NOTAS DEL AUTOR: ¡Willkommen, kameraden! ¡Tarmo Flake ist hier!"

El trabajo me obligará a escribir a velocidad de tortuga paralítica y estoy seguro que ustedes tienen mejores cosas que hacer que leer mis fruslerías, pero espero estas nimias bobadas de tinta virtual sean suficientes para sacarles una sonrisa. Además, no es que realmente tenga mucho que hacer.

Y como nota adicional sin importancia, anuncio que publico esto en mi cumpleaños. Me gustaría invitarles pastel, pero sólo había un pan mohoso y una cucaracha ya lo reclamó, la muy osada. Ah, ya estoy viejo y cada día a un paso más cerca de que alguna dullahan guie mi alma a las fauces del Eterno Vacío. Aún recuerdo cómo el anciano Ug nos enseñaba a cazar esos tozudos mamuts y a cómo defendernos de los Smilodon con lanzas y piedras. Buenos tiempos. Extraño los sábados de sacrificios humanos.

Pero suficiente de aburrirlos con mi pasado, empecemos de una vez.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena es eterna y no envejece porque usa cremitas que venden en la tele!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 37


– "¡Fuck!"

Desde que el primer aeroplano surcó los vastos cielos y evolucionó de un sueño osado a una pieza fundamental en el arte de la guerra, la artillería antiaérea se convirtió en la segunda mejor aliada de las tropas en tierra, después de los aviones propios. Las arachnes, siendo guerreras exclusivamente terrestres, siempre nos hallamos en desventaja contra las criaturas voladoras. En Sparassus, nuestras eternas contiendas contra las especies dracónidas se han hecho parte importante de nuestra historia, siendo los restos de estas que se ostentan en el gran museo de la fortaleza Himmelsrand la mayor evidencia. La leyenda de cómo la valiente Helga Langschwert (junto a mi ídolo, Erika Kriegtochter, ni más ni menos) derrotó a una dragona gigante y a sus cuatro subordinadas wyverns ha sido inmortalizada en la región que ella conquistó durante la infame guerra contra la empusas, así como el resto del país. Incluso dos ciudades llevan sus más famosos sobrenombres: Drachenblut y Drachentöter.

– "¡Fuck, fuck!"

Por tales razones y dispuestas a no dejarnos vencer por los surcadores de la atmósfera, mi nación se dio a la tarea de crear y desarrollar mayores y mejores soluciones para negar el dominio del aire a nuestros enemigos. Nuestra tecnología armamentística evolucionó junto al deseo de la protección absoluta de las amenazas voladoras, y en ese aspecto, admito que sobresalimos. Ese afán nos llevó a llenar las ciudades de incontables medidas diseñadas para la neutralización completa de los moradores del cielo, incluyendo y no limitándose a absurdas cantidades de torres antiaéreas distribuidas por todo el territorio. Ophistolium posee tantas Flaktürme que la mitad de los rascacielos de la ciudad son en realidad tales fortalezas. Con nuestros Flakpanzers, misiles montados y portátiles, ametralladoras con calibres ridículamente pesados y municiones perforadoras, contamos con todas las herramientas necesarias para atacar y satisfactoriamente vencer cualquier contrariedad que venga desde arriba. De hecho, toda Sparassediana ha sido instruida plenamente en el arte de la guerra antiaérea.

– "¡Fuck, fuck, FUCK!"

Por supuesto, que la anterior clase de historia no ayudará a mi emplumada amiga a salir de la encrucijada que los caprichosos y sádicos dioses le han impuesto.

– "¡Fuck me, fuck my life, fuck this fucking world!"

La rapaz se encontraba utilizando infinitas repeticiones del más famoso peyorativo en el idioma anglosajón por un muy buen motivo: Si no dejaba de moverse, cesaría de existir. Por alguna muy, pero muy inimaginable razón, su entrenamiento incluía la evasión de medidas para dejarla fuera de combate en el aire. Eso significaba que la castaña debería prepararse para evitar ser despojada de su dominio natural y perder su ventaja como voladora. Por supuesto, aún sabiendo que tal adiestramiento era vital para un ave de presa como ella, ignoro por qué, en el nombre de todos los dioses Olímpicos y hasta los Titanes mismos, nuestra instructora decidió que la mejor manera de educarla, era que una genuina batería antiaérea Type-87 le disparara sin piedad con su munición de treinta y cinco milímetros.

– "¡Deja de quejarte, novata!" – Informó Titania por la radio. – "¡Sólo son proyectiles de goma!"

– "¡Viajando a más de un kilómetro por segundo!" – Respondió ella. El volumen era lo bastantemente alto para escucharla desde mi posición. – "¡Son suficientes para matarme! ¡Oh, fuck!"

– "¡No lo harán si continúas evadiéndolos! ¿Ves? ¡Es fácil!"

– "¡Fuuuck!"

– "Esa cabrona sí que ama esa palabra. Pinche pájara, salió muy mal hablada." – Disintió con la cabeza la gnómida. – "Y ustedes dos, ¿ya empezaron a luchar en serio o seguirán revolcándose como puercas en su chiquero?"

Me gustaría replicarle con sarcasmo, pero en ese momento mis manos y pedipalpos estaban demasiado ocupados tratando de dominar a una reacia Dyne en el suelo. Por muy sugestiva que tales palabras pudieran sonar, no me encontraba en apasionada reyerta amorosa con mi compañera mantis. En realidad, intentábamos matarnos. Bueno, casi, pero cuando ambas combatientes poseen duras y quitinosas extremidades afiladas, cualquier movimiento en falso podría ser el último. Sólo era una práctica de defensa personal, pero con las malas vibras entre la Lesbia y yo, todo podría tornarse demasiado violento en cualquier segundo. Yo no tenía nada contra la pelinegra, pero yo seguía siendo una arachne y ella una empusa. Es igual a un grupo de Panzerjägers encontrándose con un destacamento del Ejército Rojo, por supuesto que habrá conflicto.

– "¡Aaahh!" – Gritó la falconiforme al sentir demasiado cerca las raudas balas escapando fugazmente de esos letales cañones dobles. – "¡Casi me convierto en arpía frita! ¡Detenga esto, Instructora!"

– "Continúa maniobrando. Has resistido perfectamente durante estos cortos minutos." – Confirmó la mexicana. – "Si eludes a un arma militar, podrás contra todo."

– "¡Holy shit! ¡Aahh!"

Yo me distraje, preocupada por el bienestar de la mujer que ocupa un especial en mi corazón, momento el cual mi rival de entrenamiento aprovechó para propinarme un buen puñetazo en el estómago. Tan pronto reaccioné, cubriendo mi adolorido abdomen humanoide, ella intentó usar su puntiagudo espolón mantoideo en una de mis piernas, pero mis pedipalpos le bloquearon el movimiento y fue mi oportunidad de regresarle el golpe con mi codo izquierdo en el centro de su tórax. Resistiendo el impacto, me rodeó con sus piernas y atacó mi costado derecho con su puño. Me doblé lo suficiente para que desviar su mano y mis piernas delanteras contuvieron el resto de sus extremidades. Totalmente inmovilizada, parecía que la victoria era mía, excepto que Nikos me pateó la espalda con sus pesadas botas. Ignorando ese duro calzado asediando mi columna, me alcé con ella aún pegada a mí y la estrellé en el suelo para obligarla a desistir. Nos mantuvimos en el vaivén por varios segundos, soportando hasta que alguna se rindiera.

Fue ahí que decidí incorporarme con la griega todavía abrazada y correr hasta la pared más cercana. Sabiendo mi plan, la mantis quiso zafarse, pero se lo impedí clavando las afiladas puntas de mis pedipalpos en su espalda baja y proseguí mi carrera hacia una barrera de sacos de arena. Aceleré mi marcha para estrellarla contra los sólidos costales, con ella luchando por liberarse de mi firme agarre. Cuando estuve a punto de alcanzar la tierra envuelta, el grito de la halcón habiendo esquivado un proyectil me hizo perder la concentración y Dyne obtuvo tiempo para liberar su extremidad superior izquierda y clavarla en mi hombro. Yo estaba protegida por el uniforme, pero la dureza de su verde armadura natural me provocó un agudo dolor, debilitando mi brazo, soltándose ella completamente. Rodó un poco por el suelo y yo me detuve a examinar mi herida.

– "Ah, scheisse…" – Me quejé. – "Tus pinzas duelen."

– "Son para matar, no dar abrazos, genio." – Replicó mordazmente, incorporándose. – "Eso te ganas por distraerte en medio del combate. No vuelvas a hacerlo, el enemigo no será tan benévolo."

– "No puedo evitarlo, Cetania me preocupa."

– "El campo de batalla no es lugar para los sentimentalismos, Jaëgersturm. Deséchalos. Si tu voluntad flaquea, terminas bajo tierra."

– "Lo dices porque no tienes a nadie importante en tu vida."

– "Lo único que me interesa es hacer bien mi trabajo." – Me empujó. – "Y tú sólo entorpeces el mío. ¿Viniste a entrenar o a demostrar lo patética que eres? Anda, encárame de nuevo, y no quiero excusas."

– "Tú no eres quien da las órdenes aquí."

– "La instructora nos comandó que luchemos y eso es lo que hago, imbécil." – Se colocó en posición agresiva. – "Golpéame, Nazi; O yo lo haré primero."

– "¿Podemos descansar un minuto?"

– "No." – Contestó indiferente. – "Lucha."

– "Agh…" – Bajé la mirada, fastidiada. – "Esto e-¡GAH!"

Sin anunciarlo, la empusa me golpeó la mejilla derecha con un soberbio puñetazo. Afortunadamente evitó mi ojo inferior, pero su férrea quitina seguramente me dejó marcas, además de un punzante malestar.

– "Te advertí que lo haría, arachne." – Tronó las vértebras de su cuello. – "Nuestros adversarios jamás te ofrecerán una segunda oportunidad. Vamos, hazte fuerte."

– "Auch. Creí que me odiabas." – Tallé mi herida. – "¿Por qué te interesa que me supere?"

– "No lo hago por ti, sino por el honor de este equipo. Si te rindes, nos decepcionarás ante el mundo. No puedo permitir que tu ineptitud me humille." – Estiró sus dedos. – "Golpéame, Jaëgersturm, muéstrame de que estás hecha."

– "Yo… No estoy realmente motivada. Incluso cuando eres tan insoportable, realmente no te odio, ¿sabes?"

– "Por Hécate, que no me lo creo." – Negó con la cabeza. – "Escucha, hagamos una apuesta. Si logras regresarme el golpe, te compraré todos las figuritas de plástico que desees de la tienda, ¿de acuerdo?"

– "Suenas a una madre coaccionando a su hija para que se coma sus vegetales."

– "¿Está funcionando?"

– "Por supuesto." – Asumí posición defensiva. – "Quiero el pack que incluye quinientos soldaditos con todo y tanques."

– "De acuerdo. ¿Lista?"

– "Nací list-¡AY!"

Usando esa condenada velocidad mantoidea, Nikos casi logra impactarme el rostro de lleno con un espolón. De no ser por mis reflejos de Sparassidae, hubiera probado un bocado del Mitilene Express. Bloqueándola al formar una X con mis brazos, quise patearla con un pedipalpo pero ella lo detuvo con sus brazos medios. Di un salto para apresarla con mis piernas y tumbarla, haciendo ella lo mismo y rodeando mi parte humana con las suyas.

– "Comienzo a creer que haces esto porque te gusta pegarte a mí." – Mencioné al tiempo que forcejeaba. – "¡Auch, eso duele!"

– "Eso fue por asumir estupideces. No soy una maldita torcida como tú. ¡Pelea!"

Realizando un movimiento digno de esos elocuentes acróbatas en los circos artísticos, la empusa giró su cuerpo apoyándose en el suelo e impulsándome lo suficiente para derribarme. Mis ocho extremidades me mantuvieron firme, aunque la fuerza de la griega era desmesuradamente considerable, tomando en cuenta que nuestras masas corporales me ofrecen la ventaja. Resistiendo su hábil técnica, logré escabullir mis manos debajo de sus axilas y pincharle lo suficiente para hacerle reír. Ya desconcentrada la pelinegra y con un movimiento audaz de mi parte, junté mis brazos en su torso y la propulsé hacia el piso, estrellando su espalda violentamente, haciéndola soltarme. Aquello marcó mi victoria.

O eso creí.

Tan pronto me incorporé para saborear mi triunfo, ella reaccionó y propinó una repentina patada doble con sus botas en mi estómago, arrojándome hacia atrás. Levantándose con celeridad, corrió hacia a mí con su puño firme y lo plantó en el centro de mi pecho. Eso me derribó y me desplomé en el suelo de inmediato. Con la aflicción en mi cuerpo, tosí un par de veces, intentando recuperar mi respiración. Incluso cuando ella más pequeña y ligera que yo, sus golpes son realmente efectivos. Admito su superioridad combativa.

– "Nunca proclames un laureado éxito hasta que el enemigo esté completamente derrotado." – Declaró la mantis, sacudiéndose el polvo. – "Si bajas la guardia, dejarás de existir. ¿Quedó claro?"

– "Ja, ich verstehe dich…" – Exhalé y estiré mi mano. – "¿Me ayudas?"

– "No lo mereces." – La estrechó. – "Pero es mi deber como tu aliada."

– "Danke, Dyne." – Le sonreí al enderezarme. – "¿Todos en el ejército Helénico son así de habilidosos?"

– "No, son mucho mejores." – Aseveró, revisando su uniforme. – "¿Tienes el suficiente valor para darme una revancha que no avergüence al dominio Eucariota?"

– "¿Los muñequitos siguen en juego?"

– "Por supuesto."

– "Bueno, en ese caso..." – Troné mis dedos. – "Vas a ser la primera empusa morada de la historia."

– "Las del trópico ya lo son."

– "¡Ay, ya me entendiste, aguafiestas!"

Proseguimos con otra sesión de sparring, intercambiando nuestras técnicas de pugilato. Me gustaría decir que la derroté en esa ocasión, pero ella era demasiado diestra para mí, incluso cuando no soy ajena a las peleas cuerpo a cuerpo. Al menos tan doloroso espectáculo me enseñó nuevos movimientos y ayudó a liberar algo de la tensión que nuestro antagonismo había cultivado todo este tiempo. Algún día íbamos a terminar liándonos a porrazos, así que mejor lo sacamos del sistema antes de que escalara un desenlace menos amistoso y más letal. Al final, terminamos empolvadas, sudadas y con suficientes hematomas para un mes. Nos desplomamos en el suelo, de espaldas, exhaustas y magulladas.

– "Scheisse…" – Exclamé, respirando pausadamente. – "Parezco una uva. Bonita forma de congeniar, verdecita."

– "Pude acabar contigo en cualquier momento…" – Afirmó con los brazos extendidos. – "Pero esa clase de castigo la reservaré para el enemigo."

– "¿Gané la apuesta?"

– "No pudiste vencerme, así que no."

– "Merezco aunque sea un helicóptero a control remoto."

– "La respuesta es negativa."

– "¿Cuántas veces tendré que apalearte para convencerte?"

– "Considerando tu pobre desempeño, diría que demasiadas."

– "En todo caso…" – Sonreí. – "Gracias por todo, Dyne. Prometo mejorar."

– "Hazlo, por el bien del equipo." – Su mirada se tornó melancólica. – "De lo contrario, un día podría ser demasiado tarde y perderás lo que..." – Se pausó. – "Nada. Trata de no decepcionarnos, Jaëgersturm."

Ella se levantó y regresó con las demás. Cetania ya había aterrizado, igualmente agotada y llena de sudor, así como sana y salva. Eso me tranquiliza, ignoro que hubiera hecho si hubiera resultado herida. Me incorporé tratando de no pensar mucho en la enigmática expresión de la griega al pronunciar esas misteriosas palabras. No indagaré en el tema, si ella tiene algo que contar, que lo revele cuando esté lista. Titania nos informó que descansáramos un tiempo antes de continuar con nuestro siguiente paso. Sus recesos han probado ser más cortos que la vida de una granada sin seguro, así que aprovecharíamos cada segundo para recobrar energías.

– "¿Estás bien, pajarraca?" – Le pregunté a la falconiforme con el cabello encrespado. – "Te ves más fea de lo usual."

– "Aria, casi me convierto en queso gruyère, ¿tú qué crees?" – Exhaló. – "Observa tu cara, ¿cuándo te convertiste en una pera de boxeo?"

– "Es que soy fan de Rocky Balboa."

– "Pues cambia al modo Rambo, Stallone, porque seguramente nos tocará algo peor enseguida. Al menos ustedes la tuvieron fácil."

– "Pero debes admitir que realizaste movimientos evasivos que nunca creí ver en ti. Maniobrabas con la gracia de un P-51 Mustang batallando a los Sturmgruppen de la Luftwaffe. Excelente piruetas de tu parte."

– "Que bueno que aquel despliegue de sadismo puro te agradó, flaca, porque casi me desplumaban a base de balazos. ¿En verdad crees que este endemoniado dizque entrenamiento nos ayudará en algo?"

– "Mientras logremos ser parte de MOE, no importa si nos arrojan artillería como en la ofensiva de Argonne." – Encogí mis brazos. Espero no nos hagan correr bajo explosiones, aunque sé que esa enana está tan loca para hacerlo. – "Por cierto, ¿a dónde rayos van a caer los proyectiles que te lanzaron? Sé que son de goma, pero a esa velocidad podrían dañar a alguien."

– "Hay un campo vacío a kilómetros de aquí." – Aclaró Titania, detrás de nosotras. – "No es la primera vez que hacen esta clase de pruebas."

– "¿Puedo solicitar saber el motivo de tan poco ortodoxo método, Señora?" – Preguntó la mantis. – "Es decir, ¿desencadenar un procedimiento tan brutalmente inusual para mi compañera arpía mientras Jaëgersturm y yo practicamos combate cercano? No deseo ofenderla, superior, pero me resulta difícil hallar lógica detrás de tan insólita decisión."

– "Eh, para ser honesta, los altos mandos deseaban calibrar los sistemas defensivos y ofrecí a la gringa emplumada como conejillo de indias." – Reveló sin ápice de remordimiento la latina.

– "Le agradezco la confianza que deposita en nosotras, Instructora." – Masculló sardónicamente la aludida. – "Pero preferiría que primero consultara nuestra opinión antes de practicar delicados métodos."

– "Necesitamos dejar una buena impresión, Cetania. No requeriríamos de llegar a esto si ustedes, papanatas, mostraran una mejor disciplina desde el principio. Como sea, ¿listas para la próxima prueba?"

– "¿Eh? ¿Tan rápido? Pero si no han pasado ni cinco minutos." – Protesté.

– "El tiempo es oro, Jaëgersturm. Tranquila, este será el último ensayo del día." – Retrucó ella, mirando sus dedos despreocupadamente. – "Además, ya conocen el protocolo. Regresaremos al simulacro de asalto a oficinas. Ahora confío en que salgamos mejor paradas. Vamos, será jodidamente divertido."

– "Yippee ki-yay…" – Expresó la rapaz con sarcasmo, voceando perfectamente nuestro sentimiento.

Regresando a esa endemoniada plataforma y esos detestables inmuebles falsos, pasamos el resto del día absorbiendo cantidades industriales de pintura transportada en envases alargados de punta cónica y el doble de dolor. Gracias a mi anterior lid con la empusa, mi ya abatido cuerpo fue vapuleado al máximo cada vez que un proyectil impactaba alguno de mis moretones. Incluso debajo del chaleco, cada bala era peor que la munición de un acorazado a quemarropa. Confesé que me gustaba en medida el dolor provocado por los hematomas, pero hay una diferencia entre tocar una manchita en el brazo y recibir un objeto a quinientos metros por segundo colisionando una herida subcutánea. Después de intensas horas de sufrir una tortura similar a la reservada para los perdedores de la Titanomaquia, el reloj marcó las cinco y media de la tarde y el fin del martirio.

– "Bien, chicas, creo que ha sido suficiente por hoy. Como les prometí, podrán retirarse a sus hogares para recoger sus cosas y luego volverán a los cuarteles." – Informó la agente Smith, casi indiferente a nuestro exhausto estado. – "Jättelund, te agradezco el trabajo."

– "Un placer, Smith. ¿Quieres que lleve a estos bichajos a casa?"

– "Descuida, Zombina lo hará, puedes descansar por hoy, lo mereces. A mí me espera una cita con papel, tinta y burócratas." – Suspiró la coordinadora y se dirigió a nosotras. – "En todo caso, las felicito por sobrevivir el primer día, novatas. Nos veremos mañana a la misma hora, mismo canal."

– "Wunderbar…" – Musité con la cara pegada al piso y el trasero de Dyne en mi espalda. No era tan agradable como sonaba. – "Cuídate, Hauptmann…"

– "Bye, Chief…" – Habló la castaña, extendida como una alfombra.

– "Ghh…" – Balbuceó la griega.

– "Gracias, chicas. Recuerden, solo seis días más en el infierno y el sueño se cumplirá. Ahora deberían ir a ducharse." – Afirmó la pelinegra. – "Y espero disculpen mi rápida partida, pero esos documentos no se firman solos. Nos vemos."

Adoloridas y sin recibir aunque sea una palmadita en la espalda, nos encaminamos pesadamente, como los zombis de las películas de antaño, hacia las regaderas. Dejé que la baja temperatura del agua me lacerara aún más la apaleada existencia, deslizándose por mi figura y curtiéndome la piel. Ninguna de las tres pronunció palabra alguna y nos vestimos con nuestros trajes monocromáticos. Salimos y arrastramos los pies por toda la base hasta desplomarnos de nuevo en el interior de la furgoneta. No hablamos, ni siquiera hubo otro intercambio de improperios entre Nikos y yo, a pesar de que estaba invadiendo su espacio personal. La energía había sido drenada por completo y cada célula de nuestro cuerpo exhalaba su última voluntad biomolecular. Zombina debió apiadarse por un milagroso acto celestial, ya que condujo a velocidad regular. Eso o estábamos tan apáticas para notar la diferencia. Ignoraba quien estaba más muerta, ella o las tres liminales incoloras en la parte trasera del vehículo.

– "¿Saben, novatas? Todo esto podrá parecerles excesivo, pero créanme que están avanzando." – Mencionó la pelirroja. – "Cuando nosotras empezamos, a la pobre de Mana-chan le costaba trabajo adaptarse a la fuerza de los fusiles de entrenamiento; Ahora puede usar un pesado rifle anti-material en menos de cinco segundos con una precisión ultraperfecta. Con suerte, ustedes pronto serán más letales que un batallón de comandos entrenados."

– "¿En verdad lo piensas así, Bina?" – Cuestioné levantándome del helado piso metálico.

– "Por supuesto que sí, araña. A veces, para crecer un poco se necesita recibir de par de duros golpes. El sufrimiento forja el carácter." – Aclaró la mujer con heterocromía. – "Además, sigo creyendo que tienen el talento para pertenecer aquí."

– "Thanks, Bina." – Acotó la falconiforme, recobrando fuerzas.

– "You're welcome. Bueno, me ordenaron llevarlas a casa y la de Kurusu es la más cercana, así que dejaremos primero a la rubia." – Confirmó ella. – "Hey, mantis, ¿tú donde resides?"

– "Los cuarteles de Tokio, no tengo hogar huésped ni lo necesito…" – Replicó la aludida, empujando con dificultad mis piernas en su abdomen. – "Sólo llévame a algún lugar para comer, por favor."

– "Ah, vale. ¿Te parece bien un Burger Fox?"

– "No veo por qué no…"

– "Disculpa, si no es molestia, ¿podrías dejarme en la casa de Aria?" – Solicitó la americana.

– "¿Eh? ¿Por qué?" – Se preguntó la muerta viviente.

– "Necesito discutir algunas cosas con los residentes."

– "Claro, no hay problema. Pasaré por ustedes en dos horas. Pajarita, ¿te recojo con Jaëgersturm o paso a la tuya?"

– "La mía. Debo darle la noticia a Yuuko después de todo."

– "Roger that."

Cetania estaba en el mismo canal que yo. Lo primero que deseaba hacer, aparte de llenar mi estómago, era hablar con Lala sobre el asunto de la luna llena y la ovoposición que tomó lugar en esa ocasión. Tragué saliva, sabía que tal tema no era cosa ligera y la dullahan podría reaccionar de la peor manera. Al menos tendría a la rapaz a mi lado por si la segadora decidía que luciríamos mejor decapitadas y nos ofrecía mejorar nuestro look gratuitamente con el filo de su guadaña. Mientras el transporte se acercaba cada vez más a las conocidas calles y edificios que conformaban la manzana, el corazón se me aceleraba y el sudor volvía a invadirme. La arpía tomó mi mano, calmando en gran parte mi nerviosismo. Finalmente, la conductora se detuvo frente a la entrada, sintiéndome aliviada de volver a casa y preocupada de ya no verla de nuevo si todo salía mal. Bajamos de la furgoneta y después que Zombina se despidiera, admiramos un momento la morada de rojo techo y blancas paredes. Tomando valor, toqué el timbre y una familiar figura azul nos recibió, aunque sin su usual entusiasmo.

– "Hola, Papi." – Saludé a la pequeña. – "¿Cómo estás?"

– "¿A-Aria-nee?" – Preguntó ella, confundida. – "¿Eres tú?"

– "Erm… ¿Sí?"

Los ojos de la arpía de cabello celeste se abrieron, mostrando el cristalino y siempre vivaz iris castaño que brillaba como la aurora boreal que acompañaba a las valkirias. Acto seguido, un enorme y efusivo abrazo emplumado rodeó mi figura. Oh, Arachne mía, en verdad necesitaba tal muestra de afecto después de este día tan infernal.

– "¡Aria-nee! ¡Ya volviste!" – Proclamó ella, con el alma tan pura como el agua de manantial. – "¡Te extrañé mucho!"

– "Gracias, Papi. Yo también te eché de menos." – Le devolví el gesto. Su sinceridad nunca falla en regresarme la alegría.

– "¡Ah, Cetania!" – Exclamó la chica, notando a mi compañera. Sorpresivamente, recordó su nombre perfectamente. – "¡También viniste! ¿Por qué se visten como la conmutadora?"

– "Porque ahora somos parte de MON." – Retrucó la rapaz. – "Y creo que quisiste decir coordinadora."

– "¡Es verdad! ¡Aria-nee, ¿entonces ya van a capturar a los malos?!"

– "Aún no, pajarita. Pero lo haremos muy pronto." – Acaricié su cabeza.

– "¡Recuerda esconderte en una caja y luego quebrarles el cuello como Solid Snake!" – Rió. Cuanta violencia electrónica la de hoy en día, diría mi abuela. – "¡Pasen, pasen! ¡Ya vamos a comer!"

– "Ah, danke, Papi." – Le sonreí. – "¿Pero sabes dónde está Lala?"

– "¿A chuisle?"

Reconocería ese hermoso acento irlandés en cualquier lado. Me volteé y me encontré con esos divinos orbes dorados como divino el arco de Artemisa y esa tersa piel azul, más fina que las ropas de Afrodita, complementada por ese glorioso rostro más radiante que las deidades de cualquier panteón conocido. Mi sonrisa pasó de grande a titánica en una fracción de segundo.

– "¡Spatzi!" – Me apresuré a rodear vehementemente su suave cuerpo con mis extensos brazos. – "¡Zeus todopoderoso, cómo te extrañé, meine Liebchen!"

– "¡Yo también, A chroí!" – Dando un salto, imitó el gesto con el mismo entusiasmo. – "¡Gracias al Infinito Vacío que regresaste!"

Habían sido poco más de veinticuatro horas, pero un día sin ella era como un día sin sol. Y Lala era la estrella más grande y poderosa existente en el universo, la hipergigante azul que iluminaba mi gris sistema planetario. Alzándola, dimos un par de vueltas en el mismo sitio, riendo de estar juntas otra vez para concluir con un apasionado beso. No me habré lavado los dientes esta mañana (gracias a esa molesta enana) y mi aliento sabrá a pollo en salsa, pero eso no importaba en lo más mínimo, porque estaba de nuevo con la persona que amo. Las fuerzas que me abandonaron regresaron de inmediato, recargando mi espíritu al máximo en un parpadeo. Esta mujer era mágica, y completamente necesaria para mi vida, de eso no quedaba duda alguna.

– "¡Eterno Abismo, mira tu cara!" – Exclamó la peliblanca al notar mis hematomas faciales. – "¡¿Qué te sucedió?! ¡¿Estás bien?!"

– "Tranquila, Spatzi, sólo un poco de juego rudo en nuestro adiestramiento. Es normal en el trabajo." – Intenté calmar a la agitada azulita. – "Relájate, este tanque alemán está hecho del más resistente acero y no se doblegará ni con un Panzerschreck. Pero no toques, que duele."

– "Bien, de acuerdo." – Suspiró. – "¿Cómo te fue entonces, A chuisle? ¿Todo resultó favorable?"

– "Aparte de los golpes, diría que excelente. En realidad fue horrible, pero nadie dijo que salvar al mundo sería fácil." – Acaricié su espalda. – "¿Y tú que me cuentas? ¿Estás saliendo del trabajo?"

– "De hecho, fui a…" – Notó finalmente a la falconiforme. – "¿Qué hace ella aquí?"

– "Oh, uhm… Verás… Ella…" – Tartamudeé.

– "¿Podemos hablar en privado?" – Solicitó la estadounidense. – "Es un asunto delicado."

– "Conozco esa expresión." – Afirmó la dullahan, entrecerrando sus ojos. – "¿Acaso está relacionado con el plenilunio experimentado la noche anterior, hija de Electra?"

– "Precisamente." – Confirmó con una exhalación. – "Antes que intentes algo o juzgues a Aria, te ruego me escuches primero."

– "Papi, déjanos solas." – Ordenó con seriedad la irlandesa a la pequeña arpía quien aún seguía con nosotras. – "Que nadie nos interrumpa."

– "¡Oh! ¡C-claro, Lala-nee!" – Hizo un poco diestro saludo marcial y bajó el tono de su voz. – "Pero por favor, Lala-nee, no le haga algo malo a Aria-nee o Cetania-nee."

– "Esa no es tu decisión, entra."

Raudamente, la emplumada se metió a la residencia y cerró la puerta, con nosotras tres paradas solitariamente en el exterior. El ambiente se tornó tenso y ni el trinar de los pájaros resguardándose en sus árboles para descansar nos distrajo de la avasalladora mirada de la segadora Abismal, lista para dictar su cruel sentencia. Haciendo honor a su estirpe, la fría expresión en su pétreo rostro nos mantuvo paralizadas y con el sudor congelado en nuestra frente hasta que ella rompió el silencio.

– "Habla, descendiente de Taumas." – Dictaminó la peliblanca, cruzada de brazos. La halcón suspiró profundamente.

– "Ayer, en la noche, la luna llena no fue lo único afectándome. Si bien el médico nos aplicó una dosis de…"

– "Directa al grano, arpía." – Conminó la dullahan con voz dominante, haciéndonos temblar.

– "Ah… B-bueno… Yo… Yo puse un huevo y Aria me ayudó a recibirlo." – Reveló la intimidada falconiforme. – "Fue una ocasión muy intensa y… bien, quizás experimentamos algo de… uhm… lu-lujuria."

Lala simplemente arqueó su trémula ceja izquierda, el resto de su cara aún impasible. No se necesitaba ser una genio para darse cuenta que la irlandesa no encontró muy agradable tal confesión.

– "¿Eso es todo, incordio alado?" – Indagó la segadora.

– "Bueno, después de expulsarlo, yo…" – Titubeó la americana.

– "Yo agarré el huevo y…" – Traté de ayudar a mi compañera.

– "Descendiente de Arachne, no te di permiso de tomar la palabra." – Me detuvo en seco con su tajante declaración, sin mirar. – "Prosigue, mortal emplumada."

La susodicha inhaló nuevamente.

– "Obligué a Aria a lamer el huevo. Lo hizo y, en la euforia del momento, terminamos besándonos con fanatismo."

– "¿Fueron más allá?" – Cuestionó sin retraso.

– "No." – La rapaz negó con la cabeza. – "Terminamos prácticamente desnudas y nos abrazamos de manera sumamente íntima, pero te juro que no cruzamos la línea. Aún con la influencia selenita y nuestras hormonas desatadas."

– "Jaëgersturm, ¿confirmas la veracidad de tal manifiesto?" – Se dirigió a mí la dullahan, únicamente volteando sus ojos. – "¿Das prueba de buena fe y rectitud de que no quebraste mi voto de confianza siéndome infiel con la arpía aquí presente?"

– "Así es, Lala." – Hice una humilde reverencia. – "Admito que estuve en extremo tentada en dejarme regir por mis pasiones, pero Cetania misma me detuvo de cometer tan imperdonable infamia."

– "¿Por qué evitar consumar el acto con la mujer que tanto deseas y perder tan anhelada ventaja, hija de Electra?"

– "Porque deseo ganar mi derecho sobre ella de manera justa." – Aseveró la aludida, alzando su mirada. – "Aunque te rehúses a aceptarlo, no soy tan ruin para usar un recurso tan inicuamente reprobable como el adulterio. Tengo más honor del que osas darme crédito, segadora."

– "¿Qué hay de los ósculos clandestinos?"

– "Incluso un beso, por más enardecido que sea, no se compara con la gravedad de la traición. La lealtad que ella tiene por ti es algo que, muy a mi pesar, aún no he logrado emular."

– "¿Qué sucedió posteriormente a la ovoposición?"

– "Entramos ilegalmente a la cocina del complejo de apartamentos y consumimos el huevo. Después de comer, nos retiramos a dormir. Eso es todo. Si aún así, todavía deseas vengarte, entonces acep…"

– "Lala…" – Di un paso delante de la castaña, interponiéndome entre las dos. – "Tanto Cetania como yo no carecemos de culpa ni esperamos absolución total, pero te aseguramos que mi palabra jamás fue quebrada. Entiendo perfectamente si deseas desatar tu ira sobre nosotras, pero te ruego que descargues tal cólera únicamente sobre mí. No objetaré."

La dullahan cerró sus ojos y su expresión se tornó lentamente en una de furia. Su respiración se profundizó, con hondas inhalaciones y largas exhalaciones por igual. Su cuerpo entero tembló y distinguimos una débil pero visible niebla oscura emanando de su figura, un ominoso vaho que impregnaba el aire de terror y desesperanza, anunciando el infortunio seguro. No poseía su espeluznante dalla en mano, pero la rabia Abismal contenida en ese compacto envase azul no soportaría más tiempo hasta desatarse en una erupción volcánica, tan implacable como la del Vesubio cuando acabó con Pompeya y Herculano. La irlandesa, todavía tiritando como si fuera a explotar y sin abrir sus áureos globos oculares, se acercó lentamente a mí, con las manos hechas puños y apretando los dientes. Los resoplidos guturales que escapaban de su boca me helaron la sangre y transformaron mi epidermis en un pequeño campo minado de sudor. Cerré mis ojos y esperé a que el juicio del Inframundo me flagelara con las dilacerantes cadenas del castigo eterno.

Y Lala me abrazó.

En un inusitado acto de compasión, la peliblanca me rodeó suavemente con sus femeninos brazos y pegó su cálido cuerpo al mío. Sus fuertes inhalaciones dieron paulatinamente paso a una calmada respiración y sus bufidos cedieron ante el silencio. No hubo golpes repentinos que laceraran mi piel, improperios desmedidos que hirieran mi orgullo o siquiera una mirada fulminante de rechazo; Sólo entendimiento. Suspirando completamente aliviada y sintiéndome la mujer más dichosa de este planeta, devolví la acción, descansando mi cabeza sobre la suya, disfrutando de la agradable textura de su nívea cabellera y esa hermosa esencia que ella siempre despedía. Le permití a las lágrimas escapar de mis cuencas oculares y recorrer mis mejillas libremente, formando pequeños cúmulos de tierra húmeda al impactar el suelo. No había necesidad de confirmar con palabras lo que su proceder ya había ratificado. No era perdón, eso únicamente sería necesario si yo hubiera obrado mal. No, esto era más gratificante que cualquier forma de indulgencia.

Ella confiaba en mí.

La doctora Redguard me aconsejó que siempre fuera sincera con mi pareja, puesto que la honestidad y la confianza son los pilares de una relación estable y duradera. A pesar de lo lasciva que ella pudiera resultar, yo concordaba con su idea, y ahora, tal verdad se hacía evidente con esta remuneradora muestra de afecto, asegurando que la esperanza que la segadora depositó en mí aún no la había abandonado. No merezco a alguien tan comprensiva como ella, en verdad que no. Una arachne tan despistada y torpe como yo no es meritoria de clamar el corazón de tan magnánima persona, pero si esta me ha aceptado, entonces con gusto le seguiré demostrando con todo mi ahínco cuanto la amo. Separándonos, observamos que ambas estábamos empapando nuestras vestimentas con nuestras lágrimas. Acaricié su hermoso rostro, retirando a un lado unos cuantos cabellos cubriendo su lado derecho y ella me obsequió la oportunidad de besar nuevamente sus delicados labios. Haciendo un maravilloso contacto bucal, nuestras frentes se tocaron el finalizar el ósculo, sin que las sonrisas abandonaran nuestros semblantes.

– "Estaba a punto de terminar el almuerzo." – Mencionó ella. – "Dejé un cottage pie en el horno, ¿deseas un poco, A chuisle?"

– "Spatzi, si algún día me niego a tu comida, especialmente el cottage pie, eres libre de practicarme una gastrectomía con tu guadaña." – Bromeé acariciando su cabeza. – "Pero, ¿no estuviste trabajando todo el día en la cocina del Aizawa? No quiero que te esclavices por más tiempo con estufas y sartenes después de laborar, linda."

– "No es ningún problema, lo hice porque sabía que regresarías hoy." – Me dio un beso rápido en la mejilla. – "Incluso preparé los pudines Yorkshire canadienses que tanto deseabas probar."

– "Ay, Arachne mía, ¿cómo es que logras hacerme más feliz a cada momento?"

– "Lo aprendí de la mejor."

– "Excelente. ¿Puedo conocerla también?"

Nos reímos de tan bobo chiste. Incorporándonos, recordamos que una silenciosa Cetania había presenciado nuestro despliegue de amor cubierto de cursilería. Su rostro no mostraba sorpresa, enojo, desagrado o algún sentimiento sardónico, solo una pequeña pero honesta sonrisa. Puedo jurar que detecté indicios de humedad concentrándose en las extremidades de sus ojos, pero podría ser el clima.

– "Sinceramente…" – Tomó la palabra. – "…Ustedes son mas melosas que miel sobre mermelada y más empalagosas que un caramelo relleno de chocolate. Y no sé por qué demonios, a pesar de todo y en nombre de las deidades de mi panteón, lograron conmoverme con tanto absurdo sentimentalismo."

– "Dejando a un lado tus superfluos análisis de nuestra relación, ¿quieres pasar a comer?" – Le sugirió la irlandesa.

– "Espera… ¿Me estás invitando a almorzar? ¿Después de todo lo que hice, bueno, hicimos?"

– "A menos que en verdad tu intelecto sea tan bajo como lo claman los estereotipos de tu estirpe, no necesito repetirte mi ofrecimiento para permitirte degustar las obras culinarias que, junto al humano hospedador y su compañera lamia, hemos concebido para el disfrute de nuestra singular familia, descendiente de Taumas."

– "No vas a envenenarme, ¿cierto?"

– "Tu muerte será lenta y dolorosa, probablemente por el filo de mi falce, pero te aseguro que mi oferta carece de malicia alguna, excepto demostrarte la superioridad de mis habilidades gastronómicas y humillar tu endeble orgullo frente a todo el mundo."

– "Me encanta tu modestia, azul." – Torció la boca. – "Pero en serio, ¿por qué?"

– "Porque aunque seas una peste alada y una execrable molestia evolucionada a partir de saurios terópodos, todavía me encuentro agradecida contigo por facilitarme la oportunidad de hallarme un empleo adecuado."

– "Uhm… ¿De nada?" – Encogió sus hombros la confundida castaña. – "Sigo sin creer que te comportes así luego de todo lo anterior."

– "No lo pienses demasiado o se te olvidará." – Escarneció la peliblanca. – "Además, estoy segura que tu presencia, por más insignificante que sea, le ha sido de utilidad a Aria para mantener su moral durante las arduas horas de entrenamiento a las que se ha sometido."

– "Y durante las apasionadas noches de luna llena." – Sonrió burlonamente.

– "No me obligues a atentar contra la integridad física de tu frágil persona, mortal." – Aseveró. – "¿Aceptarás o decidirás retirarte?"

– "Bleh, no confío en una pitufo tan engreída. Pero, si sobreviví a la artillería antiaérea, puedo con tus horrores alimenticios." – Confirmó con renuencia, pero sonrió ligeramente. – "Y… Bueno, gracias."

– "'Sé do bheatha." – Hizo una leve reverencia. – "Adelante, arpía."

– "¿Puedes al menos llamarme por mi nombre?"

– "No."

– "Pero…"

– "No."

Que no se diga que la pajarita no lo intentó. Y al menos, el que no intenten matarse o realizarse una lobotomía con garras y guadañas significa que vamos por buen camino. Ignoro si la segadora realmente desea retribuir a la falconiforme o si planea agregar paralizantes a la comida para evitar que podamos defendernos mientras nos destripa vivas, pero deseo disfrutar de este inusual momento de paz entre ambas adversarias tanto como pueda. Entramos a la casa y de nueva cuenta, Papi, acompañada de Suu, nos recibieron con enérgico abrazo. Cetania también se llevó un cariñoso trato del dúo plumitas-gelatina. Entonces, hubo dos clases de reacciones por parte de los inquilinos.

– "¡¿Chicas, qué les pasó?!" – Se preguntó Kurusu. – "¡¿Por qué vienen tan magulladas?!"

– "¡Por el tridente de Neptuno! ¡Aria-san, Cetania-san, ¿qué sucedió con sus rostros?!" – Exclamó una preocupada Meroune. – "¡Parece que también fueron atrapadas por esos herejes que se rehúsan a aceptar la verdadera fe sirenil!"

– "¡No había visto cuerpos tan golpeados desde las prácticas de justas sin armadura en mi hogar!" – Declaró Cetorea. Hasta sus orejitas y cola se paralizaron de la sorpresa. – "¡Sugiero ayuda médica inmediata!"

Esa fue una.

– "¡Cariño, ayuda!" – Gritó Miia desde la humeante cocina. – "¡Se volvió a incendiar el hielo!"

Esa fue la otra. Esperen, ¿qué?

– "¿Ya volvieron de repeler a los visigodos? Parecen veteranas de guerra y apenas ayer se fueron al combate." – Opinó Rachnera mientras Suu consumía una botella grande de agua y se dirigía a donde la lamia. – "Pero admito que esos trajes les quedan a la perfección. Lindo detalle el de sus nombres en dorado."

– "Ah, danke, Rachnee." – Asentí a la tejedora. – "Pero por favor, no se escandalicen por los moretones. Como decía mi difunta abuela: Mira, Aria, los golpes son parte inevitable de la vida, sopórtalos como buen soldado. Y si no dejas de llorar, te dejo peor el otro ojo."

– "…"

– "Mi abuela era una horrible persona, ¿de acuerdo?"

– "En todo caso, al menos deberías aplicarte ungüento." – Sugirió Lala. – "Hay un botiquín en la cocina, iré por las medicinas."

– "Te acompaño." – Se unió la rapaz. Hizo una reverencia al resto del grupo. – "Oh, y gracias a todos por preocuparse por nosotras. Nos duelen hasta las neuronas, pero estamos bien. Y les agradezco su hospitalidad."

– "Siempre eres bienvenida, Cetania." – Le sonrió Kimihito. – "Estamos a punto de almorzar, ¿deseas unirte?"

– "Gracias, señor Kurusu, ya me había invitado la azulita." – Contestó siguiendo a la dullahan.

– "¿Eh?"

Con ella fuera de vista, tanto mi casero como las demás chicas me vieron raro. No era secreto que había más que malas vibras entre la castaña y su adversaria Abismal, así que no esperaban tan civilizada reacción estando tan cerca las dos. Rachnera me ofreció un discreto pulgar arriba y yo le guiñé tres ojos. Sinceramente, ni yo me creía que aquello estuviera sucediendo, pero en este loco mundo, cualquier cosa puede pasar, incluso el que mi anhelado sueño de triple felicidad se convierta en realidad. Pff, sí claro, y Smith es la esclava sexual de Doppel, ¡ja! Un momento, ¿por qué rayos pensé tal cosa en primer lugar?

– "Desgraciadamente sólo pude encontrar un poco de crema con aloe vera." – Regresó la irlandesa. – "Nuestras reservas médicas se encuentran peligrosamente austeras."

– "Bueno, eso es debido a ciertos percances, desgraciadamente algo comunes en esta casa." – Se talló la parte trasera del cuello Kurusu. – "Al menos ya no estoy como ese pobre profesor de la universidad… En fin, ¿les parece si toman asiento? Ya es hora de degustar."

Con todas asintiendo y tomando su lugar en la mesa, los tres chefs designados de esta loca residencia comenzaron a servir los platos mientras la aplicaba a la estadounidense algo de ese oloroso líquido transparente en sus heridas. Ella se ofreció a devolverme el favor, pero la segadora fue muy clara en que ese privilegio no le correspondía a la emplumada. Bueno, dije que se toleran mejor, no que ya se volvieron amigas. Con la peliblanca colocando un apetitoso plato de cottage pie, calientito y dorado como el iris de su creadora, junto a varios postres canadienses, mi boca salivó de inmediato. Mi sonoro estómago le dio el visto bueno y empezamos a probar bocado. La halcón tuvo que aceptar que los manjares que la dullahan había preparado eran, sin duda, excelentes, por más en que se esforzara en ocultarlo. Esa manera de lamerse los labios después de cada mordida a su carne era más que evidencia suficiente.

– "Y dime, Spatzi, ¿Qué tal tu primer día en el Aizawa?" – Le pregunté a la azulita.

– "Diría que interesante." – Contestó. – "No por el arte de cocinar, aunque eso tampoco es aburrido. Hablo de la peculiar variedad de comensales que asisten a saciar su hambre."

– "¿Cómo cuales?" – Habló la rapaz.

– "No creo que sea de buena educación hablar de los clientes donde laboro." – Rebatió la irlandesa.

– "No veo el problema, Spatzi." – Defendí el punto de la castaña. – "No es que conozcamos a quienes te refieras o que les importe lo que no saben. Anda, nos dejarás con la curiosidad."

– "Sólo porque insistes, A chuisle." – Suspiró. – "Bien, entre los singulares convidados, hallé inusuales y abundantes parejas conformadas por humanos y liminales. Una de ellas era un hombre joven y su acompañante de felinos rasgos. Aunque la fémina lucía casi como una menor, las facciones en su rostro y la longitud de su cola denotaban su adultez. Pero lo importante aquí, es que a pesar de las penalidades impuestas a tales idilios entre ambas especies, a ellos parecía no importarles. Incluso bajo las miradas de desaprobación de los demás presentes, aunque estos parecían más consternados por la aparente minoría de edad de la nekomata que por su romance."

– "Bueno, no veo nada de extraño en ello." – Acotó Cetania. – "Hemos conocido varias parejas interespecie, incluso con hijos o en espera de ellos, y no parecen tener problemas legales. ¿Cuál es lo novedoso?"

– "El punto no es la licitud de su relación, sino ese auténtico sentimiento de felicidad que irradiaban los dos individuos." – Explicó la peliblanca. – "Sus ademanes, gestos y actitud para con el otro, manifestaban una genuina confianza y placidez. Quizás suene absurdo, especialmente para una Mensajera de la Muerte, pero suspiré satisfecha porque ellos disfrutaban de la vida. Sin embargo, aunque parte de mí también se complacía al atestiguar el florecer del auténtico amor, la otra me indicaba que su existencia es igualmente frágil. No quiero sonar fatalista ni arruinar el ambiente en esta amena merienda, pero los sucesos del centro comercial siempre me recuerdan lo efímero que es la vida para un mortal, y lo fácil que le es perderla."

Hubo un silencio al finalizar sus palabras y ralentizamos nuestros movimientos al tiempo que procesábamos tan delicado tema. Ella prosiguió.

– "Aún así, mi sonrisa no desapareció a pesar de tan irremediable realidad. Porque estoy segura que ellos también lo saben perfectamente. Están conscientes de que ya sea la ley o algún fatídico percance, su bellísima unión podría finalizar en cualquier momento. Pero ellos no se rinden y continúan expresando lo mucho que se necesitan, a pesar de lo que pueda suceder mañana, porque eso es amar.

Aunque me aseguraré de perpetuar la continuidad existencial de Aria después que su alma deba transportarse al otro mundo, sé que una día ella ya no podría estar junto a mí; No podré disfrutar de su sonrisa iluminando mi corazón ni sus dulces palabras alegrando mi totalidad. Es posible que simplemente, ya no podamos vernos nunca más. Cada fantástico momento que paso junto a ella, equivale a una cantidad idéntica de dolor cuando ella cese de vivir. Podría pasar el resto de mi inmortalidad sin la presencia de la mujer que más aprecio y el eterno tiempo jamás podría curar ese pesar, sin importar cuantos eones pasaran.

Pero, jamás consideraría que toda esa aflicción, que todo lo experimentado, fuera un error. Porque ese malestar en mi interior significaría que, por un extremadamente fugaz momento en mi imperecedera existencia, fui feliz, realmente feliz. Todas las veces que me regocijé entre sus brazos, que sus labios se encontraron con los míos, que nuestros ojos se observaron con pasión y compartimos intensos momentos de intimidad, para luego despertar con el calor de su respiración y su hermoso rostro en la mañana, fueron momentos completamente inolvidables, que marcaron mi vida con un férreo cincel diamantino en la indeleble roca eterna. Tendría el placer de haber gozado la dicha de su amor, y eso nada ni nadie podría arrancarlo de mí.

Seguiré siendo feliz, porque ella me amó, y yo también. Y nunca dejaré de hacerlo.

De la misma manera, todos ustedes me han dejado una profunda huella imborrable. Sin importar nuestras diferencias y desacuerdos, jamás me había sentido tan aceptada. Me acogieron en su familia y me ofrecieron más que techo y sustento; Me brindaron su amistad y confianza, me hicieron parte de ustedes. Eso jamás podré agradecerlo lo suficiente, y quiero que sepan lo importantes que han sido para mí. Sin su apoyo, no hubiera reunido el valor para aceptar mi nuevo camino en la vida. Me otorgaron una segunda oportunidad y aún continúan auxiliándome. Perpetuamente he podido contar con ustedes, y jamás me han dado la espalda. Prometo nunca defraudarlos y siempre dar lo mejor de mí.

En términos simples; Gracias. De verdad, gracias por todo."

Para cuando ella terminó su emocional soliloquio con una humilde inclinación, sus ojos se encontraban más que empapados e hipaba ligeramente. No sólo nos recordó lo eternamente agradecida que la dullahan estaba con todos, sino que se arriesgó exponiendo su corazón vulnerable, porque sabía que estaba entre personas de completa confianza. Mi reacción ante tan emotivo despliegue de sinceridad no se hizo esperar y con ahínco tomé su azulado rostro y lo acerqué al mío para premiarlo con un más que merecido beso en esos dulces labios que jamás me niegan el contacto. Estaba extremadamente orgullosa de Lala; Mí hermosa y perfecta Lala. Pronto, Suu y Papi corrieron a ofrecerle un reconfortante abrazo a la conmovida irlandesa. Cetania, igualmente enternecida por la actitud de la segadora, que tuvo el valor de mostrarse tan inerme frente a su supuesta adversaria, le rodeó con un ala, tratando con poco éxito el ocultar sus propias lágrimas.

– "¡También te queremos mucho, Lala-nee!" – Restregó Papi su rostro en las ropas de la peliblanca. Suu usó sus acuosos tentáculos para acariciar a ambas.

– "Wow… No… No imaginaba que nos estimaras tanto." – Se apenó el amable Kurusu. – "En verdad, nos halagas, Lala. Me siento honrado."

– "Fue un discurso realmente inspirador." – Agregó Centorea, sonriendo. – "No hallo más palabras para describirlo. Simplemente grandioso."

– "Soberbiamente estremecedor." – Acotó Rachnera, asintiendo en señal de satisfacción. – "Admito que en verdad nos has llegado profundo, segadora. Igualmente, te damos las gracias."

Seguido de más felicitaciones y agradecimientos de los presentes y con los ánimos recobrados, continuamos con el almuerzo. Todo transcurría de manera normal, excepto que la dullahan se mostraba más tranquila, relajada. Y sumamente contenta. Ella explicó el resto de su día, principalmente para despejar las dudas que yo tenía. Contó sobre cómo logró impresionar a Mio, su jefa, con su habilidad para dominar los platillos irlandeses desde el primer día de reclutamiento, cómo estos pasaron a ser parte del menú en menos de veinticuatro horas y debieron actualizar la carta y hasta la publicidad para acomodarlos. Tan persuasiva es la influencia Abismal. Lo mejor, es que la segadora estaba disfrutando de laborar en su puesto.

– "Pobre hombre, no debe serle fácil vivir con tres dragonas y una serket." – Comenté respecto a otro relato sobre los inusuales clientes. – "Digo, si le hicieron la vida de cuadritos en el pasado a nuestras soldados, no me imagino lo duro que han de tratar a un solo humano enclenque."

– "Y por la forma en que describes sus vendajes, debe estar siempre al borde de la muerte." – Opinó Cetania, tomando otro poco de filete. – "¿Te acuerdas de cómo un par de esas escamosas nos persiguieron, flaca?"

– "Claro, y también recuerdo que casi me matas al hacer esas acrobacias mortales." – Torcí la boca. – "Al menos tu destreza en el aire nos salvó el trasero."

– "Hey, si mi memoria no me falla, tú fuiste quien provocó a la loca esa con cara de psicópata."

– "¡No esperaba que pudiera oírme a esa velocidad! ¡Y menos con todo ese viento aporreando mis tímpanos! ¡Y ni hablar del mareo! Demonios, no sé cómo le hacía mi abuelo para volar cazas."

– "De todas maneras, me tranquiliza que te lleves bien con Mio, azulita." – Se dirigió la rapaz a la peliblanca. – "Cuando le comuniqué a Yuuko que una mensajera de la Muerte misma sería la nueva empleada de su novia gracias a mí, se debatió entre desmayarse y desplumarme por poner a su pareja en peligro mortal."

– "Psst, ¿no le contaste lo del ataque en el distrito comercial, o sí?" – Le susurré a mi compañera.

– "Claro que sí, pero ella no sabía que era precisamente la que intentó degollarme." – Replicó.

– "Uhm… Siento haberme sobrepasado en esa ocasión, arpía." – Habló la aludida. – "Pero debes comprender que tu proceder fue demasiado atrevido y poco grato."

– "Nah, descuida. Yo hubiera hecho lo mismo." – Encogió sus hombros la americana. – "Aria vale uno que otro arpicidio en segundo grado. Aunque sería mucho mejor si te abstuvieras de blandir de nuevo tu guadaña contra mí, si no es molestia."

– "De la misma manera que te solicito el cesar tus intentos por conquistar el corazón de la mujer que por derecho es mía."

– "¿Qué pasaría si me niego?" – Ladeó su cabeza la falconiforme, retando.

– "Rellenaré mi almohada con tus plumas. Y vísceras."

– "No si primero decoro mi cuarto con tus intestinos." – Le sacó la lengua. – "Y a todo esto, ¿tienes sangre roja o azul? ¿Morada? ¿Brilla en la oscuridad?"

– "¿Qué tanto cuchichean ustedes tres?" – Interrogó Rachnera con mueca perversa. – "¿Planeando un trío para celebrar?"

Afortunadamente, había suficientes bebidas para evitar que nos atragantáramos. Luego de una reprimenda verbal por parte de una furiosa dullahan a la arachne de oscuro exoesqueleto, terminamos de comer. Con los estómagos tan llenos, la rapaz tuvo que esperar un poco para evitar que el esfuerzo de volar le causara dolor abdominal. Mientras tanto, la irlandesa me informó que fuéramos a nuestro cuarto para discutir algo importante. Pensé que estaba considerando lo propuesto por la tejedora hasta que me abofeteé mentalmente por imaginar disparates. Una vez dentro y de admirar nuestro pequeño espacio personal que tanto extrañaría el resto de la semana, la segadora abrió un cajón y de ahí sacó un pequeño sobre rectangular envuelto en azulado empaque de papel. No tenía marca alguna que identificara su contenido.

– "Termino de trabajar a las cuatro de la tarde, así que mientras dejaba a cargo a Miia y al Kimihito de la comida en la estufa, aproveché para salir y obtener esto." – Confesó ella, entregándomelo. – "Para que te traiga suerte."

Intrigada por el misterioso paquete, le solicité a la peliblanca el permitirme abrirlo. Accediendo con una afirmación silenciosa, retiré el recubrimiento de biopolímero vegetal procesado, descubriendo una simple, pero hermosa sorpresa.

– "Lala…"

Una bella fotografía de la dullahan, de medio cuerpo, con este en dirección derecha, su rostro al frente, sonriendo y ostentando su fantástico atuendo reminiscente del uniforme de las WAVES. Con su alaciado cabello, sin signos de ese curioso mechón y la pose casi marcial, la irlandesa lucía exquisitamente resplandeciente, con un porte que ni el más condecorado héroe militar podría igualar. Lo más impresionante de todo, es que la segadora no estaba tratando de verse soberbia o valerosa, solamente era ella y su cristalina sonrisa, tan tierna como el más suave beso y tan majestuosa como la más vanagloriada diosa Olímpica. Todo rodeado por un marco dorado que protegía tan estupendo retrato detrás de un impoluto cristal transparente. Es increíble como algo tan sencillo como una imagen puede resultar tan gratificante. Con mi felicidad plasmada de mejilla a mejilla, alcé la mirada para encontrarme con los orbes tan misteriosos y atrayentes de la mujer que amo.

– "Lo digo y lo reitero: No te merezco, Lala."

– "Mereces todo y más, A chuisle." – Besó mi mejilla.

– "Gracias, Spatzi, necesitaba esto."

– "Agradece a tu amiga tejedora, quien me proveyó los fondos necesarios para sacarla." – Aclaró. – "Deseaba un retrato de calidad, así que fui a un buen estudio fotográfico en el centro. Me alegra que te agradara."

– "Me encanta, amor. Lo adoro."

La abracé. Parecía mucho por una imagen, tomando en cuenta que podría capturar a mi chica en cualquier momento con la cámara de mi teléfono o usar una instantánea en esas cabinas que tanto abundan en las calles. Pero, el hecho que se haya tomado tanta molestia en entregarme una ilustración física, vestida perfectamente y con ese semblante tan radiante inmaculadamente agraciado por su honesta sonrisa, convertía aquella foto en un tesoro invaluable, sólo por el mero valor sentimental que representaba. Estaba convencida que me traería tanta suerte como ser descendiente directa de la mismísima Tique. Agradeciéndole de nuevo y postrando el retrato temporalmente sobre la mesita de noche, regresamos a la sala, donde la falconiforme ya se encontraba preparada para partir.

– "Bueno, confieso que en verdad me dejaste más que clara tu destreza culinaria, dullahan." – Reconoció la arpía camino a la salida. – "Ya me siento más calmada. Pensé que la pobre Mio quedaría en bancarrota en unos días."

– "Quizás logre apoderarme de su negocio, si juego mis cartas correctamente." – Afirmó la peliblanca. – "Con eso haré que ella se mude de la ciudad con su amante, y con las dos, tú también."

– "¡Ja, buen intento, azulita! Mio te arrojaría al horno y te volvería brochetas antes que le arrebataras su preciado restaurante." – Rió la castaña. – "Pero, en verdad que estuvo delicioso."

– "Gracias."

– "Escucha, hablando de la dueña…"

– "¿Sí?"

– "Bien, su cumpleaños será en diez días y estaba pensando…" – Se rascó detrás del cuello. – "¿Te interesaría ayudarnos a prepararle algo para celebrar?"

– "¿Cómo qué tenías en mente?"

– "Un bufet sencillo, nada estrafalario. Es una fiesta privada, sólo para amigos cercanos, nada de empleados. A excepción tuya, claro." – Explicó. – "Yuuko hará el pastel, yo el resto y nos hace falta alguien en los demás platillos. Y es únicamente si lo deseas, no te queremos obligar."

– "No veo problema." – Aceptó.

– "¿Eh? ¿E-en verdad?"

– "Claro."

– "Oh, vaya… Bueno, ¡gracias!" – Estrechó la mano de la irlandesa con su ala. – "¡Muchas gracias! ¡Yuuko estará más tranquila!"

– "¿Tienen planeado la fecha de inicio y si es factible terminar a tiempo? ¿No interrumpirá mis horarios de trabajo?"

– "Aria y yo nos graduaríamos en seis días, dejándonos exactamente cuatro para alistarlo. Supongo nos auxiliarías en las tardes, si te parece bien."

– "Entiendo. Y si dices que es un evento pequeño, me parece que no debería haber inconveniente."

– "En verdad te lo agradezco, azulosa." – Le sonrió, estrechando su extremidad nuevamente. – "Por supuesto, todos los inquilinos están más que invitados. Sé que será más trabajo, pero deseamos que Mio se la pase de manera inolvidable. Yo también me ofrezco en ayudar en lo que pueda."

– "Me incluyo." – Proclamé. – "Igual deseo apoyarlas."

– "¡Ah, eres muy amable, Aria!" – Sostuvo mi mano. – "¡Ya quiero darle las buenas nuevas a mi casera! ¡Será fantástico!"

– "Es un placer, pajarita." – Le guiñé.

Con otro estrechón emplumado, salimos de la residencia. Estirando sus amplias y coloridas alas, la estadounidense se preparó para alzar el vuelo. Antes de lanzarse a las alturas de la troposfera, volteó a vernos.

– "¿Azulita?"

– "¿Sí?"

– "Yo amo profundamente a Aria." – Externó, con la vista hacia un lado. – "La amo y eso es algo que nunca dejaré de hacer. Lo decidí desde que acepté mis sentimientos por ella y lo afiancé definitivamente con el ritual que realizamos al dejarla verme poner un huevo. Y te recuerdo que no planeo rendirme en mi tarea de conquistar su corazón. Sin embargo, hoy, con tus palabras nobles, me demostraste que, y aunque ni yo misma me imaginé decir esto alguna vez…"

La rapaz alzó la mirada e hizo contacto visual con la segadora.

– "En verdad mereces que ella te ame." – Confesó. – "Si por algún motivo llegara a fallar en mi objetivo, me sentiré tranquila, porque aunque pierda, sabré que Aria se encontrará en buenas manos. Eso no significa que vaya a claudicar en mi misión."

– "Comprendo. Estamos todavía en guerra, pero al menos eres una contrincante honorable." – Sonrió la irlandesa. – "Gracias… Cetania."

– "De nada… Lala." – Regresó el gesto. – "See ya soon."

Con eso, la arpía dio un potente salto y emprendió un hipnotizante ascenso hacia el cielo, todavía iluminado por los últimos rayos del Helios vespertino. Ambas nos quedamos ahí, admirando su magnífica y veloz elevación hasta volverse un pequeño punto en la lejanía. Ya solas, retomé el diálogo.

– "Lala, tu discurso fue increíblemente importante para mí. No te importa que nuestro tiempo juntas sea un casi inexistente parpadeo en la continuidad universal, tú sigues luchando por lo que amas. ¿Sabes? Incluso cuando soy una soldado entrenada y me he preparado para cualquier adversidad, admito que mi voluntad no es tan sólida como podría declarar mi máscara de disciplina absoluta. En realidad, estoy aterrada por dentro, sumamente aterrada. Me sentía tan intimidada por todo lo que ha pasado y la fe que el mundo ha puesto sobre mí que me costó trabajo concentrarme durante el adiestramiento.

Clamé que me preocupaba el bienestar de la rapaz y que los métodos usados por nuestra instructora eran sumamente extremos. Y, aunque nada de eso es mentira, la verdadera razón es que me sentía demasiado pequeña para hacerle frente a esa responsabilidad. En el pasado, huiría como era costumbre, esperando a que tal compromiso desapareciera si me alejaba lo suficiente. Ya he comprobado demasiadas veces que tal procedimiento no funciona. Ya no podía escapar, y yo aún tenía miedo.

Pero, verte expresarte con tanta vehemencia y pasión, oírte hablar de que nunca te rendirás y seguirás adelante sin que el pasado te detenga o el futuro te intimide, me motivó en demasía. Aquello me hizo ver que no puedo seguir siendo una cobarde. Estoy luchando por ti, por Cetania, por todos lo que me han permitido entrar en sus vidas. Lo he repetido infinidad de veces antes, pero ahora comprendo que en verdad puedo hacerlo, puedo lograrlo. Y voy a lograrlo, porque ahora tengo un deber para contigo y los demás. Y no importa que tan inclinada sea la pendiente, me esforzaré más allá de mis límites para escalarla y llegar a la cima. Voy a sobrevivir al infernal adiestramiento y me volveré una orgullosa defensora de la ley y la justicia. No puedo y no debo decepcionar a nadie, porque ahora todas esas personas a quienes aprecio, creen en mí. No te desilusionaré, porque tú me apoyas, me crees, confías completamente en mí.

Y yo confío en ti. Te amo, Lala."

La irlandesa contestó rodeándome con su brazo y reposando sobre mi cuerpo, con una expresión de solemne felicidad y satisfacción por mi improvisada, pero honesta declaración. La abracé de vuelta y admiramos por varios minutos el cielo naranja, con los rayos de sol pintando a las nubes de un bello rosa y otorgándole una idílica apariencia a la tarde, en calmado silencio. Entonces, ella habló.

– "¿Sabes, Aria? Invité a la hija de Electra a comer porque deseaba estudiar sus verdaderas intenciones." – Manifestó, viendo al aún ambarino firmamento. – "Esperaba que ella dejara al descubierto sus mezquinos designios y usara alguna treta para obtener la simpatía del resto de los inquilinos, como declaré esa vez que aceptó la responsabilidad total por ese infame ósculo en el vagón del tren. Pero, al verla hoy, tan decidida y dispuesta a aceptar la culpa por sus acciones durante el plenilunio, sin más testigos que nosotras tres, me hizo reconsiderar que tal vez ella no era tan desleal como pensaba.

No sólo eso, sino que la conducta mostrada al encontrarme tan vulnerable después de mi monólogo en la mesa, demuestra el compromiso con sus palabras de no recurrir a tácticas tan aleves. Parecerá una mujer terca, testaruda e intransigente por insistir en reclamarte, pero, al contrario de mí, ella considera que el éxito puede no sonreírle en algún momento y está dispuesta a aceptarlo. Tal actitud frente a la derrota, evidencia que en verdad ha madurado.

Y, si puedo sincerarme, creo que su comportamiento actual me ha desvelado algo que me hubiera parecido inadmisible e imposible hace unos ayeres."

– "¿Qué es, Lala?" – Le pregunté, intrigada.

La dullahan me miró con su áureos y misteriosos ojos, sonriendo ligeramente.

– "Que quizás… ella también te merezca."


NOTAS DEL AUTOR: Bueno, hoy sí me aloqué con los monólogos, pero deseaba finalizar este episodio con buena nota y algo de esperanza para la (literalmente) golpeada araña.

En este capítulo quise retratar el sentimiento de volver a casa y cuanto nos hace falta esa sensación de estar en un lugar familiar. Incluso y aunque solamente haya estado ausente por poco más de veinticuatro horas, Aria había sufrido un exhaustivo día entre balas de pintura, regaños y puñetazos quitinosos por parte de una gruñona empusa. Tan demoledor trato se ve reflejado en la narrativa de Jaëgersturm al principio; Sus descripciones son escuetas, breves y se concentra completamente en describir sus acciones directas y no el ambiente, está agobiada y cansada. Por ello hice menciones a ser veterana de guerra, porque así era como ella se sentía.

Entonces, al volver a su hogar, con la mujer que tanto adora, la alegría y el humor regresan junto a esas elocuentes descripciones y alusiones a cada mínimo detalle se hacen presentes. Incluso el acto más sencillo y cotidiano, como los abrazos de Papi y Suu, o una foto de Lala sonriendo, son suficientes para iluminarle el interior a la germana. La residencia Kurusu y sus habitantes significan más que techo y compañía; Es seguridad, confianza… Familia. Al igual que un soldado regresando del frente, Aria realmente apreció que siempre puede contar con un lugar al cual retornar y alguien que siempre estará ahí para apoyarle.

Pero bueno, ya hay demasiados soliloquios como para continuar con el mío, así que mejor aquí le paro. En todo caso, espero hayan disfrutado el leerlo. Los invito cordialmente a dejarme sus reseñas, comentarios y maldiciones vudú, que en verdad lo aprecio. Envío un saludo a los compañeros Paradoja el Inquisidor y Arconte, a cuyas historias referencié en esta ocasión.

¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Auf Wiedersehen!

Ama, hoy es un día especial, al menos déjeme elegir por dónde… Sí, Ama…