NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos, hermanos y hermanas de la Fe Merótica! ¡Tarmo Flake les da la bienvenida!
Sufro de una jaqueca monstruosa y el trabajo no me deja ni comer en paz, pero aún así, me las arreglé para entregarles este nuevo episodio. No les quitaré mas su tiempo, así que pasemos directamente a la lectura principal. Ah, y un consejo: No se bañen a media noche con agua fría, los resfriados no perdonan. ¡Achú!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena vivirá eternamente!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 31
– "Ah, Aria…"
Mañana sería el día, el día en que por fin me agregaría a las filas de élite en MON. Sería parte del grupo de operaciones especiales liminal por excelencia, el cenit del orden y la justicia extraespecie definitivo en todo el archipiélago japonés. Se acabaron los días de congelarse el abdomen con fríos mantecados a base de leche y hielo, adiós a los infortunados incidentes con insectos hemimetábolos y, sobre todo, no más horribles botargas con forma de aves no voladoras del antártico.
– "Aumh… Aria… Ah…"
Aún me resulta difícil de asimilar, especialmente desde que apenas llevo en este país unas semanas. En ocasiones, siento que mi vida es una extraña novela ficticia. Quizás todo el mundo se ha sentido así alguna vez, preguntándose si no somos más que simples actores en una obra imaginaria, entreteniendo a un impaciente público con los altibajos de nuestra rutina diaria. Bueno, al menos espero que mi sufrimiento haya deleitado a alguien. Y hablando de deleitarse, yo me estaba dando un grandioso festín de dullahan al natural.
– "Ahh… ¿Aria?"
– "¿Mmm? ¿Qué sucede, Spatzi?"
– "Llevas lamiendo desde hace rato…"
– "No es cierto… También he succionado en repetidas ocasiones."
– "Pero ya son… Ohh… quince minutos."
– "Quince deliciosos minutos. ¿Deseas que me detenga?"
– "No me refería a eso… uhm… pero yo quería que habláramos… ahh..."
– "Estamos hablando ahora, ¿no?"
– "Pero no en medio de… auhm… estar haciéndolo."
– "Espera al menos llegar al orgasmo, ¿de acuerdo, Spatzi?"
– "Me es imposible cuando necesito expresarme primero."
– "¿Ah, sí? Pues ahora te vas a expresar con gemidos."
– "¡E-espera, detente!"
Aceleré los movimientos de mi habilidosa lengua, recorriendo en su totalidad la gloriosa feminidad de la irlandesa. Mis dedos, aún con guantes, no son muy delicados y el tribadismo se reserva para el final; Por ende, recae en mi destreza bucal el asegurar un resultado satisfaciente en cuestión de asuntos amorosos para mi dama. Poseer afilada dentadura nunca ha supuesto un problema para la gratificación sexual segura, ya que siempre me he asegurado de que mis puntiagudos incisivos no causen daño a tan vulnerable zona íntima. Además, me encanta el sabor de la segadora, una auténtica panacea para el paladar.
– "¡Aahh… A-Aria…!"
Mi nombre y exclamaciones de gozo se fusionaban con el sonido que mi húmedo y tenaz órgano producía, todo en conjunto para crear una auténtica sinfonía de placer que resonaba por todos los rincones de la habitación. Como una lasciva ofensiva militar, mi ataque aumentó de intensidad al tiempo que los gemidos de Lala escalaban en volumen y profundidad. Sus piernas respondieron apresando mi espalda y empujando mi torso superior para hundir aún más mi rostro en sus labios inferiores.
Yo no dejé que ella realizara todo el trabajo y pronto mis manos suavemente le invitaron a recostarse mientras recorrían sus suaves montañas pectorales. El ambiente se tornó frenético entre mi vigoroso asalto bucal y mis atrevidos dedos estimulando los carnosos botones de sus pechos. Mi erótica invasión no se limitó a su entrepierna y prontamente mi hambrienta lengua peregrinó el resto de la dulce figura de la encendida dullahan. Sin dilación, los repentinos temblores en todo su cuerpo se hicieron presentes, anunciando un inminente clímax. Volví a la carga para potenciar el resultado, siendo los hondos gemidos de regocijo que la irlandesa dejó escapar prueba suficiente para confirmar mí laureado éxito.
Con mi cara empapada y brillante de sus apasionadas exudaciones, me permití admirar a la jadeante segadora, yaciendo en el lecho conyugal con su tersa piel azul cubierta de sudor y respirando agitadamente para recobrar su ritmo pulmonar regular. Su rostro, completamente enrojecido, mostraba una muy clara felicidad extasiada, como su atrevida lengua al descubierto evidenciaba. Me relamí los labios en señal de triunfo, Aria Jaëgersturm había completado eficazmente la ardiente misión una vez más.
Tiernamente me coloqué sobre la irlandesa, besando el resto de su desnuda entidad corpórea. Lucía al mismo tiempo tan vulnerable y tan frágil como sensual y apetecible, toda una manifestación física de belleza femenina absolutamente perfecta. La tomé en mis brazos y continué propinando ósculos a sus ruborizadas mejillas y atenta boca sin dejar de acariciar su figura.
– "¿Te gustó, Spatzi?" – Le pregunté susurrando.
– "Aria…" – Musitó.
– "Dime, amor." – Mordí suavemente su oreja.
– "Eres… ¡Eres una tramposa!" – Me empujó hacia atrás, haciéndome soltarla. – "¡Tramposa!"
– "¿Y eso a que viene?"
– "Debiste haber dormido en el sofá. Siempre evitas dialogar conmigo." – Volteó su cara e infló sus mejillas. – "Te pedí detenerte y me ignoraste."
– "Tu boca proclamaba 'alto', pero tu cuerpo me suplicaba continuar, hermosa."
– "Sólo te importa complacerte."
– "Acabo de demostrarte cuanto me importa tú placer, azulita." – La abracé de nuevo. – "Además, ya sea hablando o haciéndote ver estrellitas, mi lengua es muy convincente, ¿no lo crees?"
– "Aria, tonta."
– "Vamos, Spatzi." – Giré su rostro hacia mí. – "Sabes que te aprecio por completo. Anda, ¿de qué deseabas charlar?"
– "Bueno, yo…"
– "¿Sí?"
La segadora suspiró y miró al techo.
– "Aria, sé que eres una soldado entrenada y una guerrera muy capaz." – Tomó una de mis manos alrededor de ella y la besó. – "Pero no puedo dejar de preocuparme por tu bienestar."
– "¿Miedo de que algo malo me pase?"
– "Temo perderte. Aquel horrible pensamiento casi se vuelve realidad y no deseo que se materialice."
– "Tranquila, amor." – Recosté mi cuerpo sobre el suyo. – "Solo será el reclutamiento y nada más. No nos enviarán a combatir terroristas el primer día."
– "¿Y si lo hicieran?"
– "Tendría a Cetania cubriéndome la espalda."
– "Ese es otro punto que quiero tratar." – Se dio la vuelta para encararme. – "¿Confías en que esa arpía mantendrá su palabra estando tan cerca de ti?"
– "La rapaz es mujer honorable, Lala. Tu misma presenciaste como se arriesgó a condenar su reputación para exonerarme."
– "Una muy astuta jugada de su parte. Apeló a nuestra compasión y ha ganado puntos de moralidad con el resto de la casa. Empatía a través de lástima, un plan eficiente."
– "Si lo analizamos de esa manera, todas mis acciones no han sido más que sucias tretas para obtener tu favor." – Expuse. – "No acuses a la castaña de confabular artimañas sólo porque no te agrada, Spatzi. Ella no es tan mezquina."
– "La favoreces porque la amas."
– "Como igual te amo a ti. No es parcialidad hacia ella, sino mi pleno conocimiento sobre su honestidad." – Acaricié su mejilla. – "Cetania jugará limpio, Lala, debes creerme."
– "Confío en ti, A chuisle." – Se pegó a mi cuerpo. – "Y espero también pueda con esa peste voladora."
– "No me arriesgaría a perder tu amor de nuevo, Spatzi. Una vez fue suficiente para saber que sin ti, soy tan frágil como el vidrio. Nunca voy a dejarte, lo prometo."
– "Te amo, Aria." – Me observó con sus áureos ojos. – "Por favor, cuídate. Cuídate por lo que más quieras."
– "Y yo te amo a ti, Lala. Relájate, no me atreveré a morir sin tu permiso."
Volvimos a besarnos, suave y lentamente. Nos hallábamos completamente sin ropa y habíamos compartido un erótico momento hace unos minutos, pero en ese instante temporal, el simple acto de estar juntas era más importante y satisfactorio que cualquier placer carnal.
La dullahan tenía razón al preocuparse, yo también estaba aterrada. Ser parte de MON era estar en primera línea contra esos malditos psicópatas violentos, mi vida se arriesgaría cada día, sin contar que la fama aumentaría tales probabilidades. Sin embargo, el saber que tantas personas dependían de mis acciones para asegurar su bienestar me motivaba a no rendirme. Era el recordar que si claudicaba, algún día podría nunca regresar y sentir la cálida respiración de Lala en mi cuello al irme a dormir. No vería su nívea sonrisa alegrarme las mañanas ni escucharía sus sinceras palabras declarar cuanto me aprecia. Ella era mi mayor apoyo, mi sustento incondicional, mi todo.
Debo luchar por ella, por Cetania, por los inquilinos de este humilde hogar que me recibieron con los brazos abiertos cuando mi propia nación me rechazó. Por aquellas personas honestas que se esfuerzan de sol a sol para brindar sustento a sus familias, ya sea labrando la tierra o detrás de un escritorio. Esto no lo hago por honor, fama o gloria; No es para rebelarme contra las normas totalitarias con las que fui criada ni para demostrarle algo a mi inmadura adolescente interior. No es un egoísta capricho.
Lo hago… porque es lo correcto.
Con mis ánimos en la cumbre y mi voluntad resuelta, regresé a la ardiente sesión de besos y caricias con la irlandesa. Sin más retrasos, mi boca, ávida de degustarla nuevamente, se empeñó en recorrer ese núbil cuerpo Abismal minuciosamente. La necesitaba, mi corazón la necesitaba y mi alma la exigía. Mi libido ya no se contendría y pronto nuestros mimos escalarían su intensidad.
– "Aria…" – Habló entre exhalaciones la segadora.
– "¿Qué sucede, Spatzi?"
– "Es… mi turno…"
– "Claro, amor…" – Sonreí.
La dullahan se incorporó para dirigirse a mi entrepierna, pero antes que la punta de su lengua hiciera contacto con mi intimidad, tomé su cabeza y la separé de su cuerpo.
– "¿Qué haces, A chuisle?"
– "Simplemente intento despejarme una duda."
–"¿Cuál?"
Acerqué su rostro al mío y sonreí maliciosamente.
– "¿Alguna vez te has probado a ti misma?"
Esa noche, Lala descubrió que una cabeza removible es increíblemente práctica para la autosatisfacción oral.
…
Desperté temprano, unos minutos ligeramente más tarde de lo habitual. Seis y cuarto de la mañana, según mi nuevo reloj en forma de tanque. Es un pequeño infortunio tener un despertador biológico tan puntual, yo deseaba levantarme al ritmo del Panzerlied interpretado en ocho bits. Bueno, al menos tengo tiempo suficiente para ducharme, desayunar, y arreglarme correctamente para el trabajo, sin contar que no hay nada mejor que admirar a la irlandesa descansar plácidamente con su descubierta figura siendo abrazada por mis manos y los débiles rayos de sol filtrados en las cortinas. Eso es algo que espero se vuelva costumbre.
– "Guten Morgen, Spatzi." – Besé su mejilla al tiempo que ella abría sus ojos. – "Hoy es el día."
– "Maidin mhaith, A chuisle." – Bostezó y regresó el beso. – "¿Cuánto tiempo hasta que debas partir?"
– "Una hora y cuarenta y cinco minutos. Aprovechemos que andamos en cueros y metámonos a ducharnos cuanto antes."
– "De acuerdo." – Estiró su cuerpo. – "¿Te sientes aún nerviosa?"
– "Nah, ayer disipamos toda tensión que pudiera tener…" – Le guiñé. – "Gracias por la ayuda, guapa."
– "Es un placer, literalmente, A chuisle."
Nos dirigimos con celeridad al baño para evitar que alguien nos atrapara sin ropa. Ahora que lo pienso, jamás he tomado la hora del aseo junto al resto de las chicas, al igual que la segadora. Tampoco es que me importe, por mucho que se pudiera pensar que tengo curiosidad por verlas desnudas; Simplemente no me interesa el compartir mi tiempo personal con otra persona que no sea Lala. La limpieza empezó y con su cabeza removida, enjaboné y tallé la espalda de la dullahan.
– "Entonces, azulita, ¿de verdad nunca intentaste algo similar antes?" – Le cuestioné sobre lo de anoche.
– "Ya te expliqué que jamás tuve tales deseos hasta que te conocí, A chuisle."
– "Pero aún así, debiste experimentar con tu cuerpo al llegar a la pubertad o algo. Dudo que tus diestros dedos lograran volverse tan habilidosos de la nada."
– "Admito que tuve curiosidad por mis cambios físicos al crecer y quizás exploré ocasionalmente mi propia figura, pero el autosatisfacerse de manera acéfala nunca estuvo entre esas opciones."
– "A veces creo que solo te estoy corrompiendo, Lala." – Bromeé. – "Pero dime, ¿Qué se sintió degustarte a ti misma?"
– "Fue una experiencia inusual y hasta agradable, pero sinceramente, prefiero tu sabor."
– "Concuerdo contigo, Spatzi. Tú eres mucho más dulce que yo." – Lamí mis labios. – "Y según la entusiasta actitud de tu cuerpo ayer, este también comparte la opinión."
– "Sin mi cabeza, mi entidad corpórea se reduce a un manojo de instintos y emociones. Quizás sea más sincera, pero igualmente es muy irresponsable." – Explicó la peliblanca. – "Pero en momentos de tranquilidad como este, ambas partes trabajamos al unísono."
– "Lo sé, siempre me sentí afortunada de tener prácticamente dos Lalas." – Reí. – "Me pregunto cual me quiere más."
Acto seguido, estimulé los pechos de la irlandesa mientras colocaba los míos en su espalda. La reacción de su mitad decapitada no se hizo esperar.
– "¡Aria!" – Se quejó la Abismal. – "¡No hagas eso!"
– "Si la dullahan quiere más, pues dale lo que quiere…"
– "¡Ahh! ¡No!"
– "Shhh… Es la resistencia es inútil. Deja que la perversión fluya en ti, entrégate al lado caliente."
– "¡Trampos-MMF!"
Nuevamente, la segadora se degustaba a sí misma, obligada por su propio cuerpo. Seguramente me ganaré una semana extra en el sofá, pero el ver a la azulada chica dejarse llevar por sus deseos hacía que valiera la pena el sacrificio. Ella lo disfrutó, estoy segura, pero sé que no lo admitiría. Luego de que ella acabara (de asearse…) y me diera un escarmiento a base de coscorrones, nos encaminamos a la cocina. Ya en la mesa, la peliblanca preparaba nuestro desayuno y yo revisaba mi teléfono para cerciorarme que Cetania pasaría por mí a la hora acordada. Confirmando ella su asistencia, me relajé deleitando mi paladar con el excelente platillo que mi chica preparó.
– "Tomé una decisión, A chuisle." – Mencionó la segadora, cortando su carne. – "Voy a aceptar la oferta de laborar en el Aizawa."
– "¡Eso es fantástico, Spatzi!" – Me levanté a abrazarla y besar su frente. – "Estoy completamente orgullosa, linda. ¿Cuándo planeas comenzar?"
– "Investigaré hoy, después de despedirnos. Considero que también debería ser un nuevo inicio para mí."
– "Te apoyo totalmente, guapa." – Alcé mi vaso. – "¿Qué hay de Miia? ¿Crees que esté bien sin su mentora?"
– "La lamia ya no requiere mi asesoría, es hora de dejarle descubrir el camino por cuenta propia."
– "Que los dioses nos amparen de sus escamosas creaciones." – Bromeé. – "En todo caso, estoy más que segura de que lo harás perfectamente."
– "Gura míle, A chuisle." – Sonrió. – "Aunque me preocupa saber que esa molesta emplumada podría perjudicarme, sabiendo que la relación entre su casera y la dueña del inmueble descansa en sus garras, y por ende, mi trabajo."
– "Vamos, mujer, Cetania no cometería tal injusticia. Es tu rival, pero no tu némesis." – Le aseguré con mi mano sobre la suya. – "Además, a ella también le encanta tu comida, por mucho que se esfuerce en negarlo. Descuida, Spatzi, tu posición está fuera de peligro."."
– "Está bien." – Suspiró. – "Sigo confiando en tu palabra, A chuisle."
Ya finalizado el desayuno, inicié con el meticuloso proceso de vestir mi oneroso uniforme de la SturmSchütze. Se encontraba perfectamente lavado y planchado, con un agradable olor a fresitas. Le agradecí mentalmente al amable Kimihito y me dispuse a arreglarme frente al espejo de mi habitación. Sonreí al verme usándolo, satisfecha de cumplir mi meta de alguna vez ostentarlo en carne propia. Como dijera esa baphomet: Los sueños se cumplen, pero solo si luchamos por ellos. Y esos 76,600 yenes en efectivo dieron una buena batalla. Me aseguré de no llevar la banda roja en el brazo, no quería que me dijeran que parezco una nacionalsocialista.
– "Te queda perfecto, A chuisle." – Opinó la dullahan, cambiándose a ropas más formales. – "¿Segura que no te preocupa que le pase algo a tu preciado atavío?"
– "No es sólo un artículo ceremonial, Spatzi, también es un traje de batalla." – Repliqué acomodando la corbata negra de mi camisa. – "La seda de nuestras tejedoras es increíblemente resistente, diseñada para resistir toda clase de peligros."
– "Realmente tu nación es la más bélica que he conocido desde la antigua Esparta" – Dijo colocándose junto a mí y abotonándose un nuevo vestido.
– "Tal comparación es demasiado correcta, linda." – Ajusté mi cinturón y mis guantes bicolores. – "¿Sabes? Si Sparassus no fuera una dictadura tan arraigada a viejas costumbres y tan aislacionista, sería el paraíso para las fetichistas militares como yo. Pero de haberme quedado ahí, jamás te hubiera conocido, y eso me parecería inaceptable."
– "Ya no puedo imaginarme una existencia si ti, A chuisle." – Me abrazó.
– "El sentimiento es mutuo." – Imité el gesto. – "No será tan linda como tu uniforme de ayer, pero igualmente luces genial con esa ropa, Spatzi."
– "Gracias." – Ella notó el broche metálico en la bolsa derecha de mi saco. – "Veo que estas usando ese pin que te regaló la arpía."
– "Bueno, no iba a desperdiciar su regalo, azulita. Y ya sabes que me encantan los blindados." – Acaricié su cabeza. – "Escucha, si te pusiste celosa, yo también tengo uno para ti."
De los cajones tomé los broches que compré en la tienda tokiota antes de regresar del concierto. Le entregué el que tenía forma de guadaña.
– "Ten, para que Mio sepa con quien estará tratando cuando te contrate." – Bromeé.
– "Gracias, A chuisle…" – Agarró el otro. – "Pero creo que me quedaré con el arácnido y tú con la dalla, así siempre estaremos juntas aún a distancia."
– "Oh, Spatzi, siempre tienes las mejores ideas." – Sonreí. – "La pondré en mi lado izquierdo, el más cercano a mi corazón."
Con el pin colocado, me di un último vistazo en el espejo. Estaba preparada. Entonces, mi expresión decayó un poco.
– "Lala… Dime, ¿eres feliz?"
– "Por supuesto."
– "Es decir, ¿eres feliz a mi lado?"
– "Precisamente porque estás a mi lado. ¿Por qué dudarlo?"
– "Tú eres una auténtica fortuna, Lala. Eres extremadamente valiosa y no sé si merezco a alguien como tú. Aún tengo miedo de no cumplir tus expectativas un día de estos."
– "¿Acaso piensas que podrías decepcionarme, Aria?"
– "Lo hice hace dos días, te fallé. Estas finas ropas son la prueba que intenté conseguir tu perdón de manera materialista."
– "Nunca me fallaste. Yo me defraudé a mí misma cuando te culpé de un crimen que mi corazón y hasta la misma arpía se encargaron de disipar."
– "¿Prometes…? ¿Prometes no abandonarme si me equivocara?"
– "Aria, yo siempre te apoyaré incondicionalmente." – Tomó mi mano. – "Yo creo en ti, Cetania cree en ti, todos lo que te conocen también te tiene fe. No estás sola."
– "D-danke, Spatzi." – Evité llorar. – "He sido tan desdichada durante estas dos décadas de existencia, que cuando la suerte me sonríe, simplemente me parece sobrecogedora."
– "Yo también le temí a aceptar que te amaba porque me aterrorizaba la idea de no estar a la altura. Tu amor era una meta demasiado alta para una solitaria cazadora fallida de almas como yo. Incluso la centáuride y la lamia admitieron envidiar tu afortunado ascenso por la vida. Pero al final, logré la dicha contigo y tú, tú has crecido tanto que me enorgulleces como no imaginas."
– "No hubiera logrado nada de eso sin ti, sin la ayuda de los demás."
– "Y nosotras tampoco si no nos hubieras motivado con tus acciones. Todos necesitamos de alguien, eso lo he aprendido estando contigo, por eso te aprecio. Te necesito, Aria, y nunca te dejaré."
– "Te amo, Lala." – La sostuve en mis brazos. – "Gracias por tolerarme."
– "Gracias a ti por existir."
– "Soy una araña dramática y chillona, ¿cierto?"
– "Y nunca te cambiaría por nada."
Ese profundo beso que aconteció a continuación me renovó las energías. Saber que cuento con el soporte eterno de la irlandesa era el sostén necesario para evitar desmoronarme. El temor siempre me invadía cuando estaba a punto de embarcarme en algo importante e incluso me hizo retractarme en repetidas ocasiones. Pero hoy no, porque la fortuna siempre me acompañara mientras nunca olvide que Lala me ama, que tiene esperanza en mi persona. Y siempre le agradeceré infinitamente por creer. Salimos de la recámara y en la sala nos esperaba el resto de la casa, habiéndoles informado de mi partida con anterioridad.
– "¡Guten Morgen alle mitenander!" – Reverencié.
– "Buenos días, cazadora." – Saludó primero Rachnera. – "¿Por qué te vestiste como una Nazi?"
– "Muy graciosa, tejedora." – Torcí la boca. – "Tranquila, las ejecuciones masivas me las reservo únicamente para los terroristas."
– "Aria, te deseo buena suerte." – Me dio la mano Kimihito. – "Es increíble lo que has logrado hasta ahora."
– "Danke, Herr Kommandant; Prometo dar lo mejor de mí."
– "¡Aria-nee! ¡Si los malosos te atrapan, hazles un fatality!" – 'Aconsejó' Papi. – "¡Recuerda el movimiento de Chango Tsung!"
– "Claro, querida, lo que digas." – Acaricié su cabeza. Suu me abrazó tiernamente sin recurrir a palabras.
– "Me uno al resto, Jaëgersturm. Espero sobresalgas en tu trabajo." – Fue el turno de Centorea de estrechar mi mano. – "¿Miia, Mero-sama, no opinan lo mismo?"
– "Correcto, Centorea-san." – Indicó Meroune. – "Y Aria-san, por favor tenga cuidado con esos extremistas. Espero Neptuno vele por su bienestar."
– "Así es, cuídate, después Lala se nos deprime y Rachnee huiría de casa." – Bromeó Miia. – "Aunque eso no es tan mal-¡AY!"
– "Aprecio tu preocupación, víbora." – Le escarmentó la tejedora con un golpe en la cabeza. –"Como sea, demuéstrales de que estás hecha, alemana."
– "¡Jawohl!" – Hice gesto militar. – "Gracias a todos por sus palabras."
La puerta sonó, anunciando que era momento de despedirse. Con una reverencia final a los inquilinos, recibí a mi compañera recién llegada. La emplumada vestía una bonita camiseta roja, sus habituales jeans azules y una bonita chaqueta sin mangas verde marino. No era muy diferente a su atuendo habitual, pero de alguna manera lucía más formal que de costumbre.
– "Guten Morgen, Cetania." – Le saludé. – "Te ves bien."
– "Thank you, Blondie." – Contestó. – "¿Por qué te vestiste como una Nazi?"
– "¡Argh! ¡Con un demonio, pajarraca!"
– "Es broma, es broma." – Se rió. - "Hola a ti también, pitufo. ¿Nos acompañas? Necesitaremos con que practicar tiro al blanco."
– "Saludos, peste alada. ¿Regresaste a recoger tus piojos?" – Replicó la segadora.
– "Nah, te los regalo, se sentirán como en familia."
– "Tranquilas, chicas." – Interrumpí. – "Hoy es un día especial, ¿podrían dejar su antagonismo para otro momento?"
– "Vale, vale." – Acordó la castaña. – "De todas maneras, no deberíamos retrasar más el viaje. Vámonos, flaquita."
– "¿Por qué la prisa? Tokio no se irá a ningún lado, hija de Taumas." – Le respondió la dullahan.
– "Este es asunto oficial del escuadrón especial MON, ciudadana; Manténgase a distancia o me veré obligada a tomar medidas preventivas." – Contestó la americana.
– "Chicas…" – Volví a quejarme.
– "Está bien, sólo estoy jugando, mamá." – La emplumada sacó la lengua. – "En fin, hora de largarnos, ¿no crees?"
– "Supongo que sí. Bueno, entonces en marcha." – Miré a la irlandesa. – "Auf Wiedersehen, Spatzi. Atraparé a los malos por ti, ¿de acuerdo?"
– "Cuídate, A chuisle. Y por favor, regresa con vida."
– "Por supuesto, que lo haré, querida. Ich liebe dich."
– "Adhraím thú."
Sonriendo, le clavé otro glorioso beso en sus azules labios. Miré a Cetania, quien sólo observaba con la boca torcida y girando sus ojos, obviamente celosa de nuestro ósculo. Lala también lo notó y alargó el acto para aumentar la envidia de la halcón. Tranquila, pajarita, uno de estos días también te tocará a ti… Si todo sale bien. Acabada nuestra unión bucal, le di un último abrazo a la peliblanca y me encaminé junto a la falconiforme a la estación del tren.
– "¡Go dté tú slán!" – Nos deseó buena suerte la dullahan, ambas le devolvimos el gesto en la lejanía.
Hacía un hermoso día soleado, aunque el frío invernal ya podía palparse en el aire. La próxima vez me compraré un abrigo o le pediré una bufanda a la segadora.
– "Ustedes dos parecen salidas de una película cursi, arañita." – Mencionó la rapaz a mitad del trayecto. – "¿La nena estará bien sin su enanita azul?"
– "Oh, no farfulles boberías, avechucha." – Le di un golpecito en la cabeza. – "Por cierto, ¿Qué dijo Yuuko? ¿Lloró todo un océano o se alegró porque al fin la dejabas en paz?"
– "¿Bromeas? Ni la vieja Palakya me sermoneaba tanto como Honda. Tuve que batallar para convencerla que no necesitaba tienda de campaña, cantimplora, botiquín médico portátil ni siete pares de ropa interior limpia."
– "¿Al menos recordaste traer las pantis puestas en esta ocasión?"
– "No lo sé, ¿quieres comprobarlo?" – Alzó sus cejas.
– "¡Ah, siempre tan pervertida!"
– "¡Ja! ¿No te mordiste la lengua? Puedo detectar tu aroma a sexo a kilómetros, araña cachonda."
– "Insisto en que deberías emplear tus sentidos en algo mejor que husmear la vida privada de la gente."
– "Tampoco estoy muy a gusto, flaca. Por mucho dentífrico que uses, puedo oler la entrepierna de esa decapitada cada vez que abres la boca." – Hizo gesto de disgusto. – "Se cancelan los besos, rubia, no tengo curiosidad en saborear la vagina de Lala. Ha de saber a cañería."
– "Por eso me encanta platicar contigo, pajarraca." – Disentí con la cabeza. – "Nada como disfrutar de una refinada charla en medio de la calle."
– "Pfff… Ustedes dos han de ser las más vulgares bajo las sábanas. ¿Ya intentó meterte el mango de la guadaña por atrás?"
– "¡No digas tonterías! ¡Es demasiado grue-YA CÁLLATE, FASTIDIOSA!"
– "Siempre me he preguntado, ¿puedes hacerlo por ahí en primer lugar? Es decir, ¿dónde tienes el trasero?"
– "¡¿Eso que te importa?!"
– "Ah, espera. ¿Es ese, en la punta de tu abdomen? Nunca me fijé que lo anduvieras al descubierto todo este tiempo."
– "¡N-no mires, cochina!"
– "Es muy bonito. ¿Sabe hacer trucos?"
– "¡Argh, eres una idiota, Cetania!"
La rapaz se carcajeaba a todo pulmón. Yo me encontraba completamente sonrojada y trataba de bajar mi abdomen arácnido para evitar que ella siguiera curioseando. ¡No es mi culpa que esté siempre a la vista! ¡Así nací!
– "¿Sabes, flaquita? Te ves linda cuando te ruborizas tan rápido. Es como encender una luz roja."
– "Ugh, ¿podemos apresurarnos, tonta? Todavía tenemos que lidiar con la condenada Smith."
– "Sí, sí." – Dijo con actitud despreocupada. – "Como sea, debería haber un transporte más rápido que el tren."
– "Lo sé. A veces quisiera tener tus alas, halconcita."
– "Mmh…" – Caviló por unos segundos. – "Aria, ¿Qué tan resistente es tu uniforme?"
– "Bueno, es genuino, así que mucho. Recuerda, es atuendo de batalla."
– "¿Crees que soporte las garras de una arpía de presa?"
– "Hasta las de una dragona, ¿por qué la pregunt-¡AAAH!?"
Repentinamente me encontraba surcando los cielos. La falconiforme me había tomado de los hombros y, sujetándome firmemente, me elevó hasta por encima de las nubes y el smog citadino. No sé qué era lo más incómodo: La excesiva altura acrecentada por mi acrofobia, el frío alrededor de mi cuerpo o que todo el mundo pudiera verme la ropa interior desde abajo. Traté de liberarme hasta recordar que de hacerlo, acabaría como alfombra ensangrentada en la acera.
– "¡Demonios, pajarraca endemoniada! ¡Si algo le pasa a este traje, juro que te sacaré los huevos a mano!"
– "¿Quieres meterme la mano entera? Sí que tienes fetiches extremos, rubia." – Se burló ella. – "Relájate, tu vestimenta del Tercer Reich no será afectada en lo más mínimo."
– "¡Me vas a salir matando, demente!"
– "¡Tu lo harás si no te calmas! ¡No te muevas o afectarás mi estabilidad de vuelo!"
– "¡Eres una…! ¡¿Qué es eso?!"
Un bólido verde nos pasó de largo, provocando que la americana se tambaleara peligrosamente. Un poco más y pronto a alguien le llovería arañas gigantes del cielo. Cuando recuperamos el control, observé que el acelerado aerolito era de hecho una wyvern cargando a una dragonewt en sus poderosas garras; Y no cualquier par de dracónidas, sino las mismas locas que casi me devoran en la heladería. Ignoro qué clase de ritual de apareamiento estén practicando, pero ni siquiera tuvieron la decencia de disminuir su velocidad o al menos disculparse, las muy engreídas. Esas escamosas sí que son una molestia.
– "¡Maldita lagartija cornuda!" – Vociferé a la wyvern. – "¡¿Por qué no regresas para que te meta la cola por donde nunca te da el sol?!"
Sin dilación e ignorando las protestas de su aterrada pasajera, la aludida se dio la vuelta en medio del vuelo y se dirigió velozmente en nuestra dirección con cara de pocos amigos y mostrando sus afilados dientes puntiagudos. ¡Ay, mamá araña!
– "¡Acelera, Cetania! ¡Acelera o nos carga la dragona!"
– "¡Tú y tu bocota, araña escandalosa! ¡Debería dejar que te trague de un bocado!"
– "¡Deja de perder el tiempo y apresúrate!"
– "¡God-fuckin'-dammit!"
Aleteando con toda la fuerza que sus músculos podían proveer, la castaña incrementó su velocidad para escapar de nuestra escamosa perseguidora. La distancia disminuía peligrosamente entre nosotras y el corazón casi se me detiene al verle esos encendidos ojos asesinos tan cerca. Me arrojaba frases en un idioma desconocido, pero la furia detrás de estas era más que evidente.
– "¡Sujétate, flaca! ¡Voy a intentar maniobras evasivas de emergencia!" – Advirtió la arpía.
– "¡Espera, mujer! ¡No trates de-AAAHHH!"
La rapaz se dejó caer en picada, como si de un bombardero Stuka se tratara. La wyvern continuaba ganando terreno a cada segundo intentando la misma osada estrategia. Sin embargo, pronto la reptil desaceleró, siendo frenada por las bajas temperaturas. Aprovechando la buena suerte, la emplumada retomó el trayecto original y nos alejamos con celeridad de ahí. El ritmo cardiaco no se me normalizó hasta que aterrizamos sana y salvamente sobre un despejado. Ahora me alegro de estar usando ropa interior negra.
– "Gracias por volar con aerolíneas Cetania. Agradecemos su preferencia." – Bromeó ella al soltarme. – "Le recordamos no olvidar su equipaje y por favor, no seduzca a las azafatas a la salida. Gracias."
– "Uughh…"
– "¿Qué te dije, rubia? Llegamos en tiempo récord. Nada supera al poder aéreo." – Declaró la falconiforme. – "Y nos ahorramos plata, ¿qué te parece?"
– "Cetania…" – Le susurré intentando sostenerme de sus hombros.
– "¿Sí?"
– "Eres una… ¡pequeña demonio!" – Exclamé con mis manos en su tráquea. – "¡Nunca vuelvas a hacer tal estupidez!"
– "¡Ack! ¡A-Ari-ACK!" – Habló con dificultad. – "¡La gent-URGH! ¡L-la gente nos est-tá viendo! ¡GRAH!"
– "¡Me importa un carajo! ¡Ya fue mucho por hoy! ¡Voy a desplumarte por completo, hija de…!"
– "Jaëgersturm, ¿es usted?" – Preguntó una voz familiar. Cesé el ahorcamiento de la castaña y me di la vuelta.
– "¡Ah, oficial Silica!" – Me sorprendí al ver a la policía reptiloide. – "¿C-cómo estás, amiga?"
– "Yo estoy bien, gracias. Pero parece que su compañera no."
– "¡N-no pasa nada! ¡Así nos comunicamos, je!" – Solté de inmediato a la castaña. – "¿Y qué c-cuenta, Fräulein Silica?"
– "Suena como mi jefe, Jaëgersturm." – Se rió. – "Llámeme sólo Mei."
– "De acuerdo, Mei." – Intenté calmarme. – "Y te sugiero lo mismo. Dime simplemente Aria."
– "Como desee, Aria. ¿Puedo preguntar a que se debe su visita a la capital?"
– "Bueno, yo y mi emplumada compañera aquí..." – Señalé a una mareada americana. – "…Vinimos a reunirnos con la líder de MON en sus oficinas."
– "¡Oh, ya veo! ¿Entonces finalmente van a unirse, como llevan mencionando los medios?"
– "Así es. Pero ya te quitamos mucho de tu tiempo, con tu permiso, nos retiramos."
– "Un momento, Aria. Si necesitan transporte, yo puedo llevarlas directamente a la estación principal."
– "No queremos molestarte, Mei. Pero gracias por la oferta."
– "No es molestia alguna. Mi deber es mantener el orden y eso incluye asegurar que un par de futuras defensoras de la ley concluyan su travesía a salvo." – Hizo un saludo militar. – "¡Oficial Mei Silica, siempre dispuesta a ayudar!"
– "Je, danke schön, amiga. Adelante, entonces."
– "¡Sí, señora!"
Arrastrando a la aún confundida arpía hacia el interior de la furgoneta, la reptiliana encendió el motor y manejó civilizadamente el vehículo. Observé a la conductora pelirroja de escamas aguamarinas, con la vista en el camino y una expresión concentrada. Enrollaba su larga cola alrededor de ella para evitar que estorbara. Lucía muy normal, pero, había algo que me parecía extraño en ella. Finalmente lo noté.
– "Disculpa, Mei." – Le hablé. – "¿Tu cabello no era color negro cuando nos conocimos?"
– "Es correcto, Aria. En realidad soy pelirroja, pero me lo teñí en esa ocasión porque pensé que combinaría mejor con el azul de mis ojos."
– "Ya veo. ¿Te moviste a Tokio?"
– "Síp." – Se detuvo en el semáforo. – "La oficina ha estado reclutando mucha gente nueva y me transfirieron aquí. Cuesta creer que unos cuantos kilómetros hagan la diferencia entre ciudad pequeña y la gran capital, ¿no está de acuerdo?"
– "Ni que lo digas, lagartita."
– "De hecho, soy una gecko. Llámeme así por favor, 'lagarta' suena medio feo."
– "Oh, perdón por eso. ¿Y, cómo te trata la vida, chica?"
– "Ugh, ya extraño Asaka." – Resumió el conducir. – "Honestamente, no entiendo cómo vive la gente de manera tan apresurada. He visto más rostros decaídos que sonrisas desde que llegué y juro que si me vuelve a aplastar otra ola de apurados transeúntes al cruzar la calle, voy a largarme a alguna granja olvidada por ahí."
– "Te entiendo, escamosa. Cuando estuve en Ophistolium, parecía que había toque de queda para la tranquilidad. A veces el mundo va demasiado aprisa y una sólo quiere bajarse."
– "Usted lo ha dicho." – Rió viéndome en el retrovisor. – "Ahora, perdone lo que voy a decir y ya sé que no es de mi incumbencia, pero yo crep que no debería tratar tan rudamente a su pareja, Aria. No me parece que la señorita arpía merezca tan duro castigo, sea lo que haya hecho."
– "¿Eh? ¡Espera, Mei, te equivocas! ¡No estoy saliendo con Cetania!"
– "Oh, pero las vi en la televisión cuando…"
– "¡Es un malentendido! ¡Mi novia está en casa, en Asaka!"
– "Ah, comprendo. Disculpe mi error, yo sólo me dejé guiar por los medios."
– "Tranquila, no eres la única quien aún cree tal cosa."
– "De todas maneras, me alegra que haya encontrado a alguien. Es bueno que el amor aún siga vivo en estos tiempos tan turbulentos."
– "Danke. ¿Qué hay de ti? ¿Alguien que te haga mover la colita de la emoción?"
– "Je, estoy demasiado ocupada para pensar en una relación. Suficiente tengo con mi trabajo."
La falconiforme por fin logró recuperarse.
– "¿On' 'toy? ¿Ya me morí?" – Cuestionó aclarando su garganta. – "¿Dónde están mis setenta y dos vírgenes?"
– "Buenos días, señorita Cetania." – La saludó la saurópsida. – "Soy la oficial Mei Silica y la llevo a usted y su amiga a las oficinas de MON."
– "¿Eh? ¿La policía?" – Abrió los ojos y me sacudió de los hombros. – "¡Demonios, flaca! ¡No pasó ni un minuto y ya nos arrestaron! ¡Esto es tu culpa!"
– "Mantente quieta, cotorra ruidosa." – La aparté. – "La gecko simplemente nos está haciendo el favor de transportarnos. ¡Y cuidado con el traje, que es fino!"
– "Bah, trapos viejos que seguramente le robaste a un indigente." – Me sacó la lengua. Se dirigió a la gekkota. – "Hey, yo te recuerdo. Eres a quien esta araña delicada le regaló una ballena de peluche."
– "Está en lo cierto, señorita Cetania." – Le dio la mano. – "Y déjeme decirle que es un gusto conocer a la otra heroína del centro comercial. Admito que me encantó la forma en que se abalanzó sobre ese último criminal, muy veloz y contundente."
– "Bien, al menos tienes buen gusto, escamitas." – Sonrió la halcón. – "¿Ves, Aria? Alguien aquí reconoce el talento cuando lo ve."
– "Mei, deberías ir al oculista." – Le indiqué yo. – "Esta pajarraca tiene de habilidosa lo que yo de gorda."
– "Entonces soy toda una profesional, araña." – Replicó la castaña. – "¿Sabes lo cansada que terminé por cargarte apenas unos minutos? Ya deja de tragar tanta basura, ballenita."
– "¡Agh, cállate ya, perico molesto!"
– "Ustedes dos pelean como un matrimonio casado." – Mencionó la pelirroja.
Quise corregir de nuevo a la reptil, pero Cetania se le unió en la risa grupal. Ugh, las aves evolucionaron de los reptiles, así que debe estar en su sangre el ser tan latosas. Después de un par de minutos más de paseo, el vehículo se detuvo frente a la estación policial. Esta era más grande y ostentosa que la de Asaka, incluyendo un par de onis como guardias. Bien, hora de la verdad. Afirmando a mi compañera con la cabeza, ambas le agradecimos a la amable lagartija y nos bajamos del transporte.
– "¡Buena suerte, chicas!" – Se despidió Silica. – "Espero volvamos a vernos pronto."
– "Igualmente, escamosa." – Regresé a darle la mano. – "¡Auf Wiedersehen!"
– "Y si necesitas erradicar a los extremistas, ya sabes dónde encontrarnos." – Bromeó la arpía ofreciendo su ala. – "See ya, Mei."
– "¡Tchau!"
La oficial se retiró. Tosiendo un poco por el polvo y la contaminación (maldito smog) y tragando saliva, las dos nos adentramos al edificio. Apenas lo hicimos, fuimos recibidas por el caos absoluto; La gente iba y venía sin detenerse, con tipos cargando papeles, otros con vasos de plástico llenos de chocolate caliente que terminaban derramados al chocar con los primeros y una cacofonía de sonidos que iban desde discusiones entre compañeros hasta explícitos improperios entre estos. La reptiloide tenía razón, sí que hay un tremendo contraste entre Tokio y Asaka. Ignorando a una minotauro enfrascada en un acalorado litigio verbal con un asustado hombre y su compañera mariposa, una pálida mujer con heterocromía nos hizo señas de acercarnos.
– "Hola, Zombina." – Saludé a la no-muerta. – "Día ocupado, ¿no?"
– "Que va, si hasta parecen vacaciones. Debiste vernos después de los ataques, casi nos arrancábamos las greñas de la frustración." – Contestó la pelirroja. – "En fin, la capitana las estaba esperando. ¿Trajeron sus papeles?"
– "Yes, ma'am." – Respondió la americana con carpeta en su dígito.
– "Ja." – Repliqué enseñando la mía.
– "Genial. Aunque no los necesitan de cualquier manera, tenemos todos sus datos desde hace tiempo." – Mencionó dándose la vuelta con las manos detrás de la cabeza. – "Vengan, estrellitas, que la fiesta empieza ahora."
La zombi nos llevó a través del laberinto de cubículos y trabajadores atareados atravesándose sin pedir permiso. Cetania se mantuvo pegada a mi lado y yo hice lo mismo, sin perder de vista a la despreocupada muerta viviente. En ocasiones, esta se detenía para dar algunas indicaciones a cualquiera que le pidiera consejo y regresar las reverencias que sus colegas le hacían, demostrando que a pesar de lo ajetreado del ambiente, el respeto que la tenían a la mujer estaba siempre presente. Espero algún día podamos ser admiradas de la misma manera, o al menos que nos dirijan la palabra cortésmente. Abriendo una puerta con conocido nombre escrito en una placa de latón, la pelirroja nos dejó a cargo de su superior, quien sonrió al vernos.
– "¡Hola, chicas! Me preguntaba cuándo darían el siguiente paso." – Nos dio la bienvenida, bebiendo su café. – "Y entonces, ¿listas para las ligas mayores?"
– "¡Jawohl!" – Saludé militarmente.
– "¡Yes, ma'am!" – Emuló la rapaz.
– "Excelente. Y ya que hemos discutido lo suficiente de esto, supongo podemos saltarnos tanta palabrería e ir directas al grano." – Se levantó del escritorio y se paró frente a nosotras. – "Pero, antes de aceptarlas oficialmente en nuestra institución, necesito que me aseguren que están completamente seguras de querer ser parte nuestra."
– "Ya lo he pensado por suficiente tiempo, Smith. Deseo hacerlo." – Le respondí.
– "Igual yo. Estamos preparadas." – Se unió la arpía.
– "Me encanta su entusiasmo, pero esto es más que responder afirmativamente."
La agente se deshizo de sus oscuras gafas y nos miró fijamente.
– "Al unirse a MON, no formarán solamente parte de una unidad policiaca de élite, también serán piezas fundamentales en los pilares de la rectitud. Nosotras no reclutamos a cualquiera que sepa disparar un arma, sino a individuos excepcionales que vean más allá del gatillo y comprendan la gigantesca responsabilidad que aquello conlleva. No aceptamos valentones con sueños de grandeza, sino a personas que conocen el valor del sacrificio. Si esperan dádivas y flores a cada acción que realicen, entonces se equivocaron de lugar. No somos sólo una pistola en el bolsillo y una placa en el pecho, somos la ley, la justicia y el orden. Somos el ejemplo a seguir y en nosotras recae mantener en alto el prestigio de las relaciones humano-extraespecie.
Más allá del glamour y la fama con los que los medios masivos suelan pintarnos, nuestro deber real está en mantener la estabilidad de la sociedad. Eso significa que deberán vérselas cara a cara con adversidades gigantescas y tratar con los peores canallas que este cruel mundo pueda arrojarnos. Balas, cuchillos, puños, explosivos; Cualquier arma que puedan imaginarse estarán en las manos del enemigo y las heridas se volverán increíblemente cotidianas. No se engañen, esto no será una película de acción donde los héroes aplastan triunfalmente a los oponentes y se regodean en su éxito posterior. Aquí no hay cámaras, ni directores, ni público ovacionándolas detrás de la pantalla; Sólo su astucia y su convicción de enfrentarse al infortunio que se les presente, muchas veces sin recibir un 'gracias' siquiera.
Y como se han de imaginar, nada de eso será sencillo. Habrá momentos en los que el reto parecerá absolutamente imposible y la idea de arrojar la toalla prematuramente lucirá en extremo tentadora, yo he estado ahí también y conozco ese sentimiento perfectamente. Tampoco les mentiré: Más del noventa y cinco por ciento de los reclutas no pasan de la primera semana, y quienes lo logran, no sobreviven su primera misión. Vivirán, comerán, dormirán y hasta respirarán peligro en todo momento. Serán blancos de represalias y cualquier error que cometan, por más insignificante que parezca, les será recriminado con severidad por el público.
El riesgo es, evidentemente, extremadamente grande. Pero al final, cuando vean los rostros de tranquilidad en aquella gente que protegieron, sabrán que hicieron lo correcto. Pero para ello, requieren de tener los pies en la tierra y los ojos mirando hacia adelante, con el alma y el corazón dispuestos a aceptar el enorme compromiso. Una vez que estén adentro, no habrá marcha atrás. Es por eso que les pregunto a ustedes dos: ¿Están completamente convencidas de desean unirse a nosotras? ¿Se sienten con la seguridad suficiente para aceptar tan monumental carga sobre sus hombros? Y lo más importante: ¿Juran defender todo aquello por lo que tanto hemos luchado para preservar todos estos años, a costa de sus propias vidas?"
Un momento de silencio se presentó apenas Smith terminó su elocuente discurso. Miré a mi compañera rapaz y ella a mí, luego al piso. La coordinadora se mantenía firme, estoica e impasible; Aquella inusual seriedad que la agente mostraba lucía aún más ominosa que antes. Ya había pensado mucho sobre esto en casa, el miedo intentó hacerme retroceder, pero el apoyo de quienes conozco y mi propio espíritu de guerrera evitaron que dimitiera. Con la convicción ardiendo en mi corazón, me incorporé para encarar a Kuroko, al igual que mi amiga.
– "Sí." – Respondí con mi puño en el pecho. – "Lo juro."
– "Lo juro." – Confirmó la falconiforme, segura de sí misma. – "Estoy lista."
Smith no pronunció palabra alguna ni dejó la impávida expresión de su pétreo rostro. Tomando su teléfono móvil sin mirarlo, oprimió la pantalla táctil, sin resultado visible para nosotras. Ese incómodo sonido del solitario ventilador en el techo resonaba en la oficina, ahogando las manecillas del mecánico reloj en la pared. La agente solo proseguía con su tarea de observarnos solemnemente, afásica. Repentinamente, las puertas de su oficina se abrieron y un cuarteto de mujeres liminales corrió a nuestra dirección.
– "¡Sí! ¡Nuevas reclutas!" – Exclamó la imponente Tionishia, regalándome un poderoso abrazo. – "¡Ah, bienvenidas, bienvenidas sean!"
– "¡Finalmente! ¡Más carne fresca!" – Gritó Zombina, haciendo lo propio con Cetania. – "¡Esto será divertido!"
– "B-bienvenidas, nuevas compañeras." – Reverenció tímidamente Manako. – "Espero su estancia sea placentera.
Doppel sólo alzó desinteresadamente una mano. Era fantástico ser recibidas tan cálidamente por el todo el equipo, pero pronto la falta de sangre en mi cuerpo debido al fuerte agarre de la ogresa me obligó a intentar zafarme. La castaña tampoco parecía muy a gusto con la zombi apresándole el cuello con su brazo y tallando sus nudillos en su cabeza. La coordinadora les indicó que era suficiente y nos liberaron.
– "¡Hey, Smith!" – Habló la pelirroja. – "¡Esto hay que celebrarlo! ¿Qué tal si vamos esta noche al Kcalb's Club? Hoy es la doble hora feliz y esos demonios preparan unos mojitos como para morirse una segunda vez."
– "Bina, tu siempre queriendo festejar." – Se quejó la rubia de un solo cuerno. – "El hígado te va a explotar."
– "Ya no tengo hígado, tonta." – Le replicó la no-muerta. – "Además, esta es una ocasión especial. ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos más reclutas?"
– "Hace una semana, Bina-san." – Le contestó la cíclope. – "Y estuviste de fiesta por tres días."
– "¡Bah! ¡Esas nekomatas cobardes no contaron!" – Respondió la chica con heterocromía. – "Apenas la primera bala les rozó la cola, renunciaron como las gatas asustadizas que eran."
– "Eso es porque tú fuiste quien les disparó, Bina." – Afirmó la ogresa con sus manos en la cadera.
– "¡Era parte del entrenamiento!" – Se excusó la zombi. – "¡Vamos, chicas! ¡Sólo unas cuantas copas! ¿Qué dices, Kuroko?"
– "Gracias, pero yo no tomo." – Aclaré recobrando mi respiración. Espero Tio no me haya roto alguna costilla.
– "Yo sí le entro." – Dijo la americana. – "¿Hoy en la noche?"
– "¿Y a ustedes quien las invitó, estrellitas?" – Cuestionó la pelirroja. – "Esta es una operación puramente profesional y ustedes no han comenzado siquiera el entrenamiento."
– "Bina-san, no te comportes así." – Le sugirió Manako. – "Y no podemos ir al bar hoy, estamos ocupadas."
– "Mana-chan tiene razón. Aún tenemos ese asunto pendiente." – Se inmiscuyó Smith. – "Festejaremos plenamente cuando estas señoritas se gradúen, ¿de acuerdo?"
– "Ugh, como digas, Capitana." – Se resignó Zombina y nos apuntó con el dedo. – "¡Pero más les vale que ustedes aprueben, celebridades de cuarta! ¡De lo contrario, yo misma practicaré mi puntería con sus traseros!"
– "Jefa, tenemos algo de hambre, ¿podemos retirarnos a comer?" – Solicitó Tionishia.
– "Adelante, Tio. Y me apartan un poco de puré de patatas, hoy cocinó Hiro y ya saben lo genial que le queda." – Ordenó la pelinegra. – "Y Bina, nada de agregarle alcohol y chispitas a mi café o volverás a lavar los retretes, ¿ok?"
– "Sí, sí. Vámonos, chicas, me rugen las tripas muertas. Adiós Capitana, que la carne fresca no se nos pudra esta vez." – Se retiró la aludida.
– "Las alcanzo en unos minutos." – Se despidió la agente. – "Oh, y Doppel, antes que te vayas, dime: ¿Ya está aquí ella?"
– "Afirmativo, desde hace rato." – Replicó la cambiaformas. – "Te extendiste demasiado esta vez en recitar el juramento a las reclutas, Kuroko."
– "Bueno, me sentía algo inspirada y quise improvisar uno de mi autoría. El oficial es demasiado poético para mi gusto."
– "Como sea, ¿quieres que la llame ahora?"
– "Te lo agradecería mucho, Doppel. Ep." – Sonrió ella.
– "Ep."
La chica flotante se retiró, dejándonos a solas con nuestra nueva jefa. Diablos, ahora me doy cuenta que nunca imaginé tener que tratar a Smith con respeto, sin sarcasmo de por medio. Espero el trabajar para ella signifique que su usual actitud tan cansina desaparezca y se comporte ejemplarmente.
– "¿Por qué siguen en el suelo, par de flojas? Están en MON, no en la casa de su abuelita Chona. ¡De pie, perezosas!"
Por supuesto, sigue siendo Smith. ¿En qué estaba pensando?
– "Uhm… ¿Kuroko?" – Tomé la palabra. – "¿Cuál es la persona de la que hablabas con Doppel?"
– "Primero que nada, ahora soy tu superior, Jaëgersturm." – Aseveró la agente. – "Dirígete a mí apropiadamente. ¡Y te ordené pararte!"
– "¡Oh! Erm, ¡claro!" – Me incorporé saludando marcialmente. – "¡L-lo lamento, meine Hauptmann!"
– "¿Haup-qué?"
– "Capitana, en alemán. Espero no le importe que use títulos germanos."
– "Tranquila, está bien. ¿Qué hay de ti, Cetania? ¿Planeas seguir calentando el piso con el trasero?"
– "¡Ah, no! ¡Perdone, Chief!" – Se alistó la rapaz. – "Uhm, si no es molestia que pregunte, ya somos oficialmente parte de MON, ¿cierto?"
– "Correcto, pajarita. Pero, antes de continuar, voy a responder a tu cuestión, Jaëgersturm." – La coordinadora se dirigió a la salida. – "Si bien ustedes dos son nuestras más reciente adición a esta singular familia, no son las únicas que se unieron en estos días. Las acciones de esos extremistas provocaron un alza en reclutamientos y colocó varias nuevas caras frescas en los rangos de la justicia, incluyendo la nuestra. Y me alegro, necesitaremos toda la ayuda necesaria si deseamos que nuestro proyecto de concebir un escuadrón auxiliar se lleve a cabo."
– "Espere Hauptmann, ¿de qué está hablando?" – Interrogué confundida.
– "De su futura compañera." – Replicó Kuroko, abriendo la puerta. – "¡Adelante, puedes pasar!"
– "Chief, ¿mencionó un escuadrón auxiliar?" – Preguntó la arpía.
Smith acomodó sus gafas.
– "Afirmativo. Los ataques terroristas dejaron en claro que una sola unidad reaccionaria en la región de Tokio no sería suficiente para responder a las amenazas. No deseo sonar xenofóbica o algo así, pero el incremento en la migración de liminales también trajo oportunidades doradas para las células criminales. Las extraespecies más rebeldes y violentas formaron alianzas con grupos delictivos, incluyendo humanos, y en consecuencia, las probabilidades de que broten más problemas son increíblemente altas.
Nosotras cinco no podemos darnos abasto, por más eficientes que podamos ser. Y como han de imaginarse, los nativistas fueron la mayor llamada de atención. Se avecinan tiempos difíciles para la paz y necesitamos estar preparadas para la contingencia. Por ende, el concejo gubernamental, junto a las autoridades encargadas del orden, acordaron otorgar recursos a nuestra división para crear un segundo grupo para apoyar al primero.
En pocas palabras, junto a la señorita que conocerán a continuación, serán las nuevas integrantes del escuadrón secundario del grupo Monster Ops: Neutralization. Contamos con unidades auxiliares, pero ninguna ha sido tan ambiciosa como esta propuesta. Felicidades, chicas, serán parte de la historia."
Acabando de hablar la coordinadora, una delgada figura femenina atravesó la entrada. Nos sorprendimos un poco al verla, especialmente yo. Con un largo cabello negro al tradicional estilo hime, piel clara y dos enormes ojos color verde jade, la chica llamaba la atención sin dudarlo. Sin embargo, lo realmente llamativo eran las cuatro extremidades que ostentaba. Poseía dos inferiores, recubiertas completamente de verde quitina y un par de espoloneados brazos superiores, con forma de afiladas cuchillas, idénticas a la de una mantis.
Una empusa.
No pude evitar sentirme nerviosa ante la presencia de una especie que nos ha odiado desde que nuestros artrópodos ancestros intercambiaron el primer golpe, siendo mi país es el mayor ofensor. Después de erradicarlas por completo de Sparassus, convertimos nuestro genocidio en orgullo nacional, alzando estatuas representando a las míticas heroínas en laureadas poses victoriosas sobre los cadáveres de sus mantoideas adversarias y creando infinidad de leyendas que se convertirían en parte esencial de nuestros libros de historia. Y aunque no hubo sobreviviente alguna para relatar las atrocidades de mi patria, nosotras mismas nos encargamos de que el mundo supiera de nuestra infame hazaña. Por ende, no sería de extrañar que esta mujer me detestara por ser una arachne, especialmente al verme en este uniforme.
– "Anda, preséntate." – Le indicó la Capitana.
La susodicha le hizo una pequeña reverencia y caminó hacia nosotras. Se paró frente a la castaña y le ofreció un brazo inferior.
– "Hola, soy Dyne. Ex-miembro de la Guardia Costera Helénica en Mitilene, Grecia. Espero podamos ser amigas."
– "Cetania. Ozuye segunda clase de la tribu Wankatanka en Montana, Estados Unidos. También ansío trabajar a tu lado, Dyne."
Con un fuerte apretón de manos (y ala), ambas sonrieron. Bien, quizás pequé de juzgar prematuramente a la mantis, parece una persona amable. Tal vez debería dejar de preocuparme por los prejuicios que la cultura de mi nación ha tratado de imponerme y ver hacia adelante. Los errores del pasado ya fueron y es tiempo de abandonar esta ridícula rivalidad que ha permeado nuestras relaciones diplomáticas. Y si esa pequeña empusa saliendo de la escuela en aquella ocasión me recordó algo, fue que el odio no tiene porque arruinar una potencial amistad. Este es el siglo XXI, por todos los dioses, vivamos esta nueva era en paz. Relajada y mostrando una sonrisa, le saludé acercando mi mano.
– "Saludos, Dyne. Soy Aria Jaëgersturm, Rottmeister de la Schutzpolizei en Weidmann, Sparassus. Es un placer conocerte."
– "¡No me toques, sucia Nazi!"
Este será un largo día…
NOTAS DEL AUTOR: Bueno, mes nuevo, trabajo nuevo. ¡Y nuevo personaje!
Dyne (del griego 'Dýnami', que significa 'Fuerza') está entre las primeras protagonistas que diseñé y una de las que más deseaba plasmar desde hace tiempo. Las mantis son mis insectos favoritos, así que una empusa fue la primera elección al decidir quién haría mancuerna con nuestras heroínas. Además, será divertido escribir el antagonismo entre Aria y la pelinegra.
En todo caso, aún quedan un par de sorpresas más y espero mis ideas planeadas sean de su agrado cuando lleguen. Aprovecho para enviar un gran saludo al compañero Arconte, quien ha sido muy amable al dejarme incluir a sus personajes en la persecución aérea, y al colega Paradoja el Inquisidor, a quien le hice un pequeño guiño. Danke schön.
No olviden dejar sus reseñas y opiniones, aunque sean insultos, que yo siempre aprecio el que se tomaran el tiempo de leer mi humilde historia. ¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!
