NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos! Tarmo Flake les da la bienvenida.

Con el fin de año acercándose, ignoro si mis fechas de publicación continuarán su ritmo regular, así que no se extrañen si ocurrieran retrasos. Además, uno necesita descansar un poco para recargar la inspiración. Eso y porque simplemente soy un perezoso.

En todo caso, he aquí un nuevo capítulo. Espero lo disfruten.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. Únete al Culto de la Gran Sirena.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 17


¡Ah, que hermosa mañana!

El sol brilla, los pajaritos trinan, una pariente araña le está arrancando la cabeza a una mosca. ¡Simplemente bello!

Después de lo que mencionó Lala la noche anterior, mi ánimo estaba por las nubes y de repente todo en el mundo parecía ser perfecto. Dando un salto de mi cama, realicé unas cuantas vigorosas flexiones para despertar mis extremidades. Di un par de patadas con mis pedipalpos, me sentía llena de energía.

– "Ugh… Déjame dormir, escandalosa…" – Gruñó Rachnera, dando vueltas en su hamaca.

– "Oh, vamos, Rachnee. El día es perfecto para ejercitarse. ¿No quieres correr un poco?"

– "Cinco horas más…" – Volvió a quejarse, dejando que sus brazos colgaran.

– "Flojonaza."

Bueno, no tiene caso discutir con una perezosa como ella. Bajé del ático y luego de asearme la cara y los dientes, salí de la casa para una caminata matutina. Corrí por varios minutos, dando golpes al aire como si fuera una boxeadora. Incluso me di el lujo de subir las escaleras de algunos edificios elevados y alzar los brazos al llegar a la cumbre, imitando a cierto personaje del cine americano.

Regresé a casa para darme un baño. Tarareando alegres melodías en la ducha, me propuse a comprar algo de ropa y demás artículos personales mas tarde. Por supuesto, iré a tiendas con precios razonables, nada de bolsos que cuesten un ojo de la cara. Y eso que tengo seis. Ya aseada, el ser más hermoso del universo se encontraba saliendo de su habitación.

– "Guten Morgen, Lala." – Le di los buenos días a la dullahan.

– "Dia dhuit ar maidin, Aria." – Contestó con una amplia sonrisa.

– "¿Podría preguntar con que glorioso pedazo de paraíso deleitará nuestro paladar esta mañana?"

– "Comenzaré con algo regular, aún necesito los víveres adecuados para probar las nuevas recetas."

– "Entiendo. No le quito más su tiempo, Fräulein." – Dije con una reverencia.

– "¿Por qué actúas de esa manera, Aria?" – Rió extrañada la irlandesa.

– "Solo me muestro educada frente a una diosa que se digna a caminar entre mortales."

– "Agradezco el halago, pero puedes parar. Es algo embarazoso."

– "Como ordene." – Saludé a modo marcial. – "¿Le molesta si me tomo la libertad de comenzar con mi desayuno?"

– "Adelante."

– "Danke. Que disfrute su baño, meine Göttin." – Le guiñé.

Ella soltó otra risita y entró al cuarto de baño. Me alegra que ella igual se halle de buen humor. Inicié a preparar algo de huevos y tocino. Encendí mi teléfono para checar los encabezados de las noticias. No toco el periódico, eso es propiedad de Kimihito y honestamente, no me gusta quedar con las manos oliendo a tinta.

No había muchas novedades, solo unas cuantas cosas sobre política, el nuevo sencillo de ANM48, una que otra película y un fallido atentado a un científico. La irlandesa regresó y con una sonrisa, me ayudó a cocinar. Platicamos sobre cosas triviales. Le comuniqué mi plan de comprar ropa en la tarde y la invité a acompañarme, entonces, noté que su rostro se tornó algo preocupado.

– "¿Sucede algo, Lala?"

– "Oh, nada. Solo estaba pensando en algo…"

– "Dime, con confianza."

– "Uhm… Bueno..." – Miró al suelo, nerviosa. – "Ayer en nuestra cita, cuando estábamos comprando…"

¡Cita! ¡La llamó cita! ¡Éxito, Jaëgersturm!

– "¿Si?"

– "Bien, me di cuenta de que… De que en realidad no he hecho nada desde que llegué aquí." – Comenzó a jugar con sus dedos. – "He estado hablando de cómo quería empezar de nuevo, pero en todo este tiempo, solo me portado como una sanguijuela."

– "Lala, no eres un parásito." – Le dije con seriedad.

– "¿En verdad lo crees? Es decir, se supone que me rebelaría contra mi naturaleza, haría algo con mi vida, y mírame. No contribuyo en nada en esta casa."

– "Cocinas. Divinamente." – Le recordé. – "Incluso Herr Kommandant reconoce tu talento al igual que yo."

– "Lo sé, y se los agradezco. Pero hablo de retribuir con algo más que solo eso."

– "¿A qué punto quieres llegar, mujer?"

– "Solo… Solo he considerado… Conseguirme un empleo."

Mis ojos se abrieron sorprendidos. Después, una sutil sonrisa cruzó por mis labios.

– "Lala…" – Hablé. – "Eso es fantástico."

– "¿Opinas que es buena idea?"

– "¡Por supuesto que sí! El trabajo honrado siempre es buena idea."

– "¿Crees que pueda desempeñarme satisfactoriamente en algún puesto laboral?"

– "¡Claro! ¿Cómo en qué estás pensando?"

– "Sonará predecible, pero… tal vez… ¿Chef?"

– "Muy lógico." – Asentí con la cabeza. – "Me parece una excelente elección."

– "S-si tu lo dices." – Se sonrojó. – "N-no quiero decepcionarte."

– "Está bien, Lala." – Le reconforté con mi mano en su hombro. – "Con tu talento, puedes llegar a donde quieras."

– "N-no exageres."

– "No lo hago. Además, con tu dominio de cualquier idioma, las puertas estarán abiertas en cualquier lugar."

– "De acuerdo." – Suspiró. – "Gracias por confiar en mí."

– "Yo siempre te apoyaré, Lala. No lo olvides." – Indiqué con mi pulgar arriba. – "¿Cuándo quieres comenzar?"

– "Cuando obtenga mi pase independiente."

– "Espera… ¡¿Aún no tienes uno?! ¡P-pero ayer las dos salimos por nuestra cuenta! ¡Y también esa vez que me acompañaste desde el gimnasio!"

– "Rompí las reglas todas esas veces."

Oh, mi Lala. Ambas somos almas rebeldes. Y tú puedes tomar la mía cuando desees. Y mi cuerpo. Y mi virg… ¿De qué hablábamos?

– "Buenos días, chicas." – Saludó Kurusu camino a la ducha. – "¿Sucede algo?"

– "Guten Morgen, Herr Kommandant. Creo que Lala desea comunicarle algo."

La dullahan dudó un poco, yo asentí con mi cabeza para animarla.

– "Quisiera… obtener un empleo." – Declaró con timidez la irlandesa.

– "Oh." – Kimihito se sorprendió un poco. – "Me parece excelente, Lala. ¿Algún oficio en particular que te interese?"

– "Considero que debería aprovechar mis habilidades culinarias."

– "Ya veo. Creo que serías una chef extraordinaria."

– "Le he dicho que sus capacidades le harán llegar lejos." – Opiné.

– "Concuerdo, Aria. Como dice un viejo amigo: 'Nada es mentira, todo es posible.'"

– "Uhm… G-gracias… A ambos." – Agradeció la dullahan.

– "Si deseas que te ayude con algunos consejos y recomendaciones, con todo gusto te auxiliaré." – Propuso Kimihito.

– "T-te lo agradezco, mortal..." – Hizo una reverencia. – "V-voy a terminar el desayuno." – Se excusó la dullahan apenada.

Kurusu sonrió al igual que yo. Era genial ver a la chica azul dar un paso importante en su vida. Este me hizo seña de acercarme.

– "¿Se divirtieron anoche?"

– "Claro. Fue divertido."

– "Te felicito por ser una buena influencia para Lala, Aria."

– "No diga eso, Herr Kommandant. Esto lo hizo ella por su propia cuenta."

– "Aún así, decidió hacerlo por ti. Me alegro por ustedes dos."

– "Danke." – Le sonreí y volteamos a ver a la irlandesa. – "Voy a ayudarla a tramitar su pase independiente."

– "Ah, te lo agradezco. Bueno, voy a tomarme un baño." – Se excusó el chico. – "Oh, y les deseo suerte en su relación."

– "¡H-Herr Kommandant! ¡N-no dig…!"

– "Aria, no necesitas decirme lo que hay entre tú y Lala. Pero te informo que ambas cuentan con todo mi apoyo." – Aclaró sonriendo.

– "D-danke…" – Musité sonrojada. – "Igualmente le deseo suerte con su futura esposa."

– "Je, al menos tu caso es más sencillo." – Suspiró. – "¿Sabes? Cuando Smith te trajo, tenía miedo de que tuviera que lidiar con otra integrante de este disparado 'harén.' No tienes idea del alivio que sentí cuando confesaste ser lesbiana, Aria."

– "Yo me alegro de que me aceptara, Herr Kommandant. Ser una araña gigante ya es suficiente excusa para no agradarle a nadie."

– "No eres un monstruo, sino una persona, al igual que todas. Eso es lo que siempre he creído."

– "Usted es una buena persona, jefe. Por eso las chicas lo adoran."

– "A veces creo que ser demasiado bueno para mi propio bien. Pero suficiente de quitarte tu tiempo, voy a asearme. Gracias de nuevo y suerte, Aria."

– "Igualmente, Herr Kommandant."

Me pregunto si en realidad todo el mundo ya está enterado de mi supuesto secreto. Tal vez soy la única idiota que no se ha dado cuenta. En todo caso, es genial contar con todo el apoyo posible. Terminé de asistir a mi compañera y nos sentamos a desayunar. Conversamos sobre llamar a Smith y encontrar un puesto disponible. Lala, naturalmente deseaba empezar desde abajo, quizás en algún restaurant económico, antes de aventurarse a las ligas mayores. Prometí discutir el tema cuando regresara del trabajo.

– "Gracias por la comida. Magnífica como siempre. Ya debo retirarme." – Dije levantándome.

Me dirigí a la puerta y la dullahan me acompañó.

– "Checaré los anuncios clasificados en mi trabajo y los trataremos cuando vuelva, ¿vale?"

– "Te agradezco la molestia, Aria."

– "Es un placer, azulita."

Acomodé mi gorra. Antes de partir, tomé a la chica de los hombros y dulcemente besé su frente. No necesito mencionar que ella se sonrojó de inmediato.

– "Estoy orgullosa de ti, Lala."

Le sonreí y me di la vuelta, dirigiéndome a la nevería.

– "¡Ádh mór ort!" – La escuché exclamar mientras me alejaba. Ah, qué día, ¡Qué hermoso día!

Saludé felizmente a mis jefas al llegar. Winona me dio un pulgar arriba, respondiendo yo con la misma señal. Una de las pocas ocasiones en que ella se hallaba de buen humor. Pin parecía no estar molesta conmigo después de perder su apuesta. Qué bueno, a lo mejor me hubiera ordenado ponerme el disfraz de pingüino como venganza.

– "Uhm… ¿Jefa?" – Llamé la atención de la rusa.

– "¿Qué pasa, Aria?"

– "¿Usted conoce de algún restaurante que esté contratando ahora?"

– "Diablos, Jaëgersturm. No estoy enfadada por lo de ayer, no es necesario que renuncies."

– "¿Eh? ¡Ah, no! Es para una amiga que necesita empleo."

– "Oh, ya veo. En realidad no tengo conocimiento de vacantes disponibles. Pregúntale a Winny, quizás sepa algo."

– "Entiendo. Spasibo, jefa."

– "¡Hey, podrías convencerla de trabajar aquí!"

– "No lo creo. Erm… El frío le hace mal."

Dudo que la temperatura afecte a Lala, pero ella merece algo mejor que este lugar. Además, si resultara que también sus recetas de helado son geniales, se armaría la gorda con Winona. No planeo desencadenar una guerra civil en una nevería.

– "Lástima. Supongo que ahora serás tú la que deba ponerse el traje de pingüino." – Dijo Pin.

– "¡¿Qué qué?!"

– "¡Jar jar! ¡Es broma, pauk!"

Otra bromita de esas y patearé su trasero hasta la Plaza Roja. Ignorando eso, le pregunté a la adelaida sobre el mismo tema.

– "Hmm…" – Caviló la canadiense. – "Una de nuestras asociadas es la dueña del Aizawa. Es un modesto comedor cerca de la plaza norte, aunque ignoro si estén contratando. Podría consultarlo, si deseas."

– "No se moleste, Fräulein Winona. Solo facilíteme un número o dirección y yo me encargo."

– "Tampoco es que haya mucho que hacer hoy." – Respondió tomando el teléfono. – "Además, necesito tratar algunos asuntos con Mio."

– "Danke schön, jefa." – Hice una reverencia.

Winona marcó el número y saludó a la persona del otro lado del auricular. Preguntó sobre vacantes disponibles, aunque no pude leer su reacción detrás de ese rostro serio. Luego de una breve charla, ella colgó y me dio los resultados.

– "Dijo que no. Y acabo de perder a mi mejor inversionista por tu culpa. Estás despedida." – Informó con voz monótona.

– "…"

– "…"

– "¡¿QUÉ?!"

La expresión de la canadiense no cambió en lo absoluto. Esos verdes ojos, siempre juzgándome con la mirada fija. ¡Por el Tártaro, esto va en serio! ¡¿Por qué a mí?! ¡¿Qué se supone que haga ahora?!

– "¡Ja! ¡Te dije que se lo iba a creer, aliento de pescado! ¡Págame!" – Exclamó Winona extendiendo su ala a su derecha.

Esperen… ¡¿Otra vez?!

– "¡Suka Blyat pizda!" – Vociferó una colérica Pin y entregó otro fajo de billetes a su compañera. – "¡Juro que haces trampa, maldita liliputiense!"

– "Acéptalo, tetas aguadas, soy invencible en las apuestas." – Respondió Winona contando el dinero.

– "¡Malditos alemanes! ¡Solo traen problemas! ¡Que se mueran todos!"

¡Hey, esas son mi líneas!

– "¡¿Podrían explicarme qué rayos está pasando?!" – Cuestioné confundida.

– "¡Que de nuevo esta pigmea me vio la cara!" – Respondió furiosa la eslava. – "¡Al diablo con todo! ¡Me largo!"

Repitiendo sus acciones del día anterior, la pingüino emperador salió del establecimiento, refunfuñando entre dientes y azotando la puerta. Winona mantenía su sonrisa jactanciosa.

– "Aposté a que fingiría despedirte y que te lo tragarías por completo. Me brindaste la oportunidad perfecta para ejecutar mi plan."

– "En verdad apreciaría que cesara con sus juegos, jefa." – Suspiré. – "No quiero que Fräulein Dragovskaya la agarre contra mí."

– "Ella estará bien, Jaëgersturm. Pin necesita que la bajen de su nube de vez en cuando."

– "Aún así, no me use para sus vendettas personales."

– "Pffft. Te preocupas demasiado." – Giró sus ojos. – "En todo caso, Mio dice que no están aceptando a nadie por ahora. Lo siento, araña."

– "De acuerdo. Gracias de todas formas." – Exhalé de nuevo. – "Ya encontraremos un lugar."

– "Un consejo si piensas acompañarla a su entrevista; No mencionen que son pareja o algo similar. La discriminación para las mujeres gay, especialmente liminales, sigue siendo un obstáculo hoy en día."

– "Espere, ¿cómo supo qué…?"

– "Pin y yo te vimos entrando a un restaurante junto a una mujer azul. ¿Quién más podría ser?" –Reveló. – "Por cierto, ¿Qué se supone que es ella? ¿Un fantasma, una zombie?"

– "Una dullahan."

– "Esos seres que pierden la cabeza, ¿no? Si que te gusta lo exótico."

– "Y viniendo de una liminal…" – Respondí con algo de sarcasmo. – "Pero me sorprende esa capacidad deductiva que usted posee. Pareciera que me lee la mente."

– "He pasado mucho tiempo discutiendo con inversionistas y demás socios en el mundo de los negocios. Una debe aprender a adivinar lo que la otra persona está pensando, a estudiar las sutiles expresiones faciales, si se desea asegurar un trato exitoso." – Declaró cruzando sus brazos. – "Y tú, arañita, eres como un libro abierto. Y sí, sé que alguna vez pensaste que la rusa y yo manteníamos una relación."

Arachne mía. Esta pingüino es más peligrosa de lo que aparenta.

– "Uhm… Lo lamento, jefa."

– "Tranquila, no serías la primera. Vivimos bajo el mismo techo, iniciamos este negocio juntas, pasamos casi todo el tiempo en compañía de la otra y hasta compartimos la cama, pero te aseguro que solo somos buenas amigas."

– "¿Comparten el mismo casero también?"

– "No tenemos. Somos completamente independientes."

– "¿Eh? Pero creí que la ley decía…"

– "Las leyes son para los pobres, Aria. Sin ofender, claro." – Aclaró – "Pero ya debes saber que un poco de dinero y mover un par de palancas hacen maravillas."

– "Vivía en una dictadura, conozco perfectamente de que habla."

Solo espero que tampoco se deshiciera de sus problemas como el gobierno de Sparassus. No quisiera terminar en el fondo del océano solo por contradecir a mis superiores.

– "Admito que no imaginaba que usted tuviera tanta influencia, jefa. No lo tome a mal, pero de todos los negocios disponibles, usted eligió una modesta nevería."

– "Si experimentaras lo que es administrar una gran empresa, te volverías loca, araña. Prefiero la relativa tranquilidad que una humilde heladería provee." – Explicó con sus aletas en la cadera. – "Además, mis combinaciones son únicas. Nuestra fama no requiere de un emporio industrial para extenderse. ¡Somos EL Polo Sur!"

Esta mujer debe ser de Quebec, solo así explicaría ese complejo de cierto dictador francés que posee. Aunque le concedo que en su caso, está justificado.

– "Entiendo, jefa. Creo que mejor vuelvo a mi trabajo."

– "Bien, necesitaba ir al baño." – Se levantó en dirección a la parte trasera. – "Ah, y una última cosa, Jaëgersturm."

– "Diga."

– "Si alguien más se entera de que Pin y yo dormimos juntas…" – Advirtió con una intensa mirada. – "Juro que dormirás con los peces. ¿Capisci?"

– "J-J-Jawohl…"

¡Qué miedo! Estoy segura que su apellido es Corleone. ¡Pero si no deseabas que nadie más lo supiera, no lo hubieras revelado en primer lugar, enana mafiosa!

Aunque, puedo imaginar a una muy sonrojada Winona tratando de zafarse del firme agarre de su compañera dormida. Je, la adelaida luciría como un peluche en brazos de la enorme rusa. En fin, ya tendré tiempo después para más fantasías pingüinescas, ahora de vuelta al trabajo.

El día transcurrió de manera normal, sin mucha novedad. Continué buscando opciones de empleo en mi celular, pero no encontré ninguna satisfactoria. El reloj marcó las tres de la tarde y regresé a casa. Quizás Lala haya tenido más suerte que yo. Durante el trayecto, vi una sombra familiar pasar encima de mí. Sonreí al reconocer a la dueña aterrizar a mi lado.

– "Hola, Cetania. Gusto en verte."

– "Igualmente, flaquita. ¿Qué haces?"

– "Acabo de salir del trabajo y las tripas me rugen. Voy a casa. ¿Qué hay de ti?"

– "Tomando un descanso de la faena. No ha habido mucho que entregar estos días."

– "Espera a que lleguen las festividades decembrinas. Le pedirás a San Nicolás que te regale un pase al manicomio."

– "Nah, por suerte nos dan vacaciones para esas fechas. ¿Y qué más me cuentas, cazadora?"

– "Intento buscarle un empleo a Lala. Quiere ser cocinera, ¿sabes?"

– "Lala…" – Dijo con un dejo de molestia. – "Bueno, al menos admito que su comida no estaba mal. ¿Has tenido suerte con ello?"

– "Nein. Todos los buenos puestos ya están tomados."

– "¿Qué hay del Kentucky Fried Harpy? Siempre necesitan nuevas víctim… err… empleados."

– "Ni se te ocurra bromear con eso, pajarraca."

– "¿El Burger Fox? ¿Pizza Ogre? ¿McLamia?"

Le regresé una mirada enfadada. Ella solo se rió.

– "En fin, ¿Qué otra cosa has hecho, aparte de hallarle una ocupación a tu amiga decapitada, arañita?"

– "Bueno…" – Me sonrojé ligeramente. – "El día de ayer la invité a salir por la tarde."

– "¿Eh? ¿Y aceptó?" – Cuestionó la arpía. Yo afirmé con la cabeza.

– "Je, ¿creerás que lo primero que propuso fue visitar una librería?"

– "Demonios, y pensé que eras la única nerd en esta ciudad." – Hizo mueca burlona. – "¿Qué pasó después?"

– "Le compré un bolso. ¡22,100 yenes! ¿Te imaginas?" – Gesticulé para ejemplificar el precio. – "No quiero imaginarme lo que un vestido debe costar."

– "Si que consientes a esa dullahan, Aria. Espero aprecie lo mucho que te sacrificas."

– "Mientras ella sea feliz, y te aseguro que lo estaba, me sobra y basta."

– "¿Sí? Bueno, cualquiera debería estarlo luego de que hayan despilfarrado tanta plata en caprichitos." – Respondió sardónicamente. – "Ya quisiera yo que alguien gastara tanto en mí."

– "Oh, deja ya la cizaña, pájara celosa."

– "¡Jum!" – Alzo su barbilla y cerró sus ojos.

La arpía aceleró su marcha. Tuvo que detenerse al chocar con un poste de luz. No pude evitar reírme de su infortunio.

– "Fuck…" – Masculló tallando su frente. – "Y dime, ¿hiciste algo más con tu princesa azul?"

– "Hmm… Después de ayudar a una lamia a encontrar a su mamá, fuimos a cenar."

– "No me digas que al Irina's Castle o al Die Ekaterina, porque tendrías que empeñar hasta los calzones para entrar solamente."

– "Claro que no, boba, era uno muy normal. El Sazón de Panchita o algo así."

– "Ah, Pachylene. Es ese de comida canadiense, ¿no?; He oído que es bueno."

– "Ni que lo digas. Lala dice que tratará de recrear los platillos. No puedo esperar a probarlos."

– "Viva…" – Contestó con desgano. – "Al menos te divertiste."

– "Sip."

– "Pero…" – Se acercó a mí. – "Nada supera a nuestra noche en el club nocturno. ¿Acaso sabe de lo que sexy que luces bailando?"

– "¡P-por supuesto que no! ¡Yo bailo horrible!"

– "No eres experta, pero mueves bien el abdomen." – Alzó las cejas provocadoramente. – "Y propinas unas buenas nalgadas."

– "¡C-c-cállate! ¡N-no digas eso en voz alta!"

– "¿Tampoco le has contado de eso?" – Mordió sus labios de forma burlona. – "¿Acaso soy la única a quien la atrevida Aria le toca el trasero?"

Ya había tenido la oportunidad de agarrar (¡por accidente!) los suaves glúteos de la irlandesa, pero no voy a revelarlo.

– "¡Cetania!" – Vociferé sonrojada. – "¡Deja de actuar como una idiota!"

– "Relájate, flaquita. Tu secreto está a salvo conmigo. Pero en serio, ¿aún no se lo has dicho?"

– "No tengo ni el valor para declarármele." – Suspiré. – "Además, si lo supiera, me arrancaría la cabeza al instante."

– "Y me dices celosa." – Replicó la castaña. – "Pero no puedo culparla; Vales oro, arañita."

– "No exageres, mujer."

– "No lo hago." – Se dio la vuelta y me apuntó con su ala. – "Si tú fueras mi novia, también me aseguraría que ninguna otra pusiera sus cochinas manos en mi alemana."

– "Si tú fueras mi novia, replantaría seriamente mis decisiones en la vida." – Le respondí sardónicamente. – "Aunque gracias por el halago, en serio."

– "Solo digo la verdad, cazadora."

– "Pero si Lala siente celos, entonces…" – Sonreí. – "Significa que me ama… ¿verdad?"

– "¿Eso crees? Bien podría ser que solo quiera monopolizar a quien le compra artículos caros y la lleva de paseo."

– "No, Cetania. Lala no es una interesada."

– "Las apariencias engañan, flaca. Conozco a un par de gavilanes que pretendieron ser halcones durante toda mi vida."

– "Esto es diferente. Lo sé en mi corazón."

– "No tienes remedio, Jaëgersturm." – Sacudió su cabeza. – "Pero es algo que me agrada de ti."

– "En fin, ya casi llegamos. ¿Quieres quedarte a almorzar? Si Lala hizo algo nuevo, no querrías perdértelo."

La arpía no parecía muy entusiasmada al principio.

– "¡Ah, qué diablos!" – Encogió los hombros. – "Es comida gratis."

Le sonreí y nos dirigimos a la residencia Kurusu sin dilación. Tomé mi teléfono y llamé para evitar caerles de improviso. Después de un par de tonos, alguien contestó.

– "¿Quién habla?" – Preguntó una infantil voz.

– "Soy yo, Suu. ¿Podrías buscar a Herr Kommandant, por favor?"

La limo hizo un sonido de confirmación y Kimihito tomó el auricular después.

– "¿Qué sucede, Aria?"

– "Ah, Herr Kommandant, le marco para avisar que planeaba invitar a mi amiga Cetania a comer. ¿Está de acuerdo?"

– "Claro, no hay problema."

– "Danke schön, Herr Kommandant. No tardaremos."

Alcanzamos nuestro destino y abrí la puerta. No me esperaba una completamente aterrorizadora recepción.

– "¡Alto!" – Exclamó Lala.

La dullahan nos recibió apuntando su enorme guadaña en nuestra dirección. Llevaba puesta su armadura y su ser irradiaba un aura escalofriante. Cetania me tomó del brazo instintivamente. Esto hizo que la irlandesa acercara aún más su amenazador apero de labranza.

– "¡Escucha, vástago de Electra!" – Declaró la segadora, dirigiéndose a mi compañera. – "¡Mientras permanezcas en este aposento, mi Ojo de Balar vigilará sobre tu persona y tu alma! ¡No lo olvides, mortal!"

– "Lala, no trates a Cetania de esa manera." – Intenté calmarla.

– "¡Descendiente de Arachne!" – Apuntó su arma hacia mí. – "¡Deberías saber que nuestras reservas alimenticias no son la cornucopia de Amaltea! ¡No contamos con cantidad suficiente para esta arpía!"

– "Pero Lala-chan, siempre nos sobra comida." – Mencionó Papi detrás de la dullahan. – "¡Oh, hola Kitana!"

– "¡N-no te entrometas en asuntos ajenos, pequeña emplumada!" – Respondió la avergonzada irlandesa. – "¡Vuelve a tus nimias actividades!"

– "¡Lala!" – Llamé su atención sacudiendo sus hombros. – "¡Deja de actuar tan hostil!"

– "M-mortal…"

– "¿Es así como esperas hallar empleo, mujer?"

– "P-pero…"

– "Tienes una invitada. Demuéstrale de lo que es capaz una hija del Abismo."

La dullahan bajó la mirada por un momento. Acaricié levemente sus hombros para tranquilizarla.

– "D-de acuerdo." – Se calmó. – "Lamento lo anterior."

– "Está bien, segadora. Ahora intenta de ser más cordial con Cetania, ¿sí?"

– "Trataré…"

Acto y seguido, la segadora ofreció su mano a la castaña, volteando la mirada. Esta, con algo de reluctancia, regresó el gesto. No lucían muy a gusto, pero una tregua es mejor que una guerra abierta. Sé que la irlandesa siente ligeros celos de mi amiga, pero debería entender que ella es solo eso; una compañera. Tomamos asiento y ambos cocineros sirvieron los platos.

– "Tetania, ¿quieres jugar Mayro Kratt con nosotras después?" – Preguntó Papi colocando su ala detrás de Suu. – "¡Somos las mejores!"

– "Quizás en otra ocasión, botanita." – Respondió la halcón. Referirse a la arpía menor como 'botana' era algo despectivo pero a Papi no le importó. – "Y es Cetania."

– "La capacidad cognoscitiva de una arpía es inferior al estándar. No se puede exigir demasiado." – Masculló la dullahan mientras acomodaba los vasos en la mesa.

– "¡Lala!" – Le regañé. – "¡No digas esas cosas!"

– "Ambiciosa declaración para alguien cuya cabeza nunca se mantiene en su lugar." – Contraatacó la americana.

– "Cetania, no caigas en su juego…" – Le aconsejé. Ella no me hizo caso.

– "Es increíble que alguien que olvida todo en tres pasos sea capaz de articular tal argumento." – Espetó la irlandesa.

– "Oh, no perderé la cabeza por tan infantil retórica." – Se burló la castaña.

– "Elocuentes diálogos… Para una mente inferior, por supuesto."

– "Creí haber escuchado el triste maullido de una gata sin garras…" – Cetania puso la mano en su oreja. – "Oh, descuiden, no es nadie."

– "El juicio del Abismo descenderá sobre aquellos que osen menospreciarlo."

– "Uy, se me salen los huevos del miedo…"

La acalorada discusión de vio interrumpida cuando Rachnera arrojó telaraña a sus bocas para silenciar a ambas.

– "No es asunto mío el inmiscuirme en su absurda pelea..." – Aseveró la tejedora. – "Pero me gustaría finalizar mi almuerzo en paz, si no es mucha molestia."

Las dos intentaron protestar infructuosamente. Finalmente aceptaron la resignación. Con un movimiento de sus dedos, Rachnera liberó a las rivales de sus ataduras. Gracias, Rachnee.

Comimos relativamente en paz, ya que tanto Cetania como Lala se hallaban a mi lado. Podía palpar las silenciosas miradas asesinas que se lanzaban de reojo, como si descargas eléctricas chocaran entre sí. Por suerte no escaló a mayores.

– "Admito que está delicioso." – Dijo la arpía. – "Estoy segura que el señor Kurusu fue el autor."

– "De hecho, Cetania, esto fue hecho enteramente por Lala." – Corrigió el chico. – "Ella es quien se encarga de las recetas irlandesas."

La mencionada cruzó sus brazos e infló su pecho con soberbia. La castaña torció la boca y prosiguió devorando su platillo en silencio. Yo me apresuré a finalizar para acabar con esta guerra fría. Diablos, siento como si necesitara mi propio muro de Berlín para protegerme. El almuerzo terminó y después de agradecer la comida, mi compañera pasó a retirarse.

– "Bien, a pesar del amistoso trato que me dio tu amiga azul, mi estómago quedó satisfecho." – Manifestó Cetania en la puerta. – "Gracias por invitarme, flaquita."

– "Siempre eres bienvenida. Y perdona a Lala, a veces pierde la cabeza sin razón."

– "La próxima vez asegúrate de ponerle su correa."

– "Oh, tú, pajarraca." – Le di un golpecito en la cabeza. – "Ahora lárgate, antes de que me culpes por tu despido."

– "Je, cierto, ya debería irme. Bueno, me gustó estar contigo, araña." – Dijo, preparándose para alzar vuelo. – "Espera, ¿no dijiste que ibas a salir a comprar esta tarde?"

– "Tendré que postergarlo. Encontrarle empleo a la dullahan es más importante."

– "¿Qué no puede hacerlo ella sola?"

– "No puedo abandonar a una amiga cuando requiere ayuda. Tú harías lo mismo en mi lugar, ¿cierto?"

– "De acuerdo, te daré la razón esta vez. Pero si cambias de opinión, avísame. Podríamos visitar el centro comercial juntas."

– "Claro, me encantaría."

– "¡See ya, Aria!"

– "¡Auf wiedersehen!"

Cetania dio un salto y con un poderoso aleteo, esta se elevó por los aires. Varias plumas cayeron al suelo frente a mí. Ese majestuoso vuelo de la rapaz nunca deja de poner una sonrisa en mi rostro.

– "Oh…" – Habló Papi detrás de mí. – "Esas son muchas plumas."

– "Las arpías suelen dejarlas, ¿no?"

– "Mi mamá decía que nosotras soltamos grandes cantidades solo cuando estamos enfermas o cuando… cuando…" – Comenzó a tallar su frente. – "¿Cuál era la palabra?"

– "¿Mudando?"

– "No, eso lo hacemos una vez a la semana, pero generalmente nos acicalamos primero." – Explicó. – "La palabra que buscaba era otra…"

– "No te esfuerces tanto, Papi."

– "¡Ah! ¡Ya recordé!" – Se iluminó su cara. – "¡Territorio! ¡Es para marcar territorio!"

– "¿Eh? Pero tú también las dejas cuando vuelas."

– "¡Sí! ¡Es para recordarles que Esposo es mi esposo!" – Exclamó alegre la pajarita.

Tomé una de las plumas de la americana y la examiné con detenimiento. ¿Acaso Cetania intenta…?

– "Aria-nee, ¡vamos a jugar un rato!"

– "Oh, lo siento, Papi. Le prometí a Lala ayudarla a buscarle trabajo."

– "Aww… Ya nadie quiere divertirse conmigo. ¿Ya no me quieren?"

– "Nada de eso, pequeña. Te prometo que jugaré contigo cuando me desocupe, ¿vale?"

– "¡Sí, nos divertiremos mucho!"

Confiaba en que el asunto se le olvidara poco después. Sinceramente, otra sesión en ese condenado juego y Kurusu terminaría comprando otro televisor y una pared nueva. En mis tiempos solo necesitábamos cuatro baterías y un cartucho, con eso éramos felices. ¡Argh, ya sueno a viejita!

De todas maneras, era tiempo de seguir en la caza de un empleo disponible para la dullahan. Tomé mi celular y mientras revisaba las ofertas en la red, Lala tuvo la misma idea, trayendo el diario en sus manos.

– "¿Hallaste algo bueno, azulita?"

– "Me temo que no." – Se sentó en un sofá, cruzada de brazos. – "La mayoría exigen experiencia previa y el resto no mencionan si aceptan liminales. ¿Qué hay de ti?"

– "Tique no me sonríe esta vez." – Negué con la cabeza. – "Y he estado buscando toda la mañana."

– "Quizás deberíamos solicitar ayuda a esa mujer del gobierno."

– "No quieres eso, segadora, créeme. Acabarías sirviendo carne de rata a tus comensales."

La irlandesa suspiró. Esto no era tan sencillo como parecía. Incluso yo tuve más suerte, pero tal vez era porque yo no buscaba un empleo en específico.

– "Sería mejor abandonar tal idea." – Musitó la dullahan.

– "¿Vas a rendirte tan pronto, segadora? Ni le has dado una oportunidad."

– "Es solo que no me siento tan segura."

– "Ten confianza." – Tomé su mano. – "Eres la mensajera de la Muerte misma, la verdugo del Eterno Vacío. Puedes hacerlo."

– "¿Aún mantienes tu fe en mí, cazadora?"

– "Tu lo hiciste cuando yo también lo necesitaba, ¿recuerdas?"

– "Era demasiado optimista."

– "Pero tenías razón." – Acaricié suavemente su cabello. – "Y tú eres más fuerte que yo, no lo olvides."

– "Gracias, Aria." – Sonrió.

– "Siempre es un placer, guapa."

La ruborizada mujer soltó una ligera risa. Proseguimos revisando las propuestas en los clasificados. Nuestra perseverancia finalmente rindió frutos y encontramos una aparentemente prometedora.

– "¿Qué opinas de este, Aria?"

– "¿L'Gourmet Magnifique?" – Pronuncié con acento galo. – "No me fío mucho de los franceses, Lala."

– "¿Es por la vieja rivalidad franco-germana?"

– "No, es porque todos los que he conocido son demasiado pedantes." – Aclaré. – "¿Pensabas que las cazadoras éramos soberbias? Espera a oír a una Micrommata de ascendencia parisina. ¿Por qué crees que la guillotina fue tan popular durante la Revolución Francesa? Ni ellos mismos se soportaban."

– "Eso es generalizar demasiado."

– "Sé que está mal, pero ellos solo me han dado malas experiencias. Hasta ahora no he tenido razón para cambiar de opinión."

– "¿Rechazamos esta oportunidad entonces?"

– "Por supuesto que no." – Suspiré. – "No dejes que mis prejuicios te distraigan, azulita."

– "En todo caso, parece un lugar de alta alcurnia. Tal vez sea demasiado arriesgado."

– "Y más si tratas con esos sapos traicioneros engreíd…"

– "Aria…"

– "Ya sé, ya sé."

– "De todas maneras…" – Había determinación en sus ojos. – "Quiero intentarlo. ¿Me apoyarás?"

– "Sabes que nunca te dejaría sola." – Le mostré mis pulgares arriba. – "Y menos con esos derrotistas miserab…"

– "¡Aria!"

– "¡De acuerdo, me callo!"

Exhalé. No es que tuviera algo en contra de los franchutes. Excepto que los odio. Sé que debería detestar a los rusos en su lugar, pero al menos ellos nos ganaron limpiamente. Y parecerá hipócrita que estuviera de acuerdo en aprender frases en el idioma hace unos días, pero el problema no radica en el lenguaje, sino la actitud de la gente.

¡Argh! ¡Ya me salí del tema!

– "Me gustaría refinar mi técnica antes de comenzar." – Sugirió la dullahan. – "Aunque no cuento con muchos ingredientes para preparar platillos franceses."

– "Tal vez posean un menú algo más internacional. Podrías brindar variedad con tus conocimientos de cocina irlandesa."

– "Quizás. Pero necesitaré algo de tiempo antes de lanzarme a la odisea."

– "De acuerdo, Ulises. Yo iré preparando una reunión el ágora para discutir el reabastecimiento de víveres de procedencia gala."

– "Gracias, Penélope. Ten cuidado con los pretendientes que deseen desposarte."

– "Quizás deberíamos procrear a nuestro propio Telémaco para asegurar que eso no suceda." – Le guiñé tres ojos.

– "¡A-Aria!"

Solo alguien como yo usaría las obras de Homero para coquetear. Ignoro si soy ingeniosa o solo una nerd. Me decanto por lo último. Hablé con Kimihito sobre nuestro plan y el acordó conseguir ingredientes necesarios para la cocina francesa para el día de mañana. El debut en el mundo laboral de la irlandesa tardaría un poco en empezar, pero al menos nos asegurábamos de que el resultado sería favorable.

Llegada la cena, la segadora hizo gala de sus adquiridos conocimientos de la gastronomía canadiense. Tomando en cuenta que el país americano posee una fuerte influencia francesa, era un buen entrenamiento. Además, esos filetes son condenadamente deliciosos. Su esmero fue bien recibido, obteniendo alabanzas de parte nuestra, sacándole un par de apenadas sonrisas a la dullahan.

La irlandesa propuso posponer nuestra reunión nocturna para otra ocasión, clamando que invertiría el tiempo en mejorar su destreza culinaria. Me ofrecí a auxiliarla pero ella insistió en que era su batalla personal, aunque agradeció el apoyo. Comprendí y le desee buena suerte. Tú puedes, mi guerrera espartana. Dándole las buenas noches, me retiré a mi habitación.

– "Es admirable el ver como sacaste a esa introvertida de su solitario mundo para volverla una ciudadana activa." – Habló Rachnera desde su hamaca.

– "Ella hizo lo mismo por mí. Y tú también, algo que te agradezco a pesar de que tu no aportas mucho a esta casa, Rachnee."

– "También te quiero, cazadora." – Rió. – "Pero te equivocas respecto a mi papel en esta morada, alemana."

– "¿De qué hablas?"

Rachnera contestó arrojando una bolsa de billetes y monedas a mis manos. 79,261 yenes en total, según mis cuentas. ¡Setecientos dólares!

– "No estarás envuelta en algún turbio negocio, ¿O sí, ácaro tramposo?" – Cuestioné a la tejedora regresándole el dinero.

– "Ya dejé el tráfico de drogas en el pasado." – Se burló. – "Pero si te extraña que posea ese capital, te recuerdo que hay gran cantidad de compradores para la seda de arachne."

– "¿Estás vendiendo tu seda?"

– "Por supuesto. La industria textil, laboratorios, fetichistas de los artrópodos, etc. El mercado está repleto de ávidos consumidores y la demanda es alta."

– "Y que mejor manera de hacer dinero que vendiendo lo que sale del trasero de uno."

– "No es muy diferente a una minotauro comerciando su leche o una abeja su miel."

– "Buen punto. ¿Pero qué haces con todo ese efectivo?"

– "Lo mismo que tú, supongo: Ayudar a mi Querido con los gastos extraoficiales. Y consentir algún capricho personal de vez en cuando. Aunque a mí me basta con divertirme los inquilinos para darme por satisfecha."

– "Eso es algo que esperaría de ti." – Sacudí mi cabeza. – "Pero me alegra que contribuyas a la economía casera, tejedora."

– "Nunca me consideres un parásito, cazadora. Seré cualquier cosa, excepto una carga para mi familia. ¿Entendido?"

– "Jawohl, Frau Arachnera." – Sonreí e hice un saludo militar. – "¿Algo más que desee, Hauptmann?"

– "Podrías empezar por decirle a tu novia que deje de hacer numeritos en la mesa, para empezar."

– "Bueno, quería tratar ese tema hoy, pero lo haré en otra ocasión. Lo discutiré con Lala cuando la ocasión lo permita, ¿de acuerdo?"

– "Mientras cumplas tu palabra." – La tejedora sacó un pequeño frasco. – "Y ten, tómate esto."

– "¿Qué es?" – Pregunté examinando el envase.

– "Algo para tus ronquidos. Me la obsequió un médico, amigo de mi Querido. De la hubiera dado ayer pero ya me hallaba dormida."

– "¿Crees que una emulsión oral contrarrestará la condición de mi garganta tan fácilmente?"

– "Yo no soy la doctora aquí, chica lista. Solo tómalo y dame una noche de paz." – Espetó dándose la vuelta.

– "¿Cómo sé que es segura?"

– "No sé. Trágalo de una vez. Si te mueres, igual mi descanso sale ganando."

– "Danke schön, mein Freund…" – Mascullé con sarcasmo.

Miré de reojo el frasco. No parecía creada por algún laboratorio conocido. ¿Y cuál demonios es la corporación Umbrella? Bueno, estoy seguro que los amigos de Kimihito no poseen malas intenciones. Arriesgándome, abrí el recipiente y le di una probada. Total, si me muero, que Lala reclame mi alma. Y como dijo Nietzsche: "Eso que no nos mata, nos dará un terrible dolor de estómago después."

Admito que no he leído mucho a Nietzsche, pero la idea es similar.

Hmm… No parece haber reacciones adversas. Y sabe a fresa. Quizás mis preocupaciones eran infuda-¡ARGH! ¡Gran Arachne, me muero! Siento que mi esófago está en llamas pero no puedo hablar. ¡¿Qué clase de psicópata se atrevió a recomendar este mortal brebaje?! ¡Gack! ¡Adiós, mundo cruel y despiadado!

De repente, el malestar cesó. Oh, gracias dioses, el Hades aún deberá esperar por mí.

– "Demonios, sentí que dejaba esta vida." – Exclamé, recuperando el habla.

Un momento, algo no está bien. Rachnera se volteó de inmediato al notarlo. Su reacción posterior fue un ataque de risa.

– "¡¿Q-qué demonios me diste, mujer?!" – Vociferé exigiendo una explicación. – "¡¿Por qué rayos mi voz suena como las ardillitas de la tele?!"

– "¡N-no lo sé!" – Contestó la tejedora entre carcajadas. – "¡Pero es muy gracioso!"

– "¡Gracioso mis polainas! ¡Me escucho como un cochino pitufo afeminado!"

Rachnera solo continuó burlándose de mi infortunio. ¡Arachne divina, escucha mis plegarias y castiga al desgraciado qué se atrevió a recomendar esta pérfida pócima demoniaca! ¡Que lo atormenten como las arpías al rey Fineo!

Resignándome a mi desgracia, me envolví en las sábanas y traté de dormir. Esa noche soñé con laboratorios en llamas y una pelea con cuatro liminales desconocidas. Al menos les gané. O eso creo.

– "Debo… quemar… lolis…" – Musité entre sueños. Incluso en estos, mi voz continuaba siendo chillona.

La medicina debió surtir efecto, porque descansé como oso en hibernación. Mi voz había regresado a la normalidad y mi compañera seguía en los brazos de Morfeo. Me alegraría, sino fuera por un pequeño problema…

¡Voy a llegar tarde al trabajo!

Con solo veinte minutos para lograrlo, me metí al baño para ducharme a toda velocidad y vestirme. Al diablo el desayuno, comeré helado hasta saciar mi estómago. No hay tiempo para ejercitarse o platicar con Lala, quien ya se encontraba en la cocina.

– "¡Siento no poder quedarme más tiempo, pero voy muy retrasada!" – Me disculpé con la irlandesa mientras me acomodaba la gorra. – "¡Veremos lo de tu empleo cuando regrese!"

Ella no tuvo tiempo de contestar. Salí de la casa apurada, rezando para que alguna singularidad gravitacional afectara el flujo del espacio-tiempo y me evitara el llegar tarde. ¡Gran Crono, ayúdame!

– "¡Lamento el retraso, jefas! ¡Me quedé…!" – Pausé mi diálogo al percatarme de la escena frente a mí. – "…dormida…"

Pin y Winona se encontraban en medio de una acalorada discusión. Ambas se hallaban muy concentradas y no parecieron notar mi presencia. Preferí observar desde lejos la disputa que se desarrollaba entre las arpías.

– "¡No! ¡Tienes que estar bromeando, mujer!" – Exclamaba la canadiense.

– "Es una buena oferta, Winny." – Respondió la rusa. – "Y honestamente, ya no me necesitas."

– "¡Me rehúso! ¡No vas a renunciar, Dragovskaya!"

– "Winny, sabíamos que esto sucedería alguna vez." – Intentó explicar la mayor. – "Así podré saldar mi deuda contigo."

– "¡Al diablo la deuda! ¡Estás abandonando tu puesto!"

– "¿Realmente soy necesaria?" – Preguntó Pin colocando su aleta en la cabeza de su amiga. – "Tú eres la encargada de las relaciones públicas, la que maneja nuestras finanzas. Y estas últimas siempre te han sido favorables. Mi presencia es irrelevante."

– "¿Irrelevante? ¿Acaso piensas que tu existencia no es importante?"

– "No contribuyo mucho, excepto volverme una carga para ti. Tu madre tenía razón, estarás mejor sin mí."

– "¡Al demonio mi madre!"

– "Siempre estamos discutiendo. Míranos ahora, nunca estamos de acuerdo."

– "¡¿Y qué?! ¡No por eso debes irte!"

– "L-lo siento, Winny. Adiós."

La eslava se dio la media vuelta y comenzó a dirigirse a la salida, pero fue detenida en el acto por su compañera, quien la sostenía firmemente a pesar del tamaño.

– "Por favor, no hagamos más doloroso de lo que ya es, Winny…"

– "¡No irás a ningún lado, Dragovskaya! ¡¿Entendido?!" – Aseveró la adelaida. – "¡Tu lugar está aquí, conmigo!"

– "¿Por qué?" – Cuestionó extrañada la rusa. – "¿Por qué aún intentas detenerme?"

– "¡No te has dado cuenta todavía, ¿verdad, pájara boba?!"

– "¿De qué hablas?"

– "¡De lo que siento por ti, idiota!"

La canadiense abrazó a su amiga fuertemente, hundiendo su cara en el cuerpo de la mayor. Ella comenzó a sollozar mientras Pin continuaba confundida. ¿Acaso… yo tuve razón todo este tiempo?

– "¿D-desde cuando…?" – Tartamudeó la pingüino emperador.

– "Desde hace mucho." – Respondió gimoteando la adelaida. – "No conozco el cómo o el porqué; Solo sé que mi vida nunca estaría completa sin ti, Pin."

– "Yo no sabía…"

– "Tu nunca sabes nada, tonta…" – Le sonrió a la eslava entre lágrimas. – "Por eso me gustas… pájara boba."

– "Winona…" – Dragovskaya regresó el abrazo.

– "Te amo, Pin." – Confesó. – "No me dejarás sola, ¿verdad?"

– "Sabes que no."

Su abrazo se hizo más intenso. Las lágrimas que brotaban de ambas ahora eran de felicidad. Yo no tenía palabras para tan conmovedora escena y solo sonreí en silencio, sin interrumpir a aquellas dos amantes. Winona entonces soltó una pequeña risita.

Un momento…

– "¡Ja! ¡Te dije que esa araña caería por tercera vez, tetona! ¡Págame!"

¡AAARRGHHH!


NOTAS DEL AUTOR: Esas pingüinas son unas loquillas.

Agradezco a Dragonith por permitirme el uso de sus personajes. También a mis compañeros de la comunidad hispana de MonMusu; Alther, Endelstadt y Paradoja el Inquisidor. Gracias por siempre apoyarme.

Los invito, mis queridos lectores, a dejar sus reseñas y mensajes, los cuales siempre trataré de contestar cuando el tiempo lo permita. Nos vemos en el siguiente episodio. ¡Auf Wiedersehen!

Y recuerden unirse al Culto de la Gran Sirena. La poderosa Meroune nos traerá el paraíso. Prometemos paz… a cualquier costo.

Ade due Lorelei. Donnez-moi le pouvoir, je vous en prie! Leveau mercier du bois chaloitte. Secoise entienne mais pois de morte. Morteisma lieu de vocuier de mieu vochette. Endenlieu pour du boisette Lorelei!