NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola, amigas y amigos! ¡Tarmo Flake, en nombre de la Gran y Poderosa Meroune Lorelei, les da la bienvenida!
Treinta y cinco capítulos y aún me queda material para rato; A este paso debería empezar mi propio doujin para competir con el manga oficial. Y fallar estrepitosamente en vender una sola copia. En fin, dejemos a un lado los pésimos chistes y comencemos con lo que el público pide.
¡No, no hablaba de tirarme a un pozo! ¡Suéltenme! ¡Aaahh…!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena vende tamales los sábados y caldos los lunes!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 35
La luz de la mañana aún no se filtraba por las negras cortinas, anunciando que Helios seguía reposando y contaba con algo más de tiempo para regresar al universo onírico, aunque en mi caso, mis ojos no se cierran una vez despiertos. A pesar de que anoche mi alma casi se escapa hasta la siguiente nebulosa gracias a la inesperada ovoposición de Cetania y sus indecentes orgasmos post-parto, sin contar que cierta empusa fastidiosa no me dejó satisfacer mis necesidades en privado, considero que mi primer día como miembro de este disparatado equipo no estuvo tan mal. Por suerte haber dormido toda la tarde el día anterior no evitó que pudiera conciliar el sueño, gracias a la ayuda de saciar el estómago con un omelette de huevo de arpía. Quizás debería aprovechar para ducharme, así podré meditar algunas cosas antes que…
– "¡Ya les calló el chahuistle, hijas de la tiznada! ¡De pie, cabronas!" – Vociferó una crecida Titania, abriendo la puerta de una patada y vestida en atuendo militar. – "¡Tú también, Nazi tortillera! ¡De prisa!"
– "¡Ay! ¡¿Instructora, qué hace aquí?!" – Le pregunté confundida y tratando de cubrir mi desnudez. – "¡Es demasiado temprano!"
– "¡Temprano canta el gallo, araña! ¡Ponte en ocho patas y dirígete a las duchas!" – Aseveró con una FN SCAR-H en sus manos. – "¡Pero rapidito, como vas!"
– "¡Al menos deme tiempo para vestirme!"
– "¡Te arropas después de bañarte! ¡No lo repetiré de nuevo, Jaëgersturm! ¡Muévete!"
– "¡Pero no quiero que me vean desn-AY, MAMÁ!"
Sin previo aviso, la demente gnómida apuntó el rifle de batalla en sus manos y abrió fuego automático contra mi persona. Salté por toda la cama, desesperadamente evitando que las balas alcanzaran alguna parte de mis descubiertas extremidades. Espeté improperios en japonés, alemán y creo que hasta idioma Abismal del terror que experimentaba en ese momento, con el ardiente fogonazo escapando de la bocacha y el terrible resueno de los proyectiles saliendo del cañón. El olor a pólvora inundó rápidamente la habitación y yo continuaba rezando a mi panteón entero para que me protegieran de esta psicópata que había decidido vaciar su cargador entero. Cuando todo terminó, yo estaba hecha una temblorosa bolita quitinosa sin color, comprimida en el techo de la habitación, cubriéndome inútilmente detrás de una almohada. No tengo idea si lo húmedo es por el sudor o si regresé a mis días cuando necesitaba pañal.
Un momento… ¿Por qué sigo viva?
– "¡Deja de actuar tan dramática, machorra! ¡Sólo son salvas!" – Declaró la mexicana, colocando su arma en el hombro. – "¡Ahora lárgate o juro que usaré balas reales! ¡Sáquese!"
Raudamente tomé mis vestimentas y me retiré de ahí en un parpadeo, siendo acompañada en el camino por una igualmente agitada Dyne en pijama, quien no se atrevió a verme mientras nos dirigíamos a las duchas. Corrimos por los pasillos y bajamos de prisa las escaleras con la loca de rosados cabellos detrás nuestro. Era una suerte que a esa hora todo se encontrara aún desierto, no querría lidiar con las miradas escudriñadoras de los curiosos sobre mi cuerpo. Hallando el baño con el letrero claramente indicando el uso exclusivo para las chicas de MON, Doppel, quien cuidaba la puerta, nos permitió acceso. Entretanto, esta no se molestó en ocultar su risa al pasar junto a ella, ofreciendo una vibrante carcajada.
– "¡Diez minutos, lombrices de agua puerca!" – Indicó la gnómida. – "¡Lávense bien la cola y nada de andar de cochinas fisgoneando! ¡Y me refiero a ti, Jaëgersturm!"
¡¿Qué se trae esta enana contra mí?! ¡Sólo porque soy homosexual no significa que vaya a hacerles algo a mis compañeras! ¡Eso es discriminación! ¡Malditos mexicanos, deberíamos hacerlos construir un muro y obligarlos a pag…!
– "¿Dormiste bien, flaquita?" – Preguntó de repente una voz con acento americano detrás de mí.
– "¿Eh? ¡Ah, Guten Morgen, Cetania!" – Me volteé, saludando a la castaña. – "Sí, creo que descansé lo suficiente. Sin contar el excelente servicio de despertador automático. ¿Qué tal tú?"
– "Mejor que nunca." – Guiñó. – "Por alguna razón, me siento más enérgica esta mañana."
– "Quizás la luna llena te avivó algo más que las hormonas." – Encendí la regadera.
– "Tal vez. ¿Sabes? Tengo un extraño antojo de huevos." – Se enjabonó. – "¿Crees que nos permitan ordenar unos cuantos estrellados con tocino?"
– "Eso espero." – Me eché shampoo. – "Cuando estaba en Sparassus, la comida era tan simple que nuestra ropa sabía mejor que esos revoltijos tan escuetos. Y las raciones eran para matar a una de hambre. A veces creo que usaban huevos de colibrí."
– "En fin. ¿Me ayudas a tallar mi espalda?" – Sonrió maliciosamente, alzando su bien formado trasero. – "Es difícil hacerlo sin manos y el tiempo escasea. Se gentil, ¿sí?"
– "¡Jawohl!"
– "¡Hécate divina! ¡¿Podrían dejar de ser tan sáficas por un minuto?!" – Se quejó la empusa de improviso.
– "¿Cuál es tu problema, patas verdes?" – Le cuestioné.
– "¡El jodido problema es que ustedes dos no me dejaron reposar gracias a sus arrumacos nocturnos!" – Nos apuntó con un brazo mantoideo. – "¡Toda la maldita noche sufriendo de insomnio por ese pedazo de roca en el cielo y sus condenados gemidos! ¡Si tuviera mi escopeta en mano, ya les hubiera volado la cabeza a ambas!"
– "¿No crees que exageras, Nikos?" – Interrogó la americana. – "Pudo ser algún ruido del exterior."
– "¡¿Crees que soy una idiota, arpía?! ¡Lo escuché todo! ¡Sus estupideces sobre los dolores abdominales, la tontería de sobre el índice de natalidad de las arachnes, la bobería del helado!" – Su rostro se tornó más rojo de la ira. – "¡Y sobre todo, esos depravados sonidos que aún me arañan la mente, como un rastrillo oxidado! ¡¿Qué clase de enfermo parafílico se necesita ser para excitarse al lamer un miserable cascarón?!"
– "Espera, Dyne, estás equivoc-" – Intenté explicar.
– "¡Cesen de farfullar más excusas y compórtense debidamente, con un demonio!" – Extendió sus extremidades superiores al aire. – "¡Somos parte de una institución respetable, no una infausta casa de citas! ¡Dejen de avergonzar el buen nombre de la ley con sus vulgaridades!"
– "¡Vale, ya entendimos! ¡Cálmate, mantis!" – Habló la falconiforme. – "Lo sentimos, ¿de acuerdo? Pero debes entender que no es fácil poner un huevo."
– "¡Me importa un bledo si estabas pariendo un pájaro vivo!" – Afirmó su pie izquierdo en el piso. – "¡Sólo trata de de actuar más como una persona y menos como un animal! ¡Y sobre todo cuando puedo escucharlas perfectamente! ¡¿Entendido?!"
La emplumada y yo asentimos en silencio, intimidadas. La empusa estaba tan molesta que sus ojos verdes lucían más como llamas infernales que finas esmeraldas. Ni siquiera el hecho de tener su bien formado cuerpo al descubierto me distrajo de su mirada asesina. No había duda, Nikos era una verdadera guerrera griega, quizás descendiente de los hábiles macedonios o los belicosos espartanos. Si todos son así en el ejército helenístico, desconozco por qué aún no conquistan el mundo. Ahora entiendo porque su especie nos dio tanta lata en el pasado.
– "Perfecto." – Bufó ella. – "Terminen de una vez, ya desperdiciamos demasiado tiempo.
Enfocándonos en asearnos, la halcón y yo dejamos la charla para otra ocasión. La pelinegra había sido muy contundente con sus palabras y en el fondo, tenía razón. Aquel escarmiento fue el mismo que Smith nos dio después de escandalizar a medio mundo con nuestro beso y la pelea entre Lala y la voladora en la zona comercial. No podía contradecir una verdad tan grande, debíamos comportarnos mejor, especialmente yo, si deseo reivindicar el nombre de mi estirpe. Finalizamos justo al momento que Titania abrió la puerta, todavía con su rifle. Intenté cubrirme, pero en este punto realmente no importaba.
– "Si ya acabaron de toquetearse entre ustedes, en sus vestidores hallarán sus nuevos uniformes." – Avisó la gnómida. – "Tienen cinco minutos o las obligo a salir en cueros."
– "¿Tan rápido, Señora?" – Preguntó Dyne, secándose con su toalla.
– "Las arachnes tejedoras son sastres increíblemente hábiles. Podrías aprender un poco de tu propias congéneres, Jaëgersturm."
– "Las Sparassidae no producimos tela, Instructora." – Le respondí. – "Nuestra especialidad es, como nuestro nombre común indica, cazar."
– "Lo sé, no soy idiota. Y ya pondremos a prueba esas declaraciones, soldadita de chocolate." – Replicó Jättelund. – "Vamos, que se quedarán sin desayuno."
Con toallas enrolladas en nuestros cuerpos, nos apresuramos a los vestidores, del lado contrario a la pared de las duchas. Los casilleros grises, de mayor tamaño y adaptados para albergar atuendos para extraespecies, contaban con nuestros nombres escritos en blanco sobre un fondo rojo de plástico, además de un pequeño sobre colocado entre las rendijas de la puerta. Abrimos los empaques de papel y nos encontramos con una serie de seis números al azar (060644), aparentemente la combinación para abrir los contenedores personales. Je, es idéntica a la fecha de los desembarcos en Normandía, otra adición más en mi lista de coincidencias. Esto me traía recuerdos de la Schutzpolizei en Weidmann, aunque ahí usábamos una llave que aún debo conservar en mi casa. Siguiendo la secuencia indicada, giré la perilla hasta que el clic característico me confirió el abrir la puerta. Ahí me encontré con una muy grata sorpresa.
– "Los trajimos esta madrugada. Ya están lavados y planchados, listos para que los ensucien con sus piojos." – Se burló la híbrida Jötunn. – "Y hasta huelen a fresita."
Un bello y elegante traje negro, idéntico a los usados por Smith y otros miembros de MON, se hallaba colgado dentro del metálico armario, envuelto todavía en su bolsa plástica. El atuendo incluía una camisa blanca de mangas largas y una oscura corbata. La chaqueta ostentaba un pequeño rectángulo dorado cerca del pecho, con mi nombre completo escrito diáfanamente con la fuente Font Bureau Agency en negro relieve inverso. Con seis botones en el área abdominal y tres en las muñecas, la vestimenta era simple pero exquisitamente refinada. Por supuesto, no superaba mi glorioso uniforme de la SturmSchütze, pero que se le va a hacer. Un conjunto limpiecito de ropa interior nueva a mi medida era la cereza del pastel. Gracias, Kurokito.
– "Es hermoso…" – Musité con una sonrisa.
– "No entiendo por qué consienten tanto a un trío de tetas aguadas como ustedes, pero yo no soy nadie para criticar a mis superiores." – Opinó la latina. – "Pónganselos, las quiero en el comedor en cuatro minutos."
– "¡Sí, Señora!" – Saludamos de manera marcial al unísono.
La enanita se retiró y las tres nos emprendimos a vestir el primoroso atavío. Con celeridad, coloqué mi ropa interior (también negra) y el resto. La falda, algo corta comparado con los vestidos habituales que uso y perfectamente adaptada a mi inusual físico, se colocaba abriéndola por un cierre del mismo color que la tela para ocultarlo, colocado del lado izquierdo. Ajustando el nudo de mi corbata, tomé un vistazo en el espejo dentro del casillero, admirando lo increíblemente bien que me quedaba. No podía esperar a mostrárselo a Lala y a los demás cuando regrese.
– "Hey, Blondie." – Me llamó la rapaz, señalando su corbata. – "¿Me ayudas con esto?"
– "Claro." – Accedí.
Acomodándole la prenda firmemente en su cuello, la pajarita también se veía impecablemente estilosa, aunque su atuendo no contara con mangas por obvias razones. Silbé a manera de piropo y ella sonrió ante el cumplido. Nikos tampoco lucía nada mal, con sus extremidades de mantis siendo las únicas no cubiertas por la chaqueta, ofreciéndole, deduje, más libertad de movimiento. No le elogié el look, estaba segura que lo hubiera recibido con indiferencia, con lo gruñona que es. Arregladas y listas para lucirnos, fuimos hasta el comedor donde la instructora ya se hallaba degustando un platillo de bolitas de carne, arroz y guarnición junto a un vaso de jugo de naranja. Nos ordenó que tomáramos una bandeja y nos sirviéramos nuestros platos. Acatando el mandato, me hice con pollo en salsa y otras delicias. El sol ya se había asomado y lentamente iluminaba la terraza, dándole un aire cuasi-ambarino al lugar.
– "¿Qué haremos después de desayunar, Señora?" – Preguntó la empusa, devorando espagueti.
– "Campamento Asaka." – Contestó revolviendo arroz en la salsa. – "Entrenaremos en serio."
– "¿Regresaremos a Asaka, Señora?" – Cuestioné yo, insertando carne en mi tenedor.
– "Estaremos en cuatro lugares a la vez. La base colinda también con Nerima, Wako y Niiza." – Se limpió la boca. – "La JGSDF siempre nos la ha ofrecido para adiestramiento y ya acondicionaron el lugar para nuestros ejercicios. El lugar será lindo, pero hoy será el primer día en el infierno, preparen sus traseros. Terminen rápido, nos iremos por tierra. Tomaríamos el helicóptero, pero lo están reparando y no quisieron pagarnos el viaje, los muy tacaños."
Asintiendo, acabamos de comer. Mientras depositaba la bandeja en su lugar, me pregunté si alguna de las trabajadoras notó que alguien hurgó en la cocina durante la noche. Si bien nos aseguramos de dejar la menor cantidad de evidencia, puede que el fuerte olor a yemas aún estuviera impregnado en las paredes. Por suerte nadie mencionó algo, quizás porque nadie, aparte de la anciana nekomata, sospecharía que las nuevas reclutas se inmiscuyeron para hacerse una cena ilícita con producto de arpía. Aunque curiosamente, el platillo del día era huevos con tocino. Antes de retirarnos, vimos al cuarteto original, quienes se acercaron para desearnos buena suerte.
– "Lucen geniales, niñas. En fin, que suden y sufran mucho." – Dijo Zombina, con un pulgar arriba y una sonrisa llena de afilados dientes. – "Y no se rindan, novatas; Las queremos junto a nosotras."
– "¡Ustedes pueden, chicas!" – Animó Tionishia, ofreciéndonos un abrazo quebrantahuesos a las tres. Pachoncita, pero muy dolorosa. – "¡Recuerden, la vista y el pecho siempre hacia adelante! ¡La victoria será dulce como un bombón!"
– "Les deseo mucho éxito. Por favor, tengan cuidado." – Reverenció la tímida Manako. – "Confío en ustedes."
– "No hagan tonterías y no nos decepcionen." – Advirtió Doppel con brazos cruzados. – "Jöttun, no tengas piedad con ellas."
– "Tranquila, morena. Nunca permitiría que estas principiantes se graduaran sin desarrollar una forma de stress post-traumático." – Afirmó la mexicana. – "Entonces, ¿nos vamos ya, aprendices?"
– "¡Sí, Señora!" – Replicamos al mismo tiempo.
– "Las alcanzaremos después." – Mencionó la pelirroja heterocromática. – "Saludan a la Capitana de nuestra parte. Y recuerden, si no están sangrando, lo están haciendo mal. ¡Bye!"
Ignorando su tétrica risa, nos despedimos con una reverencia y nos encaminamos a la salida. La castaña y yo le dimos un apretón de manos a la venerable Yamato, conociendo perfectamente lo que sucedió entre nosotras, insinuándolo con un guiño y una sonrisa de complicidad. Tal vez sepa lo de la pequeña escapada nocturna, pero no pareció importarle. Salimos y vimos la conocida furgoneta azul con enormes letras deletreando M.O.N. a los costados y parte trasera. En ocasiones me pregunté si debía pronunciarlo 'MON' o separado, pero tanto Smith como las chicas lo hacen junto, así que eso debe ser lo correcto. Además, 'Eme-O-Ene' suena feo. Al abordarla, hallamos una negra sorpresa en el asiento del copiloto.
– "Buenos días, novatas." – Saludó la doctora Redguard. – "Parecen agentes de la Matrix. ¿Ya capturaron a Neo?"
– "Guten Morgen, Ärztin." – Agité mi mano. – "¿También viene con nosotras?"
– "No, estoy aquí porque no tengo hogar alguno y duermo en este vehículo." – Respondió sardónicamente. – "Sí, las voy a acompañar, araña tonta."
– "De acuerdo, perdón por preguntar." – Torcí mi boca. – "Ni Gregory House era tan sarcástico."
– "¿Y qué cuenta, Doc?" – Interrogó Cetania. – "¿Volvió con su novio, el científico loco ese?"
– "Preferiría besar a Smith que regresar con ese demente de Sarver." – Aseveró la afroamericana, encendiendo un cigarrillo. – "Al menos Kuroko actúa de manera civilizada cuando está ebria y no me hackea mis… erm, grabaciones de seguridad." – Bajó el tono de su voz. – "Y tanto que me costó ocultar las cámaras."
– "Eso es demasiado extremo, Sandy." – Respondí aterrada por la idea de compartir un ósculo con la agente. – "Sería más seguro posar tus labios en desecho radiactivo, sería menos tóxico."
– "No me salgas tan azarada, Jaëgersturm. Estoy segura que ya le echaste el ojo a alguna de las chicas. Es Zombina, ¿verdad?"
– "¡Oiga, doctora, no soy una pervertida que sólo piensa en seducir mujeres!" – Le reclamé. – "¡Para ser una científica tan brillante, tiene demasiados prejuicios y estereotipos! ¡Y no soy necrofílica!"
– "Además, esta rubia es una completa idiota y nunca sabría cómo dar el primer paso." – Afirmó la rapaz. – "Es tan despistada que tuve que besarla directamente en los labios para que se diera cuenta que me gustaba."
– "¡Exacto, soy una idi-Cállate, pajarraca del demonio!" – Vociferé a la arpía.
Bueno, admito que ella me gustaba desde antes, sólo que aún no se me prendía el foco. Esperen, ¿Qué eso no es lo mismo?
– "¿Realmente es tan distraída, Montana?" – Cuestionó Saadia, dando una bocanada al cigarro.
– "La tomaba del brazo, la acariciaba con mis alas, bailé sensualmente pegada a ella y me peleaba con su dizque-novia, la dullahan cabeza de chorlito esa." – Sostuvo la falconiforme. – "Y aún así me mantenía en la friend-zone, la muy babosa."
– "¡Deja las tonterías, cotorra bocona!" – Refuté sonrojada. – "¡Yo estaba ocupada intentando ganar el corazón de Lala! ¡No esperaba que también te hubieras enamorado de mí!"
– "Aria, cuando una persona te deja verle el trasero con toda claridad y te lo acerca a la cara sin inmutarse, es más que obvio que intenta seducirte." – Manifestó la emplumada. – "Es decir, ¿Qué más necesitaba hacer? ¿Restregar mis pechos en tu cara? ¿Brincar desnuda frente a ti?"
– "Hubieras intentado enviarle fotos eróticas a su celular." – Opinó Redguard. – "Espera, ¿le enseñaste las nalgas y aun así nunca notó tu interés? Joder, Jaëgersturm, ¿sufres de tumores cerebrales o tu mamá te tiró de chiquita? Con lo apetecible que está la pajarita."
– "¡Usted no se meta, matasanos de quinta!" – Vociferé. – "¡Argh! ¡¿Por qué todavía no nos vamos?!"
– "Hey, doc, ¿Y usted también juega en el otro equipo?" – Interrogó la voladora a manera de broma.
– "Montana, yo no discrimino entre raza, género o nacionalidad. O incluso especie." – Alzó sus cejas. – "Cuando quieran lecciones privadas, llámenme, sin compromisos. Llevo años sin practicar pero aún tengo el toque. Satisfacción garantizada o le devolvemos sus orgasmos."
– "¿Qué dices, flaca?" – Me dio un ligero codazo la rapaz. – "¿Le dejamos hacernos un examen profundo? Sabes que me encanta el chocolate."
– "Y las clases en grupo son mejor. Invita a tu amiga la dullahan, araña. Será divertido, como en la facultad." – Rió Sandy. – "De hecho, aún tengo guardado unos juguetes que Charlotte…"
– "¡HÉCATE DIVINA! ¡YA CÁLLENSE!"
Aquel monstruoso grito provino de una extremadamente iracunda Dyne. Con la cara enrojecida, ojos encendidos, respiración convertida en resoplidos y una gigantesca vena en su cabeza, la empusa parecía dinamita a punto de estallar. Sus manos estaban tan apretadas que podíamos escuchar la quitina hacer ruido al comprimirse, y sus extremidades superiores amenazaban con degollarnos a la mínima provocación. La pelinegra era furia viviente, con el fuego nuclear de mil soles en su interior.
– "¡Estoy harta, harta! ¡Un maldito día junto a ustedes y ya quiero matarlas!" – Escandalizó la griega. – "¡Todo el tiempo arguyendo en ridículas charlas banales sobre sus inmorales perversiones! ¡Malditas degeneradas! ¡Incluso usted, doctora! ¡Esperaba algo mejor de una profesional!"
– "Por el amor de Sithis, te va a dar una embolia del coraje. Tranquilízate, Nikos, sólo estamos bromando." – Contestó la nativa de Chicago. – "¿Y a qué viene eso de llamarnos degeneradas? Nunca me figuraste como una homofóbica."
– "¡No lo soy! ¡Pero ustedes lo justifican!" – Rebatió la liminal helénica. – "¡Jodidas marimachas! ¡Por su culpa Mitilene es un chiste viviente!"
– "¿Qué tiene que ver Miti…?" – Redguard chasqueó los dedos. – "¡Diablos, es cierto! Mitilene se encuentra en la isla de Lesbos, ¿cierto?"
– "¡Correcto! ¡Y cada vez que menciono el nombre de mi isla, comienzan a preguntar si soy 'Lesbiana'!" – Espetó. – "¡Ya estoy cansada que la gente me vea aún más extraña de lo que ya soy!"
– "Aquello es culpa de la ignorancia de la gente, no de nuestra sexualidad." – Intervino Cetania. – "¿Y quién te crees para acusar tales malinterpretaciones? Tú fuiste quien llamó 'Nazi' a Jaëgersturm, a pesar de que eres la que se comporta como una fascista."
– "¡No defiendas a tu amante, yanqui!" – Gritó la pelinegra. – "¡Y únicamente quiero que cesen sus estúpidas discusiones en horas de trabajo! ¡¿Cuántas veces tengo que repetir que somos un grupo serio?!"
El acalorado litigio verbal se interrumpió al escuchar un arma dispararse, produciendo un hiriente y retumbante eco en la cabina, acrecentado por el espacio cerrado de la cabina metálica. Con los oídos zumbando, vimos a una no muy contenta Titania con el dedo en el gatillo del humeante fusil.
– "¿Ya acabaron?" – Cuestionó impasible ella. – "Eso espero. Guarden silencio y dejen de actuar como pollos sin cabeza."
– "¡Pero, Señora! ¡Ellas…!" – Quiso excusarse Nikos.
– "¡Quien da las órdenes aquí, soy yo, empusa!" – Aseveró con ese vozarrón que continuaba sorprendiendo. – "¡No me importa si se burlan de ti por venir de Putilandia o lo que sea! ¡O dejas de rabiar por tonterías con tus compañeras o yo misma te mando al paredón!" – Entonces apuntó a nosotros. – "¡Ustedes dos, la mantis tiene toda la razón, ya fue suficiente de su teatrito escolar! ¡Están aquí para entrenar, no andar contando sus pendejadas dignas de adolescentes urgidas! ¡Y tú, negra cochina, ni siquiera me ofrecí a llevarte!"
– "Quiero ahorrarme el taxi, chiquita." – Pestañeó rápidamente la aludida. – "No seas malita y échame un ride, ¿sí, guapa?"
– "Tus coqueteos no funcionan conmigo, muerta. Pero bleh, si ya estás aquí, al menos compórtate."
– "Sí, sí. Anda, gnómida atolondrada, acelera que me muero de aburrimiento."
– "No me des órdenes, gringa fastidiosa." – Cerró la puerta y se puso el cinturón de seguridad. – "¡Agárrense, gusanas, que no tengo frenos!"
Sin dar tiempo de procesar su advertencia, la diminuta híbrida nos dejó en claro que no sólo Kuroko y Zombina demuestran nulo interés en respetar las leyes de tránsito. A Saadia, por obvias razones, no le preocupaba un choque fatal o decorar el parabrisas con sus entrañas y siguió fumando su tabaco tranquilamente. Quisiera decir lo mismo de nosotras, de nuevo intentando contener la calma y esforzándonos por no desmayarse, confiando en que la permeabilidad magnética y permitividad eléctrica de nuestros cuerpos podrán mantener los órganos vitales y hasta nuestra alma en su lugar. No importa cuántas veces logremos sobrevivir, una no puede acostumbrarse a los viajes más allá de la velocidad de la luz y recorrer el vacío de la infinidad existencial en pequeño cofre de acero.
Demonios, estoy tan asustada que empiezo a desvariar en sinsentidos.
En tiempo récord y luego de aspirar media cajetilla de la doctora, nos detuvimos frente a un puesto de vigilancia militar. Al fin habíamos llegado al campamento, sanas y salvas. Titania mostró una tarjeta al guardia y este indicó a su compañero que levantara la barrera para permitir el paso de nuestro vehículo. Mientras trataba de reordenar mi cabeza, logré divisar el edificio al cual nos acercábamos. Era naranja, con una pared de grandes ventanas que permitían ver el pulcro interior perfectamente. Las grandes letras en la parte superior indicaban claramente que era el centro de información pública de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa Japonesas, la JGSDF. La gnómida acomodó el transporte en el gran estacionamiento, casi vacío. Aún era temprano y no había mucha gente. Jättelund apagó el motor y nos ordenó bajar. Al hacerlo, mis seis globos oculares se posaron en algo sumamente interesante.
– "Meine göttin…"
Siendo una base militar, no debería sorprenderme que haya equipo de bélica índole presente, sin embargo, mi soldado interior no pudo evitar iluminarse como una bengala fosforescente y llenarse de regocijo a más velocidad que la cadencia de disparo de una MG-42. Tanques, vehículos de apoyo de infantería, antiaéreos y hasta helicópteros; Toda una gama de hermosos artilugios de guerra, perfectamente alineados y en casi prístino estado, se hallaban frente a mí. Mis ocho extremidades se encendieron con la energía de un Jagdtiger y rápidamente me acerqué a esos carruajes metálicos, con la mirada brillando y mis pedipalpos vibrando a cada segundo.
– "¡Cetania, mira, mira! ¡Es un auténtico tanque Type-90!" – Le informé a mi compañera alada. – "¡Y ese es un Type-74! ¡Oh, Meine göttin; Un Type-10, de los de última generación! ¡Qué belleza!"
– "Demonios, flaquita. ¿Quién te puso en modo turbo?" – Se rió la arpía.
– "¡Mira ese Type-89! ¡¿No es hermoso?!"
– "Err… Lindo, pero tiene un cañón más pequeño que los otros tanques."
– "¡Porque es un vehículo de apoyo, no un tanque!" – Aclaré, tomando su ala. – "¡Ay, mamá! ¡Artillería autopropulsada Type-75 de 155 milímetros! ¡Observa ese calibre bestial!"
– "Vale, sí, muy bonito, pero… ¡Ah!"
Arrastré a mi amiga emplumada como si de una muñeca de trapo se tratara, indicándole los diferentes nombres de los distintos vehículos en exposición. Todos contaban con una placa para identificarlos, pero mi visita guiada era más informativa, especialmente cuando le relaté porque el Bell UH-1 fue una pieza importante en evacuar a las tropas durante la Guerra de Vietnam, la popularidad del lanzacohetes M270 en las guerras de Medio Oriente y como la artillería antiaérea Type-87 utilizaba el mismo sistema de cañones dobles del Flakpanzer germano Gepard. Naturalmente, le pediría que me fotografiara repetidamente junto a cada uno de ellos, pero no tenía tiempo para quedarme quieta por más de diez segundos sin correr hacia el siguiente artículo. Era igual a una niña amante de la paleontología en un museo de historia natural, explicándole a sus padres la diferencia entre un anomalocaris y un trilobites. Usé tal comparación porque alguna vez también fui una entusiasta de la prehistoria, antes de cambiar a los dinosaurios por bestias de acero.
– "¡Y este es un cañón de bombardeo FH70! ¡Incluye diseño alemán!" – Proseguí con mi exaltada trivia militar. – "¡Y aquel es un helicóptero dron! ¡Y ese es un gatito comiéndose un ratón!"
– "Aria, me estás apretan-¡Ariaaa…!"
Divisé una tienda y no tardé en llevar conmigo a la pajarita a su interior. Dentro, alcancé de nuevo el paraíso del consumidor militar. Con diversos artículos de temática marcial, desde juguetes, ropa e infinita cantidad de suvenires, como llaveros, timbres y rompecabezas. Mi abdomen arácnido no dejaba de rebotar por lo excitada que me encontraba y mis pedipalpos, de tanto que temblaban, casi indicaban en código Morse lo feliz que me encontraba. No tenía mucho dinero, pero sin duda me lo derrocharía todo en lo que pudiera. Tomé un llavero con la imagen de una chica militar estilo chibi y otra con forma de un caza Mitsubishi F2. Todos los de tanque o con figuras de armas estaban agotados. Bueno, en otra ocasión me aseguraré de que sea yo quien los gaste. Me hice igual con una bolsita de juguetes de plástico.
– "Jaëgersturm, suelta esos muñecos, ya no eres una niña." – Se quejó Dyne, quien de alguna manera apareció detrás de mí. – "¿Y cuántos llaveros piensas comprar?"
– "¡Verpiss dich! ¡No te metas en mis asuntos, maldito grillo subdesarrollado!" – Le vociferé, pinchándole furiosa con el dedo. – "¡Si vuelves a interrumpirme, me encargaré de provocar el segundo Holocausto con toda tu cochina especie, ¿Verstanden?!"
Ahora fue la empusa quien decidió hacerse bolita, al igual que Cetania. Llené mi canasta con más recuerdos y me dirigí a la caja. Necesitaré ahorrar o robar un par de bancos para poder llevarme el resto de la tienda. Cuando tenga a Mugi reparada, podré obtener descuentos a base de intimidación.
– "¡Disculpe!" – Llamé la atención de uno de los cajeros. – "¿Tienen prendas para arachnes?"
– "¿Eh? Oh, lo siento, señorita, pero me temo que no. Contamos con artículos para lamias y centauros, si está interesada."
– "¡¿Cómo que no hay?!" – Lo tomé del cuello de su camisa. – "¡¿Qué clase de base militar no cuenta con ropa para mi venerable estirpe?!"
– "¡P-perdone, señorita! De hecho no sé cómo logró entrar, si aun no abrimos…"
– "¡Esto es una declaración de guerra, una que van a perder! ¡Se les caerán los calzones del miedo! ¡Y todavía se hacen llamar las Fuerzas de Autodefens-AY, AY!"
– "¡Carajo, Jaëgersturm, estás aquí para entrenar, no para comprar chucherías!" – Gritó repentinamente Titania, jalándome de una oreja. – "¡Vamos a llegar tarde por tu culpa! ¡Y deja de amenazar a los empleados o te meto un balazo por el culo! ¡¿Entendido?!"
– "¡Ay, ay! ¡Espere, instructora! ¡Mis cosas, mis muñequitos! ¡Aún no los pago!"
– "¡Deja de perder el tiempo y muévete!"
Con mi orejita adolorida, nos trasladamos a pie hacia la parte sur, donde nuestra superior, al presentar su identificación, nos permitió el paso. Lo anterior solo era la parte abierta al público y ahora entrábamos al verdadero campo de adiestramiento. Miré alrededor, observando a los soldados correr por las pistas, pasando de largo los vehículos blindados estacionados. Los árboles de cerezo no tenían sus características flores rosadas debido a que aún no era primavera y lucían apagados, pero seguían sin quitarle belleza al sitio. Un hermoso lago reflejaba bellamente la luz del astro rey, contrastando con el aspecto gris del resto de la instalación. Aunque para mí, la vista de un helicóptero OH-1 con pintura camuflada sobrevolando el cielo era más atractiva que cualquier panorama que la naturaleza pudiera ofrecer. En el trayecto, un par de cadetes femeninas se nos quedaron viendo por unos segundos, antes de acercarse lenta y tímidamente.
– "¿Es ella?" – Escuché musitar a la más bajita.
– "No lo sé…" – Respondió su amiga, acomodándose sus gafas. – "¡Ah, sí, es ella! ¡Vamos!"
Con papel y lapicero en mano, las chicas corrieron a mi dirección, con una sonrisa y una mirada iluminada en sus ojos. Oh, vaya, parece que finalmente mis primeras admiradoras han aparecido. Bueno, los militares son personas después de todo, así que no es de extrañarse que incluso ellos tengan a quien idolatrar. Y lo mejor, estas poseen un exquisito gusto al ser devotas de una sensual arachne como yo. Ah, ya empiezo a amar la fama. Sólo espero logren entender que ya tengo novia y no se les rompa el corazón, aunque sé que les será difícil de aceptar. No es fácil ser tan atractiva. Sonriéndoles de vuelta, estiré mis manos para ofrecerles mi firma y hacerlas felices.
Y me pasaron de largo.
– "¡C-Cetania-sama!" – Habló una a la falconiforme. – "¿P-podría darme su autógrafo?"
– "¡A mí también!" – Dijo la otra. – "¡Por favor, Cetania-sama! C-claro, si no es molestia."
– "Oh, por supuesto, guapas." – Sonrió complacida la castaña. – "Cualquier cosa por un par de hermosas mujeres. ¿Y cómo se llaman, linduras?"
– "¡Soy Yuri!" – Declaró la más baja. – "¡Cadete Yuri Forowa!"
– "¡Yo soy la cabo Kasumi Shosan!"
– "¡La vimos en la tele, cuando se enfrentó a esos terroristas! ¡Nos impresionó su velocidad y fuerza, Onee-sama!"
– "¡La admiramos mucho, Onee-sama! ¡Incluso tenemos nuestro club de fans en Facebook! ¡Yo soy la presidenta!"
– "¡Y yo la segunda al mando! ¡Ya tenemos más de 2,000 miembros! ¡Y vamos por más!"
– "¡Cetania-sama! ¿Podría tomarse una foto con nosotras, por favor? ¡Las de Internet no son tan buenas!"
– "Por supuesto, chicas." – Aceptó la americana. – "Tomen las que deseen."
Extáticas, las militares se colocaron ambas a un lado de la arpía. Kasumi, la más alta de las dos, tomó su celular y el flash de la cámara las iluminó en repetidas ocasiones. La halcón no desperdició la oportunidad y abrazó de la cadera a sus fanáticas, haciéndolas gritar emocionadas como un par de colegialas conociendo a su actor favorito, o en este caso, actriz. Después de una breve sesión fotográfica y elogios por parte de las cadetes, sin contar un beso en la mejilla para cada una, estas últimas se despidieron y continuaron su camino, soltando risitas de alegría en el proceso. Yo seguía ahí, paralizada con la misma sonrisa tonta y brazos extendidos hacia la nada. Satisfecha, la falconiforme prosiguió la marcha al igual que el resto del grupo, pasándome de largo y escuchando a Dyne carcajearse a todo pulmón, acompañada de la doctora Redguard.
¡Malditas novatas, me la van a pagar! ¡Voy a crear mi propio ejército, con videojuegos y mujerzuelas! ¡Y no las invitaré! Refunfuñando, seguí al resto. Yo estaba demasiado ocupada mascullando vulgaridades para darme cuenta que me desvié y casi me caigo en una trinchera de práctica. Finalmente, entramos a un hangar, donde Smith ya nos esperaba, vestida con el atuendo de MON. Estaba acompañada por un pequeño grupo de otros militares, entre ellos un coronel y cargaba papeles en mano.
– "Es bueno verte, Jättelund." – La saludó la agente, sin voltear a vernos. – "¿Por qué la demora?"
– "Patas largas causando problemas, como siempre." – Respondió la mexicana. – "¿Ya está todo listo?"
– "Así es, podemos empezar una vez se cambien. El coronel Yamaguchi nos ha otorgado el permiso para usar todas las instalaciones disponibles, aprovechando que las tropas están recibiendo adiestramiento especial en el Campo Toyokawa."
– "¿Cuánto tiempo tengo para enderezar a estos microbios? ¿Lo que discutimos?"
– "Lo acordado, una semana. Usa todos los métodos disponibles, Titania. Pero recuerda, las queremos vivas."
– "Descuida, Kuroko, tus niñas sobrevivirán. Al menos sus cuerpos. ¿Sigues en la apuesta?"
– "Siempre, querida, siempre."
– "Las haré sufrir, en demasía."
– "Si no sangran, lo haces mal."
– "Erm… ¿Si saben que estamos aún aquí, verdad?" – Pregunté a ambas.
– "Precisamente por eso lo decimos." – Contestó la gnómida. – "Vengan, a probarse sus uniformes de trabajo. Nos vemos en unos minutos en la plataforma, Kuroko"
– "Vale, las esperaré." – Smith entonces saludó a la afroamericana. – "Hola, Sandy, ¿Aún no dejas ese horrible vicio del tabaco?"
– "¿Y qué va a pasarme? ¿Morirme?" - Replicó con sarcasmo y dándole la mano. – "¿Tienes algo para comer? Las frituras nunca han sido parte de un desayuno balanceado y me muero de hambre."
– "Claro. Sígueme, necesitaremos tu reporte cuando esto acabe." – Volteó a vernos. – "Oh, y el negro les queda excelente, chicas. No tanto como a mí, pero qué se le va a hacer."
Con eso, la instructora nos guió hasta otra instalación, las duchas. Al igual que en los apartamentos, un cartel indicaba que estaban reservadas para nosotras. Bien, al menos me alegra que se preocupen por nuestra privacidad, aunque tampoco es que desconfíe del honor del ejército nipón. En todo caso, nos encontramos con otros tres casilleros, asegurados por la conocida perilla giratoria. Usando la clave (230842, igual que la Batalla de Stalingrado) para insertar la secuencia correcta, logré abrir la mía. Ahí, otro uniforme me esperaba.
Color azul oscuro, con el escudo bordado de la Agencia Policial Nacional japonesa en el lado derecho en áureos tonos, mientras el lado izquierdo ostentaba… ¿A Smith? No, no estaba imaginando cosas, en verdad la figura era la cara de la mismísima agente, retratada a modo chibi, haciendo el signo de la paz y letras doradas arriba de ella que decían Monster Ops sobre un fondo negro. Demonios, Kuroko; Entiendo que sea la líder de la unidad, pero llegar al grado de crearse su propio imagotipo me parece muy vanidoso. Ignorando tan fea representación gráfica, seguí admirando el atuendo. Como mi traje actual, mi nombre completo se hallaba la parte izquierda del pecho, aunque este era bordado y el relieve era regular para las letras.
Junto al conjunto azulado, se hallaba un chaleco negro táctico, seguramente kevlar, con una multitud de pequeñas bolsas. Protección para los codos y varios aditamentos para cargar diversas herramientas de combate, como pistolas, balas y granadas, lo acompañaban, así como un par de guantes. Acuciosamente, me desvestí y coloqué el nuevo atuendo, perfectamente adaptado a mi figura. Es una lástima que nunca podré usar pantalones como el resto de mis compañeras, pero la faldita lo compensa. Además, mi dura quitina ofrece suficiente protección como cualquier rodillera. Miré a las demás, ofreciendo el mismo look tan profesional que las ropas proveían. Confieso que las botas de combate de la mantis le daban la apariencia más fuerte. Vale, lo admito, la chica es guapa. Sólo había un pequeño problema.
La parte trasera de los chalecos decían MOE.
Tanto Cetania como Dyne se extrañaron por ello. La empusa (sorprendentemente calmada y sin sarcasmo) opinó que eran provisionales y nuestros uniformes reales serían entregados al graduarnos. Concordando con tal idea, salimos de ahí y nos encontramos con Titania, quien nos guió de nuevo al hangar. Ahí, Smith, y el resto de MON, junto con Saadia y los militares, nos esperaban en una plataforma, a trece metros de altura. La agente nos indicó subir y usamos la escalera, excepto la arpía, que llegó raudamente volando. Ya en las alturas, Todos nos hicieron un saludo marcial que devolvimos y entonces estos se retiraron a una cabina elevada, en la misma plataforma, dejándonos con la coordinadora.
– "¿Disfrutando su paseo por la moda suministrada por nuestro amable gobierno, chicas?" – Preguntó Smith, con la vista enfocada en su tabla de apuntes. – "Admito que les queda perfecto."
– "Danke, Hauptmann." – Le agradecí. – "¿Por qué uno de mis logos es su cara?"
– "¿Algún problema?" – Sonó indignada.
– "No, ¿pero por qué precisamente su rostro? ¿Y en chibi, además?"
– "Bueno, yo creé este proyecto, al menos tengo derecho a plasmar mi presencia de alguna forma." – Infló una de sus mejillas. – "Después de todo, soy la única a quien no le hicieron peluche conmemorativo. Y tan bonita que soy."
– "¿Las chicas tienen muñecas de ellas?"
– "Hey, un escuadrón de atractivas mujeres que se enfrentan a los criminales es una oportunidad de oro para los fabricantes de juguetes. Deberías ver lo populares que fueron las figuras de acción de Manako, su rifle disparaba balines de verdad. Las de Doppel fueron muy controversiales, por lo de andar desnuda y eso, pero igual se vendieron como pan caliente." – Rió ligeramente. – "Dudo que alguna de ustedes salga siquiera en las estampitas de las frituras, pero ya discutiremos sobre comercializar su imagen en otra ocasión. En todo caso, ¿les gusta el uniforme?"
– "Se ve más práctico que ese horrible amarillo chillón." – Opinó Cetania. – "Estos chalecos son antibalas, ¿cierto?"
– "Correcto, emplumada. Elegimos un diseño más tradicional debido a la naturaleza de las misiones que llevarán a cabo. Con una muerta viviente inmune al dolor, una ogresa imparable, una francotiradora capaz de mantenerse a kilómetros alejada y una Abismal inmortal, mi equipo puede vestir los colores más llamativos que existan, por muy bajo que sea su valor táctico." – Alzó la vista. – "Ustedes no son invencibles, por ello requieren que su ropa sea más adecuada para el sigilo. Ya es difícil con una arachne ocre de dos metros de altura, una empusa verde brillante y una arpía con alas tan coloridas. Eso y porque costaron la mitad que el estilo original. Hay que ahorrar."
– "Bueno, admito que es una buena razón." – Asentí. – "Pero creo que hubo un error; Los chalecos dicen MOE."
– "No hay error alguno, Aria. Ese es el nombre de su unidad; Monster Ops: Extermination."
– "Chief, es lindo y todo, pero sigue sonando poco apropiado." – Acotó la castaña. – "MOE suena a nombre de banda musical anime."
– "Un acrónimo nada serio para un grupo profesional, Jerarca." – Se unió la mantis.
– "¡Con un demonio, malagradecidas! ¡¿Son las contadoras del departamento de finanzas?! ¡Cambiar el nombre del escuadrón es más barato que pedir repuestos!" – Apuntó al extremo de la plataforma. – "¡Si ya dejaron de quejarse, prepárense para ofrecer un buen espectáculo! ¡Titania, no te pagamos para rascarte el trasero! ¡Apresúrate!"
Por supuesto, la tacañería es quien decide nuestro destino. Smith se trasladó con el resto de los observadores. Miramos hacia abajo y vimos que estábamos bajo un set de entrenamiento hecho en madera y metal, especialmente construido para simular un típico asalto a una instalación de oficinas. Tales ejercicios eran similares a los usados en Weidmann, pero ahí nos preparaban para matar y generalmente la táctica revolvía alrededor de granadas de fragmentación y acribillar a todo lo que se moviera. La instructora emitió una exhalación, estiró su cuerpo, ajustó sus guantes y tronó sus dedos.
– "Novatas, sé que esto parecerá el peor y más improvisado entrenamiento que exista. De hecho, lo es. Hasta yo creo que es demasiado apresurado el saltarnos tantos pasos." – Advirtió la gnomo. – "Sin embargo, las necesito listas para la lucha en siete días. Seré su némesis por una semana y su odio será completamente justificado, pero les garantizo que haré de ustedes unas auténticas guerreras de acero. Ahora, vean y aprendan, así combaten los expertos."
Con eso, la mexicana tomó la cuerda que colgaba del techo y descendió hacia la escenografía de madera, girando al bajar. Tan pronto ella tocó suelo, un blanco con la forma de un criminal armado se alzó detrás de un escritorio. Con destreza y en una fracción de segundo, la híbrida lo neutralizó con un certero disparo en el centro. De haber sido tal blanco una persona real, el malhechor no hubiera tenido tiempo siquiera mover el dedo en el gatillo. Usando toda forma de muebles para cubrirse, la latina prosiguió hasta la siguiente sección donde otros tres objetivos fueron abatidos con precisión absoluta después de que ella arrojara una granada cegadora falsa. Nosotras sólo podíamos observar absortas por tanta pericia y maestría ejecutada de manera tan impecable. Parecería que ella memorizó el patrón predeterminado a seguir, pero por el errático movimiento de los blancos, una podía deducir que el único truco aquí era su gran habilidad.
La gnómida finalizó su activo recorrido y regresó con nosotras. Cincuenta y ocho segundos, quince balas, tres flashbangs, una victoria, cero errores. Jättelund nos demostró el porqué una enana como ella es nuestra superior.
– "Si ya terminaron de tocarse ahí abajo después de verme, les sugiero tomen un casco y sus armas." – Apuntó a un estante a nuestra derecha. – "Eso fue el tutorial para niños, ahora viene lo realmente bueno. Cetania, sé que no eres una arpía terrestre, pero en ocasiones el adversario no te dará el lujo de mantenerte en el aire, así que deberás aprender a defenderte en el suelo. Alista tu fusca y mantén los ojos abiertos."
– "Roger, Ma'am." – Asintió la aludida, agarrando su pistola.
– "Nikos, te quiero a ti y a esa escopeta cubriéndome la espalda. Jaëgersturm, te advertí que una ametralladora sería incómoda para esto, pero así lo quisiste; Tienes cincuenta balas, más que suficientes para finalizar la misión. Recuerden: Cubrirse, apuntar, disparar, avanzar; Mis reglas básicas. No usaré arma, su objetivo será protegerme. Y si permiten que me den a mi o a alguna de ustedes por alguna estúpida razón, juro que las haré lavar letrinas con la lengua."
– "Uhm… Disculpe, Señora." – Tomé la palabra. – "¿Pero quién va a atacarnos?"
– "¿Ya notaste en donde estamos, araña estúpida?" – Cuestionó molesta la instructora. – "Les dije que iba a ponerlas en forma en menos de una semana, por eso nos olvidaremos de los jueguitos e iremos directo a la acción. Sólo síganme, ¿sí? Una… Dos… ¡Ahora, ahora!"
Apenas la primera vocal salió de su boca, ella volvió a tomarse de la soga y deslizarse con celeridad hacia el piso. La griega fue la siguiente y yo la tercera. Es una fortuna que mi quitina resista las quemaduras que la cuerda pudiera producirme en los pedipalpos, aunque no evitó que sintiera algo de malestar. Debería empezar a usar medias para estos. La americana simplemente descendió junto a nosotras. Me gustaría decir que fue un primer paso exitoso, pero no esperábamos la siguiente sorpresa. Como si de una emboscada en las selvas Vietnamitas se tratara, varios soldados salieron de sus escondites y abrieron fuego contra nosotras apenas tocamos tierra. Mi primer instinto fue cubrirme con lo primero que pudiera, en este caso, un archivero que era más que insuficiente para mi enorme físico. La mantis y la falconiforme reaccionaron de similar manera y se refugiaron tras una mesa. Entonces, una de las balas me impactó el pecho, marcándome con tinta roja, parecida a la usada en el deporte gotcha. Sólo era pintura, pero dolió de sobremanera y me derribó al suelo de inmediato. Esa fue la señal para que Titania alzara sus manos al aire y solicitara el cese al fuego.
– "¡Carajo, Jaëgersturm! ¡Tenía que ser el chav-Digo, la araña de Weidmann!" – Vociferó la chica de pelo rosa. – "¡No pasaron ni diez segundos y ya eres un cadáver! ¡Gracias por hacernos fracasar!"
– "Auch… ¡Lo siento, Señora! ¡No imaginé que nos dispararían!" – Me excusé, tallando mi pecho.
– "¿¡Y qué chingados crees que los criminales van a hacerte?! ¡¿Arrojarte besitos?!" – Cuestionó enfadada. – "¡A huevo que van a disparar! ¡Por eso debes estar siempre lista para cualquier imprevisto! ¡Ahora sube de nuevo y deja de avergonzarme! ¡Y ustedes también!"
Sin dilación, regresamos a la plataforma y repetimos el proceso. Nuestros 'enemigos' eligieron un lugar diferente para revelar sus escondites e hicieron llover proyectiles multicolores sobre nuestras cabezas, con la halcón como su nueva víctima. Una cantidad indescriptible de insultos provenientes de una latina boca después, logramos avanzar hacia la siguiente habitación en el quinto intento. Con los constantes cambios que los atacantes tomaban y sin un patrón al cual aferrarse, nos manteníamos completamente alerta todo el tiempo, tratando de ignorar el dolor que la munición de pintura provocaba en nuestros lacerados cuerpos. Ignoro cuantas veces lo reintentamos, pero para cuando logramos salir de ahí, nuestros uniformes lucían como la fosa séptica de un payaso adicto al dulce y estábamos más adoloridas que una prisionera en un Gulag ruso. Dyne era la menos afectada y Titania se mantuvo completamente intacta. Yo aún siento los golpes y el sonido de las armas, continuamente resonando en mi cabeza. Desconozco cuantas veces había 'muerto', pero hasta Lala se hubiera rendido de reclamar mi alma cada vez que me mataban.
Fue horrible y nos dejó absolutamente exhaustas. Entonces, nos ordenaron repetirlo una vez más. Maldiciendo todo mentalmente, tomé las escaleras y me lancé otra vez a esa condenada oficina falsa. Contaba con cincuenta cartuchos, pero sólo me sobraron dos, y esa fue mi mejor marca, puesto que la mayoría no lograron impactar los erráticos objetivos y me quedé sin munición en repetidas ocasiones. Sabía que el adiestramiento sería infernal, pero comparado con esto, el que recibí en Sparassus era un juego de bebés en una guardería. Incluso la rapaz, a pesar de ser la menos entrenada, logró neutralizar a varios adversarios antes de ser eliminada por un furtivo ataque en su costado. Lo peor de todo, es que ahora usaban granadas de humo, dificultando aún más la imposible tarea. Me sentía decepcionada de mi misma; Era una soldado capacitada y ahora no podía contra un miserable simulacro. Finalmente, y por gracia divina, conseguimos obtener un resultado suficiente para salir de esa prisión de madera de nueva cuenta. Claro que todo eso no fue tolerable para Jättelund, pero al menos convenció a Smith de darnos un descanso.
– "Scheisse… Me duele hasta la ropa." – Exhalé, desplomándome en el suelo. – "¿Cuánto tiempo estuvimos encerradas en la dimensión del sufrimiento, Hauptmann?"
– "Únicamente cuarenta y dos minutos, Aria." – Respondió Kuroko, anotando datos en el papel. Le dio un golpecito a este con la punta del bolígrafo antes de guardarlo. – "No necesito mencionar que los presentes aquí están más que insatisfechos con su falta de progreso."
– "Joder, Chief; Dennos un respiro." – Se unió una agotada rapaz. – "Primer día y nos lanzan al corazón de la batalla. ¿Esperaba un desempeño inmaculado de unas reclutas?"
– "Jerarca, me uno a mi compañera." – Acotó la empusa. – "Exigir perfección ahora es excesivo para cualquier estándar."
– "No les pido un trabajo intachable, pero sí resultados aceptables para una unidad de élite." – Replicó la agente, acomodando sus gafas. – "Nuestra reputación y el futuro de nuestro departamento recae en su éxito, novatas. Por favor, traten de mejorar."
– "Hauptmann, ¿acaso usted podría hacerlo mejor?" – Pregunté con algo de enfado.
Smith se quitó sus oscuros lentes y me miró fijamente. Luego, ordenó a los militares ayudantes que retomaran posiciones de inmediato. Arrebatando la pistola a Cetania y alistándola, la colocó en su funda de la cintura junto a varios cargadores. Después de un profundo respiro, descendió por la soga. Ahí, la coordinadora contestó a mi pregunta deshaciéndose de los adversarios con una puntería excepcional y destreza casi inhumanas, de la forma más perfecta que haya visto. Con un minuto y tres segundos, medidos fríamente con cronómetro, Kuroko terminó la faena y volvió a la plataforma, entregándole su arma a la castaña, sin quitarme la mirada de encima. No dije más, era innecesario. Ella me enterró completamente con una tonelada de tierra y arrojó la pala a mi tumba. Me fulminó con la fuerza de mil B-29 descargando una lluvia de bombas atómicas. Llegó, vio, disparó, venció. No volveré a menospreciar su habilidad.
– "Nos quedaremos aquí toda la semana si es necesario, pero van a cesar de humillar a MON con su ineptitud, lo quieran o no." – Aseveró la coordinadora. – "¿Titania?"
– "Entendido, Jefa." – La saludó marcialmente la gnómida. – "Vamos, lombrices; No nos pagan por holgazanear."
Ofreciéndole una sutil reverencia a Smith, recargué la Ameli y bajé por la cuerda hacia el Tártaro de nueva cuenta. Entrenamos tanto que los oponentes tuvieron que rotarse tres veces por el cansancio, mientras nosotras continuábamos desgastándonos. Al menos, la técnica mejoraba y cada vez cometíamos menos errores, aunque fueran pasos muy pequeños. Si el reloj de pulsera de Dyne es fiable, pasamos casi tres horas y media horas ensayando sin descanso, deteniéndonos únicamente por el receso obligatorio. No parecerá mucho tiempo, pero al completar la sesión, estábamos tan extinguidas que ni energía para las duchas nos sobraba. Incluso a la mantis no le molestó que mis piernas reposaran sobre su espalda al caer rendidas al suelo, con la castaña como mi almohada emplumada. Una bondadosa doctora Redguard nos ofreció unas barritas de chocolate y agua, algo derretidas pero muy reconfortantes.
– "Arachne te bendiga, Sandy." – Le agradecí al posar mis labios en el glorioso líquido. – "Aunque estés muerta, tienes más corazón que cualquiera."
– "Gracias, arañita." – Se sentó junto a nosotras. – "Cualquier médico calificado consideraría esto como poco ortodoxo y absurdamente cruel, pero mi doctorado es en física cuántica, así que me reservo tal opinión."
– "You're just too lazy, Doc." – Rió con debilidad la falconiforme, mordiendo su dulce de cacao.
– "Don't say I'm lazy, cuz' you're actually crazy." – Replicó Saadia. Ignoro qué clase de chiste personal estén contándose. – "¿Qué hay de ti, verdecita? ¿No vas a regañarnos por ser unas degeneradas?"
– "Ghh…" – Balbuceó Nikos sin despegar la cara del piso.
– "¿Soy yo o Dyne es más agradable cuando tiene la boca cerrad-¡Ay!" – Me pausé al sentir una de sus pinzas pincharme un costado. – "Auch. Era broma, ¿sí?"
– "Sí que tienes carácter, mantisita. Me pregunto cómo serás de salvaje en la cama." – Bromeó la afroamericana, ignorando por completo la otra extremidad de la griega casi perforándole la mano. – "¿Y cómo pasaron su primera luna llena y ovoposición, enamoradas? ¿Quebraron la cama con su pasión o recurrieron a ajusticiarse por su propia mano?"
– "¿Sabes, Sandy? A veces creo que compraste tu título por Internet." – Mencioné torciendo mi boca. – "Espera, ¡¿cómo sabías que Cetania iba a…?!"
– "Oigan, no les hice todo ese minucioso examen para satisfacer mis perversiones… solamente. Los análisis mostraban que el periodo de la pajarita había llegado a su cenit y esa misma noche pondría un huevo." – Se cruzó de brazos. – "Por eso sus dosis para resistir el plenilunio fueron reducidas. Afectar las hormonas de la halconcita en ese estado podría tener repercusiones inesperadas."
– "¿Y por qué a mí también me administró una porción menor? Yo no era la que iba a poner." – Le interrogué.
– "Sería injusto que Montana sufriera mientras tú te controlabas como si nada. Soy equitativa, araña." – Sonrió jactanciosamente. – "Y porque suena divertido, admítanlo."
– "También te apreciamos, Saadia." – Declaró la arpía.
– "Lo sé, soy un amor. ¿Y a qué hora me van a contar lo que sucedió?"
– "Eso no es de tu incumbencia, entrometida." – Le contesté.
– "La rapaz tuvo un orgasmo y se besuqueó con Jaëgersturm después que esta lamiera su huevo recién depositado." – Manifestó la empusa, incorporándose. – "Luego entraron a hurtadillas a la cafetería y consumieron su contenido. No hubo sexo, pero la arachne intentó calmar sus deseos con una sesión solitaria en el baño, la cual no fue exitosa."
El silencio se apoderó del lugar. Por suerte solo nosotras cuatro éramos las únicas presentes, de lo contrario ya hubiera practicado vivisección con la pelinegra por boca floja.
– "Mil gracias, Dyne." – Le acarició la cabeza una sonriente Redguard, alcanzándole agua y una golosina. – "¿Te hizo bien la medicina?"
– "Le dije que no la necesitaba, doctora." – Mencionó la helénica. – "Como descendiente de la poderosa Hécate, diosa de la noche, soy inmune a los efectos del satélite terrestre. Y las empusas somos mitad vampiro, doblemente exentas de influencia selenita."
– "¿Bebes sangre?" – Interrogó una extrañada Cetania.
– "Sí, pero no soy una hemófaga crónica como los murciélagos. Necesito dosis pequeñas para saciar mi hambre y cualquier suplemento con hemoglobina basta."
– "Las leyendas griegas cuentan que las empusas solían seducir hombres en los caminos solitarios, después consumían su sangre y carne." – Expliqué yo. – "Casi como una viuda negra canibaliza a su pareja después de copular. No he conocido a arachne que haga algo similar y tampoco creo que tú devores personas, ¿verdad, Nikos?"
– "Correcto, Jaëgersturm. Una especie monogénero no puede practicar tan barbáricos métodos si desea sobrevivir." – Concordó ella. – "Rayos, me hallo tan cansada que ahora estoy de acuerdo contigo, araña fastidiosa."
– "Es un día de inicios, mantis." – Le ofrecí mi mano. – "¿Dejamos nuestras diferencias a un lado y trabajamos juntas?"
– "Debo estar completamente demente, pero acepto." – La estrechó. – "Únicamente cuando estemos trabajando. Eso no significa que desee tu amistad, que seas menos aborrecible o deje de odiarte, sucia Nazi."
– "Con eso me basta, grillo subdesarrollado."
– "Me encantan cuando las dos actúan tan tsunderes." – Se rió Saadia. – "Sólo están negando su amor."
Lo bueno de que Sandy sea negra, es que no se le notarán los moretones.
NOTAS DEL AUTOR: Adoro a la doctora, es como Rachnee hecha en ébano. Por supuesto, nunca será tan perfecta como la gran Arachnera, pero al menos va por el camino correcto. Y porque amo a las chicas de color.
Sí, el nombre del nuevo equipo es MOE. Suena bonito y así se diferencia del escuadrón original. Además, con la suerte de nuestras protagonistas, fueron afortunadas que no les tocara algún acrónimo como KAWAII, aunque estuve tentado a llamarlas YURI. Quizás en otra ocasión, en algún universo alterno.
Pero bueno, espero les haya sido tolerable este episodio. Agradezco que se tomen el tiempo de leer las boberías que salen de mi lunática cabeza. Recuerden que sus comentarios, reseñas, fotos sexys de arachnes y amenazas de muerte son siempre bienvenidas. Aprovecho para enviar saludos al compañero Alther, cuya historia fue referenciada.
Nos vemos hasta la próxima. ¡Auf Wiedersehen!
