NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola a todos! ¡Soy yo, el tipo que al que no deseaban leer de nuevo, Tarmo Flake!

Lo dije antes y lo diré de nuevo: Cuando planeo escribir algo en concreto, me surgen más ideas y termino extendiéndome más allá de lo programado. Pero, aunque sé que 99% de ellas son terribles, no puedo dejar de hacerlo. Y, hey, tengo que sacarle provecho a este mugroso teclado. Me habrán estafado con el precio y las letras ya ni se notan, pero no hay de otra. Así que comencemoSSS-¡Ya se trabó de nuevo esta porquería!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena no escribe porque para eso tiene esclavos!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 39


Ob's stürmt oder schneit…

Ah, nada como despertar con el Panzerlied, el famoso himno de los tanques que la Wehrmacht usaba cuando sus imponentes corceles de acero cabalgaban por las llanuras de Europa, aplastando al enemigo bajo sus imparables orugas y reduciendo a nimias cenizas con sus cañones a quienes todavía osaban hacerles frente. Los ejércitos actuales aún lo usan, como el Surcoreano, el Brasileño y hasta el Chileno, adaptando su singular y pegadiza melodía a los estándares actuales. Para una descendiente de auténticos guerreros germanos y amante de los blindados, tal canción es la mejor manera de empezar el día.

Claro, el reloj con forma de Tiger I que Cetania me regaló no arrasará ciudades, combatirá al adversario o incluso reproducirá la música en algo que no sea una versión monoaural de ocho bits debido a que… Bueno, es un tanquecito de plástico hecho en China y que funciona con las baterías del conejito rosado que sale en la televisión, no uno real. Eso y porque el pobre ni siquiera tuvo tiempo de hacer uso de su peculiar alarma, ya que en lugar del electrónico sonido para anunciar que la mañana comenzaba, fui alertada por una muy gritona y molesta gnómida latina.

– "¡Ya les cayó la riata voladora, pendejas!" – Zahirió Titania con sus floridos coloquialismos y entrando de una patada. – "¡'Ora sí les voy a dar un levantón! ¡Arriba, arriba! ¡De tomates a diamantes!"

– "Scheisse…" – Me quejé con la cara hundida en la almohada. – "No otra vez…"

– "¡De pie, güera machorra!" – Las patadas se tornaron hacia mí. – "¡Rápido, pinche marimacha huevona!"

– "¡Ay, de acuerdo, de acuerdo! ¡Ya deténgase, Instructora!" – Me levanté para escapar de sus duros pies, cubiertos por una especie de roca y más dolorosos que botas militares. – "¡Pero le advierto que tengo una MG3 y no dudaré en us-AY, MAMÁ ARAÑA!"

Ignoro cómo, dónde y por qué, pero de alguna desquiciada manera Jättelund se había hecho con una Heckler & Koch MG4 y empuñó el masivo cañón de esta en mi dirección. Por unos efímeros milisegundos, pensé que usaría de nuevo su técnica de aterrorizarme con balas de salva, pero al ver el primer proyectil salir expulsado del arma y crear un negruzco hoyo en el colchón de mi cama, supe que la demente estaba usando munición demasiado real. Mi primera reacción fue hacerme con Mugi antes que esta psicópata me enviara al reino de Hades, pero con una tasa de tiro a más de ochocientos disparos por minuto, no podía moverme sin ser atravesada por 5.56 milímetros de plomo y metal en cualquier dirección. Mientras observaba los humeantes casquillos vacíos flotar en el aire y el resto de la cinta en el tambor desintegrarse a velocidad astronómicamente elevada, me comprimí nuevamente en una bolita de quitina ocre y posiblemente orina por el gigantesco terror que experimentaba. El eco del continuo traquido retumbaba por toda la habitación y los fulminantes fogonazos iluminaban el área como bengalas de emergencia, sin mencionar que cegaban por completo a mis seis ojos, incluso cerrados.

Pasaron varios, demasiados, tensos segundos donde me continuaba preguntando en qué lugar había conseguido tan resistente herramienta de muerte, puesto que el fuego sostenido por tanto tiempo, incluso para la ametralladora más avanzada y de última generación, era cosa insólita. Ni siquiera mi Mugi sería capaz de prolongada descarga de balas sin que el cañón alcanzara el rojo vivo y la recámara alimentadora fallara por sobrecalentamiento. Al final, el tambor de tela donde residían los proyectiles para suplir a la hambrienta arma quedó vacío, dejando únicamente una humeante bocacha, decenas de cartuchos usados regados por el suelo y una extremadamente azarada arachne, temblando por su frágil bienestar físico y mental. La híbrida jötunn tomó entonces otra cinta adicional y sin dilación recargó su herramienta, en cuestión de eficientes segundos, apuntándome de nuevo.

– "Yo la tengo más grande." – Pronunció con pétrea mirada y una calma a punto de explotar. – "Ahora, vete a lavar tu sucio trasero y deja de hacerme perder el tiempo, ¿nos entendimos?"

– "Jawohl…" – Musité.

– "A chingar su madre, araña…" – Ordenó.

No entiendo la mitad de sus dicterios regionales, pero era obvio que deseaba que me moviera y obedecí sin pensarlo dos veces. Saliendo de su vista y del rango de su MG4, me dirigí a las regaderas, acompañada de una somnolienta Cetania y una apresurada Dyne. Parece que a la única que despiertan con balazos es a mí. Agradeciendo sardónicamente el ser tan especial, me uní a mis aliadas bajo las duchas, aseándonos y vistiéndonos con nuestros uniformes de batalla, todo en tiempo récord. Bueno, era un alivio que nuestros atavíos ya se encontraran limpios y disponibles en una canasta junto a nuestro casillero, porque cuando los dejamos en la base del ejército parecían un collage impresionista por tantas manchas de colores. Eso me recordó que aún desconocía si mi atuendo de las SturmSchütze también se hallaba lavado. Lo investigaría después de llenar mi estómago. Tanto Smith como el resto de MON se hallaban desayunando plácidamente y nos dieron la bienvenida. Platicamos bajo los primeros rayos del ambarino sol que se filtraban por la terraza, discutiendo el resto del programa de entrenamiento.

– "Infiltración y Neutralización." – Confirmó Titania, devorando una ensalada césar. – "Nikos, tú y Jaëgersturm ya deben estar familiarizadas con tales técnicas, ¿cierto?"

– "Correcto, Señora." – Corroboré hundiendo mi tenedor en mi pollo con salsa. Comienza a gustarme. – "Aunque en mi caso, la parte de neutralizar era literal; No capturábamos rehenes, los eliminábamos."

– "Igual." – Dijo la empusa, tomando una gaseosa.

– "Bueno, será lo mismo, pero menos letal en la práctica. Afortunadamente con eso ya ahorramos gran parte del trabajo." – Aclaró la gnomo. – "Cetania, eso significa que trabajaré enfocándome exclusivamente en ti. Necesito seguir puliendo esas habilidades de asesina nata."

– "Uhm, gracias, Instructora." – Agradeció la arpía, degustando un par de huevos. – "Pero si usted se concentrará en mi persona, ¿Quién asistirá a mis compañeras?"

– "Hey, pajarita, ¿acaso estamos pintadas o algo así?" – Preguntó Zombina, con la boca llena de carne.

– "Bina-san, cuide sus modales." – Le reprendió tímidamente Manako.

– "Sí, mamá." – Tragó la pelirroja. – "Como decía, para eso estamos aquí. Nosotras instruiremos a la araña y la mantis. Tendrán la oportunidad de aprender de las mejores, ¿no es genial?"

– "Nos sentimos honradas." – Ofrecí una reverencia. – "Ahora, no deseo menospreciar el talento de la instructora Jättelund, ¿pero por qué no haber hecho eso desde el principio?"

– "Porque era necesario estudiarlas juntas para decidir el curso de acción a tomar." – Se hizo con la palabra Smith, comiendo en la mesa contigua, junto a Doppel. – "Tú y Dyne pueden ser adiestradas de manera regular, pero Cetania necesitará uno especial y únicamente Titania posee los conocimientos para tal tarea. Eso ya era obvio desde el principio, pero necesitábamos confirmarlo en la práctica. Ahora que sabemos cómo proceder, garantizo que la eficacia del entrenamiento aumentará considerablemente. Además, así evitamos que nos asignen más aburridas tareas oficinescas, ya me harté de tantos papeles."

A pesar de la evasión de responsabilidad de Kuroko, su punto era válido. Bueno, no puedo quejarme, trabajar al lado de las actuales estrellas era una excelente idea. Estoy segura que sus métodos no serán tan despiadados ni crueles como los de la demente de rosados cabellos. Comienzo a temer por la integridad de la rapaz, pero confío en su resistencia y voluntad para salir adelante. Terminando de comer, solicité permiso para llevar a Mugi al entrenamiento y volverla mi arma insignia. Tanto la coordinadora como la mexicana aceptaron y alegremente fui a recogerla. Luego de lavar mis dientes, tomé la bella y pulida ametralladora del estante, admiré su metálico cuerpo brillante y le di unas palmaditas. Asegurándome de que poseyera todo lo necesario en su lugar, la colgué en mi hombro derecho. Entonces, me dirigí hasta el radiante retrato de mi Lala, cuidándome fielmente a lado de la cama, con su cálida sonrisa expresando la pequeña felicidad que sentía yo en ese momento y besé con ternura su imagen, dejando la marca de mis labios en el vidrio.

– "Lucharé por ti, Spatzi." – Le dije a la chica de la pared. – "Ich liebe dich. Für immer."

Golpeando el centro de mi pecho con mi puño, la señal de juramento y respeto militar en mi nación, salí del cuarto. Ahí, me encontré con una joven nekomata de unos veinte años, la menor de las nietas de la señora Yamato, quien me saludó. Cargaba con una torre de ropa doblada en sus brazos, entre ellas mi oscuro uniforme, envuelto cuidadosamente en una bolsa plástica, al igual que la otra vestimenta, la que Smith nos obsequió. Ya que la enorme montaña de tela, que seguramente también incluía los atuendos de MON, parecía demasiado para la pobre gatita, le ayudé tomando mis pertenencias y la mitad de su encargo.

– "¡Oh, gracias, amiga!" – Sonrió la felina de pelaje naranja. – "Pero no es necesario que se moleste, yo puedo con toda la ropa. Además, es mi trabajo."

– "No es molestia alguna." – Acoté. – "Además, ayudar a la ciudadanía es mi trabajo."

– "Bueno, si usted insiste." – Soltó una risita. – "Se lo agradezco, agente."

– "Aún no lo soy, pero espero obtener tal título cuando esto acabe." – Logré liberar una mano y ofrecérsela. – "Llámame Aria."

– "Gusto en conocerte formalmente, Aria." – La estrechó. – "Soy Kanna."

– "Un placer, Kanna. Permíteme dejar mis trapos en mi habitación y enseguida regreso."

– "Vale, mientras le entregaré la perteneciente a la señorita grillo."

– "No te confundas, chica; Dyne es una empusa, y una muy gruñona."

– "Oh, sí, ya veo."

Depositando mi vestuario encima de mi cama (toda agujereada gracias a esa maldita enana), regresé para auxiliar a la gatita a entregarle el resto de las residentes. Ella se retiró del cuarto de Nikos, junto a la habitante de dicha recámara. La griega cargaba parte de la tanda de la nekomata y, en un acto insólito, me ofreció una muy sutil sonrisa y una levísima afirmación con la cabeza al verme. Devolviéndole el gesto, la joven Yamato nos indicó que yo tenía la de la halcón, así que toqué la puerta de la mencionada y esta me recibió.

– "Se supone que tu deberías entregar una pizza y yo usar solamente una bata." – Mencionó la americana, haciendo alusión al cliché más conocido de las películas para adultos. No pregunten como sé esas cosas. – "Da igual, ¿te seduzco ahora o después, flaquita?"

– "Deja de ver cochinadas y toma tus trapos, pajarraca."

– "Uy que genio, pero gracias, guapa." – Agarró sus posesiones. – "¿Por qué el repentino cambio de profesión?"

– "Proteger y servir, linda, está en nuestro juramento implícito."

– "Bueno, sí que eres una justiciera ejemplar. ¿Tienen espacio para un par de alas extra?"

– "Ya me han ayudado lo suficiente, señorita arpía." – Acotó Kanna. – "No se moleste."

– "Tranquila, minina, lo hago con gusto." – Tomó el resto del montón de la felina. – "Puedes llamarme Cetania."

– "Kanna, es un placer."

Y así, el trío liderado por Yamato se encargó de entregar los relucientes atuendos a sus respectivas dueñas, algo sorprendidas pero complacidas de vernos apoyar a quienes nos hospedan. Esa es la esencia de una unidad como la nuestra, después de todo. La nekomata nos agradeció a las tres y después, juntas bajamos las escaleras hasta la furgoneta, no sin antes despedirnos de la señora Yamato y otra de sus nietas. Ya en el transporte, conducido por Titania y sin la presencia de la doctora Redguard, todo transcurrió sin novedades. Bueno, excepto que la gnómida ordenó a la griega que la acompañara en el asiento del copiloto. Ignoro porque tal petición, ya que atrás hay más que espacio suficiente para todas, pero no soy nadie para cuestionar los mandatos de nuestra superior. Yo continuaba acariciando a mi arma, echándole vistazos de vez en cuando. Aquello no pasó desapercibido para la falconiforme.

– "Comienzo a creer que esa cosa se está volviendo mi nueva rival." – Bromeó ella. – "Pareces niña con juguete nuevo."

– "Lo es." – Retruqué con una mueca burlona. – "Aún nos falta dormir juntas, pero eso será hasta después de conocernos mejor."

– "¿Puedo preguntar el porqué ese vehemente apego por un pedazo de acero?"

– "Y aleación de polímeros." – Aclaré, alzando el dedo.

– "Sí, sí…"

– "Bueno, el cargar con una ametralladora era símbolo que inspiraba respeto en Sparassus. Son armas de apoyo y generalmente van montadas en vehículos o sobre trípodes. Los soldados comunes usaban rifles de asalto y demás artilugios de fuego automático, pero sólo las tropas de élite tenían permitido el tenerlas como herramienta principal." – Expliqué, con algo de admiración en mi tono de voz. – "Ser asignada con cualquier variante de la mítica MG42 significaba que habías dominado el arte de las armas cortas. Era como recibir una medalla capaz de callarle la boca a cualquiera que dudara de tu destreza. Quizás yo aún no me haya ganado ese derecho, pero estoy dispuesta a demostrar que soy digna de emplearla con honor."

– "Woah..." – Expresó la rapaz. – "Sí que es asunto serio para ustedes, arañitas."

– "Además, no puedes negar que una arachne cazadora alemana con una ametralladora es una vista simplemente gloriosa." – Proclamé, posando como una estrella de cine de acción. – "Lo llevo en la sangre, pajarita."

– "Estás loca, rubia." – Rió. – "Pero te lo concedo, luces genial con ella."

– "Danke, Süsse."

Arribamos hasta el campo y sin nada fuera de lo normal, nos dirigimos hacia la zona que habían preparado para nosotras. Ya que entramos por la parte trasera y no el centro de información pública como la vez anterior, no pude admirar los artilugios bélicos, para mi decepción. Tampoco el dúo que conformaban la presidencia del club de fans virtual de la castaña se hizo presente, así que simplemente caminamos en silencio hacia un alto edificio sin color, evidentemente para prácticas, de cinco pisos de altura. Noté que Titania veía el lugar con una mirada algo enigmática, pero cambió su expresión al darse cuenta de que yo estaba conjeturándolo. Quizás le recordó a algo o simplemente planeaba nuevas formas de torturar a la pobre falconiforme. Sea como sea, mientras la arpía se despidió para ser instruida por la gnómida en otra zona, nosotras reabastecimos nuestras armas con munición de pintura, cosa que me obligaría a otra ardua sesión de limpieza para la pobre Mugi, y Zombina se ofreció como nuestra tutora en las maniobras de inserción táctica. Ya que tanto la pelinegra como yo estábamos familiarizadas con tales métodos, a la zombi sólo le quedó designar a Nikos como la comandante para el ejercicio y corregirnos nuestras faltas, que no eran pocas.

– "Estás muerta, mantis." – Anunció la pelirroja, apuntando su dedo como si fuera un arma a la cabeza de la empusa. – "¿Cuál es la regla principal?"

– "Cubrir las esquinas, Señora." – Respondió una avergonzada Dyne. – "Lamento haber fallado."

– "No lo olvides, la vida de tu compañera también depende de ti." – Apuntó de manera escarnecedora. – "Otra vez, desde el principio. ¡Vamos, niñas! ¡De tomates a diamantes!"

Quebrar puertas, despejar habitaciones, arrojar granadas antes de entrar y despejar de nuevo; El método de combate urbano que los soviéticos perfeccionaron durante la batalla de Stalingrado, la Rattenkrieg, como la conocían los germanos, no pasaba de moda. Ensayamos infinidad de veces, descubriendo que, o nuestro entrenamiento previo ya se nos había olvidado, o en verdad éramos terribles para seguir instrucciones. En mi caso, yo seguía los mandatos al pie de la regla, vigilando mi sector correspondiente cada vez que entrábamos a una habitación, incluyendo el techo y esquinas, como manda el manual universal. La Lesbia, por el otro lado, parecía que había vuelto a sus días de recluta en el distinguido ejército Helénico.

– "Dyne, ¿Qué rango tenías en la Guardia Costera?" – Le susurré a ella mientras avanzábamos lentamente a la siguiente zona.

– "Subteniente, ¿por qué?"

– "¿No te enseñaron a retirar el dedo del gatillo cuando no estás en combate?"

– "Hay que estar preparada en todo momento, araña."

– "Pero no paranoica. La disciplina del disparador es parte primordial del entrenamiento básico. Debió ser lo primero que te enseñaron."

– "Las cosas son diferentes en Grecia."

– "No, el lenguaje es diferente, las reglas son universales."

– "¡Carajo, Jaëgersturm! ¡Yo soy la líder aquí! ¡Deja de cuestionarme!"

– "Bang, bang, están jodidamente muertas." – Declaró la muerta viviente, apareciendo desde un cuarto vacío a nuestra izquierda y disintiendo con la cabeza. – "Arachne, ¿Cuál es tu trabajo?"

– "Cubrir a mi comandante y no distraerme." – Admití con hombros caídos.

– "¿Y el tuyo, empusa?"

– "Evitar revelar la presencia de mi equipo y no distraerme." – Reconoció la mencionada.

– "La próxima vez dispararé de verdad, así que dejen de decepcionarme. De nuevo, novatas." – Ordenó. – "Y Nikos, el guardamonte existe por una razón, así que quita el dedo del maldito gatillo, ¿quieres?"

– "Sí, Señora. Disculpe." – Respondió la humillada pelinegra.

Una vez superada la primera fase del adiestramiento, repetimos el proceso, esta vez con Tionishia y Manako actuando como adversarias, apareciendo de sorpresa y usando esa dolorosa munición falsa. No necesito mencionar que apenas transcurridos quince minutos y nuestros trajes ya ostentaban esa moda tutti-frutti por tanta pintura. Por el lado amable, habíamos mejorado considerablemente nuestra capacidad de sigilo y hasta logramos sorprender a la imponente ogresa en un par de ocasiones, gracias a mi habilidad de escalar paredes y techos discretamente, sin contar con los ahora avivados sentidos de la griega. Zombina nos felicitó por haber usado nuestras habilidades, recordándonos que las extraespecie debemos siempre hacer empleo de las capacidades que la naturaleza nos proveyó. Sus elogios nos motivaron a seguir puliendo la destreza y en pocas horas, una mantis y una arachne comenzaban a trabajar eficientemente al unísono, como un verdadero equipo. Todo iba bien hasta que una figura alada irrumpió sorpresivamente por una de las tantas ventanas y me atrapó con sus afiladas garras. Mi chaleco resistiría el impacto, pero no contaba con la astucia de mi atacante y una descarga eléctrica me paralizó el cuerpo al instante.

– "¡Ay! ¡¿Qué demonios fue eso?!" – Me cuestioné al recobrar la movilidad y el habla en el suelo. – "¡Carajo, como duele!"

– "¡Surprise, Blondie!" – Saludó alegremente Cetania. – "¿Te gustan mis nuevos juguetes?"

La arpía flexionó una de sus garras, mostrando una especie de tela negra gruesa a manera de calcetas que cubrían casi toda la planta de sus pies, excepto los dedos. En el centro, residían tres pequeñas protuberancias metálicas, afiladas como clavos y del tamaño de una tachuela. También extendió una de sus extremidades emplumadas, revelando una especie de interruptor en su casi invisible 'dedo' medio.

– "Inmovilizadores de electrochoque, especialmente diseñados para aves antropomórficas." – Explicó repentinamente Titania, apareciendo por la puerta. – "Capaz de generar una descarga de hasta 80,000 voltios y .03 amperes, aislados y perfectamente seguros aún en contacto con el agua, se activan de manera voluntaria desde las alas. Industrias 'The Gambler', tecnología de punta. ¿Son efectivos, araña?"

– "¿Era necesario probarlos conmigo?" – Me incorporé, todavía adolorida.

– "No." – Acotó sin pena alguna la gnómida. – "Pero es divertido verte sufrir. En todo caso, la pajarraca se les unirá en los ejercicios desde este momento. Creo que esa entrada tan dinámica les enseñó que está más que lista para entrarle a la fiesta." – Volteó a ver a la zombi. – "¿Cómo van tus tomatitos, Roja?"

– "Cada segundo con ellas me hace arrepentirme de haber revivido." – Opinó la aludida, estirándose. – "Pero confío en que podremos hacerlas esperpentos de utilidad para el final de la semana. En fin, las dejo bajo tu cuidado, enana. Yo voy a practicar un poco mi puntería, ¿me prestas esa MG4?"

– "Adelante. Cuídala, sólo tenemos una." – Le entregó su arma a la muerta viviente. – "Gracias por cubrirme, Roja."

– "Un placer, Jättelund." – Se despidió la comandante. – "Espera, si no me equivoco, es hora de la tercera fase, ¿no?"

– "Correcto. Llama al escuadrón, y que usen rifles, no subfusiles. Ya sabes, de tomates a diamantes."

– "Roger that."

No me gustó como sonó eso. Y tuve razón al desconfiar, puesto que el siguiente paso era neutralizar el edificio entero… Repleto de adversarios armados… Con fusiles de asalto… Incluyendo a Manako y Tionishia… Y proteger a toda costa a la instructora. Suspiré.

– "Santa Arachne, madre de todas, ruega por nosotras, pecadoras…"

Es innecesario mencionar que ni mi deidad de ocho patas fue capaz de salvaguardarnos en esa ocasión. A pesar de que ahora contábamos con la ayuda de la rapaz, que podíamos coordinarnos perfectamente por radio y de todo el adiestramiento que recibimos, regresamos a la primera casilla tan pronto los proyectiles de goma salieron disparados de las armas del contrincante. Tampoco señalaré los infinitos errores que cometimos y sobre como terminamos, de nueva cuenta, cubiertas de pies a cabeza con pintura multicolor. Afortunadamente llevábamos casco, pero el dolor se acrecentaba por cada habitación que limpiábamos. Sin embargo, reconozco que los terribles y francamente abusivos métodos empleados por la mexicana en verdad rendían frutos. La castaña era, sin duda, un excelente as bajo la manga cuando se trataba de distraer al enemigo y permitirnos despejar un área fuertemente resguardada. Nadie sabía si caerían presa de una poderosa halcón y su calzado eléctrico entrando ya sea por la ventana y los tragaluces, o si serían blancos para una elusiva arachne sobre el techo, sin contar que la empusa era experta en aprovechar tal confusión y erradicar las amenazas con celeridad. Si se me permite presumir, declaro que estábamos volviéndonos cada vez más unas profesionales. Era, por supuesto, una suposición muy, pero muy optimista y fantasiosa, pero nos daba ánimos suficientes para continuar.

Las únicas que se mantenían a la par eran las veteranas cíclope y ogresa, pero eso era en parte porque, a pesar de estar cubiertas por armaduras y equipo protector, nos costaba atacarlas. Manako lucía demasiado dulce y siempre me hacía dudar sobre si jalar el gatillo para lastimarla, cosa que aprovechaba ella para darme una buena dosis de balas falsas. Tio irradiaba un aura maternal que me hacía sentir que estaba hiriendo a una persona inocente. Ella me recordaba que no debía titubear en mi misión, o terminaría aún más vapuleada que cuando me propinaba un suave pero contundente golpe en el tórax. Quizás ahí radicara su éxito, son tan tiernas que los malhechores se rehúsan a dañarlas. Después de debatir mentalmente sobre las ventajas de una apariencia afable y el desarmador efecto psicológico que aquello produce en el criminal común, la tarde llegó junto al final de nuestra larguísima sesión de insufrible tortura. Durante todo este tiempo, ni siquiera tuvimos oportunidad de descansar más de cinco minutos sin que la híbrida de gigantes nos ordenara tomar las armas y volver a enfrentarnos a un nuevo grupo. Desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, nos enfrascamos en la lucha sin tregua y nos forzamos a desarrollar una increíble tolerancia al dolor, aunque el éxito de tal tarea era menos que satisfactorio.

Ahora entiendo la profética combinación de mi casillero; Este era nuestro Día D, nuestra invasión de Normandía, la Operación Overlord condensada en doce horas que se hicieron tan largas como los desembarcos en las costas europeas. Y a nosotras nos tocó ser las que asaltarían la playa de Omaha. Pero al igual que las tropas estadounidenses en ese fatídico suceso histórico, logramos abrirnos paso entre las balas, minas, trampas antitanque y explosiones para asaltar las fortificaciones del enemigo, eventualmente clamando el primer paso para la todavía lejana, pero segura victoria. Y con nuestra americana fuerza aérea, la infantería griega y la irónica artillería alemana, llegaríamos hasta nuestro objetivo. Con nuestros cuerpos lacerados sin descanso y ostentando un nuevo juego de moretones en todo nuestro físico, las tres exhaustas guerreras nos retiramos pesadamente hasta la furgoneta. No hubo palabras de felicitación por parte de Smith o las chicas, sólo unas frías palabras por parte de la gnómida ordenando retirarnos. Caer como costales de papas en la parte trasera del vehículo y reposar una sobre la otra seguramente se volverá cotidiano, así que no objeté cuando quedé bajo la mantis y la halcón. Continuábamos llenas de manchas polícromas porque no nos ofrecieron oportunidad de asearnos.

Quizás la única recompensa fue dejarles a mis compañeras traerse sus armas a casa. Dyne eligió la Mossberg 590 y la MP5A3 como sus fieles guardianas, mientras Cetania clamó posesión de su H&K USP. Yo ya tenía a Mugi, quien no fue disparada en todo el día, a pesar del arduo entrenamiento. De hecho, ninguna de nuestras herramientas fueron usadas, ya que sólo nos bastaba decir 'Bang' para anunciar una baja adversaria. Parecería inútil haberlas cargado si no pretendíamos operarlas, pero en realidad era para acostumbrarnos a maniobrar con el peso extra que las balas le otorgaban al arma. Es decir, mi ametralladora pasa de pesar diez kilos y medio completamente vacía a poseer casi doce una vez que agrego la caja de munición con doscientos cincuenta cartuchos; Una aparentemente minúscula pero importante diferencia en el campo de batalla. Además, saber la diferencia entre un cargador lleno y otro sin existencias es vital. Como regalo extra, también nos otorgaron una pistola P226 Tactical Ops a Nikos y a mí, con un fino acabado en negro. Nunca me gustó ese feo diseño que eligieron para ese modelo en particular y hubiera preferido una Elite o una MK25 idéntica a la usada por los Navy SEAL, pero como dice el viejo refrán: A caballo regalado, no se le mira el diente; Especialmente si puede dispararte por malagradecida.

Y sinceramente, ¿alguna vez yo me quejaría por haber recibido un arma?

Admirando mi nueva pistola, la llamé 'Hummel' (Abejorro) y se la presenté a Mugi. Elegí tal nombre en honor a la ciudad Sparassediana que se sitúa entre los fuertes Arryn y Dunkelman, famosa por ofrecer vistas nevadas en sus níveas montañas y campos a los pies de estas, llenas de hermosas flores y los himenópteros homónimos. Y porque junto a Rubinschnee y Geminia, son las localidades más tolerantes hacia el lesbianismo. Nunca las he visitado personalmente, apenas conozco la capital y la ciudad de Holconia, pero siempre apoyé que incluso en una nación tan prejuiciosa y opresiva como la mía, todavía quedaran las semillas de la insurrección cultural que la gran Kriegtochter sembrara con su rebelde actitud desde tiempos inmemoriales. Además, lesbianas unidas jamás serán vencidas.

– "¿Pasa algo, flaca?" – Interrogó la rapaz. – "Te estás riendo, ¿Qué es lo gracioso?"

– "Oh, nada, pajarita. Sólo reflexionando en la ironía de las cosas."

– "¿Por qué lo dices?"

– "Cuando estaba en Weidmann, sólo me imaginaba en salir de ahí; Y ahora que estoy fuera, siempre pienso en mi país, mi hogar."

– "La nostalgia siempre permeará a las inmigrantes como nosotras, Jaëgersturm." – Se unió la griega. – "Lo importante no es extrañar lo que dejaste atrás, sino aprovechar lo que trajiste a esta nueva tierra y aportarlo en beneficio de la sociedad. Trabajemos duro para demostrar lo que valemos."

– "¡Finalmente! ¡Alguien con sensatez!" – Declaró Titania, quien manejaba el vehículo. – "Carajo, Nikos, da gusto ver que tienes la cabeza sobre los hombros y no metida en el trasero. Si todos pensaran como tú, la xenofobia sería cosa del pasado."

– "Gracias, Instructora." – Hizo una reverencia la referida.

No dijimos nada, pero la castaña y una servidora estábamos de acuerdo con las breves palabras de la helénica; Como representantes no solamente de la ley, sino de nuestras especies y las liminales en general, debíamos probar nuestra plusvalía al mundo. Ahora entiendo porque fue elegida como nuestra comandante por hoy; Será muy callada y malhumorada, pero es la más madura de las tres. Llegando a los conocidos apartamentos, bajamos y después de saludar a la abuelita Yamato, nos dirigimos a las duchas por un muy merecido baño. Pero antes, entré a mi habitación y lo primero que hice fue besar de nuevo el sonriente retrato de Lala, dándome silenciosamente la bienvenida. Más tarde la llamaría, pero ahora debía dejar a mi MG3 en el estante y hacerme con ropa limpia. Tomé también el atuendo monocromático, envuelto en una bolsa plástica, aún sucio y que olvidé poner en la cesta de ropa sucia esta mañana. Espero Kanna me perdone el dejarle más trabajo, pero cuando lo primero que te recibe en la mañana es una lluvia de balas y oprobios en español, una no puede acordarse de hacer las cosas de manera ordenada.

Salí de ahí y junto a la falconiforme y la mantis, nos refrescamos con el poder revitalizante de la fusión de dos moléculas de hidrógeno con una de oxígeno en su estado líquido. Recordé traer mi jabón especial para exoesqueletos, pero igual debí hacerme con un shampoo, el que usan aquí no huele tan bien como el Xiao Long con olor a piña. No charlamos, estábamos demasiado cansadas y hambrientas para gastar saliva en parloteos triviales. Acabadas de asearnos y vestirnos con ropas más cómodas, saludamos al trío (Doppel no estaba) original de MON, recién llegando de su viaje, en camino a ducharse también. Nos servimos una gran cantidad de comida, como exigían nuestros hambrientos estómagos; Total, por cada kilo que ganamos, perdemos el triple después de cada entrenamiento. Y porque ese rico pollo en salsa agridulce no se va comer solito. Eligiendo el resto de la merienda del aparador y con energías recuperándose, platiqué con mi amiga emplumada sobre mi encargo y buscar un medio para enviar el dinero.

– "Bueno, debería haber una oficinal postal cerca." – Opinó la arpía, agregando carne a su plato. – "Sin embargo, dudo que alguna esté abierta a esta hora. Podrías pedirle el favor a Smith."

– "Supongo tienes razón." – Suspiré. – "No es que tenga prisa, pero quisiera cerrar el asunto cuanto antes. Además, deseaba que me acompañaras en la búsqueda y aprovecháramos para tomarme esa foto para tu collar."

– "Que tierna, flaquita. Te agradezco el interés." – Sonrió, acariciando mi barbilla con sus plumas. – "Ya lo haremos otro día, descuida."

Nos sentamos y empezamos a degustar los platillos tan occidentales que la cafetería del inmueble ofrecía. Agradezco aquello, ya que significa que la mayoría de la comida puede ser consumida con cubiertos. Sinceramente, nunca pude acostumbrarme a esos condenados palillos, mis enormes y torpes garras hacen el manejo de las delicadas piezas de madera poco agradable y, honestamente, prefiero la simplicidad de un tenedor y un cuchillo. En ocasiones envidié la delicadeza de las articuladas extremidades de las tejedoras como Rachnera, con dedos finos y diestros, capaces de hacer complicadas obras de arte con la seda. Pero bueno, cuando se trata de hacer trizas a una presa sin necesidad de usar objetos punzocortantes, mis afiladas manos son la herramienta perfecta. Y el grosor es excelente para proveer intenso placer a ese ser amado, si las declaraciones de Lala a base de profundos gemidos son prueba suficiente. Como siempre digo: Si del cielo te caen limones, consíguete un paraguas para evitar que te partan la cabeza y asegúrate de que tu limonada sea la mejor del lugar.

Debería dejar de tratar de improvisar los refranes, soy terrible.

A mitad del almuerzo-cena, el resto del equipo se unió, incluyendo a Smith, esta última acompañada de Doppel y conversando sobre temas que no le conciernen a una alemana que precie su bienestar mental. Pasados unos minutos después de que la instructora latina nos recordara nuestros puntos flacos en el adiestramiento de hoy y que advirtiera que nos preparáramos para un entrenamiento aún más severo, si tal cosa era legalmente posible, una conocida y oscura figura hizo su aparición.

– "¡Good evening, lovelies!" – Saludó la doctora Redguard, con una hielera roja en sus manos. – "Déjenme algo de comer, que me muero de hambre… ¿Entendieron?"

– "Me matas de aburrimiento con tus bromas, Sandía." – Contestó sardónicamente Zombina.

– "¡Ay, Bina! ¡Me haces sentir fatal con tus palabras!" – Retrucó de la misma manera la matasanos.

– "Mi mordacidad es letal, pervertida."

– "Que funesta declaración, putrefacta."

– "Eso que sería tu perfecto epitafio lacónico, degenerada."

– "Y tu deceso sería un óbito muy alegre para el mundo, hedionda."

Incluso Lala se cansaría de tan excesivas alusiones a la muerte, especialmente si están acompañadas por pésimos intentos de humor.

– "Ustedes dos, paren ya, ¿quieren?" – Ordenó Kuroko, cansada de las atroces bromas de las muertas vivientes. – "¿A qué debemos tu visita, Saadia? Creí que estarías trabajando en el informe de hoy."

– "Gimme a break, ¿will ya, Boss?" – Replicó Sandy. – "No todas podemos usar esa excusa de supervisar a las novatas para saltarse el maldito trabajo. Sin tu harén personal disponible, me asignaron no solo el escribir, sino también el distribuirle personalmente el reporte a los superiores y para colmo, me tocó ser parte de una aburrida junta en una hora. ¡Soy científica, no una jodida burócrata! ¡¿Por qué carajos tengo que hacer tu trabajo?!"

– "Porque tu último análisis parecía haber sido escrito por una impúber en celo." – Respondió la coordinadora con seriedad, incorporándose. – "Demonios, Vanessa, el futuro de este proyecto depende de nuestra capacidad de impresionar al maldito Departamento de Justicia y a todos es vejetes que controlan los hilos del gobierno, y tú pierdes el tiempo con suposiciones absurdas y conjeturas dignas de adolescentes sobre la vida amorosa de mis subordinadas. Y deja de referirte a ellas como mi harén."

– "Esas mismas conjeturas son las que nos dejaron bien paradas frente a esos babeantes ancianos rabo verde, ¿o no?" – Contestó la afroamericana, sonriendo jactanciosamente. – "No es necesario agradecerme."

– "Ignoro como rayos tu plan de mostrarles tan ridículos apuntes actualmente funcionó." – La pelinegra talló su sien.

– "Porque conozco perfectamente a la clase de carcamales inmorales que ocupan los puestos importantes y lo fácil que es manipularlos con simples sugestiones para que su atrofiada mente ate los cabos como les plazca." – Saadia apoyó su índice en una mesa e hizo círculos con este, para enfatizar su punto. – "Y voy a explotar esa debilidad para hacernos quedar bien. Es lo que querías, ¿no? Obtener aprobación y evitar que tu experimento se viniera abajo, junto a tus sueños."

– "No a costa del buen nombre de la organización y la dignidad de mis agentes."

– "El fin justifica los medios, Smith. Y nuestro objetivo es que finalmente nos retiren los grilletes de las manos, para poder actuar frente a las verdaderas amenazas. Me lo agradecerás cuando tus niñas impidan la siguiente catástrofe, con tus preciadas apariencias afiligranadas por el triunfo."

– "Tu no eras así, Saadia."

– "Pero tú sí, ¿recuerdas? Tú me enseñaste a que el mundo ofrece oportunidades y debes tomarlas cuanto antes, si nos lleva a la excelencia, Kuroko. Y yo usaré todo mi material disponible para que lleguemos a buen puerto."

– "La ambición te consumirá demasiado rápido, Redguard."

– "Y la lentitud provocará que lo que deseas proteger sea consumido. Tenemos seis días, tú luchas tus batallas y yo las mías, pero ambas tenemos la misma meta: Ir hacia adelante. Te sugiero dejar de preocuparte por las ideas malsanas que un grupo de fósiles vivientes formulen en sus inútiles cabezas y te concentres en seguir vendiéndoles la idea a esos estirados, porque está funcionando. Ahora, podemos seguir explayando nuestras diferencias o dejarme hacer el trabajo que tu propia ausencia me ha impuesto, ¿qué eliges?"

– "Realmente te has convertido en una insolente, Vanessa." – Suspiró la coordinadora, volviéndose a sentar. – "Discutiremos sobre tu reprobable comportamiento cuando regresemos a la oficina, pero ahora termina lo que viniste a hacer y lárgate."

– "Thank you so much, Boss." – Ofreció una sonrisa fingida.

No tengo idea sobre a que se refieran esas dos con sus informes y sugestiones a sus superiores, pero es más que obvio que esas dos no compaginan filosóficamente. Ignorando el litigio silencioso que las dos mujeres expresaban con la mirada, sin mencionar que Doppel se hallaba penetrando con sus Abismales y enfurecidos ojos a la estadounidense de manera afásica, nosotras volvimos nuestras vistas hacia la comida en los platos. Cualquiera que fuera la chispa que encendió tan acalorada dialéctica, ésta aún alimentaba las llamas de la querella entre ambas y fue necesario que Zombina hiciera una oferta a la graduada de acompañarnos en nuestra mesa para disipar otro posible enfrentamiento. La pelirroja seguía demostrando porque era la segunda al mando del grupo, mostrándose responsable y preventiva a pesar de su explosiva personalidad.

– "Demonios, Sandy, en verdad harás que te maten por segunda ocasión." – Mencionó la comandante heterocromática. – "¿Qué mosca te pico el trasero para andar buscando pleito con la Capitana?"

– "Sabes que no me gusta que menosprecien mi trabajo y lo cataloguen de fruslerías, Zoe." – Tomó una pieza de pan del plato de la zombi, ésta no objetó. – "Seré una pervertida, degenerada, depravada, lujuriosa y libidinosa; Pero nunca catalogues mi ardua labor como nimiedad. Estaré muerta, pero no soy una jodida inútil."

– "Quizás deberías tratar de ser más profesional." – Le apuntó con su tenedor y retomó el pan con este. – "La Capitana lucirá muy irresponsable, pero es la más madura del grupo y sabes que no tolera informalidades en asuntos importantes."

– "Soy lo suficientemente competente." – Se hizo con la gaseosa de la pelirroja. – "Tal vez sea ella la que necesite relajarse, le ayudará a su presión."

– "No digas que no te lo advertí, Sandía." – Le arrebató la lata. – "Y no toques mis cosas con tus gérmenes. Suficiente tengo con el virus en mi cuerpo."

– "Lo mismo digo, dientes podridos." – Agarró por segunda vez la pequeña hogaza. – "¿Has pensado en cambiar de dentífrico? Hasta las moscas se desmayarían con esa halitosis post-mortem."

– "¿Viniste a joder?" – Reclamó su comida con la mano.

– "Nah, eso es gratis." – Se volteó hacia nosotras, dirigiéndose a Nikos. – "Aquí está lo que encargaste, mantis."

De la hielera, Sandy reveló una pequeña bolsa plástica hermética transparente, muy parecida a las usadas en los hospitales para administrar el suero por infusión intravenosa. Poseía una tapa de rosca para permitir el consumo directo. Sin embargo, lo llamativo era el contenido dentro del envase de polímero: Sangre. Ya debería ser obvio por el rojo color del líquido en su interior y las enormes etiquetas que indicaban que era hemoglobina pura del grupo B con factor RH negativo, acompañado de la simpática imagen de un murciélago, pero no dejaba de causar extrañeza. Sin inmutarse por nuestras confundidas miradas, la pelinegra agradeció con una reverencia a la afroamericana y sin dilación retiró el tapón para comenzar a beber el bermejo fluido. Cierto, había olvidado que las empusas, sirvientes de la telúrica Hécate, son hematófagas. Por suerte, al contrario de los vilipendiados vampiros, ellas no sufrían de frenesíes que las hicieran buscar la plasma vital en las noches.

O eso espero, no quiero despertar con Dyne succionándome el cuello un día de estos.

– "Eso debería cubrirte para la semana entera. No es la mejor marca, pero es preferible a las sintéticas." – Afirmó Saadia. – "¿Alguna otra cosa, verdecita?"

– "Por ahora esto será suficiente. Gracias, doctora Redguard, le debo una." – Sonrió la griega.

– "No me debes nada, Nikos, es mi trabajo. Llámame cuando necesites más." – Nos miró a mí y a la emplumada. – "Tortolitas, ¿algo en lo que esta benévola ángel de la salud chocolatosa pueda auxiliarles?"

– "¿Tiene algo para los hematomas, doc?" – Solicitó la rapaz. – "Tengo moradas hasta las tetas."

– "Estás de suerte, Montana, porque esta genio trajo lo que necesitas para esas heridas subcutáneas." – Declaró Sandy, revisando en la hielera portátil. Ahí, reveló la peor pesadilla de la arpía. – "Bájate los pantalones y ponte flojita, que aquí viene la jeringuita."

Cetania pasó de halcón plomizo a correcaminos en una centésima de segundo y desapareció más rápido que el tiempo necesario para que los electrones se transfieran entre átomos o el tiempo de vida de una partícula de muonio. Por qué demonios me aprendo datos científicos superfluos en lugar de algo útil, como las tablas de multiplicar, es uno de los misterios más grandes de mi persona. Cuando la egresada del MIT cesó su sonora carcajada, nos preguntó al resto si se nos ofrecía algo y todas respondieron que estaban bien por el momento, excepto Tionishia, quien instó una petición para que Redguard fuera tan amable de enviar un paquete por correo a la brevedad posible. Aparentemente la ogresa había juntado suficientes recortes de la caja del cereal oficial del grupo ANM48 para reclamar una camiseta de edición limitada. Ignoro si haya tamaño suficiente para la gigantesca rubia, pero ese no era mi problema. Pensé en no desaprovechar tal oportunidad y solicité audiencia.

– "Disculpe, Ärztin." – Tomé la palabra. – "Si no es molestia, yo también quisiera hacerle un encargo."

– "Claro, Aria." – Accedió la aludida. – "¿De qué se trata?"

– "El pago para los repuestos de mi arma. ¿Recuerda cuando le pedí el número del doctor Sarver?"

– "Oh, sí, ya me acordé. No hay problema, dame la dirección y lo mandaré a primera hora."

– "Danke schön, Sanitäterin." – Hice una reverencia. – "Enseguida vuelvo."

Rápidamente fui a buscar el sobre y se lo entregué a ella. Dándole un firme apretón de manos, la invité a seguir acompañándonos en la merienda. Saadia dedujo que tenía un poco de tiempo antes de volver a la oficina y optó por quedarse. Tomó una bandeja y se hizo con una inusual mezcla de platillos tanto de occidente como de este lado del globo. Ella siguió explicando el tema de la correspondencia.

– "La mensajería es común en la agencia. De hecho, contamos con nuestras repartidoras particulares." – Comentó la científica, tomando fideos con sus palillos. – "¿Nunca notaron que había un grupito de arpías paloma siempre recorriendo los pasillos con morrales?"

– "Estábamos demasiado ocupadas para incluso saber donde se encontraba el baño." – Rió la rapaz, habiéndose recuperado de la broma anterior. – "Entonces, ¿podemos mandar recados a nuestros seres queridos todos los días, decía?"

– "Correcto, Montana. ¿Les he contado de un tal Takashi Kanzaki? Bajito, flaco y amable, le decían Tako cuando trabajaba aquí."

– "Afirmativo, el nos atendió a mí y a la emplumada cuando recién llegamos a Okayado." – Confirmé. – "Su esposa estuvo en los atentados y nos agradeció por haberla resguardado."

– "Je, que pequeño es el mundo." – Sonrió Sandy, agarrando una albóndiga mediana. – "Bueno, como decía, Takashi solía escribirle a diario a su esposa, relatándole sus faenas cotidianas. Las repartidoras terminaron volviéndose muy buenas amigas de él y su familia, de tanto que se veían. Incluso nombraron a su hija como una de ellas."

– "Sumire." – Respondí, recordando cuando el muchacho la mencionó en esa ocasión que fui a tramitar el pase independiente de Lala. – "¿En verdad redactaba todos los días a su mujer? ¿No había problema por exceso de uso?"

– "Nada de eso. Incluso les parecía sumamente romántico a las pajaritas."

– "Entiendo. En un mundo donde la comunicación es completamente digital, el acto de componer una carta física para un ser amado tiene un gran valor sentimental." – Sonreí. – "Creo que también me gustaría hacerlo. Quiero cartearme con Lala."

– "Incluso si es para esa pitufo, me parece que es una tierna idea, flaca." – Opinó la castaña. – "Debería hacer lo mismo con Yuuko. ¿Qué hay de ti, Dyne? ¿Alguien a quien platicarle tu experiencia en esta loca academia de policía?"

– "No." – Replicó secamente la aludida y prosiguió con un último sorbo a su bolsa de sangre. Empusa de pocas palabras.

– "De todas maneras, pueden depositar su correspondencia en el buzón de la recepción." – Continuó Redguard. – "La señora Yamato igual se comunica con su familia en Nagasaki y las mensajeras pasan temprano. Asegúrense de marcar los sobres con el sello rojo del Departamento de Justicia para que sepan que es urgente. No deberían tardarse más de cuatro horas en entregarla."

– "El problema es donde conseguir tal sello." – Señalé.

– "El ángel de chocolate al rescate." – Declaró la doctora, dándome el mencionado objeto. Bajó el tono de su voz. – "Lo tomé del despacho del jefe, no digan nada."

Asentimos con la cabeza en agradecimiento y reanudamos la degustación. Aunque nosotras ya casi terminábamos, ella devoraba insólitamente con el ahínco de un tiranosaurio y demoró poco en terminar su plato. Concluidas todas de ingerir, Vanessa pasó a retirarse, no sin antes ofrecerle unos dulces sabor café a Smith como oferta de paz y un abrazo amistoso, cosa que la agente aceptó, para alivio de las presentes. Antes de que ella y Titania (quien reveló que pasaría la noche en un cuarto del primer piso, ignoro por qué) comenzaran a bajar las escaleras, la otra revivida decidió abrir la boca.

– "Hey, Jaëgersturm." – Me habló la zombi de MON. – "¿Quieres venir a mi cuarto?"

El mundo entero se paralizó en ese instante y hasta las empleadas que se encontraban en la cocina se detuvieron en seco. El viento ululando y el sonido de las aves buscando cobijo en los árboles combinado con el bullicio de la urbe que nunca descansa eran el único ruido en ese momento hasta que una de las cocineras dejó caer la bandeja en sus manos, pero ni el chirriante sonido del metal impactando el suelo nos afectó tanto como aquellas palabras. Los incrédulos ojos de las presentes se concentraron en una pelirroja occisa y una rubia arachne, ésta última sonrojada y temblando nerviosamente, debatiéndose entre recuperar su capacidad motriz y huir por las escaleras o simplemente saltar desde el balcón.

– "¿Por qué me miran así?" – Cuestionó la heterocromática con las manos en la cintura. – "¿No puede una entusiasta de las armas mostrarle su colección a otra?"

Oh, gracias, dioses divinos. Un masivo suspiro de alivio se oyó por todo el edificio. ¡Maldita sea, Zombina, no me asustes de esa manera! Tendremos gustos similares, serás mi superior, te admiro y confieso que eres muy bonita, a pesar de ser un cadáver viviente… ¡Pero no significa que sienta algo más por ti! ¡Ya tengo a mi propia mensajera de la muerte y la amo con toda mi quitinosa alma, muchas gracias!

Pero concedo que tendrías excelente gusto al desear a esta sensual araña.

Aclarado el asunto y con la doctora agradeciéndole a la chica por haberla inspirado para un escrito o algo así, acompañé a la susodicha a su habitación. Ella me sugirió que tomara a Mugi y la trajera también, para limpiar las herramientas mientras charlábamos sobre el intrincado mundo de la pólvora. Aceptando su excelente idea, fui a mis aposentos para recoger a mi fiel compañera de acero (y aleación de polímeros), todavía sucia por la pintura, sin olvidar a Hummel y me reencontré con la comandante, entrando a su recámara. Ahí vi por primera vez el interior de su peculiar alcoba.

Reflejando perfectamente la belicosa personalidad de su habitante, el dormitorio, algo desordenado y con algunas ropas en el suelo, estaba tapizado de posters de películas sobre acción, zombis y también de blancos de práctica, éstos últimos repletos de enormes agujeros. Las paredes color gris verduzco apagado le daban un toque casi lúgubre al lugar, como una vieja fotografía de guerra. Todo era algo austero, con algunas cajas sobre su casillero y una minimalista cómoda a lado de su cama, donde residían una colorida cantidad de figuras de acción. Debajo de su cama y a lado del escritorio metálico café, se hallaban diversas revistas, muchas de ellas mangas tratando sobre temas que prefiero no discutir, especialmente porque ninguno parecía contener yuri. Ignoro qué signifiquen todos esos pañuelos rebosando en el contenedor de basura, pero no tengo curiosidad por averiguar el porqué varios se encuentran húmedos. Pero sin duda, lo que me llamó realmente la atención fue el llamativo estante arriba de estos.

Erigiéndose a lado de las blancas cortinas que resguardaban la ventana, no uno, sino dos enormes estantes oscuros, repletos de una plétora de cuidadosamente lustrado armamento, tapizaban las grisáceas paredes como ostentosos trofeos de guerra. Escopetas Winchester modelo 1200, subfusiles Mini-Uzi, PP-19 Bizon y Skorpion vz. 61, pistolas Glock-18, etcétera. Una fina selección de diversas armas cortas perfectamente ordenada y conservada. Las prioridades de la pelirroja eran evidentes. Mientras yo admiraba la belleza de la Spectre M4 y la hermosura del revólver Colt Python, la heterocromática empezó a deshacerse de su ropa.

– "¡Zombina! ¡¿Qué estás haciendo?!" – Cuestioné, azarada.

– "Me estoy cambiando, tomate. Hace calor." – Contestó de manera casual. – "¿No puedo hacerlo en mi cuarto?"

– "Bueno, sí… ¡Pero no enfrente de los invitados!"

– "Pfft… Somos del mismo equipo, ¿no?"

– "¡De todas maneras, no andes encuerándote así como si nada!"

– "Relájate, novata, que nadie más está observando." – Rió, levantando su playera. – "Además, creí que te gustaba ver mujeres en paños menores."

– "Lo haces para fastidiarme, ¿verdad?"

– "Lo hago porque no me importa." – Aclaró, deshaciéndose de sus pantalones cortos. – "¿Piensas que me incomoda desnudarme frente a una lesbiana? Me encanta el yaoi, como evidencian todas estas revistas. Sería hipócrita de mi parte que me desagradara tu presencia, Jaëgersturm. Además, no es que vayas a saltarme encima, ¿o sí?"

– "Gracias por la comprensión, Comandante, pero no deja de ser extraña la soltura con la que se muestra. Creo que, sin importar preferencias o ideología, hay que tener algo de modestia."

– "Al igual que Doppel, este no es mi verdadero cuerpo, ¿sabes? No me molesta mostrártelo." – Quedó en ropa interior y se sentó en su cama, enseñando las diversas costuras en su físico. – "A excepción de mi cabeza, mi destrozada figura original hace mucho que fue reemplazada por esta. Ya ni siquiera recuerdo cual era mi color de ojos original, o a quien le pertenecía mi pierna izquierda. Eso sí, siempre me he asegurado de que los repuestos sean fieles a mi apariencia real. Nada de hacer trampas, en verdad yo era así de atractiva. Aunque te confieso que mi rostro ha cambiado un poco, no sé cuantas veces he reemplazado mi nariz."

– "Ya veo. No hay vergüenza en enseñar si no es real, ¿cierto?"

– "Algo así. Y porque al final de cuentas, soy una descarada." – Se carcajeó. – "Pero suficiente de verte la cara ruborizada, tomate, hora de revelar la atracción principal."

La chica se incorporó y tomó la llave debajo de la lámpara de lectura en su escritorio para abrir sus casilleros. No pude evitar ver su bien formado trasero. Ya sé que es una zombi y esa parte de su cuerpo no es suya, pero es imposible negar que ella eligió perfectamente el reemplazo corporal. No es que me queje mucho, pero esa diminuta camiseta sin mangas deja completamente al descubierto sus rosados pezones. Y no quiero hablar de la nula cobertura que esa microscópica tanga negra provee a su entrepierna. Intenté distraerme para no desarrollar un necrofílico fetiche hacia mi superior tornando mi mirada hacia el estante de armas, hasta que la pelirroja abrió la puerta de sus metálicos contenedores.

– "Meine göttin…"

A pesar de lo estrechos que los casilleros pudieran lucir, una amplia selección de rifles de asalto, subfusiles, pistolas y ametralladoras convivían ordenadamente en tan claustrofóbico espacio. Había de todo: Colt M16, FAMAS, Steyr AUG, M60, las infaltables Kalashnikov e incluso una Kbk 2005 Jantar, un fusil prototipo polaco. Tantos juguetes que sin duda no debieron ser fáciles de conseguir. Pero, si bien ese tesoro era increíblemente llamativo, mis seis ojos se posaron sobre un divino protagonista de mi periodo histórico preferido.

– "Zombina… ¿Acaso esa es una M1 Thompson auténtica?"

– "Sip. Conservada en prístina condición desde la batalla de Okinawa." – Confirmó ella. – "Si mal no recuerdo, se la decomisamos a un grupo de Cu Siths que habían asaltado a un pobre veterano coleccionista de armas clásicas. Por salvarlo a él, su familia y a su preciado museo casero, el hombre me permitió quedármela. Nunca ha sido disparada y pretendo que se mantenga así."

– "¿Puedo tocarla?"

– "Adelante, araña."

– "Danke schön."

Me hice con la legendaria 'Tommy', el subfusil americano por excelencia del segundo conflicto global. Con su reputación mermada durante los años veinte gracias a los grupos mafiosos, la vieja Barredora de Trincheras recobró el honor de su nombre castigando con munición .45 ACP a sus enemigos japoneses, alemanes, italianos y demás que osaran hacerle frente a su cadencia de disparo de setecientas balas por minuto. Ésta en particular, era el modelo M1A1, una versión simplificada para su producción en masa y aparecida durante la mitad de la guerra. Sirvió fielmente en Iwo Jima, Normandía, Bastogne, Monte Cassino y prácticamente todos los frentes de batalla, ya sean en manos de los yanquis, británicos, australianos y hasta rusos. Una verdadera veterana que merecía ser venerada.

– "Linda, ¿verdad?" – Preguntó retóricamente la muerta viviente.

– "Wunderschön…"

– "Y eso que no has visto a este bebé." – Apuntó a un conocido objeto.

– "Oh, Zombina…" – Mis globos oculares brillaron como rojas bengalas y coloqué mis manos en sus hombros. – "¿Dónde has estado toda mi vida?"

– "En mi casita." – Rió ella. – "Anda, échale un vistazo a tu amor. Pero nada de besuquearse."

El clásico de clásicos, el indiscutible protagonista del bando estadounidense, el instrumento que ganó la guerra y el más grandioso artilugio bélico jamás inventado, según palabras del célebre George Patton: Fusil M1 Garand. Con su poderoso calibre .30-06 Springfield, esta preciosidad de madera y acero era capaz de aplacar al más fuerte soldado de manera contundente. Alimentado por un clip de ocho cartuchos y una cadencia de hasta cuarenta balas por minuto, según la destreza del operador, el rifle semiautomático probó ser una gran ventaja sobre los fusiles de cerrojo usados por las fuerzas del Eje. Tal es su eficacia que aún hoy, sigue siendo el preferido por los practicantes del tiro al blanco y cualquier admirador de los hitos bélicos por su increíble precisión y control, igual o mejor que varias armas modernas de asalto. Amaré las herramientas germanas con toda el alma, pero el Garand recibe mi respeto por ser una auténtica pieza de arte. Lo tomé y lo recorrí con delicadeza con mis manos, cubiertas por guantes.

– "Con este, ignoro en que frente haya combatido, pero es auténtico." – Mencionó la pelirroja, indicando el estampado en el receptor. – "Puedes verlo en el número de serie 865,332. Springfield Armory, modelo del 43."

– "Admito que me sería difícil identificar uno original de una copia. Incluso en mi nación, las reliquias verdaderas eran escasas. Siempre usé imitaciones."

– "Tengo varios libros sobre la materia que puedo prestarte." – Afirmó la zombi.

– "Me encantaría, Comandante. ¿Posees más bellezas del pasado?"

– "Aquí no, pero guardo una ametralladora Browning M1919 y una DP soviética en mi casa. Si quieres, te dejaré probarlas cuando te gradúes, ¿Qué te parece?"

– "Zombina…" – Sonreí y rodeé su cuello con mi brazo. – "Creo que este es el comienzo de una hermosa amistad."

– "Ah, excelente referencia, araña." – Me rodeó con el suyo. – "¿Cuándo nos vamos a Brazzaville, Aria Blaine?"

– "Cuando nos libremos de la malvada Titania Strasser."

– "¡Ja! Te entiendo. Esa enana es una verdadera fastidiosa, ¿cierto?"

– "Pero hay que admitir sabe hacer bien su trabajo. Yo sería capaz de despejar ese condenado edificio por mi cuenta y aprobar con impolutas calificaciones sólo para poder escupirle el desayuno."

– "Esa es la marca de una buena instructora. Kuroko era igual de inflexible cuando comenzamos." – Sonrió y miró al techo, nostálgica. – "Arduas horas corriendo bajo sol y lluvia, practicando hasta el hastío los mismos pasos, con el cuerpo lleno de proyectiles falsos y la cabeza hecha un caos. Llegué a pensar en hacer honor a la cultura popular y devorarme los sesos de la Capitana. Pero al final, le agradezco tal severidad, no sólo porque me preparó para afrontar los colosales retos de este oficio, sino porque igual me ayudó a descubrir de lo que soy capaz y lo que valgo."

Ella se dirigió a la ventana y corrió las cortinas, observando las siluetas de los edificios imponiéndose en la jungla de metal y concreto tokiota, brillando por la luz artificial y la iluminación de los astros en el cielo.

– "Aquí, en este disparatado grupo, encontré un propósito en mi segunda vida. Un propósito que me hizo sentirme valorada cuando mi nihilista ser anterior me hiciera querer desaprovechar la nueva oportunidad que se me presentó al revivir. No soy una tonta matona ni una burda peona, soy una agente del orden, alguien que tiene las herramientas necesarias y el poder suficiente para mover al mundo en la dirección correcta.

Lo anterior sonará a declaración dictatorial, pero nosotras no queremos poder ni fama, únicamente hacer lo correcto. Durante mi estancia en MON, he conocido infinidad de bondadosas almas que se esfuerzan día a día por vivir, y todas ellas están dispuestas a tenderme una mano desinteresadamente cuando las necesito. Es como contar con una extensa familia. Y MON es mi familia, mi apoyo y sustento que me motiva a dar lo mejor de mí, a luchar por todos aquellos que cuentan con nosotros, así como nosotros con ellos. Deseo protegerlos de toda manera posible, para evitar que esa fantástica unión y amistad se termine perdiendo, como perdí mi vida.

¿Y sabes por qué funciona? Porque, a pesar de ostentar gustos y personalidades tan diferentes, poseemos un mismo objetivo en común: Salvaguardar lo que más amamos. Amo a este país, a estas personas, a la paz que mantiene a este sistema funcionando. Voy a resguardar todo de los inmensos peligros que nos acechan, y asegurarme que nadie termine perdiendo lo que aprecia.

Y lo más importante, porque creemos. Creemos en nuestra misión, nuestro deber. Incluso con todo lo negativo que abunda allá afuera y los horrores que hemos presenciado, seguimos sin flaquear, porque sabemos que de rendirnos, le habremos fallado a quienes confiaban en nosotros. Por eso, continuamos luchando sin cesar, sin ofrecerle cuartel a la adversidad y permitirle doblegarnos.

Porque es lo correcto.

Es por eso que elijo creer en ti, arachne. En ti y las demás. Estoy convencida que de que piensas exactamente lo mismo que yo, que nosotras; Que estás aquí no por la gloria ni las dadivas, sino por ese intenso sentimiento de hacer algo por el mundo. Y creo firmemente que puedes hacerlo, porque no estás sola, ya no. Tienes personas que te aman, que te esperan con los brazos abiertos incondicionalmente, y les eres recíproca. Yo soy una de esas personas. Confío en ti, en tus valores y tu espíritu; En que saldrás adelante, en que no permitirás que el infortunio te venza y te haga arrojar la toalla. En que harás lo correcto.

Dime, Jaëgersturm; ¿Hice lo correcto al poner mi fe en ti?"

Ese discurso, era increíblemente familiar, pero al mismo tiempo, sentí como si necesitara escucharlo de nuevo. Ella… No, todos, han puesto su fe en mí, tienen esperanza en mi persona. Y no puedo decepcionarlos, no después de haber depositado toda su confianza. Estoy aquí y ahora, tengo la oportunidad al alcance y no pienso desperdiciarla. Con la voluntad concentrada, tensé mis manos y las convertí en puños, entonces, alcé la vista y observé sus dispares ojos verde y dorado. La miré fijamente con determinación en lo míos.

– "Sí…" – Respondí con voz aquilatada.

– "Bien." – Puso su mano en mi hombro y me ofreció una sonrisa sincera. – "Gracias, Aria."

– "Gracias a ti, por aceptarme."

– "Para eso somos las amigas." – Guiñó su ojo. – "Ahora, ¿Qué te parece si dejamos a tu querida MG3 y a esa P226 como nuevas?"

– "Como ordene, Comandante." – Hice un saludo militar.

– "Llámame Zoe."

– "Vale, Zoe."

– "Bueno, pues ya que estamos en confianza, te toca estar igual, rubia."

– "¿De qué hablas?"

– "De que me has estado viendo semidesnuda todo este tiempo. Anda, tú también debes quitarte tu vestimenta."

– "¡¿QUÉ QUÉ?!"

– "Tranquila, escandalosa. Sólo déjate la ropa interior, no pedí que andes en cueros."

– "P-p-pero…"

– "Nada de peros. Confío en ti y viceversa, ¿no?"

– "B-bueno, sí…"

– "Relájate. Puedes creer en mí."

– "…"

– "…"

– "D-de acuerdo… ¡P-pero únicamente en ropa interior! ¡No pasaré de ahí!"

– "Por mí no hay problema si quieres continuar."

– "¡No!"

– "Ya, ya, no era en serio. Acabemos con esto, ¿sí?"

– "Bien…" – Suspiré. – "Creo en ti…"

Tímidamente, me desabotoné mi camisa y expuse mi negro sostén de encaje. Lo compré en esa ocasión cuando me hice con el atuendo de Lala, porque me gustó el estilo del usado por la irlandesa. Zombina no dijo nada y me animó a proseguir. Obedeciendo con algo de renuencia y más roja que los tomates que tanto he oído el día de hoy, me deshice de mi vestido y mis igualmente oscuras pantis quedaron al descubierto. Con un guiño y un pulgar arriba de parte de la burlona pelirroja, insistí en enfocarnos en la limpieza de nuestras armas. Accediendo, tomó su equipo de mantenimiento y ambas nos preparamos para empezar la faena. Antes de comenzar, noté un curioso retrato residiendo en la pared del cuarto. Mi curiosidad me llevó a revisarla.

– "Ah, esa es una foto antigua, cuando estaba viva." – Dijo la heterocromática. – "Luciré algo diferente, pero después de tantos cambios e injertos de piel, no puedes culparme. Por lo menos sigo igual de delgada y apetecible."

– "Zoe…" – La miré preocupada. – "La persona de aquí es un hombre…"

Ella sólo sonrió maliciosamente y alzó las cejas.

– "Ay, mamá araña…"

Le tomó un buen tiempo convencerme de que aquello había sido una broma.


NOTAS DEL AUTOR: Tenía tantos desenlaces pensados para este episodio y al final, elegí el más bobo. Soy un mono simplón, ¿Qué puedo hacer?

En fin, ojalá hayan disfrutado este capítulo y los invito a dejarme sus opiniones. Sé que quedaron con algunas dudas, como la extraña actitud matutina de Dyne, pero eso es para la siguiente entrega. Espero. Ojalá no me pase como Ridley Scott y su película Prometheus, donde ni el director mismo sabía cómo explicar tantas mafufadas sin responder en el guión. Cualquier cosa, digamos que la doctora Redguard le inyectó sustancias alucinógenas a la pobre araña. O solamente soy un terrible escritor, que es la explicación más verosímil.

¡Nos vemos hasta la próxima! ¡Y gracias a todos los fieles lectores que aún me aguantan! ¡Auf Wiedersehen!