NOTAS DEL AUTOR: ¡Saludos a todos! ¡Tarmo Flake regresó! ¡Esperen, no se vayan!
Estamos cada vez más cerca del episodio cuarenta y esto se extiende más que la cola de Miia. Ignoro si ya están cansados de leer este desquiciado relato que alguna vez germinó en mi enferma cabeza, pero mientras me queden energías e ideas, este pesado tanque yurista no se detendrá por ningún motivo. Y nuestro blindaje resiste de todo, garantía alemana. Pero bueno, mejor empezamos de una vez.
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena falsificó sus permisos y reabrió su puesto de tamales! ¡Descuentos en carne humana!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 38
Hogar, dulce hogar.
Nada como volver a casita después de sobrevivir al brutal adiestramiento de cierta gnómida desquiciada. Seré una araña de guerra, pero hasta el soldado más fanático tiene un límite respecto a cuantas balas y castigo puede recibir antes de desarrollar algún subtipo de patología traumática permanente. Creo que ya no podré entrar en una oficina en mi vida sin querer apretar el gatillo contra los posibles enemigos que puedan salir detrás de los muebles ni ver pintura de otra forma que no sea impregnada en mi adolorido cuerpo, pero es el precio a pagar por el entrenamiento para resguardar la justicia. Bueno, eso me gusta decirme a mí misma para evitar admitir que en realidad nos están torturando. Espero el mundo aprecie que sacrifique mi integridad física y mental para que ellos puedan seguir con sus pacíficas vidas. O al menos que me hagan un club de fans; ¡Si Cetania tiene, ¿por qué yo no?!
– "¿Sucede algo, A chuisle?" – Preguntó Lala.
– "¿Eh? ¡Ah, nada, Spatzi!" – Regresé a la realidad. Debería ser astronauta de tanto que ando en otro planeta. – "Sólo pensaba sobre el trabajo."
– "Hablando de eso, no regresarás mañana, ¿verdad?"
– "Desgraciadamente. Mi hogar será el complejo de apartamentos, al menos por los próximos seis días." – Metí otro poco de ropa a la caja. – "Según Smith, para cuando nos graduemos, los nuevos cuarteles aquí en Asaka ya deberían estar listos."
– "Ya veo." – Dobló un par de sábanas. – "Espero eso signifique que podrás residir en la casa."
– "Yo igual lo deseo, Lala. O al menos que me permitan pasar las noches contigo."
– "¿Crees que permitan las visitas conyugales?"
– "Lo ignoro, aunque sería genial que me visitaras de vez en cuando." – Alcé las cejas. – "Y quizás demostrarte lo cálida que es mi nueva cama durante la luna llena."
– "Dudo que te autoricen esa clase de cosas, Aria." – Sonrió ligeramente. – "Deberás conformarte con exponer tus habilidades amatorias bajo el plenilunio en nuestra habitación."
– "Bueno, eso igual me encanta." – Reí. – "¿Sabes? Algún día tendremos nuestra propia casa y ahí podremos ser tan ruidosas como queramos. Conseguiré una cama extra-grande para albergar mi masivo tamaño y a ti sin problemas. Y pondré un espejo en el techo, para observarnos al hacer el amor."
– "Admiro tu vanidad para ambicionar el contemplar nuestros íntimos actos desde diferentes ángulos, descendiente de Arachne."
– "Y eso que todavía no te he propuesto grabarnos en video. Debería pedirle prestada su cámara a esa nutria."
– "Sí que eres osada cuando se trata de satisfacer tus perversiones, Jaëgersturm." – Disintió con la cabeza.
– "¿Alguna vez te has quejado por ello?" – Le abracé desde atrás.
– "Jamás." – Miró hacia arriba y le clavé un beso en sus tiernos labios.
Dándole un apretón a sus suaves glúteos, proseguimos con nuestra tarea de empacar algunas cosas para mi espacio en las barracas. No llevaría mucho, más que ropa, algunas sábanas y mi despertador en forma de tanque. Sólo serían unos días hasta mudarme de vuelta a Asaka. Por supuesto, también me aseguré de incluir esa hermosa fotografía de la alegre irlandesa y su glorioso atuendo militar. Ojalá pudiera convencerla de tomarse en ropa interior para colocarla dentro de mi casillero, o al menos haciendo una pose sexy. Ayudaría mucho para esas noches solitarias que seguramente deberé soportar cuando estemos hasta el tope de ocupadas. Bueno, al menos también puedo contar con que Cetania me haga un striptease mientras yo me satis-¡¿En qué estoy pensando?!
– "Dime, A chuisle, ¿Qué harías si tuviéramos nuestra propia morada?" – Habló la segadora de repente. – "¿Cómo la decorarías?"
– "Oh, ¿a qué viene la pregunta?"
– "Me pareció una idea interesante el imaginarlo. Además, hay que planear a futuro, ¿no te parece?"
– "Entonces, ¿realmente vamos en serio, azulita?"
– "Aria, reclamé la posesión de tu alma, te entregué mi devoción y mi cuerpo, me marcaste con tus dientes, bebiste mi sangre, declaraste el querer ser mi esposa y yo también. Nuestro destino juntas está más que sellado." – Reiteró con mirada seria. – "Además, aunque quisieras retractarte, ¿Acaso piensas que te desharías de una dullahan tan fácilmente?"
– "¿Y acaso crees que quisiera deshacerme de lo mejor que me ha pasado en la vida?" – Retruqué con mis manos en la cintura. – "Lala, me he encargado de asegurar sobradamente que únicamente me perteneces a mí. Causaría un genocidio universal sólo para que nadie más pusiera sus sucias manos en ti. Y sabes que como arachne cazadora alemana, el exterminio es mi especialidad. ¡Demonios, me haría un traje con tu piel para obtener exclusividad absoluta!"
– "Eso es demasiado hasta para una Abismal. No vuelvo a dejar que leas El Silencio de los Inocentes."
– "Pero no miento cuando digo que jamás te dejaré ir." – La tomé de los hombros. – "Estaremos juntas por toda la eternidad, ni la muerte podrá separarnos."
– "Lo sé." – Sonrió. – "Tu alma perdurará a mi lado incluso después de cesar tu existencia física en el plano terrenal."
– "Te amo, Lala."
– "Y yo a ti."
Otro beso aconteció. Un simple pero significativo acto que reconforta al alma y sella de buena manera todo diálogo entre parejas.
– "Aún no respondes a mi cuestión original." – Me recordó la irlandesa, tocando mi nariz con su índice.
– "Oh, uhm, bueno…" – Rasqué el posterior de mi cuello. – "Supongo que no sería nada estrafalario ni ostentoso, únicamente una casita regular, de dimensiones suficientes para permitirme maniobrar fácilmente. Quizás lo único extenso sea el patio, para organizar reuniones con las amistades y para que las niñas jueguen libremente."
– "¿Las niñas?"
– "Las hijas de Herr Kommandant." – Aclaré. – "Tú sabes; Seis esposas, incluyendo una lamia calenturienta y una arachne igual de pervertida. Nuestro casero deberá construirse un hotel sólo para albergar a su familia. Te aseguro que él solito aumentará la población mundial de tejedoras en el continente asiático."
– "Oh, sí, entiendo. Admito que también comparto la idea de vivir de manera sencilla, nunca me acostumbré a los lujos ni riquezas, especialmente después de las malas experiencias con mi primera familia anfitriona."
– "Ya veo. En mi caso, el afán de mi abuela por probar tercamente que nuestro apellido aún era importante, la llevaba a comportarse muy petulante y aristocrática." – Remembré. – "Me obligaba a casi no mostrar emociones que no considerara 'nobles', a comer con estrictas normas en la mesa o a rigurosamente tomar líquidos con esas condenadas pajillas metálicas, nunca a beber del vaso. Sinceramente, yo odiaba tanta pretenciosidad y mendacidad. Pero al menos, confieso que tenía excelente gusto para la moda; Ambas compartíamos el amor por los uniformes militares."
– "Comprendo, A chuisle. Yo heredé de mi matriarca no sólo mi apariencia y su léxico, sino su aprecio por el trabajo. Quizás su filosofía respecto a la vida sea diferente a la mía, pero las dos respetamos el ganarse las cosas por medio del esfuerzo." – Miró al techo, pensativa. – "Ignoro por qué se comportaba de manera tan contradictoria al despreciar el valor de los mortales, a pesar de que su continua lucha contra el breve tiempo de su existencia representa el mejor ejemplo de subsistir por medio del empeño y sacrificio."
– "Y aún así, no podemos negar la influencia que han tenido nuestras familias, incordios y contradicciones aparte."
– "Absolutamente de acuerdo."
– "Eso no significa que te dejaré vivir en una pocilga, Spatzi. Me aseguraré de darte siempre lo mejor y que nunca te falte nada, tienes mi palabra."
– "Estoy segura que sí, A chuisle." – Acarició mi barbilla. – "En todo caso, creo que ya terminamos de empacar todo. ¿No necesitas nada más?"
Respondería que un poco de sexo para compensar la ausencia, pero no pretendía irme con un chichón en la cabeza, aún no se me quita el dolor de mis moretones, por mucho que la peliblanca me haya untado esa pomada marca Tía Fana. Al menos huele bonito.
– "Bien, ya que lo preguntas." – Hice mueca pensativa. – "¿No tendrás de casualidad 30,000 yenes por ahí?"
– "¿Para qué requieres tal cantidad de capital?"
– "Encargué un cañón de repuesto para una ametralladora a una saltarina de Sparassus y me comprometí a pagarle cuanto antes. Es para reparar mi arma de trabajo. Sólo me sobran 16,400 e ignoro de donde sacar el resto."
– "Lamento no poder apoyarte, A chuisle, pero mi paga no será hasta en dos semanas."
– "Está bien, la culpa es mía por desesperada." – Suspiré. – "No quiero recurrir a pedir prestado a nadie. Mero ya me ayudó suficiente con lo del concierto y Rachnera ha sido muy amable al auxiliarte con lo de la foto, sin contar que me soportó cuando estuve deprimida. Tampoco quiero ser una carga para Herr Kommandant o las demás."
– "Tal vez podría vender algo de mi ropa. Realmente no necesito tanta."
– "No, Lala. No te deshagas de tus pertenencias por mis caprichos." – Disentí con la cabeza. – "Descuida, ya hallaré una solución. Además, sólo es una saltarina, ¿Qué va a hacer si no le pago? ¿Enviar a una loca con un hacha gigante para ejecutarme? Estaré bien."
Bien muerta, las Delenienses suelen ser vengativas si alguien rompe su palabra, por muy chiquitas que sean. De todas maneras, el tiempo se agotaba y con todo ya preparado, sólo me quedaban como treinta minutos antes de regresar a Tokio. Me encantaría que la flecha del tiempo se retrasara unos días más, pero sé que Crono no me hará ese favor. Le di un último vistazo al cuarto, sabiendo que extrañaré el reposar plácidamente junto a mi querida dullahan y sentir ese relajante calor sobre mi frío exoesqueleto antes de dormir. Una idea me vino a la mente y aproveché para sacarme una pequeña duda.
– "Uhm… ¿Lala?"
– "¿Sí?"
– "¿Cómo te fue anoche, en la luna llena? ¿Nadie intentó nada extraño?"
– "Te aconsejé tener algo más de fe en los inquilinos de esta morada, A chuisle." – Afirmó. – "Me complace reportar que disfruté de una tranquila velada sin interrupciones de ninguna clase. Lo mismo para el resto de la casa."
– "Me pregunto si Herr Kommandant les administró algún tranquilizante a las chicas antes de dormir. ¿En verdad no sucedió nada? ¿Ni siquiera extraños gemidos nocturnos?"
– "Me temo que las únicas que han incomodado a los habitantes de esta residencia con sus indiscretos sonidos, hemos sido nosotras."
– "Genial, las más preocupadas son la más descaradas." – Me reí por la ironía. – "Pero me alegro que estés bien, Spatzi. Sin embargo…"
– "¿Qué sucede?"
– "¿De verdad…? ¿De verdad no estás furiosa por lo que hicimos Cetania y yo?" – Pregunté con temor. – "Digo, ayudarla en un acto tan íntimo y besarla apasionadamente no es para tomarse a la ligera. No tuvimos relaciones, pero ella experimentó un claro orgasmo que yo le ayudé a compartir. Podría decirse… Que hicimos el amor. De una manera completamente poco común y heterodoxa, pero cargada igualmente de los mismos intensos sentimientos."
La segadora suspiró y miró al suelo.
– "No negaré que tal idea me parece totalmente inapropiada y absolutamente inaceptable. Estoy más que segura que ella afianzó sus lazos sentimentales de sobremanera al hacerte participar en tan personal suceso y tú correspondiste, siguiendo los francos deseos de tu interior. También sé que ahora, la arpía se ha vuelto parte indeleble de tu vida y anhelas su perpetua compañía para la eternidad." – Alzó la vista. – "Sin embargo, aquello sería exactamente igual si intercambiáramos los papeles de esta inusual obra que es nuestra vida. Si fuera Cetania la dueña actual de tu persona y, esta dullahan la competidora sin esperanzas, yo continuaría luchando con vehemencia por tu afecto. Y tú me amarías también, porque aunque siempre ocultas tu dolor y miedos tras ese antifaz de ingenuidad y torpeza, tú alma es más que honesta cuando se trata del corazón. Lo acepto: Realmente la amas, como tú a mí. Es una verdad innegable.
Por ello no puedo seguir cocinando el rencor sobre las incontenibles llamas del odio, por mucho que no esté de acuerdo con tu infatuación con esa mujer. Aunque tal relación pareciera una simple limerencia, no puedo estar en contra de los sentimientos verdaderos. Ya he pasado demasiado tiempo reprobándola a ella y a mí misma. No deseo repetir los sucesos que nos arrastraron a casi perderte para siempre y destruir nuestro hermoso lazo; Te amo y necesito demasiado cómo para cometer tan indeseable error nuevamente.
¿Estoy enojada? Sí, ¿Deseo que aquellos despliegues ilícitos de pasión cesen para siempre? Por supuesto, ¿Sigo considerando que la descendiente de Electra no es más que una peste alada y una ilusa? Definitivamente.
Pero, ¿acaso eso la detendría a ella? ¿A ti? ¿O a mí? Ella es tan obstinada como yo cuando se trata de conquistar y poseer, jamás cedería a su determinación. Y tú tampoco. Es por esa razón que no pretendo seguir buscando batallas contra una fuerza imparable como la voluntad de Cetania. No, yo libraré mi lucha, como el objeto inamovible que es mi perseverancia, de la mejor manera que sé: Demostrándote cuanto me importas y recordándote cuanto me necesitas tú. La derrotaré no con violencia ni agresión, sino con mi éxito. Le mostraré a ti y al mundo que yo, sin duda alguna, soy la que merece el triunfo.
Te amo, Aria, y te seguiré amando hasta el fin de los tiempos. Y al final, yo ganaré. Porque soy una dullahan, una hija del Abismo, la Mensajera de la Muerte, la Enviada del Inframundo, la heredera y única descendiente de la segadora del Leinster, la dueña indiscutible de tu vida, cuerpo, corazón y alma."
La irlandesa me agarró del cuello de la camisa con una fuerza tremenda y me mantuvo con firmeza para encararme, con sus tanto enigmáticos como atractivos ojos observándome fijamente; Penetrantes, hipnotizantes, dominantes, seductores.
– "Porque yo soy Lala."
Con un inesperado movimiento de su desnuda mano, la peliblanca colocó sus dedos alrededor de mi boca, apretando mis labios, como si me incitara a besarla. Acercó lentamente los suyos, sintiendo su profunda respiración sobre mi piel. Con esa mirada tan dictatorial y su impasible expresión, igual al de una depredadora sobre su presa, la segadora se detuvo a centímetros de hacer contacto bucal. Sonriendo maliciosamente, jugó con su dedo índice con mis labios, moldeándolos como arcilla fresca a su gusto. Entonces lo insertó en mi boca. Con una mueca casi imperceptible, me ordenó chupar su dígito y le obedecí. Degusté su delgada y dulce extremidad como si de una paleta se tratara, lenta y metódicamente. A pesar de la erótica carga que un acto así podría connotar, mi único sentimiento era desconcierto e incertidumbre por la misteriosa e imperiosa actitud de la dullahan. Perezosamente, retiró su humedecido dedo, unido a mí por un delgado hilo de saliva. Inconscientemente, traté de volver a regresarlo a su lugar anterior y volver a lamerlo, pero ella lo alejó, provocándome seguir su mano y haciéndome terminar a milímetros de su rostro.
– "No olvides que puedo subyugarte en cualquier momento, arachne." – Declaró ella con sedosa voz. – "Me perteneces y seguirás siendo completamente mía por los imperecederos eones. Soy tu propietaria, tu emperatriz, tu diosa, tu ama y señora absoluta. Trátame bien…"
La irlandesa empujó mi cara hacia atrás con suavidad, pero me impulsó lo suficiente para hacerme retroceder un par de pasos.
– "Y quizás yo sea generosa contigo." – Aseveró. – "¿Entendido?"
– "Sí…" – Musité.
– "Perfecto." – Avanzó hacia mí y dio un par de palmaditas a mi mejilla. – "Termina de mover esta pesada caja, esclava."
– "Jawohl, meine Königin…" – Respondí aún anonadada.
Tomando el contenedor en mis manos, salí del cuarto con la segadora detrás de mí. Lo moví hasta la sala, colocándolo cerca de los muebles. Con sólo prendas de vestir y unos escasos objetos de pequeño tamaño, no era para nada fatigoso, pero el objetivo de Lala era simplemente demostrarme la facilidad con la que puede dominarme. Y sinceramente, lo adoraba. Me encantaba que ella, a pesar de nuestra diferencia en estatura y masa corporal, fuera capaz de domeñarme como a un gatito solamente con palabras y una fuerte personalidad. Yo era su más fiel seguidora y obedecería completamente a sus mandatos, porque en verdad que lo merece. Incluso al mostrarse tan avasalladora, continúa enamorándome.
– "Quisiera ser tan poderosa como tú, Spatzi." – Le dije, recuperándome de mi estupefacto estado. – "Serías una excelente líder."
– "Lo aprendí de ti, A chuisle." – Respondió, sentándose en un sofá, cruzando las piernas y manteniendo esa aura tan autoritaria. – "Quien mejor que una hija de Sparassus para enseñarme sobre control absoluto."
– "Yo no poseo esa tenaz actitud, meine Kaiserin."
– "Claro que sí. Pero casi nunca la sacas a relucir."
Me indicó que me acercara. Obedecí sin dilación. Al hacerlo, me dio una muy suave bofetada en la mejilla y sonrió.
– "Porque a ti te fascina ser dominada, ¿Cierto?"
– "Soy masilla en tus manos, Lala." – Me hinqué y besé su mano como si de una reina se tratara. – "Solicito humildemente que me permita el asearme propiamente, su majestad. Me temo que las regaderas de los cuarteles militares no son tan reconfortantes como la ducha casera."
– "Concedido, plebeya." – Rió, siguiendo el juego. – "Pero no demores, puesto que tu partida está muy pronta."
– "Das ich soll." – Ofrecí una reverencia, emulando a un caballero cruzado ante su soberana.
– "Te echaré de menos a ti y esa peculiar personalidad tuya, A chuisle." – Sonrió, mimando mi cabeza. – "Ciento cuarenta y cuatro horas sin tu presencia se me hacen más largas que la eternidad misma."
– "Yo estaré peor. Tantas noches cansada, vapuleada y sin siquiera poder recurrir a una sesión privada con mis manos. Esos apartamentos tienen paredes demasiado delgadas y todo el mundo oye mis cuchicheos."
– "En ese caso, trata de contenerte para cuando vuelvas." – Colocó su dedo en mi boca. – "Y tu magnánima señora te recompensará sobradamente."
– "Oh, querida." – Tomé su mano con las mías. – "Ahora sí que juro regresar con vida."
– "¿Es lo único que te mantiene a mi lado?" – Ladeó su cabeza. – "¿Solamente piensas en tener sexo conmigo?"
– "Todo el día…" – Le susurré a su oído. – "Todo el tiempo…"
Con una jactanciosa mueca de mi parte, miré fijamente a sus dorados orbes y a sus sonrojadas mejillas. Acto seguido, nos unimos en otro fogoso y atrevido beso, gimiendo para nuestro deleite y riendo por lo descarado de mis palabras. Me incorporé para apresar a mi pareja completamente, reposando mi masiva entidad corpórea sobre la suya, haciendo lucir aún más pequeño el sillón, diseñado para figuras y tamaños humanos. Recorriendo entusiastamente nuestros cuerpos, delineando nuestras curvas con los dedos y respirando la esencia de la otra, los besos se extendieron desde las mejillas hasta el cuello. Inhalando profundamente el dulce olor de la irlandesa, mis labios y lengua tatuaron su descubierto cuello con mi saliva, haciendo ocasionalmente contacto con la cadena de su collar al tiempo que sus manos proseguían transitando libres por mi espalda. En un pequeño momento de audacia, tomé su pecho izquierdo y lo apreté ligeramente, haciéndole emitir un sonoro gemido de placer.
– "Di mi nombre…" – Le ordené, susurrando.
– "No…" – Desafió de la misma manera.
Aquello sólo me incitó a agudizar mi lascivo ataque de besos, asaltando de nueva cuenta su cuello y desplazándome gradualmente para realizar un asedio a su boca. Invadiendo con la fuerza de un destacamento blindado, mi lengua se abrió paso entre los labios azules de mi amante y obligó a la suya a luchar contra su hambrienta contraparte. Enfrascándose en esa conocida pero siempre intensa batalla de lujuria bucal y deleites gustativos, lentamente retiré mi lengua, unida por el más que familiar y ya conocido hilo de saliva. Deseando que mi juguetón órgano volviera a complacerla, la boca de la irlandesa buscó a su presa que yo tentativamente dejé al descubierto. Invirtiendo los papeles de hace un momento, ella ahora era la que succionaba una parte mía como si fuera un caramelo, con rijoso ahínco. Era impúdico y quizás hasta obsceno, pero al mismo tiempo, sumamente erótico y sensual. Ella estaba ávida de placer y yo dispuesta a satisfacerla hasta el límite.
– "Di…" – Insistí. – "…Mi nombre."
– "Aria…"
– "Buena esclava." – Me relamí los labios. – "¿Quieres que te recompense, profundamente?"
– "Sí…"
– "Ehem…" – Carraspeó Miia de repente.
Fue ahí que el hechizo se rompió y recordamos que ambas nos hallábamos en medio de la sala, a la vista de todos y, precisamente frente a todos. Nos detuvimos de inmediato. Nuestros corazones, de por sí ya acelerados, podrían oírse fácilmente a millas de distancia. El sudor frío reemplazó la cálida saliva y los acalorados movimientos dieron paso a una estoica rigidez corporal. Los ojos de los presentes no nos quitaban la vista de encima, por muy ruborizadas que se encontraran sus mejillas, suplicando que desistieran de su inquisidor juicio afásico. Más allá del sonido de los parlantes del televisor, provenientes de los juegos de video que Papi y Suu rigurosamente solían practicar, el ambiente era completamente silencioso.
– "Y luego dicen que una es la calenturienta." – Expresó la lamia, cruzada de brazos.
Tragando saliva sonoramente y sabiendo que las excusas eran irrelevantes, nos incorporamos y tomamos diferentes caminos. Yo a darme una muy necesaria ducha y ella a la cocina. No ha pasado mucho desde que terminamos de comer, así que sólo debió ser un pretexto para desaparecer de ahí, cosa que entiendo perfectamente.
Asegurándome de colocar seguro (valga la redundancia narrativa) a la puerta y más roja que una fresa, me apresuré a tomar la regadera y permitirle al agua quitarme la vergüenza. Demonios, eso sí que fue embarazoso, ¡pero no puedo evitarlo! Después de todo, el mundo entero desaparece cuando estoy con Lala, siendo nosotras dos las únicas personas en la continuidad de esta loca existencia. En verdad necesitamos conseguirnos una casa propia, así nadie se importunaría con nuestros románticos y francamente descarados despliegues de arrebato pasional. Pero ya tendré tiempo de conjeturar sobre propiedad privada en otra ocasión, todavía me esperan seis malditos días de tortura Dantesca y 13,600 yenes que reunir. Argh, de no ser por mi impaciencia, hubiera enviado una carta a mi madre y ella podría haber conseguido un juego de reemplazos por menos de la mitad. Suspirando y sabiendo que la única culpable era yo, terminé de lavar mi cabello y secarme, vistiéndome con mi ropa regular. Bueno, viéndolo por el lado amable, tendré la mente sucia pero mi cuerpecito limpio. ¡Y en verdad que nada supera a una buena ducha casera! Cepillando mis dientes (y recordando que casi olvidaba llevarme mi equipo dentífrico), alguien tocó a la puerta.
– "¡Un momento, bitte!" – Dije con espuma escurriéndome de la boca.
Enjuagándome rápidamente y destrabando la entrada, me encontré con Rachnera. Cargaba una caja de tamaño mediano en sus quitinosas manos, con un logo que conocía perfectamente: El de la oficina postal de Sparassus. Parece que mi encargo llegó antes de lo esperado. Ella entró y cerró la puerta.
– "Siento interrumpirte, cazadora, pero acaban de traerte esto." – Informó la tejedora, entregándomelo. – "No pude evitar notar los sellos de tu nación. ¿Haciendo encargos a casita, alemana? ¿Acaso es algún juguete para disfrute de ti y tu dullahan?"
– "Esta vez no." – Traté de no seguirle el juego y comencé a retirar la envoltura. – "Es simplemente un pedido que le hice a una paisana. Una pieza para mi trabajo."
Ya habiendo quitado el papel beige que cubría el contenedor de cartón corrugado y usando mis afilados dedos a manera de cuchillo para cortar la cinta adhesiva, me encontré con un estuche metálico, protegido por un pequeño candado de combinación, como el de una caja fuerte. No había instrucciones o pista alguna sobre cómo descifrar el código del seguro, pero no lo necesitaba, tal medida de precaución estaba diseñada para los profanos y no versados en la cultura Sparassediana. Girando la pequeña perilla en dirección contraria a las manecillas del reloj hasta el número nueve y apretando el centro de esta, las fibras metálicas que apresaban el contendedor cedieron instantáneamente y me permitieron acceso al interior de la caja. De haber dado vuelta en otra dirección, hubiera activado el mecanismo interno de bloqueo e impedido la manera de abrirla, relegándome a recurrir a un soplete u otros métodos más abrasivos.
– "Curiosa manera de proteger las cosas." – Mencionó ella, agarrando el candando caído. – "¿Son todos sus artilugios igual de ingeniosos?"
– "Hay al menos cinco clases de seguros similares, y esos son sólo los disponibles al público. Cada uno con su propio método particular y únicamente diferenciables por las sutiles marcas que indican la manera de destrabarlos." – Expliqué. – "Esta es de la región de Delena, las más sencillas pero muy efectivas. Nadie se imagina que la respuesta es tan simple, por eso funciona."
– "Tu nación sí que es paranoica para recurrir a tantas medidas de seguridad."
– "Bueno, son necesarias para cosas como esta. No querrás que cualquier mono pueda hacerse con material bélico." – Abrí el contenido y me sorprendí por este. – "Oh, meine Göttin..."
Dentro, no había uno, sino tres delgados tubos octagonales metálicos de 565 milímetros, perfectamente torneados y en prístina condición. Protegida por la suavidad del aserrín y envueltas a la medida en plástico, saqué los delgados cilindros de su bolsa y los admiré detenidamente. No era la clásica aleación de acero inoxidable y polímeros, sino algo más sólido. Miré de nuevo la caja, preguntándome el porqué ignoré leer la etiqueta. Al hacerlo, entendí perfectamente todo.
– "Oh, señora Tzeranth, la besaría si pudiera." – Musité.
Directos de nuestras fábricas en Palystes, no eran ni más ni menos que cañones de alta eficiencia de titano. El metal ofrece una mayor resistencia al calor y permite disparar por más tiempo antes de sobrecalentarse. También evita las deformaciones y la mitad del peso que la de otros materiales. Con seis estrías dextrógiras en lugar de las cuatro regulares, estas bellezas aseguraban estabilidad al proyectil en vuelo y mayor rango. Incluían también las herramientas de limpieza y la obligatoria mira anti-aérea. Ahora comprendo el elevado precio que esa saltarina exigió, a pesar de que un simple repuesto es increíblemente barato en nuestro país; Estos objetos eran la segunda mejor calidad que podía conseguir, y por supuesto que no eran nada económicos. No me esperaba tener la suerte de usar las finas obras de arte creadas en la ciudad fundada por Helga Langschwert.
– "¿Estás bien, zanquilarga?" – Preguntó Rachnera. – "Pareciera que encontraste el mítico vellocino de oro."
– "No, pero es similar." – Acaricié los delgados tubos. – "Arachne nuestra, protege a Rachel y a su santa madre por ser tan buenas."
– "¿En verdad son tan valiosas esas cositas?"
– "Más que mi vida, de eso estoy segura." – Reí, colocándolos de nuevo en su empaque. – "Ahora el problema será como demonios pagarlas. Me costaron 30,000 morlacos y sólo tengo poco más de la mitad."
– "¿Pediste algo que no puedes costear?"
– "Lo sé, soy una tonta, pero debes comprender que es para mi herramienta de trabajo. No hallaría la pieza aquí fácilmente."
– "Ya veo." – Ladeó su cabeza. – "¿Quieres que te apoye con el resto?"
– "Oh, no es necesario, Rachnee. Ya he sido una molestia para ti desde que llegué a esta residencia. Me has soportado demasiado como para seguir incomodándote por mis tonterías."
– "¿Por qué siempre rechazas la ayuda cuando te la ofrecen, Jaëgersturm?"
– "Porque me siento como una sanguijuela si no puedo retribuirles el favor. ¿Qué he hecho para merecer tanta generosidad? Ustedes no deben cargar con mis problemas."
– "Aria, las familias se apoyan porque se quieren, no por compromisos. Creí que ya habías aceptado que eres parte de esta casa."
– "Lo sé y me siento honrada, pero debes conceder que siempre estoy pidiéndoles favores. Suficiente tienen con aguantar las estupideces que cometo, como la de hace un momento en la sala. Me dan demasiado y yo no retribuyo nada."
– "Estás entrenando para ser parte de MON y resguardar la paz, eso es más que suficiente." – Afirmó. – "Vas a arriesgar tu vida para proteger las nuestras, como lo hiciste en el centro comercial. Sacrificio más grande no puede haber, Aria."
– "Te agradezco el cumplido, Rachnee, en verdad. Sin embargo, no dejo de sentirme mal por tanto que requiero de todos. Incluso le prestaste a Lala para que me obsequiara una foto, eso no era necesario, únicamente un simple capricho inútil."
Una sorpresiva bofetada me hizo tambalear y casi soltar la caja en mis manos.
– "¿Inútil? ¿Así es como llamas al regalo de la mujer que amas?" – Cuestionó la enfadada tejedora. – "Si no estuvieras tan golpeada, te propinaría un soberbio puñetazo, por ser tan idiota. ¿Sabes por qué ella se tomó la molestia de hacerlo? ¡Porque te ayudaría, araña zopenca! ¡No lo hizo por un nimio capricho, como te atreves a acusar, sino porque estaba consciente que el tenerla cerca te motivaría cuando más lo necesitaras! ¡No estará a tu lado físicamente, pero ella siempre te apoyará incondicionalmente para que des lo mejor de ti!"
Estupefacta, guardé silencio mientras ella prosiguió.
– "Cazadora, todo lo que hacemos es para apoyarnos, siempre. Todo tiene valor, no hay acción irrelevante, por más pequeña e imperceptible que pudiera parecer." – Declaró colocando sus manos en mis hombros. – "Es como esa historia que mi Querido relató a Cerea en aquella ocasión; Aunque no sea mucho, nuestros actos tienen más peso del que creemos. Dime, ¿no te sentiste revitalizada al sentir el suave abrazo de tu irlandesa, aunque ya los hayas experimentado cientos de veces? ¿O cuando Papi te ofrece una angelical sonrisa honesta? ¿Qué hay de un simple 'gracias'? Nada carece de importancia, porque así nos ayudamos.
Parecerá que siempre estás necesitada de nuestra asistencia, que te aguantamos de sobremanera, especialmente después de tus nada escasas metidas de pata. Pero aún así, continuamos auxiliándote, porque eso es una familia. Nos importas, y estoy segura que nosotros te importamos aún más. Es decir, mírate: Una futura agente de MON, la mismísima exclusiva unidad liminal encargada de resguardar la paz, la que protegió a civiles durante auténticos atentados criminales. Nunca podríamos pagarte lo que haces por la sociedad. Quizás no salves al mundo ni te conviertas en una laureada heroína internacional, pero podremos dormir tranquilos sabiendo que tú estás siempre vigilante y, date cuenta de lo que voy a decir, dispuesta a ayudar a quien más lo necesita, sin esperar nada a cambio. No le exigirías alguna clase de retribución a una víctima de secuestro después de rescatarla, ¿verdad?
Dudo que hayas aceptado tal puesto para obtener bienes capitales o gran fama, o que arriesgaras tu pellejo combatiendo a esos desquiciados por un motivo meramente egoísta. Tú sólo deseabas proteger lo que más te importa, aportar con tu granito de arena en este loco mundo. Y ya lo has hecho, precisamente en este pequeño universo en miniatura que es nuestro hogar. Ayudaste a Lala a salir de ese solitario cascarón y en consecuencia, ella inspiró a Miia para que mejorara, sin olvidarnos de que motivaste a Cerea a buscar empleo. Vivir contigo ha sido una increíble e innegable experiencia; Aún lo sigue siendo. Y mí Querido, yo, todas te estaremos siempre agradecidas por haber llegado a nuestras vidas. Jamás vuelvas a menospreciarte, porque no eres una inútil ni un parásito. Eres una Sparassediana, una guerrera, una arachne.
Eres Aria Jaëgersturm."
Para cuando Rachnera terminó su conmovedor soliloquio, yo no tenía palabras. Es fácil olvidar que detrás de esa máscara de lujuria e indiferencia que la tejedora ha logrado mantener con éxito, se halla una sabia mujer dispuesta a aconsejar a quienes lo necesiten. Me alegro de contar con una amiga como ella.
– "En verdad, niña rubia." – Suspiró. – "¿Cuántas veces deberé improvisar esta clase de sermones para recordarte lo valiosa que eres?"
– "Quizás disfruto de las elocuentes alabanzas que tienes reservadas para mí." – Bromeé. – "Hablando en serio, muchísimas gracias, Rachnee."
– "No hay problema, sólo no abuses de mi habilidad para la labiosidad, no soy tu azulita. Y hablando de ella, ¿Cómo va la lucha en ambos frentes, alemana?"
– "Me gusta pensar que pronto estaré enarbolando mi bandera sobre el fuerte Dullahan y el bunker Arpía, pero aún falta ver como seguirá desarrollándose la batalla. No seré diplomática, pero mantengo la fe en que lograremos unificar nuestros Estados en una sola y próspera nación."
– "Ah, cazadora, estoy tan orgullosa de mi alumna." – Me dio palmaditas en la cabeza. – "Me invitarás a la luna de miel, ¿verdad?"
– "Claro que no, depravada." – Me crucé de brazos. – "Pero sí a la despedida de soltera."
– "¿Crees que Lala te deje asistir a una en primer lugar?"
– "Sí, porque ella será la atracción principal. Tu puedes ser el postre."
Nos reímos. Por supuesto que no habría tal evento, aunque la idea de la irlandesa saliendo de un pastel y bailando sensualmente con un microscópico bikini era increíblemente atractiva. Bueno, una puede contar con que la doctora Redguard y la tejedora se ofrezcan para el puesto, y aceptarían sin dudarlo.
– "Que bueno que ya recobraste tu humor." – Sonrió. – "Sabes que cuentas con mi apoyo incondicional, por ello quiero ayudarte a cubrir el gasto de ese pedido."
– "Oh, bueno… No significa que no me sienta un poco mal por hacerte gastar."
– "Descuida, ya me pagarás cuando recibas tu primer salario. Además, recuerda que gano casi 90,000 vendiendo mi seda, el dinero no es problema. Entonces, ¿Cuánto necesitas específicamente?"
– "13,600 yenes."
– "¿Todo este show por unos miserables 119 dólares?" – Puso las manos en la cintura. – "Joder, Aria. Y luego dicen que las sirenas son dramáticas."
– "Oye, el dinero no crece en los árboles. No creo que una vaya por ahí solicitando tal cantidad como si fuera para comprar dulces en la tiendita de la esquina."
– "De todas formas, esa cantidad no es nada. Pero te cobraré los 30,000 por hacerme perder el tiempo."
– "Hubiera sido mejor endeudarme con un usurero, araña avariciosa."
– "¿Vas a aceptar sí o no?"
– "Ya, vale, de acuerdo. Pero no te exaltes, ¿sí?" – Suspiré. – "Cambiando el tema, ¿cómo te la pasaste anoche? ¿No hubo algún percance?"
– "Sin novedad en el frente. Mi Querido nos hace dormir temprano para que la luna no nos afecte. Pero, aunque no lo creas, poseo una gran cantidad de autocontrol, porque estoy consciente de lo que podría suceder si no lo tuviera. Si no quiero dañar a nadie cuando estoy en mi buen juicio, mucho menos cuando pierdo la cabeza."
– "Y haces bien en ser tan sensata. Ahora, sé que esto sonará inesperado, pero… ¿Podrías abofetearme de nuevo?"
– "Sabía que eras masoquista, pero no tanto. ¿Puedo preguntar la razón de tu inusual solicitud?"
– "Lo merezco, de verdad." – Contesté, haciendo una reverencia. – "Tuve miedo que hubieras intentado hacerle algo a Lala, a pesar de que me has demostrado continuamente que puedo confiar plenamente en ti. Por favor, castígame por ser una imbécil."
– "Aunque te lo hayas ganado, tampoco puedo culparte. No soy precisamente el mejor paradigma del buen comportamiento."
– "Pero eres mi amiga y te fallé al no creer. No estaré satisfecha hasta pagar por mis pecados."
– "¿En verdad es necesario?"
– "Golpéame, Rachnera, de lo contrario les diré a todos que por las madrugadas, sales a cantar en la terraza."
La tejedora abrió los seis ojos de la impresión.
– "¿C-cómo…?" – Intentó hablar.
– "Los primeros días." – Repliqué. – "No podía dormir del todo y te veía salir silenciosamente. Fingía seguir roncando y, una vez que salías, me quedaba callada hasta que oía tu voz. Incluso amortiguada por las paredes, te escuchaba recitar varias melodías. Tranquila, que no le diré nada a nadie; Sé lo personal que es para ti."
– "Lo és…" – Musitó, viendo al suelo.
– "Está bien, Rachnee." – Le reconforté con mi mano en su hombro. – "¿Sabes? Una vez, mientras le ayudaba en la cocina, Herr Kommandant me mencionó que tenías una hermosa voz y siempre se preguntó cómo sería oírte cantar. Quizás deberías cumplirle ese deseo algún día."
– "¿En verdad el dijo eso?"
– "Sí. Y sinceramente, yo también creo que tu voz es divina. Tu interpretación de Mariä Wiegenlied es sublime. Mi abuela solía reproducirla en su tocadiscos, junto al resto del repertorio de Max Reger."
– "Gracias…" – Sonrió ligeramente. – "Lo hago porque… Me recuerda buenos tiempos."
– "También a mí. Por mucho que la vieja Diva haya sido una cruel tirana, su música me relajaba."
– "¿Prometes guardar el secreto?"
– "Por supuesto. Pero, ¿por qué ocultar tan bella cualidad?"
– "No quiero que los demás cambien la opinión que tienen de mí."
– "Rachnee..." – La abracé. – "Tu reputación en esta casa es mejor de la que crees."
– "Buen chiste, Jaëgersturm." – Rió con sarcasmo. – "De por sí me consideran una hedonista que sólo piensa en satisfacerse con placer carnal. No deseo que me vean más débil de lo que ya soy."
– "¿Desde cuándo expresar tu corazón te hace débil?"- Cuestioné. – "Tal vez no sea la más indicada para hablar de fortaleza, pero si hay algo que conozco perfectamente, es la fuerza que la sinceridad nos brinda. Cuando me expusiste tu pasado, lo que sucedió con Ren y tu primera familia, te admiré aún más de lo que ya te idolatraba; Porque tuviste el valor para exponer tu vulnerable alma, sabiendo que yo no te heriría. Al igual que el resto de nosotros, sabes que nadie te haría daño, porque somos tu familia. Te queremos y respetamos."
– "¿Realmente piensas que mi prestigio entre los inquilinos es tan bueno? Incluso tú confesaste haber dudado de mi comportamiento."
– "Lo sé, porque soy débil, desconfiada y una estúpida. Tú no. Yo te venero, Rachnera, lo creas o no, al igual que el resto de la casa. Papi y Suu piensan que eres una excelente tutora, Miia envidia tu destreza con la seda, mientras Centorea, Mero e incluso Lala opinan que eres sumamente inteligente. Y no necesito recordarte que Herr Kommandant está más que embelesado por ser quien eres."
– "¿Cómo sabes todo eso?"
– "Los pequeños momentos de tranquilidad son el ambiente perfecto para breves pero informativas charlas. No lo confesarán explícitamente, pero es evidente que eres una ponderada habitante de la residencia Kurusu, tejedora."
Nos separamos y noté sus ojos humedecerse, pero contuvo el sollozo. Alzó la cara, sonriendo.
– "Los papeles se han intercambiado, cazadora. Ahora eres tú quien me levanta el ánimo."
– "Bueno, al menos siento que regreso el favor. Tómalo como un adelanto de mi pago, que prometo dártelo puntualmente."
– "Olvídalo, ya no me debes nada. Es otro obsequio de mi parte. Y no lo rechaces, no quiero iniciar otro discurso. Acéptalo, y no quiero objeciones."
– "Vale, lo haré." – Suspiré. – "Danke schön, Weberspinne."
– "Bitte sehr, Jägerin." – Replicó. – "Pero en fin, me parece que ya es hora de retirarme. Iré por el dinero."
– "¿Qué hay de la bofetada?"
– "Ya tienes demasiados moretones. No quiero que te desangres en medio de la casa." – Se rió. Antes de salir, ella se detuvo. – "Uhm… ¿Aria?"
– "Dime."
– "¿En serio… crees que mi voz es buena?"
– "Jamás mentiría sobre algo así, amiga."
– "De acuerdo." – Otra mueca de felicidad sutilmente cruzó su rostro. – "Te veo en la sala."
La tejedora salió del baño con celeridad. Meneé mi cabeza, sonriente. Ella adoraba las apologías, pero aún le costaba aceptar una loa cuando se trata de un asunto tan personal. Puedo entenderla perfectamente, pero me gustaría que dejara ver ese lado sensible más a menudo, especialmente cuando es tan precioso. Colocando todo en el empaque, me retiré de ahí y me dirigí a la sala. Por suerte, nadie mencionó lo anterior con Lala y se interesaron más en la caja que cargaba. Accediendo a satisfacer su curiosidad y dispuesta a ofrecerles una buena lección sobre armas, les mostré el contenido, explicando su función y valor, con la dullahan uniéndose al público poco después. Rachnera regresó, con el dinero faltante en un sobre y le agradecí al entregármelo. Observando el reloj, las manecillas marcaron que la furgoneta de MON llegaría en cualquier momento. Dándoles mi número telefónico por si me necesitaban y aprendiéndome el nuevo de la morada, el característico sonido de cuatro neumáticos estacionándose frente a la casa indicaron que era momento de partir. Con una reverencia a los inquilinos, recibiendo de ellos palabras de aliento y un par de abrazos, tomé mis pertenencias para encaminarme a la salida, con la irlandesa detrás de mí.
– "Regresa con vida, A chuisle." – Expresó la segadora, junto a mí en la puerta. – "Intentaré comunicarme contigo cuando me sea posible."
– "Yo también. Siento no haberte conseguido un celular como prometí, pero los cronones no nos favorecieron. En todo caso, tienes el de la casa. Solo trata de no pasarte con las tarifas telefónicas."
– "Descuida, tú concéntrate en superar las duras pruebas que te impongan. Confío en tu victoria."
– "Danke, Spatzi."
Coloqué el contenedor en el suelo y me giré para tomar en mis brazos a mi azulada musa.
– "Incluso a kilómetros de distancia, nuestros corazones seguirán unidos, mi vida." – Manifesté. – "Te amo, Lala."
– "Yo igual te amo, Aria. Cuídate."
– "Tú también."
Nos unimos en un último y apasionado beso de despedida. La sostuve con gran firmeza, como si fuera una soldado yendo a la guerra, sin saber si volvería del campo de batalla. El ósculo duró varios segundos hasta que el aire nos faltó. No deseábamos despedirnos, pero el saber que nos veríamos de nuevo nos daba ánimos. Observando fijamente sus inmortales y gloriosos ojos dorados, le ofrecí una plena sonrisa, diciéndole adiós silenciosamente. Ella contestó con el mismo gesto y afirmó suavemente con la cabeza. Con eso, tomé la caja con mis pertenencias y me traslade a la parte trasera del vehículo, hallando a una concentrada Dyne en su lectura, con un contenedor a su lado. Le di un último vistazo a la dullahan, colocando mi mano derecha en el centro de mi pecho, en señal de juramento. Ella hizo lo mismo, sosteniendo la Edelweiss que colgaba de su cuello. Así, cerré las puertas del transporte, recargándome en la pared de la furgoneta, vibrando cuando Zombina arrancó el motor. Suspiré; Sólo seis días para salir de esta. No será fácil, pero no voy a rendirme.
– "E imaginar que esa azulosa era peor que una adolescente gótica sociópata." – Mencionó la pelirroja conductora. – "Debiste verla cuando llegó a las oficinas, araña. Si no nos amenazaba con tomar nuestras almas con su verborrea, su oxidada guadaña lo haría por ella. Intentamos quitársela, pero entonces se comportaba más agresiva. Suerte que Doppel estaba ahí para aplacarla."
– "Lo sé, ella me contó sobre ello. Lamenta haberse comportado de tan pésima manera."
– "Que bien, la muy valentona casi me arruina el cabello con esa dalla." – Paró para permitir el paso a un grupo de peatones. – "Y ahora, ¿Qué hiciste para volverla esa melosa chica de hace un momento? ¿Le inyectaste veneno afrodisiaco o algo así?"
– "Solamente fue un poco de amor y magia lésbica arácnida." – Bromeé. – "Honestamente, ni yo me creo que haya conquistado a un diamante tan brillante como ella. Supongo gasté toda mi suerte en tan descabellada hazaña y por eso el infortunio siempre me persigue."
– "¿Eso crees? Yo no soy la que tiene también a la rapaz detrás de mi exoesqueleto, casanova." – Me miró con mueca burlona desde el retrovisor, acelerando nuevamente. – "¿Acaso planeas iniciar tu propio harén sáfico?"
– "Por supuesto. ¿Quieres unirte?"
– "¡Ja! Ni que fuera como esa degenerada de Redguard." – Refutó con una carcajada. – "¿Qué me dices de la mantisita? Pasarán mucho tiempo juntas después de todo."
– "No me gustan las empusas."
– "Oh, vamos, no son tan malas. Esta se portará muy tsundere, pero con algo de tiempo sus verdes ojitos también se iluminarán por ti."
La aludida espetó un poco sutil bufido y acercó el libro a su cara, aporreando el suelo con su pie. Dudo que intentara alzar la voz a su superior, pero me alejé un poco por si perdía los estribos. La zombi continuó riendo y desistió de indagar más en el tema, cosa que agradecí. Quizás porque no era de su incumbencia o no deseaba hacer más preguntas incómodas, pero al menos yo no tendría que revelar que de hecho, sí, intentaba un trío con la arpía y la irlandesa. Por supuesto que, Nikos no era parte del plan. No es que ella no sea atractiva o algo por el estilo, incluso diría que es muy hermosa, pero no albergo alguna clase de sentimiento romántico hacia la iracunda griega. A veces me pregunto si el regresar de la muerte provoca una desinhibición de la lengua, como lo demuestra esta pelirroja bocona. Al menos me tranquiliza que continúe con su plan de manejar con normalidad, quizás Smith es mala influencia o está conteniendo sus impulsos destructivos para cuando nos graduemos. Ninguna opción es muy alentadora e ignoro por qué demonios sigo pensando en tan absurdo argumento; Tal vez porque el comentario de Zombina tensó el ambiente (¡aún más!) entre la pelinegra y yo. Detrás de ese libro, puedo sentir la furia concentrándose, y en verdad que es intimidante. ¡Rápido, Jaëgersturm! ¡Piensa en cosas bonitas! ¡Ve a tu lugar feliz!
Suaves glúteos...
Ah, eso siempre me calma. Serenando mi temple (y elevando mi temperatura) gracias a los relajantes poderes del perfecto y pachoncito posterior de mi chica, arribamos a la residencia Honda. Ahí, me bajé para ayudar a la falconiforme con sus posesiones y de paso saludar a Yuuko, que tenía tiempo sin ver. Luego de un amistoso estrechón de manos a la casera y un breve intercambio de saludos entre ella y la muerta viviente, metimos otra caja al interior del automóvil. La hospedadora de la castaña se dio el tiempo de aconsejar a su inquilina antes de que ella abordara.
– "Cetania, ¿empacaste tu cepillo de dientes?" – Interrogó la preocupada chica. – "¿Y también el resto de tu ropa?"
– "Sí…" – Replicó la susodicha con desgano.
– "¿No omitiste tus pantis?"
– "No…"
– "¿Te aseguraste de que estén limpias y de que no tengan agujeros ni raja de canela?"
– "Sí…"
– "¿Quieres que te preste un par por si las dudas?"
– "No…"
– "¿Llevas una bufanda, por si hace frío? ¿Y tu crema para los hematomas?"
– "Sí…"
– "¿Segura que no necesitas una tienda de campaña, cantimplora y brújula?"
– "No, mamá…"
– "¿No olvidas algo importante?"
– "¡Argh! ¡¿Qué?!"
– "Mi abrazo de despedida."
– "Ugh, bien…"
Después de un achuchón entre ambas, una irritada americana se apresuró a subir al transporte.
– "¡Aria, asegúrate que se comporte debidamente!" – Me sugirió la anfitriona. – "¡Y que se asee correctamente! ¡La última vez se pasó días sin usar desodorante!"
– "¡Yuuko!" – Vociferó la arpía, sonrojada.
– "¡Que se coma sus vegetales! ¡Se ha vuelto muy melindrosa!"
– "¡Yuuko!"
– "¡Y cuida que no se esconda cuando llueva! ¡Le tiene miedo a los rayos!"
– "¡Zombina, acelera!" – Ordenó la arpía, ruborizada a más no poder.
– "Espera, que tu mami aún no termina." – Contestó la zombi, entretenida.
– "¡Argh!" – La rapaz hundió su cara en sus alas.
Pasados alrededor de una veintena de consejos de última hora, que se hubieran convertido en centenar si la agente de MON no se hubiera apiadado de la rapaz, la mujer con heterocromía, ostentando una enorme sonrisa burlona que hasta Dyne compartía, nos llevó de vuelta a la bulliciosa capital. La castaña continuaba apenada y con su rostro hundido en sus coloridas alas. La acerqué a mí, para calmarla, rodeándome ella con sus extremidades emplumadas.
– "¿Estás bien, halconcita?" – Le pregunté susurrando, acariciando su cabellera.
– "Ugh, te dije que ni Palakya era tan fastidiosa como mi casera."
– "Yuuko lo hace porque le importas, pajarita. En verdad se preocupa por ti."
– "Me siento agradecida por tanta bondad, pero puede ser agotadora en ocasiones."
– "Extrañarás eso cuando estemos bajo el estrés de la batalla. Incluso yo echaba de menos a mi abuela en esos largos meses de entrenamiento en la academia policiaca."
– "Supongo tienes razón, flaca." – Suspiró. – "Somos afortunadas de contar con hogares llenos de amor, ¿cierto?"
– "Completamente de acuerdo." – Le di palmaditas a su espalda. – "Por cierto, ¿Qué ha dicho ella de nuestra relación? Creo que en este punto, el planeta entero lo sabe."
– "Si te soy sincera, nunca le he preguntado y ella no ha brindado el tema a la mesa. Incluso después del altercado con Lala, ella únicamente se preocupó por verme recuperada y no ahondó en el asunto." – Descansó su cabeza en mi pecho. – "Quizás piense que eso es algo entre nosotras dos… O tres, para ser específicas. De cualquier manera, estoy segura que ella me avalaría incondicionalmente, así como yo la apoyo en su romance con Mio."
– "¿Eres feliz viviendo con ella?"
– "Claro que sí. Estuvo sola por mucho tiempo, así que comprendo perfectamente como debió sentirse estos años. Ella también era una introvertida y entre las dos nos ayudamos a darnos ánimos. Mira que la pobre nunca se imaginó tener el valor para confesarse ante su mejor amiga."
– "Le has cambiado la vida en más de una forma, Cetania." – Acaricié su rostro con suavidad. Mis guantes no impidieron sentir su tersa piel. – "Y ella a ti también, ¿sabes? Te ves mejor arreglada que cuando vivías con tu hermana, más viva."
– "Es realmente generosa. A veces siento que no merezco una anfitriona tan buena como ella."
– "Nadie se siente digna cuando la fortuna nos sonríe. Por eso dejamos pasar las oportunidades. Créeme, conozco perfectamente cómo te sientes."
– "Aún así…" – Me miró fijamente. – "Siempre me he sentido acreedora a tu amor, Aria."
– "¿Por qué no valgo mucho?" – Bromeé.
– "Porque tú me haces infinitamente valiosa." – Sonrió, mimando mi rostro. – "Y quiero serlo por siempre, a tu lado."
– "Por supuesto." – Cerré mis ojos y juntamos nuestras frentes. – "Siempre estaré contigo."
– "Te amo, Aria."
– "Y yo a ti, Cetania."
– "Joder, corten ya su maldita cursilería, ¿quieren?" – Exclamó Zombina. – "Me va a dar diabetes de tanta melcocha. Bueno, ya estoy muerta, pero me entendieron."
Nos incorporamos apenadas y sonrojadas. De la misma manera que con Lala, el mundo entero desaparece cuando estoy con la rapaz. Será hermoso e idílico tanto cariño sincero, pero deberíamos dejar de hacerlo en público, especialmente durante el trabajo. O cuando tenemos a la mantis tan cerca y con cara de querer meternos a un horno gigante. Manteniéndonos calladas y quietecitas como estatuas durante el trayecto, al llegar a Tokio, la pelirroja nos informó que pasaría a las oficinas centrales para hablar con Smith. Ahí aproveché para pedirle permiso de arreglar la MG3 de la armería, puesto que ya contaba con los repuestos.
– "Claro, no hay problema, si quieres llévatela y componla en tu cuarto." – Aceptó ella, entregándome un par de llaves. – "Ten, la primera es la de la puerta. No tardes"
– "¿Eh? ¿De verdad?"
– "Yo suelo guardar las mías en mi habitación." – Encogió los hombros. – "Deberías ver mi colección, creo que por ahí tengo algunas reliquias de la Segunda Guerra Mundial que podrían interesarte."
– "Vaya, no sé qué decir. Danke schön, Bina."
– "Hey, alguien que aprecia esas bellezas metálicas tiene todo mi apoyo." – Dijo con un pulgar arriba. – "Siempre y cuando lo hagan con absoluta responsabilidad. Recuerda, si vas a dispararlas, asegúrate de no dejar testigos con vida."
– "Erm… ¿De acuerdo?"
– "Sí, sí, soy una buena niña. Apúrate, patas flacas, que se hace tarde."
– "¡Ah! ¡Jawohl!"
Ofreciéndole un saludo militar a la heterocromática, la acompañé dentro del edificio hasta que nuestros caminos bifurcaron. Yo anduve raudamente por los pasillos hasta llegar hasta las conocidas puertas de la zona de tiro. Insertando la llave en la cerradura, destrabé la entrada y encendí el interruptor de la luz. Siendo recibida por el olor de la pólvora y la familiar vista de los blancos de práctica, con celeridad abrí el contenedor que albergaba a mi preciada Maschinengewehr 3, alias Mugi. Apodar a nuestras armas era costumbre en la academia, ya que creaba un vínculo con nuestra herramienta de trabajo y nos obligaba a cuidar de esta con responsabilidad, según palabras de nuestra instructora. Quizás ella era la del fetiche por los artefactos, pero al menos admito que su filosofía funcionaba en cierta medida; Mi Karabiner 98k, llamada 'Karla', fue mi mejor amiga en la fuerza. Karlita y yo vigilábamos las calles de Weidmann y era mi única acompañante durante las patrullas nocturnas. También era perfecta para rascarse bajo el abdomen cuando los molestos mosquitos invadían el verano. Oh, Arachne mía, mejor aquí me detengo o comenzaré a echarla de menos. Regresando al mundo real, tomé la metálica caja con todos los accesorios de la ametralladora y regresé hasta el vehículo.
La muerta viviente nos comunicó que su jefa no nos acompañaría, puesto que necesitaba revisar los informes de la doctora Redguard sobre nuestro primer día. Oh, divina Tique, no me abandones y permitas que la extravagante de Sandy me deje mal frente a nuestras superiores. Diablos, debí haber coqueteado un poco con ella, así aseguraría una calificación favorable y-¡¿En qué estoy pensando?! Sacudiendo mi sesera, me mantuve silenciosa hasta que alcanzamos nuestro destino. Nos bajamos, cada una cargando con nuestras cajas, en mi caso, más de treinta kilos, más de la mitad siendo por Mugi y todos sus aditamentos. No tenía problema alguno con todo el peso, pero las tres acordamos que la comandante de MON subiera con ellas por el elevador y nosotras tomáramos las escaleras. De esa manera, saludamos de nuevo a la amable señora Yamato y movimos las pertenencias hasta las habitaciones una vez estando arriba. La pelirroja nos participó que la acompañáramos a ella y al grupo en la cena, aceptando con gusto. Por mi parte, Cetania me invitó a auxiliarle en desempacar sus cosas, ofreciendo su ayuda para con las mías, confirmándole mi apoyo.
– "Ah, puedes poner el poster en frente de la cama, flaquita." – Sugirió. Yo tenía un afiche de Iron Maiden. – "Así el poder del heavy metal me protegerá de los malos sueños."
– "Bueno, al menos no trajiste un reproductor para hacer escándalo por todo el edificio."
– "Nah, eso para cuando regresemos a Asaka. Total, Yuuko no extrañará sus seis bocinas de 30,000 watts. Y porque no traje mis discos, los dejé sanos y salvos en casita."
– "De todas formas, veo que tuvimos la misma idea y también viajaste ligera. Aparte de esto, únicamente hay ropa."
– "Realmente no tengo mucho en sí. La mayoría de las cosas en mi habitación era de mi casera. Recuerda, soy un ave migratoria, no puedo cargar con tantas cosas. Después de todo, volar desde Montana a Hawaii y luego hasta Japón fue una verdadera odisea, con suficientes paradas para organizar un verdadero tour transpacífico. Por suerte, las vistas fueron realmente interesantes. Pasar encima del Mauna Loa es una experiencia única, especialmente bajo las estrellas. Deberías visitar la isla algún día."
– "No está mal. Después de Japón, no conozco ningún otro lugar aparte de Sparassus." – Coloqué el cartel en la pared. – "Y ya que hablamos de viajes, ¿a dónde te gustaría ir si pudieras?"
– "El norte de Europa, para ver la aurora boreal." – Respondió acomodando su ropero. – "La disfrutaba todo el tiempo en el Parque de los Glaciares, pero deseo experimentarla como los hacían los vikingos en la antigüedad. Tú sabes, sentirme como un ave de Odín bajo las luces del norte."
– "Suena realmente paradisiaco, Cetania." – Situé un par de cajitas de plástico en uno de los casilleros. – "¿Quieres saber qué lugar me encantaría visitar?"
– "Alemania. Conocer tus raíces." – Contestó sin dilación.
– "Ni siquiera era un reto." – Me reí. – "Pero aparte de eso, me gustaría conocer Brasil."
– "Aún estás embobada con esas sensuales demonios del concierto, ¿verdad, calenturienta?"
– "En verdad que soy predecible."
– "Eres todo un libro abierto, flaca. Pero comparto tu opinión, la tierra del Amazonas sería una fantástica aventura. ¿En la luna de miel?"
– "Trato hecho. ¿Cuántas deliciosas brasileiras para la orgía ceremonial?"
– "Tres, una para cada agujero disponible."
Me alegro que nadie esté ahí para oírnos hablar de manera tan vulgar. Pero no soy hipócrita, uso lenguaje más soez cuando intimo con la irlandesa.
– "¿Dónde hallaríamos espacio para doce personas, pajarraca?"
– "Practica tus tablas de multiplicar, araña tonta. Dos más seis equivale a ocho." – Entrecerró sus ojos. – "Espera, no estarás incluyendo a esa maldita pitufo, ¿o sí?"
– "¿Tú qué crees?"
– "¡Oh, fuck no! Si no quiero a esa loca junto a ti, mucho menos a sus manos cerca de mis cositas. Olvídalo, se cancela todo, game over, dormirás en el sofá por toda la eternidad."
– "Bleh, y eso que accediste a las otras." – Torcí la boca
– "Soy alérgica a las dullahan. Pero hablando de molestias azuladas, ¿cómo le fue a esa decapitada en su primer día de trabajo?"
– "¿Por qué el repentino interés?"
– "Para ayudar a decidir a Mio si debe despedirla o solamente a rebajarla a quien lava el retrete en la mazmorra."
– "Siento destruir tus malvados planes, dictadora emplumada, pero mi hermosa segadora se ha ganado el favor de su jefa y ha influenciado en la selección gastronómica disponible. A este paso ella se volverá la mayor fuente de ingresos de la buena de Aizawa."
– "Ay sí, esa enana es la muy salsa. Publicidad más falsa que la palabra de un político." – Hizo mueca molesta. – "En fin, me parece que ya acabamos aquí. Thanks, Blondie."
– "Un placer, pajarucha. ¿Vienes a mi habitación?"
– "Por supuesto. ¿Es la ropa necesaria?"
– "Sólo si deseas despertar con el trasero flagelado."
– "Uy, que agresiva." – Alzó las cejas. – "Por suerte traje la máscara y la mordaza de bola. Castígueme, Ama, he sido una niña muy mala."
Volteé los ojos, ignorando sus provocaciones. En el fondo las disfruto, pero ahora no era momento para distraerse con sus insinuaciones. Ya en mi cuarto, desempacamos la ropa y mis demás objetos personales. Fue ahí que la castaña se topó con la fotografía enmarcada de Lala.
– "Oh, my goddess…" – Expresó con el cuadro en sus alas. – "¿En verdad esa azulosa fue hasta el centro para retratarse?"
– "¿Eh? ¿Cómo sabes donde se la tomó?"
– "Solía hacer entregas ahí cuando era mensajera. Infinidad de estudios fotográficos con acceso a liminales. Además, la etiqueta detrás del cuadro lo evidencia." – Explicó, volviendo a echarle una ojeada. – "Bien, lo admito; Ella sabe lucir ese condenado atuendo."
– "Oh, gracias. Me alegra que reconozcas el buen gusto. De hecho, está basado en el de las WAVES americanas."
– "Bromeas." – Me miró incrédula. – "Damn, estás hablando en serio. ¿Cómo aceptó vestir algo proveniente de la patria de su rival?"
– "La ropa es inocente de los conflictos entre los habitantes de sus lugares de origen. Y para demostrarte como presumir correctamente un uniforme."
– "Esto no se queda así, flaca. Voy a conseguirme uno y te enseñaré como lo hace una gloriosa nativa de la tierra de la libertad."
– "¿En verdad? Nah, sólo estás alardeando."
– "¡Ya verás! ¡Me veré tan genial que me entregarán medallas por ser tan fulgurantemente resplandeciente y me pedirás matrimonio en el acto! ¡Se te humedecerán tanto los calzones que necesitarás salvavidas!"
Excelente, la arpía ha caído en la trampa. Froté mis manos mentalmente cual si fuera una villana de caricatura y proseguí fantaseando sobre que atavío marcial sería perfecto para la falconiforme. Mientras continuaba en mi mundo imaginario, acomodamos todo en cuestión de minutos. Ya que no contaba con algún mueble que no fueran los casilleros, tuve que colgar la foto de la irlandesa en la pared, junto a mi cama. La rapaz me facilitó un clavo y martillo, alegando que Honda es demasiado insistente cuando se trata de estar preparada para cualquier incidente. Bueno, en esta ocasión, la casera tuvo razón. Mi ventana aún estaba rota, gracias a cierta pajarita que se hizo la inocente cuando se lo recordé. Ella contraatacó con la apasionada noche que provocó la ruptura del cristal y dejé que la conversación terminará ahí. Decidí dejar la reparación de Mugi para mañana, cuando tuviera mejor luz que el foco en el techo y acceso a un lugar donde probarla. Confieso que sólo quería tenerla cuanto antes, pero veré si puedo colocarla en el estante para presumir.
– "Hey, Blondie." – Habló mi amiga. – "Ya que estamos en el tema de los retratos, Yuuko me regaló esto."
Ella me mostró un lindo collar de doradas cadenas y decorado en el centro por un rojo corazón. Abrió la diminuta figura y reveló espacio para dos fotografías pequeñas.
– "Es hermoso. Me gusta el acabado en brillantina cromada." – Opiné. – "¿Quieres mi foto, pajarita?"
– "Para llevarte siempre en el lugar más importante." – Sonrió.
– "Por supuesto. Tan pronto me haga con una, te la daré."
– "Thanks."
Ya finalizadas, llegó la hora de cenar y junto con Dyne, nos reunimos con el resto del equipo. Las cuatro integrantes de MON se encontraban ya degustando sus alimentos y nos servimos rápido para sentarnos a lado de ellas y unirnos en la charla. Aparte de las burlas de Zombina sobre nuestros despliegues de amor a costa de nuestra tranquilidad y la paciencia de la mantis, sin contar los regaños que Manako y Tionisha le proveyeron a su pelirroja compañera, platicamos de cosas triviales y algunas relacionadas con la profesión. La muerta viviente fue la primera en relatar (y jactarse) de como liberó al menos diez rehenes durante un asalto al banco. La cíclope y la ogresa se encargaron de desmentir las exageraciones de la fantasiosa historia, para disgusto de la zombi. En medio de una corrección entre la comandante y la francotiradora sobre el crédito del disparo final que desarmó al líder criminal, una hasta ahora indiferente Doppel esbozó una sorpresiva sonrisa al notar a la más reciente visitante.
– "Kuroko, volviste." – Se apresuró a recibir a la agente. – "¿Postergaste el trabajo para mañana?"
– "Hola, Doppel." – Le dio un abrazo a la cambiaformas. – "El jefe me permitió salir temprano. Lo sé, ni yo me esperaba tal generosidad del estoico Kurobayashi."
– "Su esposa debe estar de visita. O quizás ya se encontró otra." – Rió la Abismal. – "¿Pasarás la noche aquí?"
– "Por eso vine. ¿Cuidaste bien mi cuarto?"
– "Siempre lo hago."
– "Te lo agradezco. ¿Algo bueno en el menú?"
– "¡Hauptmann!" – Alcé mi mano. – "¡Hay un excelente estofado de…!"
Me detuve al instante cuando la mirada asesina de la peliblanca me paralizó la respiración. La coordinadora colocó una mano en el hombro de su subordinada para calmarle y devolverme la posesión de mis pulmones. Scheisse, esos ojos dorados tornándose rojos de furia son más efectivos y contundentes que cualquier clase de bala. Regresé mi atención hacia mi comida.
– "Nunca interrumpan sus conversaciones, chicas." – Musitó Tio, inusualmente seria. – "Doppel es muy estricta con el control de la participación en sus discusiones."
– "¿Alguna razón en especial?" – Preguntó Dyne, igual de intimidada.
– "Así es ella." – Contestó Manako con la vocecita más baja que de costumbre. – "Las Abismales son posesivas por naturaleza."
– "Ya deberías saberlo, araña." – Acotó Zombina, meneando y tomando su bebida. – "Te besuqueas con una, ¿o no?"
– "Lala no es tan draconiana." – Respondí, moviendo mi tenedor en el plato.
– "Esa pelea entre ella y la emplumada dice otra cosa, patas largas." – Se rió sardónicamente. – "Termina tu cena y deja a esas dos en paz, ¿quieres?"
Asintiendo, proseguí con el platillo. La cambiaformas y Smith compartieron una mesa aparte, charlando sobre cosas que no eran de mi incumbencia. Era de las pocas veces en la que la misteriosa chica flotante mostraba algo más que aburrimiento. Acabando de deglutir y de desearnos las buenas noches, regresamos a nuestras recámaras. La castaña aprovechó para despedirse con un beso en la mejilla que regresé con gusto. También vi a la cambiaformas invitando a Smith a revisar lo que supuse era el cuarto de la agente, pero opté por no seguir pensando en ello, no deseaba que Doppel me enviara a la dimensión Abismal por hacer suposiciones ridículas entre ellas dos. Y tampoco quería tener horribles imágenes en mi cabeza o conjeturar absurdas boberías, suficiente tengo con mis propias locuras y disparates que me brotan como salpullido en el cerebro. Demonios, la amenazadora mirada de la doppelgänger me dejó la sesera hecha un caos.
Ya adentro de mi aposento, eché una ojeada a mi MG3. El reloj marcaba que aún contaba con tiempo suficiente para al menos pulimentar mi arma. Dispuesta a lustrar mi herramienta, la saqué de su contenedor y tomando el pañuelo y líquido abrillantador incluidos, me dispuse a bruñir a Mugi cuidadosamente. Colocándola con cuidado en el suelo, extendiendo su bípode y dejándola reposar para tomarle una foto con mi teléfono, la desarmé y comencé el oneroso y exhaustivo proceso de limpieza. Empezando por el cuerpo de la ametralladora, rocié algo de líquido en la tela y firmemente la restregué en la carcasa metálica. Seguí por el mango del pistolete y la culata hasta la bocacha apagallamas y los lugares más intrincados, asegurándome de no perder ningún detalle. Por suerte el fresco de la ventana rota evitó que sudara en tan laboriosa tarea. Pero, incluso si era tardado y cansado, disfrutaba el darle mantenimiento a tales artefactos. Era de mis actividades favoritas en la academia y me permitía el pensar el gran trabajo que se llevaba al diseñar y crear las intrincadas partes que juntas formaban tan precisas y mortales herramientas de batalla.
Con un hisopo especial, agregué lubricante a las piezas mecánicas internas y continué quitando la mugre. La pobre Mugi no había visto acción por un buen tiempo y requería mi amor Sparassediano para regresarle la alegría a su germana cubierta. Ay, Arachne mía, de nuevo me refiero a un objeto inanimado como una persona. O estoy loca o en verdad tengo una extraña atracción hacia mi ametralladora. Bueno, le puse nombre y le doy palmaditas de vez en cuando, como si fuera una niña pequeña, así que creo que sólo soy una fetichista demente. Perfecto, si Lala o Cetania llegaran a rechazarme, siempre puedo contar con mi MG3 para hacerme compañía. ¿Es legal casarse con un arma?
Sí, definitivamente perdí la cabeza.
Después de una extenuante hora de lustrar metal y quitar suciedad, mis manos se encontraban llenas de manchitas de aceite y demás impuridades. Suerte usaba guantes, pero necesitaría unos especiales para esta clase de tareas. Con mi herramienta ya rechinando de limpia, era hora de agregar el toque final. Abrí la caja proveniente de mi patria y tomé uno de los prístinos cañones de repuesto. Si bien era completamente nuevo, también le ofrecí un buen trato lubricando las ánimas con el higienizador de serpiente y dejándolo aún más brillante. Abrí la recámara de la carcasa y con cuidado coloqué la pieza. Cerré el seguro y satisfecha, admiré mi trabajo. Sonreí, afirmando con mi cabeza; Ya estaba lista para la guerra.
Tomé la ametralladora, observando ese alargado cuerpo color negro y su resplandecer bajo la luz de la luna. Aunque estaba descargada, pesaba más de diez kilos y el tamaño podría hacerla incómoda para disparar establemente sin usar el soporte, pero para una arachne, eso no era problema. Como dije anteriormente y demostré con la CETME Ameli, poseo la fuerza y anatomía necesaria para manejar mi arma con extrema precisión y eficiencia. Sintiéndome como una miembro de la Wehrmacht, posé con la MG3, realizando diferentes y varias de estas, simulando combate o simplemente luciendo imponente. No tenía un espejo de cuerpo completo, pero mi sombra reflejada en la pared era una buena indicadora de mi entusiasmo. Me alegro que nadie estuviera presente para reírse de una araña creyéndose la próxima heroína militar. Ya terminada mi estrafalaria sesión de teatro solitario, le di un pequeño y sonoro beso a mi hermosa belleza de acero.
– "¡Ah! ¡A ti también te amo, Mugi!" – Declaré, abrazándola. – "¡Tú y yo jamás nos separaremos, mi linda, mi querida! ¡Mi… preciosa!"
– "¡Carajo, Jaëgersturm!" – Vociferó Dyne desde el otro lado. – "¡Ya déjame dormir!"
En verdad necesitamos paredes más gruesas.
NOTAS DEL AUTOR: ¡Oh, meine Göttin! ¡Ya superamos las 300,000 palabras! ¡Yay! *Arroja confeti* *Dispara H&K MG4 al aire* *Mata a pajarito y esconde la evidencia bajo la alfombra*
Bueno, parece poca cosa, pero agregar cien mil desde el capítulo veintisiete no ha sido sencillo. Pero, al mismo tiempo, mentiría si dijera que no he disfrutado plasmar la historia de mi querida arachne germana. Y con gusto añadiré otras cien mil más si fuera necesario, porque adoro escribir este disparatado relato, y espero ustedes también continúen disfrutando el leerlo.
En fin, aquí me extendí un poquito para ofrecer varios diálogos y monólogos entre los personajes más importantes para Aria: Lala, Cetania y Rachnera. Las tres han sido el trípode en el que la alemana siempre ha podido apoyarse y por ello quise celebrarlo para este momento especial. Igual deseaba mostrar que aunque Jaëgersturm difícilmente se siente valiosa (cosa que la arpía también expresó sentir personalmente), ella es muy importante para quienes la conocen. Y ya sea con amor romántico o platónico, no cabe duda que esas cuatro se estiman de gran manera. Además, era perfecta oportunidad para revelar uno de los lados más secretos de la tejedora.
Oh, y sí, este episodio y el anterior corren paralelos con el capítulo treinta y seis, donde Smith recuerda su pasado. Sólo aviso por si quedaban algunas dudas de la continuidad. Mi mente es así de desordenada, descuiden.
Pero ya me extendí demasiado, así que aquí me despido. Aprovecho para enviar un saludo a los compañeros Arconte y Alther, a cuyas historias referencié. ¡Gracias a todos los que me apoyan y siguen conmigo en esta aventura! ¡Al igual que las chicas, ojalá lleguemos todos juntos hasta el final!
¡Auf Wiedersehen!
