NOTAS DE MERO: Hola, Meroune Lorelei a su servicio.

Después de… motivar drásticamente a Flake-san, es mi placer el ofrecerles un capítulo nuevo de esta interesante historia. Espero lo disfruten. Y por favor, si escuchan gritos subterráneos rogando por ayuda, ignórenlos; Solo es el viento.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 13


– "Mi madre viene a visitarme…"

La vida es cruel. Es un monstruo engañoso, despiadado e indiferente al sufrimiento. Una mentira más en el caos infinito de la existencia misma. Nunca nos da la cara, pero siempre oímos como se ríe de nosotros.

– "¡Aria!"

Había creído. Quería creer. Creer… que podía ser feliz, que tal idea no era solo un pensamiento utópico. En verdad lo deseaba. Entonces la realidad me golpeó en la cara de nuevo, recordándome que nunca podré huir de ella.

– "¡Aria!"

El pasado me había encontrado. Pensé que lo había superado, que podía seguir adelante sin que los recuerdos me aprisionaran, pero de nuevo, el yugo del ayer seguía ahí. No había salida, no había escape de mi destino.

De mis errores…

– "¡Aria, reacciona!"

Una voz continuaba repitiendo mi nombre y se hallaba muy lejana, pero cada vez que hablaba, se acercaba aún más. Cuando creí que la voz se había cesado, un par de brazos me sacudieron el cuerpo, lentamente regresándome a la dimensión consciente.

– "¡¿Estás bien?!" – Preguntó de nuevo.

– "¿Uh? ¿Qué?"

– "¡Soy yo, Lala!"

– "¿Ah? ¿Lala? ¿Q-qué sucede?"

– "Casi te desplomas al suelo, mujer. ¿Te sientes mejor?"

– "S-sí… Creo que sí…" – Parpadeé y talle mi frente. – "¿Qué… qué fue lo que dije antes?"

– "Me informaste de la pronta arribada de tu matriarca a esta morada."

– "…"

– "¿Aria?"

– "¡CARAJO!"

Golpeé la pared tan fuerte que mis garras marcaron profundamente el material. Lala se había hecho a un lado por mi brusco comportamiento y yo continué hiperventilándome.

– "¡Scheisse, scheisse, scheisse!" – Proseguí maldiciendo. – "¡No es justo! ¡No es jodidamente justo!"

– "¡Aria, por el Eterno Abismo, tranquilízate!" – Imploró la dullahan sosteniéndome.

– "¡¿No escuchaste?! ¡Mi madre viene a visitarme! ¡Ahora que todo comenzaba a salir bien, esa bruja aparece!" – Vociferé. – "¡Maldita sea, esto no es justo!"

– "Despertarás a todo el mundo, serena tu temple de una vez."

– "¡No me importa!"

– "¡Jaëgersturm!"

El agarre de la irlandesa fue firme. Sentí la fuerza que ella poseía, deteniéndome por completo. Me miró fijamente a los ojos, con determinación en ellos. Aquello fue suficiente para calmar mis ímpetus.

– "Lo… lo lamento, Lala…" – Me disculpé con la dullahan. – "Perdóname."

– "Está bien, solo respira profundo."

Inhalé como ella lo indicó, recobrando mi respiración normal.

– "Esto no puede estar pasando, no debería…" – Me quejé. – "¿Por qué ahora?"

– "No pierdas la compostura de nuevo, Aria."

– "¿Qué voy a hacer, Lala? No tengo valor para enfrentarla."

La conmoción despertó a Rachnera y algunas personas más, todas preguntando qué sucedía. La dullahan les informó que no se preocuparan y nos dirigimos a la terraza. O más bien, ella me guiaba, tomada de mi brazo.

– "Es mejor discutir esto en privado, ¿no te parece?" – Preguntó la irlandesa al llegar a nuestro destino.

– "Correcto. Gracias, Lala." – Musité con una débil sonrisa. – "Solo sigo sin entender el porqué de mi suerte."

– "¿Realmente es tan terrible el reencontrarte con tu progenitora?"

– "Es una maldita pesadilla." – Afirmé apretando mis puños. – "¿Por qué ahora, después de tantos años, se digna a verme?"

– "Tal vez cree que ha extendido su ausencia por demasiado tiempo y desea reparar los lazos con su única hija."

– "Gracias por el optimismo." – Sonreí ligeramente. – "Pero dudo que a esa mujer le interese remediar su abandono."

– "La estás juzgando sin evidencia."

– "Es mi madre, Lala, la conozco mejor que nadie." – Le aseguré con tono serio. – "No le importé antes, no le importaré ahora."

– "Sé que ella fue distante contigo, pero tal vez no deberías sentenciar veredicto tan apresuradamente."

– "Dime, Lala." – La miré fijamente. – "¿Piensas tan positivamente de tu madre también?"

La dullahan desvió su mirada, no contestó. Fue un poco duro de mi parte, pero necesitaba que ella entendiera mi pesimismo. Solo hubo silencio por varios segundos.

– "La considero más como una extraña en mi vida que como la persona que me trajo al mundo." – Declaré observando el cielo. – "Siento más apego por mi abuela e incluso a ella la detesto."

– "No soy la mejor indicada para hablar de buenas relaciones familiares." – Habló la irlandesa, levantando la vista. – "Pero sigo pensando que deberías darle una oportunidad a tu matriarca."

– "¿Lo harías tú con la vieja Laetitia, segadora?" – Cuestioné seriamente.

– "La eternidad es demasiado tiempo para seguir guardando rencor." – Respondió con sinceridad.

– "¿Citarás que no naciste para repartir odio, sino amor, Antígona?"

– "Nací para repartir muerte, mortal. Pero no dejaré que eso dicte mi destino." – Replicó. – "Así como no dejaré que el resentimiento me siga atando al pasado."

Me reí un poco para mí misma. Lala hablaba con más sentido que yo de nuevo.

– "¿Cómo es que un psicopompo como tú se ha vuelto tan buena consejera?" – Pregunté sonriendo.

– "Una dullahan siempre es hábil con su lengua, Aria."

– "Aún así…" – Suspiré, apoyándome en el barandal. – "No sé que esperar de ella. Quizás intente llevarme de vuelta a Weidmann."

– "Eres mayor de edad."

– "Pero sigo siendo ciudadana de Sparassus." – Me di la vuelta para mirar a la dullahan. – "Huí, Lala; A pesar de unirme al Programa de Intercambio, las leyes de mi nación me convierten en una prófuga."

– "¿Tan severa es la justicia en tu país?"

– "Nunca subestimes a una dictadura." – Crucé mis brazos y volví a admirar el cielo. – "Sparassus se forjó con el fuego de la guerra y se moldeó con puños de hierro. Sin enemigo externo al cual combatir, los ciudadanos se convierten en el nuevo blanco."

– "El conflicto eterno es el destino de los seres vivos."

– "La horrible realidad, segadora, solo la horrible realidad."

Pasamos otros minutos sin hablar, ambas quedamos mirando el firmamento, observando a las estrellas titilar.

– "No quiero irme, Lala." – Rompí el silencio. – "Estoy disfrutando mi vida aquí. No quiero dejar a mi trabajo, a mis amigos… A ti."

– "¿A mí…?" – Preguntó la dullahan, ruborizándose.

– "Sí, te considero importante para mí."

– "¿P-por qué?"

– "Porque tú me…"

De nueva cuenta, el tiempo se ralentizaba y mi corazón latía con fuerza. La irlandesa abrió sus ojos, expectante de mi respuesta. Me mordí los labios, sin saber cómo continuar la frase. ¿Acaso tendría el valor para confesarle mis sentimientos a la dullahan? ¿Es ahora cuando mi estadía peligra de nuevo que reúno el coraje para declarármele? Decidí cambiar la dirección de la conversación.

– "Lala… ¿Puedo… hacerte una pregunta personal?"

– "C-claro…"

– "¿A ti…?" – Respiré hondo antes de continuar. – "¿…Te gusta Kimihito?"

Ella se paralizó. Debía tocar el tema tarde o temprano. Prefiero despejar mis dudas y aceptar un frío rechazo antes de exponer mi corazón. Fue mi turno de escuchar atenta a su contestación. La miré a los ojos, rojo encontrándose con ámbar, dicromático contra monocromo. El tiempo transcurría, haciendo más pesado el aire.

– "No… No lo sé." – Finalmente habló. – "No estoy segura de haber sentido atracción hacia alguien antes."

– "¿Y ahora?"

– "Lo ignoro… Jamás me preocupé por tales cosas." – Puso sus brazos alrededor de su cuerpo. – "Soy una hija del Abismo, no tengo tiempo para interesarme en una relación sentimental, especialmente con un mortal."

– "¿Has pensado si alguna vez estarías dispuesta a aceptar a alguien en tu vida?"

– "No realmente." – Sacudió la cabeza suavemente. – "Pero dispongo de una eternidad para saberlo."

– "Ya veo."

– "D-de todas formas, ¿p-por qué esa pregunta tan repentina?"

– "Solo curiosidad." – Dije con una débil sonrisa.

Su respuesta fue suficiente para relajarme. Aún había esperanza para mí, pensé.

– "Eres una buena persona, Lala. Mereces ser feliz."

– "G-gracias, Aria." – Replicó sonrojada. – "T-tu también."

– "Danke." – Fue en ese momento que notamos las nubes que se habían formado durante nuestra charla, estas ya comenzaban a presagiar la inminente lluvia. – "Creo que hasta aquí llegó nuestro rendezvous."

– "Así parece."

– "Si no te molesta, quisiera estar unos minutos más aquí. Quiero meditar sobre algunas cosas a solas."

– "Entiendo. Y por cierto, ¿sabes cuándo se hará presente tu progenitora?"

– "No escuché todo lo que dijo por teléfono, pero dejó en claro que serían menos de veinticuatro horas."

– "Ya veo. En ese caso, me retiro. Oíche mhaith, Aria." – Se despidió con una reverencia.

– "Gute Nacht."

La irlandesa cerró la puerta, dejándome con mis pensamientos. Los nimbos en el cielo ocultaban el brillo de las estrellas y la brisa se hacía cada vez más fría. Traté de contrarrestar las lágrimas que amenazaban con escaparse de mis ojos.

– "¿Acaso merezco ser feliz a tu lado, Lala?"

La noche nuevamente fue la única testigo de mis palabras.

Fue la intensa lluvia quien nos dio los buenos días, cancelando todo plan matutino que pudiera tener. Al menos sería una buena excusa para no ir a trabajar. Tampoco es que tuviera ánimos para laborar el día de hoy, la ansiedad de saber que mi madre podría aparecer en cualquier momento me impediría un desempeño aceptable.

Me di un baño y luego me dirigí a la cocina para preparar mi desayuno. No esperaría a la irlandesa, quería estar lista lo antes posible para cuando mi progenitora arribara. La dullahan debió pensar lo mismo, puesto que la encontré preparándose para darse una ducha.

– "Oh, Lala." – La saludé de improviso. – "Guten Morgen."

– "Dia dhuit ar maidin, Aria. Veo que decidiste empezar aún más temprano que de costumbre."

– "Estoy un poco nerviosa. ¿Qué hay de ti? ¿Por qué tan madrugadora?"

– "Me gusta la lluvia, ¿recuerdas?"

– "Claro, es verdad. Uhm… Ya que estás despierta, ¿te importa si te espero? Quiero ayudarte a cocinar."

– "No hay problema." – Sonrió. – "Mi aseo personal no tomará mucho tiempo."

– "Danke, Lala."

Mientras la chica azul estaba ocupada, me puse a pensar en cómo abordar el tema con los demás. No anticipábamos la visita de mi madre y ella no dejó mucho tiempo de sobra para prepararnos. Al menos confío en que el clima retrasará un poco su llegada.

La dullahan acabó con su aseo y regresó vistiendo sus ropas habituales; Es decir, esa armadura ligera que posee.

– "¿Dónde es la batalla, Juana de Arco?" – Le pregunté extrañada.

– "Solo tenía deseos de usar mi indumentaria tradicional, mortal, no tiene nada que ver con la llegada de tu progenitora." – Contestó con ligero rubor.

– "Nunca mencioné tal cosa."

– "¡E-exacto!"

Sonreí un poco. Era tierno lo que la dullahan hacía. Al menos me ayudaba a no perder confianza el saber que cuento con su apoyo. Quizás le pida que le propine un buen golpe con su guadaña.

– "Vamos, William Wallace, hagamos algo de comer." – Le dije bromeando.

– "Wallace era escocés. ¡Jum!" – Contestó fingiendo indignación y apresurándose a la cocina. Solo me reí por lo linda que se veía haciendo pucheros.

Comenzamos con nuestro desayuno. Ignoro si podré volver a hacerlo alguna vez, así que aprovecharé el escaso tiempo que me quede con ella. Preparamos algo sencillo, solo huevos, tocino, pan y algo de sekihan. Degustamos la comida en silencio, disfrutando la tranquilidad.

Kimihito despertó y nos dio los buenos días. Le informé que deseaba hacer un anuncio a las demás inquilinas cuando estuvieran reunidas. Me ofrecí a despertar a Rachnera personalmente, ya que generalmente ella y Miia son las menos madrugadoras. Sin embargo esto no fue necesario, las chicas se levantaron antes de lo habitual, incluyendo a Rachnera, quien me llamó antes de dirigirse al baño.

– "Entonces, ¿hoy nos visita tu querida mamita?" – Preguntó la tejedora.

– "¿C-como lo sabes?"

– "Todo se oye mejor cuando tus ronquidos no se entrometen, cazadora." – Afirmó. – "Además, uso las vibraciones de mis telarañas como una especie de telégrafo. No hay secreto que se me escape."

– "No me agrada la idea de espiarme."

– "Solo lo hago cuando es algo importante. Anoche, tu pequeña rabieta me dejó en claro que algo te sucedía."

– "Pudiste haber preguntado primero."

– "Y tu amiga azul informó que no pasaba nada cuando lo hice."

– "Bien, solo trata de respetar mi privacidad la próxima vez, ¿quieres?"

– "Y tu trata de ser más honesta, Aria. Creí que confiabas en mí lo suficiente."

– "No te preocupes, tejedora metiche, hoy planeo darle los detalles a todas."

– "Excelente. Oh, y tranquila, no he espiado tus otras conversaciones con tu querida dullahan. Tus sucios secretos están a salvo."

– "Wunderbar…" – Espeté con sarcasmo.

Es verdad que no he hablado mucho con ella en estos días, pero tampoco es para que se entrometa. En todo caso, con todos reunidos, era hora de darles la gran noticia. Tomé un vaso y lo hice sonar, captando la atención de todos los presentes.

– "¡Achtung!" – Solicité audiencia. – "Debo hacer un anuncio importante."

Guardaron silencio. Respiré hondo antes de proseguir.

– "Mi… mi madre viene hoy de visita." – Revelé.

Nadie dijo palabra alguna.

– "¡Espera! ¡¿T-tu madre?! ¡¿De visita?! ¡¿Hoy?!" – Exclamó sorprendido Kimihito repentinamente. – "¡Aria, debiste habernos informado! ¡Tenemos que limpiar la casa, preparar mas comida, ordenar los muebles y…!"

– "Herr Kommandant, no es necesario tanta conmoción." – Aseguré con mi mano en su hombro. – "Por favor, tranquilícese."

– "Sí, pero… C-cierto, tienes razón. Lamento lo anterior." – Se disculpó el muchacho. – "Es solo que cuando las madres de las chicas lo hicieron, no fueron experiencias completamente tranquilas. Solo quería asegurarme que nada salga mal esta vez."

– "Entiendo, pero tampoco se desespere. El asunto es conmigo, no se preocupe."

– "De acuerdo." – Suspiró Kurusu. – "Es solo mi manía de ser un buen anfitrión dando lata. ¿Estás segura que llegará hoy?"

– "Una soldado siempre cumple su palabra, Herr Kommandant. La puerta debería sonar en cualquier momento."

– "Ya veo. Supongo nos dará tiempo de darle una arreglada a la casa antes que aparezca."

– "Eso espero. Y siento causarle tal molestia, Herr Kommandant." – Hice una reverencia.

– "No es molestia alguna, la familia es primero después de todo, Aria." – Sonrió el chico.

Él les solicitó a todas nosotras que ayudáramos a ordenar un poco, lo cual aceptamos con gusto. Acabamos la tarea sin interrupciones, aunque mi nerviosismo no disminuyó. La lluvia continuaba y me di un tiempo para pensar, observando la precipitación junto a la ventana trasera.

– "La incertidumbre nos come por dentro, ¿cierto, Aria?" – Habló Miia de repente, colocándose a mi lado.

– "Completamente de acuerdo." – Respondí. – "Será la primera vez que la vea en años."

– "¿Te abandonó?"

– "Algo así… Digamos que su trabajo la mantuvo demasiado ocupada." – Respondí sin revelar el verdadero porqué. Miia no necesitaba saberlo.

– "Ojalá todo te resulte sin problemas."

– "Gracias, Miia. Herr Kommandant mencionó que sus progenitoras las han visitado con anterioridad, ¿es cierto?"

– "Oh, sí, es verdad. Ya hemos tenido el… placer de conocer a las de Cerea, Papi y Mero."

– "¿Qué hay de las demás?"

– "Aún no, aunque si llegara el día, espero no sean como sus hijas. Imagina lo que una Suu mayor podría desatar."

– "Ni que lo digas. ¿Y fue divertido volverlas a ver?"

– "Ugh, fue el infierno. La reina sirena es una auténtica psicópata."

Y viniendo de Miia, eso ya es grave.

– "Tomaré tu palabra. ¿Y qué hay de la tuya?"

– "Hmm… Bueno… Cuando mamá estuvo aquí, hizo algunas cosas que no debía."

– "Cuéntame, si no es molestia." – Le hice señas que se sentara en el sillón contiguo.

– "No me gusta hablar mucho de ello, pero… Está bien." – Suspiró tomando asiento. – "La razón por la que vine a este país fue por… diplomacia."

– "¿Diplomacia?"

– "Sí, verás…" – Me indicó que me acercara. – "Las lamias somos una especie completamente femenina y requerimos de varones humanos para nuestra reproducción. Mi misión era llevar un… erm… voluntario a mi aldea para… tu sabes…"

– "¿Esposo comunal?"

– "Precisamente."

Asentí. Rachnera me había dicho de esto, pero pensé que solo exageraba. Las arachnes hacíamos algo similar pero con solo una pareja por individuo, nada de orgías masivas. Aunque estoy segura que hay personas a quienes tal trato les parecería el paraíso.

– "Yo fui la elegida para tal tarea. La agente Smith me colocó en este hogar por error, pero gracias a ella conocí a mi Cariño." – Sonrió la lamia. – "Se que debía seducirlo y llevarlo a mi nación, pero conforme el tiempo pasaba, me di cuenta que mi Cariño era demasiado especial para traicionarlo de esa manera."

– "Y entonces tu madre llegó para asegurarte que cumplieras con su cometido, ¿correcto?"

– "Así es, Aria." – Suspiró de nuevo, cruzando sus brazos. – "Ella es una auténtica víbora y planeó envenenarlo para forzarlo a aparearse. Honestamente no me molestaría unirme en carne y alma con él, pero no me gusta la idea de volverlo un esclavo más de mi aldea."

– "Scheisse. ¿Cómo la convenciste de lo contrario?"

– "Fue mi Cariño quien se lo demostró. No importaron cuantas trampas mi progenitora planeara, la voluntad de hierro de mi Cariño triunfó sobre todo lo demás. Al final ella entendió que alguien así merecía un mejor destino que ser un banco de esperma público. Y yo comprendí que como mi Cariño no existe otro igual"

Era una confesión honesta de Miia. Aunque su forma de demostrar amor pareciera algo posesiva, era evidente que sus sentimientos hacia Kurusu eran honestos.

– "Te agradezco por compartirlo conmigo, Miia." – Le sonreí.

– "Esta bien, Aria. Espero tu madre no te traiga muchos problemas como la mía."

– "Ojalá, Miia, ojalá."

De repente, alguien tocó a la puerta. Mi corazón casi se detenía cada vez que la madera sonaba. Estaba aquí, ella estaba aquí finalmente. La hiperventilación trató de tomar posesión de mí pero pude controlarla. Armándome de valor, me incorporé y decidí recibir a quien continuaba golpeando la entrada con insistencia.

– "Bitte, les suplico tengan infinita paciencia con ella. Les sugiero no hablarle a menos que ella les dirija la palabra primero." – Advertí a las chicas. – "Mantengan contacto visual todo el tiempo y no hagan movimientos bruscos en su presencia."

Parecería excesivo, pero mi progenitora podía ser impredecible cuando se hallaba de mal humor. Inhalando hasta que mis pulmones alcanzaron su capacidad máxima, me preparé para girar la manija de la puerta. Dudé por unos segundos, mis manos temblaban. Sentí una mano en mi hombro y volteé para hallarme con Lala, dándome ánimos con la mirada. Asentí sonriéndole. Volví a suspirar y abrí la puerta.

Me encontré a otra arachne Sparassidae, con un paraguas negro que ocultaba su rostro. Esta alzó la sombrilla para revelar un cabello rubio peinado estilo Updo y seis ojos rojos que hacían juego con algunas cicatrices en la mejilla izquierda. El uniforme militar, el brazalete rojo con el símbolo de Sparassus en su brazo y la Cruz de Hierro colgando de su cuello confirmaban que la mujer frente a mí era, en efecto, Vera Jaëgersturm, mi madre.

Nos miramos fijamente, sin hablar. No tenía idea que decir. Ella simplemente desapareció de mi vida después de mi incidente con Akantha. Nunca escribió, nunca intentó comunicarse de otra manera. Y ahora se hallaba enfrente de mí, con la misma expresión neutral en su rostro.

– "Y cuando Edipo se creía a salvo en Colono…" – Fueron mis primeras palabras. Las primeras en mucho tiempo. – "…Creonte aparece para continuar arruinando su vida."

Lo dije de la manera más despectiva posible en ese momento. Estaba molesta. ¡No, estaba furiosa! Quería que supiera lo mucho que su presencia me irritaba. Que mi fría referencia le recordara que ya no puede dominarme.

– "Tu abuela ha muerto, Aria." – Respondió ella.

Pero fueron sus palabras las que más impacto tuvieron. Mi cuerpo se tornó tan frío como el hielo al oírla.

– "¿Q-qué?" – Pregunté tartamudeando.

– "Tu abuela, Diva, ha perecido." – Contestó de nuevo.

Mi reacción fue mirar fijamente al horizonte, sin enfocarme en nada. Mi mente estaba en blanco, solo las palabras de mi madre resonando en mi cabeza, con un enorme eco que se hacía más fuerte a cada momento. Mi abuela, la madre de mi progenitora, la persona quien me crió la mayor parte de mi vida, ya no existía.

Mi matriarca no esperó alguna replica verbal y decidió abrirse paso hacia adentro de la casa. Tardé un momento en recobrar consciencia y me apresuré a colocarme a su lado. No saludó a las chicas o a Kurusu, quienes solo se limitaron a observar a la madura arachne en silencio.

– "Necesito un lugar para hablar en privado." – Me ordenó ella.

Miré a Rachnera y esta indicó moviendo su cabeza que usáramos el ático. Le agradecí con una reverencia y guié a mi matriarca a nuestra habitación, pasando de largo al resto de los inquilinos, con quienes me disculpé en silencio. Su expresión no era fácil de leer, mezclada en una extraña combinación de soberbia y tristeza. Ya adentro, cerré la puerta, quedando solas.

– "Entonces…" – Expresé antes que naciera otro incómodo silencio. – "¿Regresaste solo para informarme del deceso de la vieja Diva?"

– "Noto que estás furiosa."

– "¡¿Furiosa?! ¡¿Por qué lo estaría?! ¡¿Por abandonarme?!" – Exclamé con ira. – "¡¿Por el hecho de que desapareciste de mi vida después de llamarme 'error'?! ¡¿O quizás porque ahora que escapé de la maldita prisión que es Sparassus, de pronto apareces con la intención de que llore la muerte de esa vieja bruja con el corazón de piedra?!"

– "Esa bruja era tu abuela y mi madre, Aria."

– "¡No me importa! ¡¿Acaso piensas que voy a perdonarles todos estos años de sufrimiento que pasé a lado de ustedes?!" – Recriminé a todo pulmón. – "¡¿Crees que voy a derramar lágrimas y exonerarla luego de sus golpes e insultos que soporté durante estos años?!"

Coloqué mis manos en sus hombros, mirándola fijamente a los ojos.

– "Odiaba a esa mujer, madre, y la sigo odiando…" – Mi voz se tornó más gutural. – "Al igual que a ti."

Mi progenitora no contestó, solo continuó mirándome. Lentamente, acarició mi mejilla con delicadez, esbozando una sonrisa nostálgica.

– "Te pareces tanto a él." – Dijo ella.

– "¿De quién hablas?"

– "De tu padre." – Respondió continuando con las caricias. – "Tienes su misma personalidad de fuego."

– "¿Mi padre?" – Aparté lentamente su mano. – "¿Para qué mencionarlo ahora? Nunca lo conocí."

– "Tu abuela tampoco, y aún así ella lo detestaba."

– "Ella detestaba a todos."

– "En eso tienes razón." – Se rió un poco. – "La vieja Diva solo tenía dos expresiones; Enojada y molesta. Pero aún así, no cambia el hecho que a pesar de todo, tu abuela, muy en el fondo te amaba."

Reí sardónicamente. Si mi madre intentaba engañarme con eso, era demasiado ingenua.

– "¿Es una broma? ¿Acaso esos regaños eran su manera de demostrarme su amor? ¿Fue ese golpe en mi cara un tierno abrazo?" – Le recordé el puño que me impactó en el rostro. – "No soy estúpida, madre."

Ella suspiró. Cruzando sus brazos, se asentó junto a mí y movió la cabeza de un lado a otro.

– "Hija, vivir con tu abuela no fue sencillo, eso lo sabes muy bien." – Observó el techo. – "Incluso yo. Nunca estuve de acuerdo con sus métodos a los que me sometía. De hecho, se podría decir que yo también la odiaba."

– "¿Alguna vez se lo dijiste?"

– "Claro que sí. El moretón que me dejó tardó semanas para desaparecer."

– "¿Y porque continuaste hasta volverte una copia de ella?"

– "¿Qué otra elección tenía, Aria? No había otro lugar al cual viajar, a donde huir; No había Acta de Intercambio a la cual ampararse. Rebelarse contra ella sería infructuoso." – Mi madre intentó tocar mi hombro, pero yo me moví para evitarlo. – "No poseía ese espíritu indomable que tu padre te heredó."

– "Deja de hablar de quienes desconozco."

– "Lo has conocido toda tu vida." – Afirmó. – "Cuando te miras al espejo, lo ves a él; Cuando expresas tu inconformidad, lo escuchas a él; Y cuando te rebelas en contra de lo establecido, es su corazón quien te guía."

Miré al suelo. Lo que mi madre decía sonaba demasiado poético como para provenir de ella. Mi progenitor siempre fue una figura enigmática, distante para mí y pensar que tengo más en común con él de lo que creía, me parecía extraño de aceptar.

– "¿Cómo… cómo era papá?" – Cuestioné sin alzar mi cabeza.

– "Era maravilloso, el hombre más decidido que alguna vez conocí." – Replicó mi matriarca, sonriendo. – "Solo estuvimos juntos por cinco días, pero lo amé tanto como una mujer puede amar a alguien."

Ella se levantó y se volteó en dirección a la ventana con las manos en la espalda, entonces continuó su narración.

– "Su nombre era Helmutt Jäger, y su apellido no fue lo único que me atrajo de él. Nos conocimos en Dresden, en la Alemania del Este. Era miembro de la Panzerdivision del tercer distrito militar en la Landstreitkräfte; Un conductor de tanques.

Cuando lo vi la primera vez, no pensé siquiera que ese chico rubio y con actitud rebelde valiera la pena. Preferí buscar otro candidato más atractivo para procrear. En esos tiempos, las arachnes aún éramos un mito y básicamente debíamos secuestrar a un humano y obligarlo a aparearse.

No entraré en muchos detalles de las circunstancias que dieron para nuestro encuentro, pero el hecho que no planeara acribillarme cuando me conoció fue suficiente motivo para quedarme a su lado. En poco tiempo nos enamoramos y por cinco efímeros días, fuimos felices.

Es innecesario mencionar que tanto sus superiores como los míos no estuvieron muy contentos con nuestra decisión de fugarnos por tanto tiempo. Se supone que yo debía cumplir mi objetivo en veinticuatro horas y él aún estaba en servicio activo. Fue nuestro gran acto de rebeldía para un par de enamorados.

Para tu padre, el régimen soviético era su mayor enemigo. Amaba a su país y quería servir en su defensa, pero el gobierno siempre estaba decepcionándolo y haciéndolo desear un sistema menos opresor. Siempre luchó contra la cultura absolutista que Stalin impuso en el país germano. Tu abuela nunca lo entendió y era irónico cuando se refería a él como un 'sucio comunista'.

Si hay algo que siempre le recordaré, es la música. El adoraba la música clásica y solíamos escucharla todas las noches, sin importar los toques de queda o las patrullas nocturnas que intentaran silenciarnos.

Me decía que yo era como el aria de una obra maestra; Una voz tan poderosa que no necesita un coro para expresar su belleza. Era su musa, su soprano, su gran hermosa tonada que le hacía soñar despierto. Esa es la razón de tu nombre, hija.

Pero todo sueño debe llegar a su fin y al final tuvimos que separarnos. Compartimos una última noche de amor y después partimos rumbos diferentes. El me prometió que algún día volveríamos a vernos y podríamos vivir en una Alemania reunificada. Yo sabía que tal sueño sería imposible de cumplir para mí.

Regresé a Sparassus y siete meses después viniste a este mundo; mi pequeña Aria Jaëgersturm."

Mi madre se dio la vuelta, su rostro evidenciaba las lágrimas que corrían por sus mejillas.

– "Tu abuela nunca demostró amor conmigo; Más allá de cuidarme, su actitud siempre fue fría y distante, algo que tú conoces bien. Incluso cuando mi embarazo se confirmó, a ella le pareció solo la siguiente etapa en nuestro legado.

Y sin embargo, debiste verla cuando naciste. Eras una pequeña arañita que cabías en la palma de mi mano. Tan débil, tan frágil, tan vulnerable. El tempano que tu abuela tenía por corazón se derritió al instante. Te sostuvo en sus brazos, te meció con delicadeza y entonces lloró de alegría, algo que no había recordado nunca atestiguar en toda mi vida.

Ella estaba tan orgullosa de tu existencia en ese momento. Te alzó en el aire y te proclamó como la legítima heredera de la familia Jaëgersturm. Era feliz, por un breve momento de su vida, ella fue feliz. Y yo también."

No hablé, solo continué con la vista en el suelo, incapaz de hacer contacto visual con mi madre. Era una historia conmovedora, pero no justificaba la actitud posterior que ambas mostraron criándome.

– "¿Por qué, madre? ¿Por qué hasta ahora me cuentas todo esto?" – Alcé la mirada para encararla. – "¿No pudiste decírmelo antes?"

– "Yo admito que erré en mi papel de tutora en muchos aspectos. No fui un buen ejemplo y difícilmente mostré cariño aún cuando eras una niña." – Puso sus brazos alrededor de ella. – "Pero, cada vez que veía tu tierna carita angelical, lo veía a él, a tu padre."

Ella se acercó.

– "Sé que no merezco ser compadecida por mi abandono, pero me costaba trabajo lidiar con el recuerdo de haberlo perdido. Es ridículo, lo sé, pero en el fondo yo era demasiado cobarde para aceptar que el hombre al que amé ya no estaría en mi vida."

– "¿Así justificas tu ausencia?"

– "No, Aria." – Negó con la cabeza. – "También sabía que poseías su espíritu libre, que no importaba cuantas reglas y restricciones tratáramos de imponerte, tu las romperías al final. No podía contradecir a la vieja Diva y tampoco quería seguir aprisionando tu voluntad, así que hallé en el ejército la excusa perfecta para evitar responsabilidad."

Era una confesión dolorosa, pero al menos era la verdad.

– "Eso no significa que te quisiera menos por ello." – Aclaró. – "Nunca dejé de sentirme orgullosa por haberte dado a luz, por heredar mi sangre. Por ser mi hija."

De repente, me abrazó. Intenté zafarme, pero cedí al contacto físico que mi progenitora no proveía en mucho tiempo.

– "Siempre serás mi hija, Aria, jamás lo olvides." – Dijo acariciando suavemente mi cabello. – "Nunca dejaré de amarte, tenlo por seguro."

Deseaba refutarle sus acciones, quería estar molesta con ella, pero era inútil. Sus palabras eran en verdad sinceras, podía sentirlo. Solo pude regresar el abrazo y hundir mi cara en su hombro, para llorar. Ella continuó mimando mi cabeza y ofreciendo ligeras palmadas a mi espalda, reconfortándome.

– "Cuando eras bebé, solía arrullarte con una canción. Al igual que Helmutt, adorabas las obras de Mozart." – Confesó mi madre. – "Tu favorita era Der Hölle Rache de Die Zauberflöte."

– "¿Me ponías a dormir con una canción sobre una madre incitando asesinato?" – Pregunté incrédula. – "Eso es algo perturbador."

– "Tampoco es que entendieras la letra a tu edad, Aria."

– "Típico de ti, Reina de la Noche." – Contesté riendo.

Nos separamos, ambas con los mismos ojos humedecidos por nuestro llanto. Compartimos una pequeña sonrisa. Ella pronto cambió su expresión.

– "No espero que me perdones tan fácilmente. Y sé que no estoy en posición de exigir, pero al menos me gustaría que comprendieras mis razones; Si bien fueron las equivocadas, nunca las tomé por menospreciarte."

Bajé la mirada. Podía entender, pero tantos años de rencor no desaparecen en un santiamén.

– "¿Por qué…?" – Cuestioné. – "¿…Me llamaste error esa vez?"

– "No es por lo que piensas, Aria. Fueron palabras crueles, lo sé, pero nunca me referiría a tu persona como una equivocación." – Respondió con hombros caídos. – "En realidad, lo dije porque era un error que hubieras nacido en Sparassus."

– "¿A qué te refieres?"

– "Tanto tu abuela como yo sabíamos que el ambiente dictatorial de nuestra nación era opresivo. Para un par de viejas como nosotras, era aceptable; Pero tú, hija, no cederías al yugo totalitario que impregnaba al país." – Explicó dándose la vuelta. – "Conocíamos de tus preferencias cuando alcanzaste la pubertad. Me convencí de que solo era una fase provocada por la ausencia del género masculino, pero solo negaba la realidad."

– "Si lo sabías, ¿entonces por…?"

– "Tu abuela estaba segura que podía hacerte cambiar de opinión con un entrenamiento más riguroso. No me pude oponer a sus deseos y dejé que ella te tratara con mayor severidad." – Continuó. – "Pero muy en fondo sabíamos que eras una bomba de tiempo, que eventualmente te rebelarías y mostrarías tu verdadero ser."

Hice mueca de disgusto. ¿Acaso mi verdadero ser era… ese monstruo impulsivo al que tanto le temo? Mi madre prosiguió.

– "Cuando te descubrimos con esa tejedora en tu cuarto, comprendimos que era demasiado tarde. Toda esa represión, esa prisión mental que te impusimos por años, terminaron desatando tu catástrofe." – Sollozó. – "No se suponía que eso sucediera, no de esa manera. Pero al final las únicas culpables fuimos Diva y yo. Arruinamos tu vida. Nosotras somos los errores."

No dijimos nada, dejé que ella se desahogara y manchara el piso con sus lágrimas.

– "Aún no, madre." – Le afirmé. – "Mi vida no está arruinada."

– "Aria…"

– "No negaré que el pasado me dejó cicatrices profundas y que incluso el día de hoy aún tengo miedo de mi propia naturaleza." – Enderecé mi cabeza. – "Pero si algo me enseñaron tú y la abuela, fue a que nunca rendirme. Y, aunque sea poco, he logrado hacer de mi existencia más placentera de la que podía imaginar antes."

– "Sigo arrepentida por todo lo que hice. Y comprenderé si aún sigues detestándome."

– "No te odio, madre." – Dije suavizando mi voz. – "Ya he pasado demasiado tiempo odiándome a mí misma. Pero no esperes que te absuelva del todo."

– "Danke, Aria. Me conformo con eso."

Sería suficiente por ahora. No es fácil perdonar, el tiempo tarda en curar las heridas.

– "¿Cómo murió ella?" – Pregunté, refiriéndome a mi abuela.

– "Fusilada."

Miré hacia el otro lado. Era irónico como la draconiana ley de Sparassus se había vuelto en contra de una de sus mayores defensoras.

– "¿Todo por mi culpa?" – Cuestioné de nuevo. – "¿Yo… la maté?"

– "No, hija. Ella lo eligió." – Se apresuró a corregir. – "La sentencia por desertar es cadena perpetua para cada miembro de la familia infractora. Sabes que tu abuela nunca hubiera aceptado el pudrirse en una celda por el resto de sus días."

– "¿Pero por qué tomar una medida tan drástica?"

– "Diva estaba enferma, hija. Las arachnes gozamos de vidas prolongadas, pero no inmunes al decaimiento de la edad." – Explicó colocando su mano en mi espalda. – "¿Recuerdas esas manchas negras que tenía en su exoesqueleto? Era necrosis causada por un fallo en su sistema inmunológico, y el tejido muerto pronto le quitaría la habilidad de caminar."

Un padecimiento del que mi abuela se quejaba en mis últimos días en casa.

– "Sabiendo que con su vida nos exoneraría a las dos de todo delito, la terca Diva optó por morir para liberarnos." – Mi madre miró hacia el techo. – "Fue su manera de pedirte perdón por todo lo que sufriste a su lado."

Orgullosa hasta la muerte, literalmente. Una persona tan soberbia como Diva Jaëgersturm no se hubiera conformado con menos. Podría no estar de acuerdo con su método de lidiar con el problema, pero ya era muy tarde para hacer algo.

– "¿Qué sucederá con su cuerpo, madre?"

– "Fue cremado, como dicta la tradición militar. Era una soldado veterana y su estatus le permitió que sus cenizas se regaran en el mar de las costas de Weidmann."

– "¿Estuviste ahí? ¿Presenciaste el momento en que le quitaron la vida?"

– "No." – Negó con la cabeza. – "No tendría estómago para ver morir a la mujer que me dio la vida frente a mis ojos."

– "¿Crees que sea normal que a pesar de todo, no me sienta tan mal por haberla perdido?"

– "Diva no quería que le lloraras a cántaros, solo que siempre la reconocieras como tu familia. En el fondo, ella igual estaba arrepentida por no haber sido mejor persona contigo, hija."

– "Supongo que eso bastará."

Mi progenitora no se molestó por mi aparente frialdad. Ella sabía que solo debía darme tiempo para que mi ira disminuyera.

– "Toma." – Indicó entregándome un objeto metálico. – "Ella quería que lo tuvieras."

– "¿Acaso esta es…?"

– "La cruz de hierro de tu abuelo."

La cruz metálica, atada a un listón tricolor, mostraba la esvástica del Tercer Reich con la fecha mil novecientos treinta y nueve debajo de esta. Con unas ligeras marcas de desgaste, el objeto era una reliquia antigua de una guerra violenta, pero de igual manera, era un objeto con valor sentimental.

– "Al igual que tú, tampoco conocí a mi padre, hija, pero sé que tu abuela también lo amó mucho." – Sonrió. – "Solía llamarlo 'su querido Wolfy', por Wolfgang, su nombre."

– "Ella no hablaba mucho de él. Más allá de su trabajo en la fuerza aérea y esta medalla, desconozco todo de mi abuelo."

– "Bueno, de lo poco que la vieja Diva solía revelar, solo recuerdo que se apellidaba Sturm, era zurdo y adoraba la comida irlandesa."

Ahora todo tiene sentido. Me pregunto si el cottage pie era su preferido.

– "Un momento…" – Interrumpí. – "¿Mi padre era Jäger y mi abuelo Sturm? ¿De verdad?"

– "El mundo es muy pequeño, hija. Coincidencias así abundan todo el tiempo."

– "Supongo tienes razón, pero no deja de ser curioso. Digo, arachnes cazadoras viviendo en una aldea llamada Weidmann ya era demasiada casualidad."

– "So ist das Leben." – Contestó riendo. Cierto, así es la vida.

Me sentía un poco mejor, ahora conocía algo más de mi pasado y de mi misma. Las circunstancias no fueron las mejores, pero los resultados eran mejor a los esperados.

– "¿Te trata bien la vida, Aria?" – Preguntó mi madre.

– "Eso creo. A pesar de algunos tropezones al principio, me parece que voy por el rumbo correcto." – Contesté rascando mi cabeza. – "Conseguí un empleo en una nevería. No es muy glamoroso pero es un oficio honrado."

– "Incluso te cortaste el cabello. Te queda bien."

– "Ah, sí. Quería imitar a Erika Kriegtochter."

– "Siempre admirando a otros rebeldes como tú, ¿cierto, hija?"

– "Es quién soy, madre."

– "Y dime… ¿Alguna dama especial en tu vida?"

– "¿Finalmente aceptas que soy lesbiana?"

– "Lo hice hace mucho, solo pretendía negarlo. Y aún no respondes."

Oh Arachne mía. ¿Qué le respondo? ¿Qué cierta dullahan me hace sentir mariposas en el túbulo digestivo? ¿Pedirle ayuda para planear la boda? ¡No, que tonterías digo! ¡Ni siquiera me he confesado!

– "Uhm… bueno… hay alguien que me gusta, pero no sé si me corresponderá…" – Repliqué juntando mis dedos tímidamente.

– "¿Es esa tejedora que vi al entrar?"

– "¿Eh? ¡No! ¡Gran Rea, no! ¡Rachnera es solo mi compañera de habitación!" – Respondí nerviosa.

– "Solo te estoy tomando el pelo." – Se rió un poco. – "Pero hablando en serio, ¿aceptarías el consejo de esta anciana cazadora, Aria?"

– "Por supuesto."

– "Jamás dudes en hacerle saber lo que sientes. Y cuando lo hagas, quiérela tanto como puedas." – Aconsejó con gran sinceridad. – "Nunca sabrás si algún día aquella persona ya no estará a tu lado."

Su rostro se tornó melancólico.

– "Eso lo sé muy bien." – Sollozó de nuevo. – "A veces, quisiera ver a tu padre solo por un momento, para recordarle cuanto lo amo."

Abracé a la triste mujer, confortándola mientras sus lágrimas humedecían mi camisa.

– "Lo siento, hija. Soy una vieja sentimental."

– "Eres mi viejita sentimental, mamá."

– "Hacía tanto que no me decías 'mamá'."

– "Soy una niña sentimental."

Nos reímos como madre e hija, como familia. Escucharla tan feliz me reanimaba el alma. Era una sensación que hace mucho creí no volver a experimentar.

– "Creo que mi tiempo aquí ha concluido." – Informó mi progenitora. – "Mi misión era informarte de lo acontecido y la he cumplido. Lamento no quedarme más tiempo."

– "Está bien, ya me has dado más de lo que esperaba, mutter."

– "Danke, tochter. Prometo estar en contacto contigo a partir de hoy, quizás no perdone el pasado, pero será un comienzo."

– "Por supuesto, mamá, yo igual espero que hablemos más seguido."

– "Entonces, es momento de retirarme."

Le ofrecí un último abrazo. Ignoro si volveremos a vernos pronto, pero espero la próxima vez sea en mejores circunstancias. Antes de salir por la puerta del ático, ella se dio la vuelta.

– "¿Aria?"

– "Dime, mamá."

– "Suerte con esa dullahan."

– "¿P-pero có…?"

– "Tienes su aroma y viceversa." – Contestó guiñando tres de sus ojos.

Mientras yo me mantenía paralizada como idiota por la perspicacia de mi progenitora, esta partió y cerró la puerta. Pude escucharla bajar y dirigirse hacia los demás que aún seguían en la sala.

– "Guten Morgen. Mi nombre es Vera Jaëgersturm y les agradezco infinitamente por cuidar de mi hija. Lamento no poder quedarme más tiempo, pero debo volver a mi patria lo antes posible. Que tengan un excelente día. ¡Auf wiedersehen!" – Se despidió la veterana.

Cuando salí de mi shock, ella ya se había ido. Fue una suerte que no decidiera decirle algo a Lala. Bueno, de vuelta a la rutina.

– "Uhm… Me disculpo por todo esto, Herr Kommandant." – Ofrecí a Kimihito una reverencia cuando bajé de mi habitación.

– "Está bien, Aria. De hecho, tu madre es la que menos problemas nos ha dado, y créeme que no exagero."

– "Como usted diga, Herr Kommandant. Gracias por tener paciencia."

– "Es un placer." – Sonrió.

– "La lluvia parece haber cesado. ¿Le molesta si doy un paseo por la ciudad? Necesito meditar algunas cosas."

– "Por supuesto, Aria. Solo recuerda regresar a tiempo para el almuerzo."

– "¡Jawohl, Herr Kommandant!" – Saludé.

Me preparé para mi caminata. Antes de salir, sentí la mano de la irlandesa en mi hombro.

– "Aria. ¿Estás bien?"

– "Por supuesto, Lala."

– "Estuviste llorando." – Dijo pasando su dedo por mi mejilla.

– "Un poco. Resulta que no me compraron mi pony de cumpleaños." – Bromeé.

– "Confío en que te encuentres mejor."

– "Tranquila, no intentaré huir y dejarte sola, si eso te preocupa."

– "¡C-claro que no, mortal!" – Exclamó ruborizada. – "¡Solo es para asegurar que la aparición de tu progenitora no ha afectado tu estabilidad emocional!"

– "Me encuentro en perfecto estado. Solo saldré un par de horas, ¿de acuerdo?"

– "Bien." – Respondió cruzando sus brazos. – "Q-que disfrutes tu paseo."

– "Danke, Lala. Oh, y una última cosa sobre mi madre."

– "¿Qué hay con ella?"

Le guiñé tres ojos.

– "Puedes llamarla suegra."


NOTAS DE MERO: Adoro el sentido del humor de Aria-san. Admito que su matriarca resultó más afable de lo que imaginaba. La mía podría aprender algo de la arachne.

En fin, así concluye este capítulo y solo me queda agradecer a todos nuestros queridos y fieles lectores por continuar con nosotros. No olviden dejar sus comentarios, sugerencias y reseñas, siempre es un gusto saber lo que opinan. ¡Hasta la próxima!

Y recuerden, si se portan mal, ¡me invitan! ¡Ciao!