NOTAS DEL AUTOR: ¡Willkommen! ¡Tarmo Flake ist hier!

¿Otro episodio? Sip.

¿Tan rápido? Sip, sip.

¿Es igual de malo que los anteriores? Si… ¡Hey!

Mejor nos dejamos de payasadas y empezamos de una buena vez. ¡Disfruten!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. Únete al Culto de la Gran Sirena.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 19


Diantres, el hambre me está matando.

Lala me negó la cena. No podía comer hasta el día siguiente y solo si ella lo autorizaba. Como buena soldado, le obedecí al pie de la letra y me retiré a mi cuarto con el estómago vacío. Fue una tortura.

No quise enterarme que platillo cocinaría la irlandesa, ya que mi voluntad se doblegaría ante las súplicas de mi sistema digestivo. Intenté distraerme con mi teléfono y leer algo para evitar pensar en la comida. También informé a Cetania de que nuestra visita al gimnasio se cancelaría debido a causas de fuerza mayor. En este caso, una muy enojada dullahan.

Mientras trataba de suprimir los rugidos de mis intestinos, Papi tocó la puerta de mi habitación y me ofreció un poco del exquisito jamón cocido con tartiflette que la irlandesa había preparado. Le agradecí su enorme bondad, pero tuve que rechazar su oferta. No iba a romper mi palabra con Lala otra vez, no importa que tan severas sean las consecuencias.

Pero admito que rehusar tan delicioso manjar fue una decisión en extremo difícil. Me sentí como el general Friedrich Paulus aceptando la derrota al final de la batalla de Stalingrado, sabiendo que el sexto ejército estaba condenado. La dullahan parecía más cruel que las hordas soviéticas, pero yo estaba dispuesta a afrontarlo.

– "Ahh. La comida francesa es un deleite al paladar. Es una lástima que te la hayas perdido, Aria."

¡Maldita sea, Rachnera! ¡No me lo restriegues en la cara! ¡¿Qué no ves que estoy ocupada comparando mi infortunio con las tragedias de la guerra!?

– "Te agradecería no mencionarlo cuando me hallo en este estado, tejedora." – Le sugerí. – "O terminaré por volverte mi aperitivo."

– "Eso es poco recomendable, cazadora." – Mencionó mientras se desnudaba. – "Este bistec puede resultar demasiado venenoso para tu estómago."

– "Meh. Solo déjame en paz, ¿quieres?"

– "No hasta que me reveles el porqué has tomado una huelga de hambre esta noche."

– "Eso no es de tu incumbencia."

– "Lo es desde que prometiste no guardarme secretos. Pero, es obvio que tu dullahan está de mal humor contigo. ¿Qué le hiciste ahora?"

– "Nada." – Me oculté bajo las sábanas. – "Un pequeño malentendido. Eso es todo."

– "¿Desde cuándo un simple desacuerdo te hace morir de inanición?"

– "¿Por qué te importa?"

– "Porque al menos quiero saber la causa de tu deceso antes de meterte al ataúd."

Suspiré. Rachnera no se detendría hasta que le explicara. Bien, no es que desee seguir oyéndola, así que mejor le cuento todo.

– "Es solo… Que me descontrolé un poco." – Relaté. – "Quise provocarla, pero me excedí y ahora ella me odia."

– "Detalles, Aria. Necesito detalles."

– "Yo…" – Volví a suspirar. – "Quise darle algo de celos simulando hablar con Cetania, haciendo proposiciones algo indecorosas, como un menage à trois. Entonces ella me recordó que ese comportamiento es lo que yo te he criticado desde el principio."

– "Me alegra que ella reconozca tu hipocresía, cazadora."

– "Lo merezco, lo sé. Me dio un par de buenas bofetadas y ahora debo pasar hambre y preparar su desayuno mañana temprano."

– "Un castigo bastante suave, en mi opinión." – Dijo Rachnera. – "Yo te hubiera obligado a correr desnuda por la calle como penitencia."

– "¿Sí? Bueno, al menos Lala no es una pervertida."

– "¿Como tú?"

– "Así es. Como nosotras." – Le contesté. – "Y trataré de contener mis impulsos. Ya aprendí la lección."

– "Deberías practicar tus propuestas, mujer. Si tuvieras mi habilidad de convencimiento, tendrías a tu chica besándose sensualmente con esa arpía para tu deleite personal."

– "No digas esas cosas. Ya te conté todo, ahora déjame descansar."

– "Como desees, pupila." – Se burló la tejedora. – "Quizás algún día puedas cumplir tu trío de ensueño."

Sí, claro. Como si deseara ver a Lala y Cetania unidas en un entusiasta encuentro de labios, jugando ávidamente con sus lenguas. Abrazadas, encerradas en el deseo carnal, invitándome a unírmeles y dar rienda suelta a nuestras bajas pasiones en un frenesí de gloriosa satisfacción les-¡

Argh! ¡No, cerebro, no! ¡Detente ahora mismo!

Exhalé. Ya hay suficiente calor como para seguir aumentado mi temperatura corporal. Y Lala nunca aceptaría ni aunque le prometiera las almas de la población entera de Japón. Seguí intentando despejar mi mente del hambre y los pensamientos pecaminosos, pero aún era relativamente temprano y cada minuto se me hacía eterno. Ignoro si mis intestinos terminarán consumiéndose a sí mismos. Deduje que una ducha fría me ayudaría a aclarar mi cabeza y me levanté para ir al baño.

– "¿Vas a hurgar las reservas de comida en secreto, alemana?" – Cuestionó Rachnera, aún de espaldas en su hamaca. – "Sí que te quiebras rápido."

– "Baño." – Contesté secamente.

– "Ah, entonces vas a desahogarte pensando en tu fantasía poliamorosa. Trata de no hacer ruido, ¿sí? Y lávate las manos después."

– "¡Cállate, araña sucia!" – Vociferé en voz baja. – "¡No he hecho tal cosa desde hace meses y no planeo hacerlo ahora!"

Ay, Arachne mía. ¿Por qué siempre digo estupideces? La tejedora se dio la vuelta de inmediato.

– "Aria…" – Habló. – "¿En verdad no te has dado placer en tanto tiempo?"

– "¡N-n-n-no es tu-tu asunto!" – Respondí tan roja como tomate. – "¡Ya-ya duérmete!"

– "Eso explica tanto." – Se acomodó para encararme. – "Necesitas organizar mejor tus prioridades, cazadora. La satisfacción de una no debe postergarse por periodos extensos."

– "Considero mi tiempo demasiado valioso para saciar un primitivo impulso."

– "Y mira a donde te está llevando." – Sacudió su cabeza. – "¿No has pensado que te descontrolas porque tu feminidad requiere que le dediques un poco de atención?"

– "¿Por qué estamos hablando de esto en primer lugar? ¡¿Qué te importa si me toco o no!?"

– "Me importa porque aunque seas una malagradecida, no deseo que continúes dañándote por cohibir tus necesidades íntimas. Te lo digo como tu congénere y compañera."

– "¿Desde cuándo soy una malagradecida?"

– "Desde que no me congratulas por los esfuerzos que hago a diario." – Replicó. – "He evitado el practicar mis amarres contigo y tu dullahan con tal de respetar su espacio. No es fácil ser una arachne abstenida, créeme."

– "Muchas gracias, su alteza." – Espeté sardónicamente. – "Debe ser horrible el comportarse como una persona civilizada."

– "Gracias, plebeya. Podrías aprender algo de tal educación y no actuar tan puritana cuando sabes que no lo eres."

Me levanté, no necesitaba seguirla escuchando. Ella me arrojó otro par de guantes. Estos eran más suaves que los anteriores.

– "No querrás cortarte." – Me guiñó tres ojos. – "Son nuevos. Dales buen uso."

– "Puedes guardarte tus regalos, Rachnera. No pienso usarlos." – Aseveré. – "Ahora, necesito retirarme… ¡Para ducharme y nada más!"

– "Lo que digas, señorita monja."

Salí de la habitación enfadada. ¿Qué se ha creído esa loca? ¿Y desde cuando tenía guardadas estas cosas? ¡¿Y por qué rayos me los traje?! Gah, mejor me doy ese baño de una vez. Necesito aclarar mi cabeza y sacarme a esa lasciva araña de esta lo más rápido posible.

Giré la perilla de la regadera y dejé que el frío líquido lavara mi cuerpo. Las bajas temperaturas eran como témpanos en mi piel, pero mientras mantuviera mi cabeza ocupada, no importaba que me sintiera como la Wehrmacht cuando invadió Moscú. Mis dientes castañeaban ligeramente por la congelación, pero mi helado método estaba funcionando.

Estúpida Rachnera. Si no me doy placer es muy mi problema. Además, no es que lo necesite. De acuerdo, tal vez la abstinencia me frustre de vez en cuando, pero puedo emplear mi tiempo en algo más que dejarme caer en tales deseos hedonistas. El trabajo es satisfacción suficiente.

Miré los guantes que la tejedora me obsequió. Ugh, aún no me creo que me los haya dado para tan privado propósito como si nada. Esa araña necesita una buena dosis de vergüenza. Aquellas prendas continuaban a la vista, como si se burlaran silenciosamente. Lo siento, objetos de seda, pero no me tentarán. Tampoco es que deba usarlos para tales cosas, serían excelentes para vestir diario.

Me los puse para probar mi punto. El material continuaba siendo tan suave y delicado como los primeros. Se ajustaban perfectamente a mis filosas manos y aún proveían un sentido del tacto sin obstáculos. Los admiré por un momento. En verdad que Rachnera es una experta cosiendo. Lástima que mucho de ese talento lo desperdicie en sus egoístas fetiches.

Pasé la seda por mis brazos. Cerré mis ojos y me permití palpar la dicotomía entre mi duro exoesqueleto y la delicada piel. Era una sensación agradable, casi estimulante. Pensé por un momento si las manos de Lala algún día recorrerían mi cuerpo con tanta gracia y cuidado. Me gustaba pensar que sí. No hay nada de malo en soñar.

Abrí los ojos. Estaba sola. Volteé a ver a ambos lados, todo se hallaba en silencio. Ningún ruido que no fuera el sonido del agua saliendo de la tubería. A tales horas de la noche, todos debían encontrarse durmiendo. El corazón se me aceleró.

– "Solo… Solo un poco…" – Musité para mí misma.

Exhalando una bocanada de aire, flexioné mis dedos, como si me preparara para ejercitarme. Cerrando los ojos de nuevo, asenté mi cuerpo contra la pared y pensé en alguna de mis cientos de elaboradas fantasías. Poseo un completo repertorio de estas, desde la más simple hasta las dignas de alguna leyenda erótica. Si bien Lala y sus suaves glúteos junto con sus divinas caderas son los protagonistas indiscutibles en la mayoría de ellas, admito que Cetania ha ocupado un lugar especial. Aún no se me olvida como se movía esa pajarita bajo la luz de los reflectores, agitando su escultural figura americana. Es lo bueno de la imaginación, puedes darle rienda suelta sin que nadie se entere o resulte afectado.

Ya con suficiente material trabajando en mi cabeza y asegurándome de nuevo que no hubiera espectadores; Me relajé, di un último suspiro y guié mis manos hacia mi preciada feminidad.

Nunca se lo revelaría a Rachnera. Odiaría darle la razón.

No recuerdo la última vez que dormí tan rápidamente. De hecho, ni siquiera recuerdo lo que soñé la noche anterior. Una vez que asenté mi cabeza en la almohada, fue un viaje expreso al mundo onírico. Pero suficiente de meditar sobre el buen descanso, son las seis y media de la mañana y aún hay una dullahan que despertará en cualquier momento, esperando su desayuno.

Bostezando y estirando mis extremidades, me di una ducha para despertar al resto de mis sentidos. Solté una pequeña risa interna al regresar al lugar 'del crimen'. Solo estas mudas paredes conocen el secreto de mi inocente fechoría. Me alegra que decida bañarme en un horario diferente al de las demás chicas, así puedo terminar de lavar los guantes incriminatorios con calma. Suerte las lavadoras de esta casa se hallan en el mismo cuarto y son relativamente silenciosas.

Ya terminada, entré a la cocina. Hora de demostrarle a Lala que la gran Aria Jaëgersturm también posee talento culinario. Y ahora, ¿Qué podría prepararle a la irlandesa? Aunque mis conocimientos respecto a guisos sean limitados, nuestras reservas son extensas y me ofrece una amplia gama de opciones. Descarté el sekihan, sería demasiado predecible y honestamente, se supone que solo se consume en fechas festivas.

Continué buscando entre los ingredientes hasta toparme con unas cuantas salchichas Bratwurst. Era un hallazgo inusual y deduje que Lala las tenía guardadas para alguna ocasión especial. Me sentiría mal si me atreviera a quitarle a la dullahan la oportunidad de cocinarlas, pero al mismo tiempo, sería una buena oportunidad de sorprenderla. Optando por tomar el riesgo, me dispuse a preparar el mejor currywurst que la segadora haya probado en esta vida y la otra.

Es una fortuna que la expansión del catálogo internacional de Lala garantice que cuente con al menos la mitad de los ingredientes necesarios. Usando uno que otro sustituto, mezclé los componentes para la cátsup curry mientras calentaba las salchichas. Mi atención se dividía en varias cosas a la vez, pero debía hacerlo si deseaba finalizar a tiempo. No seré la más adepta, pero no soy Miia.

Beep! ¡Beep!' Comenzó a sonar la alarma contra incendios, debido al humo. Después de emitir dos pitidos, fue silenciada cuando le propiné un buen golpe. Prescindir del sistema de seguridad es necesario si quiero asegurar el éxito de mi platillo. ¡Ah, scheisse! ¡Se incendia la sartén!

Apagando el fuego y milagrosamente salvando los embutidos, acabé con el aderezo y corté los vegetales para la guarnición. ¡Gran Arachne! ¡Siete y media! El tiempo era oro y le saqué provecho a cada minuto, segundo y hasta cronón disponible. Solo un poco más y… ¡Ay! ¡Se quema mi delantal!

¡Listo! Tique y Crono me dieron el visto bueno y me concedieron la dicha de finalizar al momento que Lala aparecía. Gracias, dioses, por no abandonarme.

– "Guten Morgen, Fräulein Lala." – Saludé a la irlandesa con una reverencia. – "Me alegra informarle que su desayuno está listo."

– "Ah, A-Aria. Buenos días…"

– "¿Tuvo un buen descanso, Meine göttin?"

– "¿Uh? O-oh, sí, lo tuve."

Qué extraño, luce algo distraída. Antes que pudiera preguntar, ella se excusó para asearse. Bueno, eso me da oportunidad de arreglar la mesa debidamente. Sirviendo los cubiertos y acomodándolos con cuidado, me permito declarar que el asiento de la dullahan sería digno de la más exigente realeza europea. Excepto por el vasito naranja promocional de Burger Fox. El diseño de la kitsune pintada es muy tierno, no pude evitar usarlo.

La irlandesa volvió y con una formal reverencia la invité a tomar su lugar. En silencio, ocupó su asiento y con elegancia, empezó a degustar su plato. Sé que el currywurst es un platillo corriente, casi comida rápida, pero lo hice de forma que luciera como cualquier desayuno decente. Usar guarnición en lugar de papas fritas como acompañamiento fue una sabia decisión. Mientras ella continuaba probando su desayuno, yo esperaba nerviosamente su veredicto. Demonios, quizás debí usar menos aderezo. O no quemar tanto las salchichas. O mejorar mis habilidades. La incertidumbre me carcome de nuevo.

– "Demasiada sal…" – Opinó la segadora.

¡Argh! ¡Con un demonio, no otra vez! ¡Maldito exceso de cloruro de sodio!

– "…Hubiera arruinado esta exquisita vianda." – Terminó su frase. – "Te felicito por un trabajo bien hecho, mortal."

¡Éxito! El cuarto movimiento de la Novena Sinfonía resonó en mi cabeza. ¡Freude! ¡Freude, schöner Götterfunken!

– "Es solo mi humilde manera de pedir perdón, Fräulein." – Respondí inclinando mi cabeza. – "Le ruego acepte mis disculpas por mi inaceptable comportamiento el día anterior."

– "Está bien, Aria. Estás perdonada." – Sonrió la dullahan.

– "Danke schön, Lala." – Sonreí de vuelta.

Kurusu apareció entonces.

– "Ah, buenos días, chicas. Veo que están comiendo ya." – Nos saludó el chico.

– "Guten Morgen, Herr Kommandant. Así es. Prepararé un poco para usted, si lo desea." – Le propuse.

– "Me encantaría, Aria. Buen provecho, Lala."

– "Gura míle, Kimihito." – Replicó la irlandesa.

El casero se sorprendió por esto último.

– "Uhm… ¿Lala? ¿Acabas de decirme Kimihito?"

– "Ese es tu nombre, ¿No es así, mortal?" – Le respondió la segadora.

– "Uhm… Bueno, sí, pero…"

– "Entonces no veo problema en utilizarlo, Kimihito Kurusu. Solo intento ser más formal."

– "Sí, ya veo." – Se rascó detrás del cuello. – "Te lo agradezco. Es solo que escuchar mi propio nombre en esta casa se me hace raro. ¿Qué ironía, no?"

– "Perdone, Herr Kommandant." – Me inmiscuí en la conversación. – "Admito que yo peco en siempre referirme a usted por un mote, pero lo hago por el respeto que le tengo como mi superior… Herr Kurusu."

– "Sigue sonando tan extraño." – Confesó el muchacho. – "Oh. ¿Qué le sucedió a la alarma?"

– "Ah, eso… Uhm… ¡Explotó de repente!" – Le mentí de improviso. – "¡Fue horrible, fue horrible!"

– "¿Y por qué el delantal está quemado?"

– "¡Las chispas lo incendiaron! Debería conseguir aparatos de mejor calidad, jefe."

– "Hmm. Sabía que la marca Maxon no era confiable. En fin, la dicha es mucha en la ducha y yo voy a tomar una. Disfruten su desayuno, chicas." – Se despidió el hospedador.

Uf, esquivé esa bala. Estoy segura que la dullahan sabe que mentí, pero no me delató.

– "Lamento haber usado las bratwurst sin tu permiso, Lala. Solo deseaba sorprenderte."

– "Con toda sinceridad, me había olvidado de ellas." – Reveló la irlandesa. – "Estos días he estado más preocupada por los ingredientes franceses. No te preocupes, Aria, tomaste una buena decisión."

– "Danke, eso me tranquiliza."

Dejé a la segadora terminar su comida y yo puse más salchichas en la sartén. Estaba motivada como para seguir cocinando al resto de la casa. Como decían en mi aldea; 'Ya suelta la araña, ni quien la alcance'. Las siguientes en levantarse fueron Papi y Suu, pero en lugar de saludar con su energía habitual, ambas lucían asustadas. Se mantenían abrazadas y temblorosas.

– "¿Sucede algo, pequeñitas?" – Les pregunté. – "Se ven aterradas."

– "Eso solo…" – Habló la arpía. – "Q-que tenemos miedo…"

– "¿Miedo? ¿De qué?"

– "D-del f-f-fantasma…"

– "¿Fantasma?" – Cuestioné. – "¿Por qué dices eso, Papi?"

Miia hizo su entrada, seguida de Centorea y Meroune, empujada por Rachnera. Una vista inusual, tomando en cuenta los diversos horarios que ellas suelen tomar para levantarse. Quizás porque es domingo.

– "No puedo dormir…" – Declaró la lamia, casi descolorida. – "Fantasma me come..."

– "M-M-Miia, por favor. E-e-estás muy grande p-para seguir espantada por f-f-fantasmas." – Le dijo Centorea, evidentemente tan nerviosa como la pelirroja. – "Y-ya no eres una niña."

– "Miia, Cerea, ¿ustedes también?" – Les preguntó la pajarita. – "¿Verdad que hay espíritus en la casa?"

– "A ver, un momento por favor." – Acoté. – "¿De qué fantasma están hablando todas?"

– "Disculpe, Aria-san." – Se dirigió Meroune a mi persona. – "¿Acaso usted no escuchó los ruidos anoche?"

– "Me temo que no, Mero-san. ¿A qué se refiere?"

Papi dio un salto y tomó la palabra.

– "¡Esos feos gritos de dolor!" – Expresó la arpía. – "'¡Ooohhh!' '¡Uuuhhh!' ¡Así decían! ¡Tenía mucho miedo!"

– "Confirmo la historia de Papi-chan." – Afirmó la sirena. – "Era escalofriante. Largos y profundos lamentos de un alma que pena por un trágico pasado. Era tan hermoso como espeluznante."

– "¿Chicas? ¿Qué sucede?" – Cuestionó Kurusu, habiendo salido del baño.

– "¡Cariño!" – Se abalanzó la mujer serpiente al muchacho. – "¡Tenemos que mudarnos! ¡La casa está embrujada!"

– "Mi Señor, me temo que nosotras experimentamos un posible encuentro paranormal." – Manifestó la centáuride, preocupada. – "Quizás, haya un espíritu condenado rondando por la morada."

– "¿Un fantasma?" – Se preguntó Kimihito. – "Oh, bueno, ya que lo mencionan… Anoche oí extraños ruidos cerca del baño."

¿Baño? ¿Anoche? Pero si no había nadie a esa hora, excepto…

Ay, mamá… ¡Ay, mamá araña!

– "¡Esposo, tengo miedo!" – Confesó la pajarita azul. – "¡Suu también lo tiene! ¡Protégenos!"

– "¡Llama a esos tipos con las armas de protones! ¡O a Reiko Mikami!" – Gritaba Miia, agitando al chico con fuerza. – "¡Sálvanos, Cariño!"

Rachnera empezó a carcajearse. ¡Demonios! ¡Ya sabe!

– "En verdad que ustedes exageran todo, nenitas." – Se burló la tejedora. – "Viven con una dullahan sin inmutarse, pero a la primera señal de supuestos espíritus, corren como cucarachas ante la luz."

– "¡Lala no cuenta!" – Replicó la lamia.

¡Hey! ¡No hables así de ella, cola de fideo!

– "No hay ningún alma en pena, bobas." – Aseveró la arachne. – "Lo que oyeron la noche anterior fue solo el llamado de apareamiento de la hembra de la araña atigrada alemana."

– "¿Una araña?" – Cuestionó Centorea.

– "Correcto." – Afirmó la tejedora, chasqueando sus dedos. – "La Arianus Yuriensis Germanicca es una particular arácnida migratoria que suele hacer… interesantes sonidos cuando se encuentra en celo. Entre más necesitada esté de reproducirse, más fuerte son sus gemidos."

– "Ohh." – Dijo Papi, asombrada por la explicación. – "¿Entonces… no hay fantasmas?"

– "Claro que no, querida. Ahora pueden relajarse y dejar de temblar como gelatinas, ¿sí?"

Todas las presentes suspiraron aliviadas. Excepto yo. Me hallaban tan roja y abochornada que me sorprende que el piso no empezara a derretirse. ¡Maldita sea! ¡Todo por andar de calenturienta!

Me tranquiliza que Rachnera me haya cubierto la espalda, pero eso significa que no dejará de fastidiarme en toda la semana. Volteé en la dirección de Lala. Estaba igual de enrojecida que yo y se cubrió con su bufanda, sin atreverse a verme.

¡¿TÚ TAMBIÉN, SEGADORA?!

¡Por el monte Olimpo! ¡¿Qué tan ruidosa soy?! ¡¿Acaso el país entero pudo escuchar mis profundos gemidos de placer?! ¡Deberían instalar paredes más gruesas!

– "Aria-san…" – Me llamó Meroune.

– "La vida es dolor… la vida es dolor…" – Murmuraba yo a manera de mantra.

– "Aria-san, escúcheme…"

– "Somos insignificantes marionetas del cruel destino…"

– "¡Aria, idiota! ¡Te estás quemando!" – Vociferó Miia.

– "¿Eh? ¿Qué?" – Regresé a la realidad. – "¡WAAHH!"

Corrí en círculos mientras las llamas consumían mi delantal. Un frío chorro de agua me impactó repentinamente, ahuyentando al fuego infernal de mi persona. Escupiendo el líquido tragado y sacudiendo mi cabeza, noté que Suu había sido mi salvadora en esta ocasión, actuando como manguera extintora. Un irónico giro para la limo, recordando como fui rescatada de nuestro primer incidente.

– "Danke schön, Suu." – Le agradecí a la pequeña acariciando su cabeza. – "Buena niña."

Suu sonreía alegre y Lala me ofreció una toalla para secarme. Diantres, en mi estado de pánico también terminé arruinando lo que había cocinado. En verdad soy una idiota.

– "Lamento todo eso, Herr Kommandant." – Me disculpé arrepentida. – "Eché a perder el desayuno y el delantal. Prometo pagar los daños."

– "Está bien, Aria. No se perdió mucho de comida." – Me reconfortó Kurusu. – "Y esa prenda ya estaba muy vieja. Podremos conseguir otra."

Kimihito tuvo una idea. Se levantó y con sus manos en la cadera, hizo un anuncio.

– "¿Qué les parece si salimos a comer afuera?" – Propuso. – "Es un bonito día para pasear, ¿no lo creen?"

Todas afirmaron con entusiasmo. A excepción de Lala y yo, todas se retiraron para asearse. Ayudé al casero a limpiar mi desastre, auxiliados por la dullahan. Me siento tan afortunada que viva con personas tan tolerantes. En verdad debería recompensar su paciencia.

– "Aria." – Me habló el muchacho. – "¿Estos guantes son tuyos? Estaban en la lavadora."

– "¡Ah! ¡C-c-claro!" – Los tomé de inmediato. – "Gracias, Herr K-Kommandant."

– "Usaste demasiado detergente. Están impregnados de aroma a lavanda."

– "¡Me gusta la lavanda! ¡Es mi olor preferido!"

– "Ya veo. Voy a buscar unas cosas a mi habitación. Cuando las demás se arreglen, iremos a comer."

– "Jawohl, Herr Kommandant."

Por Artemisa, que susto. No me extraña que esto me suceda con lo distraída que soy. Miré a Lala, quien volteó su cara al notar mis ojos en ella. Scheisse, debe sentirse sumamente incómoda después de saber… eso.

– "Uhm… ¿Lala?" – Llamé su atención. – "¿Dormiste… bien?"

– "D-d-dormir no me es necesario, m-mitad invertebrada…" – Replicó ruborizada. – "P-pasé la noche en vela… Quizás fue una mala idea."

Arachne mía, en verdad que sabe. ¡Qué vergüenza!

– "Lala, yo…"

– "No digas más, arácnida." – Extendió su mano frente a mí. – "Conozco perfectamente sobre las… necesidades… de ustedes, los efímeros mortales."

– "Siento que hayas tenido que escucharlo."

– "Solo… Trata de ser… más discreta la próxima vez. ¿De acuerdo, Aria?" – Musitó la segadora.

– "Por el honor de Weidmann y Sparassus." – Alcé mi mano en señal de juramento. – "No volverás a enterarte de tales actos."

– "Al menos… ¿Te sientes mejor?"

– "Si lo oíste todo con claridad, entonces sabrás que sí." – Le guiñé.

La dullahan se sonrojó más, si tal cosa fuera posible. Antes que pudiera continuar alcanzando nuevas tonalidades de piel, las inquilinas se presentaron, listas para salir. Incluso Rachnera, quien se rehusaba a abandonar la casa, optó por acompañarnos. Me alegraría por su decisión, pero estoy segura que lo hace solo para poder provocarme en el camino, ahora que tiene suficiente material.

Con Kimihito también preparado, nos encaminamos a recorrer la urbe, en busca de un lugar decente para saciar nuestra hambre. La irlandesa ya había comido, pero no íbamos a dejarla atrás por eso. Ella se mantuvo junto a mí. Me calma el saber que la percepción que tiene de mí no ha sido afectada después de enterarse de mi desahogo privado. Al menos mientras no se entere de que estuve fantaseando con un trío con ella y Cetania; Entonces ahí sí me arrancaría los intestinos con todo y tubos de Malpighi.

– "Y entonces…" – Kimihito tomó la palabra. – "¿A dónde quieren ir?"

Hubo un momento de silencio mientras todas decidíamos nuestro destino.

– "¡Huevos, Cariño! ¡Donde preparen huevos!" – Habló primero Miia.

– "¡Miia, no eres la única aquí!" – Se quejó Cerea. – "Piensa también en las demás, serpiente egoísta."

– "Yo desearía experimentar los intrincados misterios de la cocina de Asia menor, Querido." – Opinó Meroune.

– "¡Yo quiero algo dulce!" – Brincaba Papi, siendo imitada por Suu.

Con tantas opiniones tan diversas, no se llegaría a un acuerdo fácilmente.

– "Disculpen." – Interrumpí, alzando la mano. – "Si me permiten sugerir algo, quizás deberíamos asistir a El Sazón de Pachylene. Es un restaurante canadiense muy económico y podría satisfacer los gustos de todos."

– "Apoyo a Aria." – Se unió la irlandesa. – "Considero que el lugar es apto para alborozar nuestros contrastantes requisitos alimenticios."

– "Ah, ¿entonces es ahí donde fueron a cenar en su romántica cita, tortolitas?" – Provocó Rachnera. Diablos, ya empezó. Lala y yo nos ruborizamos pero preferimos ignorar el comentario.

– "Hmm. Bueno, si todas están de acuerdo con el plan de Aria." – Consideró Kurusu la propuesta con la mano en la barbilla. – "¿Qué dicen, chicas?"

Todas asintieron. Con la elección tomada, nos dirigimos hasta el restaurante. Ya quiero probar ese delicioso tocino de nuevo. Mientras nos acercábamos, notamos una gran cantidad de gente, patrullas, sonidos de sirenas y una gran humareda que se alzaba hasta el cielo. Llegamos, solo para encontrarnos con una escena salida de algún filme sobre desastres.

– "Scheisse…" – Expresé al observar el lugar. O lo que quedaba de él.

Por alguna razón, el restaurante que alguna vez albergó buenos platillos, ahora se encontraba reducido a escombros repletos de humo y cenizas. Me recordó a la ciudad de Berlín a finales de la guerra. Los bomberos continuaban arrojando agua al edificio, extinguiendo los últimos rastros del fuego arrasador.

– "Inició desde temprano. Ignoramos la razón del atentado."– Informó una mujer lagarto policía, apareciendo detrás de nosotros. – "Pero por la cantidad de recipientes de queroseno y gasolina hallados en el interior…" – Señaló una pila de contenedores vacíos. – "Sabemos que fue un trabajo interno, planeado desde hace tiempo."

– "¿Algún herido, oficial?" – Le pregunté.

– "Por suerte solo el inmueble fue dañado. Ocurrió antes que alguien se presentara."

– "Es una fortuna. ¿Algún sospechoso?"

– "Testigos aseguran que una de las trabajadoras, una wyvern, se mostraba inconforme con su trabajo en los días pasados. La hemos buscado desde la mañana."

– "¿Cuál ha sido el veredicto de los forenses?"

– "Están indecisos sobre si es algún acto de venganza programado o si es trabajo espontáneo de la pirómana."

– "Por la magnitud de daños, dudo que sea un acto improvisado. El combustible por sí solo no causaría el derrumbe del concreto." – Expliqué recogiendo un pedazo de escombro. – "Se necesitan conocimientos precisos para lograr esta clase de efectos."

– "¿A qué te refieres, arachne?"

– "Esto fue obra de profesionales. Expertos en demolición." – Olfateé la roca chamuscada. – "Además, una wyvern, por más hábil que sea, tendría dificultades para organizar tal cantidad de combustible en poco tiempo."

Sequé mi frente. El calor de las pocas llamas aún se mantenía con fuerza para hacer sudar a quien se acercara.

– "Dígame una cosa, oficial." – Llamé su atención depositando el pedazo en su mano. – "Como poiquiloterma, ¿le parece que una especie dracónida se arriesgaría a sofocarse por el intenso calor? La hipertermia repentina le dificultaría el escape."

– "Son una especie muy resistente." – Respondió ella.

– "Y aún así, no resuelve el enigma del número de material requerido para llevar el plan a cabo. Una sola persona no podría ejecutarlo por sí misma."

– "Pudo contar con ayuda de cómplices."

– "¿Y arriesgarse a convertirse en el chivo expiatorio, como ha sucedido ahora? La wyvern serán ingenuas, pero no estúpidas." – Le aseguré. – "No, los perpetradores intentan que creamos que la chica es la culpable."

– "Una conclusión demasiado prematura, diría yo." – Declaró la mujer reptil. – "Y en todo caso, ¿Qué ganarían con destruir la reputación de esa mujer?"

– "Al igual que el incendio del Reichstag, no es el daño material, sino el mensaje." – Aclaré. – "Alguien tiene algo en contra los liminales y tratan de dejarlos mal parados. Es posible que esto solo sea el comienzo."

La oficial me miró de reojo, entre sorprendida y dudosa.

– "Parecer conocer mucho del tema, arachne." – Dijo ella, alzando su ceja. – "¿Perteneces a alguna fuerza policial?"

– "Schutzpolizei, en la aldea de Weidmann. La criminología era parte de nuestros estudios académicos." – Le respondí ofreciendo mi mano. – "Soy Aria Jaëgersturm."

– "Mei Silica. Seguridad pública, región Kanto." – La estrechó de vuelta. – "Me sorprende tu perspicacia. Podríamos usar alguien como tú en la gendarmería."

– "Suena interesante, pero ya tengo trabajo."

– "Bueno, si algún día decides cambiar de profesión, nos gustaría tenerte."

– "Le agradezco la oferta. La consideraré." – Le sonreí. – "En todo caso, parece que no podré comer aquí en un largo tiempo."

– "Los dueños son millonarios, al menos podrán renovar el lugar en un santiamén."

– "Eso espero. En fin, gracias por su tiempo, oficial. Mis amigos y yo nos retiramos." – Hice una reverencia. – "Que tenga un buen día."

– "Igualmente."

La policía prosiguió cuidando el lugar. Me di la vuelta. Los ojos de mis compañeros se hallaban posados en mí, con cara de incredulidad. Su expresión no cambiaba mientras nos alejábamos del sitio.

– "Sé que no debería preguntar, pero…" – Cuestioné algo preocupada. – "¿Por qué me miran de esa manera?"

– "Asombroso." – Dijo Papi, con sus ojos tan grandes como platos. Suu también.

– "No esperaba que resultaras tan sagaz, Jaëgersturm." – Opinó Centorea.

– "De verdad, no es nada del otro mundo." – Proclamé apenada. – "Solo hice unas cuantas preguntas generales."

– "Pero la forma en que dedujiste la razón del crimen, y todavía convenciste a esa lagarta." – Señaló Miia.

– "Sin mencionar la manera en que lograste que te desvelara información clasificada." – Manifestó Rachnera. – "Solo te faltó pedirle su número telefónico. ¿Cuál es tu secreto?"

– "La chica era una novata." – Encogí mis hombros. – "Esa clase de cuestiones las usábamos en Sparassus para atrapar a los primerizos descuidados. Yo caí varias veces en ellas, así que estoy acostumbrada."

– "Aún así, es impresionante la facilidad en que te desenvuelves en tal ambiente, mortal." – Injirió la dullahan. – "Tu talento se ve desperdiciado en esa humilde nevería."

– "Chicas, están abochornando a la pobre Aria." – Acotó Kimihito. – "¿No deberíamos concentrarnos en buscar otro lugar?"

Suspiré. Gracias, Herr Kommandant. Lo que hice no es nada especial, cualquier principiante de nuestra academia hubiera llegado a la misma conclusión. Es cuestión de lógica y sentido común. Además, no es que yo pueda hacer algo para resolver el crimen. Soy una simple arachne, no Sherlock Holmes.

Continuamos en nuestra misión de hallar un restaurante, preferentemente uno que no haya sido víctima de ataques terroristas. Sin embargo, la mayoría ya estaban llenos o no podrían albergarnos a todos nosotros sin dejar sin espacio al resto de los comensales. Con una lamia, dos arachnes y una centáuride, nuestras opciones eran limitadas.

– "¡Tengo hambre!" – Se quejó Miia, agitando sus brazos con desesperación. – "¡¿Qué no hay más locales en esta mugrosa ciudad?!"

– "¿Qué tal el Aizawa?" – Preguntó una voz femenina de repente. Todos volteamos en su dirección.

– "¡Cetania! ¡Yuuko!" – Exclamé al reconocer al par de mujeres acercarse.

– "¡Hola, flaquita!" – Me saludó la arpía. Miró a las demás. – "¡Hola, chicas! ¡Hola, señor Kurusu!" – Hizo una pausa, quitando su sonrisa. – "Dullahan…"

– "Arpía…" – Replicó Lala con un ligero bufido.

– "Oh, buenos días. Soy Yuuko Honda, gusto en conocerlos." – Se presentó la casera con una reverencia. – "Nos dirigimos a un comedor que Cetania desea visitar y nos gustaría que se nos unieran, si no es molestia."

– "Es un placer conocerte, Yuuko." – Dijo Kurusu, ofreciendo su mano. La chica regresó el gesto. – "Nos encantaría acompañarlas."

– "¿Y es bueno ese tal Aizawa, Patania?" – Cuestionó Papi.

– "Leí que ofrecen un excelente filete miñón. Además, se anuncian como amigable para las extraespecies, así que no suena tan mal." – Contestó la rapaz. – "Y es Cetania."

– "¡Vamos, entonces! ¡Me siento como prisionera de guerra!" – Manifestó Miia.

– "En tu caso, te haría bien bajar algunos kilos, serpiente." – Se burló Rachnera.

– "¡Argh! ¡Cállate, trasero gordo!" – Espetó la lamia siseando su lengua.

Luego de un poco de plática y las típicas disputas menores entre las inquilinas discutiendo el peso corporal, llegamos a nuestro destino. El inmueble lucía completamente normal, nada destacable, excepto una liminal polilla que ofrecía retratos caricaturescos a los transeúntes por unos cuantos yenes, pero ella no era parte del local. Entramos al modesto sitio y nos tranquilizó hallar suficiente espacio para todo el grupo. Una mujer de curioso pelo azul nos recibió.

– "¡Bienvenidos a Aizawa, amigos! ¿En qué puedo serv…?" – Ella se pausó. – "¿Yuuko?"

– "¿Mio?" – Se sorprendió la casera. – "¡Mio! ¡¿Eres tú?!"

– "¡Yuuko! ¡¿Dónde te habías metido?!"

– "¡Lo mismo pregunto! ¡Cuánto tiempo sin verte!"

Las ahora reveladas amigas se abrazaron.

– "Creí que te habías marchado a América, Yuuko."

– "Lo hice, pero regresé al año siguiente. Mi inglés no es tan bueno como creía. ¿Qué hay de ti? ¿Aún mantienes contacto con el viejo grupo?"

– "En ocasiones. La profesora y Nano siguen viajando por el mundo." – La expresión de la restaurantera se tornó algo seria. – "Y dime, ¿Hiciste las paces con…?"

– "Mai no me dirigirá la palabra nunca más…" – Respondió Honda bajando la mirada.

– "Oh. L-lo siento, Yuuko…"

– "Está bien, no te preocupes." – Esforzó por sonreír. – "Lo importante ahora es que volví a encontrarte. ¿Tienes mesas libres?"

– "¡Ah, claro! ¡Por favor, pónganse cómodos y enseguida enviaré a alguien a atenderles!"

La chica de pelo azul regresó a la parte trasera. Yuuko volteó a vernos.

– "Es una vieja compañera de escuela. No sabía que residía en Asaka. ¿Les parece si nos sentamos?"

Asentimos y nos acomodamos en nuestros lugares. Compartí una mesa con Lala y Cetania, quienes se hallaban frente a frente, y como era de esperarse, arrojándose miradas asesinas en silencio. Mientras no inicien una guerra de comida, todo estará bien. Las meseras nos atendieron y elegimos nuestros platillos, incluso la irlandesa, a pesar de que ya había desayunado. Luego de que todos ordenáramos, Yuuko y Mio se sentaron juntas, intercambiando sus anécdotas del pasado.

– "Es genial ver a mi casera tan feliz." – Dijo Cetania, observando a las compañeras. – "La pobre siempre se la pasa tan sola en la casa."

– "¿Admites que tu presencia es irrelevante para tu hospedadora, hija de Electra?" – Espetó Lala con tono casual.

– "¿Y qué has hecho estos días, arañita?" – Me preguntó, ignorando por completo a la dullahan. – "Aparte de cancelar nuestra cita en el gimnasio esta mañana."

– "Lo de siempre. Trabajar, caer en las trampas de cierta pingüina mañosa… ¡Claro! También encontramos un empleo a Lala."

– "¿Quién es Lala, de nuevo?" – La emplumada fingió ignorancia. – "Es la sirena rosa, ¿verdad?"

– "Necesitas mejorar tus risibles intentos de sarcasmo, descendiente de Taumas." – Masculló la irlandesa cruzada de brazos. – "Incluso el más bajo espíritu del Tártaro podría formular mejores vit-."

– "¡Oh! ¿Viste lo que sucedió en el Pachylene, flaca?" – Interrumpió la americana, ignorando de nuevo a la segadora. – "¡Quemaron todo!"

– "Sí. De hecho, veníamos justo de ahí cuando se ustedes toparon con nosotros." – Respondí. – "Lástima, deseaba probar ese tocino de vuelta."

– "Dicen que fue una wyvern, pero dudo que un reptil solitario lograra incendiar por completo el edificio."

– "¡Es ridículo! ¿Cierto?" – Expresé alzando mis brazos al aire. – "¿Por qué demonios un ectotermo optaría por un plan tan arriesgado que incluyera cantidades excesivas de calor?"

– "¿Cuál sería su veredicto, detective Jaëgersturm?" – Bromeó la rapaz.

– "Elemental, mi querida Cetania; Una operación de bandera falsa a cargo de separatistas anti-liminales." – Simulé encender una pipa imaginaria. – "Igual a los actos de Sender Gliwice, los días previos a la invasión de Polonia."

– "Concuerdo con sus deducciones, señorita cazadora." – Afirmó con la cabeza. – "Pero hablando en serio, también creo que es obra de esos miserables antropocentristas. ¿Consideras que esto empeore?"

– "Bueno, soy alemana, conozco muy bien lo que un humano puede hacerle a otro cuando el racismo llega a niveles extremos." – Hice mueca de disgusto. – "Imagina a una extraespecie."

– "Malditos bastardos…"

Quedamos en silencio. No era un tema agradable para discutir en ese momento.

– "Y entonces… ¿Finalmente conseguiste trabajo, azulita?" – Se dirigió la rapaz a la irlandesa. Esta simulo no haberla oído.

– "Lala…" – Le di un ligero codazo a la dullahan. Ella suspiró.

– "Así es, mortal. Dedicaré mis talentos a los platillos galos."

– "Ah, los condenados franchutes." – Expresó Cetania. – "¿En dónde? ¿Leclerc Soufflant? ¿DeGaulle Mon Amour? ¿La Belle Aurore?"

– "L'Gourmet Magnifique." – Afirmó la segadora con pose soberbia. – "Un santuario culinario para refinados paladares."

La arpía solo empezó a reírse a todo pulmón.

– "¿Y ahora que mosca te picó, pajarraca?" – Pregunté extrañada a mi amiga.

– "Es que… En serio…" – Intentó decir entre risas. – "Llamarle refinada a esa… a esa pocilga…"

– "Cesa tu farfulleo en este instante y explícate, peste alada." – Exigió molesta la irlandesa.

– "¿En verdad crees que estás trabajando en un restaurante con clase, pitufo?" – Cuestionó la castaña. – "L'Gourmet es tan francés como el maldito sushi."

– "¿De qué hablas, Cetania?" – Hablé. – "Estuve ahí, luce tan distinguido como el Louvre."

– "Aria, pregúntale a un francés nativo y te dirá que el sitio es un fraude. Usan todos los estereotipos existentes para simular la procedencia europea." – Reveló la americana. – "¿Sabes como lo conocemos en la oficina postal? Fried Harpy Royale. Tu lindo 'santuario' es el equivalente del peor cuchitril de comida rápida."

– "Mientes." – Refutó Lala, con mirada desconfiada. – "Solo intentas desacreditar mi logro."

– "No requiero de falsificar lo que todo el mundo ya sabe, niña azulada." – Le apuntó con su ala. – "Es más; Apuesto a que te atendió un tipo llamado François, Jacques o cualquiera de esos nombres trillados, vestido con un traje de tirantes, corbata de moño, bigote retorcido y una boina. ¿O me equivoco?"

La dullahan no contestó, solo volteó la mirada. Diablos, la arpía dio justo en el blanco.

– "Es como si yo me pusiera un zarape con sombrero y clamara ser mexicana." – Se reclinó la castaña en su asiento. – "Los únicos que asisten ahí son los pobres idiotas que desean sentirse de mundo. Por eso se dan el lujo de cobrar tan caro. Solo son una farsa que explota a gente estúpida."

El silencio reinó. Los demás estaban ocupados conversando entre ellos, sin percatarse de las declaraciones de Cetania. Lala tomó su cabeza y la escondió bajo la mesa, para ocultar su indignación y vergüenza. Yo me mantenía inmóvil, sin saber que decir. La arpía resultó tan filosa como sus garras.

– "Lamento si fui mordaz con mis comentarios, pero no puedo tener opiniones positivas de un lugar tan falso." – Manifestó la castaña. – "Especialmente donde sería menospreciada por ser parte del hoi polloi."

No hablamos. La mesera apareció y nos sirvió nuestras órdenes, pero no probamos bocado. Suerte no notó el cuerpo decapitado de la segadora.

– "Está bien, hermana de Iris." – Retomó la palabra la irlandesa, acomodando su cabeza. – "Yo me crecí en un ambiente humilde, oliendo a tierra y a estiércol de animales. Sé lo que es trabajar duro, de sol a sol. Y puedo asegurarte que, incluso en un ámbito tan desleal, mi esfuerzo no carecerá de honradez. Mi honestidad será mi honor."

Sonreí ante su resolución. Compartía su punto de vista. Es por eso que poseer empleo tan sencillo como atender una nevería no me incomoda. Gran Arachne, esta dullahan me enorgullece tanto.

– "Admiro tu empeño, azulita." – Admitió la rapaz con una ligera sonrisa. – "¿Un brindis por nosotros, los plebeyos… Lala?"

– "Acepto la propuesta… Cetania." – La segadora alzó su vaso. – "¡Sláinte!"

– "¡Cheers!" – Expresó la arpía.

– "¡Prost!" – Fe mi turno de brindar.

Chocamos nuestros vasos y procedimos a degustar los platillos. Y vaya que degustamos. La comida era genial, y como decía mi amiga voladora, el filete estaba divino. Estoy segura que Lala ya debe estar planeando incluir la técnica en sus propias recetas. Sin embargo, lo mejor de todo era que ambas 'rivales' decidieron dejar las hostilidades. Nada como la paz.

Luego de finalizar y de que Mio nos ofreciera un descuento por ser amigos de Yuuko, decidimos tomar el resto de día para disfrutar en 'familia'. Cetania se nos unió. Honda se excusó, prefiriendo quedarse un tiempo más para seguir conversando con su vieja compañera.

– "¿Y bien? ¿Qué propuestas tienen, chicas?" – Nos preguntó Kimihito.

– "¡Vamos a una cita solo nosotros dos, Cariño!" – Declaró Miia abrazando al muchacho.

– "Deja de ser egoísta por una vez en tu vida y sugiere algo útil, pelirroja del demonio." – Le recriminó Rachnera. – "Escuché que hay un festival de cine para adultos en el centro y…"

– "Solo una degenerada como tú ofrecería algo tan inmoral, araña obscena." – Bufó ruborizada Centorea.

– "¡Vamos a los videojuegos!" – Gritó Papi.

Nunca vamos a terminar…

– "Disculpen…" – Mero pidió ser escuchada. – "Si les parece aceptable, considero que un paseo por el parque de diversiones sería una excelente oportunidad para convivir en grupo."

Increíblemente, la princesa de las tragedias tuvo una buena idea. Dándole el visto bueno, para beneplácito de la sirena, nos encaminamos a donde ella propuso. Este día sí que ha estado lleno de sorpresas.

Llegamos a la feria, y sí que era enorme. Entre más nos acercábamos, aumentaba el ruido de los juegos mecánicos y el barullo del concurrido lugar. Papi y Suu estaban entusiasmadas por probar las atracciones. Corriendo, se nos adelantaron. Ojalá no causen problemas.

– "¡Hey, Aria! ¡Ven, vamos a la casa del horror!" – Aconsejó Cetania, jalando mi brazo. – "¡Veamos si me hacen poner un huevo del susto!"

– "Espera, Cetania…"

– "¡Mortal!" – Dijo Lala, tomándome del otro. – "¡Ahí hay una galería del tiro al blanco! ¡Demuestra tu destreza como soldado!"

– "¡No! ¡Vamos a la casa del terror!" – Le regañó la arpía.

– "¡Tiro al blanco!" – Respondió la dullahan.

– "Chicas… cálmense…" – Musité abrumada.

– "¡Terror!"

– "¡Tiro!"

– "¡Maldita pitufo!"

– "¡Peste alada!"

Y así de rápido acabó su pacto de no agresión. Volteé a ver a todos lados, Kimihito y las demás se habían esfumado, dejándome sola con estos volcanes vivientes a punto de explotar. La neutralidad no me servirá en esta guerra.

Arachne mía, ten piedad de mi alma.


NOTAS DEL AUTOR: Este capítulo se escribió casi por sí mismo. Un día te encuentras sin ideas para un título, y al siguiente te nace material para una enciclopedia universal completa. ¡Uf!

Y antes de que llamen hipócrita a Aria por quejarse del racismo mientras ella admite detestar a los franceses, les recuerdo que hay una enorme diferencia entre no gustar de algo y odiar sin razón.

Jaëgersturm ha tenido malas experiencias con los galos y por ello el poco aprecio que les tiene. Pero, al contrario de quienes vuelan restaurantes, Aria no clama por la muerte de un país entero o las cabezas de todo un grupo étnico. Y lo más importante, ella no comete actos terroristas en contra de personas inocentes.

Con eso aclarado, espero hayan disfrutado este capítulo. Los invito a dejar sus comentarios y reseñas, que siempre serán bienvenidas. Y un saludo al compañero Endelstadt, a quien referencié en esta entrega.

Y recuerden que si oyen fantasmas en la noche, mejor cuídense de las arañas calenturientas. ¡Auf Wiedersehen!

Obey the Great Mermaid… Because everything burns…