NOTAS DEL AUTOR: ¡Ave Lorelei, hermanos y hermanas! ¡En nombre de nuestra Magnífica Emperatriz, Meroune Lorelei, les doy la bienvenida!

Bueno, llegamos al episodio treinta. Más de 200,000 palabras plasmadas en tinta virtual. Todo aquello no ha sido tarea sencilla, pero escribir esta historia no es menos que un gran placer y espero ustedes también se diviertan al leerla. Gracias a todos los que me continúan apoyando, es su presencia lo que me motiva a continuar.

¡Y aquí vamos!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡El poder de la Gran Sirena es imparable!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 30


Tú me demuestras amor sólo con existir…

Ah, que linda mañana. Después de que el mundo entero pareciera venírseme encima, Lala, mi hermosa dullahan, decidió absolver mis faltas y brindarme otra oportunidad. Y ahora aquí la tengo entre mis brazos, cargándola como un caballero transportaría a su amada reina. Mis antepasados pertenecieron a la Orden Arachne Sagrada cuando mi país aún era el Sacro Imperio de Sparassus, creo que ya puedo darme una idea de que sentía ser tan noble. Prometo proteger a mi alteza irlandesa, la gran dueña de mi corazón y monarca absoluta de mi alma.

Ignoro que la llevó a cambiar de opinión tan drásticamente en una sola noche, pero no me quejaré de la suerte que se me proveyó en esta ocasión. Creo que junto a la divina Arachne, Tique se ha convertido en mi deidad principal, porque ser tan afortunada no es cosa que suceda naturalmente. Hmm, debería ir pensando en un sacrificio humano para agrad…

– "¿Aria?" – Me habló la segadora.

– "Dígame, meine Königin."

– "¿No te molesta que haya salido a buscarte en este andrajoso estado?"

– "Mi gloriosa emperatriz." – Afirmé. – "Para mí, usted siempre vestirá tan bella como el amanecer sobre el río Rin."

– "Gura míle, A chuisle." – Acarició mi barbilla. – "Creí que las indiscretas miradas de las personas podrían resultarte incómodas."

– "Que nos vea el mundo entero, Spatzi; Que todos se enteren de nuestro amor." – Dije con orgullo. – "Porque tú eres más valiosa que cualquier medalla, premio o trofeo. Tu existencia es más importante que la del planeta entero."

– "Me halagas en demasía, Aria." – Sonrió ruborizada.

– "Es la verdad, linda." – Reiteré. – "Además, así me perdonarás que tu collar no sea de oro verdadero. Sólo pude conseguir acero inoxidable."

– "No importa el material, pero creo que pagaste mucho por un accesorio de fantasía."

– "Bueno, la Edelweiss del centro es real. Dado que es una flor protegida, conseguirlas es muy difícil, incluso disecadas. Y honestamente, no me importa quedar sin un solo centavo por ti, Spatzi."

– "Lo agradezco, pero no gastes tus ahorros innecesariamente en caprichos para mí, A chuisle."

– "Te dije que no había problema, amor. Después de llevar a Cetania a ese concierto, esto es lo mínimo que podía hacer para pedir disculpas por descuidarte." – La acerqué para besar su frente. – "Y aún no termino."

– "¿A qué te refieres?"

– "A que una princesa, debe vestir como tal."

– "¿Eh?"

Con dullahan en mano, aceleré el paso hasta encontrar mi objetivo planeado: Una tienda de ropa. Antes que ella replicara algo, me apresuré a entrar, siendo recibidas por la campanita al cruzar las puertas automáticas. Pude notar la expresión confundida en el resto de los compradores al notar la desarreglada apariencia de la chica en mis brazos, sin contar que una araña gigante ya es desconcertante en sí, pero entrecerré mis seis ojos para advertirles que volvieran a sus asuntos, lo cual hicieron de inmediato. Das ist gut, no me gustaría tener que recurrir a las técnicas de tortura de la Gestapo con alguno de ellos.

– "¡Bienvenidas, señoritas!" – Saludó enérgicamente la chica en el mostrador principal con una reverencia. – "¿En qué puedo ayudarles?"

– "¡Quiero su mejor catálogo para mi hermosa dama!" – Proclamé en voz alta. – "¡La divina Lala merece únicamente el ajuar más esplendoroso!"

– "Contamos con una extensa y elegante selección disponible, ¿Cómo que buscaban exactamente?"

– "Negro y con clase." – Repliqué.

– "¡Ah, por supuesto!" – Sonrió exageradamente la muchacha. – "Síganme por aquí, si no es molestia."

La irlandesa se hallaba ruborizada como tomate italiano fresco e intentaba esconder su rostro en mi cuerpo. Admito que yo estaba comportándome algo petulante, pero en verdad deseaba ofrecerle a la segadora algo de calidad superior para demostrar lo agradecida que estaba con ella. Subimos al tercer piso del inmueble, donde residían los vestidos más finos. Incluso la música techno-pop del piso anterior había sido reemplazada por ostentosos arreglos filarmónicos para acentuar ese aire tan hoi holligoi.

– "Tenemos disponible este exquisito atuendo L'Poubelle Du Merde, diseñado por el famoso Jean Fraudules." – Explicó la mujer enseñando un atavío café. – "La mano de obra completamente francesa garantiza una suavidad…"

– "Nada que sea francés, por favor." – Rechacé la oferta. – "¿No tiene algo de Alemania?"

– "Oh, por supuesto. Permítanme un segundo."

Mientras la joven se retiraba a la pesquisa de prendas germanas, la peliblanca llamó mi atención.

– "¿Aria?"

– "Dime."

– "Uhm… ¿No crees que ya puedes bajarme?"

– "Yo marchaba con un fusil y una pesada mochila en Sparassus, Spatzi. Eres increíblemente ligera, puedo estar así todo el día."

– "Sí, pero es que… Tu otra mano está sosteniéndome de mi… erm… espalda baja."

– "Lo sé." – Alcé mis cejas. – "Las tienes tan pachoncitas como siempre, guapa."

– "¡A-Aria! ¡Estamos en público!" – Se sonrojó aún más. – "¡S-suficiente! ¡Te ordeno soltarme en este instante!"

– "Jawohl, meine Königin." – Obedecí, incorporándola con suavidad.

– "Me encanta que alabes mi figura, A chuisle, pero reserva tan íntimos contactos para cuando estemos en privado."

– "Entendido, mi señora." – Reí ligeramente. – "Perdón, Spatzi, tu suavidad de algodón es demasiado irresistible para mis traviesas manos. Podré hacerlo libremente en casa, ¿verdad?"

– "Estoy considerando seriamente en negarte tal privilegio."

– "Perdón, ¿interrumpo algo?" – Preguntó la trabajadora con ropa en mano.

– "¡Ah, no, para nada!" – Respondí. – "¿Encontró lo que solicité?"

– "Claro, tenga."

La empleada me entregó un elegante vestido oscuro con una camisa de botones de mangas largas y un corto vestido, similar al que la dullahan poseía en casa. Bueno, no es muy diferente a lo habitual, pero supongo que es mejor a que la peliblanca ande por la calle como pordiosera. Además, no deseo quedar como una tonta por andar de presumida y no comprar nada.

– "Es un fantástico atavío de viscosa flexible que asegura la frescura y comodidad para la mujer actual…" – Parloteaba la vendedora de manera casi robótica. – "…Diseñada en las fábricas selectas del Sarre junto a las…"

– "Sí, sí, ya entendimos." – Le paré. Gran Arachne, ya me mareé de tanta verborrea. – "¿Cuánto cuesta?"

– "Bueno, me temo que debido a que es una pieza exclusiva, su valor es considerable."

– "Exigí precios, no explicaciones."

– "¡Ah, por supuesto!" – Sonrió tan ampliamente como el gato de Cheshire. – "¡Solamente serían 180,600 yenes!"

Nunca antes salí tan rápido de una tienda. Cargando a mi harapienta princesa, recorrí de nuevo las calles en busca de otro lugar donde poder arropar apropiadamente a la segadora.

– "¡Por el martillo de Hefesto! ¡¿180,600 yenes por un pedazo de trapo?! ¡Con eso puedo pagarle a 1,000 tejedoras para que me hagan todo un guardarropa de por vida!" – Me quejé en el camino. – "¡Dudo que necesiten tanta plata para mantener a sus esclavos en sus maquiladoras de tercer mundo! ¡Sucios estafadores hijos de…!"

– "No necesitas hacer esto en primer lugar, Aria." – Comentó la irlandesa. – "Sólo llévame a casa."

– "Vamos, linda, en verdad quiero comprarte algo digno. Quiero compensarte lo que haces por mí."

– "Es innecesario, te perdoné porque te amo. No requieres de seguir tomándote tal molestia."

– "Verstanden." – Suspiré. – "Simplemente esperaba pasar un momento contigo en la ciudad. Hace mucho que tuvimos nuestra primera cita y extrañaba recorrer la urbe con una bella mujer a mi lado."

– "Te aprecio el cumplido, A chuisle." – Besó mi mejilla. – "Pero ningún ropaje sobrevalorado sustituiría el placer de tu compañía."

– "Danke schön, Spatzi." – Sonreí. – "¿Pero qué tal si le damos una última oportunidad y hallamos a otro almacén?"

– "Sí que eres testaruda, Jaëgersturm." – Disintió con la cabeza.

– "Bueno, también planeaba hacerme con algo para mi persona. Llevo vistiendo exactamente el mismo estilo de camisa por diez años y se me antoja estrenar algo nuevo."

– "De acuerdo. Pero asegúrate no volver a abochornarnos por tu impulsividad de nuevo."

– "Jawohl. Prometo portarme bien, ama y señora."

No tardamos mucho y logramos encontrar un local. Lucía más asequible que el anterior, con un aspecto más humilde. Abrimos la puerta y tanto la campanita (real, no electrónica) nos dio la bienvenida junto a una alta y pálida joven de ojos rojos.

– "God Morgon, damer. Soy Iona" – Saludó la chica con una sonrisa genuina. – "Bienvenidas a Radiant Raiment. ¿En qué puedo ayudarles?"

– "Guten Morgen, Fräulein Iona." – Hice una reverencia. – "Me preguntaba si tenía algo para mi amada azulita aquí. No le importa si miramos un poco, ¿verdad?"

– "Adelante, siéntanse a gusto recorriendo la tienda. Si requieren mi asistencia, con gusto las atenderé."

– "Se lo agradecemos, Fraülein."

– "¡Du är välkommen!"

Bueno, al menos ella parece menos artificial que la anterior, incluso con esa apariencia tan fantasmagórica. Y hablando de eso, la mujer luce muy atractiva con su blanca piel, las ponderadas medidas y ese excelente atuendo que combina el rojo y el gris de manera tan elegante. Su larguísimo cabello dividido a la mitad por blanco y negro le agregaba puntos de belleza. Ignoro que especie pueda ser, aunque me decanto por un espíritu o alguna no muerta.

– "Es una Hela." – Mencionó Lala mientras la dejaba pararse. – "Descendiente de la diosa nórdica homónima del Inframundo."

– "A veces creo que lees la mente."

– "No, pero noté a tus seis globos oculares curiosos mirándola." – Afirmó la irlandesa, viéndome de reojo. – "Especialmente al inspeccionar su seductora figura detrás de ese frondoso vestido y descubierto escote."

– "Espera, ¿estás celosa?"

– "No negaré mi disgusto cuando tu vista se posa por demasiado tiempo en otra fémina, Jaëgersturm"

– "¡Artemisa divina, protégeme! ¡Resultaste más posesiva de lo que creía!" – Hice gesto temeroso en broma. – "Pero en serio, Spatzi, no debes preocuparte, sabes que eres la única chica en mi corazón."

– "¿Qué hay de esa molesta arpía?"

– "Mi corazón es muy grande."

– "Me alegra enterarme que mi afecto debe residir entre los ajenos." – Dijo con un poco sutil tono de enojo e inflando sus mejillas. – "Apresúrate a elegir tu indumentaria y regresemos a nuestra morada."

– "Vamos, Spatzi, no te portes de esa manera." – La rodeé con mis brazos. – "Anda, ¿quién es mi gorrioncillo azul que me alegra las mañanas con su melodiosa voz? ¿Quién es la mujer más hermosa en este plano existencial?"

– "Obviamente no seré yo, puesto que sigues distrayéndote admirando a otras."

– "Aww, no seas cruel, Lala." – La meneé suavemente. – "Vamos, veme a los ojos…"

– "No quiero…" – Volteó su rostro.

Con mi dedo en su mejilla, la guié para que nuestras miradas se encontraran. Ella hesitó unos segundos hasta hacer contacto visual nuevamente, con sus bellísimas iris doradas brillando como soles en medio del negro universo de su oscura esclerótica.

– "¿Acaso piensas que podría encontrar una joya tan invaluable como tú en alguna desconocida?" – Le pregunté mirándola fijamente. – "Ni la más sublime de las diosas posee tu divina gracia, mi bella dullahan. Eres mi pulso, mi sangre, mi todo… Y nunca te abandonaré."

– "Aria…"

– "Te amo, Lala." – Le susurré acercándome a sus labios. – "De aquí a la eternidad…"

Compartimos un glorioso beso en medio de la tienda, ante la mirada de decenas de curiosos, ávidos de observar a dos simples mujeres demostrar afecto. Los celulares no se hicieron esperar para capturar tan notorio momento en sus digitales memorias. No hay micrófonos, fastidiosas reporteras ni molestas preguntas, solo un par de amantes disfrutando del verdadero amor. Y no lo cambiaría por nada.

– "Meine Fräulein…" – Dije al separar nuestros labios. – "¿Me haría el honor de hallar un vestuario en su agradable compañía?"

– "Con gusto, A chroí." – Sonrió.

Tomando su brazo, recorrimos los siguientes departamentos. En este punto, nuestros niveles de cursilería ya deberían haber escapado la gravedad terrestre, pero me daba igual si la gente nos cataloga de ridículas, el amor es para enorgullecerse. Minutos después de husmear los pasillos, la segadora se topó con un llamativo conjunto consistente en una camisa blanca, un saco azul oscuro con botones dorados y una falda corta del mismo color. El sombrerito naval y los adornos en forma de ancla en el cuello y muñecas evidenciaban aún más la ya marcada tendencia militar del traje.

– "Está inspirado en los uniformes de las WAVES Estadounidenses." – Indicó una pequeña muchacha detrás de nosotras. – "Si gustan, pueden probárselo."

Lala y yo nos quedamos viendo a la chica, cuya altura no debía superar los ciento treinta centímetros. La irlandesa parecía una gigante comparada con ella, y no necesito mencionar que yo era básicamente una titánide. Ostentaba un vestido al estilo Victoriano color verde junto a un ancho sombrero del mismo periodo. Si bien su tamaño ya era curioso, lo verdaderamente sobresaliente eran las uniones casi esféricas en sus brazos. Sus movimientos casi robóticos la delataban como una especie de autómata.

– "Bonjour mesdames, Mon nom est Amélie Tautou." – Ofreció su extremidad la mujercita de largo cabello ondulado castaño. – "Soy una muñeca viviente y encargada de esta sección. ¿En qué puedo servirles?"

– "Ah, Guten Morgen, Fräulein Amélie." – Estreché su mano artificial, al igual que la dullahan. – "¿Mencionó a la Unidad Femenina de la Reserva Naval Americana durante la Segunda Guerra Mundial?"

– "Oui. Esta es la sección histórica de nuestra tienda." – Afirmó extendiendo sus brazos para enfatizarlo. – "Y sí, el lugar es más grande por dentro. Ofrecemos una amplia gama de estilos para satisfacer la mayor cantidad de clientes. Si requieren asistencia, con gusto les serviré. "

– "Te agradecemos el ofrecimiento, amiga." – Le sonreí. – "¿Podrías indicarnos el precio de la prenda, bitte?"

– "Con mucho gusto." – Hizo una reverencia con ese singular movimiento mecánico. – "Este traje en particular se encuentra disponible por 17,500 yenes."

– "¿Qué dices, Spatzi?" – Inquirí a Lala. – "¿Te gustaría probártelo?"

– "Si no te parece muy costoso, me encantaría." – Me sonrió.

– "Adelante, linda." – Guiñé tres ojos. – "Enséñales a esos yanquis como lucir con estilo irlandés."

– "Perfecto. Sígame por aquí, s'il vous plaît" – Indicó la francófona.

La muñeca tomó el conjunto y guió a la segadora hasta los vestidores. Me alegra que ninguna de las encargadas hiciera mención de la aún desarreglada apariencia de la irlandesa. Y lo más insólito, una de ellas es una francesa amable; Jamás creí que tal cosa fuera posible en la vida real. Quizás es porque es una niña artificial y no una nativa de carne y hueso. Quién sabe, la actitud insufrible ha de ser un problema de los seres orgánicos. Mis pensamientos se interrumpieron cuando la pepona castaña me hizo señas de acercarme. Haciendo a un lado la cortina roja, me encontré con una muy agradable vista.

– "¿Te parece aceptable, A chuisle?" – Preguntó la peliblanca, posando con algo de timidez.

– "Spatzi, te doy permiso para hundir mis acorazados." – Respondí admirándola encantada. – "Deberías ser modelo, guapa, luces increíblemente arrolladora."

– "¿Me permito tomar eso como la confirmación de su compra, mademoiselle?" – Consultó Tautou.

– "¡Por supuesto!" – Contesté sin dilación. – "¡Nos lo llevamos!"

– "Très bien. Permítanme envolverlo."

– "Uhm… ¿Puedo solicitar el permitirle dejárselo puesto?" – Supliqué juntando mis manos. – "Prometemos pagarlo, se lo juro."

– "Je suis désolé, pero me temo que debo negarme." – Hizo otra reverencia. – "Comprendo sus razones, sin embargo, tomar tal decisión está fuera de mis estatutos como trabajadora."

– "No hay problema, Amélie. Déjales usarlo." – Mencionó de repente una seseante voz femenina. – "No me parece que estas señoritas pretendan fugarse."

Las tres volteamos de inmediato para observar a una alta mujer de dorados cabellos, enigmáticos ojos violetas, pequeños cuernos espirales en la cabeza y dos enormes alas negras en su espalda. Su oscura ropa combinaba lo gótico con el modernismo industrial. Me recordó mucho a la vestimenta que muchos usaban durante el concierto de Iron Maiden, excepto que la alada lucía mucho más formal. Es obviamente una clase de demonio, aunque ignoro de que subespecie en particular se trate. Hoy si que estoy conociendo muchas especies nuevas.

– "Saludos, señoritas." – Tomó nuestras manos para estrecharlas con las suyas. – "Soy Jezabel, la dueña de Radiant Rainment. Las felicito por elegir nuestro establecimiento. ¿Necesitan algo más?"

– "Ah, bueno, solo deseábamos agradecerle por su increíble benevolencia." – Le sonreí intentando disimular que su apretón era algo fuerte. – "Para ser sincera, no esperábamos que la tienda fuera tan enorme."

– "Las apariencias engañan, ¿cierto?" – Guiñó ella. – "Es un viejo truco el pintar una parte de la fachada en diferente color para otorgarle un aspecto más pequeño. Muchos consumidores consideran que el aparentemente reducido tamaño del local significa precios más económicos y naturalmente se decantan por nosotros. Eso no significa que nuestros costos no sean asequibles."

– "Gracias de nuevo por su amabilidad, baphomet." – Dijo Lala. Ah, esa era la especie de la mujer. – "Pero no nos explicamos el porqué de tanta magnanimidad."

– "Bueno, no voy a rechazar una venta así de fácil. Y créeme, yo una vez experimenté una situación similar a la tuya, dullahan." – Sonrió mostrando un par de colmillos. – "Escuchen, sólo porque me cayeron bien, les haré una oferta que no podrán rechazar. Síganme."

Eso sonó a frase de película de mafiosos. Jazebel nos condujo hasta una puerta que indicaba claramente prohibido el paso. Por un momento pensé que nos tendería una trampa para secuestrarnos y luego pedir rescate al igual que en esas bobas películas de acción, pero una vez que encendió la luz, descubrimos que era una simple bodega. Varios maniquíes tanto humanoides como extraespecies vistiendo variadas ropas residían el almacén. No entendí cual era el objetivo de mostrarnos tal lugar hasta que una prenda capturó mi atención de inmediato. Me dirigí directo a esta sin pensarlo dos veces.

– "¿Muss es sein?" – Musité maravillada. No podía creerlo, mis pedipalpos temblaban como gelatina de la emoción. – "¡Es muss sein!"

Un fantástico conjunto al estilo militar germano se hallaba desplegado en un arácnido maniquí. Saco y vestido completamente en color negro con bordados dorados resguardando una camisa gris, complementado por una gorra marcial con una araña dorada. El diseño era muy parecido a los usados por la SturmSchütze de Sparassus; De hecho, era completamente idéntico. ¿Acaso podría…? Sólo había una forma de comprobarlo. Revisé la etiqueta para despejar mis sospechas, siendo estas respondidas por el texto plasmado diáfanamente en negras letras: Hergestellt in Sparassusreich. No había duda, era un genuino uniforme de mi patria.

– "Sabía que te encantaría, zanquilarga. Envío especial desde Ophistolium. Algodón y seda de arachne pura…" – Explicó la baphomet.

– "Tan suave como una nube y resistente como un tanque. Solamente cien unidades creadas para el uso exclusivo de la guardia personal de Brunhilde Stahlherz. Lavar con agua tibia, preferentemente a mano. GrossSparassus Ophistolium Kleiderfabrik." – Complementé yo, fascinada.

– "Veo que conoces perfectamente este atuendo, alemana." – Sonrió la demonio.

– "Todo Sparassus conoce tan prestigiosa indumentaria. Desde pequeña siempre quise una así." – La miré incrédula. – "¿Cómo la consiguió?"

– "Me gustaría decir que soy una traficante internacional, pero en realidad es un acuerdo exclusivo que logré con la propia fábrica. Apartaron una pequeña cantidad para su exportación y yo me hice con el privilegio de obtenerlos." – Proclamó orgullosa. – "Una ilustre empresaria siempre cuenta con un excelente departamento de relaciones públicas. Bueno, mi madre lo logró. Yo sólo soy la encargada de esta sucursal al igual que el resto de mis hermanas."

– "Impresionante." – Repliqué palpando la textura del traje. Volteé a verla de nuevo. – "¿Cuánto?"

– "Bueno, al ser una pieza tan escasa y fina, el valor es considerable. Incluso puedes notar el número de serie que garantiza su unicidad." – Contestó Jezabel. – "Pero, estoy segura que no planeas desperdiciar esta oportunidad. ¿Quieres proseguir?"

– "Feuer frei…"

– "76,600 yenes. Y te ofrezco un 5% de descuento por tener tan buen gusto."

Tragué saliva al oírlo. Eso equivale alrededor de 666 dólares estadounidenses. Hasta el precio es cosa del diablo. Miré a Lala, ella me miró de vuelta, ambas compartíamos el mismo pensamiento: Cuesta un ojo de la cara. Sin embargo, esta es sin duda una ocasión única en la vida. Pertenecer a las galardonadas guardias de la canciller era en extremo difícil. Ningún miembro de mi familia ha logrado unirse y dudo que una aldeana como yo tenga oportunidad similar. Tenía capital suficiente para hacerme con la prenda, claro, pero podría necesitarlo para algo más importante. Aunque, ¿dónde más me haría con esta belleza?

– "¡Ah, al diablo todo! ¡Me lo llevo!" – Declaré. – "Como decía mi instructora en la academia: ¡Si quiero y puedo, lo hago!"

– "Excelente elección, amiga." – Sonrió satisfecha la baphomet. – "Sólo por eso, les haré un descuento extra en el resto de sus compras el día de hoy. ¿Qué dicen?"

– "¡Jawohl! ¡Danke schön, Fräulein Jezabel!" – Estreché su mano con entusiasmo. Rápidamente tomé a la irlandesa en mis brazos, alzándola y dando vueltas. – "¡Lala, Lala! ¡Lo tengo, por fin lo tengo! ¡El uniforme de las SturmSchütze, por fin es mío!"

– "M-me alegro, A chuisle. P-pero me estás apretando un poco…" – Se quejó la segadora.

– "¡Ah, lo siento!" – La solté. – "Perdón, Spatzi, pero es que jamás creí que algún día podría cumplir tal sueño."

– "La vida siempre da muchas vueltas, compañeras." – Habló la mujer alada. – "Yo una vez vestí harapientos trapos y dormí entre podredumbre. Pero aquello forjó el carácter en nuestra familia, brindándonos el coraje suficiente para iniciar nuestra propia empresa. Y mírenme ahora, rodeada de tanta elegancia textil. Los sueños se cumplen, pero sólo si luchamos por ellos."

La irlandesa y yo concordamos con tal afirmación. A nuestra manera, ambas sabíamos lo que era iniciar desde abajo y luego obtener la merecida recompensa por el trabajo duro. Y puedo afirmar que en nuestro caso, la verdadera fortuna fue para el corazón.

Después de volver a agradecerle, Jezabel nos indicó que ella misma empacaría el uniforme y nos invitó a seguir explorando la tienda. Aceptando la recomendación, la dullahan y yo nos hicimos con varias prendas, aunque estas fueron más casuales y mucho más baratas que las anteriores. Si bien desconozco de moda, admito que la segadora posee buen gusto para elegir sus atavíos. Quizás es porque estoy perdidamente enamorada de ella, pero cualquier cosa que la azulita se pusiera, siempre me resultaba elegante.

– "Deberías comprarte ropa interior, Spatzi. Cada vez que lo hacemos, terminas con una braga menos."

– "Tal vez deberías controlar mejor tus impulsos en la cama, Aria."

– "Tal vez no deberías ser tan imposiblemente sensual, linda." – Le di una palmadita a su trasero. – "Araña encendida no se detiene ni con insecticida."

Ella solo rió por tan bobo chiste. Nuestra expedición terminó y luego de despedirnos de Jazebel y el resto de las chicas (y de asegurarme de no quedarme admirando por mucho tiempo el escote de Iona), una dullahan y una arachne se encaminaron a su hogar, con bolsas en mano. Me sentí orgullosa de que mi azulada novia robara una que otra mirada de los transeúntes al verla en su distinguido atuendo. Ah, la vida es bella como mi irlandesa.

– "Al final de todo, acabé comprando más o menos la misma ropa." – Mencioné en el trayecto. – "Pero pasamos un buen tiempo juntas, ¿no lo crees, Spatzi?"

– "Concedo el compartir tu opinión. Aunque tu reacción respecto a ese peculiar traje militar fue algo inesperada, especialmente considerando el elevado precio."

– "Bueno, por suerte estos días me he ahorrado suficiente dinero para darme estos lujos. Y el verte arropada de esta manera hace que todo el gasto valga por completo la pena."

– "Go raibh maith agath, A chuisle." – Sonrió. – "Uhm, Aria. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?"

– "Somos pareja, Lala, no hay restricciones. ¿Qué deseas saber?"

– "¿Intentaste hacer algo… drástico después de mi comportamiento anoche?"

Detuve mi caminar, mirando hacia el suelo. Hubo tensos segundos de silencio mientras las personas seguían su tropel, ignorando a un par de liminales en medio de la acera.

– "Lala, te amo, te amo absolutamente. Tú me brindas dicha infinita y felicidad eterna. En mis cortos veinte años de vida, tú me has dado más fuerzas y afecto en unas cuantas semanas que mi propia familia en toda mi existencia. Te necesito, te necesito completamente. Si llegara a perderte, el universo entero se vendría abajo y jamás me repondría.

Esas fuertes palabras que proferiste ayer fueron más lacerantes que una sentencia de muerte, y parte de mí también murió cuando las escuché. Mis fuertes llantos no se comparaban con los horribles gritos de mi interior. Deseaba huir de nuevo, arrancarme el corazón para ya no seguir sufriendo ese afilado dolor en el pecho y arrojarme al barranco más profundo para cesar la tormenta que acongojaba a mi alma.

No estuviste mal en sospechar que recurriría a quitarme la vida. De no haber sido por el constante apoyo de Rachnera y esa muy, pero muy pequeña esperanza que se negaba a abandonarme, ya hubiera usado mis propias garras y practicado la ejecución medieval con mi propio cuello. La tejedora me ató las manos para evitar que eso sucediera. En verdad estaba destrozada, Lala, completamente hundida. La vida simplemente dejó de tener sentido."

Nuevamente, afonía temporal de nuestra parte. El mundo seguía girando y nosotras estábamos detenidas entre el conglomerado de personas que iban y venían en sus actividades cotidianas. La dullahan tomó la palabra.

– "¿Por qué decidiste no hacerlo, Aria? ¿Qué te salvó de caer al abismo?"

– "Las palabras de una buena amiga, el recordar que sin tu amor ni siquiera la muerte me curaría el sufrimiento y, haber sobrevivido a algo similar antes."

– "¿Antes? ¿Hablas de lo que sucedió con Akantha?"

– "Precisamente." – Suspiré. – "Fue volver a vivir ese terrible recuerdo que en ocasiones continúa pinchándome el interior. Podía escuchar a esa espinosa recriminándome, insultando a mi deshecha persona por ser una completa perdedora. Lo peor es que en verdad lo merecía."

– "Lamento haber abierto una vieja herida, Aria."

– "Está bien, Spatzi." – Me repuse ahogando el lloriqueo. – "Lo importante es que logramos salir de esta encrucijada. No te preocupes, prometo no volver a meter las ocho patas."

– "Gracias por seguir a mi lado, A chuisle." – Reposó su cabeza en mi cuerpo.

– "Gracias a ti, por tolerar las estupideces de esta torpe araña." – Besé su frente. – "Vamos, que los demás deben estar preocupados por nosotras."

– "Quizás debería comprarle algo a esa tejedora para gratificarle."

– "Ya lo hice, para ella es el regalo en esta bolsa. Pasemos por unos dulces para Suu, ella también merece un premio por estar de mi lado."

– "Hablando de eso, supongo aún falta convencer al resto de tu inocencia."

– "Bueno, mientras tú me creas, da igual si me convierto en la oveja negra de la familia. Ya estoy acostumbrada a tal título."

– "Me encargaré de hacerles recapacitar su postura respecto a tu fidelidad."

– "No trates de decapitar a nadie, segadora. Bueno, quizás a Miia sí. Aún no olvido cuando me estrujó todo el exoesqueleto, la muy víbora."

Luego de hacernos con un par de bolsas tamaño Argentinosaurus de gomitas ácidas con forma de pteranodontes para la limo y su compañera emplumada, arribamos a la casa. Fue Papi quien nos recibió con un abrazo, seguida de la gelatinosa pequeña, quienes agradecieron enormemente el obsequio. Espero que la arpía sea resistente a las caries y que no termine desarrollando diabetes por mi culpa. No estoy segura si Suu pueda enfermarse en primer lugar. El resto de la morada se hizo presente y les hicimos una reverencia.

– "¡¿Lala, en verdad eres tú?!" – Preguntó estupefacta la lamia, notando el atuendo de la irlandesa. – "¡¿Cómo le hiciste para lucir tan… Bueno, tan wow?!"

– "Uhm… Agradezco el cumplido, Miia." – Contestó ruborizada la peliblanca. – "Es sólo un regalo de parte de Mo chuisle, nada por lo cual pasmarse."

– "Disculpe, Lala-san, pero concuerdo con Miia-san." – Opino Meroune. – "Ese atuendo le queda simplemente perfecto. Los motivos marítimos me parecen muy fastuosos."

– "Sin contar el excelente estilo militar que le otorga un aire muy formal." – Acotó Centorea. – "Me apena admitir que subestimé la evidente belleza que poseíste todo este tiempo, cazadora de almas."

– "¡Ah, mira, Suu! ¡Qué bonita flor!" – Se refirió Papi al collar a la Edelweiss.

– "G-go raibh míle maith agaibh." – Reverenció la abochornada dullahan. – "Si m-me disculpan, necesito preparar algo de comer para Aria. Con su permiso."

La segadora se retiró a la cocina pasando de largo a los curiosos ojos que la admiraban. Comprendo a la pobre; No hay nada más pesado que la fama repentina. Al menos ya tenemos otra cosa más en común.

– "Sí que consientes a tu azulada novia, cazadora." – Mencionó Rachnera. – "Ya la estas volviendo una amante de los uniformes como tú."

– "Las damas con clase compartimos el buen gusto, tejedorcita." – Bromeé con mis manos en la cintura. – "Pero tranquila, que también te traje algo para que estés a la altura de nuestra alta alcurnia."

– "Es muy amable, su alteza." – Respondió con ligero sarcasmo y se acercó a mi oído. –"Hablando en serio, felicidades por hacer las paces con tu chica. No sé qué la hizo recapacitar tan repentinamente, pero me alegra que regresen a la normalidad. Por un momento pensé que te íbamos a perder."

– "Danke, Rachnee." - Le di un besito en la mejilla y le entregué su obsequio. – "Ten, por ser una gran amiga. Ojalá te guste."

– "Oh, gracias, Aria." – Ella reveló una camiseta roja sin mangas con lunares negros alrededor. – "Siempre quise ser una mariquita de San Antón."

La tejedora me dio un abrazo antes de darse la vuelta y presumir su prenda frente a las demás. Miia y Cerea lucían ligeramente celosas de lo bonito que lucía la arachne en ella y Mero se limitaba a dar risitas educadas. Supongo una princesa no tiene que envidiar algo que puede conseguir fácilmente. El dúo plumas-gelatina estaba demasiado ocupado devorando sus gomitas que ya comenzaban a escasear.

– "Impresionante." – Habló Kurusu, quien se mantuvo callado todo este tiempo. – "Nunca imaginé que Lala pudiera verse tan hermosa con solo un cambio de guardarropa."

– "La vida está llena de sorpresas, ¿cierto, Herr Kommandant?"

– "Ustedes dos nos las han estado dando todo el tiempo, Aria." – Rió el muchacho. – "Que bueno que arreglaran sus diferencias. Me preocupó que pudiera terminar mal."

– "Tranquilo, Herr Kommandant. Lo bueno del corazón es que siempre está dispuesto a dar segundas oportunidades. Y el de Lala es particularmente magnánimo."

– "Te sacaste la lotería." – Rió de nuevo. – "Creo que me arrepiento de no haberme fijado en ella primero."

– "Camarón que se duerme…" – Me reí también. – "Aunque dudo que una lesbiana Abismal le haya dado oportunidad para empezar."

– "Je, lo sé, era un chiste. En fin, ¿deseas que lave la ropa que compraron? Quiero estrenar ese nuevo suavizante de telas olor a fresas, si no es problema."

– "Por supuesto. Y por favor, le encargo que sea en extremo cuidadoso con este traje en particular." – Le indiqué mi caro uniforme. – "Me costó los seis ojos de la cara."

– "No te preocupes, Aria, lo trataré como si mi vida dependiera de ella."

– "Danke schön."

Antes que el chico se retirara, rodeé su cuello con mi brazo y lo acerqué a mí.

– "Y Herr Kommandant…" – Le susurré con una poco sutil voz gutural. – "No haga esa clase de bromas de nuevo. De lo contrario, le aseguro que practicaré vasectomía improvisada con mis garras. ¿Verstanden?"

– "C-c-c-claro A-Aria…" – Contestó con una sumamente débil voz, tragando saliva.

– "Sehr gut…"

El casero perdió color y el temblor de su cuerpo dio paso a una inmovilidad absoluta. Que lo mirara fijamente con una expresión avasalladora no debió ayudarle a relajarse. Solté una carcajada.

– "¡Ja! ¡Sólo le estoy tomando el pelo, Herr Kommandant!" – Le di palmadas en la espalda. – "No creyó que hablara en serio, ¿verdad?"

– "…"

– "Erm… ¿Herr Kommandant? ¿Hola?"

– "…"

¡Ay, mamá araña! ¡Creo que ahora sí me excedí! El pobre Kurusu no reaccionaba y se mantenía tan recto como una tabla de surf. Lo sacudí y pinché con mis dedos, pero tampoco obtuve respuesta. Asegurándome que nadie me observara, lo acosté gentilmente sobre el sofá, sin que el hombre perdiera su rígida pose y sus ojos dejaran de admirar al vacío. Silbando inocentemente, me alejé de ahí y me dirigí a desayunar. Si alguien pregunta, les diré que una serket salvaje apareció y envenenó al muchacho para luego esfumarse.

Lala me sirvió la comida y charlamos un poco sobre trivialidades. Me preocupé que hubiera manchado su vestuario en la cocina, pero su fiel delantal rosado y su destreza evitaron que esa magnífica tela se arruinara. A poco de finalizar mis alimentos, alguien tocó a la puerta. Puesto que nosotras estábamos más cerca de la entrada, la irlandesa fue a recibir al invitado, conmigo acompañándola. Al abrirla, nos topamos con una familiar figura alada.

– "Cetania." – La saludé con una reverencia. – "Guten Morgen."

– "Good morning, Blondie." – Sonrió alzando su ala. Su expresión decayó un poco al ver a la peliblanca. – "Saludos, dullahan."

– "Eres muy valiente al venir a los aposentos de tu propia ejecutora, peste alada." – Respondió una no muy feliz segadora, cruzada de brazos. – "Pero ahora estamos disfrutando de un pacífico momento. No tienes propósito alguno para estar aquí. ¡Bug hai!"

– "Por más que me gustaría discutir contigo, Pitufina, debo informar que mi visita es debido a esto…" – Mostró un pequeña memoria USB. – "Información crítica que arrojará luz respecto a la inocencia de mi querida Aria."

– "¿A qué te refieres, vástago de Electra?" – Cuestionó impasible la irlandesa.

– "Sólo déjame pasar, ¿vale? Vengo en son de paz. Prometo irme una vez mi tarea aquí esté concluida."

– "¿En verdad crees que te permitiré entrar, hija de Taumas?"

– "Lala…" – Coloqué mi mano en su hombro. – "Vamos, no seas tan hostil."

– "Bien…" – Aceptó de mala gana. – "Pero te advierto que mi-"

– "Ojo de Balar se posará sobre ti, blah blah…" – Espetó la arpía pasándola de largo. – "Ya conozco tus frases, niña azul. Consíguete unas nuevas."

Con un bufido sin camuflar, la segadora siguió a su rival hasta la sala, quien solicitó que reuniéramos al resto de los inquilinos. Obedecí mientras la irlandesa prefirió vigilar a la rapaz. Ya todos juntos, incluyendo un recuperado Kimihito, la castaña se paró frente a nosotros y aclaró su garganta.

– "Como algunos de ustedes ya deben saber, hace un par de días Aria y yo protagonizamos un escandaloso episodio en los medios, gracias a un inesperado ósculo de mi parte. Me encantaría ofrecer una excusa verosímil que desmintiera todos los rumores que aquel beso desencadenó, pero sería negar lo obvio.

Sí, estoy enamorada de Jaëgersturm. Y sí, estoy más que consciente de su relación sentimental con la dullahan aquí presente. Tal decisión me ha llevado a tener encuentros menos que agradables con la susodicha, y estoy completamente segura que desembocaron en algo peor en esta residencia. Soy responsable por ello y les ofrezco mis más sinceras disculpas.

Sin embargo, luego de impactar a medio mundo con nuestro ilícito contacto bucal y disfrutar una sesión de excelente música europea, me resolví a abandonar mis burdos intentos por reclamar el corazón de la arachne ganándomelo con trabajo duro. Y parte de ese trabajo incluye, en ocasiones, tomar la ruta menos favorable para lograr el fin deseado.

En pocas palabras, estoy aquí para pedir perdón y redimir a la pobre germana que seguramente les ha hecho levantar las cejas por sus aparentemente ilegales actos amorosos."

Sin esperar más respuesta, la emplumada encendió el televisor e introdujo el dispositivo de almacenamiento portátil en el lector de este. Pronto, una difusa grabación mostró a mi persona con micrófono en mano, en ese infame vagón que presenció tan inicua revelación labial. El sonido no era el mejor, pero mis palabras se oían lo suficientemente claras. La americana aumentó el volumen.

– "Yo, Aria Jaëgersturm, quiero confesar que amo con toda el alma a Lala, dullahan e hija de la Segadora del Leinster, Laetitia… Y algún día ella será mi esposa…" – Declaró mi ser digital.

La falconiforme detuvo la reproducción antes del famoso beso final, sabiendo que eso arruinaría el momento. Tomó la palabra de nuevo.

– "Aria es inocente, la evidencia no falsifica los hechos. Si van a lapidar a alguien, será a mí; Yo soy la villana de esta historia, sobre mí recaiga su odio." – Aseguró la halcón con una reverencia. – "Gracias por su tiempo y que tengan un excelente día."

La rapaz retiró la memoria y se dirigió a la salida, pero yo la detuve del ala.

– "¿Por qué?" – Le cuestioné.

– "Para exonerarte de todo pecado." – Replicó sin voltear.

– "No, ¿por qué haces esto? ¿Por qué volverte una paria?"

– "Todos necesitamos un chivo expiatorio a quien señalar, y aquí estoy yo."

– "¡Detente, Cetania! ¡Tú no eres enemiga de nadie!" – La volteé y abracé de inmediato. – "¡Nunca te refieras a ti de tan denigrante manera!"

– "Sufriste por mi culpa. Aún tienes ese olor a lágrimas de dolor en ti." – Acarició suavemente mi espalda. – "Jamás quise dañarte de esa manera, Aria. Deja que el rechazo público sea mi condena."

– "¡Por favor! ¡No quiero oírte hablar así! ¡No mereces ningún castigo!"

– "Es mi recompensa por mi ambición…"

– "No has hecho mal, Cetania." – Opinó Kimihito con seriedad. – "Después de todo lo que dijiste, creo que esto te exime en gran medida de tus errores."

– "Quizás tu proceder anterior no haya sido honorable." – Acotó Centorea. – "Pero esta acción demuestra que tu deseo de reformarte es sincero."

– "Me uno a Mi Amado, Cetania-san." – Fue el turno de Meroune. – "Creo que todos nos hemos equivocado alguna vez de sobremanera. Admito mis propias faltas y le aconsejo el cesar su afán de subestimar su valía. Sería hipócrita de nuestra parte el considerarla una antagonista."

– "Sin contar que igualmente herirías a Jaëgersturm sin continúas lastimándote, arpía." – Dijo Rachnera. – "Las contrariedades que tengas con Lala son ajenas a tu decencia. No eres el monstruo que crees ser."

La castaña hipaba por su llanto en voz baja y yo seguía reconfortándola. La irlandesa se acercó entonces.

– "Tú y tu plan para reclamar los sentimientos de Aria han tomado un golpe significativo, hija de Taumas." – Manifestó la segadora colocando su mano en el hombro de la americana. – "Odio concederte la razón, pero tan alto sacrificio deja en evidencia tu disposición respecto a tomar un camino más formal al corazón de la mujer que ambas amamos. Supongo debo incorporarme a la opinión mayoritaria y absolverte de tus cargos… Por ahora."

Eso hizo sonreír a mi amiga.

– "G-gracias, Lala. Gracias a todos…" – Sollozó la falconiforme. – "En verdad, se los agradezco infinitamente. Lamento haberles interrumpido con este bobo contratiempo."

– "Está bien, pajarita, ya pasó." – Le calmé y miré al casero. – "Herr Kommandant, ¿le parece si la invitamos a comer?"

– "Por mí no hay problema, Aria." – Contestó él. Que bueno que ya se le pasó el susto de hace rato.

– "No deseo molestarte, flaca." – Dijo la rapaz.

– "Tranquila, no es ningún inconveniente. Insisto." – Le aseguré.

– "De acuerdo, arañita. Sólo porque aún tengo un par de sorpresas bajo las alas."

– "¿Eh?"

– "En la mesa." – Guiñó. – "Azulita, esto también te interesa. ¿Nos acompañas?"

– "Lo que concierne a Aria también es de mi incumbencia, arpía." – Afirmó la dullahan. – "Ven, prepararé algo lo suficientemente digerible para tu impío estómago. Descuida, si no te mata al menos te satisfará."

Mi compañera y yo nos miramos algo extrañadas por la inusual amabilidad de parte de la segadora. Bueno, al menos ya no intentan arrancarse las entrañas. Las tres fuimos a la cocina y nos sentamos mientras Lala se ocupaba de la estufa.

– "Parece difícil de creer que ayer tratáramos de degollarnos el cuello." – Habló la americana. – "Y ahora tu novia me ofrece el desayuno. ¿La hipnotizaste o algo así, rubia?"

– "Las treguas son necesarias cuando las circunstancias no son favorables para ningún partido." – Articuló la irlandesa friendo un bistec. – "Durante la Primera Guerra Mundial, los rusos propusieron un armisticio a sus enemigos alemanes, para unirse en la erradicación de las jaurías salvajes de lobos que amenazaban a ambos ejércitos en la región de Kovno. Luego de una exitosa cacería, los antiguos amigos regresaron a su matanza cotidiana."

– "Y no olvidemos el pacto de no agresión entre esas mismas naciones durante el segundo conflicto global." – Aporté. – "La paz sólo se logra cuando dos adversarios poseen un interés en común."

– "En ese caso tu bienestar es nuestro tratado Ribbentrop-Mólotov, flaquita." – Rió Cetania. – "La pregunta es, ¿quién romperá el acuerdo e iniciará la Operación Barbarroja?"

– "Puedo afirmar que no seré yo, peste alada." – Anunció la segadora. – "Mi éxito está más que asegurado."

– "Y yo te recuerdo que aunque los germanos lograron dominar más del noventa por ciento de Stalingrado, jamás pudieron conquistarlo." – Rebatió ingeniosamente la pajarita. – "No hay que alzar la bandera hasta oír la rendición del adversario."

– "Ah, chicas. Escucharlas a las dos discutir usando referencias históricas es un sueño hecho realidad." – Expuse con mis manos detrás de la nuca. – "¿No sería más fácil si compartiéramos?"

El ambiente se tornó silencioso al instante. La emplumada y la dullahan me miraron fijamente con una clara expresión desaprobatoria. Excelente, nada como arruinar el momento con mis inoportunos comentarios. Decidí cambiar el tema de inmediato.

– "Y… ¿Cuáles eran las otras sorpresas de las que hablaste, Cetania?"

– "Ah, eso. Sí, la tengo por aquí." – La aludida hurgó en su bolso. – "Durante esa molesta entrevista que nos hizo la condenada nutria, mencionaste algo sobre tanques. No soy experta en blindados, así que tuve que pedir consejo del vendedor, pero espero mis regalos te gusten, flaca."

El primero fue un pequeño pin metálico dorado con la forma de un Panzer V Panther. Ah, uno de los protagonistas de la Batalla de Kursk, excelente elección, compañera. El segundo consistió en una pequeña caja envuelta cuyo interior resultaba desconocido. Afirmando la castaña con la cabeza, retiré la envoltura y descubrí un hermoso reloj despertador digital en forma de mi preciado tanque Tiger I en miniatura. Me sentí como una niña recibiendo su juguete más deseado en Navidad y mis globos oculares se iluminaron.

– "Ese no fue barato, pero es lo menos que pude hacer por llevarme al concierto, arañita." – Explicó la halcón. –"Y entonces, ¿te agradan?"

Mi respuesta fue abrazarla con fuerza y besar su mejilla con vehemencia. La segadora no estuvo muy a gusto con tal reacción, pero lo toleró sin más. Tendré que darle unos bien sabrosos esta noche para que se le pase el enojo. Al quedar libre de mi afectuoso agarre, la americana reveló un pequeño pedazo de papel y se lo entregó a la dullahan.

– "¿Qué es esto?" – Cuestionó la peliblanca.

– "El número del Aizawa, el restaurante en el que comimos." – Respondió Cetania. – "Mio está dispuesta a ofrecerte un puesto como chef auxiliar, si lo deseas."

– "Pero… ¿por qué?"

– "La dueña y mi casera son amantes." – Encogió sus hombros. – "Fue sencillo convencerla."

– "Preguntaba el porqué haces esto, ayudar a tu rival."

– "No te confundas, yo hago esto por Aria. Y si tu éxito también es el de ella, entonces te apoyaré en lo que pueda."

– "Eres… difícil de comprender, arpía." – Replicó la irlandesa confundida. Le ofreció la mano a la americana. – "Go raibh math agat, Cetania."

– "You're welcome, Lala." – Le regresó el gesto.

Sonreí ante ello. Como quisiera que su enemistad diera paso a otra cosa mucho mejor, pero por ahora, me conformo con la paz reinante. Platicamos otro rato más al tiempo que la invitada degustaba su platillo. Por el pequeño eructo al terminar y sus felicitaciones a la cocinera, concluí que quedó sumamente satisfecha.

– "Y dime, halconcita, ¿cómo conseguiste esa grabación?" – Interrogué. – "Recuerda que ni Saukki logró recuperarla."

– "Fue un golpe de suerte. Difundí un anuncio por la red, ofreciendo recompensar a quien pudiera facilitar material de la entrevista. Únicamente una persona pareció poseer tal video, un tipo que trabaja en la universidad local. Hubiera venido antes, pero mi solicitud tardó en ser respondida. Tuve que encontrarme con el sujeto hasta la noche."

– "Ya veo. ¿Con qué le pagaste?"

– "No fue barato. Ni Yuuko podría haber completado."

– "¿Qué? ¿Le vendiste tu colección completa de Iron Maiden?"

– "Ni loca me atrevería. Nah, en realidad… verás…"

– "¿Sí?"

– "Bien… todo…"

La rapaz suspiró, dirigió la vista al suelo y su rostro se tornó triste.

– "Yo haría todo por ti, Aria, todo…" – Expresó. – "Tu bienestar es lo más valioso para mí, sólo me importa que seas feliz, sin importar el precio. Y en ocasiones, una debe hacer titánicos sacrificios para lograrlo."

– "C-Cetania, ¿Qué fue lo que hiciste?"

– "Bueno, yo…" – Me miró a los ojos. – "Yo me… acosté con él…"

La castaña volvió a observar el piso sin atreverse a voltear la cara. Yo me llevé la mano a la boca, horrorizada y Lala solo evitó mirarla.

– "Cetania, no…" – Tomé su dígito en mis manos. – "Por favor… Dime que…"

– "Perdóname, Aria, pero era necesario asegurar tu inocencia…"

– "¡Y perdiste la tuya!" – Me rendí a las lágrimas. – "¡No debiste! ¡Demonios, no debiste, mujer!"

– "Lo siento…"

Soltó su ala y se dio la vuelta. Esto era terrible, completamente abominable. Mi mejor amiga entregó su pureza solo por un pedazo de plástico y unos cuantos pixeles en movimiento. Sentí tanta amargura y rabia que no sabía si el cuerpo me temblaba por la aflicción o la furia. Repentinamente, la arpía empezó a reír.

Un momento…

– "¡Oh, por todos los dioses, Aria! ¡Caíste redondita!" – Se carcajeó la emplumada. – "¡Deberías ver tu cara!"

– "¡¿Eh?! ¡¿Entonces tú no…?!"

– "¡Claro que no, araña crédula! ¡¿Acaso pensaste que le daría mi virginidad a un hombre?! ¡Ni Bruce Dickinson tendría ese placer, y eso que es el mejor vocalista del mundo!"

– "Ya veo…" – Suspiré aliviada. Rápidamente me incorporé para propinarle unos buenos coscorrones. – "¡Estúpida urraca del demonio! ¡No vuelvas a engañarme de esa manera!"

– "¡Auch! ¡De acuerdo, perdón por querer divertirme! ¡Ay!"

– "¡Casi me da un infarto, idiota! ¡Maldita peste alada, eres insoportable!"

– "¡Ay, Aria, detente! ¡Detente, ya entendí! ¡Ow!"

Luego de otro par de golpes en su cráneo y una patada con mis pedipalpos, abracé de nuevo a la americana. Me dio un tremendo susto, pero me alegraba que no hubiera cometido alguna estupidez por mi culpa.

– "Nunca bromees con tales cosas, tonta. Otro poco y hubiera salido a asesinar a ese sujeto."

– "Vale, ya comprendí, flaca. Ouch, ni siquiera Lala me pegó tan duro como tú."

– "Te lo mereces por idiota." – Le piqué una mejilla con el dedo. – "Pero en serio, ¿cómo lo conseguiste?"

– "Le pagué 10,000 yenes en efectivo. ¿Es eso suficiente, señorita violenta?"

– "Necesitarás el triple para que te reacomoden el cerebro, babosa." – Volví a suspirar. – "De todas maneras, gracias por todo, aunque considero que ofreciste demasiado."

– "Bleh, el dinero va y viene. Además, seguramente nuestro salario en MON será cuantioso, ¿no lo crees?"

– "Eso espero, aunque conociendo a Smith, quizás debamos empezar a acostumbrarnos a las sopas instantáneas."

– "En ese caso, nos pasamos al bando de los terroristas y por fin crearemos nuestras malvadas bases secretas."

– "Je, siempre con tus bases secretas, cabeza de chorlito." – Me reí. – "Hablando de MON, ¿ya decidiste cuando iremos?"

– "Hablé con Kuroko hace una hora y me informó que podríamos verla mañana a las diez en las oficinas de Tokio."

– "De regreso a la capital. Bueno, ojalá no necesitemos mustélidas malhabladas para guiarnos."

– "Tengo la dirección en el GPS del celular, don't worry. Entonces, ¿te veo mañana o lo dejamos para otro día?"

– "Mañana suena bien. Pásame a recoger dos horas antes y tomaremos el primer tren que salga. ¿Vale?"

– "Es un trato, flaquita. Será un honor trabajar a tu lado." – Acarició mi espalda.

– "Igualmente, Cetania, igualmente."

– "Bien, creo que ya fueron muchas lágrimas y risas por hoy. Paso a retirarme."

La rapaz se levantó y ofreció su extremidad alada a la dullahan.

– "Te agradezco la comida, azulita. Discúlpame por lo que pasó entre nosotras. Seremos adversarias, ¿Pero qué tal si competimos civilizadamente en esta ocasión?"

– "Sería injusto para ti, puesto que no ganarías." – Contestó la irlandesa.

– "¿Tienes miedo de perder?"

– "Tus insinuaciones son risibles, vástago de Electra." – Estrechó con su mano. – "Pero en vista de tus generosas obras recientes, me parece que te concederé el privilegio de disputar el cariño de Jaëgersturm, aunque no esperes tener la más mínima oportunidad."

– "Una oportunidad, sin importar que tan pequeña sea, es todo lo que necesito." – Sonrió la estadounidense. – "Good luck, Smurfette."

– "Ádh mór ort, pla asgellog."

Acompañamos a la castaña hasta la salida. En ese momento recordé algo.

– "¡Espera, Cetania! ¡Olvidas tu ropa que me prestaste!"

– "Puedes quedártela, arañita. Para que siempre me recuerdes cuando te la pongas."

– "No es necesario, ¿sabes?"

– "No, pero como decía mi instructora de caza: Si quiero y puedo, lo hago."

Qué pequeño es el mundo, pensé.

– "Como digas, halconcita. Danke."

– "Anytime, Blondie. Nos vemos mañana." – Acto seguido, apuntó a la segadora. – "Oh, y Lala…"

– "¿Qué deseas?" – Preguntó la aludida.

– "Luces genial en ese atuendo." – Guiñó para rápidamente alzar vuelo majestuosamente.

La falconiforme se elevó por los aires hasta volverse un lejano punto bajo el sol. Sonriendo por el torbellino de emociones que ella siempre provocaba, cerré la puerta y abracé a una ligeramente ruborizada dullahan.

– "Es fantástico cuando ustedes dos no pelean, Spatzi. Me gustaría que se llevaran así de perfecto todo el tiempo."

– "Quizás cuando los fermiones de la Vía Láctea se desintegren por completo, cazadora."

– "Ya sabías que ella me estaba gastando una broma, ¿cierto? Por eso no reaccionaste."

– "Correcto. Evité revelarlo porque predije que la amonestarías con dolor físico."

– "No querría recurrir a la violencia, pero se lo ganó a pulso."

– "De todas formas, me parece que ahora deberíamos ocuparnos en reacomodar tus pertenecías en nuestra habitación."

– "Oh, sobre eso..."

– "¿Qué sucede, A chuisle?"

– "Es que… Todavía siento que me estás perdonando muy rápido. No me siento digna de tu bondad aún."

– "Aria…" – Suspiró. – "¿Por qué insistes en menospreciarte?"

– "Difícilmente me sentí valiosa hasta conocerte. Sólo castígame con algo, ¿sí? No estaré tranquila hasta haber sufrido."

– "Creo que ser masoquista es común entre las arachnes." – Disintió con la cabeza. – "De acuerdo, dormirás una semana en el sofá de la sala, ¿satisfecha?"

– "Serán siete largos días, pero me parece suficiente." – Exhalé. – "Danke, Spatzi."

– "De nada. Pero, posterga tu condena para mañana..." – Me besó suavemente en los labios. – "Hoy quiero que durmamos juntas."

– "¿En verdad?"

– "Necesitarás ánimos para aceptar tu nuevo puesto." – Recorrió mi brazo con su dedo hasta mi nariz. – "Además, la cama se siente demasiado grande sin ti, A chuisle."

Volvimos a unir nuestros labios. Sonreí mentalmente, conocía ese tono de voz. Bueno, más me vale darme un buen baño y comer bien para una noche agitada. Oh sí, esta noche cena la araña. Alguien tocando a la puerta nos sacó de nuestro apasionado contacto bucal.

– "Oh, buenos días, señorita. ¿Aquí vive Aria Juger… Jiger…?" – Vaciló un joven repartidor. – "Ay, estos nombres tan marcianos."

– "Jaëgersturm. Sí, soy yo."

– "Excelente. ¿Podría firmar aquí, por favor?"

El tipo me facilitó una pluma y unos papeles. Luego de signar mi nombre en la hoja de recibido, me entregó un delgado paquete y se despidió. Regresé adentro y comencé a remover la envoltura. El remitente era el Shameimaru Shinbun, donde trabajaba esa lépera finlandesa. En su interior, se hallaban las fotos que ella nos tomó a mí y a Cetania. Lala y yo recorrimos las diversas capturas que la veloz lente de la nutria captó antes, después e incluso durante el concierto. Cuando llegamos a las últimas fotografías, mostrando un muy profundo beso entre la castaña y yo sobre aquella plataforma, pude sentir la inquisitiva mirada de la peliblanca escudriñando mi alma.

– "Uhm… Puedo explicarlo, Spatzi…"

– "Que sean dos semanas en el sofá…" – Proclamó Lala, regresando a su cuarto. – "Y olvida lo de dormir conmigo hoy."

¡Maldita seas, Saukki Nukka!


NOTAS DEL AUTOR: Pobre Aria, la nutria le sigue causando problemas incluso a distancia.

Este episodio fue para plasmar un slice-of-life, un pequeño pedacito de la vida cotidiana con un día relativamente relajado. Además, ya que nuestra protagonista está a punto de unirse al grupo de élite de Smith, necesitaba ofrecerle un último momento de paz antes de la tormenta que sin duda su nuevo puesto le traerá. Y porque la idea de Lala vistiendo un uniforme de las WAVES y Aria obteniendo su preciado atuendo Sparassediano es simplemente irresistible. Soy un fetichista militar, no puedo evitarlo.

"Si quiero y puedo, lo hago" es la frase que mi padre me inculcó desde que era niño y la que más he seguido fielmente hasta el día de hoy. No es precisamente el mejor consejo, pero fue ese impulsivo dicho lo que me animó a publicar esta historia en primer lugar. Sí, ya sé, hubiera sido mejor que nunca hubiera sucedido, pero ahora se aguantan.

Dejándonos de bromas, agradezco a todas las personas que me aún continúan conmigo en la travesía. Treinta capítulos se dice brevemente, pero no es fácil escribirlos. Ojalá hayan disfrutado leerlo y los invito a dejarme sus opiniones, que son siempre bienvenidas. Un saludo al compañero Arconte, quien me proveyó con una idea para este episodio. ¡Danke schön, kamerad!

Sin más que agregar, los espero en la próxima entrega y les recuerdo cuidarse de las finlandesas chismosas. ¡Auf Wiedersehen!