NOTAS DE MERO: Saludos a todos. Su anfitriona, Meroune Lorelei les da la bienvenida nuevamente.
Flake-san continúa sin poder honrarnos con su presencia, pero les aseguro que se encuentra en perfectas condiciones y bajo ninguna circunstancia se halla encadenado e incomunicado en alguna oscura mazmorra. Ahora, sin más preámbulos, les presentamos un nuevo episodio en la vida de Aria-san. ¡Disfruten!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 12
– "¿Deseas detener la sesión, Jaëgersturm?"
– "Uf… No… solo… dame… un… segundo…"
Domingo en la mañana. Sin trabajo al que atender y con suficiente tiempo libre, me di a la tarea de acompañar a Centorea en su ronda de ejercicio matutino. Si bien la idea de mantenerme en forma era el motivo aparente, fue la oportunidad de conocer mejor a la centáuride lo que me motivó a solicitar su compañía.
Aunque, admito que a pesar de mi entrenamiento y condición natural como Sparassidae, mantener el ritmo de la rubia había probado ser más difícil de lo esperado.
– "Vamos, arachne, esto es solo el comienzo." – Dijo la cuadrúpeda, trotando en su lugar enérgicamente.
– "En un momento…" – Respondí recuperando el aliento.
– "Creí que esto sería tarea sencilla para una persona de tu condición, Aria."
– "Supongo todo ese helado me ha dejado fuera de forma, je."
Solo bromeaba. En realidad, ni siquiera una cazadora podía compararse con la resistencia de un liminal tan especializado como un centauro.
Era algo poco sencillo de aceptar, pero las arachnes fuimos diseñadas para perseguir a nuestra presa por periodos cortos. Necesitamos ser increíblemente veloces y asegurar el objetivo tan pronto sea posible, puesto que una persecución se vuelve menos exitosa entre mas se alargue. Nuestra resistencia palidece junto al vigor que los poderosos músculos que el cuerpo equino de un centauro proveen.
– "Sugiero tomarnos un receso, necesitas descansar." – Aconsejó Shianus.
– "De acuerdo…" – Acepté recostando mi cuerpo en el pasto. – "Puf… Lamento decepcionarte así, Centorea."
– "No es necesario disculparse, Jaëgersturm. Tu aguante es mucho mayor que cualquiera de nuestras compañeras o incluso Mi Señor." – Respondió ella colocándose a mi lado.
– "Danke." – Me quité el sudor de la frente. – "Confieso que correr tres kilómetros sin descanso es algo extenuante para mí. No abarcábamos tales distancias en Sparassus."
Las piernas me dolían, los músculos igual y mi respiración era agitada. Pero, sin importar lo incómodo que aquello sonara, en realidad lo estaba disfrutando.
Amaba este dolor, resultado de esfuerzo físico y no estrés. Era la clase de estímulo corporal que me recordaba el entrenamiento en Weidmann, cuando dejaba que el agotamiento me conservara la salud y al mismo tiempo me distrajera la mente. Más tarde mis tendones me matarían, pero era un precio pequeño comparado con la satisfacción de ejercitarme.
– "Me parece que sería agotador para cualquiera." – Opinó la rubia.
– "Tienes la razón, Centorea." – Cerré mis ojos mientras la brisa refrescaba mi cuerpo. – "Ustedes los centauros nacieron para esto."
– "Confieso que, aunque el correr longitudes extensas está en nuestra naturaleza, mi gusto por ello proviene de la manera en que fui criada." – Reveló la centaúride. – "Después de todo, la excelencia física era esperada en el heroico linaje de mi familia."
– "Te entiendo. Mi abuela también me inculcó a destacarme en todo campo desde pequeña. Crecer en una aldea culturalmente militarizada también influye."
– "Supongo tenemos mucho en común, Aria."
– "Je, quizás. Incluso en el exterior nos parecemos; Tenemos más extremidades que los humanos y nuestro tamaño puede ser inconveniente en ocasiones…"
– "Cierto, muy cierto." – Afirmó ella con la cabeza.
Aunque no poseía unos pechos tan agraciados como los suyos, pensé. Me preguntaba cómo rayos le hacía para correr con prominentes glándulas mamarias. Mi sostén mantenía en su lugar a las mías, proveyendo balance, pero Centorea se rehusaba a usar prenda alguna. Al menos podía contar con que sus músculos fueran los suficientemente resistentes para soportar tan pesada carga.
Continuamos nuestra rutina, mis ojos posándose en la rubia de nuevo. No podía evitar notar sus atributos rebotando libremente mientras su dueña galopaba, cubriéndose de sudor y transparentándose tras la fina tela, revelando su delicada forma, como si invitaran a suc…
¡Con un demonio, Aria, controla tus fantasías! Al menos guárdalas para cuando estés sol- ¡No, tampoco!
Sacudí mi cabeza, no era momento para tales pensamientos. Debía concentrarme en el ejercicio, despejar la mente. Seguimos corriendo por un rato más hasta que mi estómago nos recordó que era momento de regresar a casa.
– "Me parece que fue suficiente por hoy, Aria. Volvamos." – Anunció la cuadrúpeda.
– "Gracias de nuevo, Centorea, por dejarme entrenar a tu lado." – Le dije a la cuadrúpeda camino a nuestra residencia.
– "No hay de qué, Aria. Siempre es un placer compartir un momento con alguien que aprecia la salud física."
– "Me gustaría hacerlo más seguido, pero el trabajo no me lo permite con facilidad."
– "Hmm… ¿No has considerado unirte a un gimnasio? Oí que el Club Deportivo Kobold posee horarios flexibles."
– "Bueno, de hecho sí, aunque no he investigado a fondo. Lo haré en cuando lleguemos a casa. Te agradezco el consejo, Centorea."
– "Puedes decirme Cerea, Aria. Mi nombre completo me suena muy formal."
– "Como digas, Cerea." – Le sonreí. Mi estómago volvió a gruñir. – "No puedo esperar a probar lo que Herr Kommandant y Lala tengan para nosotras hoy."
– "Hmm…" – La rubia quedó pensativa. – "Aria, ¿puedo hacerte una pregunta algo personal?"
– "Feuer frei." – Le confirmé.
– "¿Cuál es la relación que posees con Lala?"
Casi me tropiezo al oír eso.
– "¿A-a que viene eso?"
– "Solo es curiosidad. Antes de tu llegada, la dullahan era increíblemente introvertida y jamás se interesó en alguna actividad. Solamente se limitaba a cooperar con algunas tareas cotidianas, pero la cocina nunca fue una de ellas."
– "Oh, bueno… Quizás solo le nació el interés, no me parece algo fuera de lo común."
– "No solo eso, también eres la única a quien llama por su nombre. Ni siquiera a Mi Señor le concede otro título que no sea 'mortal'."
– "Uhm… erm… Tampoco ustedes le dicen 'Kimihito'…"
– "Sin contar que cuando cocina, los platillos mejor preparados son los servidos a ti."
– "Eh… ¿Tal vez no parecen tan buenos para ella?"
– "Aún así, me resulta intrigante que un cambio tan evidente coincida con tu aparición."
¡Scheisse, scheisse! ¡Código rojo! ¡Rápido, cazadora, piensa en una buena distracción!
– "Cerea, el sudor transparenta tu blusa." – Dije indicando sus atributos expuestos. – "Y no llevas sostén."
Eso fue suficiente para dar por terminada la discusión. La ruborizada centaúride intentó cubrir sus pechos con sus manos, avergonzada a más no poder y aceleró el paso. Yo suspiré tranquilizada. Bien pensado, Aria.
Llegando al hogar de Kurusu, el susodicho y su ahora convertida en cocinera auxiliar, Lala, ya se hallaban en proceso de iniciar la primera comida del día. Después de asearme, me senté (es un decir) junto a la dullahan para degustar mis alimentos.
Y hablando de Lala, luego de nuestra reunión la noche anterior, la tensión que generalmente surgía cuando conversábamos había disminuido un poco. Hablar con ella se hacía más fácil, aunque yo me aseguraba de evitar que mi lengua soltara alguna tontería. Solo platicábamos cosas triviales, pero era agradable charlar con la irlandesa, especialmente cuando le relataba algún pésimo chiste que se me ocurriera.
Después de todo, yo adoraba verla feliz.
Luego de desayunar, Kimihito nos propuso un paseo por la ciudad para conseguir víveres y demás productos cotidianos. Aceptamos al unísono, era una buena forma de pasar el fin de semana unidos. Rachnera fue la excepción, la tejedora opinó que sería mejor que ella cuidara la casa mientras nosotros estábamos fuera. Quizás solo fuera para ocultar que aún le preocupaba que la gente la viera raro por ser una arachne, cosa que a mí dejó de importarme desde que obtuve mi empleo. O tal vez solamente deseaba descansar y tener un tiempo a solas, algo que igual puedo comprender.
Dejando a Rachnera a cargo del hogar, Kimihito y compañía nos encaminamos a uno de las tantas zonas comerciales que pululan la bulliciosa Asaka. Nuestra primera parada fue un supermercado. Kurusu eligió ese en particular porque ya le era conocido y sus instalaciones habían sido remodeladas para liminales. El casero nos invitó a que compráramos lo que necesitáramos. Yo deseaba pagar por mis propias cosas, pero él me aseguró que no era necesario. Acepté, después de todo era el gobierno quien nos tenía cubiertos y yo no tenía capital alguno aún.
Lala discretamente me acompañó mientras revisaba los diversos pasillos. Recorrí el área de cuidado personal buscando shampoo con olor a fresas que Cetania usaba. Rose, Schnee, Belladona, Xiao Long... Tantas marcas de donde elegir. Finalmente hallé la correcta, además de una pasta dental con más ingredientes activos que elementos posee la tabla periódica.
– "Mira, Lala." – Le dije a la dullahan mostrando el dentífrico. – "¿Recuerdas nuestro primer incidente?"
– "Oh." – Se sonrojó. – "Me disculpo por lo que dije en esa ocasión. Tu higiene bucal nunca fue exigua."
– "Arrojé tu cabeza a quién sabe dónde, estamos a mano."
La confesión de su parte me tranquilizó. Mi olfato es excelente, mi aliento sería lo primero que notaría si este fuera desagradable.
Solo llevé artículos higiénicos para mí. Encontré demás cosas de interés, pero prefiero conseguirlas con mi primer salario. La irlandesa se hizo con unos libros, asegurando que lo compartiría conmigo si lo deseaba, cosa que le agradecí. Nos encontramos con Kurusu, quien nos informó que optaría por ir a los puestos locales para reabastecer los alimentos. Según mis deducciones, supuse que tal decisión se debía a la asequibilidad.
Y admito que los bajos precios eran inversamente proporcionales a su calidad; El producto que los carniceros ofrecían, tenía mejor olor y apariencia que los cortes sintéticos del supermercado. Los conservadores y demás porquerías químicas no se comparan con la naturalidad de un experto y su fiel cuchillo. Lala, habiendo crecido en el ambiente, compartía mi opinión al respecto.
Compramos una gran cantidad de provisiones, suficientes para tener a todos con las manos ocupadas. Durante el trayecto de regreso, pasamos junto al Club Deportivo Kobold y mi atención se dirigió al edificio. Sin duda era enorme, un auténtico titán de la ingeniería urbana. Mi interés en ejercitarme en tal lugar siempre había estado presente y sentí unas grandes ganas de investigar de primera mano el interior. Por supuesto, conmigo cargando los víveres, tal cosa debería esperar por el momento.
Kimihito no evitó notar mi interés.
– "Aria." – Me habló el chico. – "¿Quieres ir a ver?"
– "¿Eh? Oh, no se preocupe, Herr Kommandant; Puedo hacerlo otro día."
– "Puedes hacerlo ahora, si lo deseas."
– "No es necesario, además, debemos llevar esto a casa."
– "Tranquila, mortal." – Habló la dullahan. – "Me ofrezco a tomar la carga de tus manos."
– "Lala, me sentiría mal por obligarte." – Le repliqué.
– "Sin necesidad de disculpas, mitad invertebrada." – Agarró las bolsas que yo tenía. – "Ahora ve a satisfacer tu curiosidad."
Miré a Kimihito, aprobando con su cabeza. Las demás chicas parecían estar de acuerdo. Les sonreí y agradecí con varias reverencias antes de dirigirme al gimnasio, prometiendo remunerarlas de alguna manera. Era fantástico contar con el apoyo de personas tan bondadosas.
Entré al inmueble y mis seis globos oculares no pudieron hacerse más grandes; Más que un gimnasio, parecía un estadio, y no me refiero solamente al tamaño del edificio, el cual era evidente desde el exterior, sino a la gigantesca y diversa cantidad de instalaciones disponibles, cada una pensada para las distintas necesidades que una liminal pudiera necesitar, sin importar especie o tamaño. Quedé boquiabierta como idiota por unos segundos hasta que una voz familiar me sacó del trance.
– "¡Hola, bienvenida al Club Deportivo Kobold, mi nomb…! ¡Oh, Aria, gusto en verte de nuevo!"
No era otra sino Poi, la centáuride con quien corrí hace unos días.
– "Guten Morgen, Poi. Es un placer verte igual." – Le saludé estrechando su mano.
– "¿Entonces decidiste unirte después de todo?"
– "Es lo que vengo a investigar. Trabajo desde temprano y no me queda mucha energía después de este."
– "No te preocupes, amiga, contamos con los horarios más flexibles de la prefectura de Saitama." – Aclaró la castaña colocando su mano en mi hombro. – "Sígueme y te mostraré el porqué somos la mejor opción en esta ciudad, o mejor dicho, en el país."
Si ya estaba impactada por lo que vi al principio, el resto me dejó sin habla. Con tres amplios pisos, el lugar podía empequeñecer al mismísimo Coliseo romano. Había suficientes aparatos y máquinas para ejercitarse por una eternidad, piscinas olímpicas para albergar un ecosistema marino entero e incluso áreas especiales para liminales voladores. Los kobolds eran más prósperos de lo que pensaba.
– "Dime, Aria, ¿estás convencida?" – Preguntó la centáuride con una sonrisa, anticipando mi respuesta.
– "Absolutamente." – Respondí aún estupefacta. – "Pero, mi horario de trabajo será un problema."
– "¿A qué hora comienzas generalmente?"
– "Ocho de la mañana, de lunes a sábado. Hoy es mi único día libre."
– "Bueno, estás de suerte, porque nosotros estamos abiertos las veinticuatro horas del día." – Afirmó la mujer con sus pulgares arriba.
– "¿Uh? ¿En verdad?"
– "Así es. Muchos de nuestros usuarios poseen horarios tan diversos que preferimos estar siempre disponibles para complacer a la mayor cantidad posible."
– "Debe ser difícil operar sin descanso."
– "Afortunadamente contamos con suficiente personal. Y si la seguridad te preocupa, nuestros sistemas son los más avanzados." – Me indicó mostrando las cámaras de vigilancia. – "Y cuando tienes a las mejores ogresas y troles cubriéndote la espalda, tendrías que estar loco para pensar en cometer alguna fechoría."
Ojalá no se les ocurra dominar el mundo, ya han dado el primer paso.
– "¿Qué hay de las cuotas, membresías y demás?" – Cuestioné. – "No debe ser barato con todos estos lujos."
– "Oh, no te preocupes por eso." – Contestó ella con un gesto despreocupado. – "Nuestra política es la salud física antes del capitalismo. Encontrarás nuestras tarifas bastante razonables."
– "Suena genial, pero creo no empezaré hasta mi primera paga, la próxima semana."
– "La fortuna te sonríe, amiga, porque ofrecemos un periodo de prueba de veinticuatro horas sin costo alguno."
– "Qué generosos." – Opiné. – "¿Cuál es el truco?"
– "Je, ninguno, Aria. Nos interesa tu salud y sabemos que al final tomarás la decisión correcta al unírtenos."
Bien, si la diosa Tique me bendijo esta mañana y la oportunidad está a la mano, supongo no me queda más que aceptar.
– "Es un trato, Poi." – Le di la mano y ella la estrechó.
– "Bienvenida a la familia, Aria. ¿Deseas empezar a conocer las instalaciones más a fondo?"
– "Por supuesto."
La pista de carreras me llamó la atención de inmediato. Una arpía terrestre, muy similar a un correcaminos, era la entrenadora designada. Se presentó como Naatseline y me ofreció una vista rápida de la instalación. Continué mí recorrido con Poi, checando a detalle las instalaciones que me convinieran.
Ya estando satisfecha y habiendo despejado toda duda, me despedí de mi anfitriona, prometiendo comenzar lo más pronto posible, entonces me dirigí a casa.
O eso quise, pero cuando estás en una parte de la ciudad que no conoces, volver a tu hogar puede ser complicado.
– "Scheisse…" – Me maldije mentalmente.
En mi afán de investigar, olvidé que Kimihito y compañía se habían ido. Desconozco donde estoy, mi celular no tenía servicio y no tenía dinero alguno. Además, los autobuses para liminales, los cuales podría usar sin costo, no se hallaban a la vista. La película 'Mi Pobre Arañita: Perdida en Asaka' había comenzado conmigo como la titular. Lo merecía por idiota.
Una mano en mi hombro me hizo dar un sobresalto. Volteé y me encontré con mi caballero andante en brillante armadura, dispuesta a rescatarme de mi predicamento. Un halo brillante de luz iluminaba su cabeza mientras una fanfarria heroica resonaba junto a un glorioso coro angelical.
O quizás solo era el sol y la música de la tienda de enfrente, pero no suena tan épico como mi florido relato.
– "Hola, Aria." – Saludó la irlandesa.
– "Lala." – Le sonreí aliviada. – "Me esperaste."
– "Alguien debía hacerlo. En tu precipitada decisión, olvidaste el idear un plan para regresar a tu morada."
– "Y tú fuiste la elegida para llevarme de vuelta, supongo." – Dije con algo de culpa. – "Lo lamento."
– "Fue una elección personal."
– "Aww… ¿Tanto te importo, Lala-chan?" – Le provoqué pestañeando rápidamente. No me podía resistir.
– "S-solo evito que tu ausencia incordie la paz del grupo, mortal." – Declaró ruborizada. – "Es hora de partir."
– "Cárgame…" – Bromeé extendiendo mis brazos.
La dullahan solo se dio la vuelta y emprendió la retirada. Me reí un poco y la seguí. Ella propuso tomar el transporte público pero yo insistí en caminar, quería disfrutar la caminata por la ciudad junto a la sonrojada irlandesa, quien no se negó a pesar de sus poco convincentes protestas.
En el camino llegamos a una zona con algunos puestos de comida y otras diversiones, como teatro de marionetas y Kingyou-sukui, el juego de atrapar pececitos. Entre aquellos establecimientos, pasamos junto a uno donde un muy ruidoso hombre en traje y sombrero de copa junto a su asistente, una chica conejo, invitaban al público a probar su puntería con un juego de tiro al blanco.
No le prestamos mucha importancia, aunque era difícil ignorar esos pulmones a todo volumen tratando de convencerte a participar.
– "¡Usted! ¡Sí, usted, señorita araña! ¡Luce como alguien con suerte!" – Exclamó el hombre de frondoso bigote negro. – "¡Venga, acérquese y gane un lindo recuerdo para su novia!"
Tanto Lala como yo casi nos tropezamos al oírlo. La chica azul, ahora tornada colorada, me sugirió que aceleráramos el paso pero le detuve, no iba a dejar que ese tipo nos avergonzara en público.
– "¿Cuánto?" – Pregunté con una mirada desafiante al dueño del establecimiento.
– "Tres intentos por doscientos cincuenta yenes, señorita." – Contestó con una enorme sonrisa que dejaba al descubierto un diente dorado. – "¿Se siente con suerte el día de hoy?"
– "¿Lala?" – Me dirigí a mi compañera, extendiendo mi mano, sin apartar mi vista del sujeto. La dullahan comprendió y depositó la cantidad exacta en mis dedos, la cual entregué en los del bigotudo gritón.
Este tomó el dinero y le hizo señas a su orejuda asistente, quien me entregó un rifle de aire cargado con tres balines. El procedimiento era sencillo, solo atinar a una de las distintas figuras, tumbarla y reclamar el premio indicado. Aparentemente pan comido, pero no soy una arachne ingenua.
Mi entrenamiento en Sparassus incluía el uso de armas de fuego, así que conocía los rifles a fondo. Miré de cerca mi herramienta, notando la casi imperceptible desalineación entre la mira y el cañón. Mira desviada, el truco más viejo del mundo. En sí, todo el establecimiento estaba diseñado para asegurar que nadie ganara más allá de los absurdos premios de consolación. Necesitaría un disparo de prueba para afinar mi puntería y despejar algunas dudas.
Apunté a un blanco. Calculando la posible trayectoria de la bala, situé el extremo del arma a la derecha de donde la engañosa vista de hierro parecía indicar. Cerrando tres de mis ojos, apreté el gatillo y el proyectil salió del cañón.
Imposible de observar para el ojo humano, pero detectable para mí reflejo arácnido, mis deducciones resultaron correctas y el balín dio en el lugar esperado; No en el primer objetivo, sino un poco más a la izquierda, impactando un pequeño cilindro, cuyo premio era uno de los preciados peluches.
Como sospechaba, a pesar del impacto directo, la figura geométrica no reaccionó en lo absoluto. Sabía que el blanco sería imposible de mover, puesto que estaba hecho de algún material pesado o solo pegado a los tablones que lo sostenían.
– "Oh, parece que erró, señorita. No se preocupe, le aseguro que tendrá mejor suerte en el siguiente." – Dijo el sujeto con mueca burlona.
No dije nada, solo me concentré en buscar algún punto débil entre toda esta maraña de engaños. Finalmente posé mi vista en los soportes que sostenían las vigas de madera donde reposaban los objetivos. Las uniones yacían oxidadas y solo necesitarían un pequeño estímulo para venirse abajo, incluso con algo tan pequeño como los perdigones de mi arma. Era mi oportunidad.
Apunté de nuevo, corrigiendo la puntería hacía el soporte más vulnerable y disparé. Impacto directo, un poco de movimiento pero aún sin el éxito esperado. Con una sola oportunidad disponible, volví a concentrarme. El ambiente era tenso, Lala me observaba expectante, al igual que los observadores curiosos que se habían reunido. Suspirando, dejé salir el tercer disparo.
– "¡¿Pero qué…?!" – Expresó el hombre sorprendido cuando casi todo se vino abajo.
Las uniones se desprendieron y los tablones cayeron al suelo con todo y blancos, impactando el piso con fuerza y exponiendo que, en efecto, estaban pegados. Con el fraude expuesto frente a todos los asombrados testigos, el estafador y su ayudante quedaron paralizados.
– "Ehem…" – Carraspeé para llamar su atención. Apunté a una oveja de peluche.
– "Oh, sí, sí… ¡Velvet, rápido, rápido!" – Susurró el sujeto a su compañera. Esta se apresuró a entregarme mi recompensa.
– "Tres oportunidades, tres premios…" – Dije con alevosía.
– "M-me temo que no p…" – Tartamudeó el hombre.
Se calló enseguida cuando revelé mi teléfono, que había capturado discretamente en video todo el incidente. Sería evidencia suficiente para que las autoridades metieran su fraudulento trasero a prisión o al menos le obligaran a pagar una cuantiosa multa.
– "P-por supuesto… ¡Velvet, dos peluches más!"
– "¿Podría darme la cucarachita y el Pikachu verde, por favor?" – Solicité fingiendo una tierna sonrisa.
– "¡Ya la oíste, mujer!" – Ordenó el tipo. La coneja obedeció sin dilación.
– "Oh, muchas gracias." – Respondí tomando mi premio. Sin avisar, me hice también con una ballenita azul de peluche. – "Porque hoy me siento con suerte."
Me alejé junto a Lala del lugar, dejando al par de timadores sin valor para reclamar. Cualquiera que intente engañarme no merece piedad. Además, realmente quería esa ballena.
– "¿Cómo sabías que tu plan funcionaría?" – Cuestionó la dullahan.
– "Una no vive en Sparassus sin aprender una cosa o dos sobre balística, Lala. Confía en la tercera mejor tiradora de la fuerza policial de Weidmann."
– "Admito que fue una decisión audaz el exponer el fraude de aquellos dos."
– "Danke. Además, ¡Mira lo linda que es la ballenita!" – Exclamé abrazando al cetáceo de juguete.
Lala se rió al igual que yo. Había sido una buena mañana y esperaba que eso se mantuviera el resto del día.
– "¿Cuál quieres?" – Le pregunté.
– "¿Eh?"
– "Anda, elige el que quieras."
– "Uhm… bueno…" – Tartamudeó ruborizada.
– "Ah, qué diablos… ¡Tómalos todos!" – Exclamé entregándole los muñecos.
– "P-pero, tú los ganaste…"
– "¿Qué no oíste a ese sujeto? Tenía que obtener un lindo recuerdo para mi novia; Y para mi Lala, uno solo no sería suficiente." – Le provoqué guiñando tres ojos.
La dullahan podría hacerse pasar por un tomate fresco en ese momento. Si bien la irlandesa no dijo palabra alguna durante el resto del trayecto, noté una ligera sonrisa mientras sostenía firmemente los peluches. Me alegré.
Después de todo, yo decía la verdad.
Al llegar a casa, algunos se extrañaron de ver a Lala con animales de juguete en sus brazos. Papi y Suu se fascinaron por la lindura de los muñecos mientras una discreta Rachnera nos miraba con una sonrisa aprobadora. Decidimos no hacer comentarios al respecto y nos dirigimos a nuestras habitaciones, yo aún con la sonrisa en mis labios.
– "Fue un placer contar con su compañía el día de hoy, Fräulein Sheehy." – Le guiñé a la dullahan antes de entrar al ático. – "La espero esta noche."
Dejando a la sonrojada mujer, me puse cómoda en mi cama, colocando mis manos detrás de mi cabeza y dejando que la suavidad del colchón envolviera mi cuerpo. Me sentía en las nubes.
No, en realidad me sentía en la parte más alta de la exósfera, rozando el espacio exterior del universo teórico de la felicidad. Estaba simplemente extasiada. Necesitaba esto, necesitaba un día en que las cosas no se salieran de control, en el que pudiera disfrutar el estar viva. Tranquilidad, paz, felicidad; Términos casi alienígenas para mí.
– "Que aburrido…" – Musité, realizando que de hecho, sí, el ambiente estaba demasiado calmado. Tomé mi teléfono y comencé a buscar algo con que entretenerme. De pronto, recordé que no me había comunicado con cierta arpía rapaz como había prometido. Bueno, hora de saludar a Cetania. Solo espero que no la interrumpa accidentalmente.
Consultando el papel que la castaña me dio, anoté el número indicado y le envié un mensaje de texto. Llegó casi al instante, gracias al Internet casero.
– "Hola, arañita. ¿Qué haces?" – Plasmó la arpía en su contestación.
– "Aquí, informando que los tiburones con rasho láser fueron un éxito."
– "Mis pollitos lanza-huevos termonucleares te han superado, querida."
– "Pero poseo dinosaurios submarinos con rifles plasma expertos en kung-fu"
– "Mis castores samurái viajan a través del tiempo y el espacio."
– "Y mi cangrejos asesinos desafían las leyes de la física cuántica. Y comen arpías."
– "¿Quieres continuar hasta destruir la singularidad existencial?"
– "Tu ya lo hiciste. ¿Cómo diablos puedes escribir tan perfectamente sin manos?"
– "Soy hábil con los dígitos de mis alas. Estoy preparando una parrillada con mi hermana, ¿por qué no vienes?"
– "Te lo agradezco, pero no quiero molestarte."
– "Al contrario, la apreciaría infinitamente." – Enseguida, otro mensaje apareció. – "No bromeo, Atseelia se pone muy cariñosa con nuestro casero y al menos tu presencia podría desanimar sus insoportables coqueteos."
– "En verdad, no quiero importunarlas."
– "Diablos, Aria, se una buena amiga y evítame el lidiar con esto sola."
Claro que deseo aceptar, pero me sentiría como una intrusa para su hermana. Además, el almuerzo está próximo y no quiero dejar mal a Lala.
– "Carne, Aria. Tenemos carne de sobra, ¿es eso suficiente?" – Escribió la rapaz.
– "Tentador… tentador…"
– "Tenme piedad. No quiero sufrir otro almuerzo con ese par de romantidiotas."
– "¿No crees que también deberíamos besuquearnos frente a ellos para darles una lección?" – Respondí a modo de juego.
– "Bueno, si eso quieres… ;-)~"
Oh, gran Gea, no debí bromear con eso. Un 'LOL j/k' sucesivo de su parte me tranquilizó. No me espantes así, Cetania.
– "¿Entonces, aceptas?"
– "Déjame consulto mi agenda y te confirmo."
– "Alright. No tardes, por favor, ya empezaron los mimitos."
Diablos, ya me comprometí implícitamente a ayudar la arpía. Suspiré, no me queda más remedio que ayudarla con su problema. Seguramente ella haría lo mismo en mi lugar. Eso y aún quiero venganza por la forma en que su hermana me abandonó cuando intenté venderle helado. ¡Nada de cuchi-cuchi para ti, pajarraca!
Bajé del ático y toqué la puerta de la habitación de la dullahan.
– "Oh, Aria, ¿Qué deseas?"
– "Uhm… bueno…" – Vacilé nerviosa. No quería hacerla sentir mal. – "¿Sabes? Mi amiga Cetania me invitó a comer a su residencia y… acepté… así que…"
– "¿Cetania?" – Preguntó levantando una ceja.
– "Sí, la arpía rapaz que conocí cuando llegué a Japón. Te la mencioné una vez mientras platicábamos."
– "Oh, sí, recuerdo. Entonces… ¿Me estás pidiendo permiso para asistir a su morada?"
– "Bueno, no quería hacerte creer que la prefería a tu comida, es solo que necesita ayuda y…"
– "No veo ningún problema."
– "¿Uh? ¿De verdad?"
– "Así es." – Confirmó la irlandesa. – "Volverás después de saciar tu hambre, ¿correcto?"
– "Supongo."
– "En ese caso… ¿Nos reuniremos esta noche como lo planeamos?"
– "Por supuesto, Lala." – Le afirmé. – "Sin falta."
– "Bien. Saluda a tu amiga de mi parte, Aria."
– "Claro. Danke schön." – Hice una reverencia.
– "Y Aria…"
– "¿Sí?"
– "Gracias por los obsequios…" – Se sonrojó de inmediato.
– "Por ti, lo que sea, guapa." – Le guiñé juguetonamente a la avergonzada mujer, quien procedió a cerrar la puerta apresuradamente. Rachnera tiene razón; Soy una arachne, el provocar está en mis genes.
Ya tranquila, le informé de todo a Kimihito y con su aprobación le confirmé mi asistencia a Cetania. Esta se alegró y me dio la dirección de su residencia. Partí y tomé el autobús. Ya que era básicamente mi primera visita a un hogar ajeno desde que dejé Sparassus, me sentí como una niña yendo a jugar con su amiga. Era un sentimiento nostálgico y algo reconfortante, teniendo en cuenta que crecí con pocas amistades.
Llegué al lugar, notando los bonitos rosales que decoraban el exterior del edificio. Toqué el timbre y una Cetania vistiendo una blusa rosada con unos geniales pantalones de mezclilla me dio la bienvenida.
– "Guten Tag, Cetania."
– "Hola, Aria. Pasa, la comida estará lista pronto."
Entramos y el olor a carne asada era evidente. Era un hogar sencillo, no tan grande como el de Kimihito, aunque no lo necesitaba. No creo que todos tengan la… ¿fortuna? de cuidar a ocho liminales bajo el mismo techo.
– "Te agradezco la visita." – Dijo la arpía camino a la puerta trasera. – "A veces quisiera tener un apartamento propio, no soporto lo melosa que mi hermana puede ser con Yoshiro. Ese es el nombre de nuestro casero, por cierto."
– "Yo solo estoy aquí por la comida gratis." – Bromeé. – "Pero hablando en serio, igual te agradezco el recibirme."
– "Prometí invitarte pollo a nuestro estilo cuando nos conocimos, ¿recuerdas? Que no digan que soy una mentirosa."
– "¿Finalmente cocinaste a una arpía de corral?"
– "Nah, lo conseguimos del Kentucky Fried Harpy. Nos ofrecieron descuento al mencionar la promoción de la tía Jaëgersturm."
– "Muy graciosa, pajarita." – Le respondí dándole un ligero golpe en la cabeza.
Salimos al patio, el cual ostentaba una enorme parrilla con suficiente carne para alimentar a un regimiento. Preparando la comida y con un delantal, se hallaba Yoshiro, quien nos saludó al vernos. A su lado, Atseelia dejó de abrazarlo tan pronto me notó.
– "Esta es Aria Jaëgersturm, la arachne de quien les hablé." – Anunció mi amiga a los presentes. – "Es alemana, así que escondan las salchichas."
– "No me hagas ahorcarte, plumitas." – Hablé entre dientes mientras me forzaba a sonreír a mis anfitriones. – "Gusto en conocerlos. Gracias por recibirme."
– "Bienvenida, Aria. Siéntate por favor, la primera ronda estará lista en unos minutos." – Aconsejó el muchacho. Bien, al menos es amable.
Tomé asiento (o más bien, asenté mi cuerpo) junto a Cetania. Su hermana discretamente le arrojaba miradas asesinas a mi compañera. Esta solo le sonreía de manera sardónica. Ambas estaban enfrascadas en una batalla silenciosa, siendo yo el 'arma' de mi amiga. Genial, nada como ser arrastrada a las disputas familiares.
– "Entonces…" – Habló Atseelia. – "¿Tu eres la mujer en ese horrible disfraz de pingüino del otro día?"
– "Ahm… Sí… ¡P-pero ya no lo vestiré nunca más!" – Me aseguré de corregir. Por los dioses, que nunca volvería a humillarme con esa botarga de nuevo.
– "No fastidies a la arañita, 'Seelia'." – Dijo Cetania. – "¿Por qué mejor no nos cuentas sobre tu proyecto de arte?"
– "Aún no está finalizado, pero el concepto es sólido."
– "¿Qué clase de proyecto?" – Pregunté.
– "Atseelia, a pesar de ser una cabeza hueca..." – Espetó la arpía a su hermana. – "Es una artista nata. Hace esculturas en barro solo con sus patas."
– "Garras." – Corrigió la mayor. – "Y es correcto, me dedico a las artesanías de barro."
– "Interesante." – Contesté. – "¿Pero dices que no está concretado aún?"
– "Así es. Si bien mi habilidad para dar forma a la arcilla es notable, aún no estoy satisfecha con los resultados."
– "En otras palabras, sus esculturas son horribles." – Se burló Cetania. – "Hay composta con mayor valor artístico que sus muñequitos de lodo."
La rivalidad entre esas dos no podía ser más obvia. Por suerte Yoshiro colocó la carne en la mesa y la tensión se disipó entre las rapaces. Atseelia felicitó a su casero y este se sonrojaba por los halagos. A plena vista, solo parecían un par de enamorados, nada del otro mundo. Me pregunto si Cetania solo exagera.
Al menos la comida estaba deliciosa y abundaba lo suficiente para llenarme de aquí a la cena. Por supuesto, no supera a Kurusu o Lala. Pasamos la tarde hablando de temas triviales, aunque igual aprendí más sobre las hermanas, revelando que de hecho emigraron de América y sus nombres provienen de lenguas nativas del continente. También me sirvió para confirmar que Cetania era una arpía halcón; Siempre creí que era un águila.
Igual comprobé que mi amiga tenía razón respecto a lo melosa que era su consanguínea; Atseelia no dejaba de coquetear con Yoshiro y abrazarlo, recordándome a lo cariñosa que Miia era con Kimihito. No sé si el chico es afortunado por tener a alguien que lo adore o si debería compadecerlo. Pero no lo veo quejarse, así que debe disfrutarlo.
Cetania solo veía tales escenas con indiferencia, pero podía adivinar que aquellas instancias sucedían demasiado a menudo y ya estaba cansada de ello.
– "¿Te sientes bien, gruñona?" – Le pregunté a mi compañera sentándome a su lado con dos vasos de refresco.
– "Ugh. Todos los días la misma basura." – De quejó dando un sorbo a su bebida. – "Si no estuvieras aquí, esos dos estarían besuqueándose desvergonzadamente."
– "¿Has pensado en buscar otro hogar?"
– "Claro que sí, pero la respuesta siempre es la misma: Mi hospedador no tiene nada de malo, solicitud rechazada." – Apoyó sus codos en la mesa. – "Y no quiero volver a mi casa. No soporto a mi madre."
– "Bueno, ya tenemos otra cosa en común."
– "Podría denunciar su relación ilegal, pero tampoco quiero hacerle tal cosa a mi hermana; Ella en verdad ama al muchacho." – Se llevó su ala a la frente. – "Solo desearía que dejaran de restregármelo en la cara todo el tiempo."
Le di palmadas en la espalda a la afligida mujer. Sonrió en aprobación.
– "¿Has intentado hablarle sobre ello?" – Cuestioné.
– "Fue lo primero que hice. No le importó."
– "¿Alguna razón para ignorar a su hermana menor?"
– "Debe estar convencida de lo mismo que nuestra madre." – Se cruzó de brazos y miró al cielo. – "Piensa que mi lesbianismo es solo una fase."
– "Eso explica mucho." – Respondí imitándola. Conozco de primera mano el que tengan ideas equivocadas respecto a las preferencias de una.
– "Ridículo, lo sé." - Suspiró. – "Según nuestra progenitora, era nuestro deber el mantener viva la especie. Ella siempre me recriminó mi nulo interés en los hombres."
– "Sé exactamente de lo que hablas."
– "Eso siempre me pareció una excusa absurda. Somos halcones de cola roja." – Mencionó extendiendo sus alas y mostrando el color mencionado al final de estas. – "Abundamos por todo el continente americano. Reproducirnos no debería estar entre nuestras prioridades."
– "La descendencia siempre será importante para las especies mono-género, amiga."
– "Lo sé y lo entiendo, pero me irrita que mi familia no acepte mi sexualidad de una buena vez."
– "Bueno, al menos ya somos dos." – Tomé mi vaso y lo alcé. – "¿Un brindis por las lesbianas incomprendidas?"
– "Por todas ellas. ¡Salud!" – Respondió chocando el suyo y tomando el resto de su bebida.
La arpía se tranquilizó. Ahora comprendí mi verdadero papel aquí, ella solo necesitaba un par de oídos dispuestos a escucharla.
– "Deberíamos huir de todo esto, Aria." – Mencionó la castaña, recostándose en su asiento. – "Vagar sin rumbo, metiéndonos en problemas con la ley y conquistando chicas en el camino."
– "Aria y Cetania: Enemigas públicas." – Bromeé. – "Hay que llamar a Hollywood."
– "Cetania y Aria." – Corrigió. – "Yo soy la estrella de la película."
– "Ni aunque fueras Scarlett Johansson, pajarita."
– "Oh por favor, no me compares con esa artistucha de quinta. Soy al menos una sex symbol tan grande como Marilyn Monroe."
– "Quizás como Marilyn Manson, entonces te creo."
Ambas nos reímos. Era relajante. La noche estaba próxima y era momento de retirarme.
– "Gracias por soportarme, Aria. Me hacía falta esto." – Agradeció mientras nos dirigíamos a la salida.
– "Hey, ¿comer hasta reventar y solo tener que escuchar tus llantos de telenovela? Cuando quieras, halconcita."
– "Creo que hoy será más tolerable cuando la cama a lado de mi cuarto empiece a rechinar."
– "¡Yuck! Debe ser horrible."
– "Je, al menos tengo mis audífonos y a Iron Maiden para hacerme compañía." – Respondió riéndose.
– "Buena suerte, Cetania." – La abracé. – "Algún día te invitaré a mi casa. Debes probar la comida de Herr Kommandant."
– "Espero ese día con ansias."
– "Bueno, entonces me retiro. Tengo una cita con cierta dullahan."
– "¿Tu cama también rechinará toda la noche?" – Preguntó con tono burlesco.
– "Claro que no. Yo la aceito a diario." – Le guiñé.
Después de una carcajada compartida, nos despedimos. Tomé el autobús a casa, esperando que mi extendida estadía con la arpía no haya impacientado a la irlandesa.
– "Lo siento, Lala." – Me disculpé con ella al recibirme en la puerta. – "Le salieron alas a mi reloj y el tiempo se fue volando."
– "Traquila, Aria. Es bueno que estés en casa." – Sonrió la chica azul. – "La cena será pronto, ¿aún tienes espacio?"
– "Que sea ligera, creo que ya gané demasiado peso el día de hoy."
– "Preparé cottage pie..." – Informó con tono melódico.
– "Aunque algunos kilos de más no le hacen daño a nadie." – Respondí jugando. Adoro el cottage pie.
La cena transcurrió sin incidentes y llegada la hora de dormir, me preparé para mi reunión nocturna con la irlandesa. Hoy fue quizás el mejor día de mi vida, sin humillaciones públicas o malentendidos estresantes. La vida es bella.
Mientras me dirigía al baño, el teléfono de la entrada empezó a sonar. Ya que no había nadie, levanté el auricular. Ignoro de quien se trate a esta hora, pero espero no sea alguien queriéndome vender alguna tontería.
– "¿Hallo? Residencia Kurusu, habla Aria, ¿con quién tengo el gusto?"
La otra persona respondió. Después de oírla, me paralicé por completo. El mundo entero se detuvo y se tornó gris. El universo se vino abajo, la felicidad que sentía se desvaneció en un instante. Dejé caer la bocina del aparato, alertando a Lala, quien se hallaba en el lugar.
– "Aria, ¿Qué sucede?" – Cuestionó la dullahan, pero no hubo respuesta. – "¡Aria, háblame!"
Miré directamente a los ojos de la irlandesa. Haciendo un titánico esfuerzo por recuperar el control de mi cuerpo, logré articular una sola frase. Una que nunca deseé pronunciar de nuevo en mi vida.
– "Mi madre viene a visitarme…"
NOTAS DE MERO: ¡Gran Neptuno, eso no me lo esperaba! O quizás sí, porque sé que tal evento sería catalizador de cosas interesantes. ¡La intriga me mata!
En todo caso, les agradezco a todo nuestros lectores por su lealtad y buen gusto al continuar con nosotros en este torbellino de emociones que es la vida de Aria-san. Confieso que he desarrollado una extraña atracción hacia su persona… Uhm… esa desafortunada persona… trágica fortuna…
Ehem, sin más que agregar, me despido y les deseo un buen día. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo! Auf wied… weed… weid… Erm… ¡Adiós!
