94. Una estrella en el universo.
El viento cayó frío esa noche. Parecía que la naturaleza no se apiadaría de la aldea de la hoja ese día. Los árboles se mecían, haciendo que las hojas danzaran con el aire, hasta quedar en el suelo, alguna veces cayendo en las fogatas que los civiles habían preparado. Había personas yendo un lugar a otro, atendiendo a los heridos y almacenando las provisiones en una tienda prevista para ello. Los niños fueron los más abrigados, con ayuda de los gennins se pudo salvar una gran cantidad de mantas, por lo que entre todos hicieron una pequeña bolita para calentarse mutuamente.
Itachi Uchiha miraba la rapidez con la que se movía todo a su alrededor. Apenas le dirigían la mirada, y aquellas que lograban conectar con su persona, eran inquietas, asustadizas. Anko se encontraba al lado de él, comiendo, al igual que Yamato. Los dos parecían cansados. Sasuke estaba frente a él, observando el fuego en silencio. Sasuke y Sakura estaban desaparecidos desde hace horas, posiblemente ayudando en la aldea; Itachi notó con gracia que su hermano menor estaba esperando con ansias (quizás demasiadas) la respuesta de Sakura. Era difícil de leer, pero para Itachi, Sasuke era un libro en blanco.
Mientras tanto, ante la insistencia de Kiba y Neji, la joven Hyuga se encontraba dormida, recostada al pie de un árbol sin nadie que la perturbara.
—Tenemos que hablar. —decretó Anko, terminando la sopa de vegetales que amablemente los aldeanos le dieron. — ¿Qué mierda vamos a hacer ahora? La chica Hyuga solo nos ha dado tiempo.
—No es el momento, lo resolveremos cuando llegue. —dijo Itachi.—Lo mejor será que ayuden en lo que puedan a la aldea. Seguro que los ANBU han sido mandados a informar la situación a aldeas aliadas, no obstante, la ayuda tardará al menos dos días más en llegar.
—Es una gran cantidad de gente lastimada, los ninjas médicos están exhaustos. —se metió Yamato. —Y sin Hokage, no hay nadie quien nos guíe correctamente.
—Cierto, los consejeros no sirven de mucho. —bufó Anko.
—Necesitarán nombrar a un Hokage pronto, dudo mucho que Tsunade-sama vaya a despertar pronto. —comentó Yamato. —Concuerdo con Itachi. Ahora los Uchiha son la última prioridad.
Karin estaba detrás de ellos, en otra fogata, escuchando la conversación con el plato de sopa sin tocar en la mano derecha. Suigetsu estaba dormido junto a Jugo, ambos tirados en el suelo, bastante cerca del fuego; luego de que Itachi lograra convencerlos de ir a Konoha, algunos pueblerinos los miraban con recelo, no estaban en posición de atender a extraños, no obstante, nadie parecía concentrarse demasiado en ellos.
Ni siquiera Sasuke, él cual se marchó apenas dándoles una mirada rápida.
La joven Uzumaki se relamió los labios, se sentían resecos; ciertamente era un desastre ahora mismo. Incluso el idiota de Suigetsu lucía mejor que ella. Había llorado al menos por una hora antes de volver a donde sus compañeros de viaje se encontraban, el chico con dientes de tiburón se rio abiertamente de ella, diciéndole lo horripilante que se veía, aunque luego, al ver que Karin no le contestaba nada, junto a Jugo, se sentó a su lado y no dijeron nada más hasta que Itachi llegó con ellos.
— ¿Estás bien?
Ella dio un brinquito, sorprendida de que alguien le dirigiera la palabra. Subiéndose los lentes miró a Naruto, que acababa de llegar a su lado; Karin volteó un segundo atrás, Itachi se estaba marchando junto con Anko y Yamato, seguro para apoyar en un lugar cercano.
—Pensé que los Hyuga nos supervisarían con puño de hierro.—comentó Karin, metiendo la cuchara en el caldo.
Naruto pasó saliva, adquiriendo un suave rubor en las mejillas que pasó desapercibido por la chica de cabello rojo.
— ¿Por qué han venido? —preguntó Naruto, distrayendo sus miradas que se dirigían a una dormida Hinata. Ni siquiera tuvo tiempo de hablar correctamente con ella en todo el día.
Karin resopló por la nariz, burlándose de la pregunta. — ¿Sasuke no ha hablado de nosotros? —y aunque no lo demostró, su corazón se sintió herido.
—No hemos tenido mucho tiempo para hablar. —contestó Naruto. —Todo ha pasado demasiado rápido y hemos tenido problemas entre los tres.
Karin estaba a punto de decirle que no le interesaba, pero Naruto parecía estarle hablando al aire.
—Supongo que ahora necesitamos protección, nosotros solo seguimos a su hermano porque era el que nos podía traer a Sasuke. —dijo Karin, atrayendo la atención del rubio.
— ¿Qué se traen con Sasuke? —más que una pregunta sonó a un reproche.
—Lo queremos como líder. —se metió Suigetsu. Karin y Naruto se giraron a su dirección. —Orochimaru está muerto, pero eso no significa que nosotros estemos a salvo. Cada uno de nosotros tiene habilidades que le pueden interesar a ese sujeto de la máscara o al sucesor de Orochimaru, el cuatro ojos.
—Kabuto. —murmuró Naruto.— Entonces, ¿han venido a Konoha a resguardarse? —indagó.
—Bueno, el hermano de Sasuke lo hizo, ¿por qué nosotros no? —chistó Suigetsu, incorporándose.
—Una vez que se enteren que sirvieron a Orochimaru, no saldrán tan libres como creen.
—Hey, cálmate. —bufó, molesto de que los amenazaran tan de noche. —Cuando Konoha o quién sea acabe con esos dos, nos iremos y no volverán a vernos, ¿cierto?
—Básicamente es el plan. —respondió Karin. —También nuestro plan es convencer a Sasuke.
— ¿A qué? —la voz de Naruto salió rasposa, como si se hubieran metido directamente con él.
—Es obvio. —sonrió Suigetsu.
—Queremos que Sasuke venga con nosotros.—completó Karin.
—.—.—.—.—
Después de que Sakura terminara de curar a Kakashi, Sasuke la retiró del campamento médico aún con los reproches que todos le dieron; la chica tenía el rostro pálido y las ojeras ya estaban adornando su piel, poniéndola oscura por debajo de sus ojos. Eran aproximadamente las doce de la noche, la luna ya estaba brillando en todo su esplendor y Sasuke no dudó en cargar a Sakura en sus brazos.
— ¿Qué haces, príncipe idiota? —se burló ella, algo avergonzada de ser llevada de esa forma.
Sasuke miró a ambos lados, adentrándose un poco en el bosque para que Sakura pudiera descansar mejor. Seguro irían a despertarla en cuanto la vieran para curar a más ninjas, ni siquiera tenían en consideración que ella había sido la que más había curado a Tsunade.
Con cuidado Sasuke se comenzó a sentar al pie de un árbol, estaba haciendo demasiado frío por lo que no permitió que Sakura se escapara de sus brazos. Ella mordió sus labios, nerviosa de todas las sensaciones que volvía a experimentar por el Uchiha. Sasuke no hablaba, de hecho tenía los ojos cerrados, así que Sakura podía contemplarlo a plena luz de luna. Seguía tan lindo como siempre.
Ese chico era su debilidad absoluta, podría verlo, escucharlo por horas y jamás cansarse de él.
Su corazón se comenzó a acelerar en cuanto recordó las palabras de la tarde, el te amo resonó fuerte en su mente. Sakura se sentía como en un sueño en movimiento, la irrealidad de estar de nuevo con él, contemplando como dormitaba, provocaba que quisiera memorizar cada centímetro de su rostro y cuerpo, pensando que quizás el día de mañana ella despertaría de ese sueño y Sasuke volvería a estar lejos de su lado.
Se sintió como una niña pequeña enamorada de él, deseó que Sasuke la envolviera mucho más en sus brazos y despertar así hasta el día siguiente, y el siguiente de ese, hasta completar una vida juntos. Sakura mordió sus labios, alzando sus manos, talló delicadamente sus nudillos en el rostro de Sasuke, moldeando su rostro. Él apretó los ojos, abriéndolos para toparse con los de Sakura en ese instante.
Era perfecto a los ojos de Sakura.
Ese idiota que era un príncipe, que odio al principio por ser tan creído, que nunca pensó que se enamoraría de ella. Ahí estaba, observándola con esos ojos que la transportaban al espacio infinito, que la hacían perderse en él.
— ¿Sakura?
— ¿Por qué yo?
— ¿Eh?
— ¿Por qué me amas a mí después de todo lo que he hecho? —preguntó, pasando saliva. —Tú habías dicho que…
—Sé las cosas que dije. —cortó Sasuke, poniendo un dedo en los labios de Sakura. —Y también sé las cosas que tú hiciste, Sakura. Soy consiente de todo.
— ¿Entonces por qué?
—Porque, cuando me enfrenté contra Danzo seguía pensando que nosotros tres ya no podíamos tener una vida juntos, que ya nada podía ser como antes. —contestó Sasuke. —Pero al verte llegar en ese cuervo, todas mis dudas se callaron y se convirtieron en un solo deseo.
— ¿Cuál deseo?
—Estar contigo hasta el último día de mi vida, Sakura. —admitió, con un tenue rubor en sus mejillas. Sakura abrió los ojos demasiado, como si fuera de nuevo la primera vez que escuchara eso. —Tenía miedo de perderte. De que nuestros caminos se separaran hasta el punto que volveríamos a ser unos completos desconocidos.
Sakura agachó la mirada, sin podérsela sostener por más tiempo, la cara le ardía.
—Quería demostrarte con acciones, lo que no fui capaz de hacer antes. —siguió Sasuke, tomando la mano que siempre conectaba a ambos. —Ya no con las palabras vacías de un príncipe idiota, sino como Sasuke Uchiha, él que te protegerá hasta el final de sus días.
La chica sintió que le había arrebatado todas las palabras de la boca.
Así que, como una idiota impulsiva, selló sus labios contra los de Sasuke, tomándole la cara para que no pudiera separarla de él. Todo se sentía mágico, aunque no había más que el amor de ambos ahí. Los brazos de Sasuke la sostuvieron con fuerza, abrazándola contra sí mismo.
No pensaron en nada que no fuera en ellos mismos por ese instante. Queriendo que durara para siempre, sin preocupaciones, sin temer a lastimar a una de las personas que más amaban.
Se sintieron como si hubieran dado la vuelta al mundo en un segundo y al separarse, estuvieran a punto de desfallecer sobre los brazos contrarios.
¡Era extraordinario! El como todas las barreras se derrumbaron por completo, dejando que los dos se contemplaran hasta lo más profundo del alma. No había resentimientos ni dolor en sus miradas, se complementaban con alegría, efusividad y ternura infinita.
Daban ganas de vivir tres vidas más si eso significaba pasarlas al lado del contrario.
A ojos de Sakura, el corazón de Sasuke era precioso, tan bonito y que merecía ser cuidado como si fuera la última maravilla del mundo. Ese corazón había aprendido a vivir en soledad sin derrumbarse, se volvió duro por no querer amar a nadie más y salir lastimado, se eligió por encima de todos para no volver a sentir la perdida de alguien. Y, aún así, cuando conseguías romper la roca que lo envolvía, encontrabas algo que ni se podría comparar con el oro; te hacía ponerte ebrio de amor y felicidad. Era exquisito. Te hacía adicto a él.
La sonrisa de Sasuke, sus sentimientos y el infinito afecto que mostraban sus ojos, provocaba que Sakura quisiera hacer realidad todo los imposibles, a su lado.
—.—.—.—.—
La noche avanzaba e Itachi decidió que era hora de volver a donde Sasuke. Las búsquedas se habían calmado, algunos ninjas estaban descansando, exhaustos. Los pocos que antes lo habían hecho, tomaron su relevo, aunque se notaban las ojeras debajo de sus ojos. El viento dejó de soplar, pero el frío incrementó por la madrugada, muchos parecían tener un momento incomodo debido a eso.
Entre ellos Sakura.
Naruto y Sasuke no estaban a su lado, habían ido a apoyar la búsqueda. Karin, Suigetsu y Jugo fueron llevados por el Uchiha casi contra su voluntad, sobre todo a Suigetsu. Hinata se encontraba al lado de ella, terminándole de colocar la manta que antes ella había utilizado.
—Volviste. ¿Dónde están Yamato-san y los demás…?
—Vendrán en un momento. —contestó, sentándose al lado de Sakura.
—Sakura está agotada, se quedó dormida en cuanto se recargó en el árbol. Sería bueno que descansara hasta la mañana, nos esperan más días de trabajo intenso. Ella es médico, se le requiere mucho más. —murmuró Hinata, preocupada. —Ino vendrá a cuidarla dentro de poco; tuvo que ayudar a sus padres con unas cosas. Así que Itachi-san, ¿puedes cuidar que nadie la despierte por mí?
— ¿Hmm?
—Tengo que ir a ayudar a mi clan, ya he reposado suficiente. Mi hermano Neji no ha dormido ni descansado nada. —explicó.
— ¿Confiarás en mí sin más? —preguntó intrigado. —No es lo que haría un líder que se ha echado toda la carga a la espalda.
—Él vendrá pronto a este lugar, te dejaré a su cargo. —dijo Hinata, refiriéndose a Neji. —Además, no parece que tengas la intención de escapar.
Itachi exhaló aire, Hinata sonrió y se marchó de ahí.
Al quedarse solos, el mayor de los hermanos Uchiha observó a Sakura con una mezcla de melancolía y ternura. No supo en que momento la había comenzado a extrañar tanto. Itachi la recargó su hombro, buscando que estuviera más cómoda; Sakura se removió suavemente y terminó de acomodarse, reposando en el pecho de Itachi.
Lo había logrado, aunque fue incrédulo al principio con Sakura, al final ella consiguió lo que estaba buscando; reunirlo con Sasuke. Y aunque su hermandad estaba lejos de ser lo que un día fue, cada paso sería importante para restaurar su relación, pero eso era algo que ella le dejaba a ambos. No podía hacer más.
Itachi cerró los ojos, recargó la cabeza en el árbol y se quedó pacíficamente dormido. Sin temor a que Sasuke supiera la verdad, a que su hermano se manchara las manos con su propia sangre, sin miedo de volver a perderlo.
Quizás, por primer vez en mucho tiempo, se sintió libre.
Todo gracias a esa niña tonta que ahora se encontraba sobre él, durmiendo. Una sonrisa pequeña se plantó en los labios del Uchiha, que entre sueños recordó como la conoció. Sakura se había convertido en una parte de su universo, o mejor dicho, él se había convertido en una parte del universo de Sakura. Como una de sus miles de estrellas.
Si tuviera que hacer una analogía, Sakura sería el mundo y él una simple constelación lejana opacada por la luna y el sol más cercanos.
