NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, fieles seguidores de la Fe Merótica! ¡Tarmo Flake les da la bienvenida!

Hacía tanto que quería escribir este capítulo y una vez que empecé, no me detuve hasta acabar. De hecho, tenía tanto material que al final decidí dividirlo en dos. Al menos algo más con qué entretenerme en los próximos días, aparte de leer las fantásticas historias del resto de la comunidad hispana de MonMusu. ¡Sigamos aportando al fandom, compañeros! ¡Y expandamos la palabra de la Gran Sirena! ¡Vorwärts!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡Consume productos marca Meroune!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 32


¡No me toques, sucia Nazi!

Primer día de trabajo y ya empezamos mal. Entre estar a punto recrear la Batalla de Inglaterra al casi caerme del bombardero falconiforme llamado Cetania y huir desesperadamente de un Hawker Hurricane en forma de wyvern asesina, ahora me entero que deberé compartir lugar con una empusa. Teóricamente no debería haber inconveniente alguno; La famosa guerra entre nuestras especies fue hace siglos y aunque las rivalidades aún pueden mantenerse vigentes en algunos casos, considero que eso debería quedarse en el pasado. Además, yo nunca tuve problemas con las mantis. ¿Mi nación las detesta? Claro, pero yo no. Por ello creí que podía demostrar que tal enemistad no tenía sentido de ser al tratar de iniciar lazos de compañerismo con la chica frente a mí.

– "¿P-perdón?" – Pregunté a la mujer de verdes ojos insectiles. – "Creo que no me entendiste, quizás por mi acento. Dije que soy Aria y es un plac…"

– "¡Sé lo que dijiste, arachne del demonio!" – Vociferó ella. – "¡Y aleja tu sucia mano, hija de Goebbels!"

– "Lamento corregirte, pero no tengo relación alguna con algún miembro del Tercer Rei-"

– "¿A quién le importa de dónde vengas? ¡Eres una arachne, eso es todo lo que necesito y quiero saber!"

Sinceramente, no comprendo porque la actitud tan hostil, especialmente de alguien que no conozco en lo absoluto. Por un momento, creí que era una reacción adversa a mi vestimenta, pero su obvio desdén por mi especie indica que los prejuicios del ayer aún no mueren. Miré a Smith, quien parecía no incordiarse ante el obvio inconveniente.

– "¡Hauptmann!" – Le hablé. – "¡Aprecio que tengas fe en nosotras y este sea un gran proyecto para ti y el gobierno, pero es evidente que la señorita aquí presente se rehúsa a cooperar con mi estirpe! ¡Aunque ignoro qué rayos le hice en primer lugar!"

– "Bueno, sus especies han sido enemigas desde que los dioses las trajeron a este mundo." – Respondió calmada la agente, sirviéndose una taza de café.

– "¡Eso lo sé muy bien! ¡Lo que no me explico es cómo diablos esperas que este supuesto nuevo equipo funcione cuando este insecto me mira como si yo hubiera matado a su familia!"

– "¡¿A quién llamas insecto, maldita pulga gigante?!" – Se quejó la mantoidea. – "¿Por qué no te regresas a tu jodido bunker y te metes un balazo en la cabeza?"

– "¡¿Y qué tal si mejor te arranco los espolones y te sodomizo con ellos hasta que salgan por tu boca, grillo inútil?!" – Repliqué furiosa.

– "¡Voy a meterte las ocho patas por la tráquea, bruja malnacida!" – Se abalanzó contra mí. – "¡Ven aquí!"

– "¡Tú lo pediste!"

– "¡De acuerdo, suficiente del circo, revoltosas!" – Se interpuso Cetania entre ambas. – "¡Dyne, por mucho que esta araña merezca una buena tunda, no te permito que la ataques! ¡Y tú, Aria, compórtate como la soldado disciplinada que eres, por el amor de tus dioses!"

– "¡Ella empezó!" – Nos apuntamos la empusa y yo al mismo tiempo. – "¡No, tú empezaste! ¡No me culpes, idiota! ¡Tú eres la idiota!"

La arpía se llevó las plumas a la frente y suspiró. Kuroko continuaba observando y bebiendo de su taza sin inmutarse. Esto parecía una escena de alguna serie cómica fallida y se supone que seremos piedras angulares de la justicia. Mi vida está llena de ridículos y absurdos inexplicables. ¿Qué sigue? ¿Una escena de desnudos?

– "¿Ya terminaron con su farsa teátrica, niñas?" – Cuestionó la agente, ahora cruzada de brazos. – "Tenemos asuntos pendientes que tratar."

– "¡Jerarca, ¿En verdad debo trabajar junto a este monstruo?!" – Interrogó la mantis, apuntándome con su espolón.

– "¡¿Cuál es tu problema?!" – Indagué confundida. – "¡¿Qué te he hecho yo?!"

– "¡No me agradas!" – Contestó sin dejar de apuntarme.

– "¡Bueno, el sentimiento es mutuo!" – Respondí.

– "Creí que estaba entre personas adultas, veo que me equivoqué." – Interrumpió Smith alzando la voz. – "Escuchen, me importan un carajo sus motivos personales, no me interesa si sus familias intentaron matarse, fueron apresadas en campos de concentración o si ustedes sólo son un par de peleoneras; Estando aquí deberán hacer a un lado sus diferencias y empezar a cooperar de una buena vez. No tengo tiempo para discusiones intrascendentes y ya perdimos mucho en la suya. Ahora, ¿podemos volver a enfocarnos en nuestra misión principal, señoritas?"

Ambas bufamos y asentimos de mala gana con la cabeza, sin mirarnos.

– "Se supone que representamos la herramienta para mantener la paz entre liminales y por ende, entre humanos. Somos, en parte, embajadoras de las relaciones entre ambas especies." – Dijo Smith quitándose los lentes de sol. – "Y ahora mírense, riñendo como bebés. He arriesgado la credibilidad de mi puesto en este proyecto; No lo derrumben sin haber empezado siquiera. No lo hagan por mí, sino por la gente que tiene fe en ustedes. Miren, yo no soy buena dando discursos y estoy exhausta, así que solo les pediré que serenen su temple y actúen de manera civilizada. No somos monstruos, somos MON, dirijan su ira al enemigo, no a sus compañeras, ¿de acuerdo?"

– "Verstanden, Hauptmann." – Contesté suspirando. – "Lo lamento."

– "Como ordene, Jerarca." – Aceptó la pelinegra insectoide. – "Perdone mi proceder."

– "Nice. Ahora dense la mano, son parte de la misma familia. Y véanse a la cara cuando lo hagan." – Ordenó la agente. – "Vamos, no lo repetiré de nuevo."

Con la inquisitiva mirada de la coordinadora y hasta Cetania, las dos estrechamos nuestras quitinosas extremidades esbozando una muy forzada sonrisa. Acataré los mandatos de mi superior, sólo porque tampoco quiero defraudar a los que conozco. Me esforcé lo suficiente para llegar hasta aquí y no planeo echarlo a perder por tonterías, mucho menos por una empusa. Terminando nuestro poco amistoso tratado de no agresión, Kuroko volvió a suspirar.

– "Espero esta paz se mantenga para siempre." – Mencionó ella. – "El entrenamiento requiere que residan juntas durante al menos una semana mientras terminamos de finalizar los cuarteles alternos en Asaka."

– "Un momento, Hauptmann." – Interrumpí. – "¡¿Vamos a vivir aquí una semana?!"

– "Días más, días menos, según avance la construcción."

– "Usted no mencionó tal cosa, Jerarca." – Dijo Dyne.

– "Lo sé, admito mi error y les pido disculpas, pero estoy demasiado ocupada con tanta labor y no puedo acordarme de todo. De todas formas, hoy dormirán en una habitación personal y mañana podrán regresar a casa por sus cosas. Pero trataremos eso más tarde, por ahora, las requiero calmadas y tranquilas."

Entonces, la imponente Tionishia abrió la puerta.

– "Jefa, la señorita centaúride con el hacha gigante lleva esperando dos horas y nos cuesta contenerla. ¿Puede venir por favor?"

– "Agh, maldita yegua violenta…" – Espetó la agente tallando su sien. – "Bien, enseguida voy, sólo dame un minuto."

– "¡De acuerd-ogro! Gracias, jefita." – Se despidió con una sonrisa la ogresa.

– "Condenada Catalina…" – Meneó su cabeza Smith. – "Bah, lo que sea. ¡Jaëgersturm, Cetania, diríjanse a la sala médica para que el doctor las evalúe! ¡Dyne, vienes conmigo a corroborar tus papeles! ¡Muévanse, ahora!"

– "Uhm… ¿Dónde queda esa sala, Chief?" – Preguntó la rapaz.

– "Primer piso, a la derecha de la dispensadora de refrescos. Cruz roja gigante, huele a muerto, no pueden perderse."

– "Thanks, Chief."

– "Sí, sí. ¡Ahora espero no me salgan con que están drogadas o embarazadas, porque juro que me dan ganas de ahorcarlas y arrojarlas del techo! ¡Vamos, niña verde!" – Se quejó mientras acompañaba a la griega a la salida. – "Jodido trabajo…"

Con un fuerte azote a la puerta, nos dejó solas. Mi emplumada amiga y yo exhalamos algo de la tensión.

– "¿Imaginabas que esto sería así, pajarita?"

– "¿La parte donde nos tratan mal o donde nos tratan peor?"

– "La vida es decepción, ¿cierto?"

– "Aún cuento contigo para que no desmoronarme, flaca."

– "Siempre estaré a tu lado, Cetania."

– "¿Algún día estarás sobre mí?"

– "¿Ya vas a empezar?"

– "Yo me refería por si terminaba herida y debías prestarme primeros auxilios."

– "Sí, claro. En fin, vamos a ver al doctor ese, que ya me está dando jaqueca."

– "Será un examen físico, ¿Q-qué tal si nos pide desnudarnos? No, yo no voy, mejor renuncio."

– "Es un profesional, no un pervertido, pajarraca."

– "¿Cómo lo sabes? Sinceramente, Aria, a mi no me gusta la idea de encuerarme ante ningún desconocido, aunque sea médico."

– "¿Qué hay de esa vez que andabas con el trasero al descubierto en el gimnasio?"

– "Era el vestidor de mujeres, se supone que hay que desnudarse. Espera, ¿aún lo recuerdas?"

– "¿Cómo voy a olvidar tus tremendas nalg-¡No cambies el tema! ¡¿Y por qué es aceptable en el gimnasio pero no frente al doctor?!"

– "¡No confío en ellos! ¡No lo hacía ni con la curandera de mi tribu! ¡Malditos matasanos con sus jeringas y medicinas, y agujas, y…!"

– "Un momento… Tienes miedo a las inyecciones, ¿cierto?"

– "¿Qué? ¡No! ¡Para nada! ¡No digas tonterí-AUCH!"

La castaña casi emprendió vuelo al sentir mi puntiagudo índice en su brazo.

– "Demonios, avechucha…" – Hice mueca burlona. – "Con todo lo que hemos pasado, ¿y te descalabras por una simple aguja?"

– "¡No es cualquier aguja!" – Replicó molesta la americana. – "¡Son delgadísimas como alfileres y dolorosas como lanzas! ¡Y luego te insertan porquerías directamente en la sangre! ¡Son creaciones abominables y no las quiero cerca de mí!"

– "Mis dientes, garras y patas son igual de espeluznantes y nunca te han incomodado."

– "Tu eres diferente Aria. Diablos, incluso una lamia venenosa o la picadura de una serket me producen menos pavor que las jeringas." – Declaró temblorosa la falconiforme. – "No sé por qué, es imposible de explicar, simplemente me aterrorizan."

– "Tranquila, amiga." – La abracé. – "Vamos, yo estaré contigo, no te horrorices así."

– "¡No! ¡No quiero!" – Negó impetuosamente.

– "Anda, eres una valiente cazadora." – Le susurré para calmarla. – "Eres mi poderosa halcón. La gran depredadora aérea invencible. La rapaz que más quiero."

– "¿Prometes…? ¿Prometes no dejarme sola, Aria?"

– "Yo nunca te abandonaré, Cetania, eso te lo aseguro. ¿Qué dices?"

– "Bien… ¡P-pero no faltes a tu palabra, ¿entendiste?!"

– "Las promesas con el dedo chiquito no se pueden romper." – Le mostré el meñique. – "Si no, que me rocíen insecticida y me manden al paredón."

– "Bueno, te creo… Pero me llevo este matamoscas por si las dudas."

– "Serénate. Además, se supone que estás sana, no tienen porque inyectarte en primer lugar."

– "Sí… Sí, tienes razón flaquita." – Una débil sonrisa iluminó su cara. – "Cierto, no dilatemos más."

Con el ánimo rejuvenecido, la falconiforme tomó mi mano y nos encaminamos a ver al médico. Esquivando a medio mundo, incluyendo una centauro que casi nos mete una patada mortal, llegamos a nuestro destino, marcado con una gran cruz color rojo, ya muy desgastada. Aumentando la firmeza de mi agarre, conduje a mi nerviosa compañera hacia adentro. Habiendo pasado, nos hallamos con una mujer afroamericana de corto cabello negro hasta los hombros y llamativos ojos verdes, obviamente extranjera, vistiendo típica bata de doctor y discutiendo vehementemente con alguien por teléfono.

– "¡Por los bigotes de mi abuela, que en paz descanse, aún no me lo creo! ¡Debes estar loco, Sarver!" – Exclamaba por el auricular en forma de la caracola de un gracioso cangrejo ermitaño. – "¡Ya te expliqué que separar la estructura de la fuerza electromagnética de un hadrón es tanto absurdo como peligroso! ¡Sí, ya sé que tienes el equipo, pero aparentemente no el cerebro suficiente para saber que terminarás causando un cataclismo atómico! ¡Exacto, por eso te reitero que estás más demente que una cabra!"

La furiosa chica continuaba vociferando y llamándole por diversos términos despectivos a la inteligencia de su compañero de charla. Parecía no notar nuestra presencia.

– "¡Por supuesto que tengo razón, orangután chiflado! ¡Cuando yo estaba recibiendo mi diploma, tú apenas vestías pañales ya usados! ¡No, lo dicen mi título en ciencias físicas y mis veinte años en el jodido MIT! ¡Argh, esa vez sólo me pase por un par de copas!" – Profería irascible. – "¡Una limo no puede aislar el rompimiento de una cadena de bariones en su cuerpo, no insistas con tal disparate! ¡¿Ves? Por eso lo nuestro no funcionó! ¡Maldita sea, ustedes los hombres son todos iguales!"

Colgando violentamente el aparato, la mujer se llevó las manos a la cabeza, desplomándose en el escritorio.

– "Jodido trabajo…"

Masculló con su voz desganada y difusa. Pasaron dos minutos enteros en silencio hasta que ella finalmente nos notó, alzando la vista.

– "Ese tequila de anoche aún debe estar haciéndome efecto, porque ahora veo arañas Nazis y pajaritos igual de feos."

– "Erm… ¿Doctora? Somos las nuevas reclutas de MON." – Tomé la palabra tímidamente. – "La agente Smith nos envió y…"

– "Ah, claro, las besuconas del tren." – Habló ella sin cambio en su apático estado. – "Sí, ya sé, el chequeo médico obligatorio y todo eso. Super fucking awesome…"

Pesadamente se levantó, con la cabeza caída y un gruñido de incomodidad, como si de una tumba de alzara. Pasándonos de largo, aseguró la salida con llave y encendió la pantalla de su ordenador al tiempo que tomaba lápiz y un bloc de notas. Regresó a su computadora y esa colérica expresión regresó a su rostro.

– "¡Asqueroso cacharro! ¡No quiero actualizar el maldito antivirus ahora! ¡Salir, carajo, salir!" – Gritó a la máquina. – "¡¿Dios mío, por qué rayos seguimos usando Windows XP en este jodido lugar?! ¡Muévete, porquería! ¡No, mi descarga!"

Llena de rabia, propinó un par de puñetazos al escritorio donde el ordenador se asentaba y el doble de improperios a la computadora, logrando que varios objetos cayeran al suelo, incluyendo un pastel a medio comer. ¡Gran Arachne! ¡Es igual que Saukki, pero más negra! En su afán de seguir desquitándose con los objetos de oficina, ella golpeó con demasiada fuerza un elevado archivero, provocando que este le cayera encima. El pesado mueble metálico la aplastó por completo sin compasión, causando que su cabeza rodara hasta nuestros pies. Naturalmente, como una siempre hace en situaciones tan cotidianas como esa, perdimos absolutamente la calma.

– ¡Por todo el Monter Olimpo! ¡Se mató la loca!" – Declaré horrorizada. – "¡Ay, mamá! ¡Ay, mamá!"

Fuckfuckfuck! ¡La maldita nos dejó encerradas!" – Espetó la castaña mientras intentaba abrir infructuosamente la puerta.

– "¡Cetania, rápido, haz algo, no podemos dejarla así!"

– "¡¿Yo?! ¡Tú eres la que sabe lidiar con decapitadas!"

– "¡Al menos toma las llaves para poder salir de aquí! ¡Están en su bolso!"

– "¡No pienso tocar un cadáver! ¡Hazlo tú, imagina que es esa pitufo!"

– "¡No compares a Lala con esta chiflada!"

– "¿A quién estás llamando chiflada, patas flacas?" – Cuestionó la doctora.

– "¡A esa dement…! ¡AY, MAMÁ! ¡PUEDE HABLAR!" – Salté del espanto. – "¡Diosita Araña, protégeme!"

– "¡Por supuesto que puedo hablar, idiota!" – Replicó la cabeza en el piso. – "¡Dejen de estar perdiendo el tiempo y quítenme esto de encima!"

– "¿A-acaso es usted una dullahan?" – Preguntó temblorosa la rapaz.

– "¿Dullahan? ¡No, tetas aguadas, soy una zombi! ¡Ya, levanten el archivero!" – Ordenó impaciente.

Obedeciendo, retiramos el pesado objeto de su cuerpo, descubriéndolo en su mayoría intacto, salvo por su brazo izquierdo, que se desprendió. Ya sé que no debería asustarme de ver una cabeza parlante desde que vivo con Lala, pero la mujer luce completamente humana, sin indicios de ser extraespecie. Incluso Zombina posee diversas costuras y cortes en su cuerpo que la denotan como una liminal. Y descarté que fuera una segadora porque su piel no es azul.

Ahora que lo pienso, ¿existirán las dullahan negras? ¿Vienen en diferentes tonalidades como los Power Rangers? ¿Los diferentes colores significan diferentes poderes? ¿Si junto todas, se transforman en una Súper Dullahan?

– "¡Hey, tú, zanquilarga! ¡Despierta!" – Su voz me sacó del trance. – "¡Te dije que me pasaras el hilo!"

– "¿Eh, qué? ¡Ah! ¡C-claro, enseguida, señora!" – Rápidamente comencé la búsqueda frenética del mencionado objeto. – "¿Dónde lo guarda?"

– "Primer cajón de mi escritorio, frasquito verde."

– "Vale. Ah, aquí está." – Se lo ofrecí mientras Cetania sostenía su brazo.

– "¿Estás ciega de los seis ojos o algo así?" – Dijo con tono ofendido. – "¡Te pedí hilo porque se me acabó en primer lugar! ¡Sólo tengo una mano y tu amiga no tiene siquiera! ¡Insértalo en el huequito del alfiler primero, descerebrada!"

– "¡S-sí, por supuesto!" – Me apresuré a realizar la acción. Ya lista, se lo entregué a la impaciente doctora.

– "Thanks, Spidey. Yo puedo desde aquí. Thanks, Cetania."

– "Anytime, Doc." – Respondió la americana.

Con celeridad, la no-muerta terminó de coser su extremidad, ya habiéndolo hecho con su cabeza con anterioridad. Después de un par de flexiones para comprobar la eficacia de su técnica, volvió a reanudar su trabajo.

– "Gracias de nuevo, chicas. Lamento lo de hace un rato, pero estos últimos días casi provocan una segunda muerte." – Ofreció su mano. – "Soy Saadia Redguard, gusto en conocerlas."

– "Aria Jaëgersturm. Igualmente."

– "Ya sabe quién soy, Doc." – Comentó la falconiforme. – "¿Mencionó que estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts?

– "Así es, soy de Chicago pero por suerte me admitieron en el MIT. ¿Qué hay de ti, pajarita, de dónde provienes?"

– "Montana, cerca del lago Saint Mary."

– "¿En serio? No pareces un taxón común del Parque de los Glaciares."

– "Soy adoptada, quizás provengo del sur."

– "Tiene sentido. ¿Y tú, Aria? ¿La base lunar del Tercer Reich?"

– "Sparassus. Y no, no soy una Nacionalsocialista, así nos vestimos."

– "Oh, ya veo. La irresponsable de Smith no me dio muchos detalles de ustedes, así que perdonen si desconozco algunas cosas. La mayoría de la información la obtengo de los medios exteriores."

– "Como ese infame beso." – Mencioné. – "Aprovecho para aclarar que todo eso fue un malentendido. Cetania y yo no somos pareja."

– "No oficialmente…" – Musitó en voz muy baja la aludida.

– "¿De verdad? Lucían muy apasionadas, en más de ocho ángulos diferentes." – Rió Saadia. – "¿Sabían que 'How Deep is your Love' de los Bee Gees calza perfectamente con ese momento? YouTube y Facebook sí."

– "¿No deberíamos estar realizando un chequeo médico?" – Sugerí.

– "Oh, cierto. Manos a la obra." – Se incorporó a tomar de nuevo lápiz y papel. – "Bueno, desnúdense."

– "¿Eh?" – Cuestionamos la halcón y yo.

– "Tranquilas, por eso le puse llave a la puerta. No se imaginan cuantas veces me han interrumpido cuando tengo a un paciente con el trasero al aire. Así empiezan los chismes."

– "¿P-pero, ahora?" – Pregunté nerviosa.

– "Tranquila, alemana. Soy una profesional, no una pervertida." – Declaró Redguard.

Odio cuando mis propias palabras se tornan contra mí.

– "Sí, pero… ¿Las dos, aquí mismo? ¿No podemos hacerlo por separado?" – Insistí.

– "¿Qué? ¿Se recontra-lengüetearon y tienen pena de verse en cueros? Por favor."

– "Por mí no hay problema." – Expresó la castaña con un brillo en sus ojos. ¡Ahora ya no tienes miedo, ¿verdad, pajarucha?!

– "¿Ves? Tu novia no protesta." – Rió la doctora. – "Anda, que el tiempo es oro."

– "D-d-de acuerdo…" – Acepté resignada. – "¡Pero tienes que voltearte, Cetania!

– "¡Ay, vamos, flaca! ¡No me salgas tan puritana ahora!"

– "¡S-s-sabes que soy fiel a Lala!"

– "¿Oh? ¿Acaso admites que no podrás resistirte una vez admires mi belleza al natural?" – Sonrió provocativamente. – "Bueno, tus preocupaciones son muy válidas, arañita. Este cuerpazo es simplemente de-li-chio-cho."

– "De acuerdo, niñas, dejen su parloteo y desvístanse." – Ordenó la mujer de verdes ojos. – "Miss Montana, tu primero."

– "¡Yes, ma'am!" – Afirmó la emplumada.

Me giré rápidamente. Por mucho que deseara deleitarme con la figura de la arpía, este no era lugar ni momento para ello. De acuerdo, sé que tales exámenes son comunes en instituciones como esta, de hecho, me realizaban uno cada seis meses en Sparassus cuando me uní a la policía… ¡Pero era en privado! Es como si Saadia estuviera del lado de la rapaz, o quizás en realidad sí era una pervertida. ¡Agh, los americanos sólo son problemas! Escuché claramente la vestimenta de la halcona caer al suelo y un chiflido por parte del médico.

– "¿No estás usando ropa interior?" – Se extrañó Redguard. – "Sí que eres entusiasta. Bien, extiende las alas y aspira profundo."

¡Demonios, Cetania, ya estabas preparada! ¡Sabía que no ibas a cesar tus sucios intentos por cautivarme! ¡Lala tuvo razón todo este tiempo! Pero no me dejaré seducir, no importa cuánto desee observar con mis propios ojos ese cuerpo gloriosamente esculpido sin obstáculo alguno. Ignoraré los recuerdos de la grandiosa vista de tus posaderas frente a mí en el gimnasio y tu seductor contoneo en el cuarto del hotel, sin contar esa gracia divina con la que libremente te movías en el concierto y en nuestro primer baile. No tengo intención de indagar en mis fantasías donde puedo dar rienda suelta a mis mayores anhelos de poseerte y demostrarte cuanto te amo de la manera más apasionada físicamente posible. ¡No lo lograrás! ¡E ignora que esté babeando!

– "Hey, Montana, ¿puedes menearte un poco? Como favor a una compatriota." – Solicitó la afroamericana.

– "As you wish, Doc."

Esperen, ¿qué?

– "Ah, sí, muy lindo el rebote de tus gemelas. Dime, ¿son naturales?"

– "That's right, Doc. Cien por ciento carne de calidad americana, aprobada por el Departamento Federal de Alimentos y espero, cierta araña en negación."

– "Uhm, ya veo. ¿Qué tal si sacudes un poco esas pompis tan redonditas?"

– "¡Claro!"

Continuaba sin darme la vuelta. El sudor comenzó a apoderarse de mi piel mientras mi corazón hace mucho que aceleró su bombear. ¡¿Qué clase de examen tan fuera de lugar es este?! ¡¿Cómo es que una supuesta egresada del renombrado MIT se presta para estas cosas en primer lugar?! ¡¿Se le pudrió el cerebro al convertirse en zombi o algo así?!

– "Hey, pajarita, ¿puedo tocártelas un poco? Tranquila, tengo mis guantes sanitarios."

– "Mmh… Pues ya que cierta miedosa no desea aprovechar la oportunidad… ¡Éntrale, Saadia!"

¡No! ¡Eso sí que no! ¡Nadie puede ponerle las manos encima esos pechos más que yo! Me giré de inmediato, apuntando a la infractora.

– "¡Detente, condenada matasanos de quin…ta…!"

Ni Redguard tenía sus dedos en los senos de Cetania ni esta última se encontraba desnuda, sólo me observaban con una mueca burlona. Volví a caer, completamente. Soy una idiota.

– "No conocí a alguien tan crédula desde ese sujeto que usaba un sombrero de aluminio en las clases de química por miedo a los aliens." – Mencionó la pelinegra. – "¿Por qué tan celosa? ¿No que tú y Montana no eran nada?"

– "¿Por qué se presta para esto, doctora?" – Le interrogué suspirando. – "Es muy poco profesional."

– "¿Sabes que es poco profesional, araña? Mentirme. Soy tu médico, deberías confiar mejor en mí y no intentar negar lo obvio. Te encanta esta arpía y te empeñas en contradecir la evidencia irrefutable."

– "¿Únicamente por eso?"

– "Sí. Parecerá un motivo superficial, pero detesto las falsedades. Gracias a una, terminé perdiendo la vida, mi título y mi trabajo que tanto me costó obtener. Si no fuera por este país, ignoro quién hubiera aceptado a una desempleada en la ruina y literalmente muerta." – Confesó cruzada de brazos. – "¿Ahora entiendes el porqué me molesta tu actitud? No es de mi incumbencia inmiscuirme en la vida sentimental de mis pacientes, pero no trates de convencerme con tus mendacidades, ¿capisce?"

– "Supongo. Conozco a alguien que también detesta las mentiras como usted."

– "Entonces ya debes saber cómo me altero cuando las usan conmigo. Como sea, se acabaron los jueguitos, quítate la ropa y terminemos de una buena vez."

– "P-pero… Yo ya tengo novia…"

– "¡¿Y eso qué?! Es sólo un maldito examen físico, no una invitación a que le saltes encima a la emplumada, boba. Anda, que mi paciencia no es infinita." – Meneó su cabeza. – "Estas mujeres de hoy…"

Una suave extremidad alada se colocó en mi hombro.

– "Aria, tranquila, ella tiene razón, no pasará nada. Es parte del trabajo, ni modo."

– "Bien… de acuerdo." – Exhalé. – "Es sólo que…"

– "Deseabas que nuestra primera vez fuera un momento mágico, lo sé. Yo también esperaba algo mucho más íntimo contigo." – Sonrió en resignación. – "La vida no siempre nos da lo que pedimos."

– "Siento que fuera de esta manera, Cetania."

– "No importa, ya podremos repetir la experiencia en un mejor ambiente. Sólo nosotras dos."

– "Sí, sí, la malvada Saadia les arruinó su preciado momento romántico, blah blah." – Declaró sardónicamente Redguard. – "Demonios, ni las novelas latinas son tan melosas como ustedes. ¿Podemos proseguir, tortolitas?"

Suspirando, empezamos a deshacernos de nuestra indumentaria. El pulso se me aceleraba al tiempo que la voladora se descubría con cada prenda menos en su posesión. Desabotoné mi saco y mi camisa tímidamente al tiempo que mi compañera removía con destreza su camiseta, revelando un hermoso sostén de encaje rojo, apenas pudiendo contener su generoso busto estadounidense. Los semi-marcados músculos de sus brazos denotaban la fuerza que la castaña poseía sin hacerle perder su perfecta feminidad. Su estómago también mostraba un ligero aspecto atlético. Continuamos con el resto hasta quedar en ropa interior. Nuestras miradas se cruzaron, quedando en silencio por varios segundos, hesitando en dar el siguiente paso.

Sonreímos.

No tenía caso batallar algo que nosotras queríamos hacer desde hace tiempo. Sin dilación, removí mi sujetador al igual que la falconiforme. Admito que el corazón me dio un salto al admirar sus preciosos pechos andar libres, erguiéndose majestuosamente y destellando juventud. Una curvatura excelente, una visible firmeza y unos apetitosos pezones rosaditos los consagraban en el templo de la magnificencia divina. Salivé sin pensarlo y mi temperatura aumentó al instante. Era el paraíso.

– "Que hermosas." – Exclamé con sinceridad.

– "Gracias, Aria. Me encantan también las tuyas."

Animadas, las bragas cayeron al piso. Volví a verla, disfrutando la atractiva vista de sus generosas caderas y esas poderosas piernas cubiertas de escamas aviares. Su glabra feminidad lucía tan tentadora y radiante como la había imaginado infinidad de veces en mis eróticas fantasías. No necesito mencionar que nuestro sonrojo solo era superado en intensidad por nuestros pulsos acelerados y la dureza diamantina que los botones carnosos de nuestras glándulas mamarias exhibieron. Estábamos tan sincronizadas en pensamiento que nos relamimos los labios y la respiración se entrecortaba al mismo ritmo. Los ojos nos brillaban apasionadamente como las cazadoras que éramos. Otro segundo más y…

– "¿Saben? Si esto fuera una película pornográfica, yo también me desnudaría y empezaríamos a besuquearnos desvergonzadamente. Y después de casi tres años sin hacerlo, la idea no suena nada mal." – Habló de repente Saadia. – "Pero mi libido es tan fría como el corazón de mi ex, así que se joden. Dejen ya su safismo soft-core y prosigamos con los análisis, ¿quieren?"

Scheisse, de vuelta a la realidad. Suspirando, le dejamos a la doctora hacer su trabajo. Revisión de ojos, lengua, reflejos, medir el pulso, estatura, lo regular. Evité hacer contacto físico con la rapaz, ya que un simple roce podría desatar mi instinto que sólo me reservo para Lala. Pensar en lo que violentamente la segadora nos haría si llegara a romper mi promesa de nuevo fue más que suficiente motivación para controlarme. Redguard sacó una cinta métrica de su cajón y tomó nuestras medidas.

– "92-53-84" – Recitaba ella obteniendo las mías. – "Estás bien conservada, patas largas. ¿Cuántas admiradoras desde que te hiciste famosa?"

– "Sólo dos, mi novia y esta molesta avechucha."

– "¿Jugando partida doble, arañita?"

– "Más bien, su pareja dizque-oficial y yo estamos compitiendo." – Aclaró la arpía. – "Pero yo ganaré al final, por mucho que ella lo niegue."

– "¿Qué intentas, Jaëgersturm? ¿Un ménage à trois?" – Cuestionó entre risas la pelinegra.

– "¡Yuck! ¡Ni se te ocurra, flaca!" – Exclamó la emplumada. – "¡Prefiero que me inyecten el trasero con una jeringa gigante a compartirte con esa pitufo!"

– "Pitufo…" – Rió Saadia. – "¿La otra es una gnómida o algo así?"

– "Es una dullahan y se llama Lala." – Aseveré. – "La más hermosa que existe en este universo."

– "Si ella es la más bonita, no me imagino a las feas." – Se mofó la castaña.

– "Una Abismal, ¿no?" – Pronunció la afroamericana sin inmutarse. – "O están locas o no les importas. ¿Cuál de ellas es la tal Lala?"

– "Lo suficientemente pirada para enamorarse de esta araña." – Se burló Cetania, luego se pausó porque también se llamó demente sin querer. – "No, esperen…"

– "Por el pico muere la arpía." – Se carcajeó la graduada del MIT. – "En fin, ven, Montana, necesito tus medidas."

– "¿Puedo preguntar para que las necesita en primer lugar, doc?" – Le pregunté.

– "¿Smith no les dijo nada?"

– "Es Smith, ¿usted qué cree?"

– "Ugh, esa Kuroko, en verdad no cambia. Bien, es simplemente para asegurarnos que sus nuevos uniformes le calcen a la perfección. Sí, ya sé que no soy sastre, pero el departamento ha sufrido de varios recortes en estos últimos meses y necesitamos expandir un poco nuestros campos de trabajo. Créanme, aquí una aprende a tener más usos que una navaja suiza."

– "Ni que lo diga, doc." – Opinó la rapaz. – "Me sorprendí al descubrir que solamente cinco personas conformaban el escuadrón MON y eran las encargadas de básicamente toda el área de Tokio."

– "Correcto, Montana. No culpo a Smith por ser tan distraída en ocasiones, realmente estamos atestados hasta el cuello." – Asintió Redguard. – "95-55-85. Ustedes dos tienen más tetas que nalgas, ¿saben?"

– "Yo ni trasero tengo." – Respondí. – "¿Ya pronto terminaremos?"

– "Sí, prácticamente ya terminé." – Confirmó anotando los datos. – "En fin, gracias por alegrarme la vista un rato, pero ya me aburrí. Vestidas, señoritas."

– "Fue un placer encuerarnos para su goce." – Repliqué con sarcasmo. – "¿Al menos estamos sanas?"

– "Supongo. Estás algo flaca, pero es inherente a tu especie, aunque te sugiero algo de músculo en los brazos. Y tú, Montana, ya sé que quieres conservar tu aerodinámica forma, pero recomiendo que no uses sostenes tan pequeños, vas a lastimar a tus bebitas a la larga. ¿Ambas entendieron?"

– "Afirmativo." – Contestamos al unísono.

– "Good." – Repentinamente apuntó a la puerta. – "¡Hey, ese tipo nos está espiando!"

Volteamos de inmediato, intentando cubrirnos de cualquier ojo indiscreto, pero descubrimos que la entrada no contaba con vidrio visible alguno, estando completamente tapado por una muy negra cortina plegable. Antes que pudiéramos procesarlo, sentimos un par de pinchazos en nuestros posteriores, haciéndonos saltar y gritar a todo pulmón, especialmente a mi amiga.

– "¡Ay! ¡¿Y eso que fue?!" – Exigió saber una adolorida Cetania. – "¡Ow, ow!"

– "Inhibidores de hormonas." – Dijo Saadia retirando las jeringas. – "Hoy es luna llena y no quiero que anden de calentonas en la noche."

– "Ouch. No era necesario, ¿sabe?" – Me quejé tallando mis glúteos humanoides. – "Lo primero que nos enseñan en Sparassus al alcanzar la pubertad, es a controlar nuestros instintos durante el plenilunio."

– "A mí también." – Se unió la oriunda de Montana. – "Una cazadora debe poder mantener a raya la influencia selenita. ¡Ay, mi pobre colita!"

– "Estoy segura que sí, ¿pero acaso creen poder controlarse estando tan cerca la una de la otra?"

– "¿Eh? Bueno… ¿Sí?" – Replicamos las dos.

– "Díganme, ¿cuándo emigraron a este país?"

– "Bueno, hace un par de semanas, al igual que Cetania." – Respondí.

– "Como lo imaginaba, después de la última luna. Si no me equivoco, no sufrieron tanto por ello debido a la falta de estímulo. Sé que las especies monogénero prohíben el safismo al considerarlo un detrimento para su supervivencia, así que estoy segura que tuvieron que reprimirse o recurrir a la autosatisfacción durante esos momentos. Pero ahora, ya libres para dar rienda suelta a sus pasiones, cualquier clase de entrenamiento será inútil."

– "Disculpe, ¿pero no cree que exagera?" – Opinó la falconiforme.

– "¿Realmente? Hace unos minutos ustedes dos se hacían el amor con la mirada y eso que el poder del satélite natural aún no empieza a tener efecto." – Aseveró Redguard convencida. – "Junto con los reptiles, los demonios y varias clases de mamíferos, las arpías y las arachnes son las especies más libidinosas que existen. Y ya que las dos declararon estar enamoradas… Bueno, ¿necesito decir más?"

– "Soy una soldado, puedo soportarlo." – Aseguré. – "¿Ya podemos irnos?"

– "Yeah, yeah. Get the fuck out of here." – Gesticuló con el pulgar. – "Y le avisan a las demás que también vengan por su dosis. No quiero que se repita el incidente con Tio. El Snoo-Snoo no es tan divertido como lo pintan."

Vestidas y aún con el posterior adolorido, nos retiramos a la salida. Le avisé a mi compañera que se adelantara a la oficina de Smith, ya que necesitaba hacer una consulta privada con Saadia. Con ella fuera de vista, tomé le mano de la profesional de Chicago.

– "Danke schön, Ärztin."

– "De nada, Aria. Es un placer ayudarte."

– "Pero, ¿cómo supo que yo le pediría…?

– "Una vez fui tan ambiciosa como tú, Jaëgersturm. Cuando estuve a punto de lograr mi objetivo, la tentación me llevó a arruinarlo por completo. ¿Sabes qué es lo peor de todo? Las mentiras que inventamos para negar nuestra estupidez. Yo las usé y también las sufrí demasiadas veces." – Expresó con mueca triste. – "¿Quieres un consejo? Siempre trata de ser sincera con tu pareja, aunque no te favorezca; La honestidad y la confianza son los pilares de una relación estable."

– "Como diga, doctora."

– "Sandy." – Aclaró. – "Mis amigos me dicen Sandy."

– "Claro. Gracias, Sandy."

– "De nada. Ya vete, araña, quiero estar sola y amargada un rato." – Rió ella. – "Me saludas a la tal Lala. Y suerte con tu sueño."

Un apretón de manos final y me despedí de la chica. A pesar de su tan extraña actitud, es buena persona y, afortunadamente, comprensiva. A mitad del camino, The Trooper de Iron Maiden sonó en mi celular, anunciando una llamada. Pensé que era alguna de mis antiguas jefas queriendo informar del estado de sus nupcias, pero el número era desconocido. Aceptando que podría ser solo algún error de marcado, contesté.

– "Esta es Aria Jaëgersturm, Guten Tag."

– "¿A chuisle?"

– "¡Spatzi! ¡Qué sorpresa! ¡¿Cómo me encontraste?!"

– "Intenté comunicarme con la agente del gobierno, pero no respondía. Recurrí a solicitar tu número llamando a tus antiguas superiores."

– "Ya veo. ¿Por qué no se lo pediste a alguien en la casa? Se lo facilité a Herr Kommandant por si las dudas."

– "No me encuentro en nuestra morada y desconozco la nueva secuencia numérica que le fue asignada."

– "¿Eh? ¿Pues de donde me llamas?"

– "El restaurante Aizawa. Me aceptaron."

– "¿De verdad? ¡Eso es grandioso, Spatzi!" – Exclamé jubilosa. – "¡Sabía que lo lograrías! ¿Tuviste dificultad?"

– "Para nada. Mio me instó a probar mis habilidades culinarias y quedó satisfecha con mi trabajo."

– "Eres grande, Lala. ¿Cuándo empiezas?"

– "Mañana, justo ahora mi nueva superior está terminando de revisar mis papeles. ¿Cómo estás tú, A chuisle? Confío en que fuiste admitida en MON."

– "Correcto, linda. Ya soy la nueva integrante del escuadrón justiciero." – Me reí. – "Justo ahora, Cetania y yo acabamos de terminar el examen médico. Y resulta que una de nuestras compañeras es una empusa. Es un fastidio, pero espero logremos convivir sin desear degollarnos. Aparte de eso, sin novedad en el frente."

– "¿Llegarás a tiempo para la cena?"

– "Oh, sobre eso…" – Titubeé antes de proseguir. – "Linda, escucha… Smith nos informó que deberemos residir en Tokio por al menos una semana. Mañana deberé pasar a recoger algunas de mis cosas."

– "¿Una semana?"

– "Sí. Créeme, también es inesperado para mí. Lo siento, Lala."

– "Aria…" – Pausó un momento. – "Estás consciente sobre el estado del astro selenita esta noche, ¿verdad?"

– "Ah, claro. No te preocupes, Spatzi. La doctora Sandy nos aplicó una buena dosis de medicina anti-cochinadas." – Reí débilmente. – "Relájate, no me pasará nada. Estoy entrenada para resistir la luna llena. ¿Qué hay de ti?"

– "Soy una criatura de la Eterna Oscuridad, completamente inmune a cualquier extraño efecto que una roca espacial pueda desatar sobre los mortales. Pero… ¿Crees que esa peste alada podrá contenerse?"

– "Descuida, Sandy se encargó de vacunarla plenamente. Te garantizo que no intentará nada, es una promesa."

– "De acuerdo, confío en tu palabra, Aria."

– "¿Y tú estarás bien sin mí esta noche? Vives con otras seis desquiciadas y no confío mucho en que Rachnera o Suu logren mantenerse civiles, por mucho que parezcan haber cambiado."

– "Puedo defenderme perfectamente de sus lascivos intentos, A chuisle. Además, aunque suene irónico después de lo anterior, ten un poco más de fe en ellas; Incluso con su juicio nublado por el instinto, estoy segura que sabrán respetar nuestra relación."

– "Sí, supongo tienes razón." – Exhalé. –"De todas formas, mantén agua e insecticida a la mano por si las moscas."

– "Y tú cuídate de los avances de esa molesta arpía. Entonces, ¿mañana vienes?"

– "Eso parece, aún tienen que darnos el resto de la información. En cualquier caso, mi número es… ¿Tienes papel a la mano?"

– "Podré recordarlo perfectamente, A chuisle."

– "Sehr gut. El número es 08-014-044-463. Lo tendré encendido toda la noche por si me necesitas."

– "Entendido. Creo que también deberé adoptar un teléfono portátil para mantenernos comunicadas en el futuro."

– "Me parece perfecto. Cuando regrese, te buscaremos uno. Y ahora, aunque me encantaría seguir platicando contigo, me temo que se hace tarde y debo volver a mi labor."

– "Sí, entiendo. En ese caso, adiós, A chuisle. Te amo. Y por favor, mantente a salvo."

– "También te amo, Spatzi. Cuídate mucho. ¡Auf Wiedersehen!"

– "¡Slán go fóill!"

Lanzándole un sonoro beso por el auricular y oprimiendo el botón rojo en la pantalla del móvil, finalicé la charla. Dioses Olímpicos y Abismales, protejan a mi segadora de toda limo y tejedora. Y gracias, por permitirle hallar otro empleo. Luego de un minuto, llegué a la oficina de Kuroko y me reencontré con la rapaz, esperando de manera solitaria. Parece que la agente y esa execrable empusa no habían regresado aún.

– "Y, ¿de qué hablaron tú y la negra, flaca?"

– "Le gusté demasiado y me dio su número telefónico." – Bromeé. – "¿Estás bien, 'Montana'?"

– "Recontra bien, nada como ser pinchada de la nada. Hey, y por cierto, ¿cómo te fue en tu primera noche de luna?"

– "No recuerdo nada antes de ello, pero al día siguiente desperté desnuda en medio del monte, cubierta de sangre y con un jabalí destrozado a mi lado. Es lo cotidiano en Sparassus. ¿Qué hay de ti?"

– "Aunque no lo creas, me sucedió lo mismo. Escapé de noche y, en la mañana, tenía las plumas empapadas de sangre de wapití y dos borregos cimarrones. Tuve suerte, algunas decidían probar su habilidad con presas más grandes y terminaban como la cena de un oso grizzli. Pero debes admitir que toda esa energía liberada en el cuerpo se siente genial."

– "Te comprendo, esa descarga de adrenalina tan repentina y la idílica sensación de tus sentidos al máximo es demasiado irresistible, ¿cierto?"

– "Exacto, es como alcanzar el nirvana de las cazadoras; Simplemente adictivo." – Manifestó la arpía. – "¿Qué hacías para soportarlo cuando ya lo controlabas mejor?"

– "Me dormía temprano o…" – Me sonrojé ligeramente. – "Bueno, llegué a conocer muy bien mis dedos. Cuando estaba en las barracas de la Schutzpolizei, respiraba por mi abdomen para evitar que el olor de las feromonas de mis compañeras me descontrolara. Era la única con problemas para dormir en esos días."

– "Es inusual que no te negaras a contestar tan honestamente, rubia. ¿Segura que no te inyectaron drogas?"

– "Ya nos vimos desnudas y le soltamos toda la sopa a Saadia, ¿Qué caso tiene el guardarte secretos, pajarita? Especialmente ahora que trabajaremos juntas. Además, confío en ti."

– "Me alegra que decidas ser más honesta contigo, flaca. En verdad lo aprecio." – Sonrió. – "¿Quieres saber que hacía yo para calmar mi deseo?"

– "¿Te sentabas en una roca alargada?" – Bromeé. – "¿O te tallabas contra algo sólido?"

La castaña solo sonrió y se acostó boca arriba, extendida en el suelo. Pronto, alzó sus piernas al aire y empezó a levantar también su torso. Con destreza, fue doblando su cuerpo por la mitad, como una contorsionista experimentada, hasta lograr insólitamente juntar su parte baja con su rostro, cruzando sus piernas detrás de su cuello. Mientras yo la observaba anonadada, ella me guiñó y le dio un beso a su propia entrepierna. Las habilidades de la americana no cesaban de asombrarme.

"¿Cómo logras eso sin romperte la espalda, pajarucha?"

– "Ya sabes que las aves suelen tener más vértebras en sus cuellos y les permiten girar la cabeza casi por completo, ¿verdad? Pues en mi caso, una gran flexibilidad corporal es mi cualidad. ¿Sorprendida?

– "No sé si sentirme maravillada, asustada o excitada. ¿Cómo lo descubriste?"

– "Intentando hallar un lugar para esconderme después de hacer enojar a mi maestra de caza. Un pequeño hueco entre un cúmulo de rocas fue mi diminuto refugio contra la ira de la instructora. No sabes cuantas veces me salvé de una buena tunda."

– "Impresionante." – Contesté aún estupefacta. – "Y decía que Lala era la única capaz de probarse a sí misma."

– "Bueno, mi técnica requiere más esfuerzo que simplemente removerse la cabeza vulgarmente." – Contestó sacando la lengua. – "Como sea, debiste ver cuando la vieja Palakya me descubrió en esta pose, creyó que estaba poseída por algún espíritu maligno y batallé para convencerla de no realizarme un exorcismo con la chamán de la tribu."

– "¿Alguna vez te encontró 'jugando'?"

– "No, pero Atseelia sí. Tuve que ser su esclava personal por una semana para que mantuviera la boca cerrada. Desde eso aprendí a elegir mejor mis horarios."

– "¿Jamás te has quedado atascada? Demonios, me pregunto si no te sientes incómoda en este momento."

– "Nah, puedo estar así por horas. Espera, ¿por qué estamos hablando sólo de mí? Cuéntame, araña, aparte de tus manos, ¿de qué otra forma sueles pulirte la perla?"

Ella y sus eufemismos, pero así la quiero. Continué.

– "Mis pedipalpos son excelentes para estimularse discretamente, pero son igual de afilados que mis garras. Prefiero restregarme con algo… O alguien."

– "Bien, ya que Pitufina no está aquí, ¿por qué no aprovechas este bistec estadounidense?"- Guiñó.

– "Te hace falta otra jeringa en el trasero, urraca calenturienta."

– "No finjas, Blondie. Casi me devorabas en la clínica con los ojos. Despediste feromonas como un volcán apenas me viste en ropa interior. Tu cuerpo no me engaña, nena."

– "No lo negaré, pero ya sabes que le soy fiel a mi irlandesa. ¿Y qué pasó con tu promesa de no más provocaciones de esta naturaleza?"

– "Juré demostrarte de lo que soy capaz, y eso es lo que hago ahora. ¿Qué te parece simplemente darme un par de nalgadas? Siempre he tenido curiosidad por ver mi posterior rebotar."

– "Sabes que no lo haré, pájara boba."

– "Ash, no eres divertida, flaca." – Torció la boca. – "En fin, suficiente de hacerme bolita. Ni que fuera Samus Aran."

La halcón trató de incorporarse, pero no lo logró. Volvió a intentar y obtuvo el mismo nulo resultado.

– "Aria, creo… Creo que me entumí…" – Me miró preocupada.

– "¿Eh? ¿No se supone que eres flexible y todo eso?"

– "Sí, pero esta vez olvidé calentar los músculos… No puedo zafarme."

– "Únicamente eres problemas, yanqui descerebrada. ¿Y ahora qué hacemos?"

– "Trata de liberar primero mis piernas, con cuidado."

– "Bien." – Me bajé hasta su nivel, que era muy bajo con ella convertida en esfera. – "¿Así?"

– "Sí, así mismo. ¡Espera, no tan rápido!"

– "Vale, iré un poco más lento."

Sin previo aviso, la puerta se abrió y la tímida Manako entró a escena, encontrándose con un par de conocidas lesbianas en una estrafalaria pose, sumamente comprometedora. La joven cíclope tomó la misma movilidad de una pétrea estatua al instante y transcurrieron largos e incómodos segundos en silencio, mientras tanto, la rapaz y yo nos debatíamos entre continuar nuestra tarea de destrabar a la castaña o intentar regresarle las señales de vida a la francotiradora. Antes de que pudiéramos decidirnos, Doppel se hizo presente.

– "Hey, Mana-chan, ¿por qué tard…?" – También se detuvo al observarnos.

Con cero oportunidad de dejarnos explicar, la Abismal usó su largo cabello para impactar la espalda de la emplumada a manera de látigo, restaurando su movilidad en un parpadeo y haciéndole gritar tan fuerte que Manako recobró el conocimiento y se alejó corriendo sin pensarlo dos veces.

– "¡N-no es lo que crees!" – Me apresuré a aclarar. – "¡Cetania quedó entumida y trataba de ayudarle a…!"

– "Ahórrense las excusas y diríjanse a la sala de entrenamiento 1-A." – Respondió la cambiaformas manteniendo la compostura. – "Tercer nivel, izquierda de la máquina de frituras, olor a pólvora. Apresúrense."

– "¡Sí, señora!" – Nos retiramos.

– "Y una última cosa, reclutas." – Nos detuvo a medio camino. – "Sólo por ser novatas, lo omitiré esta vez; Pero les recuerdo que la única que juega bromas así a mi equipo, soy yo. Ahora fuera de mi vista."

Huimos del lugar sin dejar rastro. Doppel no alzó su voz en ningún momento ni dejó que el estoicismo facial le abandonara, pero había algo en ella que simplemente nos causó aterradores escalofríos de pies a cabeza. Era como si el horror mismo fuera a emanar detrás de esa oscura piel y pretendiera consumir nuestras indefensas almas. Ignoro la estructura jerárquica Abismal, pero comienzo a entender cómo una inmortal como Lala puede temerle a una criatura de tan inocente apariencia. Intentando despejar esa monstruosa idea mi mente, arribamos al lugar indicado y una eufórica Zombina nos dio la bienvenida.

– "¡Hola, estrellitas! ¿Se divirtieron con la excéntrica Saadia?" – Rió ella. – "¿Cuál truco usó para inyectarlas en esta ocasión? ¿El de hacerlas voltear al otro lado o el de ponerles cloroformo en la nariz?"

– "La primera." – Replicó la arpía. – "Espera, ¿eso se lo hace a todo el mundo?"

– "¡Ja! La matasanos puede engañar al zorro más astuto. Me encanta cuando te saca toda la información fingiendo que no le importas." – Declaró la pelirroja haciendo girar una pistola con su dedo. – "También es una pervertida de primer nivel. Ojalá no les haya obligado a desnudarse, la muy sucia tiene cámaras grabando todo el tiempo para su uso personal. La Capitana les advirtió, ¿verdad?"

– "¡¿Qué qué?!" – Exclamé.

– "Como sea, tomen un arma y vayamos a entrenar su puntería." – Indicó la zombi. – "Su amiga, la grillita, las lleva esperando impacientemente desde hace rato. ¿Prefieren automáticas o semi?"

– "Soy una empusa." – Aclaró Dyne, levantándose de su asiento. – "Le pido que no confunda mi especie, si no es molestia."

– "Sí, eso. Bien, ¿Cuál juguete prefieren, niñas? ¿Pistolas, carabinas, lanzacohetes?" – Preguntó la no-muerta. – "Tengo armas de protones, pero esas son para mí uso personal."

– "Fuera de bromas, Fräulein Zombina, ¿Por qué la galería de tiro interior se encuentra en este piso?" – Cuestioné extrañada.

– "Oye, yo sólo trabajo aquí y sigo órdenes, no soy arquitecta." – Contestó la aludida. – "Chica griega, ¿me estabas hablando hace rato de que te gustan las escopetas?"

– "Correcto, señora." – Afirmó la mantis. – "Mi especialidad era el combate cercano y el uso de explosivos."

– "¡Ja! ¡Eres de las mías, mantisita! ¿Nada como estar en el centro de la acción, cierto?" – Le dio un codazo a una algo incómoda pelinegra. – "Y ustedes, enamoradas, ¿algo que les interese?"

Iba a corregirla sobre la situación sentimental con mi amiga emplumada, pero no tendría caso con esta cabeza hueca.

– "Yo usaba una copia de una Karabiner 98K." – Alcé mi mano. – "También he disparado imitaciones Sparassedianas de la MP40 y el STG-44."

– "Joder, araña, ¿en qué era geológica se quedó atrapada tu nación?" – Interrogó la pelirroja. – "¿Tenían chozas de piedra como los cavernarios o algo así?"

– "Sólo el ejército recibía armamento moderno. Las policías no necesitábamos herramientas tan actuales ya que el crimen era casi inexistente." – Encogí mis brazos.

– "¿Al menos estás familiarizada con las contemporáneas?"

– "Claro. Nuestros cartuchos son los mismos que los usados por la JSDF y casi todo el resto del planeta."

– "Excelente. ¿Y tú, Cetania? ¿Puedes usar un arma en primer lugar?"

– "¿Las de los videojuegos y de la feria cuentan?" – Respondió la susodicha.

– "No me rompas la cabeza, pajarita." – Disintió Zombina con la cabeza, suspirando. – "Bien, supongo que necesitaremos recurrir a la artillería pesada si queremos que estén al día cuanto antes. Por suerte, nos encargamos de traer a la mejor en ese campo."

– "¿A qué se refiere, señora?" – Cuestionó la griega.

– "¡Se refiere a mí, insecto!" – Mencionó una vocecita detrás de nosotras.

Las tres volteamos para encontrarnos con la gris y fría pared del inmueble. Espero que su as bajo la manga no sea una fantasma ventrílocua. Confundidas y viéndonos entre sí, seguimos buscando por el origen de tan chillonas palabras, sin resultados.

– "¡Por aquí, trío de cegatonas!" – Volvió a hablar.

Bajamos la mirada para encontrarnos con la causante. Mis ojos se abrieron y la sangre se me heló como un témpano. Ay, no… ¡Ay, no! Conozco ese rostro tan molesto, ese cabello tan rosa, esos bracitos tan rocosos, ese gorrito tan puntiagudo y ese martillito de plástico tan barato. A pesar de ser tan diminuta, era toda una latosa y una pesada. Sorprendida, exclamé el nombre de esa detestable gnómida.

– "¡Titania!"


NOTAS DEL AUTOR: Este fue uno de esos capítulos que se escriben solitos, y es solo la primera parte.

La doctora Saadia Redguard, como cualquier fan de la saga The Elder Scrolls habrá notado ya, es una referencia al juego Skyrim. ¿Y cómo una brillante científica egresada del famoso MIT terminó de médico general en MON, se preguntarán? Bueno, ese es uno de los misterios que quedan a la imaginación del público.

En fin, ojalá les haya agradado el leerlo tanto como a mí el escribirlo. No olviden que sus comentarios, reseñas y quejas son siempre bienvenidos. Un saludo al compañero Alther, a cuya historia referencié en este episodio, y a Arconte, quien logró adivinar que Titania volvería a aparecer. Hmm… Debería ocultar mejor mis pistas, un día voy a terminar revelando que Smith es en realidad una futanari o que Suu está detrás de los ataques… ¡Esperen! ¡¿Dije eso en voz alta?!

¡Nos vemos hasta la próxima y cuídense de las doctoras zombis! ¡Auf Wiedersehen!