NOTAS DE MERO: ¡Ya uln Meroune-nyth y-gof'nn! ¡Su gloriosa Ama y Señora, Meroune Lorelei los saluda, amados súbditos!

Mi más fiel lacayo, Flake-san, ha sido propiamente motivado para hacer entrega de este episodio. El intentó escapar de sus obligaciones infructuosamente alegando necesidades sobre trabajo y cuentas que pagar, pero mi persuasivo método de coletazos e inserciones agresivas a su zona posterior le recordaron que su nimia existencia sólo es relevante si recuerda cual es su verdadero lugar en este mundo. Pero suficiente de presumir mi completo dominio sobre la voluntad de mis sirvientes, comencemos de una vez.

Esclavo, esas escamas no van a limpiarse solas… Buen chico. Quizás sea gentil hoy.

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El universo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena ofrece clases de sometimiento y subyugación, precios asequibles!


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 41


– "¿Mamá?"

– "Dime, hija."

– "¿Por qué elegiste este trabajo?"

– "Porque es lo correcto."

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Bueno, hoy es el día.

El momento que habíamos esperado, la hora de la verdad. Nos preparamos toda la semana para este instante y decir que estábamos nerviosas sería una subestimación burda de nuestro estado actual. Nos encontrábamos tan aterradas que temblábamos como un explorador en el ártico sólo de pensar en lo que iba a acontecernos. El miedo trataba de apoderarse de nuestras cabezas y la duda de nuestras almas, pero éramos lo suficientemente fuertes para evitarlo. Y en mi caso particular, yo hace mucho que aprendí que las mayores y más despiadadas guerras son las que nunca aparecen en los libros de historia ni reciben adaptaciones cinematográficas que las conviertan en hitos de la cultura popular. No, las más grandes y crueles batallas son las que se desarrollan en el interior de cada persona que está a punto de tomar el paso más importante en su vida.

No es fácil, de eso no hay duda.

Soñé de nuevo con esa pregunta que le hice a mi madre hace varios ayeres, cuando yo era apenas una niña pequeña, en las escasas veces que mi progenitora se hallaba en casa. Le interrogué la razón de haber elegido ser parte del ejército Sparassediano y ella contestó, con su respuesta llena de convicción y certeza, de estar haciendo la decisión inequívoca. Sonará tonto que haya realizado tan inocente cuestión, habiéndome crecido en una nación ultra-militar, pero mi mente infantil no comprendía del todo porque ella lo hizo. Ahora debo admitir que, y jamás pensé en decirlo sobre ella, finalmente comienzo a entender tan sabias palabras.

Me levanté temprano, minutos antes que mi despertador, moldeado a la efigie de un famoso vehículo blindado germano, activara su característica alarma musical. Pero aunque hubiera dado oportunidad para que el Panzerlied en monoaural hubiera logrado sonar y sacarme del idílico reino de Morfeo, yo no hubiera sido capaz de escucharlo, puesto que mi lugar de reposo no fue el habitual. Debido a ciertos malentendidos con mi compañera empusa, tuve que pasar la noche, y no por voluntad propia, en el suelo de la cafetería del edificio donde nuestro singular equipo residía. Fueron necesarias las palabras de la nieta menor de la casera Yamato, Kanna, más un par de ligeras palmadas en mi mejilla, para devolverme la consciencia. Cuando regresé al mundo real, la cabeza me dolía menos que el resto del cuerpo. El aún reflejante piso enlosado me sirvió de espejo y pude observar como un delgado hilo de sangre había recorrido desde la frontera del cuero cabelludo y la frente, pasando por mi tabique y deteniéndose en mi labio superior. El sabor a hemoglobina seca y el olor del hierro, más el dolor corporal junto a la halitosis matutina, me dieron los primeros buenos días.

– "Agente ¿me escucha?" – Preguntó la nekomata, dándome los segundos saludos iniciales. – "¡Agente, despierte! ¿Se encuentra bien?"

– "Gah… Sí…" – Repliqué tallando mi frente. – "Sí, estoy bien. No es nada."

– "¿Qué le sucedió, agente? ¿Necesita ayuda médica?"

– "No… No, descuida…" – Sacudí mi cabeza y me incorporé. – "Fue un pequeño accidente, no hay problema."

– "Por todos los cielos, ¡mire esos moretones! ¿En verdad se encuentra en buen estado?"

– "¿Eh? Ah, sí, sí…" – Estiré mi golpeado físico, ignorando la molesta sensación. – "Fue un largo y duro entrenamiento el de ayer, nada grave. Lamento haberte preocupado."

– "Si usted insiste, agente." – Suspiró la felina. – "¿Necesita algo?"

– "La hora."

– "Ah, veamos… Faltan ocho minutos para las seis de la mañana."

– "Ya veo. Gracias, Kanna." – Sacudí mi ropa. – "Perdón por manchar el piso, lo limpiaré apenas salga de la ducha."

– "No se moleste, agente. Un poco de salsa personal no es problema para mí. Usted concéntrese en asearse, deje todo en mis manos."

– "Te lo agradezco. Y te mencioné que podías decirme Aria, amiga. Todavía no soy agente."

– "Lo sé, pero usted se gradúa hoy."

– "Aún falta saber si aprobaré."

– "Claro que lo hará." – Sonrió dulcemente. – "Yo creo en ti, Aria. Todas los hacemos."

Le sonreí de vuelta. Ella había heredado no solo la apariencia, sino la amabilidad y fe de su abuela Sakura. Los Yamato en verdad que son un tesoro.

– "Danke schön, Kanna. Aprecio el apoyo de ti y tu familia." – Le hice una pequeña reverencia. – "Prometo dar lo mejor de mí este día."

– "Sé que puedes." – Ofreció un pulgar arriba. – "Y por favor, cuídate."

– "Relájate, gatita." – Le guiñé. – "Le juré a alguien muy importante que no moriría sin su permiso."

Riendo las dos, fui en dirección a mi cuarto para desactivar la alarma de mi reloj, lavarme los dientes y meditar unos minutos a solas. Al menos puedo contar con que no interrumpiré a una mantis gruñona y negativa, desatando su ira únicamente por decir la verdad y elogiarle su belleza. Bueno, al menos me sirvió para saber que Nikos definitivamente no alberga sentimientos románticos hacia mí. No es que me considere el imán de mujeres que siempre bromeo ser con Cetania o que me sintiera atraída a la griega, pero en ocasiones me preguntaba si la hostilidad que me resguardaba la pelinegra se debía a que le costaba expresar propiamente alguna infatuación con mi persona y la violencia era su mecanismo de defensa. Y me alegro, suficiente tengo lidiando con dos mujeres como para agregar una tercera integrante, no importa si pienso que Dyne no sería mala pareja o que tiene un lindo trasero infladito.

Despejando eso de mi mente, acomodé el reloj y me cepillé la boca. Lavé la sangre de mi cara y después de secarme, me dirigí al retrato de mi hermosa Lala, mirándome con esa tierna mirada y esa bella sonrisa que siempre se reservó para mí y que tanto me costó obtener de ella. Con suavidad, besé su boca impresa en el papel fotográfico, sintiendo la templada temperatura del vidrio. Admito que no he limpiado el cristal y mis ósculos anteriores se han superpuesto uno sobre el otro, formando una delgada capa de saliva seca con la forma de mis labios. Lo hago para que mi cariño nunca desaparezca de ella, por más tonto que suene. Cerrando mis ojos, inhalé profundamente hasta llenar mis pulmones y lentamente exhalé todo el oxígeno de estos. Se lo prometí a ella, a Cetania, a todos; Debo lograrlo, voy a lograrlo; Fallar no es una opción. Abrí mis globos oculares rápidamente, con la determinación brillando en mis cristalinas ventanas del alma. Golpeé el centro de mi pecho con mi mano derecha, en solemne juramento de perseverancia.

– "¡Über alles!" – Proclamé vehementemente. – "¡Für immer!"

De esa manera y dispuesta a no flaquear en mi misión, salí de la habitación en camino al baño. Antes de cerrar la puerta, me volví a encontrar con Kanna, barriendo el pasillo. Le pedí si era tan amable de entregar la carta que escribí la noche anterior para mi irlandesa y ella aceptó gustosa el colocarla en el buzón cuanto antes. Se me ha hecho raro que Titania no haya aparecido aún, obligándome a uniformarme y sin darme tiempo siquiera para depositar mí recado en el receptáculo correspondiente. Agradeciéndole a la felina con un pequeño abrazo, le di el sobre y las gracias nuevamente para ir hasta la sala de aseo. Entré, siendo la primera vez que llegaba temprano y me hallaba totalmente a solas. Me desvestí sin dilación y coloqué mi ropa sucia en la canasta junto a mi casillero, para luego encender la regadera y dejar que el agua caliente me relajara. Entonces, escuché que alguien abrió la puerta. Por el sonido, supe que no era la rapaz. Mi cuerpo se tensó un poco.

– "Jaëgersturm…" – Se detuvo la helénica al verme.

– "Guten Morgen, Dyne." – Le saludé, no haciendo contacto visual del todo, deteniendo el paso del agua y mi lavado también.

– "Kaliméra sas… Aria." – Regresó el gesto en su idioma natal. Primera vez que lo hace, y al menos todavía usa mi nombre.

Hubo un par de segundos de silencio incómodo de nuestra parte. Ignoraba si era porque ella estaba molesta por lo de anoche, arrepentida por propinarme una buena tunda, o si aún se encontraba confundida por mis palabras.

– "Dyne…" – Rompí la afonía ambiental, volteándome. – "Yo…"

– "Aria, perdóname…" - Interrumpió ella, mirando al suelo. – "No debí tratarte de esa manera ayer. No sé que me pasó."

– "Yo soy la que debería disculparse." – Afirmé. – "Me doy cuenta que mis palabras pudieron fácilmente malinterpretarse. Te ruego me absuelvas, yo no intentaba seducirte o algo parecido."

– "De todas maneras, atacarte de esa manera no me parece correcto."

– "Acordamos luchar, ¿cierto?"

– "De forma amistosa, no hasta dejarte desangrarte en el suelo."

– "Lo merezco por decir tonterías en medio de la batalla." – Reí ligeramente. – "¿Quién mejor que la líder del escuadrón para reprenderme por mis errores?"

– "Eso no justifica que me haya comportado así con una amiga."

– "Gracias por considerarme tu amiga." – Le sonreí. – "Descuida, Dyne, no necesitas pedirme perdón. Yo te exonero de cualquier falta que creas haber cometido."

– "Te lo agradezco." – Alzó la mirada. – "Sólo… Sólo quiero saber si... Bueno…"

– "¿Sí?"

Inhaló profundamente y lentamente se deshizo de su camisa blanca de mangas largas y sus pantalones acampanados de tela negra, revelando su sencilla ropa interior, de un verde más ligero que el de sus quitinosos brazos. Colocando su ropa en su cesta y desapareciendo por un par de segundos detrás de la pared que resguarda la entrada a las duchas, ella regresó a mi periferia, completamente desnuda y con un evidente sonrojo en su mediterráneo rostro, pero sin titubear.

– "Aria…" – Me miró fijamente. – "¿Tú… te sientes atraída hacia mí?"

Quedé muda por tensos segundos. Jamás imaginé que de todas las personas que he conocido en mi corta estancia, la fiera Dyne Nikos fuera la que me hiciera tal pregunta. Ni siquiera Lala o Cetania, las mujeres que más he amado en la vida, hicieron cosa similar. Podría responder lo mismo que declaré la noche anterior, bajo el manto platino azulado del astro selenita; Que sus cristalinos ojos color jade son hipnotizantes, que su largo y lacio cabello oscuro como el ébano es sumamente precioso, que su perfectamente cincelado rostro griego le da un perfil simétricamente espléndido, que su escultural figura femenina, acentuada ligeramente por esa atlética musculatura es simplemente espectacular o que su sonrisa es realmente encantadora. Si se me permite ser honesta, la empusa era tan hermosa como las más impolutas deidades de nuestro panteón helénico. Pero ella esperaba una contestación y yo no se la estaba dando. Finalmente, decidí sacarla de toda duda.

– "No." – Repliqué con sinceridad.

La mantis sonrió y, de manera totalmente inesperada, se acercó a mí y me dio un efusivo abrazo. No es necesario mencionar que mi rostro se tornó más rojo que mis bermejas retinas por el súbito contacto físico con el cuerpo descubierto de la pelinegra, pero luego de un momento de paralizarme anonadada, le devolví el gesto y rodeé su mediterránea y suave figura con mis brazos.

– "Me alegra escuchar eso." – Mencionó la nativa de Mitilene.

– "¿Tan repugnante te parezco que agradeces el que no me gustes?" – Bromeé con una corta risa.

– "No." – Se separó, disintiendo con la cabeza y aún sonriente. – "Me alegro porque tu corazón no ama a alguien que jamás correspondería."

– "Esa es la manera más cordial en la que me han rechazado." – Volví a reír. – "Pero… Uhm, de nada, Dyne. No me odias, ¿verdad?"

– "¿Por qué lo haría? Serás una torpe, indecisa, insegura, inoportuna, maniática, cursi, imbécil, estúpida y sucia pervertida que se viste como una maldita Nazi…"

– "Hermosos halagos..." – Musité sardónicamente en mi mente.

– "…Pero también eres una buena persona que se esfuerza por los suyos. Me es imposible detestar un corazón tan noble como el tuyo, Aria."

– "Oh… Vaya… Danke."

– "Pero, ¿en verdad me consideras atractiva?"

– "¿Cuántas veces tengo que repetirlo, saltamontes despistado? Eres muy guapa. Me sorprende que no tengas pareja aún."

– "Y aunque tuviera la oportunidad, no deseo iniciar una relación sentimental con nadie."

– "¿Te sientes tan poco valorada para ser amada?" – Cuestioné extrañada. Ella volvió a negar lentamente.

– "No siento atracción romántica hacia nadie, Aria." – Aseveró. – "Es extraño, pero en verdad jamás he experimentado algo más allá de amistad por alguien."

– "¿Eres asexual?"

– "Nunca me he catalogado mis nulas preferencias bajo etiqueta alguna, pero podría decirse que sí."

– "Entiendo. Serías la primera que conozco, al menos por voluntad propia."

– "En todo caso, me tranquiliza que todo esto se haya aclarado." – Suspiró. – "Pero debo pedirte que dejes de exteriorizar tan imprevistos comentarios sobre mi beldad ocular en medio del combate personal, Jaëgersturm."

– "Perdona, simplemente se me salió sin querer." – Tallé detrás de mi cuello. – "Lo que más me gusta de una mujer, además de su personalidad, son sus ojos. No me pude resistir a adularte."

Y no miento. Las áureas ventanas del alma de la segadora me hechizan con su misteriosa naturaleza sobrenatural, mientras los de la halcón me cautivan por su vivacidad y sagacidad de predadora. Comparados con las doradas bellezas visuales de mis musas, mis seis órganos bermellón son insustanciales manzanitas podridas. Si la griega posee esmeraldas, yo únicamente tengo cuentas de fantasía. Confesaría que también adoro los traseros bien formados, pero no planeo romper la magia en este momento.

– "Comprendo. Supongo te agradeceré tal zalamería." – Afirmó lentamente con la cabeza. – "Ahora, contesta con honestidad; ¿Alguna vez fantaseaste conmigo?"

– "¿Y eso a qué viene?"

– "Curiosidad." – Volvió a su pétrea mirada. – "Responde."

– "Bueno…" – Tragué saliva y jugué con mis dedos. – "Puede que alguna vez haya recurrido a imaginarte en alguna situación pecaminosa. Pero te aseguro que fue en extremo breve y no he vuelto a revisitar tal idea. Y únicamente éramos las dos, solas."

– "Comprendo." – Dijo con brazos inferiores cruzados. – "Ya no las tendrás, ¿verdad?"

– "Tengo a dos mujeres en mi vida que me proveen suficientes fantasías de aquí a la eternidad. Y ellas pueden hacerlas realidad." – Suspiré sonriendo. – "Descuida, Dyne, sólo eres mi buena amiga."

– "Comienzo a arrepentirme de tu amistad, pero lo toleraré." – Rió ligeramente. – "Deberíamos dejarnos de tanto farfulleo y terminar de asearnos."

– "Lo que digas, Jefa." – Activé la ducha. – "Por cierto, ¿Qué hay de la apuesta? ¿Debo pagarte?"

– "Olvídala. Sólo quería pelear un poco."

– "Uf, lo que me ahorraste." – Me enjaboné. – "¿Y por qué te desnudaste antes de interrogarme?"

– "Deseaba comprobar si mi ausencia de vestimenta afectaba tu veredicto." – Se metió bajo su regadera.

– "Casi suena como si quisieras que yo hubiera respondido afirmativamente."

– "No me hagas golpearte de nuevo, arachne."

– "Es broma, es broma." – Tomé el shampoo. Sigo diciendo que huele feo. – "¿Y dónde está esa condenada pajarraca?"

– "Detrás de ti, araña boba." – Contestó la susodicha, haciéndome saltar ligeramente del susto.

La castaña se encontraba, como ella mencionó, detrás de mi persona. Parecía que también se estaba bañando con anterioridad, como evidencia su mojado cuerpo. De donde rayos salió, no tengo idea.

– "¡Cetania! ¿Dónde te habías metido?" – Cuestioné.

– "Estuve aquí, escondida todo el tiempo, flaca." – Señaló las pequeñas paredes que separaban cada una de las regaderas. – "Esas clases para actuar tan sigilosamente realmente dieron resultado."

– "Sí que eres una espía de clase mundial, emplumada." – Le apunté con el jabón. Este casi se me resbala de las manos. – "¿Desde hace cuanto que estás haciéndote la camaleona?"

– "Desde hace un buen rato, como dos minutos antes que entraras tú." – Reveló. – "Casi no pude dormir de los nervios y deseaba empezar el día cuanto antes."

– "Y… ¿Oíste todo?"

– "Todo su meloso discurso completito, tortolitas." – Volteó los ojos. – "La tonta despistada y la tsundere en negación; Cliché más grande no pudieron elegir."

– "No empieces, pajarraca. ¿Estás celosa o algo así?"

– "Para nada, hacen una muy linda pareja." – Provocó. – "Te gustan las que tienen brazos afilados como guadañas, ¿cierto?"

– "¿Podrías dejarte de idioteces, arpía?" – Le regañó la mediterránea. – "Las instructoras deberían llegar en cualquier momento, apresurémonos."

– "Sí, sí…" – Torció la boca. – "Oh, y por cierto…"

La falconiforme me propinó una ligera patada en mi costado con la parte superior de sus garras.

– "¡Auch! ¿Y eso por qué?"

– "Para que dejes de andar coqueteando con empusas sangronas. Suficiente tengo compitiendo contra esa dullahan para que andes queriendo expandir tu harén." – Infló sus mejillas. – "Aquí yo soy tu novia y tendrás tus seis ojos únicamente para mí, ¿entendiste, casanova?"

– "Ow… Vale, de acuerdo…" – Me tallé. – "Ni siquiera intentaba conquistarla, yandere emplumada."

– "No sé qué demonios ves en esa tonta, halcón." – Mencionó Nikos, prosiguiendo con su enjuague. – "Pero dejándonos de fruslerías, ¿están las dos listas para el día de hoy?"

– "Nací lista, Dyne." – Afirmó la americana, limpiando su espalda con el cepillo. – "¿Y tú, flaca descerebrada?"

– "Después de tanto castigo que me das, voy a morir antes de empezar." – Resumí mi lavado de exoesqueleto. – "Hablando en serio, estoy nerviosa pero decidida a no fracasar. Terminemos con esto de una vez y lleguemos juntas a la cima, chicas."

– "Es la primera vez que te escucho decir algo coherente, machorra." – Habló repentinamente Titania, apareciendo detrás de la pared.

– "¡Instructora! ¿Cuánto tiempo lleva ahí?" – Cuestioné.

– "Acabo de llegar, pero escuché como esta avechucha te daba unos buenos trancazos." – Respondió la gnómida, vestida con su atuendo militar y con una M249 en el hombro. – "Tienen suerte que aún estén a tiempo. Apresúrense y desayunen rápido, nos aguarda un largo día."

– "¿Qué pruebas podemos esperar hoy en el Campo Asaka, Señora?" – Preguntó la mantis.

– "Bueno, para empezar, repasaremos todo lo aprendido en la semana. Lo demás será sorpresa. No lo piensen mucho y dense prisa, tomates. Las esperamos afuera."

Con eso, la híbrida jötunn se retiró y nosotras procedimos a lavarnos con celeridad. La latina no habrá revelado mucho, pero algo en sus palabras nos hizo pensar que, como era de esperarse, no sería agradable. Ignoro por completo que clase de tortura nos tenga preparadas la desquiciada enana de rosados cabellos, pero únicamente espero estar a la altura del reto. Finalizado el baño, la mediterránea se apresuró a vestirse, seguida de la arpía. Antes que esta última saliera del área de la duchas, la tomé de un ala y la volteé hacia mí. Intentó preguntar el porqué el repentino agarre, pero uní apasionadamente mis labios a los suyos, rodeándola con mis brazos. Pasada su sorpresa de mi súbito ósculo, la rapaz correspondió con la misma vehemencia y sus emplumadas extremidades rodearon mi figura. Yo seguía sin cerrarle el paso al agua y las dos disfrutamos del intenso contacto bucal debajo del chorro del templado líquido, recorriendo nuestros cuerpos desnudos y otorgándole un aire muy erótico a nuestra unión. Con su cabello completamente empapado, así como igual el mío, nos separamos lentamente con una sonrisa y una expresión de satisfacción.

– "Perdón por no darte la atención debida durante esta semana, guapa." – Susurré a mi hermosa halcón plomizo. – "No era mi intención descuidarte."

– "Está bien, linda, las dos hemos estado trabajando duro." – Contestó con el mismo tono enamorado.

– "Démoslo todo este día y conquistemos la cima." – Sujeté su ala izquierda. – "Juntas."

– "Te seguiré hasta la muerte." – Afianzó su agarre. – "Triunfemos."

– "Te amo, Cetania."

– "Te amo, Aria."

Con otro beso rápido (y un bufido fastidiado de Nikos), las tres nos pusimos nuestros inusualmente relucientes uniformes y devoramos con ahínco nuestro desayuno. No hablamos, nuestras mentes se hallaban tan concentradas que nos bastaban leves movimientos de nuestra cabeza para comunicarnos. Deglutiendo la última pieza de mi pollo en salsa agridulce y agradeciendo a las cocineras por habernos preparado tan exquisitas viandas durante toda la semana, regresamos a nuestras habitaciones para hacernos con nuestras herramientas de trabajo. Tomé a Mugi y Hummel de su estante, aún sucias, pero funcionales. Revisé que todo estuviera en su lugar y le di un último vistazo cercano al inmaculado retrato de mi peliblanca de azulada epidermis, observándome con sus enigmáticos ojos llenos de amor por mi persona y una inmaculada sonrisa, deseándome la mejor de las suertes.

– "Te amo, Lala." – Susurré con una mueca de felicidad. – "Ganaré. Lo juro."

Golpe firme en el pecho, corazón ardiendo y alma inquebrantable de guerrera; Estaba lista. Las tres integrantes de Monster Ops: Extermination nos encontramos saliendo al mismo tiempo de nuestros aposentos y, con una afirmación silenciosa de todas, bajamos las escaleras hasta donde nuestros superiores nos esperaban. Tanto Kanna como Kohran se cruzaron con nosotras en el camino, ofreciéndonos un honesto saludo militar que regresamos con una sonrisa. La abuela Yamato también hizo su aparición, afirmando que rezaría por nuestro laureado éxito y dándonos un efusivo abrazo. Admito que solté unas pequeñas lágrimas al sentir su cálida muestra de cariño, como si ella fuera mi verdadera pariente. No pronuncié palabra alguna, pero estoy segura que ella sabía lo infinitamente agradecida que estaba por todo lo que ella ha hecho por nosotros hasta ahora. Despidiéndonos mentalmente del edificio, abordamos la parte trasera de la conocida furgoneta, conducida por Jättelund y asistida por la doctora Redguard. Con un sonoro arranque del motor, iniciamos el silencioso viaje.

No tomamos la ruta habitual, lo cual nos extrañó. En lugar del típico recorrido por las calles a la base militar cercana a Nerima, nos dirigimos hasta las oficinas de MON. Me pregunté si planeaban recoger al grupo de Smith o algo parecido, a quienes no habíamos visto en toda la mañana, pero al llegar y bajarnos, ninguna de ellas se encontraba ahí. Titania nos ordenó seguirla y obedecimos. Entramos y varias miradas curiosas se tornaron hacia nosotras y nuestros uniformes. Quizás fuera porque éramos las novatas de las que la agencia tanto había hablado en el pasado, quizás por el curioso acrónimo escrito en nuestros chalecos o el logo ostentando a una deformada Kuroko en nuestro hombro izquierdo, pero sin duda nos sentimos algo abochornadas por la repentina atención que casi todos nos prestaban. Aún así, nuestra estoica expresión difícilmente cambió y continuamos detrás de nuestra instructora y la zombi americana, sin pronunciar palabra alguna hasta que, subiendo las escaleras porque el elevador estaba descompuesto, pasamos a lado de la zona de práctica de disparo.

– "Disculpe, Señora." – Interrumpí. – "Si no es molestia, me gustaría tomar un arma extra de la armería. Se lo ruego, no tardaré nada."

– "¿No se supone que ya tienes esa condenada MG3, Jaëgersturm?" – Interrogó la aludida. – "¿Qué más puedes necesitar de ahí?"

– "Es sólo una pequeña y humilde petición de mi parte." – Junté mis manos en actitud suplicante. – "Prometo no dilatar el tiempo, será una corta ausencia."

– "Anda, Titania, es su último día." – Aconsejó Saadia.

– "Bien, como quiera." – Suspiró la mexicana, entregándome la llave. – "Dos minutos."

Agradeciéndole marcialmente, raudamente abrí la puerta y destapé una de las metálicas cajas para revelar a la ametralladora CETME Ameli. Regresé hacia el grupo en poco menos de minuto y medio, sin que nadie cuestionara mi decisión de brindar un arma casi idéntica a Mugi y continuamos la caminata hasta la cima. Al pasar el quinto piso del inmueble, supe que nuestro viaje sería por aire. Mi sospecha se confirmó cuando vimos a un helicóptero UH-60JA Blackhawk, con la agente Smith y su atavío de batalla esperando por nosotras en la plataforma de aterrizaje que el edificio poseía. Nos dio un saludo militar y con un leve movimiento de su cabeza, nos indicó que abordáramos. Suspirando y suprimiendo mi acrofobia, me introduje en el vehículo volador y tratando de sentarme, me coloqué el cinturón de seguridad, tratando de pensar en cosas agradables mientras las hélices comenzaban sus ruidosas doscientas treinta revoluciones por minuto y ascendía lentamente a los aposentos del dios Urano. Tranquilicé un poco mis nervios al sentir la alada extremidad de Cetania tomar mi temblorosa mano, la cual apreté entre más nos alejábamos del suelo.

– "Área de maniobras en el este del Monte Fuji." – Mencionó la coordinadora una vez que tomamos vuelo horizontal, usando la radio del helicóptero. – "Ubicado en la base del icónico volcán, ochenta y ocho kilómetros cuadrados, la zona de entrenamiento principal de la JGSDF."

– "Hécate divina..." – Expresó Dyne, sorprendida. – "He oído hablar de ese lugar. ¿Por qué viajaremos hasta Gotemba, Jerarca?"

– "La base posee una zona especializada en las pruebas finales que deberán superar. La de Asaka era demasiado pequeña para la faena y ustedes ya debieron aprenderse de memoria las locaciones durante estos seis días. Necesitan probar sus habilidades en terreno nuevo para demostrar su capacidad de adaptación."

– "No nos la dejarán sencilla, ¿cierto Hauptmann?" – Pregunté con una ligera risa.

– "No es fácil pasar de tomates a diamantes, Aria." – Guiñó la pelinegra, alzado sus oscuras gafas. – "Por cierto, ¿les gusta la frase? Fue Doppel quien la acuñó."

– "Algo pegajosa, se lo concedo, Chief." – Opinó la castaña. – "Si nos graduamos, ¿seremos piedras preciosas?"

– "Quizás. En todo caso, me esperanzo en que todo salga bien, chicas. Confío en que saldrán victoriosas."

– "Danke, Hauptmann." – Le hice una pequeña reverencia. – "Esperamos no decepcionarla."

– "Sé que no lo harán. Honorem et Gloriam."

– "¿Es ese el lema de MON, Jerarca?" – Cuestionó la mediterránea.

– "No oficial." – Contestó la agente del gobierno. – "Algo genérico, pero me gusta."

– "Concuerdo, Hauptmann." – Dije yo, con sinceridad. Era sencillo y fácil de recordar.

Con otra sonrisa de parte de nuestra superior, el viaje se hizo sin novedad. No tardamos mucho, ya que los más de doscientos kilómetros por hora que nuestro transporte era capaz de lograr nos transfirió a la prefectura Shizuoka en poco tiempo. Mientras más nos acercábamos, me di un momento para admirar la hermosa vista del grandioso e imponente Monte Fuji, el símbolo primordial de Japón y un ícono de clase más que mundial. Su níveo aspecto contrastando con el casi azulado tono que el ambiente le otorgaba a la montaña, me recordó a los platinados cabellos y la añil piel de mi doncella irlandesa, poniendo una sutil mueca de alegría en mi rostro. Me hubiera encantado seguir admirando la belleza del magnífico panorama y el solemne volcán, pero el viaje terminó y el pájaro metálico descendió lentamente a la plataforma de aterrizaje. Me sostuve de mi asiento conforme el piloto estabilizaba el helicóptero hasta que tocamos tierra, cosa que agradecí. El aire no es lo mío, definitivamente. Irónico que esté enamorada de una arpía voladora, lo sé.

Lo siguiente me es confuso porque el nerviosismo me hizo experimentar todo como si me hallara en algún trance, sólo remembro los puntos más o menos importantes desde que salimos del transporte hasta llegar a nuestra área designada. Si mi caótica mente no me falla, apenas aterrizamos, caminamos hasta encontrarnos con un reducido grupo de militares de alto rango y demás oficiales en trajes formales. Ofrecimos un saludo militar a ellos y Smith charló brevemente con todos sobre cosas que no presté atención, entonces abordamos un camión Toyota de una tonelada y media. Fue una extraña sensación, como si no me encontrara físicamente en el lugar, la única áncora que me ataba a la realidad era el firme agarre de las manos de la rapaz, sosteniendo las mías. Ni siquiera presté atención a la gran cantidad de artefactos bélicos que pululaban la base, lo cual hubiera captado mi interés por completo en una situación diferente. Fue como estar en un sueño, combinación de adrenalina recorriéndome los vasos sanguíneos y mi sistema límbico entrando en conflicto consigo mismo, resultando en miedo, incertidumbre y nerviosismo. Todo aquello era evidente por mí agitada respiración y el corazón resonándome como si la gigantesca artillería autopropulsada que nos dio la bienvenida hasta a la zona acordada hubiese sido activada.

– "Aria…" – Me habló una voz en la lejanía, haciendo eco dentro de mí. – "¡Despierta! ¡Aria, ya estamos aquí!"

– "¡¿Eh?! ¿Q-que pasó? ¿Ya se acabó?" – Pregunté, volviendo en sí.

– "Demonios, flaca, ¿consumiste alucinógenos o algo así?" – Descubrí que la voz era de la nativa de Montana. – "Ya estamos aquí."

– "¿Uh? ¡Oh!"

Me había bajado del transporte y frente a mí se cernía una especie de poblado, repleta de edificios y zonas de construcción, los cuales, conforme se alejaban en el horizonte, se encontraban progresivamente con menos colores y más austeras condiciones, igual a una ciudad siendo azotada paulatinamente por la guerra. Pero lo llamativo era que parecía no residir habitante alguno, puesto que se hallaba completamente abandonado. Entendí perfectamente: Era el área para práctica de combate urbano. Llamada 'Kibō' (Esperanza) y con dos kilómetros cuadrados, según la pequeña trivia que Kuroko nos recitó, el lugar era más grande que el propio Campo Asaka, toda una ciudad en miniatura para nosotras. Aunque aquí no nos recibirían con banderitas enarbolándose al viento y dádivas como los holandeses a los Aliados cuando liberaron Eindhoven durante la operación Market Garden, sino con balas de goma y pintura, si los grupos de tropas armadas dirigiéndose a las estructuras eran algún indicio de lo que nos esperaba. Otro camión apareció, se detuvo frente a nosotras y una conocida pelirroja bajó de la parte trasera de este, saludándonos.

– "¡Ah, Capitana! ¡Finalmente llegamos!" – Exclamó Zombina, abrazando a su superior. – "Perdón por el retraso, el rigor mortis matutino me ató a la cama y Mana-chan tuvo que ayudarme a levantarme."

– "Bina-san, de hecho, sólo se quedó dormida." – Respondió la cíclope, siguiéndola.

– "Y lo seguías después que Manacchi te auxiliara." – Comentó Tionishia, comiendo alegremente unas papitas fritas. – "Y no olvides que yo también te di una mano."

– "Sin mencionar que eres una floja de primera, trasero muerto." – Acotó Doppel de manera burlona.

– "Suena perfectamente a ti, Zoe." – Rió Kuroko. – "¿Recordaste dormirte con ropa en esta ocasión?

– "¡Oh, vamos, chicas! Me la pasé limpiando mis armas para este día tan especial y no decidía cual traer, así que pulí todas las que pude." – Replicó la revivida. – "Hay que estar presentable por si nuestros tomatitos se vuelven radiantes patatas, ¿no creen?"

– "Sí que estás optimista hoy. Ojalá los deseos que le pediste a tu estrellita fugaz de cumplan." – Contestó Smith, riendo. – "Pero suficiente de perder el tiempo, empecemos con esto de una vez, niñas. Todas a tomar sus puestos. Novatas, síganme. Nos espera un día pesado."

Obedecimos y nos dirigimos a pie a una de las oficinas, a cien metros de la entrada principal de la ciudad falsa. Ahí, después de presentarnos con algunos otros militares, cuyos nombres ni me molesté en recordar porque yo estaba más preocupada por la misión, estos se retiraron, dejándonos solas con la líder de MON. Ella nos ordenó que tomáramos nuestro equipo de las cajas metálicas, ya que muy seguramente lo necesitaríamos. Nos hicimos con todos los aditamentos, incluyendo los aparatos de visión nocturna, granadas de humo, cegadoras, al menos tres decenas de esposas flexibles de plástico y yo asumí el rol de apoyo al cargar con una bolsa de munición extra para todo el escuadrón. De algo que sirva mi tamaño y fuerza. Incluso logré hallar apuntadores y miras EOTech para la Ameli. La griega tomó un escudo táctico transparente y varias cintas con cartuchos de escopeta en sus piernas, perfectos para su papel de combate cercano. Mi compañera alada preparó su calzado eléctrico y flashbangs de reserva.

– "Hauptmann…" – Hablé a la coordinadora. – "¿Dónde están los cascos?"

– "No usarán. Si logran salir de aquí hoy, nunca tendrán necesidad de uno." – Respondió. – "Sonará a locura, pero en verdad que no les hará falta. Ahora, me gustaría que se concentraran en esto."

Nos mostró un documento muy similar a los whiteprint, esos planos técnicos sobre papel blanco, aunque estos eran más modernos que las impresiones diazo, detallando un edificio de nueve pisos y otros más. También había diversas fotos a color junto a estos.

– "Saltémonos las formalidades y comencemos con lo principal, novatas." – Aseveró la agente, retirando sus gafas negras y mostrando una gran seriedad. – "Su objetivo será limpiar tres inmuebles, recobrar los objetivos y salir de ahí intactas. Suena sencillo en teoría, lo sé. Quisiera que lo fuera en también en la práctica."

Ella apuntó con su dedo hacia los planos, señalando una casa de tres plantas, muy parecida a las encontradas en cualquier urbe, incluyendo un patio y hasta piscina. Pero sabíamos que no estábamos aquí para admirar el buen trabajo arquitectónico. La pelinegra prosiguió.

– "Descenderán en helicóptero, irrumpirán en la primera zona, neutralizarán la resistencia, rescatarán al rehén y lo llevarán de vuelta a la seguridad del transporte volador. La prueba más fácil y que deberían completar en poco tiempo sin problemas. Ahora, tan pronto finalicen aquello, las tres se dirigirán a pie hacia aquí." – Señaló la construcción de nueve pisos. – "Nuevamente, eliminar amenaza de la base hasta la cima, adjudicarse a la inocente víctima capturada y llegar al techo para que el pájaro metálico las evacue hasta aquí." – Apoyó su índice a los planos de una gran fábrica. – "La fortaleza, como la llamamos, estará fuertemente custodiada y llena de las trampas que debieron haber estudiado. Una vez dentro, deberán acabar con el enemigo y asegurarse que la bomba falsa no sea 'activada' por el adversario. Será la parte final y más difícil, así que deben tomárselo en serio si desean sobrevivir. ¿Entendido?"

Las tres asentimos y Smith nos mostró una bala de pintura color amarillo.

– "Estos proyectiles determinarán si su misión es un éxito o fracaso. Los diferentes colores señalan la cantidad de daño tolerable hasta que sean eliminadas. Si reciben tres de estas, están muertas y todo nuestro esfuerzo se irá al diablo. Lo peor, por cada fase completada, cambiaremos la munición y los impactos se siguen contando, no se reinician. Cartuchos azules para la segunda parte y rojos en la tercera. Únicamente necesitan dos de las primeras o una de la segunda para que las descalifiquen a todas. Recuerden, sólo contamos con una oportunidad; No lo arruinen."

– "¿A quién se le ocurren tales barbaridades? Suena como el videojuego más injusto que pueda existir." – Opinó la falconiforme. – "¿Por qué tanta severidad para unas reclutas?"

– "Créanme que a mí también todo esto me parece ridículamente absurdo, chicas, pero es lo mejor que pude acordar en tan poco tiempo." – Explicó Kuroko, meneando su cabeza. – "Los altos mandos piensan que el ser liminales les da una súper habilidad o algo parecido, ya que el plan inicial era usar munición real para motivarlas. Afortunadamente logré convencerlos de recapacitar tan disparatada y desquiciada idea. Hasta Jättelund creyó que era excesivo."

– "¿Podemos discutir cómo lograr tan chalada tarea, Jerarca?" – Arguyó la mantis.

– "Para eso son los planos, Sargento Nikos."

– "¿Otros datos de inteligencia que tenga disponibles y que podamos usar a nuestro favor?"

– "Solamente puedo revelar los de la primera casa, después de eso, estarán por su cuenta. Es duro, pero así es el trabajo." – Aseveró la capitana. – "Seis adversarios, todos armados y resguardados. Se sospecha que el rehén está en el piso superior. Eso es todo. Lo siento, no se me permite decir más."

– "Comprendo. Efharistó, Jerarca. Y gracias también por la promoción."

– "De nada. Dos minutos para organizar su estrategia."

Sin dilación, el grupo posó su atención a los diagramas y mapas que teníamos enfrente. Scheisse, tanta presión y apenas es entrenamiento. Si esto es lo que nos espera, juro que este trabajo me sacará canas prematuramente.

– "¿Alguna idea de cómo irrumpir, Sarge?" – Preguntó la castaña a la ahora ascendida empusa.

– "Sugiero entrar directamente por el techo, sorprender y neutralizar al enemigo rápidamente, proteger a la rehén y finalizar la labor con velocidad."

– "Concuerdo con nuestra Unteroffizierin." – Opiné, con mi dedo en la ventana superior dibujada en el plano. – "Acceder por aquí y tomar control de la situación instantáneamente. Es más fácil limpiar un edificio desde arriba que de manera contraria. La altura también nos provee excelente cobertura del exterior en caso que el enemigo desee escapar."

– "Entonces está decidido, equipo, desde arriba." – Confirmó la nativa de Mitilene, dándole un golpecito al mapa. – "¿Usted que dice, Jerarca?"

– "Nada mal, yo haría lo mismo. Tengo fe su idea, novatas. Y, si me permiten agregar algo más…"

La líder exhaló y nos miró a las tres de manera solemne.

– "Chicas, hasta ahora ustedes lo han hecho increíblemente bien a pesar de lo poco ortodoxo que este loco entrenamiento ha resultado. Parecerá que elegimos pruebas crueles y al azar, pero requeríamos un curso intensivo para prepararlas para cualquier clase de contingencia que pudiera presentárseles. Y ninguna me ha decepcionado, para mi alegría y la de mis superiores en el Departamento de Justicia y los altos rangos del gobierno.

Lo asimilen o no, las tres son las únicas con el permiso especial para usar medidas defensivas contra humanos y liminales por igual. Ni siquiera yo poseo ese privilegio. Y se los concedí porque creo en que ustedes serán el primer paso para retirar esa incoherente restricción que nos impide aplicar propiamente justicia a ambos partidos. Nosotras ya hemos realizado operaciones conjuntas al Grupo de Fuerzas Especiales (SFGp) y el Equipo Especial de Asalto (SAT), pero el hecho que muchos de los grupos criminales se conformaran de una gran mezcla de extraespecies y humanos nos dificultaba en gran medida el proceder correctamente. No se imaginan la cantidad de problemas que irónicamente la ley nos imponía.

¿Recuerdan ese incidente que llevó a la creación de MON? Solamente para capturar a la cabecilla requerimos de dos diferentes operativos por parte de la SFGp, uno del SAT y tres de nuestro lado, por separado. Todo hubiera sido mucho más sencillo sin todas esas trabas. Esos mismos grilletes que ustedes, de alcanzar a graduarse, terminarían por quitarnos de las manos.

Sé que es demasiada responsabilidad la que ahora recae en ustedes, y estoy consciente de que me estoy jugando al todo o nada con este, sinceramente, demente circo militar y legal, pero todo es en pos de un mejor mañana. Confío en su convicción, pasión y entrega. Sé que podemos lograrlo."

La mujer se acercó a nosotras y nos abrazó efusivamente, empezando por Nikos.

– "Cuida de tus compañeras y da lo mejor de ti, Dyne. Eres una gran líder y guerrera." – De ahí fue con la rapaz. – "Eres rápida y contundente, Cetania. Que el adversario no te vea venir y cae sobre este como un rayo. Gracias por llegar hasta aquí." – Finalmente fue mi turno. – "Aria, no tengo palabras para describir lo orgullosa que me ha hecho el ser tu coordinadora, así que sólo puedo aconsejarte que no te rindas y demuestres lo que una Sparassediana es capaz de hacer. Yo creo en ti."

Ella se separó y nos observó con ojos llenos de esperanza.

– "¡Pavimentemos con nuestra victoria el camino hacia el brillante futuro! ¡Somos la justicia! ¡Somos la ley y el orden! ¡Somos la élite!" – Golpeó el centro de su pecho con su mano derecha. – "¡Somos MOE! ¡Honorem et Gloriam!"

– "¡Honorem et Gloriam!" – Regresamos el gesto enérgicamente.

Con los ánimos restaurados, salimos de la oficina hasta unos treinta metros, donde la plataforma con el ya conocido helicóptero Blackhawk nos esperaba. Mi fobia a las alturas había desaparecido por el pequeño destello de adrenalina en mi cuerpo y raudamente me coloqué el cinturón de seguridad. Con un pulgar hacia arriba que Smith proveyó al piloto, el rotor empezó a girar y pronto nos encontramos volando rápidamente en dirección al área de entrenamiento. No tardó mucho y pronto iniciaría el primer paso de nuestra épica faena. Con el transporte ya más cerca del objetivo, la luz amarilla cercana a la puerta se encendió, indicando que enseguida pasaría a la verde. Me recordó a cuando los paracaidistas Aliados debían saltar desde los gigantescos C-47 hasta las tierras francesas para empezar a liberar Europa del yugo del Eje. Al menos no había cañones Flak 88 reventando el cielo con sus monstruosas cargas, pero de la misma manera, toda la Wehrmacht nos esperaba con las armas listas para hacernos añicos. Es extraño hacer esa clase de analogías cuando se es alemana, pero así es la guerra, pensé. Con algo de tiempo disponible y antes de esperar a la soga para deslizarnos hacia nuestro verdadero Día D, le ofrecí mi MG3 a Kuroko.

– "Hauptmann, cuide a mi Mugi, por favor."

– "¿Por qué? ¿Sucede algo con tu arma?" – Interrogó la susodicha.

– "Aún no la he disparado. Quiero probar que soy digna de hacerlo, cuando esto acabe."

– "Entiendo." – Sonrió, tomándola de mis manos. – "Descuida, Aria. Tu Mugi estará sana y salva para cuando regreses."

– "Danke schön."

– "¿Sabes? Zombina hizo lo mismo con un par de pistolas Colt M1911 cuando ella empezó." – Reveló la pelinegra. – "Las tiene en su casa, como la prueba de su exitosa graduación. Quizás ella te permita verlas un día de estos."

– "¿En serio?" – Me sorprendí. – "Eso sería genial, Hauptmann. ¿Cree que algún día yo sea tan buena como Zoe?"

– "Es posible. Los sueños se cumplen, pero sólo si luchamos por ellos, Aria."

Sonreí, la misma frase que esa amable baphomet nos recitó a Lala y a mí cuando estuvimos en nuestra pequeña visita a su tienda de ropa. Las mentes exitosas piensan igual después de todo. El helicóptero llegó hasta el área, la cuerda se liberó y la luz verde hizo su aparición. Dyne, la líder, tomó su posición y se preparó para el descenso.

– "¡Recuerden, equipo, tienen su radio para comunicarse entre sí! ¡La comunicación constante es la clave para una coordinación eficiente!" – Advirtió la agente, casi gritando por el ruido de las aspas, entonces nos entregó a cada una unos pequeños rectángulos de metal negro con un botoncito rojo, protegidos por una tapa de plástico transparente. – "¡Esto es para solicitar detener el entrenamiento inmediatamente! ¡Aquello lo tomaremos como rendición y serán descalificadas! ¡No necesito repetirlo, pero por el caos de Azathoth, no se les ocurra usarlo a menos que sea extremadamente imperativo!"

Las tres nos miramos por un momento y asentimos al mismo tiempo, devolviéndole el aparato a Smith. Ella sonrió.

– "¡Esa es la actitud, Exterminadoras! ¡Les deseo las mejores de las suertes! ¡Honorem et Gloriam!"

– "¡Honorem et Gloriam!" – Proclamamos al unísono.

Así, la Lesbia colocó su arma y escudo en la espada, tomó la soga y bajó por esta, seguida de mí y después de la americana, quien usó sus extensas alas para hacerlo lentamente, a nuestra velocidad. Tan pronto tocamos las tejas del techo, alistamos nuestras herramientas y observamos al helicóptero subir un poco su altura y sobrevolar algo alejado. Se quedaría a esperarnos, y con el combustible tan caro en estos días, nos animaba a terminar el objetivo tan pronto como fuera posible. Como mencioné antes, noté que la casa y toda el área circundante contrastaba con el resto de la falsa ciudad, luciendo mejor cuidada y mayor parecida al suburbio cotidiano.

– "Según los planos, en este preciso lugar hay una habitación con tres posibles entradas. Cetania, ¿recuerdas la ventana derecha debajo de nosotras? Quiero que vueles y te introduzcas como un meteorito cuando te dé la señal. Irrumpirás medio segundo después de las dos, de esa manera, si el enemigo logra evadir nuestro ataque, será sorprendido desde atrás. " – Ordenó la mantoidea. – "Aria, tu y yo por la izquierda. Usaremos una granada cegadora antes de desatar el infierno. Ten esa ametralladora lista y apunta a las piernas del adversario. Todas, dejen el canal de comunicación abierto. Con suerte, lo haremos en cinco minutos máximo, no quiero retrasos."

– "Sugiero que Cetania irrumpa por la tercera, la del centro." – Di mi punto de vista. – "Esa da al ático, así podría caerles por arriba."

– "Esa está cubierta por madera. Sé que ella puede atravesarla, ¿pero por qué precisamente ese lugar?"

– "Seguramente los guardias deben estar alerta, resguardando fieramente ambas ventanas y no esperarían un ataque por tal sección. El oponente no imagina que las novatas lo hagamos de la manera difícil. Es como cuando los alemanes creyeron que la invasión a Europa iniciaría en el Paso de Calais y no en las costas de Normandía."

– "Estoy con la flaquita, iré por el centro." – Dijo la halcón, afirmando con la cabeza.

– "¿Quién es la líder aquí, arpía?" – Cuestionó Nikos. – "Les dije que la derecha y punto final. ¿Entendido?"

– "Como usted diga, Unteroffizierin." – Suspiré, revisando mi munición. – "Estoy lista."

– "As you wish, Sarge." – La rapaz me imitó e inició el vuelo.

– "Bien, muévete, araña."

Mientras la castaña se elevaba, nosotras dos descendimos por la izquierda para entrar por la ventana, cubierta por una cortina. Desconocemos si hay alguien detrás de esta, preparado para llenarnos el cuerpo de pintura. Ese es el mayor riesgo en esta clase de misiones, la incertidumbre y el miedo que pueden hacerte dudar y costarte la vida. Quizás no moriríamos realmente, pero de la misma manera, todo lo logrado se vendría abajo. Rezando mentalmente a Atenea y rogando por su bendición en la batalla, escalé lentamente la pared mientras Dyne se afianzó con la soga. Ella ingeniosamente cargaba su escudo táctico con una de sus extremidades de mantis mientras sus dos brazos inferiores se ocupaban con su escopeta Mossberg. Bueno, si la vida te da cuatro brazos…

– "Jaëgersturm, tres disparos y flashbang. En tres…" – Comenzó la cuenta, preparándome yo con una granada cegadora. – "Dos… ¡Ahora!"

Abrí fuego con la Ameli, liberando tres balas y destruyendo el cristal del inmueble. Apenas apreté el gatilló, arrojé la aturdidora entre los marcos vacíos y desvié la mirada hasta oír el 'boom' característico. Entonces, la chica de ojos esmeralda se meció y se introdujo rápidamente a la casa con una patada doble, seguida de mí. Sin perder tiempo, apuntamos en busca del enemigo de práctica, hallando uno con el rehén en sus manos, el cual fue magistralmente neutralizado por la mediterránea de un furtivo escopetazo en su cuerpo. Serán perdigones de polímero gomoso, pero muy efectivos. Desgraciadamente, no era una recámara grande y despejada, sino separada por una pared que impedía la vista directa, por lo que no pudimos acabar con el otro adversario, el cual se encontraba, como predije y si los sonidos no me engañaban, en la ventana izquierda y disparando su subfusil por esta. Las quejas de mi amiga estadounidense demostraron que tuve razón en querer cambiar el plan.

– "¡Fuck, fuck!" – Injurió la falconiforme. – "¡La izquierda está demasiado caliente! ¡Abortando entrada!"

– "¡¿Estás herida?!" – Pregunté yo.

– "¡No, pero casi me dan! ¡Estoy elevándome al techo! ¡¿Cómo están ustedes?!"

– "¡Eliminamos un tango!" – Contestó la líder pelinegra. – "¡Vamos a por el segundo! ¡Inmiscúyete por nuestra dirección, ahora! ¡Araña, sígueme!"

– "¡Jawohl!"

Vigilando las esquinas, fue el turno de la empusa para lanzar una granada cegadora e incapacitar al instante con su Mossberg al tipo que atacó a la emplumada. Confirmando su baja, cubrí a la sargento mientras regresábamos a la habitación anterior, reencontrándonos con la rapaz y su USP en mano.

– "Debimos escuchar a la flaquita, Sarge." – Dijo la castaña. – "Por poco y hago fracasar todo."

– "Ya es tarde para eso, y al menos estás ilesa." – Replicó la helénica. – "Alista la pistola y protege al rehén."

– "¿A quién estamos rescatando en primer lugar?" – Cuestioné al no poder identificar a la víctima con el saco sobre su cabeza, sin capacidad de hablar excepto con quejidos y vestida en ropas civiles oscuras. Al menos sabía que era una mujer.

– "Eso no importa, aún nos quedan cuatro enemigos." – Habló la griega. – "Araña, cúbreme la espalda; Arpía, síguenos detrás y no permitas que le den a la víctima. Y dile que se calle, con un demonio."

Acatamos la orden y proseguimos hasta las escaleras, procurando que no hubiera oponentes en los próximos cuartos, pero no encontramos resistencia alguna, al menos hasta bajar por las escaleras, cuando dos sujetos abrieron fuego saliendo de una puerta a nuestra derecha. De no haber sido por el pavés moderno que Nikos cargaba en su pinza, ella estaría cubierta de pintura amarilla. Reclamé mis primeros blancos abatidos dejando que la Ameli los derribara de un disparo contundente en sus hombros. Yo misma me sorprendí de mi puntería y velocidad de reacción, aunque no fueron lo suficientemente avispados para evitar que a Dyne casi fuera eliminada. Sin embargo, en mi defensa, mi ángulo inicial no era el indicado y le hubiera dado a mi aliada de haber disparado. Con únicamente dos adversarios más, el corazón latiéndome fuertemente casi ahogaba el resto de los sonidos, ya de por sí afectados por el tintineo en estos, gracias a nuestros disparos sin protección auditiva.

– "Por poco y muero, araña." – Me recriminó la mediterránea. – "Creí ordenarte que me cubrieras."

– "Estabas en mi línea de tiro. Recuerda la regla, mantén despejado mi sector de fuego." – Retruqué. – "¿Por qué no atacaste, si se encontraban en tu área?"

– "Resbalé. Continuemos, ¿sí?" – Bufó. – "Cetania, un poco más atrás de nosotras. Malditas escaleras de mierda."

Nos desplazamos lentamente, con los ojos escaneando cada centímetro de la casa, cubriendo principalmente cualquier clase de agujero y ventana que permitiera al enemigo sorprendernos. Calmé mi respiración y traté de evitar que la paranoia me consumiera. Las quejas constantes de nuestra escoltada no ayudaban a concentrarse y era necesario que la americana le ordenara guardar silencio repetidamente. La segunda planta estaba despejada y continuamos hasta el tercer piso, donde pudimos palpar la sensación de que nos atacarían inminentemente. No hallamos nada y finalmente bajamos al sótano. Ahí, un arma desconocida nos dio la bienvenida, abriendo huecos a través de la pared y tomándonos por descuido. Sin pensarlo dos veces, la mantis jaló el gatillo de la escopeta, creando hoyos más grandes al muro. De la misma manera, descargué la ametralladora y cubrí el paredón de cráteres de proyectiles de goma. A pesar de toda esa potencia desatada, no pudimos detener a nuestro atacante e inusitadamente otro apareció detrás de nosotras, encañonando una Uzi.

¡Bang!

Improvisando al momento y sin dejar de disparar la Ameli a la derecha con una mano, usé la libre restante para tomar mi pistola P226 TacOps y apaciguar al segundo intruso, mientras Nikos se cubría el costado con el escudo. Aquello sería heroico si tan sólo la táctica fuera efectiva. Con el temblequeo de las armas y el escándalo en ambos frentes, sin contar el peligro de estar tan expuesta, era difícil concentrarse y tuve que buscar refugio, aún batallando contra dos enemigos. Logré mantener al que estaba detrás de la pared a raya, pero aún tenía a otro y su subfusil. Las balas destruyeron el foco que brindaba la única fuente de luz y quedamos a oscuras. Como si la suerte me odiara, la mira central TruGlo de la pistola se desprendió. Sólo era un pequeño tubo relleno de tritio que brillaba en la oscuridad y proporcionaba excelente puntería de noche, pero sin tal punto luminoso para auxiliarme, el apuntar era menos que idóneo en tan lóbregas condiciones. No había tiempo para colocarse el casco de visión nocturna.

– "¡Carajo, los dioses me detestan!" – Espeté, tomando cobertura de los metrallazos. – "¡Se me jodió la mira de Hummel!"

– "¡Usa la Ameli, idiota!" – Exclamó la pelinegra. – "¡Yo estoy cuidando este lado!

– "¡Sin balas! ¡No puedo recargarla a oscuras!"

– "¡Maldita sea, Jaëgersturm! ¡¿Te follaste a un gato negro o algo así?! ¡Cuánta desgracia contigo!"

– "¡Lo sé! ¡Lo siento!"

¡Bang! ¡Bang!

Nuestra Avem ex Machina, la sagaz halcón plomizo, nos salvó el trasero a ambas eliminando al tipo de la Uzi con su H&K USP. Por lo que pude notar entre los fugaces fogonazos de su arma, tenía sus gafas nocturnas de triple lente puestas. Al haber neutralizado al oponente, rápidamente giró ciento ochenta grados para evitar que el enemigo restante la sorprendiera. Avanzó lentamente hacia nosotras en reversa.

– "Joder, que cerca estuvo…" – Suspiré aliviada. – "Te amo, Cetania. Danke schön."

– "Yo también, Blondie." – Respondió, oyéndola colocar un nuevo cargador. – "Pero hablemos de darnos besitos después. ¿Se encuentran bien, vaqueras?"

– "Por suerte. Gracias, yanqui." – Dijo la nativa de Mitilene. – "¿Dónde está nuestra amiga anónima?"

– "Arriba. Lo siento, Sarge, tuve que abandonarla para protegerlas." – Replicó la arpía. – "Ella estará bien, pero el tango sigue detrás de ese muro."

– "Lo sé, vamos por él." – Se incorporó la lideresa, bombeando el cargador de su Mossberg. – "Alemana estúpida, ¿ya terminaste de rascarte la raja o necesitas más tiempo que perder?"

– "Yo también la quiero, Unteroffizierin." – Mascullé sardónicamente. – "Al diablo recargar la Ameli, usaré a Hummel. Te sigo, niña grillo."

– "Cuando esto acabe, te enseñaré a respetar a tus superiores, garrapata germana." – Afirmó Nikos, moviéndose con precaución. – "Te declararán en estado vegetal de lo mal que te dejaré."

– "Ya somos tomates, ¿no es así?"

– "¿En verdad necesitamos bromear en medio de la lucha?" – Cuestionó la falconiforme, sin dejar de apuntar.

– "La risa reduce el estrés." – Respondí, con la P226 preparada y avanzando. – "Nos orinaríamos de miedo si no lo hiciéramos."

– "Ugh, ni se te ocurra mojarte los calzones." – Replicó la griega. – "Tu quitina ya es lo suficientemente olorosa, arachne.

– "No me jodas, Dyne, la tuya también hiede a almizcle."

– "Uso desodorante especial. Deberías comprarte uno, aunque el pestilente aroma a lesbiana no se te quita ni con cirugía."

– "Oh, vete al diablo."

La débil luz que se filtraba por los diversos hoyos detrás de la otra habitación indicaba que no necesitaríamos visión nocturna y la castaña removió sus gafas. Abriendo la puerta de una patada, la mediterránea y yo atravesamos la entrada y protegimos nuestros sectores correspondientes; Yo siempre cuido la izquierda, ella la derecha. La halcón nos abrigaba en cualquier punto ciego que nuestra periferia no pudiera vigilar. Así, el trío de novatas siguió recorriendo la parcialmente iluminada recámara, acondicionada a la usanza de una sala de juegos, con mesa de billar, blancos para dardos, lámparas de cono en el techo y hasta una llamativa pintura de kobolds jugando Black Jack en las paredes negras.

– "¿Saben? Para ser una zona de entrenamiento, esta cosa está mejor acondicionada que mi casa." – Bromeé, con el dedo en el gatillo. – "Demonios, hasta un bar y repisa con licores incluye."

– "Ni que lo digas, flaca." – Se unió la rapaz, vigilando. – "Nuestro regalo de graduación debería ser poder mudarse aquí. ¿Tres pisos, amplio espacio, piscina, estacionamiento, sala de juego, nada de vecinos molestos y ocasional fuego de artillería lejana? Bienes raíces nos mataría sólo con mencionar el precio."

– "Descuida, pajarita, algún día tú y yo nos casaremos y viviremos en una verdadera mansión, con toda clase de lujos absurdos y superfluos. Y tendremos sexo constantemente."

– "No puedo esperar a que coloques el anillo en mi dígito, cazadora." – Rió levemente. – "¿Tendremos un amplio balcón para poder hacerlo bajo la luz de las estrellas?"

– "Claro, y las sirvientas podrán grabarnos, si es que no las invitamos a unírsenos primero."

– "Parecen adolescentes, conversando únicamente idioteces." – Se inmiscuyó la mantis. – "Estamos en medio del combate, calenturientas."

– "Tú morirás virgen, así que ni hables, grillo gruñón." – Acoté, sacando la lengua. – "Y aunque tuvieras interés, dudo que alguien deseara siquiera besarte el-¡CUIDADO!"

De repente, detrás de la barra del bar, una figura con el rostro completamente oculto tras un casco de oscuro visor y cargando un par de subfusiles MP5K, abrió fuego instantáneo, obligándonos a tomar cobertura tras la mesa de pool y las sillas. Mientras nos escondíamos de la lluvia de proyectiles, el cuarto entero se impregnaba de amarillo y el mobiliario era masacrado sin descanso. Las bolas de billar salieron volando y cuando el ocho negro cayó frente a mí, supe que necesitábamos acabar con ese demente amante del akimbo cuanto antes. Arriesgándome, eché un rápido vistazo, con mi SIG Sauer preparada. El tirador quedó sin munición y aproveché ese pequeñísimo momento para contraatacar. Activé el percutor repetidas veces y una serie de balas de goma salieron del cañón, pero sin que ninguna hiciera contacto con el oponente, gracias a la falta de mi punto de mira central y a que el fondo negro se confundía con el de mi arma.

– "¡Eres terrible con esa pistola, Jaëgersturm!" – Vociferó la empusa, descargando con furia su escopeta. – "¡¿Quieres que le llame a mi abuelita para que te enseñe?!"

Aunque la pelinegra tenía ocho recambios disponibles en su Mossberg y logró hacer añicos la colección de botellas de licor en la repisa del agujereado bar, el enemigo todavía seguía allí y nos lo recordó cuando sus manos se asomaron con un par de PP-2000, otro subfusil con alta cadencia de disparo y una nueva tormenta de balas nos sobrevino. Esta vez, el fuego era más controlado, en cortas ráfagas. Ya que el tipo no tenía vista directa, sus tiros eran imprecisos, pero igual de peligrosos si asomábamos la cabeza. Fue la americana quien tomó su oportunidad y probó su suerte.

– "¡Flashbang!"

Con esa advertencia, la castaña lanzó una granada cegadora hacia el atacante y cerramos los ojos. La aturdidora explosión y el destello junto a la inmediata ausencia de tiros, nos advirtieron que el aparato había detonado satisfactoriamente y nos preparamos para volver a la carga. Confiando en que teníamos ventaja, la mantis se adelantó a rodear a nuestro adversario, conmigo cubriendo el lado derecho y sin dejar de apuntar la P226, al igual que la halcón. El optimismo murió al ver a nuestro rival alzarse con dos escopetas automáticas Armsel Striker.

– "¡Ficke dich!"

Zahiriendo en mi lengua teutona, me comprimí tanto como pude cuando la vorágine destructiva de postas de calibre doce demolió el lugar como si todo estuviera hecho de papel. Con veinticuatro cartuchos usables, las terribles gemelas de metal resonaron como gritos infernales por la habitación, creando un monstruoso eco y ofreciéndonos cero oportunidades de defendernos. Por escasos segundos, el mundo parecía explotar, como todo lo alcanzado por los proyectiles, dejando atrás residuos de pintura que desconozco como no terminamos empapada de esta. Agradecí que alguien decidiera colocar un sofá con suficiente tamaño para mi gigantesco cuerpo o mi exoesqueleto terminaría aún más amarillo de lo que ya era. Todo era tan caótico que ni me fijé en cómo le hacían mis compañeras para evitar ser alcanzadas por tan violento huracán. Afortunadamente, la munición no es eterna y la tempestad de dolor acabó tan súbitamente como empezó.

Ahora o nunca.

Decidiendo que no le daríamos oportunidad al contrincante de continuar demostrando su aparentemente infinito arsenal, me levanté con Hummel en mano y, haciendo gala de mis habilidades naturales, escalé la pared hasta quedar de cabeza, todo sin dejar de avanzar hacia el lugar donde nuestro opositor se hallaba y alistada para dejarlo fuera de combate. Con velocidad profesional, este reveló una pistola de la funda en su cintura y la enfiló en mi dirección. Como una mítica escena del spaghetti western, inmortalizadas gloriosamente por Sergio Leone en sus famosas películas, dos tiradores se encontraron cara a cara en un duelo, pero sin revólveres y por más extraño que una de ellas estuviera de cabeza y recorriendo el techo pudiera ser. El tiempo corrió en cámara lenta al momento que ambos competidores acercaron su dedo hacia el gatillo de sus herramientas para asestar ese golpe final.

¡Bang, bang, bang!

Un inesperado pero preciso ataque por parte de la MP5A3 de Dyne le arrancó el arma al enemigo de las manos… Con todo y mano. Antes que pudiéramos procesar tal cosa, yo liberé una serie de tres balas en rápida sucesión e impacté el pecho del sujeto, haciéndole caer y emitir un conocido quejido femenino al tocar el suelo. Ahora todo tenía sentido. Dejándome caer y rodeando al derrotado antagonista con mis piernas y apresando su pecho envuelto en un chaleco antibalas con mis pedipalpos, pegué el cañón de mi pistola a la parte frontal de su casco. Sin su arma, mano o fuerza para liberarse, la victoria estaba más que asegurada.

– "Te tenemos"- Declaré. – "Ríndete."

– "Vale, me ganaron." – Expresó la persona vencida. – "Ya claudiqué, ahora puedes soltarme, tomate."

– "Je, fue una buena pelea…" – Me levanté y le ayudé a incorporarse. – "… Comandante Zoe."

– "¿Zombina?" – Se preguntaron mis amigas.

– "¿Por qué siempre me llamas 'Comandante', Aria?" – La aludida se quitó el casco protector, revelando su alborotado cabello rojo y peculiar rostro lleno de costuras. – "Soy Teniente, ¿sabes?"

– "Oh, bueno…" – Me rasqué detrás del cuello. – "Como nunca me habías corregido, yo pensé que…"

– "Tranquila, que me halaga que me hayas promovido de rango." – Rió la muerta viviente. – "En fin, parece que ustedes completaron la primera fase y dejaron de ser tomatitos verdes. Felicidades, novatas."

– "Danke, Leutnant." – Agradecí.

– "Thanks, Bina." – Se unió la arpía. – "Lamentamos haberte arrancado la mano."

– "Ah, descuida, plumitas." – Agitó su muñeca cercenada. – "Ya me hacía falta una nueva después de todo. Por cierto, excelente puntería, Sargento Nikos."

– "Efharistó, Teniente." – Reverenció la mantis. – "Espere, ¿cómo supo de mi ascenso?"

– "No lo sé, ¿quizás la Capitana me informó por radio? Tú sabes, siendo mi jefa y eso…" – Contestó con sarcasmo la pelirroja.

– "E-entiendo. Siento haber ignorado lo obvio."

– "Lo que ustedes olvidaron, despistadas, fue la razón principal de todo este show." – Aseveró la zombi de brazos cruzados. – "¿Dónde está la rehén que se supone debían rescatar?"

– "¡Oh, fuck! ¡La olvidamos!" – Expresó la americana. – "¡Discúlpanos, Bina! ¡Enseguida la traigo!"

La falconiforme regresó raudamente a buscar a la amordazada prisionera.

– "Ya sé que las arrojaron a la guarida del lobo demasiado rápido y sin todo el equipo necesario. Diablos, ni herramientas para quebrar puertas o forzar cerraduras les entregaron de seguro." – Opinó la revivida, exhalando. – "Pero necesito que se concentren, chicas. Si sobreviven a esto en tan austeras condiciones, podrán con cualquier cosa. Sí, es duro, pero no imposible."

– "Lo comprendemos, Zoe. Al menos logramos pasar sin ningún rasguño." – Afirmé.

– "Y sin ninguna bala, araña." – Retrucó ella. – "¿Me descargaste la cinta completa de tu ametralladora y no pudiste darme? ¿Acaso crees que tienes el cheat de munición infinita activado o algo así? Y tan buena que eras en las prácticas."

– "Lo siento, Zoe. No es lo mismo un ambiente controlado que el caos de la batalla."

– "Es precisamente en esta última donde debes destacarte más. Recuerda, Aria, en esto nos jugamos la existencia. No desperdicies balas y no desperdicies tu vida. Ya sé que soy una zombi, no lo menciones." – Se volteó hacia mi compañera. – "También va para ti, Sargento. Esa Mossberg 590 pierde todo su potencial si la vacías de forma tan vertiginosa. Piensen antes de gastarse el cargador entero. De no haber sido por la arpía, yo hubiera podido atacarles mientras recargaban."

– "Tiene toda la razón, Teniente. Lamentamos nuestros errores." – Admitió la griega.

– "Pero bueno, al menos ya tienen más experiencia. La necesitarán, esto apenas fue el tutorial y aún falta el plato principal." – Estiró su cuerpo. – "Esto es como un videojuego, ¿cierto?"

– "Ni que lo digas, amiga." – Me reí. – "¿No nos darán un bono extra por cruzar el nivel impolutamente? ¿No desbloqueamos un traje robótico con rayos de protones? ¿Ni siquiera un besito?"

– "Lo siento, Aria, pero tu princesa está en otro castillo." – Bromeó la heterocromática. Entendí esa referencia.

– "¡Ya volví!" – Anunció la halcón, con la rehén en sus alas. – "Esta niña andaba perdida, intentó subir por las escaleras y rodó como pelota por ellas. Por eso está tan agitada. ¿Me perdí de algo?"

– "Sólo unos cuantos consejos a tus compañeras." – Indicó Zombina. – "Y ya que están aquí todas, una última advertencia, quizás de las más importantes."

Sin previo aviso, la integrante de MON usó su mano restante para sacar, quien sabe de dónde, otra pistola y nos disparó en el pecho a las tres, con impecable tino. Caímos como sacos de plomo de inmediato. Al recuperarnos, descubrimos una mancha amarilla contrastando con nuestros negros chalecos. Scheisse, y creímos haber superado la prueba de forma intachable.

– "Jamás olviden esposar al enemigo, aún cuando este se haya rendido." – Aseveró con pétrea mirada la muerta viviente. – "¿Comprendido, novatas?"

Las tres asentimos. Nuestra superior activó su radio y se comunicó con la agente Smith, avisando que la primera misión estaba cumplida. Ella nos indicó que la siguiéramos y salimos de la destrozada habitación para encaminarnos al exterior. Nuestros adversarios ya se habían recuperado y se levantaron de sus lugares donde los habíamos dejado. Casi olvidaba que los supuestos enemigos eran tropas entrenadas, y nosotras logramos vencerlos. Las insignias de sus uniformes revelaron que estos en particular no fueron más que soldados rasos, pero de igual manera pudimos con ellos. Espero los siguientes nos ofrezcan la misma oportunidad. Antes de resurgir al mundo externo, la curiosidad sobre la misteriosa identidad de nuestro rehén me regresó a la cabeza.

– "Por cierto, ¿a quién estamos escoltando en primer lugar?" – Pregunté.

– "Yo me cuestionaba por qué no le han quitado el saco de la cara aún, araña." – Replicó la pelirroja. – "La pobre debe estar ahogándose."

Sin retrasos, desamarré la pequeña soga que sostenía el costalito en la cabeza de la víctima y la retiré de esta. Nos sorprendimos al ver ese rostro ya conocido, con el cabello amarrado, enmudecido por cinta adhesiva en su boca y con ojos abiertos al máximo. Le removí la tira y esta nos agradeció a su distintiva manera.

– "¡Hijas de su puta madre! ¡Primero me amarran como puerco, me tapan el hocico y me ponen esta cosa encima! ¡Pensé que El Chapo se estaba vengando por haberlo capturado!" – Denostó Titania, usando sus expresiones mexicanas. – "¡Y luego ustedes, trío de chamacas pedorras, me arrastran por todo el lugar como a una muñeca de trapo! ¡Nomás dejen que me desaten y juro que preferirán suicidarse! ¡Y díganle a esa maldita de Smith que también a ella le patearé el culo hasta el Pico de Orizaba!"

– "Mejor le ponemos la cinta de nuevo." – Ordenó Zombina. Obedecimos al instante.

– "¡Atrévanse, cabronas! ¡Me las van a pag-MFF!" – Fue silenciada por la bandita pegajosa.

Ni nuestras armas son tan escandalosas como esta enana latina. Siguiendo el protocolo planeado, el helicóptero dejó caer las sogas con la camilla y, a pesar de las protestas de la gnómida, colocamos a Jättelund en esta y la sujetamos firmemente, asegurando los empates. Indicando que el trabajo estaba hecho, la cuerda ascendió lentamente. Sonreímos, primera fase completada. Podemos lograrlo.

– "Bueno, chicas, me parece que aquí me despido de ustedes." – Se dio la vuelta la teniente en nuestra dirección. – "¿Alguna duda que deseen resolver antes de irme?"

– "Ya nos proporcionaste una marca amarilla. Si nos da una azul, aún podemos seguir luchando, ¿cierto?" – Interrogó Cetania.

– "Correcto, novata. Sólo tienen una oportunidad más."

– "Estaremos solas a partir de ahora, al menos hasta terminar el segundo objetivo, ¿verdad?" – Dyne tomó la palabra. – "Más allá de limpiar el edificio y salvar a otro rehén, no tenemos idea alguna de lo que nos espera a continuación."

– "Me temo que sí, Nikos." – Bina encogió los hombros. – "Igualmente me parece ridículo todo esto, pero únicamente sigo órdenes. Esos vejetes en los altos mandos deben pensar que esto es un anime de acción o algo así. Pero confío en que podrán lograrlo. ¿Algo más?"

– "Uhm, sí, Leutnant." – Hablé yo. – "La mira central de mi pobre P226 ya pasó a mejor vida. ¿No tendrá algún repuesto por ahí?"

La occisa revivida tomó a Hummel y la examinó, notando la pieza faltante en el extremo de la parte superior de la cubierta. Encogió sus labios y afirmó lentamente con la cabeza.

– "Me lo esperaba. Esto siempre pasa con el sistema TruGlo, lo sé por experiencia propia. Si no se zafa, el tubo se rompe y el brillo se pierde. Cuatro repuestos en menos de un año me enseñaron a dejar de seguir usándolo." – Declaró la heterocromática. – "Le advertí a la Capitana que actualizara nuestras SIG Sauer con miras SIGLite, pero alegó falta de fondos y no sé qué más. En fin, desgraciadamente no tengo nada para arreglar a tu pequeñita, Aria, lo siento."

– "Entiendo. Gracias de todas maneras, Zoe" – Suspiré. – "La vida es dolor, ¿no?"

– "Y aunque revivas, aún lo sigue siendo." – Rió ella.

Entonces, me entregó su arma en mis manos.

– "¿Uh? ¿Y esto por qué, Leutnant?"

– "Un incentivo para no rendirte." – Guiñó su ojo verde. – "Si te gradúas, te la regalo."

– "¡¿Eh?! ¡¿E-en serio?!"

– "Claro. Me ha servido fielmente por todo un año, igual podría hacerte compañía."

– "B-bueno, no sé qué decir…" – Sonreí, ruborizada por tanta amabilidad. – "M-muchas gracias, Zombina. Eres muy generosa."

– "Hey, ¿Para qué somos las amigas?" – Me rodeó con su brazo alrededor del cuello. – "Eso sí, cuídala bien. Y si por alguna razón fracasas, te dispararé con munición de .357 para que escarmientes. ¿Capisce, ragazza?"

– "Vale, entiendo, Madrina." – Me reí.

Admiré la pistola. Una Heckler & Koch P30L, la versión de cañón alargado, perfecta para mis garras. Calibre .40 Smith & Wesson, palanca de seguridad ambidiestra, riel Picatinny para colocar gran cantidad de accesorios, miras nocturnas Tru-Dot Meprolight, aleación de polímeros, acabado en negro, capacidad para trece cartuchos, hecha en Alemania. Podría continuar todo el día sólo para afirmar lo gloriosa que era mi nueva arma. Si nadie nos estuviera viendo, besaría a la zombi de la emoción. Con una mueca de alegría en mi rostro, alcé la mirada al cielo. Con tan precioso regalo y la fe de nuestras superiores en nosotras, sentía que ya nada podría salir mal en ese momento. La suerte nos sonríe, podemos lograrlo, nada puede detenernos.

Y entonces la camilla donde iba Titania se desprendió.


NOTAS DE MERO: Parece que a Aria-san le espera un largo día. Y uno muy doloroso, además.

Según mi esclavo, el intentó hacer ligeros paralelos con el capítulo veintidós, ambos caracterizados por contener escenas donde se hacen preguntas privadas y reveladoras en la ducha. Incluso Dyne-san mostró un lenguaje similar al usado por Lala-san. La diferencia es que en el caso de la dullahan, había sentimientos mutuos correspondidos con Aria-san, cosa contraria con la empusa. Eso no evita que la relación entre la griega y la arachne haya mejorado significativamente, especialmente ahora que ambas se hallan creando lazos más fuertes en combate.

Oh, y ese entrenamiento. Por el reino de Neptune, que locura. En palabras de mi lacayo, el quiso imitar la sensación que sentía en sus tardes de ocio, perdiendo el tiempo en sus juegos de disparos en primera persona favoritos, específicamente uno llamado Battlefield: Bad Company 2. Él explicó que adoraba el Modo Asalto, porque la idea de avanzar paulatinamente mientras el ambiente se torna más frenético, caótico y difícil conforme se progresa en la misión era una sensación idílica cuando la adrenalina del combate estaba en su auge. Ignoro qué clase de sentimientos el entretenimiento electrónico pueda generar, pero es suficiente para motivarlo para tales escenas. Cosas absurdas de nerds, supongo.

Bien, yo espero que esta agradable sesión de muerte neuronal con las bagatelas que mi súbdito escribe les haya complacido o al menos proveído un rato ameno. Entiendo que su capacidad narrativa no sea tan sublime y refinada como Dostoyevski, Proust, Cervantes o el Condorito, pero su pobre mente de simio ya se esfuerza lo suficiente en recordar el alfabeto, así que les sugiero comprender la fragilidad del cerebro homínido. Y les invito a dejarle sus opiniones y reseñas, que lo hacen tan feliz como cuando le prometo usar lubricante. Hay que compensar a las especies inferiores de vez en cuando, ¿no?

Ya sin más que agregar, me despido de ustedes, queridos seguidores. Agradecemos su preferencia y los esperamos en el próximo episodio. ¡Obedecer no cuesta nada! ¡Que la tragedia sea con ustedes! ¡Auf Wiedersehen!