NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos, seguidores de la Fe Merotica! ¡Soy Tarmo Flake, dándoles la bienvenida!
Bueno, Febrero es para festejar el amor y la amistad, según la mercadotecnia. También es el mes en el que Cetania y yo celebramos nuestros cumpleaños, así que aquí les traigo un episodio entero con la arpía rapaz nativa de Montana favorita de todos y todas. ¡Que lo disfruten con un buen omelette! ¡Bon appétit!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena les desea que sus romances terminen en tragedia!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 34
Voy a poner un huevo…
Ay, mamá… ¡Ay, mamá araña! ¡Esto no puede estar pasando! ¡No puede estar pasando ahora! De todas las noches en esta semana de este mes y este año, Cetania debía elegir precisamente esta para acordarse de que es ovípara. Entiendo que eso sea un proceso natural y completamente esperado en una arpía, ¡¿Pero por qué tengo yo que lidiar con esto?! ¡No sé nada sobre el proceso de ovulación aviar! ¡No tengo estudios en ornitología ni preparación médica para estas situaciones! Las arachnes también ponemos huevos, pero únicamente cuando están fecundados, así que desconozco como rayos actuar ahora.
– "Aria…" – Musitó la rapaz. – "No resistiré mucho..."
– "¡Y yo tampoco! ¡Demonios, mujer, ¿por qué no dijiste nada antes?!"
– "¡Estabas dormida!"
– "¡¿Y por qué no me despertaste?!"
– "¡Ya lo hice!"
– "¡Argh! ¡¿No pudiste hacerlo en otra ocasión?! ¡¿Una que no sea a esta hora?!"
– "¡No controlo los periodos de ovoposición, tonta!"
– "¡¿No podemos llamar a alguien?! ¡Ya sé, a las demás!"
– "¡¿Te parece que Dyne o el resto posean experiencia alguna en el tema?!"
– "¡Han de tener más que yo, la cual es absolutamente nula! ¡¿Por qué no le hablo a Smith o a la doctora Redguard?!"
– "¡Ya es tarde para andar molestándolas!"
– "¡¿Y por qué rayos decidiste levantarme a mí?!"
– "¡Porque confío en ti!"
– "¡¿Qué tengo de especial?!"
– "¡Qué te amo, araña idiota!"
Cierto, esto debe ser sumamente delicado para ella, extremadamente íntimo. Me siento honrada que tenga tanta fe en mi persona, pero debió elegir a alguien más capacitada, con mayor conocimiento. No poseo habilidad alguna que pudiera auxiliarme en tan bochornosa situación, mis únicos talentos en la vida son los temas bélicos y, según Lala, una diestra lengua. ¡Ay, no! ¡¿Qué va a pensar Lala de todo esto?! ¡Ahora si me corta la cabeza, el cuerpo, los huesos y hasta los átomos! El sudor se apoderó de mi figura y el temblequeo de la desesperación causó un terremoto a la décima potencia en la escala sismológica de Richter dentro mi confundida cabeza. Me sentía perdida, inútil, un naufrago en medio del océano. Un quejido de la falconiforme me regresó a la realidad.
– "Mghh… Aria…" – Gimió inconforme. – "A-ayúdame…"
– "Bien, bien, ¡bien!" – Traté de calmarme, con dificultad. – "¿Q-qué se supone que haga primero?"
– "Busca algo frío para apaciguar el dolor abdominal… Shit…"
– "Vale, vale… ¿Dónde lo encuentro?"
– "Si lo supiera, ya lo tendría conmigo. Gah…" – Exhaló. – "Usa hielo o algo similar…"
– "No soy una Yuki-onna como para… ¡Ya sé, una gaseosa! ¿Tienes un billete o monedas?"
– "Sí… Ugh… En mi bolso."
– "¿Dónde está?"
– "Mi habitación. Está a un lado de la cama."
– "¡Jawohl!"
Quité el seguro de la puerta y corrí hasta su cuarto. Sin dificultad, encontré su pertenencia. Miré un poco la recámara, luciendo idéntica a la mía, aunque la cama era de tamaño regular. Oh, eso significa que ella tendría que venir a mi habitación cuand-¡No es momento para pensar tonterías! Apagando la luz, regresé y se lo entregué; No deseaba hurgar en algo de su propiedad.
– "Es sólo un bolso, araña, no hay problema. Búscalo."
– "Como digas." – Le obedecí. – "¿Cuántas latas crees que sean suficientes?"
– "Las que puedas, sólo apresúrate… Ngh…"
Cómo un bólido me encaminé a la máquina expendedora más cercana, afortunadamente en este mismo piso. La encontré y con celeridad me acerqué con efectivo en mano, sólo para encontrar un infausto y fatídico letrero de cartón pegado a este, con gigantescas letras rojas sentenciando mi suerte y leyendo 'Fuera de Servicio'. Definitivamente Tique no me sonreía esa noche. Golpeé el aparato, pero se mantenía inerte a mi furia. Con un bufido y el reloj en mi cabeza marcando con claridad los segundos transcurridos, busqué por el resto del edificio otra vendedora automática. Descubrí que la cantidad de aparatos dispuestos a ofrecer una amplia gama de café eran realmente populares en el inmueble, pero aparentemente los refrescos sufrieron un revés en su distribución. Desesperada, me desplacé hasta la recepción, encontrándome con una nekomata mayor, ya en muy avanzada edad como evidenciaban sus canas. Se parecía mucho a las gatitas de la mañana y supuse que sería su pariente.
– "Ah, tú eres la arachne del grupo de Smith." – Mencionó ella, acomodando sus gafas. – "¿Qué sucede, pequeña? Te ves alterada."
– "Señora erm… Yamato, ¿verdad?"
– "Correcto, Sakura Yamato. ¿En qué puedo ayudarte?"
– "¿Tiene algo frío?"
– "¿Eh? ¿Para qué?"
– "¡Sólo dígame! ¡Es cuestión de vida o muerte!"
– "Tranquila, hijita, no te exaltes." – Habló con tono conciliador. – "Dime, ¿Qué sucede?"
– "Cierto, discúlpeme." – Exhalé. – "Necesito algo helado y lo necesito ya."
– "Oh, querida. Son esos antojos del embarazo, ¿verdad?" – Afirmó la ancianita. – "¿Cuántos meses lleva ya tu retoño?"
– "¡¿Qué qué?! ¡Ni siquiera me…! ¡Sí, eso, un antojo!" – Opté por seguir el juego. – "¿Tiene aunque sea algo de hielo?"
– "Hmm… Creo que sí, en la nevera." – Se bajó de su asiento, revelando una estatura de apenas un metro y medio. – "Sígueme."
Acaté la orden y la felina abrió la puerta detrás de ella. Intentando no tirar al piso la maceta cercana por aquel estrecho pasillo, no diseñado para liminales de mis dimensiones, llegamos a una bodega donde residía una gran hielera blanca. La diminuta Sakura cogió un banquito y se incorporó para abrirla, sin éxito.
"¿Me ayudas, hija? Mis huesos ya no son tan fuertes."
– "Ah, claro."
Alcé la puerta del aparato, encontrándome no con agua congelada en cubitos, sino golosinas frías a base de leche de diferentes presentaciones y sabores. De hecho, reconocería el empaque de donde provienen en cualquier lado: Nevería El Polo Sur. Demonios, mi vida sigue plagada de pingüinos a donde sea que vaya.
– "Mis nietas no cambian…" – Disintió con la cabeza la viejecita. – "Les pedí que nos reabastecieran, pero únicamente piensan en sus mantecados y demás dulces. Estas niñas de hoy…"
– "¡Está bien, incluso esto servirá!" – Tomé varios emparedados sabor chocolate con vainilla. – "¿Cuánto le debo, Frau Yamato?"
– "No es nada, hija, lo que sea por ayudar a una agradable arañita." – Sonrió amablemente. – "Apresúrate, la señorita emplumada debe estarte esperando."
– "¡¿Eh?! ¡¿P-pero cómo…?!"
– "Hija, tengo sesenta y ocho años. En mi vida he visto y experimentado de todo." – Declaró con un guiño. – "Y sé cuando una arpía está a punto de poner un huevo. Mi olfato felino no me engaña."
– "¿Entonces podría ayudarme? ¡No tengo experiencia alguna!"
– "Ay, linda, me encantaría apoyarte, de verdad." – Se llevó una mano a su mejilla. – "Pero lamento informarte que esta es una lucha que ambas deberán enfrentar juntas."
– "¡¿Por qué?!"
– "Ya lo descubrirás cuando esto acabe. Descuida, sólo mantén una férrea calma y todo saldrá como la divina Madoka manda." – Me dio unas palmaditas en un pedipalpo. – "Tómalo como tu primera prueba real. Ahora, anda."
– "Entiendo. Danke schön, Frau Yamato."
– "Llámame Abuelita, como todos."
– "Claro." – Hice una reverencia. – "Gute Nacht, Abuelita."
– "Buena suerte, hijita."
Llevando en mis manos los congelados aperitivos, subí hasta el cuarto piso. Usaría el elevador, pero mi velocidad de Sparassidae es superior al mecánico ascensor, y sinceramente, el estar encerrada en una cajita metálica tan pequeña es claustrofóbico. No encontré a nadie en el camino, otorgando tanto alivio por la privacidad como algo de miedo por lo solitario. Sin que algún demente con cuchillo en mano saliera de la oscuridad, llegué hasta mi habitación. Una hiperventilada estadounidense me dio la bienvenida, luciendo más roja que de costumbre.
– "¿Por qué tardaste tanto?" – Interrogó ella. – "¿Fuiste al antártico?"
– "Así es." – Le mostré los emparedados. – "Al mismísimo polo sur."
– "Demonios, Blondie. Yo a punto de parir el alma y tú gastando mi dinero en helado."
– "No había otra cosa, ¿sí? Ahora, ¿Dónde lo pongo?"
– "Aquí, en mi estómago."
– "Espera, Cetania… Estás usando un vestido de una pieza."
– ·Es lo que me consiguió esa doppelgänger. Yo tampoco traje otra muda."
– "¿Qué hago entonces?"
– "Quítamelo, genio."
– "Pero…"
– "¡No hay tiempo para andar de pudorosas, Aria! ¡Rápido!"
– "Scheisse…"
Resignándome y elevando su atuendo, me encontré con las rojas bragas de encaje de la castaña. Ya nos vimos desnudas, pero no puedo evitar que mis pedipalpos tiemblen y la baba se apodere de mi boca cuando me encuentro tan cerca de su feminidad. Tragando saliva, proseguí lentamente, revelando pulgada a pulgada la descubierta figura divina de la falconiforme, hasta despojarla de su vestimenta. Viéndola yacer en su ropa interior, el corazón se me aceleró y sentí una cálida sensación recorrerme desde la punta de mis piernas hasta la cima de mi cabeza. Sacudiendo esta última, coloqué los sándwiches en su abdomen, haciéndole contraerse por el frío y la moví hasta acostarla por completo en la cama.
– "¿Te sientes mejor?" – Le pregunté.
– "Algo… Ngh..." – Exhaló. – "Fuck, sí que tengo mala suerte. Cada cuatro meses, mi periodo de puesta se acompasa con la luna llena. Es un infierno."
– "Y yo decía que la menstruación bimestral ya era una lata."
– "Ja, imagina tener un objeto del tamaño de una berenjena dentro del útero. No entiendo cómo sobreviven las de corral."
– "Has de tener la matriz muy elástica." – Me mofé. – "Apuesto a que mi mano cabe entera."
– "No te burles, patas largas. Estoy segura que ustedes no son muy chiquitas al nacer."
– "Pues aunque no lo creas, sí lo somos. Los huevos son suaves y del tamaño de latas. Mudamos nuestro exoesqueleto varias veces hasta llegar al tamaño regular."
– "¿Son como sus parientes animales? ¿Depositando decenas de unidades a la vez?"
– "¡Santa Arachne! ¡¿Estás loca?! ¡Ni fuéramos una fábrica industrial!" – Coloqué mis manos en la cadera. – "Claro que no, pajarraca. Según la especie, tenemos de una a dos crías, tres máximo. Las Saltarinas son las campeonas de la reproducción, llegando a tener hasta diez bebitas en una sola puesta, dependiendo de cuantas copulaciones puedan soportar con su pareja. Las Cazadoras, al menos en Sparassus, parimos una única descendencia. Compensamos nuestro bajo índice de natalidad con una alta probabilidad de fecundación y un corto periodo de gestación, solo siete meses."
– "Es una lástima. Hubiera sido genial que tuvieras una hermana gemela, para seducirlas a las dos."
– "No intentes tus incestuosas fantasías conmigo, depravada. Yo no soy Atseelia."
– "¡Te dije que sólo fue un sueño! ¡Y no estamos emparentadas! ¡Ya déjalo!"
– "Sí, sí…" – Sonreí maliciosamente. – "¿Y quién era la que dominaba?"
– "¡Eres una idiota, Aria!" – Me quiso arrojar la almohada, pero el dolor le hizo desistir. – "Auch. Maldita naturaleza."
Me reí al verla tan abochornada por sus propias palabras. Generalmente esa ella la que se burla de mi infortunio y ya tenía ganas de devolverle el favor. Otro gesto de dolor por parte de la castaña me recordó que no era momento para bromas.
– "Agh… Aria, el frío no está funcionando ya…"
– "Scheisse… ¿Qué haremos?"
– "Tállame el abdomen… Ouh… Rápido…"
– "¿Eh? ¿Tu abdomen?"
– "¡Sí! ¡Ay, apresúrate!"
– "P-pero…"
– "¡Esto duele, mujer! ¡Si tan sólo yo tuviera manos!"
– "¡Cierto, cierto! ¡Primera deja busco mis guantes!"
– "¡Olvídalos! ¡Tállame!"
– "Scheisse…"
Retiré los ya derretidos helados e improvisadamente comencé a masajear el estómago de la rapaz. Traté de no ser muy brusca o podría practicarle una cesárea repentina con mis filosas garras. Los músculos de la chica podían palparse perfectamente, ofreciendo una muy placentera sensación al tacto. Confieso que si algo me encanta de la pajarita, es su excelente condición física y cómo lucía poderosa sin dejar de verse femenina. Ella volvió a quejarse e intensifiqué mi tallado.
– "Esa es la barriga." – Indicó. – "Debes hacerlo un poco más bajo."
– "¡¿Qué?! ¡Pero el hipogastrio está muy cerca de…!"
– "¡Aria, tú no eres la que está sufriendo! ¡Ayúdame, por favor!"
– "Rayos…"
No tuve más remedio que dirigir mis manos hacia tan peligrosa área. El torneado tejido muscular dio paso a una muy suave sensación. La fina epidermis de la americana se sentía tan bien al tacto que era como acariciar una delicada seda. Pude también palpar las contracciones que la afligida emplumada experimentaba, haciéndole lanzar ligeros gemidos de desagrado. Sin embargo, había un vago dejo de placer en sus quejas vocales, que no ayudaban en nada a disipar mi intranquilidad al estar tan cerca de la feminidad de la voladora. Esa atractiva braga escarlata también contribuía a mi desconcentración.
– "¿Puedes sentirlo, Aria?" – Preguntó ella. – "¿Cómo se mueve en el interior?"
– "Todo está demasiado suavecito, nada parecido a un huevo."
– "Bueno, necesitarías estar en mi lugar para saberlo. Es irónico como mis entrañas se avivan tanto cuando yo me siento a morir por fuera."
– "¿Así se siente dar a luz?"
– "Los fecundados son más grandes. Esos si se notan desde el exterior." – Suspiró con el antebrazo en su frente. – "Me pregunto, ¿algún día daré a luz a tu retoño, Jaëgersturm?"
– "Regresa a la escuela, pajarucha, porque así no funciona la reproducción. Y hasta donde sé, no soy una hermafrodita."
– "Vivimos en un mundo lleno de seres impresionantes que controlan fuego, hielo y hasta la muerte. Nosotras mismas éramos leyendas hasta hace unos años." – Reiteró. – "¿Desde cuándo la partenogénesis entre dos mujeres es tan improbable?"
Ella no estaba errada. Las lagartijas cola de látigo en Nuevo México recurren a ese método, logrando una especie compuesta exclusivamente por hembras. Incluso Lala misma es resultado de tal acontecimiento. Pero tampoco es para dejarse llevar por una utópica fantasía. Sacudí mi cabeza de nuevo, sólo intentaba distraerme del problema en curso. Ya tendré tiempo de soñar con procreación lésbica en otra ocasión.
Hmm… Si embarazara a la castaña… ¿Engendraría a una arachne o una arpía? ¿Las híbridas podrán volar? ¿Son las arañas voladoras una idea original o Hollywood ya se robó el concepto? ¿Y qué pasaría si también preñara a la dullahan?
– "¡Argh, ya viene!" – Advirtió de repente la emplumada.
– "¡¿Tan rápido?! ¡Ay, no! ¡¿Q-qué hago, que hago, Cetania?!"
– "¡Quita…! Fuck… ¡Quítame las bragas!"
– "¡¿Qué qué?!"
– "¡No puedo expulsarlo con la ropa puesta, boba!"
– "¡¿Y donde se supone que lo vas a depositar?! ¡¿En mis manos?!"
– "¡A menos que ofrezcas tu boca, sí, en tus manos, genio!"
– "¡¿Qué?! ¡Nein!"
– "¡No es hora para negarse! ¡Ya mero sale!"
– "¡¿No tienes un embudo o un recipiente?!"
– "¡¿Te parece que cargo con un kit para puestas improvisadas conmigo?! ¡Aagh! ¡Ya, quítame las pantis, mujer!"
– "Me lleva…"
Tragando un gigantesco cúmulo de saliva, tomé la ropa interior de la falconiforme y lentamente la retiré. Quedé a mitad del camino porque su dueña abrió demasiado las piernas, impidiendo removerlas.
– "¡Cetania, cierra las patas!"
– "¡Inténtalo tú en mi lugar, tonta! ¡Hnngh!"
– "¡¿Cómo demonios te entran con estas garrotas en medio?!"
– "¡No es momento de cuestionar la lógica al vestirse, araña quejona! ¡Arráncamelas o algo, ya lo siento cerca!"
– "¡Arachne sagrada, ilumíname en la oscuridad!"
Con mis afilados dedos actuando de navaja, corté la delgada tela, liberando a las extremidades inferiores de la halcón de sus sedosas esposas, ofreciéndome una vista completa y sin restricciones de su entrepierna y el resto de su anatomía. Afirmar que mi cuerpo reaccionó al instante sería insuficiente. Cualquier persona con buen oído podría escuchar los estruendosos latidos de mi bomba sanguínea, resonando con eco dentro de mi caja torácica. Mis seis ojos se fijaron en tan paradisiaca maravilla frente a ellos y mis pedipalpos golpetearon el colchón por instinto, sin contar la dureza diamantina de mis pezones y la súbita elevación de temperatura en mi zona íntima. Ay, no…
La luna llena me estaba afectando.
Mis pulmones aceleraron el influjo de aire, haciendo mi respiración entrecortada. La sangre en mis venas se precipitó en sus orgánicos cauces, transportando el rojo líquido a todo mi cuerpo a velocidades supersónicas, pero concentrándose generalmente en mi entrepierna. Salivé, como si fuera una hambrienta fiera salvaje y estuviera en presencia de un divino manjar frente a mí, que era precisamente lo que estaba sucediendo. Mi entidad corpórea experimentó un tremendo escalofrío recorrer la espina dorsal y extenderse al resto de mi figura. Pronto, mis exhalaciones se convirtieron en ligeros resoplidos bestiales, anunciando que mis instintos trataban de dominarme. La ropa se tornó opresiva y la removí con vehemencia, quedando en el mismo estado que la americana.
Me acerqué lentamente hacia mi indefensa presa, con la cara enrojecida por la situación tan peligrosamente vulnerable en la que se encontraba. Plenilunio, en medio de la noche y completamente a solas con la mujer que amaba; Era la receta perfecta para desatar las pasiones y permitir a la lujuria tomar posesión absoluta de nuestra voluntad. Me relamí los labios al quedar a centímetros de la feminidad de mi compañera. Estaba tan roja como el rostro de la arpía, hinchada por la sangre y la excitación que se arremolinaban en tan glorioso punto. La humedad se había apoderado de esta, dejando escapar delgados hilos de cálidos jugos de amor provenientes del interior de la rapaz. Inhalé profundamente, inundando mis bronquios del adictivo aroma que tan apetitosa cueva despedía. La ambrosía mítica se encontraba a centímetros de distancia y mi lengua estaba más que ávida de darse un festín. Cetania no ofrecía resistencia y yo únicamente debía seguir acercándome.
– "Piensa en Lala…"
La voz de mi compañera me sacó del trance, disipando la niebla que el astro selenita descargó sobre mí. Estuve extremadamente cerca de traicionar a la irlandesa, y la falconiforme misma evitó que cruzara esa frontera. La miré fijamente, ofreciendo ella una mirada preocupada. Aún con la oportunidad perfecta de reclamarme, la castaña optó por salvarme de caer el abismo del adulterio. Sacudí violentamente mi cabeza para aclarar mi visión y destruir el hechizo que la luna aún trataba de imponerme.
– "Scheisse…" – Intenté calmarme. – "Gracias, Cetania. Casi cometo un imperdonable error…"
– "Te amo, Aria… Ghh… Pero no permitiré que rompas tu juramento por un arrebato de lujuria." – Aseguró. – "Yo tampoco querría que me fueras infiel…"
– "Eres una gran persona, amiga."
– "Te agradezco los cumplidos, pero te necesito consciente para esto. Por favor, masajéame de nuevo, este dolor es… Ungh… insoportable."
Alternando a mi respiración abdominal para evitar que las feromonas me hicieran perder la cabeza otra vez, proseguí con la tarea de tallar el bajo estómago de la emplumada para apaciguar su malestar. Sus forcejeos se intensificaron al igual que sus gemidos y sus piernas me rodearon la espalda. Ya estaba cerca, pronto esa yema envuelta en duro cascarón vendría a este mundo. Tragué más saliva y apuré a frotar con ahínco a la pobre voladora. El ritmo de su respiración se acrecentó y sus ojos se notaban perdidos, con una ligera expresión de placer y dolor, evidenciado aún más por el delgado hilo de saliva que se escapaba de su boca. Conocía perfectamente ese rostro, porque lo he atestiguado con la segadora…
Estaba extasiada.
No sería la forma más ideal para experimentar tal clase de placer, pero la rapaz se hallaba sin duda en un trance de delectación completa, similar a estar haciendo el amor. Por mi parte, admiré pasmada la lasciva expresión de mi compañera, inmersa en su universo de regocijantes sensaciones recorriéndole el cuerpo como descargas eléctricas. Sus ojos giraron en mi dirección, manteniendo contacto visual a pesar del tiritar en sus párpados, luchando por no desviar la mirada. Me ofreció una débil y endeble sonrisa, apartando sus temblorosos labios para mostrar sus filosos dientes de cazadora.
– "Estoy… feliz…" – Musitó con dificultad. – "Porque… estás… a mi lado…"
Una punzada interior le hizo reaccionar, el momento había llegado. Volteé a mí alrededor para encontrar algún recipiente en el cual recibir el huevo, pero como ella mencionó con anterioridad, no había alguno en la cercanía. No había opción, mis manos desnudas serán el nido en el que el ovalado objeto repose. Ignorando de nuevo ese fuerte deseo de poseer a la estadounidense hasta el sosiego, le masajeé el abdomen de nueva cuenta al tiempo que el calor en la habitación se elevaba hasta la bóveda celeste. Tomé su ala con una mano, alentándola a continuar sus contracciones. Me sentí igual a un padre animando a su esposa a dar a luz a su retoño. Y en parte, lo era.
– "¡Puja, Cetania!" – Declaré con firmeza. – "¡No te detengas! ¡Puja con fuerza!"
– "Ghh…" – Exclamaba entre dientes y soportando el dolor. – "Fuck… Es uno grande…"
– "¡Tú puedes, pajarita! ¡Vamos, vamos!"
– "Agh... ¡Ya viene!"
– "¡Puja, puja!"
– "¡Gaahh!"
Miré con detalle su íntima zona, contemplando el interior de su cavidad. Costaba creer que los bebés, salieran de tan pequeño lugar. Toda la situación era perturbadoramente hipnotizante. La feminidad de la rapaz se abría y cerraba, como si tuviera vida propia, dejando escapar calientes líquidos a cada espasmo, los cuales caían en mis manos, impregnándolas del fuerte aroma de la emplumada. Los calambres y convulsiones estaban en su apogeo, la falconiforme se quejaba sonoramente y la cama no paraba de moverse por los temblores del cuerpo. El sudor me invadía por completo, internándose en mis ojos y mezclándose con mi saliva y las secreciones de la castaña al desplomarse en la cama. Con una contracción inusualmente fuerte, divisé un opaco punto, asomándose por el cérvix.
– "¡Ya lo vi, Cetania! ¡Sigue pujando!" – Le ordené. – "¡No te rindas, mujer!"
– "¡Aaghh! ¡Fuuuck!"
– "¡Un poco más! ¡Sólo un poco más!"
– "¡Aria!"
– "¡¿Qué pasa ahora?!"
– "¡Bes… Shit!" – Un pinchazo la pausó momentáneamente. – "¡B-bésame!"
– "¡No es momento para ponernos románticas!"
– "¡Bésame, Jaëgersturm! ¡Por lo que más quieras, hazlo!"
– "¡¿Para qué?!"
– "¡Para darme fuerzas!"
– "¡Pero estoy ocupada aquí!"
– "¡Eres más alta que cualquiera! ¡Únicamente necesitas una mano!" – Apretó los dientes. – "¡Gah! ¡Hazlo ya! ¡Aahh!"
Bufando en resignación, accedí a su propuesta y me incorporé para propinarle un ósculo en sus labios. La rodeé con mi brazo derecho y su hambrienta lengua activamente buscó a la mía, invitándola a danzar dentro de su boca mientras yo no perdía de vista su entrepierna y conservaba mi mano izquierda abierta cerca de esta. Los gemidos de la americana se amplificaron, arrojándolos dentro de mi garganta y haciéndolos resonar dentro de mi cabeza. Aquello suprimía en gran parte el escándalo que habíamos hecho toda la noche y me esperancé que hasta ahora nadie haya notado, aparte de la señora Yamato, el caos que se estaba desarrollando aquí.
Y entonces sucedió.
El esperadísimo huevo finalmente hacía su aparición. Aún unida a la rapaz, con el rabillo del ojo le eché un vistazo a como el cascarón, ostentando un castaño color como el cabello de su dueña, lentamente se abría paso por las paredes del interior. La cantidad de líquidos acompañándolo ya había inundado mi mano y ese embriagante olor que la emplumada despedía permeó por completo el ambiente, invadiéndome los pulmones. Había optado respirar por mi abdomen, pero tuve que recurrir a ambos sistemas pulmonares porque la presión me obligó a consumir más oxígeno del habitual. Batallando contra la influencia de las feromonas, me concentré en no perder de vista al oviforme. Quise separarme del beso, pero Cetania no lo permitió, apresándome con ambas alas y gimiendo el doble dentro de mi boca.
Su producto aviar ya se encontraba a mitad del camino, con la parte más ancha abarcando toda la feminidad de la arpía y estirándola a pesar de que aún lograba retenerlo con fuerza. Ese sólido ovalo poniendo a prueba la elasticidad de la zona íntima debió estimular de sobremanera a la estadounidense, porque enseguida ella afianzó su apasionado beso y me pegó completamente a su cuerpo. Con tal acción, mi brazo quedó atrapado entre sus agraciados pechos y casi provocan que mis dedos hicieran contacto con sus labios inferiores. Sólo el huevo, ya habiendo recorrido un sesenta por ciento de su trayecto, evitó que tal cosa sucediera.
Este estaba húmedo, caliente y era del tamaño de una taza para café regular, con forma casi redonda. Era una sensación extraña estar sosteniendo algo que salió del interior de mi compañera, pero no es que le dejara caer en el colchón y permitirle rodar hasta estrellarse en el suelo. Si uno regular deja una fuerte esencia incluso después de lavarse, no me imagino lo que el de una arpía podría causar. No tuve tiempo para indagar en el tema de la gravedad y aromas imperecederos porque ya estaba cerca del final de esta emplumada locura. El cuerpo de Cetania se contrajo, su agarre se reforzó así como nuestra unión bucal. Para ese entonces, no sé que hacía más ruido: Mi corazón, el de la castaña o los gemidos que esta profería intensamente en mi interior. Nunca había tenido un bufet de gimoteos de placer tan agresivo, y la falconiforme se aseguró que me llenara hasta hartarme.
Con una última contracción, la rapaz expulsó por completo ese condenado huevo, trayendo consigo una nueva ola de secreciones y, para cerrar con broche de oro, el grito de placer más grande y ruidoso que haya oído desde los de Lala, ahogados por mi boca y recorriendo desde mi cabeza hasta mi garganta. Con su cuerpo tiritando al igual que una placa tectónica en un terremoto devastador, su rostro se tornó de un rojo absoluto y los dígitos de sus alas me perforaron la piel al tiempo que sus piernas me apretaban tan fuerte que ni la constricción de una lamia salvaje se compararía con su poder. Más calientes exudaciones se liberaron de su encendida entrepierna, con tanta potencia que impregnaron mi estómago, pedipalpos y pantis, humedeciéndolos por completo. No había duda alguna…
Cetania tuvo un orgasmo.
Al parecer, la combinación de luna llena junto a la agotadora labor de la ovoposición le engendraron un remolino de sensaciones a flor de piel que desembocaron en una manifestación de gozo extremo. Siempre me cuestioné cómo demonios un pedazo de roca espacial podía influenciar a los seres vivos de tan lasciva manera. Deduje que era causado por una conjunción coincidente entre la fase lunar y el ciclo endocrino liminal, mezclado con el efecto placebo de los mitos ancestrales respecto al plenilunio. Básicamente, una infortunada fusión de explosiones hormonales repentinas y poderosa autosugestión. Aquello no explicaba la sincronización a pesar de las discrepancias entre los periodos de cada individuo, pero era la mejor interpretación que tenía sentido en ese entonces.
La arpía, exhausta después de tan vivo despliegue de satisfacción, exhaló un gran suspiro. Nuestros labios se despegaron y con una sonrisa de felicidad, dejó caer su cabeza en mi hombro para recuperar su respiración normal. Con cuidado y huevo aún en mano, la extendí delicadamente sobre la cama. Ella continuaba sin zafarse y yo intentaba no soltar su ovalo de amor.
– "Acércalo" – Susurró la aún hechizada rapaz.
Acaté su orden, intentando no soltarlo. Lo coloqué frente a ella, haciéndola sonreír. Lo miraba como una madre observaría a su primogénito recién nacido. Tal vez no estuviera fecundado, pero sin duda con tanto trabajo para traerlo hasta aquí, se merecía al menos ser admirado por unos momentos. Redondeado, formando un óvalo de un solo eje simétrico y de pinto color, el pequeño huevo era un gran logro para ambas. Ella, por soportar tal cosa en sus entrañas y, yo por sobrevivir a la odisea. Si la nativa de Montana estaba aliviada, yo estaba más que agradecida por no haber abandonado el plano terrenal al casi expulsar el alma de la presión. Si esto fuera parte del entrenamiento, creo que ya podría recibir las medallas con todos los honores.
– "Es hermoso." – Musitó la americana.
– "Tiene el cascarón de su madre." – Bromeé.
– "¿Cómo le pondremos?"
– "Mony." – Le provoqué.
– "Es un lindo nombre." – Siguió la corriente. – "¿Crees que se aprenda las tablas de multiplicar?"
– "Será una diablilla irresponsable como tú y terminará vendiendo mi vajilla familiar."
Ambas reímos, lo necesitábamos. Dejamos que las lágrimas se escaparan de nuestros ojos, la tensión contenida despareciendo lentamente por cada pequeña gota que salía de nuestros globos oculares. Exhalamos, serenándonos. Abrimos los ojos y volvimos a vernos; Sonriéndonos, nos enfrascamos en un tierno beso, mordiendo suavemente nuestros labios. Después de la faena, la emplumada lo tenía más que merecido. Acabado el ósculo, ella me liberó de su agarre y coloqué el pequeño óvalo en su pecho. No me aparté de la castaña y preferí yacer a su lado, acariciando su rostro, delineando su contorno.
– "¿Sabes, rubia? Con excepción de la familia, sólo una arpía puede presenciar la puesta de otra, cualquier individuo ajeno a nuestra especie, está prohibido. Ni siquiera un médico obtiene tal privilegio." – Declaró, mimando el huevito. – "Solamente alguien sumamente especial puede ser testigo de tan íntimo suceso, aquella persona que se ha ganado la llave maestra a nuestro corazón; En este caso, tú."
– "¿En verdad me consideras tan valiosa, pajarita?"
– "Te amo, Aria. A nadie más le permitiría estar a mi lado en esta situación." – Volteó a verme. – "El destino está marcado, ahora somos más que inseparables. Eres a quien he elegido para ser mi pareja de por vida y esta pequeña yema envuelta en un pardo empaque de calcio es la prueba física de tal juramento. Estaremos juntas para la eternidad."
Tomó mi mano con su ala, estrechándola, y me contempló con ahínco. El iris de sus ojos brillaba tanto como el satélite selenita en el cielo, resaltando el dorado pigmento de sus cristalinas ventanas del alma, otorgándole una etérea apariencia.
– "Aria, prométeme que nunca me abandonarás."
– "Sabes que siempre estaré a tu lado."
– "¿Me das tu palabra?"
– "Con todo el corazón."
Ella sonrió y volteó al techo, llorando de nuevo con los ojos cerrados.
– "Te quiero sólo para mí, Jaëgersturm. Me haces eternamente feliz y no permitiría a nadie más quitarme tan preciado regalo." – Hipó. – "Pero sé que esa dullahan aún te tiene atrapada en sus garras. Y estoy más que consciente que su ventaja respecto a mí es superior. Mis oportunidades de ganar son realmente escasas."
– "Cetania…"
– "No me rendiré, rubia. Llegué con nada y ahora soy miembro de un escuadrón de élite. Si puedo lograr tal cosa, puedo hacer lo que sea." – Abrió los ojos. – "Voy a ganar. Voy a demostrarle a esa segadora y al mundo entero lo que soy capaz de conseguir cuando me lo propongo."
– "Estoy segura que sí." – Acaricié su mejilla. – "Una cazadora nunca desiste hasta capturar a su presa."
– "¿Por qué me alientas a continuar con mi objetivo, flaca? ¿Te gusta sentirte disputada por dos mujeres?"
– "Todos necesitamos de una meta por la cual luchar. Si yo me convierto en ese fin, que así sea."
– "¿Algún día dejarás de amar a Lala para irte conmigo?"
– "¿Si estuvieras en su lugar, le permitirías arrancarme de tu vida?"
– "Ni en un millón de años."
– "Precisamente."
– "¿Entonces pretendes mantenernos en una eterna lucha, sólo para motivarnos?" – Se rió. – "Ese es un plan muy maquiavélico, flaquita."
– "Toda lucha debe finalizar algún día. Entonces ahí se darán cuenta que la mejor opción es la alianza."
– "Nunca te compartiré con ella, araña. Y trabajaré aún más duro para demostrarte que soy la mejor opción para ti."
No contesté más. Yo sabía que mi osado plan aún requería tiempo para limar las asperezas entre ambas y entonces, a partir de ahí, tratar de unirlas. Sonaba disparatado antes y lo sigue siendo ahora, pero al igual que ella, no cesaré mi lucha hasta tener a las dos personas más importantes en mi vida a mi lado, conviviendo en completa armonía. Dejamos el tiempo pasar, acompañadas únicamente por el barullo nocturno que se colaba por la ventana rota. El viento, anunciando en su baja temperatura que el invierno pronto nos visitaría, ululaba suavemente, como si tratara de arrullarnos con una improvisada canción de cuna. A pesar del frío que intentaba inmiscuirse en la habitación y de nuestro desnudo estado, el calor nunca abandonó nuestro cuerpo, manteniéndonos muy cómodas en nuestra compañía.
– "Cetania, dime…" – Hablé yo. – "¿Esto fue como hacer el amor?"
– "Únicamente si la menstruación aviar te parece un acto sexual, flaca." – Se rió ligeramente. – "Pero, bromas aparte, nunca antes habíamos estado tan increíblemente unidas. Pude sentirte, Aria, no sólo en mi cuerpo, sino también en mi corazón. Esa conexión que solamente se logra entre dos personas sincronizadas en mente y alma. Sonará a cliché, pero en verdad nos volvimos una sola persona por unos efímeros momentos. En ese aspecto… Sí, diría que hicimos el amor, de una manera bizarramente única."
– "¿Crees que eso me exonere ante Lala?"
– "A menos que sea una psicópata violenta… Y de hecho, lo es, si esa pelea en el centro comercial fue prueba suficiente."
– "Bueno, intentaste reclamarme ante el mundo con ese condenado beso, ¿Qué esperabas?"
– "Pude haber aceptado que me jalara las greñas y me rasguñara la cara, pero no que intentara matarme, literalmente."
– "Hey, tú tampoco te portaste muy civilizada con ella. Aún recuerdo como te lanzabas con tus garras en dirección a su garganta."
– "Tenía que defenderme, ¿no? De lo contrario, mi cabeza colgaría en algún lugar de su mazmorra, como un nefasto trofeo de guerra. No entiendo que le ves a esa pitufo demente."
– "Y te lamentabas que no pudieron ser buenas amigas…"
– "Estaba asustada, mi mente no funcionaba del todo en ese momento." – Sonrió maliciosamente. – "¿Cuánto es cuatro por ocho?"
– "¡Ay, no fastidies, pajarraca!" – Le coloqué la almohada en la cara.
La rapaz se carcajeó de mi infortunado bajo desempeño en cuestiones aritméticas, conmigo intentando cortarle el paso de oxígeno a sus pulmones. Desistimos cuando el huevo casi se cae de la cama, salvándolo ella con destreza entre sus alas.
– "¿Qué haremos con él?" – Le cuestioné. – "No es que podamos tirarlo a la basura, ¿verdad?"
– "Bueno, en mi tribu, solíamos sacarle la yema y pintar los cascarones para ofrecerlos como tributo a los dioses. Como la Pascua, pero más primitiva y con fogata incineradora incluida." – Explicó. – "Aunque en otras se considera que es mejor regresar los nutrientes a la persona, para que no pierda su fuerza vital."
– "¿Es decir, que se los comen?"
– "Síp. Yo personalmente prefiero la idea de decorarlos, pero ya no soy parte de los Wankatanka, así que supongo no importa como procedamos."
Miramos el ovalito por unos momentos, entonces, la arpía tuvo una idea. Con una mueca malvada, me acercó el objeto a la cara.
– "Bésalo." – Ordenó la castaña.
– "¡¿Eh?! ¡¿Por qué?!"
– "Será nuestro nuevo ritual. Anda, uno grandote."
– "Cetania, no voy a colocar mis labios en algo que salió de tu vagina." – Me crucé de brazos.
– "¡Ay, no me jodas, Aria! ¡Tú se la comes todos los días a esa pitufo y no dices nada! ¡Demonios, incluso ahora que nos besamos, tuve que ignorar la horrible esencia que su entrepierna dejó en tu boca!"
– "¡Aún así, no pienso hacerlo!"
– "¡¿Qué?! ¡¿Ahora te doy asco o algo así?! ¡Hace unos momentos me hubieras devorado la raja entera si no te hubiera frenado!"
– "¡Eso fue diferente! ¡No estaba dentro de mí!"
– "¡Tonterías! ¡Tú me deseabas y lo sigues haciendo! ¡Sólo es un huevo, nada del otro mundo!"
– "¡Aún está húmedo y caliente!"
– "¡Eso le da mejor sabor!"
– "¡Me rehúso!"
– "¡No rechaces mi amor, flaca!"
– "¡No lo rechazo, es sólo…! ¡Eso sería igual a tener sexo oral! ¡No quiero romper mi promesa!"
– "¡It's just a fuckin' egg, not my pussy, for fuck's sake!" – Vociferó en su idioma natal. – "¡No le estás siendo infiel a nadie, persignada! ¡Ya deja de actuar tan cohibida!"
– "¡Nein!"
– "¡Bien! ¡Si no lo quieres, entonces que regrese de donde vino!"
Enfadada, la falconiforme tomó su creación y se dobló de esa elástica manera para tratar de introducirlo de nuevo en su matriz. No necesito mencionar que intenté parar su ridículo plan al instante. Si no se lastimaba al quebrarlo por fuera, sería por dentro. Y no me agrada la idea de tener un blanquillo atrapado en una zona tan delicada, mis fetiches no son tan enfermos. Además, cuando se tienen garras tan afiladas, una conoce lo doloroso que es cortarse ahí; Lo sé perfectamente por experiencia.
– "¡¿Perdiste la razón?! ¡Ya deja de actuar como una idiota!" – Me quejé sosteniendo sus alas.
– "¡No! ¡Si nadie lo desea, no tiene porque seguir en este mundo!"
– "¡Estás loca, pajarraca! ¡No puedes meterte el jodido huevo de nuevo!"
– "¡Si salió entero, también puede entrar! ¡Déjame!"
– "¡Nunca! ¡No permitiré que continúes con estas sandeces! ¡Ya detente!"
– "¡Entonces bésalo!"
– "¡Te dije que no!"
– "¡Pues me lo meto de nuevo!"
– "¡Cesa esta absurda disputa, idiota!"
– "¡No me importa! ¡Tú no me amas!"
Cetania se quebró al llanto repentinamente.
– "Esto… Esto es especial para mí, Aria… En verdad que sí." – Sollozó. – "Es mi primera puesta desde que emigré de Hachijō-jima y la primera asistida desde que dejamos la tribu. Una vez habiendo dejado América, todas mis ovoposiciones las he sufrido completamente por mi cuenta, sin auxilio de ninguna otra congénere. Mi hermana y madre se rehusaban a ayudarme porque decían que mi lesbianismo las infectaría, como si de una enfermedad viral se tratara. Tuve que aprender a lavar mis propias ropas, ya que ellas no se dignaban a tocarlas cuando se ensuciaban. Me trataban como una paria en mi propia familia. Una leprosa, una no deseada.
No cuento con nadie más en este mundo ahora, ninguna clase de familia o amigas de mi especie. Diablos, incluso esa arpía común con la que vives me tiene miedo. Estoy sola, Aria, totalmente sola. Y te elegí a ti, porque eres la única en quien confío absolutamente. Yuuko será mi casera y una excelente persona, pero jamás sería tan importante como lo eres tú. Estoy aquí, en este departamento financiado por el gobierno mismo gracias a la esperanza y fuerza que me brindas con tu presencia. Te necesito como no te imaginas, te necesito por completo.
Así que por favor… No me rechaces… Te lo suplico, Aria, por lo que más quieras… No me rechaces…"
Sosteniendo su preciado oviforme en el pecho, se acurrucó en el centro de la cama, envolviéndose con sus enormes y coloridas alas, llorando a cantaros. Yo la abracé instintivamente, reconfortándola al tallar su espalda. No era mi intención contradecirla de esta manera, incluso si su solicitud era algo extravagante. Esta mujer tiene fe en mí y yo no puedo desilusionarla. Esa es la esencia de esta unidad, siempre hacer todo por quienes creen en nosotros.
– "Perdóname, Cetania. No imaginé que era tan sagrado para ti."
– "No, Aria. Discúlpame tú por querer obligarte a hacer algo tan repugnante." – Hipó. – "No sé en qué estaba pensando."
– "Tranquila." – Besé su cabeza. – "Nada de lo que hagas me parecería indignante. Todo sobre ti es perfectamente bello, linda."
– "Lo siento de nuevo, rubia. No tienes que hacerlo si no quieres."
– "Lo haré. Haría todo por ti y lo sabes."
– "Es innecesario."
– "Pero quiero hacerlo. Lo haré porque te amo."
– ¿En verdad…?" – Alzó la vista. – "¿En verdad lo harás?"
– "Sí. Anda, pásame ese ovoide e inauguremos nuestro romántico ritual."
– "Claro."
Con la sonrisa de vuelta a su rostro, tomó el huevo y lo depositó en mis manos. Aceptando su ofrecimiento, lo acerqué a mí para darle una última revisada. Tal vez el acto fuera, en esencia, fetichistamente estrafalario y salido de alguna recóndita parafilia oscura, pero de la misma forma, significaba mucho para la rapaz. Afirmando levemente con mi cabeza, junté mis labios y suavemente propiné un ósculo al castaño cascarón, degustando el sabor del interior de su dueña. Una descarga eléctrica me recorrió la espina dorsal al instante. De manera indirecta, había probado el néctar de la falconiforme. Era justo como lo imaginé: Dulce y salvaje, como fresas silvestres.
Y jodidamente adictivo.
Si bien mis instintos despertados por el plenilunio habían sido suprimidos en gran medida por la medicina de Sandy, mi naturaleza como arachne me hacía demasiado testaruda como para inhibirme con un simple coctel médico. Dejándome llevar por la fuerte esencia del ambiente y mi excitación, transformé mi minúsculo besito en una descarada lamida, repasando mi lengua por toda la circunferencia de la cáscara y llenando mis papilas gustativas del distintivo calcio y los jugos de la arpía. Si fuera una lamia, ya estaría en proceso de engullirlo por completo, pero mi sátira acción no carecía del mismo toque tan tétrico de lujuria. Inesperadamente, la americana retiró a su bebé ovalado de mis manos.
– "¡Aria! ¡Eres una degenerada!" – Declaró la castaña.
– "¡Oh, p-perdón! ¡Y-yo sólo…!"
– "¡Tomarlo todo para ti sola! ¡Yo lo puse, así que a mí me toca más de la mitad!"
Sin dilación, la nativa de Montana imitó el acto, pasando su hambrienta lengua por el objeto que salió de ella de la manera más lasciva y desvergonzada, gimiendo ligeramente y reemplazando el resto de sus jugos por saliva. Incapaz de resistirme, me le uní y humedecimos el inerte huevo por completo, dándole vueltas y succionando por donde la boca de la otra hubiera estado antes. Excitadas, prácticamente desnudas y embelesadas por la libidinosidad, nuestras bocas pasaron de dura cáscara a encontrarse de nuevo y convergimos nuestras lenguas en su húmeda y obscena danza. Con el ovoide residiendo entre nuestros pechos, nos abrazamos y continuamos gimiendo y complaciéndonos oralmente. Ella será un halcón plomizo, pero es tan tentadora como una súcubo, tan ardiente como el fuego eterno del Hades y más hermosa que la más bella de las diosas.
– "Tengo… tantas ganas… de hacerte el amor…" – Le susurré entre agitadas respiraciones. – "Ya sé que debo detenerme… pero tampoco deseo que la noche acabe…"
– "Igual yo, mi arachne." – Lamió mi mejilla. – "Sin embargo, no intentemos cosas de las que luego nos arrepentiremos. Ya lo haremos con todas las de la ley alguno de estos días, cuando yo triunfe."
– "De acuerdo… Como digas."
– "Tenme paciencia." – Guiñó un ojo. – "Valdrá la pena."
– "¿Y ahora cual es el segundo paso en el ritual, pajarita?" – Pregunté, suspirando.
– "Comerlo."
– "Espera, ¡¿Qué?!"
– "Lo que oíste, sorda. No he cenado, ¿sabes?"
– "Pero, ¿Comerlo? ¿Así nada más?"
– "Sip." – Ladeó su cabeza. – "Vistámonos y démonos un festín con un delicioso omelette al estilo Montana."
– "¿Donde lo vamos a preparar? La cafetería está cerrada y dudo que nos den permiso de usarla."
– "¿Y quién necesita autorización, boba? Somos MON, si no podemos infiltrarnos en una cocina de noche, no podremos sorprender ni a las abuelitas de los terroristas."
– "Estás loca, pajarraca."
– "¿Me dejarás hacerlo solita?"
– "Ni pensarlo, linda. Nunca voy a abandonarte, ¿recuerdas?"
– "Por eso te amo, flaca."
Con beso rápido, nos apresuramos a tomar nuestras ropas. Estarán más que sucias y la falconiforme ya no tendrá bragas gracias a mí, pero no es que tengamos otra elección. Aseándonos un poco en el baño de mi habitación, salimos del cuarto en dirección a la cafetería. La encontramos vacía, sin ningún alma rondando. Como era de esperarse, la puerta que llevaba a la cocina estaba cerrada con llave y ninguna de nuestras garras eran lo suficientemente finas para forzar la cerradura sin quebrarla. Tratábamos de inmiscuirnos en secreto, no dañar la propiedad como un par de ladronas.
– "¿Y ahora qué, Solid Snake?" – Le cuestioné a mi amiga. – "¿Misión cancelada? ¿Pedimos ayuda a Otacon?"
– "Espera, patas largas, que estoy pensando."
– "Son más de las once, mejor nos acostamos. Ya veremos cómo lidiar con Huevolín en la mañana."
– "Ugh, no voy a desistir, rubia. Rendirse no es una opción."
– "Bueno, no niego que tengo hambre, así que mejor te apresuras, Sam Fisher."
– "¿Cómo puedes hacer todas esas referencias si tu dijiste sólo haber jugado Pokémon?"
– "Papi tiene muchos títulos para su Juegosfera. Se pegan después de un tiempo."
– "Como sea, deja formulo algo." – Caviló unos segundos. – "¡Eso es! ¡Ya sé que haremos!"
– "¿Qué? ¿Aplicarle un fatality a la señora Yamato y adueñarnos del inmueble?"
– "No, tonta. Dime, ¿aún tienes el pin que te regalé?"
– "Claro, lo tengo en mi bolso junto con el de Lala."
– "Tráelo, será perfecto."
– "Vale, lo que sea para acabar con tus aires de Rainbow Six."
Sacando el broche con forma de tanque de mi bolso (que pertenecía a Lala pero que ella insistió que pasara a ser mi propiedad permanente), regresé con la estadounidense, quien tomó el alfiler en la parte trasera de este y hurgó en la cerradura de la entrada. Luego de medio minuto dándole vueltas, el característico sonido del seguro cediendo nos confirmó la victoria de la castaña. Con un pulgar arriba y un guiño de satisfacción, la emplumada abrió la puerta silenciosamente y encendió la luz, entrando al sacrosanto templo de las obras culinarias. Admito que sentí algo de adrenalina en las venas por estar rompiendo las reglas, aunque sólo fuera invadir la cocina. Sin perder tiempo, la rapaz activó la estufa y colocó una sartén en la flama al tiempo que yo hurgaba el frigorífico.
– "¿Has preparado huevos con anterioridad, Blondie?" – Cuestionó la halconcita. – "Dame la margarina, porfis."
– "Sí, pero me quedan muy aguados." – Le pasé la mantequilla. – "De hecho, cuando era niña evitaba romperlos porque pensaba que estaba matando pollitos."
– "Aww, que tierna eres, flaquita." – Rió ligeramente. – "¿Quién creería que fueras tan noble?"
– "Era una mocosa con sentimientos, ¿sí? No todas las arachnes son como las pintan."
– "Bueno, creo que el estereotipo de su lascivia es perfectamente válido, como evidenció tu erótica pseudo-oofagia."
– "Tú tampoco te quedaste atrás, lengua-larga."
– "Es tu culpa por pervertir a esta impoluta arpía. Mi inocencia intachable ha sido arrebatada cruelmente por las depravaciones de una alemana acosadora." – Gesticuló de manera dramática. – "Oh, que alguien me salve de su corrupta ética y decadente moral."
– "Cierto, un día de estos podrías terminar fantaseando con tu hermana."
– "¡Juro que voy a meterte este cuchillo por el oviducto si continúas provocándome, araña fastidiosa!"
Fue mi turno de reírme. Ignorando sus amenazas de realizarme una cirugía abdominal en base de tenedores y afiladas espátulas, quebré el cascarón con suavidad y dejé que la amarilla yema se deslizara por el transparente tazón de vidrio templado. Batiéndolo vigorosamente hasta que mi amiga me indicó cesar, vacié el revoltijo por el teflón de la sartén mientras la falconiforme diestramente agitaba el mango del utensilio para mantenerlo en movimiento y lograr una cocción más uniforme. Nos aseguramos de cerrar la puerta y abrir la ventana para evitar que el olor y el humo nos delataran. Afortunadamente no había alarmas contra incendios que nos sorprendieran. La americana agregó diversos vegetales como pimientos y champiñones, siendo la mezcla lo suficientemente grande para crear dos tortillas con esta. Ya acabado de freírlas, puse los platos y ella los sirvió. Acompañadas de vasos llenos de agua de naranja natural, los cuales chocamos a manera de brindis, optamos por cenar dentro de la cocina misma, posándonos frente a la pequeña ventana.
– "Jamás creí que acabaría consumiendo algo que te brotó de la entrepierna, pajarraca." – Mencioné cortando un pedazo del omelette con el tenedor.
– "¿Es tan diferente si fuera de una gallina? ¿Es tan distinto de tomar leche de vaca o miel de abeja? Todas provienen de algún animal."
– "Lo sé, pero ninguno de ellos habla ni mide un metro ochenta."
– "Las minotauras sí, y mira lo popular que es su leche. Y también deliciosa, deberías probarla."
– "Aún así, es extraño."
– "Dicen que los huevos de arpía, especialmente los de las vírgenes, son afrodisiacos. Valen millones en el mercado negro."
– "Y nosotras acabamos de arrojar todos esos billetes a la basura." – Bromeé. – "Deberías ser una magnate si produces oro cada mes, pajarucha."
– "Bleh, las de corral han devaluado enormemente el comercio. La seda de arachne y la piel de lamia ahora son las verdaderas minas auríferas."
– "En fin, hora de meterme lo que tus ovarios producen a la boca. Un bebé no finalizado a la carta."
– "Excelente manera de abrirme el apetito, araña bocona."
Tomando un pedazo del cuasi-ambarino alimento en mi pulido tenedor, lo dirigí a mi boca y lo degusté lentamente, permitiéndome experimentar la fina textura y los sabores combinados de la ovoalbúmina, los vegetales y el cloruro de sodio. Empapando mis papilas gustativas con el comestible y masticando con mis no tan puntiagudos molares, tragué por completo el primer bocado, haciéndolo recorrer todo el trayecto hasta mi estómago. Entonces, di mi veredicto.
– "Meine göttin…" – Musité. – "Divino. Te quedó increíblemente divino, Cetania."
– "Thank you, Blondie." – Sonrió. – "Si voy a ser una buena esposa, no puedo dejar que Lala sea la única que te envíe al paraíso con sus dones gastronómicos. Esta avecita también tiene sus talentos."
– "Siempre encuentras una nueva manera de sorprenderme, Süsse."
– "Rendirse no es una opción, flaca. Nunca lo olvides." – Dio un sorbo a su bebida. – "Quien se atreve, gana."
– "Los SAS británicos y otras once unidades especiales." – Afirmé, reconociendo el lema. – "¿Crees que algún día seremos tan buenas como ellos?"
– "¿Por qué no? Si un orangután con retraso mental puede llegar a ser presidente del país más poderoso, cualquier cosa es posible en este mundo."
– "Concuerdo contigo, compañera." – Me reí alzando mi vaso de plástico. – "¡Por nosotras y por MON! ¡Prost!"
– "¡Cheers!"
Chocando los recipientes de verde polímero, finalizamos nuestra cena secreta minutos después. Asegurándonos de lavar los platos y acomodar nuestro desorden para evitar dejar huella, cerramos con suavidad la puerta y regresamos a nuestras respectivas habitaciones. Antes de entrar en estas, la falconiforme me dio un beso de buenas noches, el cual regresé con gusto. Decidimos bañarnos en la mañana, sin importar que estuviéramos sudadas y aún olorosas después de tan agitada faena. Además, ya nos encontrábamos exhaustas y merecíamos un reparador descanso.
Lavando mis dientes (qué bueno que me acordé de empacar mi pasta y cepillo), tapando la ventana rota con las cortinas y quitándome la ropa para no ensuciarla más, me desplomé en la cama. Juro que necesitaré un psicólogo alguno de estos días por toda la presión física y mental que sufro a diario. Cerré los ojos e intenté adentrarme a los reinos del buen Morfeo, pero algo me lo impedía. No era el frío del aire, eso podía soportarlo sin problemas. Tampoco era hambre o jaqueca. Más bien, era una necesidad, muy básica y primordial.
– "Que se le va hacer…" – Musité antes de levantarme.
Sabiendo que no podría conciliar el sueño sin satisfacer tan hedonístico menester, hurgué dentro de mi bolso hasta hallar un par de conocidos guantes bicolores. Ajustándolos y flexionando mis dedos, tomé la almohada y me dirigí al baño. Colocando seguro a la puerta y confirmando que la cabecera bloqueara eficazmente mi voz, di un último suspiro antes de guiar mis largos dedos hacia mi feminidad. No requería de pensarlo mucho para encontrar el combustible perfecto para tan solitaria sesión, puesto que contaba con suficiente material para un mes entero antes de recurrir a mi reserva de fantasías. Con la figura desnuda y el aroma de Cetania frescamente presentes en mi cabeza, cerré los ojos y procedí a subyugar ese ardiente deseo que me carcomía el alma.
– "¡Carajo, Jaëgersturm! ¡Ya cállate!" – Vociferó Dyne en la habitación contigua, golpeando la pared. – "¡Déjame dormir, maldita sea!"
Jodido trabajo…
NOTAS DEL AUTOR: Este es otro de esos capítulos donde uno planea escribir únicamente un pedazo y termina abarcando la totalidad del episodio. Y es que cuando uno anda inspirado…
En fin, espero lo hayan disfrutado y que los extraños comportamientos nocturnos de las chicas no les hayan perturbado. Con las hormonas a toda máquina y los sentimientos a flor de piel, ellas no pueden controlarse. Y ya que nadie me ha entregado cartas de San Valentín en mi vida, me basta con que me dejen sus reseñas, que siempre son y serán bienvenidas.
¡Hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!
Ama, ya sé que es una fecha especial, pero la última vez que usó eso, no pude caminar en una semana… Sí, Ama…
