NOTAS DE MERO: ¡Saludos! Les doy la bienvenida a humanos y liminales.
Soy Meroune Lorelei, su anfitriona, y estoy aquí para informar que Flake-san se encuentra… indispuesto por el momento. Aún así, es mi placer el agradecerles por leer esta interesante continuación de la historia de Aria-san.
Agradecemos especialmente a Dragonith-san, quien nos brindó permiso para el uso de sus adorables arpías pingüino y los invitamos a visitar su galería virtual en DeviantArt, cuya dirección puede ser encontrada en el perfil de Flake-san. Es siempre un honor contar con el apoyo de alguien tan talentoso.
Sin más que agregar, los invito a disfrutar de esta divertida (y espero también trágica) aventura.
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 11
¡Porque soy lesbiana!
Finalmente confesé mi orientación a todos en la residencia Kurusu, de la manera más ruidosa posible. Debería sentirme aliviada, ya que debía revelarlo algún día, especialmente si deseaba evitar más malentendidos como los que me llevaron a esto. Solo esperaba hacerlo en una situación menos violenta.
– "¿Q-qué dijiste, Aria?" – Cuestionó Miia, quien me tenía apresada con su cola prensil.
– "Que soy lesbiana…" – Le confirmé, calmándome y retomando mi aliento.
– "Oh…" – Replicó la lamia, aún incrédula de mi declaración.
Un silencio incómodo se apoderó del lugar. El único sonido que pude distinguir eran los producidos por el reloj, marcando los segundos que denotaban el breve pero pesado momento que se vivía. Deseaba que algo creara una distracción, lo que sea. Ni siquiera Papi, quien solía hacer comentarios fuera de lugar, dijo cosa alguna. ¡Contaba contigo, pajarita!
– "Aria-san…" – Fue Meroune quien rompió el hielo. – "Habla de preferir la compañía de persuasión femenina, ¿correcto?"
– "Correcto." – Musité. La sirena se llevó la mano a la boca.
– "Eso… ¿Es algo malo?" – Preguntó Papi, preocupada.
– "No, Papi, claro que no." – Aclaró de inmediato Kurusu. – "¿Por qué… Por qué simplemente no nos calmamos? Y Miia, ya puedes soltar a Aria."
Miia se desenroscó pacíficamente de mi cuerpo. Respiré profundo, necesitaba el aire.
– "No estás inventándolo, ¿cierto?" – Inquirió la pelirroja. – "No es solo para escaparte de esto, ¿o sí?"
– "No, Miia; En verdad soy homosexual." – Respondí.
– "Ya veo…"
Tanto Rachnee como Lala ya me habían aceptado, pero ignoraba lo que el resto pensara de mí ahora. ¿Me detestarían? ¿Fingirían estar de acuerdo, solo para odiarme en secreto? No deseaba el rechazo que sufrí en Sparassus, no lo soportaría.
– "Eso…" – Volvió a hablar la lamia. – "¡Es fantástico!"
Uhm… ¿Qué?
– "¿Miia? ¿Porqué te alegra?" – Cuestioné confundida.
– "¡Significa que no estás detrás de mi Cariñito! ¡Estoy a salvo!" – Declaró jubilosa la mujer serpiente.
– "Así es… Je." – Respondí aún extrañada de la positiva reacción de Miia. No era la mejor razón para apoyarme, pero mientras ella dejara de verme como su rival, no había problema.
– "Un momento…" – Se pausó la ofidia. – "Si no estabas tras mi Cariño…"
Oh Arachne divina…
– "¡Tal vez planeabas seducirme a mí!" – Exclamó ella, asumiendo una pose defensiva.
– "¡¿De qué demonios hablas, mujer?!" – Fue mi turno de gritar.
– "¿No… No pensabas hacerme algo a mí?"
– "¡¿Por qué haría tal cosa?!"
– "Porque eres… bueno, tú sabes…"
Todos los presentes nos llevamos la mano a la frente. Incluso Papi no pensaría tal tontería. O quizás sí, pero ese no es el problema ahora.
– "Miia…" – Le dije. – "No soy un cliché. Y aunque lo fuera, ni siquiera eres mi tipo…"
– "¡Eso no importa, seguramente solo deseas saciar tus horribles fantasías conmigo!"
– "¡Maldita sea, te dije que no!"
– "¡¿O acaso era tu sueño el construir un degenerado harén personal con todas nosotras?!"
– "¡¿Cuántas veces debo negarlo?!"
– "¡¿Cómo estar segura?!" – Vociferó la pelirroja tomándome de los hombros y volviéndome a arrojar al suelo. – "¡¿Cómo sé que puedo confiar en ti?!"
¡Esta mujer ya se volvió loca de nuevo! ¡Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas!
– "Porque a mí… ¡Me gusta Smith!"
Gran Arachne, madre nuestra, perdóname porque he pecado…
Todos los presentes perdieron el color y posiblemente experimentaron infinidad de arrestos cardiacos de magnitud variable. Y creo escuché un gas, pero quizás fue mi cerebro cometiendo suicidio. Lala dejó caer su hoz, aunque nadie reaccionó por ello. Solo hubo un ominoso silencio por segundos que parecieron horas. Si alguien tiene un arma, le ruego me dispare de inmediato.
– "Oh… Sí, y-ya entiendo." – Contestó la lamia con una mueca nada sutil de disgusto. No la culpo. – "E-entonces, supongo que te pido perdón por lo anterior. A-ahora, si me disculpan, voy a tomarme un descanso…"
Y yo necesito una lobotomía para borrarme la imagen mental que desaté. No dormiré por el resto de mi vida. Me pregunto si los dioses me odian.
– "¡Hey, gente! ¡Hola, gente! ¡Necesito un café!"
Definitivamente.
– "¿Uh? ¿Pasó algo? Los veo muy pálidos." – Cuestionó la inoportuna agente recién habiendo entrado.
– "No, para nada, je. Pasa, Smith, tendré listo tu café enseguida." – Manifestó Kimihito.
– "¿De verdad? ¿Seguro que no están enfermos? Cariño-kun, si necesitan atención médica entonces…"
– "¡En serio, estamos bien! Solo… ¡Solo es el frío, no te preocupes!" – Mintió el desesperado muchacho.
– "Si tu lo dices." – Ella pasó junto a mí. – "Oh, ¿Qué sucedió con Aria? Pareciera que le rociaron insecticida."
Y entonces ella decidió acercarse. ¡¿Por qué decidió acercarse?! ¡Aléjate, demonio!
– "¿Te encuentras bien?" – Preguntó Kuroko apoyando su mano en mi hombro.
Recuperé el control de mis extremidades en ese instante.
– "¡Ja! ¡Estoy perfectamente bien, sin novedad en el frente! ¡Ahora debo continuar con mi rutina normal y completamente nada fuera de lo común!" – Exclamé de repente y desaparecí del lugar a velocidad supersónica. No me atreví a ver a nadie a la cara, y seguro el sentimiento era mutuo.
Tomé una ducha y tan pronto salí de esta, me encerré en el ático y hundí mi cabeza bajo la almohada. Era horrible, absolutamente horrible. No podía sentir o pensar en otra cosa que no fuera en las ganas de vomitar. Era una nausea que jamás había experimentado y que no se la desearía ni a mi peor enemiga.
Bueno, excepto a Smith…
¡Argh! ¡No quiero pensar en ella ahora!
– "¿Sigues viva, cazadora?" – Preguntó Rachnera entrando a la habitación.
– "Desgraciadamente, sí."
– "Tu novia 'Smithy' ya se fue, puedes estar tranquila." – Se burló ella.
– "¡No bromees con eso!" – Reaccioné furiosa.
– "Que malvada eres, Aria. Mira que jugar con los sentimientos de la dullahan cuando tu corazón le pertenece a esa humana."
– "¡Carajo, Rachnera, te dije que no lo tomes a juego!" – Vociferé arrojándole una almohada.
– "De acuerdo, ya relájate, ¿quieres?" – Contestó acomodando su cabello. – "Es tu culpa en primer lugar por andar inventando semejantes mentiras."
– "Lo sé, pero aún así es realmente molesto." – Volví a hundir mi cara en otra almohada.
– "Bueno, si no quieres que este malentendido se expanda, solo explícales la situación con calma y todo se aclarará."
– "Sería más fácil si me pego un tiro en este momento."
– "Quizás, pero hay una increíble escasez de armas en esta casa, así que tu única opción viable es hablar."
– "Ugh… Todo por abrir mi bocota." – Me di la vuelta, quedando boca arriba. – "No era así como deseaba salir de clóset."
– "Es increíble lo impulsiva que eres cuando se trata de meter la pata. Y tú tienes ocho para empezar."
– "Soy una idiota, lo sé. Solo déjame descansar un momento, entre mas lo pienso más nausea me causa este asunto."
– "Como digas, caza-boba. Aunque yo en tu lugar me apresuraría a corregir este percance, no querrás que la chica azul te parta a la mitad con su hoz después de un ataque de celos."
– "No tengo tanta suerte como para morir."
La tejedora se subió a su hamaca y me dejó tranquila. Apenas iba a anochecer y aún debía verme con todas en la cena. Supongo deberé aclararlo todo en la mesa.
Y además, Rachnera tenía razón; No quiero que Lala tenga la idea equivocada de mí.
Pasado el tiempo y habiéndome relajado, me arme de valor para bajar y confrontar a las demás. Las chicas y Kimihito ya se hallaban cenando, excepto Lala, quien supuse se quedó en su cuarto. Cuando me vieron llegar, enmudecieron y algunas voltearon nerviosamente la mirada. Excepto Papi y Suu, quienes me recibieron con su sonrisa cotidiana. Diablos, y yo que odiaba a la limo.
– "Guten Abend." – Saludé a los presentes mientras tomaba asiento.
– "¡Aria-nee! ¿Por qué no nos dijiste que estabas enamorada de la agente?" – Preguntó inocentemente Papi. El cabello se me erizó al escuchar eso.
– "Papi, por favor, la cena no es lugar para inmiscuirse en la vida privada de Jaëgersturm." – Le regañó Centorea.
– "¡Es que quiero saber cuándo es la boda!" – Replicó la arpía.
Todos se atragantaron con su comida de la impresión. Yo solo me limité a perder el color y a gritar internamente. Ignoro como una simple pajarita es capaz de imaginar un escenario tan brutalmente aterrador. Incluso Lovecraft mismo perdería el sueño.
– "C-creo que debo hacer algunas aclaraciones." – Anuncié suprimiendo mi deseo de lanzarme por la ventana.
– "¡Hay que conseguir el vestido de novia!" – Volvió a hablar la condenada pajarraca.
Debo… suprimir… instinto… asesino…
– "Dejen a Aria explicarse, ¿de acuerdo, chicas?" – Sugirió Kimihito amablemente.
– "Danke, Herr Kommandant." – Le agradecí y aclaré mi garganta. – "Como decía, es necesario aclarar ciertos puntos respecto a este… desafortunado malentendido."
Los presentes guardaron silencio. Rachnera me sonrió, animándome.
– "En primer lugar; Sí, soy lesbiana." – Afirmé.
– "¡Yo también soy muy liviana!" – Dijo Papi. ¿Dónde estaban esos comentarios cuando los necesitaba?
– "Eso quiere decir que me gustan las mujeres." – Alcé la voz para callar a la arpía y asegurarme que su cerebro de chorlito entendiera de una buena vez.
Todos asintieron.
– "Tercer punto; No estoy interesada en alguna relación sentimental con Herr Kommandant." – Aclaré. – "O con alguna de ustedes; Especialmente lamias psicópatas." – Dije esto último entre dientes y mirando fijamente a Miia. Ella entrecerró sus ojos molesta. – "¿Quedó claro?"
Asintieron de nuevo.
– "¡Y lo más importante!" – Usé el tono de voz más severo que conocía. – "¡Nunca, pero NUNCA, he estado enamorada de la agente Kuroko Smith! ¡Y jamás lo estaré! ¡JAMÁS DE LOS JAMASES! ¡¿VERSTANDEN?!"
Confirmaron por tercera ocasión. Suspiré aliviada.
– "Pero tu dijiste que…" – Habló Miia.
– "¡Olvídalo!" – Le ordené. Ella dio un pequeño sobresalto y guardó silencio. – "Solo… Me apretaste tan fuerte que comencé a espetar frases absurdas. Fue un error, nada más."
Este asunto debería haberse dado por terminado, pero aún me quedaba algo más por externar.
– "Y por favor… No me odien por lo que soy…" – Declaré con voz entrecortada. – "Mis familiares, mi hogar, mi nación, ya lo han hecho. Por favor… Tampoco ustedes... No lo soportaría."
Aún tenía miedo al rechazo. Vivir toda mi vida ocultando mi verdadero ser nunca fue tarea fácil.
– "No encuentro razón para odiarte, Aria." –Habló Kimihito con su mano en mi hombro.
– "Danke, Herr Kommandant, pero ¿no le parezco… repugnante, verdad?" – Cuestioné suprimiendo mis lágrimas. Me hallaba muy emocional.
– "Por supuesto que no." – Sonrió. – "Una persona no se juzga por sus gustos, sino por sus acciones."
– "¡Es verdad, Aria-nee es muy buena!" – Corrió Papi a darme un abrazo. Un gesto que atesoré.
Suu también se acercó y uso su probóscide para darme palmadas en la espalda. Le acaricié su gelatinosa cabecita en agradecimiento.
– "Admito que el tema del amor entre mujeres aún puede ser considerado tabú entre nuestra raza." – Opinó Centorea, dando un paso al frente. – "Pero yo creo que los sentimientos, mientras sean nobles, carecen de pecado sin importar a quien vayan dirigidos."
– "Concuerdo con Centorea-sama, Aria-san." – Apoyó Meroune. – "Es la honestidad de su corazón lo que siempre demostrará la pureza de su alma."
Dicho como verdaderas caballero y princesa, respectivamente.
– "Gracias, en verdad." - Contesté conmovida.
Miia colocó su mano en mi otro hombro y me sonrió.
– "Ya que no eres una rival; ¡Tienes mi apoyo!" – Declaró la ofidia, guiñando con un pulgar arriba. Le devolví el gesto. Si bien su motivo era inusual, al menos me alentaba.
– "Te dije que no tenías de que preocuparte, cazadora." – Mencionó Rachnera. – "Ahora espero estés menos dramática."
– "Bueno chicas, nuestra comida se enfría. Aria, puedes tomar tu lugar, enseguida te sirvo." – Informó Kurusu.
– "Se lo agradezco, Herr Kommandant."
– "Un segundo, Querido; Aún falta la presencia de cierta mujer azul." – Interrumpió la tejedora.
¡Por Ares, Rachnera; Esperaba que nadie lo notara!
– "Oh, cierto. Lala se quedó a comer en su habitación, ¿Quieres que la llame, Aria?"
– "¿Uh? ¡N-no se moleste, yo hablaré con ella después, no deseo posponer por más tiempo la cena!"
– "Como desees."
Regresamos a deglutir nuestros platillos, yo estando en parte satisfecha de haberlo aclarado todo con los inquilinos. El degustar mis alimentos me dio tiempo para pensar en cómo entablar conversación con la irlandesa. Estoy segura que mi repentina declaración de 'afecto' hacia Smith debió impactarla y debe creer que tal cosa es verdad. Suspiré mentalmente, ojalá todo salga tan bien como con las chicas.
Terminé de cenar y tomarme un baño. La noche indicaba que era hora de acostarse y era evidente que Lala no iba a dejar su habitación por hoy. Preferí no molestarla, en parte para darle tiempo a solas y por el otro lado, aún me sentía nerviosa, y más si se trataba de hablar a solas en su cuarto.
Me dirigí al ático, era mejor consultarlo con la almohada. Una desnuda Rachnera me dio la bienvenida, aunque a estas alturas ya no me importaba y la saludé como si nada, entonces procedí a acostarme. Pero pensándolo mejor, encendí mi celular, buscaría algún buen consejo en línea o al menos me distraería con alguna tontería. Además, esos récords en Angry Harpies no se van a vencer solos.
– "Me voy a dormir ya." – Anunció la tejedora bostezando. – "Gute Nacht, cazadora."
– "Oíche mhaith, Rachnee"
– "Uhm… ¿Qué?"
– "Buenas noches, en gaélico."
– "Vaya, vaya… Tu sí que vas en serio en esto de conquistar a tu dullahitan, ¿verdad?"
– "Solo intento expandir mi horizontes lingüísticos, Rachnee."
– "¿Ya aprendiste alguna frase sucia?"
– "Sí, una que dice: ¡Ya duérmete!"
– "No gracias." – Se burló ella. – "¿Has tratado con el francés? Es el idioma del amor, después de todo."
– "Te dije que solo deseo aprender algo nuevo…" – Le repliqué, sonrojándome. – "P-pero, no me molestaría saber algo de francés…"
– "Ju ju ju, eres terrible para fingir, cazadora." – Se rió. – "Pero si de verdad quieres que te enseñe unas cuantas cosas, repite después de mí, ¿vale?"
Asentí tímidamente.
– "Bien, empecemos: Tu es belle. Eres hermosa." - Recitó con lo que supuse era un genuino acento galo.
– "¡No voy a decirle tales cosas!"
– "Creí que solo deseabas aumentar tu léxico global, Aria." – Contestó sonriendo maliciosamente. ¡Diablos, dejé que mi lengua me traicionara de nuevo!
– "Ah… erm… ¡Cierto! C-continuemos."
– "Como digas. Tu es belle."
– "Tu… es belle." – Repetí tratando de imitarla.
Bueno, no parecía nada malo comprender una que otra expresión romántica.
– "Sencillo, ¿verdad?; Ahora di: J'adore ton sourire; Me encanta tu sonrisa."
– "J'adore ton sourire…"
– "Excelente. Tu es l'amour de ma vie; Eres el amor de mi vida."
– "Tu es l'amour de ma vie." – Imité con algo más de confianza.
– "Je veux être avec toi pour toujours; Quiero estar contigo por siempre."
– "Je veux être avec toi pour toujours…"
– "¡Muy bien!" – Me animó ella. – "Serre-moi; Abrázame."
– "Serre-moi…"
– "Embrasse-moi; Bésame."
– "E-embrasse-moi…"
– "Doigte-moi."
– "¿Y eso que significa?"
– "Algo romántico, continuemos."
Rápidamente tomé mi teléfono y usé el reconocimiento de voz para deletrear tal frase y buscarla en algún traductor. Las maravillas de la tecnología me permitieron hallar la traducción sin problemas.
– "¡Eres una idiota, Rachnera!" – Vociferé ruborizada al leer lo que significaba.
– "Oh vamos, un poco de lenguaje picante no hace daño a nadie." – Rió la tejedora. – "Quien sabe, Lala podría aceptar."
– "¡Argh! ¡Ya vete a dormir!"
– "Me encanta cuando actúas tan cándida, Aria. Pero admito que ya me divertí lo suficiente, buenas noches, casanova."
– "Geh zur hölle…" – Espeté en voz baja.
– "Entendí eso."
Me escondí bajo las sábanas.
Dejé que el tiempo pasara, yo aún continuando con mi tarea de romper mi récord en ese condenado juego. Rachnera dormía plácidamente y yo todavía no podía sacarme el tema de aclarar todo con Lala de la mente. Apagué el aparato y decidí que un rato de meditación a solas en la terraza me ayudaría a calmarme. Traté de no despertar a mi compañera y salí silenciosamente del ático para dirigirme a la terraza.
La luna menguante era escasamente visible y solo las estrellas iluminaban el cielo. Admirar el firmamento siempre me agradó desde pequeña. Solía usar un telescopio usado que me compraron a bajo precio y observar los cuerpos celestes en la noche. Si bien la magnitud del lente no era diferente a la de unos binoculares, mi mente infantil corría libre, imaginando a los diminutos puntos en el cielo como gigantescos y misteriosos planetas, estrellas y sistemas solares. Quizá por eso decían que yo andaba siempre en las nubes.
Un agradable aire fresco soplaba y apaciguaba la temperatura cálida. Noté que las luces ocultaban muy bien el lugar donde me encontraba y una idea me surgió de repente.
– "¿Por qué no?" – Me dije a mi misma.
Me aseguré que no hubiera nadie a la vista, volteé en todas direcciones posibles y confirmando que en efecto, estaba sola, desabotoné mi camisa algo nerviosa y me deshice de ella. Dejé que la brisa acariciara mi cuerpo, recorriendo suavemente mi torso desnudo. Ya animada, proseguí con mi vestido, quedando solo en ropa interior. Odiaba darle la razón a Rachnera, pero en verdad esto era liberador. Nunca hubiera hecho nada similar en Weidmann.
Admirando el paisaje de la urbe, un ave nocturna surcaba el cielo, como una metáfora de la libertad que yo experimentaba en ese momento. Es ahora cuando agradezco haber venido aquí, donde pude extender mis hipotéticas alas, lejos de la prisión cultural de Sparassus. Además, tuve la oportunidad de conocer gente interesante.
Antes que pudiera continuar con mis monólogos internos, la puerta detrás de mí se abrió y me paralicé al instante. La persona detrás de mí no notó mi presencia hasta que cerró la puerta. Por el sonido de sus pasos, deduje que al menos era alguien bípedo.
– "¡Aria!" – Exclamó la mujer al verme. Oh, Rea, reconozco ese acento.
– "¡L-Lala!" – Repliqué dándome la vuelta.
Ya sea por azar del destino o alguna jugarreta de los dioses, terminé en la terraza de la casa, desnuda y con una muy sonrojada dullahan enfrente mío. Estaba demasiado sorprendida como para moverme, lo mismo que la irlandesa, quien no se movió de su sitio. Los segundos transcurrían y nuestras palabras no eran más que unos torpes balbuceos.
– "¡L-lo siento! ¡C-creo que debo retirarme!" – Se disculpó la apenada chica azul dándome la espalda.
– "¡Espera! ¡N-no te vayas, Lala!" – Le supliqué al instante, eso la detuvo. – "¡Solo deja que me vista enseguida!"
Recogí mis prendas del suelo y me las acomodé tan rápido como pude. Se supone que deseaba hablar con ella, pero no de esta manera. ¡Qué suerte tan injusta tengo!
– "Y-ya puedes voltear." – Le informé. Ella lo hizo lentamente. – "N-no es lo que piensas, solo vine aquí para relajarme un poco. ¡Sí, eso!"
– "N-no hay problema. Yo también planeaba algo similar, pero supongo lo haré en otro momento." – Dijo la dullahan, de nuevo intentando retirarse.
– "¡Quédate, por favor!" – Le imploré. – "Por favor… Solo dame un minuto."
– "¿Qué materia deseas discutir en este momento, mortal?" – Preguntó, usando ese léxico para distraerme de su evidente incomodidad.
– "Es sobre…" – Me mordí el labio. – "Sobre lo que dije en la mesa. Sobre… Smith…"
Ella entrecerró los ojos al oír ese nombre, no se molestó en ocultarlo.
– "Los asuntos amorosos en los que estés envuelta no son de interés mío, descendiente de Arachne. Si no te molesta, regreso a mi habitación." – Espetó con enojo en su voz.
– "¡Espera!"
Corrí y tomé su mano para evitar que se alejara. Ella se paralizó ante el contacto directo por unos segundos y luego me miró de nuevo.
– "No… No hay nada entre Smith y yo…" – Aclaré. – "Solo lo dije para que Miia me dejara en paz."
– "Si deseas ser feliz a lado de esa hembra humana, eres libre de hacerlo, mortal; No es necesario mentirme."
– "¡Lo que te digo es la verdad! ¡Te lo juro!" – Apreté su mano más fuerte.
– "R-realmente es inútil c-continuar tal mendacidad, mortal." – Respondió queriendo zafarse de mi agarre, aunque muy débilmente.
– "¡Debes creerme, Lala! ¡Yo nunca te diría falsedades!"
– "¿P-por qué lo aseguras? ¿Por qué te importa tanto?"
– "¡Porque tú me g…!"
El tiempo se detuvo por completo. Enmudecí al igual que Lala. El único sonido que podíamos escuchar era el de nuestros corazones latiendo con fuerza y nuestras miradas se fijaron en los ojos de la otra. Compartíamos el mismo intenso sonrojo y respiración entrecortada. Pero antes de que mi lengua me traicionara, mi mente actuó más rápido.
– "Tú me g-guardaste confianza…" – Recuperé el habla. – "…Cuando te conté sobre mí. No podría mentirte después de eso. Nunca." – Sostuve con ambas manos la suya.
Volvimos a mirarnos. Mis ojos son rojo puro, pero la dullahan pudo leer la sinceridad en ellos. Sabía que le decía la verdad.
– "Creo… Creo que puedo creerte por ahora, mortal…" – Respondió. – "P-pero, por favor… no aprietes mi mano tan fuerte…"
– "¡L-lo lamento!" – Me disculpé y la dejé libre.
Ambas volteamos la mirada apenadas y nuestro pulso estaba por los cielos.
– "Ehem… Qué agradable clima hace esta noche, ¿no crees?" – Pregunté cambiando el tema. No pude elegir uno más trillado.
– "¿Uh? Sí, supongo." – Contestó Lala. – "Inusual aumento de temperatura atmosférica para ser otoño."
– "Es verdad. De hecho, por eso salí, para refrescarme un momento."
– "Sí, entiendo."
Otro momento de silencio incómodo se hizo presente. Necesitaba decir algo para romper el hielo.
– "Y, uhm, ¿Qué te parece mi nuevo corte?"
– "Oh, te queda bien."
– "Go raibh maith agat." – Agradecí poniendo en práctica mi gaélico.
– "An bhfuil Gaeilge agat?"
– "He estado aprendiendo un poco en Internet." – Contesté.
– "Tu acento es terrible, pero logras hacerte entender."
– "No es sencillo, la escritura y la pronunciación difieren tanto. No todos somos poliglotas como los Abismales."
– "Deutsch lernen ist einfach."
– "Oh, no presumas, azulita." – Le dije simulando enojo.
Nos reímos un poco.
– "En todo caso, no esperaba hallarte aquí a esta hora." – Habló ella.
– "No podía dormir y vine a despejar la mente."
– "¿Era el estar… ehem, semi-desnuda también necesario?"
– "¡Ah, bueno, eso…!" – Reaccioné rascando mi mejilla apenada. – "A veces soy una loquilla, je."
– "La próxima vez espero encontrarte propiamente vestida."
– "¿La próxima vez?"
– "¡E-e-es decir, si hubiera una próxima vez! ¡No es que intente reunirme contigo de nuevo, mortal!" – Contestó ruborizada.
– "Ya veo." – Dije jugando con mis dedos. – "Pero si quieres que hablemos en otra ocasión con más calma… M-me encantaría."
– "¿Uh? B-bueno, si t-tu insistes." – Ella también comenzó a hacerlo. – "¿T-te parece bien el día de mañana?"
– "Claro, con gusto." – Le sonreí.
El buen ambiente se arruinó cuando el viento sopló otra vez y mi camisa flojamente abotonada dejó al descubierto mi sostén.
– "¡Ah, p-perdón por eso!" – Me disculpé acomodándome la ropa.
– "N-no es tu culpa. Eolo suele ser inoportuno en ocasiones." – Mencionó la dullahan. – "Además… el negro te queda bien."
El rojo intenso se apoderó otra vez de las mejillas de ambas.
– "M-me parece que es momento de retirarme." – Tartamudeó la irlandesa abochornada.
– "P-por su-supuesto. ¿Misma hora mañana?"
– "Misma hora."
– "De acuerdo. Gute Nacht, Lala."
– "Oíche mhaith, Aria." – Se despidió cerrando la puerta. Note una ligera sonrisa en su rostro mientras lo hacía.
Quedé yo de nuevo, con el barullo nocturno de la ciudad como única compañera. Suspiré, al menos ya había arreglado el malentendido con la dullahan y además concordé otro encuentro al día siguiente. Todo salió bien al final. Me di la vuelta y apoyé mis hombros en el barandal, viendo el incandescente destello de los luceros en el firmamento, iluminando mi ser.
– "Me gustas mucho, Lala."
Solo la noche fue testigo de aquellas palabras.
…
Otro día, otro par de yenes. Bueno, espero que en realidad sean más, pero así va la expresión.
Levantarse, asearse, desayunar, la rutina diaria comenzaba y checaba las noticias en mi teléfono. Últimamente lo he estado usando con frecuencia, pero al menos es por motivos laborales y no ocio. Bueno, excepto por los juegos que casi saturan el almacenamiento del aparato… ¡Pero, hey, nadie puede resistir Angry Harpies en el Espacio! ¡Incluso viene con emoticonos para el servicio de mensajería!
En fin, el sekihan matutino ya era costumbre, en parte por lo fácil que resultaba hacerlo y porque honestamente, sabía bien. Por supuesto, no se comparaba a lo que Lala o Kurusu pudieran crear.
– "Maidin mhaith."
Y hablando de la emperatriz de Roma…
– "Guten morgen, Lala. ¿Madrugando de nuevo?" – Saludé a la irlandesa. Hmm, volvió a ponerse este genial atuendo de botones negro.
– "Disfruto los efímeros pero agradables momentos de paz en la mañana, antes del caos sonoro que reina en esta morada al continuar el día." – Dijo sentándose en el lugar a mi lado.
– "Te comprendo. Por cierto, ¿hoy también prepararás otra delicia culinaria?"
– "¿Eh? Uhm, bueno, si es de tu agrado… ¿Regresas la hora especificada?" – Habló nerviosa.
– "Tres de la tarde, sin falta. A veces quisiera llevarme un poco para comer en el trabajo." – Contesté antes de probar otro bocado a mi plato. – "Cocinas bien, ¿sabes?"
– "Uhm… Gracias." – Respondió sonrojada y jugando con su vestido. Se veía tierna cuando lo hacía.
– "Bitte sehr. Bueno, veinte minutos antes de que abran. Ya es tiempo de irme." – Informé checando el horario en mi celular y tomando el último resto de comida. – "Voy al tocador."
Me arreglé y di unos retoques finales a mi apariencia. Adoro mi nuevo corte de cabello, me ahorra mucho tiempo en peinarlo. Debería comprar ropa nueva y demás en mi primera paga, este atuendo no está mal pero es igual a toda la que tengo y ya está algo vieja. Ya terminada, me dirigí a la salida, pensando en caminar de nuevo hasta la nevería. Adoro ejercitarme, no puedo evitarlo.
– "Uhm… Que… Que te vaya bien en el trabajo, mortal." – Expresó la ruborizada dullahan mientras me acompañaba a la salida.
– "Oh, danke, Lala." – Agradecí al tiempo que acomodaba mi gorra. – "Ojalá este calor se mantenga por otros días más, aún no me acostumbro al frío de la nevería."
– "E-espera…"
– "¿Uh?"
Sorpresivamente, la irlandesa se quitó su oscura bufanda y me la entregó. Sin tal prenda, su cuello quedó al descubierto. Era curioso, pero no había marcas o alguna señal que su cabeza fuera removible. Además, sin ese abrigo que solía cargar, la redondez de sus hombros la hacía ver más femenina.
Y atractiva.
– "Que hermosa…" – Musité inconscientemente.
– "¿E-eh?"
– "¡Q-que hermosa bufanda!" – Reaccioné al volver a la realidad.
– "Ehem… S-solo te la presto por hoy. D-deberías sentirte afortunada de la generosidad del Abismo, mortal." – Afirmó ella con el rostro colorado a más no poder.
– "Oh, bueno, muchas gracias, Lala." – Acaricié la prenda con mi mejilla. – "Es muy suave. Prometo que la cuidaré."
Instintivamente olí la prenda y llené mis pulmones con el aroma de la dullahan. Como carnívora y especialmente una arachne cazadora, nuestro olfato está muy bien desarrollado, así que la sensación era intensa.
– "¿Qué… estás haciendo, Aria?" – Cuestionó una extrañada Lala.
– "¿Eh? ¡Oh! ¡No, nada, nada!" – Respondí saliendo de mi mundo de fantasía. Forcé una risa mas falsa que los anuncios de Internet. – "Y-ya es hora de que me vaya. ¡Auf wiedersehen!"
Y sin pensarlo dos veces, me alejé del lugar lo más pronto posible. Suerte tenía la bufanda para cubrir mis rojas mejillas.
– "Hey." - Saludó desganada la pingüino adelaida al verme llegar. – "Pin no está, asunto importante, según ella."
– "Guten morgen, Fräulein Winona. Ya veo, ¿alguna tarea que tenga en mente para mí?"
– "No realmente, puedes relajarte si quieres." – Respondió la canadiense sin despegar la vista de su libro. – "Solo no me molestes, a menos que sea importante."
– "Jawohl."
Limpié el mostrador solo para mantenerme ocupada. Interrumpía por momentos mi tarea para atender a los clientes. Winona no se movió de su lugar en todo ese tiempo, concentrada en su lectura.
– "Usted realmente disfruta leer, ¿cierto, jefa?" – Le pregunté a la pelinegra mientras yo trapeaba el piso.
– "¿Qué te dije sobre interrumpir?"
– "L-lo lamento."
Por Atenea, que la mujer es seria. Me pregunto cómo Pin se hizo socia de alguien tan antipática. Quizás se conocen desde la infancia o tal vez es un acuerdo financiero. Quién sabe, a lo mejor la tolera porque son amantes en secreto y…
¡¿En qué tonterías piensas, Jaëgersturm?! ¡Argh! ¡Concéntrate, cazadora! ¿Quién eres, la reina de las fantasías sáficas o algo así? ¿Qué sigue; Volverte igual que Meroune?
Me di unas bofetadas mentales por tener tales pensamientos. Diablos, debo controlar a mi cerebro o pronto terminaré en alguna institución mental. Sacándome del trance, las puertas del local se abrieron y Pin apareció con una gran caja en sus manos. O mejor dicho, aletas.
– "¡Ah, Jaëgersturm! ¡Justamente a quien estaba buscando! ¡Ven, tu uniforme está listo!" – Anunció jubilosa la rusa.
– "¿Eh? ¿Tan rápido?" – Cuestioné extrañada.
– "Las sastrerías lideradas por arachnes son muy eficientes, pirozhki, tu deberías saberlo mejor que nadie."
– "Oh, entiendo. Bien, chequémoslo entonces, jefa."
– "Da. Oye, Winny, cuida la tienda mientras le muestro esto a la pauk, ¿quieres?"
Winona solo alzó su aleta. Fuimos al área trasera de la cocina, donde se hallaba el baño para empleados. Ahí, Pin comenzó a desempacar el atuendo que sería mío. Yo estaba emocionada, aunque solo fuera el uniforme de una nevería, era el símbolo de mi profesión. Al contrario de la ridiculez que usé en Kentucky Fried Harpy, este no me decepcionaría.
– "¡Aquí lo tienes, Jaëgersturm! ¿Qué te parece?"
Hablé demasiado pronto.
No era un uniforme, ni siquiera una simple playera con el logo de la empresa; Mas bien, era un traje. Un traje con forma de pingüino… ¡Una maldita botarga!
– "¡¿Qué qué?!" – Exclamé al notar tan ridículo disfraz. – "¡Creí que sería un uniforme!"
– "Es tu uniforme." – Aclaró Dragovskaya. – "No fue barato, así que trátalo bien."
– "¡Una botarga no es un uniforme!"
– "Podemos discutir todo el día sobre la definición de la palabra o puedes vestirte de una vez y volver al trabajo."
– "Pero…"
– "¡Es una orden, Jaëgersturm!"
– "¡Jawolh!" – Saludé a usanza militar de manera instintiva. Era un reflejo involuntario que desarrollé desde mis días en la fuerza.
– "Bien, ahora póntelo."
Suspiré, no tenía más remedio que usar esa humillante vestimenta. Me metí al baño para cambiarme y salir disfrazada de pingüino. O al menos como un pingüino con el abdomen de una araña atorado en el trasero, con los ojos bizcos y una expresión de retraso mental. El gorrito de Fried Harpy era una obra de arte comparado con esta abominación.
– "¿Verdad que es lindo? Anda, que aún hay trabajo por hacer." – Informó la rusa. Yo la seguí hasta el mostrador con la cabeza abajo.
La primera crítica constructiva provino de Winona, quien al verme se cayó al suelo, carcajeándose como si no hubiera mañana. Era la primera vez que la oía reírse, y por todos los dioses, esperaba que fuera la última. Oculté mi cara tras mis deformes aletas; Cada segundo de mi existencia solo era excusa para que el universo entero se burlara de mí.
– "Toma estos volantes y repártelos entre los transeúntes." – Me ordenó Pin dándome los papeles. – "Y usa este diálogo para promocionar nuestros nuevos sabores. Recuerda agregar un '¡Wah!" al final de cada frase."
– "¿Para qué el 'Wah'?"
– "Así hacen los pingüinos."
– "¿Es en verdad necesario?"
– "¡Por supuesto! ¡Ahora sal y demuéstrales de que estás hecha, devushka!"
Estaba hecha un manojo de vergüenza y fracaso en ese momento. Winona aún seguía riéndose y justamente yo debía hacer el ridículo en el horario de mayor concurrencia en las calles. Me paré afuera de la entrada, temblando como gelatina viendo como las personas no ocultaban su risa al ver mi bufonesco atuendo.
– "¡Oye, Jaëgersturm; Eres un pingüino, no un mimo! ¡Repite el diálogo que te di!" – Vociferó la eslava.
Ahora entiendo por qué Alemania le declaró la guerra a Rusia.
– "¡V-vengan al Po-po-polo Sur, d-donde los helados a-aplastan al calor como un t-tanque a un pescado!"
Una cucaracha analfabeta podría escribir mejor diálogo que esta ridiculez.
– "No te oigo usando el 'Wah', Jaégersturm. ¡Usa tu 'Wah'!" – Volvió a ordenar Pin.
– "S-solo en el Polo Sur hallarán choco-fresa mentolada y grosella-mora de cereza-nilla… ¡Wah!" – Repetí sin valor para dar la cara.
Un muchacho y su joven pareja nekomata pasaron cerca, y según mis órdenes, debía ofrecerles nuestras ofertas del día. Oh Arachne, dame fuerzas.
– "Sigo pensando que Kasumi ya sabe de…"
– "Ahm… Disculpen… ¡V-vengan al Polo Sur! ¡Nuestras o-ofertas los dejarán helados! ¡Pague dos y llévese uno! ¡Wah!" – Interrumpí al pobre hombre.
– "¿Uh?" – Musitó confundido el tipo.
– "¡No, esperen! ¡Era paguen dos y llévense dos-wah! ¡No, tampoco!"
– "¿Disculpe?"
– "¡Solo compren! ¡Por Afrodita, que mi jefa me va a matar!" – Exclamé desesperada.
– "¡Jake, mejor vámonos!" – Apresuró la nekomata a su pareja, jalando su manga.
Ambos huyeron a toda prisa. Yo me quedé mirando al horizonte, viéndolos desaparecer.
– "Wah…" – Suspiré derrotada. Hoy no era mi día.
Pero no había porque rendirse. Pronto otra pareja se hizo presente. En este caso, un chico con una arachne saltarina en su espalda. ¡Sí! ¡Una hermana de ocho patas podrá comprender mi situación, esta es mi oportunidad!
– "Te lo juro, Karu-san, si acaso miento, que me coma una wyv-"
– "¡Vengan al Polo Sur-wah! ¡Nuestros precios están para dejarlos fríos-wah!" – Interrumpí a la pequeña arachne.
– "¡Rachel, huyamos!" – Advirtió su compañero. – "¡De prisa!"
Los dos corrieron a la velocidad de la luz y yo volví a quedar desconsolada, extendiendo mi brazo en su dirección. Ni mi propia especie me apoya, la vida es decepción. El tiempo pasaba y esta promoción tan absurda no funcionaba en lo más mínimo.
De pronto, una figura familiar apareció en cielo. Reconocería a ese traser- Digo, a esa persona en cualquier lado.
– "¡Cetania! ¡Cetania, aquí!" – Empecé a agitar mis manos y a saltar como loca para llamar la atención de la arpía. Esta descendió frente a mí y alzó el polvo al suavizar su aterrizaje.
– "Disculpa, ¿me llamaste Cetania?" – Cuestionó la rapaz.
– "¿Por qué actúas tan extrañada, pajarita? ¿Chocaste con un poste de luz o…?"
Un momento, algo anda mal. Esta no es mi amiga emplumada. Cierto, se parece físicamente y el rostro es casi idéntico, pero su peinado es mas lacio, sin las crestas de cabello frontales típicas de la rapaz. Y esos glúteos no están tan pachoncitos después de todo.
– "Oh, discúlpame, te confundí con alguien más."
– "Entiendo. Me pareció cuirioso que me llamaras como mi hermana." – Aclaró la arpía.
– "Espera, ¿acaso no serás Atseelia?"
– "Correcto. ¿Conoces a Cetania?"
– "Por supuesto, fue mi primera amiga cuando llegué a Japón. Ella me contó de ti y tu casero y como ella viajó para visitarte."
– "En efecto. Me alegra que entablaras amistad con mi hermanita." – Me sonrió la mujer alada.
– "Soy Aria." – Ofrecí mi mano.
– "Gusto en conocerte, Aria. Ahora, ¿se te ofrecía algo?"
– "Uhm, bueno, me preguntaba si podrías ayudarme con una pequeña cosita."
– "Por supuesto, no hay problema."
Urano bendiga a las arpías.
– "¡Genial! ¿Estarías interesada en nuestras ofert-?"
– "No."
– "Pero…"
– "No."
– "...Pero…"
– "Adiós."
Y entonces emprendió vuelo, cubriéndome de polvo. ¡Ojalá Zeus te lance un rayo, urraca! ¡Y tu trasero tiene celulitis!
Suspiré de nuevo. Ni siquiera el rebajarme a este nivel me ayudó a atraer cliente alguno. Seguramente me despedirían. Estaba frita. Resignada, volví adentro con la mirada al piso y los hombros caídos. Ignoré a Winona, quien aún hallaba hilarante mi apariencia. Me encontré con Pin y esperé a que me sacara a patadas del edificio.
– "Entonces, ¿no funcionó?" – Preguntó.
– "Nein…" – Respondí derrotada.
– "Chyort. Bueno, supongo que es hora del plan B."
– "¿Crucificarme?"
– "Claro que no. Ten, pega estos anuncios afuera." – Me dio unos volantes.
– "Un momento… ¡¿No pudimos hacer esto desde el principio?!"
– "Pero el traje es tan lindo. No podía desperdiciar esta oportunidad."
– "…"
Exhalé profundo. Típica mi suerte, siempre se toma la peor decisión primero.
– "En fin, aunque no sea tan bonito, pruébate este uniforme alternativo."
– "Demonios, jefa, no quiero otra botarga…" – Me quejé esperando otra horrible sorpresa.
– "No hay dinero para dos atuendos de esa clase, Jaëgersturm. Supongo este igual servirá."
– "Bueno, al diablo; Veamos que…"
No, no estaba soñando, lo que Pin mostró en verdad era un uniforme. ¡Uno normal! Nada de horribles disfraces, nada de sorpresas, solo un simple y común atuendo.
– "Por favor, dígame que no debo hacer malabares o poner mi vida en peligro para poder usar esto." – Le imploré a la rusa.
– "Nyet. No tengo otras ideas por ahora. ¿Y qué te parece? Aburrido, ¿verdad?"
– "Es perfecto." – Contesté admirando la normalidad de la ropa.
– "Definitivamente no entiendo a los alemanes. Como sea, es tuyo a partir de ahora. Vístelo en horas hábiles, cuídalo, blah blah."
– "Lo haré."
Era un lindo uniforme blanco de una pieza con rayas azules verticales. La blusa tenía el logo de la tienda en la espalda y el vestido ostentaba un delantal con la misma temática. Un pequeño gorrito triangular complementaba el atuendo. Esto era lo que deseaba desde el principio.
– "Danke schön, Fräulein Dragovskaya." – Le agradecí con una reverencia.
– "Pozhaluysta, Jaërgersturm."
Me cambié inmediatamente y pasé el resto de mi jornada portando felizmente mi nuevo vestuario e incluso me di el lujo de tararear alguna canción. Estaba contenta. Acabada la hora de trabajo, me preparé para regresar a casa, pero la eslava me detuvo antes de partir.
– "Ah, un momento, devushka."
– "¿Qué sucede, jefa?"
– "Toma." – Me entregó una pequeña caja de poliestireno. – "Unos cuantos de nuestros mejores helados, como premio a tu lealtad."
– "¿Eh? Pero si solo han sido tres días…" – Dije confundida, tomando la caja en mis manos.
– "Eso es más que los empleados anteriores; Generalmente renuncian después de alguna de mis ideas, ¿sabes?" – Confesó la pingüino emperador rascando su cabeza. – "Tu paciencia es apreciada aquí, Aria."
– "Oh, bueno, uhm… No hay problema, jefa. Y le agradezco la confianza." – Hice una reverencia.
– "Un placer, nemetskiy."
A pesar de tantos infortunios, todo salió bien al final. Me apresuré a llegar a la residencia Kurusu para evitar que el calor derritiera el producto interior. Afortunadamente el material aislante conservaría muy bien el frío. Llegada a casa, la familiar imagen de Lala y su delantal rosado me dio la bienvenida. Compartí los helados con los demás, siendo exactamente ocho conos de los mantecados más finos que la nevería Polo Sur podía ofrecer.
– "Para ti." – Le ofrecí a Lala la última nieve. – "Por lo de esta mañana."
– "Oh… C-creo que te pertenece a-a ti, mortal." – Respondió la dullahan.
– "Nah, es tuyo. Puedo comer helado en mi trabajo cuando desee."
– "Ya veo." – Tomó el cono en sus manos. – "Go raibh maith agat, Aria." – Agradeció y degustó el postre. Su cara se iluminó al experimentar el sabor. Yo solo me alegre de verla feliz.
El día prosiguió normalmente, la cena siendo otra oportunidad de saborear el arte culinario de la dullahan. La noche avanzaba y yo me preparé para mi velada con la irlandesa, según lo habíamos planeado.
Debería sentirme nerviosa, después de todo, era una reunión con la mujer que me gusta, donde nos hallaríamos solamente las dos, bajo la luz de las estrellas. Era una situación digna que cualquier novela romántica, pero aún así conservé la calma. Ignoro el porqué, pero me sentía con más confianza.
Claro, eso no significaba que no sintiera mariposas en el estómago o que no me esmerara en estar presentable. Diablos, debí cepillarme los dientes como cinco veces y usé casi media botella de acondicionador para el cabello, sin contar que mi exoesqueleto nunca estuvo más limpio en toda mi vida. Faltaba alrededor de una hora para citarnos y era difícil ocultarle la situación a la perspicaz Rachnera.
– "¿Soy yo o estás más elegante de lo normal?" – Cuestionó la tejedora en su hamaca.
– "Oh… Uhm, no, solo… pensé en dormir arreglada para ahorrar tiempo mañana, je…" – Contesté nerviosa. Era la peor explicación falsa que jamás haya dicho.
– "¿Tanto que cuesta admitir que es por tu cita con Lala?"
– "¿Qué? ¡No!... Un momento, estabas despierta anoche, ¿verdad?"
– "Por supuesto que sí. Me pareció extraño no ser arrullada por tus adorables ronquidos, cazadora." – Respondió dejando que sus brazos se mecieran.
– "Ya veo… Espera, ¿En serio ronco?"
– "Como una wyvern en celo. La primera noche tuve que usar tapones en mis oídos para evitar sacarte a patadas, bella durmiente."
– "Oh. Erm, ¿lo siento?"
– "Tranquila, un poco más y me acostumbraré. Pero el tema aquí es la linda escapada nocturna con tu amada dullahan."
– "Rachnera, solo vamos a hablar como amigas, no empieces con tus insinuaciones de siempre. ¿Verstanden?" – Le advertí con un tono serio.
– "Palas Atenea me cobije, si que te salió el carácter esta noche." – Fingió asustarse. – "¿Serás tan agresiva en la cama con tu inocente Lala, tigresa?"
Es imposible intimidar a alguien como Rachnera. Preferí ignorar sus provocaciones navegando la red con mi teléfono. Finalmente, el reloj indicaba la hora acordada y me dirigí camino a la terraza.
– "Recuerda, casanova: No te apresures, usa poca lengua en la primera cita." – Se burló la tejedora.
Me tapé los oídos para evitar escucharla, cada burla suya solo me hacía perder la compostura. Salí al lugar designado, esperando a que mi ci- Digo, mi amiga se hiciera presente. Repasé mentalmente las frases en gaélico que aprendí y demás cosas en mi larga lista de puntos para evitar meter las ocho patas.
El corazón me dio un salto cuando la puerta se abrió y casi se detuvo cuando la persona esperada reveló su apariencia.
– "Meine göttin…" – Musité asombrada por la vista.
Con un blanco vestido de una pieza que dejaba al descubierto su cuello, hombros y gran parte de sus piernas, las largas medias negras cubriendo sus rodillas y además de que su peinado carecía de ese enorme mechón habitual, Lala lucía hermosamente apetecib- ¡Adorable!
– "Dia dhuit ar maidin, Lala." – Saludé practicando el gaélico e hice una reverencia.
– "Guten Abend, Aria." – Contestó Lala cortésmente. Era interesante intercambiar nuestros idiomas.
– "Luces fantástica esta noche." – Afirmé con franqueza.
– "G-gracias… Tú también." – Replicó sonrojándose.
Mi ropa habitual palidecía frente a su hermosa vestimenta, pero no voy a negarle un cumplido. Ella caminó hacia el barandal y posó sus codos en este. Yo me coloqué a su lado, bajando mi cuerpo y nos posicionamos para admirar la vista de los cuerpos estelares. Era un momento afortunado, ya que la contaminación lumínica de la ciudad no impedía apreciar el cielo estrellado.
– "Una noche preciosa, ¿no lo crees?" – Inicié conversación con la dullahan.
– "Ciertamente. La vía láctea es claramente magnífica en esta época del año."
– "¿Sabes? De niña me encantaba admirar las estrellas. Usaba un telescopio barato de poca magnitud, pero mi mente infantil compensaba las limitaciones visuales."
– "A mí también. Las noches en el condado de Wicklow solían ser tan serenas cuando la lluvia se ausentaba." – Recordó la irlandesa. – "Aunque sabía que era solo superstición humana, cuando divisaba una estrella fugaz, le pedía un deseo."
– "Eso es muy tierno, Lala."
– "Mi madre pensaba que era ridículo, pero eso nunca me detuvo."
– "¿Aún sigues pidiéndolos?"
– "No, llegó un momento en el que la realidad debe aceptarse." – Suspiró. – "Pero, siempre que veo una, mi infancia sonríe."
Yo lo hice también. Era un bonito recuerdo al igual que nostálgico. Las estrellas estaban lejos, al igual que nosotras de casa. Y aquí estábamos, compartiendo el mismo sentimiento bajo el brillo de la bóveda celeste.
– "Je, eso me recuerda algo gracioso que hice en la escuela primaria." – Le comenté.
– "Dime."
– "Bueno, una vez tuvimos que llevar máscaras de animales no nativos de Sparassus y a mí me tocó ser un oso panda." – Relaté apoyando mi espalda contra en los barandales. – "Ya que era fin de semana, continué postergando mi trabajo hasta el último día. Planeaba terminar la noche anterior, pero me distraje viendo una lluvia de estrellas.
Quise descansar solo un momento y terminé durmiéndome. Al día siguiente, tuve que asistir a la escuela y aún no comenzaba siquiera con el primer paso. El tiempo pasó y pronto iba a ser mi turno. Faltando menos de dos minutos y desesperada, improvisé pintando mi cara de negro y, lo creas o no, tomé mi ropa interior, que era blanca, y me la puse alrededor de la cabeza.
Cuando me llamaron a pasar al frente, las risas de la clase entera fueron inmediatas y mi premio fue un fuerte jalón de orejas dado por mi profesora y un mes de castigo por parte de mi abuela. Fui la 'osa panties' durante el resto del año escolar."
Me reí un poco al finalizar, era una historia muy embarazosa de mi niñez idiota.
– "¿Por qué tu ropa interior en particular?" – Cuestionó Lala con cara de confusión.
– "Deduje que el shock les causaría tanta gracia que me perdonarían o algo así. Era una pandita estúpida."
La dullahan se carcajeó por lo absurdo de mi motivo. Era la primera vez que la visualizaba reírse con tanta soltura, con tanta naturalidad.
Con tanta belleza.
El tiempo transcurría en cámara lenta y sonreí viendo como las lágrimas de escapaban del borde de sus ojos. Su risa era melódica y sus dientes, blancos como perlas, hacían juego con su cabello, el cual brillaba con la luz de los astros. Lala estaba honestamente feliz, y yo también. Quedé hipnotizada por ello.
Calmándose, volvió a apoyarse sobre la barda metálica, con ese gesto de haberse divertido. Solo me quedé observándola, admirando como la iluminación nocturna combinaba perfectamente con su piel.
– "¿Sucede algo, Aria?" – Preguntó la irlandesa al verme con la mirada fija en ella.
– "Te ves hermosa cuando te ríes." – Respondí sin pensarlo dos veces.
Nuestra reunión terminó abruptamente cuando la cabeza de la dullahan cayó al patio trasero.
NOTAS DE MERO: ¡Ahh! ¿No es hermoso el amor? Espero la historia lleve a un emocionante y turbio romance, lo cual brindaría muchas oportunidades para desarrollar una o varias hermosas tragedias. En todo caso, solo nos queda esperar hasta el siguiente capítulo.
Se agradece a Paradoja el Inquisidor-san y Alther-san, cuyas historias fueron referenciadas en este episodio. Igualmente les recomiendo leer sus peculiares fanfictions. Afortunadamente los líos legales no serán problema, puesto que el Reino Sirena cuenta con los mejores abogados del mundo marino.
Fue un placer haber estado con ustedes el día de hoy y los invito a regresar en el próximo episodio. Se despide su amiga sirena, Meroune Lorelei, quien les desea muchas trag- ¡Hey!
¡ENVÍEN AYUDA! ¡MERO SE HA VUELTO LOCA Y QUI-AARRGH!
