NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos, hermanos y hermanas de la fe Merótica, que la tragedia sea con ustedes! ¡Reverendo Tarmo Flake les da la bienvenida!

Es mi placer hacer entrega de otro capítulo para su deleite. Sí, así de rápido. Ese talquito mágico que encontré en el escritorio de la Emperatriz Sirenosa es muy efectivo. Así que pónganse cómodos, suban el volumen y recen a la poderosa Meroune Lorelei, que esto comienza ahora.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El mundo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡Que la Gran Sirena bendiga sus tragedias!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 27


Ay, no.

Cetania me besó en los labios. No fue rápido o indirecto, sino claro y duradero. Nuestras bocas se hallan unidas y su lengua ya se ha abierto paso hasta encontrarse con la mía. De nuevo, esa sensación de alegría, deseo y culpa me invade. Felicidad por el amor que ella me demuestra, deseo por continuar nuestro contacto… Y culpa por traicionar a Lala.

Esto no debía suceder. No hoy, ni mañana. Le prometí a la dullahan que los ósculos de la arpía cesarían de una vez, cosa que planeaba cumplir con toda intención. Pero ahora, mi compañera me ha tomado desprevenida y de nueva cuenta, vuelvo a probar su salvaje sabor. Estaba mal el disfrutarlo, pero no importa cuánto trate de luchar, me era imposible no corresponderle. El cerebro me ordenaba detenerme, pero el corazón me animaba a continuar. Hice un monumental esfuerzo por romper el lazo y liberarme de esa amorosa prisión bucal.

Observé a la castaña y a su expresión en medio del éxtasis y la sorpresa por la súbita separación. Quería reprenderla con una bofetada, hacerle saber que obró mal. Pero no puedo. Me era imposible amonestarla de esa manera por tal falta. Porque no podía lastimarla, no a ella. Y al mismo tiempo, estaba hiriendo a Lala; Las dos lo hacíamos.

Frente a todo el mundo.

Ese mundo que ahora había presenciado tan inesperado acto, que divulgaría por todo el globo nuestras acciones a increíble vertiginosidad. Que me vio fallarle a la mujer que amo. La tecnología lo enmarcó en la historia y el público lo perpetuará por generaciones. Pero quizás… sólo estaba exagerando. Era un beso, nada del otro mundo. Cierto, fue apasionado y por un instante cerré los ojos para regocijarme en éste, pero no pasó a mayores. El tiempo se encargaría de sepultarlo bajo la alfombra del olvido.

O eso espero.

– "Wow…" – Habló Saukki, saliendo de su estupefacto estado. – "C-creo que aquí termina la entrevista."

– "¡E-espera!" – Intenté aclarar. – "¡No es lo que crees!"

– "Ya quedó demasiado claro…" – Respondió ella. – "Pero les agradezco, tortolitas, no pudieron ofrecerme mejor final para mi entr… ¡Ah, demonios!"

La mustélida revisó con preocupación su cámara de video, aparentemente la batería de esta había fallado, apagando el aparato. Gran Arachne, que eso signifique que este incidente nunca fue transmitido. Mientras la periodista seguía batallando con su grabadora, yo me dirigí a la americana.

– "¡¿Por qué hiciste tal cosa, Cetania?!" – Le pregunté tratando de no alzar demasiado la voz.

– "¿Quizás es porque me gustas, araña boba?"

– "Lo sé, pero no es para andarlo anunciando."

– "¡Oh! ¿Entonces si puedes hacer público tu amorío con esa pitufo pero yo tengo prohibido el demostrar lo que siento por ti?"

– "¡Eso es diferente! ¡Lala y yo somos oficialmente pareja!"

– "¡Y yo sólo me adelanto para cuando la dejes!"

– "¡Eso nunca va a pasar, pajarraca!"

– "¡Únicamente dame tiempo y…!"

La voz en el parlante nos interrumpió, indicándonos que habíamos alcanzado nuestro destino. La arrojé dagas con la mirada a mi compañera y ella se extrañó por eso. Unas pequeñas pataditas en mis piernas me hicieron voltear hacia abajo.

– "¡Rápido, busquemos donde recargar esto!" – Nos ordenó la finlandesa, empujándonos. – "¡Debemos saber hasta dónde logré capturar! ¡Muévanse!"

– "¡Espera, rata nadadora!" – Intenté detenerla, sin éxito.

No tenía fuerza alguna para movernos, pero de alguna manera nos sacó del vagón para intentar encontrar un tomacorriente. Ella divisó un lugar apropiado y luego de agresivamente obligar a un pobre tipo a que desconectara el cargador de su teléfono, logró restaurar energía a su aparato. Yo me mantenía expectante del resultado.

– "Dime que estoy de suerte…" – Musitaba la joven mamífero revisando la grabación. – "¡Maldita imitación china, apresúrate a encender!"

Yo aproveché a retomar el diálogo con la falconiforme.

– "Con un demonio, Cetania; No vuelvas a hacer tales tonterías, menos frente a las cámaras."

– "¿Qué tiene de malo expresar mis sentimientos?"

– "¡Todos van a creer que hay algo entre nosotras!"

– "¿Y acaso no lo hay?"

– "Bueno, sí, pero… ¡No, no hay nada! ¡Yo amo a Lala y lo sabes!"

– "¡Y tú también a mí! ¿Por qué pretendes negarlo?"

– "¡No lo niego, sólo que no deseo que todo el jodido planeta lo sepa también!"

– "¿Y confesar lo que sientes por esa dullahan no es igual de escandaloso?"

– "¡Te dije que somos pareja!"

– "¡Me lleva el Nidhogg! ¡Se perdió el final!" – Exclamó la nutria, captando nuestra atención.

– "¡¿En serio?!" – Cuestioné esperanzada. – "¡¿Es decir, que la parte del beso no se transmitió?!"

– "¡Por desgracia!" – Respondió ella, sacudiendo su cámara con ira. – "¡Asquerosas pilas marca pirata, siempre me dejan mal! ¡Argh!"

Abracé de alegría a la rapaz, quien estaba más confundida que antes. No la culpo, pero el saber que nadie más aparte de los pasajeros en ese vagón sabrá de ese pequeño incidente aislado, me tranquilizaba. Sigo fiel a mi irlandesa después de todo. Suspiré aliviada y le mostré una sonrisa a mi amiga.

– "¿Y ahora que mosco bipolar te picó, flaca?" – Cuestionó la halcón. – "Primero me odias y luego me quieres otra vez. ¿Estás en tus días? ¿Te grité tanto que te provoqué un aneurisma cerebral?"

– "Estoy feliz de que tu atrevido acto no se esparciera por los medios, pájara tonta."

– "¿Rechazas mi afecto, Aria?" – Dijo con voz preocupada.

– "¿Qué? ¡No! No me refiero eso, es sólo..." – Suspiré y coloqué mis manos en sus hombros. – "Escucha, hablaremos a fondo de esto después. Por ahora simplemente jura que no me darás nada de besos sorpresivos ni esa clase de cosas en público. ¿Lo prometes?"

– "¿Qué tal en privado?"

– "Tampoco."

– "Esto es por tu niña azul, ¿cierto?"

– "Correcto. La amo y no quiero faltar a mi palabra. ¿Me cumplirás la tuya?"

– "Bien…" – Aceptó suspirando. – "¿Puedo tomarte del brazo, al menos?"

– "No le veo problema. Tampoco hay lío con los abrazos, pero nada de toquetearme donde no debes."

– "De acuerdo. Pero yo no te impondré tales restricciones, arañita." – Guiñó.

– "Gracias, pero no. Ahora, disfrutemos de la gran capital como buenas amigas, ¿sí?"

– "Whatever…" – Encogió sus hombros. – "Si es que esta enana no se provoca una embolia del coraje primero."

Saukki continuaba mascullando en su lengua nativa a su cámara de video. Su celular repentinamente comenzó a sonar y ella contestó.

– "¿Maki? ¡Sí, ya se, se cortó en la mejor parte!" – Vociferó la chica. – "¡No es mi culpa, sino de este pedazo de plástico barato que ustedes me dieron! ¡¿Qué qué?! ¡No, la responsabilidad es tuya por darme baterías muertas! ¡Tú vete al diablo!"

– "Esta nutria es bastante gritona, ¿no te parece?" – Susurró la arpía.

– "¿No te mordiste la lengua, cotorra?" – Repliqué sardónicamente.

– "¡¿De qué carajos hablas, armiña rastrera?! ¡Yo estoy haciendo mi trabajo mientras tú te rascas el higo sentada en la oficina! ¡No, yo si me lo lavo!" – Persistía luchando la mustélida por el auricular. – "¡Que no estoy saliendo con Satoshi! ¡Te dije que a mi casero le gusta que le rempujen el arroz! ¡Sí, rata subdesarrollada, significa que es gay! ¡Argh, eres insoportable, Maki, que te den por el culo!"

Nukka terminó abruptamente la conversación y guardó su teléfono al tiempo que maldecía a todo pulmón y pateaba todo objeto a su alrededor.

– "¡Armiña hija de la houra madre que la parió! ¡La voy a sodomizar con su propia espinar dorsal! ¡Le meteré su condenada silla por la ra-Ay, mi patita!"

Impactando mal un poste de luz, la tonta se lastimó el pie. La diminuta endemoniada cojeó hasta sentarse en una banca. Eso no evitó que siguiera lanzando sonoras injurias a su socia y a la iluminación urbana. Gran Aracne, insulta más que un marinero ebrio.

– "Uhm… ¿Saukki?" – Le habló la rapaz.

– "¡Voy a dejarle caer una roca en la cara y…!

– "Saukki…"

– "¡¿Qué?! ¡¿Qué carajos quieres?!"

– "Bueno… Olvidaste tu mochila en el tren."

Lo siguiente fue una muy, muy rabiosa nutria vociferando todo un tesauro de palabras y frases profanas, demasiado fuertes para querer recordarlas. Estoy segura que utilizó toda su reserva de improperios y posiblemente inventó algunos nuevos en el proceso. Su cólera no se limitó sólo a lo verbal y arrojó su videocámara al aire. El objeto evitó chocar contra un par de transeúntes y un ciclista hasta impactar a un gatito durmiendo en una barda. Afortunadamente, no sufrió daños graves.

Hablo de la videograbadora, no del gato.

– "¡Ustedes dos nada más me traen mala suerte, ¿saben?!" – Nos recriminó la entrevistadora, volviéndose a sentar. – "¡Ahora esa sucia rata se va a lucir con el reporte de una maldita tarántula terrorista o algo así! ¡Tan bonito que estaba el día… Auch!"

– "Para ser tan pequeña, tienes un temperamento de los mil titanes, chaparra." – Opiné anonadada por ese enérgico despliegue de furia y vulgaridad. – "¿Con esa boquita besas a tu mamá?"

– "¡No me hables de esa manera, patas de alambre!" – Escandalizó ella. – "¡Rápido, vuelve a besarte con tu novia alada! ¡Aún puedo salvar la nota!"

– "¡Claro que no, enana vulgar!"

– "¡Argh, ustedes no ayudan!" – Alzó sus manos al aire para dejarse caer en su asiento, resignada. – "No es fácil ser una periodista…"

– "Sí, sí, tu vida es dolor, los dioses te odian, blah blah." – Dijo la castaña. – "Pero me parece que aún nos debes un recorrido guiado por la urbe tokiota, pequeñita."

– "Ugh, bien. Pero comeremos primero, que me rugen las tripas." – Se levantó aún cojeando un poco. – "Síganme, enamoradas; El recorrido empieza ahora."

– "No somos pareja." – Le reiteré.

– "Y yo soy Wayne Gretzky." – Se burló la rubia. – "Simplemente mantén la boca cerrada, seis ojos."

Contestaría algo, pero ignoro de quién diablos hable ella. Acompañamos a la finesa por la ciudad, generalmente tratando de ofrecernos datos curiosos sobre las localidades que recorríamos, pero la mayoría del tiempo se mantenía vituperando contra quienes supuse eran sus compañeros de trabajo, usando términos bastante explícitos. No era precisamente de aquella manera como me imaginé experimentar el recorrer la gran capital, pero al menos la mustélida sabía a dónde se dirigía. Afortunadamente su ira pareció calmarse una vez arribamos a un restaurante decente con precios razonables. Luego de pedir su orden (Cetania y yo solicitamos algo ligero, puesto que ya habíamos desayunado), nos sentamos a esperar.

– "¿Saben, chicas? Yo una vez fui una niña con ilusiones…" – Comenzó a relatar Saukki, recargada en su silla con la mirada al cielo. – "Cuando salí del municipio de Juuka, deseaba volverme una gran reportera, la más grande del mundo. Irónico con mi tamaño, pero mis sueños eran inversamente proporcionales a mi estatura. Siempre me gustó la idea de contar los hechos que sucedían a mí alrededor, quizás por querer ser el centro de atención, quizás porque la vida en mi pueblito era tan aburrida que me hallaba ávida de experimentar algo interesante.

De cualquier manera, junto a mi amiga nutria de la infancia, Tarja, ahorramos lo suficiente para viajar a Japón. En primera, como dije, los mariscos; En segunda, porque el país fue de los pioneros en la integración de las extraespecies, así que lo vimos como una oportunidad de conseguir excelentes empleos, al ser nosotras parte de la novedad. Tarja se fue a Hokkaido y perdí contacto después de un tiempo. Ignoro que sea de ella ahora.

Mientras tanto, logré un puesto menor en el Shameimaru, documentando acontecimientos pequeños aquí y allá, en la parte más baja de la cadena. Sin Tarja, no tenía a nadie en quien apoyarme, hasta que llegó Nitori Kagiyama, una muy sarcástica pero carismática comadreja pelinegra. Al principio, éramos como hermanas, ayudándonos en nuestros artículos periodísticos y compartiendo información. Incluso me prestó de sus ahorros para conseguirme esta cámara que tengo en mis manos, sólo porque una vez le mencioné mi deseo de adquirir una igual. Solíamos salir a investigar juntas, a veces escribiendo las notas de la otra, sólo porque sí. Ella quería, sinceramente, verme triunfar y viceversa. Nuestro lazo era irrompible.

Hasta que mi ambición arruinó todo. Tal vez fuera por mi naturaleza competitiva, pero yo, a pesar de ser la mejor colega de Nitori, siempre estaba en una carrera por conseguir la noticia más jugosa. Pronto, me volví más agresiva, más arriesgada, más osada en mis métodos para recaudar información. Y admito que yo era jodidamente buena para eso. Mis superiores me promovieron y las expectativas aumentaron de tamaño. Ya no era una niñita reportando nimiedades, ahora precisaba de sucesos notorios para sobresalir en el vertiginoso mundo de la información.

Y he ahí el inicio de la catástrofe. Si algo es en lo que soy excelente, es en darle forma a una noticia de manera que hasta cortar el pasto parezca una experiencia única en la vida. Soy elocuente insertando frases clave para aumentar la importancia de lo mundano y estructurando la realidad común para que luzca más llamativa. Nunca tergiversé la verdad, pero siempre la embellecí sobradamente. De alguna manera, toda esa verborrea daba resultado.

Pero Nitori lo odiaba.

Kagiyama siempre abogó por la honestidad, por ofrecer primicias íntegras y honradas. Ella era un perfecto ejemplo de decencia laboral, y la admiraba por ello. Pero a mí sólo me interesaba escalar peldaños y la hermosa amistad que mantenía con esa comadreja se fue deteriorando cada día. Rehusaba su ayuda, le ocultaba información que a ella le hubiera ayudado tanto, llegué a mentirle. El punto de ruptura se dio cuando su madre se vio envuelta en un accidente de tráfico.

Fue realmente un pequeño choque, con apenas unas abolladuras en la parte frontal de ambos vehículos. Aquel asunto se resolvió de manera pacífica y civilizada. Y ahí fue donde entré yo y mi descarrilado afán malsano de transformar la verdad. Plasmé a la pobre madre de mi amiga como una irresponsable y un peligro latente para la integridad física de las personas. Volví a esa inocente señora en enemigo público con mis venenosas prosas y arruiné su reputación casi al borde de convertirla en una paria. Kagiyama me detestaba y con justa razón.

Pero yo me regocijé en la crápula de mi corrompido triunfo y obtuve mi esperado ascenso. Gané la fama que deseaba, el reconocimiento que tanto anhelaba, estaba en mi posesión, era mío. Me esforcé por ello, luché por conseguirlo… ¿Pero a qué maldito precio?

Traicioné a mi más grande amiga; La persona que me tendió la mano cuando me encontré sola y que actuó como un bastón para apoyarme cuando los demás no tuvieron fe en mí. Me ofreció su hombro para llorar cuando la nostalgia me invadió y casi me regreso a mi país, ella siempre estuvo ahí cuando más la necesitaba. Y esa bella, bellísima confraternidad que construimos con el tiempo, colapsó en un instante. Le prendí fuego a ese sólido lazo que creamos por años y destruí la confianza que tanto juré respetar. Nitori renunció una semana después. Le vendí mi alma al demonio y ahora, como al principio, vuelvo a encontrarme sola.

No tengo a nadie, porque nadie confía en mí. Yo terminé siendo la paria. La única razón por la que aún me dirigen la palabra en la oficina es porque puedo cumplir con mi trabajo. Y no puedo culparlos, porque en verdad soy una horrible, horrible persona."

Su emotiva revelación se pausó cuando la mesera trajo nuestra comida. Al retirarse, Saukki seguía cubriendo su rostro con sus manos. Continuó.

– "Me gusta el periodismo, aún lo adoro. Ya sea un gran acontecimiento o una simple entrevista, me encanta estar ahí y enterarme de lo que sucede. Por eso dejé de escribir, porque la pluma en mis manos es un arma demasiado peligrosa. Ahora, prefiero que las cámaras sean quienes muestren la verdad, que la presenten tal como es. Es mi forma de redimirme por tantas mentiras.

Pero nunca recuperaré todo lo que perdí. Es demasiado tarde para reparar el daño. Quiero… quiero irme de ahí, volver a empezar. Tal vez obtener un puesto pequeño en otra cadena y comenzar desde abajo, intentar de hacer lo correcto. Diablos, en realidad, únicamente quiero huir del pasado."

Hubo otro momento de silencio. Puedo comprender lo que la joven siente.

– "Perdón por mi comportamiento anterior." – Se disculpó Nukka, limpiando sus lágrimas. – "Solamente deseaba una buena primicia con un par de heroínas populares antes de renunciar. Eran una excelente oportunidad para retirarme con algo de dignidad."

– "¿Por qué lo dices?" – Le preguntó Cetania.

– "Son grandiosas amigas, eso es más que evidente. Puedo ver auténtico amor. Me recordaron a mí y a Nitori cuando empezamos; Apoyándonos y declarando que siempre estaríamos juntas. Es tonto, lo sé, pero deseaba verme reflejada en ustedes. Soy una idiota."

– "¿Has pensado en hacer las paces con tu antigua colega?" – Le cuestioné. – "¿Al menos sabes dónde está?"

– "Ni idea." – Replicó la pequeña. – "Y aunque lo supiera, dudo que ella quiera hablarme. Demolí ese puente hace mucho."

– "Nunca es tarde para reconstruirlo, Saukki. Algo bueno del corazón, es que da segundas oportunidades."

– "Me gustaría creerte, araña, en verdad que sí." – Disintió con la cabeza. – "Pero, hey, fue una interesante entrevista, ¿no lo creen?"

– "Admiro como demonios nos sacaste todo el jugo, enana." – Le dijo la rapaz. – "Y eso que nos llamaste cosa del pasado."

– "He ahí el secreto, plumitas." – Guiñó el ojo y alzó el dedo. – "Al calificarlas de irrelevantes, subconscientemente les creé un deseo para tratar desmentirme y accedieron a contestar mi interrogatorio sin darse cuenta. Ingenioso, ¿no lo creen?"

– "Te gusta jugar sucio, nutria." – Me reí. – "Pero te agradecería el no volver a usar tus juegos mentales con nosotras."

– "Ja, si creen que yo soy ladina, no conocen a Lehia; Esa demonio les saca los trapitos al sol hasta a un mudo." – Comenzó a comer sus camarones. – "En todo caso, disculpen si fui demasiado lejos en algunos casos. No controlo lo que la gente nos solicita y yo sólo cumplo con mi trabajo. Me caen bien después de todo."

Aunque, por suerte, la parte más controversial no salió al aire. Ya tuve suficiente de la fama y no quiero terminar en la morgue por una Lala celosa.

– "Y dime, Saukki." – Habló la castaña, cortando un poco de carne. – "¿Has conocido a gente interesante en este empleo?"

– "Si te contara, arpía." – Bebió su gaseosa. – "Había un tipo con pinta de científico loco, totalmente ebrio y hablando de una máquina para transformarse o algo así. Completamente chiflado. Y también un hombre muy amable, creo que era canadiense. Diablos, se puso a contarme la historia de su vida y casi me vuelvo loca oyéndolo hablar sobre hockey. Me dieron ganas de arrojarme por la ventana para no seguir escuchándolo. Aunque era buena persona."

La finlandesa siguió riendo para sí, ya habiendo recuperado su humor habitual.

– "Pero confieso que es agradable salir de esa prisión de vidrio y metal a la que llamo oficina." – Probó el arroz. – "Pronto tendré suficiente para mudarme de aquí y relajarme en algún pueblito tranquilo. Esta ciudad será interesante, pero te desgasta después de un tiempo."

– "¿Qué hay de tu casero?" – Pregunté.

– "Satoshi es agradable y todo, pero no es realmente mi amigo, ¿entienden?; Solamente es mi hospedador y nada más. A veces olvido como diablos se apellida." – Volvió a reír. – "Conozco más de ustedes que de mi propio casero. Soy terrible, ¿no creen?"

– "Serás una enanita temperamental y cansina, pero no eres tan diabólica, Nukka." – Opinó la falconiforme. – "Eso sí, lo mal hablada definitivamente es un problema."

– "Así hablamos en Finlandia, yanqui." – Le sacó la lengua. – "Que el resto del mundo sea tan puritano no es culpa mía."

– "Sólo eres una nutria demasiado vulgar." – Le dije al tiempo que finalizaba mi alimento. – "Al menos esto estuvo delicioso."

– "Les dije que la gran Saukki conoce Tokio como la palma de su mano." – Infló el pecho jactanciosamente. – "Y ahora que finalmente podemos hablar como personas normales, ¿puedo preguntar a donde si dirigen?"

La americana se levantó de su asiento y se acercó a la rubia con una gigantesca sonrisa.

– "Sólo a ver a la mejor banda del mundo, chiquilla." – Proclamó Cetania. – "¡Iron Motherfuckin' Maiden!"

– "¡Odín eterno! ¡¿Ustedes también?!" – Se sorprendió la mustélida incorporándose. – "¡Hijas de puta! ¡No creí que tuvieran tan buenos gustos! ¡¿Qué tal si vamos juntas?!"

Ay, no…

– "¡Claro que sí! ¡Vamos a gritar hasta que nuestra úvula explote!" – Afirmó la rapaz.

– "¡¿Ya compraron sus entradas?!"

– "¡Desde ayer! ¡VIP, los mejores lugares!"

– "¡Argh, maldita sea! ¡Cómo las envidio! ¡Yo sólo conseguí pase general!"

– "¡No importa! ¡Gritaremos más fuerte para poder oírnos!"

– "¡Excelente idea, plumitas! ¡Up the Irons!"

– "¡Up the Irons! ¡AAAHHH!"

– "¡AAAHHH!"

¡Ay, mamá araña! ¡Mis pobres, pobres oídos no resistirán esto! ¡¿Es esto real o es alguna clase de infierno?!

Finalizada la comida, las ahora convertidas en amigas del alma conversaban sobre el grupo musical en cuestión. Me alegro que la castaña hallara a alguien con quien comparta sus mismos gustos, pero la idea de tener ahora a dos megáfonos vivientes me mantiene intranquila. Ugh, de todas las reporteras en el mundo y a mí me toca una fan del heavy metal.

– "¿Y cómo conociste a los Irons, pajarucha?" – Curioseó la mamífero.

– "Bien, cuando era pequeña, volando cerca del lago Saint Mary, Montana, un objeto brillante en el suelo llamó mi atención." – Relató la falconiforme. – "Asegurándome que no hubiera nadie, bajé hasta la orilla del río. Ahí, el resplandor del misterioso artefacto reveló ser una pequeña caja plástica cuadrada. Poseía un largo cable que bifurcaba en dos puntas con pequeñas bocinas en ellas. Dicho en palabras simples, un reproductor de cintas portátil con audífonos. Un cassette con las siglas I.M. residía en su interior.

No era ajena a los artilugios que los humanos solían olvidar cuando abandonaban el lugar, así que limpié el aparato, coloqué los audífonos en mis orejas y oprimí el botón de arranque. El estruendo casi me deja sorda y ajusté el volumen a nivel satisfactorio. Confieso que al principio, me pareció sólo ruido y chillidos sin sentido y no música. La música, como la conocía yo, eran los cantos tribales de mi clan.

Aún así, llevé el dispositivo a casa, donde lo examiné más a fondo. El reproductor era rojo con diseños negros. En su costado, podía leerse 'LKMAN', cosa que luego supe que significaba 'Walkman'. La cinta en su interior estaba algo gastada y el plástico transparente se había tornado opaco. En todo caso, volví a reproducirla y por varios minutos, dejé que el sonido de guitarras eléctricas y agudos cánticos me desconectaran del mundo exterior.

Quizás para mi joven persona la temática pareciera tener poco sentido, pero el ritmo era simplemente adictivo. Me encantaban los agudos estribillos del vocalista haciendo juego con el punzante rugir de las guitarras, todo trabajando en conjunto con las cuerdas del bajo y la intensa batería. Incluso con la baja calidad de la grabación, no podía dejar de escucharlos. Me pasaba horas oyendo las mismas dieciséis canciones una y otra vez, memorizando las letras en mi cabeza. Era, en cierto modo, mi manera de lidiar con los problemas. La música no me gritaba que fuera una mejor cazadora, no me insultaba por fallar una maniobra de vuelo, no me reprendía al perder mi presa.

No me odiaba por ser lesbiana.

Siempre que tenía un mal día, podía recurrir a mi fiel tesoro y olvidarme de las dificultades que me agobiaban día a día. Era feliz, en ese pequeño mundo acústico encerrado en su plástico contenedor. Me sentía tan atrapada en mi hogar, a pesar de poder volar. Y sólo con esas ruidosas melodías, podía verme libre, extender las alas de mi imaginación y viajar hacia donde quisiera. Eran mi consuelo, mi apoyo personal. Un objeto inanimado de plástico y metal era más reconfortante que cualquiera de mis conocidos.

Y nunca me hizo sentir sola."

Para ese momento, nos habíamos detenido en medio de la acera, sin decir nada. Los transeúntes seguían su camino, casi indiferentes a las tres liminales a su lado. Cetania ahogó un par de sollozos y prosiguió la marcha y el diálogo.

– "Conservé mi preciada cajita atesorada cuando emigré a este país, escuchando religiosamente sus conocidas tonadas. Para cuando cumplí quince, la humedad de Hachijo-jima terminó por deteriorar el material y este pasó a mejor vida. Por suerte, el advenimiento de la era digital evitó que la ausencia de tales melodías fuera prolongada. Cuando obtuve mi primer teléfono portátil, lo primero que hice fue llenarlo con la discografía entera del grupo. No lo logré por completo, pero al menos esas dieciséis nostálgicas melodías volvieron a acompañarme. No deseo que me abandonen nunca más."

El emotivo relato de la castaña parecería inusual por el enorme afecto que le guardaba a un simple reproductor portátil. Sin embargo, el valor del aparato provenía de lo que representaba para la arpía, no de lo que era. En silencio, la rodeé con mi brazo y la acerqué a mí, provocándole sonreír. Acaricié su cabello con suavidad y le di un tierno beso en la mejilla. Su ánimo lentamente regresaba a la normalidad.

– "Te entiendo a la perfección, plumitas." – Mencionó Nukka. – "Esta cámara fotográfica habrá librado muchas batallas y necesita una jubilación inmediata, pero es el único recuerdo que tengo de Nitori y no podría abandonarla aunque quisiera. La aprecio tanto como mi vida."

– "Tal vez no sea tan significativa, pero yo también tengo una gorra que es lo que me liga a mi hogar. Buenos recuerdos cuando aún era una niña." – Fue mi turno de participar. – "Tenemos mucho en común a pesar de provenir de lugares tan drásticamente alejados. Qué pequeño es el mundo, ¿cierto?"

– "Concuerdo completamente, Aria." – Replicó la rapaz. – "Ahora, deberíamos buscar un lugar donde pasar la noche y descansar, los pies me están matando."

– "Ah, conozco un buen hotel que está a distancia aceptable del Makuhari Messe." – Declaró la finesa. – "Apresurémonos o todos estarán llenos más tarde. Tomemos un taxi."

Hallamos un lugar aceptable donde reposar, con acceso a liminales. Saukki pidió una habitación particular, alegando que no deseaba interrumpirnos. Le aclaré que la americana y yo no éramos pareja, pero ella sólo se rió ante ello. Bleh, esta nutria nunca cambia. Decidimos no salir a dar otro paseo, queríamos recargar energía para la gran noche y simplemente gastar lo menos posible. Al menos nos dimos el lujo de solicitar servicio a la habitación. Quise hablar a casa y saludar a Lala, pero el teléfono de la residencia parecía no estar funcionando. Debería comprarle un celular a la dullahan, para estar en contacto en cualquier momento. Pero ya tendré tiempo para eso cuando vuelva, ahora a disfrutar la calma antes de la tormenta.

– "¿Aria?" – Me habló mi compañera.

– "Dime, Cetania."

– "Cetania…"

– "Muy graciosa, pajarraca. ¿Qué sucede?"

– "Gracias de nuevo por invitarme. No merezco una amiga como tú."

– "Bueno, los boletos me salieron gratis, así que no hubo mucho problema."

– "¿Mataste a alguien para conseguirlos?"

– "Sí, pero disolví el cadáver con ácido. La policía nunca encontrará la evidencia."

– "¿Has intentado instalar un incinerador en el sótano? No dejan rastro y te mantienen calientita en invierno."

– "No puedo bromear con hornos, halcón insensible." – Le di un golpecito en la cabeza. – "Pero hablando en serio, agradece a la bondadosa Meroune Lorelei."

– "Je, ¿la sedujiste, casanova?"

– "Nah, no me gusta el pescado." – Reí. – "Solamente deseaba disculparse por algunos errores, pero en el fondo, sé que lo hizo porque tiene buen corazón."

– "Debería llevarle algo como agradecimiento."

– "El saber que disfrutaste su obsequio será suficiente recompensa para ella, créeme."

– "Si tu lo dices, flaquita. Bien, voy a tomarme un baño. No quiero que Bruce Dickinson se desmaye con mi olor a pavo asoleado." – Entonces hizo mueca sugestiva. – "¿Quieres unírteme en la ducha, cazadora?"

– "Gracias por la oferta, pero únicamente traje esta muda."

– "La ropa no importa."

– "Prefiero estar sucia, pervertida."

– "Yo también, querida." – Guiñó el ojo. – "El sudor me da mejor sabor."

– "Dije que no."

– "Tú te lo pierdes." – Encogió sus hombros.

Con esas palabras, ella se deshizo de su camiseta (con increíble facilidad) y la arrojó a mi cara. Me la quité de encima y logré captar su espalda y sensual caminar mientras removía su pantalón. Apenas su lindo trasero comenzó a hacerse visible, cerró la puerta con la cadera. Yo estaba inmóvil, decidiéndome entre aceptar su extremadamente tentadora oferta y abofetearme hasta perder la consciencia. Afrodita divina, que si no fuera por mi férrea voluntad y la promesa que le hice a Lala, ya estaría sobre las plumas de la arpía en este instante. Pero era difícil; Con la chica a sólo una puerta de distancia y el hecho que la fuerte esencia de la falconiforme que emanaba de su ropa me impregnara la nariz, las cosas no ayudaban a despejar la mente. Opté por salir de ahí, antes que hiciera algo estúpido.

Ya tranquilizada después de varios minutos, regresé al cuarto para hallar a una muy hermosa arpía de presa vistiendo una negra camiseta corta con el nombre de la banda y un peculiar zombi sosteniendo una bandera británica, dejando su lindo ombligo al descubierto. Complementada por un excelente pantalón oscuro hecho de material parecido al látex y aún más ajustado que el anterior delineando ese escultural cuerpo, mi amiga lucía salvajemente atractiva.

– "¿Qué opinas, flaca?" – Preguntó ella, posando y extendiendo sus alas. – "¿Te gusta?"

– "Uhm… ¿Soy yo o tus pechos lucen más grandes?"

– "No estoy usando sostén."

– "¿Siempre fueron tamaño jumbo?"

– "Soy copa H como tú, Aria. Es sólo que necesito mantener a mis bebés bien guardadas o mi aerodinámica se vuelve menos eficiente. Entonces, ¿qué dices?"

– "Yo… Necesito un tiempo a solas en el tocador. Si me disculpas, por favor."

– "¿Eh?"

Rápidamente me encerré en el baño y me arrojé agua en la cara a máxima potencia con la regadera flexible. Al diablo la ropa, necesito un remojón enseguida. Poniendo seguro a la puerta, me desnudé y procedí a asearme. Hice el amor gloriosamente con la irlandesa anoche, pero aún así batallé fuertemente la urgencia de satisfacer mi deseo a solas. ¡Arachne mía! ¡Dame fuerzas para resistir la tentación de este demonio alado! ¡Y bájame la temperatura, que me derrito! Luego de gastarme un océano en agua, volví a vestirme. Me arreglé y me concentré en alejar los incontables pensamientos pecaminosos de mi cabeza.

– "Debí traer al menos otra camisa." – Le mencioné a la castaña saliendo del tocador. – "Esta ya huele feo."

– "Sin duda, olorosa. Puedo detectarte a kilómetros" – Bromeó ella. – "Pero la magnánima Cetania te ofrece la oportunidad de tu vida y está dispuesta a dejarte usar unas cuantas piezas de su ajuar como muestra de su infinita benignidad."

– "Y decías que Lala sonaba pretenciosa…"

– "Oh, cállate, flaca." – Torció la boca. – "Sólo ponte algo de mi ropa y deja de apestar el cuarto."

– "Eres una gran amiga, pajarraca grosera." – Respondí sarcásticamente. – "¿Tienes algo que me quede?"

– "Tenemos el mismo tamaño de copa y eres más delgada que yo, claro que te quedará. Eso sí, no tengo pantis para arachnes. Pero yo no llevo sujetador, así que estaríamos casi igual."

– "No voy a andar sin calzones, tonta." – Le dije mientras buscaba algo que ponerme. – "¿Únicamente trajiste playeras? Y para colmo, todas con ese mismo feo zombi."

– "¡Hey, no insultes a Eddie the Head, blasfema!" – Me arrojó una almohada. – "Y no te quejes. No querrás asistir con esa ropa tan militar. Anda, pruébate la que más te quede."

– "Ya qué…"

De todos los diseños, me decanté por una donde la mascota está disfrazada de la famosa parca, cargando una enorme guadaña. No necesito mencionar porqué elegí esa prenda en particular. Me queda algo chica, pero no está tan mal.

– "Sabía que tomarías esa, flacucha." – Mencionó moviendo la cabeza. – "No hay problema, esa camiseta es de las piratas."

– "¿Celosa?"

– "Nah. Además, esa dullahan nunca será tan genial como Eddie." – Sonrió burlonamente. – "Bueno, ya casi es hora. Cámbiate y apresurémonos."

– "Aún faltan como tres horas, pero te comprendo. Uhm, estos sostenes se ven algo pequeños."

– "Te repito, aplanar mi figura para volar mejor. Si quieres, opta por no usarlos y deja a tus gemelas brincar libres."

– "No gracias. Me lo pondré aunque me deje marcas." – Saqué mi lengua. – "Mientras me cambio, avisa a esa lépera nutria que nos vamos."

– "¡Lépera será la más vieja de tu casa, maldita salchicha alemana!" – Vociferó una molesta vocecita. – "¡Y para tu información, ya estoy lista, sucia machorra!"

Saukki estaba en la puerta (ignoro como evitó hacer ruido) con un atuendo consistente en camiseta verde y jeans cafés. Lucía menos infantil, aunque no le quitaba lo jocoso a su diminuta apariencia. Después de arroparme con las prendas prestadas y echarme algo de perfume que la pajarita amablemente me dio, las tres nos dirigimos hasta el centro de convenciones donde se daría el evento.

Admito que fue excelente idea el llegar temprano, la fila era kilométrica. Fue sumamente afortunado el comprar los boletos en línea, puesto que estaríamos aquí atrapadas en la cola por horas. Los reporteros pululaban también el lugar. Nukka aprovechó para tomar fotos a todo el mundo.

– "Nutrita, ¿Qué tal una para nosotras?" – Solicitó la rapaz, rodeando mi cadera con su ala.

– "Van a romper el lente, pero de acuerdo." – Bromeó la mustélida. – "Sonrían, tortolitas"

– "¡Que no somos pareja!" – Le reiteré.

– "Entre más lo niegues, mas te incriminas." – Rió la finesa. – "¡Aquí va!"

Luego de que el flash nos capturara en repetidas ocasiones, procedimos a entrar al interior del edificio. Entre guardar nuestras pertenencias y esperar a que los guardias terminaran las inspecciones de rutina, noté que el lugar estaba bien protegido. Seguridad en un concierto de esta magnitud era completamente normal, supuse, pero con los sucesos recientes, no me extrañé por el aumento de elementos policiacos en las cercanías. Algunos mostraban la señal de los cuernitos con los dedos, demostrando que también disfrutarían del show.

Nos dejaron pasar con relativa velocidad, gracias a la compra previa de los tickets y nuestro estatus como VIP. La reportera se despidió de nosotras y nos deseo suerte, tomando ruta hacia las gradas generales. Nuestro lugar se hallaba en una plataforma ligeramente elevada, casi en el centro y frente al escenario, ofreciendo una excelente vista. Contaba con suficiente espacio para albergar especies tan grandes como yo. Faltaba una hora para la atracción principal y la emoción de mi compañera la hacía temblar de entusiasmo. Yo sólo me preocupaba que mis tímpanos continuaran útiles después de este asalto sonoro que pronto se desataría.

Me entretuve observando al público que asistía. Toda una gama de géneros, edades y especies se conglomeraron el día de hoy. Sonreí por ello; Tanta diversidad unida bajo el mismo techo con el único fin de pasar un buen rato. La convivencia entre las especies debería ser siempre así, ignorando nuestras diferencias para vivir en paz. También noté la gran cantidad de demonios y ogros entre el multicolor mar de gente, muchos de ellos con banderas de países localizados en Sudamérica.

– "Hay una considerable cantidad de brasileños, ¿no crees, Cetania?"

– "Los brasileros son quizás los más fanáticos del grupo, arañita. Si crees que yo soy gritona, espera a escucharlos a ellos. Te aseguro que vas a divertirte, huehuehue."

– "Bueno, si yo estuviera en una banda de rock, me aseguraría que mis fans también fueran de ahí. ¿Ya viste a esas demonios con el cartel que dice Recife? ¿Cómo pueden existir criaturas tan brutalmente sexys caminando entre nosotras? ¡Mira ese trasero!"

– "Creo que ya tengo idea en donde querrás iniciar tu viaje por el mundo, flaquita calenturienta." – Se carcajeó mi amiga. – "Pero concuerdo contigo, esos cuerpazos están para darles bien sabroso."

Tuve que distraerme con otra cosa, como contar las veces que alguien gritaba '¡Up the Irons!' o corría riesgo de sufrir hipertermia sólo con mirar a esas bellezas con alas y cuernos. Juro que tengo que ir a Brasil uno de estos días, en verdad que sí. Si lograra combinar a Lala, Cetania y una diablita de esas, creo que yo sufriría de orgasmos perpetuos por toda la eternidad. ¡Ay, cálmate cerebro! ¡Aquí no es lugar para eso! Por suerte, el tiempo pasó rápido y pronto las luces del lugar se apagaron, indicando que la función empezaría.

– "¿No es raro que no hubieran tocado los famosos 'teloneros' primero, pajarita?"

– "Con lo rápido que se anunció el concierto, supongo no hubo tiempo para eso. Además, la gente vino por los dioses del metal, no a escuchar banditas de quinta que no le importan ni a su abuelita. ¡Santa diosa, ya mero empieza!"

– "Arachne nuestra, en tu tela encomiendo mi exoesqueleto…" – Musité preocupada.

Los encargados técnicos comenzaron a darle los últimos chequeos al equipo. El sonido de interferencia acústica en las bocinas y los gritos del público impaciente sólo me estresaban más. La arpía temblaba como gelatina con Parkinson, al igual que los demás que nos acompañaban en la plataforma. Dioses del Olimpo, que esta cosa no se caiga por tanto movimiento. Entonces, la luz tenue se tornó roja, los focos del escenario se ajustaron para iluminarnos y el rugido de los presentes se intensificó. Una dramática orquestal pieza musical resonó en los parlantes, animando a la gente. Pude distinguir las figuras de los músicos, tomando sus posiciones en la ligera oscuridad. La orquesta de las bocinas dio paso a una voz que yo conocía muy bien.

– "Cetania." – Llamé a mi amiga. – "¿Acaso esa es la voz de Winston Churchill?"

– "¡Sí! ¡Van a tocar Aces High! ¡Es sobre la batalla de Inglaterra!"

Bueno, al menos es un tema que me interesa. El video en las pantallas del escenario mostraba grabaciones históricas de diferentes aviones cazas en combate. Ese famoso discurso que el ministro británico dio después que Alemania demostrara tener la mira en las islas inglesas durante la guerra siempre me hacía pensar sobre mi abuelo. Me pregunto si el viejo Wolfgang alguna vez combatió en los cielos anglosajones, derribando Spitfires y Hurricanes; O quizás bombardeó el suelo londinense durante el Blitz. Quizás sea uno de los misterios que debería invest-¡¿SANTA ARACHNE, QUÉ ES ESO?!

Sin darme cuenta, el volumen súbitamente explotó de manera repentina y con una ensordecedora ovación de parte del público, las cacofónicas guitarras y la aplastante batería resonaron en todo el lugar, provocando aún más gritos y que mis orejas lloraran de dolor. Seis hombres, a pesar de lucir de más de cincuenta, corrieron enérgicamente hasta el frente, tocando sus instrumentos. El vocalista, con micrófono en mano y dando un vigoroso salto, cantaba con aguda voz la letra de su escandalosa tonada.

– "¡Scream for me, Tokyo!" – Ordenó el hombre al terminar la primera estrofa.

– "¡AAAAHHHH!" – Respondieron los presentes, especialmente Cetania, que de alguna manera logró aumentar la potencia de sus pulmones.

¡Mis oídos! ¡Mis pobres oídos! ¡¿En qué demonios pensaba en primer lugar al venir aquí?! ¡¿Qué hice para merecer esto?!

Rolling, turning, diving, going in again!

Mi cabeza continuaba zumbando mientras la rapaz a mi lado sacudía la cabeza como si estuviera poseída por algún espíritu con ataques epilépticos. El cantante brincaba por el stage más que una arachne saltarina hiperactiva, alentando a los oyentes a gritar tan fuerte como pudieran. ¡No, no hagan eso! ¡¿Por qué no viene su mamá a decirle que le bajen?! ¡Esto es peor que la guerra!

– "¡Aria! ¡Aria!" – Me sacudió violentamente la castaña. – "¡Bruce Dickinson me apuntó con su dedo! ¡Me apuntó a mí, Aria! ¡AAAHHH!"

Run! Live to fly! Fly to live! Do or die!

¡Y yo te apuntaré con un rifle si continúas arrojando tan infernales chillidos, emplumada desquiciada! ¡¿Por qué no compré un par de tapones para mis oídos?! ¡Cubrirme con las manos no sirve de nada! ¡Tengan piedad!

– "¡AAAHHH!" – Exclamé.

– "¡Eso es, araña! ¡Ese es el espíritu!" – Dijo la alocada americana. – "¡Fly to live! ¡Aces high!"

¡Qué espíritu ni que ocho cuartos! ¡Grito por lo abrumador de esto! ¡¿Y cómo es que puedes sacudirte tanto sin desarmarte?!

Luego de varios tortuosos minutos, la monstruosa melodía finalizó, ofreciendo escasos pero preciados segundos para recuperar la cordura. ¡Por Ares, y es sólo la primera!

– "¡Cetania!" – Vociferé debido a que no podía oír claramente. – "¡¿Cuánto durará todo esto?!"

– "¡Lo ignoro, pero generalmente sus conciertos son de dos horas!"

¡Ay, mamá araña! ¡¿Dos horas?! ¡¿Quién está tan loco para soportar tal martirio?! Bueno, obvio que alguien como la emplumada; ¡Pero yo no! ¡Que me maten los terroristas de una vez! ¡Quiero irme a casa!

– "¡Scream for me, Tokyo!" – Volvió a ordenar el vocalista.

¡Nein, nein, nein! ¡Detente, británico demente! ¡Por eso les declaramos la guerra! ¡Argh, voy a acabar en un manicomio! Terminaré en la peor institución mental, metida en una camisa de fuerza y espetando sinsentidos en algún idioma inexistente. Correré desnuda por las calles con el pelo alborotado y arrojando injurias contra cualquier que se cruce en mi camino sin ruta fija. Me aventaré de un quinto piso vestida de marciana en un tutú rosado hecho de chifón aterciopelado.

¡Ay, ya sucedió! ¡Perdí completamente la razón!

– "¡Aria!" – La falconiforme me trajo a la realidad de nuevo con un poderoso abrazo.

– "¡¿Eh?! ¡¿Sigo viva?! ¿Q-que pasó?"

– "¡Es grandioso, arañita, fantástico! ¡Gracias por traerme, Aria!" – Declaró dando saltos. – "¡Muchas gracias!"

No pude evitar sonreír. Es verdad; Lo que importa es la felicidad de ella, sin importar el sacrificio que mis tímpanos deban hacer. Con ese honesto despliegue de agradecimiento, mi voluntad se renovó. Al diablo si acabo con tinnutus de por vida, estoy aquí por Cetania y me enfrentaré al asedio auditivo como la soldado que soy. ¡Vamos, ingleses! ¡Denme con todo lo que tienen!

– "¡Tokyo! ¡Get ready for the final hour!" – Manifestó el tipo llamado Bruce. – "¡Two minutes… TO MIDNIGHT!"

– "¡AAAHHH!"

¡No, no lo decía literalmente! ¡Me disculpo en nombre de Alemania por querer invadirlos, pero ya no sigan! ¡Argh, mi cerebro va a reventar con tanto ruido!

The killer's breed or the Demon's seed; The glamour, the fortune, the pain…

Resignándome a mi fortuna, soporté las enormes ganas de salir corriendo y me dispuse a disfrutar del espectáculo. O eso traté. En realidad, nunca fui muy fan del heavy metal, o de cualquier clase de música para empezar. Escuchaba las grabaciones operísticas de mi abuela cuando ella las ponía en su antiquísimo tocadiscos, que renuentemente reemplazó por un lector de discos compactos cuando sus vinilos se desgastaron. Pero difícilmente tomé gustos melódicos, yo estaba más concentrada en otras cosas.

Sin embargo, admito que a pesar de lo bulliciosos que eran estos tipos, sabían tocar con maestría sus instrumentos. No soy experta en guitarras, pero los dedos de los cuatro sujetos encargados de las cuerdas, eran impresionantemente veloces. No sólo eso, también podían lograr tan complejas hazañas mientras se desplazaban de un lado a otro en el plató. Una pensaría que realizaban el infame playback, pero ellos eran genuinos, estaba segura. Y la energía del vocalista parecía no tener fin.

Two minutes to midnight, the hands that threaten doom…

Me di tiempo para estudiar las líricas de la canción. Dos minutos para la medianoche. Hmm, si no me equivoco, ésta en particular trata sobre el metafórico Reloj del Juicio Final durante los momentos más tensos de la Guerra Fría, cuando las superpotencias mundiales estuvieron a punto de desencadenar un tercer conflicto global. Según el reloj simbólico, la medianoche simbolizaba la destrucción total internacional y estuvimos a escasos dos minutos de alcanzarla.

Debo ser la única persona aquí analizando el significado de la música en lugar de moverme al ritmo de esta.

Give me the sense to wonder, to wonder if I'm free…

En todo caso, lo importante era ver a la pajarita disfrutar como nunca. Cetania estaba atrapada en un trance musical completo, perdida en ese mundo sonoro que tanto le ayudó durante su tumultuosa juventud. Ella estaba feliz y eso era suficiente para mí. Su alegría es la mía y el corazón me palpita dichoso al verla tan radiante. Era simplemente un maravilloso sentimiento.

Can I play with madness?

Las guitarras continúan tocando, las baquetas impactan con fuerza los tambores de la batería y el líder del grupo tiene a la audiencia en la palma de su mano. Es una locura de luces, gritos y estrambóticas tonadas, pero todos están dándose el tiempo de sus vidas. No hay problemas, no hay preocupaciones más allá de seguir el ritmo incansable. Ahora puedo comprender a mi compañera, es fácil liberarse de las presiones de esta manera.

Tell me why I had to be a Powerslave…

El público seguía esclavo de la música, coreando impetuosamente las letras y saltando con energía. Me permití apreciar la melodía, descubriendo que, de hecho, no estaba mal. Incluso con todo el barullo del rebelde género, me encontré moviendo la cabeza al ritmo de esta. Es mejor que mantenerse inerte como un cadáver cuando el mundo a tu alrededor se mueve sin parar. Lentamente, me hacía parte de este variado conglomerado de extraños reunidos bajo el mismo techo.

– "¡Holy shit, Aria! ¡Esa es Flight of the Icarus!" – Exclamó la rapaz. – "¡La primera que escuché de ellos! ¡Mi favorita!"

As the sun breaks, above the ground, an old man stands on the hill…

Los ánimos de la americana se hallaban por las nubes. Yo sólo podía observarla con detenimiento, lo cual era simplemente grandioso. Acepto que si bien ese hermosísimo y curvilíneo cuerpo agitándose, con sus agraciados pechos rebotando con total libertad eran sumamente hipnotizantes, era en realidad otra cosa lo que evitaba que despegara mis ojos de su persona.

His eyes are ablaze, see the madman in his gaze…

Lala me preguntó qué era lo que me atraía de la rapaz y yo no supe que contestar en ese entonces. Realmente no lo sabía. Por momentos pensé que la segadora tendría razón y mi aparente enamoramiento hacia la castaña era sólo un simple capricho de mi avaro corazón. Pero ahora me doy cuenta que la explicación siempre estuvo frente a mí, la justificación de mis sentimientos que guardaba por esta mujer alada. Ya entiendo que me hizo amarla en primer lugar.

Pasión.

Fly on your way, like an eagle, fly as high as the sun…

Esa pasión que ahora demuestra la orgullosa arpía, la que siempre irradiaba en sus majestuosas plumas. Aquella impetuosa vehemencia con la que interpreta la lírica con el entusiasmo de un dramaturgo profesional, como gesticula de la misma manera que un actor veterano cada palabra, cómo sus ojos se encienden con un arrebato de convicción. Está más viva que nunca.

His eyes seems so glazed, as he flies on the wings of a dream…

Idílico. Simplemente no puedo sacarme de la mente tanta energía concentrada en una persona, tanta… libertad. Ella ahora se ha convertido en el concepto mismo de liberación. No hay cadenas de la vida cotidiana que la apresen a este mundo, los contratiempos que la afligían son sólo un recuerdo del pasado, puesto que esta imbatible ave surca soberanamente el cielo sin restricciones. La libertad que siempre anhelé se manifiesta físicamente en Cetania de manera natural.

Absolutamente glorioso.

La rodeé con mis brazos desde atrás y la atraje hacia mi persona. La chica no objetó y se dejó descansar en mi pecho al tiempo que cantaba el resto de la canción. Amo a Lala, de eso nunca habrá duda. Y al mismo tiempo, amo a esta fantástica falconiforme que tuve la dicha de conocer. No podría estar más feliz de que el destino hubiera cruzado nuestros caminos. Mientras yo disfrutaba del calor que mi amiga proveía, la siguiente melodía capturó por completo mi atención.

– "¡Cetania! ¡Conozco esta canción!"

– "¿Eh? ¡¿En serio conoces The Trooper?! ¡¿Dónde la oíste?"

– "¡La banda escolar de mi colegio! ¡Solían tocarla con instrumentos clásicos! ¡No sabía que era de Iron Maiden!"

– "¡Eso sí que es sorpresivo, araña! ¡¿Te sabes la letra?!"

– "¡Claro, era de mis preferidas! ¡Vamos a cantarla juntas!"

– "¡Excelente, Aria! ¡Aquí viene! ¡Yo empiezo!"

– "¡Jawohl!"

La minúscula pausa en la percusión del baterista marcó el inicio.

– "¡You'll take my life but i'll take yours too!" – Exclamó la rapaz.

– "¡You'll fire your musket but I'll run you through!" – Proseguí.

– "¡So when you're waiting for the next attack!"

– "You'd better stand there's no turning back!"

Fue en ese instante en el que dejamos de ser dos personas en un concierto y nos transformamos en una sola alma expresándose en la infinidad del tiempo. Éramos una división de caballería cargando uniformemente a la batalla, con nuestros sables al frente y la bandera ondeando al viento. Nos fusionamos en la misma voz, cantando con el corazón mientras las estruendosas notas se escapaban a toda velocidad de las cuerdas de esas enérgicas guitarras y una poderosa batería.

We hurdle bodies that lay on the ground, and the Russians fire another round…

Por un pequeño momento en la existencia, Cetania y yo compartimos exactamente el mismo y extremadamente magnifico sentimiento de unidad. Nuestros corazones nunca habían estado tan cerca, latiendo en sincronía y aliándose en un salvaje baile, tan indomable como el galopar de mil caballos de guerra. Con la euforia y adrenalina en mi cabeza, aproveché el virtuoso solo de guitarra para tomar a la arpía en mis manos y plantar un profundo beso en sus carnosos labios. Ella se sorprendió un poco, pero sonrió y regresó recíprocamente el gesto. Las pintorescas luces se hallaban sobre el escenario, pero nada podría igualar el intenso brillo que el amor de dos mujeres sobre aquella plataforma irradiaba.

Run to the hills, run for your lives…

Dejé de meditar innecesariamente sobre lo alienada que me sentía en este ambiente y disfruté el espectáculo. Me relajé y deleité junto a mi dama en una agitada noche de rock n' roll con estos locos británicos. Creo que incluso ya se están volviendo mis favoritos. Tendré que pedirle a la halconcita que me preste su repertorio. Y por Hefesto, ¿qué estos tipos no se cansan nunca? ¡Con razón nos vencieron en El Alamein!

Six, six, six, the number of the Beast! Hell and fire was spawned to be released!

Bueno, la castaña tenía razón; Los brasileños son mucho más briosos que nosotras, especialmente los demonios, cuya letra de esta particular melodía fue voceada con ahínco de su parte. Incluso algunos se dieron la libertad de hacer piruetas en el aire, siendo acompañado de otros liminales voladores. La americana prefirió con mantenerse a mi lado, gozando del show en su totalidad.

Fear of the dark, fear of the dark, I have a constant fear that something's always near…

El tiempo pasó y yo me unía a los coros, sin importarme si me equivocaba de vez en cuando. La emplumada se emocionó como niña pequeña cuando la mascota del grupo, esta vez interpretada por un verdadero zombi, apareció en escena. Necesitaba esto, necesitaba sentirme así de libre, despreocuparme por cometer errores y simplemente regocijarme con una buena chica a mi lado.

Gozar la vida.

Hallowed be thy name…

Con esas palabras finales, la banda cerró la función, recibiendo infinidad de ovaciones y aplausos de nuestra parte. Lo confieso, son jodidamente geniales. Mientras el baterista entregaba sus baquetas al público, yo me di un tiempo para comprobar si el zumbido en mis oídos aún continuaba. Sí, todavía estaba allí. Bueno, al menos sobreviví a mi primer concierto de rock. No estaría mal repetir la experiencia, pero preferiría hacerlo viendo una grabación en la comodidad de mi casita; Dejaría menos campaneos. Ya acabado el show y reuniéndonos con una extasiada Saukki, tomamos un transporte al hotel. Las tres nos hallábamos exhaustas.

– "Buenas noches, enamoradas." – Se despidió la nutria camino a su habitación. – "Las vi besuquearse en la plataforma, no lo nieguen."

– "¿No es hora que te vayas a dormir, enana?" – Le dije a la mustélida. – "Ya faltan casi dos minutos para la medianoche…"

– "No puedo dormir… Le tengo miedo a la oscuridad."

– "¡Corran a las colinas, que ustedes dos ya empezaron con sus pésimos chistes!" – Se unió la falconiforme, riendo. – "Hablando en serio, que descanses, Saukki. Y gracias por todo."

– "Gracias a ustedes por soportarme."

– "Nosotras nos iremos mañana temprano, ¿Qué harás tú?" – Le pregunté.

– "Yo me voy a la casa de Satoshi, sólo vine a recoger mis cosas."

– "Siempre me pregunté por qué no nos ofreciste hospedarnos ahí."

– "Porque queda hasta casi el otro extremo de la ciudad. No se preocupen, no se perdieron de nada. Como sea, ya me harté de ver sus feas caras. Cuídense, tortolitas."

– "Igual tú, rata de agua."

Con esa despedida, la arpía y yo entramos a nuestro cuarto. Sólo quiero descansar, mañana me daré otro baño.

– "Uhm… ¿Aria?"

– "¿Qué pasa, Cetania?"

– "Primero, quiero agradecerte de nuevo por esta fantástica experiencia. Créeme, nunca podré olvidar lo que has hecho por mí."

– "Sabes que es un placer, pajarita." – La rodeé de frente con mis brazos. – "Lo que sea por ti."

Intenté besarla, pero ella me lo impidió colocando su ala en mi boca.

– "Y segundo, deseo pedirte que ya no continuaré con esto. Ya no… trataré de seducirte."

– "¿De qué hablas, mujer?" – Le cuestioné extrañada.

La rapaz suspiró y se dio la vuelta, observando la luna asomarse por la ventana.

– "Aria…" – Comenzó a hablar. – "Desde que te conocí, supe que había hallado en ti a una maravillosa persona. Alguien que podría entenderme perfectamente aunque conociera poco sobre mí. En nuestra conversación inicial, me sacaste la primera sonrisa en mucho tiempo, sin esfuerzo. El corazón me dio un salto de repente y nunca dejé de pensar en ti.

Cuando confesaste ser lesbiana, mi interior se llenó de esperanza, porque significaba que había oportunidad. Y cuando pasamos ese fantástico tiempo juntas en la ciudad, no me quedó duda que tú eras esa mujer especial en mi vida. Me enamoré perdidamente de ti, Aria Jaëgersturm.

Siempre he estado sola. Mi familia adoptiva no era la mejor y jamás me sentía gusto con ellos. ¿Recuerdas que mencioné pasar por Sparassus en nuestro primer encuentro? Yo emigré de Montana a Hawaii y finalmente a Hachijo-jima, a cientos de kilómetros de tu hogar. En realidad, crucé por ahí porque intenté escapar y alejarme de todo, pero al final me dio miedo y me resigné a regresar. Lo hubiera intentado de nuevo hasta que hallé mi verdadera razón para quedarme en este país. Hablo de ti, araña.

Pero tú… Tú ya habías reservado tus sentimientos para alguien más. Sabía que deseabas a esa dullahan y aunque pude suprimir con éxito mi deseo de eliminar a mi competencia, no evité sentir celos de esta. Odié a Lala por mucho tiempo, espetaba su nombre y sólo le deseaba mal. Pero al mismo tiempo, nunca me atreví a hacerle daño, porque eso significaría herirte también a ti y eso jamás me lo perdonaría a mí misma. Entonces, traté de ganarme tu afecto con coqueteos más evidentes, a marcar territorio y simplemente demostrarte que estaba dispuesta a todo contigo. Fue una táctica muy directa y hasta vulgar, pero yo sólo quería que me amaras de vuelta.

Sin embargo, la dullahan había ganado demasiado terreno y sabía que sería cuestión de tiempo hasta que alguien decidiera dar el siguiente paso. Y con nuestro despliegue sentimental en el parque, no pude contenerme más y me arrojé hacia ti de la manera más clara posible, tomando tu primer beso. De nuevo, la infinita felicidad me llenó el alma y por un efímero momento, me convertí en el ser más dichoso del mundo. Creí que había triunfado, que eso aseguraría mi victoria.

Y tú dijiste que no.

Lloré ese día, no sólo por el maldito ataque y la amenaza de ser deportada, sino también porque supe que actué demasiado tarde. A la mañana siguiente, el aroma de la apasionada noche que compartiste con Lala me confirmó que ella te había reclamado por completo. Mi corazón recibió un doloroso golpe y sangró tanto que casi lo sentí detenerse.

Pero no me rendí.

Incluso con la enorme ventaja con la que esa irlandesa contaba, proseguí en mi plan de volverte mía. Y tú correspondiste. Confesaste amarme y eso me motivó aún más en continuar mi osadía hasta convertirme en tu pareja. Y a pesar de que eso te causaba problemas, tu continuaste tratándome de sobremanera. Es decir, mírame ahora, hospedándome en un hotel tokiota después de disfrutar de mi grupo musical favorito en vivo. Jamás creí que tal cosa sucediera en mi vida.

Y todo fue gracias a ti, Aria. Nunca habría gozado de todo esto si tu no hubieras llegado a mi vida."

Ella me abrazó con fuerza y se rindió al llanto.

– "Ahí reside el problema principal, Aria. Dime, ¿Qué he hecho para merecer todo esto? ¿Qué me hace digna de recibir tan milagroso trato de tu parte? ¿Qué meritos he reunido para que me ames de esta manera?

Soy egoísta, increíblemente egoísta. Le perteneces a esa dullahan y yo solamente te deseo para mí, sin importar que ella seguramente debió esforzarse más que yo para ello. Intento destruir esa preciosa relación que poseen, como una usurpadora de la historia más trillada. Y todo para apoderarme avaramente de tu corazón.

No soy digna de ti, Jaëgersturm. Quizás nunca lo fui. Eres un verdadero ángel para seguir dirigiéndome la palabra aunque yo sea una intrusa en tu vida. No te merezco."

Yo también lloré. Escucharla decir eso me partía el alma.

– "No voy a rendirme contigo, Aria, jamás." – Aclaró. – "Pero me haré acreedora a ese sentimiento de manera honesta."

– "¿A qué te refieres, Cetania?"

– "Voy a entrar a MON." – Declaró con firmeza. – "Y voy a demostrarte de que estoy hecha. Te enseñaré de lo que soy capaz. Derramaré sudor para lograrlo y sangre para reiterarlo. Lala es el actual amor en tu vida, lo acepto y le aplaudo el triunfo. Puedes decirle que cesaré mis infantiles juegos de seducción, ya no debe preocuparse por eso.

Pero ni siquiera una inmortal es eterna y al final, te darás cuenta que yo soy la mejor opción para ti. Eres extraordinaria, Aria, y te amo; Por ello debo asegurarme de ser suficientemente digna de convertirme en tu esposa."

– "¿Quieres decir…?"

– "No más besos ilícitos, no más jugueteos tontos, no más vulgares artimañas. Eso es cosa del pasado. Toda muestra de afecto, deberé ganármela honradamente, como debe de ser."

– "¿Por qué has decidido tal cosa?"

– "Lo que dijo esa nutria, se sintió de alguna manera muy personal. Yo estaba arruinando tu honesto romance con mi ambición. No me importaban tus sentimientos compartidos con la dullahan, solamente mis egocéntricos deseos. No deseo volverme quien te arruine la vida de manera tan mezquina."

– "Cetania… No es necesario que hagas todo esto… yo…"

– "Detente, Aria, por favor. He tomado mi decisión y quiero una segunda oportunidad. El camino que estaba siguiendo, no era el correcto."

– "Yo te sigo amando."

– "Lo sé, pero no puedo aceptar ese magnífico regalo ahora. No hasta que me haga meritoria a él."

No dijimos más, simplemente continuamos unidas, dejando que las lágrimas rodaran por nuestras mejillas.

– "¿Puedo… solicitar un último capricho?" – Preguntó la castaña.

– "Claro."

– "¿Podrías… dormir conmigo esta noche? Únicamente reposar juntas y nada más. Quiero sentir tu cuerpo calentarme al descansar."

– "¿Estás segura? Mi quitina es incómoda."

– "Debo acostumbrarme cuando finalmente vivamos juntas, ¿no lo crees?"

– "Bueno, si estás de acuerdo… Está bien."

– "Gracias Aria. Prometo trabajar duro por ti."

– "Y yo estaré esperando ansiosa por recompensarte."

– "¿Me darías un pequeño beso antes de acostarme?"

– "Me siento magnánima."

Besándola con ternura, me acosté junto con la arpía. Me coloqué de lado, cubriendo completamente la cama con mi tamaño, obligando a la americana a reposar sobre mis piernas izquierdas. Como le mencioné, mi cuerpo no era muy confortable, pero a ella no le importó. La abracé y me llené de júbilo al sentir su respiración en mi cuerpo.

– "¿No te molesta que no me haya duchado?" – Cuestioné.

– "Me gusta tu olor, flaquita. Me hace sentir segura."

– "Si tu lo dices. Gute Nacht, Süsse."

– "Good night, Blondie, sleep well."

Sonriendo, ambas cerramos los ojos y tratamos de entregarnos al sueño. Perdóname Lala, pero no te estoy traicionando, porque aún no he cruzado la línea con esta bella arpía. Te adoro, mi irlandesa, y quiero que comprendas que igualmente quiero a la rapaz. Si tan sólo lo aceptaras…

– "Tu siempre has sido digna de mí, Cetania. Te amo." – Pensé para mí misma, viendo a mi compañera dormir plácidamente. – "Y espero que… Lala aprenda a amarte también."


NOTAS DEL AUTOR: Bueno, hoy sí que ha sido un día sumamente interesante para el dúo plumas-quitina, ¿no les parece?

Me extendí un poquito en la parte del concierto, pero me aseguré de mantenerlo controlado para que los no-fans de Iron Maiden no se sientan alienados. Tampoco quise convertir ese pedazo en un songfic; Siempre he abogado en contra de eso y no voy a morderme la lengua por hipócrita. Espero les haya sido tolerable. Y si ya son seguidores de esa fantástica banda, ¡Enhorabuena! ¡Tienen excelente gusto! ¡Reciban la medalla Cetaniosa por ser tan geniales!

Un saludo a los compañeros Endelstadt y Alther, a cuyas historias hice sutiles referencias. Ojalá Saukki no haya sonado muy ruda con sus personajes, amigos; Es finlandesa, no puede evitarlo.

En fin, espero este episodio les agradara y los motive a dejarme sus reseñas y comentarios. Si lo hacen, recibirán entradas gratis para el próximo concierto de Murdermaid, el grupo de tragic metal liderado por la Gran Meroune que se celebra cada 30 de febrero en las fosas Marianas. Palomitas gratis con cada sacrificio humano que lleven.

¡Hasta la próxima y cuídense! ¡Auf Wiedesehen! ¡Up the Irons!