NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, amigos! ¡Soy yo, su escritor preferido!

No, no hablo de ese. ¡Tampoco de ese otro! ¡Estoy hablando de mí! ¡Hey, dejen de burlarse! En fin, aquí con otra entrega de yuri, tonterías y arachnes que sufren por ello. ¡Disfruten!

Ah, y una cosa más. Aquí una pequeña galería con todo el arte que he creado para esta historia. Espero sus ojos no lloren ácido por lo feo de mis obras:

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Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El mundo es propiedad de la magnánima Meroune. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡Lorelei Über Alles!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 24


¡Auch! Dormir en los muebles de la sala es igual de cómodo que descansar sobre piedras. Al menos los chichones ya duelen menos.

Me levanté del sofá y bostecé mientras tallaba mis ojos. El día comenzaba y el reloj indicaba que a pesar de no disfrutar de la compañía de Lala en toda la noche, mi instinto madrugador no decae. Juro no volver a dejar que mi deseo carnal me haga actuar como idiota frente a la irlandesa, no quiero recurrir a otra sesión solitaria en el baño. Y hablando de eso, mejor me doy una ducha.

Dejando el agua tibia y el jabón asear mi cuerpo, me puse a pensar que haría a partir de adelante. Las palabras de la segadora me alentaron lo suficiente y he decidido aceptar la oferta de unirme a MON. Sin embargo, siento que sin Cetania no sería lo mismo. Suspiré al recordar que la castaña se había negado en repetidas ocasiones a entrar juntas. Tal vez ella tenga razón y solo sea una civil que desea vivir en paz, sin una carga de responsabilidad tan grande; Pero aún sigo convencida que la arpía posee un talento que sería invaluable para todos.

Y si soy sincera, la quiero a mi lado.

Gran Arachne, no es fácil amar a dos personas. Debería estar satisfecha, finalmente logré conquistar a Lala, la mujer a quien más deseaba, y esta me correspondió propiamente. Se supone que yo estaría en la cima de la felicidad absoluta. Y de hecho, estoy precisamente ahí, experimentado el cenit de la alegría junto a mi preciosa dullahan.

Pero, mi corazón desea que Cetania también sea parte de esa dicha. Su presencia me motiva y su ausencia me pesa. Y al mismo tiempo, sé que tal cosa es imposible. Amo a Lala, es ella con quien he decidido formar mi futuro y a quien voy a entregar mi devoción. Entonces, ¿por qué mi corazón se siente tan mal? ¿Por qué mi alma también?

Opté por no continuar pensando en ello tan temprano, era demasiado pronto para atormentarse con eso. Cerré el paso del agua y luego de vestirme, salí a la cocina, siendo recibida con un beso por mi preciada irlandesa y su nueva aprendiz, Miia. Sonreí al saber que las anteriores enemigas hicieran las paces convertidas en maestra y alumna. Sé que a la segadora le espera un largo y duro camino al tratar de refinar el diamante en bruto que es la pelirroja, pero confío en su infinita paciencia y templanza para soportar el asedio a sus nervios que la lamia le dará. Afortunadamente ella es inmortal, así que podrá sobrevivir a lo que Miia prepare.

Que el Abismo se apiade de tu infortunio, amor.

– "Sí que inició temprano sus clases, chef Lala." – Le comenté a la azulita. – "No esperaba verla tan pronto saliera del baño."

– "Más bien has dedicado un largo tiempo para tu aseo personal, A chuisle." – Respondió la dullahan abriendo un empaque de pasta. – "¿Estabas explorando las misteriosas profundidades de la tina?"

– "¿Eh? ¿Pues qué hora son?" – Pregunté.

– "Ocho en punto." – Contestó ella. – "Hace mucho que tu desayuno se encuentra servido en la mesa."

¡¿Qué qué?! ¡¿Tan tarde?!

– "¡Crono eterno! ¡Y yo que deseaba ir a trabajar para despedirme de Fräulein Pin y Winona!" – Exclamé con la mano en la frente. – "¿Pero cómo es posible? Dudo que haya tardado tanto duchándome y el reloj de la sala indicaba claramente que desperté a las seis y media."

– "Disculpa, Aria." – Me habló Miia. – "El reloj de la sala está descompuesto. Creo que olvidamos reemplazarlo."

– "Ya veo." – Suspiré. – "Ni modo. Gracias por informarme, Miia"

– "No hay problema." – Contestó sonriendo. – "Lala, si no te molesta, voy a bañarme."

– "Adelante, Miia." – Le concedió su tutora. – "Proseguiremos después. Buen trabajo mezclando las especias."

Con una reverencia, la ofidia se retiró. Yo me dirigí a la mesa a degustar mi desayuno. Al menos el Bratwurst me reconfortará mi impuntualidad. Demonios, no esperaba levantarme tan tarde. Pasé la noche entera pensando en cómo me desempeñaría en mi nuevo puesto que me acosté pasadas las doce. Combinada con el asunto de Cetania, mi calentura frustrada y la incomodidad del sofá, terminé recorriendo el reino de Morfeo por demasiado tiempo.

– "¿Tan mal te la pasaste anoche tú sola, A chuisle? – Cuestionó la irlandesa, sentándose a mi lado para comer.

– "Bueno, aparte de extrañar el abrazar esas caderas, admito que sucedieron demasiadas cosas que me mantuvieron ocupada."

– "Te comprendo. Incluso yo tardé un poco en conciliar el reposo a pesar de que no me es necesario."

– "Je, ¿te arrepentiste por correrme del cuarto, linda?"

– "Fue algo solitario, pero sobreviví como la 101ª Aerotransportada al hallarse aislada en Bastogne."

– "Ya comienzas a usar referencias de la Segunda Guerra Mundial, Spatzi. Te estoy influenciando peligrosamente." – Me reí. – "Un día vas a despertar queriendo conquistar Polonia."

– "Ni siquiera la Operación Overlord se compara con la hazaña que realizaste al conquistar mi corazón, Aria." – Replicó ingeniosamente.

– "¡Oh, Gran Arachne Divina! ¡Como te amo, mujer!" – Declaré clavándole un gran beso en sus labios.

Lala me conocía perfectamente, siempre sabía que decir para alegrarme. Si lo pienso detenidamente, ella fue la que me conquistó a mí.

– "Aún quiero visitar a las pingüinas, siguen siendo mis jefas después de todo." – Comenté. – "¿Qué hay de ti, Spatzi? ¿Aún buscarás empleo o Miia es trabajo de tiempo completo suficiente?"

– "Deseo terminar de instruir a la lamia antes de aventurarme de nuevo al mundo laboral, A chuisle." – Contestó cortando su carne.

– "Tremendo reto que te has echado encima, Cariño." – Bromeé. – "Pensé que solo le habías dicho eso a la lamia para calmarla."

– "Una dullahan siempre respeta su palabra, Aria. Y te sorprendería saber que la ofidia ha resultado una obediente aprendiz. Algo impulsiva, pero definitivamente salvable."

– "Te creo, guapa. Si una aldeana simplona como yo logró seducir a la muerte misma, Miia puede convertirse en la próxima sensación culinaria."

– "Tampoco exaltemos innecesariamente las hipotéticas capacidades de sus habilidades gastronómicas, Jaëgersturm." – Afirmó. – "Y evita el jactarte del inesperado éxito al obtener mi favor sentimental."

– "De acuerdo, perdón por presumir." – Respondí torciendo la boca. – "Y te enamoraste perdidamente de mí apenas me viste cruzar por esa puerta, no lo niegues."

– "Admiro la seguridad con que has postrado tu ego en tan alto pedestal, mortal."

– "¿Ya volvimos a lo de 'mortal'?"

– "Una actitud tan soberbia frente a la Hija del Abismo no merece menos que un título tan simple."

– "Vaya con la azulita altanera. ¿Quién diría que es la misma que hace un par de noches imploraba a mi lasciva lengua explorar sus íntimos secretos y se retorcía de gozo infinito ante esta?"

– "Sobreestimas tus aptitudes amatorias, descendiente de Arachne."

– "¿Quieres que te demuestre lo contrario, irlandesa testaruda?" – Me acerqué a su rostro.

– "Desmiénteme, heredera de los Jaëgersturm." – Ella hizo lo mismo.

– "Voy a devorarte por completo, mi deliciosa presa…" – Me relamí los labios.

– "Adelante…"

Un poco sutil carraspeo llamó nuestra atención. Alzamos la vista y nos encontramos con una ruborizada Centorea empujando la silla de una sonrojada Meroune. Después de la regañada que Lala les dio el día de ayer, esta situación no era precisamente la mejor.

– "Ehem…" – Regresé apenada a mi posición inicial. – "E-excelente desayuno, Lala. M-muy nutritivo y delicioso."

– "G-gracias, m-mortal. R-regreso a terminar el resto para las demás." – Se excusó a la cocina, igual de avergonzada.

Fingí comer despreocupadamente, difícil tarea con las acusadoras miradas de la centáuride y la sirena sobre mí. Ay, mamá araña, esos ojos inquisidores son peor que un juez dando sentencia a un condenado a la silla eléctrica. ¡Zeus, Odín, Batman… Cualquier deidad, sálvenme! ¡Envíen un sismo, una inundación, un meteorito, tiburones voladores con rayos láser!

– "¡Cerea, Mero! ¿Desean probar lo que cociné?" – Apareció Miia. ¡Súper Lamia al rescate!

– "¡Ah! ¡Miia!" – Se sorprendió la rubia. – "¿P-preparaste algo?"

– "¡Así es! ¡Y lo hice yo solita!" – Infló su pecho con orgullo. – "Claro, obtuve un poco de ayuda de Lala… ¡Pero yo calenté el arroz y los frijoles!"

– "Miia-san, es una oferta tentadora, pero creo que…" – Intentó escapar Lorelei.

– "¡Ah-ah, Mero!" – La interrumpió la pelirroja. – "¡Este sekihan está para mandarte al infinito y más allá! Aria, ¿no quieres probarlo también?"

Le indiqué claramente el plato que la segadora me sirvió. Me alegro de no haber terminado aún, estoy segura que ese infinito al que ella se refiere es el eterno sufrimiento estomacal. No es que desconfíe de la tutoría de Lala, pero me llevó mucho volver a convertir el sekihan en sinónimo de alimento y no deseo que eso cambie por ahora.

– "Oh, bueno. Entonces, ustedes dos esperen aquí, enseguida les traigo mis obras maestras." – Declaró jovialmente la mujer serpiente.

La centauro y la sirena intentaron fugarse discretamente, pero Miia regresó rápidamente con platillos en mano. Los depositó en la mesa y les indicó a sus pobres víctimas que prepararan sus paladares (y posiblemente, también sus epitafios). Ya que los platos se hallaban tapados, una solo podía imaginar la terrible abominación que emanaría apenas retiraran la cubierta de porcelana. Entonces, la pelirroja orgullosamente mostró el horror culinario que su escamoso cerebro logró maquinar. Volteé hacia el otro lado, no deseaba devolver el estómago.

– "Gran Neptuno…" – Musitó la princesa.

– "Por las herraduras de Quirón…" – Dijo la cuadrúpeda.

Aún cuando era desafiar al sentido común, la curiosidad me ganó. Temerosa, abrí lentamente tres ojos y eché una ojeada a las pobres chicas. Pronto usé los seis al observar lo imposible desarrollarse frente a mí. La comida… El sekihan… ¡Lucía completa y absolutamente normal!

¡No, no exagero! ¡En verdad era un platillo regular! Nada de misteriosas babas multicolores despidiendo vehemente vaho con fétidos aromas o demás infernales creaciones nauseabundas sacadas del libro de brujería más escalofriante. Solo era arroz enrojecido por los colorados frijoles, rojito más, rojito menos.

– "Miia…" – Habló Cerea. – "¿Tú hiciste esto? ¿Y tú sola?"

– "Correcto."

– "¿Y estás totalmente segura que es perfectamente comestible?"

– "Por supuesto que sí, desconfiada." – La lamia se cruzó de brazos. – "Lala se encargó de darle el visto bueno."

– "Y ella aún sigue viva…" – Dijo Meroune. – "Tal vez… sea seguro."

– "¡Claro que es seguro!" – Replicó la pelirroja, enojada. – "¡Vamos, chicas! ¡Me esforcé mucho en esto, no sean así conmigo!"

Ambas se miraron incrédulas. Las comprendo, ni siquiera yo podría imaginar que en este día, de esta era geológica, en este preciso plano existencial, Miia sería capaz de concebir algo tan común. Por supuesto, aún quedaba comprobar si el sabor no provocaba parálisis neuronal y suicidio intestinal. Con un sonoro tragar de saliva, las temerosas mujeres tomaron los palillos en sus temblorosas manos (o cuchara en el caso de la rubia europea), hundieron los utensilios en el arroz y con los ojos cerrados, se atrevieron a dar el primer paso a un posible viaje directo a los aposentos de Hades. Las saludé mentalmente, fue un gusto conocerlas.

– "Está… Está bueno…" – Declaró la sirena repentinamente. – "En verdad está delicioso."

– "Concuerdo…" – Se unió la equina. – "El sabor es excelente."

– "¡¿Qué les dije?! ¡La todopoderosa Miia ha demostrado su enorme superioridad de nuevo!" – Proclamó la pelirroja con una sonora carcajada triunfal. – "¡Aria, tú también necesitas degustarlo!"

– "Uhm… No gracias, ya estoy llen-BLUGH!" – Fui interrumpida por una cuchara profanando mi boca.

Santa Arachne, madre de todas, ruega por nosotras, pecadoras…

– "Exquisito…" – Fue mi veredicto al masticar.

– "¡Una victoria más para la imbatible lamia y su sekihan lleno de amor!" – Manifestó la ofidia alzando los puños. – "¡Y pronto el corazón de mi Cariño será todo mío!"

No tendría el toque inmortal que solo Lala era capaz de agregar, pero para alguien cuyas creaciones terminaban con cadáveres frescos para la morgue, este era un paso titánico en la dirección correcta. Juro que aún me debato si esto es real o si ya me morí y me encuentro en alguna de las tantas realidades alternativas que la dullahan ha mencionado. Sea cual sea el caso, admito que este arroz es un deleite al paladar. Meine göttin, si la irlandesa transformó a Miia en una cocinera aceptable en menos de unas horas, me pregunto qué milagros culinarios será capaz de lograr conforme el tiempo avance.

– "¡Nadie se interpondrá en mi camino ahora!" – Afirmaba la lamia impetuosamente. – "¡Mi plan de conquista universal ha dado marcha y pronto todos se arrodillarán ante mí!"

– "Aún estás lejos de cumplir tal objetivo, poiquiloterma." – Contradijo la segadora, apareciendo detrás de ella. – "Te recuerdo que si bien tú preparaste los ingredientes, la técnica de cocción es de mi autoría."

– "¡Lala, no les cuentes!" – Se quejó la pelirroja. – "¡Dijiste que guardarías el secreto!"

– "Espera, ¿entonces ella no cocinó el sekihan?" – Preguntó una decepcionada Lorelei.

– "No del todo." – Aclaró Lala.

Bueno, eso explica realmente mucho. La habilidad de la chica fue un chasco, pero al menos garantiza que la digestión será segura.

– "Sin embargo…" – Prosiguió la peliblanca. – "El sazón es sin duda de ella. Confirmo que la mujer serpiente posee un talento escondido que pretendo sacar a relucir. Su progreso ha sido excepcional y estoy segura que su empeño eventualmente le traerá el triunfo que tanto anhela."

– "Ya veo." – Suspiró Shianus. – "Te felicito entonces, Miia."

– "Gracias, Cerea." – Sonrió la aludida. – "Perdón por querer mentirles. Me dejé llevar un poco."

– "No hay problema Miia-san." – Le reconfortó la sirena. – "Confío en que algún día tendremos la fortuna de saborear un platillo completamente suyo."

– "Tenlo por seguro, Mero." – Afirmó la reptil, guiñándole.

Papi, Suu y Rachnera pronto nos dieron los buenos días y se unieron a la mesa. Se sorprendieron (y asustaron) al oír que la lamia había participado en la cocina, pero la irlandesa les calmó. Mientras comíamos, no evité notar la ausencia de alguien importante.

– "¿Dónde está Herr Kommandant?" – Cuestioné a las presentes.

– "Ahora que lo mencionas, tampoco lo he visto en toda la mañana." – Dijo la pelirroja.

– "Puedo confirmar que no se haya en su habitación." – Aseguró Rachnera.

– "No intentaste seducirlo al despertar, ¿verdad, arachne?" – Le interrogó Cerea.

– "Tranquila, yegua malpensada. El ático está directamente sobre su habitación y siempre sé cuando él se halla en la casa."

– "Quizás… ¡Fue secuestrado por alguna mujer que lo desea para sí misma!" – Opinó la soñadora Meroune. – "¡Y ahora se debate entre rechazar su amor o entregarse al tentador placer de la carne prohibida!"

Antes que pudiéramos refutar las boberías de la acuática, la puerta se abrió y un fatigado Kimihito se desplomó sobre la puerta una vez cerrada. Cargaba varias bolsas en ambas manos.

– "¡Cariño! ¡¿Qué sucedió?!" – Preguntó una preocupada Miia, asistiéndolo. – "¡¿Dónde estabas?!"

– "Uf… Lo siento chicas…" – Respondió recobrando el aire. – "Salí a comprar temprano… Y la prensa no dejaba de seguirme…"

– "Esos entrometidos, siempre inmiscuyéndose en lo que no les importa." – Espetó la centáuride mientras ayudaba a su casero. – "Mi Señor, ¿se encuentra bien?"

– "Sí, gracias, Cerea." – Le sonrió el muchacho, provocándole el ruborizar. – "Al menos traje muchos víveres para Miia. ¿Cómo va su progreso, Lala?"

– "Una nave algo tosca de timonear, pero presiento que llegaremos a buen puerto, Kimihito." – Contestó la segadora.

– "Cariño, ¿acaso saliste solo por mí?" – Cuestionó la lamia.

– "Bueno, estaba preocupado porque estuvieras plenamente abastecida para continuar creando tus obras. Ojalá te sea suficiente, Miia." – Replicó Kurusu tallando su cuello.

– "¡Oh, Cariño!"

Extasiada de felicidad por la consideración de su amado hospedador, la pelirroja estrujó con fuerza al pobre chico. Fue necesario que Cerea, Mero y Rachnera intervinieran para evitar que lo asfixiara. Ya liberado, este fue arremetido de nuevo por los fervorosos besos de la ofidia, extendiéndose a diestra y siniestra por todo su rostro. Bajo las claras protestas de la centauro, la sirena y una renuente tejedora, volvieron a frenarla antes que se atreviera a hacer contacto oral. Las demás solo observábamos entre ternura por el acto de Kurusu y horror al verlo sufrir por el sofocante agarre de la reptil.

– "¿Hicimos bien o mal en motivarla, Spatzi?" – Le susurré a la dullahan.

– "Quizás fuimos demasiado lejos, A chuisle." – Replicó mientras veíamos al casero tornarse tan azul como ella por tercera ocasión.

Ya habiendo acabado de comer y con los ánimos de Miia de vuelta a la normalidad, me dispuse a hacer una visita a la nevería, pensando en un último día de trabajo antes de decirles adiós a Pin y Winona. Kimihito me advirtió de la invasiva prensa pero le aseguré que no se preocupara. La irlandesa me acompañó al dirigirme a la salida.

– "¿Estarás bien yendo a pie hasta ese lugar con toda la atención sobre tu persona, Aria?" – Preguntó la segadora al tiempo que sacudía mi camisa.

– "Seguro, querida. Esta araña sabe cuidarse sola."

– "Quisiera ir contigo para estar más calmada."

– "Tu tranquila y yo nerviosa, Lala, tengo todo bajo control." – Acaricié su cabeza.

– "Por cierto, ¿no has comentado nada a los medios o sí?"

– "De hecho, no he hablado con nadie que no sean agentes policiacos o mis conocidos cercanos en estos dos días. ¿Por qué lo preguntas?"

– "Pensaba en si harías público el estado de nuestra relación." – Contestó abrazándome.

– "¿Preocupada por las posibles admiradoras, azulita?"

– "La fama siempre trae tentaciones, A chuisle. Y sé que esa arpía aún no se ha dado por vencida."

– "Descuida, amor." – Le aseguré besando su frente. – "Sabes que solo tengo ojos para ti. Los seis de ellos."

– "Vuelve a casa temprano, Aria."

– "Lo prometo, Lala. ¿Deseas que te traiga algo?"

– "Felicidad eterna."

– "Yo hablaba de algún helado pero igual puedo cumplir tal petición."

Reímos ante tan cursi chiste y nos besamos tiernamente en los labios. Con un 'Te amo' y una sonrisa de despedida, me di la vuelta y emprendí camino a mi destino. No me molesté en ocultar mi presencia, pensé que sería inútil tratar de huir de las preguntas de los curiosos, manifestación de la era de la información misma. Además, me gustaba la idea de ser la sensación del momento debido a un acto considerado heroico y no por alguna estupidez. Al menos me recordarán dignamente y no como un horrible meme de internet, pensaba. Afortunadamente, nadie me molestó en el trayecto. Hmm… Quizás mi supuesta fama ya acabó.

– "¡Guten Morgen, meine Kommandanten! – Saludé a mis jefas apenas crucé la entrada. – "Siento presentarme hasta ahora, pero casi me vuelan la cabeza… ¡Literalmente!"

– "¿Pauk?" – Se extrañó la pingüino rusa al verme.

– "Hola, jefa Pin. ¿Cómo ha estado?"

– "¡Jaëgersturm! ¡Volviste!" – Se incorporó para abrazarme. – "¡Jar jar! ¡La adalid de la justicia regresa a esta humilde nevería!"

– "Danke schön, jefa. Pero no hice gran cosa." – Le regresé el gesto. Ah, esa ropa soviética que es muy calientita.

– "¿Bromeas? ¡Le diste en la mera matushka a esos malditos elfos!"

– "¿Elfos? ¡Ah, claro! ¡Esos desgraciados orejudos recibieron lo que merecen!"

Cierto, se supone que ataque liminales, no humanos. Buen trabajo del departamento policiaco, debo reconocer.

– "Cuida esa boca, salchicha alemana." – Habló de repente Winona, acercándose. – "No me obligues a meterte al congelador con todo y pedipalpos."

La adelaida hizo a un lado un mechón de su cabello, dejando en evidencia sus orejas puntiagudas. Ups, parece que olvido que esa es una característica muy común entre liminales. Las mías lucen humanas, un trato muy particular en mi familia. Ahora que lo pienso, creo que Lala es la única en la casa con oídos de apariencia humana, sin contar a Kurusu. Y ya que me doy cuenta, estoy divagando en temas triviales de nuevo. ¿Soy realmente así todo el tiempo? ¿En verdad disfruto monologar mentalmente sobre sandeces irrelevantes? ¿Si tengo paperas… tendré pa' manzanas?

– "¡Jaëgersturm, te dije que prestes atención!" – Fui traída a la realidad por una enfadada canadiense.

– "¡Ah! ¡J-Jawohl, Fräulein Winona! ¡D-disculpe! ¿Qué deseaba informarme?"

– "Ya que finalmente estás aquí, sígueme a la parte trasera."

– "¡Verstanden!"

Diablos, siempre parezco andar en otro mundo en el momento menos indicado. Debo dejar de pensar en tonterías y concentrarme en cosas más importantes, como en darles la noticia de mi retiro a mis superiores y… ¡Cierto, hablar con Cetania! ¡No podría unirme a MON sin ella a mi lado! Pero… ¿Cómo lograr convencerla? Ella fue muy clara al negarse y aunque quizás solo necesitara algo de tiempo para meditarlo, es posible que en verdad sea un rechazo definitivo. Tengo que pensar en una solución.

Hmm… Curiosamente, tampoco he visto las orejas de la pajarita. ¿Serán también puntiagudas? Bueno, Papi así las tiene y supongo que la rapaz igual. Quizás yo soy la única fenómeno que luce humana. Es más, tampoco he notado las de Rachnera, su peinado siempre las oculta muy bien. ¿Y qué hay de Suu? Es decir, ¿Acaso ella necesita orejas en primer lugar?

¡Por el martillo de Hefesto! ¿Es ella una mujer siquiera? ¡¿Qué tal si en realidad ella es un chico?! ¡Santa Arachne, y nos toqueteó a todas, incluso a Lala! ¡Argh, voy a rociarle tanta agua a esa limo que hasta sus fermiones se desintegrarán por completo! ¡Me importa un bledo si desafío la física cuántica!

– "¡Maldita sea, Jaëgersturm! ¡¿Cuántas veces debo repetirte que me escuches?!" – Vociferó Winona.

– "¡Ay! ¡P-perdón, jefa! ¡Lo siento mucho! ¡¿Q-qué desea que haga?!" – Hice excesivas reverencias de disculpa.

– "¿Acaso esos terroristas te llenaron de plomo la materia gris? ¡Te dije que te quites la ropa!"

– "¡¿Q-q-qué?!"

– "¡Ya me oíste, araña! ¡Desnúdate!"

¡Ay, no! ¡No otra vez! ¿Acaso ella planea…?

– "Ten, le dimos unos cuantos retoques rápidos. Ahora que eres famosa, esta es la oportunidad perfecta para usarlo." – Informó la adelaida con una infame indumentaria en sus aletas.

¡Por el Olimpo, el Tártaro y todos los niveles intermedios! ¡La pesadilla se repite de nuevo! ¡No… NO!

– "Fräulein Winona… Por favor… No me haga esto…"

– "Tonterías, patas flacas. Ayer no abrimos por todo el problema de los atentados y hoy debemos trabajar el doble." – Explicó la canadiense. – "Empezamos algo tarde pero aún podemos alcanzar la hora pico."

– "Se lo suplico, por lo que más quiera… ¡No me haga usar ese maldito disfraz de pingüino!"

– "¿Alguna razón en particular, alemana?"

– "¡Es horrible, abominable y absolutamente ridículo! ¡Parece más un forúnculo dicromático que un ave del ártico!"

– "Pfff... Cuestión de gustos. Y es del antártico, teutona descerebrada."

– "¡Lo que sea! ¡No quiero ponérmelo!"

– "¡Jaëgersturm, es una orden!"

– "¡Nein!"

– "¡Escucha, patas de alambre! ¡O te lo pones o te despido!"

– "¡Yo pensaba renunciar de todas formas!"

– "¡No puedes! ¡Tu contrato especifica que antes de renunciar debes trabajar un mínimo de cuatro horas con el uniforme de la empresa! ¡Eso incluye el disfraz, ahora vístete!"

– "¡Prefiero andar desnuda que usar ese traje tan humillante!"

– "¡Eso podemos arreglarlo!"

– "¡¿Por qué es tan cruel conmigo, Fräulein Winona?!"

A pesar de su reducido tamaño (tan pequeña como Manako), la pelinegra se las arregló para jalar mi camisa hasta dejarme a su nivel, cara a cara. Los ojos color esmeralda de la adelaida brillaban de furia y su voz era guturalmente iracunda. Santa Arachne, ¿acaso en Canadá solo saben criar psicópatas?

– "Porque tu maldita cajita de almuerzos me causó una jodida infección estomacal por dos días enteros." – Espetó rabiosa. – "Dos días yendo constantemente al baño. Dos días en los que mi esfínter ardía como las llamas del mismísimo infierno. Y para colmo, el papel higiénico se acaba cuando suceden los ataques y las tiendas se encuentran cerradas, obligándola a una a recurrir a medidas desesperadas.

¿Sabes lo jodidamente doloroso que es limpiarse la cola con periódico y más con estas aletas? ¿Y después quedar con el maldito culo ennegrecido por la tinta y herido por las raspaduras? Pin no paró de burlarse por cuarenta y ocho horas. Cuarenta-y-ocho-horas, Jaëgersturm. Te salvé el trasero con tu novia azul… Y mi recompensa fue dolor innecesario en el mío.

¡AHORA PONTE ESE PUTO DISFRAZ DE UNA BUENA VEZ! ¡Y NO QUIERO QUEJAS!"

La pingüina me arrojó hacia la pared con la titánica fuerza de una ogresa. Yo estaba tan asustada que juro que mi conducto excretor tuvo una fuga prematura. ¡Esta enana es peor que los terroristas! ¿Y dónde está Perseo para salvarme de esta monstruosa Gorgona? Suspirando en resignación, me quité la ropa para cambiarme a la horrible botarga.

Gran Tejedora celestial, si no hubiera sido por esa saltarina… ¡Es verdad! ¡Todo es culpa de esa condenada Rachel! ¡Argh, si la vuelvo a ver, ahora sí que me la comeré de un solo bocado! Pero ya me vengaré después, ahora a rebajarme en público. Dioses, tengan piedad.

Me puse frente a la tienda con un cartel en las aletas invitando a los transeúntes a probar nuestros productos. Vestir esta cosa es una verdadera tortura, no solo por la denigrante apariencia, sino por el tremendo calor que mete. Estaremos casi en invierno pero sudo como cerdo en verano. Gah, solo espero que nadie me reconozca con esta indigna indumentaria.

– "¡Mira mamá, es Aria Onee-chan!" – Exclamó una pequeña lamia color dorado. – "¡Vamos a saludarla!"

¡Ay, no! ¡Es esa lamía que se perdió aquella vez! ¡No, no me vean!

– "¡Hola, Aria-san!" – Saludó la madre de la niña. – "¿Cómo has estado?"

– "He estado mejor, créame, señora… Uhm…"

– "Steno, Steno Sprins." – Confirmó la mujer dándome la mano. – "Con el ajetreo de la última vez, ni siquiera tuve tiempo de presentarme adecuadamente."

– "¡Aria Onee-chan! ¡Vimos lo que hiciste en la tele!" – Declaró entusiasmada la menor. – "¡Te enfrentaste a los señores malos! ¡Y les hiciste '¡pum!' y luego '¡bang!' y luego…"

– "Ami, querida, vas a abochornarla." – Le calmó su progenitora. – "¿Por qué no entras a la tienda por un helado mientras yo hablo con tu Onee-chan?"

– "Bueno." – Aceptó la infante ofidia. Antes de retirarse, me dio un fuerte abrazo. – "¡Aria Onee-chan, cuando crezca, quiero ser tan fuerte como tú!"

– "Gracias, Ami-chan. Te aseguro que serás la lamia más fuerte y poderosa en el mundo entero." – Le acaricié la cabeza. Por los dioses, esta niña sí que es linda.

Mientras la chiquilla se deslizaba hasta el interior de la nevería, la señora Steno volvió a hablarme.

– "Lo que hiciste fue sinceramente impresionante, Aria-san. Tú y esa arpía rapaz han hecho mucho por todos nosotros."

– "Bueno, solo tuve la suerte de que esa arpía me cubriera la espalda mientras yo me creía Sylvester Stallone." – Me reí. – "Y le agradezco sus palabras, Steno-san."

– "No hay problema. Ahora, ¿alguna oferta que me recomiendes?"

– "Todo es comestible." – Respondí bromeando. La lamia se rió.

– "Ya veo. Bien, creo que igual pediré algo. Nos vemos, Aria-san y que tengas un excelente día."

– "Igualmente, Steno-san."

Puf. Eso salió mejor de lo que esperaba. Y afortunadamente no hizo mención de este inicuo disfraz. Los minutos pasaron y a pesar de las miradas burlonas de algunas personas, todo transcurría de manera normal. Entonces, un muy escamoso par apareció. Una era una wyvern de pelo púrpura azuloso y la otra persona era, si mis capacidades deductivas no fallan, un dragonewt. Sé que no es un dragón puro porque las colas de estos suelen ser más gruesas y con escamas más grandes, además de esa aura tan noble que desprenden. La pareja parecía muy alegre conversando entre sí. Fue ahí que noté las sutiles facciones femeninas de la casi andrógina dragonewt.

Oh, vaya, parece que son lesbianas. Sentí un genuino deseo de ayudar a alguien con mis mismas preferencias y sin importarme mi tonta apariencia, les hice señas para que se acercaran. Ambas lo hicieron y les ofrecí una enorme sonrisa. Las especies dracónidas y las arachnes hemos sido enemigas en el pasado, pero confiaba en que estas no tuvieran tales prejuicios. Bien, hora de jugar a Eros y cumplir mi trabajo al mismo tiempo.

– "¡Willkommen, Fräuleins!" – Las saludé. – "Un par de bellas dragoncitas tan unidas es una vista maravillosa y estoy segura que ambas están disfrutando de su paseo. Sin embargo, permítanme ofrecerles humildemente la oportunidad de alegrar también su paladar como su corazón."

– "¿De qué hablas, patas largas?" – Preguntó secamente la wyvern.

– "¡De nuestra oferta especial! ¡Solo por hoy, ofrecemos un increíble descuento en nuestras combinaciones tropicales y conos extra-grandes!"

– "Lo siento, no estamos interesadas." – Replicó la rubia dragonewt. – "Vamos, Erin, se hace tarde."

– "¡Esperen! ¡No se vayan!" – Me apresuré a detenerlas. – "¡Les interesa, créanme!"

Las dos se dieron la vuelta, evidentemente molestas por mi insistencia.

– "Tienes un minuto." – Espetó la chica de pelo cabellos púrpura.

– "Gracias, amiga." – Le sonreí como pude. – "Sé que el helado no te parecerá gran cosa, pero te aseguro que quedarás encantada con nuestro delicioso cono estilo Guardia Roja."

– "¿Qué tiene de especial?" – Inquirió la rubia.

– "Es un cono curvo… Cono. Curvo." – Enfaticé ambas palabras. – "Y a usted, linda wyvern, le apuesto que se sentirá en la cima del mundo al probar su archirrequeterrecontra delicioso sabor… ¡A fresita!"

Como si hubiera blasfemado en contra de ella, la wyvern me estrelló contra la pared usando sus alas y amenazándome con su afilada cola puntiaguda. Su mueca de odio puro dejaba ver claramente unos afiladísimos colmillos. ¡Ay, mamá araña! ¡Hoy todo el mundo está demente!

– "¿Qué acabas de decir, maldita skeever de ocho patas?" – Preguntó la dracónida furiosa. – "¿Acaso osas llamarme… Fresita?"

– "¡H-h-hablo del helado! ¡Por el arco de Artemisa, me refiero al helado!" – Aseguré nerviosa. – "¡Por favor, no se exalte frente a su novia!"

– "¡¿Novia?! ¡¿Qué rayos estás insinuando, Nikriin?¡"

– "¡N-no, nada!"

– "Erin, por favor…" – Le calmó su compañera. – "Déjala, no vale la pena."

– "Krosis…" – Masculló la wyvern. Volvió a mostrarme sus intimidantes dientes y se acercó aún más a mi cara. – "Koraav Dilon Kip…"

Con aquellas misteriosas palabras, me soltó para dejarme caer torpemente al suelo. Dando un último bufido, ambas mujeres se alejaron del lugar mientras yo trataba de recuperar mi respiración y control sobre mis habilidades motrices. Pasaron un par de segundos más cuando un hombre, lleno de vendajes, entró a escena. Lucía peor que un sobreviviente de la Batalla del Somme y cojeaba un poco.

– "Disculpa…" – Me preguntó entre jadeos de cansancio. – "¿Viste pasar a un par de dragonas por aquí?"

Solo le apunté con mi tembloroso dedo en la dirección que las aludidas tomaron. El tipo me agradeció y prosiguió su camino. Ya alejado, exhalé hasta vaciar el oxígeno en mis pulmones para luego volverlos a llenar. Una vez calmada, reaccioné apropiadamente: ¡¿Qué demonios fue todo eso?! ¡¿Qué fue lo que le dije a esa enferma mental?! ¡Malditas wyverns, con razón coleccionamos sus esqueletos en la fortaleza de Himmelsrand!

– "Vaya, eso explica porque aquella escamosa nunca duró mucho con nosotras." – Mencionó Pin caminando hacia mí y con un vaso en sus aletas.

– "Y yo solo quería ser amable…" – Musité, reincorporándome. – "¿Contrataron a una de esas alguna vez, jefa?"

– "Una dragonewt. Se parecía a una de ellas, a lo mejor son primas." – Me entregó el vaso. Ah, un poco de agua fría.

– "Danke, jefa." – Bebí un poco para refrescar mi seca garganta. – "Son de personalidad difícil, ¿cierto?"

– "Da. Se creía la muy salsa. Y siempre trataba de seducir a cualquier clienta reptiloide."

– "¿También era lesbiana?"

– "Difícil de creer que fuera chica con lo masculina que lucía. Incluso usaba un corte de machorra como el tuyo."

Un momento, ¿Qué hay de malo con mi cabello? ¡Pero si es idéntico al de la mítica Erika Kriegtochter! ¡Bah! ¿Qué sabe una rusa de moda capilar de todas formas?

– "Pero el principal problema era el frío." – Continuó ella. – "Ya sabes, poiquilotermos y esas tonterías. En fin, vine a ver si te encontrabas bien."

– "Lo estoy, relativamente. Gracias por el agua, jefa."

– "No hay problema. Y perdona a Winny, ese asunto de enfermarse le afectó muy fuerte. No le guardes rencor."

– "Bueno, gracias a este feo disfraz no muchos me han reconocido. No creo que sea fácil ser medio famosa."

– "Ah, te comprendo, pauk. Cuando supieron que tú eras empleada nuestra, los medios intentaron sacarnos un millón de preguntas a Winny y a mí." – Se rió la rusa. – "Por suerte, Winona sabe cómo manejar a la gente. Aunque no negaré que nos has ayudado un poco a esparcir la palabra de la tienda."

– "Me alegro de ser útil, jefa." – Reí también.

– "¿Es cierto que planeas renunciar, devushka?" – Cuestionó con tono preocupado.

– "Lo es." – Suspiré. – "No es que no me guste el empleo, pero me ofrecieron uno mucho más apto para mis habilidades. No lo tome a mal, Fräulein Dragovskaya."

– "Nah, está bien, Jaëgersturm. Todos necesitamos perseguir lo que mejor nos acomode en la vida."

– "Aún así, las extrañaré a ambas."

– "Igual yo, pauk." – Puso su aleta en mi espalda. – "Pero al menos Winny dejará de ganar en las apuestas. ¡Jar jar!"

Y yo no tendré que seguir cayendo en sus trampas. La eslava se retiró adentro y yo continué viendo a la gente ir y venir. Me tomé el tiempo para pensar en qué hacer con Cetania. ¿Cómo la convenceré de entrar conmigo a MON? ¿Acaso tendré que recurrir a…? ¡No, claro que no! ¡Eso solo se le ocurriría a esa excéntrica sirena!

– "Disculpe la interrupción, señorita, ¿pero acaso usted no será Aria Jaëgersturm?" – Llamó mi atención una profunda voz masculina.

Volteé en su dirección y me encontré con un hombre en traje de pingüino. No, no un disfraz como el mío, hablo de un fino y elegante traje de etiqueta color blanco y negro, comúnmente apodado 'de pingüino'. Poseía una evidente apariencia extranjera y un corto cabello castaño, como sus ojos y su corta barba refinada. Yo era más alta que él, pero me sentí muy pequeña frente a su distinguido porte, casi aristocrático.

– "Uhm, sí, soy yo." – Respondí tímidamente. – "¿Se le ofrece algo, señor…?

– "Maxon. Edward Corbett Maxon." – Contestó ofreciendo su mano. – "Soy el dueño del restaurante El Sazón de Pachylene."

– "¡Ah, mucho gusto, señor Maxon!" – La estreché de vuelta. – "¡Yo soy Ari…!"

Me detuve cuando recordé que el ya lo sabía. El sujeto soltó una ligera risa por mi nerviosismo. Diablos, actúo como una idiota y para colmo estoy metida en esta botarga ridícula. La vida es injusta.

– "Perdón por eso." – Me disculpé.

– "Está bien, querida. Solo paseaba un rato por la urbe y decidí visitarte al divisarte a lo lejos." – Explicó el hombre. – "No deseo quitarte mucho de tu tiempo, solo agradecerte personalmente por haberles dado una muy merecida lección a esos nativistas extremos."

– "Oh, danke schön, señor Maxon." – Hice una reverencia. – "Honestamente, ni yo me creo que haya logrado tan venturosa hazaña."

– "Las mejores sorpresas son las que nadie espera." – Afirmó. – "Je, tu valentía me recuerda un poco a mi bella Pachy en nuestra juventud. Y aún sigue siendo la arpía más osada que he conocido."

– "¿Entonces la tan mencionada Pachylene es su cónyuge?" – Me sorprendí. – "Siempre creí que el matrimonio entre especies aún estaba sancionado por la ley y eso."

– "Bueno, eso fue hace varios ayeres. También me sirvió de mucho contar con grandes y poderosas amistades." – Mostró una sonrisa de satisfacción. – "Y sinceramente, ¿crees que el gobierno sería tan cruel para separar a una mujer y a tres lindas niñas de su familia por una tonta ley?"

– "De hecho, sí."

– "Lo sé, por eso me aseguré de recordarles quién soy."

– "Oh. Sí, tiene razón." – Comprendí. – "Usted luce como alguien muy importante, debí haberlo imaginado."

– "Te agradezco el cumplido, amiga." – Rió otro poco. – "No negaré mi éxito en el mundo empresarial, pero honestamente, me encanta disfrutar de la vida común y corriente, como ahora. Por eso decidí abrir un restaurante; Es más tranquilo que cualquiera de mis atareados empleos por los que pasé, atrapado en letárgicas juntas con un montón de carcamales burocráticos."

Ah, Winona compartía una opinión idéntica a la del señor Maxon. Quizás hasta sean compatriotas. El volvió a tomar la palabra.

– "Mi esposa quería felicitar a esa compañera tuya, una arpía rapaz."

– "Sí, Cetania. Ahora está en su casa y creo que no desea hablar con nadie por el momento."

– "La comprendo perfectamente y eso es lo que le dije a mi Pachylene. Tal vez le enviemos una carta como agradecimiento cuando se desocupe."

– "¿Su esposa no le acompaña ahora?"

– "No, ella está en este momento con las alas llenas con nuestras hijas. Tres ya son multitud, pero aún así decidimos tener una cuarta que nacerá en pocos meses."

– "Ah, los felicito por ello."

– "Gracias." - Mostró una amplia sonrisa. – "Ahora, espero no lo encuentres ofensivo, pero mi mujer siempre habló mal de ustedes, las arachnes. Solía mencionar algo relacionado con su aldea en Okutama. Creo que me hubiera reclamado el dirigirte la palabra en primer lugar."

– "Oh…" – Bajé un poco la mirada. – "No la culpo, señor. La masacre de Okutama es uno de los más infames sucesos en la historia de nuestra especie."

No deseaba revelar que fue precisamente mi nación quién perpetró tan horrendo acto contra la sociedad arpía. Una enorme mancha que difícilmente borraría el tiempo, solo opacada por el lago de sangre creado por el genocidio total de las empusas durante la formación de Sparassus.

– "Tranquila, Aria, no estoy aquí para culparte de algo. Incluso mi mujer cambió un poco su opinión después de ver tu hazaña." – Colocó su mano en mi hombro. – "Y si gustas, me encantaría ofrecerte un último consejo."

– "Por supuesto." – Acepté. El hombre suspiró antes de comenzar.

– "Bien. Aria, estoy seguro que ya debes haber escuchado la frase "Toda gloria es pasajera". Eso es algo que yo conozco bien." – Alzó la mirada al cielo. – "Un día estás en el equipo estrella de Toronto y al siguiente tu legado solo es una vieja camiseta olvidada en un armario."

Suspiró de nuevo y colocó sus manos detrás de él, sin duda remembrando recuerdos poco gratos del pasado.

– "Pero eso no significa que uno deba darse por vencido y quedarse con la cola entre las patas." – Aseveró con determinación. – "Un día toda esta atención que tú y tu amiga reciben se desvanecerá tan rápido como llegó. Sus nombres serán reemplazados por otros en la fugaz lista del interés público. Las hazañas serán solo una anécdota curiosa en alguna enciclopedia en línea.

Y aún así, no deben dejar que aquello les desanime. Porque su proceder no fue motivado por deseos de popularidad o gloria, ni inmortalizarse en las páginas de la historia. Fue porque deseaban ayudar, poner de su parte para actuar en contra de la injusticia, aportar algo al mundo. Ni todo el anhelo de fama y fortuna es capaz de motivar tan altruista causa.

Sé que es fantástico cuando el universo parece alabar cada palabra, cada movimiento que realizas. Todo es aplausos y dádivas hasta que la función termina, el telón cae y los asientos quedan vacíos. Pareciera que ya no le importas a nadie. Pero al final, lo que cuenta realmente en esta fría existencia, son tus acciones. Quizás nadie te dé las gracias cuando arriesgues la vida tras bambalinas para detener al loco con el detonador en mano, pero recompensa suficiente es el conocer que las personas pueden salir de sus casas sin tener miedo.

No hay mejor satisfacción que saber que ningún monstruo le borrará la sonrisa a un niño de la cara."

Eso me llegó profundo. Después de la historia que Smith nos reveló, aquellas palabras sonaban con mucho peso.

– "El punto de todo este largo discurso, es que nunca dejen caer su espíritu por la aparente indiferencia. Y que siempre alces la cabeza con orgullo.

Tal vez ahora te sientas muy humilde por vestir ese jocoso disfraz frente a alguien como yo, pero créeme cuando te digo que lo que hiciste por todos en ese centro comercial te hace mucho más grande y honorable que cualquier político millonario inútil y apático que se encuentre en el poder." – El tipo me miró fijamente. – "Jamás dejes de creer en ti, Aria. La grandeza de una persona no se mide por lo que se posee, sino por lo que puede ofrecer."

Quedé sin palabras. Estaba ahí, paralizada, sin poder ofrecer más que una mirada atónita por tan profundas verdades.

– "Siempre serás bienvenida en nuestro restaurante." – Dijo estrechando de nuevo mi mano. – "Que tengas buen día, Jaëgersturm. Nos vemos."

– "Gracias, señor Maxon." – Fue lo único que pude articular.

– "Llámame Eddie." – Me guiñó el ojo.

Con eso, el hombre continuó su caminar hasta perderse en el horizonte y el conglomerado de personas. Por Atenea, primero Lala me exorciza el miedo al fracaso y ahora alguien más despeja las dudas sobre mi utilidad. Era cierto, no seré la más impresionante, la más ilustre o valiente arachne en el vasto mundo; Pero pondré mi granito de arena para hacerlo un poco mejor. Cerré mis ojos y sonreí. Agradecía estar rodeada de personas tan sabias, cuyas palabras me empeñaré en seguir.

– "¡Sí, es ella! ¡Señorita Jaëgersturm! ¡¿Qué opina de la propuesta para revocar la ley que prohíbe el matrimonio entre especies?!" – Cuestionó abruptamente alguien.

– "¿Eh?"

Cuando abrí los ojos, me encontré rodeada de todo un bululú de reporteros y fotógrafos. Ochenta por ciento de mi vista estaba bloqueada por micrófonos, grabadoras y cámaras de diferentes tamaños. Con todo hablando al mismo tiempo y tan cerca, difícilmente podía distinguir su bombardeo de interrogaciones que me arrojaban. Era más difícil con el flasheo al tomar fotos.

– "¿Qué opina de la popularidad del culto al cangrejo ermitaño?" – Preguntó otro sujeto.

– "¿Eh? ¿Cangrejo?"

– "¡Señorita! ¿Cree que el Reino Sirena del Pacífico sea un peligro latente como claman los políticos?" – Inquirió un tercero.

– "¿Cuál reino?"

– "¡Aria! ¿Considera que las acciones del profesor Sarver son éticamente cuestionables?"

– "¿Y ese quién es?"

– "¿Es verdad que usted y la arpía Cetania sostienen una relación sentimental?"

– "¡¿Qué?!"

– "¿Confirma la posible invasión de fantasmas en su casa?"

– "¿Eh? ¡No!"

¿Cómo se entera esta gente de todo eso en primer lugar?

– "¿Son ciertos los rumores acerca de un romance con una dullahan?"

– "Bueno, de hecho eso…"

– "¿Realmente planea unirse a MON?"

– "Yo aún…"

– "¿Qué opina de la nueva película sobre el soldado James Bullock?"

– "¿Uh?"

– "¿Por qué la arpía cruzó el camino?"

– "¡¿Eso qué tiene que ver?!"

– "¿Es posible que el amor surja entre una doppelgänger y una wyvern?"

– "Supongo, pero…"

– "¡Señorita! ¿Quién descubrió América?"

– "¡Tú deberías estar en la escuela!"

– "¡Jaëgersturm! ¿Es cierto que usted y Cetania son amantes?"

– "¡Ya preguntaron eso!"

– "¿Le gustan depiladas o al natural?"

– "¡¿Qué clase de cuestión es esa?!"

– "Marvel o DC?"

– "¡¿De qué rayos habla?!"

– "¿Prefiere estar arriba o abajo?"

– "¡¿Qué qué?!"

– "¿Son ciertos los rumores de su fetiche por los pingüinos?"

– "¡Aaahh!"

Me abrí paso entre todo ellos y salí corriendo hacia ningún lugar en particular. En mi camino, choqué con una pobre niña y su amiga fénix, ambas huyendo despavoridas por el susto. Ignorando eso, me alejé lo suficiente para perder a tan inquisidores predadores periodísticos y sus absurdas interrogantes. Arachne mía, si esta es la fama, ya me arrepiento de tenerla. ¿Y de dónde sacaron eso de la rapaz y yo? Pasado un tiempo y confirmando que la prensa había desistido a su búsqueda, regresé a la nevería y entré para deshacerme de esta tonta botarga. Ya era hora de cerrar y yo estaba exhausta de todas formas.

– "Nos fue increíblemente bien, araña." – Opinó Winona contando el dinero obtenido toda la mañana. – "Mis estrategias nunca fallan."

– "Wunderbar, jefa." – Respondí cansada. Suspiré. – "Bueno, supongo que este será el adiós."

– "¿Ya lo pensaste bien, pauk?" – Cuestionó Pin.

– "Sí. Creo que este es el mejor momento para hacerlo."

– "Chyort. Es una lástima perderte, Aria."

– "Extrañaré ganar dinero contigo, Jaëgersturm." – Mencionó la canadiense. – "Pero aprecio el tiempo que nos fuiste fieles, aún con el trato que te dimos, especialmente yo."

– "No le guardo rencor alguno, Fräulein Winona."

– "Nah, está bien si me odias aunque sea un poco. Esta rusa loca me detesta y aún así le pedí matrimonio."

– "Sí, bueno, estoy segura que…" – Me pausé. – "Un momento, jefa… ¿Q-qué fue lo que dijo?"

– "Lo que oíste, zanquilarga; Pin y yo vamos a casarnos." – Afirmó la adelaida.

– "Je, buen intento, jefa; Pero no caeré tan fácilmente por…"

Ambas arpías mostraron el dígito en sus aletas, cada una exhibiendo un áureo anillo de compromiso decorado por un brillante diamante. Dragovskaya estaba tan sonrojada como una jovencita. Si esta era una broma, era la mejor planeada que haya visto.

– "No es ningún chiste esta vez, araña; Realmente voy a llevar a esta grandulona al altar." – Proclamó la canadiense tomando a su pareja de la aleta. – "Celebraremos la boda en Canadá y luego iremos de luna de miel viajando por el mundo."

– "¿Cuándo… cuándo se confesó?" – Pregunté sorprendida.

– "Justamente hoy en la mañana." – Acotó la eslava ruborizada. – "Aún… aún no me creo que Winny siempre me… siempre me…"

La gran pingüino emperador se echó a llorar, con la adelaida reconfortándola. Era tan inesperado ver a la orgullosa rusa mostrar un lado tan vulnerable y al mismo tiempo, me parecía sumamente tierno.

– "¿Sabes, Jaëgersturm? Tú me inspiraste a dar el siguiente paso." – Confesó la canadiense. – "Cuando te vi entrar a ese comedor con esa dullahan, portando esa expresión de satisfacción en sus rostros, me di cuenta que yo también podía ser tan feliz como ustedes.

Los atentados me recordaron que la vida es tan bella como frágil y si una no hace nada, puede perder lo que más ama. Temía que el día de mañana se hiciera demasiado tarde y opté por hacerle saber a Pin lo que mi corazón sentía. Y ella lo aceptó."

Winona le plantó un suave beso en la boca a su prometida, haciendo sonreír a las dos.

– "Es una lástima que no puedas asistir a nuestra ceremonia, araña." – Habló la adelaida. – "Pero cuando sea tu turno de contraer nupcias, ten por seguro que estaremos ahí para apoyarte."

– "D-danke, Fräulein Winona." – Agradecí al borde de las lágrimas.

– "De nada, Aria." – Sonrió. – "Y suficiente de lloriqueos de telenovela, ¿sí? Ven, te daré tu última paga."

Suprimiendo un gimoteo, acompañé a la canadiense hasta la parte trasera. Ella abrió la pequeña caja fuerte y empezó a contar el capital. Me extrañé al verla extenderse más de lo habitual.

– "Ten. Espero sea suficiente." – Me dijo la pelinegra entregando una cuantiosa suma.

– "P-pero, jefa… ¡Esto es el triple de mi salario!"

– "De hecho es el cuádruple. Incluyo el bono de Navidad aunque todavía falte para eso."

– "No puedo aceptar tanto."

– "Claro que sí." – Colocó las aletas en la cadera. – "Y no me contradigas, patona. Aún sigo siendo tu jefa bajo este techo."

– "No merezco tanto."

– "Una enana tan gruñona como yo no merece ser feliz a lado de una buena persona como Pin, pero si la fortuna te sonríe a la cara, ¿Quiénes somos para rechazar su oferta?"

– "De acuerdo, jefa. Muchas gracias."

– "La alegría es efímera, Jaëgersturm. Apréciala siempre que puedas."

Despidiéndome de mis antiguas superiores y deseándoles toda la suerte del mundo en su matrimonio, me dirigí a mi hogar. Durante el trayecto a casa, me mantuve cavilando sobre todo lo anterior. Aún no me sentía acreedora a tanta bondad. La magnánima Tique me estaba mimando demasiado, pensaba. Pero lo que realmente me preocupaba, es que si esa supuesta benevolencia solo había surgido por los sucesos recientes.

Es decir, ¿todo esto hubiera sucedido si aquellos terroristas no hubieran ocasionado problemas? ¿Acaso toda esta maravillosa gente se hubiera dignado a mostrarme una sonrisa en primer lugar? ¿Les importo a las personas por lo que soy o solamente por lo que hice? ¿Es esta dicha quizás solo producto de las circunstancias? Soy una arachne, hemos causado mucho daño en el pasado, ¿Es el aprecio que me ahora todos me tienen… una mentira?

Un par de risas infantiles me sacaron de tales reflexiones. Alcé la vista para ver un grupo de niños detrás de una joven kitsune, su maestra. La tutora liminal los guiaba a la cabeza y ellos la seguían en una fila. Cantaban despreocupadamente una melodía tradicional entre risas y juegos. Al final de la cadena, una pequeña pelirroja, la más joven del grupo, imitaba a sus compañeros, cantando a todo pulmón. Pero lo más sobresaliente, aparte de su gran voz, eran las cuatro extremidades que ella poseía. Dos inferiores de apariencia humana, ignorando la roja quitina que las cubría, y dos superiores; Más grandes, acabadas en afiladas puntas en lugar de dígitos. Brazos de mantis; La niña era una empusa.

Me paralicé. De todas las especies que agredimos en la antigüedad, las empusas han sido nuestras más acérrimas adversarias. Hace siglos que las hostilidades cesaron, pero el desprecio entre nosotras nunca despareció. Y no hablo solo de su exterminio absoluto en Sparassus, sino en cualquier otra nación arachne. Al igual que con las serkets, no podemos vernos a la cara sin querer matarnos. El odio entre nosotras siempre ha sido y lo seguirá siendo. Quise darme la vuelta, no deseaba que ella dejara su feliz caminar por toparse con una enemiga. Nuestros ojos se encontraron y mi cuerpo volvió a dejar de responder.

Y ella me saludó.

Sin alterarse, sin inmutarse, sin siquiera importarle mi arácnido exoesqueleto, esa niña me saludó enérgicamente agitando su mano y dándome una muy sincera sonrisa. No me conocía ni yo a ella, pero aún así lo hizo. Concentrando toda mi voluntad para salir del shock, le regresé tímidamente el gesto. Ella regresó su atención a su grupo, que había apresurado el paso para ver a las aves reunirse cerca de la plaza cercana, hasta perderse entre las multitudes.

Sonreí también.

Recuperando el movimiento, salí de mi petrificado estado y miré al resplandeciente cielo azul. Sentí la brisa del aire refrescar mi rostro y hacer ondular los pliegues de mi ropa. Disfrutando el cálido abrazo del astro rey, cerré mis ojos, inhalé profundamente y dejé que un par de lágrimas corrieran por mis mejillas. Esa empusa me recordó que después de todo, aún existe la verdadera bondad en este mundo.

Y vale la pena luchar por ello.


NOTAS DEL AUTOR: Santa Arachne, este capítulo se extendió más de lo que esperaba. Pero como dicen por ahí: Ya suelto el escritor, ni quien lo alcance.

Bueno, aquí quise exponer varios puntos que Aria debería tocar tarde o temprano en esta nueva etapa de su vida: Los agradecimientos de la gente, los problemas superficiales de la fama, las dudas que Aria se plantea ante la veracidad de su causa y el recobrar la esperanza en esta.

Por ello quiero agradecer profundamente a los compañeros Paradoja el Inquisidor, Alther, Endelstadt y Arconte por permitirme el uso de sus personajes para llevar a cabo tal misión. Espero mis interpretaciones de sus creaciones hayan sido de su agrado.

También le mando un abrazo a mi amigo Dragonith por darme permiso para utilizar a sus arpías pingüino. Nuestra protagonista ya no trabajará para ellas, pero aseguro que las arpías antárticas regresarán en un futuro. Y un saludo amistoso a Onix Star, cuya historia también fue referenciada.

En todo caso, ojalá hayan disfrutado el episodio y les invito a dejar su opinión sobre esta. Siempre me brindan una sonrisa con sus comentarios, queridos lectores. ¡No olviden seguir votando en la encuesta de mi perfil!

¡Que se la pasen genial y nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!