NOTAS DEL AUTOR: Bienvenidos, lectores. Tarmo Flake los saluda.
Estos días he estado ocupado con el trabajo y las próximas fechas navideñas, pero aquí está otra entrega fresquecita de las aventuras de su liminal favorita. Sí, ya sé que es la gloriosa Meroune Lorelei, pero esta vez me refería a Aria.
¡Disfruten!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. Únete al Culto de la Gran Sirena.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 18
Ugh, empecé el día con el pie izquierdo.
Técnicamente lo anterior es correcto. Me levanto del lado izquierdo de la cama porque a la derecha podría chocar con la mesita de noche. Pero no estoy aquí para diseccionar metáforas supersticiosas. Desde la mañana, nada me ha sido favorable. Me arreglé a medias, omití el desayuno, llegué tarde y nuevamente caí en otra de las trampas de Winona.
Con Pin habiéndose retirado después de su habitual rabieta por perder ante su compañera, me quedé en el mostrador atendiendo a los clientes. No es fácil fingir sonrisas cuando el estómago te está matando, pero esperaba aguantar hasta el pequeño receso de mediodía para comprarme algo comestible. El helado no es fuente saludable de energía en exceso, así que lo descarto para saciar mi hambre.
– "Willkommen, Fräulein." – Saludé a una arachne saltarina que entró. – "¿En qué puedo servirte, hermana?"
– "Quisiera la oferta que anuncian afuera, la de los seis conos misteriosos."
– "Ah, el paquete 'Fusión Sorpresa'. Enseguida."
Agh, me gruñen las tripas. Honestamente, si no fuera una arachne civilizada, ya me hubiera devorado a esta saltarina. Y también a Winona. Seguramente su grasa corporal debe darle un sabor único. ¡Diablos, el hambre me hace pensar tonterías!
– "¿Te sucede algo? Luces… hambrienta." – Preguntó la pequeña, colocándose a la defensiva. Oh no, debió notar lo que estaba pensando.
– "No es nada." – Me apresuré a aclarar. – "Solo me levanté tarde y me olvidé de comer esta mañana. Los jugos gástricos no tienen piedad."
– "Debe ser terrible." – Respondió ella.
– "Doloroso, diría yo. Honestamente, quisiera tener frente a mí al tipo que le recomendó esa cochina medicina para los ronquidos a Rachnera. Lo ahorcaría con sus propios intestinos."
– "Oh… Uhm… Sí, se lo merece, ¿verdad? Je..." – Replicó algo nerviosa. Que raro.
– "¡Con un demonio, Rachel! ¡¿Por qué tardas tanto, comida express de ocho patas?!" – Exclamó una lamia, metiéndose al local de repente y agitando el cascabel en su cola. Qué horror, es más ruidosa que Miia. – "¡¿Y dónde está mi helado?!
– "¡No me grites, gusana escandalosa! ¡Ya voy!" – Contestó la arachne.
– "¡Apúrate entonces, pulga subdesarrollada, o le diré a Karu que te haga compartir cuarto con Ruri!" – Espetó la ofidia y salió el lugar.
– "Oruga fastidiosa… Podría darle tierra con hielo y no notaría la diferencia." – Masculló la pequeña.
– "Las lamias solo son problemas, ¿verdad?" – Le opiné a la chica.
– "¿Vives también con una?"
– "Desgraciadamente. En fin, aquí tienes, amiga. Serían seiscientos ochenta yenes. ¿Papel o plástico?"
– "Plástico. Qué bueno que le quité su tarjeta a Karu."
Me entregó una tarjeta de crédito. Pasando el polímero en la máquina, cobre el importe y le entregué su ticket a la Salticidae.
– "Gracias por comprar en El Polo Sur. Que tenga un excelente día." – Me despedí intentando ahogar el gruñido de mi barriga.
– "¡Bye!" – Se despidió la pequeña. Antes de cruzar la puerta, se dio la vuelta y dejó una caja de almuerzos en el mostrador. – "Toma. Es de la ponzoñosa esa. Está engordando, así que me lo va a agradecer. Lo necesitas más que ella."
– "Oh, danke schön."
La chica hizo una reverencia y se apresuró a reunirse con sus acompañantes afuera. Je, Rachel, linda arañita. Su nombre me recuerda a ese restaurante que… ¡Ah, scheisse! ¡Lo del empleo de Lala, lo olvidé!
Ya que habíamos encontrado el lugar, debería contactar a Kuroko para tramitar el pase independiente. Rezo porque la coordinadora haga su trabajo propiamente y no cause problemas. Tomé mi celular, pero antes que pudiera marcar el número telefónico, mi estómago volvió a atormentarme. Tengo esta lonchera, pero no puedo comer hasta mi receso. Le preguntaré a Winona y ojalá se apiade de mí. Ella apareció oportunamente.
– "Ah, jefa. ¿Puedo pedirle un favor?"
– "Tienes hambre, ¿no?" – Contestó la adelaida.
– "¿Cómo lo supo?"
– "Puedo oír tus tripas hasta la Antártida, Jaëgersturm. ¿Es esa tu caja de merienda?"
– "Supongo que ahora sí, pero…"
Nuestro diálogo se interrumpió cuando las puertas se abrieron y la campanita le dio la bienvenida a cierta figura azul.
– "¡Lala!" – Exclamé sorprendida. – "¿Qué haces aquí?"
– "T-te retiraste esta mañana sin degustar p-propiamente tus alimentos." – Replicó la dullahan tímidamente. – "V-vine a dejarte esto."
La irlandesa cargaba varios recipientes de plástico, apilados de manera que formaban un cilindro. Los separó para revelar cuatro platos con carne, arroz, algunos vegetales y onigiris en forma de araña. Una bebida de sabor y un par de cubiertos complementaban el menú.
Estaba atónita, Lala me había traído el desayuno al trabajo. Había imaginado mil fantasías románticas parecidas con anterioridad, pero ahora estaba sucediendo en verdad. Una enorme sonrisa se apoderó de mi rostro y tomé los recipientes de sus manos lentamente. Volví a mirar los platillos, aún calientes y preparados con esmero. Mi sonrojo era tan evidente como el de la dullahan.
– "¿De quién es esta lonchera?" – Preguntó ella de repente, notando lo que la saltarina me había dejado. – "¿Es para ti?"
– "¡Ah! Uhm… Erm…"
Lala agarró la caja y la abrió. Halló un poco de huevos, filete estilo Chaliapin, guarnición y gelatina con curiosas gomitas en forma de tiburón. Igualmente, un termo con olor a café se hallaban en el interior. Que encontrara un pequeño pedazo de papel con un 'Para ti, con amor' escrito en él tampoco ayudaba a despejar su mirada desconfiada.
– "¿Aria?" – Volvió a indagar la segadora. Ay mamá araña, juro que su aura se torna más oscura a cada segundo. – "¿A quién pertenece esto?"
– "B-b-b-bueno, ve-verás…"
– "¿Sí?"
– "E-e-esto es de…"
Volteé a ver a mi izquierda. No había nadie, excepto la pared. Volteé a mi derecha, otra pared. ¡¿Cuántas paredes hay?! Entonces miré detrás de mí. Supongo no tengo opción…
– "¡E-es de Fräulein Winona!" – Manifesté nerviosa.
– "¡¿Eh?!" – Se extrañó la canadiense. – "¿Mío?"
Le supliqué silenciosamente a la mujer pingüino que me siguiera la corriente. Apiádese de mí, por favor. No sé cuanto más aguantaré los ojos de la irlandesa escudriñando a través de mi alma.
– "Ah… Sí, ya recuerdo." – Declaró la adelaida, tomando la caja. – "Debe ser de alguno de mis admiradores secretos."
¡El Olimpo la bendiga por su enorme misericordia, magnánima Winona! Lamento todas las cosas negativas que dije en secreto de usted y su país. Prometo no volver a pensar en empalar su cuerpo en una estaca metálica. O quemarla viva. O quemarla al ser empalada.
– "Oh, ya veo. En ese caso, espero te agrade lo que he preparado." – Dijo Lala, retomando la calma. – "Intenté algo sencillo para poder terminarlo rápido."
Mi respuesta fue abrazarla. Con su rostro ruborizado, ella regresó el gesto.
– "Danke, Lala. No sé qué haría sin ti."
– "E-e-está bien, m-mortal. No es nada."
Nos separamos un poco para encontrarnos con nuestras miradas. Aquellos enigmáticos iris dorados envueltos en la negra esclerótica continuaban cautivándome. Por Atenea, como adoro sus ojos. Regresamos a la realidad cuando Winona carraspeó sonoramente para llamar nuestra atención.
– "Ehem. Sé que aún no es hora de tu descanso, Jaëgersturm, pero no puedo permitir que continúes laborando con el estómago vacío." – Ella apuntó hacia afuera. – "Las invito a relajarse en nuestras mesas exteriores. Encontrarán el ambiente más agradable que este frío local."
– "Oh, se lo agradezco mucho, jefa." – Le hice una reverencia. – "¿Deseas acompañarme, Lala?"
– "Claro." – Sonrió la dullahan.
Salimos y encontramos un buen lugar en la sombra. Con un parasol en medio de la mesa, estábamos más que cubiertas contra el sol. Deposité los recipientes en esta y con la aprobación de la irlandesa, empecé a satisfacer mi hambre. Mi paladar lloró de alegría al sentir el alimento. Necesitaba esto, en verdad que sí.
– "Y entonces…" – Hablé a la dullahan. – "¿Te fue sencillo encontrarme?"
– "En realidad, sí. Solo tuve que preguntar al conductor del transporte público para hallar tu dirección."
– "Que suerte que fuera tan rápido. Hubiera recurrido a hartarme de helado para calmar mi apetito."
– "No hay problema, Aria. Pero la próxima vez, asegúrate de no abandonar la casa sin haber desayunado."
– "Aww. ¿Y cuál excusa usarás cuando desees verme de nuevo, linda?" – Alcé mis cejas provocativamente.
– "¡S-solo cumplí con mi deber de b-brindarte alimento, mortal! ¡No hagas suposiciones presuntuosas!" – Cruzó sus brazos y volteó la mirada.
– "Me aseguraré de repetirlo mañana, no quisiera perder la oportunidad de compartir otro momento con mi dullahan favorita."
– "Lo dices como si conocieras a otras aparte de mí." – Replicó inflando sus mejillas.
– "Aún no. Pero podría suceder, ya que cierta irlandesa no quiere pasar tiempo conmigo."
– "Te deseo suerte en tu búsqueda, mitad invertebrada."
– "Oh… ¿No te pondrías celosa?"
– "¿P-por qué debería estarlo?"
Saqué mi celular y marqué un número. Dejé el parlante encendido para que ella pudiera escuchar la conversación. Después de un momento, alguien contestó.
– "¿Aria? Estoy trabajando, ¿por qué me llamas a esta hora?" – Habló Cetania. – "¿Sucedió al-?"
La segadora tomó el teléfono abruptamente y finalizó la llamada antes que la arpía pudiera terminar. Me quedé mirando a chica azul con una sonrisa de satisfacción al haber probado mi punto. Al darse cuenta, la dullahan regresó el aparato a mis manos y se dio la vuelta, roja a más no poder.
– "¿Decías, segadora?" – Pregunté de manera retórica.
Ella no contestó, evitando darme la cara. Mi mueca no desaparecía y proseguí a deglutir la comida.
– "Bueno, me alegra que no te importe si empiezo una relación con otra chica…" – Mencioné mientras cortaba un pedazo de carne. – "Hay muchos prospectos que me interesan desde hace tiempo, ¿sabes?"
Aún sin respuesta de su parte. Degustando un bocado, continué provocando a la irlandesa.
– "He estado pensando… Si tuviera una novia, la trataría como a una auténtica emperatriz. ¡No! ¡Mejor como a una diosa!" – Tomé un poco de mi bebida. – "Quizás la llevaría a algún lugar bonito, como la playa. Caminaríamos de noche por la arena, disfrutando la fresca brisa marina mientras el firmamento nos cubre con la luz de las estrellas."
Haciendo mi plato a un lado, me incorporé para acercarme lentamente a Lala.
– "Después, nuestras miradas se encontrarían. Nuestra piel, brillante por la luminiscencia de los astros estelares, nos otorgaría una apariencia hermosamente etérea. Sonreiríamos, y entonces, con suma lentitud, acercaríamos nuestros labios, entregándonos a un largo y apasionado beso. Un delgado hilo de saliva nos uniría al separarnos, observando nuestras enrojecidas mejillas. La respiración se entrecortaría al ritmo de los fuertes latidos de nuestros corazones…"
Tomé a la irlandesa de los hombros desde atrás, acortando la distancia entre mi boca y su oído. Me di el lujo de aspirar su esencia. Su rubor y la tensión de su cuerpo alcanzaron cifras estratosféricas.
– "¿Sabes… lo que haríamos entonces, segadora?" – Cuestioné con voz seductora, lamiendo mis labios. – "¿Deseas conocer lo que mi pervertida y sucia mente tiene reservado para esa hipotética persona especial…?"
Sin contestación de Lala, hice a un lado parte de su cabello para revelar su oreja. Suavemente, soplé detrás de esta.
¡Pomf! La cabeza de la dullahan cayó al suelo. Ni siquiera emitió un leve quejido al impactar y su cuerpo aún seguía tenso. El hecho que su expresión no cambiara y sus ojos no parpadearan eran señal para alarmarse.
– "Err… ¿Lala…? ¿Estás…?"
Cuando pasaron treinta segundos sin reacción de su parte, entendí que había problemas. ¡Santa araña divina! ¡Esta ya se desmayó! ¡¿Qué debería hacer?! Sacudí su cuerpo inerte con fuerza.
– "¡Lala! ¡Responde! ¡Responde, mujer!"
No lo hizo. Miré hacia todos lados, desesperada por que alguna idea llegara a mi cabeza. ¡Ya sé! ¡Podría intentar respiración boca a boca! ¡Solo necesito juntar nuestros labios, meter la leng…!
¡Demonios, no! ¡Eso sería aprovecharse mientras se halla inconsciente! Después de veinte bofetadas mentales, volví a concentrarme. Quizás tratar compresión de pecho para afl… ¡No, tampoco!
¡Argh! ¡Piensa, Aria, piensa! ¡Y deja de imaginar en propasarte con la chica indefensa!
– "Jaëgersturm, ¿por qué hay un cuerpo decapitado en el suelo?" – Inquirió repentinamente Winona detrás de mí.
– "¡Ah, jefa! ¡Ayúdeme! ¡No se mueve!"
– "Eso puedo verlo, araña. ¿Qué rayos le hiciste?"
– "¡Nada! ¡Juro que no lo hice nada!"
– "Te recuerdo que el homicidio en primer grado es una ofens-"
– "¡Que no está muerta! ¡Solo se desmayó!"
– "Pues haz que recobre la consciencia. No voy a permitirme el perder clientes debido a sus extraños rituales de apareamiento lésbicos en vía pública."
– "¡Eso intento! ¡Y no es un ritual, maldita sea!"
– "Espera, tengo una idea."
La adelaida se metió a la nevería. Ignoro qué clase de solución haya conjeturado esa enana, pero espero no intente cubrir a la irlandesa de helado para despertarla.
Aunque… La idea de Lala cubierta de apetitoso helado derretido por todo su cuerpo suena deliciosamente… ¡Agh! ¡¿En qué estoy pensando?!
La canadiense regresó con una pequeña… ¿Varita?
– "Uhm… ¿Fraülein Winona? ¿Puedo preguntar qué es lo que trae en las aletas?"
– "Solo observa, araña. Y aléjate, al menos ochenta centímetros."
– "¿Eh? ¿Pero por…?"
Mi respuesta llegó de la manera más shockeante. Literalmente, porque resulta que la 'varita' era un taser de electrochoque. Propinó una sonora descarga eléctrica en el costado de la dullahan, sacándola de su estado de coma instantáneamente y haciéndola gritar a todo pulmón. Debería quejarme de utilizar un método tan agresivo, pero la pingüino aún es mi superior y mi salario depende de ella. Además, Pin me mandaría a eliminar con la mafia rusa si algo le pasara a su compañera. Y al final de cuentas, logró completar su propósito.
– "¡Ay! ¡Ow, ow!" – Se quejó la segadora mientras su cuerpo se retorcía como pez fuera del agua. – "¡Eso duele!"
– "Lamento recurrir a medidas tan drásticas, pero tu condición lo exigía. Tranquila, duele pero no es dañino." – Declaró Winona apagando su aparato. Se dio la vuelta y me habló. – "Jaëgersturm, tu receso terminó. Despídete de tu amiga y vuelve al trabajo."
– "Jawohl…"
La canadiense entró al local y yo intenté reconfortar a la afligida irlandesa. Ojalá esa cosa no haya dejado marcas permanentes o me haré estofado de pingüino en la cena.
– "¿Estás bien, Lala?" – Le pregunté mientras le ayudaba a incorporarse.
– "¿Te parece que estoy bien, mortal?"
– "Bueno, luces algo azul, pero creo que eso es de familia." – Bromeé un poco entregándole su cabeza. – "Pero hablando seriamente, lo siento. No me mates hasta que estemos primero en casa, ¿de acuerdo?"
– "Me arrepiento de no haber traído mi arma." – Mencionó acomodándola. – "Esto sucedió en primer lugar por tus… indisciplinados comentarios."
– "Te dije que lo lamento. Solo estaba jugando." – Junté mis manos en actitud suplicante. – "¿Podrías usar tu enorme benevolencia y perdonar a esta estúpida, pero muy estúpida arachne?"
– "No." – Aseveró secamente y se cruzó de brazos.
– "Lalaaa…" – Le rogué sacudiendo sus hombros.
– "No."
– "Perdónameee…"
– "No."
– "¿Lo harás si te compro otro bolso?"
– "No."
– "¿Un vestido nuevo?"
– "No."
– "¿Qué tal si te doy un besito?"
– "No."
– "¿Qué tal dos?"
– "No."
– "¿Acaso me odias…?"
Ella suspiró.
– "No…"
– "¿Entonces me perdonas?"
– "…"
– "…"
– "No."
¡Argh! ¡No se puede con esta psicopompo tan negativa!
– "Pero… estoy dispuesta a hacerlo…" – Habló la irlandesa, suavizando su expresión. – "Porque me has ayudado mucho con mi búsqueda de empleo."
– "Sabes que es un placer, azulita. Haría todo por ti, incluso llevarte hasta el fin del mundo de ser necesario."
– "Aún faltan cincuenta años para que Azathoth regrese, aunque entiendo la expresión."
– "¿Eh?"
– "Pero me parece que tendremos que continuar nuestra conversación en otro momento. Se supone que debes volver a tus tareas laborales, según indicó tu mandamás."
– "Oh. Sí, bueno, me disculpo por todo lo anterior. Es una lástima no haber disfrutado propiamente lo que me preparaste."
– "Tranquila, puedes finalizarlo en otro momento. Los recipientes aislarán perfectamente el calor."
– "Supongo tienes razón, segadora." – Le sonreí. – "De nueva cuenta, te agradezco por haberte tomado la molestia. Me alegraste el día como no te imaginas."
– "No hay problema, descendiente de Arachne." – Imitó el gesto. – "Entonces, paso a retirarme."
– "Vale. Cuídate, Lala. Nos vemos en la casa."
– "Igualmente, Aria. Slán go fóill." – Hizo una reverencia y se partió camino a la residencia.
Observé a la irlandesa alejarse, admirando ese hermoso contoneo de sus caderas. Y ahora que lo pienso… Ojalá pudiera llevarla a la playa. Solo imaginar a Lala en traje baño, revelando su escultural y sudado cuerpo inmaculado, cubierto tan solo por un ápice de delgada tela y… ¡No, Jaëgersturm! ¡Ahora no es tiempo de huir al mundo de las fantasías eróticas! ¡Al menos espera hasta la noche! ¡Y deja de babear!
Exhalando, limpié mi boca y regresé al interior de la nevería. Llevaba conmigo la comida en sus recipientes. La guardaría para después, si es que aún no he perdido mi receso regular. Al entrar, me encontré a Winona comiendo el contenido de la lonchera.
– "Espero no te moleste, araña." – Dijo la canadiense, degustando el filete. – "Después de todo, esto me pertenece, ¿recuerdas?"
– "Uhm… Cierto. Provecho, jefa."
– "Merci." – Dio un bocado a la gelatina. – "No está mal. Quedaría excelente con uno de mis jarabes combinados."
En realidad no tenía objeciones. Winona me había salvado el exoesqueleto de un problema mayor y estaba en deuda con ella. Además, mi abuela me enseñó a no comer lo que me regalen arachnes desconocidas, aunque tampoco es que desconfiara de una hermana saltarina caritativa. Pero ya es tarde para retractarse. Aunque admito que esa merienda lucía muy apetitosa.
– "Erm, ¿puedo preguntarle algo, jefa?"
– "Habla, arachne."
– "¿Por qué carga un arma eléctrica como esa en primer lugar?
– "La compré por seguridad. Es efectiva, ¿no te parece?"
– "Tomando en cuenta la reacción de la pobre dullahan, concuerdo con su opinión, jefa."
– "Pin prefiere el gas lacrimógeno portátil. Je, la primera vez lo roció en sus ojos, la muy idiota."
– "Confío en que no usará tales aparatos en mi persona, Fräulein Winona."
– "Lo haré si sigues interrumpiendo mi hora de comer." – Aseveró encendiendo la herramienta. – "Las neveras necesitan limpieza; Date prisa, Jaëgersturm."
– "¡Ah! ¡Jawohl!"
Por Hera, que susto. ¿Desde cuándo los canadienses son tan violentos?
El tiempo pasó y afortunadamente mi superior me concedió mi hora de comer normal. Por fin pude disfrutar como es debido de lo que Lala hizo para mí. Y como dijo, los recipientes conservaron perfectamente la temperatura. Mientras degustaba, decidí marcar el número de Smith para tratar el pase independiente de la dullahan.
– "¿Aria?" – Contestó la agente. – "Estoy ocupada, ¿Qué sucede?"
– "Solo quería tramitar un permiso para que Lala pueda trabajar, coordinadora."
– "Ahora no es buen momento, ¿sí? Estoy en camino a una misión."
– "¿Qué se supone que hagamos entonces?"
– "Trátenlo en la embajada directamente. Habla con Takashi, es su trabajo después de todo."
– "Oh, de acuerdo. Gracias, Smith y suerte con tu misión."
– "Bye. ¡Zombina, se te cayó el brazo de nuevo!"
Juraría que también escuché una persona ofreciendo una piña colada a la agente, pero quizás fue mi imaginación. En fin, ya tenemos un asunto menos del cual preocuparnos. Y al menos Takashi es más confiable que Kuroko. Ya acabada mi jornada laboral, regresé a casa. Winona guardó la lonchera, por si llegaban a reclamarla.
– "Bienvenue à la maison, Aria." – Me recibió la irlandesa al llegar. – "El almuerzo estará pronto."
– "Danke, azulita. ¿Practicando el francés?"
– "Debo familiarizarme con el léxico galo si deseo ofrecer un rendimiento aceptable."
– "Mientras no imites su actitud también. En todo caso, deberemos ir a las oficinas de la embajada para el trámite de su pase. ¿Vamos después de comer?"
– "Me parece bien." – Sonrió. – "Te lo agradezco."
– "Cuando quieras, segadora."
La dullahan había preparado Coq au vin estilo daube, porque usaba carne de res en lugar de pollo. Un buen guiso, con buen aroma. Para no dejar atrás a nuestras vegetarianas residentes (léase Cerea), la irlandesa también hizo ensalada Mesclun.
– "La experiencia no será completamente auténtica, ya que me vi forzada a usar sustitutos para los ingredientes más intrincados, pero espero lo disfruten. Quiero agradecer igualmente a nuestro hospedador, quien me ha auxiliado enormemente." – Dijo Lala tímidamente con una reverencia. – "Bon appétit."
Dando gracias por la comida, iniciamos a devorarla. La carne era, como se esperaba de una cocinera talentosa, exquisita. Centorea se aventuró con su ensalada y dio un bocado. A la centáuride le encantó, como evidenciaron sus animadas orejitas al probarla. Complacida, la irlandesa nos acompañó y degustó su plato. Nuestros ánimos le ayudaban más de lo que creíamos. Habiendo acabado de comer y lavar los platos, la segadora y yo nos despedimos para dirigirnos a las oficinas de relaciones extraespecie.
– "¿Tienes todos tus documentos listos?" – Pregunté a mi amiga.
– "Sí, desde ayer. Estoy preparada."
– "Das ist gut. Bien, vámonos."
Emprendimos camino al lugar. Tomamos el transporte público y arribamos en buen horario, ya que no había filas. Pequeño golpe de suerte. Saludamos a Takashi al verlo.
– "Guten Tag, Takashi. ¿Finalmente residirá aquí en Asaka?"
– "Buenas tardes, Aria. Sí, opté por estar cerca de mi familia, en especial de mi pequeña Sumire." – Sonrió el joven. – "Y digan, ¿en qué puedo ayudarlas?"
– "Vinimos a obtener un pase independiente para la señorita dullahan aquí presente." – Señalé a la irlandesa. – "Será su primera incursión al ambiente laboral."
– "Ah, señorita Lala, tanto tiempo sin verla." – Ofreció su mano a la chica azul. – "Aún recuerdo cuando tratamos con usted en la ciudad de Okayado."
– "Gusto en verlo de nuevo, señor Kanzaki." – Ella la estrechó de vuelta. – "Espero no quitarle mucho de su tiempo."
– "No hay problema. El proceso es muy rápido, solo necesitaré unos minutos." – Aseguró escribiendo algo en el computador. – "¿Tienen sus papeles en regla?"
– "Afirmativo." – Respondió Lala entregando la carpeta.
– "¡Excelente! Por favor, tomen asiento y comencemos con una sencillas preguntas."
Luego de un inofensivo interrogatorio y una fotografía a la segadora, Takashi nos entregaba la flamante nueva tarjeta de identificación de la irlandesa. Lala es más fotogénica que yo. Incluso con esa expresión seria que posee, sus facciones son más suaves que las mías. Agradecimos al muchacho por todo y con el pase en mano, optamos por visitar lo que podría ser el nuevo lugar de trabajo de la dullahan.
– "¿Soy yo o llamaste a Takashi por su apellido actual?" – Cuestioné a mi compañera.
– "Deduje que era momento de empezar a tratar mas cordialmente a las personas, según las costumbres de este plano existencial, Aria."
– "¿También lo harás en casa?"
– "Así es. Además, será más fácil saber a cual 'mortal' me estaré refiriendo, evitando confusiones."
– "Buen punto." – Asentí con la cabeza. – "Aunque en mi caso, ya me es habitual."
– "El llamarte por tu nombre es solo una extraña excepción que me di el lujo de concederte, Sparassidae. No significa que seas especial o algo por el estilo… Mortal." – Declaró sonrojándose.
– "Tsundere…" – Musité con una sonrisa. Lala solo se ruborizó aún más.
Llegamos al restaurante, confirmando que la irlandesa tenía razón; El lugar era muy refinado. Fue una primera impresión algo intimidante para la segadora, quien tragó saliva discretamente. Ambas exhalamos y nos aventuramos al interior. Gran Tique, danos tu bendición.
– "¿Oui?" – Habló un tipo de muy evidente apariencia francesa, casi estereotípica. – "¿Qué se les ofrece, mesdames?
– "Quisiera…" – Respondió nerviosa la dullahan. – "Quisiera preguntar… sobre la vacante disponible."
– "¿Vacante dispo…? ¡Ah, claro! Sí, estamos buscando auxiliares para nuestros chefs. ¿Las dos están interesadas?"
– "De hecho, yo solo vine a acompañar a mi amiga." – Manifesté. – "Pero sí, ella está muy interesada en el puesto."
– "Ya veo. Confío en que posea sus documentos legales a la mano." – Dijo el hombre. – "Incluyendo un permiso o pase para laborar."
– "Todos mi papeles están en orden." – Lala le entregó la carpeta y el permiso.
– "Très bien. Bueno, en ese caso, hágame el favor de seguirme a la oficina de nuestro gerente, mademoiselle…"
– "Lala. Mon nom est Lala."
– "Sígame, mademoiselle Lala."
– "Te espero afuera." – Le informé. – "¡Viel Erfolg!"
La irlandesa me dio una sonrisa antes de darse la vuelta. Olímpicos, Titanes y demás deidades; Protéjanla de todo fracaso… Y de todo franchute. Salí de ahí para evitar bloquear el paso y porque, sinceramente, me cobrarían tan solo por respirar.
Tenía muchas dudas respecto al lugar, como el hecho que un restaurante reconocido estuviera contratando empleados sin experiencia previa, pero preferí no objetar el chance ofrecido. Quién sabe, la dullahan podría demostrar que Japón es la verdadera tierra de las oportunidades.
Los minutos pasaban y la intriga me carcomía por dentro. No recuerdo haber estado tan nerviosa siquiera en mi primer empleo. Pero más que preocuparme por el trabajo, estaba inquieta por cómo reaccionaría Lala a un posible rechazo. No es que menosprecie su fortaleza o madurez, pero no podía evitar el angustiarme por su bienestar. Es normal el querer proteger a quien amas, ¿no?
Luego de otros eternos lapsos de tiempo, la susodicha apareció por la puerta. La miré por unos segundos y ella hizo lo mismo. Un momento de silencio expectante después, ella sonrió.
– "Lo hice." – Confirmó. – "El trabajo es mío."
Mi reacción fue abrazarla al instante.
– "¡Wunderbar, Lala! ¡Sabía que lo lograrías!" – Declaré jubilosamente.
– "¡Ack! ¡Mi espalda! ¡N'wah!"
– "¡L-lo siento! ¡Perdóname, soy una torpe!" – Me disculpé, liberándola.
Siento un fuerte déjà-vu en estos momentos. Debería contener mi fuerza la próxima vez, no deseo volverme un peligro para la integridad física como Miia. Nadie quiere ser como Miia.
– "Te suplico moderes tus ímpetus, mujer. Soy inmortal, no invulnerable." – Aconsejó la segadora, sacudiendo su ropa.
– "Bitte verzeih mir. Es solo que estoy demasiado contenta por tu éxito."
– "Está bien. La entrevista fue sencilla. Mi amplio léxico y dominio del francés fueron de mucha ayuda en impresionar a los altos mandos."
– "Perfecto. ¿Cuándo comienzas?"
– "Este lunes, a partir de las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde."
– "Diez horas. Si que estarás ocupada."
– "Me temo que es inevitable. También significa que mi participación en la preparación del almuerzo y desayuno ha terminado."
– "Aww. ¿Y cómo voy a comenzar el día sin mi dosis de la Chef Lala?"
– "Existe una gran variedad de alimentos en hojuelas hechos de harina de trigo con alto contenido en fibra."
– "No confío en los cereales, azulita, son pura publicidad. Los Kiki Krispis no me hicieron grandototota ni fuertototota."
Y también me soltaron el estómago, pero me llevaré ese secreto a la tumba.
– "Si insistes, yo podría madrugar más temprano y servirte algo." – Expuso la dullahan.
– "Oh, Lala, no es necesario. Hallaré una solución."
– "Considero que sería una buena manera de practicar antes de iniciar las actividades oficiales. El dormir me es meramente una formalidad, el horario no me es problema.
– "Solo aceptaré si estás de acuerdo."
– "Lo estoy, por eso lo he propuesto."
– "Es un trato." – Le sonreí. – "Pero me gustaría recompensarte por tu bondad."
– "Tu aprobación me es suficiente retribución, Aria."
– "Te lo agradezco. Y hablando de aprobación, ¿Cómo es que te aceptaron tan fácilmente? Digo, incluso otros restaurantes de menor categoría exigían personal con experiencia previa."
– "La creciente popularidad de establecimientos con presencia extra-especie los ha llevado a querer ser parte de la tendencia en auge."
– "Excelente, ahora eres una herramienta publicitaria." – Mencioné con sarcasmo. – "Te dije que no podías fiarte de esos mentirosos."
– "Si bien sus razones no son las más sinceras, debemos aceptar que nos ha brindado una oportunidad que difícilmente hubiéramos podido obtener con anterioridad."
– "Quizás." – Suspiré. – "Lo que importa es que estés contenta con tu trabajo, Lala."
– "Lo estoy por ahora. Pero aún tocará decidir si es el indicado."
– "Creo en ti, segadora. Le demostrarás a esos franchutes de que está hecha una Abismal."
La irlandesa sonrió y discretamente tomó mi brazo, poniendo una mueca de felicidad en mi boca. Regresamos a casa, disfrutando el paseo por la ciudad. Cuando se es una arachne, no es fácil caminar con alguien a tu lado. Hay un pequeño espacio entre mi mitad humanoide y el abdomen donde Lala puede acomodarse, aunque debo reducir la longitud de mis zancadas para evitar tropezar con mi compañera. Pero el estar junto a mi hermosa dullahan hace que todo valga la pena.
En el trayecto, mi vista se posó en uno de los edificios, específicamente el banco. No es que tuviera interés en hacer alguna transacción monetaria, más bien, mi atención se centraba en la persona hallada a las puertas del inmueble.
Largo y lacio cabello negro, seis ojos color rojo intenso, un exoesqueleto color arena con negro y una Minebea PM-9 como arma personal; Sin duda, una arachne cazadora. Y por la postura mantenida y esa insignia en su pecho, la mujer debía ser nativa de Sparassus. Naturalmente, me dirigí en su dirección.
– "¿La conoces?" – Preguntó Lala mientras nos acercábamos.
– "No. Pero es una compatriota, tenlo por seguro."
Después de mi madre, no he conocido a otra Sparassidae desde que llegué aquí. Estaba más que ansiosa por charlar con otra congénere.
– "¡Guten Tag, Kamerad!" – Saludé a la chica de manera marcial. – "¿Wie geht es Ihnen?"
– "Buona sera, amica." – Respondió ella de la misma forma. – "Estoy bien, gracias. ¿Qué hay de ti?"
– "Muy bien, igualmente. Me alegro de ver a otra ciudadana de Sparassus por aquí."
– "Digo lo mismo. He hablado con varias arachnes, pero ninguna cazadora desde que emigré."
– "Ya somos dos. ¡Oh! ¿Dónde están mis modales? Lo siento, soy Aria Jaëgersturm." – Le ofrecí mi mano. – "Schutzpolizei, Weidmann."
– "Giulia D'Avena." – Contestó, estrechándola. – "Feldjäger, Geminia."
Ah, una policía militar. Y de la ciudad fundada por mi heroína, Erika Kriegtochter, ni más ni menos.
– "Gusto en conocerte, Giulia." – Le sonreí. Volteé a ver a la dullahan. – "Lala, no te quedes tan callada. Di 'hola'."
– "Dia dhuit. Soy Lala." – Saludó la irlandesa con algo de timidez, estrechando manos con la cazadora italiana.
– "Es un placer, Lala." – Le replicó la Geminesca, luego se dirigió a mí. – "¿Te ha ido bien, Weidmanniana?"
– "Diría que sí. Con eso de que necesitamos probar que somos buenas ciudadanas, solo hallé empleo en una nevería."
– "Uhm… Nunca había oído de tal restricción." – Informó Giulia. – "De hecho, pensé en unirme a las Fuerzas de Autodefensa primero, pero tomé este trabajo porque pagaban mejor."
– "Espera… ¿Dices que puedo laborar en el sector militar sin ningún problema?"
– "Así es. Con tu formación policiaca, podrías trabajar en seguridad pública o privada. Me sorprende que no lo hayas hecho antes."
¡Maldita sea, Smith! ¡¿Por qué demonios me mentiste desde un principio?! ¡Juro que esta me la vas a pagar!
– "Sí, bueno… No importa, me gusta mi empleo." – Dije forzando una sonrisa. – "Es más, acabamos de encontrarle uno a mi amiga azul."
– "Ah, felicidades, signorina Lala." – La congratuló D'Avena.
– "Gracias." – Replicó la segadora, un poco cohibida.
– "Entonces, ¿vives cerca, Giulia? Sería fantástico reunirnos para intercambiar experiencias." – Le pregunté.
– "No. De hecho, solo estoy aquí temporalmente." – Ella apuntó al transporte blindado a su derecha. – "Soy guardia de la Schnee Dust Company y mi jefa se halla adentro haciendo negocios. Nos iremos apenas ella termine."
– "Oh, entiendo." – Mencioné algo desilusionada. – "Bueno, en todo caso, me gustó ver de nuevo un rostro familiar. Creo que ya te quitamos mucho de tu tiempo. Nos vemos, Fräulein D'Avena."
– "El placer fue mío. Hacía mucho que no hablaba con una paisana." – Mencionó la italiana. Entonces golpeó el centro de su pecho con su puño. – "¡Sparassus über alles!"
– "¡Über alles!" – Imité el gesto. – "¡Für immer!"
Con una reverencia de parte de la dullahan, nos despedimos de la cazadora. Vimos a una mujer saliendo del banco y a Giulia presentándole sus respetos. Debía ser su superior. Me alegra el saber que ella encontró un buen trabajo, digno de sus habilidades.
– "Actuaste de manera tímida con esa chica, Lala. ¿Te enamoraste de ella o algo así?" – Bromeé.
– "En realidad, vigilaba la manera tan peligrosa que mantenía la mano cerca del gatillo mientras charlábamos."
– "Oh, eso es solo disciplina de batalla. Hay que estar preparada para acción inmediata." – Le expliqué. – "Yo lo hago todo el tiempo de manera involuntaria. El entrenamiento de Sparassus te deja tocada."
– "Ya veo. ¿Qué hay del ademán que ejecutaron al final?"
– "El saludo de lealtad que se realiza entre dos miembros del ejército. La mano extendida en la frente es para congratular civiles."
– "Creí que solo eras policía."
– "Todo está bajo jurisdicción militar en mi país. Técnicamente, también soy soldado." – Continué explicando. – "La diferencia es que yo ejercía la ley a la población mientras Giulia impartía justicia a las fuerzas armadas."
E incluso contábamos con autoridad para usar fuerza letal bajo cualquier excusa. No me extrañaría que la italiana ya no quiera regresar a tan severa dictadura.
– "¿Sabes, Lala? Si bien estoy furiosa con Smith por mentirme acerca de mi opciones laborales, en el fondo, le agradezco."
– "¿Por qué lo dices, Aria?"
– "Porque en primer lugar, conocí a buenas personas, nuevas experiencias, un modo más optimista de ver la vida. Ignoro qué hubiera pasado si hubiera optado por algo diferente." – La miré sonriendo. – "E ignoro si te hubiera conocido también."
– "La irresponsabilidad de esa mortal aparentemente ha desembocado en un resultado favorable para varios individuos. Una interesante serie de coincidencias en la entropía existencial, si me preguntas."
– "No sé si Smith es una mente maestra o solo una suertuda." – Me reí un poco. – "Los dioses debieron jugar mucho a los dados cuando la crearon."
– "Quizás los sucesos en nuestras vidas son eventos ficticios terriblemente planeados por una deidad con mediocre capacidad narrativa y demasiado tiempo libr-¡AY!"
– "¡Lala! ¡¿Qué te pasó?!"
– "Me modí da dengua." – Respondió.
– "¿Estás bien?"
– "Dí…" – Movió un poco su órgano para recuperar el habla regular. – "Sí, ya estoy mejor."
– "Eso sí que fue extraño." – Me reí un poco.
– "Otro ejemplo más de este caos universal llamado vida. En todo caso, apresuremos el paso. La cena aún cuenta conmigo."
– "¡Jawohl!"
Por supuesto que, cuando vea de nuevo a Kuroko, le restregaré en la cara sus mentiras. El tono musical de mi celular comenzó a sonar. Je, Dies Irae de Mozart suena genial incluso en una bocina monoaural.
– "¡Ah! ¡Hola, Cetania! ¿Qué pasa?" – Contesté a la arpía que me había llamado. Noté de reojo a Lala tensarse. – "¿Eh? Oh, creo que solo marqué por error en la mañana. Sí, a veces pasa."
La dullahan se acercó discretamente, tratando de ocultar que deseaba escuchar lo que la americana me decía. Yo sutilmente cambié de posición para evitarlo.
– "¡Por supuesto! Siete de la mañana, ¿cierto?" – Seguí charlando. – "Hmm… Ja, no veo el problema. ¿Uh? Nein, claro que no. Sí, entiendo."
Por distraída, Lala casi choca con un par de niñas. Mientras ella se disculpaba con una pequeña fénix y su amiga, Cetania se despidió y terminó la conversación. Sonriendo maliciosamente, simulé el proseguir hablando con ella cuando la irlandesa regresó.
– "Uhm… Bueno, admito que me atrae la idea, pero no estoy segura, pajarita." – Pretendí estar apenada. – "P-peero te suplico, C-Cetania. S-sé gentil conmigo, ¿sí? S-serás la primera a quien le entregue mi v-v-virginidad."
La dullahan me arrebató el aparato de las manos. Al darse cuenta de que había caído en mi trampa, me regresó el teléfono y aceleró indignada su marcha. La seguí, aún con mi mueca burlona en el rostro.
– "¿Intentas proteger mi pureza de arpías pervertidas, segadora?" – Le cuestioné con mis manos detrás de mi espalda. – "¿Escudar mi inocencia de las garras de la corrupción alada?"
– "La inocencia es la ilusión más grande, mortal. Y los asuntos personales que desees tratar con esa inmoral descendiente de Electra no son de mi incumbencia." – Respondió furiosa, sin voltear a verme.
– "¿Tanto te cuesta admitir que sientes celos de Cetania, azulita?"
– "Desconozco de que hablas, mitad invertebrado. Y no interrumpas mi caminar."
– "Oh, entonces no habrá problema si decido volver realidad tal idea."
– "Como desees."
– "¿No quieres unirte? Siempre he soñado con un ménage à trois."
Lala se detuvo, mirando al suelo.
– "No eres diferente a esa tejedora." – Espetó si alzar la vista. – "Tenías razón: Eres una hipócrita."
Dicho esto, resumió su tropel. Sus palabras me helaron la sangre como nunca imaginé. Tal declaración fue como cientos de dagas cortando mis vasos sanguíneos, uno por uno. Millones de agujas me perforaban el alma y la culpa me ahogaba los pulmones. Maldita sea, perdí el control. Fui demasiado lejos con mis burlas y dejé que mi instinto provocador me dominara. Justo lo que le prometí a Rachnera que no sucedería conmigo. ¡Por Zeus, en verdad soy una idiota!
¡Estúpida! ¡Eres una estúpida, Jaëgersturm! ¡¿Estás feliz, cazadora?! ¡¿Lo estás ahora?!
– "¡L-Lala! ¡Espera!" – Intenté detenerla. – "¡Lo siento! ¡De verdad!"
Decidió ignorarme. No pausó su marcha. Me sentía desesperada.
– "¡Te lo imploro, mujer! ¡Por favor, escúchame!" – La tomé de los hombros.
– "Ya escuché lo suficiente." – Masculló. – "Suéltame."
– "¡Solo dame otra oportunidad! ¡Prometo no volver a hacerlo!"
– "¿De qué sirven tus garantías, alemana?"
– "¡Lala, por lo que más quieras!"
La abracé con toda mi fuerza, pero sin ahogarla. Las lágrimas fluían por mi rostro y humedecieron la ropa de la irlandesa.
– "N-no, no me odies." – Supliqué. – "Sé que siempre rompo mis promesas, que has tolerado demasiado mi insensatez, que todo tiene un límite. Pero… Sé que en el fondo de tu corazón aún puedes brindarme una última pizca de indulgencia."
– "Es inútil…"
– "Lo siento. Realmente lo siento, Lala." – Continué llorando. – "Aceptaré cualquier castigo que me impongas, cualquier tarea. No importa cuán humillante sea, la cumpliré con tal de obtener tu perdón."
Me separé para observarla fijamente. No soportaría vivir si esos dorados ojos me miraran con desprecio.
– "Te lo ruego, Lala. Perdóname."
Ella se acercó un poco. Sus facciones se suavizaron.
– "Te perdono, Aria." – Declaró con voz calmada.
– "Dank-"
¡PAMF! Una fuerte y sonora bofetada a mi mejilla izquierda interrumpió el agradecimiento. Perdí el habla al instante. Antes que pudiera procesar otra cosa, una segunda cachetada impactó mi lado derecho.
– "Pero no será hoy." – Aseveró la irlandesa, iniciando su marcha. – "No te atrevas a pedirme la cena esta noche. ¡Y mañana me prepararás el desayuno!"
Yo quedé inerte mientras ella se alejaba. Ignoro qué fue lo más impactante; Las bofetadas o su actitud. Me di la vuelta, tallando mi mejilla. No usó mucha fuerza, pero la acción fue contundente. Lala lucía tan determinada, tan imponente. Era la primera vez que contemplaba a la poderosa Mensajera de la Muerte como debía hacerlo una simple mortal como yo; Con temor, respeto y admiración.
Sonreí. Oh, Arachne mía, como amo a esa dullahan.
NOTAS DEL AUTOR: Bueno, dicen que el amor duele, ¿cierto? O quizás Aria sea medio masoquista.
En todo caso, agradezco a Dragonith y Alther por brindarme permiso para incluir sus personajes. Un saludo también a Paradoja el Inquisidor, a quien le hice un par de referencias.
Y por supuesto, gracias a todos mis lectores. No olviden dejar sus reseñas y comentarios. Si no lo hacen, se morderán la lengua como Lala y una sirena los secuestrará. O tal vez no, pero es mejor no arriesgarse.
Nos vemos en el siguiente capítulo. ¡Auf Wiedersehen!
Meroune, Meroune über alles, über alles in der Welt…
