NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, soy Tarmo Flake!
Bien, otro episodio donde planeo escribir algo concreto y de repente me surgen más ideas. No es que me queje, al menos significa que aún me queda mucho material para rato. Ojalá les guste. ¡Disfruten!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El mundo es propiedad de la Emperatriz Absoluta Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 25
Hoy es un excelente día.
Con mis ánimos restaurados, me hallaba de camino a casa. Suficientes cosas han pasado en tan pequeña fracción de tiempo y al final mi fe por las personas ha sido renovada. Me hallaba de buen humor, evidentemente. Aún así, debía meditar sobre el asunto pendiente de Cetania. Me ha dado vueltas en la cabeza todo este tiempo y es hora de empeñarme en cumplir mi misión de convencer a esa arpía de una buena vez. Sonaré demandante, ¡pero mi nombre no es Aria Jaëgersturm si no logro mi objetivo!
Ahora, ¿cómo lograrlo?
Hablar siempre será opción, pero creo que ya he acabado con mis reservas de poder persuasivo. Soy soldado, no ministra de propaganda. Tampoco tengo la elocuencia de mi Lala, y estoy segura que la dullahan no me ayudará en reclutar a la rapaz. Quizás con unos cuantos besitos seductores… ¡Esperen! ¡Claro que no! ¡No necesito tácticas tan deshonestas!
Aunque sean muy tentadoras…
Por suerte, un enorme anuncio publicitario en las pantallas digitales de los edificios me brindó la solución. No era algo que yo hubiera considerado a primera vista, pero conozco lo suficiente a la castaña para saber que no podrá resistirse. ¡Eso es! Y contando el capital que generosamente Fräulein Winona me ha proveído, no hay motivo para no llevar a cabo tan ventajoso proyecto. Solo necesito conseguir las invitaciones necesarias y el resto vendrá solo. O eso espero.
Sin dilación, aceleré el paso hasta arribar a la residencia Kurusu. Una entusiasta irlandesa vistiendo un lindo delantal me dio la bienvenida con un amoroso beso en los labios, que con gusto regresé. Me encantaría hallarla en alguna ocasión portando ese mismo delantal… Y nada más. Una excelente recompensa luego de un agotador día laborando. Por supuesto, tal fantasía solo sería posible si viviéramos solas, así que por ahora me conformo con admirar su maternal apariencia.
– "Céad míle fáilte, A chuisle." – Saludó la segadora.
– "Danke, Spatzi. Siento no haber traído el helado, lo olvidé."
– "No importa. ¿Te fue bien con tus superiores?"
– "Unos cuantos incidentes menores con gente interesante, pero al final me pagaron un muy jugoso salario de liquidación."
– "Me alegro, Aria." – Me dio otro beso rápido. – "Mientras no estabas, remodelaron el cuarto. Está como nuevo."
– "Excelente. ¿Te aseguraste de pedir la cama extra-grande hecha de titanio reforzado y con espacio para guardar las esposas y látigos?" – Moví mis cejas.
– "No, pero hay lugar suficiente para la máscara de látex y la mordaza."
– "Perfecto, así no harás mucho ruido cuando jale de la correa."
– "¿Quién dice que seré yo quien las use?"
– "Ay mamá. Mejor ahí le paro; No me vayas a salir con que también quieres entrar por mi retaguardia."
– "Esa petición la reservaré para mi cumpleaños."
– "Me encuentro perturbadoramente excitada por eso…"
Luego de reírnos y de darle una sutil palmadita al trasero de la azulita, nos sentamos a almorzar. Me encanta que la segadora se muestre más abierta a bromear de esa manera. Miia de nuevo presumió haber cocinado algunos de los platillos, aunque le dio la mayor parte del crédito a Lala. Su pasta 'ItaLamia' era algo simple y se excedió de cebollas con la salsa, sin contar que el olor a quemado era demasiado evidente, pero sin duda las enseñanzas de la segadora estaban rindiendo frutos.
– "Y dime, Cariño." – Habló la pelirroja. – "¿Te gustó mi espagueti especialmente especial?"
– "Muy bueno, Miia." – Contestó Kimihito, disimuladamente quitando algo de la condimentada salsa. – "Me encanta el… fino sabor que agregaste."
– "Ignoro que tengan de especial los fideos simples con tomate." – Musitó una inusualmente sardónica Cerea.
– "Centorea-san, cuide por favor sus modales." – Le reprendió Meroune. – "No hable despectivamente del alimento."
– "¡Ah! ¡N-no! ¡No era mi intención!" – Replicó nerviosa la rubia. – "¡Lamento eso!"
– "¿Acaso alguien está celosa?" – Insinuó Rachnera a la centáuride.
– "¡N-no! ¡Lo juro!" – Aseveró la cuadrúpeda sonrojada. – "¡Yo también creo que Miia tiene talento!"
– "¡Así es, Cerea!" – Se jactó la lamia. – "Y te advierto que otro comentario como ese y no te dejaré probar mis demás platillos."
– "Como si quisiera hacerlo…" – Volvió a injuriar en voz baja.
– "¡Hera divina! ¡¿Cuál es tu problema, mujer?!" – Se quejó Rachnera, encarándola. – "¡Desde la mañana has estado con esa pesada actitud! ¿Acaso estás en tus días o algo así?"
– "¡No es ningún asunto tuyo, molesta araña!" – Se cruzó de brazos la centáuride. – "¡No tengo ningún problema con Miia siendo buena cocinera!"
– "¿Podrías ser más obvia, bustona envidiosa?" – Disintió la tejedora con la cabeza. – "Por el Monte Olimpo, Cerea. De todas las personas en esta casa, no esperaba tal conducta de ti."
– "Rachnee, por favor tranquilízate." – Sugirió Kurusu. – "Y Cerea, si tienes algo que decir, exponlo debidamente."
– "Yo solo… solo…" – Intentó formular sin éxito la aludida. – "No es nada. Por favor, discúlpenme."
La equina se retiró de la mesa. Kimihito trató de detenerla pero Rachnera insistió en que la dejara ir. Lala y yo preferimos mantenernos al margen de la discusión y proseguimos comiendo en silencio. Pero la tejedora tenía un buen punto; No esperábamos ver a la honorable centauro comportarse así, especialmente por la habilidad de Miia. Diablos, alguien da un paso adelante y otro da uno hacia atrás.
– "¿Acaso yo era así al principio?" – Preguntó la pelirroja. – "¿En verdad actuaba de tan penosa manera?"
– "Es normal que el repentino desequilibrio en el statu quo establecido sea inquietante para alguien como ella." – Opinó Lala. – "Hasta ahora, el legado de su familia y el supuesto honor de su estirpe habían conformado sus mayores ventajas respecto al comportamiento del resto de las integrantes, la mujer serpiente siendo su carta más segura."
– "En términos simples, se siente amenazada por la mejoría de Miia, a quien consideraba la peor de nosotras." – Aclaró Rachnera.
– "Precisamente, descendiente de Arachne."
– "Siempre es difícil aceptar el cambio, ¿cierto?" – Me inmiscuí en la charla. – "Todo este asunto de los atentados empezó porque algunos se rehúsan a reconocer nuestra coexistencia en la sociedad."
– "Pero verla tan afectada…" – Se preocupó Kurusu. – "Hablaré con ella. No puedo dejarla así."
– "Quizás necesite estar sola por ahora, Querido." – Le detuvo la tejedora. – "Tranquilo, que ya podrás discutirlo después."
– "De acuerdo, Rachnee." – Suspiró el muchacho.
– "No me gusta que la gente pelee…" – Dijo Papi con tristeza antes de continuar comiendo. Suu le reconfortó acariciando su cabeza.
Terminamos sin decir nada. Miia y Lala lavaron los platos mientras las demás nos encontrábamos algo pensativas por todo lo anterior. Trataron de distraerse con diferentes actividades, con limitado éxito. Kurusu decidió que era mejor aclarar todo de una vez y se encaminó a la habitación de la rubia. Al entrar el chico, nuestra curiosidad era demasiada y casi inconscientemente guardamos silencio para poder escuchar a ambos encerrados en el cuarto. Incluso a Lala pareció interesarle. Sin darnos cuenta (o querer reconocerlo) terminamos con las orejas pegadas al cuarto.
Diría que estábamos preocupadas por el estado de nuestra compañera cuadrúpeda, pero en realidad solo somos chismosas.
– "Cerea…" – Inició el casero. – "¿Algo que desees externar?"
– "No es nada, Mi Señor. Solo… no me siento bien, es todo."
– "Centorea, eres parte de esta familia. Lo que te pase nos afecta a todos. Por favor, dime que sucede."
– "Le reitero que no es nada importante."
– "Como tu Señor, solicito una respuesta sincera."
La mujer suspiró.
– "Es que… no sé cómo decirlo…" – Explicó ella. – "Primero Jaëgersturm consigue un empleo estable, después Lala muestra su talento gastronómico y luego ambas revelan una relación. Finalmente, bajo la tutela de la dullahan, Miia redescubre su ser competente en las artes culinarias."
– "Todo aquello lo sé, ¿Cuál es el punto?"
– "Bueno, admito, muy a mi pesar, que me encontré envidiosa de los logros de tan peculiar pareja." – Confesó. – "Pero mientras Miia lo reconoció y eventualmente se redimió de ello; Yo solo continué guardando un malsano rencor hacia ambas."
– "¿Estabas celosa de Aria y Lala?"
– "Correcto, Mi Señor. Me avergüenza en demasía tal comportamiento, pero no puedo negarlo." – Volvió a suspirar. – "Y no solo eso, también me siento mal por considerar inferiores a mis compañeras, como Miia, Papi o incluso la princesa Meroune. ¿Qué clase de honor hay en despreciar a quienes me consideran su amiga?"
– "No puedo decir que estoy orgulloso de aquello, Cerea. Tú eres mejor que eso."
– "Lo sé, Mi Señor y le pido infinito perdón a usted y a las demás. En verdad me arrepiento de haber considerado siquiera tales pensamientos en primer lugar. Fue extremadamente hipócrita de mi parte."
– "¿Eso es todo lo que te atormenta?"
– "No. Es que… no es fácil ser una centauro, ¿sabe?" – Declaró. – "Toda esta presión de mantener una apariencia de caballerosidad y honor. Esperar cumplir las reglas sin falta y aún así mostrar humildad para con los demás. A veces tantas expectaciones me abruman."
Entiendo perfectamente a que se refiere ella.
– "Y al final de todo, por más que una se esfuerce en llevar a cabo todas esas demandas sociales y morales; Termina mostrando un corazón seducido por lo negativo." – Afirmó la centáuride, gimoteando ligeramente. – "Me siento tan indigna que continuar viviendo aquí. Me jacté de ser un modelo a seguir de rectitud y correcta educación, pero me sigo traicionando a mí misma. ¿Cómo puedo seguir viendo a todos a la cara después de fallarles tanto?"
– "Cerea, por favor, no continúes." – Le calmó Kurusu. – "Todos cometemos errores. Nadie es perfecto."
– "No solo eso es lo que me preocupa, Mi Señor .Es que en todo este tiempo me he sentido cada vez más inútil." – Afirmó. – "Le ayudo a mantener la casa y hasta puedo hacer ensaladas, pero las demás chicas parecen poseer más capacidades que yo. ¡Por los dioses! ¡Incluso Aria ha llegado tan lejos como para ser parte de MON! ¡¿Quién lo hubiera imaginado?!"
– "Te aseguro que ella también ha tenido dificultad para aceptar tan extraordinaria oportunidad." – Aseguró el chico. – "Pero no hables como si no fueras talentosa también, Cerea. Tanto Aria como Lala y Miia lograron todo a base de esfuerzo y sacrificio. Tú también puedes lograr grandes cosas si te lo propones."
– "Ese es el mayor problema, Mi Señor; Las tres ya han logrado esas grandes cosas y siento que nunca podré superarlas."
– "¿No crees que exageras un poco? Si bien trabajar para un equipo policiaco de élite es impresionante, dudo que cocinar se considere algo del otro mundo."
– "Jamás crearé manjares tan exquisitos como los de usted, Lala o incluso Miia. Y ni hablar de triunfar como Jaëgersturm." – Replicó la rubia. – "Todo lo que yo haga, siempre será inferior."
– "Te equivocas. Lo que hagas siempre me será maravilloso."
– "¡Usted no entiende! ¡Yo debo ser superior a las demás! ¡La mejor!"
Kimihito suspiró. Hubo medio minuto de silencio hasta que él tomó la palabra.
– "Cerea, había una vez un poderoso rey, dueño absoluto del imperio más vasto e importante en su tiempo. El tenía a su disposición a sus tres vasallos más fieles: Un general, un banquero y un simple agricultor.
El general era muy respetado por sus hombres gracias a sus grandes hazañas en la batalla. El banquero ayudó a mantener una economía estable y se aseguró que las riquezas del reino siempre fueran plenas. En cuanto al agricultor, el simplemente se dedicaba a arar la tierra y cosechar alimento para su rey.
Sabiendo que sus años se terminaban y sin hijo alguno, el rey anunció que convertiría en su heredero a su más grande y valiente seguidor. Tanto el general como el banquero entonces convirtieron su mayor prioridad el volverse tal sucesor y emprendieron una feroz competencia por reclamar el trono.
Aquel general llamó a sus mejores tropas y se lanzó en una campaña mundial. Se encargó de conquistar incontables territorios para su superior. Alzó su bandera en infinitos países y extendió la influencia militar hasta donde era físicamente posible. El banquero se encomendó en recolectar tanto dinero y fortuna que la prosperidad del rey se elevó hasta la nubes, volviéndolo aún más poderoso. Para el agricultor, lo único importante era continuar su humilde trabajo.
Cuando el monarca llamó a los tres para dar su veredicto, todos se sorprendieron cuando este proclamó al agricultor como el heredero indiscutible.
– "¡Su majestad!" – Protestó el militar. – "¿Por qué ha elegido a este pobre granjero cuando yo he conquistado hasta los rincones más alejados del planeta?"
– "¡También yo, su alteza!" – Se unió el banquero. – "¡Mis lucrativas reformas económicas han agrandado nuestras reservas monetarias considerablemente! ¿Por qué considera que un insignificante campesino es más digno que yo?"
El rey entonces se levantó del trono y alzó la voz.
– "¡Porque su ambición solo ha traído desgracia!" – Aseveró. – "¡La crueldad del general se recrudeció tanto que nuestros antiguos aliados están a punto de declararnos la guerra! ¡Y tú, banquero; Tus avariciosas reformas elevaron los impuestos y empobrecieron al pueblo entero, dejándonos al borde de la crisis financiera!
¡En su afán de superarse el uno al otro, se convirtieron en monstruos codiciosos y crueles, con el único objetivo de obtener mi favor! ¡En cambio, este sencillo hombre se dedicó a crecer el sustento que nos alimenta cada día, trabajando duro de sol a sol, todo sin ansiar un puesto importante! ¡Trabajar la tierra no será la labor más ostentosa y reconocida, pero nunca carecerá de honor!
¡Un imperio debe regirse con determinación y firmeza, pero también con humildad y respeto! ¿Qué buenas intenciones pueden residir en un sanguinario y un codicioso? ¡El veredicto está dado!
Con aquellas palabras, el agricultor se volvió el nuevo emperador y los dos hombres restantes pasaron sus días pagando por sus pecados en las mazmorras del reino."
Se suscitó otro pequeño momento sin habla mientras Kurusu recuperaba el aliento.
– "El punto principal, es que no conviertas tu motivación en pretensión destructiva. Si tu objetivo se basa en querer superar a los demás, serás una persona competitiva, pero eso te consumirá lentamente hasta que tu único deseo sea derrotar rivales que no existen." – Explicó el muchacho. – "No te estoy pidiendo que dejes de dar siempre lo mejor de ti, al contrario; Pero jamás permitas que eso te transforme en una mujer peligrosamente ambiciosa."
– "Mi Señor…"
– "La vida en sí es una dura competencia por subsistir, desde la concepción hasta la muerte; Eso no significa que lleves tal mentalidad al extremo y dañar a quienes te rodean. Tu eres mejor que eso, Cerea, mucho mejor."
– "¿Realmente cree en mí?"
– "Siempre lo he hecho; Porque eres Centorea Shianus, la centáuride más noble que he conocido." – Le afirmó. – "Ya sea que estés salvando al mundo, creando viandas exquisitas o simplemente manteniendo la casa en orden, todo lo que hagas me será excelso; Porque me hace feliz y al resto también."
– "…"
– "Eres importante para mí, Cerea. Lo eres para todos nosotros, jamás lo olvides."
Oímos sollozos por parte de la rubia. Estoy segura que Kimihito la tenía abrazada, reconfortándola con ternura. Las palabras de nuestro casero cumplían su trabajo al punto y nunca decepcionaban.
– "Perdone por ser tan llorona, Mi Señor."
– "No hay problema en purificar el alma con llanto. Ahora dime algo sinceramente; Estabas pensando en buscar un empleo, ¿verdad?"
– "Bien… yo…"
– "Tranquila. Me siento orgulloso por ello, en verdad que sí."
– "¿Confía en que no le decepcionaré?"
– "Decepción y Cerea son palabras que nunca irán juntas en la misma oración."
– "Gracias por tener fe en mí."
– "Gracias por confiar en este torpe humano." – Se rió. – "Y no te preocupes por el resto, ellas sabrán indultarte… ¿Verdad, chicas?"
Aquello provocó que nos tropezáramos apenadas por andar espiando conversaciones ajenas. La puerta se deslizó y caímos torpemente a los pies de los dos, ofreciéndoles nuestras sonrisas más culpables. Bueno, al menos nuestra falta le dio más seguridad a la equina respecto a disculparla. Con el asunto resuelto, regresamos a nuestras actividades cotidianas.
– "Interesante fábula la que le relató, Herr Kommandant." – Comenté al hospedador. – "¿Dónde la escuchó?"
– "De hecho, mi madre solía contármela de niño. Creo que no era la más indicada para el tema, pero al menos calmó a la pobre Cerea."
– "En todo caso, usted siempre sabe que decir. ¿Recuerda cuando escapé y me escondí en ese callejón? ¿Y cómo me convenció de regresar?"
– "Claro que sí. Casi pescaste otro resfriado por eso."
– "Bueno, mis razones fueron similares a las de Shianus. Me sentía decepcionada de traicionar mi supuesto honor, luego de pensar cosas tan indignantes de mis compañeras."
Y no quiero mencionar lo que casi le hago a Lala en esa ocasión.
– "Los errores son parte inevitable de la vida, Aria. Lo importante es aprender de ellos."
– "Así es, Herr Kommandant." – Le sonreí. – "Y disculpe la pregunta tan repentina, ¿pero usted sabrá algo sobre compras en línea?"
– "¿En línea? Bueno, he hecho varios pedidos con anterioridad en Mamazon, nada del otro mundo. ¿Planeas algún obsequio para Lala?"
– "En realidad es para una buena amiga. Son entradas para un evento."
– "Ya veo. Pero, lo siento, yo no he asistido a muchos. Al menos no voluntariamente."
– "Oh, entiendo."
– "Perdóneme el inmiscuirme, Aria-san." – Llamó mi atención Meroune. – "Pero yo podría asistirla con tal tarea. Tengo mucha experiencia reservando espacios para diversos tipos de funciones privadas."
– "Le agradezco el interés, Mero-san." – Le hice una reverencia. – "Si no es molestia, acepto su ayuda."
– "Es un placer, Aria-san. Sígame a mi habitación, por favor."
Obedecí a la sirena y empujé su silla hasta su cuarto. Era la primera vez que entraba y como esperaba, contaba con una piscina. Excepto que esta era enorme e increíblemente profunda. Sabía que ella necesitaba residir dentro del agua y era una princesa capaz de darse cualquier lujo, pero la humilde casita nunca dejó en evidencia que ocultaba tal obra en su interior.
– "¿Es su primera vez asistiendo a un evento, Aria-san?" – Preguntó Lorelei tomando su tablet de un compartimiento.
– "Bueno, nunca había pagado por entrar a uno. Toda esa clase de espectáculos en mi país eran en lugares públicos y difícilmente de tal magnitud." – Me asenté a su lado. – "Dudo que los grupos artísticos locales fueran tan famosos."
– "Entiendo. Bien, ¿podría informarme de qué espectáculo estamos hablando?"
– "Ah, claro." – Le mostré el anuncio en mi celular. – "Hablo de este."
– "Sé que es para su amiga Cetania, ¿pero a usted también le interesan esa clase de funciones, Aria-san?" – Cuestionó volviendo a checar su aparato electrónico.
– "No realmente. ¿Cómo supo que lo hago por la arpía?"
– "Excuse mi osadía al suponerlo, pero sé que la usted y la señorita halcón gozan de una excelente amistad." – Se sonrojó un poco. – "Incluso las noticias hablan de que quizás sea algo más que simple compañerismo…"
– "¡Ah! ¡N-no crea las tonterías de los medios, Mero-san!" – Me apresuré a corregir. – "¡Son solo mentiras inventadas por los típicos amarillistas que no tienen nada mejor que hacer que inventar amoríos imaginarios a pesar de que no tienen evidencia sólida alguna!"
– "Oh, Aria-san. En verdad no me molestaría…"
– "¡Se lo juro! ¡No piense que estoy engañando a Lala!" – Declaré completamente nerviosa. – "¡No haga caso a esas jugadas! ¡Son rumores, son rumores!"
La sirena puso la mano en su boca y soltó una elegante risita. ¡Demonios! ¡Ha de estar maquinando incontables fantasías de infidelidad dentro de esa corrupta mente suya! ¡Sería mejor si sospechara que planeo un trío o algo así! Digo, no está muy lejos de la realid… ¡No! ¡Que ni siquiera piense tonterías en primer lugar!
– "Tranquila, Aria-san. Solo la estoy provocando un poco." – Sonrió. – "Es impropio de mí, pero no pude resistirme. Le pido perdón."
– "Está bien. Solo no juegue con esa clase de cosas. Lala podría creerlas."
– "De acuerdo." – Regresó a mirar la pantalla. – "¡Oh, parece que aquí está!"
– "Sí, es ese."
– "Hmm… Es en Tokio. Bueno, la capital queda a menos de cuarenta kilómetros de aquí, así que no debería gastar mucho en viajes y alimento. Solo necesitamos revisar los precios de los boletos."
– "No hay problema, me pagaron increíblemente bien antes de dejar a mi anterior trabajo."
Cuatro veces el salario mínimo más un pequeño bono navideño no será realmente mucho pero lo considero suficiente para un viaje redondo a Tokio. No pienso gastar de más.
– "8,600 yenes por la entrada regular, 11,000 los asientos VIP." – Dije leyendo los costos. – "Más asequible de lo que esperaba. ¿Sabe cómo puedo pagarlos desde aquí? No tengo tarjeta de crédito o similares."
– "Podemos comprarlos con la mía." – Sugirió la princesa. – "Nadie rechaza la MermaidCard Diamond."
– "Le agradezco enormemente, Mero-san. ¿Sería tan amable de reservar dos entradas VIP, por favor?"
– "Por supuesto. Realmente desea consentir a la señorita Cetania, ¿cierto?"
– "Quiero que mi plan funcione, así que elijo la artillería pesada." – Bromeé.
– "¿Me permitiría saber por qué el empeño en la satisfacción de su compañera, si no es molestia, Aria-san?"
– "Deseo que se una a MON también y confío en que esto la convencerá."
– "Comprendo. Un método sonoramente persuasivo, si me autoriza opinar." – Rió un poco. – "Necesitaré algunos datos personales. ¿Conoce los de su amiga?"
– "Síp."
Le dicté la información necesaria. Por suerte sabía la suficiente. Una vez pagado el importe y finalizada la transacción, Lorelei me imprimió un par de pequeños comprobantes de confirmación. Estos aparatos modernos hacen de todo. En mis tiempos se usaban impresoras enormes, lentas y ruidosas. Scheisse, solo tengo veinte y ya me siento una anciana.
– "Entregue uno en la taquilla para validar sus tickets. Recuerde llegar al menos treinta minutos antes del evento." – Indicó la sirena. – "Le di un comprobante extra por seguridad. Enviaré también una copia digital a su celular por si las medusas."
– "Mil gracias, Fräulein Meroune." – Hice una reverencia. – "Le traeré el efectivo enseguida."
– "Oh, por favor no se moleste, Aria-san. Con gusto cubriré los gastos de la compra."
– "¡¿Eh?! ¡N-no, Mero-san! ¡No es necesario!" – Repliqué. – "¡Con gusto le pagaré la cantidad debida!"
– "El dinero no me es problema, Aria-san." – Sonrió amablemente y juntando sus palmeadas manos. – "Lo hago por el placer de ayudar a una buena persona como usted, que se preocupa por los demás."
– "Me sentiría mal por aceptar, su alteza."
– "Desista en llamarme por mi título nobiliario. Y no es inconveniente alguno. Acepte mi ofrecimiento, insisto."
– "Es demasiada amabilidad. ¿Por qué cree que merezca tanta bondad de su parte?"
La heredera suspiró.
– "Lo que dijo Lala-san ayer era cierto." – Admitió. – "Me he comportado de vergonzosa manera con ustedes. Siempre atrapada en mi mundo egoísta de absurdas fantasías trágicas."
– "Siento que ella haya sido tan agresiva con usted, Mero-san."
– "No erró. Lala-san solo estaba siendo absolutamente honesta. Y la verdad siempre duele."
– "Pero…"
– "Permítame expresarme, Aria-san." – Alzó su mano en señal de alto. – "No negaré que el proceder de la señorita dullahan fue quizás algo hiriente en tan repentina explosión emocional, más sin embargo, es imposible ignorar que yo tengo una insana obsesión por el aparente infortunio de quienes me rodean.
Como sirena, nuestra cultura nos inculca, por alguna extraña razón, el aprecio por las historias con fuerte carga dramática y desenlaces desfavorables. El conocer el mórbido relato de "La Sirenita" es básicamente una ley implícita en nuestro reino e imitar el cruel destino escrito de los protagonistas se convirtió en nuestro objetivo más importante.
Me crié esperando hallar una persona especial con quien formar un lazo sentimental y después sufrir por alguna desventura. Infidelidad, triángulos amorosos, el no ser correspondida; Experimentar todo lo malo que usted pueda imaginar en el ámbito del corazón se volvió nuestra meta principal. El dolor era felicidad y el desconsuelo nuestra dicha. Es increíblemente inverosímil y completamente ridículo, pero esa es nuestra realidad.
Yo abogué por defender tan irracional ideal y cometí actos deplorables en contra de mi Amado y las demás inquilinas. Pero las acciones de mi matriarca, la reina del Imperio Neptune, fueron la gota que derramó el vaso y me abrieron finalmente los ojos. Cuando observé a mi Amado casi perder la vida a manos de esa tragedia que yo tanto anhelaba, desperté de ese falso sueño y contemplé horrorizada el verdadero monstruo en el que me estaba convirtiendo.
He aprendido mucho desde entonces y cada día batallo por expulsar ese veneno mental que me infecta la cabeza. Pero es muy difícil, tanto que en ocasiones pienso que es patológico. Sacarse años de adoctrinamiento no es tarea sencilla. Lucho, en verdad que sí, para evitar que esa bestia me consuma el alma y se manifieste de la peor manera. Usted sabe lo que es eso, ¿cierto, Jaëgersturm-san?"
Lorelei me observó intensamente, con esos cristalinos y penetrantes ojos azules. Su rostro portaba una muy inusual seriedad que jamás esperé en la comúnmente calmada e idílica sirena rosa.
– "¿C-cómo…?" – Hesité.
– "¿Sé que pasó por algo similar?" – Completó ella. – "Muy simple, querida Aria-san: Su sonrisa.
Esa sonrisa que usted mostraba siempre me pareció una máscara para ocultar al torturado ser que residía dentro de usted. Sé que era genuina, pero al mismo tiempo, deseaba mantener en secreto algo oscuro y vergonzoso de su pasado. Usted no vino aquí esperando una experiencia como las demás; Quería huir. Y cuando lo logró, batalló consigo misma para evitar que el ayer le demoliera lo que usted pretendía erigir aquí.
Y entonces cometió un error. Se escapó de casa por ello y mi Amado la convenció de regresar. Fue ahí cuando supe que mis sospechas eran ciertas. Cuando Rachnera-san pensó que se iría con su anterior familia hospedadora, ella estaba dispuesta a abandonarnos sin pensarlo dos veces. Pero todo fue porque no se consideraba digna de nosotros. Pensaba que no merecía una segunda oportunidad, tenía miedo. Eso fue lo que vi en su sonrisa, Aria-san. Miedo del pasado, de sus errores, de no controlar a la quimera de emociones que le corrompían el alma.
De fallar.
Por ese porte militar que irradia, sabía que su adoctrinamiento no debió serle sencillo y que las equivocaciones le eran reprendidas con dureza. Cada vez que usted cometía un error, presentía que era el fin del mundo. Como un castillo de arena, las paredes de su persona eran sumamente frágiles. Pronto buscaba una excusa para culparse y alejarse, para no seguir errando.
Y lo más importante, tenía miedo de fallarle a Lala-san. Usted demostró interés y amor verdadero por la aparentemente solitaria dullahan. Entonces, en algún momento, ambas finalmente conectaron. Desde ese instante noté el sutil pero palpable cambio en usted. Pronto, esa sonrisa tan efímera adquirió forma. Era un proceso relativamente lento, pero usted se encargó de edificar esa pequeña esperanza sobre bases sólidas.
Prontamente, usted redescubrió esa felicidad que hace mucho creyó haber perdido y ahora ha madurado hasta este momento, donde puede mirar hacia adelante con un futuro junto a la persona que ama, sonriendo con honestidad, porque sabe que ahora tiene el control de su propio ser."
Admito que Meroune siempre emitía un aura de realeza, con el porte de la auténtica nobleza. Sin embargo, no imaginaba que tal actitud también se extendiera a su capacidad de observación. Consideraba a la sirena una persona que difícilmente sufrió y solo podía decantarse por sus fantasías personales. Demonios, en verdad que yo me equivoqué. Lorelei resumió perfectamente mi persona y los temores que me embargaban desde mi llegada.
– "Comprendo que es presuntuoso afirmar tal cosa de alguien a quien apenas conozco por tan poco tiempo." – Se disculpó con una reverencia. – "Pero cuando la veía sonreírme, debatiéndose entre mostrar su verdadera amabilidad y camuflar su turbio pasado; Me veía a mí misma. Usted era un enorme espejo en el que podía observar un alma cuyos demonios internos amenazaban con destrozarla. Y yo también me asusté. Tuve miedo de actuar, porque estaba consciente de que en caso de no influenciarle correctamente, la infectaría con mis propios males.
Es por eso que la admiro, Aria-san. Tuvo el valor necesario de encarar a la bestia en lo recóndito de su persona y luchar contra su dominio. Y lo hizo usted sola."
Se equivocaba. Me hinqué ante ella y coloqué mis manos en sus hombros.
– "No, Mero-san, no lo hice sola." – Le afirmé. – "Todo esto fue gracias a que conté con maravillosas personas que me han apoyado en mi estancia. Tendremos nuestras diferencias y defectos como cualquiera, pero es esa unión lo que nos convierte en una extraordinaria familia. Una familia a la que ustedes me han permitido entrar y a la cual siempre llevaré con orgullo en el corazón.
Me han ofrecido momentos que nunca imaginé experimentar y la oportunidad de encontrarme a mí misma. ¿Acaso creyó que alguna vez pensé que todo esto pudiera ser posible? ¿Hallar un grupo tan diverso que no me rechazara por mis preferencias o apariencia? ¿Terminar trabajando para una de las más prestigiosas unidades gubernamentales en un país extranjero? ¿O siquiera encontrar el amor en el lugar más inesperado?
Nada de eso hubiera ocurrido si ustedes no se hubieran mantenido a mi lado en mis mayores momentos de debilidad. La primera vez que huí, pudo haber sido para siempre. Cuando me despidieron del primer empleo, también estuve a punto de tirar la toalla definitivamente. Y aún así, todos se quedaron ahí, para darme la mano y recordarme que la esperanza es lo que muere al último."
Ella me observó al borde las lágrimas.
– "¿Qué pude ofrecerle a usted, Aria-san? Tuve temor de hacerlo en primer lugar."
– "Paciencia, infinita paciencia para soportar a una araña tan excéntrica como yo." – La miré firmemente. – "Recuerde, Mero-san; No soy nadie especial, solo una simple arachne que tuvo la fortuna de encontrar este santuario con gente extraordinaria."
– "No tengo nada de extraordinario más allá de mi linaje real."
– "Y usted decidió ignorar las expectaciones de tal puesto para vivir de manera sencilla. Se rebeló contra lo establecido de la alta alcurnia y decidió buscar su propio destino. Aquello es admirable."
– "Lo hice por motivos egoístas."
– "¿Y acaso lo sigue siendo? ¿No ha estado luchando a diario contra ese avaro impulso? Acaba de ofrecerme el cubrir gastos ajenos para que yo y otra persona asistan a un evento sin su presencia, ¿Qué puede tener de egoísta tal generosidad?"
– "Fue para pedirle perdón."
– "Y usted me retribuyó con aceptación desde el inicio. Yo soy quien está en deuda con usted, Mero-san."
– "¿Cómo es que aún mantiene la idea de que soy una buena persona?"
– "Una sabia amiga declaró en cierta ocasión que la honestidad del corazón siempre demostrará la pureza del alma. Y la bondad en usted es tan real como su existencia."
Lorelei sonrió. Aquellas palabras fueron las mismas que ella me dijo cuando confesé ser lesbiana.
– "Usted siempre sabe como levantarle el ánimo a alguien, Aria-san."
– "Se aprende mucho viviendo con una sabia dullahan, un casero amable y muy buenas amigas."
– "Aria-san, ¿podría… regalarme un abrazo?"
– "Por supuesto."
Rodeé a la princesa rosa con mis brazos. Sentí sus palmeados dedos alrededor de mi espalda y su cola moverse alegremente, chocando ligeramente con mis pedipalpos. La chica huele a dulce y ligera sal marina, por más contradictorio que aquello pueda sonar. Es increíble como dos personas que difícilmente interactuaban en el pasado pueden congeniar tanto en cuestión de minutos. Quizás si todos habláramos más seguido, descubriríamos que tenemos más en común con los demás de lo que pensábamos.
– "Gracias, Aria-san. Que se divierta mucho con su amiga."
– "Aún me siento mal por no pagarle el costo de las entradas."
– "¿De qué me sirve el dinero si no puedo ayudar a mis seres queridos?" – Encogió sus hombros. – "Además, me parece que lo querrá ahorrar para compensar a Lala-san después de su pequeña escapada con la arpía, ¿no lo cree?"
– "Oh… Sí, creo que tiene razón. Uhm… Danke schön."
– "De nada. ¿Y me permitiría darle un consejo algo atrevido?" – Preguntó la acuática.
– "¿Uh? Claro…"
– "El amor…" – Me susurró al oído. – "…Puede compartirse entre tres."
– "¿Eh?"
– "Nada, nada. Que tenga un buen día, Aria-san." – Sonrió inocentemente.
Mientras yo me quedé como boba procesando las palabras de la heredera, esta se zambulló en la piscina. Opté por no indagar más en el tema y salí de su cuarto. Bueno, puedes sacar a la sirena de Neptune pero no puedes sacar Neptune de la sirena. Y obtuve pases gratis, nada mal. Ahora a darle las buenas nuevas a cierta pajarita, que se hace tarde. Me di una última arreglada y salí rápidamente de la casa.
– "¿A dónde vas, A chuisle?" – Cuestionó la irlandesa al dirigirme a la puerta.
– "Tranquila, Spatzi. Asuntos importantes." – Me apresuré a besar su frente. – "Ya vuelvo."
Dándole unas palmaditas a su mejilla, me dirigí a la residencia Honda. Sinceramente, fue un tremendo golpe de suerte que Meroune decidiera ayudarme, aún no sé si la rapaz aceptará después de esto. Pero confío en que la música la convenza. Mi esperanza reside en ustedes, británicos. En el camino, un par de reporteros se me acercaron. Al menos no son tantos como la vez anterior.
– "Jaëgersturm, ¿algunas palabras sobre los atentados de hace dos días?" – Interrogó uno de ellos.
– "Sí, me alegro de estar viva." – Le contesté sin detener mi marcha.
– "¿Cuál es su opinión respecto a la propuesta para abolir la ley que prohíbe a liminales defenderse de humanos y viceversa?"
– "Aquello es asunto de las autoridades correspondientes."
– "Señorita, ¿quién descubrió América?"
– "¡¿Otra vez tú?!"
– "¿Cree que sus acciones elevarán la reputación de las arachnes en todo el mundo?"
– "Eso espero. Y tengo prisa, ¿podrían retirarse, por favor?"
– "Aria, ¿algún mensaje que desee enviarle a los televidentes?"
Tomé el micrófono del sujeto y miré amenazadoramente hacia la cámara.
– "Voy a atraparte, Rachel…"
Con eso, aceleré el paso y proseguí mi misión. Me da igual si esa condenada saltarina lo toma en serio o si alguien entendió siquiera a quien me refería. Los medios desistieron su hostigamiento y alcancé mi destino. Toqué el timbre pero nadie contestó. Insistí de nuevo y fui recibida una segunda vez por el silencio. Golpeé la puerta hasta recibir confirmación de vida.
– "¡Váyanse, no queremos responder más preguntas!" – Suplicó una nerviosa Yuuko del otro lado.
– "Yuuko, soy yo; Aria."
Sin dilación, la dueña abrió la puerta.
– "¡Aria! ¿Dónde estabas? Ven, pasa."
– "Danke."
Si bien la chica lucía algo desarreglada, no puedo culparla. Estos días no debieron serles fáciles a ella y su huésped con tanto chismoso por ahí, metiéndose en asuntos ajenos y escuch-¡Auch! Me mordí la lengua.
– "¿Deseas un poco de té?" – Me ofreció la casera. – "También tengo algo de leche con lactobacilos."
– "Te lo agradezco, Yuuko, pero ahora no."
– "De acuerdo. ¿Venías a hablar con Cetania?"
– "Así es. ¿Te importa si la veo en su cuarto? Es importante."
– "Claro. Ella ha estado muy apagada estos días y sé que se animará mucho al verte."
– "Eso espero." – Suspiré. – "¿Cómo te ha ido a ti?"
– "Aparte de los acosos de los medios, supongo que bien. Por suerte Mio ha sido un gran apoyo últimamente." – Sonrió ligeramente. – "Oh, y te agradezco por haber protegido a Cetania durante los ataques. Ella me contó todo. Siempre estaré en deuda contigo."
– "No es necesario, Fräulein Honda. Ella hizo lo mismo por mí. De no ser por su valentía, yo no estaría respirando ahora."
– "De todas formas, gracias por todo. Me alegra que ella esté a salvo."
– "A mí también, Yuuko, a mí también."
– "¿Es verdad que le dieron oportunidad de ser parte de MON? Ella siempre evade el tema cuando le pregunto."
– "Se ha mostrado renuente, pero yo insisto en cambiar su opinión."
– "¿Crees que ella tiene talento para un trabajo tan exigente?"
– "Mi actual existencia es prueba suficiente."
– "Comprendo."
Asintiendo, fui hasta la entrada de la habitación de la voladora. Los nervios me están ganando, todo mi plan depende del éxito que este comprobante tenga. Y aún si lo tuviera, desconozco si al final ella aceptará del todo. Bueno, hora de la verdad. Exhalando y relajando mis músculos, me preparé para tocar la puerta.
– "Adelante, flaquita." – Me informó la arpía antes que mis manos hicieran contacto con la madera.
– "¿Eres adivina o algo así?" – Le pregunté entrando al cuarto.
– "Reconozco tu olor desde la sala, Aria."
La falconiforme se encontraba de espaldas, tapada y acostada en su cama. Su voz sonaba menos ronca pero aún con ese tono de tristeza. No era necesario que se volteara para dejar en evidencia el cabello descuidado, sin contar que el dormitorio lucía desordenado.
– "No sé si estás exaltando tu olfato o insultando mi higiene personal." – Le dije, asentándome cerca de ella. – "¿Cómo has estado, emplumada?"
– "¿Tú qué crees?" – Se dio la vuelta. – "No necesito repetir que en estos días mi mundo se ha puesto de cabeza."
– "Estuviste llorando."
– "Lo suficiente para desahogar el dolor en mi alma. Necesito un mejor método."
– "¿Es porque rehúso a aceptar tu amor?" – Bajé mi cabeza.
– "Ya admitiste que sientes lo mismo por mí." – Tomó mi mano en su ala. – "Solo te niegas a dar el siguiente paso."
– "Conoces el porqué no puedo, Cetania." – Apreté ligeramente su extremidad. – "Por más que lo desee."
– "¿Sigues siendo feliz con ella?"
– "Felicidad y Lala son sinónimos desde hace mucho."
– "¿Qué hay de mí?"
– "No lo sé."
Ella soltó mi mano y se dio la vuelta de nuevo.
– "¿Por qué vienes a buscarme si se supone que tu corazón está satisfecho? ¿Por qué torturarte innecesariamente?"
– "Por masoquista, supongo." – Reí. – "Y para convencerte de entrar juntas a MON."
– "Sí que eres terca, araña. Y te quejas de porqué no dejo de amarte."
– "Es de familia. Cuando mi abuela quería algo hecho, lograba que se hiciera de cualquier manera."
– "Bueno, eso tenemos en común. Yo siempre persigo incansablemente a mi presa y no desisto hasta capturarla."
– "¿Vas a devorarme cuando me tengas en tus garras, rapaz?"
– "De la manera que quieras, flaca."
– "Eres directa con tus coqueteos, halconcita."
– "Puedes soportarlos; Eres la gran estrella del momento." – Se incorporó. – "¿Cómo te trata la fama?"
– "Je, entre agradecimientos e invasión de espacio personal, es un circo. ¿Qué tal tú?"
– "Yuuko ya ni desea salir a comprar por miedo a más preguntas. Creo le ha desarrollado fobia a cualquier clase de cámara." – Giró mi rostro hacia ella. – "¿Qué hay de los rumores del supuesto romance entre nosotras?"
– "¿Qué con eso? No les he dicho nada. Ya sabes cómo son los medios de desleales." – Ladeé mi cabeza. – "No les habrás dicho algo tú, ¿verdad?"
– "Claro que no, tontAria." – Me dio un ligero golpe. – "Suficiente presión tengo como para echarle más leña al fuego. Y no quiero que la gente ande inventado más perversiones sobre las dos en la Red."
– "¿De qué hablas? Siempre soñé con ser la protagonista de alguna historia erótica en Internet." – Bromeé. – "La Sensual Vida de una Alemana, escrita por YuriSpider69. Tres mil páginas de tinta virtual describiendo con lujo de detalle cada apasionado encuentro y sus posiciones. Todo un Kama Sutra para arachnes y arpías."
– "Muy graciosa, patas de alambre." – Otro golpe. – "Aunque es una idea fantástica. En todo caso, ¿Cómo me persuadirás de entrar contigo a la élite justiciera? ¿Te acostarás conmigo?"
– "Oh, me descubriste, niña lista." – Tapé mi boca con la mano. – "Bueno, quítate la ropa y ponte en cuatro. No traje lubricante pero mi saliva será suficiente."
Sin demorar, Cetania empezó a alzar la playera que vestía.
– "¡Gran Arachne! ¡¿Qué estás haciendo, mujer?!" – Me apresuré a detenerla, sonrojada. – "¡Era una broma!"
– "¡Ya lo sé, boba!" – Replicó removiendo la prenda. – "Tranquila. Solo voy a quitarme esto que me mete calor."
Se deshizo de la ropa. Por suerte, estaba usando otra camiseta debajo, más ajustada a sus medidas. Uf, casi me da un infarto. Demonios, arpía loca, no me sorprendas de esa manera; Luego empiezo a babear y la ardiente sensación en la entrepierna no me deja en paz.
– "¿Y cuál era tu gran plan, por fin?" – Cuestionó estirando su cuerpo. – "Aunque la proposición de sexo no se descarta, ¿sabes?"
– "¡Jum! No sé si lo merezcas después de comportarte de manera tan infantil." – Torcí mi boca. – "Y te odio."
– "Vamos, rubia bonita. Tu sabes qué me quieres." – Me rodeó con sus alas. Ah, que suaves pechos. – "Dime, o en verdad me desnudo."
– "¿Cómo es esa una amenaza?"
– "Porque estás consciente que una vez que veas este cuerpazo sin censura, no querrás soltarme por el resto de tu vida."
– "Admiro la seguridad con que has postrado tu ego en tal alto pedestal, falconiforme."
– "Eso te lo enseñó esa pitufo, reconozco esas frases tan pretenciosas." – Hizo mueca de disgusto. – "Pero hablando en serio, ¿de qué se trata?"
– "Oh, nada importante." – Repliqué con tono despreocupado. – "Solo un pequeño eventito que se suscitará mañana."
– "¿Vas a invitarme a salir? ¿A dónde? ¿Una obra de teatro?"
– "No precisamente, pero casi."
– "¿Una película? ¿Es la nueva de Draconic Park, con Sam Neill como el profesor Praken y Liam Neeson como la voz del Dragon Rex?"
– "Caliente, caliente…"
– "¿Una convención erótica? Dime que sí."
– "Bueno, la caliente aquí eres tú. Pero no; Hablo de un concierto."
– "Ah, genial. ¿Las Nekomatas del Norte? ¿Gnomos Verdes? ¿ANM48? ¿Yui y sus Balas de Plata?" – Enumeró la castaña. – "¿Alguna otra banda de quinta? Sabes que yo solo escucho buena música, araña."
Alzándome frente a ella con una enorme mueca jactanciosa, extendí mis manos, mostrándole el comprobante que Mero me dio, justa y claramente delante de sus ojos.
– "Iron Maiden." – Declaré.
Un muy largo momento de silencio aconteció enseguida. Cetania solo me miraba con una confundida expresión, sin moverse en lo absoluto. Ningún sonido, solo los latidos de mi corazón que se hacían más fuertes conforme el tiempo pasaba. Ay, mamá araña. ¿Acaso erré en mi pronóstico? ¿Quizás el grupo no le gusta? Es decir, la escuché mencionarlos una vez y supuse que ellos estaban en sus favoritos. Tal vez oí mal y ella se refería a otra cosa. ¡Diablos, no otro error!
– "Aria…" – Habló finalmente la americana sin cambiar la anonadada expresión. – "¿D-dijiste Iron Maiden?"
– "Erm… ¿Sí?"
– "¿T-te refieres a la banda Iron Maiden?"
– "Se supone..."
– "¿Hablamos del ultra famosísimo grupo británico de heavy metal?"
– "¿Claro? Honestamente yo…"
– "Y es el original, ¿cierto? ¿Nada de imitadores u otra agrupación con un nombre similar?"
– "Es lo que decía el anuncio, no tengo la menor idea si es veríd-"
Fui interrumpida por un repentino salto de la rapaz, abrazándome por completo y plantando un profundo beso en la boca. Ignoro cuanto haya durado el contacto, pero debió extenderse demasiado porque de repente me pesó la ausencia de oxígeno. Tan rápido como lo inició, Cetania se separó con el comprobante aún en sus dígitos, leyéndolo una y otra vez, como si quisiera asegurarse de que tal pedazo de papel era completamente auténtico. Volteó a verme de nuevo y su cuerpo temblaba como si fuera a estallar en cualquier momento.
– "¡OH. MY. GODDESS!" – Gritó a todo pulmón. – "¡OH. MY. FUCKING. GODDESS! ¡AAAHHH!"
Como si le hubieran prendido fuego, la arpía corrió por toda la habitación, saltando como una niña con demasiada azúcar y emitiendo sonidos de alegría a excesivos decibeles. Ni una explosión nuclear tendría la fuerza de los pulmones que la hiperactiva emplumada poseía. Rodó por el suelo, brincó en su cama y volvió a rodar. Yo solo podía observar estupefacta al torbellino castaño que era la rapaz en ese momento. Entonces, volvió a abrazarme, casi haciéndome caer al suelo.
– "¡ARIA!
– "¡Por Melínoe, mujer, puedo oírte claramente, no me grites!"
– "¡Aria! ¡Aria! ¡Aria!" – Me sacudió. – "¡Dime que no estoy soñando! ¡Confirma que no me morí en los atentados o que estoy atrapada en la Matrix! ¡¿Esto es la vida real o es solo fantasía?!"
– "¡Sí, pajarraca demente, esto es de verdad!"
– "¡Pero es Iron Maiden! ¡¿Cómo es posible?!"
– "Es un concierto a beneficencia de los afectados por los atentados y para levantar conciencia. La mitad irá a la caridad."
– "¡¿Dónde?!"
– "Tokio, en el Makuhari Messe."
– "¡¿Cuándo?!"
– "Mañana, a las ocho de la noche."
– "¡¿Conseguiste buenos lugares?!"
– "Fueron 22,000 yenes por dos entradas VIP, más les vale que sean buenos."
– "¡OH MY SUPER FUCKING GODDESS! ¡I FUCKING LOVE YOU, ARIA!"
La castaña me zarandeó con más fuerza que un desplazamiento mundial de placas tectónicas. Apenas pude enfocar mi mareada cabeza cuando otro furtivo ataque de besos asaltó mis labios. ¡Por el casco de Ares! ¡Si esto le sucede por ver una banda de rock, no quiero imaginar qué pasaría si le pidieran matrimonio! ¡Corran a las colinas, corran por sus vidas!
– "¡Cetania! ¡Cálmate!" – Intenté aplacar a la enérgica emplumada. – "¡Y me estás estrujando peor que una lamia!"
– "¡There is no Cetania, only Zuul!"
– "¡Ya te volviste loca!
– "¡Loca por ti, Jaëgersturm! ¡Hagamos el amor aquí mismo!"
– "¡¿Q-q-qué?!"
– "¡Rápido, quítate la ropa!"
– "¡Contrólate, arpía del demonio! ¡Yuuko podría entrar en cualquier momento!"
– "¡Pues la invitamos! ¡AAAHHH!"
Tuve que arrancármela y aventarla a la cama antes que me quebrara los huesos. Como ella seguía gritando y brincando sin cansarse, sigue siendo un misterio. Scheisse, ya imagino la energía en la intimid-¡Argh! ¡No ahora!
– "¡Cetania! ¡¿Estás bien?!" – Apareció Yuuko, asustada. – "¡Escuché gritos! ¡¿Qué sucedió?!"
– "¡Yuuko, Yuuko! ¡Me vengo! ¡Digo, me voy!" – Exclamó la voladora, abrazándola.
– "¿Eh? ¿Cómo que te vas?"
– "¡Me voy a Tokio!"
– "¿A qué?"
– "¡A ver a Iron Maiden!"
– "¿Y ese señor quién es?"
– "¡Solo la mejor banda del maldito mundo! ¡AAAHHH!"
La rapaz se lanzó a correr por toda la casa como una locomotora sin frenos, con todo y el abrumador ruido incluido. Honda se quedó inmóvil, viendo indefensa como un fugaz pájaro americano volvía a causar desastre en tierras japonesas, aunque no fuera de metal ni cargara bombas. Bueno, no tengo idea si mi tonto plan vaya a resultar o no, pero de algo si puedo estar muy segura:
Voy a terminar sorda.
NOTAS DEL AUTOR: ¡Oh my Suwako! ¡Iron Maiden! ¡Aaahhh!
Ehem… Nuestra querida arpía imita perfectamente mi hipotética reacción en la misma situación. Y a Aria le espera un zumbido en los oídos de tres semanas, y no por la música. Pero valdrá la pena, ya que después de todo pasará tiempo de calidad junto a su querida amiga al compás de refinadas melodías. Sé que una banda como Rammstein (mi favorita) le hubiera sentado mejor a la cazadora, pero ella casi no ha mostrado interés por la música rock, al contrario de la pajarita, quien mencionó a los británicos en el pasado. Y los Maiden son pura finura también, ¿Cuál es el problema?
Ahora, pasando a otro tema, en este capítulo quise expandir los roles de dos personajes que casi no he tocado; Cerea y Meroune. También fue para plasmar al Kimihito comprensivo e inteligente, quien es capaz de mantener a sus chicas bajo control (siempre y cuando no sea luna llena). El hecho que usara una fábula simplona que le contaba su madre de niño era para mostrar lo sencillo (y hogareño) que es el muchacho. Ahí reside parte del éxito conquistando a sus inquilinas. Y considero que la centáuride tiene un gran talento que puede ejercer en un empleo. La vimos querer volverse instructora de artes marciales en el manga, aquí quizás suceda algo similar.
Lo de Mero es para comparar lo similares que son la sirena y la arañita. Y aunque Lorelei si tenga dinero y mucho prestigio, al contrario de la olvidada familia Jaëgersturm, es fácil ver el parecido entre las dos. Además, es excusa perfecta para que ella aconseje a Aria por el lado oscuro de la fuerza. Todo en nombre del drama.
En todo caso, espero este capítulo les haya gustado y como siempre, lo invito a dejarme sus opiniones, que siempre las leo. Y ahora una cuestión a todos mis lectores: Si pudieran hacerle un par de preguntas a las heroínas del momento, ¿Cuáles serían?
Planeo seguir que los medios continúen interrogando a la pareja plumas-quitina en el próximo episodio y me gustaría que me expresaran sus ideas. Claro, les daré créditos correspondientes. Y la gran Emperatriz Meroune Lorelei se los ordena, ¿acaso osan desafiar su palabra?
Nos vemos en el próximo episodio. ¡Auf Wiedersehen! ¡Up the Irons!
