NOTAS DE MERO: ¡Bienvenidos, queridos súbditos! ¡Su Eterna Diosa, la Impoluta Meroune Lorelei les agradece su lealtad!

Ignoro quién se esté comiendo mis galletas energéticas o aspirando mis polvos mágicos, pero nada de eso evitará que continúe mi plan de conquista universal, comenzando con el control mental a base de nimias historias con nulo valor literario, así que empecemos de una buena vez. ¡Argh, necesito mi dosis diaria! ¡Mi nariz está más seca que la imaginación de Flake-san! ¡Guardias, busquen en todo el palacio!

Y antes que se me olvide, Flake-san hizo un (horrible) dibujo versión chibi del nuevo escuadrón MON. Porque todo es mejor con chibis:

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Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡Cuando la Gran Sirena habla, la existencia entera escucha!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 33


¡Titania!

Justo en el momento cuando las cosas parecen ya lo suficientemente malas, otra aparece para hacerlo aún peor. Primero debo soportar a una empusa gruñona, y ahora, esa molesta gnómida que creí nunca volver a ver, resulta ser mi instructora. Un día de estos mi abuela fallecida va a regresar de la tumba sólo para hacerme la vida de cuadritos. Y con mi suerte, eso es muy posible. Suspirando, volví a echarle una mirada a esa pequeñísima sabandija de rosados cabellos, quien me observaba con esos igualmente rosados ojos de desagrado. Su fruncido ceño y brazos cruzados lucían menos intimidantes gracias a su diminuto tamaño.

– "¡Tú!" – Me apuntó la gnomo. – "¡Grandulona maleducada, te vuelvo a encontrar! ¡Vas a ver!"

Sin demorarse, ella corrió con su martillito en mano en mi dirección. No me preocupé, puesto que un pedazo de plástico difícilmente tendría efecto en mi dura quitina. Con un grito de batalla de su parte, la enana me propinó un fuerte golpe en una pata delantera. Normalmente ella continuaría su inútil ataque repetidamente hasta reconocer con renuencia que sus intentos son intrascendentales; Sin embargo, su instrumento pareció sufrir una mejora desde la última vez que nos vimos y la herramienta impactó dolorosamente mi extremidad, haciéndome quejarme sonoramente.

– "¡Ay! ¡Chaparra hija de…! ¡Auch!" – Volví a protestar al sentir más furtivos ataques. – "¡Detente, Titania! ¡Ay!"

– "¡No! ¡Esto es por creerte la muy salsa esa vez en el autobús!" –Contestó sin cesar su martilleo. – "¡Y esto es por no respetar a tus superiores!"

– "¡Auch! ¡L-lo siento, pero ya para!"

– "¡Trátame de 'Usted', que no soy tu hermana para andar tuteándome!"

– "¡Ow, ow! ¡P-perdón, Señora, prometo no volver a faltarle el respeto, pero deténgase ahora! ¡Gah!"

– "¡Nel, ni mergas!"

La minúscula chica prosiguió su tarea de castigar al resto de mi cuerpo mientras el resto de las presentes no se molestaban en ocultar su risa. Era increíble como una personita con la altura de dos manzanas pudiera dominar a una gigantesca arachne como yo, pero ese condenado mazo en miniatura era más peligroso que el Mjolnir del mítico Thor. Cuando tuvo lo suficiente, se detuvo y me pateó para cerrar. Satisfecha, regresó jactanciosa a su lugar y con herramienta en su hombro, se dirigió a nosotras tres.

– "¡Escuchen, pedazos de estiércol! ¡Mi nombre es Titania Jättelund! ¡Soy Mexicana y por lo tanto, muy cabrona! ¡También soy una militar profesional y les advierto que no pasé de combatir al crimen organizado a entrenar a un trío de perdedoras por mero placer!" – Aseveró con una voz demasiado grave para su insignificante talla. – "¡No vine a admirar sus feos rostros ni a darles ánimos cuando yazcan como alfombras podridas en el suelo como las perras que son! ¡Estoy aquí para convertirlas a ustedes, muñecas de cartón, en las hijas de puta más chingonas y partemadres que este jodido país haya visto! ¡Bajo mi mandato, ustedes entrarán llorando por su abuelita y saldrán exigiendo balas para desayunar!"

Un momento ¡¿Esta liliputiense con complejo Napoleónico habla en serio?! ¡¿Qué clase de enfermo mental escribe la historia de mi vida?! ¡¿Y desde cuando los gnomos son especie nativa de Latinoamérica?! Ella siguió con su brioso discurso.

– "¡Ustedes no me agradan y yo tampoco les gustaré! ¡Soy dura como el hierro y me odiarán hasta los huesos! ¡Y todo eso me vale madres, porque yo soy la jefa aquí y ustedes sólo un saco de vómito esperando a romperse!" – Aseguró señalándonos. – "¡Y juro que voy a romperlas! ¡Las quebraré tanto que ni sus dioses podrán salvar sus almas! ¡Y al final, me agradecerán de rodillas por haberlo hecho! ¡¿Me hice entender?!"

– "¡Señora, sí, Señora!" – Respondimos, sorpresivamente intimidadas.

– "¡¿Qué carajos fue eso?! ¡Yo puedo echarme gases con más fuerza que sus grititos!" – Vociferó ella. – "¡¿Y se hacen llamar integrantes de MON?! ¡De nuevo, como si tuvieran ovarios, idiotas!"

– "¡SEÑORA, SÍ, SEÑORA!" – Reiteramos.

– "¡A huevo! ¡Así me gusta!" – Sonrió.

¡Santa Arachne Divina! ¡Cada persona nueva que conozco, está más demente que la anterior! ¡Y ninguna se compara con esta psicópata en miniatura con aires de grandeza! Lo peor, tiene la misma altanera actitud que mi antigua instructora en la academia. Si tuviera ocho patas, midiera dos metros sesenta de altura y cargara una fusta, sería la copia perfecta de esa loca. Tiene los pulmones de una dictadora y una infausta personalidad tirana, toda una déspota condensada en reducido envase. ¡Y luego dicen que la Nazi soy yo!

– "Bueno, basuritas, ya saben quién soy." – Se cruzó de brazos. – "Es turno de ponerle título a sus horribles caras. ¡Preséntense por nombre completo y antigua ocupación, ahora!"

– "¡Dyne Nikos!" – Declaró la empusa. Ah, su apellido es como la mítica Niké. – "¡Sub-teniente en la Guardia Costera Helénica!"

– "¡Cetania, guerrera de segunda clase en la tribu Wankatanka!"

– "¡Aria Jaëgersturm, Rottmeister en la Schutzpolizei!"

– "¿Qué carajos significa todo eso, araña?" – Cuestionó la pequeña opresora.

– "¡Quise decir Cabo en la Policía de Protección local!" – Respondí, nerviosa.

– "A mí me hablas en idioma terrestre o te saco a patadas, ¡¿De acuerdo?!"

– "¡Sí, Señora! ¡Lo lamento, Señora!"

– "Bien. Por lo visto, son tan feas como sus nombres, pero al menos dos de ustedes están familiarizadas con las armas." – Indicó la gnómida. – "Como sea, el entrenamiento será igual de extenuante para todas, así que empecemos. Hora de buscarles una herramienta con qué meter plomo."

– "Disculpe, Señora." – Hablé yo, alzando la mano. – "Usted nos enseñará a refinar nuestras habilidades con las armas, ¿cierto?"

– "Eso ya debería haber quedado claro, Jaëgersturm. ¿Por qué la pregunta tan obvia?"

– "Bueno, no sea ofenda, pero… ¿Cómo planea hacerlo con sus… erm… inconvenientes dimensiones?"

Evitando pronunciar palabra, la enanita se acercó a mí, sin romper contacto visual. Ya estando a centímetros de distancia, cerró sus ojos y exhaló. Pronto, su rostro se tornó en el semblante de la concentración pura, apretó los dientes, sus manos se hicieron puños y asumió una pose algo graciosa, imitando a alguien constipado del estómago. Los sonidos que emanaban de su boca cerrada eran similares a los de esas célebres series animadas donde los protagonistas elevaban su poder para liberar una gran cantidad de energía. Ojalá no le cambie el cabello a rubio.

– "¿No será que está estreñida?" – Le susurré a la arpía. Esta suprimió su risa.

Repentinamente, la gnomo comenzó a vibrar. Di un par de pasos hacia atrás, presintiendo que, o ella explotaba, o se hacía en los calzones. Titania siguió temblando hasta que noté un ligero brillo en su ya clara piel. Entonces, los ojos de las tres se tornaron más grandes al igual que la personita enfrente de nosotras. Para sorpresa de todas, Jättelund aumentó no solo la intensidad de sus sacudidas corporales, sino su propia talla, creciendo aceleradamente y dejándonos boquiabiertas. Sus piernas y brazos se estiraron proporcionalmente al mismo tiempo que el resto de su cuerpo (incluyendo su ropa) de manera insólita. Finalmente, las vibraciones terminaron y ella volvió a encararnos, esta vez ostentando una estatura alrededor del metro sesenta. No parecería mucho contrastada con nosotras, ya que Zombina también poseía una altura similar; Pero comparada con su talla anterior, el cambio era, perdonando la expresión, titánico.

Su aspecto no mutó, manteniendo ese cuerpo de mujer a punto de entrar a mediana edad. Con su nuevo tamaño, caminó de nuevo en mi dirección, con mueca seria. Sin avisar, me propinó un fugaz pero devastador puñetazo en el estómago, haciéndome retroceder y arrodillarme en mis ocho extremidades.

– "¿C-cómo es que…?" – Titubeó la castaña, atónita.

– "Soy una híbrida Jötunn." – Declaró la mujer de pelo rosa. – "Mi madre era una gnomo, pero mi padre era un gigante de las montañas. Siete metros de alto, toda una bestia a pesar de ser considerado un enano para su especie, aunque nunca lo conocí. ¿Sorprendidas?"

– "No esperaba que poseyera tal habilidad, Señora." – Confesó la pelinegra, haciendo una reverencia. – "Sentimos sin nuestra compañera le ofendió con su comentario."

– "Bueno, ya les quedó claro que conmigo no hay tonterías." – Tomó mi barbilla. – "¿Entendió, señorita incrédula?"

– "Sí…" – Musité.

– "Bien…" – Me soltó. – "Deja de avergonzarte y ve a la zona de tiro. Ustedes también."

Dicho y hecho, las chicas se conglomeraron en las cabinas de disparo. Yo pesadamente me levanté del suelo, con el punzante dolor en mi abdomen humanoide. Tenía demasiadas preguntas, entre ellas cómo demonios un gigante nórdico de veintidós pies de altura fue capaz de procrear con una fémina de tan insignificantes dimensiones. Sea cual sea la respuesta, estoy segura que involucra mucho dolor y demás imágenes que prefiero no poner en mi cabeza. Suspirando y tallando mi pancita, me coloqué junto a mis compañeras. Dyne no se molestó en ocultar la gracia que le hacía el verme tan humillada, yo sólo la ignoré. Nos colocamos los goggles protectores (en mi caso, era casi una máscara transparente) y los auriculares para amortiguar el sonido.

– "Eres una bolsa de sorpresas, chaparrita." – Le sonrió Zombina a la instructora. – "Sabía de tu capacidad de mando, pero no de que fueras tan contundente físicamente."

– "¿Crees que me contrataron porque estoy muy guapa, roja?" – Le guiñó. – "Y apenas estamos comenzando. ¿Podrías pasarme ese rifle, por favor?"

La resucitada le facilitó un H&K G3. Inspeccionó el fusil y comprobó que tuviera balas en el cargador. Reinsertándolo, quitó el seguro, seleccionó el modo semiautomático, jaló el cerrojo, se dio la vuelta y apuntó hacia un distante blanco frente a ella. Un segundo después de enfocar su vista en el objetivo, accionó el gatillo y un solitario proyectil de 7.62 milímetros salió disparado del metálico cañón, viajando con celeridad hacia la delgada tabla de plástico y madera con forma humana. Fue un impacto directo, justo en el mero centro de los círculos que denotaban la precisión del tirador en turno. No se quedó a admirar su éxito por mucho tiempo y reincidió la acción en repetidas ocasiones, delineando un patrón recto casi perfecto en la antropomorfa silueta, desde la cabeza hasta el codiciado medio.

Impresionante.

Crecí en una nación ultra-militarizada y ahí atestigüé asombrosas hazañas en cuestión de puntería. Siempre nos aseguramos que contáramos con las soldados más hábiles y letales que el mundo pudiera ofrecer, en mi opinión. Nuestras expertas francotiradoras eran reconocidas por su destreza sin igual y prestaban servicio exclusivo a nuestra líder, Brunhilde Stahlherz, protegiendo fieramente a la entidad autoritaria y cabeza principal del país entero. Y aún así, no podía dejar de sorprenderme por la maestría innata de la descendiente de gigantes. Admito que mi respeto por ella se elevó al instante, y estoy segura que tanto Dyne como Cetania también compartían el sentimiento. Desconozco la razón del porqué ella mantenía su reducida forma cuando sería mucho más sencillo usar su tamaño actual, pero no voy a cuestionar sus decisiones personales.

– "Temple de acero y espíritu de águila…" – Tarareó en voz baja. – "Es mi unidad sin igual…"

– "Aquello fue asombroso, Señora." – La felicitó la americana.

– "Gracias, Cetania." – Replicó revisando su arma sin voltear. – "Teniente en la Brigada de Fusileros Paracaidistas. Boina roja, alas de plata y corazón de fuego. ¿Qué tal tú? ¿Tienes lo necesario para pertenecer a la élite?"

– "Eso es lo que vine a demostrar, Señora." – Aseveró la falconiforme. – "Incluso si no tengo manos, le aseguro que podré dominar las herramientas de combate con destreza."

– "Esa es la actitud que deseo, emplumada." – Sonrió la mexicana. – "¿Qué tal si tomas una pistola y que mi amiga con heterocromía te enseñe lo básico?"

– "Con gusto, señora."

– "Excelente. Rojita, ¿puedes ayudarme con la pájara mientras adiestro a las otras?"

– "Por fin." – Contestó la zombi. – "Me aburría sin hacer nada. Ven, estrella voladora, probemos tu destreza con una USP."

Mi compañera posee garras fuertes y afiladas, sin contar su habilidad en vuelo, siendo ya en sí una liminal suficientemente capaz de cumplir cualquier misión de ataque; Sin embargo, sabíamos que siempre hay que contar con una alternativa para defenderse. Yo poseo extremidades letales, gran velocidad de desplazamiento y una considerable fuerza, todo un tanque viviente, pero estoy segura que nuestros enemigos extraespecie también contarán con habilidades similares o superiores. Por ende, las armas son primordiales en nuestro trabajo. Mientras la muerta viviente instruía a la halcón, Titania revisaba la selección disponible.

– "Nikos." – Habló a la empusa. – "¿Escopetas o subfusiles?"

– "Ambas, Señora. Pero soy parcial hacia la escopeta."

– "Bien, toma esta Mossberg y demuéstrame lo que una griega puede hacer." – Le entregó en sus manos y se dirigió a mí. – "Jaëgersturm, ¿has probado los rifles de asalto?"

– "El STG-44 fue el primer fusil de asalto del mundo." – Acoté. – "Considero que me gustan las automáticas, para mayor capacidad de supresión sin perder precisión."

– "Sabia elección, serás la fusilera." – Afirmó la gnomo. – "Te dejo elegir el que más te parezca. No tardes."

– "Gracias, Señora."

La mantis bombeó el guardamano y fue la primera en disparar, impactando el blanco contundentemente. La explosión dejó un campaneo en nuestros oídos y ella volvió a bombear para expulsar el cartucho en la recamara y abrir fuego contra el inerte objetivo de nuevo. Si bien una Mossberg 590 es poderosa, el ruido que la munición producía no era el esperado de tan soberana herramienta.

– "Nada mal, Nikos." – Le congratuló la pequeña gigante.

– "Gracias, Señora." – Pausó Dyne. – "Instructora, ¿No le parece que mi arma se siente algo… débil?"

– "Es munición de goma, niña verde." – Explicó la gnómida. –"Recuerda, somos policías, no soldados."

– "¿Nos enfrentaremos a los criminales con cartuchos no letales?" – Cuestioné.

– "No existe tal cosa como munición no letal, araña." – Contrarrestó la instructora. – "¿Has probado el poder de un proyectil a 475 metros por segundo? No importa cuán pequeño sea, se convierte en mortal una vez expulsado del cañón. Por eso apuntamos al cuerpo, no a la cabeza."

– "¿Qué sucedería si llegáramos a… Bueno, neutralizar gravemente a un malhechor?" – Interrogó la rapaz.

– "Eso depende de las circunstancias." – Aclaró Zombina con seriedad. – "No quiero darles un repaso sobre leyes, pero les aconsejo no cruzar esa línea. Créanme, no quieren cargar con ese peso por el resto de sus vidas, y no hablo solamente de lo legal."

Asentimos con la cabeza. No deseábamos quitarle la vida a ninguna persona, por mucho que los terroristas y demás sabandijas pudieran merecerlo. Vivo con una agente de la muerte e incluso esta sabe que mancharse las manos de sangre no es algo con lo que se prefiera vivir. Ella juró no volverse la verdugo de nadie y yo prometí proteger a quienes amo. Y juro mantener mi palabra sin recurrir a medidas tan radicales.

– "Suficiente de esto, volvamos a lo que nos corresponde." – Reiteró Titania. – "Jaëgersturm, ¿hallaste algo que te guste?"

– "Un segundo, Señora."

Regresé a la tarea de encontrar una herramienta por la cual decantarme. Había una variada cantidad para elegir, desde las clásicas Colt americanas, Fabrique Nationale belgas y las Heckler & Koch germanas, mis favoritas. Las diferentes nacionalidades se mezclaban en una galería de metal y plástico, todas pensadas con el mismo objetivo. Traté de no pensar mucho en cuanto habíamos perfeccionado la industria de la aniquilación y continué buscando. Cuando acepté que una G36 alemana sería mi nueva compañera, mis ojos (y mi corazón) se encontraron con una belleza de acero, seduciéndome al instante con su hermoso y delgado cuerpo teutón. Deseché el fusil y me hice con mi nuevo hallazgo de inmediato.

– "¡Quiero esta!" – Exclamé jubilosa. – "¡La quiero, la quiero!"

– "Araña, una Rheinmetall MG3 es una ametralladora, no un rifle." – Manifestó Jättelund, cruzada de brazos.

– "¡Lo sé! Versión mejorada de la legendaria MG-42, expulsa 1,300 proyectiles de 7.62 milímetros por minuto, mano de obra alemana. ¡¿No es bellísima?!" – Declaré, abrazando el arma. – "¡Es perfecta y quiero usarla! ¡¿Verdad que puedo?!"

– "Necesitamos una fusilera, no una artillera, Jaëgersturm."

– "¡Es lo bueno de ser una arachne! ¡Nuestras ocho extremidades son más efectivas que cualquier trípode y nos da el lujo de usar la ametralladora a manera de rifle! ¡Puedo comprobárselo!"

– "Es poco práctica para el combate tan activo al que te someterás." – Advirtió la latina. – "¿Segura que no prefieres un subfusil o una carabina compacta?"

– "¡No, Señora! ¡Estoy convencida de que 'Mugi' y yo estamos destinadas la una a la otra!"

– "¿Mugi? ¿Ya le pusiste nombre? Demonios, Aria, sí que estás loca." – Se rió Titania. – "¿Qué dices, roja? ¿Seremos tan malas para separarla del amor de su vida?"

– "No veo el problema. Si es hábil con ella, que se la quede." – Aceptó Zombina, encogiendo sus hombros. – "Excepto por el pequeño detalle de que el cañón de esa arma en particular está dañado. Lo siento, rubia."

Eso no sería problema si hicieran un contrato con Sparassus. Excepto por esa vez que rompimos nuestras relaciones diplomáticas con las Saltarinas de Maratus y sufrimos una escasez de aluminio y zinc, nuestra industria armamentística siempre ha sido de calidad. Si tan sólo tuviera a un contacto… ¡Hey! ¡Se me ocurrió algo!

– "¡Puedo repararla!" – Proferí. – "¡Yo misma pagaré el repuesto!"

– "Sé que lo harías, pero nunca le hemos hallado la pieza, es una medida muy particular no usada por nuestro departamento o incluso el ejército." – Mencionó la pelirroja. – "Escucha, si tanto quieres una ametralladora ligera, tenemos una M249 y también una Ameli. ¿Qué dices?"

– "¡Pero no serían igual que Mugi!"

– "¡Carajo, Jaëgersturm, deja de actuar como una niña!" – Vociferó enfadada Dyne. – "¡Usa lo que se te pegue la regalada gana, pero volvamos al trabajo!"

– "¡De acuerdo, lo haré! ¡Pero, por favor, permítanme componer la MG3! ¡Sé que lo lograré!" – Imploré.

– "Bien, lo que sea." – Suspiró la mexicana. – "No perdamos más tiempo y prosigamos."

– "¡Danke schön! ¡Prometo dar lo mejor de mí!"

Satisfecha por mi éxito, decidí hacerme con el arma española. La Ameli también es una versión avanzada de la famosa Maschinengewehr 42. No tan sofisticada como mi Mugi, pero más ligera y con alta cadencia de disparo característica de su bélico linaje. No tengo en nada en contra de la M249, pero considero que la ametralladora ibérica es una mejor prestación. Además, el nombre me recuerda a esa simpática muñeca viviente de la tienda. Cargando la caja con cinta de municiones en la recámara alimentadora, apunté la mira hacia el torso de uno de los blancos. Cerrando cinco ojos, me enfoqué en el círculo central y me preparé para jalar del gatillo.

¡Bang!

El sonido de una H&K USP me distrajo. Volteé a mi derecha y observé a Cetania, disparando con gran destreza su pistola. Como le enseñé en la feria, usaba sus garras como bípodes y amortiguaba el retroceso con una firme posición de sus brazos. Con la determinación cincelada en su rostro, la arpía apuntó hacia el objetivo y arremetió por segunda ocasión, accionando su arma cuatro veces. La puntería era aceptable para alguien en su condición, pero necesitaría mucho entrenamiento para alcanzar el nivel requerido. Sin embargo, ella estaba completamente decidida a superarse, a dejar en claro de lo que era capaz su especie, a demostrarle al mundo entero de qué estaba hecha la gran halcón plomizo.

A luchar por quienes ama.

Ignoro si era admirarla tan resuelta, tan emprendida, tan audaz, o si simplemente era su fiera pose; Pero en ese momento, Cetania lucía aún más imponente que antes, más poderosa, completamente gloriosa. No parpadeaba ante la intensa reacción de su pistola al ser accionada, siempre manteniendo la vista fija en su presa, como una verdadera cazadora debe hacer. Me miró de reojo y yo le sonreí, provocándole regresar el gesto. Su cara regresó al modo serio y descargó sus últimos disparos en el blanco. Los casquillos vacíos cayeron al suelo, creando un fino eco camuflado por las regias cacofonías que profería la escopeta de la mantis. Motivada por la voluntad de mi emplumada amiga, coloqué mi ojo derecho en la mira de hierro y liberé una ráfaga de cinco veloces proyectiles.

Divino.

Extrañaba el sentir mi brazo ser empujado hacia atrás por el accionamiento del percutor, ofreciendo resistencia para evitar que la precisión se perdiera y viabilizar el éxito de los consiguientes disparos. El traqueteo clásico de las aleaciones forjadas y los polímeros torneados extendiéndose por el torso hasta la base de las extremidades inferiores y el fogonazo, casi olímpico, manifestarse físicamente por una fracción de segundo en el extremo del supresor era fantástico. Siempre es un deleite el observar los metálicos envases que alguna vez alojaron cónicas cargas a base de plomo, acero, hierro, o en este caso, goma endurecida, caer al frío piso, señalando el fin de su existencia con una fina exhalación sonora. En ese momento, el olor de la pólvora que ya permeaba el ambiente se intensificó. Mientras yo disparaba, Dyne y Cetania a mi lado también hacían lo propio, uniéndonos en una sinfonía sincronizada de fuego y metal. Quizás tales ecos significaran el lenguaje de la muerte en manos equivocadas, pero en las nuestras eran los cantos de la justicia misma.

La empusa acabó primero con su escopeta, considerando que necesitaba mejorar su técnica con los subfusiles. Con la aprobación de una inesperadamente generosa gnómida, la pelinegra se hizo con una Maschinenpistole 5 variante A3 de nueve milímetros, la más usada por los grupos policiacos alrededor del mundo y creada por la ya conocida empresa germana Heckler & Koch. La griega agregó un cargador lleno y le propinó el clásico golpe al arma, provocando que el cerrojo asumiera posición de combate, jaló la palanca selectora para retirar el seguro y demostró su tino con la metralleta al llenar de polímero sólido con precisión al nuevo blanco que Zombina proveyó con el sistema automático de cambio. Podré no llevarme bien con ella, pero debo reconocer su pericia militar.

– "Bien hecho, Dyne." – Le felicité casi instintivamente.

– "Gracias." – Respondió de manera automática, sin voltear.

No era mucho, ni siquiera demostraba que su desdén hacia mi especie o mi persona hayan cambiado de manera positiva, pero al menos puedo confiar que ella está de nuestro lado. Cetania cargó su USP por tercera ocasión, habiendo marginalmente mejorado su técnica con esta. Me sentí orgullosa de la castaña y seguí escarmentando los inanimados objetos con mis balas a la distancia. Por mucho que pareciera que éramos excepcionales, apenas era el primer paso. Nuestros enemigos no se quedarán completamente estáticos y actuarán de manera pacífica mientras les atacamos. El campo de batalla es un ambiente completamente diferente a este espacio controlado donde no hay que preocuparse de recargas a mitad del combate ni molestos atascos inesperados, sin contar la munición letal del adversario, ávida de conocer nuestra masa encefálica para llevarnos a un viaje sin retorno a las profundidades del Hades. Pero perseveraremos, porque somos el brazo activo de la ley, las emisarias de la justicia, el escudo que protege al inocente y el refugio que salvaguarda la paz.

Somos MON.

Tomamos descanso luego de una muy educativa sesión donde aprendimos nuevos trucos y refinamos los ya conocidos, en el caso de la mantis y yo. La americana aprendió lo primordial en seguridad, uso y mantenimiento del armamento y demostró su plusvalía como agente policial. Le abracé como recompensa por su buen desempeño, gesto que apreció. Incluso le ofrecí la mano a la empusa, pero esta fingió indiferencia. Es mejor que un insulto, supongo. Ignorando la frialdad de la descendiente de Hécate, me alegré de que estuviéramos hallando nuestro rol en este disparatado equipo, puliendo las habilidades y formando disciplina. Me sentí como en los viejos días en Weidmann, cuando me preguntaba si algún día llegaría a ser tan buena como los grandes. Suspiré, si bien tengo la oportunidad, el camino a recorrer sigue siendo largo, sólo espero llegar hasta el final. Observando el lugar, noté la ausencia de cierta cíclope de púrpura cabellera que una esperaría encontrarse en este particular entrenamiento.

– "Manako es la francotiradora de su equipo, ¿cierto?" – Pregunté a Zombina, retirándome los auriculares y máscara protectores. – "Pensé que ella también estaría presente."

– "En primera, arañita, también eres parte del equipo, no te excluyas." – Acotó ella. – "Y en segunda, si bien Mana-chan es una experta en el tema, su personalidad es demasiado amable para ponerlas en forma rápidamente. Las queremos listas en la menor cantidad de tiempo posible y por ello Titania está aquí. Tranquilas, que hoy es para celebrar y darles descanso. Su crucifixión comenzará pronto."

– "No se confíen por verme tan calmada ahora, gusanos. Soy peor que el Diablo y el infierno es meramente mi casita de campo." – Dijo la latina, sentándose a lado de la pelirroja. – "Y no olvides nuestra apuesta, Bina, tres rondas enteras en el bar si pierdes."

– "Sí, sí. Espero no quieras deportarte cuando pierdas, enanita. Hey, ¿ya terminaste de construirle el muro al emperador estadounidense?"

– "Oh, vete al carajo, cerebro podrido." – Se rió Jättelund. – "En fin, lo hicieron bien, niñas. Las felicito por no defraudarme."

– "Agradezco el cumplido, Señora." – Hizo una reverencia Nikos. – "¿Puedo continuar con el entrenamiento, si no es molestia? Deseo seguir perfeccionando mi utilidad."

– "Yo también." – Alzó el ala la rapaz.

– "Ojalá así de entusiastas sean el día de mañana." – Mencionó la gnomo. – "Pero adelante, que para eso estamos aquí."

– "Adoro a los novatos." – Meneó la cabeza la zombi. – "Con suerte logremos quedárnoslas."

– "Gracias, Señora." – Hicieron una reverencia la castaña y la pelinegra antes de regresar a los cubículos de tiro.

– "Disculpen, yo quisiera tomarme el tiempo para hacer una llamada importante." – Pedí la palabra. – "Es para encontrar el repuesto de mi arma. ¿Puedo retirarme? No demoraré."

– "¿No tienes un celular?" – Cuestionó el cadáver viviente.

– "Sí, pero necesito investigar el número primero. Tranquilas, será rápido y sé a quién consultar."

– "Vale, no tardes mucho, Jaëgersturm, Kuroko aún tiene más que mostrarles cuando regrese." – Aseveró la occisa revivida, entregándome un billete. – "Y tráeme una soda bien fría, cualquiera menos limón. ¿Qué tal tú, enana?"

– "Naranja." – Confirmó la aludida. – "Me encanta lo ácido."

– "¡Uva! ¡Y que tenga mucho gas!" – Se unió la americana.

– "Cola." – Mencionó Dyne monótonamente, abriendo fuego.

– "Ah, de acuerdo. ¡Gracias, jefas! ¡Enseguida vuelvo!" – Me despedí.

Salí enseguida, con dirección a la oficina de la doctora Redguard. Zombina advirtió que era una pervertida y demás, pero seguramente era una de sus bromas. Rivalidades entre muertas, supongo. Además, requería específicamente de la matasanos porque ella poseía una computadora con Internet y la necesitaría para mi búsqueda. El wi-fi del edificio tiene contraseña y al final es más sencillo con el ordenador. No seré una experta, pero estoy familiarizada con ellos, aunque los que usara fueran de esos antiguos con pantallas de rayos catódicos monocromáticas y el plástico estuviera más amarillo que mi exoesqueleto. Llegando, toqué la puerta y al recibir admisión, entré.

– "Hola de nuevo, Ärztin." – La saludé. – "Lamento interrumpirla pero…"

– "Cierra la puerta primero." – Ordenó, lanzándome la llave.

– "¿Por qué?"

– "Toda conversación es privada, araña. Sólo hazlo."

– "Jawohl." – Le obedecí y aseguré la entrada. – "Como decía, estoy aquí para…"

– "No necesitas excusas, linda." – Comenzó a quitarse la bata, acercándose. – "Simplemente desnúdate y empecemos a besarnos."

– "¡¿QUÉ QUÉ?!"

– "Shhh…" – Colocó un dedo en mi boca. – "Prescinde de fingir, Aria. Tú me deseas y yo también, ¿por qué no aceptarlo de una vez?"

– "D-d-doctora, usted está…"

– "Tu cuerpo, tu hermoso cuerpo…" – Su respiración se aceleró y tomó mi mano izquierda para obligarla recorrer su rostro. – "Continúa dando vueltas en mi cabeza y me está enloqueciendo por completo. ¡Lo necesito! ¡Lo necesito ahora!"

– "P-p-p-por favor, deténgase…"

– "Jaëgersturm, he estado muy sola desde que reviví y requiero placer inmediatamente." – Guió mi mano hasta su pecho. – "¿Sientes la suavidad? Es mi cuerpo original, lo he mantenido en perfecto estado desde entonces, sin cambio alguno. Tal vez sea inmune al dolor, pero aún poseo sensibilidad en mis partes íntimas."

– "S-Sandy…"

– "Estimúlame, alemana." – Me obligó a apretar su seno. – "Juega conmigo, quiero sentirme viva de nuevo. Bríndame el gozo de tu salvajismo animal y tu pasión liminal. Hazme tuya ahora."

– "A-alto…"

– "Ámame, Jaëgersturm..." – Susurró. – "Ámame como yo te amo…"

Podía sentir plenamente su pecho. Era suave, en verdad que sí, como masilla para moldear. Redguard me observaba con ojos de lujuria al tiempo que mis dedos toqueteaban curiosos por la fina textura de su glándula mamaria. Intenté desistir, pero algo en la sensación de tal parte de su cuerpo era… relajante. Entre más apretaba, podía experimentar un ligera tranquilidad, si bien no la suficiente para calmarme por completo en tan embarazosa situación. Lo peor, Saadia continúa hipnotizándome con esa penetrante mirada esmeralda, obligándome a acceder a sus lascivos caprichos. No me explico que es lo que esta mujer tiene, pero estoy segura que era una auténtica seductora en sus ayeres. Y creí que Rachnera era dominante. Entonces, la mujer introdujo su mano dentro de su bata y dejó su seno al descubierto, revelando ser una especie de esfera plástica multicolor.

Un momento…

– "¡Ja! ¡Siempre caen con eso!" – Se burló la estadounidense. – "Demonios, araña, nunca me había divertido así desde que dejé la fraternidad del campus. Eres una mina de oro."

– "U-un momento… Entonces esto no es…"

– "Claro que no, boba. Es mi pelotita anti-estrés." – Aclaró ella, recogiéndola. – "¿Pensaste que te dejaría toquetearme? Ni que fueras tan especial para obtener ese privilegio."

– "¿Por qué continúa atormentándome con esta clase de cosas, doctora?" – Recuperé mi ritmo cardiaco regular. – "Creí que podía confiar en usted."

– "Que puedas confiar en mí no significa que no pueda divertirme. Relájate, nunca haría algo que en verdad te dañara, mi corazón artificial no es tan frío."

– "Zombina tenía razón…" – Suspiré. – "Usted es de cuidado."

– "Esa pelirroja me odia desde que le reemplacé su entrepierna por la de un hombre en aquella ocasión. Me metió tantas balas en represalia que ochenta por ciento de mi peso terminó siendo plomo y necesité transfusión de formaldehido de emergencia, pero valió la pena." – Se rió volviendo a su escritorio. – "En fin, ¿a qué debo que me interrumpas cuando estoy comiendo, novata?"

– "Venía a solicitar humildemente que me prestara su computadora."

– "No."

– "Graci-¡¿Por qué se rehúsa?!"

– "La estoy formateando."

– "¿No puede interrumpir el proceso?"

– "Ni el más vivo del MIT puede hacer eso. Lo siento, el ordenador está fuera de servicio por las próximas dos horas."

– "Scheisse…" – Dejé caer mis hombros. – "¿Al menos podría facilitarme la contraseña de la señal inalámbrica?"

– "Si la consigues, me la pasas; Los de aquí no me dan ni la hora. Por suerte uso un cable Ethernet." – Mordió su emparedado. – "Y en todo caso, ¿para qué lo quieres? ¿Entrar al RedTube?"

– "Necesitaba buscar información de una persona que conozco."

– "Tengo un directorio telefónico, ¿por qué no lo consultas?"

– "Porque es una arachne, por ende, vive con su hospedador y requiero el número de este primero."

– "Ya veo. Siento no poder ayudarte, Aria. ¿Realmente te urge hablar con ella?"

– "Sí, es de Sparassus como yo y quizás podría auxiliarme en encontrar un repuesto para un arma." – Exhalé resignada. – "Demonios, cuando necesito a esa condenada Rachel, nunca aparece."

– "Rachel… arachne…" – Musitó Sandy. – "Espera, ¿te refieres a Rachel Elise Tzeranth, una de las especies pequeñas?"

– "Precisamente, doctora. ¿La conoce?"

– "¡Y cómo no! ¡Su casero, ese demente de Sarver, siempre me habla de lo fantástica que es su loli de ocho patas! ¡Y es peor cuando está ebrio!" – Disintió con la cabeza. – "Tu y la emplumada vieron lo estresante que es hablar con él. ¿En verdad quieres comunicarte con su casa de locos?"

– "Claro, se lo agradecería mucho."

– "Bah, es tu vida." – Encogió los hombros. – "Déjame le llamo al desgraciado. No te daré el número porque no quieres hablar con ese tonto en el futuro, créeme. Y más le vale no intentar otro apocalipsis nuclear con sus experimentos o se las verá conmigo."

Ella marcó el número en su teléfono de cangrejo y me ofreció la bocina. Le sonreí por la amabilidad y aguardé un par de segundos mientras el tono de espera continuaba sonando. Finalmente, alguien tomó el auricular del otro lado y respondió con un acento ligeramente germano.

– "Residencia Sarver; Esta es Ekaterina al habla. ¿Con quién tengo el gusto?"

– "Guten Tag. Me preguntaba si podría charlar con la señorita Tzeranth, por favor."

– "Ah, Rachel. ¿De parte de quién?"

– "Dígale que es una paisana que requiere el apoyo de otra."

– "Sehr gut. Un momento, por favor."

Desconocía lo que sucedía en tal morada, pero podía oír discusiones y risas de varias mujeres. Una vocecita les pidió que guardaran silencio y le ignoraron, entonces contestó.

– "Esta es Rachel, ¿quién me fastidia?"

– "Ah, saludos, hermana Saltarina. Soy Aria Jaëgersturm, nos conocimos en..."

– "Lo sé, identificaría ese acento Weidmanniano en cualquier lado. ¿Qué quieres? ¿Volver a inculparme de otra conspiración criminal? Te recuerdo que el levantar falsas injurias contra inocentes se castiga con la muerte en Delena."

– "Cesa tu enfado, chica; No era mi intención que los medios malinterpretaran mis palabras. Uhm… Perdón, ¿de acuerdo?"

– "Ah, relájate, patas largas, sólo te estoy tomando el pelo. ¿En qué puedo ayudar a una hermana Cazadora?"

– "Oh, bueno, me preguntaba si tenías algún contacto en la madre patria."

– "Nope." – Replicó secamente. – "Huí de Delena, rubia. Soy básicamente una fugitiva. Por suerte aún no se dan cuenta. O eso creo. ¿No tienes familiares o amigos?"

– "Estoy sola, Rachel. Puedo escribirle a mi madre, pero tardaría demasiado en responder."

– "Entiendo…" – Se pausó unos segundos. – "¿Sabes? Mamá vino de visita y hace una hora que la dejé en la estación del tren con dirección a Tokio. Quizás puedas comunicarte con ella. ¿Dónde te encuentras ahora?"

– "Las oficinas de MON, justamente en la capital."

– "Tique te sonríe, cazadora, justamente la vieja Sonya se dirigía hacia allá."

– "¿En serio? Uf, que suerte. ¿Alguna seña en particular?"

– "Como yo, pero en rubio y traje de enfermera. ¿Desde cuándo reconocer a una arachne es tan difícil?"

– "Cierto, tienes razón." – Me reí. – "Uhm, Danke schön, Rachel. Lamento haberte vuelto enemiga pública por un tiempo."

– "No hay problema, me gusta la fama, sin importar de donde sea. Suerte con la vieja Sonya, Aria, ya sabes cómo son las madres."

– "Te comprendo, hermana. ¡Auf Wiedersehen!"

– "¡Adiosín!"

Eso sí que fue afortunado. Agradeciendo a la doctora y a los dioses, salí del pabellón médico hasta las oficinas del primer piso, en busca de una saltarina madura para satisfacer mi urgente necesidad. Ay, mamá, eso podría interpretarse de manera equivocada fuera de contexto. Ignorando eso, seguí recorriendo con la mirada escaneando el lugar, que nunca parecía recibir descanso. Había una gran cantidad de liminales de diversos orígenes pero ninguna arachne. Entonces, entre un par de salamandras, la vi, la esperada Salticidae rubia. Sin dilación, llamé su atención.

– "¡Guten Tag, Frau Tzeranth!" – La saludé, bajando mi altura. – "¡Gusto en conocerla! ¡Soy Aria Jaëgersturm!"

– "Oh, por un momento creí que eras una SturmSchütze." – Mencionó, señalando mi atuendo. – "En fin, buenas tardes, señorita Jaëgersturm. ¿Cómo supo mi nombre?"

– "Estuve hablando con su hija, Rachel, y me aconsejó que tratara con usted."

– "Ah, claro, ya te recuerdo." – Hizo mueca seria. – "Eres quien la acusó de ser parte de una célula terrorista y trajo deshonra al nombre de mi familia, volviéndonos parias en nuestra sagrada nación, obligándome a recurrir a medidas repulsivas para subsistir en este cruel mundo."

– "Uhm… Erm… Bueno, yo…"

– "¡Ah, relájate, patas largas! ¡Sólo te estoy tomando el pelo!" – Se rió la mujer mayor. Sin duda es la progenitora de esa enana.

– "Me atrapó por completo, Frau Tzeranth. En todo caso, me disculpo si mis acciones le causaron algún inconveniente."

– "Nah, esa malcriada se lo merecía por irse sin avisar. En fin, ¿en qué puedo ayudarte, hija?"

– "Deseaba saber si podría hacerle un gran favor a esta cazadora." – Le sonreí en señal de simpatía. – "¿Planea regresar a la madre patria pronto?"

– "En un par de días, ¿por qué?"

– "Bueno, necesito un cañón de repuesto para una Rheinmetall Maschinengewehr 3." – Hice una reverencia y junté mis manos en actitud suplicante. – "Si usted, en su infinita magnanimidad, pudiera hacerme el inmenso favor de conseguir la pieza, estaría eternamente en deuda con usted. Prometo pagárselo tan pronto me sea posible."

– "Por supuesto, no hay problema."

– "¿E-en serio? ¡¿De verdad?!"

– "Una Sparassediana nunca abandona a otra." – Acotó la saltarina. – "Y menos a la conocida heroína del centro comerci-¡Ah!"

Tomé jubilosamente a la señora en mis brazos y la alcé, dándole vueltas. No lo hice a demasiada altura para prevenir que todos vieran su ropa interior.

– "¡No sabe lo inmensamente agradecida que estoy con usted, Frau Tzeranth!" – La abracé con más fuerza. – "¡Danke, danke, danke!"

– "30,000 yenes." – Declaró ella sin inmutarse.

– "¿Eh?" – Me detuve en seco.

– "30,000 yenes. En efectivo."

– "…"

– "…"

– "¡¿QUÉ QUÉ?!"

– "No lo repetiré una tercera vez, grandulona. Y bájame, que no soy un juguete."

– "Pero…" – La deposité con suavidad en el suelo. – "Pero… ¡Por qué tanto! ¡Es únicamente el cañón!"

– "Es el precio final, cazadora. Tómalo o déjalo."

– "Pero…"

– "Tic-toc, tic-toc. El reloj sigue corriendo y no escucho respuesta de tu parte."

¡Condenada garrapata ambiciosa! ¡¿Cómo se atreve a extorsionar con tan absurda cantidad a una Sparassidae?! ¡Deberíamos volver a los tiempos de la esclavitud y…!

– "De acuerdo…" – Me resigné con hombros caídos. – "Acepto el trato…"

– "Sabia decisión." – Sonrió jactanciosa y tomó un pedazo de papel para escribir. – "Cañón de veintidós pulgadas para una MG3 original, ¿cierto? Bien, te aseguro que tendrás tu repuesto, pequeña."

– "El problema es que ignoro de donde sacar el dinero. Todo lo tengo en Asaka."

– "Puedes enviarlo a esta dirección cuando puedas." – Me entregó sus datos. – "Sé que lo harás, una Sparassediana siempre cumple su palabra."

– "Supongo." – Suspiré. –"¿Cuándo cree que lo recibiré?"

– "Dame al menos tres días, necesito hacer un par de llamadas primero. ¿Dónde deberé enviarlo?"

– "Residencia Kurusu, 6-6-6 Monsutā-cho, en Asaka."

– "OK, entendido y anotado. Lo mandaré por paquetería express para que tarde menos."

– "Como diga, Frau Tzeranth."

– "Me haces sentir vieja, mejor llámame Sonya."

– "Sehr gut, Sonya. Prometo cubrir el monto apenas regrese a mi casa." – Le sonreí débilmente. – "Danke schön."

– "Vale. Que tengas un buen día."

Excelente sarcasmo de su parte. Se habrá salido con la suya, pero ya me comprometí y no me retractaré. Además, realmente quiero usar a Mugi. Recordando que las chicas me encargaron gaseosas, me dirigí a la máquina expendedora más cercana e introduje el billete en la ranura. Fue rechazado. Intenté de nuevo, mismo resultado. Tercamente lo inserté por tercera ocasión y el Monte Fuji impreso en el papel moneda volvió a salir de la testaruda ranura. Esto sería mucho más fácil con numerarios metálicos, como lo hacemos en mi país, pero esta mugrosa máquina no contaba con tal opción. Una cuarta prueba obtuvo el mismo decepcionante desenlace.

– "El secreto está en la delicadeza, Aria." – Habló una voz detrás de mí.

– "¡Hauptmann!" – Me sorprendí al ver a la agente tan cerca. – "¿Dónde estaba?'"

– "Trabajando, genio." – Contestó sardónicamente. – "¿Quieres que te muestre cómo se hace?"

– "Ilústreme, maestra." – Le entregué el dinero. – "Esta cosa es una diva más grande que mi abuela."

– "Como mencioné antes, el truco para que la vida te trate bien, es ser amable... Y dar un buen golpe de vez en cuando."

La coordinadora insertó el billete y sin darle tiempo al artificio de negarle la bebida, Smith le propinó un puñetazo en un costado, validando la cantidad monetaria y ofreciéndonos elegir el producto de nuestra preferencia. Impresionada por su efectivo método de persuasión económica, me hice con cinco latas de agua carbonatada y saborizada artificialmente. Cuatro para las chicas y una sabor fresita, que entregué a la pelinegra.

– "Por ayudarme." – Le indiqué. – "No es café, pero es igual de dañino."

– "Gracias, Aria." – Jaló la pestaña de aluminio y comenzó a beber. – "Ah, lo necesitaba. Y, ¿cómo les fue?"

– "Creo que bien. El médico nos dio el visto bueno en el examen y hasta esa molesta gnómida nos felicitó en el entrenamiento."

– "¿Están haciendo correctamente su trabajo?"

– "Una es una pervertida y la otra una enana pesada, pero al menos saben lo que hacen."

– "Hablaba de tus compañeras. ¿Se desenvuelven satisfactoriamente?"

– "Oh, claro. Cetania se ha adaptado sorprendentemente rápido a usar pistolas reales y Dyne no hesita en hacer gala de su adiestramiento militar."

– "¿Y tú? ¿Pasándola bien?"

– "Me rememora a mis días en la fuerza. Es un sentimiento agridulce, entre la nostalgia y los no tan gratos recuerdos."

– "Yo espero encontrarte al final del camino junto a tus amigas, Aria. Lo importante es que estén convencidas de hacer esto."

– "No estaríamos en este lugar de pensar lo contrario, Hauptmann."

– "Todos dicen eso hasta que reciben la primera bala. Esto es el infierno y aún no te has quemado en sus llamas."

– "Tanto negativismo no es muy alentador para una recluta…"

– "Soy realista, Jaëgersturm. La voluntad es fuerte como el hierro, pero incluso este cede ante la presión..." – Dio un último trago y apretujó el envase. – "Pero tengo fe en ti y las demás. Cuento con ustedes para que el proyecto siga adelante."

– "De eso puede estar segura, Hauptmann."

– "Confío en que sí." – Depositó la basura en el bote contiguo. – "Vamos, es hora de mostrarles donde pasarán la noche."

Ambas regresamos al salón de tiro. La rapaz y la empusa interrumpieron su actividad para recibirnos junto a las instructoras. Me agradecieron las gaseosas (menos la mantis, que no dijo nada) y se sentaron a descansar. Le sonreí a la castaña después de observar su gran trabajo con los blancos, mostrando impactos más precisos que los iniciales, obteniendo un guiño de su parte. La griega había hecho también una excelente labor con el subfusil. Por su parte, Titania había regresado a su diminuto tamaño original luego de acabar su bebida de naranja.

– "¿Te dieron problemas estas revoltosas, Jättelund?" – Interrogó Smith a la gnomo.

– "La araña reveló tener un extraño desorden sexual por las ametralladoras, pero en general se portaron de manera aceptable. Aún están más verdes que un nopal tierno, por supuesto." – Contestó la mujer de pelo rosado. – "¿Estás segura que te servirán?"

– "No tenemos mejores candidatas."

– "¿Quieres retirarte de la apuesta?"

– "Ni pensarlo. De hecho, la haré doble."

– "Me caes bien, Smith. Y recuerda, no te rajes."

– "Eso te digo yo a ti. ¿Qué tal tú, Bina? ¿Sigues de mi lado?"

– "Hasta el fin del mundo, Capitana." – La pelirroja mostró un pulgar arriba.

Las tres veteranas se rieron, dejándonos a las novatas en la penumbra. Desconozco que clase de juego pretendan llevar a cabo, pero si nos involucra, no debe ser algo bonito. No pasó mucho y Kuroko nos ordenó seguirla. Despidiéndonos de la mexicana, acompañamos a la líder y a su amiga no muerta hasta el exterior y abordamos una furgoneta. Zombina asumió el mando del volante y su jefa el asiento del copiloto. Me alegra que el vehículo ofrezca espacio suficiente para personas de mi tamaño, aunque ya comenzaba a sentirse pequeño con la presencia de una gruñona Nikos. Preferí mirar la ventana trasera, notando que la tarde estaba sobre nosotras. En verdad que voló el tiempo.

– "Toma la ruta del este, Bina, debemos pasar por Mana-chan y Tio primero." – Comandó la agente a su subordinada.

– "Roger that." – Confirmó ella.

Pisando el acelerador, la occisa caminante condujo por el camino indicado. A mitad del trayecto, paramos frente a un Burger Fox, donde la conocida cíclope y la imponente ogresa esperaban al transporte con varias bolsas de comida rápida y bebidas en mano. Saludándonos, les entregaron los alimentos a sus camaradas y abordaron una segunda unidad. Fue ahí cuando los estómagos de nosotras tres volvieron a la vida de ruidosa manera.

– "Eso responde a la pregunta que planeaba hacerles." – Dijo Kuroko ofreciendo algunos de sus paquetes. – "¿Quieren Tama-burgers con queso o el Foxy-Spicy?"

– "Ah, danke schön, Hauptmann." – Le agradecí tomando la bolsa que indicaba picante y un vaso de refresco. – "Muy amable de su parte."

– "Thanks, Chief." – Tomó una similar Cetania.

– "Efharistó, Jerarca." – Aceptó Dyne la restante.

– "De nada, niñas. Es su premio por pasar satisfactoriamente la primera prueba." – Sonrió la agente. – "Ahora sí, Bina, acelera a fondo. Recuerda, los niños valen el doble de puntos."

Esperen, ¿qué?

Las memorias que tanto me esforcé por suprimir regresaron con una venganza en ese instante. La pelirroja, sin ningún respeto por las leyes de tránsito o la vida humana (no es que le preocupara, para empezar), pisó el pedal del vehículo y salimos disparadas más rápido que un rifle Barrett calibre 50 escupiendo una bala. Nos convertimos en un bólido de metal, gasolina y caucho, superando la barrera del Mach uno y posiblemente el tres en cuestión de segundos. El trío de indefensas mujeres en la parte trasera del ataúd en cuatro ruedas sólo podía aferrarse a las paredes del automóvil y rezarle a su panteón particular que les ofrecieran una muerte rápida e indolora. La rapaz perdió casi todo el color y la empusa se empeñaba en no abandonar la existencia terrenal con su fuerza de voluntad. De alguna milagrosa manera, nuestra comida se mantenía perfectamente estable, incluyendo las bebidas.

Cada vez que la furgoneta saltaba debido a una imperfección del camino, la demoniaca conductora y su acompañante reían como las torturadoras del Inframundo que eran, animándose a continuar su desquiciada osadía a costa de nuestra integridad física y mental. Los peatones demasiado desafortunados para entrometerse en el camino de la cruel máquina de muerte móvil huían despavoridos y sacrificaban sus labores para salvaguardar su existencia. Y creo que también aplastamos a un gatito.

– "¡Aria!" – Me gritó la aterrada castaña. – "¡Vamos a morir, ¿verdad?!"

– "¡Me temo que sí, Cetania! ¡Será un honor morir a tu lado!"

– "¡Me arrepiento de no haberme confesado antes que esa dullahan!"

– "¡Esta bien! ¡Con suerte nos veremos en la otra vida! ¡Lástima que no sea Lala quien me lleve ahí!"

– "¡Ya que nada importa ahora, confieso que la irlandesa no me caía tan mal! ¡Pudimos ser muy buenas amigas!"

– "¡Eso hubiera sido fantástico!" – Le sonreí tratando de no hacerme pis en las pantis. – "¡A ella también le hubiera agradado!"

Otro salto, esta vez más violento, casi nos obliga a chocar con el techo. No había duda, era el fin.

– "¡Ay! ¡Confieso que nunca me gustó matar a mis presas cuando entrenaba!" – Declaró la falconiforme. – "¡A veces ni siquiera las hería, por eso me castigaban mucho!"

– "¡Yo hacía trampa en la escuela y le copiaba a la más inteligente de la clase!" – Revelé hiperventilada. – "¡Soy terrible en matemáticas! ¡Nunca me aprendí las tablas de multiplicar!"

– "¡Una vez me castigaron dejándome sin comer en todo el día y recurrí a lamer los huesos de la basura!"

– "¡Yo vendí un plato valioso de la vajilla de mi abuela para comprarme un manga hentai!"

– "¡De niña, vestía a la almohada de mi habitación y fingía que era mi amiga!" – Confesó la halcón. – "¡Se llamaba Mony y me besaba con ella!"

– "¡Cuando nadie me ve, simulo que mis dedos son armas y hago sonidos de disparos!"

– "¡Quemé por accidente el tótem sagrado de mi aldea y culpé a una familia de osos a quienes mi tribu destripó por completo!"

– "¡Me toco los moretones porque me gusta el dolor!"

– "¡Tuve un sueño húmedo con mi hermana!"

La risa de Zombina y Smith cesaron al instante. El agudo chirrido de los neumáticos deteniéndose abruptamente terminó en un silencio absoluto, con todos los presentes llevando una mueca de incredulidad en sus rostros y sus ojos enfocados por completo en la extremadamente ruborizada arpía, quien intentaba cubrirse con sus coloridas alas. No sé si fue la adrenalina y la desesperación que formaron un coctel de honestidad desvergonzada en los momentos previos, pero nunca esperé que la americana destapara tan… singular secreto.

– "S-s-soy adoptada, ¿de acuerdo?" – Se excusó la inculpada, deseando desparecer. – "Y f-fue durante la luna llena… así qué…"

– "¿Y-ya sabías que eras adoptada en ese entonces?" – Interrogó la mantis, pasmada.

– "Bueno, no, pero…"

– "Bina, c-conduce…" – Dijo la coordinadora intentando regresar la vista al frente. – "¡Conduce rápido!"

– "¡Roger that!" – Confirmó la pelirroja, acelerando de nuevo.

No importó que la velocidad fuera tan fatalmente irresponsable de nuevo, porque ni un choque a trescientos por hora se compararía con la tremenda bomba termonuclear que la arpía soltó en la pequeña caja de metal. Sacudí mi cabeza para despejar mi mente y evitar continuar abochornando aún más a mi amiga con mi estupefacta mirada. Nikos se distraía concentrándose en el colorido logo de su envase de refresco, queriendo ocultar con poco éxito su evidente incomodidad. Con todas en silencio, arribamos a un complejo de apartamentos en tiempo récord. Preferimos no seguir indagando en el tema, por el bienestar de todas.

– "Aquí residirán temporalmente hasta que los cuarteles de Asaka estén terminados. Departamentos exclusivos para las fuerzas policiales, designación no oficial." – Comentó Kuroko, guiándonos adentro. – "Me gustaría tenerlas a todas bajo el mismo techo, sin embargo. A las chicas le encantaría tenerlas de nuevas vecinas."

– "¿Entonces todas las integrantes de MON viven aquí?" – Pregunté. – "¿Esta es su residencia?"

– "Su segunda morada." – Aclaró la líder pelinegra. – "Todas tienen casa propia, claro, pero convivir juntas en los cuarteles nos permite una respuesta más rápida a las amenazas, como imaginarás. Pero no hay problema si desean mudarse permanentemente, después de todo, como agentes de la fuerza, obtienen independencia residencial y ya no requieren hospedador humano para su estancia. Y todo es cubierto por el gobierno. ¿No es genial?"

– "Me sorprende que no haya más miembros si se puede contar con tan benévolas prestaciones." – Comentó Dyne.

– "Sólo aceptamos las solicitudes de los mejores, Nikos. Tu experiencia en las fuerzas armadas te hace una candidata más apta que cualquier otra con menos conocimientos, pero es tu convicción por la justicia lo que realmente importa. Lo mismo para ustedes dos." – Se dirigió a la rapaz y yo. – "Espero mis predicciones no sean erradas y arrojen la toalla antes de tiempo. Ahora, si me hacen el favor de proseguir con la visita."

La agente abrió las puertas del edificio y saludamos a una amable nekomata con alrededor de veinte años, trapeando el piso y a su gemela recepcionista de treinta, felices de ver caras nuevas. El lugar lucía igual a un lujoso hotel, con amplios cuartos y pasillos diseñados para las extraespecies. Diversos cuadros con paisajes adornaban las blancas paredes junto a las plantas en macetas y la brillante iluminación artificial del techo, otorgándole un aire artificial y poco hogareño, pero nada desagradable. Había una gran sala en los pisos superiores, con varias mesas que ofrecían una excelente vista de la ciudad mientras una se relajaba comiendo algo o simplemente platicando. Nada mal para residir, aunque dudo que pudiera reemplazar la sensación de una casa regular. Nuestras habitaciones se hallaban en el cuarto piso.

– "Finalmente llegaron." – Nos recibió Doppel, bostezando y girando un llavero en sus dedos. – "Lo usual, Kuroko. Una llave para cada una y nos quedamos con una copia."

– "Gracias, Doppel." – Le agradeció la susodicha y nos entregó una a nosotras. – "Su pase a sus barracas personales, niñas. Aria, esta de aquí es la tuya, échale un vistazo."

– "Jawohl."

Mi cuarto poseía el número 131, el mismo que el único tanque Tiger funcional del mundo. Tales coincidencias permean mi vida, pensé. Insertando el objeto de cobre en la cóncava cerradura, le di vuelta para admirar el interior de mi dormitorio. Encontré todo oscuro porque olvidé encender la luz. Presionando el interruptor y brindando iluminación al interior, me sorprendí al ver el amplio espacio, decorado por una enorme cama en el centro. Un par de casilleros metálicos verdes y un estante para armas se encontraban a su lado, con la gran ventana del lado derecho cubiertas por negras cortinas. Un cuarto reservado para el armario, baño y un ventilador en el techo proferían el toque final. Aparte de eso, el sitio estaba completamente vacío.

– "Proveemos lo básico, el resto es por su cuenta." – Explicó la coordinadora. – "Si bien este piso es virtualmente exclusivo de MON, les sugiero no hacer escándalo ni causar problemas. Pagamos su estancia pero no nos entrometeremos si quiebran las leyes básicas de convivencia."

– "¿Dónde se localizan las duchas?" – Cuestioné. – "¿Son individuales o en grupo?"

– "Grupales. Una en el primero y en el tercero, estas últimas reservadas para el escuadrón, así que no se preocupen por que alguien más entre por accidente."

– "¿Y la lavandería?" – Inquirió Cetania, finalmente atreviéndose a hablar.

– "Primera planta. Contamos con servicio a cuarto, pero la señora Yamato anda algo corta de personal por ahora, así que sugiero lleven su ropa personalmente."

– "¿Alguna restricción para salir? ¿Toques de queda o algo?" – Fue el turno de Dyne.

– "Ninguno, únicamente que tengan sus comunicadores encendidos en todo momento por si se presenta alguna emergencia. Aún están en entrenamiento, así que no las llamaremos todavía, relájense."

– "¿Los horarios de comida?" – Hablé yo.

– "La cafetería, en este piso, está abierta desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche. Como vieron antes, hay máquinas de golosinas y gaseosas por si desean un aperitivo. Tienen derecho a tres comidas al día, como parte del contrato, lo demás saldrá de su cartera."

– "También poseen el privilegio de portar sus armas cuando estén en servicio, que es básicamente siempre. Pero tampoco anden con pistola en mano como en el viejo oeste." – Comentó Zombina. – "Por cierto, llevo cargando sus hamburguesas desde hace rato, ¿podrían relevarme de mi cargo?"

– "Oh, lo sentimos." – Nos disculpamos, tomando nuestros alimentos. – "Gracias, Bina."

– "Sí, sí. Creo que eso sería todo, ¿cierto, Capitana?" – Preguntó la pelirroja.

– "Por ahora. Bueno, novatas, me parece que las dejaré solas para que conozcan el resto." – Estiró su cuerpo la susodicha. – "Ya sé que dije que no había restricciones para salir, pero esta noche hay luna llena. Incluso la mente más férrea puede sucumbir ante el instinto y es mejor que permanezcan aquí, bajo la eterna vigilancia de Doppel."

Por supuesto, quien mejor que una Abismal para contener a un grupo de liminales con las hormonas desatadas. Eso me recuerda que debería llamar a Lala de nuevo, para saber cómo se encuentra. Smith prosiguió.

– "En todo caso, bienvenidas de nuevo, equipo. Disfruten su estancia y que el éxito les sonría." – Ofreció su mano. – "Háganme sentir orgullosa. Buena suerte."

– "Igualmente, Kuroko." – Regresé el gesto. – "Auf Wiedersehen."

– "Bye, Chief."

– "Ya su, Jerarca."

– "Adiós, chicas." – Emprendió camino al piso inferior. – "Y traten de descansar lo máximo posible. Lo necesitarán para mañana. Vamos, Bina, esas dos necesitan su inyección para hoy."

– "Je, ¿recuerda lo que Mana-chan hizo con su rifle en esa ocasión, Capitana?" – Se rió la muerta viviente bajando la escalera.

Bien, ahora ya tengo mi propio apartamento. Pero ni aunque fuera una habitación en un hotel de cinco estrellas lo cambiaría por mi cuarto junto a mi dullahan. Uhm… Me pregunto si permiten visitas, así ella podría… Mejor no, no deseo revivir la leyenda del fantasma en la capital. Y esto es en primera un cuartel, no un motel. Ugh, creo que el plenilunio ya me está afectando. Las tres nos sentamos en la cafetería a degustar nuestras raciones y bebidas a temperatura ambiente. La castaña y yo platicamos sobre trivialidades respecto al lugar, con Nikos sin intentar inmiscuirse en la conversación, contestando con simples sonidos de confirmación a cada pregunta que la falconiforme trataba de hacerle. Terminando de comer, me encaminé a mi habitación, aprovechando el Internet inalámbrico para encontrar el número de la residencia Kurusu. Lo hallé en un par de minutos gracias al todopoderoso Google y marqué los dígitos en mi celular.

– "Bienvenido a la línea caliente de colegialas nekom-"

¡Con un demonio! Asqueroso Google, siempre dando resultados equivocados. Las siguientes búsquedas dieron con la misma infame serie numérica, así que desistí. Suspiré, sólo me estaba preocupando innecesariamente, Lala estaría bien. Es la hija de la Segadora del Leinster, la Mensajera de la Muerte, la Enviada del Inframundo y demás títulos estrafalarios. Incluso se atrevió a hacerle frente a Suu armada solo con su fiel guadaña y una manguera de jardín, salvándome el exoesqueleto de paso. Si lo pienso detenidamente, es ella la que me ha protegido todo este tiempo. Me reí un poco, tal vez debería ser la irlandesa quien debió unirse a MON. Viendo que aún faltaba para anochecer, opté por revisar el resto de mi recámara.

Todo estaba vacío, salvo por el papel higiénico a lado del retrete y el aromatizante ambiental. Quise tenderme en la amplia cama, donde podría descansar plácidamente, pero no quería impregnar la tela con mi sudor en el primer día. Diablos, ya que todo esto fue tan inesperado, no traje otra muda. Alguien tocó a la puerta y me encontré con la cambiaformas cargando una sencilla vestimenta blanca envuelta en plástico, completamente nueva, en sus manos.

– "La jefa me pidió que les consiguiera algo que ponerse, ya que olvidó avisarles que se quedarían. No soy muy conocedora en ropa, como puedes ver, así que espero no haberme equivocado con las medidas que la doctora Redguard nos proveyó." – Aclaró la doppelgänger, revisando sus uñas. – "Hay toallas en las duchas, elige una y no le causen problemas a la buena de Kuroko."

– "Oh, vaya, gracias, Doppel." – Le sonreí. – "Perdón por entrometerme, pero tú estimas mucho a Smith, ¿cierto?"

– "Ambas fuimos las pioneras en este proyecto, descendiente de Arachne. Junto a Kuroko, he desempeñado satisfactoriamente mis habilidades en incontables operaciones y hemos salvado más vidas de las que puedas imaginar." – Explicó la Abismal. – "Forjamos nuestra amistad en el fuego de la batalla, creando un lazo de auténtico respeto que difícilmente se conseguiría entre mi estirpe y una mortal. ¿Crees que tu romance con esa segadora de almas es especial? Ustedes no han vivido lo que nosotras. Y un consejo, no la decepcionen si valoran su orgullo. No permitiré que este escuadrón pierda el prestigio por un trío de suertudas sin experiencia. Ahora son parte de la élite, demuestren que lo valen."

– "D-de acuerdo, Doppel. E-ep."

– "Nunca uses nuestro lenguaje sin tener seguridad en tus palabras, mortal. Nos insultas con tu torpeza."

– "L-lo siento. Y-ya me voy. Que tengas un buen día."

– "Bug…"

Me retiré de ahí sin pensarlo dos veces. De todas las integrantes, es la peliblanca quien más terror me causa, y todo sin alzar la voz. Ella es simplemente aterradora de la manera más civilizada posible para alguien quien siempre está desnuda. Sacudiendo mi cabeza, fui con ropa nueva en mano a ducharme. Me encontré con la mantis, que tuvo la misma idea. Nos miramos un par de tensos segundos hasta que ella se dio la vuelta con una expresión de disgusto.

– "Espera, Dyne…" – Le llamé.

– "Vendré en otra ocasión." – Replicó sin voltear y volvió a emprender su camino.

– "¡No te vayas! Sólo…"

La mantoidea se giró y cruzó sus cuatro extremidades.

– "¿Qué quieres ahora?" – Exigió saber.

– "Sólo dime el porqué me odias tanto."

– "Me caes mal. ¿Satisfecha?"

– "¿Pero por qué? ¿Qué hice específicamente para ganarme tu desprecio?"

– "Existir."

– "Lo que le hizo mi especie a la tuya fue hace demasiado tiempo como para seguir guardando rencor."

– "No me importa lo que tus antepasados hicieran, eso no tiene nada que ver."

– "¿Entonces?"

– "No es de tu incumbencia."

– "¿Qué debo hacer para que dejes de odiarme?"

– "Morir."

– "¡Eso no es posible!"

– "Sí lo es."

– "Dyne, por favor. Yo en verdad deseo ser tu amiga."

Ella suspiró.

– "Jaëgersturm, yo no quiero ser tu amiga. Sólo trabajaremos en el mismo equipo, compartiremos el mismo espacio residencial e incluso viviremos una a lado de la otra. Me pareces detestable, pero te cubriré la espalda; Me desagradas, pero lucharé junto a ti; Tu presencia me incomoda, pero te protegeré con mi vida si es necesario. Sin embargo, nunca pienses que deseo tu amistad." – Aseveró impasible. – "Somos aliadas y socias de trabajo, pero no amigas. ¿Aquello te satisface?"

– "Supongo…"

– "Bien." – Se retiró. – "No te demores, no tengo todo el día."

– "De hecho, sí."

– "¡Oh, vete al diablo!"

No tenía caso. Entré a asearme y después de comprobar que mi vestimenta me quedara a la perfección, regresé a mi cuarto a distraerme. Dejé que la suavidad del colchón esfumara la tensión en cuerpo y mente al tiempo que el vago aroma a pino del baño personal recorriera mis cavidades nasales. Si nos mudaremos a los cuarteles de Asaka en una semana, entonces no tengo necesidad de traer muchas pertenencias de casa ni molestarme con decorar la recámara, pensé. Cerré los ojos, eso podría meditarlo en otra ocasión. Lentamente, dejé que Morfeo me acogiera en sus brazos y me transportara al mundo onírico.

Un golpe en la puerta me despertó.

Me quedé dormida, y según el reloj en mi celular, eran más de las diez. Diablos, perdí la cena en el comedor. Otro toque a la entrada me obligó a levantarme y a recibir a la persona expectante. Ojalá no fuera esa gnómida llegando de sorpresa con un entrenamiento nocturno. Miré por el pequeño hueco en la madera, reconociendo al instante ese castaño cabello largo con blanco platino en el frente.

– "¿Cetania? ¿Qué haces a esta hora?" – Cuestioné a la americana, abriendo la puerta. – "¿Sucedió algo? ¿Smith nos llamó?"

– "Aria…" – Habló con la cabeza baja. – "No lo… No lo resisto."

– "¿De qué hablas?"

– "¿Puedo…?" – Su respiración era ligeramente entrecortada. – "¿Puedo pasar?"

– "Adelante." – La admití, haciéndome a un lado. – "Dime, ¿Qué pasa?"

– "Aria, yo… yo no creo poder aguantar más…"

– "¿Eh? ¿Hablas del entrenamiento? ¿Planeas renunciar?"

– "No… yo… yo hablo de lo que siento…" – Alzó su mirada, con sus ojos inusualmente encendidos. – "Lo que siento por dentro..."

– "Por favor, explícate." – Le tomé de los hombros y la guié a que se sentara en la cama.

– "Hoy es la noche, rubia…" – Declaró aumentando la intensidad de su respirar. – "La gran noche especial…"

– "La luna llena…" – Musité. – "Espera, mujer; ¿No estarás…?"

– "Me es imposible soportarlo por más tiempo…" – Se acercó a mí. – "Te necesito, Aria…"

– "¡U-un momento, Cetania!" – Caminé lentamente hacia atrás. – "¡Trata de controlarte! ¡Estás entrenada para evitar estos percances!"

– "No, querida arachne…" – Sonrió tétricamente. – "No para este…"

– "¡No lo hagas!"

– "Esto es imparable…" – Ladeó su cabeza y avanzó como una demente en mi dirección. – "La naturaleza me llama y debo responder…"

– "¡Scheisse!"

¡Maldita matasanos marca patito! ¡Su famosa vacuna no le hizo efecto a esta rapaz del demonio! Ahora la pajarraca calenturienta anda que se le cuecen las plumas y yo sin arma alguna para defenderme. Hallándome entre la arpía y la pared, me armé de valor y empujé a la alterada estadounidense hasta la salida con celeridad. Una vez con ella afuera, introduje la llave en el cerrojo y me aseguré que el doble candado estuviera bien puesto. Aquello no detuvo a la excitada falconiforme.

– "¡Ábreme, Jaëgersturm! ¡Debo entrar!" – Impactó la madera.

– "¡Nein, nein, nein! ¡No pienso traicionar a Lala y menos aquí!"

– "¡Esto no tiene nada que ver con Lala!"

– "¡Claro que sí! ¡Tiene que ver con todo!"

– "¡Ya déjame pasar!"

– "¡Nunca!"

– "¡Argh!"

Siguió golpeando y rasgando la puerta, incluso pateándola, pero sin lograr convencerme de permitirle introducirse. Finalmente, la lucha cesó y la oí alejarse, bufando y entrando furiosa a su cuarto, que se encontraba frente al mío. Exhalé aliviada y me dejé caer exhausta en la cama. Por el arco de Artemisa, que cerca estuvo eso. Si la irlandesa se enterara de esto, seguramente ahora si ejecute a la castaña. Mientras sus gritos y pataleos no hayan incordiado a las demás inquilinas, creo que estoy segura. Sólo espero que no se le ocurra meterse por la-

¡CRASH!

Sin precedentes, la halcón irrumpió por la ventana, atravesando el cristal, como si de una película de acción se tratara. Extendió dramáticamente sus alas y sacudiéndose, removió los pedazos de vidrio en su cuerpo. Avanzó firmemente hacia mí, con esa mirada depredadora y el cabello alborotado. Lucía igual que una asesina serial a punto de reclamar la vida de su víctima. Y en este caso, la muerta será la promesa que le hice a la segadora. Intenté quitarle el seguro a la puerta, pero la llave se me resbalaba de los dedos mientras ella se acercaba, viéndome fijamente con sus dorados ojos, rebosando fuego y lujuria. Estaba atrapada, completamente atrapada.

– "Aria…" – Susurró sujetándome de los hombros con sus afilados dígitos. – "Hay que hacerlo…"

– "C-Cetania… no…"

– "Sí, Jaëgersturm… Ya no hay vuelta atrás…"

– "Por favor, detente…"

– "Jamás… Eres demasiado importante para esto…"

– "Nuestra primera vez debería…"

– "Será inolvidable, lo sé…" – Tomó mi mano para hacerla recorrer su rostro. – "Pero necesito que confíes en mí ahora…"

– "Para, te lo ruego, para ya…"

– "Te repito que es imposible… Hay que hacerlo ya…"

– "¿Por qué, Cetania, por qué?"

– "Porque yo…"

Ella me abrazó por completo y colocó su boca en mi oreja izquierda. Sentí su aliento, caliente y seductor. Nuestros corazones bombeaban a su máxima capacidad y nuestra temperatura corporal ya debía superar el punto de ebullición. Esto debió ser diferente, completamente diferente. El primer momento íntimo con la arpía era un evento que recelosamente deseaba guardar para cuando mi osado plan diera frutos. Amo a la rapaz y jamás me negaría a compartir tan mágica y apasionada ocasión, pero no de esta manera tan abrupta, cuando su voluntad es dominada por sus instintos y no su consciencia. Sabiendo que no había salida, me resigné y cerré los ojos, esperando a que ella me arrancara la ropa y se deleitara salvajemente con mi cuerpo. Esto no podría ser peor.

– "Porque yo…" – Susurró en mi oído. – "Voy a poner un huevo…"

Esto ya es peor.


NOTAS DE MERO: Como diría mi prima lejana de Xochimilco: ¡Pero qué huevos… va a poner Cetania!

Flake-san se sintió como niño en dulcería escribiendo la parte del entrenamiento con armas. Habiendo tantas de donde elegir y sabiendo que MON es conocido por usar desde las clásicas hasta prototipos experimentales polacos, no podía decantarse por una sola. Al final, decidió que cada miembro debería usar la que más se apegara a su personalidad. Aria es rápida, delgada y efectiva como una MG3, mientras el poder de una escopeta Mossberg 590 y el subfusil MP5A3 representan perfectamente la fuerza y agilidad de Dyne. Cetania está especializada en ataques sorpresa e infiltración, y una pistola táctica como la H&K USP es la indicada para alguien como ella. Además, según palabras del propio Flake-san, una arachne germana con una ametralladora es una visión divinamente gloriosa.

En todo caso, espero hayan disfrutado del trabajo de mi escl-Digo, mi querido escritor personal. No olviden dejar sus comentarios y reseñas, las cuales respondemos con gusto y nos alegran el día. Agradecemos al compañero Alther, quien fue sumamente amable de darnos permiso de usar a sus personajes. Le hemos enviado un paquete de galletas de mantequilla hecha con leche de minotaura como recompensa. Son afrodisiacas, así que trátales con cuidado.

¡Nos vemos hasta la próxima y sigan adorando a la indiscutible Emperatriz Absoluta! ¡Auf Wiedersehen!

¡Esclavo! ¡Es luna llena, asume posición de inserción!