NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, Tarmo Flake vuelve a la carga!
Quiero agradecer a Dragonith, quien fue muy amable en darme permiso para usar dos de sus personajes en este capítulo. Les recomiendo visitar su página en DeviantArt, cuya dirección está disponible en mi perfil. ¡Gracias de nuevo, Dragonith! ¡Thanks, pal!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Este es un fanfic hecho con el simple propósito de entretener y creado sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 10
Mi trabajo no comienza aún y ya estoy sudando.
Después de perder estúpidamente la carpeta con mis documentos personales en el autobús que me transportó, tuve que perseguirlo por todo el camino a toda velocidad. Incluso mi agilidad de Sparassidae tuvo problemas para mantener el ritmo del vehículo que ya se hallaba alejado por un buen tramo.
Afortunadamente se detuvo por unos momentos, dándome tiempo para alcanzarlo y explicarle la situación a la chofer. Ignoré las sonoras burlas de Titania, la engreída gnómida con quien tuve la desgracia de compartir el viaje anteriormente. ¡Ya me las pagarás, enanita!
Corrí de todo el trayecto de regreso. Si bien no me cansó en lo más mínimo, el sudor se hizo presente. ¡Rayos, y tan bien que me había arreglado! Por suerte aún tenía tiempo suficiente y decidí presentarme antes de que alguna otra desgracia pudiera tomar lugar.
Inspeccioné el inmueble desde afuera; Era una nevería común y corriente, de tamaño mediano. Con un nombre tan simple como 'Polo Sur' no esperaba mucho, aunque no sé que más esperar de un lugar donde venden helados. Me agradó la decoración exterior; Estatuas de adorables pingüinitos sosteniendo conos enormes pululaban la entrada y el anuncio del techo con el nombre del lugar.
La puerta automática se abrió e hizo un sonido apenas puse mis cuatro primeras piernas adentro, dándome la bienvenida y llamando la atención de las dueñas. Adentró hallé más pingüinos.
Literalmente, porque resulta que las dueñas eran exactamente eso; Arpías pingüino.
– "¡Ah! ¡Tú debes ser la devushka de la que tanto he oído hablar!" – Mencionó la arpía más grande.
Oh Arachne mía, ¿Acaso ella ya sabe de mi incidente en Fried Harpy?
– "¿Entiendes? ¡Porque hablamos por teléfono! ¡Jar jar!" – Se rió la pingüino rusa. Uff, solo fue un mal chiste, nada de qué preocuparse.
– "Je, así es, soy Aria Jaëgersturm, gusto en conocerla. Usted debe ser Pin." – Dije dándole la mano.
– "¡Da! ¡Pin Ivanovna Dragovskaya, pero puedes llamarme 'Jefa' a partir de ahora!" – Regresó el gesto con su aleta. – "¡Hey, Winny, no te quedes ahí! ¡Salúdala también!"
– "Hola." – Dijo su compañera con tono desganado. – "Soy Winona."
– "Te parecerá una gruñona, pero la canadiense es una experta en combinar sabores. ¡A veces hasta a mí me gustan! ¡Jar jar!" – Rió la mayor. – "Ahora, veamos tus papeles."
Le entregué mis datos a la mujer. Mientras ella los revisaba, me tome un momento para observar a las arpías. Pin y Winona eran un perfecto contraste.
La enérgica y bombástica rusa era un pingüino emperador y por ende más grande y con un cuerpo muy curvilíneo. Poseía un cabello largo negro y este le tapaba la mitad de la cara, mientras los mechones a los lados fusionaban el naranja y el amarillo. Su plumaje era propiamente blanco y negro. Ella acentuaba su ascendencia eslava vistiendo un abrigo largo a usanza soviética, complementado por una ushanka, esos famosos gorritos de invierno. Un distintivo con la insignia de las fuerzas blindadas soviéticas reposaba en el gorro. Y conozco todo esto porque la Segunda Guerra Mundial era uno de los temas más estudiados en Weidmann.
Winona (alias 'Winny') era una pingüino adelaida; Más pequeña que su amiga y con cuerpo plano como el de Papi. Con su negro cabello corto, su chaleco, bufanda, visor y orejeras para invierno, sin contar su corta estatura y bellos ojos verdes, la chica lucía muy adorable. Por supuesto, su fría y seria personalidad podía restarle puntos de lindura. Ella estaba más interesada en leer que en hablar, así que decidí no molestarla.
Mencionaría que tanto Rusia como Canadá se hallan en el hemisferio opuesto al Sur, o que es irónico que una pingüino emperador decida lucir como una comunista, pero soy una araña japonesa que habla y viste como alemana y desciende de una deidad griega; ¿Quién soy yo para criticar inconsistencias?
– "Todo parece estar en orden. Pero suficiente de presentaciones, sígueme, te enseñaremos lo básico." – Anunció Pin. – "¡Winny, tú también!"
– "Aaghh…" – Se quejó la adelaida.
Nos dirigimos a la cocina y ambas me explicaron el proceso de la fabricación del helado. Si bien era informativo y relativamente sencillo; Me pregunté el por qué ellas, siendo expertas, (y las fundadoras, ni más ni menos) requerían la ayuda de una completa novata como yo.
– "Uhm… Disculpe, jefa." – Interrumpí a la eslava.
– "¿Qué sucede, pauk?"
– "Ustedes parecen saber todo sobre esto, ¿por qué requieren a alguien como yo?"
– "Ah, bueno, si bien Winona y yo tenemos larga experiencia, tratar de preparar algo con estas cosas requiere demasiada precisión y tiempo." – Explicó, mostrando sus aletas. – "Los clientes aumentan cada día y un par de manos extra nos aligerarían la carga enormemente."
– "Oh, si ya entiendo."
A veces me pregunto cómo puedo ignorar lo obvio. Poseían un dígito o garra en sus aletitas, el cual no debía ser muy útil a la hora de utilizar los utensilios de la cocina. Me sorprendía la destreza que poseían para mantener un negocio como este con tales limitaciones físicas.
– "Eso será todo por ahora." – Anunció Pin. – "Ahora te dejaré con la 'señorita ade-helada' para que discutan sobre el arte de combinar. A lo mejor logras sacarle más de cinco palabras."
– "Uhm, sí. Gracias por todo, jefa."
– "Solo no dejes que su frialdad te intimide, ¡lo único frío aquí debe ser el helado! ¡Jar jar!"
La rusa regresó al mostrador y me quedé sola con Winona. La mirada seria de la chica no me ayudaba a relajarme.
– "Lamento todo eso." – Me disculpé con la canadiense.
– "Bleh, no es tu culpa, esa rusa es una idiota. A veces creo que agrega vodka a su helado." – Respondió ella.
– "Le agradezco de todas formas por su paciencia. Espero satisfacer sus expectativas, Fräulein Winona."
– "Meh."
Continuamos nuestra sesión de cocina, la adelaida siendo arpía de pocas palabras, pero eso la hacía muy eficiente para enseñarme. Quizás el hecho que se viera tan curiosa con toda esa ropa o que al caminar se meneara un poco como sus parientes animales ayudaba a hacer su compañía más amena.
El día transcurría de manera normal. Clientes venían y nuestras reservas siempre podían saciar la demanda, siendo las combinaciones de Winona muy populares. Curiosamente, ninguna liminal reptil estaba entre los consumidores, posiblemente porque ningún ser de sangre fría podría tolerar el helado ambiente de la tienda. Admito que la temperatura me afectaba, pero no iba a quejarme por ello. Debería conseguirme ropa más abrigadora.
Tomamos un pequeño receso, aprovechando yo para salir del lugar y dejar que el sol calentara mi enfriado exoesqueleto.
– "¿Demasiado helado para tu gusto, devushka?" – Preguntó Pin, uniéndose.
– "Solo un poco, jefa. Debí prever que algo así pasaría." – Le contesté frotando mis manos con mi vestido.
– "Esto no es nada comparada con la tundra Siberiana. He estado ahí, ¿sabes? Aunque para mí era como un día de verano."
– "Debe sentirse a gusto, siendo una pingüina y eso."
– "No mucho. Demasiado vacío, demasiado solitario. Y demasiado helado, pero no helado. ¿Entiendes?"
– "Sí, je…"
Bromas inofensivas, pero terribles.
– "Y dime, pirozhki, ¿Ese acento es genuino o solo eres una adoradora de los teutones?" – Inquirió Pin.
– "Oh, de hecho soy mitad alemana. Todos mis ancestros lo han sido. Usted es nativa de Rusia, supongo."
– "Provengo de la Antártida al igual que Winona, pero nuestros padres eran de sus respectivas naciones."
– "Ya veo."
– "Mi abuelo me llevó de visita a su país cuando yo era pequeña. Ahí quedé enamorada de la cultura rusa, especialmente la era soviética." – Contó la pelinegra, recordando las buenas memorias. – "El condujo un tanque T-34 en la Gran Guerra Patriótica, ¿sabes?"
– "¿En verdad?"
– "¡Da! Desde Moscú hasta Berlin, su fiel corcel de acero nunca lo dejó mal."
– "Impresionante." – Respondí con sinceridad. – "El mío luchó en la Luftwaffe, según me contó mi abuela, pero nunca lo conocí."
– "¡Oh! ¡Quizás ellos intentaron matarse el uno al otro alguna vez! ¡Jar jar!" – Volvió a soltar una sonora carcajada. Su humor podía ser bizarro en ocasiones.
– "Ehm… sí… je…"
– "Pero sí, siempre me fascinó la herencia cultural que mi abuelo me dejó. Le rindo honor vistiendo estas ropas y está réplica de su insignia de las fuerzas blindadas."
– "Es bueno sentirse orgullosa de su familia, jefa." – Contesté. Yo no podía decir lo mismo de mi abuela o mi madre, al menos no tanto.
– "Spasibo. En fin, creo que el descanso terminó. Volvamos adentro, nemetskiy."
Mi jornada acabó sin incidentes. Las jefas me felicitaron por mi buen desempeño y me entregaron una pequeña insignia metálica en forma de pingüino, reconociéndome oficialmente como su nueva empleada. La tomé como mi primera cruz de hierro, por así decirlo. Regresé a casa tomando de nuevo el autobús. Por suerte no había gnomos fastidiosos en esta ocasión. Al llegar a casa, Lala fue la primera en recibirme, estando ella cercana a la entrada.
– "Fáilte, Aria. ¿Confío en que fuiste bienaventurada en tu oficio?" – Preguntó la irlandesa.
– "Ja. Todo salió de maravilla. Incluso me dieron este broche." – Le mostré mi insignia en mi camisa.
– "Te felicito por ello." – Sonrió.
– "Danke, Lala. ¿Es eso la cena lo que huelo?"
– "Correcto. No tiene mucho que empezó y sugiero unirnos al resto."
– "Por supuesto, me muero de hambre."
Las demás chicas y Kurusu ya estaban sentados y comiendo. Les di las buenas nuevas, lo que los alegró. Había un platillo intacto en mi lugar, un cottage pie, aunque esta vez el olor era diferente.
– "Ah, ese lo preparó Lala." – Informó Kimihito. – "Por alguna razón, ella insistió en que consiguiera los ingredientes que se usa en la cocina irlandesa. Dijo que era importante obtener el sabor real."
– "¿En serio?" – Pregunté sorprendida.
– "Debiste verla, Aria." – Habló Rachnera. – "Tu amiga azul obligó a mi Querido a comprar todo lo necesario. Incluso lo acompañó para cerciorarse de la calidad."
– "Confirmo lo dicho por Rachnera. Yo estuve presente para proteger a Mi Señor de algún posible percance." – Dijo Centorea.
– "Solo estabas celosa de verlos salir juntos al mercado, Cerea." – Se burló Miia.
– "¡S-silencio, Miia! ¡¿Quién eres tú para hablar de celos?!" – Respondió la centáuride.
– "Chicas, por favor no peleen en la mesa." – Suplicó el casero.
– "Lala, ¿en verdad hiciste todo eso?" – Pregunté a la dullahan.
– "¡Y-yo s-solo deseaba demo-demostrarles, simples mo-mortales, la superioridad de la habilidad c-culinaria irlandesa a manos de la Me-mensajera de la Muerte! ¡D-deberían sentirse ho-honrados de tan especial ocasión!" – Declaró Lala sonrojada a más no poder.
– "¿Entonces porque solamente le cocinaste a Jaëgersturm?" – Inquirió Rachnera con su tono provocador.
– "¡P-porque desgraciadamente los co-consumibles genuinos en este p-país son escasos y no alcanzó p-para más!"
Me sentí halagada. Tal platillo parecía ser el único y yo era la elegida para degustarlo. Jamás he probado la comida irlandesa real, así que debería aprovechar esta oportunidad. Con presteza, tomé mi tenedor y procedí a darle un bocado.
Wunderbar.
Es lo único que pude pensar. El sabor era exquisito, la textura de la cubierta vegetal combinada con la carne de cordero le proporcionaban una sensación única. La ambrosía de los dioses existía, y era irlandesa. Mi paladar se extasió en demasía con tan placentero manjar divino.
– "Lala…" – Dije incorporándome y dándole un sorpresivo abrazo. – "Gracias."
Al despegarme, le obsequié mi sonrisa más sincera. Las miradas de ambas quedaron fijas y nuestros ojos mostraron un peculiar brillo. Por unos efímeros segundos, solo éramos nosotras dos en el mundo, frente a frente. Los labios de la mujer frente a mí se abrieron ligeramente y sent-
– "¡Consíganse un cuarto, tortolitas!" – Interrumpió Rachnera.
¡Pomf! La cabeza de la dullahan cayó al suelo al salir del trance. Yo también, sorprendida por el abrupto regreso a la realidad, me apresuré a ayudarle. La risa de Rachnera solo ayudó a entorpecer nuestros movimientos y aumentar el rubor en nuestros rostros. ¡Qué vergüenza, y esta vez actué como idiota frente a todas!
Pretendimos hacer caso omiso de las provocaciones de la tejedora y nos pusimos a cenar sin despegar la vista de nuestros platos. Nadie más dijo nada al respecto y tan pronto Lala y yo acabamos, nos dirigimos a nuestros cuartos después de asearnos. La noche era fría pero yo estaba abochornada de la pena. Cuando la arachne entró a la habitación, simulé estar ocupada con mi celular.
– "¿Enviando mensajitos sucios a cierta dullahan?" – Se mofó ella.
Yo la ignoré a pesar de mi sonrojo y continué con la vista en la pantalla del aparato.
– "A menos que tengas una importante reunión a distancia con tus nuevas patronas, sabes que no engañas a nadie, cazadora." – Provocó de nuevo.
– "Bitte lass mich in Ruhe…" – Respondí, intentando evitar contacto visual.
– "A veces creo que solo usas el alemán para confesar tus perversiones sin que nadie te entienda."
– "Ja, Ich bin ein Perverser…" – Espeté con sarcasmo. – "¿Und sie?"
– "Lo siento, Aria, pero yo soy una pura e inocente tejedora." – Contestó pestañeando con rapidez. Demonios, no hagas lo mismo que Smith, Rachnee.
– "Ahora cuéntame uno de vaqueros. ¿Y cómo entendiste eso?"
– "Eres fácil de leer cuando estás avergonzada, Sparassidae." – Afirmó mientras se quitaba la ropa y se trepaba a su hamaca.
– "Pues ojalá entiendas que quiero estar sola, si no te molesta." – Le dije sin voltear a ver el desnudo cuerpo de Rachnee.
– "Eso será difícil estando en MI habitación." – Mostró una sonrisa burlona. – "Pero debe haber más espacio en el de Lala."
Yo solo pegué la pantalla del teléfono a mi cara. Todo lo que digo solo le da más cuerda. O ella es muy lista o yo soy muy idiota. O ambas cosas a la vez.
– "Oh Aria, eres tan divertida de fastidiar. Es como si lo pidieras a gritos."
– "¡Jum!"
– "Vamos, vamos… No te pongas así, tu linda carita se va a arrugar."
– "Solo déjame descansar…"
– "Pero la noche aún es joven, ¿Tan agotada te dejó el trabajo?"
– "Sí. Y mañana empiezo desde temprano, así que necesitaré dormir." – Afirmé apagando el celular.
– "Ya veo. Bueno, en ese caso, supongo debería premiarte por ser tan responsable."
– "¿Uh? ¿De qué hablas, Rachnee?"
La tejedora se bajó de su hamaca y con sus piernas rodeó la cama. Yo estaba acostada y las mías quedaron atrapadas entre las suyas. Bajó su cuerpo y lo acercó, dándome una vista completa de este. Y me refiero a completa y detalladamente.
– "¡¿Q-q-qué haces!?" – Cuestioné nerviosa. ¿Nerviosa? ¡Puedo ver su entrepierna con toda claridad!
– "Te doy un obsequio, por ser una buena chica." – Respondió acercándose aún más.
Solo unos centímetros nos separaban. Pegué todos mis miembros hacía mí, lo cual fue una mala idea, ya que ahora no podía escapar. Si movía mis manos, tocaría sus pechos; Si movía mis pedipalpos, chocarían con su entrepierna descubierta; Y con mis piernas atrapadas, quedé inmovilizada por completo.
– "Aria…" – Habló Rachnera con una provocativa y seductora voz. – "Compartamos un momento muy íntimo, mi cazadora…"
– "N-n-n-no…" – Tartamudeé.
– "Shh…" – Puso su dedo en mi boca. – "Solo cierra los ojos y déjate llevar…"
No había salida, estaba condenada, a su merced. Cerré los ojos y esperé a que ella hiciera su movimiento.
¡Lo sabía! Sabía que al final una tejedora tan pervertida como ella lograría hallar una forma de tomar mi pureza. Seguramente me obligaría a besarla, usando su húmeda lengua para inspeccionar cada rincón de mi boca, mientras sus agraciados pechos se estimularían con los míos. Usaría su telaraña para amarrarme y dejarme indefensa en una pose sumamente humillante, y con sus largos dedos jugaría con mi feminidad. Pasaríamos la noche en una degenerada e intensa sesión de sexo lésbico. Nuestros gemidos serían la sinfonía que acompañaría nuestro depravado juego, y el calor de nuestros cuerpos sudados, rozando el uno contra el otro, nos llevaría a un poderoso clím…
¡E-e-es solo una su-suposición! ¡Sí, eso! ¡A-a-afortunadamente n-nunca sucedió! ¡NUNCA!
– "¿Eh?" – Dije al no haber acción alguna. – "¿Q-qué sucedió?"
– "No sucedió nada. Vamos" – Respondió Rachnera, en camino a la puerta del ático.
– "P-pero… Creí que ibas a…"
– "Suenas decepcionada." – Hizo mueca de burla. – "¿Quieres que lo haga en serio?"
– "¡No!"
– "Entonces deja de parlotear y sígueme."
– "P-p-pero…"
Suspiré. Bueno, al menos mi inocencia seguía a salvo, ella no intentó nada lascivo.
¡No es que lo deseara en secreto! ¡Es la verdad!
La seguí. A ella no le preocupó estar sin ropa por la casa, era de noche y todos se hallaban durmiendo. Terminamos saliendo a la terraza del segundo piso. El aire estaba algo frío, pero no era desagradable. Observé el panorama nocturno. Si bien la casa no se hallaba en un lugar alto, me ofrecía una buena vista del paisaje urbano y el firmamento. Ni siquiera las luces artificiales ahogaban lo bello de las estrellas en el cielo.
– "Es relajante, ¿no lo crees?" – Preguntó la tejedora.
– "Sí." – Contesté con la mirada fija en los astros.
– "A veces vengo aquí cuando necesito unos momentos a solas. Mi cuarto se siente demasiado claustrofóbico como para despejar la mente."
– "Entiendo. Las estrellas son hermosas desde aquí."
– "Correcto, Aria. Nada como la bóveda celeste para liberar el estrés."
– "¿No te preocupa que alguien te vea sin ropa aquí afuera?" – Le recordé.
– "La luz está apagada y a esta distancia nadie me notaría. Y en cualquier caso, si lo logran, serían muy afortunados."
– "Solo eres una exhibicionista, Rachnee." – Le dije con una ligera risa.
– "Estoy orgullosa de mi físico, cazadora. Además, la brisa nocturna se siente genial en el cuerpo."
– "Lo que tú digas."
– "¿Por qué no lo intentas? Es divertido."
– "¿Eh? ¡C-claro que no!"
– "No tengas pena, nadie nos está viendo. ¿Cuál es el problema?"
– "¡E-eso no tiene n-nada que ver! ¡No me interesa andar en cueros!"
– "Pero no tienes problemas deleitando tus ojos con los cueros de esta arachne, ¿cierto?"
– "¡No es cierto!"
– "Como sea, no me molesta que también me observes. Me halaga que te parezca atractiva."
– "¡Tampoco lo hago! Bueno, sí, pero…" – Me pausé. – "¡Es solo que no puedo evitarlo! ¡Andas por ahí mostrando esa figura de infarto, ¿Qué esperabas!?"
Oh Artemisa, ¿Acaso le acabo de dar la razón?
– "¡No! ¡Quise decir que…!" – Intenté explicar, pero la tejedora solo se carcajeaba.
– "Oh, Aria. Me fascina cuando tu lengua te traiciona."
¡Estúpida y sexy Rachnera! ¡Siempre encuentra un punto débil!
– "Pero insisto, no te hará mal un poco de libertad. Prometo no decirle nada a nadie." – Persistió ella.
– "No… Eso, me daría mucha pena…"
– "Tampoco voy a verte." – Dijo ella dándose la vuelta. – "Anda, solo para que algún día puedas decir que te atreviste a hacerlo."
– "…"
– "No te oigo tomando una decisión, Aria..."
– "…"
– "Sé que quieres hacerlo, no me engañas…"
– "Promete… ¡Promete que no vas a ver!"
Enseñó su mano en señal de juramento. Estoy segura que no me dejará en paz hasta que ella logre lo que quiere, así que es mejor que termine con esto.
– "A-aquí voy…" – Avisé al tiempo que desabotonaba mi camisa.
No suelo usar ropa nocturna como pijamas o cosas así, en Sparassus nos entrenaron a siempre estar vestidas por si se presentaba alguna emergencia. Por suerte las telas eran muy cómodas y no dificultaban el buen sueño.
– "Hasta aquí escucho tu corazón latiendo. Si que estás nerviosa." – Expresó la tejedora.
– "¡S-silencio, no puedo hacerlo si estás hablando!"
– "De acuerdo, no diré más."
Me deshice de la primera prenda. Temblé cuando el aire frío hizo contacto con mi piel. Asegurándome que Rachnee no estuviera observando, proseguí con mi vestido. Bajé el cierre con cuidado y lentamente me lo quité. Por fin, lo hice.
– "L-l-listo…" – Anuncié tímidamente.
– "Mmm… Mi imaginación voló al escuchar cómo te desvestías." – Provocó aún de espaldas.
– "¡N-no bromees con eso!"
– "Tranquila, que no he visto nada." – Se rió. – "Pero, me gustaría hacerlo… Al menos por unos segundos."
– "¡A-absolutamente n-no! ¡Nunca!"
– "Sería lo más justo, tomando en cuenta las veces que tus ojos han recorrido mi cuerpo durante todo este tiempo. Y no lo niegues, cazadora."
– "¡Eso es tu culpa en primer lugar!"
– "Solo será un momento. Tarde o temprano voy a salirme con la mía, tú lo sabes muy bien."
– "…"
– "Entre más tiempo nos quedemos aquí, más probabilidades hay de que alguien nos descubra."
– "…D-d-de acuerdo… Pero solo un segundo…"
Ella se dio la vuelta. Sus ojos se hicieron enormes como platos. Yo estaba sonrojada y temblorosa de la vergüenza.
– "Creí… creí que te desnudarías por completo. Aún tienes tu ropa interior." – Declaró Rachnee, algo decepcionada.
– "¡Esto en sí ya es demasiado! ¡Y ya viste suficiente!"
– "Oh bueno, al menos es un paso hacia adelante." – Dijo encogiendo los hombros. – "De todas formas, lindo atuendo. El negro te queda a la perfección."
– "¡M-me voy a dormir!" – Vociferé y regresé adentro. Volví a salir cuando noté que había olvidado mi ropa. Rachnera no paraba de reír.
Me vestí y me envolví por completo con las sábanas. Estoy tan apenada que seguramente mañana me ducharé con ropa puesta. Rachnee regresó y se subió a su hamaca sin decir nada. Excelente, no quería hablarle.
– "El aire estaba muy frío." – Comenté.
¡Demonios! ¡¿Por qué siempre hago lo contrario de lo que pienso?!
– "Hay noches en que la temperatura es más tolerable. Lo agradecerás en verano." – Replicó la tejedora.
– "No pienso hacerlo de nuevo." – Aseveré.
– "Es una pena. Planeaba una agradable sesión de póker nocturno al natural."
– "No sé jugar póker."
– "Mejor aún, así nos saltamos directo al nudismo."
– "Eres una pervertida, Rachnee."
– "Y tú sigues negando tu naturaleza." – Afirmó ella. – "Hubieras podido rechazar mi propuesta con tan solo ignorarla, pero al final te decidiste por obedecer. Admite que en el interior, lo deseabas."
– "El exhibicionismo no es lo mío."
– "No precisamente. Hablo del romper la reglas, hacer algo aparentemente prohibido. No hay nada de malo en andar al natural, pero para ti, crecida en un ambiente tan estricto, es prácticamente tabú. ¿Me equivoco?"
Quise replicar, pero ella tenía un punto muy válido, aunque me costara admitirlo.
– "Puede parecer un método algo invasivo." – Continuó Rachnera. – "Sin embargo, los dogmas con los que te criaste te han impedido desarrollar tu naturaleza como arachne. Te has restringido en aceptar tus impulsos latentes en el interior. Y mira que ya tuvimos esta conversación antes."
– "Tal vez… me haya agradado el rebelarme…" – Confesé, esto hizo que mi compañera sonriera. – "Sin embargo, sigo sin hallar interés en tu excéntrico libertinaje."
– "Oh, Aria, siempre usando términos tan radicales. Pero si piensas que trato de "pervertirte" como dices, te equivocas. Solo quiero que te liberes del yugo de tu propia prisión mental y empieces a disfrutar las oportunidades frente a ti."
– "¿Soy yo o suenas como si quisieras que me fijara en ti?"
– "Erraste de nuevo en tu veredicto, cazadora. Hablo de ciertas personas que podrían ser más cercanas a ti, si fueras más honesta con tus sentimientos."
– "¡Hey, no estoy interesada en Lala!" – Exclamé de inmediato.
Rachnera solo volvió a mostrar su sonrisa burlona. ¡Demonios, me atrapó de nuevo!
– "Aria." – Habló la tejedora. – "No quiero presionarte, pero como tu amiga, me preocupa que te resistas a sincerarte. El corazón es ciego, pero nunca miente."
– "¿Cuál es tu punto?" – Musité con la cabeza baja.
– "Solo quiero oírte confirmar lo que ya sé." – Se acercó a mí. – "Te gusta Lala, ¿cierto?"
No contesté, solo desvié la mirada.
– "¿En verdad… es tan obvio?" – Me animé a preguntar en voz baja.
– "Tan obvio como tus ocho piernas, mujer. No podría ser más evidente ni aunque te pusieras un cartel confesándolo. ¿Cuándo se lo dirás?"
– "No lo sé. En verdad, no lo sé." – Suspiré.
– "Descarto que sea temor al rechazo, así que debe ser otra cosa que te lo impida."
– "Simplemente no sé qué es lo que siento realmente. ¿Es amor o solo mi deseo carnal?"
– "¿Cómo puedes dudar de lo que tu corazón te indica?"
– "Porque ese corazón fue el que me llevó a sobrepasarme con Akantha."
La tejedora se turbó por esas palabras.
– "Ya veo. ¿Aún le temes a descontrolarte?" – Cuestionó Rachnera.
– "Así es. No quiero hacerle daño a Lala, jamás me lo perdonaría."
– "Bueno, llámame tonta por suponer, pero me parece que el externarnos tu historia fue una buena terapia. Soy positiva en que podrás mantener cualquier impulso a raya." – Opinó la tejedora.
– "Quisiera creerte, Rachnee, pero sé que en mi interior aún reside esta bestia salvaje y no quiero dejar que escape."
– "Tal vez solo estás subestimando tu propia capacidad de auto-control, cazadora."
– "Tal vez eres demasiado optimista."
– "Solo cuando sé qué el resultado es favorable. Pero me parece que ya he jugado a ser Sigmund Freud lo suficiente esta noche. Es mejor irnos a dormir."
– "En eso puedo concordar. Gute Nacht, Rachnee."
– "Buenas noches, Aria. Y piensa positivo, en ocasiones la diosa Tique nos sonríe con la fortuna."
– "Danke. Lo consideraré."
Exhalé. Necesitaba tiempo para meditar todo lo sucedido. Acabo de admitir que de hecho, sí, me gusta la irlandesa; Pero no estoy segura si se trata de amor o solo atracción física.
– "Aria… ¿Puedo expresar mi opinión sobre algo?" – Preguntó Rachnera.
– "Dime."
– "¿No crees que, si lo que sintieras por Lala fuera simple lujuria, ya te hubieras desahogado con alguien más?"
– "¿De qué hablas?"
– "Para empezar; Estamos solas, tú eres lesbiana, yo estoy desnuda, no tengo problemas en divertirme con otra mujer, especialmente una arachne, y has confesado que mi cuerpo te es atractivo. ¿No te parece que ya hubiera sucedido algo entre nosotras?"
– "Ser lesbiana no significa que quiera acostarme con la primera mujer que tenga enfrente." – Afirmé. – "No soy un estereotipo, tejedora."
– "Precisamente a eso me refiero." – Contestó chasqueando los dedos. – "Toda esta tentación y aún así te mantienes firme. Ni mi Querido hubiera resistido tanto. Tal cosa no sería posible sin una voluntad de hierro como la tuya."
Claro que no. Es mi culpa lo que me ha detenido todo este tiempo, no mi voluntad.
– "O quizás no eres mi tipo." – Externé. – "Además, no soy tan fuerte como crees."
– "Realmente te encanta menospreciarte, ¿verdad, cazadora?" – Dijo negando con la cabeza. – "Me rindo por esta noche, supongo no tiene caso continuar con esta discusión."
– "Finalmente…" – Respondí aliviada.
– "Sí, sí. Buenas noches, señorita tristeza, que sueñes con las cucarachitas."
¡Argh! ¡No me las recuerdes!
– "En verdad, Rachnee, me encantaría tener tu optimismo." – Me dije mentalmente.
Cerré los ojos y me dispuse a dormir. Tal vez ella tenga razón, tal vez no, pero eso no lo sé aún.
…
Segundo día de trabajo. Mi jornada empezaría a partir de las ocho de la mañana, siendo el horario de empleo regular. En parte es mejor, ya que me justifica mi costumbre de levantarme a primera hora. Después de estirar mis extremidades y darme un baño, me preparé el desayuno. Los víveres aún alcanzan para unos días más, así que puedo darme el lujo de algo decente. Quedaban alrededor de cuarenta y cinco minutos antes de partir, no había prisa. Degustando mi comida, me puse a pensar en lo que Rachnera había dicho. ¿Y si en verdad es amor sincero lo que siento por la irlandesa?
Kimihito apareció, sacándome de mis pensamientos.
– "Oh, buenos días, Aria. En verdad que eres madrugadora." – Saludó el casero.
– "Guten Morgen, Herr Kommandant. Comienzo a las ocho de la mañana, así que debo estar lista desde antes."
– "Ya veo. Me alegra que hallaras un empleo que te agrade, te ves entusiasmada."
– "Danke, Herr Kommandant, es mi manera de retribuirle su amabilidad al hospedarme en su hogar."
– "Eso no es necesario, Aria." – Respondió Kurusu algo apenado. – "No es ninguna molestia el tenerte con nosotros."
– "Pero aún así quiero agradecerle. Me sentiría mal si no contribuyera con los gastos inherentes de nuestra manutención."
– "De acuerdo. Aprecio tu preocupación, Aria." – Hizo una reverencia. – "Me daré una ducha, si alguna de las chicas viene, le informas que el desayuno estará listo en veinte minutos."
– "¡Jawohl!" – Saludé militarmente.
Ninguna de las otras inquilinas se apareció durante ese tiempo, ni siquiera Lala. Cuando Kimihito terminó de asearse, fue mi turno para un último retoque. No uso maquillaje u otros productos de belleza, así que solo me lavaré la cara y peinaré. Sí, también me lavé los dientes; ¡Dos veces! Finalmente, puse mi insignia en mi camisa, me despedí del muchacho y partí hacía el Polo Sur.
La nevería, no el hemisferio actual.
No tomé el autobús esta vez, quería ejercitarme y preferí caminar a mi destino. Me sentía de buena humor y el clima era favorable, excepto el viento, que volaba mi gorra y me despeinaba por completo. ¡Y con lo que tardo arreglándolo! Ignorando las jugarretas del dios Eolo hacia mi cabello, continué hasta alcanzar el inmueble.
– "Guten Morgen, jefas." – Saludé a las pingüinitas.
– "Dobroye utro, devushka." – Contestó Pin, limpiando el mostrador. Winona, leyendo un libro, solo alzó su mano.
– "¿Alguna tarea en particular para mí, jefa?" – Pregunté a la rusa.
– "El choco-mora está gastándose, prepara un poco. Luego puedes ayudarme a decorar el lugar, necesitamos remodelar un poco el ambiente." – Ordenó la eslava.
– "¡Jawohl!"
Una rutina normal y pacífica. Hacía algo útil y me mantenía ocupada, era todo lo que necesitaba. El día transcurría sin imprevistos y auxilié a Pin en las pequeñas renovaciones, como mover uno que otro anuncio o pintar algunas partes decoloradas. Winona prefería continuar improvisando sus mezclas y dedicarse a leer. Cuando salí para acomodar las estatuas afuera de la tienda, noté que había un inusual aumento de temperatura.
– "Scheisse… Sí que hace calor hoy." – Comenté a Pin, limpiándome el sudor de la frente.
– "Las consecuencias del calentamiento global, pirozhki. Al menos asegurará más clientes potenciales. ¡Jar jar!"
– "Supongo. Uhm, ¿No le estorba su abrigo, jefa?" – Pregunté refiriéndome a la incómoda indumentaria que la mujer llevaba.
– "¡Nyet! ¡Si el sol piensa que mi ropa no es la adecuada, está muy equivocado! ¡Arderé como el fuego, pero nunca desistiré en mi moda!" – Proclamó dándose un golpe en el pecho. Su mano rebotó por lo infladito.
– "Lo que usted diga, fräulein Dragovskaya."
– "Bien, estos anuncios ya quedaron. Regresemos, Jaëgersturm, tengo algo para ti."
– "¿Uh? ¡Oh, claro, jefa!" – Contesté intrigada.
Entramos hasta la cocina. Me pregunto qué será. ¿Acaso me aumentarán el suelo por ser tan trabajadora? ¿Me harán vicepresidenta de la empresa? ¿Revelarán su plan secreto para dominar el mundo con helado y aguas de sabores?
– "Quítate la ropa." – Anunció la rusa.
Esperen… ¡¿QUÉ!?
– "¿P-p-perdón? Me pareció oír mal…" – Cuestioné temerosa.
– "Que te quites la ropa, anda." – Contestó Pin sin titubear.
– "¡¿Pero por qué?!"
– "Porque es necesario."
– "¡¿Para qué!?"
– "Para tomarte tus medidas."
– "¡¿Por qué!?"
Siento un fuerte déjà vu en esta conversación…
– "Para tu nuevo uniforme. Deja de hacer preguntas redundantes, Jaëgersturm."
– "¿E-e-es necesario? ¿No puedo hacerlo vestida?"
– "No eres una persona bípeda, debemos ser específicos con la talla si queremos que luzca bien."
– "P-pero…"
– "¿Cuál es el problema?"
– "…"
– "Ugh… ¡Hey, salchicha alemana! ¡No seas tan puritana y apresúrate!" – Exclamó Winona, impaciente. Podrá medir un metro y medio, pero su voz suena tan imponente como una titánide.
– "D-d-de acuerdo…" – Musité.
Tal parece que todo el mundo quiere verme al descubierto. ¿Qué acaso la sociedad sufrió una epidemia de nudismo vouyerista o algo así? Resignada, me desabotoné la camisa, después con el vestido y proseguí a desabrochar mi sostén.
– "¿Qué haces, Jaëgersturm?" – Preguntó Pin al tiempo que yo intentaba remover mi brassiere.
– "Lo-lo que ustedes me ordenaron…"
– "Te pedimos que te quitaras la ropa, no desnudarte."
– "Pero yo creí…"
– "¿Tomaste vodka adulterado o algo? Solo necesitamos tus medidas, no un strip tease."
– "En verdad, pájara boba, ¿De dónde sacas a estos empleados?" – Se dirigió Winona a su compañera.
– "No estoy para tonterías ahora, Winny. Jaëgersturm, alza tus brazos y no te muevas, terminemos con esto de una vez." – Ordenó la pingüino emperador.
Obedecí y dejé que usara la cinta métrica para tomar mis dimensiones. Ella las recitaba y la adelaida las anotaba en una libreta con sorprendente destreza usando sus aletas. Yo estaba tan apenada por malinterpretarlas que ni un iceberg me quitaría lo abochornada.
– "Hmm… Linda ropa interior; El negro te queda bien." – Comentó la rusa.
¡Trágame tierra!
– "Y listo. ¿Lo apuntaste todo, Winny?"
– "Seh. Llamaré a la sastrería de una vez." – Confirmó la canadiense. – "A ver si toda esta bobería del uniforme valió pena…"
– "Excelente. Puedes vestirte, Jaëgersturm." – Sugirió Pin. – "A menos que quieras atraer más clientes de esa forma. ¡Jar jar!"
– "D-de acuerdo. ¿Algo más, jefa?" – Pregunté arropándome tan rápido como podía.
– "Atiende el mostrador un momento por favor, Winny y yo debemos discutir importantísimos asuntos empresariales." – Replicó la eslava. Su amiga solo volteó los ojos sardónicamente.
– "Como usted diga."
El jarabe de cereza no es tan rojo como mi rostro en este momento. Bueno, al menos todo esto es para mí beneficio. Eso espero. Pasado el tiempo, la jornada acabó, siendo las tres de la tarde. Aparte de mi incómodo percance con mis superiores, no sucedió nada memorable. Me despedí y regresé a casa. Nada mal para el segundo día, desearía que siempre fuera así.
Sin malentendidos que impliquen quitarme la ropa, claro.
Camino a la residencia Kurusu, el viento de nuevo me volvió a despeinar. Realmente es molesto tener tu cabello cubriéndote el rostro. Quisiera que me pagaran ya, para poder cortarlo. Igual noté un enorme anuncio del famoso gimnasio Club Deportivo Kobold; Con mis preocupaciones disipadas, me parece que debería asistir. Sería genial tener un lugar para ejercitarme y además me gustaría charlar con Poi de nuevo.
Llegué a mi hogar a tiempo para el almuerzo. Kimihito estaba en la cocina y entonces vi algo poco usual; Lala también estaba ayudando.
Bueno, Lala cocinando ya no tiene nada de raro, pero lo inusual era que la dullahan vestía un muy femenino delantal rosa. Tal vez sea el hecho que su oscura ropa contrastara con lo doméstico del atuendo, o quizás era que tal apariencia la hacía ver casi maternal, pero no pude evitar sonreír ante aquella vista.
– "Tá fáilte romhat, Aria." – Saludó ella al verme. – "¿Cómo te fue en el trabajo?" – Preguntó acercándose.
– "Excelente. El calor aumentó un poco las ventas." – Le respondí. Observarla con una cacerola en sus manos cubiertas con guantes la hacía lucir aún más como un ama de casa.
– "Me alegro. La comida estará lista en un momento, puedes sentarte a esperar."
– "¿Necesitas ayuda?"
– "No hay problema, tengo todo bajo cont…" – Se pausó al recordar que Kimihito estaba a lado nuestro, escuchando nuestro pequeño diálogo. – "E-es decir, t-tenemos todo bajo control. D-deberás ser p-paciente hasta que el a-alimento esté listo, mortal."
– "C-claro. Danke, Lala." – Agradecí.
¡Diablos! ¿Por qué parece que pierdo la noción del tiempo y espacio cuando hablo con ella? ¿Es que acaso lo que siento cuando la veo podría ser a… ¡No! ¡No es momento para ponerte a deducir, Aria! ¡Deja de soñar despierta y actúa normal, que todos te están viendo!
Nos sentamos comer. Viendo los platos servidos, noté que de nuevo el mío lucía ligeramente mejor. Salchichas de carne de cerdo y tocino hervidos, combinados con patatas, cebolla y algo de pan. Y como mencioné, estaba tan arreglado como uno esperaría de algún restaurante importante. No dudé en probarlo y saborear lo delicioso que resultó.
– "Está muy rico, Lala." – La alabó Kimihito, degustando el suyo. – "¿Dices que es otro platillo irlandés?"
– "Correcto, mortal. Es coddle, un guiso popular en Dublín." – Explicó la dullahan.
– "Ya veo. Ahora entiendo el porqué insistes en usar ingredientes nativos y no sustitutos."
– "¡Esto es un complot!" – Declaró Miia, molesta. – "¡Estos últimos días Lala se ha vuelto demasiado diestra en la cocina! ¡Ya me ha superado!"
Cosa que sería extremadamente fácil para cualquiera con sentido común. No todos tenemos el talento de crear veneno puro con simples ingredientes cotidianos, serpiente.
– "Miia, no te alteres." – Le sugirió el muchacho. – "Lala solo quiere ayudar, no tiene nada de malo."
– "¿Pero porqué tan de repente? Ella nunca había mostrado interés por las tareas cotidianas." – Replicó la lamia.
– "Apoyo a Miia en tal observación, Mi Señor; Sin ofender, Lala, pero difícilmente exhibiste apego a los deberes culinarios con anterioridad." – Opinó Centorea. – "Me provoca curiosidad que te llevó a tan repentino cambio."
– "Mis razones no son de tu incumbencia, centáuride. Les sugiero a las dos cesar de farfullar sobre mis motivos personales." – Exclamó la ofendida irlandesa, cruzando los brazos.
– "En verdad, chicas, ustedes necesitan más ojos que yo para darse cuenta de lo obvio." – Mencionó Rachnera, mirando en dirección mía y la de Lala.
– "¿A qué te refieres, arachne?" – Cuestionó la rubia cuadrúpeda.
– "Es evidente que alguien ha influenciado a nuestra dullahan querida, pero no de la manera que ustedes creen." – Explicó de manera enigmática. – "Sigan un buen consejo ALEMÁN y dejen de CAZAR respuestas inexistentes, a menos que ahogarse en una TORMENTA de inopia sea su cometido."
Todos quedaron inmutados por el rebuscado (y francamente terrible) acertijo que la tejedora había recitado; Todos excepto Lala y yo, quienes comprendimos a la perfección sus palabras. Afortunadamente nadie comprendió lo que Rachnera quiso decir.
– "¿Qué tiene que ver Aria-nee en esto, Rachnee?" – Preguntó Papi.
Debe ser una broma… ¡¿Papi, en serio?!
– "Chicas, por favor no peleen. Dejemos este asunto en paz, ¿de acuerdo?" – Suplicó Kimihito. Gracias, Herr Kommandant.
– "Como digas, Cariño." – Suspiró la lamia. – "Pero aún me parece sospechoso."
La dullahan y yo no pronunciamos palabra alguna, era mejor abandonar esta acalorada disputa antes de que se saliera de control. Quién sabe si Papi nos fuera a dar otra sorpresa y terminara revelando cosas que no debería. Acaba la merienda, me entretuve un rato con Papi y Suu en su sesión de videojuegos. Terminado el momento de ocio, planeaba usar mi celular para investigar sobre los horarios del gimnasio Kobold. Mantener la condición física es primordial para una cazadora.
Camino a mi habitación, no evité mirarme en un pequeño espejo. Recordé como el viento me había infortunado con mi cabello en la mañana y que deseaba cortármelo. Finalmente estaba teniendo experiencias agradables y comenzaba a pensar que, aunque lentamente, estaba cambiando. Sí, podía afirmar que me sentía revigorizada, diferente a la torpe arachne que dejó Sparassus, y que mejor manera de demostrarlo que iniciando una imagen igualmente renovada.
Bueno, no contaba con capital alguno por el momento, así que tendría que esperar a mi primer salario. Kimihito pasó junto a mí y notó mi consternación frente al cristal reflejante.
– "¿Sucede algo, Aria?"
– "¿Uh? No, nada, Herr Kommandant, solo pensando en cuando recibiré mi pago para poder cortarme el cabello."
– "Oh, si ese es el problema, yo podría hacerlo, si no te importa."
– "¿Eh? ¿Usted?"
– "Claro. Suelo darle retoques al de las chicas en ocasiones. Nos ahorra viajes a los salones de belleza."
– "Bueno, se lo agradezco, pero no necesita molestarle, Herr Kommandant."
– "No es molestia, Aria, sería un placer."
– "Ya veo. Entonces, si usted está de acuerdo, con gusto acepto su propuesta."
– "Perfecto. Deja consigo mi tijera y demás."
Antes de comenzar, me ofreció una revista de modas.
– "Se la pedí prestada a Miia. Son útiles por si alguna vez me piden un estilo en particular, aunque nunca parecen abandonar sus peinados habituales." – Dijo el casero. – "Halla alguno que te agrade y con gusto empezaremos."
– "Danke schön. Veamos…"
En realidad ya tenía una idea concreta del estilo que deseaba: El mismo que la legendaria Erika Kriegtochter, quien junto a su hermana Monika, fundaron la ciudad de Geminia. Las crónicas de cómo vencieron a más de cien enemigos con solo un hacha y un escudo eran muy populares en Sparassus, pero fueron las historias de su polémica actitud rebelde lo que la convirtió en mi heroína desde joven. Los rumores de que ella también era lesbiana influenciaron un poco mi admiración, debo admitir
Encontré una foto con un corte idéntico al de mi ídolo y se lo confirmé al casero. Bajé mi cuerpo para descansar mientras Kimihito tomó un banquito y se subió en este para estar a la altura adecuada. Con una sábana alrededor de mi cuello y un espejo de cuerpo entero frente a mí, observé al muchacho hacer su magia con destreza y precisión. Realmente era una persona habilidosa, afortunada la chica (o chicas) que logre conquistarlo.
No tardó mucho, solo unos pocos minutos. Me quedé admirando el resultado y sonreí. Kurusu había hecho un trabajo impecable, sobresaliente.
– "Muchas gracias, Herr Kommandant, es perfecto." – Expresé con un saludo militar.
– "De nada, Aria, me alegra que estés satisfecha. Quizás prefieras tomarte una ducha para quitarte los restos de cabello"
– "Claro, iré ahora mismo. Y de nuevo, gracias por todo."
El sonrió y yo de vuelta. Me dispuse a ir a lavarme pero Kimihito resbaló con un mechón de mi pelo tirado en el suelo y rápidamente reaccioné para sostenerlo. Desgraciadamente, choqué con el banquito y pisé algo de cabello resbaloso, lo que me llevó a perder también balance, cayendo ambos al piso.
Terminamos en una pose comprometedora, conmigo encima de él y mis manos en sus hombros. Para aumentar el factor tragedia, Miia, quien estaba de paso, nos encontró en tan espinoso predicamento. Naturalmente, perdió los estribos al instante y cual boa constrictora, me rodeó con su cola mientras sus manos ahorcaban mi garganta.
– "¡Lo sabía, lo sabía! ¡Tú y esa maldita dullahan estaban trabajando juntas! ¡Todo este tiempo mis mayores enemigas estuvieron frente a mí!" – Vociferaba la lamia con ira pura.
– "¡Ack! ¡Miia! ¡EsperACK!" – Intenté hablar, pero me era imposible con mi abdomen envuelto en tan escamosa prisión y mi tráquea ahogándose.
– "¡Araña del demonio! ¡Sin vergüenza alguna te lanzaste a seducir a mi Cariño! ¡Eres una maldita descarada!"
– "¡Miia, detente!" – Gritó Kimihito, pero sus palabras cayeron en oídos sordos, la rabia de la mujer ofidia solo se comparaba con la de la mítica Hera.
– "¡Confiesa, rata de ocho patas! ¡¿Desde cuándo lo tenías planeado?!" – Exclamó Miia.
– "No… planeé… nada…" – Contesté con dificultad entre los breves momentos que podía recuperar el aliento.
– "¡Y lo niegas ante la evidencia! ¡Qué descaro el tuyo!"
– "Yo…" – Finalmente liberé mis manos y alejé las suyas de mi cuello. – "¡Yo no he planeado nada, te equivocas!"
– "¡No mientas! ¡Tú quieres quedarte con mi cariño!"
– "¡Nein!"
– "¡Que sí!"
Tal conmoción atrajo a las demás inquilinas, Lala incluida. Todas quedaron estupefactas al vernos luchar en el piso.
– "¡Con un demonio, Miia, no estoy interesada en Herr Kommandant!" – Volví a quejarme.
– "¡Claro que sí!"
– "¡No, solo nos resbalamos! ¡Fue un accidente!"
– "¡Esa es la excusa más vieja que conozco! ¡¿Por qué no admites la verdad!?"
– "¡Lo que te digo es la verdad!"
– "¡La verdad es que eres una ramera! ¡Quieres robarte a mi Cariño, confiesa!"
– "¡No!"
– "¡¿Por qué lo sigues negando?! ¡¿Por qué?!"
– "¡PORQUE SOY LESBIANA!"
Y así es como salí del clóset frente a todas.
Dioses, tengan piedad de mi alma.
NOTAS DEL AUTOR: ¡Meine Suwako!; Pingüinos, helados, confesiones y por supuesto, drama. ¿Soy yo o huele a sirena por aquí?
Notarán que cambié la imagen del preview, mostrando la nueva apariencia de Aria. Si desean verla a tamaño completo, solo vayan a mi perfil para obtener la dirección en mi galería. Ojalá no les sangren los ojos después de admirar mi dizque-arte. Los oftalmólogos no cobran mucho hoy en día, así que no se preocupen.
En fin, espero lo hayan disfrutado. De nuevo, le agradezco a Dragonith por su enorme amabilidad al dejarme usar sus pingüinosas arpías y a todos mis lectores por apoyarme. Sin ustedes, no sería nada. ¡Hasta la próxima y sigan en sintonía!
