NOTAS DE MERO: ¡Saludos, futuros sirvientes! ¡Su deidad indiscutible, Meroune Lorelei Du R'lyeh los saluda!

Ya que Flake-san anda muy lento con el requerido drama para mi deleite personal, me di a la tarea de internarlo en uno de mis centros de reacondicionamiento. Eso significa que ahora yo tomo las riendas de esta historia. Lo sé, acepto con gusto mis merecidos halagos.

Los invito a relajarse y a disfrutar del siguiente episodio, co-escrito por su diosa aquí presente. ¡Y aquí vamos! ¡Meroune fhtagn!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. Acepta tu inferioridad ante a la Gran Sirena.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 20


Mi mundo está de cabeza.

Y no es metáfora, en verdad lo está. Por alguna razón, acabé subiéndome a la montaña rusa. Yo preferiría escalar el Everest, al menos moriría de frío y no por expulsar mis tripas debido al mareo. He visto mi vida pasar frente a mis ojos al menos siete veces, y ninguna de las visiones contienen un final feliz. ¡¿Cómo demonios terminé aquí?!

Pero, mejor regresemos hacia atrás. Todo empezó cuando mi madre andaba en celo y… ¡Esperen! ¡No tan atrás!

Ehem. Luego de que arribáramos al parque de diversiones, una disyuntiva entre Lala y Cetania se desató al tener ambas diferentes ideas de cómo pasar el tiempo conmigo. Yo pretendía que las tres disfrutáramos por igual, pero como todo conflicto humano, liminal y divino, los partidos beligerantes no cederían fácilmente.

– "¡Dije que vamos a la casa del terror!" – Declaró la rapaz.

– "¡El tiro al blanco es una opción más interesante!" – Contradijo la dullahan.

– "¡Pero no es un paseo completo sin visitar la casa embrujada!"

– "¡Mortal, soy una dullahan! ¡La mensajera de la Muerte! ¡La segadora del Abismo Eterno! ¿Qué puede ser más terrorífico que estar junto a mí?"

– "¡Ver tu horrible cara, para empezar! ¡No eres espeluznante, solo increíblemente fea!"

– "¡Lo dice una abominación alada con un cociente intelectual inferior a la primera criatura unicelular que alguna vez existió en este planeta!"

– "¡¿Me estás llamando idiota?!"

– "¡Prefiero llamarte Cetania, que es mucho más ofensivo!"

– "¡YA ESTUVO BUENO! ¡CÁLLENSE LAS DOS!" – Vociferé, separándolas.

Por suerte nuestra trifulca no llamó la atención entre el escándalo que abarrotaba el lugar. Inhalando profundamente, me interpuse entre las combatientes para aplicar la diplomacia y dar un veredicto civilizado.

– "Es obvio que ninguna está de acuerdo con la opinión de la otra, pero resolvamos esto como personas educadas y no como animales salvajes." – Intervine. – "Escuchemos la propuesta de cada una y yo decidiré cual es la más viable. ¿Verstanden?"

Ambas asintieron de mala gana. Temis, ilumíname.

– "Fräulein Cetania." – Me dirigí a la arpía. – "¿Por qué has decidido optar por visitar la llamada 'Casa del Terror', cuando nosotras tres somos básicamente monstruos?"

– "Porque no importa la especie, el miedo es inherente en todos los seres vivos." – Explicó cruzando sus alas. – "Considero que sería una experiencia interesante el probar lo imaginativas que se han vueltos tales atracciones en cuanto a impresionar, especialmente para un trío de liminales como nosotras."

– "Hmm. Sí, muy buen motivo, muy válido." – Asentí con la cabeza.

La castaña tenía un buen punto. Me di la vuelta hacia la irlandesa.

– "Ahora, Fräulein Lala. ¿Sería tan amable de justificar el porqué eligió 'Tiro al Blanco', considerando que su grupo cuenta con una soldado experimentada y una mujer sin dígitos adecuados para manejar un arma?"

– "Dejaré de cocinar para ti si me rechazas." – Respondió secamente la segadora.

– "Lala gana." – Declaré sin titubear.

– "¡Oye! ¡No se vale!" – Se quejó la americana. – "¡Eso es chantaje!"

– "Yo lo consideraría una persuasiva sugestión táctica, hija de Taumas." – Opinó la dullahan con una sonrisa de satisfacción. La arpía solo bufó molesta.

¿Qué puedo decir? El argumento de la chica Abismal fue muy convincente. Mi estómago también la apoya. Visitamos el lugar que la irlandesa sugirió. Al contrario del fraudulento local del tipo con bigote y su asistente conejo que nos tocó experimentar en esa ocasión pasada, este establecimiento lucía completamente decente.

El que la feria estuviera regularmente monitoreada por la ley y los policías rondando fueran vista común, debía ser parte de incentivo para mantener la honestidad. No digo que eso garantizara una legitimidad absoluta, pero al menos no abundarían los embusteros.

Además, aquí si contaban con peluches oficiales y no imitaciones chinas. La ballenita que le regalé a Lala ya parece ajolote de charco por lo despintada que terminó después de la primera lavada.

Solicitamos tres rifles. Si bien las extremidades de la emplumada no eran aptas para manejarlos, ella no se iba a dejar ganar por la segadora. Y cuando la pajarita se lo propone, no hay quien la detenga. En mi caso, esto sería juego de niños. Lala, mientras tanto, se familiarizaba con su arma. Un rifle es diferente a una guadaña, pero de igual manera ella se mostraba confidente en sus habilidades.

– "Fuck…" – Mascullaba la arpía, quejándose por su inefectividad para sostener el objeto. – "Instructora Aria, ¿me echa una mano, por favor?"

– "Ja, rekrut."

– "Por eso no quería venir aquí…"

– "Te defendiste bien de los zombies cuando probamos ese videojuego, ¿recuerdas?"

– "Era una pistola de plástico, araña. No es tan grande ni pesada como un rifle."

– "Cierto, pero opera bajo el mismo principio. Primero necesitas un dígito en el gatillo y tu brazo de apoyo…"

Tomé con mis manos sus alas y las moví a una mejor posición. Noté lo sumamente suaves y cálidas que las plumas de la chica resultaban ser. Y su shampoo ahora huele a vainilla. Continué guiando a mi pupila para que pudiera operar su instrumento. Con algo de dificultad logró sostener correctamente el arma. Me aseguré que la pose fuera la correcta para que no interfiriera con su puntería.

Fue entonces que me di cuenta que estaba acariciando las extremidades de mi amiga, recorriendo inconscientemente la longitud de sus brazos, palpándolos. Yo estaba prácticamente rodeándola desde atrás, aunque tenía que agacharme para estar propiamente a su altura. En uno de esos momentos, ella volteó y nos miramos por un instante. Admiré por unos segundos sus brillantes ojos cuasi-áureos, siempre vivaces y alerta. Esas suaves y femeninas facciones de su rostro, contrastando con lo salvaje de sus afilados dientes. ¿Acaso ella siempre tuvo unos labios tan… apetecibles?

Lala también debió advertirlo también, porque de repente sentí un empujón en mi costado.

– "Descendiente de Arachne. También solicito tutelaje en el manejo de las herramientas de batalla." – Pidió la dullahan.

– "¡Ah! ¡C-claro, azulita!"

Si bien las plumas de Cetania son suavecitas, la piel de la irlandesa es muy tersa y delicada. Es quizás por su origen sobrenatural, pero difícilmente veo a un no-Abismal replicar la singular sensación de recorrer tan única epidermis. Y lo que daría por poner mis manos en ese trasero tan pachoncito, pero ahora no es momento de fantasear.

La segadora no requería tanto trabajo como la castaña, pero igual me esmeré en posicionarla correctamente. Por supuesto, lo tomé como excusa para acariciar sus femeninos pero firmes brazos, jugar con sus bellos dedos y llenar mis pulmones con su inmortal aroma. Ella no se quejaba, a pesar del rubor en sus mejillas. Me sentía muy tentada a lamer su oreja, pero estábamos en público y por la forma en que Cetania nos apuntaba discretamente con su rifle, preferí abandonar tal idea.

– "¿Entendiste como debes apoyarte en tu hombro, Lala?" – Le pregunté, casi susurrando, mirándola fijamente.

– "P-por supuesto, Aria. G-gracias."

– "Bitte sehr, guapa." – Le guiñé.

– "Ehem…" – Carraspeó la americana. – "¿Podemos empezar?"

– "¡Oh, sí, por supuesto! Je…" – Repliqué. – "Bueno; Preparen, apunten… ¡Feuer frei!"

¡Pop! ¡Pop! Sonaban los balines al salir disparados. Quizás los rifles de aire no tengan el impacto de un arma real, pero igual son divertidos de usar. Mi puntería era básicamente impecable. Mis ocho extremidades me proveen un balance perfecto. Además, había sido entrenada y no tenía que lidiar con retrocesos, humo o fuertes ventiscas que dificultaran la tarea. Por supuesto, mi habilidad era lo estándar en Sparassus. Teníamos francotiradoras capaces de darle a una hormiga entre los ojos y dejar las antenitas intactas. Yo soy una mera principiante.

Cetania me sorprendió con su destreza para atinar a los pequeños blancos. Sus fuertes garras le daban gran apoyo para mantener una postura constante mientras cambiaba de objetivos. Mis sugerencias le ayudaban a no desequilibrarse y evitar que el peso del arma desviara su balance. Sonreí admirando el empeño de la chica. Ella me guiñó de vuelta.

Y ahora, aunque me cueste admitirlo, Lala no nació para la guerra. Aún poseyendo un cuerpo idéntico al Homo Sapiens, su técnica era ineficiente. Parece que no escuchó con atención mis observaciones y ahora pagaba el precio con una puntería deplorable. Con tres aciertos de diez intentos, la dullahan hubiera reprobado de inmediato el curso de tiro en cualquier academia militar. Y si tuviera a una sádica Heteropoda maxima de profesora, como la que me instruyó, hubiera conocido una tortura peor que una eternidad en el Helheim nórdico.

– "¡Su tino es impecable, señorita arachne!" – Me felicitó el dueño del establecimiento. – "Tiene diez puntos, ¿desea canjear su premio?"

– "¿Cuánto por ese cachalote de la izquierda?" – Le pregunté, apuntando al cetáceo de felpa.

– "Treinta puntos. Si desea doblarlos, puede probar con los conejos."

– "Adelante." – Le confirmé, determinada.

Asintiendo, el hombre me entregó otro rifle cargado y encendió los blancos móviles en forma de conejo. Se movían rápido y de manera errática en un patrón semi-circular, así que no sería sencillo. Bueno, hora de poner a prueba los dos años de constante entrenamiento.

– "Confío en tu victoria, descendiente de Arachne." – Me animó la irlandesa.

– "Apunta, dispara, gana." – Dijo la arpía.

Sonriéndoles, me concentré en mis objetivos. Una checada rápida a mi arma me confirmó que la mira era correcta y en regla, así que todo dependía de mi habilidad. Inhalando una bocanada de aire y conteniéndolo, me preparé para disparar. Artemisa, bella diosa, que tu mano guíe mis balines.

¡Plank! Resonaban los proyectiles impactando a los lagomorfos de metal. A esta distancia no lucirá como una proeza destacable, pero el movimiento irregular de los blancos lo hacía sorpresivamente una tarea poco sencilla. Afortunadamente, la deidad cazadora me brindó su gracia divina y logré derribar todos los objetivos.

– "Si que tiene suerte, señorita. Tenga, su merecida recompensa." – Me congratuló el dueño y entregó mi premio. – "La invito a darse otra vuelta la próxima vez que regrese."

– "Danke. Lo haré con gusto."

Despidiéndonos, mi grupo de compañeras nos dirigimos a la próxima exhibición. Yo cargaba mi lindo juguete en mi cabeza, cubierta por mi gorra.

– "He notado tu predilección por las ballenas, mortal." – Habló Lala. – "¿Gustas mucho de los mamíferos marinos?"

– "Siempre admiré a esos majestuosos animales cuando las divisaba en las costas de Weidmann." – Le respondí. – "Además, los cachalotes son mis superpredadores oceánicos preferidos."

– "Los cazadores somos los mejores, ¿cierto, arañita?" – Mencionó Cetania.

– "Concuerdo contigo, pajarita." – Dije acariciando el animal de peluche. – "Nada como estar al tope de la cadena alimenticia."

– "Los Abismales tampoco contamos con enemigos naturales. Podría decirse que también ocupamos el zenit de la pirámide jerárquica."

– "Bueno, yo conozco a alguien a quien le gustaría hincarte el diente, azulita." – Le provoqué, mordiendo mi labio inferior. La irlandesa se ruborizó y se ocultó tras su bufanda.

– "Tch, tch. No digas esas cosas, Aria." – Bromeó la castaña, colocando su ala alrededor de mi cadera. – "Podrían encerrarte por comentarios lascivos en público. Además, si hablamos de predadores, te recuerdo que los halcones tienen ventaja sobre las criaturas terrestres. Como tú."

– "¿Es eso un reto, falconiforme?" – Le cuestioné.

– "Claro que no, mi rica botana." – Sacó su lengua. – "Por más que lo intentes, nunca podrías dominarme."

Sin previo aviso, la voladora dio un salto y se sentó en mi segundo tórax, donde mis piernas se concentran. El peso repentino me hizo caer al suelo de inmediato.

– "¡Ay! ¡¿Cetania, qué estás haciendo?!" – Vociferé. – "¡Bájate de ahí!"

– "Te advertí sobre mi superioridad, flaquita. ¿Te rindes?"

Lala trató de apartarla, pero sin su guadaña para defenderse, las poderosas piernas de la americana la empujaron hasta hacerla caer.

– "Soy la reina del castillo, Aria." – Se jactó la arpía. – "¿Lista parar servirme?"

– "No debería subestimar a esta plebeya, su alteza." - Le advertí. – "Podría rebelarse y recordarle que…"

Con audacia, deslicé mi abdomen debajo de la castaña y me liberé de esta. Mientras la arpía intentaba recuperar la compostura, me cerní sobre ella y aprisioné su cuerpo asentando el mío. Inmovilicé sus alas con mis manos, dejándola indefensa.

– "A una Jaëgersturm…" – Me acerqué lentamente a su rostro. – "…Le gusta estar arriba."

– "O, jo, jo..." – Lamió sus labios. – "…Me encanta cuando eres salvaje."

– "¿Quieres que te domine, niña malcriada?" – Pasé un dedo suavemente por su cara. – "¿Qué te castigue por tus travesuras?"

– "Inténtalo…" – Susurró sonriendo.

Salí del trance cuando sentí un fuerte jalón de orejas.

– "Te recuerdo, Jaëgersturm…" – Masculló Lala, con gutural voz. – "Que estás en un lugar concurrido…"

– "¡Ow! ¡Ow! ¡Y-ya entendí! ¡Ya entendí s-segadorAUCH!"

¡Por Ares! ¡Qué fuerza saca cuando se enoja! Y aún no sé qué rayos me sucedió con Cetania. De repente sentí el impulso de subyugarla, domarla bajo mi voluntad. Ya sé que es parte de mi naturaleza, pero al contrario de cuando me pasa con Lala, esta vez lo sentí… ¿recíproco? No vi a la arpía protestar…

– "Deberías tranquilizarte, cabeza floja." – Dijo la castaña a Lala, sacudiéndose la ropa. – "No pensaba hacerle algo a tu novia."

– "No sé de qué hablas." – Negó la dullahan. – "Aria y yo solo somos amigas."

Técnicamente eso es correcto, pero yo tenía planeado que…

– "¿Oh? ¿De verdad?" – Cuestionó la chica halcón. Ella me tomó del brazo. – "Entonces no te importará que me la quede, ¿cierto?"

– "Erm… ¿Cetania?" – Intenté llamar su atención. – "No es momento para br-"

– "Suéltala. Ahora." – Exhortó la irlandesa a la americana. – "No lo repetiré, hija de Electra."

– "¿Por qué?" – La arpía me agarró con mayor énfasis. – "¿Celosa?"

– "Eres una mala influencia para ella, ave antropomorfa."

– "Yo opino que mejo-" – Traté de hablar.

– "¿Mala influencia? ¿En serio?" – Indagó la castaña, soltándome y apuntando a Lala. – "¿Desde cuándo una loca delirante que blande una guadaña y clama ser la enviada de la Oscuridad puede hablar de mala influencia? ¿Acaso la supuesta Mensajera de la Muerte misma no sería un peor ejemplo en comparación?"

– "Mi origen no tiene nada que ver con mi rectitud moral, peste alada."

– "Amenazas con reclamar las almas de las personas, ¿Qué moral puede poseer alguien así?"

– "Es el ciclo natural de la vida."

– "¿Qué hay de natural en una demente que se decapita y no muere?"

– "¡¿PODRÍAN CALMARSE DE UNA BUENA VEZ?!" – Vociferé, interponiéndome entre ellas.

Las dos retrocedieron. Ya me estaba cansando de esto, era ridículo.

– "¡Por el amor de Afrodita! ¡Parecen niñas peleando por la misma muñeca!" – Exclamé. – "¡Vinimos a pasar un buen rato, no a discutir como chimpancés rabiosos!"

– "¡Ella empezó!" – Proclamaron ambas, apuntándose entre sí.

– "¡Las dos tienen la culpa!"

La arpía y la dullahan miraron al suelo. Serenando mi agitada respiración, puse mis manos en la cadera y volví a hablar.

– "Vamos, dense la mano." – Ordené con severidad. – "Ahora."

– "No quiero." – Murmuró la irlandesa, inflando las mejillas.

– "Lala…" – Le llamé la atención.

– "De acuerdo…" – Aceptó de mala gana y ofreció la suya.

– "Cetania, tu igual." – Me dirigí a la emplumada.

– "Yo ni siquiera tengo…" – Respondió con la boca torcida.

– "Solo hazlo, mujer." – Sacudí la cabeza.

– "Bien…"

Las combatientes firmaron la paz con un débil pero visible apretón de manos. O ala, en el caso de la arpía. Suspiré. Me sentía como una madre regañando a sus hijas. Considerando la infantil actitud de ambas, la comparación era muy acertada. Continuamos caminando en busca de la siguiente atracción. Los ímpetus de las dos revoltosas se habían tranquilizado.

– "Que bueno que no tienes hijos, flaquita." – Comentó Cetania. – "Serías una mamá muy gruñona."

– "Si fueran unos mocosos tan malcriados como tú, tenlo por seguro." – Le respondí. – "Y solo por eso, perdiste la oportunidad de tener a la ballenita."

– "¡Oye! ¡No se vale!" – Se quejó la americana.

– "La inquieta mordacidad de los jactanciosos siempre termina siendo su ruina." – Se mofó la segadora, entonces me sonrió, extendiendo sus brazos. – "Agradezco tu regalo, descendiente de Arachne."

– "Tú tampoco." – Alejé el peluche de su alcance.

– "¿Eh? ¡¿Por qué?!"

– "Por burlona." – Le aseveré. – "Y espero hayan aprendido su lección, bobas; En la guerra no hay ganadores."

– "¿Entonces vas a quedarte con el muñeco?" – Preguntó molesta la arpía.

– "Claro que no, pajarraca."

Busqué a nadie en específico entre los transeúntes. Distinguí a una familiar fémina con corto cabello negro y una larga cola de reptil.

– "¡Hola Mei!" – Saludé a la policía. – "¿Qué haces aquí?"

– "Hola Aria." – Sonrió al verme. – "Me relevaron y estoy en mi patrulla de rutina. Y por cierto, les comuniqué tus teorías a mis superiores y quedaron muy convencidos con tu deducción."

– "Gracias, aunque creo que cualquier departamento de investigación serio les dará una mejor respuesta."

– "En todo caso, ¿en qué puedo ayudarte, amiga?"

– "Oh, nada, solo quería obsequiarte esto." – Le entregué el juguete. – "Se llama Cachito. Le gusta el calamar."

– "¿Eh? ¿P-pero por qué me lo regalas?"

– "Ya tengo demasiados depredadores en casa. ¡Viel Vergnügen!" – Me despedí.

Antes que pudiera contestar, me alejé y seguí mi recorrido, con un par de maleducadas siguiéndome.

– "¿Acaso pretendes cortejar a esa sauria bípeda, mortal?" – Cuestionó Lala, enojada.

– "¿Celosa?" – Le repliqué. Esta no contestó e infló sus mejillas. – "En fin. Vamos a la casa de los horrores."

– "¿Ahora si me escuchas, araña?" – Espetó Cetania.

– "Lo hubiera hecho antes si presentaran sus propuestas de manera civilizada y no querer forzarme a aceptarlas. No escapé de una dictadura para caer en otra." – Le respondí.

– "¿Ves? Por esa actitud les ganamos en la guerra. ¡Dos veces!" – Declaró la estadounidense.

– "Esos fueron los franceses y después los rusos, pajarita. Además, el conflicto de ustedes los americanos era con Japón. Y ahora vives aquí, así que no hables."

– "Bah. Ojalá les pongan otro muro, teutones fastidiosos." – Torció su boca. – "Y te odio."

– "Puedes irte cuando desees. Es un país libre."

– "¿Y dejarte a solas con la pitufo granjera?" – Señaló a la dullahan. – "Ni pensarlo, rubia."

– "En verdad que eres una persona irritante, peste alada." – Le replicó la irlandesa sacudiendo su cabeza.

– "¿Podrían dejar eso de una vez?" – Les regañé. – "Ya llegamos."

El establecimiento lucía más o menos terrorífico, con la fachada que simulaba un derruido castillo gótico, lo típico. Ignoro qué demonios podría sorprendernos, pero había que complacer a Cetania también.

– "¿Sabes, Aria?" – Habló la arpía rascando su cuello. – "Ahora que lo veo de cerca, no me parece tan aterrador. Me doy más miedo en las mañanas."

– "Te advertí que era una idea absurda, vástago de Taumas." – Aludió Lala, cruzada de brazos. – "Somos monstruos después de todo."

– "Sí, sí, la reina de la lógica, blah blah." – Masculló la castaña. – "Como sea, busquemos otra cosa que hacer."

– "¿Alguna recomendación?" – Les pregunté.

– "¿Las tacitas giratorias?" – Dijo Cetania.

– "Nah, no quiero tener nauseas. Y somos muy viejas para eso."

– "Propongo el juego de hacer sonar la campana con un mazo. Lo tenemos ahí adelante." – Sugirió la irlandesa.

– "No está mal, Lala." – Opiné. – "Pero la pajarita no podría sostenerlo con facilidad."

– "Exacto, así no nos molestará." – Aseveró la segadora.

– "Eso crees, bacteria azulada." – Le desafió la rapaz. – "¡Vamos, Aria! ¡Enviaré esa campana hasta la luna!"

Aceptando el reto, la chica halcón le exigió un martillo a la encargada del juego. Con algo de dificultad pero también destreza, la falconiforme tomó la herramienta en sus dígitos y alzándola hasta la máxima altura que sus extremidades le proveían, dejó caer el instrumento para elevar la pesa y hacer sonar la campanita en la parte superior.

Desgraciadamente y a pesar de su esfuerzo, la gravedad frenó al objeto metálico a mitad del camino. Con un audible gruñido, el ave de presa volvió a tomar posición y arremetió contra el blanco con toda la fuerza que sus alas le permitieron. En esta ocasión, la pesa estuvo más cerca del objetivo, pero tampoco lo alcanzó.

– "Son of a bitch…" – Masculló de nuevo la frustrada arpía. – "Trata tú, flaca. Esta cosa debe estar arreglada."

– "No hables así, halconcita. Solo necesitas mejorar tu técnica." – Le dije tomando el mazo. – "Ahora observa y llora."

Tallé mis manos para secarlas y crear la fricción necesaria para el agarre. Sé que venero al panteón griego, pero en ese entonces me encomendé a Thor para que transformara mi mazo en el mítico Mjolnir. Con un grito de batalla, azoté el martillo enérgicamente. ¡Yo soy la verdadera diosa del trueno!

Y entonces fallé. ¡Ese Thor era marca pirata!

Incluso con todo mi empeño, el contrapeso apenas llegó al mismo nivel que el de Cetania. Negándome a dejarme vencer por un miserable trozo de metal, volví a golpear el blanco, con más fuerza que antes. Dudo que dos centímetros más arriba que el intento anterior hicieran diferencia alguna.

– "¿Decías, cazadora?" – Se mofó la castaña.

– "Esta cosa está arreglada." – Bufé derrotada.

Sin decir palabra alguna, Lala se hizo con una maza también. Lo tomó con ambas manos y apretó con firmeza. Lentamente lo alzó, pasándolo arriba de su cabeza, pero no se detuvo ahí. Continuó hasta arquear su espalda en un ángulo capaz de quebrar la columna vertebral a cualquiera que intentara imitarla. De repente, como un resorte liberado, la irlandesa hizo un movimiento veloz e impactó el blanco.

¡Ding! Anunció el timbre de cobre, señalando el triunfo de la habilidosa segadora. Satisfecha, colocó el mazo en su hombro como si de un poderoso martillo de guerra de tratara e hizo una pose similar a la de un heroico guerrero de la legendaria Cimmeria. Incluso unos cuantos aprovecharon para tomarle una foto a la victoriosa dullahan, haciéndola ruborizar ligeramente, pero sin hacerle perder la postura.

El juego no ofrecía premios, pero derrotarnos le sería suficiente recompensa a la segadora. Con una mueca triunfante, ella nos pasó de largo a Cetania y a mí. Humilladas, nos resignamos a seguirla con nuestros hombros caídos.

– "Tramposa." – Murmuró la rapaz.

– "Me halaga el recelo que me guardas, familiar de Iris." – Replicó la irlandesa sin voltear a verla. – "Pero te aseguro que mi victoria es gracias a un cálculo preciso de las leyes físicas básicas. Podrías haberlo logrado si comprendieras los conceptos de energía potencial y cinética."

– "Eres insoportable…"

– "El sentimiento es mutuo."

– "¡Bueno, me alegra que coincidamos en algo, para variar!"

– "Aquello no ameniza lo ridículo de tus infantiles rabietas ante la derrota, peste alada."

Mi paciencia tiene un límite.

– "¡Por las trenzas de Atenea! ¡¿Podrían pasar cinco minutos sin querer degollarse?!" – Les grité. – "¡Estoy harta de sus constantes litigios! ¡HARTA!"

– "Agradece a esta arpía, mujer artrópoda." – Respondió Lala. – "Solo una mente inmadura no es capaz de abdicar a su inexistente orgullo."

– "Me niego a continuar a lado de una delirante tan soberbia como ella." – Bufó Cetania, dándole la espalda.

– "¡O encontramos una solución a esto, o juro que no vuelvo a hablarles en la vida!" – Les amenacé. – "¡Y no me mires así, segadora! ¡Tu comida será grandiosa, pero no es imprescindible!"

Después de un par de segundos de sorpresa y silencio por parte de ambas, la rapaz tomó la palabra.

– "Tengo una idea. Si la dullahan pierde el siguiente juego, se retirará a casa."

– "Aceptaré cualquier desafío que me impongas, avechucha, con tal de deshacerme de tu vituperable presencia." – Manifestó la irlandesa.

– "No soy un premio por el cual competir, pajarraca." – Le recordé. – "Y creo que elijas algo de manera imparcial, Lala."

– "Es por eso que tú serás quien decida el reto, Aria." – Afirmó la americana. – "Confío en tu juicio."

– "¡Heredera de los Jaëgersturm, estoy de acuerdo con los términos que la hija de Electra ofrezca!" – Declaró la segadora. – "¡Emula al mítico Teseo y ofrece un veredicto justo!"

Suspire. Y así es como me convertí en árbitro de esta absurda trifulca. Otra vez. Entonces tomé una decisión; Si guerra quieren, guerra les daré.

– "De acuerdo. Síganme entonces, soldados." – Les indiqué colocando mis manos detrás de mi espalda. – "Pero les advierto que no habrá tregua en esta batalla."

Primera parada, un puesto de takoyaki. Mis 'reclutas' se miraron extrañadas.

– "¿Esta es la prueba?" – Cuestionó la arpía. – "¿Ver quien obtiene una infección estomacal o algo así?"

– "Solo coman." – Contesté secamente. – "Necesitarán energía."

– "Me intriga que planeas, arachne, pero me acataré a tus deseos." – Aceptó la irlandesa. – "¿No pedirás una orden también?"

– "No tengo apetito, gracias."

Las chicas solicitaron un plato y degustaron las bolitas de pan, jengibre y pulpo. Ya acabado y con sus estómagos llenos de marisco y harina, proseguimos a la segunda fase de mi plan. Una vez llegado al lugar, ambas tragaron saliva audiblemente. Yo sonreí con maldad.

– "Bromeas, Aria." – Expresó preocupada la castaña. – "Dime que bromeas."

– "Nyet." – Respondí.

– "¿En verdad quieres hacerlo?"

– "Da."

– "¿Puedo arrepentirme?"

– "Nyet."

– "¿Por qué estás hablando ruso?"

– "Porque soy el general Zhúkov, ustedes son el Frente Bielorruso y esta será su batalla en las colinas de Seelow, camaradas."

– "Sabía que eras cruel, invertebrada, pero no tanto." – Comentó Lala. – "Debí prever que esto pasaría."

La montaña rusa. La despiadada dama de hierro que arremete sin piedad contra el valor y los estómagos por igual. Reí internamente ante mi malévola maquinación. Puedo ser sádica de vez en cuando.

– "Pero no subiré hasta que tú también nos acompañes." – Informó Cetania. – "¿No lo crees también, azulosa?"

– "Me parece aceptable que la general también se halle presente para dirigir a sus tropas en el campo." – Concordó la dullahan.

– "Un momento, chicas, yo no soy la…" – Intenté excusarme.

– "Nada de eso, camarada patona. ¡Vienes con nosotras te guste o no!" – Declaró la arpía, arrastrándome del brazo, siendo apoyada por Lala.

Debí planificar mejor mi vengativo plan. Sin darme cuenta, acabé en un asiento con espacio suficiente para alojar mi masivo tamaño. Una metálica barra de seguridad se cernió sobre mí y me sujetó firmemente, haciendo alusión a que la presa ahora era yo. Antes que pudiera protestar, el operador dio marcha al aparato y el motor del cable principal arrastró los carros.

Fue una lenta y desesperante ascensión. El corazón se me saldría del pecho en cualquier momento, enviando sangre a velocidades supersónicas por todo mi sistema circulatorio. Había un ligero aire helado pero yo sudaba a mares. Por unos efímeros segundos, me imaginé en un tren recorriendo un nevado camino con destino a Polonia. Sacudí mi cabeza, no era momento para remembrar aquellos campos de muerte.

¡Serénate, Jaëgersturm! ¡Eres una Sparassediana, hija de la nación primordial de las cazadoras de élite! ¡Tus antepasados sobrevivieron incontables batallas! ¡Tu abuelo derribó a los aliados en la Luftwaffe!

¡Eso es! La sangre del viejo Wolfgang Sturm corre también por mis venas. Si él pudo combatir contra los Spitfires británicos, los Yaks rusos y los Mustang americanos, yo puedo con esta montaña de hojalata.

El primer carro alcanzó el cenit de la estructura metálica. Yo me encontraba en la parte trasera, con Lala y Cetania delante mío, pero aún así me tensé al saber que la pesadilla daría comienzo. Gran Arachne, no me abandones ni de noche, ni de dí-¡AAHH!

¡Por los dioses! ¡Que alguien detenga este bólido infernal! ¡¿Acaso Smith conduce esta cosa?! ¡¿Quién podría disfrutar tan sádica atracción?!

Mi respuesta la dio la arpía, gritando jubilosamente al tope de sus pulmones cada vez que el recorrido nos obligaba a dar una vuelta forzada o a desafiar la gravedad en un monstruoso giro de 360 grados. No era miedo, sino alegría. Ella lo estaba disfrutando. ¡Esa loca emplumada lo estaba disfrutando! ¡¿Son los americanos unos dementes o acaso ya perdió la cordura?!

Por su parte, la dullahan se mantuvo estoica, inamovible, sin pronunciar palabra alguna. Entrecerraba los ojos debido a la velocidad y sostenía firmemente el seguro que la anclaba a su asiento, pero aparte de eso, no mostraba signos de incomodidad. Me engañaron; Ambas me engañaron. Me hicieron creer que estaban indefensas solo para revelar su siniestra e irónica confabulación. ¡Y caí redondita!

Yo agarraba con tanta fuerza la barra de seguridad que me sorprende que no la haya deformado con la presión. Mis pulmones estaban siendo usados a tope entre mi agitada respiración y mis sonoros gritos de terror. No había un solo segundo de descanso. Cada vez que los carros ascendían una nueva pendiente, me daba unos fugaces momentos para arrepentirme de los errores del pasado. Entonces proseguía un acelerado y vertiginoso descenso a las fauces del mismísimo Tártaro. Lo peor, seguramente necesitaré una muda de ropa interior, si es que salgo viva de aquí.

Luego de los minutos más largos de mi vida, dando más giros que un trompo, el condenado tren de dolor desaceleró lentamente hasta detenerse por completo. El seguro se alzó, liberándome. Me reconcilié con la fuerza de gravedad y con suma, suma dificultad, me retiré de tan crueles carriles. Oh, hermosa tierra, nunca vuelvas a abandonarme.

Después de un par de torpes pasos, tratando de coordinar mis confundidas extremidades, la fuerza centrífuga que mi estómago había experimentado me obligó a correr a los matorrales más cercanos para ofrecerle mi desayuno al humus terrestre en forma de vómito. Con un par de arcadas, expulsé mi comida, sintiendo el amargo sabor de la hiel y el alimento a medio digerir. Perderé el apetito por el resto del día.

Limpié mi boca y me reuní con el par de amotinadoras. Cetania estaba tan tranquila como un monje budista en meditación, mientras la segadora continuaba con su inhumano estoicismo. Al final del día, la cazadora se convirtió en presa de su propia trampa.

– "¿Cómo…? ¿Cómo lo hicieron?" – Les cuestioné.

– "Aria, soy una arpía rapaz." – Reafirmó la castaña, mostrando sus alas. – "Soporto descensos en picada tan intensos como estos cuando cazo. ¿En verdad esperabas castigarme con este juego de niños?"

– "Admito que subestimé tu resistencia, halcón." – Confesé tratando de ahogar una tercera arcada. – "¿Qué hay de ti, Lala?"

La aludida no hizo comentario alguno. O movimiento. Parecía una estatua de lo rígida que se erguía en sus dos piernas. Su mirada perdida en el infinito horizonte confirmaba que la irlandesa no se hallaba en este plano existencial. Sacudí a la dullahan, sin obtener respuesta. ¡Gran Hera! ¡Creo que la mensajera de la Muerte ya se murió!

Repentinamente, la segadora volvió a la vida y se dirigió hacia un arbusto en su periferia. Los sonidos de la chica devolviendo el estómago fueron toda explicación que necesitábamos. No quiero pensar que quizás algo de todo eso se filtró por su cuello. No es fácil ser una dullahan.

Esta escupió un par de veces para deshacerse de la horrible sensación en su boca y regresó con nosotros. Intenté hablarle, pero entonces ella me tomó del cuello de mi camisa con un solo brazo y me acercó hasta estar a centímetros de su rostro. Observar ese iris dorado mirando fijamente mis rojos globos oculares sería hermoso si no fuera por la iracunda expresión en la cara de Lala.

– "La suerte está echada, descendiente de Arachne." – Gruñó con su Abismal voz. – "Ahora regocíjate en tu merecido asueto junto a esa arpía. Espero haya valido la pena. Regreso a casa."

Soltándome, la irlandesa emprendió camino hasta perderse entre el conglomerado de gente. Quise ir tras de ella, pero entonces un par de suaves extremidades emplumadas rodearon mi brazo.

– "Está bien, Aria." – Dijo la americana. – "No necesitamos a una mala perdedora."

– "Alea jacta est…" – Suspiré. – "Me prohibirá la palabra por un buen tiempo."

– "Ya se le pasará."

– "No lo sé, amiga." – Negué ligeramente con la cabeza. – "Con tantos corajes que le hago sufrir, no me sorprendería que haya cruzado el límite."

– "Si no puede soportarte en las malas, entonces no es la indicada para ti."

– "¿Es eso el amor? ¿Sufrimiento?"

– "La vida ya lo es. Pero cuando amas a alguien, el dolor no importa, porque tienes a alguien para apoyarte en tus momentos más vulnerables."

– "Me gustaría creerlo, Cetania."

– "Lo harás cuando encuentres a esa persona especial." – Volteó mi rostro en su dirección. – "Tenlo por seguro."

Le sonreí débilmente, ella también. La pajarita sonaba demasiado optimista para mi pesimista interior, pero era reconfortante escucharla decir tales cosas. Me alegro de poseer una compañera como ella.

– "Vayamos por unas golosinas. He consumido demasiada sal este día." – Sugirió la castaña.

– "Cetania, por ahora no quiero saber nada de comida."

– "Bueno, tampoco dije que fuera a invitarte, ¿o sí?"

– "Muy graciosa, pajarraca." – Le propiné un golpecito en el hombro. – "Solo por eso, tú los pagas."

Revisamos uno de los tantos puestos disponibles, hasta que la voladora se decantó por unos dulces amanatto y algunos caramelos variados. Ella me ofreció una menta bicolor y una botella de agua.

– "No querrás tener aliento a vómito, cazadora." – Dijo la arpía entregándomelos.

– "Ugh, ni me lo recuerdes. Y danke."

– "De nanke."

Tomé un sorbo de agua y lo escupí para lavar mi boca. Puse la mentita en mi lengua y disfruté la fresca sensación. Nos sentamos un momento, observando a los transeúntes ir y venir. En todo este tiempo, no he vuelto a ver a Kimihito y las demás, aunque seguramente las chicas deben estarle dando poca tregua al pobre muchacho. Al menos tampoco tengo que sufrir con Rachnera provocándome.

Dándonos el momento para admirar el paisaje, me puse a pensar en cómo los liminales se habían integrado a la sociedad en poco menos de unos cuantos años. Antes, parecería una imposibilidad pensar en tantas especies conviviendo en armonía y ahora podía ver a una pequeña fénix y una niña disfrutando un algodón de azúcar, riendo como grandes amigas. Era impresionante alcanzar ese nivel de coexistencia en un país tan étnicamente homogéneo como Japón. O quizás Asaka es la ciudad ilustre de la tolerancia.

Miré a un singular grupo de chicas, recorriendo la feria independientemente. Nadie parecía inmutarse ante la extravagante vista del quinteto compuesto de una wyvern, una rara chica con cambiante color de cabello y… Hey, yo reconozco a esa saltarina y a esa lamia. Son las mismas que visitaron la nevería el otro día. Ahora parecen estar acompañadas de una arachne grande.

– "¿Habías visto antes una tarántula tan fea?" – Le comenté a la americana, refiriéndome a la inusual arachne peluda que sobresalía.

– "¿Por qué lo dices?"

– "Luce tan andrógina que podría ser un hombre." – Me reí. – "Y luego dicen que yo parezco machorra."

Creo que me escucharon, porque el grupo entero volteó en nuestra dirección. Fingí demencia y silbé nerviosa sin darles la cara. Un día de estos, mi bocota me va a meter en serios problemas.

– "Eso es precisamente lo que están pensando, araña boba." – Contestó Cetania, riendo ligeramente. – "Y no quiero decirte lo que esa wyvern deseaba hacer con tu frágil personita."

– "¿Cómo puedes saberlo?"

– "Oído excelente." – Me guiñó. – "Soy una gran depredadora, ¿recuerdas?"

– "¿Hay algo que no tengas a tu disposición, ave maravilla?"

– "Un billón de dólares, cuenta bancaria en Suiza y una enorme mansión con cientos de atractivas mujeres desnudas."

– "Ah, te entiendo. Cuando lo logres, me invitas."

– "Cuando quieras, flaquita. Pero las germanas son mías." – Lamió sus labios. – "Me encanta la carne alemana."

– "Oh, tú, pervertida." – Le di un ligero golpe con un pedipalpo. – "En fin, ¿algo más que quieras hacer ahora?"

– "Hmm… ¡Hey! ¿Qué tal una caricatura nuestra?"

– "¿Eh?"

La rapaz me tomó de la mano y me acarreó hasta encontrarnos con esa chica polilla dibujante que vimos en el restaurante. Aunque esta vez usaba una graciosa camiseta con la mascota del Burger Fox.

– "¡Hi there!" – Saludó la pajarita. – "¿No estabas en la entrada del Aizawa hace unas horas?"

– "Hola." – Respondió. – "Uhm, no. Debieron confundirme con mi hermana gemela, Chu. Soy Cho; Las dos dibujamos."

– "Ya veo. ¿Y cuanto cobras por un retrato?"

– "Trescientos yenes, señorita. Solo tomaría unos minutos."

– "¿Qué dices, flaquita?" – Me preguntó. – "¿Lista para ser inmortalizada en papel y tinta?"

– "Uso un lápiz." – Contestó la polilla. La rapaz torció la boca.

– "Sí, eso… ¿Aceptas, rubia?"

– "Eh, no veo porque negarme." – Acepté. – "Aunque dudo que logren capturar mi exorbitante belleza."

– "He retratado a gente más fea antes." – Escarneció la mujer insecto.

– "¡Oye!" – Le reprendí.

Ignorando la risotada de la castaña y el sarcasmo de Cho, me acomodé frente al lado de mi compañera, frente a la artista callejera

– "¿Podrían juntarse un poco más? Y por favor, no se muevan." – Recomendó la lepidóptera.

– "Quiero salir más sexy que una supermodelo." – Mencionó la falconiforme.

– "Soy dibujante, no cirujana plástica." – Masculló la polilla.

Cetania me rodeó con sus alas, pegándome completamente a ella. Casi rozamos las mejillas. Sé que las arpías pueden ser cariñosas, aunque no lo esperaba de un ave de presa como ella. Cho siguió dibujando, moviendo sus peluditas antenas de vez en cuando. Quien imaginaría que tan tierna apariencia escondía una sardónica criatura.

– "Si me permiten hacer una pregunta personal." – Habló la polilla sin detener su trabajo. – "Ustedes son pareja, ¿verdad?"

– "¡¿Eh?!" – Reaccioné de inmediato. – "¡¿Por qué dices eso?!"

– "Oh, lo siento. Nosotras detectamos con claridad las feromonas, y ustedes irradian muchas. En especial la señorita halcón."

– "Ju, ju. Nos descubriste, mariposita nocturna." – Bromeó la mencionada, abrazándome todavía más. – "¿Verdad que mi novia es la más guapa? Si yo fuera una doppelgänger, la imitaría de la envidia."

– "Claro, lo que diga, señorita. Sin moverse, ya casi termino."

– "¿Por qué le dices esas mentirotas, pajarraca?" – Le susurré a la emplumada.

– "¿Qué importa? No es que ella vaya a hacer tales declaraciones públicas." – Replicó la rapaz.

– "No le andes dando la impresión equivocada a extraños, perico chismoso."

– "Te preocupas demasiado, flaca."

Unos cuantos movimientos manuales más de la artista y prontamente declaró que el retrato estaba completado. Bien, ahora a observar la manera en que han plasmado mi elegante porte teutón.

– "Parezco un personaje de anime." – Opiné sosteniendo el dibujo frente a mí.

– "Así es. Me especializo en arte manga." – Informó Cho. – "Mi hermana practica estilo occidental."

– "¿Acaso te disgusta, Aria?" – Preguntó la americana.

– "¡Al contrario! ¡Es perfecto!" – Declaré sonriente. – "Leía manga de joven. Siempre quise saber cómo me vería si estuviera en uno de ellos."

– "Me alegro que le guste, señorita." – Sonrió la polilla, extendiendo la mano. – "Seiscientos yenes."

– "¡Dijiste que eran trescientos!" – Vociferó Cetania.

– "Son dos personas. Cuesta el doble. No querrá dejar mal a su chica, ¿o sí?"

– "Hija de…" – Refunfuñó la voladora.

– "Tranquila, pajarraca. Yo pago la mitad." – Le calmé. – "Igualdad en la relación."

– "Ah, claro. Gracias, flaquita."

Con retrato en mano, nos retiramos de ahí. Encontramos a Kurusu y compañía, preguntando él si deseábamos regresar con ellos y por el paradero de Lala. Le informamos que la dullahan ya estaba camino a casa y que nosotras nos quedaríamos un tiempo más. Habiéndonos despedido, Cetania y yo recorrimos un tiempo más el parque. Ya habiendo tenido suficiente de juegos mecánicos y golosinas, fuimos hasta llegar a un pequeño claro, con el río Arakawa enfrente nuestro. Yo seguía admirando mi dibujo.

– "¿No crees que salí algo tetona?" – Cuestioné, notando mi prominente busto en la ilustración.

– "Tienes pechos grandes, flaca. Son copa G, me parecen."

– "Copa H." – Aclaré. – "¿En verdad son tan enormes?"

– "Bueno, no es una representación realista, pero sí, tus gemelas crecieron muy sanas."

– "Tampoco son gran cosa. Una tarántula fácilmente me haría ver como una tabla de surf."

Ella se sentó en el pasto. Descansé a su lado y envolví el retrato para guardarlo.

– "¿Te preocupa que no sean tan notables o algo así?" – Preguntó la arpía.

– "No. El problema es que las siento demasiado grandes. Estas bebés pesan."

– "A mí me agradan." – Opinó la rapaz. – "Ya sabes, soy estadounidense. Nos encantan las cosas de mayor tamaño."

– "Si tu lo dices." – Suspiré. – "No es que me importe mucho ser atractiva, pero a veces creo que no soy muy agradable a la vista."

– "Aria, tú eres bellísima."

– "Lo dices porque eres mi amiga."

– "Hablo en serio, mujer."

– "Vamos, Cetania. Mira lo que soy." – Le indiqué apuntando a mi exoesqueleto. – "Una humanoide de seis ojos monocromáticos y filosos dientes con el abdomen de una araña atorada en el trasero. ¡Una araña! ¿Quién quisiera siquiera voltear en mi dirección?"

Me paré frente a ella.

– "No soy ciega, Cetania. Sé cómo me miran las personas. Sé lo repulsivo que mi apariencia les resulta. He aprendido a ignorar su silencioso rechazo, pero no podemos negar la obvia realidad." – Extendí mis brazos. – "Soy terror andante. Soy horror existente. Material del que se alimentan las peores pesadillas. ¡Y para colmo me visto como una maldita Nazi!"

– "Aria, por favor, tranquilízate."

– "¡No solo los humanos nos odian! ¡¿Tienes idea de a cuantas especies les hemos hecho la vida un infierno?! ¡Cientos! ¡Quizás miles!"

Estaba hiperventilándome, pero proseguí.

– "Luchamos contra las serkets africanas por territorio, fundamos Sparassus a base del genocidio de las empusas, esclavizamos a las arachnes de otras islas por siglos." – Encaré a la halcón y la tomé de los hombros. – "Saqueamos la comunidad arpía en Okutama. Exterminamos tantas que sus cadáveres alimentaron las llamas por semanas. Cetania, tu propia especie nos detesta. Y con justa razón."

– "Jamás he oído de todo eso que dices…"

– "No es precisamente algo que se divulgue con orgullo. En el caso de las empusas, ni siquiera hubo sobrevivientes de su parte. Pero es nuestra historia, nuestro pasado, nuestra innegable verdad." – Confesé, dejando escapar mis lágrimas. – "No damos tregua, no ofrecemos perdón. Solo conquistamos y nos extendemos hasta iniciar otra guerra con el siguiente rival, tan solo por establecer poder. Tenemos demasiada sangre en nuestras manos que incluso el tirano más acérrimo lo llamaría repugnante. ¡Somos monstruos, mujer! ¡Auténticos y abominables monstruos!"

Pausé para recobrar el aliento.

– "No ha sido sencillo vivir con todo ese pasado atormentándome. Saber que el legado de mi existencia siempre vivirá en la infamia. Nuestro honor, nuestra dignidad… Todo a base de sangre y sufrimiento hacia otros." – Sollocé. – "Eso es una arachne. Violencia, dolor, odio. Seres absolutamente detestables."

– "¡¿De qué demonios estás hablando?!"

– "¿Eh?"

Cetania me sacudió repentinamente de los brazos.

– "¡¿Tu pasado?! ¿Bromeas, verdad?" – Cuestionó ella.

– "¿A qué te refieres?"

– "¡Mírate bien, Jaëgersturm! ¡Eres una de las liminales más impresionantes que existen en este miserable planeta! ¡Eres una maravilla de la naturaleza, una máquina de cacería perfecta, un poderoso tanque viviente! ¡Jodidamente majestuosa!"

– "Pero… nuestra historia… la sangre…"

– "¡Al diablo con eso! ¡¿Qué te hace creer que eres peor que los humanos o cualquier otra maldita especie?!" – Aseveró con un gigantesco brillo en sus ojos. – "Aria, sabes lo que el hombre es capaz de hacer cuando desea causar daño. Como alemana, lo tienes muy claro. Imperios, naciones; Todos nacen y caen a base de la violencia, es la naturaleza de todo ser viviente. ¡Demonios! ¡Nosotros los americanos arrojamos bombas nucleares a este país, borrando dos ciudades del mapa! ¡Y heme aquí, viviendo en esta tierra!"

Su respiración también se agitó.

– "Aria, ni siquiera las arpías somos impolutas." – Aseguró. – "En mi tribu, si alguien era incapaz de cazar o navegar los cielos por sí misma una vez llegada a la pubertad, era expulsada inmediatamente. Había una chica que no podía volar por más que tratara. Y nuestros clanes la rechazaron."

La falconiforme también comenzó a llorar.

– "Yo estuve ahí. No debí tener más de cuatro años, observando impotente como esa pobre joven era golpeada por mi pueblo hasta dejarla moribunda frente a la entrada del cañón donde residíamos. Por días, la escuché rogar por compasión, solo para recibir insultos como recompensa. Buscaba desesperadamente comida, arrastrándose por el suelo de la manera más miserable, sin nadie quien se compadeciera. Al final, no esperó a que la inanición y el sol le quitaran la vida." – Inhaló profundamente. – "Con suma dificultad, escaló un gran peñasco y dio un salto al vacío. Los buitres se dieron un festín con su cuerpo."

Miró hacia el suelo, empapado de sus lágrimas. La abracé y dejé que continuara sollozando por un rato.

– "No hice nada, Aria." – Retomó el habla. – "No hice nada para ayudarla. Y aunque hubiera podido, la tribu también me hubiera rechazado."

– "A veces solo podemos ser espectadores en el cruel teatro de la vida."

– "Y aún así, el cadáver de esa chica sigue grabado en mi mente. Aún me siento responsable, aunque no tuve participación alguna. La conocí, era un miembro activo en nuestra sociedad. Y nosotras la matamos. Su único pecado fue nacer con una discapacidad."

La castaña se separó, tallando sus ojos. Yo contaba con un pañuelo y se lo ofrecí para que se sonara.

– "El punto, Aria." – Hipó ligeramente. – "Es que siempre tendremos cola que nos pisen. Por más inocentes que tratemos de ser, el mundo se encargará de arrastrarte por el más sucio lodo, aunque tú no quieras."

– "Lo sé. Pero, ¿Qué se supone que hagamos entonces?"

– "Alzar la cabeza con orgullo." – Afirmó, levantando la suya. – "Resistir el constante asedio y no claudicar por los errores del pasado. Lo que sucedió, no podemos borrarlo, pero si dejamos que nos afecte el futuro, jamás saldremos del ayer. Somos cazadoras, somos fuertes."

– "Yo misma he pronunciado aquellas palabras, pero ahora en verdad he considerado en hacerles caso."

– "Igualmente yo, Aria." – Sonrió ligeramente. – "Y tampoco exagero cuando te digo que eres increíblemente bella."

Cerré mis ojos. Las proclamaciones de la americana eran poéticas, sinceras. De alguna manera tenían un efecto real en mi estado de ánimo.

– "¿En verdad piensas eso de mí, Cetania?"

– "Siempre lo he hecho. Desde nuestro primer encuentro en Okayado, nunca pude borrarme esa angelical sonrisa que tienes cuando te ríes."

– "Eres una gran halagadora."

– "Soy honesta."

La voladora me tomó de las manos y las sostuvo con gran firmeza, acercándose a mí.

– "Aria, jamás en mi vida había sentido esto por otra persona. Ni siquiera mi supuesta familia me produjo la sensación de satisfacción que experimento cuando estoy a tu lado."

– "¿Qué cosas dices, pajarita?"

– "Solo digo la verdad. Pienso en ti cuando me levanto, en el trabajo, cuando voy a acostarme. ¡Maldita sea, incluso en mis fantasías!" – Admitió enérgicamente. – "Repito tu nombre hasta en mis sueños, deseando que alguna vez mis débiles susurros alcancen tu corazón."

– "E-esto es demasiado, p-para una broma…"

– "¿Broma? ¿Eso es lo que crees que hago, mujer?" – Negó con su cabeza. – "Aún no te das cuenta, ¿cierto, araña boba?"

– "¿C-c-cuenta de q-¡MFF!?"

De todos los habitantes en este infinito universo, Cetania fue la que tomó mi primer beso.


NOTAS DE MERO: ¡Finalmente! ¿Será el atrevido acto de la arpía la chispa necesaria para iniciar la maquinaria de la tragedia? ¿Cómo responderá la dullahan ante esta clara declaración de guerra? ¿Team Cetania o Team Lala? ¡¿Te inclinarás ante mi poder?!

Agradecemos a Alther, Paradoja el Inquisidor y Endelstadt, cuyas historias, "El poder de la ciencia, is coming", "Sins of the Father" y "Rojo y Azul", fueron respectivamente referenciadas. Mis abogados ya se hicieron cargo de los asuntos legales, no se molesten en demandar.

Los invitamos, queridos lectores, a dejar sus reseñas y opiniones, que siempre nos iluminan el día. Ahora solo nos queda recordarles que nos sintonicen en el siguiente episodio, mismo canal, horario variable. ¡Bye bye!

Come frutas y chatarra. El takoyaki te da energía e infección estomacal. Obedece a la Gran Sirena.