NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, yo soy Gok- Digo, Tarmo Flake!
Gracias a las infecciones estomacales, Mero no se encuentra disponible y pude escapar de mi celda. Aprovecharé para darles la bienvenida y aconsejarles que se pongan cómodos, que un nuevo episodio en la vida de nuestra arachne germana favorita va a comenzar.
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 15
Mi instinto madrugador me hizo levantarme temprano. Tallé mis ojos y sonreí al ver la pacífica escena de Cetania durmiendo plácidamente en el sofá. Necesitaría todo el descanso posible, ya que le esperaba un largo día. Tratando de no despertar a la arpía durmiente, me dirigí a disfrutar mi baño matutino.
Tomando la ducha, me di tiempo para pensar en cómo ayudar a mi compañera. Lo primero sería llamar a Smith y asegurarnos de convencerla de que la actual casa donde Cetania se hospeda ya no es la adecuada. Luego vendrá el hallar el nuevo hogar, sin duda la parte más crítica, ya que podría terminar en una situación peor a la anterior, especialmente si Smith está envuelta.
Todo esto parecía una mala idea, pero era tarde para dar marcha atrás. La chica halcón estaba decidida a mudarse y requería mi apoyo. Ya finalizado mi aseo, tomé el teléfono y marqué el número que Smith me proveyó. Arachne nuestra, danos tu artrópoda bendición y protégeme de toda Kuroko.
– "¿Hola? Esta es la agente Smith al habla." – Dijo la mujer al otro lado del auricular.
– "Guten Morgen, Smith. Soy Aria."
– "¿Aria? ¿Qué haces llamando a esta hora?"
– "Uhm, verás… Tenemos un pequeño problema con Cetania."
– "Ah, ¿Entonces es en la casa de Cariño-kun donde fue a pasar la noche?"
– "¿Ya lo sabías?"
– "Su casero me informó de su escape, pero debido a la hora tuve que postergarlo. Bueno, al menos ya me ahorraste el tener que buscarla."
– "Entonces, ¿podrías venir lo más pronto que puedas? El asunto es serio."
– "Supongo no me queda opción. ¿Podrías avisar a Cariño-kun que prepare café? No puedo comenzar el día sin una taza del buen líquido."
– "Ah, por supuesto. Danke schön, Smith. Te esperamos."
– "Bye bye."
Bien, al menos empezamos con el pie derecho. Y por alguna razón, Smith aceptó sin peros. Me temo que debo despertar a Kimihito si deseo que la racha de buena suerte continúe. Será solo café, pero Kuroko lo exige con el distintivo toque Kurusu. Toqué la puerta de su habitación y el somnoliento muchacho me dio los buenos días.
– "Perdón por importunarlo tan temprano, Herr Kommandant, pero la agente Smith se dirige hacia acá para tratar el asunto de Cetania y le ruego le tenga preparado algo de café, si no es molestia." – Imploré con una reverencia.
– "Ya veo." – Bostezó. – "Dame unos minutos, Aria."
– "Danke, Herr Kommandant."
Kurusu se excusó para darse un baño y luego calentó la bebida. Mientras tanto me encargué de comenzar con el desayuno para recompensarle la molestia. Cetania se levantó y después de agradecernos el permitirse quedarse, me auxilió en la cocina. No pasó mucho hasta que alguien tocó la puerta principal, indicando que la mujer del gobierno había llegado.
– "Buenos días, Aria. ¿Tienes el tributo necesario?" – Preguntó sin dilación Smith apenas abrí la puerta.
– "Hier." – Le ofrecí una taza de su preciada cafeína. Esta lo probó de inmediato.
– "Ah, nada supera el sabor de la Coffea arábica por la mañana. Entonces, ¿dónde está la prófuga?"
– "Aquí estoy, agente." – Respondió la aludida. – "Ya está informada de lo sucedido, confío."
– "Bueno, tanto Yoshiro como la señora Palakya nos dieron la noticia después de tu apresurado escape, pero no dieron muchos detalles del porqué de tus acciones." – Contestó Smith.
– "Eso es lo que vamos a discutir ahora." – Suspiró la arpía. – "Deberíamos sentarnos primero."
Nos pusimos cómodos en los sillones, Kurusu sirviendo una taza a la castaña y para el mismo. Yo no bebo, así que amablemente rechacé tomar una.
– "Soy adoptada, coordinadora." – Comenzó a relatar mi amiga. – "Pero ese no es el verdadero problema."
Cetania procedió a revelar su historia a los presentes, detallando los percances anteriores, incluyendo el nefasto (y moralmente ofensivo) plan que su ex-madre intentó llevar a cabo. Noté que no denunció la relación entre Atseelia y su casero, quizás porque su amor era ajeno al conflicto familiar. Al finalizar su relato, era evidente que una reconciliación entre la halcón y las gavilanes sería imposible por el momento, y Smith, entre gestos de disgusto después de oír lo anterior, caviló por un momento antes de ofrecer un veredicto.
– "Tienes razones válidas para querer mudarte, Cetania." – Opinó Kuroko, ajustando sus lentes oscuros. – "Y considero que lo mejor sería cambiarte de casa lo más pronto posible. Pero el Programa de Intercambio exige un acuerdo mutuo entre el hospedador y el hospedado."
– "¿Aún necesito el permiso de Yoshiro?"
– "En este caso, sí. Ya que el motivo de la reubicación no es abuso o condiciones inaceptables para tu bienestar, se requiere que tu casero nos dé el visto bueno." – Dio un sorbo a la taza. – "¿Crees que el acepte?"
– "Debería." – Afirmó la rapaz. – "Conozco la manera de convencerlo."
– "Bien, al menos te sientes optimista. ¿Te parece si lo confirmamos de una vez?"
– "No quisiera volver a poner una garra en ese lugar de nuevo, pero será necesario." – Contestó suspirando. – "Después de ti, Smith."
– "Perfecto. Cariño-kun, ¿un poco más antes de partir?"
Mientras Kimihito le servía otro poco de café a la pelinegra, Cetania tomó mi mano.
– "¿Quisieras… quisieras acompañarme, Aria?" – Musitó la arpía. – "No creo poder enfrentarlos sola."
– "Por supuesto." – Le confirmé apretando su extremidad. - "Cuenta conmigo."
La chica me sonrió. Nos despedimos de Kimihito y nos dirigimos al vehículo estacionado afuera. Afortunadamente, Manako, la cíclope, era la conductora el día de hoy. Exhalé aliviada, no necesitaba desafiar la barrera del sonido esta mañana. Mi compañera y yo subimos a la parte trasera y partimos en dirección de la residencia de Yoshiro. Entonces recordé que estaba faltando a mi empleo.
– "Uhm, ¿Smith?" – Pregunté a Kuroko – "¿Tienes un teléfono que puedas prestarme? Necesito avisar de mi ausencia a mi jefa."
– "Recuerdo haberte entregado un celular hace días, Aria."
– "Sí, y me lo diste sin saldo alguno. No puedo hacer llamadas."
– "Contrata un plan mensual y agrégalo a los gastos cubiertos por nuestro programa."
– "Un momento, ¿puedo hacer eso?" – Cuestioné sorprendida.
– "La comunicación inalámbrica es primordial en estos días, Aria. Creí que ya lo sabías."
– "Gracias por decírmelo, supongo, pero ahora necesito comunicarme a mi trabajo."
– "Bien." – Me dio su teléfono. – "Pero nada de largas distancias, esas las cobran de mi sueldo."
– "Tranquila, solo llamaré a la línea caliente de colegialas nekomatas."
– "Ah, me saludas a Akane. Esa gatita es una loquilla."
Preferí no responder a su broma. Y espero que sea una broma. Ignorando eso, marqué el número de la nevería y después de un par de segundos, contestaron.
– "¿Allo? Habla con Pin Dragovskaya."
– "Jefa, soy yo, Aria."
– "¿Pauk? ¿Qué sucede, devushka?"
– "Siento informarle que hoy no podré ir a trabajar. Asuntos familiares. Le prometo que mañana asistiré sin falta y aceptaré trabajar horas extras sin paga."
– "¿No leíste el mensaje que te envié? Hoy tampoco laboramos."
– "¿Eh? No, me parece que no lo recibí. Mi teléfono no estaba disponible. ¿Sucedió algo?"
– "Estuvimos en un viaje de negocios y llegamos ayer en la noche, por eso no abrimos."
– "Ya veo, ¿y luego?"
– "La pobre Winny resultó alérgica a las patatas fritas del Burger Fox y estoy cuidándola. Está recuperándose, no te preocupes. Debería estar bien para mañana."
– "Entiendo. Asistiré sin falta la próxima vez, jefa. Y dele mis buenos deseos a Fräulein Winona."
– "Claro, Aria. Y hey, al menos Winny logró obtener su gorrita Tama edición limitada. ¡Jar jar!"
– "Je, me imagino. Gracias jefa, nos vemos mañana."
– "¡Do svidaniya!"
Uff, que alivio. Al menos mi empleo sigue vigente y aprendí que debo cuidarme de la comida de Burger Fox. Le agradecí a Smith y me senté. La arpía continuaba viendo la ventana trasera del vehículo con expresión preocupada.
– "¿Estás bien?" – Le pregunté.
– "Sí. Ojalá no terminemos armando una escena. Quiero acabar con esto ya."
– "Igual yo, amiga. Ahora, ¿puedo preguntarte como convencerás a Yoshiro de aceptar?" – Susurré.
– "No revelé que él y Atseelia andan de calentones." – Sonrió con algo de maldad. – "Y tengo evidencia irrefutable para respaldarme."
La castaña mostró su celular. Con el volumen silenciado, reprodujo una grabación de su hermana adoptiva y Yoshiro en una candente sesión de besos. No parecía haber sido filmada a escondidas y la imagen era clara.
– "Si el tipo se rehúsa a cooperar, usaré este as bajo las plumas." – Declaró la halcón.
– "Eres maquiavélica, mujer."
– "Y dicen que tenemos cerebro de pájaro."
Admiro la inteligencia de la chica. Nuestro transporte arribó a su destino y nos bajamos. Cetania inhaló profundo un par de veces y tocó el timbre de la puerta. Me quedé a su lado, necesitaba todo el apoyo para enfrentar a su familia.
La puerta se abrió y Yoshiro, acompañado de una arpía madura, quien supuse era Palakya, nos recibieron. Hubo tensos segundos de silencio, hasta que el muchacho se hizo a un lado, permitiéndonos entrar. Cetania no hizo contacto visual con su madre y mantuvo la cabeza baja. Su mueca de disgusto era evidente.
– "Buenos días, Sato-san." – Saludó Smith al chico. – "Tenemos que hablar."
Mientras el casero y la agente conversaban, Cetania me guió tomada de mi brazo hasta su habitación. Me pidió que le ayudara a acomodar sus pertenencias en cajas y obedecí. No tardamos mucho ya que ella no poseía muchas cosas más allá de ropas y algunos objetos personales. Con dos grandes cajas en nuestras manos, nos encaminamos a la sala donde Yoshiro se hallaba firmando varios papeles.
La coordinadora afirmó con la cabeza y continuamos nuestro trayecto hasta subir las cajas al vehículo. Regresamos adentro, aún sin mencionar palabra alguna. El casero finalizó una última signatura y Smith nos dio el visto bueno con un pulgar hacia arriba. Estaba hecho.
La agente se despidió del chico con un apretón de manos y procedimos a retirarnos. Antes de salir, la señora Palakya nos habló, deteniéndonos.
– "Sigues siendo mi hija, Cetania." – Declaró con tristeza. – "Al menos dime algo antes de irte."
La castaña no respondió. Tomó el collar que colgaba de su cuello y lo arrojó a las alas de su antigua madre. Sin pronunciar palabra, la arpía resumió su marcha y cerramos la puerta. Pude oír el llanto de la mujer gavilán mientras nos alejábamos. Abordamos el transporte y partimos de ahí. Cetania siguió en su voto de silencio por varios minutos hasta finalmente hablar.
– "En mi tribu, recibimos un collar desde pequeñas. Este simboliza nuestra unión con nuestra tierra y el clan, tanto física como espiritualmente." – Explicó la halcón. – "Devolverlo a la jefa de familia significa cortar todo lazo entre nosotras permanentemente."
– "Una decisión demasiado drástica." – Opiné.
– "Está tomada ya. Soy un halcón libre, Aria, prefiero volar sola que aprisionarme en compañía."
No seguí indagando el tema. Todo esto me recordó que en ocasiones, un simple 'lo siento' no basta para sanar las cicatrices. A veces, las heridas no se curan con abrazos y lágrimas. La arpía había dado su sentencia final y no había marcha atrás. Debía agradecer que al menos todo sucediera sin mayores percances, tomando en cuenta lo delicado de la situación. Ahora solo nos quedaba hallar un nuevo hogar para mi compañera.
– "Mientras buscamos a un candidato, Cetania se hospedará en las oficinas de la embajada. Tenemos cuartos especiales para estadías temporales." – Aclaró Kuroko. – "Si todo resulta bien, encontraremos un hospedador ideal para ti en poco tiempo, voladora."
– "Gracias, consejera." – Agradeció la castaña.
– "¡Un momento, Smith!" – Interrumpí. – "¡Cuando emigré aquí, dijiste que por falta de hospedadores, debía regresar a mi nación!"
– "No tengo idea de que estás hablando, Aria." – Respondió la agente encogiendo sus hombros.
– "¡¿Ahora lo niegas?!"
– "Mana-chan, ¿podríamos pasar al Burger Fox?"
– "¡Maldita sea, Smith, no me ignores!"
¡Argh! ¡Lo que daría por estrellar su cabeza contra el parabrisas! Mi ira se interrumpió al sentir plumas en mi hombro.
– "Aria." – Me habló la arpía. – "¿Puedo preguntarte algo?"
– "¿Eh? Oh, dime que sucede, Cetania."
– "Tu hogar actual, ¿es temporal, cierto?"
– "Por ahora, ¿por qué?"
Ella juntó sus alas por unos segundos, nerviosa de hacer la siguiente cuestión.
– "Solo es una proposición, pero… ¿No quisieras…? Uhm, ¿no quisieras mudarte conmigo?"
– "¿Eh?"
– "¡E-es decir, no tienes que aceptar!" – Aclaró. – "Digo, si no quieres…"
– "Oh, bueno… Gracias por la oferta, pero…" – Rasqué mi cabeza. – "De hecho, me gusta mi hogar actual."
– "Ya veo…" – Dijo con decepción en su voz.
– "Lo siento, Cetania. Aceptaría en otras circunstancias, en verdad."
– "Está bien, lo entiendo."
– "De todas formas, planeo visitarte cuando mi horario lo permita."
– "Me encantaría." – Sonrió débilmente.
Llegamos a la embajada. Saludamos a Takashi al entrar. El hombre lucía más alegre comparado a nuestra primera visita, incluso nos mostró fotos de su pequeña hija. Al menos la vida trataba bien a alguien. Ayudé a cargar las cosas y nos dirigimos a la oficina de Smith. Ella necesitaba hacer algunos arreglos para preparar la estadía de la chica halcón.
Kuroko regresó después de unos minutos, con más carpetas en mano y su inseparable taza de café. Le solicitó a Cetania que firmara los papeles mientras ella introducía datos en el computador. De repente, la agente se detuvo para mirar la pantalla.
– "Dime que estoy de suerte." – Musitó para sí misma. – "Sip, la suerte me sonríe."
– "¿Qué sucede?" – Cuestionó la arpía.
– "Espera, solo necesito confirmar algo." – Continuó escribiendo en el teclado. – "Sí, sí, todo parece en orden."
– "¿Smith?" – Volvió a preguntar.
– "Puedes dejar de preocuparte, Cetania." – Anunció la consejera con una sonrisa. – "La hallé."
– "¿A quién?"
– "¡A tu nueva casera!" – Declaró dando la vuelta a su monitor para que pudiéramos verlo. – "¡Dile hola a Yuuko Honda! ¡Y vive precisamente en esta ciudad!"
– "¿Eh?" – Expresamos mi amiga y yo, confundidas.
– "Smith, ¿no estarás embaucando a otra inocente víctima con otro de tus contratos sorpresa, verdad?" – Inquirí entrecerrando mis ojos.
– "Yo nunca haría nada parecido, Aria."
– "Es exactamente lo que hiciste con Kimihito. Siete veces."
– "No sé de que hablas." – Se cruzó de brazos y se dio la vuelta.
– "Al menos dime que no es una asesina serial o un bicho raro." – Habló la arpía.
– "No hay problema, 'Tania'" – Dijo Smith volteándose como si nada. – "Nuestro eficiente sistema nos permite analizar los antecedentes de los postulantes para asegurar el bienestar de ambos partidos."
Esta conversación ya la escuché antes. Y sigue sin convencerme.
– "Solo estuviste revisando su perfil de Facebook, ¿cierto?" – Espetó la voladora a la agente.
– "Es un método de evaluación completamente válido." – Se justificó ofendida. – "Bueno, ¿quieres un nuevo hogar o no, señorita exigente?"
– "Bleh, que diablos. Al menos no tendré que viajar lejos otra vez."
– "¡Perfecto! ¡Entonces vamos a verla!"
Nos pusimos en marcha de nuevo, mi compañera ligeramente más animada, aunque nerviosa por conocer a su posible nueva anfitriona. Le calmé con unas palmaditas en su espalda, recordándole que pensara de manera optimista. El transporte alcanzó su destino y bajamos de este para echarle una ojeada al lugar.
Era una casita sencilla, sin mucha decoración externa, salvo por un par de plantas y macetas en forma de gatito. Smith tocó el timbre y prontamente una mujer joven de corto cabello castaño nos abrió la puerta.
– "Buenos días, señorita Honda. Soy la coordinadora Smith y usted ha sido elegida por el Programa de Intercambio Cultural Interespecies para ser la nueva hospedadora de una residente liminal. ¡Felicidades!"
Kuroko estrechó la mano de la confundida chica, quien fue tomada desprevenida por la noticia.
– "¡Cetania, ven aquí! ¡Dile hola a tu casera!" – Exclamó la agente.
La castaña dio unos pasos adelante, su expresión atrapada entre timidez y vergüenza por el abrupto método usado por Smith. Extendió su ala a la aún sorprendida muchacha.
– "Hola, mi nombre es Cetania y soy una arpía halcón. Gusto en conocerla, señorita Honda."
Ella hizo una reverencia y continuó ofreciendo su extremidad alada. La joven mujer continuó atónita por unos segundos hasta finalmente reaccionar y devolver el saludo.
– "Ah… G-gusto en conocerte también, Cetania. Por favor, sean tan amables de pasar adentro."
– "Gracias, señorita Honda." – Agradeció la americana.
– "Llámame Yuuko." – Sonrió la casera.
– "Claro, Yuuko."
Todas las presentes tomamos asiento y la chica amablemente nos ofreció té. Smith tuvo que conformarse con café instantáneo. La casa lucía muy común por dentro, con lo que uno esperaría de un hogar promedio. Algunos cuadros, una foto de lo que supuse eran sus amigas de la infancia, un curioso cojín en forma de tiburón; Lo regular.
Después de presentarnos de manera más calmada y que Cetania expusiera su caso, Yuuko terminó convencida de hospedar a la arpía. También se hallaba algo sola y la compañía le sentaría bien. Odio admitirlo, pero Smith tenía razón respecto a hallar un candidato ideal. La agente entonces se despidió y nos deseó buena suerte. Con el asunto principal ya arreglado, auxilié a la castaña a desempacar sus pertenencias en su habitación.
– "Yuuko parece una buena persona, ¿no crees?" – Me preguntó la falconiforme.
– "Sip. Y prepara buen té."
– "Y ya no tendré que soportar a un par de enamorados calenturientos todas las noches, gracias a los dioses."
– "Quien sabe, podría tener un novio y empezar a hacerlo como coneja por toda la casa."
– "Nah, la chica no tiene a nadie."
– "¿Cómo estás tan segura, pajarita?"
– "No tiene el olor corporal de nadie en ella." – Afirmó tocando su nariz. – "Está tan sola como un pepino en el desierto."
– "Deberías dejar de usar tus sentidos súper-desarrollados para deducir la vida privada de las personas, detective emplumada."
– "No envidies mis habilidades, arañita." – Expresó de manera petulante. – "De hecho, puedo conocer mucho de alguien solo con mi olfato. ¿Qué tal tú?"
– "¿Eh?"
La castaña se acercó a mí y comenzó a olfatear mi cuello. Yo no hice nada más que observar como continuaba husmeando mi figura con su nariz.
– "C-Cetania, ¿Qué estás haciendo?"
– "Hmm… Interesante." – Declaró tallando su barbilla. – "Compartes el cuarto con otra arachne, ¿cierto?"
– "Sí, Rachnera, la tejedora."
– "Y según puedo conjeturar…" – Sonrió con complicidad. – "Ella no usa ropa."
Me ruboricé como salsa cátsup. Era impresionante como podía haberlo adivinado.
– "Pero no han hecho nada divertido." – Movió sus cejas. – "Sigues siendo una niña buena y pura, Aria."
– "¡C-cállate! ¡N-no digas tales cosas!"
– "Espera, aún hay más." – Prácticamente me abrazó. – "Este olor es tan… intenso. Creí que era tuyo, pero ahora realizo que no es así."
– "¿A-a qué te refieres?"
– "Es… No puedo explicarlo." – Inhaló un par de veces más. – "Como si no fuera de este mundo."
– "Oh." – Musité, dándome cuenta de quién sería la responsable. – "D-de acuerdo. ¿Podríamos dejar este asunto ya?"
– "Pero estás impregnada de su aroma, Aria. Huele casi a… feromonas."
– "¿Feromonas?"
– "Así es. Bueno, eso o realmente necesitas una ducha." – Se rió. – "Como sea, suficiente de jugar a sabueso alado."
Suspiré aliviada. Si sus predicciones son correctas, la esencia pertenece a Lala. Y el hecho que mencionara feromonas me tiene inquieta. ¿Acaso la dullahan…?
– "Aria, no estás… saliendo con nadie, ¿o sí?" – Inquirió la arpía. Había un ligero gesto de preocupación en su rostro.
– "¿Uh? ¡N-no! ¡No tengo a nadie!"
– "Ya veo." – Sonrió de nuevo. – "Estamos en el mismo barco, arañita."
– "Aunque… Hay alguien que…"
– "¿Sí?"
– "N-nada, no es nada, je."
La puerta se abrió y di un pequeño sobresalto. Yuuko nos informó que la comida estaría lista y me invitó a quedarme, lo cual acepté. Terminamos de acomodar las cosas y nos dirigimos a la mesa. Nos ofrecimos a servir los platos para agradecer su hospitalidad, especialmente Cetania, quien ya se encontraba de mejor humor sabiendo que contaba con un hogar permanente. Luego de desayunar y conocer un poco sobre la casera, pasé a retirarme a casa.
– "Te visitaré seguido, pajarita. Yuuko sabe como cocinar un buen filete." – Mencioné camino a la salida.
– "Es una suerte que sea una carnívora de corazón."
– "Sin duda." – Concordé acomodando mi gorra. – "Me alegro que encontraras un hospedador tan pronto, amiga. Ojalá todo siga así."
– "Gracias, Aria." – Sonrió. – "Y, ¿sabes? La oferta de vivir con nosotras aún está disponible. Si algún día lo deseas, estaré esperándote."
– "Lo tendré en cuenta, Cetania. Bueno, me retiro."
– "Espera, Aria. Uhm… ¿Qué tal si salimos esta tarde?" – Sugirió algo nerviosa. – "Para celebrar y eso."
– "Hmm." – Medité unos segundos. – "Ya que no trabajé hoy, supongo estaré libre. Sí, ¿Por qué no?"
– "¡Excelente! Te enviaré un mensaje, ¿vale?"
– "Claro, halconcita. ¡Auf wiedersehen!"
– "¡Bye bye!"
Si bien la propuesta de cohabitar con la arpía me agradaría, la residencia Kurusu era mi hogar ahora y no querría cambiarlo por nada. Además, ¿Dónde conseguiría otra Lala?
Y hablando de la irlandesa, la interrupción por parte de Cetania no nos permitió convivir debidamente anoche. Deberé hablar con ella para evitar malentendidos. Y sinceramente, las palabras de la chica halcón aún resuenan en mi cabeza. Feromonas…
¡Oh, una tienda de celulares! Debería hacerle caso a Smith y contratar algún plan. Sé que moralmente, está mal abusar del Programa de Intercambio, pero honestamente: Si una agente del gobierno te da el visto bueno, al diablo con la ética.
Luego de casi diez minutos de batallar con la empleada, quien se mantuvo empecinada en venderme una promoción inútil, logré obtener un paquete de servicios telefónicos óptimo. Incluso me regalaron cien gigabytes para navegar en línea por la red 4G.
Llegué a la casa y luego de explicar a las chicas lo sucedido esta mañana, opté por discutir mis asuntos pendientes con Lala. Sin embargo, la mencionada se hallaba ausente. Pregunté a Papi por su paradero y ella me informó que la irlandesa no ha dejado su habitación en todo este tiempo. Debe seguir molesta, aunque aún no sé qué demonios hice.
Dejando a un lado tal asunto, el resto de la mañana transcurrió sin novedad. Antes del almuerzo, Lala finalmente se dignó a abandonar su aislamiento y empezó los preparativos para la comida. Era mi oportunidad.
– "Erm… ¿Lala?"
– "¿Mortal?"
Por alguna razón, me sentí mal por la forma en que lo dijo.
– "Uhmm… ¿Estás molesta por algo?"
– "No." – Contestó fríamente.
– "Lala, si hice algo que te disgustó, entonces yo…"
– "No. Ahora, debo preparar el almuerzo."
– "¡Lala, por favor!" – Tomé su brazo. – "Por favor, no me ignores. No tú."
Hubo silencio. La dullahan continuaba sin voltear en mi dirección y yo seguía deteniéndola firmemente.
– "Lo… lo que dijiste anoche." – Habló ella. – "¿Era verdad?"
– "Sabes que sí."
Otro momento sin decir nada.
– "¿Dónde estuviste esta mañana?" – Cuestionó ella.
– "Ayudando a Cetania a mudarse."
Pude palpar su brazo tensarse al mencionar a la arpía. Lo solté de inmediato.
– "¿Está terminado ya ese asunto?" – Preguntó de nuevo.
– "Sí. Smith le encontró un nuevo hogar huésped."
– "¿Aria?"
– "Dime." – Sonreí al escuchar mi nombre.
La dullahan se dio la vuelta, me miró fijamente y luego desvió la mirada.
– "Promete… Promete que no me ignorarás a mí tampoco."
– "¿Es eso lo que te preocupaba, Lala?"
– "…Quizás."
La abracé en ese momento. Ella se sorprendió un poco, pero se relajó al sentir mis brazos rodeándola. Me agradaba lo suave que la irlandesa era al tacto.
– "¿Acaso crees que podría ignorar a mi dullahan favorita?" – Le reconforté acariciando su cabello.
– "Aria…"
– "Seré más atenta contigo, ¿de acuerdo?"
– "…De acuerdo."
Nos separamos para mirarnos una vez más. Ambas sonreímos. Y como siempre he dicho, la sonrisa de la segadora era simplemente hermosa.
– "¿Me ayudarás en la cocina?" – Preguntó la chica azul.
– "Nunca me negaría." – Le guiñé.
Con nuestro buen humor restaurado, Lala y yo acompañamos a Kurusu en la preparación de los alimentos. Extrañaba el sabor. Durante el desayuno con Yuuko, no podía dejar de pensar en cuanto podría mejorar la chica y como la irlandesa la superaba en todos los aspectos. Mi estómago se ha vuelto parcial hacia los platillos de la dullahan, lo admito.
Mientras comíamos, mi celular vibró. Debería encontrar un mejor timbre sonoro, nunca me gustó esa horrible canción que trae por defecto. Encendiendo la pantalla, noté un mensaje de parte de Cetania. Cierto, casi olvidaba que saldríamos esta tarde. Me avisó que pasaría por mí en alrededor de cuarenta minutos, tiempo suficiente para darme una ducha y arreglarme.
Ya pasado un rato y mientras discutía con Lala y Mero sobre las distintas virtudes de las obras de Sófocles, la puerta sonó. Mi amiga estaba aquí.
– "Ah, esa debe ser Cetania." – Informé dirigiéndome a recibirla.
– "¿La arpía?" – Preguntó la dullahan con sorpresa. – "¿Qué hace ella aquí?"
– "¿Eh? Oh, nada. Solo que le prometí salir con ella por la tarde."
– "¡¿S-salir?!" – Replicó. – "¡¿Juntas?!"
– "Erm… ¿sí?"
– "¡¿P-pero por qué?!"
– "Para celebrar su exitoso cambio de domicilio. ¿Cuál es el problema?"
– "¡¿Problema?! ¡No hay ningún problema!"
Encogí mis hombros ante su respuesta. Giré la perilla, revelando a mi emplumada compañera en una ajustada playera roja y unos pantalones de mezclilla azules que delineaban muy bien sus caderas. Los prominentes rasguños en la tela, obra de sus afiladas garras, le agregaban cierto encanto a la prenda. A pesar de lo sencillo del atuendo, la pajarita sabía lucirlos con clase.
– "Guten Abend, Cetania. Te ves bien."
– "Buenas tardes, arañita. Tú tampoco luces nada mal."
– "Es la misma ropa de siempre."
– "Exacto. No cambies lo bueno."
– "Oh, tú, halagadora. ¿Quieres esperar un momento? Olvidé mi gorra."
– "Claro."
La americana pasó adentro y saludó cordialmente a la sirena y a la dullahan. O eso me gustaría decir, pero esta última se hizo hacia atrás cuando a Cetania le dio por olfatear el aire.
– "¿Q-qué haces, arpía?" – Cuestionó Lala al ver a mi compañera acercársele.
– "Ahí está de nuevo." – Dijo ella. – "Ese aroma, pareciera que… Oh…"
La castaña pareció darse cuenta de a quién pertenecía tan singular esencia. Ambas se miraron solo por unos segundos, pero el aire se tornó increíblemente pesado. Sentí como si dos fuerzas contrarias chocaran una con la otra. La Titanomaquia misma quedaba empequeñecida ante la guerra silenciosa que se desataba frente a mí. En algún lugar de mi cabeza, un infernal coro de innumerables voces iniciaba su monstruoso concierto de terror. Era una sensación sumamente escalofriante.
– "P-pero pensándolo mejor, hay mucho viento a esta hora y no quisiera perderlo." – Acoté tratando de distraernos de la tensión del ambiente. – "C-Cetania, ¿nos vamos?"
Otro breve pero inquietante lapso de tiempo transcurrió antes que la mujer alada respondiera.
– "Por supuesto." – Replicó la arpía, dando marcha hacia atrás. – "Es tiempo de irnos, mi amiga."
Todo esto dicho sin cortar contacto visual con la irlandesa. Lala entrecerró sus ojos y espetó un poco sutil gruñido. Mero se mantuvo al margen de todo el asunto, pero noté un inusual brillo en sus ojos y una muy débil especie de sonrisa. No quiero imaginarme qué demonios esté pasando por la cabeza de esa mujer pescado.
Colocando su ala en mi espalda, Cetania y yo nos encaminamos a la salida. Me despedí de mis compañeras en silencio y traté de pensar en otra cosa que no fueran las doradas irises de la irlandesa fijas en mí.
– "No lo olvides, descendiente de Arachne." – Declaró Lala de repente con voz ominosa. – "Tu alma me pertenece."
Sin atreverme a girarme, asentí con la cabeza y salí tan rápido como pude antes de que mi ropa interior cambiara de color. Juro que siento el aura Abismal de la dullahan detrás de mí, pero estoy demasiado aterrada para comprobarlo. Tuvieron que pasar unos cuantos minutos para recobrar mi ritmo cardiaco regular.
– "¿Y a donde quieres ir, arañita?" – Preguntó la castaña con sus brazos tras la cabeza.
– "A un lugar público. No tengo dinero."
– "Yo propuse salir, yo pago."
– "¿Segura?"
– "Mi salario lo permite."
– "¿Aún tienes trabajo?" – Cuestioné sardónicamente. – "Te veo tan seguido que pensé que te habían despedido."
– "Muy graciosa, flaquita. Pero sí, aún tengo empleo. Me declaré enferma y me dieron unos días de descanso. Por suerte me siguen pagando."
– "Bueno, mientras costees mis gastos, puedes ser tan éticamente laxa como desees." – Le di un ligero golpe en la cabeza. – "Aunque sigues siendo una tramposa."
– "Ouch. No me envidies por ser tan lista, patas largas. Pero en serio, ¿algún lugar que te interese?"
– "Uhm… ¿Qué tal una librería?"
– "¡Ja! ¡Buena esa, Aria! Casi me la..."
Me sonrojé.
– "¡Demonios, araña, estás hablando en serio!"
– "¡¿Q-qué problema hay con eso?!"
– "Aria, me gusta leer como a los demás, pero ahora no es momento de pasar nuestra tarde libre leyendo."
– "¡B-bueno, tú preguntaste y yo contesté!"
– "¡Esperaba que dijeras algo más interesante que una librería!"
– "¡Entonces recomienda algo tú, señorita sabionda!"
– "¡Pues eso voy a hacer, niña lista!"
Cetania caviló por unos segundos, entonces se le iluminó la cara, al parecer habiendo hallado ya su propuesta.
– "Ahora que lo pienso, hay algunos libros que me gustaría comprar…" – Dijo con su ala en la barbilla.
Solo le lancé una mirada asesina.
– "¡Es broma, mujer!" – Se apresuró a aclarar. – "Si que te lo tomas todo en serio."
– "Entonces sugiere algo real, tonta."
– "Uhm… Siempre he querido visitar ese centro arcade que está a unas manzanas de aquí. ¿Le echamos una ojeada?"
– "Honestamente, ya tengo suficientes videojuegos con Papi y Suu, pero igual puede ser divertido."
– "Sabía que podía contar contigo, flaquita."
No había nada de malo en un poco de ocio electrónico. Entramos al lugar y entre todo el mar de gente y sonidos digitales, nuestro interés se tornó hacia un juego de disparos virtuales. Parecía basado en una franquicia popular de zombis y los controles tenían forma de una enorme pistola. Una Beretta 92FS, según dedujo mi nerd interna.
– "¿Salvamos al mundo de los muertos vivientes, arañita?"
– "¿Podrás usar estas cosas con tu alas?"
– "Te he dicho que soy muy hábil con ellas, chica." – Ella tomó el arma plástica en sus dígitos. – "Anda, que el destino del planeta depende de nosotras."
Sonreí e inserté las monedas necesarias para iniciar la aventura ficticia.
– "¿Dificultad para novatos o apocalipsis total, flaquita?"
– "Me gusta que duela, pajarucha."
– "Eso suena muy sucio, Aria. Me gusta." – Guiñó su ojo.
– "¡N-no me malinterpretes, cochina!"
Ignorando las risas de la arpía, di comienzo al juego. Como policía entrenada, el reto era casi nulo. Los enemigos eran relativamente lentos y mis tiempos de reacción los eliminaban sin dificultad, siendo su única ventaja las cantidades absurdas de salud que poseían. Cetania no era una agente experimentada, pero su puntería no estaba nada mal, la mayoría del tiempo. Al menos pasamos un momento agradable entre sangre y tripas virtuales.
– "No es justo, rubia, yo merecía el puntaje más alto."
– "Mejora ese tino con tu arma, plumitas. Tenías una escopeta y no le pudiste dar al jefe en la cara."
– "Tenía que protegerte de los mutantes escupe ácido."
– "Excusas, excusas. Bueno, ¿otra cosa que hacer?"
– "Hmm… ¡Hey, atrapar peluches con la garra mecánica, vamos!"
No confiaba en esas máquinas, sabiendo como operaban realmente, pero la castaña había insertado la moneda y ahora manejaba la palanca con entusiasmo. Su mira se posó en un pajarito rojo, personaje popular de Angry Harpies, tentadoramente cerca del receptor de premios. Era una presa demasiado vulnerable para ignorarla. Cetania se concentró en guiar la metálica grúa hasta posarlo sobre el juguete y cuando creyó posicionarlo correctamente, oprimió el botón central para reclamar su obsequio.
– "Fuck…" – Musitó decepcionada cuando la garra falló al sujetar su objetivo.
– "Estas cosas están arregladas. Necesitarás invertir cinco veces el valor del muñeco antes de que la máquina te dé oportunidad de ganar."
– "No me rendiré tan fácilmente, arañita. Ahora va en serio."
Segundo intento, mismo resultado.
– "Fuck…"
– "Te lo dije. Saldría más barato comprarlo directamente en una tienda."
– "Inténtalo tú, flaca. Este aparato seguramente discrimina a las arpías."
– "No desperdicies tus ahorros en esta tontería, amiga."
– "Al diablo el dinero, nuestro honor está en juego. ¿Vas a dejar que ese pajarraco de peluche se burle de nosotras?"
– "Y yo soy la que se toma las cosas demasiado en serio."
– "Vamos, Aria. Un último intento."
– "Bleh, lo que digas. Es tu dinero a final de cuentas."
Tomé control de la palanca y sin entusiasmo la dirigí hasta el condenado muñeco. Para nuestra sorpresa, observamos a la garra depositar con delicadeza al peluche en el receptáculo. Nos miramos un momento y luego nos reímos por lo sucedido. Un suceso digno de una comedia barata, pero divertido.
– "¿Cuál es tu secreto, rubia?" – Cuestionó la americana con el ave de felpa en sus alas.
– "Brujería alemana. Le vendí mi alma a algún demonio pagano."
– "Que horror, lo estafaste."
– "También te aprecio, halconcita. No tienes que agradecerme por ese muñeco que tienes en los pulgares, ¿sabes?"
– "Je, en verdad aprecio tu gesto, Aria. ¿No es una monada mi pajarito?"
– "No es tan lindo como tú, Cetania."
– "¿Oh?"
Detuve mi caminar de inmediato. ¡¿Q-qué demonios acabo de decir?!
– "¿Aria?" – Dijo la arpía con tono juguetón. – "¿Acaso eso fue un cumplido?"
– "¡N-n-no! ¡Quise decir que… que…!"
– "¿Por qué tan ruborizada?"
– "¡N-no lo estoy!"
– "No soy daltónica, flaquita. Pareces cereza en almíbar."
– "¡Te d-dije que estoy bien! ¡M-mira, salchichas en un palito!"
– "¡Ah, corn-dogs! ¡Hay que probarlos!" – Declaró ella, metiendo el muñeco en su bolso.
Suspiré aliviada. Mi lengua de nuevo casi desata otro desastre mayor. No sé porqué rayos declaré semejante tontería en primer lugar. Alcancé a mi compañera tan pronto mi mente se despejó de la confusión.
– "Tres salchichas, por favor." – Pidió Cetania al vendedor. – "Y bien fritas."
– "Lo que diga, señorita." – Confirmó el hombre.
– "Aria, ¿Cuántas vas a querer?"
– "Espera, ¿las tres son para ti?"
– "Sip. No las como desde hace mucho y hoy es un día de celebración."
– "Vas a engordar, pajarita."
– "Para eso hago ejercicio."
– "Es tu figura." – Me di la vuelta y hablé al tipo. –"Yo quiero una, por favor."
Debo decir que a pesar de su bajo valor nutrimental, las salchichas cubiertas de masa frita son deliciosas. Los condimentos también ayudan a embellecer el sabor. Quién diría que algo tan simple serían tan efectivo.
– "Las salchichas son alemanas, ¿cierto?" – Habló la rapaz dando un mordisco a su refrigerio.
– "Sip."
– "Y la idea de empanizarlas es americana. ¿No hacen linda pareja?"
– "Je, supongo."
La chica sonrió ligeramente. Yo no le di importancia a tan trivial comentario y terminé mi botana. Luego de saciar nuestro deseo de comida chatarra, continuamos en la búsqueda de la siguiente actividad. Recorrimos la ciudad un rato, observando el variado ambiente urbano. El cielo se oscurecía y anunciaba el inminente anochecer.
– "El día se acaba y aún no hemos hecho nada memorable." – Opinó Cetania, alargando sus pasos de manera despreocupada. – "Todavía no calificamos para la primera plana de mañana."
– "¿Qué tal si nos arrojamos frente a un autobús en movimiento? Si eso no crea noticia, al menos moriremos como mártires a manos de la industria automovilística."
– "Contemplaba un ataque suicida con bombas caseras, pero tu idea es más barata."
– "¿Por qué nuestras conversaciones siempre toman tal clase de giros tan oscuros?"
– "Ya te infecté con mi locura, arañita. Ya eres una de las nuestras."
– "Sabía que eras mala influencia." – Me reí. – "Pero es verdad, no hemos hecho nada destacable. Quizás la ciudad no es tan divertida como pensábamos."
– "¿Qué tal dejar de pensar tanto y simplemente ir a un bar?"
– "No conozco ninguno. Y nunca me han interesado tales locales."
– "Eh, quizás pase algo interesante. Yo invito una ronda, ¿cuál es el problema?"
– "No tomo, Cetania."
– "Bueno, que sean unas gaseosas. Démosle una oportunidad."
– "Si tú insistes. Aunque no sé si hayan con acceso a liminales."
– "Dudo que se nieguen a dejarnos entrar. Con eso de que las demandas por discriminación andan en boga, te permiten pasar aunque tengas pinta de psicópata."
– "¿Alguno que te llame la atención?"
– "Entremos al primero que no luzca como ratonera."
Antros no escasean, pero la mayoría estaban concentrados en las zonas de tolerancia y no era opción acercarse por esos lugares. Por suerte divisamos un club nocturno donde un par de orcos de oscuros lentes guardaban la entrada. Si bien lucían rudos, las diversas parejas humanas y liminales indicaban que no había peligro. Nos presentamos y se nos permitió el acceso sin problemas.
La estruendosa música electrónica se hacía más fuerte conforme avanzábamos por el pasillo hasta alcanzar el lugar principal. Optamos por lugares con suficiente tamaño para albergar mi arácnido físico. Afortunadamente había espacio frente a la barra para acomodarme junto a la silla de Cetania.
– "¿Qué vas a pedir, flaca?" – Me preguntó la arpía, alzando la voz debido al ruido.
– "Agua mineral con hielo."
– "¡Hey, barman! ¡Agua mineral y piña colada!" – Llamó ella al tipo que atendía. Este confirmó con la cabeza y comenzó a prepararlas.
– "¿Piña colada?" – Le cuestioné a mi compañera.
– "La auténtica con ron. No es el jugo para niños que compras en el supermercado."
– "Oh. Admito que desconozco sobre bebidas. No era la más sociable en mi nación."
– "Yo tampoco. De hecho, esta será la primera vez que consuma alcohol."
– "¿Realmente?"
– "Créeme. No asisto mucho a bares, generalmente solo me limitaba a acompañar a mi ex-hermana cuando ella intentaba buscar pareja. Y solo lo hice un par de veces."
El bartender nos sirvió un par de recipientes de vidrio con los mencionados líquidos. La copa que contenía la piña colada estaba adornada por una cuñita de piña y una sombrillita.
– "Atseelia solía pedir esto y me entró curiosidad." – Mencionó dando vueltas a la pajilla. – "Veamos que tal sabe."
La chica dio un sorbo a la bebida y esta se deslizó por el polímero hueco hasta alcanzar la boca de la emplumada. A juzgar por su reacción, la experiencia era favorable.
– "Nada mal. Deberías probarla, arañita."
– "No, gracias. Si bien el alcohol no me afecta en teoría, no le siento interés."
– "Más para mí."
Observamos a los individuos reunidos en la pista de baile. Si bien el Acta de Intercambio prohibía las relaciones entre humanos y liminales, eso parecía no importarles a los presentes, quienes se deleitaban moviendo el cuerpo junto a sus parejas, sin importar especie o incluso género. Era admirable ver como una mujer lagarto danzaba sensualmente tomada de la cadera de su compañero. Incluso un 'afortunado' tipo estaba rodeado por una arachne saltarina, una lamia, una wyvern y una misteriosa chica de larga cabellera, todas ellas tratando de obtener su exclusividad al mismo tiempo. Que estuvieran en estado de ebriedad no hacía las cosas más sencillas para el pobre muchacho.
– "Todo el mundo disfrutando y nosotras aquí como un par de maniquíes." – Se quejó Cetania. – "¿Nos unimos a la fiesta?"
– "Nah, te avergonzaría. Un caracol paralítico tendría más gracia que yo al bailar."
– "No creo que seas tan terrible, flaquita."
– "Yo era la nerd que se pasaba las reuniones en la oscuridad, esperando pasar desapercibida. Prefería leer mis mangas que hablar con alguien."
– "Te reconfortará saber que tampoco estoy al corriente de los bailes de moda. Y dudo que las danzas tribales para invocar a los espíritus ancestrales de mi aldea se conviertan en la próxima sensación." – Se rió un poco. – "Pero aún así, tampoco es que podamos ser más patéticas que el quedarnos aquí. ¿Qué dices?"
Había una expresión de súplica implícita en sus ojos. No podía negarme a esa mirada.
– "Ah, qué diablos. Si vamos a hacer el ridículo, que sea juntas." – Acepté.
– "¡Fuck yeah!"
Dimos un último trago a nuestras bebidas y nos encaminamos a la pista. La presencia de la castaña ayudaba a contrarrestar mi nerviosismo. Por suerte nadie parecía tomarnos importancia, así que empezamos a bailar.
Excepto en mi caso. Mi experiencia con la danza era casi nula y cuando se tiene un cuerpo de araña, los movimientos son limitados. Yo parecía más bien un tanque haciendo maniobras evasivas que una bailarina, y al menos los vehículos blindados lucirían bien al hacerlo. Improvisé oscilaciones tanto horizontales como verticales, queriendo imitar a la arachne saltarina del otro lado de la pista. Incluso ella meneaba el exoesqueleto con más habilidad que yo.
Cetania, por el otro lado, era lo opuesto a mi torpeza. La arpía agitaba sus caderas con la gracia de una danzante de un harén otomano. Sabía moverse al ritmo de la música, alzando sus alas enérgicamente, hipnotizándome con cada nueva pose que intentaba. La ventaja de poseer un cuerpo bípedo era evidente.
Pero la americana no se detuvo a hacerlo sola. Lentamente, colocó sus alas en mis hombros (algo poco sencillo por mi estatura), acercándose más a mí. A pesar de mi ineptitud como danzante, intenté seguir sus movimientos. Sonreímos y nos sincronizamos en nuestro improvisado baile. Ella movía la cadera, yo mis pedipalpos. Ella agitaba su pecho, yo me daba una bofetada mental para evitar babear ante tan cautivadora escena.
Nos pegamos aún más. Nos sentíamos en mayor confianza y me dejé llevar por el entusiasmo de mi compañera. Posó sus manos en mi cadera, mi altura me hacía colocar las mías debajo de sus brazos. Tenía que ser cuidadosa si no quería tocar sus senos, aunque a ella no parecía afectarle y continuó bailando sin detenerse. El ritmo se hacía más intenso a cada minuto.
Sin darme cuenta, terminamos juntando nuestros cuerpos. Estábamos pegadas la una a la otra, palpando nuestro calor corporal. La temperatura de la arpía era mayor que la mía, lo cual atribuí a su homeotermia. Instintivamente rodeé su cadera con mis pedipalpos. Ahora con la distancia tan cercana, noté como el sudor le resaltaba su piel bajo las luces de los reflectores. Esto, combinado con sus movimientos, la hacía lucir increíblemente sensual. Me era difícil disimular el hecho que disfrutaba tal vista. Ella, sonriendo, me hizo señal para que acercara mi oído.
– "Hey, Aria." – Susurró. – "Golpéame el trasero."
– "¡¿Q-qué?!" – Cuestioné en voz baja. – "¡¿Por qué?!"
– "Tengo ganas de una nalgada."
– "¡E-este no es lugar para tus fantasías degeneradas, mujer!"
– "Pfff… Como si fuera gran cosa. Nadie nos está viendo."
– "Creo que esa lamia si puede."
– "Que se meta la cola en la cloaca entonces. Anda una palmadita."
– "¡Demonios, Cetania! ¡Solo una copa y ya estás ebria!"
– "Solo un poquitín. Y no cambies el tema."
– "¡Dátela tú misma, si tanto quieres!"
– "No tengo manos, genio."
– "¡De todas maneras no pienso hacerlo!"
– "Pues no te soltaré hasta que lo hagas, araña persignada."
Me sostuvo con fuerza. Disimulamos seguir bailando normalmente, pero tenía su estómago casi rozando mi entrepierna y su cabeza demasiado cerca de mis pechos. No tenía opción.
– "B-bien, pero solo una, ¿verstanden?"
Ella afirmó con una sonrisa pícara. Respiré hondo y luego tosí, resulta que el tabaco en el ambiente no es precisamente muy agradable para los pulmones. Ignorando eso, me dispuse a complacer a mi compañera.
¡Argh, eso sonó mal!
Con temor, usé uno de mis pedipalpos para propinar un ligero golpe al glúteo derecho de la mujer halcón. Intenté ser lo más cuidadosa posible, para no lastimarla con la afilada punta de mi reforzada extremidad.
– "L-listo. ¿Contenta?"
– "Un mosquito picaría con más fuerza. Y debe ser con la mano, si no, no cuenta."
– "¡Cetania!"
– "Una sola, Aria." – Suplicó en tono juguetón. – "Y que pueda sentirla."
– "Scheisse…"
Ella se dio media vuelta, alzando ligeramente su posterior. Haciendo un monumental esfuerzo para calmar el temblor en mi brazo, cerré los ojos y le asesté un sonoro impacto a su trasero. No negaré que la sensación de la suave carne vibrando en mis manos fue increíblemente divina, pero no pienso revelárselo a la castaña. Solo espero que la música haya ahogado el sonido producido. Satisfecha, una sonriente Cetania volvió a tomar su posición, abrazándome. Confié en que las coloridas luces del escenario enmascararan mi enrojecido rostro.
Después de un rato y habiendo decidido que había sido suficiente baile por hoy, volvimos por nuestros lugares en la barra. Mi amiga me llevaba de la mano e ignoré a esa wyvern que nos miraba con complicidad. ¡¿Por qué parece que ahora todo el mundo se fija en nosotras?! Hundí mi cabeza entre mis brazos apenas nos sentamos, ruborizada a más no poder.
– "¿Un poco de agua mineral, cazadora?" – Dijo Cetania, pasando la bebida frente a mí.
– "¿Por qué dejé que te salieras con la tuya, pajarraca?" – Repliqué dando un trago enorme a mi vaso.
– "Lo disfrutaste, ¿o me equivoco?"
– "¡P-por supuesto que no!"
– "Oh, vamos, arañita. Desde que nos conocimos he notado como observas mi trasero. Descubrí tu fetiche, traviesa." – Insinuó con una risita malévola.
– "¡C-c-c-claro que no!" – Tartamudeé. – "¡E-estás imaginando c-cosas!"
– "Je, no intentes negarlo, flaquita. Incluso lo apretaste ligeramente por un momento."
– "¡N-nein, nein, nein! ¡Yo no haría semejante cosa!"
– "Tranquila, rubia, no estoy molesta. Al contrario, admiro tu buen gusto." – Me guiñó provocadoramente.
– "¡Eres una tonta, Cetania!"
Le di otro trago al vaso. Casi me atraganto con un cubo de hielo. Rayos, esta arpía me va a volver loca.
– "Deberías relajarte. Solo te estoy fastidiando un poco, deja de dramatizarlo." – Aconsejó tomando otra piña colada.
– "No bromees con esas cosas, mujer. No quiero malinterpretaciones."
– "Está bien, Aria. Solo es un juego entre dos amigas."
– "Creo diferir con tu concepto de 'juego'."
– "Pero dímelo en serio, flaquita." – Susurró a mi oído. – "Tienes una cosa por los traseros, ¿verdad?"
Volteé la vista y mire al suelo, completamente avergonzada. Aún sentía la mirada inquisitiva de la castaña detrás de mí.
– "Es solo…" – Musité. – "Que nunca sabré lo que es tener uno, ¿sabes? Esos 'gluteos' en nuestro posterior son en realidad músculos para nuestra parte arácnida. Y este exoesqueleto es tan duro."
– "Te entiendo, amiga." – Habló en tono comprensivo. – "Siempre envidiamos lo que carecemos. Yo estoy celosa de tus manos, de hecho. Estas alas son muy poco prácticas para otra cosa que no sea volar."
– "Mis manos son duras y afiladas. Siempre tengo que cuidar de no cortarme cuando me ducho."
– "No es muy diferente de mi situación. Yo debo procurar de no lastimar mis extremidades. La incapacidad para volar es casi una sentencia de muerte para una rapaz."
– "Al menos no debes preocuparte por herir accidentalmente a las personas."
– "Y tú puedes hacer tantas cosas con diez dígitos."
– "Pero tú puedes volar."
– "Y tú puedes sostener lo que sea y moverte a gran velocidad al mismo tiempo."
Suspiré. La halcón tenía razón. Ambas poseíamos nuestras limitaciones y entre las dos nos complementábamos.
– "Quizás por eso funcionamos tan bien, arañita." – Tomó otro trago. – "Eres el ying de mi yang."
– "¿Cómo iba ese dicho?" – Bebí también. – "'Los opuestos se atraen' o algo así, ¿no?"
– "Atraen..." – Resaltó. – "Definitivamente."
Continuamos charlando y tomando por un tiempo, hasta que el gruñido de mi estómago nos recordó que no solo de líquido vivimos. La comida del lugar no nos atraía y Cetania necesitaba alejarse del alcohol antes que ella terminara con la cabeza en el inodoro. Nos retiramos y buscamos algún puesto disponible, hasta divisar uno de ramen y takoyaki. También era relativamente barato, así que no lo pensamos mucho.
Habiendo comido, el reloj indicaba que pronto serían las once de la noche. El tiempo voló a velocidad supersónica sin fijarme.
– "Ya es hora de volver a casa, pajarucha." – Le dije a la castaña. – "Pero no sé si tu casera me mate por devolverte toda borracha."
– "Te dije que solo estoy un poquito ebria, arañita." – Contestó arrastrando ligeramente las palabras. – "¿Y por qué tienes doce ojos de repente?"
– "Sip. Yuuko va a asesinarme."
– "Je, solo bromeo, flaquita. No soy tan debilucha para embriagarme con unas cuantas copas."
– "Tu aliento dice lo contrario."
– "¡Es el takoyaki!"
– "Sí, sí. Apresurémonos, que yo necesito un baño."
– "Para mí, siempre hueles bien, Aria."
– "No bromees. Soy una arachne, mi exoesqueleto huele a quitina almizclada. Uso demasiado perfume para enmascararlo."
– "Mis plumas me dan el aroma de un maldito gallinero. Cuando se tiene un sentido del olfato tan desarrollado, una se acostumbra a tolerar los olores."
– "Y yo decía que ver la luz ultravioleta era una maldición. Las evidencias de fluidos corporales son mejores cuando no las notas."
– "Yuck. Imagina entrar al cuarto de un motel."
– "¡Por el casco de Ares! No me des pesadillas, mujer."
– "Je, lo siento. Entonces, el sudor debe parecer colorido para ti, ¿verdad?"
– "Correcto. De hecho, ambas lucimos ligeramente azules desde mi perspectiva. Me gusta."
– "¿Te gusta el azul?"
Sonreí ante esa pregunta, recordando a cierta irlandesa.
– "Lo adoro." – Respondí.
– "A mí me fascina el rojo. Como esa flama en tu abdomen."
– "Oh, danke. Es mi marca de nacimiento. El sello no oficial de los Jaëgersturm."
– "Luce genial, rubia."
– "Deja de halagarme tanto, Cetania."
Ella se rió. Quizás estuviera ebria pero al menos era amable. Y agradable. No recuerdo la última vez que saliera a pasear de esta manera por la ciudad con alguien. La arpía era una bendición del Olimpo, sin duda. Alcanzamos nuestro destino, la residencia Honda. La rapaz había avisado con anterioridad a su anfitriona, así que no se extrañó al verla llegar tan tarde y nos saludó desde la sala. Nos quedamos en la puerta, así no notaría el aliento alcohólico de la castaña.
– "Me divertí mucho hoy, Aria. Gracias por pasar el tiempo conmigo."
– "Igualmente, halconcita. Deberíamos repetirlo otro de estos días."
– "Cuenta con ello, alemana."
– "Bueno, pues entonces me voy. Tengo una cita con seguramente una muy enfadada dullahan."
– "Oh…" – Musitó con una mueca de desgano.
– "¿Sucede algo, Cetania?"
– "No, es solo… Aria, ¿puedo hacerte una pregunta personal?"
– "Adelante."
– "A ti… ¿Te gusta esa chica, Lala, verdad?"
Me ruboricé y comencé a tartamudear por inesperada cuestión.
– "Tenía razón, ¿cierto?" – Inquirió la arpía.
– "Parece que todo el mundo sabe mis secretos." – Dije con una sonrisa de resignación.
– "Te lo dije antes, tienes su aroma impregnado en tu persona. Y cuando la vi hoy, ella tenía el tuyo. Mi olfato no me engaña."
– "Solemos pasar mucho tiempo juntas, pero aún no me he confesado. No tengo el valor para decírselo aún."
– "¿Crees que ella corresponda tus sentimientos?"
– "No lo sé."
Hubo un momento de silencio entre las dos.
– "Entonces hay oportunidad aún…" – Habló ella.
– "¿De qué hablas?"
– "Nada, nada." – Sacudió su cabeza y sonrió. – "El alcohol me está dando jaqueca. Ya no te quito más el tiempo."
– "Oh, ya veo. En ese caso, Gute Nacht, Falke."
– "Good night, blondie."
Atrevidamente, Cetania me dio un rápido beso en la mejilla y cerró la puerta antes que yo pudiera reaccionar. Me quedé frente a la entrada sin moverme, tratando de procesar lo sucedido. Cuando recuperé el control de mis habilidades motoras, solo pude hacer una cosa.
Sonreí.
NOTAS DEL AUTOR: El yuri es bueno para el alma, por eso me gusta escribirlo.
Antes de comenzar esta historia, la idea original contemplaba a Cetania y Aria como una pareja hecha y derecha. No fue hasta después de varias iteraciones que decidí cambiarlo y nombrar a Lala como el interés romántico de la arachne. Es hasta ahora que vengo a agregar algunos toques de aquel prototipo.
Y odio admitirlo, pero Meroune me ha influenciado demasiado como para evitar pasar la oportunidad de crear drama en el futuro. Aléjense de las sirenas, son veneno mental.
Agradezco a Dragonith por permitirme el uso de sus arpías pingüino y a Alther, cuyo fic "El poder de la ciencia, is coming." fue referenciado en este capítulo. Gracias a todos.
En todo caso, espero hayan disfrutado la lectura y los invito a dejar sus comentarios, que siempre me alegran el día. ¡Auf wiedersehen!
