimnasio ahora mismo."
– "¿Gimnasio?"
– "Si, el Club Deportivo Kobold está diseñado tanto para liminales como humanos. Soy entrenadora ahí."
– "Interesante. Me gustaría acompañarte pero quizás en otra ocasión."
– "Está bien. Sí aún estás interesada." – Dijo la centáuride sacando una tarjeta de su bolsa canguro. – "Ven a visitarnos, nos encantaría tenerte ahí."
– "¡Por supuesto, danke schön!"
– "Excelente. Y por cierto, me llamo Poi." – Mencionó dándome la mano.
– "Aria Jaëgersturm." – Contesté estrechándola.
Nos despedimos y Poi retornó a su trote. Tuve que rechazar su oferta de ir con ella porque aún no sé si seré deportada y me sentiría mal prometiéndole algo que no podría cumplir. Preferí regresar a casa, si no me hallaban ahí podrían pensar que traté de escapar y entonces se armaría un lío aún mayor.
Llegando a la residencia Kurusu me encontré con Centorea, quien al parecer también se preparaba para su rutina matutina. Nos saludamos y ella se encaminó a su cabalgata. Al parecer ella también poseía un pase independiente. Ojalá me permitan quedarme, así podríamos entrenar juntas.
La casa aún estaba vacía y me dispuse a tomar una ducha. Saliendo, el familiar sonido de una furgoneta me hizo paralizarme. ¡Demonios, ya están aquí! Pensé en ocultarme pero mi tamaño no es sencillo de esconder. Dejé de pensar en soluciones tontas y decidí encarar mi destino. Suspiré resignada y abrí la puerta, solo para encontrarme con la abominación más grande que existe en este universo.
– "Buenos días, Aria. ¿Te encuentras bien?" – Saludó la agente Smith.
– "Ya no." – Le respondí secamente. – "No quiero un sermón tan temprano, así que solo deja que tome mis cosas y podrás llevarme a donde se supone que deba ir."
– "¿De qué hablas?"
– "No estoy para bromas, tú sabes muy bien lo que hice."
– "Oh, eso." – Dijo haciendo ademán de no tener importancia y entrando a la casa. – "Todo el mundo lo sabe, Aria."
Smith me mostró entonces su tablet; Mis acciones se habían vuelto los encabezados de las noticias.
– "Internet, publicaciones impresas, la televisión; Tu pequeño acto es la sensación del momento en los medios, arachne." – Aseveró la agente, tomando asiento. – "Por supuesto que tal incidente no pasaría desapercibido para nuestra oficina."
Genial, ya obtuve mis quince minutos de fama. Y yo que quería ser reconocida por ser quien le arrancara la cabeza a Smith.
– "Debo admitir que no esperaba que reaccionaras tan… vengativamente respecto a ser despedida." – Continuó la coordinadora. – "Dejar libres a tantas cucarachas en un restaurante es algo extremo, ¿sabes?"
– "No me despidieron, renuncié." – Le aclaré a la mujer. – "Y no tiene caso ya discutirlo, solo embárcame de nuevo a Sparassus y terminemos con esto."
– "Oh, pero es eso precisamente lo que vine a discutir contigo, Aria. Por cierto, ¿aún no despierta Cariño-kun?"
– "No. ¿Y a que te refieres?"
– "Bueno, estoy segura que tus acciones te hacen meritoria a más que una amonestación, sin contar que estás quebrando leyes en el Acta de Intercambio. Tal incidente sería un dolor de cabeza burocrático" – Mencionó Smith mostrando una carpeta con papeles. – "Afortunadamente, no pudiste elegir mejor momento y lugar para desatar tu plaga de insectos, Aria."
– "¿De qué hablas?" – Pregunté confundida.
– "Resulta que entre los comensales se hallaban un par de miembros del Departamento de Sanidad, posiblemente haciendo una inspección sorpresa. Tus amiguitas de seis patas les dieron toda prueba que pudieran necesitar para dar un veredicto negativo respecto al lugar." – Relató la agente. – "Tal falta a los códigos de salud pública es imputable al encargado superior del restaurante, en este caso, Tadao Niwatori, tu ex-jefe."
– "¿Qué sucederá con él?"
– "Ira a prisión, por supuesto. Las cucarachas y la carne en mal estado fueron solo la punta del iceberg, Aria. No solo el trato hacia los empleados era deplorable, algo que el Sindicato Unido de Trabajadores no toleró cuando lo supo; Todo el lugar era una ofensa a la salubridad. El pan estaba deteriorado, los vegetales tenían hongos." – Entonces se pausó para hacer una mirada escalofriantemente seria. – "Y el café estaba adulterado."
Admito que Smith puede ser aterradora de vez en cuando.
– "P-pero… ¿Qué hay de mí? ¿No me regresarán a mi nación?" – Cuestioné nerviosa.
– "Considerando que la empresa no desea más escándalo respecto a la situación y que al final de todo ayudaste a llevar a un criminal ante la justicia…" – Se quitó las gafas oscuras. – "Yo, Kuroko Smith, como tu responsable y comprensiva coordinadora, te absuelvo de todo cargo." – Afirmó ella con una pose dramática.
– "Uhm… ¿Gracias?"
– "Esperaba que me abrazaras de felicidad con lágrimas en los ojos, ponderando mi magnificencia."
– "La vida es decepción." – Espeté con sarcasmo. – "Y te salvé de más papeleo, creo que eso es agradecimiento suficiente."
– "No eres divertida." – Dijo inflando ligeramente sus mejillas. – "Pero un poquito de café también es buena manera de retribuir mi bondad."
– "Lamento no poder satisfacer tu deseo en este momento." – Mascullé. – "Se me acabó el veneno."
– "Oh, Aria, siempre tan encantadora."
– "Pero hablando en serio, en verdad aprecio lo que hiciste." – Aclaré acercándome y dándole un abrazo sincero. – "Gracias, Kuroko, por todo."
– "De nada, Aria, fue un placer." – Contestó devolviendo el gesto.
Smith y yo no tendremos la amistad más estable; Ni siquiera sé si se puede considerar amistad, pero al menos sentía que podía confiar en ella.
– "Además, si te deportaban, Zombina ganaba nuestra apuesta."
Claro que confiar no significaba que la odiaría menos.
– "Ya es hora de retirarme, esta semana ha habido mucho movimiento en la oficina." – Mencionó Kuroko levantándose. – "Tu pase te permitirá adquirir otro trabajo por tu cuenta, así que úsalo."
– "¿Por qué no me permitiste hacerlo en primer lugar y evitar todo esto?"
– "Si te conseguía un buen empleo, me daban una promoción. Si bien no resultó como esperaba, lo del arresto les recordó a mis superiores lo útil que puedo ser."
– "Me alegra que reconozcan tus logros… Gracias a mis acciones." – Expresé sardónicamente.
– "Me halagas, Jaëgersturm." – Se burló pestañeando rápidamente. – "Bueno, me despido entonces. Y para la próxima renuncia con algo más de calma, ¿de acuerdo?"
– "Sí, sí…"
Smith partió y me senté en el enorme sofá de la sala. Era la primera vez que lo notaba; Estos días he estado tan atareada que muchos detalles obvios de la casa me pasaron desapercibidos. Al menos ya puedo estar tranquila. Je, la chicas tenían razón, no había necesidad de preocuparse tanto.
– "Guten morgen, Aria." – Saludó Lala entrando a la sala. Había cambiado su gabardina habitual por una camisa negra de botones y un vestido corto del mismo color.
– "Guten morgen, Lala. Tu acento es perfecto." – Respondí halagada por su buen uso del alemán.
– "Dominar cualquier lengua es habilidad natural para una hija del Abismo."
– "Quisiera que dominaras la mía."
– "¿Q-qué?"
– "¡Hablo de dominar el alemán, no malinterpretes!"
– "C-claro."
¡Por el casco de Athena! ¿Por qué siempre balbuceo tonterías cuando ella está cerca?
– "Ehem… No es que sea de mi incumbencia, pero no pude evitar escuchar la conversación entre tú y esa mujer del gobierno." – Dijo la dullahan, cambiando el tema. – "¿Es correcto suponer que tu estadía en esta morada no corre peligro?"
– "Oh, sí, por supuesto, je." – Contesté ocultando mi sonrojo. – "Parece que me quedaré después de todo."
– "Me alegro." – Sonrió la irlandesa. – "¡P-porque eso comprueba que tenía la razón cuando mencioné que no había motivo de preocupación! ¡No es por otra cosa!"
Es tan linda cuando hace eso, no evité soltar una ligera risa.
– "Danke schön, Irländerin." – Agradecí.
– "Bitter sehr, Deutsche Fräulein." – Respondió la dullahan con impecable acento.
Continuamos con nuestra rutina normal. Informé de mi renuncia a los demás, sin mencionar los detalles de cómo sucedió o lo acontecido después. Ojalá tampoco les de curiosidad por mirar el diario o las noticias en televisión; Mientras más rápido se le olvide al mundo, mejor.
Acabado el desayuno y queriendo poner en práctica mi adquirido conocimiento del uso del celular, me tomé la libertad de usar el Internet para buscar las páginas de clasificados. Quería trabajar lo más pronto posible para quitarme el mal sabor de boca de mi primera experiencia.
La cantidad de ofertas disponible era gigantesca y abarcaban desde simples tareas manuales hasta tratos demasiado buenos para ser verdaderos, o legales. Como lo advirtió Smith, muchos de los puestos para liminales relacionados a seguridad requerían que el aplicante hubiera probado previamente ser un ciudadano confiable. Era una lástima aún no poder usar mi talento como cazadora, así que me conformé con algún otro oficio decente.
Finalmente hallé uno que lucía más o menos prometedor. Aceptaban liminales y clamaba contar con la aprobación de la Ley de Protección a las Extraespecies, cosa que debía ser cierta ya que el anuncio también mencionaba que las dueñas eran no-humanas. Tomé el riesgo y marqué los dígitos en mi teléfono.
– "Bienvenido a la línea caliente de colegialas nekomatas, donde sus sueños…"
Número equivocado. Segundo intento.
– "Estimado usuario, su saldo se ha agotado…"
¡Maldita y tacaña Smith! ¡Solo me entrega equipo defectuoso!
Antes de sufrir una embolia por el coraje, recordé que hay un teléfono en la entrada de la casa. Tomé el auricular y volví a marcar. Por el amor de Eros, que salga bien esta vez.
– "Bienvenido a la línea caliente…"
¡CON UN DEMONIO!
Justo cuando pensaba darme de golpes hasta desmayarme, noté que estaba marcando sin agregar la clave local. Después de maldecirme mentalmente por ser tan idiota, volví a probar por cuarta ocasión.
– "¿Allo? ¿Quién habla?" – Preguntó una voz femenina con un distintivo acento ruso.
– "Hola, ¿hablo a la nevería Polo Sur?"
– "Da, ¿Qué se te ofrece, devushka? ¿Es por la promoción de 'pague tres y lleve dos'?"
– "Uhm, no; Me comunico para saber si aún están buscando empleados, como lo indica su anuncio."
– "¡Ah, eso! Claro, aún está disponible el puesto. ¿Has tenido experiencia antes con la profesión?"
– "Bueno, fui cajera en mi primer trabajo, así que estoy familiarizada con ello."
– "Nyet, hablo de los helados, ¿tienes experiencia con ellos? ¿Sabes prepararlos?"
Rayos, otra oportunidad perdida.
– "Oh, de hecho no…"
– "¡No importa, yo tampoco cuando inicié! ¡Ja ja!" – Se rió la mujer con sonora carcajada. – "¿Aún quieres el empleo?"
– "¿Eh?… S-sí, si no es molestia."
– "¡Otlichno! No olvides traer una copia de tus documentos laborales, ¿Los tienes disponibles?"
– "Ja, no hay problema. ¿Cuándo podría comenzar?"
– "La pregunta es: ¿Cuándo quieres comenzar?"
– "Uhm… ¿Qué tal mañana?"
– "¿Qué tal hoy, pirozhki?" – Sugirió la rusa.
– "¿Uh? B-bueno, supongo que es posible… ¿A qué hora debo presentarme?"
– "Trata de venir treinta minutos antes de la una de la tarde, mi compañera y yo te daremos un breve tutorial. ¿Trato hecho?"
– "¡Ja, das ist gut!" – Confirmé contenta. – "Por cierto, mi nombre es Aria; Aria Jaëgersturm."
– "Soy Pin. Nos vemos al mediodía entonces, Aria."
– "Danke schön, Pin."
– "Oh, y una última pregunta; ¿Eres extraespecie?"
– "Sí, soy una arachne de piernas largas."
– "Bien. Solo para asegurarme que pudieras entrar por la puerta. La última vez una Oni nos destrozó el techo por accidente. ¡Ja ja!"
– "Ya veo. No se preocupe, soy muy cuidadosa con mi tamaño."
– "Perfecto, te estaremos esperando. ¡Do svidanya, devushka!"
– "¡Auf wiedersehen!"
¡Wunderbar! Todo indica que ya tengo nuevo trabajo. No tengo idea de cómo me desempeñaré o si mi fama de saboteadora ya se extendió, pero confío en que todo salga bien. Puedo ser optimista de vez en cuando. Di las buenas noticias a Kurusu y las chicas, todos apoyando mi decisión. Ya extrañaba este sentimiento de aprobación.
También tuve que avisar a Smith, quien igual me dio el visto bueno. No se ofreció a escoltarme, opinó que era mejor que empezara a familiarizarme con la ciudad, algo en lo que concordé con ella. Yo y Smith estando de acuerdo es un evento único en este periodo geológico, estoy segura.
Salí una hora antes de lo acordado, para asegurarme de llegar a tiempo. Ya lista para partir, Lala se acercó.
– "¿Nerviosa?" – Preguntó la chica azul.
– "Siempre." – Respondí. – "Ya estoy temblando y aún no estoy en la nevería."
– "Lo harás bien, estoy segura." – Afirmó. – "Sus cucarachas deben ser mas educadas."
– "Solo espero no sean el ingrediente secreto del helado." – Bromeé también, ella sonrió.
– "Tu camisa está algo de lado, espera." – Dijo ella empezando a acomodar mi vestimenta.
Me ruboricé por el repentino acto, pero igual le sonreí. Tuve que bajar mi cuerpo un poco para hacerle más fácil la tarea.
– "¿Tienes tus papeles en orden? ¿No olvidas nada?" – Preguntó la dullahan tomando mi gorra y limpiándola.
– "Sí, todo listo."
– "El autobús para liminales usa la franja verde en el frente para indicar que va hacia el centro, tómalo." – Prosiguió la irlandesa.
– "De acuerdo."
– "Si notas algo fuera de lugar o sospechoso, llama a la casa primero o a Smith, no intentes nada arriesgado."
– "Ya entendí, mamá…" – Contesté girando mis ojos. Lala comportándose tan maternal era lindo, pero algo embarazoso.
– "Ehem… Bien, creo que eso es todo." – Terminó con un ligero sonrojo. – "Nos vemos, descendiente de Arachne."
– "Igualmente, segadora Abismal." – Me despedí. – "Oh, y Lala…"
– "¿Sí?"
– "Esa camisa te hace ver muy sexy." – Le dije, guiñándole tres ojos.
Suprimí mi risa mientras me alejaba y la veía tan nerviosa por el cumplido. Un poco de provocación no hace mal de vez en cuando. Además, tales ropas le quedaban geniales a la dullahan, en verdad.
Llegué a la parada de autobuses designada y en pocos minutos uno especialmente diseñado para individuos extraespecies arribó. Mi estatus como estudiante de intercambio me permitía abordarlos de manera gratuita. Saludé a la conductora nekomata y tomé asiento, siendo yo la única pasajera.
– "¡Oye, ten cuidado, patas flacas!"
O eso creí. Volteé en todas direcciones, pero no vi a nadie. Quizás ya me volví loca, ahora empiezo a oír voces. Y también golpecitos.
Un momento, no estoy imaginando eso último.
Sentí ligeros impactos en mis pedipalpos. Extrañada, miré más de cerca y fue entonces que descubrí la fuente de la voz y las cosquillas.
– "¡Te dije que tuvieras cuidado! ¡Toma, toma!"
Al principio creí que era una ardilla parlanchina, pero observando bien, noté que era una chica. Una chica muy pequeñita, de la altura de dos manzanas, con un largo cabello rosa, un gorro puntiagudo rojo, unos brazos y piernas envueltos en una especie de roca fina, más un diminuto martillo casi del tamaño de su portadora el cual usaba para sus igualmente diminutos ataques.
– "Disculpa, ¿podrías detenerte por favor?" – Solicité amablemente a la pequeñita.
– "¡No! ¡Tu empezaste y ahora te aguantas!" – Vociferó la criatura y continuó su infructuoso martilleo.
– "Lamento interrumpirte, pero eso es algo molesto. Para de una vez." – Advertí de nuevo.
– "¡Dije que no! ¡Y toma de nuevo, para que aprendas respetar!"
Suspiré. Tomé con una mano a la minúscula chica y la alcé hasta quedar frente a frente.
– "¡Suéltame, grandulona! ¡Aún no acabo contigo!" – Se quejó ella.
– "Eres una enana muy belicosa."
– "¡No soy una enana, cerebro de hormiga! ¡Soy una gnómida! ¡Y ya suéltame!" – Aclaró la mujer gnomo.
– "Gnómida, enana, lo que sea. Solo detente, mi exoesqueleto es demasiado duro para tu martillito."
Ella solo impactó mi frente con su herramienta. A pesar del tamaño, dolió un poco.
– "¡Auch! ¡¿Qué diablos te pasa!?" – Le reclamé tallando mi frente.
– "¡Te advertí que me respetaras! ¡No me dejan usar un martillo real, pero incluso esta baratija de plástico te recordará que nunca debes subestimar a los gnomos!"
– "Sí, sí, ya veo. Uhm… Perdón, ¿sí? No te noté al sentarme."
– "¡Jum!" – Espetó molesta y cruzando sus brazos. – "Ya que aprendiste tu lección, bájame ahora."
Le obedecí y la puse a mi lado. Diablos, espero ese golpe no me deje marcas.
– "No deberías comportarte tan violenta, somos personas civilizadas." – Le dije.
– "Una persona civilizada se fija antes de poner su enorme trasero encima de uno." – Espetó enojada.
– "Te dije que lo sentía." – Volví a tallarme. – "¿Y qué hace una ena… Digo, gnómida en este lugar?"
– "Voy a una importante reunión que no es de tu incumbencia." – Contestó alzando su barbilla en pose altanera.
– "Ya veo."
Era evidente que no lograría nada tratando de conversar con esta demonio en miniatura, así que cerré mi boca.
– "Pero si tanto te interesa…" – Retomó el habla. – "Solo puedo decirte que mi gran inteligencia y habilidades me han ganado un puesto importante en cierta dependencia gubernamental. Lo demás es información clasificada."
– "Suena bien. Soy Aria, por cierto." – Me presenté
– "Soy Titania."
– "Lindo nombre." – Opiné, tratando de ignorar la enorme ironía. Je, enorme...
– "Por supuesto que lo es." – Aseveró la gnómida haciendo a un lado su cabello. Si que era soberbia.
El transporte llegó a mi destino. Bueno, fue una conversación… interesante, pero era hora de poner manos a la obra.
– "Aquí me despido yo. Nos vemos, enana."
– "¡Que soy una gnómida, idiota!"
Me bajé riendo, haciendo caso omiso a los gritos de la belicosa liminal. Ahora, que comience la acción. Solo una última revisión a mi vestuario. Sí, todo está en su lugar. Y finalmente, a corroborar que mis documentos estén en orden.
Mis documentos… ¿Dónde están? ¡¿Dónde diablos están?!
Calma, Aria, no pierdas la cordura. Piensa, la última vez que los viste fue en… El autobús. El mismo que acaba de alejarse.
– "Scheisse…"
Nunca corrí tan rápido en mi vida.
NOTAS DEL AUTOR: Confío en que hayan disfrutado la lectura. Incluí más liminales porque más chicas monstruo significan más diversión. Y porque siempre pueden encontrar nuevas formas de hacer sufrir a la infortunada Aria. No olviden dejar su opinión, que siempre es bienvenida.
Nos vemos en el próximo episodio; Mismo canal, misma era geológica. Digan 'SÍ' a las arachnes. ¡Auf wiedersehen!
