NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos, amigos! ¡Tarmo Flake aquí presente!

Bueno, han sido casi seis meses desde que me aventuré a relatar la peculiar vida de Aria Jaëgersturm. En todo este tiempo, vi como un humilde fic se transformaba lentamente en una historia medianamente exitosa. Sinceramente, no esperaba respuesta tan positiva y desde entonces he tratado de ofrecer un trabajo de calidad.

No lo hubiera logrado sin su constante apoyo y palabras de aliento, así que les traigo este largo episodio para despedir el 2016 con yuri, arachnes y demás cosas buenas. ¡Comenzamos!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. La Gran Sirena te desea felices fiestas y próspera sumisión.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 22


Eres a quien siempre he amado…

Me levanté relativamente temprano. El cuerpo me pasó ligeras quejas al incorporarme de la poca usual posición que tomé para dormir. Mis ojos, aún somnolientos, se abrieron lentamente para dejar pasar la luz solar a mis retinas. Moviendo mi boca y probando el nada agradable sabor del aliento matutino, volteé a mi izquierda. Generalmente, mi rutina diaria consistía en observar primero a Rachnera en su hamaca, sin duda soñando en incontables maneras de probar sus pervertidas técnicas con los demás, estirar mis extremidades y dirigirme directo a ducharme.

Pero hoy no.

En lugar de otra arachne, la persona que descansaba plácidamente a mi lado, en la misma cama, era una hermosa dullahan. Sonreí al ver la curvilínea y desnuda figura de Lala ser acariciada por el tibio sol. Su tersa piel azul brillaba iluminada bajo el calor de Helios. La luz dejaba entrever los pequeños restos de polvo en el aire, danzando suavemente en este, como un ritual para agradecer tan divino momento. Se veía tan pacífica, tan segura, como si los problemas del mundo jamás pudieran atravesar ese sólido escudo protector.

No era un sueño, sino la más absoluta y perfecta realidad. Lo había hecho. Había declarado mis sentimientos e hice el amor con la mujer de mi vida. Mi sonrisa solo podía hacerse más grande entre más lo pensaba. Estaba agradecida con todo en el universo. Los dioses mismos, mi familia, mis amistades. Y sobre todo, con esta bella, bella irlandesa quien me permitió compartir un íntimo y mágico momento la noche anterior.

Suspiré satisfecha. Me había unido en cuerpo y alma con mi amada segadora. Mi corazón latía contento, mis pulmones respiraban felicidad y la dicha se rebosaba hasta por los poros. Mis vasos sanguíneos ahora transportaban glóbulos rojos y alegría concentrada. Adoraba estar viva, el ser parte de esto. Mi existencia nunca me pareció más perfecta.

La calmada expresión de la dullahan me llenaba el interior de tranquilidad y complacencia. Ese rostro era el último que deseaba ver antes de dormir y el primero al despertar. Deseaba llenar su cuerpo de mimos, besos y caricias para recordarle cuanto la adoraba de aquí a la eternidad. Que sus dorados ojos brillaran como el infinito deseo de mi alma cuando nos miráramos y que su boca me dijera cuanto me amaba. Y nunca me cansaría de escucharla.

Estiré mi cuerpo desvestido. El pequeño dolor que sentí al despertar se desvaneció por completo y fue reemplazado por una muy agradable sensación de bienestar. Sonriendo y cerrando mis ojos, palpé mi entrepierna y le di pequeñas palmaditas, felicitándola por recibir su bautismo de fuego. Aún podía sentir el intenso calor que la dullahan me proveyó anoche en tan íntima zona, ya sea con la suya propia, sus hábiles dedos o su hambrienta boca.

– "El paraíso existe." – Musité en voz baja.

Besé mis pechos. Ellos también merecían ser congratulados por un excelente desempeño en satisfacer la voraz lengua de la irlandesa. Era curioso; Naturalmente empecé como la subyugadora y conforme nuestro apasionado juego transcurría, lentamente se volvió un encuentro equilibrado, intercambiando papeles entre ama y esclava según nuestro deseo dictase. No podía quejarme, la equidad en la relación en un concepto con el cual concordaba.

Además, las diestras manos de Lala son auténticas armas mortales. Ni siquiera en mis más intensas sesiones de autosatisfacción podría ser capaz de replicar lo que ella logró. No puedo imaginar lo que descubriríamos conforme nuestra experiencia mutua creciera. Solo de pensar en las infinitas y extravagantes poses posibles para un ser de cabeza removible y otro de ocho piernas… ¡Gran Arachne! Solo se necesitaría que alguna poseyera tentáculos para completar la estrafalaria lista de fetiches.

Sin embargo, mi expresión decayó cuando recordé que ya nunca más podría experimentar tal éxtasis a su lado. Casi lo olvidaba…

Soy una criminal.

Suspiré. No había vuelta atrás. Decidí jugar con fuego y terminé incendiándome. Podría debatir todo el día justificando mis acciones como heroísmo improvisado, pero al final eso no cambiaría el hecho de que quebranté la ley. Ante la justicia, soy la villana. Y como malhechor, merezco castigo. La justicia es ciega… y cruel.

Un pequeño bostezo de la bella durmiente me sacó de mi deprimido estado, devolviendo instantáneamente la felicidad a mi rostro. La irlandesa lucía tanto tierna como sexy al despertar que daban ganas de tomar una foto e inmortalizarla en un cuadro. Incorporándose, estiró su figura, haciendo más prominentes sus lindos senos en el proceso. Abrió esos enigmáticos ojos y me ofreció una angelical sonrisa.

– "Dia dhuit ar maidin, A ghrá." – Me dio los buenos días.

– "Guten Morgen, Spatzi." – Le saludé con cariño.

La segadora procedió a besar mi mejilla. Le preguntaría el porqué no hacerlo en la boca, pero recordé que mi aliento no sería el más agradable ahora. Malditas bacterias bucales, siempre arruinando el romance.

– "¿Dormiste bien, Mausi?" – Le pregunté besando la suya.

– "A pesar de los ronquidos, diría que exquisitamente." – Respondió. – "¿Qué hay de ti, A chuisle?"

– "No fue sencillo. Dicen por ahí que escucharon a cierto fantasma gritón. Y ahora son dos."

Ambas nos reímos. Gran Afrodita, la risa de la irlandesa es como un coro seráfico para mis oídos. Y sus resplandecientes dientes como perlas completan el juego de su inmaculada belleza. Podría continuar exaltando las virtudes de la dullahan, pero el tiempo apremia y no lo perderé en alabar innecesariamente su perfección, por mucho que ella lo merezca.

– "Hoy es el día." – Mencioné, poniéndome seria de nuevo. Lala miró hacia un lado.

– "¿Cuánto tiempo podré seguir disfrutando de tu presencia, Aria?"

– "Son las siete y treinta." – Contesté al ver la hora. – "Tenemos dos horas y media para regocijarnos en el gozo de nuestra compañía."

Ella me abrazó, hundiendo su rostro en mi pecho. Acaricié su blanco cabello, besando su cabeza. Ahogué un par de lágrimas. Es irónico como una siempre aprecia más las cosas cuando sabe que las perderá pronto. Solo quisiera haber hecho algo antes de actuar tan tarde.

– "¿Quieres tomar un baño, juntas?" – Le sugerí.

– "Una proposición sumamente tentadora, A chuisle." – Sonrió.

– "¿Ese será mi nuevo mote?"

– "Lo considero más afectuoso que 'Mortal'."

– "Preferiría los que usaste anoche." – Dije alzando mis cejas.

– "Esos…" – Se sonrojó. – "No son para uso público."

– "Bueno, a mí me gustan." - Me reí un poco y volví a besar su cabeza. – "Ahora, vamos a vestirnos."

Si encontrábamos nuestra ropa, claro está.

El cuarto en sí era… Bueno, todo menos un cuarto. Más bien parecía una zona de guerra. Nuestra vestimenta (o lo que quedaba de esta) estaba regada y hecha jirones por todo el lugar, al igual que una innumerable cantidad de objetos misceláneos. Mi habilidad de ver luz ultravioleta reveló presencia de… cosas que no planeo relatar… impregnadas en las paredes. Era como si un (muy pervertido) huracán de quinta magnitud hubiera arrasado con el lugar.

No quiero imaginar porqué la guadaña de la dullahan se halla clavada en la pared. O porqué hay tantas marcas de garras en estas. Sin querer mencionar los obvios daños y con las pocas prendas disponibles en mano, nos levantamos. Al hacerlo, la muy desordenada cama colapsó de inmediato. Nos miramos sumamente ruborizadas.

– "Uhm… L-lamento eso." – Me disculpé apenada.

– "E-está bien, Aria. M-mi habitación requería una remodelación de todas formas."

– "Al menos no paso a mayo-"

Fui interrumpida cuando la mesa de noche y el librero también sucumbieron. Preferimos abandonar el lugar antes de que el cuarto entero se nos viniera encima. Eché un vistazo por ambos lados antes de salir. Asegurándome que no hubiera moros en la costa, Lala y yo corrimos desnudas por el pasillo hasta el cuarto de aseo. Admito que sentí algo de emoción al andar en cueros por la casa, sabiendo que alguien podría atraparnos desprevenidas. Espero no desarrolle un fetiche por el peligro, ya me ha metido en suficientes problemas. Ya adentro, mi primera acción fue lavarme los dientes.

– "En verdad has vuelto prioridad tu cuidado bucal, Aria." – Mencionó la chica azul.

– "Nunca olvidaré cuando te burlaste de mi mal aliento." – Admití con el cepillo en mi boca. – "Tus palabras aún me dan pesadillas."

– "Te expliqué que tal cosa no era cierta. Solo trataba de lograr que soltaras mi cabeza."

– "Bueno, yo tomo mi higiene personal muy enserio. No es mi culpa que tu aliento no tenga olor alguno en las mañanas."

– "Mi sangre Abismal evita que las bacterias me provoquen halitosis matutina, A chuisle."

– "Y hablando de eso…" – Me enjuagué. – "¿No se supone que tu sangre inmortal debía serme tóxica o algo así?"

– "Necesitarías más que una gota para ser afectada. Y mis poderes aún no están despiertos del todo." – Explicó. – "Ahora, ¿puedo preguntar que fue ese extraño acto que cometiste al morderme?"

– "Ah, eso es solo nuestro ritual de apareamiento." – Me sequé la boca. – "Te marqué como mi pareja designada. Si nos 'casáramos', haría lo mismo con tu parte frontal y mordería tu cuello para cerrar por completo el trato."

– "¿Qué simboliza?"

– "Mi posesión sobre tu cuerpo y sangre. Nos unimos físicamente y ahora no podrás separarte de mí. Básicamente, me perteneces." – Le guiñé.

– "¿Son todas sus costumbres así de extravagantes?"

– "El procedimiento varía de especie a especie. Es lo que me enseñaron en Weidmann." – Encogí mis hombros. – "Siendo sincera, nunca esperé realizarlo. Al menos, no con una dullahan."

– "¿También clamaste posesión de mi alma?"

– "Je, claro que no. Tú eres la experta en ese tema, segadora."

Ella solo sonrió y proseguimos con nuestro plan. Compartir un remojón con la segadora conformaba otra de las mayores fantasías que solía revisitar a menudo. Es un cliché, seguro, pero no deja de ser una atractiva idea. Un momento muy íntimo, donde el simple acto de lavar el cuerpo de la persona los une no solo físicamente, sino también en materia de confianza y bienestar. El baño grupal será costumbre en Japón, pero como Sparassediana, me crié a la usanza Europea, sin mencionar la obvia nacionalidad de la irlandesa.

Y hablando sin tapujos en la lengua, me da una buena excusa para vernos sin ropa. Soy una araña de gustos simples.

Lala solicitó que comenzara con ella. Se sentó en el taburete y me pasó el jabón y la esponja. Con gusto, los pasé por mis manos y delicadamente empecé a trabajar en su espalda. Ella removió su cabeza e ingeniosamente cubrió su cuello acéfalo con un gorrito de baño. Bueno, un misterio menos en los hábitos cotidianos de la dullahan. Hace mucho que ver su tronco decapitado dejó de inquietarme; Yo acepto a mi chica tal y como es. Da igual que tenga cien ojos o sea una masa amorfa con dientes y tentáculos. Además, yo no soy precisamente una mujer de apariencia muy normal que digamos.

– "En estos momentos, estaría apurada para llegar temprano al trabajo." – Le expliqué a la segadora mientras tallaba sus hombros. – "Pero al menos no tendré que preocuparme por más apuestas improvisadas de esa pingüino. ¿Qué me dices tú, Mausi? ¿No era hoy tu debut en ese restaurante franchute?"

– "Preferí renunciar antes de comenzar." – Reveló ella.

– "¿Eh? ¿Pero por qué?"

– "Sentí que en realidad no disfrutaría mi estancia ahí. No después de saber la falsedad con la que se ostentan."

– "Siento que la revelación de Cetania te haya desmotivado, Lala."

– "No es culpa de esa arpía. Fue decisión propia, te lo aseguro."

– "Si tú lo dices, Mausi." – Suspiré. – "Pero me siento mal después de tanto que te esforzaste en encontrarlo."

– "Tengo una eternidad para intentarlo de nuevo, A chuisle." – Me sonrió.

– "Desgraciadamente, ya no estaré ahí para verlo."

Demonios. Déjenle el trabajo de Jaëgersturm para arruinar el ambiente con sus comentarios pesimistas.

– "Evitemos ese tema por ahora." – Opinó la azulita. – "Atesoremos estos efímeros momentos de felicidad."

– "Lo siento, Mausi. No era mi intención ser una aguafiestas." – Reí débilmente. Me concentré en su espalda media. – "Pero regresando al tema principal; En parte me alegro que no labores ahí."

– "¿Aún con esa desconfianza por lo galo, Aria?"

– "Lamento ser tan prejuiciosa. Años de malas experiencias tardan en desaparecer."

– "En todo caso, las oportunidades siempre estarán disponibles para quien desee encontrarlas."

– "A veces me cuesta creer que actúes tan optimista, Mausi. Podría aprender mucho de ti."

– "¿Sabes? Prefiero 'Spatzi' como mi sobrenombre cariñoso. Un gorrión es más dignificante que un roedor."

– "Oh, lo siento, linda. Creí que no te agradaría porque te recordaría a Cetania."

– "Ya no tengo que preocuparme por esa arpía ahora, amor. Y lo confieso, estaba celosa de ella."

Me mordí los labios y sonreí al oírla llamarme así. Era sumamente meloso y poco característico de ella, pero me encantaba. Entonces me torné seria. Ella aún no sabe lo que sucedió entre la rapaz y yo.

– "Lala..." – Le dije haciendo mi tallado más lento. – "¿Puedo... puedo ser sincera contigo?"

– "Por supuesto, cazadora."

Detuve mi labor durante los tensos segundos que me tomó reunir el valor necesario para revelar aquel asunto. Podía arruinar este mágico momento con tan solo mencionarlo, pero le debía honestidad completa a la segadora.

– "Antes del atentado, Cetania…" – Pausé de nuevo para inhalar. – "Cetania me besó. En la boca."

Tensé mis músculos al decirlo y ella los suyos al escucharlo. Aguardé silenciosamente por la respuesta de la dullahan, que parecía haberse congelado en su posición. Podía escuchar mi corazón latir y el sudor frío en mi frente.

– "¿Lo disfrutaste?" – Finalmente cuestionó ella, reacomodando su cabeza sin voltearse. No pude leer adecuadamente el tono en su voz.

– "F-fue mi primer beso. N-no sé que sentir…"

– "Solo responde, Aria; ¿Lo disfrutaste o no?"

Estaba asustada. Tenía ganas de huir, pero eso no resolvería nada. Tragué saliva y esperé lo peor.

– "Sí…" – Musité débilmente.

Otro momento sin palabras. Temía que la segadora invocara su arma y me decapitara ahí mismo en cualquier segundo. Luego de que tal cosa no sucediera, preferí calmar la situación haciendo un trato de paz.

– "Lala, si tienes otras dudas, hazlas ahora. Te contestaré solo con la verdad, lo prometo."

– "¿Sientes algo más por ella?" – Preguntó sin titubear, dándose la vuelta.

– "No…"

– "Sé cuando estás mintiendo, mortal…"

De nuevo se refería a mí por ese título. No podía ocultarle nada a su aguda percepción.

– "No lo sé. Créeme, Lala. No lo sé."

– "¿Me amas a mí?"

– "¡Con toda el alma!" – Repliqué de inmediato.

– "¿Qué le respondiste?"

– "Que nuestro amor no podía ser, porque te pertenezco."

– "¿Cuál fue su reacción?"

– "Declarar que nunca dejará que quererme, sin importar que no sea correspondida."

Una pausa más sin palabra alguna.

– "Aria…" – Retomó el diálogo y mis manos. – "Sin importar lo que suceda contigo, recuerda que yo trataré de estar a tu lado. No importa si tengo que cruzar cielo, mar y tierra para lograrlo; Una dullahan siempre encuentra a su objetivo."

– "Lala…"

– "Escucha; No me molesta que ella se sienta atraída hacia ti y que no renuncie fácilmente. En su lugar, yo también lo haría." – Confesó. – "Y sé que tu corazón guarda algo más que amistad por ella. Una mortal puede ser voluble. No soy tonta."

– "Sabes que yo nunc-" – Fui interrumpida cuando ella puso un dedo en mi boca.

– "Solo…" – Suprimió sus lágrimas. – "Solo prométeme que yo seré la única mujer en tu vida, incluso si no podemos volver a vernos jamás. Promételo, descendiente de Arachne."

– "Lo prometo." – Le juré con el puño en el pecho. – "Por mi honor, Lala. Te seré fiel hasta el fin de mi existencia."

Ella me abrazó. La acaricié suavemente, reconfortándola. No podría traicionarla, nunca.

– "Te amo, Aria."

– "Yo también, Lala. Yo también."

– "¿Me querrás por siempre?"

– "Hasta el final de la muerte térmica universal."

– "Los planos existenciales no tienen final. De hecho, hay una infinita cantidad de existencias alternas, cada una con sus propias reglas y actores que la representan."

– "¿Dices que hay un universo donde nada de esto sucedió?"

– "Es posible. Tal vez y por algún azar de alguna incomprensible deidad caprichosa, haya una realidad donde tú no existas y yo trate de seducir a ese humano."

– "Bueno, esa es una realidad que me gustaría ver arder." – Me reí. – "¿Crees que exista una donde Smith haya sufrido una muerte excesivamente brutal y lenta en mis manos?"

– "Quizás millones."

– "¿Por qué estamos hablando de universos alternos en primer lugar?"

– "Porque somos un par de enajenadas perdidamente enamoradas."

– "Nunca te cambiaría por nada, mi nerd azul."

Reímos y unimos nuestros labios apasionadamente. El dulce sabor de la irlandesa invadió mis papilas gustativas y mi lengua bailó con la suya esa danza tan íntima que siempre compartían. Todo mientras las lágrimas corrían por nuestras mejillas, imperceptibles por el agua y la humedad. Al separarnos, sonreímos. Sin decir nada, ella volvió a darse la vuelta y a asumir su posición inicial. Con gusto proseguí con mi trabajo de limpiarla.

– "¿Has fantaseado con la arpía?" – Habló de nuevo la segadora.

– "¡Lala!" – Le regañé.

– "Dijiste que responderías a mis dudas."

– "¡Sí, pero…!" – Suspiré. – "De acuerdo. Sí, las he tenido en repetidas ocasiones. ¿Contenta?"

– "¿Yo aparezco junto a ella también?"

– "…"

– "Aria…"

– "Se… Se vale si es imaginario, ¿no? Digo, no sucedió de verdad…"

– "¿Quién es la que domina?"

– "Yo, por supuesto." – Contesté con una mueca jactanciosa.

– "Me refiero a la arpía y yo."

– "Oh… Uhm… Depende de la ocasión."

– "¿Seguirás pensando en ella?"

– "No… Al menos mientras esté contigo."

– "Te lo prohíbo, incluso cuando te encuentres a solas."

– "¿Por qué tan posesiva?"

– "Mi cuerpo te pertenecerá ahora, A chuisle, pero tu alma es mía, así como todos tus secretos." – Fue su turno de sonreír con soberbia.

– "Malvada." – Torcí mi boca. – "Solo por eso tú terminarás de lavarte sola."

– "Es una lástima. Pensaba sugerir en que me asistieras en el aseo de mi zona pectoral." – Sugirió maliciosamente.

A veces creo que la verdadera controladora en la relación es ella. Tampoco es que me queje, me gustan las mujeres con actitud.

– "En verdad eres maquiavélica, Spatzi." – Le dije mientras ella se giraba. – "Someterme bajo la tiranía del placer carnal. Y me quejaba de Rachnera."

– "También te has imaginado con ella, ¿cierto?"

– "¿Otra vez volvemos a lo mismo?" – Me quejé masajeando sus pechos.

– "Tengo razón, ¿verdad?"

– "¡Jum!" – Inflé mis mejillas. – "No te diré nada."

– "Ya lo has confirmado." – Acarició mi barbilla. – "¿Alguien más en esta morada?"

– "Aunque te cueste creerlo, la respuesta es no."

– "¿Alguna persona ajena? ¿Tus superiores en la nevería?"

– "Pin tiene unas tetas enormes, pero… ¡Hey! ¡Ya deja de preguntar esas cosas, mujer!" – Exclamé ruborizada a más no poder.

Lala soltó una sonora carcajada. Era increíble cómo me manipulaba para que revelara todo. Tal vez solo soy demasiado ingenua.

– "Ahora es mi turno." – Le informé. – "Yo también tengo derecho."

– "¿Eh? B-bueno, p-pero…"

– "Ah, ah." – Puse un dedo en su boca. – "No te escaparás de esta, querida. Te aguantas."

– "Bien… Adelante."

Iba a comenzar con mi interrogatorio, pero entonces realicé que no tenía cuestión planeada. Soy una araña tonta.

– "Uhm… Entonces…" – Medité por unos segundos. – "¿Qué fue lo que te atrajo de mí?"

– "Esa es una pregunta sumamente común considerando el tono de la conversación anterior."

– "¡Bueno, perdóname por ser tan normal!" – Le protesté. – "¡Siento no cuestionar tus asuntos privados!"

– "Está bien, Aria." – Se rió dándome un beso rápido. – "Si satisface tu curiosidad, tu principal atractivo es precisamente esa normalidad tuya. Al contrario del resto de las inquilinas, tu extravagancia se concentra en tus pasatiempos y no en una radical personalidad."

– "Lo dices como si el resto de las chicas fueran seres unidimensionales. ¿No te parece que estereotipar está mal, segadora?"

– "¿Al igual que tu poco aprecio por los franceses?"

– "Touché." – Acepté ese golpe. – "¿Qué me dices de Herr Kommandant? ¿Alguna vez has pensado en él?"

– "Solo como una inusual alma bondadosa. Sería una joya invaluable para preservar en la eternidad, pero ahora tengo un nuevo objetivo. Nunca sentí algo así por alguien hasta que te conocí."

– "Me alegro ser quien te sedujera al lado oscuro." – Bromeé. – "¿Te sorprendiste al descubrir que eras lesbiana?"

– "Fue inesperado, lo admito. Nunca manifesté sentimientos afectuosos más allá del amor platónico por mis conocidos y el que le tenía a mi matriarca."

– "Me intriga el saber quién te hubiera robado el aliento si yo no estuviera aquí." – Mencioné pensativa. – "Quizás seguirías divirtiéndote con Rachnera y Suu. La tejedora me contó lo que sucedió cuando llegaste aquí."

– "No me obligues a retirarme, Jaëgersturm." – Aseveró. – "Sugiero proseguir con nuestro despeje de interrogantes."

– "Je, ¿quieres saber que me atrajo de ti?"

– "Tengo curiosidad."

– "Lo mucho que nos parecemos en el fondo. Yo intento lucir como una soldado honorable y tú como la temida hija del Abismo, pero solo son estrambóticas máscaras para ocultar un par de mujeres relativamente comunes."

– "Común es un término subjetivo. Dudo que nuestra relación pueda considerarse menos que excéntrica incluso desde el punto de vista no-humano."

– "No imaginas como aprecio tu manera de analizar las cosas, guapa" – Afirmé. – "Ahora, ¿podemos intercambiar asiento? Por mucho que adore jugar con estas bellezas, aún te toca lavarme y el tiempo escasea."

– "Oh, concuerdo."

Lala se levantó y asenté mi cuerpo. Le permití montarse en mi segundo tórax para facilitarle la labor, de esa manera podría disfrutar de su suave estómago y entrepierna rozando mi espalda. Ella debió notar mis intenciones, pero no se opuso. Conjeturando que preguntarle a continuación, decidí arriesgarme con algo más subido de tono. Ya hemos compartido suficiente intimidad como para que me rechace las respuestas.

– "Y dime, Spatzi." – Empecé. – "¿Algún fetiche especial que tengas? Digo, aparte de tu obvia preferencia por locas arachnes germanas."

– "N-ninguno que comentar…"

– "Vamos, linda; Todos tenemos alguna filia que nos revolotea por la mente." – Gemí un poco cuando sus manos bajaron por mi espalda. – "Creo que tu ya conoces la mía después del enorme interés que mostré por tu glorioso trasero anoche."

– "Nunca pensé que alguien tan educada como tú pudiera disfrutar de tan lasciva y decadente atracción por la zona posterior." – Declaró sonrojada.

– "Tus sucios gemidos mientras mi lengua recorría los rincones de tan prohibido lugar decían lo contrario, guapa." – Le recordé. – "Incluso usaste tus manos para facilitar mi labor…"

– "¡A-Aria!" – Se quejó completamente avergonzada. – "¡E-estás imaginando c-cosas!"

– "Lala, somos adultas y nos amamos. Creo que está bien aceptar nuestros deseos y compartirlos. Esa es la base de una relación en confianza."

Ella no contestó, solo siguió tallando mi espalda aunque con menor intensidad.

– "J-jura que no te p-parecerá… ¡Jura que no cambiarás la opinión que tienes de mí!" – Exclamó la segadora.

– "Tranquila, Spatzi. He leído tantos mangas eróticos que estoy familiarizada con cada perversión bajo el sol y bajo las sábanas. Mi mente es más sucia de lo que crees."

– "B-b-bueno… yo…"

Prefirió susurrármelo al oído. Mis ojos se abrieron sorprendidos ante la revelación.

– "Oh, Lala. Sí que eres una pequeña y depravada caja de sorpresas." – Le provoqué mordiendo mis labios.

– "¡Y-y-yo seré la-la que juzgue aquí, mortal!" – Declaró ruborizada hasta las nubes. – "¡S-soy la e-enviada del Abismo E-Eterno! ¡La poderosa M-Mensajera de la Mu-mu…!"

– "Eres la mujer con quien quiero envejecer a su lado." – Le interrumpí sonriendo.

La dullahan reaccionó hundiendo su cara en mi espalda y rodeándome con sus brazos. Disfrutaba ese lado adorable que ella siempre trataba de ocultar. Me sentía dichosa por tener la oportunidad de ser de las pocas privilegiadas en observarlo.

– "¿Alguna vez nos imaginaste así, Spatzi?" – Le dije tomando una de sus manos alrededor de mí y besándola con suavidad. – "¿Contándonos nuestros secretos, tomando un baño juntas y usando apodos cursis?"

– "No realmente." – Replicó besando mi espalda y descansando en ella. – "Pero me alegro que sucediera."

– "¿Recuerdas como fruncía el ceño apenas entrabas en la misma habitación que yo? ¿Y tus pomposas declamaciones?" – Me reí. – "¡Mi Ojo de Balar se posará sobre tu persona! Solías decirme."

– "¿Alguna vez creíste toda mi verborrea dramática?"

– "Bueno, no. Pero ese era tu objetivo, ¿cierto?"

– "Supongo que sí." – Acarició mi estómago. Ah, qué rica sensación. – "Creí que eras otro miembro en la lista de personas que ignorarían mi existencia después de conocerme."

– "¿Te has sentido sola todo este tiempo, Lala?"

– "Casi toda mi vida. Incluso con una caritativa persona como casero, confieso que mi presencia es casi irrelevante en este hogar."

– "Un hombre aislado es como un astronauta muerto en el espacio." – Alcé la vista al techo. – "Ignoro quién lo haya dicho, pero es una perfecta descripción de cómo me he sentido yo también."

– "La soledad es hermosa cuando se tiene alguien con quien compartirla."

– "Un oxímoron muy cierto."

Su abrazo se hizo más fuerte y tibias lágrimas cayeron sobre mí.

– "No quiero volver a estarlo. No deseo experimentar el aislamiento de nuevo. Ni la caótica oscuridad del Abismo se compara con la tristeza de la intrascendencia existencial." – Confesó entre gimoteos. – "No quiero que te alejes de mí, Aria. Quédate conmigo para siempre."

– "Nada deseo más en el mundo, amor." – Resistí mi llanto. – "Pero ahora, eso no depende de nosotras."

– "Haré lo que sea para evitar que te aparten de mi lado. Incluso si debo volverme la verdugo que tanto he reprimido con tal de salvarte."

– "Te lo agradezco, Lala." – Tome sus manos. – "Pero no digas esas cosas. Te volverás como los extremistas que nos llevaron a esto."

– "Lo sé." – Hipó. – "Pero estoy dispuesta a todo."

Suspiré. La felicidad siempre es tan fugaz y tan efímera como un cronón. Una extremadamente breve ausencia de sufrimiento en la tumultuosa línea de la vida. Pero por más que trate de usar a un grupo de psicópatas como mi chivo expiatorio, reconozco que al final yo fui la arquitecta de mi actual destino.

La irlandesa terminó el lavado en silencio. Acordó prepararme el mejor desayuno que jamás haya cocinado como 'despedida temporal', como afirmaba ella. Yo le rezaba a todo mi panteón religioso para que la dullahan tuviera razón. Ya vestidas, salimos del baño. Antes de entrar a la cocina, nos encontramos con todos los habitantes de la casa, reunidos y viéndonos a ambas sin decir palabra.

Oh, Arachne mía. Seguramente nuestro sonoro despliegue de pasión los mantuvo despiertos toda la noche.

– "Uhm… Podemos explicarlo…" – Inicié el diálogo.

– "¿Por qué no nos dijiste, Aria?" – Cuestionó Kimihito.

– "¿Eh? ¿P-perdón?"

– "¿Por qué no nos contaste que te irás?" – Volvió a preguntar el chico.

– "Oh… Bueno, yo…"

– "Siento haberles dicho sin tu permiso, cazadora." – Habló Rachnera. – "Pero me parece que el asunto les concierne a todos en esta casa y tienen derecho a saberlo cuanto antes."

– "Yo planeaba hacerlo…" – Contesté apenada. – "Es solo que no deseaba preocuparlos…"

– "Jaëgersturm, también eres parte de esta familia." – Tomó la palabra Centorea. – "Tu bienestar es importante para nosotros también."

– "¡Aria-nee! ¡No queremos que te vayas!" – Sollozó Papi en un repentino abrazo junto con Suu.

– "Sé que no somos perfectos, ¿Pero acaso no confía en nosotros, Aria-san?" – Fue el turno de Meroune. – "¿No nos considera sus amigos?"

– "No es eso… Yo…" – No me hallaba respuesta.

Me uní al lagrimeo de las pequeñas sujetas a mí.

– "Yo soy un auténtico imán de problemas. Siempre me meto en líos como este todo el tiempo y los arrastro conmigo." – Gimoteé. – "No quiero que nadie más deba sufrir con mi carga. Desde que me aceptaron aquí, solo les he retribuido con infortunios, como la intrusa que soy."

– "Aria, te reitero que nunca serás una carga para nosotros." – Declaró el muchacho. – "Tus aflicciones también son las nuestras. Para eso estamos aquí, para que nunca estés sola."

Lala tomó mi mano y la apretó. Papi y Suu trataban de reconfortarme. Era verdad, ya no estaba sola. Ahora contaba con personas que se preocupaban por mí y que no me abandonarán. Nunca debería olvidar que siempre puedo contar con esta familia.

– "Tiene toda la razón, Herr Kommandant." – Le sonreí secando cesando mi lloriqueo. – "Lamento haberlos mantenido en penumbras."

– "De todas formas, aún no entendemos por qué nadie ha mencionado que tu y esa arpía atacaron a un grupo de humanos, como contó Rachnee." – Informó Miia. – "Las noticias insisten en que eran una célula mercenaria liminal."

– "¿Estás segura, Miia?" – Dudé ante ello. – "Pero…"

El sonido de un vehículo estacionándose afuera nos hizo voltear hacía la entrada. La sangre se me heló. Demonios, fue más temprano de lo que pensaba. Revisé el reloj; Aún faltaban cuarenta minutos. Parece que mi castigo no puede esperar. Todos nos miramos en silencio, sin valor para abrir a quien insistentemente tocaba la puerta. Inhalé profundamente y opté por aceptar lo que viniera. Giré la perilla y alcé la vista para encontrarme con una imponente figura femenina.

– "Buenos días. ¿Eres Aria?" – Cuestionó una gigantesca ogresa rubia vestida en armadura. La misma de la foto de Smith. – "Soy Tionishia. Sígueme."

¡Por los Titanes! ¡Sí que van en serio! Mi altura es de dos metros con treinta centímetros y esta es de las pocas qué pueden igualar tal estatura. Pero a diferencia de mi delgado cuerpo, esta mujer cuenta con músculos, una fuerte coraza artificial y la fuerza característica de su especie. No tendría oportunidad contra una fortaleza viviente como ella. Volteé a ver a los demás. Parece que la conocían.

– "¿Tio? ¿Para qué el blindaje?" – Interrogó Kimihito.

– "¡Hola, Bombón! – Saludó alegre la ogresa. – "Es solo por protección. ¡Nos vemos después!"

A pesar de su afable personalidad, la chica continuaba siendo intimidante. Tragué saliva sonoramente y decidí ir tras la descomunal rubia. No tenía caso resistirme. Antes de cruzar la entrada, Lala me detuvo. Me hizo encararla y sin pensarlo dos veces, me clavó un fuerte beso en los labios. La estreché contra mí y devolví su muestra de afecto. No noté la reacción de los presentes, pero no me importaba lo que pensaran.

– "Te amo…" – Afirmó la dullahan.

– "Lo sé…"

Resignándome a mi suerte, seguí a la miembro de MON. Eché una última mirada a mis compañeros y les ofrecí una sonrisa, despidiéndome en silencio. Es muy posible que nunca vuelva a ver a tan amables personas quienes me brindaron la oportunidad de hacerme un pequeño espacio en este loco mundo. Tantos momentos inolvidables que aún deseo seguir experimentando y que ya no podré. El corazón se me partía en dos mientras me metía a la furgoneta.

Una mujer pelirroja con gran cantidad de puntadas en su cuerpo acompañaba a la rubia. Supuse que era Zombina, la muerta viviente. Me echó una mirada rápida y confirmó a alguien en su celular que ya me encontraba en el vehículo. No quise iniciar conversación con nadie, solo deseaba que la pesadilla terminara. Poniéndonos en marcha, comencé a rememorar los momentos que viví en esta tierra. No es fácil decir adiós a todo lo que amas.

Sonreí al recordar mi primer chiste con Cetania al conocernos, mi desconcierto al llegar al hogar Kurusu, las tonterías de Papi y Suu en los videojuegos, las provocaciones de Rachnera y hasta las discusiones con Miia. También remembré cuando obtuve mi empleo en la nevería con esas dispares pingüinas, como ayudé a una pequeña lamia a encontrar a su madre, a la arachne saltarina que amablemente me ofreció el desayuno o aquellos exquisitos platillos en aquel restaurante canadiense. Incluso me acordé de esa wyvern de excelente trasero en la oficina de inmigración.

Y por supuesto, Lala estuvo a mi lado en casi todos esos sucesos. Incluso con el tumultuoso inicio de nuestra peculiar relación, llegamos a experimentar felicidad absoluta. Es increíble como evolucionamos de indiferencia mutua a ser inseparables. Realmente extrañaré a mi segadora azul, mi gloriosa dullahan, mi bella irlandesa. Mi amada Lala.

Al llegar a nuestro objetivo, un enorme conglomerado de periodistas y fotógrafos abarrotaban el lugar. Apenas salí del transporte, casi todos los presentes, tanto humanos como liminales se lanzaron con micrófonos, grabadoras y demás aparatos con tal de obtener un par de palabras mías. Mis guardianas me condujeron hacia adentro de la jefatura de policía mientras los oficiales contenían a los ávidos reporteros.

Fui llevada hasta una sala de espera, donde Cetania también se encontraba y nos dijeron que esperáramos. Le di una sonrisa de resignación a mi amiga y ella hizo lo mismo. La apariencia de la arpía no era la mejor; Sus ojos estaban hinchados, evidencia de un largo llanto y su cabello, a pesar del esfuerzo que hizo para ocultarlo, era un lío. Me sentí terrible por ella.

– "¿Estás bien, Aria?" – Preguntó con una ronca voz la falconiforme. Debió llorar casi toda la noche.

– "Sí." – Respondí bajando los hombros. – "¿Qué tal tú?"

– "He estado mejor." – Sonrió débilmente.

– "Sí, no te ofendas, pero luces terrible."

– "Sobrevivir a la muerte con un corazón roto suele hacerle eso a las personas." – Contestó con ligero sarcasmo y se cruzó de brazos. – "Al menos estaremos juntas cuando nos manden a la silla eléctrica."

– "No creo que eso lo permitan en Japón, pero con nuestra suerte, podrían hacer excepciones."

Ella forzó una risa. Su mirada se tornó hacia el piso entonces.

– "Te divertiste con tu preciada dullahan, ¿correcto?" – Alzó la vista. – "No puedes ocultar ese intenso olor a sexo por más jabón que uses, cazadora."

– "Cetania…"

– "Está bien. Sé que pasaría tarde o temprano." – Ahogó un sollozo. – "No importa. Solo quería saber si lo disfrutaste."

– "Tu sabes que sí…"

– "Me alegra." – Sonrió. – "Tu felicidad es lo único que me interesa, incluso si no soy yo quien te la proporcione."

– "¿Por qué piensas así?"

– "Porque te amo, Aria. Siempre lo haré."

– "Hablemos de esto luego, Cetania… Por favor."

– "Quizás no podamos después." – Me tomó de los brazos. – "Lo que me dijiste ayer sonó demasiado sincero para ser una mentira. Aún no olvido tales palabras."

– "Era una farsa…"

– "Ese apasionado beso no lo fue. Sé lo que hay en tu corazón, admítelo."

– "No te engañes…"

– "Eso te digo a ti." – Volteó mi cara hacia la suya. – "También me amas, ¿no es verdad?"

– "…"

Cada vez que ella lo mencionaba, mi mente se tornaba tan turbia como una nebulosa. Le pertenezco a Lala, de eso no hay duda alguna; Pero me costaba en demasía negar lo que sentía por la castaña. Luchaba internamente con ese remolino sentimental dentro de mí. Por mucho que odie admitirlo, la arpía podía hacer flaquear a mi voluntad. Por suerte, la puerta se abrió y Manako nos invitó a pasar a la oficina donde Smith nos esperaba. Gracias por la distracción, scharfschütze.

Tomé una bocanada de aire conforme nos acercábamos al escritorio de la agente. Su pose era solemne, estoica y completamente seria. Era difícil imaginar que una persona tan perezosa e irresponsable como Kuroko pudiera lucir tan imperativa. Mi compañera tomó asiento y yo bajé mi cuerpo. No necesito mencionar que mi corazón palpitaba de la incertidumbre.

– "Manako, déjanos solas." – Ordenó la coordinadora a su subordinada, quien obedeció al instante.

Incorporándose y con las manos detrás de ella, la agente caminó lentamente alrededor de nosotras en silencio, como un buitre rodeando un par de cadáveres. Metáforas sobre lo muertas que estábamos no podrían ser más obvias.

– "Aria Jaëgersturm…" – Manifestó de manera estremecedora. – "Soltera. Hija única de Vera Jaëgersturm y Helmutt Jäger. Veinte años de edad, nacida un seis de junio a las 0630 horas. Rottmeister y tercera mejor tiradora en la Schutzpolizei de Weidmann, Sparassus y actual empleada en la nevería El Polo Sur en Asaka, Saitama."

Como demonios logró saber tanto y ser tan específica, no tengo idea. Pero significaba que no tenía secretos que pudiera ocultarle. La sangre se me heló como una tormenta polar.

– "Cetania Iktomi…" – Prosiguió. – "Soltera. Hija adoptiva de Palakya Iktomi y hermana adoptiva de Atseelia Iktomi. Diecinueve años de edad, nacida en Montana, Estados Unidos de América y emigrada a Hachijo-jima a los trece años. Fecha de nacimiento desconocida, pero celebrada cada veintitrés de febrero. Ozuye segunda clase en los grupos de caza de la tribu Wankatanka y actual mensajera en el Servicio Postal Nacional de Japón en Asaka."

De nuevo, la mujer nos sorprendió con un incisivo conocimiento de nosotras. Además, finalmente pude conocer el apellido de la arpía. Ignoro por qué nunca lo uso antes.

– "Como ven, sabemos todo de ustedes dos. No hay enigma que el gobierno no pueda descifrar ni acto que pase desapercibido ante la justicia." – Aseveró deteniéndose frente a nosotras. – "Excepto cuando un par de rebeldes deciden que poseen autoridad para inmiscuirse ilegalmente en los delicados asuntos concernientes a las autoridades correspondientes."

– "Dejé de usar el apellido Iktomi hace mucho." – Aclaró la rapaz. – "Oficialmente ya no soy parte de la tribu o incluso mi familia. Solo soy Cetania, la arpía halcón plomizo."

– "¡No me importa si te llamas Erin, Kiki, Rachel, Pachylene o Juanita Machetera, con un demonio! ¡Ese no es el punto!" – Exclamó furiosa la coordinadora. – "¡¿Puedo continuar, señorita Cetania?!"

– "C-c-claro…"

– "¡Thanks a fucking lot!"

Smith regresó a su escritorio y de mala gana tomó asiento, casi desplomándose en este. Se deshizo de sus lentes e intentó calmarse. Creo que incluso distingo una vena en su frente.

– "En todos mi años como coordinadora del Programa de Intercambio, agente gubernamental y líder de MON, nunca había visto un despliegue tan… salvaje y falta total a las reglas por parte de supuestas ciudadanas pacíficas." – Mencionó recobrando la compostura. – "Lo que ustedes hicieron, fue violar completamente las filosofías sobre las cuales fueron basadas las leyes y estatutos que han formado este gigantesco proyecto social.

Eso, sin contar las incontables faltas al código penal y moral del país entero. El hecho que una de ustedes operara armamento ilegal y todavía se atreviera a dispararlo contra una persona física es por sí misma una ofensa imperdonable."

Kuroko suspiró y nos miró pesadamente.

– "¿Por qué demonios hicieron esto?" – Preguntó con la mano en su frente. – "¿Por qué arriesgarse y arruinar todo lo que han logrado aquí?"

No contestamos. Observábamos al piso, tratando de hallar respuestas que no estaban ahí. Cualquier excusa que pudiéramos formular, se caería en segundos usando el sentido común. La pelinegra volvió a exhalar y habló de nuevo.

– "No es fácil ser una liminal, de eso estoy consciente. Entre el impacto cultural por la revelación de su existencia y el rechazo natural del hombre ante el cambio repentino, ustedes se hayan atrapadas en esta maraña de inconformidad social, violencia y política. También pierden mucho de su libertad al ser obligadas a convivir con hospedadores humanos y adaptar sus costumbres y valores a las de nuestras tradiciones.

Y sé que esta cosa tan draconiana como prohibir todo acto considerado violento (incluyendo relaciones sentimentales) entre especies crea muchos problemas. Sin embargo, eso no justifica las medidas que han tomado esta vez.

Las he observado. Como su supervisora, he tenido que seguir sus avances y me permito decirles que ustedes dos eran lo que yo consideraba un ejemplo notable de nuestro programa. Llegaron aquí y rápidamente intentaron establecerse en el mundo laboral, ser parte de la sociedad e integrándose a esta de manera casi impecable. A pesar de algunos tropiezos al principio y problemas familiares, su rápida adaptación me demostró que el progreso que tanto anhelábamos se estaba volviendo realidad.

Ya contamos con los kobolds y demás incontable cantidad de presencia liminal en todos los ámbitos posibles, desde entretenimiento hasta el sector médico e incluso el ejército. Pero ustedes, ambas, eran mi logro individual como coordinadora. Estaba orgullosa de las dos, incluso si parecía que no las tomaba en cuenta, en verdad las apreciaba."

No hablamos. Kuroko se levantó y volvió a pararse enfrente de nosotras.

– "¿Por qué lo hicieron?" – Interrogó de nuevo. – "Cualquier cosa, solo díganme algo, por todos los cielos."

– "Pudimos morir…" – Me atreví a replicarle. – "Pudimos dejar de existir de no haber actuado."

– "¿E intentar detener a tus agresores no es un plan mucho más peligroso?" – Contradijo la agente.

– "Había personas en peligro." – Acotó la arpía.

– "¿Quién las nombró protectoras autorizadas?"

– "Las autoridades no se presentaban a tiempo." – Declaré yo.

– "¿Si un cirujano no acudiera a la sala de urgencias, operarías tu misma al paciente?"

– "¡Smith, ellos intentaban matarnos!" – Exclamó la falconiforme.

– "¡Y por lo visto, ustedes también a ellos!"

– "¡Proteger la vida no es delito!" – Le grité.

– "¡Pero sí lo es el romper las leyes!"

– "¡Desobedecer una ley injusta no es inmoral!" – Manifestó Cetania.

– "¡Ignorar la ley te convierte en criminal y los criminales no pueden hablar de moralidad!"

Las tres nos detuvimos antes que explotáramos de rabia. Estábamos hiperventilándonos y perdiendo la compostura. El ambiente se tornó tan tenso que podía cortarte con un cuchillo. Smith exhaló para templar sus ánimos y descanso recargándose contra su escritorio. Pasaron varios minutos sin que alguien dijera pío. Solo los movimientos del ventilador en el techo y el débil barullo del exterior eran las únicas fuentes de sonido.

– "Hace varios años, antes de MON, antes de todo esto; En los primeros días posteriores a la revelación…" – Empezó a relatar la pelinegra. – "Yo era una simple agente primeriza conduciendo por las costas de Yokohama, llevando tareas de poca importancia y entregando recados como mensajera servil. Mis superiores no me tenían la estima más alta.

En todo caso, en uno de esos habituales recorridos en los solitarios caminos, noté a un desafortunado hombre cuyo automóvil había decidido fallarle a mitad de la carretera. Como buena ciudadana, detuve la máquina y ofrecí amablemente mi ayuda, cosa que el rechazó de inmediato, a pesar de mi insistencia. Comprendiendo que el sujeto no deseaba asistencia, me resigné a continuar mi rutina.

Estaba encendiendo el motor de mi auto y a punto de ajustar la radio cuando un súbito movimiento en el carro del tipo llamó la atención. Este hizo ademanes de estar pateando su transporte averiado en frustración, así que no le tomé importancia. Al menos, hasta que el movimiento se hizo más fuerte y constante. No soy experta en coches, pero ningún vehículo daría tales saltos por un simple problema en el motor.

Me bajé a investigar y el hombre se mostró sumamente nervioso. Le pregunté qué sucedía con su carro y este tartamudeó al darme una poco convincente explicación. Sabiendo que podía enfrentarme a una posible transgresión de la ley, sutilmente preparé mi pistola, por si las moscas. El sospechoso insistió en que no había problema alguno al tiempo que su mano se dirigía hacia su vetusto chaleco. Eso era mala señal. Que también cubriera gran parte de su rostro tras lentes oscuros y un gran gorro, aún bajo el absurdamente ardiente sol, no lo hacía más confiable.

Sin querer perder más tiempo, intenté charlar para desviar su atención y con lentitud me aproximé al maletero del automóvil. La voz del tipo se tornó amenazante cuando mi mano pretendió abrir el compartimento y me ordenó alejarme. No le obedecí y osadamente jalé el seguro para revelar lo que el sujeto se traía entre manos. Cuando lo descubrí, no tuve palabras para procesar lo que sucedía frente a mis ojos. Era abominable.

Una juvenil chica kobold, de no más de unos siete años, ni siquiera una adolescente aún; Se encontraba amarrada y amordazada, intentando zafarse de sus ataduras inútilmente. Perdí el aliento ante tan repugnante vista, tan deplorable acto de infamia. Sin pensarlo dos veces, tomé mi arma y le apunté al sujeto.

Pero este no me dio tiempo para ello. Con un revólver de su posesión y teniendo la misma idea, el desgraciado disparó en mi dirección, fallando por milímetros debido a su nerviosismo. Grité asustada. Paralizada temporalmente por el súbito ataque y el campaneo en mis oídos, caí al suelo y el bastardo aprovechó para cerrar la cajuela y escapar a toda velocidad de escena.

Desorientada, pero dispuesta a no dejarlo huir, me apresuré a recoger mi pistola y a seguirlo sin descanso. Metí el pie en el acelerador a fondo e inicié la persecución. Mi vehículo no era el más rápido, pero pudo mantener el ritmo del malhechor y me acercaba a él a cada segundo. Intenté llamar a alguien por mi teléfono, pero la señal era casi inexistente en el área. Maldiciendo mi suerte, me resigné a continuar la cacería sola.

No fue sencillo. El tipo deseaba deshacerse de mí y sin importarle el estrecho camino, tomó sus chances con su arma y abrió fuego contra mi persona. El constante movimiento de nuestros transportes y su pésima puntería me permitieron seguir viviendo pero dificultaba el conducir. No podía chocar y tratar de sacarlo del camino con una menor atrapada en la parte trasera de su carro, así que probé mi suerte con mi arma, disparando a las llantas del coche infractor.

Desgraciadamente esos heroicos tiros de gracia no suceden cuando una los necesita y ninguna bala impactó donde deseaba. Sin importarme todo, disparé al conductor pero solo logré destruir su espejo retrovisor. Un intercambio de plomo intermitente más y ambos quedamos sin munición. No podía recargar sin dejar el volante, no tenía apoyo y la aguja del indicador de combustible decía que no contaba con mucho tiempo disponible. El corazón me latía como un tambor y la respiración era agitada.

Afortunadamente nuestra carrera nos hizo alcanzar un poblado cercano y la sorpresiva aparición de un camión obligó al sujeto a intentar esquivarlo. Evitó chocar con el otro vehículo pero se estrelló contra un semáforo, deteniéndolo por completo. Bendije mi fortuna y tomé un cartucho extra de la guantera, recargando mi arma. Salí tan rápido como pude de mi asiento y corrí para arrestar a ese maldito desgraciado.

Me alegré al ver como los demás elementos policiacos se acercaron a socorrerme. Les ordené que abrieran el portaequipaje y prontamente se horrorizaron al ver a la niña, llorando asustada e indefensa. Sonreí, el tipo estaba atrapado completamente con las manos en la masa. Yo misma me encargaría de meterlo en la prisión más recóndita y oscura que pudiera encontrar bajo la más severa condena.

Desgraciadamente, ahí fue donde mi optimismo murió. El hombre, aún con el cañón de mi pistola en su barbilla, empezó a reír. Creí que era una reacción al pánico, pero pronto comprendí que se estaba burlando. Enfurecida, lo amenacé con volarle la tapa de los sesos si continuaba su despliegue de insolencia, pero el continuó mofándose. Entonces, dejó en evidencia el porqué de su preocupación.

Removiendo su gorro y los lentes, el tipo reveló ser un demonio. Un jodido liminal. Lo dejó completamente claro cuando se deshizo de su chaleco, dejando ver un par de alas y una amenazante cola acaba en afilada punta. Alegó ser inmune a nuestra jurisdicción, amparándose bajo su condición no humana.

Tenía razón. Como extraespecie, se hallaba protegido por la ley y aplicar justicia en él sería imposible. No podía procesarlo, juzgarlo, ni siquiera escarmentarlo a golpes. O reclamar a la pequeña, porque aparentemente, le pertenecía a él. Absurdo… ¡Absolutamente absurdo!

Llena de ira, metí la pistola en su boca y mi dedo sostuvo el gatillo, a tan solo un pequeño movimiento de accionar el percutor y meter plomo en su masa encefálica. El miserable, obviamente asustado pero desafiante, siguió sonriéndome a la cara. Antes que decidiera enviarlo de vuelta al maldito infierno de dónde provino, un oficial me recordó las limitaciones de la ley y me aconsejó desistir.

Le reproché tan ridícula petición y mi arma se introdujo más profundamente. Encaré al demonio, le recordé que su vida era longeva pero no invulnerable y me preparé para ejecutarlo. Fue necesario que tres agentes me detuvieran y retiraran la pistola de mi mano para evitar que lo consiguiera. Protesté violentamente, solicitando que me liberaran, pero hicieron caso omiso, diciendo que era inútil.

Con una carcajada sonora, el desgraciado retomó control de su vehículo, cerró el compartimento y mostrándonos el dedo medio como burla final, se alejó rápidamente hasta perderse en el horizonte. Yo estaba destrozada. Vociferé numerosas injurias al sujeto y a las personas que me impedían soltarme. Seguí insultando hasta que la garganta me dolió y perdí el aliento. Cuando me liberaron, me desplomé en el suelo, absolutamente desdichada, sabiendo que mi esfuerzo había sido completamente en vano.

Inútil.

Días después, hallamos la niña. Muerta, mutilada, con el cuerpo hecho un desastre y utilizado para fines que no quiero siquiera imaginarme. Lloré por días al saberlo. Lloré porque supe que aunque tuve la oportunidad de detenerlo y evitarlo, la ley me obligó a abandonarlo. A ese miserable. Un auténtico y perverso criminal que pudo escapar de la justicia despreocupadamente en su cara."

Smith comenzó a sollozar. Cubrió su rostro con la mano y observamos en silencio ver las lágrimas manchar su ropa y el suelo. Pasaron minutos en los que ella intentaba recobrar la calma. Entonces prosiguió.

– "Ese incidente llevó a la creación de MON. Me encargué personalmente de reclutar a personas sumamente talentosas, las mejores que el mundo pudiera ofrecerme, todas con el mismo objetivo de brindar justicia a cualquier desgraciado que tratara de usar su estatus extraespecie como excusa para violar la ley.

Meses después, con Zombina, Tionisha, Manako y Doppel a mi lado, localizamos la célula criminal donde ese hijo de perra operaba. Arrasamos el lugar, neutralizamos a cada miserable y pérfido integrante del grupo y liberamos incontables víctimas secuestradas. Y, finalmente, pude reencontrarme con aquel bastardo endemoniado.

No entraré en detalles, pero no necesito decir que disfruté enormemente cuando el peso de la ley concentrada en un casquillo de nueve milímetros atravesó desde su mandíbula hasta la materia gris, esparciendo su sangre y masa encefálica en el piso. Disparé encolerizada a su cadáver hasta quedarme completamente sin munición. Estaba hecho. Por fin, estaba hecho. Nadie más aparte de mi grupo sabe de aquello.

Pero ni todas las venganzas del mundo ni todas las balas disponibles podrían revivir a esa pobre niña. Antes de dormir, aún puedo ver esos inermes ojos azules, vueltos rojos y nublados por el llanto, suplicando ser rescatados. Y nunca podré hacerlo.

Cada año, llevo flores a la tumba en Yokohama donde ella fue enterrada. Su familia nos contactó pocas semanas después de hallar su cuerpo. Una próspera pareja de kobolds finlandeses cuyas extensas riquezas no le devolverán jamás a su hija. Estaban devastados. Nos agradecieron el encontrarla, pero el dolor jamás se iría de sus almas.

Ahí supe el nombre de la pequeña: Kahvi.

Significa 'café' en finlandés. Café como su pelaje. O Como la sangre seca que acompañaba su inerte cadáver. Cada vez que tomo una taza del oscuro líquido, mi alma me atormenta por el recuerdo, pero lo soporto, en honor a ese inocente ángel que nunca extendió sus alas en vida."

Kuroko cerró los ojos, hipando y expulsando todo un torrente de lágrimas. Cetania y yo nos unimos en su llorar. Nos esperábamos tan atronadora revelación por parte de la aparentemente despreocupada agente.

– "El punto es que este mundo está lleno de auténticos monstruos, sin importar especie." – Siguió monologando. – "Humanos, liminales; Todos son perpetradores y víctimas. Este país ha cometido crímenes inimaginables en tiempos de paz y guerra. Hemos invadido naciones e impuesto reglas brutales a los sometidos. Jugamos con fuego y después nos quemamos, en ocasiones literalmente, cuando las llamas cometen represalia, como los americanos nos demostraron en Hiroshima y Nagasaki. Siempre habrá horrores ahí afuera e inocentes que serán atrapados en la tormenta de odio.

Y después… No podremos hacer nada, porque un maldito grupo de estúpidos políticos buenos para nada nos han aprisionado con leyes ridículas, ineficientes y retrógradas.

¡Todo para salvar sus malditos traseros y deslindarse de toda responsabilidad, mientras le roban al pueblo que sufre por los grilletes que sus reglas han creado! ¡Reglas que convierten la legislación en barrotes que obstaculizan a la verdadera justicia que desea cumplir su trabajo! ¡Edictos que permiten al villano obtener la ventaja, mientras se ríe desvergonzadamente en tu cara y le destroza el cuerpo a una niña!"

Smith golpeó el escritorio con su puño. Todos los objetos sobre este dieron un salto y otros cayeron al suelo. La expresión hosca de la coordinadora desaparecía lentamente a medida que su respiración volvía a la normalidad.

– "Soy una agente de la justicia. Mi labor consiste en aplicar rectitud y obediencia en base a las leyes que nos rigen en este país. Siempre he tratado de cumplir ese trabajo con honestidad, a pesar de mi aparente laxitud."

Exhaló profundamente.

– "Y aún así, estoy completamente de acuerdo con sus acciones."

Mi amiga y yo nos miramos incrédulas. ¿Acaso nos estaba apoyando?

– "Smith…" – Le hablé. – "¿Qué estás diciendo?"

– "¿No es obvio? ¡Respaldo con totalidad lo que ustedes dos le hicieron a esos hijos de puta!"

– "Agente… Le recordamos que nuestro proceder fue ilegal." – Afirmó la castaña.

– "¡Oh, al carajo con lo legal!" – La pelinegra alzó sus manos al aire. – "¡Esos bastardos merecían todo el castigo y más! ¡Demonios, yo los hubiera mandado al otro mundo de tener la oportunidad!"

La mujer paró frente a nosotras con sus manos en la cadera.

– "Un hombre muy sabio dijo que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los buenos no hagan nada. Eso he apoyado antes y lo sigo defendiendo. Incluso si es necesario quebrantar los estatutos establecidos, una no debe ignorar el hacer lo correcto."

– "Kuroko…" – Llamé su atención. – "Le disparé a un humano."

– "Y ese humano hirió a personas y liminales por igual. Es un jodido terrorista, como sus demás compañeros. ¿Esperabas que un extremista respetara las reglas?"

– "Pudimos haber causado un daño mayor." – Aseguró la arpía. – "Casi morimos en el proceso también."

– "Y los destrozos hubieran sido más grandes si no los hubieran detenido a tiempo."

La agente se pausó, exhausta de tanto discutir.

– "Obsérvennos ahora en esta ironía, yo intentando justificarlas y ustedes queriendo incriminarse." – Rió la coordinadora. – "¿Acaso quieren ser deportadas después de todo?"

– "Solo hacemos lo que es correcto." – Le indiqué.

– "¿Y qué es lo correcto, Aria? ¿Dejar que un cuarteto de psicópatas mate indiscriminadamente civiles inocentes con tal de seguir las reglas? ¿Si una persona se estuviera ahogando, evitarían ayudarla porque no cuentan con licencia de salvavidas?

La moralidad es tan relativa que es básicamente un invento de la sociedad. La naturaleza es una cruel y despiadada dama que castiga desalmadamente a cualquiera. Entonces llegó la civilización y decidió imponerse límites para controlar el caos. Funcionó, pero como toda creación artificial, es vulnerable a fallos.

Aria, como alemana tú sabes las políticas racistas que Hitler implantó en contra de los judíos y demás minorías durante su dictadura, desembocando en el genocidio masivo. Y estás más que enterada de las injusticias que debiste vivir en Sparassus. Y tú, Cetania, ya debes conocer de la brutalidad de los colonizadores europeos cuando conquistaron a los nativos americanos, sin contar la discriminación que aún existe en tu país natal y que la guerra civil jamás logró erradicar.

Y todas esas atrocidades, fueron completamente legales. ¿Consideran justo el condonar tales barbaridades? ¿En qué principio moral recae el perdón hacia el odio irracional? ¿Dónde está la justicia cuando es permisible el abusar del inocente?"

No contestamos. ¿Qué podíamos responder? Ella prosiguió.

– "Chicas, ambas salvaron incontables vida con su atrevido acto. Tenemos más de cincuenta y seis heridos que pudieron convertirse en muertos si ustedes no hubieran entrado a escena. Sufrimos enormes pérdidas materiales pero afortunadamente nadie pereció por ello." – Sonrió. – "Es posible reconstruir una pared, pero no devolverle la existencia a un ser querido. Excepto como un zombie, pero esa no es la cuestión aquí. Por si no les ha quedado claro: Ustedes dos hicieron lo correcto."

– "Eso es reconfortante, Smith, pero… ¿Qué hay de los demás? ¿La policía, los políticos, el público?" – Cuestioné preocupada. – "¿No somos criminales ante ellos?"

– "¿Bromeas?" – Rió la pelinegra. – "¡Las adoran!"

Kuroko tomó el control remoto y encendió el televisor en el techo detrás nuestro. Mi compañera y yo nos extrañamos al ver nuestros rostros en las noticias, incluyendo ese dibujo que la joven polilla nos hizo en la feria. Diablos, debieron encontrarlo entre los escombros cuando lo solté del susto. Me sorprendí al oír a una supuesta testigo, clamando que una arachne flotó sobre ella y voló a un terrorista con su rasho láser.

– "No tengo idea como consiguieron sus identidades, pero desde esta mañana sus nombres de han vuelto el lema de las redes sociales y sus caras ahora pululan los medios como la insignia del movimiento en pro de una reforma legislativa. Estoy segura que en Sparassus y Montana ustedes ya son la sensación del momento. Incluso la cantidad de personas dispuestas a hospedar arachnes y arpías, especialmente zanquilargas y halcones, se ha elevado hasta las nubes desde temprano.

Créanme, no están soñando. Esto está pasando en verdad y ahora, mis queridas guerreras, son heroínas nacionales.

De hecho… ¿Sabían que la mujer de Takashi también se encontraba ahí? La pobre estaba aterrada, observando a escondidas como unas guerreras anónimas se enfrentaban valientemente a los malhechores. Kanzaki quería besarles los pies a ambas por haber salvado a su esposa. ¡Mi impasible jefe dijo que ustedes tenían los ovarios más grandes desde Juana de Arco y merecían su propia estatua! ¡¿Pueden imaginarlo?!"

Queríamos hacerlo, pero nuestra mente explotaría si lo intentáramos. No podíamos concebir el volvernos tan grandes ante las masas. Era desconcertante. Nos intimidaba pensar en toda esa atención repentina.

– "Smith…" – Recobré el habla. – "¿Quieres decir que… estamos absueltas?"

– "¡Ja! Si nos atreviéramos siquiera a castigarlas en un rincón, el público y la prensa nos lincharían vivos con antorchas y rastrillos." – Se rió la coordinadora. – "Hasta las dueñas de esa nevería en la que tú trabajas, Aria, nos enviaron cantidades titánicas de helado para convencernos de exonerarte. La fama les ha brindado más inmunidad que a un diplomático."

Kuroko se dio la vuelta, mirando hacia una pintura detrás de su escritorio.

– "Cetania y Aria Jaëgersturm, sé que hemos vivido intensos sucesos en estos últimos días y que este no será el mejor momento o lugar para hacer lo siguiente. Pero aún así, han demostrado una incomparable valentía y entrega al responder el llamado más allá del deber, protegiendo al inocente. Necesitamos más individuos dispuestos a arriesgarse por el indefenso y demostrar que la bondad aún existe en este frío mundo.

Mis superiores y yo lo hemos considerado detenidamente, llegamos a un acuerdo y estamos dispuestos a ofrecerles esta oportunidad única en la vida. Así que les hago la siguiente pregunta…"

Nos miró directamente, acercándose con una gran sonrisa y un inusual brillo en sus ojos.

– "¿Desean unirse a MON?"


NOTAS DEL AUTOR: ¡Gran Arachne Divina! ¡Smith soltó tremenda bomba y ella no es terrorista! (O eso creo…)

Bueno, amigos, con este extenso capítulo he decidido finalizar el año. Voy a tomarme unas merecidas vacaciones hasta el siguiente, para recargar baterías y volver fresquecito a la carga. Además, Mero me invitó a un viaje a las profundidades de R'lyeh para visitar al abuelo Cthulhu y si lo rechazo, me devor… Digo, se molestaría mucho.

Ojalá les haya gustado, así que les invito a dejarme comentarios y reseñas como mi regalo de Navidad. Lo necesito, este año me porté peor que los anteriores (pero mejor que el siguiente) y Satán Claus me ha puesto en su Death Note… Digo, lista negra.

Ah, pero no me voy sin antes mandarle un saludo a Arconte, nuestro miembro más reciente en esta insana comunidad y a quién le hice un guiño en este episodio. También a Dragonith, por permitir el uso de sus arpías pingüino.

Y por supuesto, un gigantesco abrazo tamaño Jaëgersturm a los compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther y Endelstadt, quienes me han apoyado enormemente desde que inicié esta aventura. Muchas gracias por estar siempre conmigo, camaradas, en verdad les aprecio lo que hacen.

Les agradezco a todos los fieles lectores que incluso en el anonimato me han seguido desde el comienzo. Son ustedes a quienes también les debo mi motivación para seguir adelante. ¡Gracias por continuar conmigo!

Sin más que decir, les deseo Felices fiestas a todos y próspero año nuevo. No olviden felicitar a cierta dullahan este 25 de diciembre. Y si escuchan sonidos raros proviniendo de su cuarto, no se preocupen, es solo Aria que le da su apasionado regalo de cumpleaños.

¡Dile sí al yuri! ¡Las arachnes son la especie superior! ¡Obedece a la Gran Sirena! ¡Auf Wiedersehen!