88. Hay que abrirse paso al futuro, luchando en el presente.

Sakura como pudo, entre los escombros, alzó su mano para llegar a la herida de la cabeza de Sasuke. Tuvo que meter el estómago, con una inhalación de aire profunda para poder acomodar mejor al chico entre su cuerpo, las piedras y el suyo. Al mismo tiempo, no sabía cuanto aire les quedaba todavía, ni cuantos escombros estaban encima de ellos, un acto de imprudencia podría significar un derrumbe todavía peor. A su contra, no llevaba ningún pergamino de babosas encima, ni algo con que dibujar el sello de invocación

Si Masamune estuviera, habría aprovechado su aumento de tamaño como beneficio para salir del lugar. Sakura sacudió la cabeza, concentrándose en cerrar la herida que tenia Sasuke. La sangre barboteaba al recibir el tratamiento médico, pero él no parecía despertar. Sakura mordió sus labios, pensando quizás que se había hecho una herida interna.

Necesitaba sacarlo de ahí para revisarlo correctamente.

—Vamos, Sasuke. No te puedes morir, tonto. —reprochó Sakura, abrazándolo de la espalda. Pegó la oreja a su pecho, los latidos iban lentos, pero parecían más estables. Eso le quitó un tremendo peso de encima. Ahora lo que faltaba era salir de ahí.

A todo esto, ¿Konoha estaría siendo atacada? ¿Podría cuidar de Sasuke si lo atacaban los enemigos? ¿Sería Akatsuki?

—Mierda, Sakura, concéntrate. —se reprendió. Aún manteniendo el abrazo de Sasuke, comenzó a girar poco a poco sobre el cuerpo de ambos, lo suficientemente cuidadosa para que las piedras no se les vinieran encima. Hasta que logró quedar encima de Sasuke, con las rocas aplastándole la espalda. No había suficiente espacio para derribar todo con la super fuerza, necesitaba de una invocación.

Sakura pensó por varios minutos los sellos de invocación aprendidos por Tsunade. Aún no podría invocar a la babosa gigante, es más, Tsunade debería estar ocupándola en ese instante. Pero recordó entonces que podría invocar una lo suficientemente grande para que al menos le diera el espacio suficiente para mandar a volar todo.

Por puro impulso, rasgó la camisa de Sasuke, tomando un pedazo de esta para comenzar a dibujar el sello con su propia sangre. Sakura entonces volvió a removerse torpemente, poniendo el sello sobre su propio pecho, volvió a girarse encima de Sasuke, quedando ahora con las rocas aplastándole el rostro.

—Que esto funcione, maldita sea. —farfulló, al instante en que hacía la invocación.

Un estruendo enorme se formó, Sakura cargando a una babosa de tres metros y al mismo tiempo evitando aplastar a Sasuke era duro. Pero habría abierto el suficiente espacio para que pudiera hacer el siguiente movimiento.

— ¿Sakura? —llamó el animal.

— ¡Desaparece, ¿qué esperas?! —gritó Sakura, con las venas ya hinchadas debido al esfuerzo que estaba aplicando. La babosa pareció reaccionar al instante, obedeciendo a su dueña. Al momento en que Sakura dejó de sentir la presión en sus manos, supo que por mucho le quedaban dos segundos antes de que ambos murieran aplastados.

Juntó una enorme cantidad de chakra sobre su puño derecho, al segundo ya estaba de pie, con Sasuke cargado bajo el brazo izquierdo.

— ¡No vamos a morir aquí! —gritó, estrellando el puño contra el mar de piedras que se venían encima de ellos. — ¡TOMA ESTO!

Sakura comenzó a golpear a una velocidad impresionante todas las rocas, partiéndolas en mil pedazos que apenas lograban hacerle rasguños a la cara. Todo esto mientras se abría el camino hacía arriba. De otro golpe directo, por fin notó el aire libre, el sol y… toda la destrucción.

Salió con Sasuke bajo el brazo, apartándose del hoyo que había hecho para que no fueran absorbidos nuevamente. Extrañamente ahora podía notar que tenía lastimada la pierna, así que mientras analizaba todos sus alrededores, comenzó a curarse rápidamente.

Había una destrucción abismal. Todo era humo y escombros. No parecía haber alguien cerca con vida. Pensó en el ninja que seguro los estuvo cuidando, ¿estaría abajo sobre los escombros? ¿No sería Kakashi, verdad? Ni Anko. No, no. Sakura se mordió una uña, temblando de terror.

Y mientras, buscaba algo, cualquier cosa para darse una idea más certera de lo que estaba pasando. Notó algo en el cielo, comenzando a descender poco a poco, a varios kilómetros lejos de ella. Quizás pareciera un punto en el cielo, pero un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Sakura, sintiendo la misma sensación de cuando lo vio por primera vez.

Era Pain.

Había descendido del Cielo, y ante esto, ellos habían sido arrastrados hasta el mismo Infierno.

—S-Sakura…—llamó Sasuke, tosiendo. Le dolía horrorosamente cada parte del cuerpo. Ella pareció volver a conectarse con el mundo y se giró a él, asustada.

—No te muevas, curaré las heridas. Tengo que examinarte. —pidió, trayendo consigo las instrucciones del cuerpo médico de Konoha. Sasuke llevaba la cara ensangrentada, con raspones nuevos que las rocas que destruyó habían hecho; la cara pulcra que apenas hace momentos había admirado, estaba destrozada.

Sasuke se quedó en silencio, notando que las manos de la chica temblaban. Él, entrecortadamente, logró subir una mano hasta tomar una de las de Sakura. Ella buscó apartarla para seguir con la curación, no obstante, Sasuke la entrelazó, dándole una sonrisa pequeña.

—Estoy aquí. —comentó. Y Sakura se sintió tan reconfortada al escucharlo. —Confía en mí.

—Claro que sí. —masculló ella, volviendo a soltar su mano y dedicándose al cien por ciento a curarlo. Sasuke poco a poco comenzó a sentirse mejor.

Cuando estuvo completamente curado, Sakura lo ayudó a levantarse. Ambos se miraron por unos segundos, los suficientes para que supieran que estaría pensando el otro. Y en un instante ya estaban corriendo rumbo al campo de batalla.

Eso hasta que fueron interceptados.

Danzo estaba delante de ellos, solo. Y no parecía tener la menor intención de ayudar o preocuparse por lo que estaba sucediendo en la aldea. Sakura pasó saliva, frunciendo las cejas, sabiendo porque estaba haciendo eso. Era el momento perfecto para llevarse a Sasuke. Todos estaban demasiados concentrados en Pain.

—Vete, Sakura. —Sasuke la miró, y ella pareció ofendida de que le pidiera eso. —Te lo dije, él es mi presa.

— ¡Hay cosas…!

—Y por eso, debes ayudar a Naruto. —comentó Sasuke, firme. Sin despegar la mirada de Danzo. —Te necesita.

— ¡No voy a dejarte con él!

Él le devolvió por un segundo la mirada, ya tenía el sharingan activado. Sakura se mordió los labios, no queriendo irse. Sabía que Danzo estaba a punto de realizar el primer movimiento, así que en un impulso, cargó de golpe a Sakura, echándola en su hombro al recibir el primer ataque. Aún estaban demasiado alejados de dónde estaría Pain, con Tsunade y los demás.

—Te lo confío, Sakura. —Sasuke le dio una sonrisa y Sakura sintió como con toda la fuerza que era capaz de aplicar el Uchiha, la lanzó por los aires, como si de una muñeca de trapo se tratara.

Mientras iba descendiendo en el aire, a Sakura se le cortó el aliento al ver la sonrisa de Sasuke Uchiha. Espectacular, grande, llena de júbilo y alegría. El corazón de la chica se estremeció y asintió con la cabeza, rotando en el aire, para poder caer mejor sobre los escombros.

Esa no era una sonrisa de despedida.

Y, entonces, por primera vez, Sakura decidió confiar en eso.

—.—.—.—.—

Cuando llegó al centro del caos, notó un predominante agujero esparcido por todo el centro de Konoha. Algunas babosas estaban asistiendo a los ninjas más lastimados, gracias a Tsunade. Y fue cuando lo vio, que Sakura sintió un terrible mareo que la hizo sentarse de golpe, arrastrarse a gatas a él, su cuerpo y su mente volvieron a sentirse vulnerables y toda la confianza que la sonrisa de Sasuke le dio se esfumo por completo.

En medio de dos rocas, yacía el cuerpo de Kakashi.

Las piedras volaron con fuerza hacía atrás, golpeándose estruendosamente contra el suelo, fracturándolo aún más. Sakura se rasgó las uñas, sus manos estaban sangrando por lo mismo. Nada de esto le importó, nada que no fuera sacar a Kakashi de ahí, le interesaba.

Con cuidado tomó el cuerpo de su maestro, depositándolo con cuidado en el suelo. Parecía dormido. La chica abrió su chaleco y rompió por la mitad la camiseta de Kakashi. Pegando su cabeza al pecho, tal como antes con Sasuke, buscando su pulso. Su mano derecha estaba en el pulso de la muñeca, mientras que con la izquierda, torpemente buscaba la vena palpitante de su cuello. Ninguna de las tres opciones parecía emitir respuesta.

—No, no, no. —Sakura cambió de manos, en un vano intento de creer que se había equivocado. — ¡Sensei, sensei! —ella puso las manos ahora encima de su pecho, intentando que su corazón volviera a latir.

El miedo comenzó a comerle las entrañas. Apenas la noche anterior, él había estado a su lado, sonriéndole y llevándole comida. Con una mirada que prometía tener más días así.

— ¡No puedes dejarme, Kakashi-sensei! —reclamó Sakura, sintiendo las lágrimas recorrer sus mejillas y estampar sobre el pecho de Kakashi. — ¡Jamás te lo voy a perdonar! ¡Se supone que serías el padre que nunca tuve! ¡Hay muchas cosas que quiero hacer contigo!

Sakura miró a un costado, ahí estaba el maldito responsable, tirado, muerto. Quería reventar su cabeza contra el piso y cortar cada extremidad de su cuerpo. Sin embargo, algo apenas perceptible, un pequeño brinco del pulso en su cuello devolvió toda la atención a Kakashi. Su cuerpo estaba en estado de agonía. Sus pulsos cortos no durarían más de cinco minutos.

Minutos que ella no desaprovecharía.

— ¡Sakura! —llamó Iruka, corriendo a ella. Al ver a Kakashi se quedó pasmado. La muchacha no le prestó la mínima atención, examinando con el ninjutsu médico activado todo el cuerpo de Kakashi. Sus órganos internos eran los más dañados. —Sakura, me han mandado a buscarte.

—No tengo tiempo que perder con otros. —escupió con sequedad, decidida a dibujar encima del cuerpo de Kakashi, uno de los sellos que más lo ayudarían a estabilizarlo.

— ¡Es Tsunade-sama! —gritó Iruka antes de que ella pudiera hacer cualquier cosa.

Sakura alzó la mirada, estupefacta. ¿Justo ahora?

—Está demasiado debilitada, Shizune-sama no puede ayudarla porque Pain le ha hecho algo. Te necesita. —masculló. Ella devolvió su vista a Kakashi. Los segundos estaban corriendo uno tras otro y cada uno de ellos era igual de importante, tanto para Tsunade como para Kakashi.

Sakura comenzó a respirar con fuerza, entrando en pánico.

Hasta que escuchó el graznido de un cuervo rondar por encima. Este cayó en picada, en dirección a ellos. Iruka justo iba a atacarlo cuando Sakura se puso pronto de pie, deteniendo su ataque. Se parecía tanto a su querido amigo. Asi que al verlo, se negó a perder a alguien más.

—Me han enviado a protegerte. —dijo el cuervo.

— ¿Puedes expandirte? —preguntó Sakura, tomando con sumo cuidado el cuerpo de Kakashi.

—Sí. —el cuervo obedeció de pronto, tomando cinco veces su tamaño, lo suficiente para que Iruka y Sakura, con el cuerpo recostado de Kakashi, pudieran estar arriba. Iruka usó su chakra para estabilizarse en el cuervo, al tiempo en que sostenía a Sakura y el animal emprendía el vuelo.

— ¿Qué vas a hacer, Sakura? —preguntó Iruka. —Si agotas tu chakra…

—Voy a salvarle la vida. —comentó Sakura. —A ambos.

Dicho esto no se permitió más interrupciones. Comenzó a dibujar el sello, volviendo a utilizar su propia sangre, esta vez en el pecho de Kakashi, era absurdamente detallado, de los cuatro minutos que tenía todavía, le tomaría al menos dos. Por lo que solo tendría unos treinta segundos para llenar con toda su energía el corazón.

Medio minuto para traerlo de regreso o dejarlo ir para siempre.

Mientras escuchaba la Gran Invocación resonar por toda la desbastada Konoha, sonrió. Y, por un segundo, se permitió mirar más allá del cuerpo de su maestro.

Increíble, como siempre, ahí estaba el niño idiota que Sasuke y Sakura tanto amaban.

Naruto Uzumaki.

Cuando llegaron cerca de él, Sakura ya tenía el tiempo encima. Le faltaban dos símbolos por terminar y el minuto que tenía comenzó a correr con velocidad. Tsunade observó a su alumna, después de que cediera la babosa a Naruto, él mientras tanto miraba de reojo a Sakura.

—Sakura… no puedo sentir el chakra de sensei. —masculló Naruto.

Ella se relamió los labios, juntando ambas manos en el pecho de Kakashi. Naruto estaba a punto de volver a decirlo, pues pensó que no habría sido escuchado, pero una ráfaga pasó cerca de él. Por lo que, en un instante, antes de que pudiera llegar a su compañera y maestro, fue sometido de un solo golpe por Naruto, enterrándolo en el suelo. Sakura que amenazaba con salir volando por la intensidad del aire, se bañó en chakra, manteniéndose firme contra el suelo.

Los treinta segundos comenzaron a correr.

—Naruto…

— ¿Sí?

Ella comenzó a ejercer presión en el pecho de Kakashi, llenándolo de un puro color verde que comenzó a extenderse por todo su cuerpo. Las venas de Sakura se remarcaron por el rostro y los brazos, casi a punto de estallar debido a la cantidad de chakra que estaba emergiendo de su cuerpo.

—No te preocupes por el futuro de sensei ni de la aldea. —bramó ella, tronando los dientes. — ¡CORTALO EN PEDAZOS!

Sakura gritó, liberando todo el chakra contenido sobre el cuerpo de Kakashi. Naruto no necesito más palabras, se echó a correr rumbo al enemigo. Al momento en que percibió que Kakashi absorbió toda la energía, Sakura se apresuró a pegar su cabeza de nuevo al pecho de su maestro.

Sus ojos se iluminaron al instante. Los latidos, eran constantes.

— ¡Hora de irnos! —declaró, tomando a su maestra y sentándola junto a ella al subirse en el cuervo, comenzando la curación de ella también. Iruka sostenía el cuerpo de Kakashi, mirando hacía atrás, donde Naruto estaba peleando.

—Sakura…—murmuró Tsunade, sintiéndose agotada. Varias gotas de sudor recorrían el rostro de su alumna, quién aún concentrada, no le prestaba la debida atención. — ¿Dónde está Sasuke?

—No tiene de que preocuparse, Tsunade-sama. —comentó Sakura, sintiendo que el cuerpo comenzaba a pesarle. Comenzaba a agotarse el chakra que estaba ocupando. Y la idea en su mente de ocupar la reserva que tenía, comenzó a formarse. Aunque no pudiera activar el Byakugo, salvaría la vida de su maestra. —Estará bien.

—Saku…

—Vamos a protegerlos a todos hasta el final. —farfulló.

—.—.—.—.—

Sasuke se detuvo cerca del bosque, donde la explosión no había dañado tanto. Danzo también lo hizo, aunque todavía no lo atacó. De hecho desvió la mirada a los arboles que estaban al lado de ellos, esperando a que salieran del escondite. Sasuke sintió un palpitar en el pecho al tiempo en que un cuervo salió disparado, a toda velocidad, en dirección a las ruinas de Konoha, seguramente para buscar a Sakura. Danzo no le tomó importancia. En cambio se puso verdaderamente serio cuando, Itachi Uchiha abandono el escondite y comenzó a caminar en su dirección.

—Itachi. —Sasuke masculló su nombre, sorprendido de verlo ahí. — ¿Qué haces aquí? Sakura-

—Sakura no me importa en estos momentos. —contestó, seco. —Parece ser que dos personas se han adelantado mucho a mis planes, no pensé que Pain atacaría la aldea tan pronto, mucho menos que él aprovechara la oportunidad para atacarte.

—Los Hyuga no podrán hacer nada una vez que te mate. —dijo Danzo. —Pensaran que tu cuerpo fue enterrado junto con la cárcel entera.

—Dejar ir a Sakura no fue la decisión más certera. —Sasuke alzó una ceja, medio retándolo.

— ¿Quién te dice que no morirá allá abajo? —preguntó Danzo. —Sai es un sirviente bastante leal, ya sabrás.

—No dejes que te provoque. —regañó Itachi, apacible como siempre.

Danzo comenzó a quitarse el vendaje, algunas piezas metálicas resonaron contra el suelo, liberando su brazo.

—Es genial que los dos estén aquí. —sonrió Danzo, mostrando la cantidad de sharingan que llevaba en el brazo. Sasuke sintió la rabia recorrerlo. —Así no tendré que cazarlos uno a uno.

Itachi cerró los ojos un segundo, revelando al abrirlos el mangekyo sharingan.