NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos! Tarmo Flake está de regreso.

Antes que nada, quiero agradecer a todas las personas quienes me han seguido en esta aventura. Sinceramente, estaba indeciso sobre si volver al mundo del fanfiction después de un receso tan largo, pero su enorme aprecio por mi historia me ha probado que el arriesgarse valió la pena. Gracias a todos, espero no decepcionarlos ahora o después.

Disfruten de este nuevo episodio en la vida de nuestra querida arachne alemana.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 16


Mientras regresaba a la casa, no dejé de seguir tocando mi mejilla, en el lugar donde Cetania me besó. Estaba feliz por dos cosas; La primera era porque una chica me dio un beso, y la segunda se debía a que afortunadamente, la arpía evitó mi ojo inferior. La saliva en el globo ocular se siente horrible.

A pesar de mi edad, aparte de las (sumamente) escasas muestras de amor de mi familia, jamás había recibido el contacto de un par de labios. Fue una experiencia aparentemente común, pero no dejó de ser especial. La sonrisa no desaparecía de mi rostro, al igual que el ligero rubor que lo impregnaba. Simplemente me agradó.

Llegué a la residencia, esperando que la noche aún pudiera ser salvada para mi cita nocturna con Lala. Aunque honestamente, sabía que las probabilidades eran escasas. Ya van dos veces que falto a mi palabra, así que no la culparía por enojarse. Al menos ahora sabría la razón de su disgusto. No había nadie a la vista. Suspiré, seguramente la dullahan no querrá hablarme por un tiempo. Resignada, fui a tomarme un baño.

Ya aseada, me conformé con pasar la velada sola. Quizás algún mosquito se apiade de mí y me brinde compañía. Abriendo la puerta hacia la terraza, descubrí que la Abismal ya se encontraba ahí, con sus brazos descansando en el barandal y mirando al horizonte. Silenciosamente, me coloqué a su lado, imitando su pose. Dirigió sus ojos hacia mí y luego regresó a enfocarse en el panorama urbano. Todavía reconoce mi existencia, gracias a los dioses.

– "Si deseas golpearme…" – Hablé primero. – "…No opondré resistencia."

– "¿Acaso el satisfacer un primitivo impulso me devolverá el tiempo perdido, mortal?" – Replicó sin voltear su mirada.

– "Satisfará tu ira, si eso te reconforta."

– "No pienso basar mi indulgencia en un acto de violencia."

– "¿Entonces aceptarás mi palabra como disculpa suficiente?"

– "Por supuesto que no."

Suspiré. La irlandesa no me dejaría escapar de esta tan fácilmente.

– "No puedo culparte, Lala. He roto mis promesas demasiadas veces."

– "Faltar a tu palabra es una ofensa para una dullahan, invertebrada."

– "Lo sé. ¿Hay algo que pueda hacer para recobrar tu confianza?"

– "Podrías ofrecerme tu alma." – Contestó, dándose la vuelta hacía mí.

– "¿Es esa tu manera de invitarme a la cama, segadora?" – Provoqué. Esperaba que la broma disipara la tensión.

– "Lamento no responder adecuadamente a tu terrible intento de humor, arachne." – Respondió fríamente, regresando a su postura original.

– "Lo siento." – Forcé una risa. – "Sonaba más divertido en mi cabeza."

– "Desiste. No funcionará."

– "No necesitas mencionarlo."

Volvimos a quedar en silencio. Mi improvisado plan se derrumbó y acepté la derrota. Lo merezco por idiota. Los minutos pasaron al igual que los vehículos en la lejanía.

– "Y aún así, aquí estamos." – Mencioné. – "Quizás no opines lo mismo, pero solo me es suficiente con estar a tu lado esta noche para darme por satisfecha."

La irlandesa no replicó. Pasaron un par de minutos para que volviera a dirigirme la palabra.

– "¿Por qué no puedo enojarme contigo?"

– "Porque en el fondo, eres una buena persona, Lala." – Le sonreí.

– "Quizás solo soy una idiota tolerante."

– "Lo siento, azulita, pero el puesto de idiota ya me pertenece."

Un suspiro por parte de la dullahan se hizo presente. Relajando sus hombros, volvió a mirarme.

– "Confiaré en ti una vez más, Aria. Pero mi paciencia no es eterna, como mi vida." – Afirmó. – "¿Prometes cumplir tu palabra la próxima vez como es debido?"

– "Lala..." – Dije, alzando mi mano en señal de juramento. – "Si vuelvo a decepcionarte, te ofreceré mi alma sin oposición."

– "Nunca tientes a una Abismal, descendiente de Arachne."

– "¿Perderte a ti ó perder mi vida? No veo diferencia alguna."

La segadora se sonrojó ligeramente.

– "D-de acuerdo, mortal. Acepto tu oferta."

– "Je, entonces mañana a la misma hora, mismo lugar, ¿de acuerdo?"

– "Afirmativo. ¿Deseas dar por terminada esta reunión?"

– "¿Podríamos quedarnos un poco más? La noche es tan pacífica hoy."

– "Como desees."

– "Danke, Lala."

Disfrutamos el calmado ambiente en agradable silencio hasta pasada la medianoche. La dullahan no mostraba cansancio, gracias a su sangre sobrenatural, pero yo requería recargar mi energía para mañana. Tampoco voy a romper mi promesa a mis jefas faltando a mi empleo. Acordando el fin de nuestra velada, nos dimos las buenas noches y nos retiramos a descansar.

– "Lala…" – Le hablé antes de entrar al ático.

– "¿Qué sucede?"

– "Te recompensaré de algún modo, tenlo por seguro."

Ella afirmó con la cabeza y entramos a nuestras habitaciones.

¡Argh, demonios! ¡No hay tiempo para ejercicios matutinos! ¡Debo apresurarme o llegaré tarde al trabajo!

Dándome un baño ruso (¡la cara limpia y el abdomen sucio!), me vestí tan pronto como pude. El día anterior me dejó exhausta y dormí de más. ¡Justo lo que no quería! Afortunadamente Lala aún sentía piedad de mí y me preparó un desayuno rápido. Le agradecí profundamente y salí disparada de la casa.

– "Aria…" – Me llamó la dullahan mientras me alejaba. – "Tu gorra."

¡Scheisse! ¡Casi la olvido!

– "Danke schön, Lala." – Dije tomando la prenda. – "Eres mi ángel azul."

Le di un atrevido beso en la frente y corrí en dirección a la nevería. No necesité voltear para adivinar que la irlandesa se sonrojó por mi acción. Que el día comience mejor para ella, me dije sonriendo. Miré la hora en mi teléfono, solo contaba con cuatro minutos para acudir a tiempo. Y si algo siempre me inculcaron en Sparassus, fue a ser puntual.

– "¡Entschuldigung!" – Me disculpé al entrar. – "¡Me quedé dormida!"

– "Llegas más temprano que Pin." – Informó Winona desde el mostrador, leyendo como siempre. – "Como sea, revisa nuestro inventario de paletas y dame una cifra exacta de existencias."

– "¡Jawohl, Fräulein Winona!"

Suerte a la canadiense no le importa el horario mientras haga mi trabajo. Ahora puedo concentrarme en como recompensar a Lala. Le prometí hacerlo y no puedo fallarle. Pensando por un tiempo, decidí que deberíamos pasar un día entero, solo nosotras dos.

Me ruboricé ligeramente. Una cita no oficial con la irlandesa, pero cita al fin. La llevaría a algún lugar hermoso, veríamos un atardecer. Quizás me deje tomarla de la mano, después acariciar su rostro con delicadeza y, con nuestras miradas entrelazadas, besar tiernamente sus labios, uniendo nuestros corazones en el acto.

– "Jaëgersturm, ¿por qué tan roja?" – Preguntó una voz repentinamente.

– "¡Ah! ¡Jefa Pin!" – Exclamé sorprendida al ver a la rusa detrás mío. – "¡N-no es nada!"

– "Ten cuidado por si te sientes mal, pauk. No quiero que te enfermes."

– "¡N-no hay problema, jefa! ¡E-estoy bien!"

Diablos, no debería andar fantaseando en horas de trabajo. Antes de continuar lamentándome, una idea me vino a la cabeza.

– "Uhm… ¿Jefa?"

– "Dime, devushka."

– "El pago es hasta el viernes, ¿cierto?"

– "Da. ¿Por qué lo preguntas?"

– "Bueno." – Junté mis dedos. – "Quisiera… quisiera un adelanto de este, si no es molestia."

Pin solo alzó su ceja, con expresión confundida. Nunca dije que fuera una buena idea. Ahora a esperar a que la arpía me despida.

– "¿Un adelanto?" – Cuestionó la mujer pingüino.

– "¡E-es decir, solo si usted me considera digna de su generosidad! ¡No tiene por qué aceptar!"

– "¿A quién mataste, Jaëgersturm?"

– "¡¿Qué?! ¡No, a nadie! ¡E-es solo un asunto familiar!"

– "¿Quién es la afortunada, araña?" – Preguntó Winona, apareciendo detrás de la rusa.

– "¿Eh?" - Musité desconcertada.

– "Necesitas el dinero para tu chica especial, ¿no?"

¡¿Pero cómo…?!

– "Winny, por favor." – Habló Pin. – "No insinúes que Jaëgersturm es…"

– "Es cierto." – Interrumpí.

– "¿Uh? ¿De qué hablas?"

– "Fräulein Winona tiene razón. Quiero… quiero invitar a una chica a salir..." – Confesé bajando apenada mi cabeza. – "S-soy lesbiana."

Hubo un momento de silencio.

– "¡Ja! ¡Te lo dije, pájara boba! ¡Págame!" – Declaró la canadiense a su compañera, extendiendo su aleta.

– "Chyort…" – Espetó la eslava, entregando un fajo de billetes a su amiga.

Esperen… ¿qué?

– "U-ustedes… ¿lo sabían?" – Pregunté incrédula.

– "¡Yo no!" – Exclamó Pin con sus extremidades al aire. – "¡Pero es obvio que esta enana ya estaba enterada! ¡Tramposa!"

– "Para nada, gritona. En realidad fue sencillo de deducir." – Explicó la adelaida contando su dinero. – "La forma en cómo esta arachne te miraba las tetas era suficiente evidencia. Y ese corte de machorra que se carga lo anuncia a gritos."

– "¡F-Fräulein Winona! ¡No diga esas cosas!" – Reclamé ruborizada.

– "¡Argh! ¡Lo que gano por ser tan atractiva!" – Se quejó Dragovskaya. – "¡Me voy temprano! ¡Winny, me las vas a pagar!"

Y con esa rabieta, la rusa se fue del lugar. Bien, ahí quedó mi adelanto y mis planes. ¡Malditos canadienses! ¡Solo traen problemas! ¡Que se mueran todos!

– "Ella va a estar irritable todo el día, pero el triunfar sobre esa grandulona hace que valga la pena." – Dijo la chica de ojos verdes.

– "No imaginaba que ustedes apostaban respecto a mis preferencias." – Suspiré con voz desganada.

– "Sabía que ganaría, por eso lo hice. En fin, toma." – Me ofreció el dinero más algo extra. – "Tu pago por adelantado. Que te diviertas con tu novia."

– "¿Eh? P-pero, jefa, esto es…"

– "¡Pfff! Soy la dueña de este negocio, como si me hiciera falta." – Declaró encogiendo sus hombros. – "Además, me sentiría mal por arruinar tu romance."

– "¿Está segura?"

– "Claro. Llévala a un lugar bonito."

¡Oh, gran Zeus, bendice a Canadá y a sus hermosos magnánimos habitantes! ¡Larga vida a tan hermosa tierra!

– "¡Danke, danke, danke!" – Expresé sumamente contenta, abrazando a mi superior. – "¡Se lo agradezco mucho, Fräulein Winona!"

– "¡Ack! ¡Mi espalda! ¡Wah!"

– "¡Ah! ¡L-lo siento, jefa!" – Me disculpé soltándola de inmediato. – "¡Mil perdones!"

– "No vuelvas a hacer eso, araña. Ahora vuelve a tu trabajo antes que cambie de opinión."

– "¡J-jawohl!" – Hice un saludo militar y regresé a contar nuestro inventario.

Hoy debe ser mi día de suerte. En total tengo 83,659 yenes, mi salario entero más lo de la apuesta. Veamos, si la tasa de interés nacional está a… Y si el Dow Jones indica que… Si tengo cuatro manzanas y me como una… Eso equivale a 752 dólares estadounidenses ó 711 Sparassusreichmarks. Suficiente para una tarde memorable y aún me sobra. ¡Perfecto!

Mi felicidad era muy evidente: Atendía a los clientes con una sonrisa de oreja a oreja, barría el piso mientras tarareaba una alegre melodía e incluso me daba el lujo de agregar caritas sonrientes con gomitas a los helados. Me sentía en las nubes. Lo mejor es que mi opinión respecto a Winona cambió por completo. Ahora entiendo como Pin se hizo su amiga.

– "Ah, ¿no es hermosa la vida, jefa?"

– "Sigue barriendo, Jaëgersturm."

Por supuesto, lo gruñona no se le quita ni con cirugía. El final de la jornada llegó y después de despedirme de la chica pingüino, me encaminé a casa. Hora de darle la buena nueva a la irlandesa.

– "Fáilte, Aria." – Me recibió la dullahan. – "¿Es mi idea o luces inusualmente radiante esta tarde?"

– "Algo así, Lala. ¿Quieres que te ayude con el almuerzo?

– "Me encantaría."

Mi humor no decayó durante el tiempo que cociné o deguste mis alimentos, siendo mi sonrisa la mayor prueba. Las chicas y Kurusu lo notaron, pero les calmé afirmando que no era nada importante. A Rachnera tampoco se le escapó mi estado de ánimo, pero no dijo nada. Solo me guiñó tres ojos. Gracias por tu discreción, tejedora. Terminamos de comer y detuve a la segadora en su camino a lavar los trastes.

– "Lala, ¿tienes algo que hacer esta noche?" – Le pregunté con una sonrisa de lado.

– "Solo nuestra reunión nocturna."

– "Se cancela."

– "¿Por qué?"

Le mostré un gran fajo de billetes de diferente denominación. Con audaz destreza, usé mis dedos para formar una especie de abanico con el papel moneda, creando un efecto casi dramático.

– "Tú…" – Le apunté. – "Yo…" – Apunté hacia mi persona. – "Vamos a hacerlo."

– "¿Q-q-q-qué?" – Tartamudeó la sonrojada mujer.

– "Vamos a divertirnos en la gran ciudad. Esta tarde, solo nosotras dos." – Moví mis cejas juguetonamente. – "¿Qué dices?"

– "¿S-s-solo nosotras?"

– "Sip."

– "¿E-esta tarde?"

– "Sip."

– "¿Solo nosotras?"

– "Oh, Hera. Ya te rompí."

Lala permaneció sin habla por varios segundos. Mi provocadora sonrisa no le ayudaba a disminuir su ruborizado estado. Diablos, un poco de dinero y ya me siento una conquistadora. Hey, si mis ancestros conquistaron ciudades enteras, yo puedo con una Abismal. Además, pasar el tiempo con Cetania me dio suficiente valor para actuar con algo más de determinación.

– "D-de acuerdo." – Confirmó la irlandesa.

Mi sonrisa se tornó aún más grande. Ahora que lo pienso, debe ser una vista aterradora con mis afilados dientes. Pero la dullahan no se queja, así que no importa.

– "Tres horas. Ponte algo sexy." – Le guiñé mis tres ojos.

Dejé a Lala y a sus rojas mejillas para dirigirme a mi habitación. Inhalé profundo y me dejé caer sobre la cama, hundiendo mi cara en la almohada. No es fácil actuar como una casanova. Sinceramente, ni yo sabía que podía ser tan temeraria. ¿Es esta la verdadera Jaëgersturm o solo estoy ebria de poder económico?

– "Vaya, vaya, Aria." – Habló Rachnera entrando al ático. – "Si que te has vuelto una seductora. Estoy tan orgullosa de mi pupila."

– "Ugh. No sé que fue todo eso." – Me volteé. – "Me cuesta creer que me comportara de esa manera."

– "Pero lograste tu objetivo, ¿no?"

– "Así es. Pero, ¿siempre he sido así, en el interior?"

– "En ocasiones nuestra personalidad toma giros inesperados, cazadora. A veces, solo necesitas un pequeño empujón."

– "Creo que pasar la tarde con Cetania me motivó, sin contar que mi salario por adelantado me dio suficiente confianza para actuar así."

– "En parte, pero en realidad el estímulo más grande provino de tu propio deseo de conquistar a Lala." – Aseguró la tejedora alzando su dedo. – "Hacía mucho que deseabas hacer esto."

– "Quizás…" – Suspiré. – "Solo no esperes algo así tan seguido. No quiero parecerme a ti."

– "¿Un poco de valor y ya crees estar a mi nivel? Que ingenua eres, Aria."

Ella saltó a la cama y me rodeó por completo. Oh, rayos, no otra vez.

– "¡R-Rachnee!"

– "Cuando se trata de seducir, no existe otra como la gran Rachnera Arachnera." – Declaró ella tomando mi barbilla en sus manos. – "Mis habilidades no poseen parangón."

– "N-nunca dije que fuera como tú, solo que no deseaba seguir tu camino."

– "Es una lástima." – Pasó su dedo por mi estómago. – "Hay tanto que podría enseñarte."

Delineó hasta el centro de mi pecho con su dígito. Usaba guantes, así que no me lastimó con sus garras.

– "Dime una cosa, Aria; ¿Qué planeas hacer una vez tengas a la dullahan a tu merced en la cama?" – Cuestionó con voz seductora.

– "Ni siquiera me le he declarado…" – Contesté temerosa. Diablos, aún sin ropa, Rachnera es hipnotizante.

– "Lo harás, eventualmente. Pero seguramente no con palabras, sino con un salvaje acto de amor."

– "Yo no haría eso…"

– "No me engañas, cazadora." – Susurró a mi oído. – "Ya estás mostrando los primeros signos de tu naturaleza dominante. Esto solo escalará sin detenerse."

– "T-te equivocas."

– "¿En verdad?" – Se rió sardónicamente. – "Responde; ¿Qué cosa no estoy haciendo, que no le harías a tu querida Lala?"

– "Yo…"

– "Disfrutaste tener el control, ¿o no?" – Acarició mi mejilla. – "Es una sensación adictiva, lo sé. Nada como poseer a tu presa indefensa."

– "Solo la provoqué un poco."

– "Así comienza todo, con actos pequeños. Pronto tus coqueteos subirán de tono hasta obtener tu preciado premio. Está bien, eres una depredadora. Acepta lo que eres."

No dije nada. Era verdad que cada vez que provocaba a la irlandesa, suprimía mi intenso deseo de continuar. Y sin embargo…

– "No niego mi instinto, Rachnera." – Afirmé apartando su mano lentamente. – "Pero no dejaría que mi propio impulso me domine a mí. Lala sabrá de mis sentimientos, alguno de estos días. Y será de una manera civilizada."

Lo dije con una gran seguridad en mis palabras. Miré fijamente a la tejedora. Esta sonrió.

– "Sigues con esa convicción de acero, Aria. Admito que es casi inspirador." – Se quitó los guantes y los arrojó a mis manos. – "Deberían quedarte."

– "Oh, son lindos. Pero, ¿por qué?"

– "Lo mereces por ser tan noble. Además, no querrás lastimar a tu dullahan en su primera cita."

– "Creo que tienes razón."

Me los puse. El resistente material, hecho de seda pura, era elástico y se amoldó perfectamente a mis garras, que eran mayores que las de Arachnera. Mi sentido del tacto no perdió sensibilidad. Casi una obra de arte.

– "Los hice yo." – Explicó la tejedora. – "Y tranquila, que la seda vino de las hileras en mis manos, no mi abdomen."

– "Son muy suaves. Danke schön, Rachnera."

– "Bitte sehr."

Apreciaba este lado de la arachne. Era como tener una hermana mayor, dispuesta a ayudarte.

– "¿Sabes? Puede que luzca muy segura de mi misma, pero en realidad, estoy más nerviosa que una oveja en un matadero." – Confesé. – "Es mi primera cita informal con la mujer que me gusta."

– "Te apuesto a que Lala está temblando como gelatina también. Me encantaría seguirlas para observar las tonterías que cometen."

– "Lo harías, ¿verdad?"

– "Por supuesto que sí. La torpeza del primer romance es la mejor fuente de humor gratuito, especialmente cuando es ajena."

– "Confío en que te conformarás con imaginar nuestros percances."

– "Descuida, ya me contarás como te fue en tu gran noche. Así me pagas el favor de esos guantes."

– "De acuerdo, es un trato. Pero nada de detalles íntimos."

– "Oh, jo, jo." – Rió. - "¿Entonces si quieres cerrar tu cita con broche de oro?"

– "¡N-no! ¡No me refería a eso!"

¡Argh! ¡Mi lengua me traiciona de nuevo!

– "En todo caso, aún no tengo idea de adonde llevarla." – Dije, incorporándome. – "Pasé casi la mitad de la noche cavilando sobre ello y todavía no me decido."

– "Creí que conocías bien a tu irlandesa."

– "Sé lo que puede interesarle, pero quiero que sea perfecto."

– "No te compliques tanto; Lo importante es pasar el tiempo juntas, sin importar el lugar."

– "Eso espero. ¿Alguna sugerencia?"

– "Simple: Llévala al parque de diversiones."

– "Eso… No es mala idea."

– "No es física cuántica, cazadora. Súbanse a los juegos mecánicos, cómprale un peluche, vomiten el algodón de azúcar, el objetivo es divertirse."

– "Aunque, bueno, estaba pensando en algo más romántico."

– "Oh, en ese caso solo vayan a un buen restaurante."

– "Pero nada supera a los platillos de Lala."

– "Estás olvidando la razón principal de todo esto, ¿verdad? Es sobre disfrutar la compañía, no evaluar la comida, tonta."

– "Oh… Claro, es obvio." – Me di un golpe en la cabeza. – "Gracias de nuevo, Rachnee."

La tejedora podía dar buenos consejos cuando se lo proponía. Quisiera que ella fuera así todo el tiempo. La hora estaba cerca y me di un meticuloso baño, asegurándome de lavar cada rincón de mi cuerpo. Nunca antes mi exoesqueleto había recibido tanto cuidado. Hmm, quizás debería repetir el proceso para asegurarme que luzca inmaculado.

– "¡Aria, ya sal de ahí, con un demonio!" – Vociferó Miia golpeando la puerta. – "¡No eres la única que debe usar el baño!"

Maldita culebra. Me apresuré a terminar con mi aseo. Debo haberme gastado las cerdas de mi cepillo dental de tanto que lavé mi boca. Y qué decir de las cantidades industriales de perfume que rocié en mi cuerpo. Quisiera tener un mejor atuendo para tan especial ocasión, pero eso será en otra oportunidad. Sacudiendo mi gorra y alistando mis nuevos guantes, me hallaba preparada para salir.

– "Todo tuyo, lombriz de agua puerca." – Le indiqué a la lamia apenas salí del baño.

– "¡Kshaa! ¡No me llames lombriz!" – Espetó siseando su lengua bífida.

– "Un momento, Miia. Ven aquí." – Dije rodeándole con mi brazo alrededor del cuello y susurrándole al oído. – "Dime, si quisieras conquistar a Herr Kommandant en su primera cita, ¿A dónde lo llevarías?"

– "¿Ah? ¿A q-qué viene eso?"

– "Solo curiosidad. Anda, prometo guardar tu secreto."

– "B-bueno… Si quisiera ganar el corazón de mi Cariño, entonces… Creo que lo invitaría al cine a ver una película romántica." – Confesó juntando sus dedos.

– "Uhm, buena sugerencia. Gracias, Miia."

– "Espera, araña. ¿Qué estás planeando?"

– "Relájate, solo quiero estar preparada por si tuviera una hipotética cita con alguien en el futuro."

– "Saldrás con Lala, ¿verdad?"

¡¿Pero qué…?!

– "¡¿C-como lo…?!"

– "Ella también se encerró ahí adentro hace una hora. Y honestamente, por la forma en que te trata, es más que obvio que ustedes se traen algo."

Subestimé la perspicacia de la pelirroja. A este paso, toda la casa lo sabrá.

– "B-bueno… T-tal vez hagamos algo hoy juntas… ¡P-pero no es lo que imaginas!"

– "Tranquila, Aria. Yo te apoyo en esto, ¿recuerdas?"

– "¿Eh? ¿Por qué?"

– "Contigo y la dullahan fuera del panorama, tendré menos rivales con las cuales competir."

Oh, dioses. Ella aún seguía con eso. Tampoco es que me moleste, mientras lo acepte.

– "Uhm… ¿Es un placer? En todo caso, te agradezco por los ánimos."

– "Oki doki. Ahora ve por tu pitufo, que yo necesito un baño."

– "Lala no es un pitufo, gusana."

– "Uy, ya la defiendes. Ojalá no te conviertas en una celosa después." – Dijo cerrando la puerta.

¡¿No te mordiste la lengua, hipócrita?! Bah, por eso no me gustan las lamias. Son unas víboras.

– "¿Aria?" – Habló una voz detrás de mí.

– "¿Qué quie-?"

¡Por el arco de Artemisa! ¡La perfección si existe!

Lala ostentaba un hermoso vestido qipao color morado oscuro de una sola pieza. La tela estaba cubierta por un patrón de diversos lirios púrpura. La ropa dejaba el cuello y los brazos al descubierto, pero lo más llamativo era el corte en ambos lados que permitía admirar sus caderas. ¡Esas divinas, divinas caderas! Todo complementado por finas sandalias. Que de nuevo se haya alaciado el cabello para deshacerse de ese mechón era la cereza del pastel.

– "¿T-te gusta?" – Preguntó tímidamente la irlandesa.

¿Gustarme? ¡Me dan ganas de saltarte encima, mujer! ¡Y qué decir de esas hermosas piernas que tu mamacita te heredó! ¡Como quisiera que rodearan mi cuerpo en este instante! ¡Aagh, creo que…!

– "Me vine…" – Contesté intentando calmar el temblor de mi mandíbula.

– "¡¿Qué?!"

– "¡Me vine a dar cuenta de que lo adoro! ¿Dónde conseguiste ese bellísimo atuendo?"

– "Ah, bueno… Mi primera familia eran inmigrantes taiwaneses millonarios. Pude darme el lujo de poseer este vestido, pero nunca lo usé antes. Jamás encontré ocasión para ponérmelo."

– "Te queda perfecto, Lala. En verdad que sí."

– "Go raibh míle maith agat, Aria."

– "Bitte sehr. ¿Lista para recorrer la urbe?"

– "Por supuesto."

Entrelacé su brazo con el mío. Ella no objeto. Con una sonrisa compartida, dimos los primeros pasos de nuestra cita y emprendimos camino hacia el centro de la ciudad. En ese momento, no existía nadie más en el mundo, excepto nosotras dos. Toda la felicidad existente en este plano existencial se concentraba en mi persona recorriendo las calles junto a la mujer que amaba. Era el paraíso.

Descarté la idea del parque de diversiones. Un vestido como ese se maltrataría con lo agitado del lugar. De la misma manera, se vería desperdiciado en una oscura sala de cine, con el suelo pegajoso y los padres irresponsables que llevan a sus ruidosos retoños, creando escándalo. No, mi Lala merecía lucir esa figura con clase, como toda una diosa ameritaba.

– "¿Podemos ir a una librería, Aria?" – Preguntó la irlandesa tímidamente.

– "Ah, claro."

Demonios, esta chica en verdad es mi alma gemela. Suerte Cetania no está aquí para burlarse de la dullahan. Afortunadamente Japón suele valorar la lectura y hallar una tienda era tarea sencilla. Entramos a la más cercana que encontramos. Una campanita sonó apenas cruzamos la puerta.

– "Buenas tardes, bienvenidas a Librería Paradoja. ¿En qué podemos servirle?" – Nos saludó una amable mujer.

– "Ah, solo estamos mirando por el momento." – Respondí.

– "Si requieren asistencia, no duden en preguntar. Y por si están interesadas, ya contamos con el nuevo volumen de 'Yui, la guerrera tsundere.'"

– "Ya veo. Gracias, señorita."

Continuamos revisando los diversos tomos en los estantes. Yo no buscaba nada en particular, aunque algo sobre historia militar siempre es bienvenido. Mientras hojeaba una enciclopedia ilustrada de bombarderos, Lala se entretenía con la sección de cocina.

– "¿Planeando nuevas recetas, segadora?"

– "Solo estaba interesada en probar algo distinto. Los libros de nuestro casero solo cubren la cultura japonesa."

– "Ah, entiendo. Lleva los que desees, no hay problema."

– "Solo requiero este por ahora."

– "Con confianza, toma el que quieras. ¿Qué tal si incluyes este de cocina alemana? Me muero por saber cómo le darías tu toque especial al Bratwurst."

– "¿E-en verdad te parece que pueda hacerle honor a la comida germana, mortal?"

– "El honor sería para Alemania."

Ella sonrió ruborizada. Mis halagos no eran falsos, realmente deseaba conocer las maravillas que ella podría hacer con los platillos teutones. Se me hacía agua la boca con solo imaginar un Rote Wurst bávaro al estilo de la dullahan. Habiendo elegido lo que íbamos a llevar, pagamos y proseguimos con nuestra cita.

– "Debí haber traído algo para no andar cargando esto todo el tiempo." – Opiné a mi compañera. – "Pero nunca usé bolsos o similares."

– "Oh, lamento haber comprado tantos títulos, Aria."

– "No te preocupes. Hey, ¿qué tal si aprovechamos para comprar uno?"

– "¿Eh? Pero no en necesario gastar tu dinero en tales cosas. Podemos regresar a casa y dejar esto allá."

– "Nada de eso, azulita. Nuestro paseo no se interrumpe por nada."

– "¡A-Aria!" – Exclamó la irlandesa cuando tomé su mano y la guié hacia la tienda más cercana.

Visitamos una elegante tienda de ropa llamada Kiki's Secret. Nunca tuve interés en las tendencias de la moda, prefiriendo siempre vestimenta regular, pero las prendas en despliegue eran realmente bellas. Había un fino abrigo estilo germano, reminiscente a las usadas en las trincheras de la Gran Guerra, pero con ese toque de elegancia. No es extraño que un local como este vendiera artículos pseudo-militares, después de todo Hugo Boss diseñó uniformes para los Nazis y la legendaria Coco Chanel era espía de estos. Los villanos también tienen sentido del buen vestir.

– "¿Hallaste algo que te guste, Lala?"

– "Creí que tú eras la que buscaba un bolso."

– "Sinceramente luciría mejor en ti. Tú eres la del cuerpo de supermodelo."

– "N-no bromees de e-esa manera, mortal…"

– "No lo hago. E insisto, a ti te quedaría mejor. Anda, elige el que más te guste."

– "En verdad, esto no es necesario."

– "¿Qué tiene de malo darse un capricho de vez en cuando? Te repito que el dinero no es problema, así que adelante."

– "D-de acuerdo."

La dullahan revisó los distintos modelos de bolsos de mano disponibles. Se tomó su tiempo hasta decantarse por uno color azabache, muy bonito. Curiosamente, el patrón que lo cubría tenía forma de telarañas.

– "¿T-te parece bien este?" – Me preguntó sonrojada.

– "Todo lo que hagas me parece bien, segadora."

– "N-no me halagues tanto, mortal."

– "Je, no puedo evitarlo."

Elegido su opción, llamé a una de las asistentes.

– "Disculpe, señorita, nos gustaría adquirir este producto."

– "Ah, el especial de Rin Armani. Tienen muy buen gusto, si me permiten opinar. Síganme a la caja, por favor." – Nos indicó la chica.

El precio que tuviera no me importaba, me sentía como toda una magnate con billetes en mano.

– "Ya que este artículo está en oferta, solo serían 22,100 yenes, señorita." – Informó sonriente la mujer.

¡Ay mamá araña! ¡Eso es como 200 dólares tan solo por un poco de cuero! Mis panties casi cambian de color en el acto, pero ahora no puedo dejar mal a mi irlandesa. Ni modo, Jaëgersturm, como una vez te dijo esa saltarina mexicana: Te la vas a comer doblada.

– "¿No crees que es algo caro?" – Me susurró Lala.

– "Tranquila, azulita, que esta arachne es más rica que un petrolero texano."

Y terminará más pobre que un pordiosero si continua así, pensé. Pero no dejaré que este pequeño percance me arruine el día. Pagué la cantidad debida y traté de ignorar las protestas de mi cartera. Si no fuera por la manutención del gobierno, estaría planeando como subsistir a base de sopa instantánea por los siguientes días. Pero ver a la chica Abismal portando su nuevo bolso con la gracia de una deidad griega, hacía valer la pena el sacrificio. La felicidad de la irlandesa no tenía precio.

Caminamos un tiempo, deleitándonos con las interesantes vistas que el centro de la ciudad ofrecía. El ambiente urbano de Asaka aún me cautivaba. Después de vivir en una aldea pequeña con pocas novedades, el bullicio del imperio de cristal y concreto tenía cierto encanto.

De repente, unos débiles sollozos captaron nuestra atención. Intrigadas, optamos por investigar el origen de tales llantos. Hallamos la respuesta al ver a una pequeña lamia, llorando en medio de la plaza. Lala y yo nos miramos y silenciosamente acordamos en tratar de ayudar a la pobre liminal.

– "Hola." – Le saludó la dullahan, acercándose. – "¿Te sucedió algo, pequeñita?"

– "Mi… Mi mamá… No sé donde está…" – Respondió gimoteando. – "Estoy perdida…"

Era para quebrarle el corazón a cualquiera. La niña poseía un hermoso color dorado como su ondulado cabello y su voz resquebrajada sonaba tierna aún detrás de sus lamentos. No resistíamos el deseo de reconfortarla con un abrazo.

– "¿Quieres que te ayudemos a encontrarla?" – Ofreció auxiliarla la segadora. La lamia afirmó débilmente con su cabeza.

Lala acarició su pelo, diciéndole que no se preocupara. La pequeña lentamente se calmó y cesó el lloriqueo.

– "¿Cómo te llamas, querida?" – Le pregunté a la niña.

– "Ami. Soy Ami Sprins."

– "Gusto en conocerte, Ami. Soy Aria y ella es Lala." – Le indiqué a ella. – "¿Dónde viste por última vez a tu mami?"

– "Ella estaba por aquí hace un rato, pero… Pero luego vi un vestido muy bonito y después quise ver un puesto de comida y… Y me perdí." – Relató preocupada, casi al borde de un segundo llanto.

– "Está bien, Ami. La hallaremos enseguida." – Le aseguró la irlandesa. – "Toma mi mano."

– "De acuerdo…"

Caminamos con la niña intentando dar con su progenitora. No debería ser muy difícil encontrar a una lamia en medio de la multitud humana, especialmente si es del mismo inusual color que su retoño. Por supuesto que, la noche y la gran cantidad de otras liminales en el área podrían retrasar la búsqueda un poco. Interrogamos a un policía por si tenía información útil, pero no pudo ayudarnos.

Proseguimos rastreando a la madre perdida alrededor de la manzana. Pasamos por un edificio cuyas ventanas proveían ser excelentes espejos. No pude evitar observarnos a las tres reflejadas en el cristal.

– "¿Qué sucede, Aria?" – Cuestionó mi amiga al verme distraída.

– "Míranos en este momento, Lala."

– "Oh…" – Exclamó al percatarse.

Lucíamos como una familia dando un paseo con su pequeña hija, por más descabellada que la idea de una arachne y una dullahan criando a una lamia pudiera sonar. Sonreí y mi compañera se sonrojó cuando la rodeé con mi brazo, pegándola a mí. Ami estaba entretenida saludando a su reflejo. Continuamos con la misión, platicando un poco con la niña para distraerla de su aflicción. Funcionaba, ella cada vez parecía menos triste.

– "¿Aria Onee-chan, es Lala su novia?" – Preguntó de repente la joven rubia. Por poco choco con un poste de luz.

– "A-Ami, ¿a qué vie-ne-ne eso?" – Tartamudeé.

– "Es que se parecen mucho a las parejas que vi hoy. Y se ven tan unidas…"

– "S-solo somos ami-migas, ¿v-verdad, Lala?"

La dullahan asintió nerviosamente, con un rojo en su rostro más brillante que las lámparas a nuestro alrededor.

– "Oh, yo creí que… ¡Ah, mi mamá, ahí está!" – Indicó la pequeña.

Ella se deslizó a toda velocidad para reunirse con una lamia más grande de su mismo color, aunque este no era tan intenso como el de la niña.

– "¡Ami, hija mía! ¿Dónde estabas?" – Exclamó la mujer abrazando a su primogénita.

– "Me perdí… Lo-lo siento, mami." – Esta regresó el abrazo con fuerza. – "¡Pero mis Onee-chans me ayudaron a encontrarte!"

La mujer madura se acercó a nosotras.

– "Les agradezco infinitamente el cuidar mi pequeña Ami." – Hizo una reverencia. – "Lamento los contratiempos causados."

– "No es molestia, señora. Hicimos lo que cualquier ciudadana decente haría." – Le contesté.

– "En todo caso, estaré siempre en deuda con ustedes. Hija, despídete de estas amables señoritas."

– "¡Aria Onee-chan, gracias por todo!" – Declaró Ami con un fuerte abrazo, con todo y cola.

– "D-de nada, Ami. Trata de no preocupar a-a tu mamita de nuevo." – Repliqué intentando respirar ante el fuerte agarre de la chiquilla.

– "¡Lala Onee-chan, a ti también te quiero!" – Hizo lo mismo con la irlandesa.

– "Está b-bien, fue un p-placer."

La infante la apretó tan fuerte que la cabeza de la dullahan se desprendió de repente. Tras unos segundos de incómodo silencio, este fue roto por los gritos de una aterrada lamia y el resto de los transeúntes. Colocando su cabeza en su lugar, Lala y yo nos disculpamos y huimos lo más pronto posible. Por Hades, ojalá no hayamos traumado a la pobre niña.

– "La lamias son problemas garantizados." – Mencioné al habernos alejado lo suficiente. – "No importa cuán lindas sean."

– "No era mi intención espantarla, pero ella poseía la fortaleza de una boa constrictora." – Dijo la irlandesa, recuperando el aliento. – "Sin embargo, me agradó el reunirla con su madre."

– "Me sorprendió lo rápido que la tranquilizaste. Eres hábil tratando con niños."

– "Solo hice lo lógico. Además, no podía permitir que continuara en ese estado." – Declaró con nostalgia en su voz. – "Es lo que Eve hubiera querido."

– "Eres demasiado buena para este mundo, Lala." – Le sonreí. – "Y dime, ¿algún otro lugar que desees visitar?"

– "En realidad, opino que deberíamos regresar. La hora de la cena está próxima."

– "¿Y crees que voy a dejar que te esclavices en la estufa de nuevo? Lo siento, segadora, pero sería inaceptable el dejarlo ocurrir."

– "¿De qué hablas, mortal?"

– "Hablo de que tú y yo, mi querida azulita, vamos a comer en el mejor restaurante que esta humilde ciudad pueda ofrecer." – Manifesté rodeándola con mi brazo. – "Así que prepara los dientes."

– "El mejor restaurante es Die Ekaterina, ubicado a tres kilómetros de aquí y se requiere reservación previa de al menos cinco meses." – Respondió secamente.

Wunderbar…

– "Bueno, entonces el segundo mejor. Alista esos cubiertos, segadora."

– "Rachel's, mil seiscientos metros a partir de este punto, reservaciones necesarias."

– "El tercero será en ese caso…"

– "La Fonda de la tía Ruri, no trabajan hoy."

– "¿Alguna opción que sugieras antes de continuar auto-humillándome?"

– "Hay un Kentucky Fried Harpy en la esquina."

– "¡DE NINGUNA MANERA!"

¡Argh! ¡Las memorias regresan! ¡Aléjense de mi cabeza! ¡Redrum, redrum!

– "¿Cómo es que conoces tanto, mujer?" – Cuestioné, recobrando mi respiración regular.

– "Familia huésped millonaria, como mencioné con anterioridad. Visitar tales lugares era rutina."

– "Diablos, y yo que pensaba impresionarte."

– "Nunca dije que fuera entusiasta de aquellos establecimientos. El lujo y precios astronómicos no garantizan satisfacción culinaria, a mi parecer."

– "Bueno, ¿te conformas con este?" – Apunté al local a nuestra izquierda.

– "Considero que es una alternativa aceptable."

Bien, al menos resultará barato. O eso espero, a menos que El Sazón de Pachylene anuncie publicidad falsa. El sitio no estaba mal, con decoraciones que lo hacían sentir tanto rústico como hogareño. El cuadro con la pintura de un hombre y una arpía, quienes supuse debían ser los dueños, daba la bienvenida al comedor principal. Afortunadamente mi tamaño no resultó obstáculo para hallar mesa disponible. La mesera nos entregó el menú a ambas y esperó a que dictáramos nuestra orden. Los platillos eran en su mayoría de procedencia canadiense. Y, gracias a los dioses, también bastante asequibles.

– "Creo que probaré la carne de jengibre y el tocino peameal." – Solicité. – "Acompáñelos con un ginger ale gold, por favor."

– "Deseo la carne asada con pudines Yorkshire, si no es molestia." – Ordenó la irlandesa. – "Y Ginger ale dry."

– "Ale dry… Enseguida, señoritas." – Confirmó la chica.

Una agradable melodía clásica se oía en el fondo junto al cuchicheo de los distintos comensales. Tal vez no fuera un bistró internacional de cinco estrellas como divisaba mi plan original, pero ahora que lo pienso, la simple entrada hubiera costado el doble de mi salario. Golpe de suerte, supongo.

– "No tengo idea de qué demonios pedí, pero espero sea comestible." – Le confesé a mi compañera.

– "Es solo carne cubierta en salsa dulce, herencia asiática modificada a las costumbres occidentales. Garantizo que será de tu agrado."

– "Oh, ya veo. Je, sigo siendo una pueblerina después de todo."

– "Ambas procedemos de los mismos humildes orígenes, mortal. Solo tuve la fortuna de contar con acceso a un ambiente más universal."

– "Y dime, Lala, ¿por qué dejaste a tu primera familia?"

La dullahan suspiró. Miró hacia el techo, pensativa.

– "Difícilmente eran una familia. Solían pasar mucho tiempo separados, prefiriendo hallar felicidad en el derroche compulsivo de su abundante capital. Me sentía muy sola en aquella mansión."

– "Entiendo. ¿Cuánto tiempo duraste con ellos?"

– "No fueron más de tres semanas. Durante mi estadía, solía escaparme. No me importaba el aislamiento, pero detestaba el sentirme aprisionada. Además, muy en el fondo, mi naturaleza les parecía repugnante."

– "Diablos…"

– "La única razón por la cual me toleraban y me hacían parte de sus repetidas visitas a ostentosos establecimientos, era para convencer al público de que eran buenas personas. Yo solo era publicidad viviente para sus relaciones sociales. Me asqueé de su falsedad y causé suficientes problemas para conseguir un cambio de domicilio."

– "¿Las siguientes fueron mejores?"

– "En parte, pero jamás me sentí a gusto. Admito que yo aún continuaba con mi teatro falso de psicopompo delirante, pero no creí que en verdad se lo tomaran tan en serio. Todos me temían."

Era entendible. A final de cuentas, Lala siendo una dullahan real y una auténtica mensajera de la muerte, era de esperarse que causara pánico a los demás.

– "Todo eso cambió cuando conocí a ese mortal y a las demás inquilinas de la casa. A pesar de lo disfuncional que puedan ser en ocasiones, existe un auténtico compañerismo entre todos ellos. Fue la primera vez desde que dejé Irlanda que me sentí en un hogar. Uno real."

– "Herr Kommandant es sin duda único, ¿no lo crees?"

– "Correcto. Me alegro de haberlo conocido a él y las chicas." – Volteó a verme. – "Y me alegro de conocerte a ti también, Aria."

– "El sentimiento es mutuo, Lala." – Le sonreí gentilmente.

Nuestro momento fue interrumpido por la camarera, quien depositó nuestros platos en la mesa. Con una reverencia, regresó a sus actividades. Bien, hora de ver de qué está hecha la cocina del lado norte de América.

Meine göttin

– "¡Canadienses, bastardos magníficos! ¡Lo volvieron a hacer!" – Declaré en voz baja. – "¡Está delicioso, Lala!"

– "Concuerdo. La textura de la carne es excelente. Y estos postres poseen un gran sabor." – Afirmó degustando su platillo. – "Quizás pueda replicarlo con suficiente práctica."

– "Si logras hacerlo, me caso contigo, mujer."

La irlandesa tuvo que tomar el vaso entero de su bebida para evitar atragantarse. Normalmente me disculparía por tan atrevidas proclamaciones, pero sinceramente, tampoco es que yo estuviera mintiendo. Eso y porque estaba disfrutando del sonrojado rostro de la segadora. Perdóname, Lala, pero eres demasiado linda cuando te avergüenzas.

Luego de terminar nuestros alimentos, pagué la cuenta y nos retiramos. Satisfechas por el día, nos dirigimos a casa. Había sido una velada sencilla, quizás algo anticlimática de lo que esperaba, pero no voy a mostrarme desagradecida porque todo resultó bien al final. Y como dijo Rachnera, el objetivo era disfrutar el tiempo junto a mi chica.

– "¿Te divertiste, segadora?" – Le pregunté.

– "Por supuesto. Deseaba disfrutar la experiencia nocturna de Japón sin necesidad de recurrir a complicados estratagemas para escaparme de mi familia huésped."

– "¿Nunca antes habías salido a pasear de noche, ni siquiera con Herr Kommandant y compañía?"

– "Todas involucraban algún malentendido, generalmente terminando con la malaventura del mortal."

– "Bueno, me alegro de haberte proveído un buen rato. Y gracias por aceptar acompañarme, también soy relativamente nueva en esto, ¿sabes? Las patrullas nocturnas de Sparassus no eran para la convivencia social."

– "Y admito que experimentar la cocina del país canadiense fue agradable."

– "Je, gracias a una de sus ciudadanas obtuve el dinero para organizar esto."

– "Pero, considero que no debiste molestarte en gastar tus ahorros en mí." – Mencionó con los hombros caídos.

–"Fue mi decisión. Y realmente no es que necesite mucho capital personal. Soy de las tacañas que compran estrictamente lo necesario. Pero por ti, no hay problema."

– "Sigo creyendo que fue innecesario."

– "Ahora mismo camino al lado de una hermosa mujer vestida para romper corazones. Por supuesto que valió la pena."

La chica azul se tornó rojo intenso. La tomé del brazo, sin objeción de su parte. Lala se pegó aún más, reposando su cabeza en mi cuerpo y haciendo mi sonrisa más grande de lo que ya era. Durante el trayecto, me encontré con esa arachne saltarina que vi en el club nocturno, paseando en la espalda de un chico. Le guiñe tres ojos al pasar junto a ella y esta hizo lo mismo.

Una suave brisa soplaba, recogiendo las hojas y creando pequeños remolinos vegetales. La luna y las estrellas nos observaban, cubriéndonos con su manto de luz. Por un efímero momento en el espacio-tiempo, no existía nada en el universo, excepto dos mujeres caminando en silencio. No necesitaban decirse nada, puesto que sus corazones no precisaban de palabras para entenderse.

Llegamos a la casa. No había nadie para recibirnos, puesto que todos se hallaban durmiendo plácidamente. La dullahan y yo nos miramos por un momento y nos dimos las buenas noches. Nuevamente le agradecí el pasar tiempo conmigo y me dirigí a subir las escaleras.

– "Aria." – Me habló ella antes de entrar a su cuarto. – "¿Recuerdas… Que esa lamia preguntó si yo era tu pareja?"

– "Oh, claro, je. Qué cosas dicen los niños de ahora, ¿no crees?"

– "Estaba pensando…" – Se mordió el labio ligeramente. – "Que estaría mal decepcionarla."

– "Lala…"

– "¡O-Oíche mhaith! – Se despidió la irlandesa antes de cerrar rápidamente la puerta.

Mi sonrisa no desapareció en toda la noche.


NOTAS DEL AUTOR: Dieciséis capítulos. Es más de lo que planeaba al principio, pero admito que lo he disfrutado como nunca.

Como siempre, quiero agradecer a Dragonith por permitir el uso de sus arpías pingüino. Decidí darle algo más de protagonismo a Winona en esta ocasión, la pobre adelaida se la pasa tan callada que pasa desapercibida.

También les doy las gracias a Paradoja el Inquisidor, Alther y Endelstadt, cuyos fics fueron referenciados en este episodio. Todos ellos me han brindado su apoyo y también han sido fuente de inspiración para mi historia. ¡Danke schön, kameraden!

No duden en dejar sus reseñas y comentarios, siempre es un placer leer su opinión. ¡Auf wiedersehen!

Oh, y no se preocupen por Mero. La magnánima princesa me ha enseñado el camino. Finalmente he abierto los ojos. Resistirse es inútil.

Sí, mi Ama, he sido un chico malo… Por favor, castígueme… Ahh…