NOTAS DE MERO: ¡Bienvenidos al 2017, esclavos míos! ¡Soy su diosa indiscutible, Meroune Lorelei Du R'lyeh!

Mi plan de dominación universal ha dado marcha y para celebrar la inauguración de mi poderoso régimen, Flake-san nos trae un nuevo episodio en la vida de Aria-san. ¡Relájense y disfruten mientras observan su mundo ser absorbido por mi nuevo imperio!

¡Que todos sus deseos terminen en tragedia y obediencia absoluta a mi persona! ¡Comencemos!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro y para esparcir la palabra de la divina Meroune. ¡Gloria eterna a la Gran Sirena!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 23


¿Desean unirse a MON?

Me hallaba estupefacta. Desde la confesión de Cetania, mi roce con la muerte y la revelación con Lala, no había un solo momento falto de intensidad en mi vida. Los sucesos ocurrían a vertiginosa velocidad, como un tren fuera de control que iba a descarrilarse en cualquier momento. Ayer era una simple arachne buscando un lugar en la existencia y hoy soy una heroína pública. Incluso ahora me ofrecen trabajar para el mismísimo gobierno en un escuadrón de élite. No supe cómo reaccionar.

– "¿Chicas?" – Cuestionó Smith. – "¿Están bien?"

Volteé a ver a mi compañera. Ella también se encontraba sin palabras. Miré de nuevo a la agente, expectante de nuestra contestación. Pero yo estaba callada, muda, casi afásica. Y completamente sorprendida por esta tormentosa serie de imprevistos eventos. Me costaba en demasía en creer que esto estaba sucediendo en realidad.

– "No…" – Repliqué finalmente. – "No lo sé, Smith."

– "Bueno, no esperaba que aceptaran a la primera oportunidad." – Contestó la coordinadora. – "Les mencioné que este no sería el mejor momento para hacer tan súbita proposición."

– "Es demasiado para nosotras." – Habló Cetania. – "Demasiado pronto."

– "Sé que tienen mucha presión ahora en sus vidas como para tomar una decisión tan importante, pero espero la consideren seriamente."

– "Necesitamos tiempo para eso." – Mencioné.

– "Las entiendo." – Sonrió Kuroko. – "Les daré unos minutos a solas para que lo reflexionen. Y tranquilícense, que no hay prisa ni las estamos obligando. Es su elección."

– "Uhm… ¿Coordinadora?" – Llamé su atención.

– "Dime, Aria."

– "Sentimos lo de Kahvi."

– "Ella está en un lugar mejor." – Movió ligeramente su cabeza. – "Yo espero honremos su memoria poniendo en alto el nombre de nuestra organización. Nos vemos en unos minutos."

La pelinegra se encaminó a la salida, dejándonos a las dos observando el escritorio vacío detrás de ella. Antes de salir, ella se volteó hacia nosotras.

– "Chicas, ya sea que acepten o no… Sus vidas ya nunca serán las mismas."

Dicho aquello, la agente se retiró del lugar. Pasaron varios segundos en silencio de nuestra parte.

– "¿Qué haremos?" – Me dirigí a mi amiga.

– "No tengo idea…"

– "Sea lo que sea, Smith tiene razón. Ya no tendremos vidas normales después de todo esto."

– "La mía nunca fue muy normal que digamos. Somos liminales para empezar."

– "De todas formas, ¿te imaginaste que alguna vez algo así sucedería?"

– "Ni en mis más disparatados sueños, Aria."

Suspiré y miré al techo. Cerré mis ojos, como si esperara despertar de tan vívida ilusión. Yo no deseaba esto, no quería tanta responsabilidad en tan poco tiempo. Solo deseo vivir en paz, sin preocupaciones, sin toda esta presión sobre mi frágil persona. Los ojos del mundo se ciernen sobre mí ahora, con grandes expectativas. Tengo miedo, tengo miedo de fallarles a todos.

Pero entonces pensé: ¿Acaso huiría de nuevo? ¿Volvería a escapar como siempre lo hago cuando el presente se torna tan inclemente? ¿Qué bien me ha traído el evitar hacerle frente a los problemas en todo este tiempo?

Abrí los ojos en realización. No quiero regresar a ser la misma cobarde de antes. Fue el vencer ese temor el mismo que me llevó a liberarme del yugo de Sparassus, a encontrar un nuevo hogar, amigos y trabajo. Tuve el coraje suficiente para hacerle frente al peligro y salvar incontables vidas en el proceso. ¡Pude declararle mis sentimientos a la mujer que amo! ¡Incluso hice el amor con ella!

¡Gran Arachne, nada de eso fue suerte! ¡Yo lo hice, yo lo logré! ¡Si soy capaz de aquello, imaginen lo que puedo alcanzar si me lo propongo!

– "Voy a hacerlo." – Le comuniqué a la rapaz, mirando al frente. – "Aceptaré la oferta."

– "¿En serio?"

– "Sí." – Me levanté. – "Ya he pasado demasiado tiempo siendo una mujer indecisa."

Me paré frente a ella, con una convicción renovada creciendo dentro de mí.

– "Soy una Jaëgersturm. Mi familia conquistó fuertes, ciudades, naciones. Mis antepasados combatieron al peligro en repetidas ocasiones, atendieron la llamada del deber. Está en mi sangre." – Declaré enérgicamente. – "Ahora, la vida que siempre intentó avasallarme, me brinda la oportunidad de hacerle honor a mi legado. He rehuido de todo reto, pero ya no. Es hora tomar las riendas de mi destino."

La americana no contestó a mi resolución, solo me observó estupefacta por varios segundos. La miré y le ofrecí una sonrisa.

– "Cetania, quiero que estemos juntas en esto." – Le ofrecí mi mano. – "Contigo a mi lado, podremos lograrlo."

Ella continuó viéndome sin articular palabra. Volteó hacia abajo y yo continuaba extendiendo mi extremidad. El tiempo transcurrió hasta que la castaña optó por alzar su mirada y su ala, rozando mis dedos con esta. Mi sonrisa se hizo más grande.

– "No." – Manifestó la rapaz. Mi expresión cambió al instante.

– "¿De qué hablas?"

– "Lo siento, Aria." – Negó con la cabeza. – "Pero no puedo aceptar."

– "¿¡Por qué?!"

– "Yo…" – Cubrió su cara con sus alas. – "No quiero más de esto, no puedo soportarlo."

– "Cetania, sé que todo esto parece abrumador…" – Posé mis manos en sus hombros. – "Pero entre nosotras dos nos apoyaremos mutuamente. Podemos hacerlo."

– "Te agradezco que tengas fe en mí, amiga." – Sonrió débilmente. – "Pero no soy una soldado como tú. No nací para estas cosas."

– "Nadie nace siendo guerrero, mujer." – Le aseguré. – "De hecho, dudo que yo sea un ejemplo sobresaliente. No soy diferente a cualquier arachne. No soy especial."

– "¿Bromeas? Te enfrentaste a cuatro dementes armados y saliste ilesa."

– "Milagrosamente." – Afirmé. – "De no haber sido por ti, yo estaría recorriendo los campos elíseos en estos momentos."

– "Solo fue un golpe de suerte el desarmar a ese tipo."

– "No creo que esa velocidad y precisión en el descenso hayan sido cosa del azar, Cetania. De ser más lenta o revelar tu presencia, ese desgraciado hubiera apretado el gatillo." – Alcé su barbilla. – "Me salvaste la vida. Siempre estaré en deuda contigo."

– "Tú salvaste la mía al hacerles frente, Aria. Yo soy quien te debe."

– "Entonces hazme un favor y acepta conmigo. No haré esto si tú no estás a mi lado."

La falconiforme solo negó con la cabeza de nuevo.

– "No deseo que te detengas por mí. Estarás bien sola."

– "Por eso te necesito. Nunca me sentiría segura sin ti cubriéndome la espalda."

– "¿Ahora la gran cazadora depende de mi presencia para ser feliz?"

– "Requiero de una persona en la que pueda confiar plenamente; Tú."

– "Yo no soy confiable." – Sonrió desdichada. – "Ni siquiera te revelé mi antiguo apellido a pesar de confesar mis sentimientos."

– "Todos tenemos secretos que no compartimos hasta creernos listos para dejarlos salir. Yo tampoco te he contado mucho de mi pasado y aún así tu corazón me aceptó."

– "El corazón es ciego."

– "Pero completamente honesto. Y sé que mi vida estaría en buenas manos junto a ti."

Soltando una risa resignada, la americana me acercó hacia ella.

– "Te amo tanto, Aria Jaëgersturm. Y cuidaría de ti tan fieramente como me fuera posible." – Acarició mi cabello. – "Pero no fui hecha para enfrentarme al mundo como tú. Mis presas no son tan grandes. Lamento decir que no."

– "No me abandones, Cetania."

– "Tu ya lo hiciste cuando elegiste a esa dullahan. Y al menos tú no quedaste sola."

– "Por favor, no conviertas mis sentimientos en tu arma."

– "Nunca lo haría. Después de todo, yo soy quien te pidió que clavaras aún más profunda esa daga en mi alma con tus palabras."

Ella sonreía a pesar de lo vacío de su interior. No deseaba verla sufrir, no a ella. Me sentí terrible sabiendo que la solución era responder a su amor, pero me era imposible.

– "Si te decepcioné, no podré culparte." – Expresó la arpía. – "He sido una decepción para mi clan entero desde hace mucho."

– "Yo también soy una falla, una anomalía. Un error." – Le aseveré mirándola fijamente. – "Nadie es perfecto para cumplir las exigentes expectativas que el destino posa sobre uno. Yo nunca juzgaría tu persona de esa manera."

– "¿Entonces por qué insistes en creer en mí?"

– "Porque se de lo que eres capaz, halcón. Una majestuosa ave de presa siempre volará tan alto como ella desee." – Manifesté con seriedad. – "Y sinceramente, tengo miedo de hacerlo por mi cuenta. Tú me das más valor del que te imaginas."

– "Tienes a Lala."

– "Pero no me asistiría en la batalla, no me cuidaría los flancos ni me auxiliaría en combate. No es que quiera hablar mal de ella, pero Lala no es una cazadora como tú."

– "¿Qué diría si te oyera decir eso?"

– "Je, me decapitaría en el acto por bocona. Pero lo que dije es la verdad, por más que odie admitirlo. Tienes potencial, amiga. Aprovéchalo."

– "Me encanta ese optimismo que me tienes, flaquita." – Acarició mi mejilla. – "Sin embargo, la respuesta sigue siendo negativa. Ya perdí mi pasado, a mi familia y te estoy perdiendo a ti. No deseo perder también mi vida."

– "Jamás dejaría que algo te sucediera, Cetania. Tienes mi palabra."

– "Y yo no permitiría que te arriesgaras por mí. Tú me haces feliz si estás viva."

– "Tú me harías feliz estando a mi lado."

– "¿Me amas, Aria?"

– "Sí…" – Admití con honestidad. – "Como también amo a Lala."

Lentamente, la castaña procedió a besar suavemente mis labios. Acepté su ofrecimiento. Fue simple, sencillo y muy tierno. Adoraba a la arpía, en verdad que sí. Una pequeña sonrisa sincera regresó a nuestros rostros cuando nos separamos.

– "¿Qué tiene esa irlandesa que fue capaz de clamarte tan fácilmente?" – Preguntó la emplumada.

– "Me robó el aliento… Y el alma."

– "Una conquista algo injusta, pero no descansaré hasta alzar mi bandera sobre el monte Suribachi de tu corazón."

– "Iwo Jima." – Sonreí. – "Veintitrés de febrero. Analogía más acertada no pudiste encontrar, pajarita."

– "Te conozco bien, flaca." – Devolvió el gesto. – "Lamento negarme a tu oferta."

Suspiré. La rapaz tomó su decisión y debía respetarla. Entiendo perfectamente sus razones, pero no podía evitar sentirme triste por ello.

– "Si no te molesta, Aria… ¿Puedo pedirte otro beso?"

– "Esto es lo único en lo que no te rindes, ¿cierto?"

– "¿Lo harías tú con tu dullahan?"

– "Por supuesto que no."

– "Entonces bésame, araña tonta."

Me reí. Volvimos a unir nuestras bocas y aún si usar la lengua, probé ese sabor único de la castaña, tan exótico, tan salvaje. Era como degustar una fresa silvestre, dulce e indómita al mismo tiempo, dejando un singular cosquilleo en el paladar. No es que deseara menos a Lala, pero me es imposible ocultar ahora lo que siento por la falconiforme. La puerta se abrió de repente, Smith había regresado. Nos separamos de inmediato y fingimos estar sumidas en meditación.

– "¿Interrumpo algo?" – Cuestionó la coordinadora.

– "¡N-no, para nada!" – Respondí nerviosa. – "¿Qué tal tú?"

– "Acabo de encontrar las formas y demás documentos para que se unan. ¿Ya se decidieron?"

– "Yo creo que n-…" – La americana intentó hablar.

– "¡Necesitamos más tiempo!" – Me apresuré a decretar. – "¡Es demasiado pronto para elegir!"

Cetania me miró por tal reacción y yo le ofrecí una pequeña mueca de disculpa. No dijo nada más.

– "Entiendo. Requieren pensarlo detenidamente con más calma en un mejor lugar que esta claustrofóbica comisaría." – Suspiró la agente. – "De acuerdo, pueden irse a casa y podrán darme su contestación otro día. Siento que parezca que las estoy presionando."

– "No hay problema, Smith." – Le dije. – "Es solo que este día ha sido increíblemente agitado."

– "Dímelo a mí, Aria." – Se cruzó de brazos ella. – "Solo el tratar de convencer a los medios de que los atacantes eran elfos mercenarios ha sido una auténtica odisea. Gracias al cielo por la magia del maquillaje y las habilidades de Doppel."

– "¿Nadie sabe que atacamos humanos?" – Preguntó la rapaz.

– "Excepto nosotros. A menos que hayan confesado su crimen a alguien más."

– "Todos en mi casa conocen la verdad." – Admití apenada.

– "Se lo dije a Yuuko." – Expresó la castaña.

– "Bueno, tampoco creo que ellos vayan a soltar la sopa. No hay problema." – Sonrió la coordinadora. – "Pero si alguien les pregunta, confío en que mantendrán el secreto."

– "Soy una tumba." – Aseguré.

– "I don't even speak Japanese." – Bromeó la americana.

– "¿Qué sucederá con los malhechores?" – Interrogué.

– "La sentencia final aún falta por ser dictada, pero les aseguro que ellos jamás conocerán otro lugar que no sea tras las rejas, como debe ser." – Explicó la agente. – "Oh ¿y recuerdan a los dueños del primer restaurante que volaron?"

Ambas asentimos.

– "Esto es secreto de Estado, pero digamos que ellos pagaron una buena suma por una… sesión privada con sus atacantes. No quieren imaginar lo que sucedió después, créanme." – Sonrió maliciosamente. – "Aunque al menos puedo revelarles que el estereotipo del canadiense amable no siempre es verdad. Oh, y ni una palabra de esto, ¿vale?"

Asentimos de nuevo.

– "Excelente. También deseo avisarles que debido a su prominente presencia en los medios, se han vuelto blancos potenciales de represalias, así que habrá agentes encubiertos alrededor de sus hogares por protección." – Explicó la pelinegra. – "Descuiden, que será en completo secreto y no interferiremos en sus tareas cotidianas. Solo comuníquenselo a sus caseros para evitar posibles ataques de paranoia."

– "Perfecto. Nada como saber que el gobierno me vigila mientras voy al baño para sentirme segura." – Repliqué con sarcasmo.

– "Nada de eso, Aria." – Corrigió Smith. – "Tenemos cosas más importantes que inmiscuirnos en su vida personal. Hace unos días tuvimos que rescatar a una wyvern de traficantes ilegales y con las equivocaciones que la idiota de Emily comete en la oficina, tenemos las manos llenas. Yo me preocuparía más por los paparazzis que las asediarán día y noche."

– "Creo que sobreviviremos al ataque de los chismosos." – Dijo la castaña.

– "Confío en que sí. Entonces las veré después, chicas. Ahora disfruten sus quince minutos de fama y no digan cosas que les hagan ver mal en el futuro." – Ofreció su mano. – "Y de nuevo, mis felicitaciones por lo que hicieron."

– "Gracias, Smith." – Le replicamos estrechando ambas.

– "Llámenme Kuroko."

– "Como digas, Kuroko."

Con una reverencia, nos encaminamos a la salida. Smith llamó nuestra atención apenas estábamos cruzándola.

– "Oh, y algo más, chicas…"

– "¿Sí?" – Cuestionó mi compañera.

– "Bienvenidas." – Declaró con un pulgar arriba.

– "Pero si no hemos aceptado…" – Le reiteré.

– "Sé que lo harán." – Nos guiñó. – "Que tengan un buen día."

Nos despedimos y recorrimos el pasillo hacia la entrada del edificio. Zombina se hallaba en destino a encontrarse con su jefa y nos guiñó al pasarnos. Al menos alguien más cree también en nosotras.

– "No tenías que negarte por mi culpa, Aria." – Mencionó la americana.

– "Lo hice porque en verdad necesito tiempo. Aún tengo que organizar muchas cosas en casa."

– "Ya veo. De todas formas, no creo que yo regrese a estas oficinas por mi cuenta."

– "Comprendo, Cetania. Tienes derecho a elegir lo que más te parezca."

– "¿Seguirás dirigiéndome la palabra, a pesar de haberte fallado, cazadora?

– "No le has fallado a nadie, pajarita. Y siempre serás importante para mí. ¿Quieres ir a comer a algún lado? Yo invito."

– "Gracias, pero ahora solo quiero descansar en mi cuarto por todo el año."

– "Entiendo."

Yo solo deseaba subirle los ánimos. Odio verla tan apagada. Doblando hacia la sala de recepción, una familiar figura azul corrió a recibirme.

– "¡Aria!" – Exclamó Lala y de un salto me clavó un beso en los labios.

Debido a mi altura, siempre camino bajo para no forzar tanto mi cuello cuando charlo con otras personas. Pero incluso así, la segadora generalmente debe ponerse de puntillas para hacer contacto con mi boca. La sostuve para evitar que se cayera. No es fácil que tu novia tenga casi solo ciento sesenta centímetros de altura.

– "¡Lala! ¡¿Q-que haces aquí?!" – Le pregunté sorprendida.

– "Estaba preocupada. ¿Qué sucedió?"

– "Estoy bien, gracias a los dioses. Nos absolvieron."

– "Me alegro tanto." – Me abrazó fuertemente. – "Hubiera ejecutado a medio mundo con tal de evitar tu partida."

– "Tranquila, Spatzi." – Le reconforté acariciando su espalda. – "Esta alemana no se irá a ningún lado. Ni otro muro de Berlín se interpondría entre nosotras."

– "Te amo, Aria."

– "Y yo a ti, mi segadora."

Un beso más profundo nos entrelazó y ese glorioso sentimiento de bienestar me recorrió el cuerpo. Gran Arachne, como adoro degustar su boca. Nuestras lenguas iniciaron su danza romántica y mis manos peregrinaron por la superficie de su curvilíneo cuerpo. Tuve que detenerme antes que comenzáramos a subirnos de tono en público. Ya tendremos tiempo de celebrar propiamente en casa.

– "¿Sucedió algo más?" – Solicitó saber ella.

– "Demasiadas cosas. Te cuento mientras comemos, ¿vale?"

– "Claro." – Me sonrió. – "Te prepararé lo que desees, A chuisle."

– "Oh, Spatzi. Tú eres suficiente sustento para mí." – Rozamos nuestras mejillas.

– "Por el Eterno Abismo, consíganse un cuarto, ¿quieren?" – Espetó una voz detrás nuestro.

Volteamos a su dirección y nos hallamos con esa enigmática chica de oscura piel que vi en la foto de Smith, la doppelgänger. Ignoré su completa desnudez (o eso traté, pero era demasiado evidente) cubierta apenas por su enorme cabello. Por la forma en que flotaba en el aire y esos ojos tan parecidos a los de Lala, supuse que igual debía tratarse de una Abismal.

– "Uhm… ¿Lo sentimos?" – Me disculpé. – "Eres Doppel, ¿verdad?"

– "Correcto, superestrella." – Contestó con una mueca sardónica. – "No solo te enfrentas a terroristas, sino que también conquistas al retoño de la Segadora del Leinster. Sí que eres ambiciosa, patas largas."

– "Leinster… ¡Espera! ¡¿Conoces a la madre de Lala?!" – Inquirí estupefacta. – "¡¿P-pero cómo…?!"

– "Esta descendiente del Caos Reptante es mi superior." – Acotó Lala, poniéndose al frente. – "Al menos en la escala jerárquica Abismal."

La dullahan hizo una reverencia a la chica flotante.

– "Syha'h, hermana del Caos." – Le saludó la irlandesa con su palma extendida en el pecho. – "Lamentamos tan impropia introducción. ¿Confío en que tiene noticias respecto a mi 'fhalma?"

– "¿Cuál era su nombre en esta dimensión? Laetitia o algo así, ¿cierto?" – Respondió la cambiaformas despreocupadamente. – "Te pareces completamente a ella y sabía que llevabas su sangre. Desgraciadamente no he escuchado en siglos de la vieja ejecutora, siento no poder ayudarte."

– "Entiendo, disculpe la molestia."

– "Sí, sí. Y ahora, ¿alguna razón para enredarte con esta arachne?"

– "Su orr'e me pertenece, hermana."

– "Todo siempre es sobre almas con ustedes, azules." – Se rió. – "En todo caos, cuida bien de ella, ¿quieres? Smith nos daría lata si algo le sucediera a la heroína del momento. Ep."

– "Lo haré, hermana. Ep." – Se despidió la segadora con otra reverencia.

Con Doppel fuera de vista, me dirigí a mi compañera.

– "La trataste con mucho respeto. ¿Tan poderosa es ella o algo así?"

– "Es relativamente joven aún." – Explicó la peliblanca. – "Pero como toda hija del Dios sin Rostro, merece cordial trato. Cuando la antítesis de la creación regrese, su favor será crucial para nuestra existencia posterior."

– "¿Eh?

– "No te preocupes por eso ahora, A chuisle." – Sacudió la cabeza. – "Sugiero regresar a nuestra morada."

– "Jawohl, meine Göttin."

Fue ahí cuando me di cuenta que Cetania ya no se encontraba con nosotras. Supongo deberé hablar con ella en otra ocasión. Solo espero que esté de mejor humor la próxima vez, su tristeza también me afecta.

– "¿Pasa algo, Aria?" – Preguntó la dullahan, sacándome de mis pensamientos.

– "¡Ah! ¡No, nada! Vamos, que tengo más hambre que un león."

Saliendo del edificio, un gigantesco conglomerado de reporteros y fotógrafos se nos lanzó encima. Tantas luces de los aparatos y la cacofonía de todas esas voces hablando al mismo tiempo me desconcertaron. Abrumada por la repentina atención, abracé a la irlandesa y aceleramos el paso. No iba a responder preguntas ahora, solo deseaba estar a salvo, en mi hogar. Ignorando el bombardeo de cuestiones y demás interrogantes por parte de la prensa, Manako nos hizo señas desde la furgoneta y la abordamos tan pronto como pudimos.

– "Arachne mía, son como una jauría de lobos rabiosos." – Suspiré al alejarnos de ahí. – "Te lo agradezco, Manako-chan."

– "Deberá acostumbrarse al acoso de los medios, Aria-san." – Contestó la cíclope. – "Como miembro de nuestro equipo, ahora es una figura pública."

– "Oh… Pero yo no he aceptado tal oferta aún."

– "¡M-mil perdones! E-es solo que asumí que usted y su compañera arpía…"

– "Está bien. Le pedimos a Kuroko un tiempo para discurrirlo."

– "Ya veo. Excuse mi entusiasmo anterior, Aria-san." – Suspiró aliviada. – "Pero si me permite darle mi opinión personal, considero que ambas serían una excelente adición al grupo."

– "Quizás estés en lo cierto, Manako-san, pero eso lo discutiremos después. Gracias por tu apoyo."

– "Es un placer, Aria-san."

– "Aria, ¿A qué se refiere con su equipo?" – Cuestionó extrañada la segadora.

– "Cuando arribemos con los demás, Lala." – Le sugerí, ella asintió.

Llegamos a nuestro destino y nos despedimos de la cíclope. Me quedé un momento observando la entrada, sonriendo por volverla a ver. Este es mi hogar, a donde pertenezco. No quiero irme de aquí. La irlandesa me tomó del brazo y me sonrió. Devolviéndole el gesto, cruzamos la reja principal y entramos. Un expectante grupo de liminales y un humano nos recibió con entusiasmo.

– "¡Aria-nee! ¡Regresaste!" – Me abrazó Papi lanzándose sobre mí al igual que la limo. – "¡Pensamos que ya no te veríamos de nuevo!"

– "Yo también las extrañé, chicas." – Las abracé de vuelta, alzándolas a ambas. – "¿Qué les parece si celebramos con una partida de Mayro Kratt después de comer?"

– "¡Sí! ¡Sí!" – Exclamaron de alegría ambas.

– "Bienvenida de nuevo, Aria." – Me saludó Kimihito con su característica expresión amigable. – "Smith nos llamó dándonos las buenas noticias. Es un gusto que estés de vuelta."

– "Danke schön, Herr Kommandant. Lamento el haberlos preocupado."

– "Bueno, al menos Rachnee dejará de andar tan deprimida." – Mencionó Miia. – "Debiste ver lo tri-¡MFGH!"

La lamia quedó muda cuando la tejedora cubrió su boca con seda. Por más que esta tratara de ocultarlo, Rachnera mostraba un ligero tono rojizo en sus mejillas. Quien lo creería.

– "Me parece que ya fue demasiado de lágrimas cebolleras por hoy, ¿les parece si comemos de una vez?" – Declaró la arachne.

– "Je, estoy de acuerdo, Rachnee." – Concordó Kurusu. – "Vamos, que el desayuno espera. Lala, ¿me ayudas?"

– "Con gusto." – Replicó la dullahan.

Esta me dio un beso rápido en la boca y acompañó al casero a la cocina. Sonreí viéndola tomar un delantal rosado (que seguramente Kimihito compró después de que yo arruinara el primero) y acomodar las ollas y sartenes. Era increíble como la mensajera de la Muerte ahora actuaba como toda una humilde ama de casa. La vida siempre nos da giros inesperados.

Preparando esa típica combinación de platillos nipones e irlandeses, ambos chefs sirvieron la mesa y nos sentamos a degustar los manjares. Lala me consintió con un fantástico cottage pie, salchichas cubiertas y un par de besos en la mejilla. Yo siempre me reía como colegiala boba ante sus muestras de afecto. Los demás parecían no darle importancia, quizás porque nuestra relación era básicamente un secreto a voces. Bueno, me alegro de que lo acepten sin problemas; Habla mucho de ellos.

– "Aria, Lala; Ahora que todo se ha arreglado…" – Dijo la lamia. – "¡¿Puedo preguntar qué demonios fue todo ese escándalo que causaron ustedes dos anoche?!"

¡Por el casco de Ares, Miia! ¡Danos un respiro!

– "¡P-p-p-podemos expli-plicarlo!" – Intenté defenderme.

– "¡Esos tremendos gritos ya explicaron demasiado, degeneradas!" – Afirmó ella. – "¡No pude dormir ni con tapones en los oídos porque aún podía escucharlas!"

– "Me temo que en esta ocasión, Miia-san está en lo correcto, Aria-san." – Coincidió Meroune. – "Incluso bajo el agua, las vibraciones auditivas de su… apasionado encuentro eran sumamente claras. Tal potencia de propagación sónica solo se esperaría de la comunicación entre cetáceos."

– "Además del daño a las paredes y el resto de los inmuebles en la habitación de Lala que obviamente necesitarán reparación inmediata." – Las apoyó Centorea, sonrojada. – "Sin contar las extremadamente vívidas imágenes que los sonidos de sus actos han grabado en mi mente y que no me siento orgullosa de admitir. Es vergonzoso."

– "Chicas, por favor, Aria y Lala han oído suficiente." – Les calmó Kurusu.

– "¡Nosotras también, Cariño, en demasía!" – Le replicó la pelirroja. – "¡No podemos continuar así! ¡O ellas paran de andar follando como conejos o las corremos de la casa!"

La irlandesa aporreó sus puños en la mesa y con sus áureos ojos encendidos, apuntó amenazadoramente a la ofidia.

– "¡Mujer serpiente! ¡¿Con que derecho osas el cuestionar nuestra estancia en esta morada, basado en un accidental desliz de carácter sentimental!?" – Vociferó furiosa la segadora. – "¡Te recuerdo perfectamente que los constantes acosos y asaltos corporales que has perpetrado contra este inocente mortal lo han llevado al borde de la muerte en repetidas ocasiones! ¡Tus abominables fallas en el ámbito culinario también han puesto su vida y las nuestras en peligro absoluto, más sin embargo, nadie ha solicitado tu regreso a tu lugar de origen! ¡Y no me hagas siquiera hablar sobre lo poco que contribuyes en esta casa, aportando nada a la economía, holgazaneando y consumiendo los recursos como una sanguijuela hambrienta, reptil inútil!"

Miia intentó revocar tales acusaciones, pero no hallaba respuesta. La irlandesa se dirigió a Cerea.

– "¡Centáuride! ¡De igual manera has conminado como la lamia! ¡Tu supuesto honor del que siempre te has jactado no evitó que hayas tratado de huir egoístamente con nuestro hospedador durante aquella ocasión que declamé el cobrar su alma! ¡No creas que lo he olvidado!" – Expuso. – "¡Y tu propia matriarca admitió cometer técnicamente adulterio con un humano para procrearte! ¡¿O acaso miento?!"

Antes que la rubia pudiera defenderse, la dullahan apuntó a la princesa sirena. Una fantasmagórica aura oscura emanaba de su azulado cuerpo y su voz ahora era un coro de variada altura tonal. En verdad que lucía y sonaba amenazante.

– "¡Hija de Neptuno! ¡Tus faltas son tan grandes que ni la fosa abisal más profunda podría ocultarlas! ¡En repetidas instancias has deseado que ominosos eventos se desencadenen entre los habitantes presentes para satisfacer tus egocéntricas y sociópatas fantasías trágicas con toda impunidad!" – Le aseveró a la impactada acuática. – "¡Fuiste tú quien solicitó con toda avaricia que este mortal se apareara contigo para crear un supuesto lazo posterior a su muerte! ¡Incluso si eso significaba brindarle el fin tu misma!"

Ignoró a Papi y Suu, posando su índice en dirección a Rachnera.

– "¿Tienes algo que declarar, mitad invertebrada?"

– "Honestamente, no me importa si se ponen a hacerlo en la sala mientras dejen mi cuarto en paz." – Afirmó la tejedora encogiendo sus hombros. Lala se volteó hacia las tres primeras escarmentadas.

– "¡A pesar de que yo soy una Hija del Abismo, la Mensajera de la Muerte, la Enviada Oscura del Inframundo; Sus execrables actitudes y acciones son la verdadera amenaza para la integridad física y psicológica de todo ser que cohabita con ustedes!" – Manifestó enérgicamente. – "¡¿Y aún así intentan invalidar un honesto despliegue de auténtico amor entre dos individuos, exigiendo nuestra partida inmediata?! ¡¿Con qué descaro se han proclamado juezas indiscutibles de la decencia y la moral?! ¡¿Son sus almas tan impolutas que ahora obtienen derecho de arrojarnos la primera piedra?!"

Al no tener contestación, la segadora miro a nuestro casero.

– "¡Mortal! ¡En tus manos recae el futuro de nuestra permanencia! ¡Exigimos un veredicto de inmediato!"

– "L-Lala… Espera…No deseo que tú o Aria se marchen, ni tengo problema alguno con su relación." – Articuló el muchacho asustado. – "P-pero, por favor, traten de ser más discretas en el futuro. Se los ruego."

La dullahan suavizó su pose, despejando la negra neblina que impregnaba su figura y suspiró.

– "Tienen mi palabra que intentaré... intentaremos el mantener en privado tales asuntos." – Confirmó la peliblanca. Yo asentí en aprobación. – "Y lamento este repentino arrebato impetuoso de mordacidad, pero no podía quedarme callada mientras se objetaba nuestra estancia en consecuencia al afecto que comparto con Aria."

– "Nadie se opone a su amor, niña azul." – Acotó Rachnera. – "Pero no es necesario el echarnos las verdades como puños a la cara. Admito que Miia se sobrepasó un poco, pero ya aprendió su lección, así que puedes cesar las hostilidades con el resto."

– "De acuerdo." – Se sentó. – "No indagaré más el tema. Sugiero continuar nuestro desayuno entonces."

Proseguimos comiendo en silencio. Las regañadas no hablaron, degustando en paz con expresiones arrepentidas. Solo Miia se mostraba indignada, pero se mantuvo callada. Yo estaba debatiéndome entre agradecerle la ayuda a la segadora y disculparme por su agresivo comportamiento. Kurusu rompió el hielo luego de un par de minutos.

– "Me darán un aumento en el trabajo." – Mencionó con una pequeña sonrisa. – "No es mucho, pero esta vez será mayor que el precio de una bolsa de frituras."

– "Eso es fantástico, Herr Kommandant." – Le congratulé.

– "¿Podrás comprarnos el nuevo Nientiendo Wuu?" – Preguntó Papi ilusionada. – "¿Y el Super Mayro Universe?"

– "Je, quizás, quizás." – Le acarició el pelo.

– "Inútil…" – Musitó Miia.

– "¿Perdón, Miia?"

– "No soy… No soy una inútil…" – Repitió la pelirroja a punto de llorar, incorporándose. – "Yo sé… que no soy perfecta, en verdad lo sé. Y tal vez… sea una sanguijuela..."

– "Tranquila, Miia." – Le aconsejó el muchacho. – "Tú no eres…"

– "Cariño, es cierto." – Le respondió la lamia. – "No aporto nada a la casa, solo pierdo el tiempo leyendo revistas tontas y tratando de seducirte invasivamente. Inicio peleas con las demás por motivos ridículos y monopolizo el control del termostato caprichosamente, excusándome detrás de mi sangre fría."

Ella nos miró a mí y a la irlandesa, sus ojos nublados y una delgada línea de lágrimas recorriéndole la mejilla.

– "Trato de esforzarme, de superarme, realmente intento. Quiero mejorar, pero acepto que no soy tan hábil. No como ustedes." – Hipó. – "Lala, tú has demostrado gran maestría en la cocina, tanta que te envidio como no imaginas. Y tú, Aria; Llegué a odiarte por la suerte que has tenido tanto en el trabajo como el amor, lo confieso."

El suelo se manchaba con las gotas que se desprendían de su rostro.

– "Pero no soy una inútil." – Afirmó. – "Torpe, envidiosa, estúpida, celópata. Admito cualquier defecto, pero nunca que soy inservible. Eso… eso duele. ¡Duele mucho!"

Pronto, ella rompió el llanto profundo, cubriéndose la cara y dejando caer su cuerpo en la mesa.

– "Desde pequeña, mi propia aldea me consideraba una buena para nada. Las otras lamias me trataban como a una idiota que ni siquiera podía amarrarse el pelo correctamente. Me repetían que no tenía cerebro y que debía aprovechar mi cuerpo." – Reveló entre gimoteos. – "Por eso me enviaron aquí, a buscar un hombre para mi hogar. Para deshacerse de mí.

¿Qué otra utilidad podría tener una retrasada que incendió tres veces la cocina cuando intentaba hacer un pastel? ¿Cuál otra función más allá de seducir desempeñaría una imbécil que se cortó la cola cuando cambió de piel por primera vez? Incluso mi madre tuvo que intervenir personalmente cuando fallé en cumplir tal objetivo.

Soy tan primitiva que solo pienso en aparearme. Estoy tan vacía por dentro y al mismo tiempo, tan llena de nada. ¡Incluso ahora, solo sé lloriquear! Soy una falla como lamia, persona, ama de casa y mujer. No merezco el amor de mi Cariño o de alguien más.

Es verdad… Soy una inútil."

Kimihito se apresuró a abrazar a la desdichada ofidia. Esta continuó lamentándose en su pecho. Me levanté y también me uní al grupo para reconfortarla.

– "¡No, Aria! ¡No me ofrezcas gentileza!" – Protestó la poiquiloterma, alejándose de mí. – "¡He pensado cosas terribles de ti! ¡Monstruosas!"

– "Todo está bien, yo también he hablado mal de ti en ocasiones." – Le aseguré.

– "¡No es eso! ¡Yo…!" – Pausó. – "¡Las odiaba tanto que deseaba que algo te sucediera a ti, solo para ver sufrir a Lala! ¡Cuando… Cuando me enteré que estabas en la zona de los atentados, por un momento esperé a que te hubieran herido o peor! ¿No entiendes? ¡Soy horrible, realmente detestable!"

– "No… No hay problema." – Sonreí con dificultad. – "Todos tenemos oscuras ideas de vez en cuando. Si supieras cuantas veces quise ahorcar a mi propia abuela o a mi madre."

– "¡Esto es diferente! ¡Soy abominable, repulsiva! ¡Yo soy la que debería largarse de aquí!"

Miia se encontraba inconsolable. Miré a la dullahan y ella a mí. Le hice señas para que también se disculpara con la pobre lamia. Hesitó por unos segundos hasta aceptar.

– "Tranquila…" – Le habló la segadora, posando su mano en su cabeza. – "No eres una mala persona."

– "Lo soy…" – Gimoteó. – "¡Malvada e inútil, es lo que soy!"

– "No lo eres."

– "¡Claro que sí!"

– "Te repito que estás equivocada." – Le reafirmó. Exhaló antes de continuar. – "Escucha, si lo deseas, puedo ayudarte a mejorar tu destreza en la cocina. Te enseñaré."

– "Ya lo he intentado demasiadas veces, soy un caso perdido. Nunca sería tan buena como tú, Lala."

– "No soy nadie especial. Solo una aldeana de Wicklow que aprendió gracias a una buena anciana y su nieta." – Le sonrió. – "Tienes potencial, lo sé."

– "Tú… ¿Tú en verdad lo piensas?" – Le preguntó con algo de esperanza.

– "Sí, Miia. Creo en ti."

– "Me llamaste por mi nombre…" – Rió un poco. – "Es la primera vez que te oigo decirlo."

– "Hoy ha sido un día de sorpresas para todos. ¿Qué importa una más?"

– "Supongo." – Se tornó seria. – "Escucha… Perdóname por lo que dije. No quise injuriarlas."

– "También me disculpo por mi reprobable discurso de odio. Tus aparentes defectos son minúsculos comparados con los míos, te lo aseguro." – Le ayudó a levantarse. – "Ahora, terminemos de comer, no querremos desperdiciar los alimentos."

– "De acuerdo. Gracias, Lala."

Suspirando aliviada, volví a sentarme junto a la irlandesa. Quizás Miia fuera imperfecta, pero no merecía que la insultaran tan fuerte. Cerea y Mero siguieron con su pacto silencioso. Tal vez porque no les fue tan mal como a la pelirroja, o porque no deseaban causar otra escena. Solo espero no le guarden rencor a la peliblanca e intenten vengarse. Confío en que la centáuride se mantendrá controlada, pero ignoro si Lorelei planee matarnos mientras dormimos. Sirenas, las verdaderas depredadoras del mar.

– "Oh, antes que se me olvide." – Tomé la palabra mientras degustábamos. – "A Cetania y a mí nos ofrecieron trabajo en MON."

Todos quedaron con los cubiertos a medio camino después de eso. Hubo ligeras boqueadas de impresión. Lala me miró incrédula también.

– "¿MON?" – Cuestionó Cerea, sorprendida. – "¿Hablamos del mismo grupo Monster Ops: Neutralization?"

– "¿Qué no era MONster's New Law?" – Preguntó Miia.

– "Yo supuse que significaba Monsters of a Neuro." – Expresó Meroune.

– "Erm… Eso no importa. Pero sí, me refiero a ese mismo MON. A menos que haya otro, claro." – Respondí encogiendo mis hombros.

– "No habrás seducido a Smith para obtener tal favor, ¿verdad, Aria?" – Provocó Rachnera.

– "¡Claro que no!" – Le respondí sonrojada. – "Al parecer, sus superiores quedaron impresionados con lo que mi amiga y yo hicimos. Y con la respuesta tan positiva del público, creen que sería correcto el aceptarnos."

– "Nada como contratar a las sensaciones del momento para ganar publicidad." – Opinó la tejedora, masticando. – "Felicidades, Jaëgersturm; Ahora eres propaganda viviente."

– "Rachnee, no digas eso. Y no hables con la boca llena." – Le reprendió Kurusu. Se dirigió a mí. – "Eso es impresionante, Aria. Te felicito."

– "Danke, Herr Kommandant." – Hice una reverencia. – "Pero aún no hemos aceptado. Le solicitamos tiempo a la agente para pensarlo detenidamente."

– "Entiendo. Bueno, de todas formas no podría imaginar mejor trabajo para alguien como tú, Aria." – Opinó el casero. – "Se que lo harías bien."

– "¡Y podrás ir a misiones de espionaje! ¡Y enfrentarás a Liquid Lamia como en Lethal Gear!" – Exclamaba Papi, seguramente refiriéndose a un videojuego.

– "Claro, Papi, lo que digas." – Me reí.

Terminamos de comer. Ayudé a la segadora a lavar los platos, pero esta no tocó el tema de mi reclutamiento. Como le había prometido a la pajarita, me enfrasqué con ella y Suu en una batalla de vida o muerte en el mundo de las carreras virtuales. ¡Ja, nadie puede contra mi gorila y su horda de caparazones azules! ¡Argh, maldito plomero panzón!

Ya acabada la sesión de ocio virtual, supuse que era momento para discutir el pendiente asunto del cuarto de la irlandesa. El lugar quedó peor que la tierra de nadie en Verdún y requeriría una renovación cuantiosa. Al menos esa parte estará cubierta por el gobierno, pero ahora es necesario ver que podemos hacer para remendarlo.

– "¿Y… qué haremos con tu habitación, Spatzi?" – Cuestioné a la azulita. – "A menos que no moleste dormir en el piso, hay que arreglarlo."

– "Honestamente, toda la mañana he estado tan ocupada preocupándome por ti que olvidé por completo tal materia."

– "Bueno, al menos estamos juntas en esto. Si lo deseas, te daré mi colchoneta de viaje para que descanses." – Se formuló una idea de repente. – "Aunque dudo que Rachnera te preste su cama, podría solicitarle una hamaca para tu reposo."

– "No deseo la ayuda de esa tejedora ahora, A chuisle. Además, aún no hemos inspeccionado los daños de mi dormitorio a fondo."

– "Supongo es verdad. Entonces, vamos."

Entramos a su alcoba e iniciamos a evaluar la magnitud de nuestras acciones anteriores. Sin contar las piezas derruidas de la pared, suelo y hasta techo, el único problema sería la cama. El librero y la mesa de noche no eran primordiales. Recogimos lo que se hallaba regado y mientras yo barría los escombros, Lala organizaba su guardarropa.

– "Nuestra variación de atuendo es minúscula también, Spatzi." – Le comenté al ver la cantidad de prendas similares. – "Pero en tu caso, todo te calza a la perfección."

– "¿No te parece algo monótono, Aria?"

– "Nein. Además, nunca me canso de esa gabardina que siempre cargas." – Le guiñé. – "Ahora, si cambiaras tu falda blanca por la negra, junto al oscuro traje con botones en medio, créeme que los pedipalpos me vibrarían por lo jodidamente sexy que te haría lucir."

– "¿No opinas que sería demasiado negro?"

– "¡Demasiado caliente, diría yo!"

– "B-bueno… Discúlpame un momento."

La ruborizada irlandesa se retiró. Supongo se apenó por mis comentarios. Yo proseguí barriendo. Después de unos minutos, la dullahan regresó. Mis globos oculares casi se salen de su sitio al verla.

– "¿T-te agrada?" – Preguntó con timidez la segadora, vistiendo la ropa que sugerí.

Mis pedipalpos le respondieron golpeteando el suelo por cuenta propia y juro que empecé a babear. Como lo predije, la indumentaria monocromática le calzaba a la perfección. También vestía sus botas armadas, dándole una apariencia casi bélica.

Quizás es por la influencia germana y el ambiente marcial de Sparassus, pero siempre he tenido un fetiche por lo oscuro y lo militar. Los uniformes negros de la SturmSchütze, la guardia personal de nuestra líder, me encantaban desde niña. Y ahora Lala me ofrecía un fantástico espectáculo con ropa del mismo color. Prontamente, tomé mi celular y simulé marcar.

– "¿Allo, estación de bomberos? ¡Vengan a mi casa de inmediato, que mi novia está que arde!" – Bromeé.

– "¿Q-que cosas dices, mujer?" – Reclamaba avergonzada la segadora.

– "¿Sí, policía? ¡Hay una chica demasiado sexy en la habitación! ¡Rápido, que estoy en peligro severo de pedirle matrimonio!"

– "¡A-Aria!"

– "Esta es Aria Jaëgersturm con el pronóstico de hoy; Se esperan elevadas temperaturas Abismales y cielo azulado con altas probabilidades de sensualidad irlandesa."

– "¡Deja eso ya, bromista!"

Solté una sonora carcajada. La dullahan estaba roja como una grana pero no ocultaba su sonrisa por los cumplidos. Y en verdad los tenía bien merecidos, lucía fantástica. La abracé y le planté un gran beso en los labios.

– "¡Te ves hermosísima, Spatzi!" – Declaré al separar nuestras bocas.

– "Go raibh maith agat, A chuisle." – Agradeció ella descansando su cabeza en mí.

– "Aunque a mí me gustas más sin ropa, azulita." – Le susurré alzando mis cejas.

– "¡Oh, tú siempre tan lasciva!" – Se rió dándome ligeros golpes.

– "Je. Pero hablando en serio, te dije que el negro te quedaría excelente. Necesitaré comprarme ropa nueva para no quedarme atrás de la moda."

– "Tu siempre lucirás bien para mí, amor."

– "Ay, que generosa eres conmigo, coshita." – Le di otro beso.

Éramos melosamente bobas, pero lo adoraba. Después de todo, amar es ser ridículas juntas y disfrutarlo. Somos cursis, sí, lo aceptamos… Y que nos dejen en paz. Continuamos trabajando, dejando el espacio como nuevo en lo que se podía.

– "Bien, la cama aún es usable si no la agitas mucho. Espero no te moleste dormir al ras del suelo, las patitas quedaron arruinadas." – Le informé a la peliblanca.

– "No hay problema. Descansar a nivel del piso es la costumbre japonesa."

– "Espero lo reparen pronto. Deberíamos informar a Smith para que manden a los trabajadores."

– "Supongo." – Suspiró la dullahan. – "Pero postérgalo para otro momento. Ahora hay que decidir donde acomodar tus cosas."

– "¿Mis cosas?"

La segadora reaccionó sonrojándose, dándose cuenta de lo que había dicho. Sonreí maliciosamente.

– "¿Oh? ¿Acaso la pícara Lala-chan desea que compartamos la misma habitación como una pareja formal?" – Le provoqué mordiendo mis labios. – "¿Tanto necesita el calor alemán de su amada araña?"

– "¡M-m-m-me refie-ero a las cosas que dejaste aquí la n-noche anterior, heredera de los Ja-Jaëgersturm!"

– "Aww…" – La rodeé con mis brazos. – "Yo creí que era porque no podías estar alejada de esta linda rubia por tanto tiempo."

– "¡A-Aria, tonta!" – Se quejó ella sin intentar zafarse de mí. Volteé su rostro en mi dirección.

– "¿Me amas, Lala?" – Susurré.

– "Sabes que sí…"

Unimos nuestras bocas con un húmedo contacto oral. Nunca me cansaré de esto. Me lamí los labios al terminar.

– "Me encantaría vivir en el mismo cuarto contigo, Spatzi." – Le afirmé acariciando su barbilla. – "Deja busque mis pertenencias, ¿vale?"

– "D-de acuerdo." – Respondió ruborizada.

Guiñándole tres ojos, me encaminé al ático para recoger mis objetos personales. Será solo un cambio de habitación, pero es muy emocionante. Saludé a la tejedora, quien se encontraba trabajando en su rueda para hilar. Una acción inusual para alguien que puede trabajar perfectamente sin ella.

– "Es la primera vez que te veo usándola, Rachnee." – Le mencioné algo extrañada.

– "Se acercan las fiestas decembrinas y deseaba obsequiarle algo especial a mi Querido." – Respondió ella sin apartar la mirada de la rueca. – "Esta hiladora me permite crear un trabajo de mayor precisión que a mano. Y ni una palabra de esto, ¿sí?"

– "Jawohl. ¿Y qué planeas coserle? ¿Un suéter?"

– "Nah. ¿Recuerdas a ese doctor que me obsequió esa medicina para tus ronquidos?"

– "Al cual nunca conocí, por cierto. Pero aún me las debe por darme voz de ardilla."

– "Bien, pues resulta que él reveló mi regalo de Navidad para mi Querido antes de tiempo, precisamente un suéter." – Explicó. – "Ahora debo hacerle algo mejor. Tardaré más, pero valdrá la pena."

– "Ya veo. ¿Qué será esta vez?"

– "Se-cre-to."

– "Bueno, seguro te quedará bien. Siendo una Parasteatodae experta y eso."

– "Me halagas, cazadora. Y veo que ya planeas mudarte con tu tortolita azul." – Se rió. – "Sigue así y la próxima semana habrá boda."

"No hasta que Cetania acepté también" me dieron ganas de agregar. Un momento, ¿en qué estoy pensando?

– "Je. Estos días han estado tan locos que no me sorprendería que eso sucediera." – Bromeé. – "En todo caso, te agradezco el haberme soportado estas semanas, con todo y ronquidos."

– "Gloria a Arachne Todopoderosa, que regresaré por fin al reino de Morfeo."

– "Oh, tú sabes que echarás de menos mis dulces sonidos nasales nocturnos. Y aún recuerdo lo que Miia dijo cuando comíamos."

– "¿Qué te deseaba ver muerta?"

– "Sí, pero aparte de eso." – Me acerqué a ella. – "¿Te chentiste trichte por que penchaste que no volveriach a ver?"

– "¿Te escuchas a ti misma cuando hablas así? Y sinceramente, esa lamia solo escupe tonterías."

– "Rachnera, Rachnera…" – Disentí con la cabeza. – "Siempre abogando por la honestidad excepto la propia."

– "¡Ugh! ¿Ya te vas?"

– "De acuerdo, araña orgullosa." – Torcí mi boca. – "Parece que no puedes aceptar que estabas preocupada."

– "¿Sabes? De pronto la idea de que te hubieran volado los sesos no suena tan mal."

– "Yo también de quiero, tejedora del demonio." – Le saqué la lengua y cargué mis pertenencias. – "Como sea, Edipo ya no seguirá profanando el sagrado santuario de las Euménides con su vituperable presencia. Auf Wiedersehen, Prätentiöse spinne…"

– "¿No olvidas algo, teutona despistada?"

– "¿Mostrarte el dedo de en medio?"

La tejedora me arrojó un par de guantes, largos hasta el codo. Uno negro y otro marrón. Lindos, aunque ignoro el porqué de los colores dispares.

– "Los cosí especialmente extra resistentes para ti, cazadora ingrata." – Afirmó. – "Tu dullahan no querrá cicatrices después de sus sesiones amorosas."

– "Típico de ti, degenerada." – Coloqué mis manos en la cadera. – "Pero gracias. De verdad son bonitos. Nos vemos."

– "¿Aria?"

– "¿Sí?"

Arachnera suspiró, alejando un mechón de cabello en el proceso.

– "Es bueno tenerte en casa." – Sonrió.

– "Gracias, amiga." – Imité el gesto.

Clásica Rachnera, no puedo enojarme con ella. Le arrojé un besito al aire y regresé con Lala. No tardamos mucho en acomodar las cosas. Por suerte, el que yo viajara ligero significaba que no necesitaría de muchos muebles para guardarlas. Coloqué la cruz de hierro de mi abuelo y mi gorra sobre el ropero, a lado de la guadaña de la segadora. Nuestros legados también entablarían amistad, pensé.

El tiempo pasó volando y de pronto, era hora de la cena. Ya que en realidad mi desayuno había sido casi un almuerzo, la irlandesa me preparó una ración extra de carne para compensar. Papi opinó inocentemente sobre mi decisión de cohabitar con la dullahan en el mismo cuarto. Hubo una que otra mueca de sorpresa por parte de los presentes, pero todos estaban de acuerdo. Exhalé. Cuanto agradezco el ahorrarme esos posibles dramas. Por supuesto, les reiteramos que seríamos más cuidadosas cuando nos pusiéramos románticas.

Luego de asearnos, mi chica y yo nos preparamos para compartir nuestra segunda noche juntas. Aún sentía abejitas en el estómago (porque las mariposas se mudaron a mi abdomen) de tan solo pensarlo. Finalmente, somos pareja. ¡Ah, Gran Arachne, qué feliz me siento!

Nos cambiamos a ropas más ligeras. La irlandesa en un vestido blanco más holgado y yo, bueno, la misma indumentaria que siempre cargo. Repito, estar preparada para cualquier imprevisto es costumbre que no desaparece. Ya acostadas, tomamos un libro cada una y procedimos a sumergirnos en sus páginas. Esperaba una ardiente sesión de besos y arrumacos, pero el leer en paz también es aceptable. Además, una no puede tener suficiente de la enciclopedia universal ilustrada de vehículos blindados. Algún día podrás conducir un Panzer VI Tiger, Aria, algún día.

– "¿Lala?"

– "Dime, A chuisle."

– "¿No quieres…? Tú sabes…" – Silbé inocentemente. – "¿Un poquito de…?"

– "No planeo basar nuestra relación solamente en placer carnal, Aria." – Respondió regresando a su lectura. – "Es solo la segunda noche. Tengo una eternidad para explorar las artes amatorias contigo."

– "Aww, pero yo quería celebrar. Por lo de evitar ser deportada y eso." – Torcí la boca. – "Me debes al menos que te muerda una nalga como recompensa."

– "Tentadora oferta, pero me temo que la respuesta sigue siendo negativa."

– "¡Jum! Le voy a decir a esa doppelgänger que te acuse con tu mamá."

– "Si mi matriarca se enterara que he decidido iniciar una relación sentimental sáfica con una mortal, nos decapitaría a las dos al instante."

– "¡Argh! ¡Pero tengo ganas de acción!"

– "Podrías invocar al fantasma en el baño."

– "¡Ay, ya ni me lo recuerdes!"

Me di la vuelta y me cubrí con la sábana. Ya que esta no era muy grande y debido a mi extenso tamaño, apenas pude taparme. En verdad necesitamos una cama de mayores dimensiones, Lala está durmiendo literalmente sobre mis piernas.

– "¿Sabes, Lala?" – Volví a hablar, volteándome en su dirección. – "Me parece extraño que no hayas tocado el tema de MON en todo el día."

La dullahan bajó su libro, lo puso a un lado y suspiró, mirando al techo.

– "Aria; El día de ayer no me encontraba meditando en el plano Abismal. En realidad, salí a buscarte." – Confesó. – "Nos hallábamos en la casa, cuando el corazón me dio un salto repentino. Segundos después, el eco de una explosión lejana llegó a mis oídos. La dirección de dónde provino era cercana a la de ese parque recreativo, y ahí supe que el sentimiento oprimiéndome el pecho significaba que estabas en peligro.

No dilaté en hacerme con mi guadaña y armadura, para acudir en tu auxilio. Mis poderes aún no están del todo completos, así que no podía volverme niebla Abismal por mucho tiempo para acelerar el paso, por lo tanto tuve que correr. Corrí tan rápido como mis piernas lo permitían, sin importarme que alguien reclamara al verme con peligrosa arma en mano. Solo me interesarte encontrarte viva.

Entre más me acercaba al epicentro del desastre, más me costaba respirar y la preocupación dentro de mí ser se agrandaba a cada paso que daba. La gente, llena de pánico en sus ojos, huía despavorida en dirección contraria. No por mí, sino por el infierno que se había desatado detrás de ellos. Los gritos de los transeúntes se intensificaron, el olor a fuego y pólvora me inundaba los pulmones y el débil sonido de sirenas resonaba en el ambiente. El mundo era caos absoluto y yo no sabía dónde estabas De nuevo, esa sensación apretando mi corazón se hacía presente, creciendo como la humareda que se extendía hasta el cielo.

Cuando arribé a la escena, las autoridades ya estaban presentes, aislando el lugar del público e inspeccionando los escombros. Haciendo caso omiso a las advertencias de los agentes de la ley, inicié una desesperada búsqueda por dar contigo. No te encontraba y me impacienté. Interrogué a todos los presentes, preguntando sobre tu paradero, pero solo obtuve respuestas vagas e inconclusas. Mi esperanza colapsaba como los edificios en llamas a mí alrededor. Comencé a temer lo peor.

Pero, entonces algo más dentro de mí, más profundo, me dijo que te hallabas a salvo. Creí que era solo mi mente, queriendo mentirse a sí misma para darse ánimos y evitar perder el control. Sin embargo, el dolor interno cesaba lentamente, hasta desaparecer. Sabía que no habías perecido, pues la vida no se extingue sin gritar, aún en una muerte pacífica.

Noté a esa mujer reptil que habló contigo ese mismo día. Le cuestioné si había atestiguado algo y, aunque no proveyó información sobre lo sucedido, me confirmó que tanto una arachne como una arpía habían sobrevivido. Aquello fue suficiente para mí. Estabas viva, a salvo; Y eso era lo único que me importaba.

Camino a casa, la gente se hallaba reunida frente a los televisores, observando videos borrosos sobre la milagrosa intervención de tu persona y la hija de Taumas. Algunos espectadores te llamaban héroe, otros te consideraban una tonta con suerte. Yo no supe que pensar sobre tus actos y no sabía porque demonios me preocupaba tanto tu vida.

Aún no podía aceptar que te amaba.

Cuando regresé y te encontré en la puerta de mi habitación, no supe si abrazarte o golpearte por arriesgar estúpidamente tu existencia. Me tomaste desprevenida y mientras tú intentabas exponer tus pensamientos, el conflicto en mi interior me llevó a espetar palabras cortantes, casi frías. No es que te odiara, pero estaba tan confundida que reaccioné de tal manera porque no deseaba afrontar mis verdaderos sentimientos.

Y entonces me besaste.

No necesité seguir luchando contra mí misma. Toda duda que tuviera se despejó en ese mismo instante y permití a mi corazón suspirar de alivio y llorar de alegría. Las tensiones y preocupaciones que experimenté ese día desaparecieron por completo y simplemente me uní contigo en cuerpo y alma."

Fue una revelación enternecedora de su parte. El saber que le importaba lo suficiente para hacer todo aquello, me hacía más feliz de lo que imaginaba. Con delicadeza, tomé su rostro en mis manos y la besé profundamente, con ternura. Lágrimas corrieron por nuestras mejillas y nos enfrascamos en un suave pero firme abrazo. Amo a esta mujer, en verdad que sí. Nos separamos, observándonos con nuestras miradas encantadas. Ella tomó la palabra.

– "Tuve miedo, Aria. Tuve miedo de perderte sin poder decirte lo que sentía por ti. Esa arpía tomó tu primer beso y esos extremistas casi toman tu vida. Estaba aterrada al pensar que ni siquiera sería capaz de reclamar tu alma porque otra agente de la muerte podría adelantarse. Casi te pierdo por completo y ni la eternidad me curaría tan profunda herida."

La irlandesa se acurrucó en mi pecho. La dejé desahogarse.

– "No quiero que algo te pase, Aria. Daría mi inmortalidad a cambio de tu protección eterna, sin pensarlo dos veces. Deseo estar contigo y cuidarte de todo mal en este universo. Porque te amo. Te amo y te necesito." – Sollozó. – "Quizás tu existencia sea efímera para alguien como yo. Solo un parpadeo en la infinita totalidad cósmica temporal; Pero atesoro cada pequeño momento que paso contigo, porque soy feliz. Realmente puedo afirmar que soy feliz."

– "Lala…"

– "Aún tengo ese miedo. Todavía me preocupa que un día ya no pueda ver tu rostro sonreír, sentir tus manos recorrer mi cuerpo, escuchar tu melodiosa voz repetir mi nombre o experimentar tus dulces labios encontrarse con los míos. Y si aceptas ese trabajo, el riesgo será todavía mayor."

Ella tenía razón. Si el ser policía en Sparassus, donde el crimen era casi nulo, aún era una actividad peligrosa, no quiero imaginar las contingencias que debería afrontar si me uniera a MON. Me expondría a infinidad de amenazas a diario, incluyendo a las hechas a mi familia o a la misma Lala incluida. Gran Arachne, era una carga demasiado pesada para mí.

– "Y sin embargo…" – Continuó hablando la segadora, secando sus lágrimas. – "Quiero que lo hagas. Quiero que aceptes."

Ella se levantó.

– "Comprendo por qué me hiciste tal pregunta, mujer. No era solo para saber mi opinión; Deseabas buscar una excusa para rechazar el puesto." – Aseveró. – "Porque estas asustada. Temes no solo por tu integridad física, sino también al fracaso. Temes a no poder cumplir las altas expectativas que el mundo ha puesto sobre ti. Crees que no eres capaz."

Me descubrió. Miré al suelo, avergonzada. Gracias a su aguda percepción, ella logró ver más allá de mis palabras y destapar lo que me afligía el alma.

– "Aria, lo que hiciste fue un evento único en la vida, no es necesario repetirlo. Caminaste la delgada línea entre esta vida y la otra, y saliste victoriosa. Incluso, salvaste aún más en el proceso. Aquello solo puede calificarse no menos que un milagro." – Afirmo. Entonces, levantó mi rostro para encararme. – "Pero dime, ¿acaso fue un milagro que decidieras hacerles frente a esos rufianes, a pesar de las enormes apuestas en tu contra? ¿Fue un acto divino que usaras los edificios abandonados tácticamente para resguardarte? ¿Fue suerte que seas una soldado entrenada y supieras como usar un arma? Incluso admito que esa arpía aplicó un uso excelente de la velocidad y sorpresa."

– "¿Cómo…? ¿Cómo sabes todo eso?"

– "Las imágenes de la televisión y los comentarios que escuché en la jefatura fueron muy precisos en detallar tu reporte de batalla, Jaëgersturm." – Reveló. – "Ningún milagro ocurre de la nada, Aria. Fuiste tú, tú lo lograste. Eres la razón por la cual toda esa gente ha vuelto con sus familias a salvo, el porqué cuatro terroristas se hallan tras las rejas. Y lo más importante, eres la razón de que las dos ahora nos encontremos aquí, disfrutando de nuestra compañía, vivas."

Se acercó a mí aún más.

– "No hay nada de malo en temerle a una afrenta tan imponente, especialmente cuando los ojos de todos te juzgan a cada movimiento." – Explicó la irlandesa. – "Pero sé que tienes la temple, la fuerza y la capacidad para llevar a cabo lo que te propongas. Después de todo, tomaste a esta introvertida psicopompo delirante, la sacaste de su solitario mundo y la convertiste en una cocinera ejemplar... Y también, en tu futura esposa."

Aquellas palabras me derritieron al instante. La besé de inmediato. Yo lloraba de alegría, ella también. Nuestros corazones latían al unísono. Le había hecho comentarios similares a Cetania, pero solo Lala sabía cómo decirlo de la manera correcta. La dullahan le hacía honor a las leyendas, poseyendo una habilidosa y convincente lengua de plata. Solo podía amarla más.

– "Eres impresionante, segadora. Tu voluntad todo lo puede."– Le dije, abrazándola.

– "Lo aprendí de una gran cazadora. El amor de mi vida."

– "Te amo, Lala."

– "Y yo a ti."

Sonreímos. Con las manos entrelazadas, nos acostamos sin separarnos. Disfrutamos tranquilamente la paz de la noche, en silencio. Nuestro amor no precisaba más palabras, solo continuar fluyendo por nuestras venas, brindando felicidad absoluta a nuestros cuerpos.

– "Y entonces…" – Hablé de nuevo. – "¿Esta es la parte donde tenemos sexo?"

– "…"

– "…"

Dos chichones en mi cabeza y dormir en el sofá me recordaron que debo aprender a no abrir mi gran bocota.


NOTAS DE MERO: ¡Yuri, drama, arachnes… y conquista mundial! ¡Qué manera de comenzar el año!

Queremos agradecer a todas las personas que nos han acompañado a lo largo de esta saga, incluyendo a nuestros estimados compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther, Endelstadt y Arconte, quienes seguramente serán excelentes subordinados en mi corte imperial. ¡Y vamos por muchos más!

De esta manera me despido y les recuerdo que sus opiniones, reseñas y muestras de sumisión siempre serán bienvenidas. ¡Hasta el próximo episodio! ¡Consuman productos alemanes! ¡Larga vida a la Gran Sirena!

Y ahora… A recordarle a cierta dullahan que nadie la grita a la Emperatriz Universal Absoluta… Ň̜̼̰̳͇̻̔̿̉ͣ̓ͥ͒͜͠Å̷̵͉̞͉͓̟̖̅ͪ͂͒͌̌͡Ḑ̶̲͕̙̤̪͍̬̣͉̃̀̇̓͟Iͭ̀҉͓̞̗͞Ę̯̻̝̭̼̠ͦ̅͌̋ͩ͐ͦ͟͡.̌̉͏̳̳̖.̷̣͇̖̪͙̲ͭͩ́.̥̺ͧ͆ͦ͛̚͡